Pequeña biografía sobre Anne Catherine Emerich.

Pequeña biografía sobre Anne Catherine Emerich.

TEXTO EXTRAÍDO DE SUS ESCRITOS SOBRE LA PASION DE CRISTO: (GETSEMANÍ)

Vinieron ángeles a mostrarle en una serie de visiones todos los dolores que había de padecer para expiar el pecado. Mostráronle cuál era la belleza del hombre antes de su caída, y cuánto lo había desfigurado y alterado ésta. Vio el origen de todos los pecados en el primer pecado; la significación y la esencia de la concupiscencia; sus terribles efectos sobre las fuerzas del alma humana, y también la esencia y la significación de todas las penas correspondientes a la concupiscencia. Le mostraron, en la satisfacción que debía de dar a la divina Justicia, un paLa passion de notre-seigneur jésus christ (1907), de Ferdinand Zecca, fue la primera gran pel�cula sobre Jesús.decimiento de cuerpo y alma que comprendía todas las penas debidas a la concupiscencia de toda la humanidad; la deuda del género humano debía ser satisfecha por la naturaleza humana, exenta de pecado, del Hijo de Dios. Los ángeles le presentaban todo esto bajo diversas formas, y yo percibía lo que decían, a pesar de que no oía su voz. Ningún lenguaje puede expresar el dolor y el espanto que sobresaltaron el alma de Jesús a la vista de estas terribles expiaciones; el dolor de esta visión fue tal, que un sudor de sangre salió de todo su cuerpo. Mientras la humanidad de Jesucristo estaba sumergida en esta inmensidad de padecimientos »

La passion de notre-seigneur jésus christ (1907), de Ferdinand Zecca, fue la primera gran película sobre Jesús.

Fuente:

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Cómo enfoca Lucas a Jesús en su evangelio, y hacia quién se dirigió en primer lugar.

Cómo enfoca Lucas a Jesús en su evangelio, y hacia quién se dirigió en primer lugar.

Autor:Paulo Arieu

«El tercer lugar en la lista del Nuevo testamento lo ocupa el Evangelio según Lucas, que originalmente forma una unidad con el libro de los Hechos de los Apóstoles, del que con el tiempo acabó separándose. Desde mediados del siglo II, la Tradición eclesiástica atribuyó unánimemente este Evangelio a Lucas, un converso del paganismo que acompañó a pablo en sus viajes misioneros y que, según éste, era médico (cf. Col 4,14). La composición de este escrito suele datarse en torno al año 80 d.C., pero podría ser anterior, según unos, se escribió en alguna región de Grecia (Acaya o Beocia); según otros, en Cesarea marítima, Alejandría o Roma. En todo caso, es seguro que se trata de una obra escrita fuera de Palestina y destinada a cristianos que procedían del paganismo. Lucas concibe la Historia de la Salvación en tres etapas sucesivas: *La del Antiguo Testamento. *La del tiempo de Jesús. *La del tiempo de la Iglesia.» [1]

«Su evangelio es el más fácil de leer, de todos los cuatro. Son 1.200 renglones escritos en excelente estilo literario. Lo han llamado “el evangelio de los de abajo”, porque allí aparece Jesús prefiriendo siempre a los pequeños, a los enfermos, a los pobres y a los pecadores arrepentidos. Es un Jesús que corre al encuentro de aquellos para quienes la vida es más dura y angustiosa. También se ha llamado: “el evangelio de la oración”, porque presenta a Jesús orando en todos los grandes momentos de su vida e insistiendo continuamente en la necesidad de orar siempre y de no cansarse de orar. Otro nombre que le han dado a su escrito es el “evangelio de los pecadores”, porque presenta siempre a Jesús infinitamente comprensivo con los que han sido víctimas de las humanas pasiones. San Lucas quiere insistir en que el amor de Dios no tiene límites ni rechaza a quien desea arrepentirse y cambiar de vida. Por eso los pecadores leen con tanto agrado y consuelo el evangelio de San Lucas. Es que fue escrito pensando en ellos. Su evangelio es el que narra los hechos de la infancia de Jesús, y en él se han inspirado los más famosos pintores para representar en imágenes tan amables escenas» [2]

San Lucas

«El poeta Dante le dio a San Lucas este apelativo: “el que describe la amabilidad de Cristo”. Y con razón el Cardenal Mercier cuando un alumno le dijo: “Por favor aconséjeme cuál es el mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo”, le respondió: “El mejor libro que se ha escrito acerca de Jesucristo se llama: El Evangelio de San Lucas”. Un autor llamó a este escrito: “El libro más encantador del mundo”.»[3]

« Su obra está dirigida ante todo a los cristianos que, como él, provenían del mundo pagano. En el Prólogo de su Evangelio hace referencia al proceso de predicación, de transmisión oral y de redacción que precedió a la composición definitiva de los Evangelios. […]

Uno de los aspectos de la Buena Noticia que más quiso destacar san Lucas es el carácter universal de la Salvación. Jesucristo, en efecto, es el Salvador del mundo entero, y Dios quiere que todos los hombres se salven por medio de él. Para él no hay privilegios de raza, de nacionalidad, de cultura o de clase social. Mejor dicho, hay privilegios. Pero Dios los reserva para los pobres, para los que aparentemente no valen nada. Ellos son los destinatarios predilectos de la Buena Noticia, los herederos por excelencia del Reino de Dios. .[..]

Pero el “Evangelio de la misericordia” es también un Evangelio exigente. Su autor insiste en el llamado a la conversión, es decir, al cambio de vida, como condición indispensable para alcanzar la Salvación. El fruto de esa conversión es el gozo que experimentan los que creen en la Buena Noticia y se dejan salvar por ella. Por eso, san Lucas pone tan de relieve la acción del Espíritu Santo, que es la fuente de la verdadera alegría. » [4]

Lucas «presenta a Jesús, “el Hijo del Hombre”: La gloriosa belleza y perfección de la vida de Jesús. Un relato ordenado y completo, desde la Encarnación hasta la Ascensión. Es el libro más hermoso que jamás se haya escrito. Es un palacio lleno de joyas.

Es muy “humano”, del pecador, del pobre, de la mujer… donde Jesús llora, y derrama gotas de sangre en Getsemaní… y está lleno del Espíritu Santo, de cantos, de oraciones… San Lucas escribió también el libro de los “Hechos”, que ha sido llamado el Evangelio del Espíritu santo.

Es el único evangelista que llama a Jesús “Salvador”, y su propósito es demostrar que Jesucristo vino a salvar a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.»[5]

 

Lucas, Santo

«San Lucas, fue el “primer trovador de María”. Únicamente a San Lucas, reveló María el Magnificat, que contiene las más nobles palabras escritas en cualquier literatura. » [6]

«En su Evangelio, Lucas está más interesado en las personas, especialmente las que están en problemas, que en las ideas. Como Lucas es un diestro escritor, la calidad literaria de su Evangelio es superior a la de los otros tres.

Pero Lucas es también historiador, y coloca a Jesús dentro del contexto de la historia universal. Además, Lucas presenta a Jesús y la Iglesia como la culminación de la historia de la salvación.» [7]

«Lucas nos ofrece muchos aspectos de la infancia de Jesús que los demás evangelistas han omitido. Vemos también como el Dios de la gloria se acomoda a nuestro nivel, aceptando nuestra condición, y se sujeta a nuestras circunstancias humanas. Sin embargo, se ve claramente una diferencia absoluta entre el Hijo del Hombre y los hijos de los hombres: El Hijo de Dios y los hijos de Dios. La diferencia clara fue anunciada por el ángel a María: “El Santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Luc.1:35). Jesús fue santo desde el momento de ser encarnado. Nosotros arrastramos la naturaleza pecaminosa de Adán. (He.4:15).»[8]

«La estructura del Evangelio de Lucas gira principalmente alrededor del ministerio de Cristo en Galilea y Jerusalén.» [9]

vainas del algarrobo

 

«Lucas habla de ciertas cosas más que cualquier otro escritor de los evangelios, por ejemplo de:

1. La oración (1:13; 2:37; 5:33; 3:21; 6:12; 6:28; 9:29; 18:1; 18:11; 22:44).

2. El Espíritu Santo (1:15; 1:35; 1:41; 1:67; 2:25-27; 3:16; 3:22; 4:1; 4:14; 4:18; 11:13; 12:10-12; 24:49).

3. Perdón de pecados (1:77; 3:3; 24:47; 6:37; 7:42; 7:47; 12:10; 17:3; 23:34).

4. El papel de la mujer (Elisabet, María) (Ana 2:36-38) (Viuda de Naín 7:11-17) (Mujer pecadora 7:37-50) (8:1-3) (8:41,42) (10:38-42) (11:27,28) (23:27). » [10]

«Es Lucas el único que narra el desarrollo y crecimiento normal de Jesús en su niñez, pasando por todo el proceso natural de un ser humano. Siendo hombre, trabajó con sus manos, lloró por la ciudad, oraba puesto de rodillas, y conocía la agonía del sufrimiento. Hay en todo, un aire marcadamente humano.» [11]

 

Notas:

1 http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=300

2 http://www.churchforum.org/santoral/Octubre/1810.htm

3 http://www.ewtn.com/spanish/saints/Lucas.htm

4 http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=300

5 http://biblia.com/p0000243.htm

6 Trabajo realizado por Nancy Durand de Colmenares. 28/10/2003.Caracas-Venezuela.

http://www.reinadelcielo.org/estructura.asp?intSec=5&intId=5

7 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

8 Notas libro de Lucas, Instituto Biblico Casa de Israel

9 Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

10 Notas libro de Lucas, Instituto Biblico Casa de Israel

11 Ibid

¿YAHVEH o JEHOVÁ?

¿YAHVEH o JEHOVÁ?

Los judíos no escribían ni pronunciaban el nombre de Dios. En su lugar usaban el tetragrama Y-H-W-H o la palabra Adonai o Elohim. En el Nuevo Testamento tampoco aparece explícitamente ni “Jehová” ni “Yahveh” sino “Kyrios” (Señor) y otras.

Ambas formas de escribir el nombre de Dios: Yahveh y Jehová pretenden ser la traducción del tetragrama. Ninguno de estos dos nombres existen en el idioma hebreo ni aparecen en las Sagradas Escrituras.

La palabra “Jehová”, error del siglo VII A.D.
En el siglo VII A.D. los maestros rabínicos de la escuela del Tiberíades, llamados “masoretas” (masoreta es derivado de masora: tradición) quisieron ponerle vocales a las palabras de las sagradas escrituras (pues se escribían sin vocales y aumentaba cada vez mas la confusión sobre como pronunciarlas). En cuanto al tetragrama YHWH, como nunca se pronunciaba, nadie sabía que vocales le correspondían. Tomaron entonces las vocales correspondientes a la palabra ADONAI (a-o-a), que era la palabra que leían en substitución del Tetragramma. La letra “i” al final de ADONAI no la contaron porque para los hebreos es consonante y no vocal. Además, cambiaron la primara “a” por la letra “e” por razones de fonética semítica Según el sistema inventado por los masoretas, la consonante (Y) y primera letra del Tetragrama, por ser consonante fuerte no puede llevar la vocal “a” que es débil, sino que debe cambiarla por la vocal “e” que es una vocal fuerte). No obstante estos trabajos de los masoretas, el nombre YHVH (YodHayVahHay) seguía remplazándose en las lecturas por “Adonai”. (Cf. Enciclopedia Británica, Micropedia, vol. 10).

A partir del siglo XIV de nuestra era, se comenzó por primera vez a leer el nombre sagrado del Tetragrama con las vocales que los masoretas le habían colocado según su invento, es decir, con las vocales “e-o-a”, lo cual dió como resultado YeHoVaH. Esta versión errada se extendió a la cristiandad.

Algunos Protestantes y sectas insisten en la importancia de llamar a Dios “Jehová” como si esta fuese la forma divinamente revelada del nombre divino. (Ver: Los Testigos de Jehová).

La palabra “YaHVéH”.
En el siglo XX los exegetas bíblicos descubrieron el error.

Pruebas:
1-Muchos de los nombres bíblicos llevan la partícula corta de YaHVéH: Ex.15, 6; 17, 16; Is.12,2; Ps.68, 5; Cant.8, 6). Por ejemplo- Abdías: Abd Yah que quiere decir, siervo de YaHVéH. Elías: El Yah que quiere decir, mi Dios es YaHVéH. Jeremías: Jerem Yah que significa, sostiene YaHVéH. Isaías: Isa Yah… salva YaHVéH. La exclamación litúrgica: “Hallel-u-Yah” significa: “Alabad a YaHVéH”. Por lo tanto, la primera vocal no es la letra “e” como pensaban los masoretas sino la letra “a”.

2- Clemente de Alejandría (siglo IV) y otros escritores muy anteriores a los inventos hechos por los masoretas en el siglo VII AD, transcribieron en griego este nombre como “Yavé”.

3-Teodoreto de Ciro, autor del siglo V, al comentar el libro del Exodo observa que aunque los judíos nunca pronunciaban el Tetragrama, los samaritanos lo pronunciaban “IABE”. Los samaritanos, desde su cisma con los judíos, rechazaron toda la evolución religiosa de estos. Hay que reconocer que en la pronunciación de los samaritanos tenemos la pronunciación de los judíos del siglo V a.C.

Académico de la Facultad Teológico-Evangélica de Bonn reitera que el dios judeocristiano no se llama “Jehová”

Su certeza se funda en que hasta el Medievo el hebreo se escribía sólo mediante signos para las consonantes, o sea sin representación de las vocales.

El Miércoles 09 de Abril del 2008 ,en Alemania,el historiador alemán de la religión Wolfram Kinzig. afirmó que la antigua forma oral y escrita “Yavé” o “Jehová” no es el nombre del dios judeocristiano

“No se puede saber cómo se pronunciaba el nombre de Dios”, explicó hoy en Bonn a la prensa el estudioso, académico de la Facultad Teológico-Evangélica de Bonn.

Su certeza se funda en que hasta el Medievo el hebreo se escribía sólo mediante signos para las consonantes, o sea sin representación de las vocales.

El nombre de Dios en la biblia hebrea, el Antiguo Testamento cristiano, está compuesto de las consonantes hebreas JHVH, y no hay elementos para determinar con qué vocales se completaban los sonidos de ese tetragrama, concluyó.

Conclusión
Los exegetas católicos consideran mas adecuado el nombre YaHVéH para vocalizar el tetragrama y las Biblias católicas reflejan esto. Sin embargo, los cristianos no nos aferramos a una u otra forma de escribir el nombre de Dios. Jesucristo nos enseña mas bien que a Dios le debemos llamar “Padre” y El mismo nos da ejemplo.

La religión no cambia por la forma que pronunciemos el nombre de Dios sino por lo que conocemos de El y Su voluntad para nosotros por Su revelación.

