manifestaciones religiosas

manifestaciones religiosas

La religión es un sistema de la actividad humana compuesto por creencias y prácticas acerca de lo considerado como divino o sagrado, tanto personales como colectivas, de tipo existencial, moral y espiritual. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.

Definir qué es religión (del latín religare o re-legere) ha sido y es motivo de controversia entre los especialistas. Según el sociólogo G. Lenski, es «un sistema compartido de creencias y prácticas asociadas, que se articulan en torno a la naturaleza de las fuerzas que configuran el destino de los seres humanos».[1] Por su parte, el antropólogo Clifford Geertz propone una definición alternativa: «La religión es un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único».[2] Debido al amplio espectro de usos de la palabra, resulta especialmente complejo ofrecer una definición exhaustiva de la religión o del fenómeno religioso. Sin embargo, se puede afirmar que, como hecho antropológico, engloba entre otros los siguientes elementos: tradiciones, culturas ancestrales, instituciones, escrituras, historia, mitología, fe y credos, experiencias místicas, ritos, liturgias, oraciones…
Aunque la antropología ha recogido manifestaciones religiosas desde el primer momento de la existencia del hombre y éstas han influido decisivamente en la configuración de las diversas culturas y sociedades, todavía se discute si es un fenómeno esencial del hombre o puede ser reducido a otras experiencias o aspectos humanos más fundamentales. El ser humano ha hecho uso de las religiones para encontrar sentido a su existencia y para dar trascendencia y explicación al mundo, el universo y todo lo imaginable.
La palabra «religión» en ocasiones se usa como sinónimo de «religión organizada» u «organización religiosa», es decir, instituciones que respaldan el ejercicio de ciertas religiones, frecuentemente bajo la forma de entidades legales.
Diversas ciencias humanas se han interesado por el fenómeno religioso desde sus respectivos puntos de vista como por ejemplo la antropología, la sociología, la psicología y la historia de las religiones. Por otro lado, disciplinas como la fenomenología de la religión estudian específicamente sus manifestaciones intentando dar con una definición exhaustiva del fenómeno y mostrar su relación con la índole propia del ser humano.
En un sentido más amplio, también se utiliza para referirse a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber.[3]
Etimología
La etimología del término ‘religión’ ha sido debatida durante siglos debido a las dos interpretaciones que se han sostenido que además de ofrecer una propuesta acerca del origen de la palabra, subrayan alguna actitud religiosa.
Antes de ser usada con un sentido relacionado con las divinidades, el término «religión» o «religioso» era utilizado para expresar un temor o un escrúpulo supersticioso. Así consta en textos de Julio César (De Bello Gallico VI 36) y Tito Livio (Historia de Roma desde su fundación IV 30).
La primera interpretación relacionada con el culto es la del orador latino Cicerón que en su obra De natura deorum ofrece la siguiente etimología: «Quienes se interesan en todas las cosas relacionadas con el culto, las retoman atentamente y como que las releen, son llamados «religiosos» a partir de la relectura.[4] Esta etimología —filológicamente más correcta— subraya la fidelidad a los deberes que la persona religiosa contrae con la divinidad y por tanto está más relacionada con la justicia.[5]
La otra etimología propuesta por Lactancio hace derivar la palabra «religión» del verbo latino religare: «Obligados por un vínculo de piedad a Dios estamos “religados”, de donde el mismo término “religión” tiene su origen, no —como fue propuesto por Cicerón— a partir de “releyendo”».[6] Este segundo sentido resalta la relación de dependencia que «religa» al hombre con las potencias superiores de las cuales él se puede llegar a sentir dependiente y que le lleva a tributarles actos de culto.[7]

La definición del amplio espectro de significados que refleja el concepto religión en cuanto implica encontrar un elemento propio, distintivo y único, es una exigencia propia de las culturas occidentales,[8] ya que son éstas las que desde una postura más teísta distinguen entre divinidad y el resto del mundo. Especialmente, desde la Ilustración se han elaborado muchas y variadas definiciones intentando recoger los aspectos propios del fenómeno religioso. Aquí se mencionarán los más significativos. Es obvio que las definiciones que parten de un Ser Supremo o lo dan por supuesto se han de rechazar pues no se aplican a muchas religiones de Asia oriental o a los pueblos primitivos.
Una posibilidad es intentar una definición desde el punto de vista de las personas que practican la religión. Así encontramos propuestas como las de Friedrich Schleiermacher: «sentimiento de dependencia absoluta» que luego distingue este sentimiento de los tipos de dependencia relativa. William James subraya más bien «el carácter entusiasta de la adhesión» de los miembros de las religiones. Desde este punto de vista se pueden considerar elementos como los sentimientos, los factores experienciales, emotivos o intuitivos, pero siempre desde una perspectiva más bien individualista.
Con el estudio que las diversas ciencias humanas (sociología y antropología cultural especialmente) han realizado de la religión, se ha logrado formular otro conjunto de definiciones que consideran este fenómeno en su ámbito social y cultural. La conocida definición del sociólogo francés Durkheim entra en este grupo: «Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas. […] Toda sociedad posee todo lo necesario para suscitar en sus miembros la sensación de lo divino, simplemente a través del poder que ella ejerce sobre ellos».[9]
Sin embargo, con la llegada de la fenomenología de la religión, se intentó ir más allá de las formas que buscaban el núcleo propio del fenómeno en la sociedad o en los aspectos individuales. Y en ese ámbito se identificó como propio de la religión el hecho de la presencia o consciencia de lo sagrado. Rudolf Otto en su obra, Lo santo, publicada en 1917, indica como esencia de la consciencia religiosa el temor reverencial ante aquello que, siendo desconocido (mysterium), al mismo tiempo sobrecoge (tremendum) y atrae casi irresistiblemente (fascinans).[10]
Sin embargo, estos elementos que Otto refiere como propios de la experiencia religiosa parecen estar ausentes en las religiones asiáticas. En Mircea Eliade se da una ampliación de la noción de «sagrado» que perfecciona la definición de Otto. Habla de espacios, cosas y tiempos sagrados en la medida en que estos se relacionan con simbolismos y rituales propios de las religiones. Así la religión es la configuración u organización de la existencia a partir de dimensiones profundas de la experiencia humana que relacionan al hombre con algo que se le presenta como último y trascendente. Tales dimensiones varían de acuerdo con las circunstancias y culturas.
Laicismo religioso
A partir del siglo XVIII, con la irrupción del humanismo y el movimiento de los ilustrados en Europa, que se extenderá con rapidez a otras partes del mundo, se intenta separar la doctrina del Estado de la doctrina religiosa. Actualmente, estas ideas de separación de los poderes político y religioso aún no ha concluido. En buena parte del planeta apenas ha empezado, y en los países occidentales, aunque observan la laicidad del estado, todavía la religión puede actuar con una enorme influencia en sus legislaciones. Por ejemplo en el caso de Estados Unidos[11] o el de España[12]
En los países asiáticos, la separación entre Estado y religión está más o menos implícita de cierto laicismo. China, Japón, Vietnam y otros países del sudeste asiático conllevan cierto laicismo estatal en su propia historia al ser países en donde coexisten distintas religiones. En el caso de Tailandia o Sri-Lanka, con mayorías budistas, en más de un 90%, se mantienen debates sociales para afrontar el laicismo del Estado y diversos cambios legales.[13]
En los países con mayorías musulmanas hay distintas aproximaciones a la laicidad del Estado. Países como Turquía o Siria son más laicos, mientras que otros como Irán o Arabia Saudí se definen como islámicos. El mundo islámico es variado y complejo, y existen movimientos tanto secularizadores como prorreligiosos.[14]
Israel es un estado laico, si bien se proyecta como religioso. India es un caso parecido, también es un país laico, aunque su organización social y legislación, continúan siendo muy influidas por la religión. En estos casos están influidos, en buena medida, por el componente étnico de sus religiones mayoritarias.

