El Eco y la Insuficiencia del Infierno, Parte 1

El Eco y la Insuficiencia del Infierno, Parte 1
Miremos la Bondad y la Severidad de Dios
June 14, 1992 |by John Piper |topic: Heaven & Hell
Series: The Echo and Insufficiency of Hell

  • Romanos 11:17-22 “Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, 18 no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti.19 Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. 20 Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; 21 porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará.22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado.”

En el día de hoy y también la próxima semana hablaremos sobre el infierno a un eco de la gloria de Dios y como una vía insuficiente para producir un verdadero arrepentimiento. Así que he titulado los dos mensajes: El Eco y la Insuficiencia del Infierno. He tomado como texto clave a Romanos 11:22 porque obedece al mandamiento que estoy predicando en estos dos mensajes. El texto dice: “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios”. Se nos manda a que miremos (a que contemplemos) no solo la bondad de Dios, la cual anhelamos mirar, ¡y debemos mirar! También se nos manda mirar (contemplar) la severidad de Dios, la que muchas veces no deseamos mirar.

No mirar la severidad de Dios es un acto de desobediencia peligroso y despreciable. Es semejante a un padre enseñando a un hijo cómo el botón rojo de la cocina es bueno (hace que hierva el agua para cocinar los espaguetis; transforma los huevos viscosos en un delicioso desayuno; hace estallar las rositas de maíz). El horno es bueno; pero no decirle nunca a un niño pequeño que este horno es muy peligroso, y que algunas veces puede herir gravemente si se usa de manera inadecuada, es en sí mismo un acto peligroso y despreciable. Por tanto el mandamiento a contemplar la severidad de Dios es un mandamiento lleno de amor. Y los que nos desaniman para no ver ni creer esta severidad (a pesar de todo su comprensible lenguaje) no nos están haciendo un favor.

El Rechazo del Punto de Vista Bíblico-Histórico del Infierno

De hecho, una de mis motivaciones para escoger este tema es que quiero advertirles que existe un gran número de líderes cristianos, respetados y amados, que están rechazando la comprensión bíblica histórica del infierno. Cuando digo comprensión bíblica histórica del infierno, me refiero, simplemente, a lo que está escrito en la declaración de fe de nuestra propia iglesia (que es la misma declaración de la BGC), es decir: Creemos en… el juicio final, la felicidad eterna de los justos, y el sufrimiento eterno de los malvados.

Según la creencia bíblica histórica sobre el tema, el infierno es el sufrimiento eterno. Ambas palabras son bíblicas e importantes: “eterno” (el infierno es para siempre y nunca tendrá fin) y “sufrimiento” (en esta condición eterna las personas están en un tormento consciente).

El Movimiento de la Ortodoxia a la No Ortodoxia

El abandono de esta verdad bíblica sigue el modelo de cómo otras enseñanzas bíblicas mal miradas están siendo abandonadas: el impulso de abandono no viene de la Biblia, sino de la cultura y de los impulsos emocionales subjetivos de las personas.

Por ejemplo, Clark Pinnock, escribió en 1990:

Fui inducido a cuestionar la creencia tradicional del tormento consciente eterno por la reacción moral y las amplias consideraciones teológicas, y no precisamente por su fundamento en las Escrituras. No tiene ningún sentido que un Dios de amor torture a las personas para siempre por sus pecados cometidos en el contexto de una vida finita… Es tiempo de que los evangélicos salgan y digan que la doctrina bíblica moralmente apropiada del infierno es la aniquilación, no el tormento eterno.1

Aquí tenemos el proceso clásico de cómo una persona pasa de ser ortodoxo a ser no ortodoxo. Las emociones personales y los deseos se combinan con los razonamientos especulativos sobre ideas generales, y toman preferencia sobre las enseñanzas y los textos bíblicos. Podemos ver el proceso en marcha guiando a las personas a abandonar otras enseñanzas bíblicas que de vez en cuando no encajan con el espíritu de la época (y parecen incoherentes para iluminar a las personas modernas).

Hace cuatro años John Stott escribió:

Emocionalmente, encuentro el concepto [de tormento consciente eterno] intolerable y no entiendo cómo las personas pueden vivir con esta realidad sin que sus sentimientos sean cauterizados o resquebrajados bajo la tensión… las Escrituras señalan en dirección a la aniquilación. 2

Tanto Pinnock como Stott (y otros hoy en día) argumentan que nadie va a un infierno de “sufrimiento eterno”. Más bien, si las personas no creen en Cristo son aniquilados; lo cual significa que dejan de existir en todos los sentidos. No tienen conciencia y no experimentan nada. Simplemente, dejan de existir.

Una Tremenda e Infinita Diferencia para las Misiones

Así que en respuesta a estos recientes desafíos pasé un largo tiempo, durante mi licencia en los escritos, luchando nuevamente con todo este tema (porque marca una diferencia tremenda en la obra misionera). La diferencia entre sufrir para siempre en el infierno si no confiamos en Cristo y dejar simplemente de existir es una diferencia infinita. ¿Puede notar la diferencia? No se trata de un ajuste pequeño en la enseñanza bíblica. Es enorme. La diferencia entre no existir y existir en un tormento eterno es una diferencia infinita.

Imagino a Dios encontrándose con Adolfo Hitler en el día del juicio final y diciendo: «Por toda tu arrogancia, incredulidad, odio y por toda la tortura, y la miseria que le causaste a millones de personas, mi sentencia para ti es que, de ahora en adelante, dejes de existir. No sentirás nada». Y si usted cree que dejar de existir sería un castigo terrible para Adolfo Hitler (o cualquier otra persona) pregúntese a sí mismo si usted era miserable durante alguno de los miles de años en que no existió antes de nacer. El dolor que usted experimentó por no existir sería el dolor que Hitler experimentaría si dejara de existir, no habría ningún tipo de dolor.

Contrario a la Enseñanza de la Escritura

Pero el problema principal de creer que los no creyentes simplemente dejarán de existir es que la Biblia enseña que los que no creen en Cristo serán castigados con sufrimiento eterno. En otras palabras, la aniquilación aleja a la iglesia de la verdad bíblica. Y siempre hiere a las personas y deshonra a Dios.

Cuando la Biblia dice: “Mira […] la severidad de Dios,” deberíamos hacerlo. Y la severidad de Dios incluye la verdad sobre la existencia del infierno como un castigo eterno. Escribí acerca de este tema en el primer capítulo del nuevo libro sobre la obra misionera; donde traté sobre dieciséis pasajes diferentes de las Escrituras.3 Como podemos ver, esta doctrina no se encuentra aislada.

La Mortandad y el Aterrarador Retrato del Infierno en la Escritura

Esta realidad es profunda y aterradora. Hablar de la severidad de Dios ligeramente, o no hacerlo, o hablar de ella de manera que cambie el sufrimiento por el hecho de no sentir nada, simplemente prueba que no comprendemos su horror. No he conocido de ninguna persona que haya exagerado los horrores del infierno. Escasamente podemos sobrepasar las imágenes que Jesús utilizó: “lloro y crujir de dientes”;4 “donde el gusano no muere” (Marcos 9:48); “fuego inextinguible” (Mateo 3:12; Marcos 9:23); “fuego eterno” (Mateo 25:41); “el infierno de fuego” (Mateo 18:9); “castigo eterno” (Mateo 25:46); “agonía en la llama” (Lucas 16:24). La parte importante de esta realidad es que estamos destinados a estremecernos. Estamos hechos para temblar y sentir temor. Estamos destinados a rechazar esta realidad. No para negarla sino para huir de ella a los brazos de Jesús, que murió para salvarnos del castigo eterno.

