El Derecho de Guerra

El Derecho de Guerra
Publicado por Hilda el 17 de Marzo de 2010


Es indiscutible el derecho de los pueblos a la paz, pero… ¿Existe un derecho a hacer la guerra o a defenderse de ella? El segundo caso nos parece más justificado, pues tendría relación con el derecho de defensa propia ejercida a nivel individual. Pasaremos a analizar los casos.

La guerra implica violencia y destrucción para solucionar los conflictos internacionales. Fue muy común reconocer a la guerra como un derecho no solo de defensa sino de conquista en los primeros años de la historia de la humanidad, comenzando a usarse la calificación de guerras justas e injustas a partir del advenimiento del cristianismo, aunque esta connotación dependía muchas veces de factores subjetivos, como el concepto de “Guerra Santa”.

San Agustín justificaba la guerra para evitar un mal mayor, si tenía fines nobles, si fuera inspirada por sentimientos ajenos a la venganza y al odio; y debía ser declarada por una autoridad legítima. La “Summa Teológica” de Santo Tomás de Aquino resume las condiciones que debe tener una guerra para ser llamada justa: hacerse con causa justificada, intención recta (para evitar el mal y buscar el bien) y autoridad legal que la declare, pues ningún particular podría hacerlo).

En el siglo XVI el concepto de la guerra justa fue desarrollado por Francisco de Vitoria, monje dominico (1483-1546) desconociendo la licitud de las guerras de religión o por ambiciones territoriales. Solo consideró justa una guerra, si era para responder a una injuria, y en forma proporcional a ella.

La Primera Guerra Mundial demandó la necesidad de un gran pacto internacional ara evitar las guerras, elaborándose en 1919, el Pacto de la Sociedad de las Naciones, para determinar cuando una guerra sería justa o injusta, según el caso.

Luego del fracaso de la Sociedad de las Naciones, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y la creación de la ONU, la paz y la seguridad internacional se establecieron como prioridades, aunque no se desterró la posibilidad de guerra para resolver conflictos, pero con existencia de prohibiciones para el uso de ciertas armas, como las químicas o biológicas. El 14 de febrero de 1967 se firmó el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en América Latina.

La Carta de las Naciones Unidas (26 de junio de 1945) prohibió en las relaciones internacionales el uso de la fuerza, salvo el caso de legítima defensa, amenaza o quebrantamiento de la paz o actos de agresión, los que serán determinados por el Consejo de Seguridad de la ONU, el que tratará por todos los medios pacíficos de solucionar el conflicto, usándose la fuerza solo en casos extremos.

El Derecho Internacional fija límites como necesidad de declaración formal, la agresión no indiscriminada, el no ataque a civiles, etcétera (Convenciones de Ginebra de 1949 y de La Haya).

Una sociedad enferma

Beatrice de CarrilloUn niño menor de edad, fue apuñalado, en pleno día, en una colonia “burguesa” de nuestra capital, mientras un periodista de un matutino de gran difusión, fotografiaba el homicidio, con abundancia de tomas y de particulares.

Por Beatrice Alamanni de Carrillo*, en CoLatino

En base a tales fotografías, aparecen agentes de seguridad privada y transeúntes curiosos, observando o “haciéndose los desentendidos”,  mientras se perpetra el delito.
Creo, que no obstante  el amarillismo, que ha  producido este impacto mediático, la dimensión  y el significado de esta tragedia, son  aterradores.
Si en términos periodísticos, este reportaje  puede haber sido un “éxito” para quienes gustan de este tipo de información, no deja de ser  aberrante  y haber producido malestar en buena parte de la opinión pública.
Cabe decir, que este poco oportuno servicio  periodístico y la fría indiferencia de los sujetos, que presenciaron, impasibles o curiosos este abominable delito, son los signos del deterioro de nuestro país y de la falta de valores, que parecen haber desaparecido en algunos sectores de la sociedad salvadoreña.
Un ejemplo evidente de esta situación, es, sin duda, la problemática presente en la Asamblea Legislativa, en la cual, los diputados piden  duplicar la pena para los menores infractores, como un “remedio necesario” para salvar el país de la delincuencia, lo cual, no solo no resuelve la problemática de la criminalidad, sino, logra sólo complicar aún más, el cuidado de dichos menores de parte del Estado, sin contar que  ningún delincuente menor de edad va a dejar de delinquir por el recrudecimiento de la pena, como lo demuestra claramente el crimen del cual estamos hablando. Evidentemente, el país necesita un auténtico y eficiente plan para erradicar la criminalidad organizada y la impunidad.
Es decir, los diputados están ocupando su valioso tiempo, en esta tarea demagógica y populista además de superficial e ineficiente, en vez de intentar resolver asuntos de mayor envergadura ,como serían, sin duda, el logro del fortalecimiento de la seguridad pública en primer lugar, y también, la precaria situación socioeconómica del país.
Lo más grave parece ser el desgaste prolongado e inútil que enreda a los diputados, en juegos políticos más ventajosos para sus estrategias de poder, que para el bien común, con el agravante  de dar la impresión de querer “complacer” a la opinión pública, desesperada, ante el desbordar incontenible de la delincuencia, y que, por lo tanto, puede caer en la falacia de aplaudir y aprobar el “cortar  cabezas”, de quienes son los más visibles y presuntos, según los medios,  autores de tal flagelo.
Es interesante notar, que, los diputados, que dejaron vacante por más de un año, la Fiscalía General de la República, por no lograr un acuerdo “político” al respecto, lo cual condujo a una solución del “problema” en casa presidencial, entre quienes, ciertamente, no eran diputados y, por tanto, no tenían que ver con el tema, se afanan ahora para conseguir los votos de mayoría cualificada, como “punto de honor”,  ante el veto presidencial al aumento de las penas para los menores.
En estos días se desgastan los diputados, en estas estériles contiendas sobre la pena para los menores, mientras el país está sumergido en la delincuencia organizada, la impunidad y el deterioro creciente de la conciencia ciudadana,  que conlleva a la más decepcionante indiferencia ante el prójimo, aquel prójimo que se quiere “vengar” con el aumento de las penas para los menores  infractores.
Se fomentan así, los peores sentimientos de revanchismo, de odio y de desesperación de la gente, que, al mismo tiempo, como lo demuestra el reportaje  mencionado, se vuelve insensible ante el horror de un asesinato, asistiendo al mismo, sin actuar, sin ayudar, sin evitar.
¿Se habrá preguntado alguien, sobre todo los padres del desdichado joven asesinado, qué hubiese pasado, si alguien, en vez de fotografiar, si alguien en vez de asistir indiferente o fingiéndose desapercibido, hubiese intervenido, logrando con bastante facilidad  parar al asesino?
Parece que los adultos, en nuestro país no están tomando en serio sus responsabilidades, en cuanto a la educación de los niños y de los jóvenes, y parecería, por estas fotos, que también se haya perdido el sentido de la solidaridad, de la generosidad y, de ser necesario, también del heroísmo. Si “los buenos” se portan con tanta indiferencia y falta total de sentido cívico, absteniéndose de intervenir, de socorrer, de actuar ante el ataque a un menor por parte de otro menor, qué nos podemos esperar de los “malos”?
Seguramente, no constituyen, algunos adultos, modelos confiables para la educación de los más jóvenes.
¿Qué efecto sobre un menor, debe haber producido un reportaje, que, fríamente, describe un delito y donde se puede comprobar claramente, que nadie hizo nada para impedirlo o contrarrestarlo?
¿Se estarán, ante esas fotos, envalentonándose,  otros asesinos, por la publicidad macabra del asunto y se estarán “inspirando”, para hacer lo mismo?
¿Qué impacto sobre quien tiene miedo, estarán   produciendo estas fotografías?
¿Habrá jóvenes, que se preguntarán, dónde está la seguridad pública, aunque sea privada, para tratar de contrarrestar al crimen?
¿Habrá quien se pregunte, cual debería ser el papel de los medios de información, ante la  disyuntiva, si salvar una vida o realizar un reportaje “exitoso”?
Podríamos preguntarnos también, ¿dónde está la familia en El Salvador?. ¿Dónde están los padres?
En la mayoría de los casos, se sabe que no existen, que han sido substituidos, por la “gran familia de las maras”, porque la familia natural ha perdido el rumbo y su papel, y, por tanto, el fracaso de nuestra sociedad, condena a muchos menores a estas aberraciones.
La guerra en el país, terminó hace varias décadas. Los jóvenes infractores son “hijos de  la paz”, no de la guerra. No hay excusas al respecto.
Sin embargo, si la familia es disgregada o inexistente, si son precarias, cuando no dramáticas, las condiciones económicas y sociales de grandes grupos sociales, si son más que comprobadas la debilidad y la inconsistencia de las instituciones públicas, que deberían preservar la seguridad ciudadana y perseguir el delito, ¿qué le podemos, según conciencia, achacar a los menores?
No solo los jóvenes dignos y honrados son fruto de esta sociedad, sino más bien, “los peores”, los que, con su comportamiento, cada día, nos deberían hacer reflexionar sobre nuestros fracasos como adultos y como sociedad entera.
En efecto, ¿qué menores está formando y ha formado en la actualidad, la sociedad salvadoreña?
Cuántas responsabilidades están recayendo sobre los adultos de nuestro país?
El Cristo, en el Evangelio, incita a quien está sin pecado, a lanzar la primera piedra.
¿Podrían, los que abogan por recrudecer las penas, observarse a si mismos, para analizar objetivamente si ha habido educación suficiente, para los jóvenes, si ha habido testimonio de ética en los comportamientos sociales generalizados, en cuanto a la corrupción, la violencia intrafamiliar, el abandono irresponsable de los hijos, la indiferencia egoísta hacia los demás, tan negativa en una sociedad democrática?
Sin duda, la  inaceptable indiferencia de los adultos espectadores del crimen reciente, la frialdad imperdonable de quien, durante dicho asesinato, lo ha considerado un “tema noticioso”, nos indican, que nuestra sociedad está enferma, gravemente enferma, tanto como para distorsionar el sentido de las cosas que, desde el mundo de los adultos, no representa un modelo ni un patrón válido y confiable para los jóvenes, que no deberían, de dicha sociedad, recibir solo represión, sino curación de sus tremendos males.
De estos males somos, desafortunadamente, todos y todas responsables.