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Las Creencias

Hay gente creyente, fiel a sus convicciones, que tiene una fe genuina en una doctrina religiosa, que está dispuesta a compartir sus rituales y su modo de ver el mundo; y otros que afirman no creer en algo más allá de la materia.

Pero también hay una franja intermedia de personas que tienen una cosmovisión personal, que no difiere tanto de las creencias de las cosmovisiones tradicionales, pero que no participan de institución alguna, viviendo esa experiencia religiosa en forma íntima y directa sin necesidad de practicar rituales convencionales, pero que pueden orar y meditar solos, con el mismo propósito de establecer contacto con Dios o con su propia esencia.

La ciencia, a partir de los adelantos científicos, se ve obligada a incursionar en un terreno que trasciende lo físico y penetrar en el campo de la realidad subatómica, que deja de pertenecer al mundo visible y se convierte en algo inmaterial, formando parte de un campo de probabilidades, desde donde las partículas aparecen y desaparecen según son observadas y pueden estar en distinto lugar al mismo tiempo.

Todos estos fenómenos, que antiguamente podían pertenecer al campo de la metafísica, ahora pertenecen al campo de la ciencia.

Así, surgen nuevos movimientos científicos-filosóficos que proponen una cosmovisión basada en los descubrimientos de la ciencia y en la posibilidad de llegar a conocer esta realidad, donde el azar parece no tener lugar y tratando de descubrir cómo surgió el Universo, si es eterno o si comenzó en algún momento, si es infinito o si tiene límites, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Algunas de estas formas de pensar y creer, proponen la existencia de una inteligencia en todas las cosas, superior a la del hombre pero de la misma naturaleza capaz de pensar racionalmente como para crear este Universo y mantenerlo. La inteligencia, por lo tanto, no sería una cualidad estrictamente humana sino lo que caracteriza a todas las cosas y a todo el universo del cual participamos.

Algunas de estas posturas sostienen que la Tierra, los planetas y las estrellas son seres vivos porque a nivel subatómico tienen movimiento, sufren modificaciones, tienen mecanismos de defensa y los mismos propósitos evolutivos. Todo tiene vida y evoluciona y no existe la no-vida o la muerte, sólo existe la transformación y la eternidad de la conciencia.

Según estas propuestas, el pensamiento es lo que produce los fenómenos, porque de acuerdo con la teoría cuántica la atención transforma la realidad virtual en material.

Todo lo que pensamos se puede convertir en hechos reales, porque todos los acontecimientos y las cosas posibles se encuentran en un campo potencial y se materializan según nuestras intenciones.

Algunos creen que el Universo es mental y que la realidad es sólo una ilusión, un producto de la mente; y que basta pensar lo que deseamos para obtenerlo, tal como pensaban los antiguos filósofos orientales hace miles de años.

El hombre de esa época pudo intuir lo mismo, que lo que está descubriendo ahora la ciencia.

Estas nuevas cosmovisiones se identifican en gran parte con las doctrinas de las religiones orientales, y también creen en la reencarnación de la conciencia en otra vida de superior nivel evolutivo, para los que han sido éticos, y a un nivel inferior menos evolucionado si merecen retroceder; y estas sucesivas reencarnaciones tienen el propósito de alcanzar la perfección para poder unirse al Todo.

http://filosofia.laguia2000.com/ciencia-y-filosofia/las-creencias
RESURRECCION

¿Podemos demostrar históricamente la Resurrección de Cristo o simplemente debemos creerla por fe?

La Resurrección de Cristo es un hecho de fe y también un acontecimiento histórico comprobable.

La Resurrección de Cristo “fue un acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado”. Sin embargo, la Resurrección también es “centro que trasciende y sobrepasa a la historia”.

La Resurrección de Cristo es un hecho demasiado importante como para quedar referido sólo como un acontecimiento histórico. En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe, porque “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1 Co. 15, 14), nos advierte San Pablo.

La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más difíciles de comprender por el ser humano, encuentran su comprobación porque Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad como Dios .

Pero, además, la Resurrección de Cristo, es comprobable históricamente. Los discípulos han atestiguado que verdaderamente se encontraron y estuvieron con Cristo resucitado. El sepulcro vacío y las vendas en el suelo (cf. Jn. 20, 6)significan por sí mismas que el cuerpo de Cristo ha escapado de la muerte y de la corrupción del cuerpo, consecuencia de la muerte.

El primer elemento que se encuentra sobre la Resurrección de Cristo es el sepulcro vacío, lo cual no es realmente una prueba directa. De hecho la ausencia del cuerpo podría explicarse de otro modo. María Magdalena creyó que “se habían llevado a su Señor” (Jn. 20, 13). Las autoridades, al ser informados por los soldados de lo sucedido los sobornaron para que dijeran que“mientras dormían, vinieron de noche los discípulos y robaron el cuerpo de Jesús” (Mt. 28, 11-15).