Apocalipsis 14:11 es probablemente la declaración más representativa del Nuevo Testamento con respecto al sufrimiento eterno de los que no se arrepientan. “Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche”. Tormento por los siglos de los siglos. El castigo eterno de los pecadores no arrepentidos es una realidad enseñada en las Escrituras y por tanto es bueno que conozcamos sobre ella.

Una Solemne Advertencia al Concluir

Quiero concluir con una advertencia muy solemne. Simplemente usaré las palabras de Jesús: “Si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno” (Mateo 18:8).

Les animo a seguir un proceso de reflexión sobre la Biblia que es contrario al razonamiento común de hoy en día. En vez de venir a la Biblia y decir: «Creo que el castigo eterno no es justo, y la Biblia no puede estar enseñándolo», mas bien debemos decir: «Ya que la Biblia lo enseña debe ser justo, por tanto, ¡oh cuán infinitamente horroroso debe ser el pecado! ¡Cuán infinitamente condenable debe ser tratar con desprecio a la gloria de Dios! ¡Cuán infinito debe ser el insulto a Dios cuando no confiamos en sus promesas! ¡Qué infinita belleza, gloria, pureza, y santidad debe tener Dios, que el sufrimiento eterno es un castigo justo y adecuado por la desobediencia a su Palabra! » La aniquilación reduce el pecado de alta traición a un delito menor. El infierno está destinado a llenarnos de temor ante la gloria que hemos despreciado.

Y nos resulta increíble que la muerte de un hombre (Dios mismo hecho hombre: Jesucristo) pueda soportar el castigo infinito en sustitución de todo el que se arrepiente y confía en él. El infierno es un eco de la gloria de Dios. Revela la grandeza de la gloria que ha sido rechazada y la grandeza del sufrimiento de Jesús porque él soportó ese infierno por todos los que creen.

1 Clark Pinnock and Delwin Brown, Theological Crossfire: An Evangelical/Liberal Dialogue, (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1990), pp. 226-7.

2 David Edwards, Evangelical Essentials, with a Response from John Stott, (Downers Grove: Inter Varsity Press, 1988), pp. 314-320.

3 Daniel 12:2; Mateo 3:12 (Lucas 3:17); Marcos 9:43-48; Mateo 18:8; Mateo 10:28 (Lucas 12:4-5); Mateo 25:41,46; Mateo 26:24; Marcos 3:29 y Mateo 12:32; Lucas 16:26; Romanos 2:6-8; 2da a los Tesalonicenses 1:9; Hebreos 6:1-2; Judas 12-13; Apocalipsis 14:11; Apocalipsis 19:3; Apocalipsis 20:10.

4 Mateo 8:12; 13:42; 22:13; 24:51; 25:30

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Escatología del cosmos según san Ireneo

Tomás Alfaro Drake

Este escrito es un extracto textual de una obra que lleva por título “La promesa del cosmos (Hilvanando algunos textos de san Ireneo)” escrita por Juan José Ayán Calvo y editada por la facultad de Teología de san Dámaso.

El cristianismo, y su hermana mayor, el judaísmo, son las únicas religiones que ven el mundo material como algo bueno. No en vano el primer libro de la Biblia, el Génesis, desde el capítulo uno, al narrar la creación, afirma en cada acto de creación de Dios: “Y vio Dios que era bueno”. Sin embargo, a veces, los cristianos olvidamos esa bondad intrínseca y esencial del mundo material, cegados por las consecuencias nefastas que el pecado original ha tenido sobre él y sobre nosotros, los seres humanos. La obra que extracto aquí, me fue dada por las monjas clarisas de Lerma, que siguen manteniendo una firme creencia en la bondad del mundo material, a pesar del pecado original, y en su destino de santidad. Para mí, que siempre he creído, un tanto cohibido, en un cielo un poco antropomorfo, ha sido una auténtica alegría saber que comparto esa visión del destino del mundo material con san Ireneo, uno de los grandes padres de la Iglesia, obispo de Lyon, discípulo de san Policarpo, que lo fue del mismísimo apóstol san Juan.

Por eso, he trascrito este extracto, al que no he podido evitar añadir algunas notas a pie de página de mi cosecha, señalando en cada nota cuáles o qué parte de ellas lo son, para poder compartir con más gente esta visión de san Ireneo que me parece de una belleza inaudita. Espero que os trasmita la misma alegría que me ha transmitido a mí.

***

El cosmos se renueva

La actual situación del cosmos, todavía doliente y gemebundo como consecuencia del pecado[1], finalizará con la Parusía. Cristo, en la misma carne en que padeció, volverá vestido de gloria para manifestar de forma ostensible la salvación, que no sólo se dejará sentir en los hombres sino en el cosmos. Al hilo de la venida gloriosa de Cristo, Ireneo se hace eco de expresiones bíblicas de tono apocalíptico como incendio abrasador, diluvio de fuego o conmoción de la tierra, que no implican la aniquilación del cosmos, sino la muerte del Anticristo y de sus seguidores que tendrán como destino el “estanque de fuego” de Apocalipsis 19, 20. Lo que verdaderamente interesa a Ireneo a propósito de la segunda venida de Cristo es la renovación del cosmos y la resurrección de los justos[2].

Ante la presencia del Señor glorioso, fuente del Espíritu, el cosmos se renueva[3], cumpliéndose así lo anunciado por David: “Renovará la faz de la tierra” (Salmo 130, 30). El mismo que le otorgó, como Verbo creador, la forma que luego se vería afectada por el pecado, lo devolverá a su prístina integridad. La creación se verá restituida a su régimen primero, anterior al pecado (pero posterior a la infusión por Dios del alma espiritual al animal Homo Sapiens. Paréntesis mío.), para servir a los justos sin trabas, viendo cumplida su esperanza de ser liberada de la servidumbre de la vanidad y la corrupción en la que contra su voluntad había caído (Cfr. Romanos 8, 19-21), para volver a la forma que tenía antes del pecado de Adán(pero después de la infusión del alma en él. Paréntesis mío), redimida de la maldición que sobre ella había recaído (Cfr. Génesis 3, 17). Una vez liberada, de forma voluntaria irá en incremento y desarrollo para servir a los justos y se caracterizará por la feracidad de sus frutos y la armonía dentro del reino animal y con los hombres.