*Ex-procuradora de los Derechos Humanos

DIOS LE DIJO QUE LA CHOCARA

DIOS LE DIJO QUE LA CHOCARA

Sabemos que Dios habla por su Palabra, pero tambien ordena que choquemos a los otros vehículos?

Un norteamericano explicó que Dios le pidió que atropellara con su camión el auto de una mujer.

Ambos conductores tuvieron heridas menores después de que un camionero se llevara por delante el auto de una mujer del área de San Antonio, Texas. No se le puede llamar accidente ya que el hombre explicó que Dios le ordenó que colapsara contra el otro vehículo porque según parece al Todopoderoso no le gustaba como manejaba la mujer.

Según explicó Kyle Coleman, vocero de la Policía del Condado de Bexar “Dios le dijo que ella no estaba manejando bien y que debía ser quitada de la carretera”.

Cuál fue la conducta de la señora que tanto indignó a Dios permanece como uno más de los insondables misterios de la fe.

2 Pedro 1:19-21
1:19 “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
1:20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,
1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

Yo no conozco un pasaje nuevotestamentario que ordene que debemos chocar con el automovil a aquellos que no manejan bien. Pero parece que esta señora norteamericana tiene otra biblia totalmente distinta que la nuestra.

De una manera u otra, todo ser humano es dirigido por una autoridad. Guiados por esa autoridad, cualquiera que sea ésta, se toman desiciones cada día.

Los cristianos somos dirigidos (esto debería ser así) por la autoridad de Dios, cuya voluntad está expresada en la Biblia. Muchos podrán preguntarse por qué alguien debería someterse a la autoridad de un libro. Sencillamente es que la Biblia no es cualquier libro, sino que es la Palabra de Dios. Por esta razón, en virtud de quien es su Autor, se le transfiere su autoridad divina. Después de todo, si Dios es el Creador del cielo y la tierra, ¿quién podrá tener autoridad sobre él? La respuesta es simple, nadie. Nadie tiene autoridad sobre Dios, por lo tanto su Palabra debe constituirse en el fundamento de nuestras vidas, la única norma de conducta que nos dirija.

Toda otra voz contraria a la biblia, debemos rechazarla,mas cuando es absurda como “esta orden” que escucho esta mujer.

Bien dijo Lutero, o me convencen pro la razon o por la Palabra de DIos o yo no retractaré, o sea, lo que le dijo al Papa era que  si lo que el le decia era abusrod,no le iba a dar bola.

Vos cuando el diablo te diga que hagas algo contrario a la voluntad del Señor, hace lo mismo.No le des bola.

“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.”

Podemos ver que Jesús mismo reconoció la autoridad de las Escrituras. Durante toda su vida en la tierra, no tan solamente Jesús empleó la Palabra de Dios y habló acerca de ella, sino que también la promovió, la elevó e interpretó.
Los escritores del Nuevo Testamento también mostraron plena confianza en las Escrituras. Al leer el libro de Romanos (por dar un ejemplo), podemos ver como Pablo cita más de 40 veces directamente del Antiguo Testamento, y los capítulos están esencialmente redactados sobre citas o alusiones a los escritos del Antiguo Testamento.
Los apóstoles estaban firmemente convencidos de que las Escrituras eran la Palabra de Dios y todas sus epístolas tienen un sólido fundamento en las mismas.

Dios te bendiga

fuentes bibliograficas

http://apocalipsislosultimostiempos.blogspot.com/2009/04/la-palabra-profetica-mas-segura.html

http://www.taringa.net/posts/imagenes/1850425/noticias-locas.html

Filosóficos delitos en Second Life

20 Noviembre 2006
Filosóficos delitos en Second Life

Parece que la pirateria furiosa y la violacion antietica del copyright ha llegado de manera furiosa al virtual mundo de Second Life

Réplica del centro de estudios localizado en el principal campus universitario de Saint LeoFlorida

Second Life (abreviado como SL) es un metaverso lanzado en el año 2003, desarrollado porLinden Research Inc., el cual ha tenido una atención internacional de manera creciente desde el año 2006.