Sin embargo, el hecho es que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y las vendas en el suelo. Y San Juan nos dice en su Evangelio que él “vio y creyó” (Jn. 20, 8).Esto supone que, al constatar el sepulcro vacío, supo que eso no podía ser obra humana y creyó lo que Jesús les había anunciado. Además, intuyó que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn. 11, 44).
Las apariciones de Jesús Resucitado a tantos, comenzaron por las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc. 16, 1; Lc. 24, 1) y que, por instrucciones del Resucitado fueron las mensajeras de la noticia a los Apóstoles(cf. Lc. 24, 9-10). Esta noticia fue confirmada por la aparición de Cristo, primero a Pedro, después a los demás Apóstoles. Y es por el testimonio de Pedro que la comunidad de seguidores de Cristo exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc. 24, 34).

Ante éstos y muchos otros testimonios de apariciones del Resucitado, es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico.

Pero, además, sabemos por los hechos narrados que la fe de los discípulos fue sometida a la durísima prueba de la pasión y de la muerte en cruz de Jesús. Fue tal la impresión de esa muerte tan vergonzosa que -por lo menos algunos de ellos- no creyeron tan pronto en la noticia de la Resurrección.

Tengamos en cuenta que los Evangelios no nos muestran a un grupo de cristianos entusiasmados porque Cristo iba a resucitar o siquiera porque había resucitado. Muy por el contrario, nos presentan a unos discípulos abatidos, confundidos y asustados. Por eso no le creyeron a las mujeres y “las palabras de ellas les parecieron puros cuentos” (Lc. 24, 11).

Tan imposible les parece el más grande milagro de Cristo, su propia Resurrección, que incluso al verlo resucitado, todavía dudan (cf. Lc. 24, 38), creen ver un espíritu (Lc. 24, 39). Tomás ni siquiera acepta el testimonio de los otros diez(cf. Jn. 20, 24-27). El escepticismo era tal, que en su última aparición en Galilea, en su despedida, algunos seguían dudando, según nos dice el mismo Mateo, uno de los doce (cf. Mt. 28, 27).

Por lo tanto, la hipótesis según la cual la Resurrección de Cristo habría sido producto de la fe o de la credulidad de los Apóstoles no tiene asidero.


¿Qué es resucitar?

En la muerte, que es la separación del alma y el cuerpo, el cuerpo humano cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, y queda en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas. Esto, en virtud de la Resurrección de Jesús.

Este dogma central de nuestra fe cristiana no sólo nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, sino que la esperanza de nuestra resurrección y futura inmortalidad se encuentran en textos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

¿Cómo?

“Ciertamente el ‘cómo’  “sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe”

Cristo resucitó con su propio cuerpo:“Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo” (Lc.24, 39). Pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El todos resucitarán con su propio cuerpo, el que tienen ahora, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3, 21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15, 44)

La resurrección tendrá lugar en un instante.“Yo quiero enseñarles este misterio: aunque no todos muramos, todos tendremos que ser transformados, en un instante, cuando toque la trompeta (Ustedes han oído de la Trompeta que anuncia el Fin). Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, los muertos se levantarán, y serán incorruptibles” (1a. Cor. 15, 51-52).

¿Quiénes resucitarán?

Todos los hombres que han muerto. Unos para la condenación y otros para la salvación.

Es decir, todos resucitaremos: salvados y condenados. Unos para una resurrección de gloria y de felicidad eternas. Otros para una resurrección de condenación e infelicidad eternas.

¿Cuándo?

Sin duda en el “último día” (Jn.6, 54 y 11, 25); “al fin del mundo” . En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente ligada a la Parusía o Segunda Venida de Cristo:“Cuando se dé la señal por la voz del Arcángel, el propio Señor bajará del Cielo, al son de la trompeta divina. Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1Ts. 4, 16) (#1001). Y continúa San Pablo: “Después nosotros, los vivos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba. Y para siempre estaremos en el Señor” (1Ts. 4, 17).

San Pablo nos habla de los que han muerto y han sido salvados. También nos habla de los que estén vivos para el momento de la Segunda Venida de Cristo. Pero es San Juan quien completa lo que sucederá con los que no han muerto en Cristo: “No se asombren de esto: llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán mi voz. Los que hicieron el bien saldrán y resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal resucitarán para la condenación” (Jn. 5, 28-29).

Resumiendo: En la Resurrección de Jesucristo está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, ya que si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1Cor.15, 14) … y también nuestra esperanza. Pero sabemos que Jesucristo no sólo ha resucitado, sino que nos ha prometido resucitarnos también a nosotros.

¿Re-encarnacion o inmortalidad?

Un tema muy en boga que se nos está introduciendo de manera muy profusa a través de todos los medios de comunicación social es la re-encarnación. Sin embargo, la re-encarnación es un mito, un error, una herejía, un embuste; como diría San Pablo: “una patraña”.

Debemos los cristianos descartarla de las creencias que solemos tomar de fuentes no cristianas, y que vienen a contaminar nuestra Fe. Porque cuando comenzamos creyendo que es posible, deseable, conveniente o agradable re-encarnar, ya estamos negando la resurrección. Y nuestra esperanza está en resucitar con Cristo, como El nos lo ha prometido … no en re-encarnar.

La re-encarnación niega muchas cosas, parece muy atractiva esta falsa creencia, este mito. Sin embargo, si en realidad lo pensamos bien … ¿cómo va a ser atractivo volver a nacer en un cuerpo igual al que ahora tenemos, decadente y mortal, que se daña y que se enferma, que se envejece y que sufre … pero que además tampoco es el mío?

Aun partiendo de una premisa falsa, suponiendo que la re-encarnación fuera posible, si no fuera un mito, una patraña, ¿cómo podemos los hombres, pero sobre todo los cristianos que tenemos la seguridad y la promesa del Señor de nuestra futura resurrección, pensar que es más atractivo re-encarnar, por ejemplo, en un artista de cine, o en un millonario, o en una reina … que resucitar en cuerpos gloriosos?

Tenemos que tener claro los cristianos que la re-encarnación está negada en la Biblia. En el Antiguo Testamento: Una sola es la entrada a la vida y una la salida” (Sabiduría 7, 6). San Pablo en su Carta a los Hebreos dice: Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio: los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación” (Hebreos 9,27).

Pero, además, ¿no nos damos cuenta de lo que recitamos en el Credo todos los domingos?Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. (Credo de los Apóstoles). Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. (Credo de Nicea).