La renovación del cosmos será el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a los patriarcas y a todos los creyentes de otorgarles una tierra ajena a las duras consecuencias a que se vio sometida como consecuencia del pecado. La Tierra prometida no es una alegoría para hablar de los cielos o de las regiones supracelestes; la Tierra prometida es esta misma tierra liberada y renovada para que los creyentes“reciban con justicia los frutos del sufrimiento en la creación misma en que trabajaron o fueron afligidos, probados de todas maneras por el sufrimiento; y sean vivificados en la misma creación en la que padecieron muerte a causa del amor de Dios; y reinen en la misma creación en que sufrieron servidumbre[4]”. Una de las funciones del Reino de los justos es manifestar plenamente la justicia de Dios en la actual figura del cosmos.

Pero el cosmos liberado y renovado no sólo responderá a la Tierra prometida por Dios a Abraham y a su descendencia, sino que será también la posibilidad de cumplimiento de muchas otras promesas que Ireneo recoge con parsimonia. La herencia de la tierra que Jesús prometió a los que vivieran con mansedumbre (Cfr. Mateo 5, 5); la recompensa prometida a quienes sentasen a su mesa a cojos, ciegos y mendigos (Cfr. Lucas 14, 12-14) o a quienes por su causa dejaran bienes y familia (Cfr. Mateo 19, 39) o a quienes el Señor encuentre despiertos en su servicio (Cfr. Lucas 12, 37-38); la promesa hecha a sus discípulos de volver a beber con ellos el fruto de la vid (Cfr. Mateo 26, 27-29); la promesa de renovar la faz de la tierra (Cfr. Salmos 130, 30); la abundancia de vino y trigo prometida a Jacob (Cfr. Génesis 22, 27-29); la visión de Isaías a propósito de la armonía entre los animales, el sometimiento del mundo vegetal al animal, y de ambos al hombre (Cfr Isaías 11, 6, 9; 65, 25); el júbilo de los justos al dárseles la tierra (Cfr. Isaías 26, 19; Ezequiel 37, 12-14; 28, 25-26; Jeremías 16, 14-15; 23, 7-8); entre otros.

El Señor, con su venida gloriosa implantará en el cosmos renovado el reino milenario de los justos que había anunciado el profeta Daniel (Cfr. Daniel 2, 44 y 7, 27 a la luz de Daniel 12, 13) y que diligentemente se había adelantado a ver Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 20, 5-6). Será el reino donde el justo descansará de sus trabajos para sentarse a la mesa preparada por Dios que la abastecerá con todos los manjares; será el tiempo del festín de la creación servido por el Señor. Ireneo se niega a considerar alegorías tales expresiones: “Nada de esto es alegorizable. Todo, en cambio, es firme, verdadero y consistente, hecho por Dios para disfrute de los justos”. Las maneras en que Ireneo se expresa ocasionaron la crítica de que su escatología era materialista y carnal, como si pretendiera cohonestar la resurrección de la carne como una vida entregada a los sentidos y a los placeres carnales, cuando en realidad lo que pretende salvaguardar es la permanencia del hombre secundum carnem. […]

Pero hay más. Los críticos de la concepción ireneana han obviado elementos de interés muy relevante. Ireneo, para ilustrar el festín de la creación, se sirve de un texto de Jeremías que expresa cómo el Señor reunirá a los creyentes en el monte Sión donde se regocijarán con los bienes que Dios les otorgue, y las doncellas y los ancianos se alegrarán, para concluir con la siguiente frase: “Engrandeceré y embriagaré el alma de los sacerdotes, hijos de Leví, y mi pueblo se llenará de bienes”. Estos sacerdotes, como dice inmediatamente Ireneo, no son otros que los discípulos del Señor[5]. Los habitantes del Reino de los justos son sacerdotes que, en el sábado milenario[6], hacen de toda la creación un templo y una ofrenda. “Los discípulos del Señor, dotados de carácter sacerdotal, adquieren una condición sagrada y vienen a ser la expresión del culto dado a Dios, con bienes de la tierra, como sacrificio de sí y de la creación sujeta a ellos[7]. Todo se resume en el sencillo y prolongado banquete sacerdotal del justo, intérprete sacro de la tierra, templo de Dios”.

Otros elementos apuntan en la misma dirección. […]. A este respecto, es muy ilustrativo un curioso testimonio que Ireneo atribuye a los Presbíteros del Asia[8], avalados también por Papías: “Los presbíteros, que vieron a Juan, el discípulo del Señor, recuerdan haberle oído cómo, sobre aquellos tiempos enseñaba: Día vendrán en que nacerán viñas: cada una con diez mil cepas, y cada cepa con diez mil sarmientos, y cada sarmiento con diez mil racimos, y cada racimo con diez mil granos, y cada grano estrujado dará veinticinco metretas de vino. Y al ir algunos e los santos a coger un racimo, otro racimo clamará: Mejor soy yo, tómame a mí, bendice por mí al Señor. Parecidamente, el grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano, cinco bilibras de pura harina. Los restantes frutos y semillas y yerbas irán en consonancia con esto. Y los animales todos, por servirse de los alimentos tomados de la tierra, se volverán pacíficos y conformes todos unos con otros, sujetos en todo a los hombres”. Del pasaje interesa fundamentalmente cómo las criaturas, antaño bajo la servidumbre del pecado, anhelan que los santos las tomen y bendigan con ellas al Señor. Toda la creación anhela convertirse en una permanente oblación de acción de gracias (eucaristía) a su Hacedor. La oblación, el cosmos entero; los oferentes, los habitantes del cosmos renovado, sacerdotes.

La renovación de que goza el cosmos en el Reino de los justos, tras la venida gloriosa de Cristo, no es su estado definitivo. Es cierto que el hombre vive olvidado ya de morir, pero ni él ni la creación gozan todavía de la incorruptibilidad definitiva: la creación tan sólo había sido restituida a la condición que tenía con anterioridad al pecado de Adán. El cosmos, sin embargo, había salido de las Manos de Dios destinado a una plenitud que en su inicio no tenía. En los tiempos del Reino, pues, el cosmos existe todavía en preludio de la incorruptibilidad, todavía en camino de maduración, todavía en los preliminares de lo inmediatamente definitivo[9].

La tierra y el cielo nuevos: el descenso de la Jerusalén celeste.

Al tratar de la Eucaristía hemos señalado cómo todas las plegarias y oblaciones de los hombres, si son agradables a Dios, se dirigían al altar, al templo y al tabernáculo celestes, como si se incorporasen a la Jerusalén celeste.

Señala Ireneo cómo Juan, en sus visiones del Apocalipsis, vio un cielo y una tierra nuevos, una vez concluidos los tiempos del Reino de los justos. Son los cielos y la tierra nuevos anunciados ya por Isaías (Cfr. Isaías 65, 17-18 y 66-22) y destinados a perseverar para siempre. Es la última y definitiva transformación del cosmos, a la que también se refirieron Cristo y Pablo. Éste al afirmar que “pasa la figura de éste mundo” (1 Corientios 7, 1); el Salvador, al decir que “la tierra y el cielo pasarán” (Cfr. Mateo 24, 35). Las palabras de Cristo y del Apóstol venían como anillo al dedo a quienes tantas reservas mantenían hacia el mundo material condenándolo al aniquilamiento. Ireneo denuncia el uso que de tales pasajes hacían sus adversarios con el fin de desautorizar al Creador del mundo, desconocedores de su verdadero significado. El obispo de Lyon no puede acepta que la sustancia y la materia de la creación estén destinadas al exterminio, porque ello supondría la falta de verdad y firmeza de su Creador: “No son exterminadas la sustancia y la materia de la creación, pues verdadero y firme es el que la creó, sino que pasa la figura de este mundo”. No se trata de que pase la figura que el mundo adquirió como consecuencia del pecado, sino que pase la figura del mundo tal como salió de las Manos de Dios con anterioridad al pecado, o lo que es lo mismo, que pase la figura renovada que el mundo tuvo durante los tiempos del Reino de los justos. Permanecerán la sustancia y la materia de la creación[10], pero cambiará la “figura” o “qualitas” del mundo para adecuarse al estadio definitivo e incorruptible a que está destinado.