Las personas para hacer uso de éste programa, deben crear una cuenta en http://www.secondlife.com y bajar el programa llamado Second Life Viewer. Al registrarse y acceder pasarán a ser llamados “residentes” o de manera abreviada AV que significa avatars. La manera en que los residentes interactúan a través de SL, la cual a su vez es uno de los principales atractivos de este mundo virtual, es a través de los avatars o AV, que son personajes en 3D completamente configurables, lo que le da a los usuarios la capacidad de convertirse en otra persona y gozar (como el mismo nombre del programa indica) de una segunda vida. Esto promueve en el mismo mundo una avanzada interacción virtual que los residentes de SL podrán explorar el mundo, conocer a otras personas, socializarse, participar en actividades grupales de acuerdo a sus gustos, tener sexo virtual, entre otras cosas.

Su segundo atractivo más importante es la posibilidad de crear objetos e intercambiar diversidad de productos virtuales a través de un mercado abierto que tiene como moneda local el Linden Dólar ($L).

SL es uno de los varios mundos virtuales inspirados en la novela de ciencia ficciónSnow Crash”, de Neal Stephenson y el movimiento literario “cyberpunk”. Es un mundo creado por sus usuarios en el que la gente puede interactuar, jugar, comunicarse y también hacer negocios, pues la manera en que se realizan negocios con la moneda Linden Dólar (Linden o $L) es abierta y libre a las interacciones del mercado. Esta moneda es intercambiable al mundo real, por lo que muchos residentes de SL se toman este mundo muy en serio convirtiéndolo en su sustento para la vida real.

En ocasiones, SL se ha definido como un juego online, lo que hace a esta definición corta por no tratarse de conquistar mundos, de obtener records, de pasar niveles o de crear estrategias, debido a que en SL no hay ganadores ni perdedores, sino que se puede interactuar con otros residentes o avatars en distintas actividades, entre ellas, juegos, como batallas con armas, partidos de fútbol, sexo, etc

Para marzo de 2008, SL cuenta con aproximadamente unos 13 millones de personas registradas, de las cuales un alto porcentaje están inactivas. La razón más común es que los interesados se registran, bajan el programa, pero el mismo no les permite arrancar, debido a que el software pide estándares en promedio altos para su ejecución. Además, hay que mencionar que muchas personas tienen múltiples cuentas, con el fin de desenvolverse con distintos roles en SL o hacer transacciones dudosas en el mundo virtual. Aun así, en promedio están conectados entre 35 mil a 50 mil personas y en sus picos más altos pueden llegar a estar de 70 mil a 90 mil conectados. Para la última estadística de ingresos en los últimos 60 días, se conectaron 1,292,114 personas.4

La programación de este mundo virtual es abierta y libre. El código de SL permite a los usuarios poder modificar absolutamente cualquier aspecto del mundo virtual, desde el color de los ojos del personaje a su aspecto físico, sus movimientos, sonidos y permite además, construir cualquier cosa en 3D: desde un cubo a una discoteca, un jardín o un campo de batalla o desde una pistola a una flor o unas zapatillas Nike. También permite la creación y manipulación de scripts para poder programar cualquier aspecto del mundo, desde un cañón para lanzar personas (como en el circo) a un sistema de envío de mensajes a móviles en cualquier lugar del mundo. Además de permitir editar todos estos aspectos, la propiedad intelectual de los mismos pertenece al usuario que lo creó, por lo que legalmente puede obtener beneficios económicos ya sea desde la moneda del mundo $L o tramitar sus ganancias a una cuenta corriente o de PayPal para obtener euros (€) o dólares ($).(Wikipedia)

“Nuevos universos, pero la misma gente de siempre: una receta segura para que los peores (y los mejores) rasgos de la Humanidad se extiendan a nuevos ámbitos. Second Life, el universo virtual más interesante de los que están naciendo, cuenta ya con tiendas, periodistas, una comunidad hispana pequeña aunque creciente… y delitos. Porque no todo son días de sol y playa. Claro que tratándose de un lugar no real el delito tiene un tinte filosófico que lo hace especialmente interesante. Si es que es delito.”

Benedicto XVI afirma que el poder, la ambición y el hedonismo son tentaciones del diablo

Durante la tradicional oración dominical del Angelus en la Plaza de San Pedro
Benedicto XVI afirma que el poder, la ambición y el hedonismo son tentaciones del diablo

El papa Benedicto XVI explicó hoy durante la tradicional oración dominical del Angelus en la Plaza de San Pedro que “el poder”, “la necesidad de bienes materiales” y “la ambición” son tentaciones del diablo contra las que el hombre tiene que luchar.

El Papa dedicó su mensaje de hoy al inicio para los católicos de la Cuaresma, un periodo que definió como de “competición espiritual para vivir junto a Jesús” y para “vencer las tentaciones del maligno”.

Citando el Evangelio de Lucas, que narra como Jesús fue tentado por el demonio, Joseph Ratzinger explicó que las tentaciones de Satanás fueron tres: una sobre la necesidad de bienes materiales, cuando le propone transformar las piedras en pan; el engaño del poder, cuando el diablo le ofrece dominar la creación a cambio de un acto de adoración; y la ambición, cuando le invita a cumplir un milagro espectacular.

“También en nuestros días el hombre conoce la tentación del poder, de la ambición y del hedonismo”, añadió el papa alemán.

Ratzinger anunció que como es tradicional en la Cuaresma comenzará hoy, junto a sus colaboradores de la Curia, la semana de ejercicios espirituales. (EFE)

CIUDAD DEL VATICANO (EFE) — la cantidad de los católicos en todo el mundo aumentó un 1,7 por ciento en 2008 y llegó a los 1.166 millones, según los datos recogido en el nuevo Anuario Pontificio, presentado ayer al Papa Benedicto XVI.

En una nota del Vaticano en la que se sintetizan algunos datos del anuario, se explica que comparando estos datos con la evolución de la población mundial en el mismo periodo –que ha pasado de 6.620 a 6.700 millones– los católicos pasaron a representar del 17,33 al 17,40 por ciento.
Según los datos recogidos en las 2.945 circunscripciones eclesiásticas del planeta, el número de obispos en 2008 aumentó un 1,13% pasando de 4.946 a 5.002.
También creció el número de sacerdotes, diocesanos como religiosos, que pasaron de los 408.024 en 2007 a los 409.166 en 2008, de los que el 47,1% está en Europa, el 30% en el continente americano, el 13,2 en Asia, el 8,7 en Africa y el 1,2 en Oceanía.
Los datos del nuevo anuario revelan que el número de religiosas, a pesar de que siguen siendo el grupo católico de mayor peso numérico, desciende progresivamente.
Si en 2000 eran 801.185, en 2008 han descendido un 7,8 por ciento y ahora son 739.067, sobre todo en Europa (-17,6%) y también en América (-12,9%) y Oceanía (-14,9%), mientras que aumenta el número de monjas en Africa (16,4%) y en Asia (16,4%).
Por otra parte, según los datos del Vaticano aumentan levemente las vocaciones, un 1 por ciento, al pasar de los 115.919 candidatos al sacerdocio de 2007 a los 117.024 de 2008.
Las vocaciones crecen sobre todo en Africa (3,6%), en Asia (4,4%) y en Oceanía (6,5%), mientras que disminuyen un 4,3% en el Viejo Continente y permanecen estables en América.
La nueva Provincia, Domingo 21 de febrero de 2010