Fuentes:

El tetragrama

El tetragrama

  • Ver video

El origen del tetragrama en el AT señala a la vocal “e”

Otra fuente para el sonido “e” dado a la “he” hebrea lo podemos extraer de fuentes judías cuando transliteran Exodo 3:13-22. Allí aparece la explicación y el fundamento del nombre divino. En el verso 14 del pasaje referido, cuando se responde la pregunta de cuál era el nombre de la divinidad, lee traducido al español lo siguiente:

“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros” (Reina Valera)

Luego, en el versículo 15 aparece el tetragrama, como un tipo de reemplazo al “yo soy el que soy” y al “yo soy”. No obstante, la supuesta expresión “yo soy” en hebreo aparece con las letras “he” “iod” y “he”, las que al transliterar escriben:

Eh’yé asher eh’yé” 10, o bien, “EHEYEH-ASHER-EHEYEH“.11

Esto es del hebreo leído de derecha a izquierda: אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה

Actualmente un judío sefardita pronuncia dicha secuencia como “ehié asher ehié”

Sabemos que el significado de esta expresión no es un sustantivo, ni un adjetivo, sino un verbo. En ello existe unanimidad, siendo referido al verbo “ser” (indicado en imperfecto) en el sentido de suceder o existir algo. En hebreo se pronuncia “aiá”. Mucho se ha discutido sobre la traducción de esas palabras, debido a que en hebreo los verbos solo presentan dos situaciones, el imperfecto o no conjugado y el perfecto o conjugado, y a su vez el perfecto puede adoptar distintas variantes que en hebreo no aparecen indicadas. Ahora bien, cuando aparece en perfecto la tradición masoreta puntúa para vocalizar con “e”, de allí que la mayoría traduce “soy” aunque también puede verterse como “seré”. Por ello no existe acuerdo entre todos en verter el pasaje de Exodo 3:14 como “yo soy”, pues otros lo vierten como “yo seré” o hasta “resultaré ser”, una forma causativa. Otros dicen que significa “Yo existo.”, “Yo creo,” o “Yo traeré a la existencia.””8. Para Clemente, como ya vimos, el nombre completo significaba ‘Quien es y Quien será’. Para este pasaje, la versión de Rotherham vierte “Yo llegaré a ser lo que yo quiera”.

היה “aiá” …… ser, suceder, existir. (imperfecto, sin conjugar)

היה “eié” …… soy, existo, sucede, seré, será, acontece, fue, sucedió. (perfecto, conjugado)

La “alfa” antepuesta podría indicar que dicho verbo no debe conjugarse, manteniendo siempre el mismo sonido al ser aplicado a un nombre. De acuerdo a lo visto la mejor traducción pueden ser las siguientes variantes:

“soy el que soy”, ó “seré lo que seré”

Ahora bien, sin importar por ahora su real significado ni sobre “las vocales que van después de cada “consonante””, si uno escucha sin leer percibe los sonidos de la E, tanto al principio como al final. Cuando uno observa la escritura comprende que la primera E corresponde a la “alfa” y la segunda pareciera ser la última “he”, pero la puntuación masorética indica que sería una vocal acompañante de la “iod”, con lo cual la “he” final es muda. De modo que de acuerdo a la puntuación masorética, toman a ambas como mudas. Además vemos como la “iod” equivale mejor a una “i” que a una Y de “yunque” en español, por lo que en argentino actual se leería como “ehieh asher ehieh” ó “ehié asher ehié” (y no “elle asher elle”).

Quizás dichas letras bien podrían transliterarse como “AHIE ASHER AHIE”. Si observamos con cuidado, anteponiendo la “iod” para formar el nombre completo, percibimos quizás el origen de la “e” o de la “a”, esto es “iehié” o bien “iahié”.

Indistintamente de si la primera letra “alfa” suene como “a” o como “e”, la presencia de la letra hebrea “he” al final no lleva necesariamente a culminar la pronunciación en “iáh” como muchos especialistas sugieren. Esto es un claro ejemplo de las variantes en la vocalización hebrea con un mismo juego de letras.

Como vimos, la traducción Reina Valera lo vierte como “Yo Soy”, y ésta es la más comúnmente hallada. Sin embargo, debemos entender el significado de las palabras.

En fenicio así como en moabita, un dialecto del hebreo, “yo soy” se traduce de las palabras “ank”. No se si se pronunciaba “anak” o “anek” o “anok” o “anuk”, y si a la “k” debía agregarse alguna letra. ¿Cómo se pronunciaba en hebreo? Según vimos parece que “ehiéh” o “eheiéh, pues es traducido como “yo soy”. Pero aquí la palabra “yo” no aparece, resulta agregada al traducir. ¿Variaba el sonido en hebreo del moabita? ¿Cambiaron las letras en el hebreo? Sabemos que muy poco, pues muchos nombres, expresiones y composiciones de letras han permanecido intactas por milenios. Por tal motivo en hebreo actual podemos hallar el mismo patrón de letras donde suele traducirse “yo soy”. ¿Cuáles? Pues “ank”. Esas tres primeras letras pueden verla, por ejemplo, al comienzo de la estela moabita mostrada en una página anterior. Otra fuente (11) manifiesta que “yo” se pronuncia “ani” en hebreo. Esta forma se halla muchas veces en el AT, siendo traducida a veces como “yo soy”. La expresión “ani” significa algo como “uno/s-mi/de” o “ser/es-de”, y la “k” se utiliza para sobre indicar de “quién” se trata. Si es de uno mismo se escribe “ki”. De allí que cuando aparece la palabra “anoki” en el tanaj se pronuncia “anoji”, pronunciando en sefardí la “kuf” hebrea como “ji”. Esta expresión indicaría algo como “uno/ser-mío”, traducido normalmente “yo soy”.

De modo que “ehié” (o “ahie”) debe tener un significado distinto al de “ani” o “anoki”.

Y el sonido de “aheie” o “eheie” que se escucha como “ehié” en sefardita, si observan bien, si donde está la “iod” sonando como “i” se la reemplaza por la “uau”, ¿quién no puede aceptar que sencillamente se lea “ahué” o “ehué”? De modo que la secuencia final bien puede ser “ué”.

Ahora, según varias evidencias, cuando la “iod” va delante de un verbo parece estar indicando al “yo” o “mi” de modo posesivo, como diciendo que la acción está subordinada a una persona, a diferencia de cuando se halla hacia el final, donde indica pertenencia pasiva. Ello explicaría la razón de escribir una “iod” al comienzo de las letras raíz “hih”, por lo cual, anteponiendo a la “alfa” una “iod”, bien podría formarse la expresión “iehué” ó “iahué“. Solo en dichas circunstancias el nombre podría traducirse como “yo soy” ó “yo seré” (también “el/ese será”), similar al “anoki”, pero de significado distintos. Mientras el “anoki” solo sirve para indicar en primera persona de quién se trata, el “iehué” transmite la idea de alguien que, diferente a solo existir, obra o se propone actuar sin que nada se lo impida.

Otros en cambio han considerado que la “alfa” antepuesta es para indicar que la “he” debe comenzar como vocal y no como muda, y que por lo tanto, ambas “he” no es que fueran letras mudas sino que deben adquirir el sonido de una vocal, que pueden ser solo dos, “a” y “e”. La elección dependería del tiempo verbal, es decir, de si se halla en imperfecto o perfecto. De allí que aquellos que remiten al significado etimológico de Ex.3:14,15 señalen a la ausencia de la “alfa” en el nombre completo, ante lo cual la pronunciación podría ser solo “ieué“. No obstante, sea cual fuere la realidad, el sonido final cambia poco entre una y otra variante, alterado levemente solo por el tenue sonido espirado de la “h” primera, pues la segunda para el caso anterior quedaría totalmente muda.

Pero muchos insisten que debe pronunciarse “ia” y no “ie” ni “i-“. De allí la forma “iahué“. Sin embargo, si ante la aparente fuerte evidencia de la forma inicial “ia” cuando citan fuentes jeroglíficas egipcias, cuneiformes babilónicas, la peshita, los samaritanos y Clemente de Alejandría, cabría la pregunta: ¿porqué los cristianos documentaron el nombre del crucificado escribiendo “ie”? La forma “iasu” es desconocida en los escritos cristianos antiguos, pero sí es conocida “iesu”. Tampoco escribieron “isu”.

Por ejemplo, las versiones de la Biblia como la Nacar Colunga, BJ y Valera vierten los diferentes nombre bíblicos del Antiguo Testamento comenzando con “ie”. En cuanto a la BJ (Biblia de Jerusalén) es notoria la contradicción o incertidumbre académica al usar la forma “Yahveh” al mismo tiempo que las forma “Ye” y “Je” (“ie”) en todos los nombres teofonos.

El códice de Leningrado, de dónde se afirma que se extrajo la forma “Jehová” al supuestamente combinar las letras hebreas con las vocales de otra palabra, en realidad aparece puntuado para que lea “Ieua“. No aparece ninguna indicación de la vocal “o” que le siga a la “he”.

En este caso algunos aseguran que las vocales “e” y “a” corresponden a otra palabra hebrea, del “shema” y no de la pronunciación del tetragrama. En mi opinión es muy posible que esta puntuación no corresponda a la vocalización real, pues de otro modo no podrían mantenerlo en secreto. De modo que “iehua” podría ser solo una forma arbitraria, o a lo mejor indicaría otra cosa, como por ejemplo que las vocales deben intercambiarse, ello es para leer mentalmente en forma correcta el nombre como “iahue”, o quizás solamente “ihué”. No obstante, creyendo en tal secretismo, bien pudiera estar indicando la vocalización correcta.

Obviamente para los cristianos debería ser definitoria la manera que han vertido los nombres bíblicos los diferentes escritores del Nuevo Testamento. Y allí aparece la forma “ie”, en concordancia con la puntuación masoreta.

Ello revela una discordancia en algún lugar con aquellos que lo defien como “ia”.

Especulando uno puede suponer que al escribir nombres abreviados en la antigüedad no solo usaran las primeras letras o sonidos, sino la primera y última letra o sonido. Así de “ieue” habrían tomado la “iod” primera y la “he” última, escribiendo la forma abreviada “ie”, imaginando el lector profano que corresponden a las dos primeras cuando en realidad la “segunda” sería la cuarta o última.

Si a ello le agregamos que ciertos nombres cuando llevan la “he” al final, como uzias y querjá se pronuncia como una “a”, no es difícil comprender que tendríamos el sonido del nombre abreviado como “ia” para el caso del nombre divino que también termina en “he”.

Este punto es objetado al decir que la terminación en “a” denota género femenino, y es muy clara la alusión del Dios hebreo como masculino. Sin embargo, muchos nombres bíblicos que terminan en “a” (Abd-ia, Sofon-ia, Isa-ia, Tob-ia, Mat-ia, Jerem-ia, mija-ia, etc.) corresponden a nombres personales de varones, no de mujeres. El aspecto que los diferencia en las formas originales es el acento que recibe la “a” al final, distinguiéndolos de nombres femeninos que también terminan en “a”, como por ejemplo “Maria”. Otro aspecto tiene que ver con el agregado de la “s” cuando según el idioma no suena bien acentuar la última vocal, aspecto que diferencia los nombres femeninos de los masculinos.

Por otro lado se señala que tanto Clemente, como Epifanio y Teodoreto escribieron la letra “e” al final del tetragrama y no la letra “a”. Es decir, para ellos el nombre era “iaue”, al revés de “ieua”. La terminación en “e” es de origen samaritano mientras que la “a” judía, y es bien conocida la rivalidad entre ambos pueblos desde tiempos antiguos.

Si la letra final fuera una “a” por uso cruzado concordaría con alelu-ia, y a su vez no estaría en discordancia con la forma “ie” usada por los primeros cristianos y escribas judíos para otros nombres, como es el caso de “iesu”, “ieosafat”, “iehoshia”, “iehojanan”, iehu y otros; en donde usaban en este caso las tres primera letras. También es posible que utilizaran sonidos que sonaran mejor o bien que respondieran a cierta lógica desconocida, hecho que fue ocurriendo con el paso del tiempo, donde los sonidos de los nombres se acomodaban al lenguaje hablado alterando ciertas letras, como Iosafat, Iohash, Ioshía, Iotam, Iosef, donde la “e” desaparecía quedando la “o”. Por lo tanto, tanto “ie” como “ia” podían formar parte de palabras compuestas recordando el nombre divino.

Entonces tenemos que los nombres teófonos son vertidos en fuentes cristianas y hebreas al español con tres vocales idénticas pero acompañadas de tres vocales distintas: “ia”, “ie” y “io”. La forma “iá” (con acento en la “á”) siempre al final o bien la forma “ie” o la “io”, o bien la “i” con la “e” y la “o” juntas al comienzo. Ello imposibilita elegir una, pues parece que los nombres se acomodaban a la vocal que pareciera sonar mejor, o bien a algún otro código.

Por ejemplo, además de los presentados (Iosafat, etc) tenemos el conocido nombre de Juan, tomado a su vez del griego transliterado como ” ioanen”.

El caso de Juan, nombre que incorpora parte del nombre divino, los ingleses lo pronuncian yon, pero si uno lee de un papiro antiguo (Bodmer XV; p 75) o del códice vaticano, verá que las letras griegas usadas son como aparece a continuación:

, esto es “iota”, “omega”, “alfa”, “nu”, “eta” y “nu”,

Se pronuncia de manera idéntica a como lo pronuncian los etíopes en la actualidad al expresarse en amárico. Uno oye ioanen. Aquí el patrón es “io”. Sin embargo, es posible que la “e” de “ie” simplemente se volviera muda o casi muda frente a la “omega”. El hecho es que una secuencia de letras como “iou” es incongruente, tampoco combinaría con otras vocales intermedias que uno pudiera imaginar irían, como ioeu, ni ioeau, ni iohu no iohau. Mucho menos si debemos todavía pronunciar la última letra.

Esto lleva a pensar que solo la primera letra, como ocurre, siempre permanece invariable, pero la siguiente depende de cómo debe asociarse al otro grupo de letras significativas, y tanto como si va al comienzo como al final de la expresión. Por lo tanto, el caso de “ioanen” sería una contracción o abreviación suave de “ieoanen”, pero bastante desagradable o más abrupto para acortar desde “iaoanen”

Dado este uso amplio y bien documentado, especialmente de las formas “ie” y la “ia” para los nombres teófonos, lo único que creo puede armonizar los hechos estribaría a que corresponden a partes distintas del mismo nombre (la dos primeras letras o principio y final, esto es o “iaue o ieuá); o en su defecto a otro estado verbal del término, considerando que es un verbo y no un sustantivo (ieue y iaue). De lo contrario solo puede deberse a incertidumbre.

En consecuencia, los ejemplos de los nombres teófonos y expresiones abreviadas o asociadas a otras palabras parecen no ser determinantes para definir cómo debe comenzarse a pronunciar el nombre.

La “iod” que cambia a “uau”.

Se enseña que hauáh (haváh) es la raíz de la palabra ser.7 Al trascribir “huh” uno supone que deben representar las letras “he” y “uau” y “he”, הוה.

Por otro lado se dice que “howa” (esto es oua) significa un ser ruinoso, malo. En una fuente expresa que “El Sufijo “hovah” es el No. 1943 en el diccionario hebreo de Strong y tiene el significado de “desastre.” Esta es otra forma del No. 1942, havvah, que es traducida como “calamidad, iniquidad, travesura, dañina (cosa), desobediencia, desobediente, asqueroso, cosa perversa, sustancia, muy perverso.” Brown, Driver, Brigg, Gesenius dicen del No. 1943, hovah: “ruin, desastre.”8 En consecuencia, “iahowah” o “iehowah” o sencillamente je-hová podría significar “”ieue” (o “iaue”) el desastre o el ruin”. La vocal “o” entonces no puede aparecer en la secuencia.