La visión realista de la muerte se expresa clarísimamente en la Liturgia de Difuntos de la Iglesia: La vida de los que en Tí creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Cuando haya tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena”  ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueren una sola vez” (Hb. 9,27)No hay “re-encarnación” después de la muerte.

Por la muerte el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos el último día.

La doctrina sobre la muerte y la resurrección, sobre nuestra futura inmortalidad es clara … muy clara. Pero, si la enseñanza de la Iglesia no nos bastara, ¿cómo podemos considerar más atractivo re-encarnar en otro cuerpo terrenal, decadente, enfermable, envejecible y que volverá a morir, que resucitar en un cuerpo glorioso como el de Jesucristo?

¿Cómo serán nuestros cuerpos resucitados?

La Resurrección de Cristo nos anuncia nuestra propia resurrección. Su Resurrección nos anuncia nuestra futura inmortalidad. Y esto es así, porque Jesucristo nos lo ha prometido: si hemos obrado bien, saldremos a una Resurrección de Vida (cfr. Juan 5, 28-29).

Para tener una idea de cómo serán nuestros cuerpos resucitados, veamos primero cómo es el cuerpo glorioso de Jesucristo. Cristo resucitó con su propio cuerpo, pero una vez resucitado, no volvió a una vida terrenal, como la que había vivido en la tierra. Así también nosotros resucitaremos con nuestro propio cuerpo, el mismo que ahora tenemos, pero, como hemos dicho, nuestro cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3,21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15,44)

El cuerpo glorioso de Jesucristo era ¡tan bello! que no lo reconocían los Apóstoles … tampoco lo reconoció María Magdalena. Y cuando el Señor se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan en el Monte Tabor, mostrándoles todo el fulgor de Su Gloria era ¡tan bello lo que veían! ¡tan agradable lo que sentían! que Pedro le propuso al Señor hacerse tres tiendas para quedarse a vivir allí mismo. Así es un cuerpo glorioso.

Si comparáramos nuestros cuerpos resucitados con nuestros cuerpos actuales, los futuros tendrán cualidades propias de los cuerpos espirituales, como por ejemplo, la capacidad de transportarse instantáneamente de un sitio a otro y de penetrar cualquier sustancia material. Más importante aún, ya no se corromperán, ni se enfermarán, ni se envejecerán, ni se dañarán, ni sufrirán nunca más. Pero, por encima de todo esto, brillarán con gloria, como el de Jesucristo el Señor.

San Pablo tuvo que ocuparse de este tema al escribirle a los Corintios: “Algunos dirán: ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué tipo de cuerpo salen? … Al enterrarse es un cuerpo que se pudre; al resucitar será tal que no puede morir. Al enterrarse es cosa despreciable; al resucitar será glorioso. Lo enterraron inerte, pero resucitará lleno de vigor. Se entierra un cuerpo terrenal, y resucitará espiritual … Adán por ser terrenal es modelo de los cuerpos terrenales; Cristo que viene del Cielo, es modelo de los celestiales. Y así como nos parecemos ahora al hombre terrenal, al resucitar llevaremos la semejanza del hombre celestial … cuando nuestro ser mortal se revista de inmortalidad y nuestro ser corruptible se revista de incorruptibilidad” (1a.Cor 15, 35-58).

Referencias

↑ G. LENSKI, El factor religioso (pág. 316). Labor.
↑ C. GEERTZ, La interpretación de las culturas (pág. 89). Gedisa.
↑ Véase el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española («religión»).
↑ Cicerón: De Nat. Deorum (II): «Qui autem omnia quae ad cultum deorum pertinerent diligenter retractarent et tamquam relegerent […] sunt dicti religiosi ex relegendo».
↑ José FERRATER MORA: Diccionario de filosofía, voz «religión». Buenos Aires: Sudamericana (5.ª edición), 1964.
↑ Lactancio: Institutiones Divinas (4): «Hoc vinculo pietatis obstricti Deo et religati sumus, unde ipsa Religio nomen accepit, non ut Cicero interpretatus est, a relegendo». Esta etimología fue retomada y popularizada por san Agustín, cf. Retractationes (1.13), quien también acepta la etimología propuesta por Cicerón, cf. De Civitate Dei (10.3).
↑ Enciclopedia Cattolica (voz «religión»). Florencia: Sansoni, 1953.
↑ Aulo Gelio, IV,9
↑ Artículo publicado en La Nación, de Buenos Aires, 1940. José Ortega y Gasset Obras Completas Tomo VI
↑ Mircea ELIADE, Enciclopedia delle religioni, vol I: «Oggetto e modalità della credenza religiosa» (voz «religione»). Milán: Jaca Book, 1993, ISBN 88-16-41001-9.
↑ Emile DURKHEIM (1858-1917): Las formas elementales de la vida religiosa. París, 1912.
↑ Otto, Rudolf (2009). Lo numinoso, Colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta. – (2001). Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, Madrid: Alianza editorial. ISBN 978-84-206-3725-9.
↑ Relación de lobbies religiosos en EE. UU.; Immanuel Ness: Encyclopedia of Interest Groups and Lobbyists in the United States. Sharpe Inc, 2000.
↑ A vueltas con el crucifijo. J.J. Tamayo, El Pais. [1])

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“¿Por qué hay tantas religiones? ¿Todas las religiones conducen a Dios?”

“¿Por qué hay tantas religiones? ¿Todas las religiones conducen a Dios?”

Respuesta: La existencia de tantas religiones y la creencia de que todas las religiones indudablemente conducen a Dios, confunde a muchos que realmente están buscando la verdad acerca de Dios, dando como resultado que la gente alce sus manos en frustración ante el reto de conocer con certeza la verdad absoluta sobre esta materia. O terminan adoptando la aseveración universalista de que todas las religiones conducen a Dios. Desde luego, los escépticos también señalan la existencia de tanta religiones, como una prueba de que; o tu no puedes conocer a Dios, o simplemente Dios no existe.

Romanos 1:19-21 contiene la explicación bíblica por la que hay tantas religiones: “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, – Su eterno poder y deidad, – se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” El significado de estas Escrituras es claro. La verdad de Dios es vista y conocida por cada ser humano, porque Dios lo ha hecho así. Pero en vez de aceptar la verdad acerca de Dios y someterse a ella, la mayoría de los seres humanos la rechazan, y en cambio buscan su propia manera de entender a Dios. Pero esto no conduce a la iluminación respecto a Dios, sino a la futilidad del pensamiento. Aquí es donde encontramos las bases de la razón para “tantas religiones.”