Para presentar la definitiva transformación del cosmos, Ireneo recurre a las visiones de Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 21, 1-4). El cielo y la tierra nuevos aparecen al descender la Jerusalén celeste sobre la tierra renovada. La Jerusalén celeste[11] es caracterizada sobriamente por Ireneo al recurrir a Isaías 49, 16 y a Gálatas 4, 26. Según el texto de Isaías[12], los muros de la Jerusalén celeste están dibujados en las Manos de Dios y de continuo la tiene en su mirada, mientras que Pablo la caracteriza por la libertad y maternidad: “La Jerusalén de arriba es libre y la madre de todos nosotros[13]”.

Aunque el descenso de la Jerusalén celeste puede ser interpretado desde dos claves: una, cosmológica y otra, cristológica-antropológica, me centraré en la primera. La Jerusalén celeste no es algo separado de Dios. La tiene tatuada en sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, siempre ante sus ojos; nada puede hacer Dios sin tenerla delante: es el designio de Dios de comunicar a la creación su propia incorruptibilidad; es la gloria de Dios dispuesta a revestir al cosmos material. Juan, el discípulo del Señor, la vio descender sobre la tierra renovada como la esposa engalanada para su marido. La esposa, la incorruptibilidad como “qualitas” propia de Dios, baja hasta el esposo, el cosmos material, para abrazarlo y transformarlo definitivamente. El movimiento escatológico final es un movimiento de alguna manera similar al de la encarnación. El Hijo, sin abandonar el seno del Padre, se encarnó en la tierra, y la Jerusalén celeste, sin dejar a Dios, se hará terrena descendiendo al cosmos, abrazándole, desposándose con él, revistiéndolo de la incorruptibilidad propia de Dios.

Pero Juan no sólo vio el descenso de la Jerusalén celeste; también oyó una voz que decía (Cfr. Apocalipsis 21,3): “Ésta es el tabernáculo de Dios con los hombres, habitará con ellos, ellos serán sus pueblos, y el mismo Dios que habita con ellos será su Dios”. La voz del cielo anuncia que el cosmos, con el que se ha desposado la incorruptibilidad divina, se convertirá en tabernáculo de Dios; y en él habitará con los hombres. El cosmos desposado con la Jerusalén celeste se convertirá en la ciudad de Dios. Será en esta ciudad donde Dios habite con el hombre, que gozará de la visión de Dios como principio de vida continua, de sabiduría inagotable, de bien que nunca se acaba; será en este cielo y tierra nuevos donde “el hombre nuevo perseverará, viviendo siempre en novedad con Dios”.

Por concluir…

No hace mucho, A. Gesché denunciaba, quizá no sin razón, un olvido del cosmos por parte de la teología de la creación, señalando que uno de sus retos es proclamar la belleza del cosmos “porque, aunque le cueste a nuestra preocupación actual por el mal, es una palabra de salvación que no podemos dejar que perezca”. Por mi parte, he querido mostrar cómo esa inquietud estuvo presente en la teología más inmediata a la predicación apostólica, como es el pensamiento, siempre fecundo de Ireneo, capaz de sugerir caminos e incluso vuelos no siempre sospechados, aunque no pocas veces sospechosos para el miope.

El cosmos no debiera ser concebido como una especie de inmensa cárcel. Si tal fuera, sólo cabría anhelar ser liberados de ella, escapar del cosmos. Es, por el contrario, el hogar que Dios, en su sabiduría, bondad y gratuidad, ha regalado al hombre y ha querido compartir con él. El Verbo, que siempre estuvo en el mundo, al hacerse carne vino a lo suyo. El hogar es ámbito de familia donde se hace posible crecer y madurar derramando confianza, esperanza y amor.

No caos, sino cosmos, fue lo creado por el Padre con el ministerio del Hijo y del Espíritu Santo, Manos del padre. El resultado fue un mundo cargado de sentido (Logos) y grávido de dinamismo (Espíritu Santo). El cosmos no es divino, pero es el cosmos de la Trinidad (suyo y no ajeno), impregnado de presencia trinitaria: el Padre lo sostiene y el hijo, clavado en la creación, está siempre abrazando el cosmos, dándole forma y sentido[14], haciéndolo logikós y ungiéndolo con el Espíritu, cuyo dinamismo no sólo es origen remoto del propio dinamismo cósmico, sino que, además, lo constituye, no como realidad cerrada sobre sí misma, sino orientada a una plenitud que en el inicio no tenía y que no depende exclusivamente de su propia naturaleza sino de la gratuidad salvífica de su Creador. La creación sale de las Manos de Dios abierta a la soberanía salvífica de Dios; el cosmos está también llamado a la salvación.

El mundo material, pues, no es un obstáculo para la salvación; tampoco es una especie de gran despensa de la que el hombre usa para poder vivir; ni siquiera puede ser reducido a un escenario donde acontece la salvación de Dios. El cosmos es mediador y objeto de salvación; consiguientemente, tiene una orientación cristológica y pneumatológica.

Como hogar de salvación que es, no permanece ajeno a las vicisitudes de quienes lo habitan. La libertad del hombre no resulta inocua para el cosmos. Aunque con sobriedad, Ireneo enseña que el mundo se vio y se ve afectado por la desobediencia originaria y por los pecados de todos los hombres. No explica la naturaleza de esa solidaridad del cosmos con el pecado del hombre, pero afirma que supuso ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario[15]. El pecado del hombre violenta la naturaleza del cosmos. A la falta del acabamiento originario se suma la vetustez y la trabazón, como consecuencia del pecado, que le hace ansiar, gemebunda, su liberación.

No por ello el cosmos es una realidad en poder de Satanás, pero sí una realidad doblemente inacabada: por su naturaleza abierta y por la herida de caos que le originó el pecado. Los milagros de Jesús testimonian que el cosmos sigue abierto al actuar salvífico de Dios. Pero es, sobre todo, la Eucaristía, fiesta y regocijo de la creación, la que manifiesta de forma espléndida y eficaz la vocación y destino de todo el cosmos a una plenitud insospechada. La Eucaristía rememora continuamente la riqueza y grandeza a que está abierto el cosmos, así como el poder de Dios sobre el mismo.