En mi opinión creo que “havvah” está mal escrito por la fuente citada o traducido incorrectamente, pues “haua” simplemente es “ser” de existir o suceder, no es una adjetivo, no describe la cualidad de lo que existe, aunque pareciera que si la primera vocal cambia a una “o”, ésta pasa a incorporar el adjetivo de algo malo dentro del mismo término. Si “haua” es ser y “houa” es ser-ruin, ¿de dónde viene el “ehié” אהיה?

Se explica que cuando a Moisés se le revela el nombre de Dios, según Exodo 3:13-22 se le dice “Yo soy el que soy” (Eh’yé asher eh’yé). 9 En otra fuente explica que “Las raíces hebreas de estas letras son He-Yod-Heh, o sea “el SER”10 En la misma fuente asegura que Moisés escuchó decir “EHEYEH-ASHER-EHEYEH”, (“YO SOY EL QUE SOY”). Seguramente ASHER significa “EL QUE”, por lo que “eheieh” (o ehié) debe significar “yo soy”. Pero ya vimos que ello no es posible, porque “yo soy” se escribe “anoki” en hebreo. Si efectivamente “ehié” significa “ser”, entonces debería estar escrito “ani ehié” para traducir “yo seré” ó “yo soy”. Pero no está escrito de esa manera en el texto hebreo.

Y aquí además aparece una discordancia referido a la palabra raíz. Mientras por un lado se afirma que la palabra “ser” posee la raíz “he”, “uau” “he” (הוה), cuando expresa “ser”, “soy” o “seré”; cambia una letra raíz por otra, es decir pasa a “he” “iod” “he” (היה) para decir lo mismo. Es decir, cambia la “uau” por la “iod”, altera la pronunciación sin alterar el significado de la misma. De hecho, esa es la manera de cómo aparece en Exodo 3:14. ¿Puede cambiar la letra raíz de una palabra sin cambiar su significado básico, en este caso, del verbo “ser”? ¿Cómo es posible que ambas palabras hebreas signifiquen lo mismo, es decir, ser?

He visto que se suele decir que la “uau” es de origen arameo mientras que la “iod” es del hebreo. Pero, de ser así el nombre del Dios israelita es de origen arameo y no hebreo, algo raro de entender. Además, cuando se quiere expresar el plural de ser (son), la letra intermedia entre las dos “he” se convierte en una “nun”. De allí que la “uau” de “huh” puede estar indicando otra cosa y no precisamente lo mismo que “hih”. Esto que digo parece que ya era parte de diversas conjeturas hace unos 2.000 años atrás, cuando en algunos manuscritos hallados en Egipto correspondientes a copias de la traducción al griego de Aquila donde aparece el tetragrama se lo ve escrito en la forma , esto es para leer “ihih”, siendo pronunciado posiblemente como “iihié”, al igual que la palabra traducida del mismo TM como “ese es” o “yo seré”.

Resulta interesante que esta forma fue perdurando en distintas copias realizadas a lo largo de los siglos, pudiendo verlo en el códice Ambrosiano en la forma de , es decir, con la “iod” intermedia además de la inicial. Claramente ésta forma es distinta al clásico tetragrama, hecho que la mayoría pasa por alto al no distinguir y entender lo que ven. En tiempos de Orígenes al aparecer en manuscritos griegos fue confundido por “pipi” (PIPI), creyendo hallarlo ya transliterado al griego al leerse de izquierda a derecha, es decir de manera inversa a como se lee en hebreo, el cual en tal caso debería leerse “iieié” o “iihié”.

El profesor Kerr en su Gramática Elemental de Lengua Hebraica dice: “Ya no se sabe cuáles eran los verdaderos sonidos que se daban a ese nombre; y se supone por la etimología que la forma original debería ser Jave, tercera persona del verbo ayah (ser)”. (“jave” viene de “iaue”)

De modo que tratando de entender la explicación del profesor, parece decir que “Jave” o bien “iaue” es la tercera persona del verbo “ser”, esto es para “aiá”, el cual traducido sería “es” de “eié”, correspondiendo a su vez a la otra forma hebrea “auá”, por lo cual el nombre completo sería “ese es”. En consecuencia, la “uau” aparecería para indicar la misma variación verbal.

Sin embargo, de acuerdo a dicho criterio las variantes verbales de una palabra “raíz” parecen no solo hallarse atadas a un juego de vocales sobreentendidas sino también en este caso a las “consonantes” “iod” y “uau” o letras de dicha raíz. Parece poco probable que fuera de ese modo. Si lo fuera, deberíamos hallar ampliamente la forma “auá” en oraciones donde se indique que algo o alguien “es” en el sentido de obrar, actuar, suceder, y no el mero hecho de existir. Sin embargo la forma sonora “auá” no es usada en hebreo en tal sentido, sino más bien para asociar a algo que existe en el sentido de vida. Además, la raíz “huh” casi no es usada en la Biblia, y cuando aparece, transmite otro significado según los diversos traductores.

Algunos han considerado la “uau” como parte de un verbo copulativo, como simple nexo entre el sujeto (“Ia” ó “Ja”) y el atributo (“é”), pero la expresión “eué” parece transmitir la idea de la existencia de algo, un suceso o la presencia de una situación o condición. Por ello, otra manera de verter “ese es” sería “ese existe” o “el existente”.

¿De dónde aparece la “uau” entre las dos “he” para significar lo mismo? En consecuencia la “uau” debe ser un error si significa lo mismo o una variante en su significado antiguo. Kerr nos dice que el verbo ser se escribe con las letras “iod” y “He” y se coloca una vocal “a” al comienzo y otras antes de la “he”, pronunciando algo como “aia”.

La palabra traducida “y será” es común en la Biblia, proviene del Tanaj de las letras “uau” “he” “iod” “he”, ó “uhih” (והיה), y se escucha en sefardí como “vehaiá” (Oseas 2:18). Su significado básico es “y ser” pero al corresponder al primer verbo de una oración es traducido en futuro acorde a la gramática hebrea que lo escribe en tiempo imperfecto y los siguientes en perfecto cuando una oración se expresa en presente o en futuro. Si observan, tanto en Exodo 3:14 como en Oseas 2:18 se trascribe “hih” para esta palabra, y sacando la primera letra, la “uau”, suena con vocal “a” en vez de la “e” de Exodo 3:14. Por lo tanto, “seré” parece incorporar la “e” (heié ó ehié) y “ser” la “a” (haiá) para diferenciar vocalmente si está en tiempo perfecto o en imperfecto respectivamente.

Cuando la fuente enciclopédica menciona que “havá” es la raíz de la palabra “ser” parece referirse a otra manera de escribir este término. No está claro de dónde proviene. Se comenta que la “uau” proviene del arameo, mientras que la “iod” del hebreo. No obstante, parece que existen ligeras diferencias en el sentido de cada término.

Cuando uno recurre a especialistas en la materia suele leer: “YHVH es una forma verbal de la raiz “hvh,” que es una variación antigua de la raíz “hava,” que significa, “ser, será, existir.” Como esta en el tiempo futuro, significa por lo tanto “El que hace ser, El que hace existir.””15

Para elaborar una forma actual de pronunciar el tetragrama algunos dicen: “Si escogemos las vocales de “Hava” – “ser” y lo transponemos en YHVH, el bendito Nombre de Dios se convierte en YaH’VaH. Bastantes maestros de la Biblia creen que la letra W “v” debe ser pronunciada como “w,” es por eso la palabra “Yahweh.” El hecho es de que la pronunciación Hebrea Ashkenasi de la letre W “vav” es V, como en Valor. Por lo tanto la pronunciación del Nombre mas bendito es “Yah’vah.” Sin embargo, los Hebreos Sephardi pueda (ser) que pronuncien la letra W “vav” como la “W”, entonces el Nombre se pronunciaria como “Yah’wah.”” 15

Usos de “huh”

Según la misma fuente cuando señala las declinaciones de la raíz “haua” manifiesta que ” Haua (java) es una raíz primitiva que significa “aliento”, “ ser”, vida (en el sentido de existencia). “Auáh,” significa, “desear,” “codiciar,” “desear” (vehemente),” “deseoso,” “anhelar.” “Aiá” significa, “existir,” en el sentido de “ser” o “llegar a ser,” “suceder.”” 15 Asegura que solo “aparecen tres casos de “aua” preservados en Hebreo”. Estos son:

1. Eclesiates 2:22

כִּי מֶה-הֹוֶה לָאָדָם, בְּכָל-עֲמָלוֹ, וּבְרַעְיוֹן, לִבּוֹ–שֶׁהוּא עָמֵל, תַּחַת הַשָּׁמֶש

Trad.: “Pues, ¿qué le queda al hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?”

כִּי מֶה-הֹוֶה לָאָדָם trascp.: “ki me-houe laadam,” “por/pues que le-queda (resulta, es) al hombre,”

Aquí posiblemente la vocal “o” indique algo malo, como si lo anticipara.

2. Genesis 27:29

יַעַבְדוּךָ עַמִּים, וישתחו (וְיִשְׁתַּחֲווּ) לְךָ לְאֻמִּים–הֱוֵה גְבִיר לְאַחֶיךָ, וְיִשְׁתַּחֲווּ לְךָ בְּנֵי אִמֶּךָ; אֹרְרֶיךָ אָרוּר, וּמְבָרְכֶיךָ בָּרוּךְ.

Trad: “Sirvante pueblos, y prostérnense ante ti naciones. Se señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Maldito quien te maldiga, y bendito quien te bendiga.”

הֱוֵה גְבִיר לְאַחֶיךָ, trascp.: “heue guebir le aheika,” , transl.sfrdt. “evé guebir le ajeja”

3. Isaias 16:4

יָגוּרוּ בָךְ נִדָּחַי, מוֹאָב הֱוִי-סֵתֶר לָמוֹ מִפְּנֵי שׁוֹדֵד: כִּי-אָפֵס הַמֵּץ כָּלָה שֹׁד, תַּמּוּ רֹמֵס מִן-הָאָרֶץ.

“Hospédense en ti los desterrados de Moab, se de ellos cobijo ante el devastador; porque el atormentador acabará, cesará el devastador, el pisoteador será consumido de la tierra.”

הֱוִי-סֵתֶר לָמוֹ מִפְּנֵי שׁוֹדֵד trascp.: “hevi-seter lamo mipinei shoded,”

En estos pasajes parece ser que la forma “huh” tiene correspondencia con la forma “hih”. Las tres se hallan en tiempo perfecto y su vocalización parece adaptarse al contexto. La de Isaías incorpora sentido de pertenencia o relación (de ellos), lo mismo que en Ecl. al referirse al “le” del “me”, mientras que en Gn.27:29, si bien también existe un sentido de relación, ésta se halla en la palabra “aheika”, ante lo cual “heue” parece indicar solo el aspecto de “ser” o “estar” en tiempo presente, hallándose en sentido mandatario. Pero es clara la alocución a una situación o estado y no a una manifestación pasional.

Si bien se hallan en tercera persona, no expresan idea de “ser” o que “es” en el sentido de “existir”, como un mero ente que vive o está, sino de situación, condición, beneficio o utilidad recibida. La fuente indicada (15) manifiesta las diferencias entre “aua” y “aia”. Mientras la primera la relaciona más a las pasiones o sentimientos de un ser vivo, al “aia” lo circunscribe a la condición, situación o resultado de un hecho o suceso.

No obstante, en los ejemplos no parecen hallarse claramente indicadas las diferencias. En mi opinión, es posible que la fuente 15 relacione el “jauá” con el “auá”, ambos trascriptos como “huh” (Ver “aua” de Eva). De allí que tanto la raíz “hih” como la “huh” (auá) serían análogas.

Ahora bien, ¿porqué motivo existen dos maneras de decir lo mismo?

Es probable que el “uau” en la expresión “auá” corresponda a una variante de la lengua semítica, una especie de importación aramea para significar lo mismo que el “aiá” hebreo. Partes del libro de Daniel han sido escritos en arameo, y por ejemplo, en Dan.4:26 aparece su uso denotando claramente un estado ó condición de una acción.

לִקְצָת יַרְחִין, תְּרֵי-עֲשַׂר, עַל-הֵיכַל מַלְכוּתָא דִּי בָבֶל, מְהַלֵּךְ הֲוָה

Trscp. “liketsat iarehin, terai-esar, heibal malequta di babel, mehalek hauah

Transl. “lik tsatiarjin teré asar, al-hejal maljutá di babel mehalej habá

Inglés: At the end of twelve months he was walking upon the royal palace of Babylon.

trad.directa. ” al cabo de doce meses, sobre palacio real de babilonia caminando estar

Trad. Al final de doce meses él estaba caminando en el palacio real de Babilonia.

Aquí aparece el verbo “huh” para indicar estado, situación, y no pasión ni deseo. El uso es prácticamente igual a los ejemplos anteriores.

De allí que al agregar la “iod” delante y formar el “i-habá” puede traducirse como el/ese estar. Si se hallaría en perfecto sería “i-habé”, ó bien “ievé” acorde al pasaje de Génesis 27:29 mencionado, esto es conforme a la lengua sefardita actual. Retrocediendo al uso antiguo de la “uau” como “u”, sería “i-haué” o bien “i-eué”. De allí el nombre “iaué”, y su versión adaptada actual de “Yavé”. Y el significado sería simplemente “ese está”, como si estuviera indicando a alguien que siempre está presente responsable de todos los verbos.

El “aua” de Eva.

Probablemente habrán notado ya que un sonido muy similar al verbo “ser” se da para el caso del nombre de Eva. En Gen.3:20 aparece escrito el siguiente pasaje:

וַיִּקְרָא הָאָדָם שֵׁם אִשְׁתּוֹ, חַוָּה: כִּי הִוא הָיְתָה, אֵם כָּל-חָי.

Transcr. “uaikera’ haadam sem isto, hauah: ki hiu’ haietah, em kal-hai”

transl.sefrdt.: “uaikrá haadam shem ishtó, javá: ki hi haietáh, em kol-jai”

Traducc. “Y-entonces el-hombre llamó mujer-suya Jauá: porque la misma sería, madre

de-todo-vivo.”

Aquí la expresión para Eva es “huh”, pero la primera “h” es una “het” y no una “he”. La LXX traduce este nombre como Zoe en este verso, esto es “vida”, mientras que los judíos pronuncian “Javá“, esto es para el modo más antiguo como “Jauá”, o muy probablemente solo “auá”, ateniéndonos que a veces la LXX toma a la “het” por letra muda en muchos otros nombres, como por ejemplo para Ana en 1Sam.2:21; Ananía de 1Cron.8:24; Anani de 1Cron.25:4, Asabía en 1Cron.25:3; y otros más.

No obstante, para el mismo nombre hebreo escrito חַוָּה y que los judíos pronuncian igualmente “Javá” pero ahora en Génesis 4:1, la LXX lo vierte como “Eua” (en griego eua) en vez de Zoe. Aquí la versión griega lo que hace es transliterar en vez de traducir. Allí recién descubrimos de dónde proviene nuestro Eva hispano.