Disensión natural: La Ética de la biología de la evolucionista. Por Ron Osborn

00:06 15/02/2010,Ojo Adventista
Es probable que alguien que visitara el campo en Nueva Inglaterra y se detuviera a pedir a un nativo que le indicara el modo de llegar a un lugar determinado pudiese recibir la inquietante respuesta: «Forastero, desde aquí no podrá llegar allí». Evidentemente, la dura réplica es una falacia y el viajero extraviado insistiría en que siempre es posible llegar a cualquier parte desde cualquier lugar. Aun así, antes de indicar el camino correcto, el obstinado yanqui declararía solemnemente que para llegar a ese lugar es preciso empezar en algún otro lugar.

En el trabajo que sigue adoptaré el punto de vista de Nueva Inglaterra en referencia a un terreno filosófico particularmente escabroso: el terreno de la biología evolucionista. Mi principal preocupación es el significado de la selección natural para el razonamiento moral y ético y, en este punto, argumentaré, la sabiduría yanqui es de una veracidad abrumadora: No se puede llegar ahí desde aquí; es preciso empezar en algún otro lugar. Para quienes toman la teoría de Darwin como punto de apoyo, mi tesis se puede resumir por la antigua advertencia de los cartógrafos: «¡Cuidado! Más adelante hay dragones».

Quizá el mejor punto de partida que podemos escoger es lo que Darwin dijo en realidad. En líneas generales, en primer lugar comentaré el modo en que las ideas sobre moralidad de Darwin surgieron a partir de su teoría general de la selección natural. El siguiente paso será mostrar cómo esas ideas de Darwin recibieron la influencia de la filosofía ética del utilitarismo e interactuaron con ella. Después discutiré la llamada “falacia naturalista” –la imposibilidad de inferir valores a partir de hechos– y mostraré cómo esta imposibilidad frustró en sus inicios el romance entre el darwinismo y el utilitarismo. En este punto discutiré la ética de Friedrich Nietzsche, cuyo nihilismo, según algunos eruditos insisten en afirmar, no se puede vincular con las teorías de Darwin, mientras que otros creen que son la conclusión lógica de El origen del hombre. A partir de aquí veremos cómo algunos evolucionistas han intentado evitar las implicaciones nihilistas de la selección natural, adoptando una dicotomía hechos-sentido insostenible que no resiste el más mínimo examen. Finalmente, destacaré el cuestionable estatus de la selección natural como ortodoxia intelectual y el irónico manto de heterodoxia que ahora cubre a todos aquellos que persisten en sostener las antiguas tradiciones.

La teoría de Darwin revisitada

La teoría de Charles Darwin sobre la selección natural se inspiró, principalmente, no en sus observaciones del mundo natural, sino en la teoría de la escasez de Thomas Malthus. Según su Ensayo sobre el principio de la población, publicado en 1798, Malthus afirma que, de no ser porque las guerras, las hambrunas y las enfermedades lo limitan, el crecimiento de la población humana se daría en progresión geométrica hasta el agotamiento de los recursos alimentarios.1 Darwin quedó profundamente impresionado por la tenebrosa premonición de Malthus y consideró que tenía una importancia extensible a todos los organismos. En El origen de las especies escribió: «…todos y cada uno de los seres orgánicos puede decirse que están esforzándose hasta el extremo por aumentar en número». Unas líneas más adelante escribiría: «Disminúyase cualquier obstáculo, mitíguese la destrucción, aunque sea poquísimo, y el número de individuos de la especie crecerá casi instantáneamente hasta llegar a cualquier cantidad».2

El sufrimiento, la destrucción y la muerte se convertían, así, en las herramientas de tría que permitían la supervivencia de los organismos más fuertes y mejor adaptados.

En estas circunstancias, Darwin imaginó que cualquier ventaja que un organismo tuviera sobre otro, por ligera que fuera, sería crítica para su éxito, a la vez que burlaría la persecución de sus enemigos. Creía que el mecanismo mediante el cual surgían las adaptaciones competitivas en la naturaleza, eran las mutaciones aleatorias. El azar en estado puro confería ventajas impredecibles en la descendencia de algunos organismos. Los productos de esa fortuna indiscriminada se conservaban a lo largo de generaciones según la salvaje ley del interés propio en la lucha por los escasos recursos. Mediante la acumulación a lo largo del tiempo de nuevas modificaciones, algunas criaturas evolucionaban y se diversificaban, mientras que los organismos que no conseguían mantener el ritmo en la carrera armamentística mutacional eran aplastados hasta la extinción por sus competidores más hábiles o fieros.

El origen del sentido moral, según se sigue lógicamente, fue sencillamente otra adaptación destinada a asegurar la supervivencia humana; su estatus estaba totalmente relacionado con la función que desempeñaba. En El origen del hombre, publicado en 1871, Darwin expuso claramente este hecho y puso de relieve cómo, mediante las presiones selectivas, las emociones, la sociabilidad, la moralidad y la religión surgieron como subproductos de la necesidad biológica.

Según Darwin, los instintos sociales inducen a los animales a prestarse valiosos servicios mutuamente, desde los babuinos que se asean unos a otros hasta los lobos que cazan en manadas. Por norma, cuanto mayor es la colaboración entre los miembros de una comunidad, mayor es su descendencia. Sin embargo, el grado en que las criaturas pueden llegar a comprometerse en tales actos de altruismo viene estrictamente determinado por su capacidad de comunicación efectiva. En el caso de los seres humanos, las formas de cooperación más elaboradas aparecieron como resultado del desarrollo del lenguaje. A medida que los deseos de la comunidad conseguían ser expresados con mayor precisión, creía Darwin, «la opinión común acerca de cómo debe concurrir cada miembro a favor del bien público será naturalmente la norma principal de las acciones».3

Una vez que se hubieron forjado los primeros eslabones de la cadena de cooperación, las sensaciones de placer generadas por el éxito de la cooperación con el grupo, así como por el contrario el sentimiento de tristeza y dolor causado por el ostracismo y el rechazo, reforzaron los instintos sociales. Darwin escribió: «[L]os individuos que perciben mayor placer en estar reunidos pueden escapar mejor a los peligros, mientras que en los que se cuidan menos de sus compañeros y son más amantes de la vida solitaria, la mortalidad es mucho mayor». De ese modo, las empatías grupales son tan fuertes que el mero hecho de ver el sufrimiento de otra persona puede generar sentimientos de sufrimiento en los que presencian el hecho. Darwin afirma que nos vemos «por consiguiente impelidos a aliviar los ajenos sufrimientos, con el fin de aliviar al propio tiempo el sufrimiento de tristeza engendrado por el espectáculo de desgracia.»4 Por lo tanto, el valor, la honradez y la compasión serían, según Darwin, un desarrollo del instinto y un interés propio cuidadosamente enmascarado.