El cosmos está llamado a una transfiguración que no es simplemente la restitución a su estado anterior al pecado. Su destino es fundirse para siempre en abrazo con la Jerusalén celeste. El cosmos, que un día el padre creó por medio de sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, abierto hacia la plenitud, alcanzará su configuración definitiva cuando el Padre haga descender el designio de incorruptibilidad (la incorruptibilidad misma), tatuado en sus Manos, sobre el Cosmos, como si se tratase de una esposa engalanada para su marido. Al inicio del cosmos, el Padre con sus Manos; al llegar su plenitud, el Padre con sus Manos: quien lo creó lo perfeccionará. Así el cosmos llegará a ser la Ciudad eterna en la que Dios habitará por siempre con los santos.

Convendría purificar ciertas expresiones presentes en ambientes cristianos que, por prurito de perfección espiritual, delatan una especie de desafecto hacia la creación material y un anhelo de ser liberados de la creación, cuando el anhelo auténtico cristiano es el ver esta creación material liberada de las consecuencias del pecado. El cristiano tampoco debiera tener una visión miope del cosmos como si fuera simplemente un inmenso almacén destinado a su uso, mucho menos a su abuso. El cosmos es el hogar; y el hogar se cuida, no simplemente por una ética ecológica, sino porque con él se comparte, aunque cada uno en atención a su naturaleza, un destino salvífico. El cosmos, con su sentido y dinamismo, con su hablar trinitario, con su vocación, no enajena no aleja de Dios, sino que nos invita a vivir en santidad, en coherencia con el destino que compartimos, un destino que no se puede comprender sin la gracia que siempre nos precede y nos culmina: ¡A Dios gracias!

[1] “Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente”. (Epístola de san pablo a los Romanos 8, 22).
[2] Conviene tener en cuenta la sucesión de los últimos acontecimientos según el pensamiento de Ireneo: venida gloriosa de Cristo, renovación del cosmos, resurrección de los justos, reino de los justos (milenio), resurrección de los injustos, juicio final, descenso de la Jerusalén celeste y visión del Padre.
[3] Hemos de señalar que Ireneo afirma dos renovaciones del universo, una con la gloriosa venida de Cristo y otra al final de los mil años del Reino de los justos. […]. Las dos renovaciones afectan al cosmos en su conjunto: la primera renovación, liberación de las consecuencias del pecado, para devolverle la forma con que salió de las Manos de Dios, es el inicio de un proceso que culminará al final del Reino de los justos con el descenso de la Jerusalén celeste y sólo entonces el cosmos adquirirá su figura definitiva y eterna. […] Pienso yo que el mundo salió de las Manos de Dios cuando creó al hombre a su imagen y semejanza. Cuando infundió el alma a la especie animal Homo Sapiens, haciéndolo poco inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor, dándole el dominio sobre la obra de sus manos, poniéndolo todo bajo sus pies (Cfr. salmo 8). Éste hombre, aún sin pecado, gobernaba el cosmos, del que él era la cúspide, recién salido de las Manos de Dios, en nombre y por delegación suya. En este mundo, el gobierno del hombre en nombre de Dios, evitaba el aumento de la entropía. Pero cuando el hombre quiso gobernarlo en nombre propio, despreciando a Dios, el equilibrio cósmico se rompió, la tiránica ley del crecimiento de la entropía volvió a operar y el cosmos empezó a gemir con dolores de parto. En su primera renovación, con la Parusía, el cosmos vuelve a ser regido por el hombre liberado del pecado por el Hijo del Hombre, Dios, Logos, segunda persona de la Trinidad, por el Reino de los justos. Pero aún faltaría la llegada de la Jerusalén celeste (la cursiva es mía).
[4] san Ireneo “Adversus haereses” (contra los herejes) V, 32, 1,10-16. Los adversarios de Ireneo eran los gnósticos. Esta herejía, anterior al cristianismo, pero que en seguida inentó tomar cuerpo en él, sostenía que había dos principios equipotentes, el del bien y el del mal. Según éstos, el mundo material habría sido creado por el principio del mal y sería, por tanto malo. Los espíritus de los hombres habían caído en el mundo material, víctimas de un pecado cometido fuera de ese mundo. Los cuerpos de los hombres materiales, serían malos. No todos los cuerpos tendrían su espíritu. Los hombres sin alma serían los “hilicos”, mientas que los que tienen espíritu, serían los “pneumaticos”. Los primeros estarían predestinados a la aniquilación junto con el mundo material, mientras que los segundos escaparían de éste mundo material cuando fuese aniquilado. Cristo, no tendría reamente un cuerpo material, sino sólo una apariencia de tal. Yavé, el Dios del antiguo testamento, sería el espíritu del mal, creador del mundo material. Esta doctrina fue combatida enérgicamente por los cristianos desde el principio. Ya san Juan se opone enérgicamente a ella. San Ireneo, “nieto espiritual” de san Juan, continuó la polémica con los gnósticos de su época, los valentinianos. (La parte cursiva de lanota es mía).
[5] Es decir, todos los cristianos, que en el bautismo somos constituidos como sacerdotes, profetas y reyes, aunque ese sacerdocio no sea ministerial (esta nota es mía).
[6] Hay una oración en la misa que dice “cuando llegue el domingo sin ocaso en el que la humanidad eSan Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)ntra entrará en tu descanso” (esta nota es mía).
[7]La etimología de sacrifico es “hacer sagrado” (esta nota es mía)
[8]San Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)
[9]Véase nota al pie nº 3, la parte cursiva mía. Ese cosmos salido así de las Manos de Dios con la creación del hombre antes del pecado original, en el que no aumentaba la entropía tenía, sin embargo un destino aún superior, la incorruptibilidad divina. Tras la Parusía, volverá a ese estado, en el Reino de los justos y, al final de éste, se cumplirá su destino de incorruptibilidad. (nota mía)
[10]Ireneo no explicita lo que entiende por estos términos. Quizás tras la substantia haya de verse la materia informe y tras la materia la materia formada. En la teoría hilemórfica aristotélica, las cosas estén hechas a partir de una materia común a todas ellas a la que se une indisolublemente una forma sustancial que les confiere su esencia, lo que son. Sobre este conjunto materia-forma se superponen los accidentes. Según Ireneo, el Padre de la Trinidad creó la materia informe, el Hijo le dio la forma y el Espíritu santo la dirige a la perfección. (La cursiva es mía)
[11]El pensamiento de Ireneo obliga a distinguir, además de la Jerusalén celeste: a) la Jerusalén terrestre mandada levantar por Salomón según el modelo de la celeste y destruida por los romanos (la promitiva ciudad de Salem es mucho más antigua que la Jerusalén de Salomón, pero sólo ocupaba el antiguo monte de Sión, lo que hoy se conoce como la ciudad de David. Salomón la engrandeció construyendo el Templo y su palacio, respectivamente, en el monte Moira y en otro monte al que bautizó con el nombre de Sión, robándoselo al lugar de la primera Salem. El templo de Salomón fue destruido por Nabucodonosor, rey de Babilonia en el siglo VI a. de C. y vuelta a construir por Esdras y Nehemías a la vuelta del cauiverio de Babilonia. Herodes el Grande amplió este segundo Templo poco antes de la vida pública de Cristo, haciéndolo más fastuoso que el de Salomón. Éste segundo Templo fue destruido por Tito en el año 70 y la ciudad entera de Jerusalén por Adriano e el 130, tras sendas sublevaciones judías); b) la Jerusalén reconstruida en tiempos del Anticristo, previos al Reino de los justos (ahora, Jerusalén, como tal, no existe, pues ya hay Templo); c) la Jerusalén reedificada en la tierra renovada en el Reino de los Justos, asimismo levantada según el modelo celeste, con una hermosura y resplandor superior a la de los tiempos veterotestamentarios. (los paréntesis en cursiva son míos)
[12]El segundo Isaías (Deutero Isaías) escribe en los tiempos de exilio de Babilonia, entre la destrucción del Templo de salomón y la construcción del segundo Templo. (La nota es mía).
[13]Cfr. Salmo 87, 4-7: “Contaré a Egipto y a Babilonia entre los que la conocen (a Jerusalén) / filisteos, tirios y etíopes han nacido allí”. / Dirán de Sión: “Todos han nacido en ella, / él mismo, el Altísimo, la ha fundado”. El Señor inscribe en el registro de todos los pueblos: “Éste nació allí”. / Y cantarán y danzarán todos los que viven en ti. (La nota es mía)
[14]En un pasaje anterior, el autor de este estudio dice que “Según el obispo de Lyon, el Hijo de Dios, aún antes de encarnarse, estaba en este mundo, afirmación que no es sino un eco de Juan 1, 10 (“En el mundo estaba y el mundo fue hecho por medio de Él”), pero estaba de forma peculiar: el Verbo creador estaba crucificado en la creación entera; no se trata de la crucifixión del Calvario, sino de una crucifixión invisible ligada a su actividad en la creación del cosmos. La creación visible fue capaz de llevar la cruz del Calvario, en la que colgaba el Verbo hecho carne, porque el Padre portaba la creación haciéndola subsistir y otra cruz, la cósmica e invisible del Verbo Creador la sostenía con eficacia propia. El Verbo Creador y Preexistente está crucificado, no sólo en toda la creación, sino en cada una de las realidades en particular, para gobernar, disponer u organizar y dar cohesión al cosmos y a todas sus realidades. Ireneo ve en la figura de la cruz el gesto del abrazo: el Hijo de Dios está en su creación abrazando su largura, anchura, altura y profundidad (Cfr. Efesios 3, 18) para darle cohesión de norte a sur, de oriente a occidente. […] El Verbo Creador está crucificado otorgando lo que Ireneo llama el Espíritu según creación. […] En suma, el Hijo, crucificado en su creación, derrama el Espíritu sobre ella: la unge con el Espíritu”.
[15]Según yo lo veo, el hombre, antes del pecado original podía regir el cosmos por delegación de Dios, impidiendo el crecimiento de la entropía física gracias al orden moral que ejercía por esa delegación. Al rechazar esa delegación y querer actuar por sí y para sí, introdujo una suerte de desorden o entropía moral (la entropía es desorden) que le impidió frenar el crecimiento de la entropía física, que es “ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario”. (Esta nota es mía)