Mucha gente no quiere creer en un Dios que demanda rectitud y moralidad, así que se inventan un dios que no haga tales requerimientos. Mucha gente no quiere creer en un Dios que declara que es imposible que la gente gane su propio camino al cielo por medio de sus buenas obras; así que ellos inventan a un dios que acepta a la gente en el cielo si es que han llevado a cabo ciertos pasos, seguido ciertas reglas, y/o obedecido ciertas leyes, al menos hasta donde pueden. Mucha gente no quiere relacionarse con un Dios que es soberano y omnipotente; así que imaginan un dios que sea más bien una fuerza mística, que un Dios personal y gobernante soberano del universo.

La existencia de tantas religiones no es un argumento contra la existencia de Dios o un argumento en el que la verdad acerca de Dios no sea clara. Más bien, la existencia de tantas religiones es la demostración del rechazo de la humanidad del Único y verdadero Dios y su reemplazo por dioses que sean más de su agrado. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.”

¿Todas las religiones conducen a Dios? Ciertamente, no. A excepción de una, todas conducen a Su juicio, y solo una conduce a Su perdón y la vida eterna – el Cristianismo. Sin importar la religión a la que uno se adhiera, todos enfrentaremos a Dios después de la muerte (Hebreos 9:27). En este sentido, todas las religiones conducen a Dios, pero solo una religión resultará en la aceptación de Dios, porque solo mediante Su divino plan de salvación, a través de la fe en Jesucristo, puede alguien acercarse a Él con confianza. La decisión de abrazar la verdad acerca de Dios en una muy importante por una simple razón; la eternidad es un tiempo terriblemente largo para darse el lujo de equivocarse. Esto es por lo que es tan crítico tener la mentalidad correcta acerca de Dios.


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MUERTE DE DIOS


MUERTE DE DIOS
DC


SUMARIO: I. Muerte de Dios y ateísmo moderno.—II. Muerte de Dios, muerte del teísmo.—III. Muerte de Dios y Dios trinitatio.
No es casualidad que la noticia de la muerte de Dios” que Nietzsche lanzara al viento al terminar el siglo XIX haya acontecido en la vieja Europa, bañada en el cristianismo. El Dios cristiano sabe, en efecto, lo que es la muerte, más aún, es un Dios que, justamente por ser Dios, permite que los hombres “lo arrojen de la vida”, como vio lúcidamente D. Bonhoeffer. Esta “diferencia del Dios cristiano da a aquella noticia su significado y alcance más profundos.


I. Muerte de Dios y ateísmo moderno

La expresión muerte de Dios tuvo, en efecto, su primer hogar en la teología cristiana, pero Hegel la elevó a categoría filosófica para significar la ausencia de Dios, el sentimiento básicamente ateo de la Modernidad. La subjetividad moderna se ha emancipado de la tutela religiosa y se ha afirmado, bajo el influjo de la religión de los nuevos tiempos, el protestantismo, autónoma y autosuficiente. En cuanto tal, ha perdido a Dios del horizonte, de la objetividad, lo ha tenido que perder para ser ella misma. Aunque sufre el dolor de su ausencia, no puede no querer esta ausencia y vive así en permanente desgarro, entre la afirmación de lo finito y la nostalgia del Infinito.

Para Hegel, esta experiencia histórica de la ausencia de Dios —del Dios cristiano— en la Modernidad es una experiencia en principio positiva, incluso necesaria como momento de verdad para un estadio ulterior del Espíritu. La ausencia de Dios, el ateísmo del “viernes santo especulativo es un paso obligado, aunque ciertamente doloroso, para la “resurrección de una nueva figura del Espíritu. La muerte de Dios adquiere entonces pleno sentido, como veremos más adelante.

Muy otra es la experiencia de la que Nietzsche se hizo portador al proclamar la buena-mala noticia de la “muerte de Dios. También fue para él “el más importante de los últimos acontecimientos”, pero su significación ya no era el obligado paso del viernes santo especulativo”, sino la definitiva pérdida de Dios en la historia moderna. Nietzsche piensa, como Hegel, en el Dios cristiano, pero en realidad es, como bien interpretó Heidegger, el Dios que, fusionado con la razón griega y transformado en poder, ha servido de pivote y fundamento de la metafísica y de la cultura occidental. Podría afirmarse por eso que la muerte de este Dios también era una experiencia positiva, un paso obligado para una etapa superior del Espíritu, y así la celebró Nietzsche asumiendo sus consecuencias. Sólo que ese paso no conducía a una nueva, más auténtica, experiencia e imagen de Dios, sino, como se ha dicho, a su completa ausencia. La denominada “teología radical de la muerte de Dios” tuvo la honradez y la valentía de tomarse en serio las “sombras” que la buena-mala noticia con la que Nietzsche se adelantó a su tiempo había ya extendido sobre Europa. Pero en este loable intento terminaron, también ellos, quedándose sin Dios. Así, en concreto, W. Hamilton, que considera al teólogo radical “un hombre sin Dios que no anticipa su vuelta”, aunque la espera pacientemente en su ausencia; Th. Altizer, que, apurando a Hegel, introduce a Dios de tal modo en la inmanencia que termina reduciéndolo a ella; y, sobre todo, Van Buren, quien no sólo proclama la muerte de Dios, sino el sinsentido de su mismo planteamiento’, cediendo a la fascinación de la razón positivista-instrumental, al “mito de lo que existe”, del caso (Horkheimer-Adorno). Seguir reivindicando el derecho a hacer teología sin Dios, como lo hicieron, era una empresa poco seria que sólo podía interesar a los estetas o, peor aún, a los comerciantes de modas.


II. Muerte de Dios, muerte del teísmo

La teología menos radical de la “muerte de Dios”, como la de G. Vahanian’ y la del obispo J. Robinson”, fue más consciente de las raíces cristianas de ese acontecimiento y su objetivo se cifró, en línea con la teología de sus mentores, F. Gogarten y D. Bonhoeffer, en superar el teísmo tradicional y el cristianismo convencional y en lograr una más genuina experiencia cristiana de Dios, un cristianismo iconoclasta” y “profético”, que diría Vahanian’°, capaz de servir al mundo sin pactar con él.