Si analizamos el nombre hebreo “jauá” podemos distinguir en primer término que es un nombre compuesto, tal como lo describe el mismo verso. Esto significaría que la parte de la letra “het” estaría unido a la parte de la letra “uh”. La letra “het” ó “jet” es usada como raíz o fundamento del concepto más antiguo de “vida” en la forma de una criatura, un ser físico. De allí que para hermano se use la misma letra, la cual aparece como אח (“aj”). La expresión “ji” al final del verso sería otra forma de la raíz de una sola letra, la “het”, para indicar “vivo-de” ó “vida-de”, es decir, “de” la madre, proveniente de la susodicha mujer del hombre. La otra parte, la “uh” está relacionada con la raíz más antigua del verbo ser o estar. Por eso, el nombre completo “jauá” significaría “vida-estar” en el sentido de poseer la capacidad de transmitir la vida, que la vida está o se halla (acorde a la interpretación literal del texto) en la mujer.

Por eso al igual que para “aiá”, esta otra palabra también forma otros significados con la letra base “het” de la expresión “jauá”. Por ejemplo, en 1Sam.2:6 aparece esta oración:

יְהוָה, מֵמִית וּמְחַיֶּה; trasc. “iehuah, memit umehaieh”

Transl.Sfrdt. “adonai memito mejaié”. Podría ser: “adonai memit u-mejaié”

Trad. “ieua mata y-vivifica”

Aquí las letras hebrea para “vida” ó “que gesta vida” escrita con la “uau” intermedia aparece ahora con la “iod” intermedia, es decir, pierde la “uau” antigua; y varía la vocal final para significar “vivificar” ó “da vida” al pronunciar “mejaié“. Claramente no se está refiriendo a una situación o condición, sino al hecho de vivir como un ente. Solo se distingue de la expresión que indica “ser” en sentido diferente al de solo existir o vivir por la letra “het”, que los sefarditas le asignan a menudo el sonido de una “ji”, de modo similar a como la LXX también lo hace en distintos nombres.

Con respecto a la LXX para la expresión “ehieh aser ehieh” traduce “εγω ειμι ο ων” (ego eimi o on), esto es traducido al español directamente como: “yo soy el existente”.

Para el pasaje de 1Sam 2:6 vierte:

κυριος θανατοι και ζωογονει. trad. “señor morir-hace y vida-genera”.

Claramente aparece la expresión zoogonei, relacionada con la vida o existencia física de un ente. Difiere del “on” (wn) para existente, mostrando aquí que el carácter de “existente” no se relaciona con el hecho de estar vivo, sino de estar presente.

Resumiendo, vemos cómo se combinan la letra “jet” relacionada con la vida o “zoo” griego con el verbo ser o estar cuya voz semita es “auá” o posterior “aiá”, y cuya expresión conjunta se aplica a un organismo. Y en esta expresión conjunta la “uau” parece intercambiarse por la “iod” debido posiblemente a la influencia de lenguas distintas pero de estructura general similar en tiempos distintos.

Otro aspecto interesante está relacionado con la manera de verter la LXX este nombre, notando que si el sonido original de la “het” fuera una voz similar a la “ji”, los griegos habrían escrito ceua y no eua, pero, si la voz transliterada griega es la correcta de hace 2.300 años, la “het” sería muda para este nombre y la primera vocal no sería una “a” según los masoretas, sino una “e”.

Finalmente, a modo llamativo, de ser la vocal “e” la correcta y a su vez válido el sonido de la “ji” para la “het”, una extraña coincidencia nos permitiría especular sobre lo impropio de la forma “Jeová” para el tetragrama, pues provendría de la forma antigua “Jeua”, el nombre de la mujer de Adán. Si la “o” no viene del “ou” griego sino del hebreo, entonces חוה significaría algo como “vida es ser”. De cualquier manera, al anteponer la “iod” y dejando aún muda la “het”, considerando la transmutación de la “iod” en la “jota” hispana, “Jheova” (יחֹוה) significaría “ese vida es ser”.

Otra forma raíz h()h. Ezeq.18:4

Aquí presento un caso donde aparece una “nun” entre las dos “he” (“hnh”)

הֵן כָּל-הַנְּפָשׁוֹת לִי הֵנָּה, כְּנֶפֶשׁ הָאָב וּכְנֶפֶשׁ הַבֵּן לִי-הֵנָּה: הַנֶּפֶשׁ הַחֹטֵאת, הִיא תָמוּת.

trsc. “hen kal-hanepasot li henah, kenepes haab ukenepes haken li-henah: hanepes hahote’t, hi’ tamut”

transl.sfrdt. “hen col-ha-nefashot li héna, ke-nefesh ha-ab u-jenefesh ha-ben li-héna: ha-nefesh ha-jotet, hi tamut”

Trad. “he aquí todas las almas de-mi son, tanto-alma de-padre y tanto-alma de-hijo de-mi-son: el-alma de-pecar, esa morir”

Aquí en vez de “iod” o “uau” aparece una “nun”, ante lo cual vemos que la raíz puede cambiar pero las dos “he” siguen señalando el mismo significado básico del término: ser, existir, suceder.

No obstante, del ejemplo en 1Rey.19:5,6 las letras hebreas “hnh” también pueden indicar la idea de “vean eso”, “¡he aquí!”, “mire!” cuando se vocaliza como “hineh”.

La fuente que estamos considerando explica lo siguiente en relación al hwhy

YHVH, Yahvah aparece en siete pasajes donde el Nombre de Dios es particularmente acentuado.

“Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en Mi Nombre yhwh Yahvah, no me di a conocer a ellos.” Exo. 6:3.

En este verso, la palabra para “Dios” es la, “EL” como en “Dios Todopoderoso.” Así, pues, la palabra, Dios, es el “atributo” de nuestro Padre celestial Yah’vah. En las Escrituras esta palabra, (Dios), tambien se refiere a dioses paganos, es por eso que Dios Yahvah enfatiza que “Mi Nombre es hwhy YHVH – Yahvah.”15

El libro de Apocalipsis tiene esta cita del “Cantico de Moises, siervo de Dios, y el cantico del Cordero, diciendo: “Grandes y maravillosas son tus obras, Yahvah El Shaddai – (Senor Dios Todopoderoso); justos y verdaderos son Tus caminos, Rey de los santos. Quien no Te temerá, oh Yahvah, y glorificara Tu Nombre. Pues solo Tu eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y Te adoraran, porque Tus juicios se han manifestado.” Apocalipsis 15:3-4, En Apocalipsis la frase “Halelu’Yah” es usada un promedio de 20 veces, así pues encontramos sin duda el bendito Nombre “Yah” que es la versión corta de Yahvah. 15

No obstante, más adelante en otros capítulos descubriremos que la forma “Yah” posee un significado diferente al nombre completo, ante lo cual no sería exactamente la “versión corta de Yahvah” según lo propone la fuente mencionada, como dando a entender su correspondencia con la primera mitad del tetragrama (Yah-vah).*

Ejemplos bíblicos en el uso de la raíz “hih”.

Ecl 2:19

וּמִי יוֹדֵעַ, הֶחָכָם יִהְיֶה אוֹ סָכָל, trsc. “umi iodea, hejakam iheie ‘o sakal,”;

trnslt.sfrdt. “umi iodea hejajam iihié o sajal”;

trd.“y-quién puede-saber, sabio el/ese-será o necio”.

Aquí tenemos un ejemplo donde la “iod” al comienzo se halla en forma de pronombre personal. La “iod” indicaría a la persona según sea la palabra traducida como “el” ó “ese”; y el verbo “aiá” traducido como “será” de “hié” a la condición o situación particular de la misma indicada por las otras palabras relacionadas en el contexto de la oración, en nuestro caso si “sabia” o “necia”.

En la LXX este pasaje aparece escrito como:

kai tiV oiden ei sofoV estai h afrwn” trad. “y quien puede-saber si sabio ese-será o necio”

Ahora, si de acuerdo a la raíz hebrea más antigua “hié” se pronunciaba “hué”, resultaría fácil arribar al nombre compuesto “iihué”, significando lo mismo, esto es “el será“. El pronombre “el” puede indicar al mismo tiempo el concepto de alguien que “es”, una persona existente en ese momento, por lo que el nombre compuesto de un pronombre y un verbo podría significar también “el que es y será“.

Cuando Teodoreto afirma que los judíos pronunciaban “aia” (es decir “haiah”), revela que ellos estaban usando la forma hebrea de su tiempo para decir solamente “ser”, que también puede representar el nombre inefable.

Ahora bien, la expresión “haia” parece corresponder siempre al modo imperfecto. Sabemos que su significado básico es “ser” y denota existencia, hecho, suceso, el cual puede se aplicado al tiempo pasado, presente, como al futuro según dónde se halle ubicado en la oración y con cuáles tiempos de otros verbos se halla relacionado.

Ecl. 1:9

מַה-שֶּׁהָיָה, הוּא שֶׁיִּהְיֶה, trnsc.”mah-sehaia, hu’ seiheie”

transl.sfrdt. “ma-shehaiá, hu sheiihié”

trd.”que lo-que-ser, eso-mismo lo-que-eso-será”

Sabemos que para referirse al presente o al futuro el primer verbo debe estar siempre en imperfecto, y los siguientes todos en perfecto. Aquí vemos también el uso de “hu” para indicar “eso mismo”, similar a la forma “el mismo” de “i-hu”. Es interesante que la LXX vierte este pasaje de Ecl.1:9 tanto para “que fue” como para el “que será” con la raíz de “guenos”, esto es “género”, es decir “algo que existe de un tipo determinado”.

Aquí las traducciones vierten señalando que algo que fue, es decir, que existió o sucedió, eso mismo volverá a ser, suceder o existir. El espíritu de la oración señala al futuro, por lo cual el segundo verbo “ser” debe hallarse en perfecto mientras el primer verbo “ser” en imperfecto. Observando la puntuación masoreta hallamos el primer verbo para vocalizar “-haiá”, ante lo cual deducimos acorde a la tradición cuál es la voz del estado imperfecto.

Basándose en este sentido etimológico de la palabra en la que aparece como “-ihié”, pero adoptando la “uau” del estilo arameo para la segunda “iod”, distintos estudiosos llegaron en tiempos pasados a la forma ihué, que suele hallarse escrita en diferentes partes como “Yihwéh”, que significaría “yo seré” o “el(ese) será”, y que a su vez también puede interpretarse como “el que es y será” o “soy y seré”.

En Ecl 1:10

כְּבָר הָיָה לְעֹלָמִים, אֲשֶׁר הָיָה מִלְּפָנֵנוּ. trnsc.”kebar haia leolamim, esher haia milepanenu”.

trd. “mira ser los es géneros, lo que ser antes de nosotros”.

En Ecl.1:10 la expresión hebrea “haia” sola, en ambos casos significa algo que existe, como algo que “es” o “existente”, ya sea en el pasado, presente o futuro. No obstante pueden notar aparte ahora la presencia de la raíz hebrea y fenicia “lmn” para “género”. En la LXX dicha raíz aparece dos (2) veces en este verso, cuando en hebreo solo una, y en el anterior (Ecl.1:9) ninguna. Ello permite deducir de cómo los traductores interpretaron en la raíz hebrea “hih” del verso anterior el significado de “lmn” de este verso, cuando en rigor “ser” no es sinónimo de “tipo”.

Ecl.1:11

אֵין זִכְרוֹן, לָרִאשֹׁנִים; וְגַם לָאַחֲרֹנִים שֶׁיִּהְיוּ, trnsc. “ein zikeron, lari’sh o nim; vegam laaher o niim

sheiheiu”; trad. “no hay, precedió memoria, y también es memoria lo que eso será”

Aquí la expresión “que eso será” proviene de “sheiheiu“.

La segunda parte de este verso en hebreo está escrito:

לֹא-יִהְיֶה לָהֶם זִכָּרוֹן–עִם שֶׁיִּהְיוּ, לָאַחֲרֹנָה. trnsc. “lo ‘-iheieh lahem zikaron–in sheiheiu, laaher o

nah”; trd.”ni-en ellos-habrá que serán después de ellos “

Aparecen dos palabras para indicar hechos o cosas que existirán después, estas son “iheieh” e “iheiu”, y ésta última aparece primero para indicar cosas que existieron en la expresión completa “sheiheu”, igual para ambas.

El pasaje completo es traducido:

“Hay ningún, recuerdo de tiempos anteriores; ni habrá ningún recuerdo de tiempos por venir, aún en los que serán después”

Otro pasaje que expresa algo que fue es Ecl.1:12.

אֲנִי קֹהֶלֶת, הָיִיתִי מֶלֶךְ עַל-יִשְׂרָאֵל–בִּירוּשָׁלִָם.

Trnsc. “ani kohelet, haiiti meleke al-iserael–bi irushalaim”, trd. “yo congregador, fui rey sobre-Israel–en Jerusalén”.

El Salmo 113:2, la primera parte en hebreo se halla escrito:

יְהִי שֵׁם יְהוָה מְבֹרָךְ transc. “iehi shem iehuáh meborane”

trad.”sea nombre iehuáh bendito”

La expresión traducida sea viene de “iehi” al combinar el pronombre “el” o “ese” con el verbo “ser”

La expresión “iehi” es la misma que aparece en Ge.1:3 ( יְהִי ) cuando dice “sea luz”. Pareciera que dijera traducido de modo directo como “esa-existe luz”. El pasaje responde:

וַיְהִי-אוֹר transc. “ua iehi-aor”. trd. “y esa-existe luz”. Las traducciones vierten ordinariamente “y fue luz”, es decir:”y la luz llegó a existir”. Sin embargo, la expresión es una repetición exacta de la expresión anterior.

Es como si alguien dijera “luz, existe”, y acto seguido expresa: “y luz existe”.

Conclusión

Por consiguiente, existe una diferencia entre “anoki” y “haiá”. El “yo soy” de anoji simplemente indica o señala a alguien en primera persona, con un sentido de identificación, mientras que “hih” o “huh” indica la existencia de algo que puede ser una actitud, una situación, condición, logro, un suceso, algo que estuvo o fue, está en el presente o podrá ocurrir o existir en el futuro, variando para ello las vocales acompañantes de las “he”. Cuando en lugar de la “he” aparece la “het” el sentido de la voz nos orienta hacia un ser vivo, una persona o la vida.

A su vez, el tiempo del verbo lo da el contexto, aunque la persona suele indicarse con la vocalización. No obstante, en Eclesiastés 2:19 parece claro el cambio de vocalización en la oración cuando la palabra “aiá” hebrea cambia a “eie” para referirse al futuro, al indicar en este pasaje de alguien (ese) que será en la forma de “ieie”, donde la primera “iod” parece aludir a la persona y la expresión “eié” al resultado o condición futura del aludido. Este pasaje resulta interesante desde el punto de vista de la pronunciación, porque en vez de escuchar el sonido espirado de la primera “he” se escucha una débil espiración antes de la “iod”, algo como “iehié“. Pareciera a veces a simple oído escuchar “ie-ie” según quién lo pronuncie. Trayendo lo mencionado sobre Gn.27:29 de la palabra escrita “heue” en sentido de un mandato a alguien que se obliga a ser algo, escuchando se pronuncia en sefardí “evé“, y cambiando la “iod” de Ecl 2:19 por la “uau” tenemos la forma “ieué”, pronunciando “ievé” acorde al sefardí actual, como para significar “ese será” o bien “yo haré para ser”. Si la “he” se espira tendríamos el sonido “iehue”.