El dia del juicio (Apocalipsis)

PEDID A JEHOVÁ LLUVIA TARDÍA

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Mitos sobre el Apocalipsis

Mitos sobre el Apocalipsis
Publicado por Malena el 22 de Julio de 2010

En 2008, a. de C., una tablilla de origen asirio lleva inscripta una leyenda que dice que en esa época se observan signos de que la Tierra se destruiría en pocos días.

En 634 a. de C., en Roma, la población teme la destrucción total, cuando la ciudad está a punto de cumplir 120 años de su fundación.

En el siglo II, un grupo cristiano predica el inminente regreso de Cristo y el Apocalipsis. Muchos abandonan sus casas para dirigirse al lugar donde supuestamente se produciría la llegada de Cristo, en una zona del centro de la actual Turquía.

El obispo y escritor francés Hilario de Poitiers, en 365 después de Cristo, pronostica el fin del mundo; mientras por su parte, San Martín de Tours asegura que el mundo terminaría antes del año 400.

En 590, la peste que asola Roma hace pensar al Papa en el fin de los tiempos; y también al finalizar el primer milenio aumentan las sectas que pronostican lo mismo.

En 970 d. de C., hay una nueva predicción, pero al no producirse ninguna catástrofe, se prorroga la fecha de la catástrofe para 1033, mil años después de la muerte de Cristo.

El Papa Inocencio II, en 1284 predice que el fin se produciría en el 666 aniversario de la fundación del Islam; y en 1346, nuevamente otra peste, en este caso la peste bubónica, es considerada el inicio del fin de los tiempos.

En 1524, las predicciones de los astrólogos sobre el fin del mundo hacen que veinte mil habitantes de la ciudad de Londres abandonen sus hogares para buscar refugio en las montañas; y posteriormente, según los cálculos del matemático Michael Stifel, las 8 de la mañana del 19 de octubre de 1533, sería la hora del Juicio Final.

Más cauteloso fue el astrólogo francés Pierre Turrel, que pronostica cuatro fechas probables para que todo acabe, 1537, 1544, 1801 o 1813.

Sin desalentarse por los sucesivos fracasos a lo largo de la historia del fin del mundo, en 1538, varios astrólogos y clérigos interpretan a la conjunción de Saturno y Júpiter como un signo de la llegada de Cristo; y hasta Cristóbal Colón, influenciado por las afirmaciones del teólogo francés Pierre dÁilly, sostiene que el final se produciría en 1656.

Por la repetición del número seis, que muchos creen que es de mal agüero, para el año 1666, se renuevan los temores de una catástrofe universal; y los incendios que asolan la ciudad de Londres en ese mismo siglo recrudecen las mismas fantasías.

En 1688, John Napier, inventor de los logaritmos, aplicando esta técnica matemática al Libro del Apocalipsis de la Biblia, predice el fin del mundo para ese año.

En 1850, el fundador del Movimiento Adventista del Séptimo día convence a su congregación que el fin de la Tierra está cerca.

En 1910, el acercamiento del cometa Halley provoca una ola de suicidios y en 1986, una nueva aparición reaviva los temores.

En 1919, el meteorólogo Albert Porta predice que la alineación de seis planetas provocaría una fuerza destructiva que haría explotar al Sol, lo que produciría la desaparición de la Tierra, pero como todos sabemos, no pasó nada.

En 1980, el líder religioso Lelan Jensen, advierte que una explosión nuclear ese mismo años destruiría este planeta.

En 1986, la secta los Niños de Dios afirma que el Armagedón ocurriría ese año; en tanto que 1996 es la fecha calculada en el siglo XVII por el arzobispo anglicano James Ussher y otros cristianos para el fin del mundo.

En 2000, el apagón electrónico no produjo las consecuencias que se temían, ni tampoco el alineamiento planetario de mayo de ese mismo año.

Michel de Notredame, (Nostradamus (1503-1566), vaticinó que en 2002 un meteorito destruiría la Tierra, afortunadamente sin éxito.

En 2009 el superacelerador de partículas provoca una ola de sospechas sobre las consecuencias que podría acarrear el intento de recrear las mismas condiciones del principio del universo; sin embargo la experiencia pasó y no dejó las consecuencias apocalípticas que se temían.