La ética de Darwin

Sin embargo, el vacío de moralidad que resulta no provocó la desesperación de Darwin y sus colegas. Las críticas a la teoría de la selección natural la acusaban de inspirar una ética elitista según la cual “la fuerza da el derecho”. Sin embargo, esto no se aleja más de la verdad que incluir la cooperación y la empatía entre los elementos causantes del éxito biológico de los seres humanos. Así pues, entre los ideales del liberalismo y las leyes de la evolución no existía contradicción alguna. Muchos partidarios de Darwin creían que si de algún modo podía verse su teoría era como la base científica de un neoigualitarismo radical –circunstancia que no pasó desapercibida para Karl Marx, quien dedicó la edición inglesa de Das Kapital a Charles Darwin, aunque este declinara el honor–.5

Los puntos de vista políticos y éticos de Darwin eran a la vez pragmáticos y optimistas y estaban influidos en gran medida por la filosofía de John Stuart Mill. Ocho años antes de la edición de El origen del hombre, Mill publicó El utilitarismo, su famoso argumento a favor de una ética universal basada en cálculos sobre el bien común. Mill escribió: «El credo que acepta la Utilidad o Principio de la Mayor Felicidad como fundamento de la moral, sostiene que las acciones son justas en la proporción con que tienden a promover la felicidad; e injustas en cuanto tienden a producir lo contrario de la felicidad».6 Ello no significaba que los individuos fuesen libres de satisfacer sus deseos personales con completa despreocupación por los otros miembros de la sociedad, porque la máxima felicidad, por definición, incluía el placer y el dolor de todos los seres humanos e incluso de «toda la creación consciente». Por lo tanto, todo el campo de la investigación ética quedó reducido a una única pregunta: ¿Cuál es la acción que incrementa en mayor grado tanto la cantidad como la calidad de la felicidad total de la raza humana?

Ese tipo de cálculos dejaba claramente abierta la puerta a los actos de heroísmo y abnegación; si bien tales acciones solo se consideraban virtuosas en el caso de que contribuyeran al éxito del grupo. En palabras de Mill, «la moral utilitarista reconoce al ser humano el poder de sacrificar su propio bien por el bien de los otros. Solo rehúsa admitir que el sacrificio sea un bien por sí mismo. Un sacrificio que no aumenta ni tiende a aumentar la suma total de la felicidad, lo considera desperdiciado».7

En términos darwinistas, la “felicidad” es un estado químico o psicológico que la naturaleza ha seleccionado para reforzar un comportamiento biológico de éxito (Robert Wright dice que «las emociones no son otra cosa que los ejecutores de la evolución»).8 La transición de la declaración de hechos sobre la «cantidad total de descendencia» de Darwin al juicio de valor sobre la «suma total de felicidad» de Mill, por lo tanto, se produciría prácticamente sin fisuras. Darwin escribió que, después de la formación de los instintos sociales, «el principio de la mayor felicidad debió convertirse en guía y fin secundario de la mayor importancia».9Esto implica que la moral utilitarista es la única moral válida bajo las leyes de la evolución.

En la Inglaterra de mediados del siglo XIX, la ética utilitarista estaba estrechamente vinculada a la doctrina del progreso. Mill creía que la aplicación amplia de esta filosofía a la sociedad, llevada a cabo mediante presión política y legal, conduciría a la total eliminación de la infelicidad. Mill escribió:

«Los mayores males del mundo son de suyo evitables, y si los asuntos humanos siguen mejorando, quedarán en cerrados al final dentro de estrechos límites. En cuanto a las vicisitudes de la fortuna y demás contrariedades inherentes a las circunstancias del mundo, son principalmente el efecto de dos graves imprudencias: el desarreglo de los deseos y las condiciones sociales malas e imperfectas».10

Por lo tanto, la solución al problema del sufrimiento humano reside en la consecución de estructuras políticas y legales guiadas por la razón. Nada hay inherente en la condición humana que niegue la perfectibilidad extrema de la humanidad.

Para Darwin, la selección natural no se basaba en un destino o propósito determinado. Aun así, predijo, la trayectoria de la evolución llevaría a un orden mundial utópico basado en los mismos principios utilitaristas adoptados por Mill. Escribe:

«A medida que el hombre avanza por la senda de la civilización, y que las tribus pequeñas se reúnen para formar comunidades más numerosas, la simple razón dicta a cada individuo que debe hacer extensivos sus instintos sociales y su simpatía a todos los que componen la misma nación, aunque personalmente no le sean conocidos. Una vez que se llegue a este punto, existe ya solo una barrera artificial que impida a su simpatía extenderse a todos los hombres de todas las naciones y de todas las razas. […] Nuestras simpatías, al hacerse más delicadas y extenderse por mayor esfera, alcanzan, por último, a todos los seres sensibles».11

De este modo, el grado de moralidad transmitido por herencia aumentaría continuamente hasta que los seres humanos llegaran a rechazar «costumbres funestas y vanas supersticiones»; y se tratarían mutuamente de acuerdo con la regla de oro de Cristo, más por causas naturales que por razones espirituales. La prolongada oposición de Darwin a la esclavitud es quizá la mejor ilustración del espíritu humanístico que acabaría por caracterizar la sociedad. Con su declaración no hacía más que apresurar lo inevitable.

Los historiadores de la ciencia discuten frecuentemente la teoría de los orígenes de Darwin como un desafío al relato de la creación del Génesis. Sin embargo, la consideración que se otorga al darwinismo como profecía, como el nuevo Apocalipsis, es, de largo, mucho menor. No obstante, en la economía de la fe la evolución funcionaba no como una conjetura científica sobre el pasado, sino como una reformulación secular de la escatología cristiana tradicional. La naturaleza, «de diente y garra ensangrentada» según las famosas palabras de Alfred Lord Tennyson, al final vendría a redimir a la humanidad con sus actos más íntimos. «Mirando a las generaciones futuras, «no hay motivos para temer que los instintos sociales se debiliten, y podemos esperar que los hábitos de la virtud se robustecerán más y se convertirán quizás en fijos por medio de la herencia. –decía Darwin– En este caso, la lucha entre nuestros impulsos superiores e infe-
riores será menos fuerte y la virtud triunfará».12

La unión

La causa de todos los males de este sueño utópico reside en una única palabra: ‘deber’. A simple vista, la transición desde la declaración de hechos de Darwin al juicio de valor de Mill parece sin fisuras. Solo aparentemente, porque una observación más detenida revela una falacia fatal en el argumento: en un universo puramente darwiniano es imposible hacer juicios de valor. Jamás. Todas las apelaciones a la belleza, al honor, a la justicia, a la compasión o al propósito quedan excluidas por la propia hipótesis, porque no hay ningún modelo por el cual un comportamiento
pueda ser juzgado positiva o negativamente.