La cuestión del “YE-HU”

Recordarán que en la inscripción funeraria de la época del primer templo, posiblemente próxima al período de Ezequías, rey de Judá, bautizada como la inscripción de Sebnayahu, aparece la secuencia de las tres primeras letras del nombre, letras que corresponden en este caso al final del nombre completo del muerto que han desaparecido, por lo que solo están las ultimas tres, que son la “iod”, la “he” y la “uau”. Solo faltaría la “he” final para ser idéntica al tetragrama rastreado. Los especialistas lo traducen Yahu, el cual salvando la cuestión del sonido de la Y como una ‘doble ele’ en Argentina hacia una “i”, que como verán en otros nombres es el sonido transliterado más exacto, la sonorización sería algo como “iahu”. Pues si tomamos la “h” muda, tal como es tomada aquí colocando una vocal acompañante de la “iod”, tendríamos el nombre completo, “iahuh”. ¿Cortito, no?…

El asunto es que de vuelta llegamos al sonido “iahu”, o algo como “iaju”. Esto nos recuerda a la forma aparecida en griego en un rollo del Qumrám, donde están escritas la “iota”, “alfa” y “omega” para el nombre inefable, y esto es transliterado como “iao”. Aquí nos aparece nuevamente el sonido de la “o” para la “uau” en vez de una “u”, probablemente dada la forma de contraer los prefijos de los nombres teofonos a “io“. Ahora bien, en lo referente a la “a”, dado el problema presentado con “iaus” donde claramente para el sonido “ia” tenemos la “iod” seguida de “alfa”, apoyada con otros ejemplo como el de “Iacob” cuando para la “a” escriben una “ein”; en nuestro caso al ser seguida la “iod” por una “he” donde la segunda bien puede sonar como una “e”, reforzado con el ejemplo analizado del nombre de Jesús en griego, el sonido podría ser “ieo” o bien “ieu” si la “uau” debe ser pronunciada como “u”. Si la misma terminaría acentuada, sonaría como Ieú. Esto nos transporta a su vez mediante el recuerdo asimilativo al conocido Jehú de 2 Reyes 12:1.

Además, es probable que la forma iaw de Qumram tenga otro significado. Quizá corresponda a la unión de la “iota” o primera letra que representa el nombre (se han hallado en manuscritos antiguos alusiones al nombre con dos “iod” seguidas) con el significado simbólico de otra cualidad de la divinidad referida como el “alfa y la omega”, es decir, “el principio y el fin”, expresión que aparece en el Apocalipsis (8), pasaje que tiene una cierta correspondencia con Isaías 44:6. No obstante, bien puede ser una coincidencia aunque siga significando otra cosa.

Con respecto a la forma yahu vertida por los expertos según la puntuación masorética de los sufijos, ello llevaría a que el nombre completo se escribiera “yahuh”, secuencia que no concordaría con la puntuación establecida para el comienzo de los nombres teofonos, los cuales empiezan como “ie”, pero, terminando en “o”, es decir, “ieo”.

Esto podría explicar porque se insiste que “yahu” significa otra cosa, separándolo silábicamente en “ya-hu”, asegurando que “ya” es la forma corta “ia” para el tetragrama que representa a la “iod”, y la “hu” significa “el”, “el mismo”, expresión para denotar su permanencia a través de las generaciones. La expresión hebrea “hu” (הוּא ) se usa también para significar “ese”, “eso”.

La mención de que “Yahu” es distinto de “Yeho” debido a tener significado diferente contiene una complicación digna de un embrollo. Por empezar, parece imposible que a partir de las mismas tres letras hebreas se generen dos palabras distintas con pronunciaciones consonánticas diferentes. Se afirma que “Ya-Hu” significa “ia-él mismo”, siendo “ia” o “Yah” la forma corta del nombre y “hu” una expresión que significa “el” o “el mismo”; mientras que “Yeho” (“ieo”) ubicado como prefijo de nombres teofonos quiere decir “ie es”. Ambos se escriben en hebreo con las mismas tres letras: יהו. Veamos algunos ejemplos. El nombre de Elías los sefardíes lo pronuncian Eli-ya-hu, y parece significar “mi dios-(es) yah-el mismo”. En hebreo actual tomado del Tanaj se escribe אֵלִיָּהוּ. Por otro lado, Eliú parece significar “mi dios (es) él”, y se halla escrito אֱלִיהוּ. Ambos contienen las mismas tres letras del tetragrama, sin embargo solo para Elías habría una forma corta del nombre, esto es “ia”, pero no para Eliú. Mientras en uno aparece en la pronunciación la forma “ia” en otro no. Además, aquí se puede apreciar que la letra “he” (ה) se toma como muda, o a lo sumo imprimiendo una expiración al pronunciar la “uau” (de Elías pero no tanto de Elíu). La LXX para estos nombres no parece verter en armonía a esa concepción, pues anotó Eliou para Elías de 1Rey.19:1 y Elious para Eliú de Job 32:4. Ambos nombres terminan en la forma de “iu” (o “iou”), es decir, no distingue el sonido “ia” para el nombre de Elías. El nombre de Ezequías, referido a la misma persona, aparece escrito en hebreo en Oseas 1:1 en la forma de חִזְקִיָּה pero en Isaías 1:1 aparece en la forma de חִזְקִיָּהוּ. Ambos están puntuados para que suene la forma “ia”, pero en Isaías 1:1 parecería que debe sonar la forma “hu” según el concepto del que estamos tratando, igual que para Elías. Sin embargo, la LXX en ambos lugares no hace distinción para Ezequías, escribiendo la misma terminación “iu” (o “iou), al igual que para Eliú y Elías. No aparece ningún sonido de “ia” en ninguno. En cambio, para el nombre de Isaías hace totalmente al revés, pues el nombre transliterado al griego termina en “ia” cuando en hebreo puntuado indica que debe pronunciar una “u” al final, pues en hebreo se halla escrito יְשַׁעְיָהוּ, igual que Elías aunque puntuado ligeramente distinto. Ello indica que faltaría en griego el “iu”. Un judío sefardi parece concordar con la LXX, pues no pronuncia en este caso ni la “u” ni el “hu” al final, a lo mejor porque su versión del Tanaj no se hallaba impresa la “uau” al final puntuada para sonar como “u”. Ahora bien, pareciera que los griegos desconocieron esta doble pronunciación. Para el nombre de Jeremías en Jer.1:1 en hebreo se escribe יִרְמְיָהוּ , es decir que el sufijo trilítero no solo es el mismo sino que se halla puntuado de la misma manera tal como vimos para Isaías y salvo el puntito central para la “iod” a los nombres de Elías y Ezequías, y para ese nombre la LXX escribió “ieremian”, esto es para hacer notar solo el sonido “ia” tal como se escucha en hebreo para Elías. Un judío sefardí a este nombre lo pronuncia igual que el de Isaías, no como el de Elías. Es decir, no pronuncia el “hu” al final. Ese puntito central en la “iod” parece decirle esto algo que los traductores de la Septuaginta no lo vieron del mismo modo. ¿Cómo es que la LXX parece estar confundida con todos estas variantes de una misma secuencia trilítera? ¿Cómo es posible que escriba la forma “ia” para el nombre que no debe y donde debe escribe “iu” sin distinguir siquiera cuando aparece el sonido de la “ia”?

Otro nombre para el cual los Judíos sefardíes pronuncian el sonido de la forma “ia-hu” al final es el de Uzías de Isaías 1:1. Este Uzías, es el mismo que hallamos en el epitafio sepulcral, el rey de Judá. Sin embargo, allí su nombre aparece distinto al que aparece en el tanaj, donde escriben עֻזִּיָּהוּ. En la inscripción sepulcral se halla escrito en la forma עוזיה. Aparece la “uau” para leer algo como “ouziah”. ¿Cómo aparece en el rollo del Qumrám?… Este manejo de la “uau” quizá resulto en las variadas interpretaciones del inicio de la pronunciación, pues tenemos el sonido con la forma “uzi..” y por otro lado también tenemos el “ozi..”. En la LXX vemos la forma “ozi…”; y en cuanto a la terminación, allí es dual, tanto “ia como “iu” para el mismo nombre referido a la misma persona. En 1 Cron.6:9 apuntan “Ozia” mientras en Isa.1:1 apuntan “Oziou”, como dando a entender que los judíos agregaban o quitaban la “uau” final según les pareciera.

Efecto inicial de la LXX por su modo de verter los nombres teofonos.

Sin duda, uno espera que la traducciones griegas del Viejo Testamento arrojaran luz sobre los nombres y su forma de pronunciarlos. Sin embargo, generan al principio una enorme decepción. Por ejemplo:

  • La septuaginta es cacófona en Exodo 15:2,3. Afirma que Kyrios es el nombre de Dios cuando es bien sabido que en esa época era un simple título, de hecho mencionado repetidas veces en el mismo pasaje.
  • Tampoco aparece en la septuaginta la forma corta del nombre hebreo “yah”, sino que en su lugar escribe “kyrios”, y en Ex.15:17 escribe “kyrie” tanto para el tetragrama como para adonai. Realmente de una pobreza expresiva inmensa. Descubrimientos de textos griegos de partes del Viejo Testamento que contienen el tetragrama o hace alusión al mismo con abreviaciones o figuras raras demuestra que efectivamente, tal como Orígenes lo expresó, se hallaban en algunos códices griegos, por lo cual la evidencia demuestra que fueron definitivamente quitados y reemplazados por Kyrios (Señor) o Teos (Dios).
  • Resulta imposible hallar en la LXX un prefijo de algún nombre teofono como “ieo” o “iao”. A simple vista pareciera que los traductores de la LXX tomaron a la letra “he” hebrea como muda, pasándola por alto, como ocurre con muchos otros nombres, como Asael, Hod, Oseas, Otir y otros. Con ese criterio, si hubieran trascripto el tetragrama habrían apuntado “IOU” (es decir IU).
  • Todos los nombres que en el Tanaj contienen las tres letras del tetragrama, si es al comienzo vierten todos como “io”, salvo para Josué, aspecto muy llamativo en este caso, pues escriben “ie”; y aquellos que aparecen al final como “iu” (esto es según el griego “iou”), “ia”, “ias” o excepcionalmente “iau” (para Jeremías) aunque las letras hebreas y su puntuación masorética es la misma. El nombre de Jehú aparece como “iu”. Todos los nombres cuya terminación hebrea es vertida como “iahu” o “yahu” en la septuaginta pasa a ser “iu”, o bien “ia” o “ias”, tales como Ocozías, Isaías, Elías, Jilquías, etc.
  • Donde solamente aparece el sufijo bilítero (“iod”+”he”) la terminación es por lo general “ia”, pero por la manera de aplicar las reglas en las trascripciones queda claro que la “he” es muda, por lo cual la “a” de la “ia” es la vocal acompañante de la “iod”, pero que de ningún modo se corresponde con la vocal que supuestamente debe seguir al pronunciar el tetragrama, porque la LXX adopta la “e” para “iesous”, en armonía a los documentos cristianos más antiguos disponibles.
  • No distingue entre Josué y Jesús, apuntando el mismo sonido para ambos, siendo Jesús. Sin embargo, la forma griega escribe “iesous”, colocando la “s” antes de la “o” además de agregarle una “s” al final. Debido a que los griegos no tenían una letra para representar el sonido de la vocal “u”, debiendo recurrir a una vocal precedente para que la “ipsilon” sonara como una “u”, definitivamente esta forma de transliterar (ou) no corresponde al sonido exacto del nombre ni de Josué ni para Jesús del hebreo, que se halla documentado en el Talmud como “iesua”, mientras Josué es “ieosua”. De modo que la forma “ou” no existe en la voz hebrea original, sino solo en la griega. Ahora bien, si tal como se aplican a todos los nombres teofonos de la LXX con prefijo trilítero la forma “io” es la correcta (escriben “iw“), entonces para Josué debieron escribir “Iosoua”, pero no “iesous”. Si la forma “io” es correctamente la contracción de “ieo” (o “iao” según el arameo), entonces la LXX para Josué podría haber escrito “ieosoua” (o “iaosoua”). Pero llamativamente anotaron solo “ie”. A lo mejor estaban indicando indirectamente cómo era el nombre de Jesús, puesto que en los documentos cristianos mas antiguos conocidos solo hallamos el nombre de Jesús abreviado como IH, IC, IY.
  • La terminación “iou”, hallada ampliamente para todos los nombres teofonos con sufijo trilítero es totalmente inconsistente para el nombre de Darío (Dareiou), rey de Persia mencionado en Zacarías, pues dicho nombre no contiene ninguna parte teofona referida al tetragrama. Del tanaj se halla escrito para pronunciar “dareiaues”, y un sefardí lo pronuncia “dariaves”.

Si solamente hubiéramos tenido la LXX como testimonio religioso, nadie habría podido sospechar o notar que diferentes nombres teofonos hebreos parecen acortarse de “ieo” (o “iao”) a “io”, vale decir que lo sabemos gracias al testimonio masorético. La LXX para todos los nombres teofonos siempre deja la “he” hebrea como muda, o mejor, como inexistente, aunque a veces no hace lo mismo para otras palabras o nombres donde suele darle el sonido de una clara “e” o de una “a”, como por ejemplo en “ajojita” de 1Cro.27:4 al escribir “ejoji”; Adad en 1Cron.1:50; Aphses de 1Cron.24:15 y Hemán de 1Cron.25:6.

Lo mismo ocurre en los escritos cristianos canónicos, donde simplemente copiaron los nombres tal cual aparecen en la LXX, como en Mateo capítulo1, con el agravante que, de acuerdo a los más antiguos manuscritos disponibles, de antes del IV siglo, para el nombre clave del considerado Mesías usaron en su mayoría abreviaturas y para el tetragrama siempre otra palabra. Es como si a propósito buscaran ocultar la vocalización referida al tetragrama ocultando la relación con la pronunciación del nombre del Cristo. Dicha situación lleva a suponer que existía un vacío en relación al tema, pudiendo sonar diferente el nombre del considerado fundador del cristianismo y al mismo tiempo la pronunciación del tetragrama tal como ha sido expuesto en la página anterior, y en base a documentos que lo atestiguan este asunto de la pronunciación del tetragrama ya era cuestión de debate desde antes de la venida del supuesto hijo de יהוה. De modo que el vacío generaba contradicciones, y las mismas de haber sido expuestas habrían debilitado el movimiento cristiano, decidiendo mejor no escribir nada que expusiera incertidumbre alguna.

La pronunciación de la letra “he” puede resultar fácil de hallar si simplemente uno compara ante sí los nombres pronunciados de Joel y Jeosafat escritos en hebreo con su vocales marcadas. Lo mismo si comparan los mismos nombre de “ieoas” con “ioas” y “ieohanan” con “iohanan” escritos en hebreo, incluso con sus puntuaciones masoréticas. Cuando la “he” desaparece es “io”, pero cuando aparece suena “ieo”. Esos serían a mi juicio los sonidos independientemente de las equivalencias alfabéticas que se den, en especial si uno recurre a la escritura fenicia.