Según el calendario maya el fin se produciría en 2012, otra vez debido a una alineación extraordinaria de planetas.

Históricamente existe un records de malos augurios para la Tierra y este mito se resiste a desaparecer, pero hasta ahora, a pesar de las múltiples predicciones, el mundo sigue andando.

Fuente: http://www.nasa.gov/topics/earth/features/2012.html/ Sitio de la Nasa para disipar posibles temores sobre los pronósticos para 2012.

http://filosofia.laguia2000.com/mitologia/el-mito-del-apocalipsis

Preterismo

El preterismo es una variación de la escatología cristiana que mantiene que algunas o todas las profecías Bíblicas concernientes a losÚltimos Días (o Tiempos Finales) se refieren a eventos que en realidad ocurrieron durante el primer siglo luego del nacimiento de Cristo. El término preterismo viene del latín praeter, que significa “pasado”. Los adherentes al Preterismo usualmente se conocen como “Preteristas”. Las dos principales escuelas de interpretación Preterista comúnmente son denominados como Preterismo ParcialPreterismo Total.

Existe un desacuerdo sustancial sobre los términos usados para denotar estas divisiones de interpretación Preterista. Algunos Preteristas Parciales prefieren denominar su posición como Preterismo Ortodoxo, para así contrastar su sometimiento a los credos del Consejo Ecuménico contra lo que perciben como un desprecio de parte de los Preteristas Totales. El Preterismo Parcial también se denomina comoPreterismo ClásicoPreterismo Moderado. Algunos Preteristas Totales prefieren denominar su postura como Preterismo Consistente, reflejando la extensión del Preterismo a todas las profecías Bíblicas y sugiriendo así una inconsistencia en la hermenéutica del Preterista Parcial. Las etiquetas correctas de las posturas en relación con cada una es un asunto de acalorada disputa entre los Preteristas Parciales y Preteristas Totales quienes rechazarían aquellas etiquetas y argumentarían por otros, más notablemente, cuál de las posturas tiene derecho de ser llamado simplemente como “preterismo”.

Las subvariaciones del Preterismo incluyen una modalidad del Preterismo Parcial que coloca el cumplimiento de algunos pasajes escatológicos durante los tres primeros siglos de la era actual, culminando en la caída de Roma. Además, ciertos enunciados del liberalismo teológico clásico a veces son confundidos con el Preterismo, ya que esta última postura sostiene que los hechos Bíblicos certeramente refleja la creencia de Jesús y los Apóstoles‘ de que todas las profecías habían de cumplirse durante esa generación. El liberalismo teológico, sin embargo, generalmente considera estas expectativas apocalípticas como erradas o decepcionantes, y por tanto no es estrictamente correcto clasificar esta visión como una modalidad del Preterismo.

Preterismo Parcial

Main article: Preterismo Parcial

El Preterismo Parcial, el más antiguo de las dos posturas, sostiene que profecías tales como la destrucción de Jerusalénel Anticristola Gran Tribulación, y el advenimiento del Día del Señor como una “venida en juicio” (Juicio Final) de Cristo fueron cumplidos en el año 70 d. C. cuando el general del Imperio romano Tito saqueó a Jerusalén y destruyó el Templo Judío, colocando así un detenimiento permanente al sacrificio diario de animales. Identifica a “Babilonia la Grande” (Apocalipsis 17-18) con la ciudad pagana y antigua de RomaJerusalén. El Preterismo Parcial es también conocido por otros nombres: Preterismo Ortodoxo, Preterismo Histórico, Hypo-Preterismo (un término despectivo forjado y usado casi exclusivamente por un conocido sitio Preterista Total) y Preterismo Moderado.

La mayoría (aunque no todos) de los Preteristas Parciales también cree que el término Últimos Días no se refiere a los últimos días del planeta Tierra ni a los últimos días de la humanidad, sino a los últimos días del pacto Mosáico que Dios estableció exclusivamente con la nación de Israel hasta el año 70 d. C. Así como Dios venía en juicio sobre varias naciones en el Antiguo Testamento, Cristo también vino en juicio contra aquellos en Israel quienes le rechazaron. Los “últimos días”, sin embargo, han de ser distinguidos de el “último día”, que es considerado como aún futuro e incluye la Segunda Venida de Jesús, la Resurrección de los muertos justos e injustos físicamente desde las tumbas de igual manera a la resurrección física de Jesús, el Juicio Final, y la creación de un Nuevo CieloNueva Tierra literal (y no con referencia a un pacto) libre de la maldición del pecado y la muerte que vino por la caída de Adán y Eva. Por tanto, los Preteristas Parciales están de acuerdo y conformidad con los credos histórico-ecuménicos de la Iglesia y articulan la doctrina de la resurrección sostenida por la mayoría de los Patrístas. Los Preteristas Parciales sostienen que el Nuevo Testamento predice y señala muchas “venidas” de Cristo. Contienden que la frase Segunda Venida significa una segunda en una manera similar en serie, ya que las Escrituras graban otras “venidas” incluso antes de la venida en juicio del año 70 d. C. Esto elimina el evento del año 70 d. C. como una “segunda” en cualquier serie, y mayormente una segunda en una serie en que el ministerio terrenal y físico de Cristo es el primero. Los Preteristas Parciales creen que la nueva creación viene en una progresión redentora mientras que Cristo reine en su trono celestial, subyugando a Sus enemigos, y eventualmente culminará en la destrucción de la muerte física, el “último enemigo” (1 Cor 15:20-24). Si hay siquiera algún enemigo restante, la resurrección no pudo haber ocurrido ya.

Casi todos los Preteristas Parciales sostienen el amilenialismo o el postmilenialismo. Muchos Preteristas Parciales postmileniales también son teonómicos en su visión.

Preterismo Total

El Preterismo Total difiere del Preterismo Parcial en que creen que todas las profecías fueron cumplidas con la destrucción de Jerusalén, incluyendo la resurrección de los muertos y la Segunda VenidaParusía de Jesús. El Preterismo Total es también conocido por varios otros nombres: Preterismo Consistente, Escatología de Pacto, Hiper-Preterismo (un término usado por los oponentes de la postura Preterista Total y considerada por Preteristas Totales como despectiva), y Pantelismo (el término “Pantelismo” viene del Griego y significa, “todas las cosas han sido cumplidas”). El Preterismo Total sostiene que la Segunda Venida de Jesús no debe ser interpretada como un regreso corporal aún futuro, sino una “presencia” manifiesta a través de la destrucción física de Jerusalén y su Templo en el año 70 d. C. por ejércitos extranjeros, de forma similar a varias descripciones en el Antiguo Testamento de Dios viniendo a destruir a otras naciones en juicio justo. El Preterismo Total también sostiene que la Resurrección de los muertos no tiene que ver con el levantamiento de cuerpos físicos, sino con la resurrección de las almas del “lugar de los muertos”, conocido como el Seol (Hebreo) o Hades (Griego). Como tal, los muertos justos obtuvieron un cuerpo espiritual y sustancial para ser usado en los lugares celestiales, y los muertos injustos fueron tirados al Lago de Fuego. Algunos Preteristas Totales creen que este juicio es constante y que toma efecto durante la muerte de cada individuo (Hebreos 9:27). Los Nuevos Cielos y Nueva Tierra también son equiparados con el cumplimiento de la Ley en el año 70 d. C. y deben ser interpretados de la misma manera en que un Cristiano es considerado como una “nueva creación” cuando este viene a la fe en Cristo.