A este respecto, los preceptos éticos carecen de significado intrínseco o influencia en la conducta humana, son simples hechos adicionales de la selección natural que deben ser catalogados junto con los espolones fuertes o los dientes afilados. Si algo parece bueno o malo en sí mismo solo es debido a que, por lo general, lo que parece correcto favorece a los seres humanos en su lucha por la supervivencia. Si un rasgo moral dejase de cumplir su función biológica, la moralidad simplemente «evolucionaría» –un eufemismo para decir que las éticas caducas están abocadas a la extinción–. Como alternativa, los individuos pueden conservar un código de conducta moral estéril desde el punto de vista adaptativo, pero se trataría de una mera reliquia de sus ancestros biológicos –un apéndice del alma–.

En su tratado clásico sobre la educación liberal, The Abolition of Man, C. S. Lewis expuso la futilidad de cualquier sistema ético basado en estas premisas. Según dicen los evolucionistas, los valores son máscaras del interés propio y la necesidad biológica. Por lo tanto, nos es preciso aprender a evaluar de manera crítica todas las pretensiones de bondad valiéndonos de la lente de la razón. Sin embargo, Lewis pregunta: ¿Qué sucede con los valores de nuestros educadores? «Su escepticismo al respecto de los valores es superficial y lo ejercen con respecto a los valores de las otras personas. Pero por lo que a su escala de valores se refiere, apenas sí se muestran escépticos».13 Considérense los gemidos de indignación que emitirían los científicos que escriben sobre la soberbia de todo el comportamiento humano si alguien sugiriera que su propia profesión se basa en las normas del limitado interés propio que no tienen nada que ver con la razón. Considérese, sino, la ética utilitarista que tan a menudo invocan los científicos.

Los sociobiólogos declaran que el valor “real” de una conducta aparentemente virtuosa reside en la utilidad de dicha conducta para la comunidad. Un bombero que valientemente se sacrifica para salvar a otros es loado por haber servido al bien común. Decir que la muerte de un individuo servirá al bien de la comunidad, no obstante, es decir, meramente, que la muerte de unas personas es útil para otras. Así las cosas, ¿cuáles son las condiciones que determinan que un individuo deba morir por otros? El rechazo del propio sacrificio no es, sin lugar a dudas, menos racional que el consentimiento.

En sentido estricto, Lewis indicaba que ninguna elección puede ser calificada, en absoluto, de racional o irracional. «Únicamente desde las proposiciones sobre los hechos no se pueden extraer conclusiones prácticas. El conservará la sociedadno puede conducir al hazlo excepto en el caso de que medie el la sociedad debe ser conservada».14 Pero sin la reinstauración de los ideales trascendentes eliminados por la selección natural, ¿de dónde surge la idea de que se debe conservar la sociedad?

La ética darwinista no puede apelar a la bondad intrínseca de la sociedad –ni tan siquiera de la vida– porque entonces virtudes como la justicia y la compasión también serían susceptibles de ser consideradas buenas en ellas mismas, con independencia de su utilidad. El materialismo filosófico –ese portero huraño de la fiesta de la investigación científica– debe impedir el paso a todos los debe que no lleven su tarjeta de presentación.

Al fin y al cabo, nos hemos quedado con una concepción de la moralidad basada no en la razón, sino en el mero hecho de los instintos. Los seres humanos se sacrifican por el bien de la especie, no por algún propósito último, sino por obediencia a sus naturales pasiones. Si podemos exagerar tales pasiones en un grupo determinado mediante la ficción de unos valores, será mucho mejor para el resto. Mientras tanto, para aquellos de nosotros que “sabemos” todos los antiguos tabúes acaban por caer. Puesto que carece de sentido, podremos evitarlo si encontramos a otros que puedan correr con la tarea. Puesto que es instintivo, podemos satisfacer el deseo sexual siempre que no ponga en peligro la especie. Aunque sea útil y práctica, podremos obviar la vida del individuo, o incluso desecharla, siempre que no sirva a los intereses del grupo.

Darwin lo entendió perfectamente. Apesar de que no era inmune al espíritu utópico de su época, también vio que su teoría, de hecho, no dejaba espacio para ningún tipo de moralidad. Solo podía describir las conductas generadas por los instintos o los deseos súbitos. En El origen del hombre escribió: «La imperiosa palabra deber parece que meramente implica la conciencia de la existencia de una regla de conducta, sea cual fuere el origen de donde se derive».15 Con antelación, en El origen de las especies, había elogiado a la reina de las abejas por su «odio instintivo salvaje» hacia sus descendientes fértiles.16 Ahora admitía de forma implícita que no existía ninguna diferencia esencial entre la moral de las abejas y la moral de los seres humanos:

«Así, para usar un ejemplo extremo, si se reprodujeran los hombres precisamente en las mismas condiciones que las abejas, no cabe la menor duda que las abejas trabajadoras, las hembras no casadas, tendrían por deber sagrado matar a sus hermanos, y que las madres procurarían destruir a sus hijas fecundas, sin que nadie pensase en intervenir».17

Al fin y al cabo, las interferencias no harían otra cosa que dificultar la felicidad total de la colmena.

Así, los evolucionistas, al igual que el Gran Inquisidor de Dostoyevski, han tomado sobre sí el pesado yugo de la verdad por mor de la mayor felicidad. Sabedor de que los hechos de la selección natural podrían llegar a erosionar cualquier base para la moral, el preeminente filósofo evolucionista Daniel Dennett sugiere que podríamos llegar a tener que abandonar el ideal de la “sociedad transparente”, las elites deberían permitirque la comunidad entienda mal qué se dice en realidad.18 En uno de sus cuadernos de notas, Darwin expresó un punto de vista similar:

«[La selección natural] no causará ningún perjuicio porque nadie llegará a estar completamente convencido de su veracidad, excepto el hombre que haya reflexionado mucho. Este sabrá que su felicidad reside en hacer el bien y ser perfecto; por lo que no caerá en la tentación, ya que sabe que, haga lo que haga, no es responsable del daño que pueda causar».19

Robert Wright, en The Moral Animal, interpreta que bien pudiera ser que lo que es bueno para un caballero inglés sea dañino para las masas impresionables. Wright continúa declarando de manera desconcertante que el nihilismo es la ética moral dominante en muchos departamentos de filosofía universitarios y que el responsable directo de ello es Darwin.20 Todas las implicaciones filosóficas de la evolución, afirma, han sido un secreto guardado por los científicos durante mucho tiempo. ¿Deberemos estarles agradecidos por haber guardado silencio por mor de la mayoría? La felicidad total, parece ser, requiere el subterfugio intelectual.

De la razón al nihilismo

¿Qué sucede con los que deciden no participar de la felicidad? Aunque Darwin mismo creía que el utilitarismo era la consecuencia lógica de la selección natural, Mill es tan solo un santo patrón más en el panteón de la filosofía evolucionista. Podemos encontrar otra poderosa visión de la moralidad sobre los conceptos evolucionistas en los escritos de Friedrich Nietzsche.