Fue, sin embargo, D. Bonhoeffer, como ya insinué, el que desarrolló la reflexión y las propuestas más serias en este sentido. Bonhoeffer se toma absolutamente en serio la muerte de Dios en la Modernidad como un verdadero “kairós” (Tillich) para reganar la genuina experiencia e imagen del Dios cristiano. La experiencia moderna de la ausencia de Dios en el mundo, del “etsi Deus non daretur”(H. Grotius), no es, según él, una experiencia de ateísmo, sino una experiencia del Dios cristiano que no sólo no compite con el hombre, sino que “nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo ‘Dios’, el Dios que, estando con nosotros, nos abandona (Mc 15,34).

Para Bonhoeffer, es la experiencia del genuino Dios cristiano que, a diferencia de los ídolos y también del Dios-poder del teísmo y de los filósofos, es un Dios débil que “se deja colgar por el mundo en una cruz”, se deja echar fuera del mundo y así sostiene al mundo, sufre con él y lo salva. “Dios se deja colgar por el mundo en una cruz; Dios está sin poder y débil en el mundo, y precisamente así y sólo así está entre nosotros. La ausencia de Dios en el mundo moderno, emancipado, puede ser por eso la gran oportunidad de descubrir el rostro del Dios de Jesús, que está ausente como poder pero presente como debilidad y amor, como lo que realmente es, y madurar así una fe purificada de falsa religión que rebaje a Dios a un “Deus ex machina”, una fe desnuda y gratuita que hace experiencia de Dios en la Cruz de Jesús. De aquí la necesidad, para Bonhoeffer, de una interpretación mundana,no-religiosa, del cristianismo. Pero ésta no significa en él ceder a la fascinación de la inmanencia, como sucedió en sus epígonos, los teólogos radicales de la “muerte de Dios”, sino más bien reconocer y hacerse cargo de la verdadera divinidad de Dios. Sólo una fe que se corresponda con esta divinidad será, según Bonhoeffer, capaz de afrontar con dignidad y de responder al desafio del ateísmo moderno”.


III. Muerte de Dios y Dios trinitario

Bonhoeffer supo captar con sorprendente lucidez el alcance de este desafío para la fe en el Dios cristiano. No fue mera casualidad que este descubrimiento lo hiciera en la cárcel, es decir, en la debilidad y el sufrimiento. Era justamente el lugar preferencial de acceso a la divinidad del Dios de Jesús. Y era también el lugar más ateo de este mundo moderno. Su ejecución y muerte cortaron su reflexión, la dejaron en fragmento. De otro modo, tal vez la hubiera llevado hasta el ser mismo de Dios y habría explicitado y desarrollado una teología trinitaria como respuesta a aquel desafío.

Antes que él, ya Hegel había abierto este camino pensando hasta el final las consecuencias de la muerte de Dios para el ser mismo de Dios, pensando la muerte de Dios como momento de verdad en Dios mismo, en la Idea suprema, en el Absoluto. La negación dolorosa, la muerte, pertenece a la historia misma de Dios, porque Dios es Espíritu que se despliega en lo otro de sí y retorna sobre sí plenamente pasando por lo otro. La muerte de Dios” no conduce al ateísmo, sino al Dios Trinitario. La teología de la Cruz y la doctrina de la Trinidad se fundamentan y complementan mutuamente. La reconciliación en Cristo, en la que creímos, —afirma— no tiene sentido si no se tiene conciencia de que Dios es trino’.

Esta filosofía del Crucificado en cuanto doctrina del Dios trino constituye un hito en la historia del pensamiento filosófico y teológico cristiano. Pero es una filosofía que pretende, a la vez, agotar todo el contenido de la teología; con lo cual abrió también el camino para la disolución del cristianismo, y en concreto de la idea de Dios, en pura proyección humana, como sucedió en la filosofía de Feuerbach, abocando en la “muerte de Dios del ateísmo, de cuya noticia Nietzsche se hizo eco y portador.

En la línea abierta por Bonhoeffer han sido sobre todo teólogos protestantes, como J. Moltmann o D. Sólle, quienes han desarrollado una teología trinitaria de la muerte de Dios en la Cruz de Jesús como respuesta al ateísmo del mundo moderno. La teología católica ha entrado tarde en el debate, porque tarde ha afrontado el desafío de la subjetividad moderna. Pero al entrar ha llevado el debate al terreno de la praxis, donde se decide el sentido o sinsentido del discurso de la muerte de Dios y donde el Dios cristiano se muestra como Dios de Vida y como comunidad trinitaria de amor. La teología latinoamericana de la Liberación, en efecto, ha abordado el desafio ateo de la Modernidad desde el reverso de ésta, desde el mundo de las víctimas, y allí la “muerte de Dios” se experimenta sobre todo en la muerte real de los pobres que producen los ídolos del mundo verdaderamente ateo, porque injusto e inhumano. Y esa experiencia ha conducido también a un replanteamiento del discurso sobre Dios, pero no tanto en un despliegue teórico, aunque también, sino sobre todo en cuanto discurso práctico, en cuanto praxis de liberación, de vida y de fraternidad, de las comunidadés que confiesan al Dios de Vida y Amor, al Dios trinitario. Esta es la respuesta más radical de la teología cristiana, más radical que la de la denominada teología radical, al desafio de la “muerte de Dios” en la Modernidad.

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Juan José Sánchez

religión

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Luis González de Alba ( Ver todos sus artículos )

lanck afirma que no es posible hacer ciencia sin tener fe, como la fe profunda que sostuvo a Kepler al buscar el plan de la creación; para Einstein el anhelo de verdad del científico viene de la esfera religiosa: de la “fe en la posibilidad de que las normas que rigen al mundo sean racionales, esto es, asequibles por medio de la razón. No puedo concebir a un auténtico científico que carezca de esa profunda fe” (Ciencia y religión).

ás entusiasta es lo que podríamos llamar el Credo de Sheldon Glashow, otro Nobel de física: “Creemos que el mundo es conocible, que hay reglas que gobiernan la conducta de la materia y la evolución del universo y que cualquier extraterrestre inteligente, dondequiera que esté, acabaría por alcanzar el mismo sistema lógico que tenemos nosotros para explicar la estructura de los protones y la naturaleza de las supernovas. Este enunciado no puedo probarlo, no puedo justificarlo. Es mi fe” (“We believe that the world is knowable”, NYT, 22 de octubre de 1989).