Influencias del Preterismo en el pensamiento Cristiano

El Preterismo Parcial es generalmente considerado como una interpretación histórica-ortodoxa, ya que afirma todos los elementos de los Credos ecuménicos de la Iglesia. Sin embargo, el Preterismo Parcial no es la visión mayoritaria entre las denominaciones Norteamericanas fundadas después del siglo XVI y es usualmente opuesto, especialmente por las denominaciones que sostienen el Dispensacionalismo. Además, los Dispensacionalistas usualmente expresan preocupación de que el Preterismo Parcial lógicamente conduce a una aceptación del Preterismo Total, una preocupación que es negada por muchos Preteristas Parciales.

Aunque el Preterismo Total es visto como herético por muchos, esta condenación no es universal. Muchos de los que condenan el Preterismo Total no lo hacen solamente basados en los credos históricos de la iglesia (los cuales excluirían esta visión), sino también sobre pasajes bíblicos que interpretan como condenaciones de una visión pasada de la Resurrección o la negación de una resurrección/transformación física del cuerpo, doctrinas que muchos Cristianos (aunque no todos) creen esenciales a la fe. Los críticos del Preterismo Total señalan a la condenación de la doctrina de Himeneo y Fileto (Plantilla:Bibleverse) por parte del Apóstol Pablo, que creen es análogo al Preterismo Total. Los adherentes al Preterismo Total, sin embargo, disputan esta aserción señalando que la condenación de Pablo fue escrita durante un tiempo en que la Resurrección era aún futura (esto es, antes del año 70 d, C.). Sus críticos responderían que mientras la Resurrección no ocurra, entonces la condenación aplica. A fin de cuentas, la discusión se basa en un desacuerdo del tiempo y la naturaleza de la Resurrección.

Más aún, los Preteristas Totales rechazan la autoridad de los Credos para condenar su postura, sosteniendo que los Credos fueron escritos por hombres falibles y no-inspirados, y que simplemente están errados en este punto y por tanto necesitan ser reformados. Como movimiento creciente, ha habido un fuerte empuje por parte del Preterismo Total para ser aceptado como otra postura escatológica Cristiana válida; sin embargo, hasta la fecha, ninguna denominación conservadora o grupo ha aceptado oficialmente esta visión como normativa, aunque varios la han condenado.

Preterismo versus Futurismo

Como en la mayoría de las disputas teológicas, la división entre el Preterismo y su opuesto, el Futurismo, se basa sobre cómo ciertos pasajes de las Escrituras deben ser interpretados. Los Futuristas aseveran que los Preteristas han espiritualizado profecías que ven como describiendo eventos literales y visibles, mientras que los Preteristas creen que los Futuristas no toman algunos pasajes (tales como Mateo, 16:28) suficientemente literal y no ofrecen suficiente peso a las escrituras que parecen mostrar que la Iglesia del primer siglo creía que un grandioso evento escatológico ciertamente tomaría lugar durante su tiempo de vida. Muchos “enunciados temporales” en el Nuevo Testamento parecen indicar esto, por ejemplo Mat 10:23, Mat 16:27-28, Mat 24:34, Mat 26:64, y Apocalipsis 1:1-3. Los Preteristas Totales aseveran que hay pasajes que también colocan la Segunda Venida durante ese tiempo (Daniel 7:18; 12:1-7). Los Preteristas Parciales aseveran que también hay indicadores de largo plazo y metas futuristas de Consumación que incluye la completa erradicación del pecado y la restauración del planeta Tierra de su estado caído.

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    • Coming in the Clouds: An Evangelical Case for the Invisibility of Christ at His Second Coming. Lanham, MD: University Press of America, 1994.
    • Case Dismissed: Rebutting Common Charges Against Preterism. Bradford, PA: International Preterist Association, Inc., 2000.
  • Preston, Don K.
    • Into All the World, Then Comes the End. Ardmore, OK: Don K. Preston, 1996.
    • Who Is This Babylon? An Investigation into the Identity of the Persecutor of God’s People. Ardmore, OK: Don K. Preston, 1999.
    • Seal Up Vision & Prophecy: A Study of the 70 Weeks of Daniel 9. Ardmore, OK: Don K. Preston, 2003.
    • The Elements Shall Melt with Fervent Heat: A Study of 2 Peter 3. Ardmore, OK: JaDon Productions, L.L.C., 2006.
    • with John Anderson. The Last Days Identified. Ardmore, OK: Don K. Preston, 2005.
  • Russell, James StuartThe Parousia: A Critical Inquiry into the Doctrine of Our Lord’s Second Coming. 1887. [Current edition published as The Parousia: The New Testament Doctrine of Christ’s Second Coming by Bradford, PA: International Preterist Association, Inc., 2003]
  • Simmons, Kurt M. The Consummation of the Ages: A.D. 70 and the Second Coming in the Book of Revelation. Bimillennial Preterist Association, 2003.
  • Stevens, Edward E. Expectations Demand a First Century Rapture: What Did Christ Promise? What Did They Expect? Bradford, PA: International Preterist Association, Inc., 2003.

Criticas al Preterismo

Criticisms of Preterism from a Futurist perspective:

  • Ice, Thomas, and Tim LaHaye, eds. The End Times Controversy: The Second Coming Under Attack. Eugene, OR: Harvest House Publishers, 2003.

Críticas al Preterismo total desde una perspectiva de preterismo parcial:

  • Adams, Jay E. Preterism: Orthodox or Unorthodox? Stanley, NC: Timeless Texts, 2003.
  • Crisler, Vern. “The Eschatological a Priori of the New Testament: A Critique of Hyper-Preterism.” Journal of Christian Reconstruction 15 (Winter 1998): 225-256.
  • Gentry, Kenneth L., Jr.
    • He Shall Have Dominion: A Postmillennial Eschatology, Second Edition. Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1997. [See Appendix C: “A Brief Theological Critique of Hyper-Preterism.”]
    • “Christ’s Resurrection and Ours.” Chalcedon Report (April 2003).
    • “A Brief Theological Analysis of Hyper-Preterism”.
  • Mathison, Keith A.
    • Postmillennialism: An Eschatology of Hope. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed, 1999. [See Appendix C.]
    • Editor, When Shall These Things Be? A Reformed Response to Hyper-Preterism. Phillipsburg, NJ: P&R Publishing Co., 2003. [Mathison contributes one chapter to this work.]
  • Seraiah, C. Jonathan. The End of All Things: A Defense of the Future. Moscow, ID: Canon Press, 1999.
  • Sproul, R. C. “… in Like Manner,” Tabletalk 24:12 (dic 2000): 4-7.

Véase también

Enlaces externos

Proponentes del Preterismo Parcial

Proponentes del Preterismo Total

Críticas al Preterismo

Lluvia

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