En su obra capital, Más allá del bien y del mal, Nietzsche declaró que el problema de todas las explicaciones previas de la moralidad residía en que consideraban la moralidad misma como un hecho establecido. Aún, lo que la sociedad percibía como malo originalmente era reconocido como bueno. Lo que la ética tradicional –corrompida por las enseñanzas judeocristianas– condenaba como un vicio eran simples atavismos intemporales de ideales antiguos. En el período premoral (que la mente de Nietzsche asociaba vagamente a la Grecia presocrática) el valor de una acción no venía determinado por los motivos del actor, sino por sus consecuencias. El uso de la fuerza, el engaño y la brutalidad no está cargado con ningún estigma, sino que es una mera expresión de la vitalidad humana. De este modo, la «voluntad fuerte» se valió del dominio de la «voluntad débil» para su propia conservación, mientras que todas las energías efectivas eran «voluntad de poderío».

El período moral marcó una inversión del estado de cosas ya que las acciones pasaron a ser juzgadas por los motivos subyacentes más que por sus resultados. Nietzsche atribuye este reajuste de la psicología humana a la religión, en particular al cristianismo. Escribiría: «“Dios en la cruz”. Nunca ni en ningún lugar había existido hasta ese momento una audacia igual en dar la vuelta a las cosas, nunca ni en ningún lugar se había dado algo tan terrible, interrogativo y problemático como esa fórmula, ella prometía una reevaluación de todos los valores antiguos».21

Ante todo, el cristianismo afirma que todos los individuos son iguales y se pone del lado de los sufrientes. Nietzsche pensaba que esta noción –a la que dio el nombre de «moral de esclavos»– era espantosamente insulsa. Escribió: «Hay en el ser humano, como en toda otra especie animal, un excedente de tarados, enfermos, degenerados, decrépitos, dolientes por necesidad». Al tomar partido por los débiles, el cristianismo causó el «empeoramiento de la raza europea […] hasta que acabó formándose una especie empequeñecida, casi ridícula, un animal de rebaño, un ser dócil, enfermizo y mediocre».22

En oposición a la moral de esclavos del cristianismo, que él consideraba emasculada, Nietzsche proponía una ética del «espíritu libre» en la que la élite noble emprendía un camino de concreción de sus propios proyectos de creación de valores y autocontrol. El modelo nietzscheano requería la «dureza del martillo»23 y el rechazo de la piedad por los otros, por considerarla mórbida y contraria a la virilidad:

«Nosotros opinamos que dureza, violencia, esclavitud, peligro en la calle y en los corazones, ocultación, estoicismo, arte de tentador y diablerías de toda especie, que todo lo malvado, terrible, tiránico, todo lo que de animal rapaz y de serpiente hay en el hombre sirve a la elevación de la especie “hombre” tanto como su contrario».24

Los apologetas de Nietzsche sugieren que su filosofía ha sido objeto de malentendidos y distorsiones. Sin duda alguna. Aun así, los defensores de Nietzsche pasan por alto demasiadas cosas: afirmar que sus ideas no fueron perjudiciales es una traición a la realidad histórica.25
Sugerir que la ética de Nietzsche no se apoya en Darwin es igualmente capcioso. Nietzsche pudo haber leído a Darwin y únicamente se mostró condescendiente con el ingenuo darwinismo social que dominaba en su época. El hecho de que la selección natural permitiera que los débiles, cuando se unen en rebaño y actúan colectivamente, sean capaces de vencer al más poderoso le causaba rechazo. Además, se sentía contrariado por las críticas veladas de una teoría que consideraba que era una amenaza para su propio proyecto de crear una nueva “ciencia” del espíritu libre. Nietzsche plasmó de manera implícita estas significativas diferencias de visión en su diatriba “antidarwinista” Der Wille zur Macht(La voluntad de poder).26
Además, el filósofo Hans Jonas destaca que la conexión del nihilismo de Nietzsche con el impacto del darwinismo es demostrable. «La voluntad de poder parecía la única alternativa que quedaba si la esencia original del hombre se evaporaba en la transitoriedad y el capricho del proceso evolutivo.»27 Era, precisamente, la incapacidad de los optimistas caballeros británicos como Spencer y Huxley, para ver que Nietzsche se burlaba de la vieja moral que había muerto realmente y había desaparecido, no de la noción de moral de Darwin que surgía de las múltiples oportunidades y la lucha por la escasez de medios.
Nietzsche protestaba por las «ideas modernas y plebeyas» e insistía en que la voluntad de poder no se podía explicar en términos materiales.28 Por otra parte, su genealogía de la moral se sustentaba sobre dos ideas, ambas validadas científicamente por la teoría de la selección
natural. En primer lugar, toda existencia debe ser entendida en términos de una lucha constante; en segundo lugar, el mundo natural no tiene significado inherente alguno. Dennett escribe: «Si Nietzsche es el padre del existencialismo, quizá Darwin merezca el título de abuelo».29 Sin la visión del mundo de Darwin, Nietzsche apenas habría gozado de crédito intelectual.

Dennett sigue declarando que la selección natural es el «ácido universal». Corroe radicalmente y acaba por destruir cualquier concepto o creencia tradicional que encuentra a su paso, ya sea que verse sobre cosmología, psicología, cultura humana, religión, política o ética. La selección natural nos pone, de hecho, «más allá del bien y del mal», o así insisten muchos de los intérpretes y defensores de Darwin más ampliamente leídos.

El Dios de Gould

Al final, es posible que descubramos que somos capaces de ordenar nuestra vida a pesar –y no a causa– de lo que creemos que es cierto: que la moral es el mayor engaño de la naturaleza. Los evolucionistas son padres amorosos y ciudadanos de orden. El mismo Darwin fue una de las figuras más decentes y humanas de su época. Pero que da por ver si las reservas morales del instinto humano son más fuertes que el nuevo relativismo de valores. Una visión pesimista es que la cultura occidental, impregnada de indiferencia filosófica y científica por el bien y el mal, está consumiendo rápidamente su herencia de valores, el capital espiritual de su herencia judeocristiana.

Resulta irónico que esta última premonición ya no sea meramente material de trabajo para los teólogos. El objetivo declarado de los sociobiólogos es demostrar que todos nuestros ideales más elevados están basados en impulsos puramente pragmáticos destinados a la autoconservación genética. Aun así, algunos científicos son incapaces o no están dispuestos a rectificar y admitir que la vieja moral es cierta. El paleontólogo Stephen Jay Gould es uno de ellos.
Consciente de la imposibilidad de derivar valores a partir de hechos, ha intentado articular una nueva relación entre la ciencia darwinista y las creencias religiosas. Pregunta si acaso no hay manera de que la selección natural y la religión se puedan definir en términos mutuamente respetuosos y beneficiosos.