Quizás cuando los judíos escribieron la primera traducción al griego de la que se tiene noticia, la LXX, intencionalmente o por falta de acuerdo escribieron los nombres teofonos de tal manera que todos los prefijos largos quedaran como “io” y los sufijos cortos como “ia” (atendiendo solo a la “iod”) y para los largos “iu”; esto es haciendo desaparecer el sonido de la letra “he”, como si no existiera.

Debemos recordar que ya en esa época existía la prohibición en el uso del tetragrama, y dado que los nombres teofonos podrían brindar la pista para reconocerlo, no parece muy descabellado comprender la necesidad de los líderes religiosos judíos de impedirlo mediante la manipulación de los mismos cuando fueron transliterados al griego.

De aquí viene la idea, nombre “Judá” mediante, de equipararla a una letra muda, aunque sabemos que lo más probable es que tuviera el sonido de una “e” espirada.

La forma “iao” que circulaba desde Diodoro hasta Orígenes no era otra cosa que la conjetura sobre la forma del prefijo y sufijo largo de los nombres teofonos, forma a la que Clemente le agregó lo que a su parecer le faltaba para completar el nombre, es decir, el sonido de una “e” al final.

No obstante, debido a los documentos cristianos más antiguos referidos al nombre de “Jesús”, sabiendo que este era teofono y se escribía “iesous”, respaldado y en cierto modo confirmado por las escuelas judías sobre la forma “ie” de los nombres, prevaleció esta forma sobre la samaritana y aramea “ia”.

* De distintos nombres de ángeles que se encuentran grabados en los cálices o copas de terracotta, empleados en sus conjuros por los sirios, caldeos y judíos, también se lee la palabra “Halleluiah”.

http://rastronoma.galeon.com/rastrprononoma6.htm

Elohim

Elohim

Elohim es una palabra hebrea (אֱלׂהִים) de la cual muchos eruditos judíos y eclesiásticos indican que sería el plural mayestático, o el superlativo de Dios (en hebreo El, אֵל, o Eloha, אֱלׂהַּ). Otros piensan que simplemente es el plural de El, o de Eloah, significando “dioses”.

Etimología

El término Elohim ha sido explicado como el plural derivado de El, o una forma plural de Eloah. A pesar del desacuerdo respecto al método de derivación, se supone que en el temprano hebreo, el singular de la palabra que significaba Dios era El, y su forma plural Elohim, y solamente en épocas posteriores se acuñó la forma singular Eloah, dando lugar a un gramaticalmente correcto Elohim. Lagrange sostiene que Elohim y Eloah son derivados de El.

Descripción

Es la denominación característica para referirse a Dios, que utiliza la tradición elohista en el Pentateuco. En el relato yavista de la creación Génesis 2 y en Éxodo 9:30 aparece la expresión Yahveh-Elohim. Parece originarse por adición de Elohim a Yahveh, que pertenece al estrato literario más primitivo.

Hipótesis del plural mayestático

Según la hipótesis del plural mayestático, el estrato elohista es relativamente moderno (siglo VIII a. C.) respecto al Yahvista (siglo X a. C.), ya que en sus escritos se observa una mayor elaboración teológica. Destaca la relación exclusiva entre el Dios de Israel y pueblo que pertenece a ese Dios.

Hipótesis del plural “dioses”

Los antiguos semitas creían que el mundo estaba rodeado, penetrado y gobernado por Elohim, incontables seres activos, análogos a los espíritus de los salvajes.[1] Referente a la hipótesis de la palabra Elohim como el plural “dioses”, según los partidarios de la hipótesis del plural mayestático, sería difícil de mantener en un texto como el del Pentateuco, que representaría una apología contra el politeísmo.

Hipótesis trinitaria

Igualmente según algunas teologías cristianas trinitarias, la palabra Elohim sería utilizada por la Biblia para dar énfasis a la participación de las tres personas de la Trinidad Divina en el acto de la Creación.

El uso de la palabra Elohim

Los hebreos utilizaron varios términos para nombrar a Dios: El, Eloah y Elohim; además usaban el nombre propio Yahveh. Se encuentra escrito en el Antiguo Testamento: Elohim, 2570 veces; Eloah, 57 veces;[2] El, 226 veces y Elim, 9 veces. Yahveh unas seis mil veces.

El término Elohim no se encuentra en todas las razas semitas; sólo los arameos parecen haber tenido una forma análoga. Se ha sugerido que el nombre Elohim debe haberse formado después que los descendientes de Sem se hubieron separado en diferentes naciones.[3]

Elohim

(Sept., theos; Vulg., Deus).

Elohim es el nombre común para Dios. Es una forma en plural, pero “El uso de la lengua no provee soporte a la suposición que en la forma en plural de Elohim aplicada al Dios de Israel tenemos los restos de un politeísmo primitivo, o cuando menos una combinación con los seres espirituales más elevados” (Kautzsch). Los lingüistas lo llaman plural de majestad o rango, o de abstracción, o de magnitud (Gesenius, Grammatik, 27th ed., nn. 124 g, 132 h). El plural etíope amlak ha llegado a ser un nombre apropiado para Dios. Hoffmann ha hecho notar un plural análogo elim en las inscripciones fenicias (Ueber einige phon. Inschr., 1889, p. 17 sqq.) y Barton ha demostrado que en las tabletas de El-Amarna el plural de ilani reemplaza el modo singular más de cuarenta veces (Proceedings of the American Oriental Society, 21-23 April, 1892, pp. cxcvi-cxcix).

Etimología

Elohim ha sido explicado como una forma plural de Eloah o como un plural derivado de El. Quienes se adhieren a la primera explicación no están de acuerdo con la derivación de Eloah. En hebreo no hay una raíz como alah; pero el arabista Fleischer, Franz Delitzsch, y otros recurren al aliha del árabe, que significa “ser llenado de pavor “, “ansiosamente buscar refugio “, así que ilah (eloah) significaría en primer lugar “pavor”, y luego ser el objeto del pavor. Gen., xxi, 42, 53, donde Dios es llamado “el temor de Isaac”, e Is., viii, 13, y Ps. lxxv, 12, parecen apoyar esta posición. Pero el hecho de que aliha probablemente no es una raíz verbal independiente sino solo un denominativo de ilah, que originalmente significa ” poseído de Dios” (cf. enthousiazein, daimonan) hace más que precaria la explicación. No tiene más probabilidades la pretensión de Ewald, Dillmann, y otros, de que la raíz verbal alah significa “ser poderoso” y debe ser considerada como una forma alternativa de la raíz alah; por ende Eloah resulta de alah como El surge de alah. Baethgen (Beitrage, 297) ha hecho notar que de cincuenta y siete incidencias de Eloah cuarenta y una pertenecen al Libro de Job, y las otras a textos tardíos o pasajes poéticos. Por tanto está de acuerdo con Buhl en sostener que la forma singular Eloah surgió solo después que la forma plural Elohim había estado en uso por largo tiempo; en este caso, se dió un singular para un plural preexistente. Pero aún admitiendo que Elohim sea una forma anterior, hasta ahora no ha sido satisfactoriamente explicada su etimología. Los antiguos escritores judíos y eclesiásticos coinciden con muchos estudiosos modernos en derivar Elohim de El, pero hay una gran diferencia de opinión en cuanto al método de derivación. Nestle (Theol. Stud. aus Würt., 1882, pp. 243 sqq.) supone que el plural surgió de la inserción de una h artificial, como en hebreo amahoth (doncellas) de amah. Buhl (Gesenius Hebraisches Handworterbuch, 12a. ed., 1895, pp. 41 sq.) considera Elohim como una especie de forma argumentativa de El; pero a pesar del desacuerdo respecto al método de derivación, estos escritores se aúnan suponiendo que en el temprano hebreo el singular de la palabra que significaba Dios era El, y su forma plural Elohim y que solo en tiempos más recientes se acuñó la forma singular de Eloah, dando así a Elohim un correspondiente gramaticalmente correcto. Sin embargo Lagrange sostiene que Elohim y Eloah son derivados colateral e independientemente de El.

El Uso de la Palabra

Los hebreos tenían tres nombres comunes para Dios, El, Elohim y Eloah; además tenían el nombre propio Yahweh. Nestle es una autoridad para la aseveración que Yahweh ocurre aproximadamente seis mil veces en el Antiguo Testamento, mientras que todos los nombres comunes de Dios en conjunto no ocurren ni la mitad de las veces. El nombre Elohim se encuentra 2570 veces; Eloah, 57 veces [41 en Job; 4 en Pss.; 4 en Dan.; 2 en Hab.; 2 en Cántico de Moisés (Deut., xxxii); 1 en Prov., 1 en Is.; 1 en Par.; 1 en Neh. (II Esd.)]; El, 226 veces (Elim, 9 veces). Lagrange (Etudes sur les religions sémitiques, Paris, 1905, p. 71) infiere de Gen., xlvi, 3 (el más poderoso Dios de vuestros padres), de Ex., vi, 3 (con el nombre de Dios Todopoderoso) y del hecho que El reemplaza Yah en nombres propios, la conclusión de que El era al principio un nombre propio y personal de Dios. Su gran edad puede demostrarse de su aparición general entre todas las razas semíticas, y esto a su vez puede ser ilustrado por su presencia en los nombres propios que se encuentran en Gen., iv, 18; xxv, 13; xxxvi, 43. Elohim no se encuentra entre todas las razas semitas; solo los arameos parecen haber tenido una forma análoga. Se ha sugerido que el nombre Elohim debe haberse formado después que los descendientes de Shem se hubieron separado en diferentes naciones.

El Significado de la Palabra

Si Elohim es considerado como derivado de El, su significado original sería “el fuerte” de acuerdo a la derivación que de ul (Skizzen, III, 169) hace Wellhausen para El; o “el más importante”, de acuerdo a la derivación para El que hace Nöldeke de ul o il, “estar al frente” (Sitzungsberichte der berlinischen Akademie der Wissenschaften, 1880, pp. 760 sqq.; 1882, pp. 1175 sqq.), o “el poderoso”, de acuerdo a la derivación para El que hace Dillmann de alah o alay, “ser poderoso” (En Genesis, I, 1); o finalmente “Aquel hacia quien aspira uno”, “El que es la meta de toda aspiración y esfuerzo humanos”, “a quien uno recurre en la aflicción o cuando necesita guía”, “al que uno se acoge estrechamente”, coincidentibus interea bono et fine, de acuerdo a la derivación de El de la preposición “el”, por la que abogan La Place (cf. Lagarde, Uebersicht, etc., p. 167), Lagarde (op. cit., pp. 159 sqq.), Lagrange (Religions semitiques, pp. 79 sqq.) y otros. Una discusión de los argumentos que militan a favor y en contra de las derivaciones anteriores nos llevaría demasiado lejos.

Si recurrimos al uso de la palabra Elohim en el estudio de su significado, encontramos que en su sentido propio denota el verdadero Dios o falsos dioses, y que metafóricamente se aplica a jueces, ángeles y reyes; y aún acompaña otros nombres dándoles un significado superlativo. La presencia del artículo, la construcción en singular de la palabra y su contexto muestran con suficiente claridad si debe ser tomada en su sentido propio o en su sentido metafórico, y cual es su significado preciso en cada caso. Kautzsch (Encyclopaedia Biblica, III, 3324, n. 2) intenta eliminar el sentido metafórico de Elohim. En lugar de significar “jueces” sugiere la traducción “Dios”, como testigo de una demanda legal, como proveedor de decisiones sobre puntos de la ley, o como surtidor de oráculos; el significado “ángeles” lo substituye por “los dioses de los herejes”, que en tiempos posteriores al Exilio, cayeron a una categoría menor. Pero esta interpretación no está soportada por pruebas sólidas.

Según Renan (Histoire du peuple d’Israel, I, p. 30) los semitas creían que el mundo estaba rodeado, penetrado y gobernado por el Elohim, incontables seres activos, análogos a los espíritus de los salvajes, vivos, pero de alguna manera inseparables uno del otro, sin distinguirse ni aún por sus nombres propios como los dioses de los Arios, por lo que pueden ser considerados una confundida totalidad. Marti (Geschichte der israelitischen Religion, p. 26) encuentra también en Elohim un rastro del original polidemonismo semítico; sostiene que la palabra significaba la suma de los seres divinos que habitaban cualquier lugar dado. Baethgen (op. cit., p. 287), F.C. Baur (Symbolik und Mythologie, I, 304), y Hellmuth-Zimmermann (Elohim, Berlin, 1900) hacen a Elohim una expresión de poder, grandeza y totalidad. Lagrange (op. cit., p. 78) presiona contra estas opiniones ya que hasta las razas semitas necesitan unidades distintas antes de tener una suma, y partes distintas antes de arribar a una totalidad. Además el nombre El es anterior a Elohim (op. cit., p. 77 sq.) y El a la vez un nombre común así como un nombre propio de Dios. Originalmente era, o un nombre propio que se volvió un nombre común, o era un nombre común que se volvió nombre propio. En cualquier caso, El, y por ende también su forma derivada Elohim, debe haber denotado el uno y verdadero Dios. Esta inferencia se aclara después de una pequeña reflexión. Si El era al principio el nombre propio de un falso dios, no podía volverse el nombre común de un falso dios, no podía volverse el nombre común de una deidad, como tampoco podían Júpiter o Juno; y si era al principio era el nombre común para deidad, podría volverse el nombre propio solo de aquel dios que combina en él todos los atributos de deidad, quien era el uno y verdadero Dios. Esto no quiere decir que todas las razas semitas tuvieran desde un principio un concepto claro de la unidad de Dios y sus atributos divinos, aunque todos tenían originalmente el nombre divino El.

VIGOUROUX en Dict. de la Bible, s.v.; KNABENBAUER, Lexicon Biblicum (Paris, 1907), II, 63; KAUTZSCH en Encyclopaedia Biblica (Nueva York, 1902), III, 3323 sq.; LAGRANGE, Etudes sur les religions semitiques (Paris, 1905), 19, 71, 77 sqq.

A.J. MAAS
Transcrito por Thomas M. Barrett
Dedicado a la gloria de Dios y Su Hijo Jesucristo
Traducido por Javier L. Ochoa Medina

Véase también

Notas

  1. Renan, Histoire du peuple d’Israel, I, p. 30.
  2. Se encuentra Eloah: 41 veces en Job; 4 en Pss.; 4 en Dan.; 2 en Hab.; 2 en Cántico de Moisés (Deut., xxxii); 1 en Prov., 1 en Is.; 1 en Par.; 1 en Neh. (II Esd.)
  3. Enciclopedia católica: Elohim.

Fuentes:

Nombres de Dios

Nombres de Dios

1. En el judaísmo

En el judaísmo, el nombre de Dios es más que un título distinguido. Representa la concepción judía de la naturaleza divina, y de la relación de Dios con el pueblo judío. Sobrecogidos por lo sagrado de los nombres de Dios, y como medio de mostrar respeto y reverencia hacia ellos, los escribas de textos sagrados «pausaban antes de copiarlos, y usaban términos de reverencia para mantener oculto el verdadero nombre de Dios». Los diferentes nombres de Dios en el judaísmo representan a Dios tal y como es conocido, así como los aspectos divinos que se le atribuyen.