Dice, con razón, que se trata de fe porque no hay prueba alguna de que sea posible esa meta de la ciencia. Partimos de la intuición de que así debería ser y llegamos al convencimiento sin argumentos de la razón que pudiéramos exponer a un escéptico.

Los creyentes en alguna religión asumen que es esa institución la fuente de la moralidad, con lo que a los no creyentes nos lanzan a todos los desenfrenos. Pero los conceptos de bien y de mal, justicia e injusticia, no se basan en la religión. Por el contrario: no pocas veces las religiones, en particular las tres monoteístas, justifican el homicidio, la tortura, la guerra y los peores daños al prójimo como parte de una tarea salvadora.

El término moral, como todos sabemos, nos viene del latín para costumbre. Pero hace tiempo que no toda costumbre es moral, por lo menos para quienes rechazamos el relativismo cultural: no es moral negar voz y voto a las mujeres, llevarse una pierna del enemigo muerto para cocinarla en pozole ni quemar vivo al hereje para salvar su alma. Los humanos hemos construido, en Occidente, un conjunto de derechos que son obra de un lento y dificultoso proceso civilizatorio.

El estudio de Harvard
Así es como moral pasó a ser, en la definición de Savater en su Diccionario filosófico, administración de la vida propia, pautas de una comunidad y valoraciones de la vida en sociedad… asunto complicado, pues. Señala que el uso común rara vez acierta a diferenciar entre ética y moral, con lo que nos tranquiliza a quienes nos debatimos en esa duda. Todos sentimos que hay en nosotros una convicción de lo que es ético y lo que no lo es; aunque incurramos en actos no éticos y los justifiquemos, una vocecilla nos dice que nos estamos mintiendo.

La bibliografía sobre especies no humanas en donde se observan comportamientos similares a los que la moralidad humana pone por escrito es enorme, simplemente el comportamiento altruista, aun a costa de la propia vida, se observa en las hormigas que fabrican puentes con sus cuerpos, abejas que al atacar mueren, aves y mamíferos que al dar señales de alarma se exponen al predador.

En la Universidad de Harvard han sido puestas a prueba dos teorías al respecto. “Para algunos”, dice Marc Hauser, “no hay moralidad sin religión, mientras otros ven la religión como meramente una vía para expresar las intuiciones morales propias”. El coautor del estudio, Ilkka Pyysiainen, señala: “Algunos estudiosos sostienen que la religión evolucionó como adaptación para resolver problemas de cooperación entre individuos sin relación genética, mientras otros proponen que la religión emergió como un subproducto de capacidades cognitivas preexistentes”.

El mejor ejemplo de lo primero nos lo ofrece Iván Karamásov: su rechazo al universo injusto creado por Dios y cómo le devuelve el boleto de entrada mientras se pregunta si todo estaría permitido en caso de no haber Dios.

El estudio de Harvard, publicado por Cell Press en Trends in Cognitive Sciences, “apoya la teoría de que la religión no emergió originalmente como adaptación biológica para la cooperación, sino evolucionó como un subproducto distinto de funciones cognitivas preexistentes”, dice Pyysiainen. “Sin embargo, la religión puede jugar el papel de facilitar y estabilizar la cooperación entre grupos”.

Entra a escena la intolerancia cuando “en muchas culturas los conceptos y creencias religiosas se vuelven la manera común de entender las intuiciones morales”. Por ese motivo, mucha gente percibe “toda crítica a la religión como amenaza fundamental a nuestra existencia moral”, concluye Hauser.

El daño cerebral modula
la espiritualidad

Es también Cell Press quien publica en Neuron una exploración de las bases neurales de la espiritualidad en pacientes antes y después de una cirugía para remover un tumor cerebral.

Cósimo Urgesi y sus colegas de la Universidad de Údine, Italia, estaban interesados en una expresión de espiritualidad denominada auto-trascendencia, que consiste en una disminución en el sentimiento del yo y una percepción del individuo como parte integral de un todo con el universo. Encontraron que un daño selectivo de la región parietal posterior, izquierda y derecha, inducía un incremento de este sentimiento “oceánico”. “Por lo tanto, la actividad disfuncional en las regiones parietales podría apuntalar estados espirituales alterados, así como actitudes y conductas religiosas”.

Los resultados obtenidos en Údine podrían resultar en nuevas estrategias para tratar algunas formas de enfermedad mental. Contacto: Cathleen Genova, cgenova@cell.com

En la relación ciencia-religión (considerada ésta en su más amplia acepción, no eclesial) hay otro aspecto, de aún mayor interés, y es el que han tocado con entusiasmo místico los más grandes físicos del siglo XX, desde Planck y Einstein hasta Pauli y Jeans, a quien debemos una expresión llena de maravilla y misterio: “El universo se parece cada vez menos a una gran maquinaria y cada vez más a un gran pensamiento”.

Y más asombroso: “La mente ha dejado de ser considerada como un intruso en los dominios de la materia; estamos empezando a sospechar que más bien deberíamos saludarla como creadora y gobernadora del reino de la materia —no, por supuesto, la mente de cada uno de nosotros, sino la mente en la que existen como pensamientos los átomos a partir de los cuales se han desarrollado nuestras mentes individuales”.

Y más: “Aquellos átomos inertes que en el limo primigenio comenzaron por vez primera a prefigurar los atributos de la vida estaban tratando de ponerse más de acuerdo, y no menos (no separándose para volverse intrusos), con la naturaleza fundamental del universo”.

En La ciencia y lo bello sostiene Heisenberg, a quien debemos el principio de incertidumbre, eje de la cuántica: “Según Pitágoras y Platón, la variopinta multiplicidad de fenómenos puede comprenderse porque, y en tanto que, por debajo de ella subyacen principios formales unitarios, susceptibles de representación matemática. Este postulado constituye ya una anticipación de todo el programa de las ciencias exactas contemporáneas”.

En un giro de 25 siglos, la física cuántica ha redescubierto a Platón y concluye, con Berkeley, que “ser es ser percibido”.
Continuará…

Luis González de Alba. Escritor. Su libro más reciente es Otros días, otros años. Es colaborador del diario Milenio. http://www.luisgonzalezdealba.com

http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=73137

Nueva cinta Avatar plantea ecologismo como religión

Nueva cinta Avatar plantea ecologismo como religión

Posted: 07 Jan 2010 06:15 PM PST

La verdad, no importa de quien venga…

ACI Prensa presenta una crítica de la nueva cinta Avatar dirigida por James Cameron, en la que se señala que esta película plantea el ecologismo como religión y establece, al mismo tiempo, que quien no vive el radicalismo New Age de creer en la “madre tierra” es necesariamente “malo”.

La crítica plantea que “la separación entre buenos y malos es tan grotesca, que en nada se diferencia al mundo de héroes y villanos de los cartones animados para niños de la Warner, esos del Correcaminos y el Coyote Waly que concluían con el proverbial ‘eso es todo amigos’”.

“Los héroes de Avatar, los Na’vi, son, en efecto, tan ‘buenos’ como ‘malos’ son los explotadores humanos: creen en la ‘madre tierra’, piden permiso y luego disculpas a cada animal que cazan para subsistir y viven en total, perfecta e idílica conexión con la naturaleza”, prosigue el texto.

Seguidamente se describe que “los ritos fúnebres de los Na’vi son escenas calcadas de los festivales hippies de la década de los 70: sentados en posición ‘yogui’, entrelazan las manos en alto en círculos concéntricos, mientras cierran los ojos, contonean sus torsos y cantan mantras a la ‘madre tierra’”.

La película plantea, explica la crítica, una redención que solo se logra vaciándose de “todo lo humano y ‘comenzar de nuevo’ por el camino de unos pocos iniciados. Pero ¿Cuál camino? El del gnosticismo ecologista versión siglo XXI; es decir, el que niega que, como sostiene el cristianismo, que la salvación es para todos y está al alcance de todos”.

El texto augura luego que Avatar ganará más de un Oscar porque “sin duda, la película no puede ser cinematográficamente más espectacular. Pero principalmente, porque representa el dogma oficial de Hollywood de la religión sin Dios y sin compromisos morales personales. Y Hollywood ensalza a sus ‘santos’ con el mismo fanatismo con el que quema a sus ‘herejes’. Eres el Correcaminos o eres el Coyote Waly. Avatar ha venido a confirmar esa regla”

http://radiocristiandad.wordpress.com/2010/01/07/nueva-cinta-avatar-plantea-ecologismo-como-religion/

Ateos no pueden desempeñar Cargos Públicos en 7 estados de EE.UU.

Ateos no pueden desempeñar Cargos Públicos en 7 estados de EE.UU.

¡Amén-Amén! Noticias – El requisito del estado de Carolina del Norte en USA, de que los servidores públicos crean en Dios, no puede hacerse cumplir, porque viola la Constitución del país y por otra parte la constitución del país defiende la libertad de culto, mas no la de Carolina del Norte

Cecil Bothwell, concejal de Asheville City, cree que debe proscribirse la pena de muerte, preservarse el agua y reformarse el gobierno, pero no cree en Dios y sus opositores políticos consideran que eso último es un factor que le impide desempeñar su cargo.

La constitución de Carolina del Norte en los Estados Unidos de Norteamerica está del lado de ellos, que ahora amenazan con demandar a la ciudad ante los tribunales por tomarle juramento. Pero el antiguo requisito del estado, de que los servidores públicos crean en Dios, no puede hacerse cumplir, porque viola la Constitución del país.

“No me parece particularmente interesante la pregunta de si Dios existe o no, y ciertamente es irrelevante para un cargo público”, señaló Bothwell, el funcionario recién electo, de 59 años.

Criado como Presbiteriano, comenzó a cuestionar las creencias cristianas desde muy joven, y se declaró ateo cuando tenía unos 20 años. Es miembro activo de la Iglesia Unitaria Universalista de Asheville y sigue celebrando la Navidad, colgando a veces adornos en un cactus.

Bothwell se postuló a finales de este año, basado en una plataforma que proponía también poner límites a la altura de los edificios céntricos y preservar los árboles en el corazón de la ciudad, proyectos que atrajeron a los votantes en esta comunidad predominantemente liberal, al pie de los Montes Apalaches.

El lunes 7 de diciembre, cuando Bothwell juramentó, utilizó una fórmula alterna, la cual no requiere que los funcionarios pongan la mano sobre una Biblia ni hagan referencia a “Dios Todopoderoso”.

Eso enfureció a los activistas conservadores, quienes mencionaron un fragmento poco conocido de la Constitución de Carolina del Norte, el cual descalifica a los servidores públicos “que niegan la existencia de Dios Todopoderoso”. La provisión fue incluida en 1868, cuando se redactó el documento, y no se revisó en 1971, cuando el estado enmendó su constitución.

Un adversario del concejal, H.K. Edgerton, amenaza con interponer una demanda ante un tribunal estatal contra el ayuntamiento, para que impugne el nombramiento de Bothwell.

“Mi padre fue ministro bautista. Soy un hombre cristiano. Tengo problemas con la gente que no cree en Dios”, dijo Edgerton, fundador de Southern Heritage 411, una organización que defiende los intereses de los negros del sur.

El jefe de un semanario conservador dijo que los funcionarios de la ciudad eludieron su deber de acatar las leyes estatales al tomarle el juramento a Bothwell. David Morgan, editor del Asheville Tribune, dijo que está cansado de ver cómo la constitución se “arroja a la basura”.

Bothwell no puede ser destituido por su ateísmo porque la provisión de Carolina del Norte no puede hacerse cumplir, de acuerdo con la cláusula de supremacía de la Constitución de Estados Unidos. Otros seis estados, Arkansas, Maryland, Pensilvania, Carolina del Sur, Tenesí y Texas, tienen provisiones similares que prohiben los servidores públicos ateos.

En 1961, la Corte Suprema federal ratificó que la ley federal prohibe que los estados requieran cualquier tipo de creencia religiosa para desempeñar un cargo, cuando se pronunció en favor de un ateo de Maryland que buscaba su nombramiento como notario público.

Pero las salvaguardas de la ley federal no necesariamente impiden que los funcionarios públicos ateos pasen años defendiéndose en la corte. El ateo declarado Herb Silverman ganó una batalla judicial de ocho años, en 1997, cuando el tribunal superior de Carolina del Sur le otorgó el derecho a ser nombrado como notario, pese a la ley estatal.

Bothwell dijo que un desafío legal a su nombramiento sería “gracioso”, pero considera que los esfuerzos de sus contrincantes tienen más relación con aspectos políticos que religiosos.

“Son los opositores políticos locales, quienes buscan cambiar el resultado de una elección que perdieron”, señaló Bothwell.

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