Los nombres de Dios han sido una fuente de controversia entre eruditos de la Biblia. Algunos han esgrimido la diversidad como prueba de que la Torah es obra de varios autores (véase Pentateuco), mientras que otros declaran que los diferentes aspectos de Dios tienen diferentes nombres, dependiendo del papel que Dios representa en el contexto en el cual se le hace referencia y los aspectos específicos que se quiere acentuar.

Nombres de Dios

El tetragrama

El tetragrama en fenicio (1100 aec a 300 ec), arameo (siglo X aec hasta el siglo I ec) y escritos hebreos modernos

En el judaísmo, el más importante nombre de Dios es el tetragrama (término griego que significa ‘cuatro letras’).

La primera mención de este nombre se encuentra en el libro del Génesis, y se traduce generalmente como ‘el Señor’. Debido a que durante mucho tiempo los judíos consideran una blasfemia pronunciarlo. Los textos hebreos sólo incluyen las consonantes. Los eruditos modernos conjeturan que se pronunciaba iajuéj. Las letras hebreas se llaman yod-heh-vav-heh: יהוה; nótese que el idioma hebreo se escribe de derecha a izquierda, al contrario del castellano, que se escribe de izquierda a derecha y en el que se trascribe como yhwh, yhvh o jhvh, dependiendo de la convención de transliteración usada.

El tetragrama fue escrito en caracteres contrastados del paleo-hebreo en algunos de los textos sobrevivientes más antiguos del hebreo cuadrado arameo, y se supone que se leía como Adonai, ‘Mi Señor’, aún en ese período, cuando fueron encontrados.

Según la tradición judía, aparentemente Yhvh es la tercera persona del imperfecto singular del verbo ser, significando por lo tanto ‘él es’, ‘él será’, o quizá ‘él vive’. Esta explicación concuerda con el significado del nombre dado en Exodo 3:14, donde se representa a Dios hablando, y por eso se usa la primera persona — ‘Yo soy’. Por lo tanto, el significado podría ser concretamente, ‘El que vive’. Se ha desestimado la traducción ‘el que es autoexistente’ o ‘autosuficiente’, ya que se considera que la concepción abstracta de la existencia pura es ajena al pensamiento hebreo clásico. La existencia de Dios por sí mismo tiene su origen en la concepción hebrea del monoteísmo, el Creador no creado que no depende de nada ni de nadie más; por lo tanto en la actualidad se lo traduce generalmente como ‘Yo soy el que soy’.

Tradicionalmente, la idea de vida se ha relacionado con el nombre YHVH desde la época medieval. Se representa a Dios como un Dios viviente, en contraste con los dioses sin vida (estatuas) de los paganos: Dios es presentado como la fuente y el creador de vida (compárese 1Reyes 18; Isaias 41:26-29,44:6,20; Jeremias 10:10,14; Genesis 2:7; etcétera).

A menudo, el nombre Yhvh se reconstruye en castellano como Yahveh, Yahvé, o también como Jehová. Según algunos el nombre Yahweh es el origen del Yao del gnosticismo. Algunos piensan que podría ser cognado de Yaw de los textos ugaríticos. Si en el tetragrama las hehs se ven como agrandamiento sagrado similar a los usados en Abraham (de Abram) y Sarah (de Sarai), entonces la asociación aparece más claramente. Aunque en hebreo clásico la heh final en Yahweh no se pronunciaba, seguramente la heh media podría haber sido pronunciada.

La prohibición de la blasfemia, para la cual se prescribe la pena capital en la ley judía, se refiere solamente al tetragrama (Soferim iv., fin; comp. Sanh. 66a).

Cómo se pronunciaba el tetragrama

Todas las denominaciones modernas del judaísmo enseñan que está prohibido pronunciar las cuatro letras del nombre de Dios, YHVH, excepto por el Sumo Sacerdote en el Templo. Puesto que el Templo de Jerusalén ya no existe, nunca se pronuncia este nombre en rituales religiosos por judíos. Los judíos ortodoxos y conservadores no lo pronuncian nunca por ningún motivo. Algunos judíos no ortodoxos (pero religiosos) están dispuestos a pronunciarlo, pero sólo para propósitos educativos, y nunca en conversaciones casuales o durante la plegaria. En vez de pronunciar YHVH durante la plegaria, los judíos dicen Adonai.

Las leyes judías requieren que las reglas secundarias estén puestas alrededor de la ley primaria, para reducir la posibilidad de infringir la ley principal. Como tal, es una práctica judía extendida restringir el uso de la palabra Adonai sólo durante la plegaria. En la conversación, muchos judíos llaman a Dios HaShem, que es la palabra hebrea para ‘el nombre’ (aparece en Levitico 24:11).

Muchos judíos amplían esta prohibición a algunos de los otros nombres listados más abajo, y añaden sonidos adicionales para alterar la pronunciación de un nombre cuando lo usan fuera de un contexto litúrgico, tal como kel o elokim. Algunos judíos escriben además G-d en inglés en vez de God (‘Dios’ en idioma inglés). Aunque esta última sustitución no es requerida en ningún punto de la ley religiosa (sólo es innombrable el nombre hebreo, no el inglés), se hace para recordar al lector la santidad inherente al nombre de Dios. Algunos rabinos ortodoxos, por ejemplo Shlomo Ganzfried, sostienen que ninguno de los nombres correctos de Dios deben borrarse, olvidarse, o descartarse, ni tan siquiera en traducciones.

Otros nombres de Dios

Adonai

Artículo principal: Adonai

אֲדֹנָי: literalmente ‘mi señor’. También podría significar «mi Señor de señores» o «mi Señor de todos y de todo».
Adonai Tzidkeinu ==== Jehova Justicia Nuestra ===== Jeremias 23:6;33:16

Ehyeh-Asher-Ehyeh

אהיה אשר אהיה (Eyeh): es una referencia al poder futuro de Dios y se puede traducir como ‘haré porque haré’ o ‘yo seré porque seré’ (Exodo 3:14) Algunos lo considera equivalente a ‘soy el que soy’.

El

Artículo principal: El

אל: ‘dios’ en general, como en idioma acadio ilu. En la literatura cananea era el Dios superior, en idioma ugarítico Il, que gobernaba el macrocosmos, en contraposición a Baal, dios del microcosmos.

El Betel

Dios de Betel, antiguo lugar de culto. es el Dios de la casa de Dios

El Olam

Olam, del hebreo lm eterno, ‘Dios eterno’. También puede traducirse como ‘Dios universal’.

El Roi

‘Dios me ve’ o ‘Dios cuida de mí’.

Zar Shalom ==== Principe de Paz Isaias 9:6

El Shalom

Dios de paz.

El Shofet Haarets

‘Dios que juzga a toda la Tierra’.

El Shadai

שַׁדַּי (shadai) es el nombre de Dios en el Libro de Job y según Exodo 6:2-3 y el que conocían los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Para Rashi en su comentario a Genesis 17:1 Shaddai es la unión del pronombre relativo sha y la palabra dai, ‘suficiente’ y significaría ‘que puede’, por lo cual varios traducen ‘todopoderoso’. Para otros viene de la antigua palabra semita shadu que significa ‘montaña’, el lugar primitivo del culto, por la que el apelativo significa ‘dios de la montaña’. Albright cree que deriva de shad, shadayim, ‘pecho’ o ‘seno’, una alusión al papel de cuidador y dador de alimento. Una interpretación midrásica considera que se trata de un acrónimo que significa ‘guardián de las puertas de Israel’.

Eloah

Nombre usado en la poesía y en Deuteronomio 32:15-17. Viene del arameo Elah y sería equivalente a la forma árabe Allah.

Elohim

Ver Elohim

Plural de Dios que se usa repetidamente con verbos singulares, y con adjetivos y pronombres en singular, de la que una de sus hipótesis de origen indicaría que podría ser un plural mayestático que significa ‘Dios por sobre todos los dioses’ o ‘Dios de todo’ o podría ser simplemente un plural de majestad para indicar la alta dignidad de la persona divina. También como ocurre en este tipo de plurales, al hablar los Elohim lo hacen como ‘nosotros’ (Genesis 3:22), o ‘nuestro’ (Isaias 6:8) o conjugando su acción en plural (Genesis 1:26,11:7), lo que los cristianos trinitarios (la inmensa mayoría) interpretan como expresión de la pluralidad de personas en el único Dios, es decir como expresiones de la Trinidad de Dios.

`Elyon

עליון: ‘altísimo’, por ejemplo en Genesis 14:19.

Hashem

Es el nombre judío al que se le da a Dios entre otros más que se le puede representar.

Shekhinah

שכינה Es la ‘presencia de Dios’ o su manifestación. Es un substantivo femenino hebreo y arameo, que procede del verbo ‘residir’, ‘habitar’ o ‘morar’ y significa que Dios habita entre su pueblo. Por lo tanto es ‘Dios para nosotros’ o lo que podemos conocer de Dios, lo que Él nos manifiesta. Se usa cuando Dios se manifiesta físicamente (Levitico 16:2, Exodo 13:21-22), aunque en el hebreo contemporáneo a partir de la parte final de Isaias 63:10,se entiende también como la manifestación del Espíritu de Dios.

Yah

Artículo principal: Yah

Yh, apócope de Yhvh. Aparecería veintiséis veces, principalmente en el libro de los Salmos; y veinticuatro contenido en la palabra hebrea aleluya (cuyo significado es ‘alabad a Yah’). También aparece formando parte de nombres bíblicos como Miqueas (en hebreo Micayáh).

YHVH Tzevaot/Sabaoth

Significa ‘Dios del ejército’ (quizá en referencia a los ejércitos angélicos o ‘Dios de las tropas’ de Israel 1Samuel 17:45.

Shadai Eljai שדי אלחי Significa Dios Todopoderoso Viviente

Yavéh Eloah V’Daat יהוה אלוה ודעת Señor Dios del Conocimiento

Nombres de Dios usados menos frecuentemente

  • Abir: el fuerte.
  • Avinu Melkeinu: nuestro rey
  • Boreh: creador
  • Emeth: verdad
  • E’in Sof: infinito
  • Ha-Kadosh, Baruj Hu: el santo y bendito
  • Ha-Maqom: omnipresente
  • Melej ha-Melajim: rey de reyes
  • Maqom: omnipresente
  • YHVH-Niss’i: YHVH nuestra bandera
  • YHVH-Ra-ah: YHVH mi pastor
  • Tzur Israel: roca de Israel

Basado en el artículo de la wikipedia inglesa

Véase también

2. Los nombres de Dios en el Islam

Los 99 nombres de Dios

Al-Asmā’ al-Husnà (الأسماء الحسنى), en árabe, “los nombres más hermosos”, también llamados los noventa y nueve nombres de Dios son las formas de referirse a Dios en el Islam.

En su mayor parte son epítetos que hacen referencia a atributos divinos. La existencia de los 99 nombres se debe a un hadiz (dicho atribuido al profeta Mahoma): “Dios tiene noventa y nueve nombres, cien menos uno. Quien los enumere entrará en el Paraíso. Él es el singular, y le gusta que Sus nombres sean enumerados uno a uno” (hadiz de Abu Hurayra).

Aunque existe otro hadith atribuido al profeta en el que se detallan cuáles son los 99 nombres, los especialistas musulmanes afirman que la lista no es obra de Mahoma sino de los transmisores del hadith. En definitiva, no hay un total consenso sobre los nombres que componen la lista ni su orden, existiendo varias versiones de la misma. Los nombres han sido extraídos del Corán y de la Sunna.

Lista de los 99 nombres

  • 1. El Clemente ( الرّحمان Al-Raḥmān)
  • 2. El Misericordioso ( الرّحيم Al-Raḥīm)
  • 3. El Soberano (الملك Al-Malik)
  • 4. El Más Sagrado ( القدّوس Al-Quddūs)
  • 5. El Dador de Paz ( السّلام Al-Salām)
  • 6. El Guardián de la Fe ( المؤمن Al-Mu’min)
  • 7. El Dominado, el Árbitro Supremo ( المهيمن Al-Muhaymin)
  • 8. El Autosuficiente (العزيز Al-‛Azīz)
  • 9. El Poderoso, El Irresistible ( الجبّار Al-Ŷabbār)
  • 10. El Magnificado (لمتكبّرا Al-Mutakabbir)
  • 11. El Creador (الخالق Al-Jāliq)
  • 12. El Productor (البارئ Al-Bāri’)
  • 13. El Diseñador de formas (المصور Al-Muṣawwar)
  • 14. El eterno perdonador (الغفار Al-Gaffār)
  • 15. El que controla todas las cosas (القهار Al-Qahhār)
  • 16. El dador de todas las cosas (الوهاب Al-Wahhāb)
  • 17. El Sustentador (الرزاق Al-Razzāq)
  • 18. El Conquistador, el que abre (الفتاح Al-Fattāḥ)
  • 19. El Omnisciente (العليم Al-‛Alīm)
  • 20. El que constriñe (القابض Al-Qābiḍ)
  • 21. El que expande (الباسط Al-Bāsiṭ)
  • 22. El que rebaja (الخافض Al-Jāfiḍ)
  • 23. El que eleva (الرافع Al-Rāfi‛)
  • 24. El que honra (المعز Al-Mu‛izz)
  • 25. El que humilla (المذل Al-Mudhill)
  • 26. El que todo lo oye (السامع Al-Sāmi‛)
  • 27. El que todo lo ve (البصير Al-Baṣīr)
  • 28. El Juez (الحكم Al-Ḥakam)
  • 29. El Justo, el Equitativo (العدل Al-‛Adl)
  • 30. El Sutilmente Gentil ( اللطيف Al-Laṭīf)
  • 31. El Bien Informado (الخبير Al-Jabīr)
  • 32. El muy clemente ( الحليم Al-Ḥalīm)
  • 33. El Infinito, El Magnífico ( العزيز Al-‛Aẓīz)
  • 34. El que todo lo perdona ( الغفور Al-Gafūr)
  • 35. El que todo lo agradece (الشكور Aš-Šakūr)
  • 36. El más alto (العلي Al-‛Alī)
  • 37. El Grande ( الكبير Al-Kabīr)
  • 38. El Preservador (الحفيظ Al-Ḥafīẓ)
  • 39. El dador de sustento y fuerza (المقيت Al-Muqīt)
  • 40. El suficiente para todo ( الحسيب Al-Ḥasīb)
  • 41. El Majestuoso ( الجليل Al-Ŷalīl)
  • 42. El Noble Generoso (الكريم Al-Karīm)
  • 43. El Guardián (الرقيب Al-Raqīb)
  • 44. El que responde ( المجيب Al-Muŷīb)
  • 45. El Vasto, El Amplio (الواسع Al-Wāsi‛)
  • 46. El Infinitamente Sabio ( الحكيم Al-Ḥakīm)
  • 47. El Amantísimo (الودود Al-Wadūd)
  • 48. El Muy Glorioso ( المجيد Al-Maŷīd)
  • 49. El que resucita ( الباعث Al-Bā‛ith)
  • 50. El Testigo ( الشهيد Al-Šahīd)
  • 51. El Verdadero, La Verdad (الحق Al-Haqq)
  • 52. El Cuidador ( الوكيل Al-Wakīl)
  • 53. El Fuerte ( القوي Al-Qawī)
  • 54. El Invencible (المتين Al-Matīn)
  • 55. El Amigo Protector (الولي Al-Walī)
  • 56. El Muy Alabado ( الحميد Al-Ḥamīd)
  • 57. El que lleva las cuentas ( المحسي Al-Muḥsī)
  • 58. El Constructor (المبدئ Al-Mubdi’)
  • 59. El Regenerador ( المعيد Al-Mu‛īd)
  • 60. El Vivificador (المحيي Al-Muḥyī)
  • 61. El Que Da la Muerte ( المميت Al-Mumīt)
  • 62. El Vivo ( الحي Al-Ḥayy)
  • 63. El Inmutable ( القيوم Al-Qayyūm)
  • 64. El Absolutamente Perfecto ( الواجد Al-Wāŷid)
  • 65. El Majestuoso ( الماجد Al-Māŷid)
  • 66. El Único (الواحد Al-Wāḥed)
  • 67. El uno sin igual (الأحد Al-Aḥad)
  • 68. El Sostén Universal ( الصمد Al-Ṣamad)
  • 69. El que todo lo puede ( القادر Al-Qādir)
  • 70. El Determinador (المقتدر Al-Muqtadir)
  • 71. El que adelanta ( المقدم Al-Muqaddim)
  • 72. El que hace retroceder ( المؤخر Al-Mu’ajjir)
  • 73. El Primero ( الأول Al-Awwal)
  • 74. El Último ( الآخر Al-Ājir)
  • 75. El Evidente (الظاهر Al-Ẓāhir)
  • 76. El Oculto ( الباطن Al-Bāṭin)
  • 77. El Que Dirige (الوالي Al-Wālī)
  • 78. El Elevado ( المتعالي Al-Muta‛ālī)
  • 79. El Bueno (البر Al-Barr)
  • 80. El que acepta el arrepentimiento (التواب Al-Tawwāb)
  • 81. El Vengador ( المنتقم Al-Muntaqim)
  • 82. El que perdona, El Indulgente (العفو Al-‛Afuww)
  • 83. El Bondadoso ( الرؤوف Al-Ra’ūf)
  • 84. El Poseedor del Reino ( مالك الملك Māliku l-Mulk)
  • 85. El que tiene la majestad y la generosidad (ذو الجلال والإكرام Ḏū l-Ŷalāl wa-l-Ikrām)
  • 86. El Equitativo ( المقست Al-Muqsiṭ)
  • 87. El que reúne (الجامع Al-Ŷāmi‛)
  • 88. El Autosuficiente (الغني Al-Ganiyy)
  • 89. El que otorga la suficiencia ( المغني Al-Mugnī)
  • 90. El que prohíbe ( المانع Al-Māni‛)
  • 91. El que puede lastimar o causar pérdida [a quienes le ofenden] (الضار Al-Ḍārr)
  • 92. El que concede beneficios ( النافع An Nāfi‛)
  • 93. La Luz (النور An-Nūr)
  • 94. El Guía (الهادي Al-Hādī)
  • 95. El Originador, El Incomparable ( البادع Al-Badī‛)
  • 96. El Duradero, El Inmutable ( الباقي Al-Bāqī)
  • 97. El Heredero ( الوارث Al-Wārith)
  • 98. El Infalible Maestro y Conocedor ( الرشيد Al-Rašīd)
  • 99. El Constante, El Paciente (الصبور Al-Ṣabūr)

Uso litúrgico

La recitación de los 99 nombres, generalmente con ayuda de un tasbih o rosario islámico, constituye una especie de letanía. Para ello, se empieza diciendo la frase:

هو الله الذي لا إله إلاه
huwa l-lāhu l-laḏī lā ilāha illā-hu
(Él es Dios; no hay más dios que Él…)

Y a continuación se recita toda la serie de epítetos, del uno al noventa y nueve, enlazándolos unos con otros por medio de la marca de nominativo -u, que sustituye en la pronunciación al alif (la a inicial) del nombre que sigue. Cuando se hace una pausa, el último nombre pronunciado no lleva declinación, y el primero tras la pausa empieza nuevamente con la a del artículo:

Ar-Raḥmānu, r-Raḥīmu, l-Malik [pausa]; Al-Quddūsu, s-Salāmu l-Mu’minu… etc.

También puede recitarse una y otra vez uno solo de estos nombres. En tal caso, se suprime el artículo y se antepone la partícula de vocativo (يا). Por ejemplo, con Ar-Raḥmān diríamos:

yā Raḥmān, yā Raḥmān, yā Raḥmān…

La lista de los noventa y nueve nombres, caligrafiada en árabe, constituye un frecuente objeto decorativo y testimonio de fe musulmana en hogares, comercios y otros locales.

El centésimo nombre

Los Ulemas musulmanes piensan, generalmente, que Dios tiene más nombres, aunque no son conocidos. En particular existe bastante literatura sobre un centésimo nombre, que ha sido objeto de especulaciones esotéricas y místicas: algunos piensan que este nombre número 100 sería el auténtico nombre de Dios, ya que todos los demás son adjetivos que lo describen.

La idea del centésimo nombre es especialmente importante en el sufismo, que lo considera un símbolo del ser trascendente de Dios. Los sufíes a menudo describen su práctica mística como una búsqueda de ese nombre oculto y de este modo unir sus conciencias con la de la divinidad.

Otros, y especialmente los musulmanes chiíes, establecen una relación entre el centésimo nombre y la figura del Mahdi o redentor: será él quien, el Día de la Resurrección (Yawm al-Qiyāma), revele el nombre oculto de Dios.

En algunas tradiciones folclóricas árabes se afirma que los camellos conocen el centésimo nombre, aunque, obviamente, no lo revelan. Esta sería la razón de su caminar pausado y orgulloso, con la cabeza alta, a través del inhóspito desierto.

Los seguidores de la Fe Bahá’í (una religión monoteista que surgió en Persia hace menos de dos siglos), creen que el centésimo nombre de Dios, “El nombre oculto”, fue revelado por El Bab’u’Din(La Puerta de la Fe), profeta precursor de la Fe Bahá’í, quien habría preparado el camino y anunciado la manifestación de su profeta fundador Bahá’u’lláh.

El nombre numero 100, que El Bab reveló, está conformado por la unión de las consonantes B Y H primera y última letra respectivamente de la palabra con que comienza la introduccion al Corán “Besmellah” (En el nombre de Dios). Unión de la cual derivan las palabras “Bahá” (esplendor/gloria) y su superlativo “Abhá” (más glorioso). De la combinación de estas dos palabras surge el llamado “Más Grande Nombre (de Dios)” (el centésimo nombre que se hayaba oculto), en la forma de una invocación “¡Ya´Bahá’u’l-Abhá!” (¡Oh, Tú, Gloria del Todo Glorioso! o ¡Oh, Tú, Gloria de las Glorias!) y de un saludo “Alláh’u’Abhá” (Dios es el más Glorioso). El mismo título (revelado por el Bab) que el profeta fundador de la Fe Bahá’í adopta, “Bahá’u’lláh” (La Gloria o Esplendor de Dios) sería tambien una variante del “Más Grande Nombre”.

La representación caligráfica del “Más Grande Nombre” tiene dos formas, una de ellas puede ser vista grabada al interior de las cúpulas de todas las casas de adoración Bahá’ís (ver animación del Templo Madre para Sudamerica en http://templo.cl.bahai.org). La otra forma de representación caligráfica la llevan comúnmente, los Bahá’ís, grabada en un anillo que usan como distintivo de su fe.

En rompedores del Alba (libro de historia que narra la edad formativa de esta religión) pagina 481 leemos que El Báb encomienda una misión a Mulla Baqir (Letra del Viviente) que el encargo debía ser entregado en manos de Jinab-i-Bahá, título por el cual se le designaba a Baháullah en esos días. Las cosas Contenidas en ese cofre ,un rollo de papel azul, de finísima textura, sobre el que El Báb con su propia exquisita escritura que era una delicada letra shikastih, había escrito, en la forma de un pentágono, lo que equivalía a mas o menos quinientos versículos, todos los cuales consistían en derivados de la palabra “Bahá”. Según A. Traveller Narrative (P.42) El Báb había formado no menos de trescientos sesenta derivados de la palabra Bahá. En la pagina 117 de las Tablas de Baháullah se lee: ”Por la rectitud de Dios, habéis sido creados para glorificar este Mas Grande Anuncio, este Perfecto Sendero, que yacía oculto dentro de las Almas de los Profetas, el cual estaba atesorado en los corazones de los elegidos de Dios y que fue escrito por la gloriosa Pluma de vuestro Señor, el Poseedor de los Nombres”.

Otros nombres de Dios

Dios es nombrado también de otras maneras. La más importante es, obviamente, Allāh, que significa «Dios» en lengua árabe. En principio, la palabra Allāh se traduce a los diferentes idiomas, pero algunos musulmanes de lengua no árabe prefieren utilizar el término árabe sin traducir porque, arguyen, es el que usa el propio Dios para referirse a sí mismo cuando habla en primera persona en el Corán. De este modo, al decir «Allāh» en árabe, reproducen de algún modo la propia voz divina. Obviamente, esto no vale para la forma castellana Alá, que es usada únicamente por no musulmanes y generalmente revela cierta lejanía o desconocimiento del islam.

A Dios se le suele llamar también rabb (رب), esto es, «señor», y también se utiliza con frecuencia el pronombre huwa (هو), «Él».

Nombres de Dios y onomástica

Existen en árabe (y por extensión en todo el mundo islámico) una categoría de nombres propios de varón formados a partir de la palabra abd («esclavo») seguida de uno de los nombres divinos. Todos estos nombres vienen a significar lo mismo, esto es, «esclavo de Dios», siendo Abd Allah (o Abdullah) quizá el más extendido y el que significa exactamente eso. Otros utilizan el epíteto correspondiente para referirse a Dios, y así tenemos, por ejemplo Abd al-Qadir, «esclavo del poderoso»; Abd ar-Rahman, «esclavo del clemente»; Abd as-Salam, «esclavo del pacífico», etcétera. Existe también el nombre Abduh, que significa «esclavo Suyo».

Los nombres de este tipo no son exclusivos, sin embargo, del islam. En la Arabia preislámica ya existían nombres que significaban «esclavo de» diferentes divinidades, como Abd Shams («esclavo del sol»; así se llamaba un ancestro de los omeyas), Abd al-`Uzza («esclavo de Uzza», una diosa árabe) o incluso Abd Allah, donde Allah era un dios principal (así se llamaba, por ejemplo, el padre de Mahoma). Estos nombres en ocasiones podían hacer referencia no a divinidades sino a personas, como en el caso de Abd al-Muttalib (abuelo de Mahoma), llamado así por su dependencia de su tío Muttalib.

Entre los cristianos árabes existen también nombres de esta clase, como Abd al-Masih («esclavo del Mesías»).

La diferencia entre las formas tipo Abd Allah (Abd ar-Rahman, Abd al-Latif, etc) y las tipo Abdullah (Abdurrahman, Abdullatif…) es que estas últimas añaden a la palabra abd la terminación de nominativo (-u) del árabe clásico. En árabe unas y otras se escriben igual, y aunque pueden leerse de las dos maneras, en la lengua oral suele utilizarse la forma menos clásica. Las formas clásicas, sin embargo, se utilizan preferentemente en sociedades musulmanas no árabes. En algunos casos estos nombres han sufrido transformaciones al pasar por lenguas distintas del árabe. Así, Abdullah da Abdoulaye en wolof; Abdulhamid pasa a ser Abdülhamit en turco, etc.

Enlaces externos

Fuentes:

Odio el dar testimonio 1ra Parte

Odio el dar testimonio 1ra Parte

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”1

Era una bella mañana. El cielo tenía un brillante color azul. Los bañistas disfrutaban del sol y retaban a las olas. En la parte alta me senté en el balcón con vista a la playa de Waikiki del motel donde me estaba quedando en Hawaii. Estaba teniendo mi oración matutina cuando sentí el impulso de hablar con Dios y decirle como me sentía con mi trabajo como director de una organización cuyo trabajo era el de comunicar el evangelio.

Le dije, “Es acerca de esto de dar testimonio, Dios,” “Lo odio y voy a renunciar.”

No, no cayó ningún rayo tampoco se cayó el balcón.Yo no soy uno de los que escucha la voz de Dios en forma audible o ve visiones, etc, etc. Pero esta mañana sentí a Dios decirme, “¡Amen, Ricardo, yo también aborrezco la forma en la que das testimonio!”

El tipo de testimonio que yo aborrecía era el de compartir el evangelio sólo por un sentido del deber, una compulsión o culpa (culpa falsa) … deteniendo a las personas y como un vendedor de autos “meterles a la fuerza” mi mensaje pre-programado. Me da vergüenza de solo pensar en cómo arruine algunas de esas experiencias. Como el ministro que dijo, “me siento culpable cuando no doy testimonio a mis vecinos. Y yo me sentía culpable cuando lo hice porque lo arruine todo. La forma en la que yo lo hacía no era natural.

Me gusta lo que dice Rebecca Pippert en su libro, Out of the Salt Shaker and Into the World, acerca del dar testimonio sólo por un sentimiento de culpabilidad. “Cuando la culpa era insoportable, me acerco a la primera persona que encuentro y empiezo con un monologo sin final  para después alejarme a prisa pensando, ¡lo hice, lo hice! Es la primavera del 74 y espero que no me llegue la culpa de nuevo hasta el invierno del 75 (y mis amistades que no son cristianos esperan lo mismo) Yo daba testimonio como un perro de Pavlov (La ley del reflejo condicionado) suena la campana, me preparo, estoy activo, los jugos corren y entonces ¡BAM! Lo saco todo.”

Así que es una cosa el hablar del evangelio con alguien, pero está muy lejos de ser una comunicación efectiva del amor de Dios y del mensaje del evangelio. Para aquellos que tienen el don del evangelio personal, el evangelio de frente puede ser muy efectivo, pero para el 99% de nosotros que no tenemos el don, el dar testimonio sobre Cristo para ser un trabajo muy difícil si tratamos de actuar y dar testimonio como si tuviéramos el don de hacerlo.

Quédense conmigo … continuaremos con este mensaje en nuestro próximo Encuentro Diario. Sólo déjenme decirles que hay esperanza para el 99% de nosotros  que odiamos dar testimonio. Y antes de que piensen que estoy cercano a ser un hereje, déjenme decirles que a pesar de que odio el dar “testimonio,” amo el poder comunicar el evangelio.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a siempre ser honesto conmigo mismo y contigo, a confesar las aéreas de mi vida en las que siento que estoy fallando y dañando cosas, y ayúdame a hacer tu trabajo de forma que te glorifique. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”

1. Marcos 16:15 (NLT).

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NOTA: El mensaje de hoy fue adaptado del libro, I Hate Witnessing (Un pequeño libro sobre la comunicación efectiva del cristianismo)por Dick Innes. Para obtener una copia vaya a http://tinyurl.com/33kfbk. Disponible solo en inglés.

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