Gould propone lo que viene en llamar el “principio de magisterios no solapables” o NOMA[del inglés Non Overlapping Magisteria (N. del T.)]. Según este principio, tampoco es una solución limitarse a poner un mojón en la frontera que separa las ciencias biológicas y sociales –al estilo de “está usted entrando en terreno prohibido”– como Gould y otros acostumbran a hacer. Darwin, así lo hemos visto, fue el primero en extender la lógica de su teoría a cuestiones relacionadas con la religión y la moral. No negamos que se hubiera mostrado más reticente que muchos de los evolucionistas contemporáneos suyos; aunque la necesidad y las consecuencias filosóficas no fueron menores. Según declara Mary Midgley, «la teoría de la evolución no es un fragmento inerte de la ciencia teórica; también es, y esto de manera inevitable, una poderosa leyenda sobre los orígenes humanos.» De aquí se deduce que los científicos que «reclaman un cordón sanitario» que mantenga separados los hechos de los valores, los asuntos científicos de los humanos, estén reclamando algo que es «imposible tanto desde el punto de vista psicológico como lógico».31

Aun así, la apertura de Gould a la religión no es una mera disimulación. La lobotomía evolucionista del alma es la muerte de la bondad. Es más, el traicionero beso del materialismo anuncia la muerte de la razón. Si en nada hay un valor, el pensamiento carece de valor. Según Darwin, observa Jonas, tanto la comprensión clásica del hombre como homo animal rationale y la visión bíblica de la humanidad como una creación a la imagen de Dios están bloqueadas. Así pues, la razón queda limitada a ser uno más entre los medios destinados a la supervivencia del individuo:

«Como una mera habilidad formal, una extensión del ingenio animal, no establece directrices, sino que las sigue, y no es un modelo en sí misma, sino que es medida con modelos externos a su jurisdicción. Si existe una “vida de la razón” para el hombre (distinta del mero uso de la razón), solo se puede escoger la no-racionalidad, puesto que todos los fines se escogen no-racionalmente (caso de ser posible su elección). Por lo tanto, la razón carece de jurisdicción aun sobre su propia elección como algo más que un medio. Pero el uso de la razón como un medio es compatible con cualquier fin, independientemente de su irracionalidad. Esta es la implicación nihilista de la pérdida del “ser” del hombre que trasciende el flujo de progreso.»32

Ningún científico puede tolerar por mucho tiempo que se repudie la mente de este modo, por lo que, de alguna manera, los antiguos valores deben regresar subrepticiamente valiéndose de una puerta falsa. Gould se decanta por la puerta falsa de los sentimientos personales y escribe sobre la riqueza del Réquiem de Berlioz y la bondad del béisbol. El emotivo poder de la música y el juego, sugiere, nos basta para sostenernos en nuestro deambular por el desierto factual. Para que no insistamos en la necesidad de una lógica más rigurosa nos desorienta con el uso de una jerga difícil de entender («La ciencia y la religión se interdigitan según modelos de compleja digita-
ción en todos los grados fractales de autosimilitud»).33
Wright, sin embargo, intenta reclamar la moral tradicional mediante su parecido con la razón, diciendo que Cristo y Buda fueron los mayores gurús de la autoayuda. Pero esta búsqueda de la antigua sabiduría es fútil. Los evolucionistas han cortado de raíz la rama de la que se habían colgado. Lewis predijo las contorsiones que la educación debería llegar a hacer para acomodarse al molde materialista.

«Con una especie de horrenda estupidez, eliminamos el órgano y exigimos su función. Formamos hombres sin aliento y esperamos que sean virtuosos y emprendedores; nos burlamos del honor y nos sorprende que en nuestro medio haya traidores; castramos al semental y luego le exigimos
descendencia.»34

Vieja y nueva ortodoxia

¿Qué diremos de las pruebas? Muchos insisten que aquí está el meollo de la cuestión. Quizá nos disgusten las implicaciones filosóficas de la selección natural, pero, con todo, debemos responder por los datos factuales de manera intelectualmente honrada. Así las cosas, ¿qué alternativas nos quedan? Para muchos científicos y educadores no hay otra. La honradez intelectual fuerza la aprobación de la evolución según las directrices de Darwin puesto que las explicaciones materialistas son, por definición, las únicas racionales. Se nos dice que la selección natural quedó validada por individuos que perseguían metódicamente una vía empírica irrefutable. Por lo tanto, la veracidad del darwinismo es evidente en sí misma para cualquiera que haya peregrinado al museo adecuado para contemplar los huesos sagrados.

Por desgracia, este relato del éxito de Darwin, por más que se crea sinceramente o se haya esparcido ampliamente, se basa en una idea capciosa, en concreto, que el materialismo es un sistema de valores neutros para la interpretación de los datos factuales. El examen de los desafíos científicos que se presentan a la selección natural escapa al ámbito de este artículo (y a las capacidades del autor). Aun así, no es preciso ser un experto para detectar cierta palidez enfermiza, un resplandor extraño e insano, en declaraciones como la que el biólogo de Harvard Richard Lewontin expresa sobre la relación que existe entre las pruebas empíricas y la teoría de Darwin: «Nuestra disposición a aceptar las afirmaciones científicas que son contrarias al sentido común es la clave para entender la lucha real entre la ciencia y lo sobrenatural». Y continúa:

«Tomamos partido por la ciencia a pesar de la absurdidad patente de algunas de sus deducciones, a pesar de su fracaso en el cumplimiento de muchas de sus extravagantes promesas de salud y vida, a pesar deque la comunidad científica tolere historias infundadas, porque tenemos un compromiso previo con el materialismo. No es que los métodos y las instituciones de la ciencia nos fuercen de algún modo a aceptar una explicación material del mundo de los fenómenos, sino que, al contrario, nuestra adscripción previa a las causas materiales nos empuja a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que generen explicaciones materiales, por más que sean contrarias a la intuición, por más que desorienten a los no iniciados. Además, el materialismo es absoluto porque no podemos permitir que Dios cruce la puerta».35

La inferencia no puede ser más clara. Cuando los evolucionistas nos dicen que aceptemos alguna «historia infundada», a pesar de todas las razones que la contradicen, las pruebas y el sentido común, es claro que ya no están interesados principalmente en descubrir la verdad.

Su mayor objetivo es inculcar a los «no iniciados» el arcano de una ortodoxia religiosa muy específica.36 La palabra que define tal práctica religiosa es ‘fundamentalismo’.

Tomemos, pues, las pruebas empíricas reales en su justo valor. Los homínidos de aspecto humanoide, con un cerebro de escaso volumen existieron, en apariencia, durante tres millones de años. Entonces, ¿cómo se relaciona este hecho con el mecanismo de la selección natural de Darwin, el único que actualmente se admite en el discurso científico? ¿Cuáles son las dimensiones éticas de la teoría de Darwin según se relaciona con el desarrollo humano? ¿Cómo debemos entender la persistente conexión entre el darwinismo y el nihilismo en el campo de la filosofía? ¿Cuáles son las implicaciones sociales y políticas de ver el mundo a través de los ojos de Darwin, a través de la lente del materialismo filosófico? Las representaciones de los libros de texto del “hecho” de la selección natural han sido menos que las predicciones de que tal problema exista. El punto crucial del dilema es, según parece, que o los evolucionistas niegan el hecho de la moral o abandonan el materialismo como el paradigma que explica la naturaleza y los orígenes de la humanidad y muchas otras cuestiones colaterales. Muchos no están dispuestos a tomar una decisión tan valiente y, en su lugar, se limitan a no afrontar los problemas. Con todo, los problemas, como la abundancia de fósiles en la columna geológica, subsisten.

Permítaseme una última palabra sobre el Génesis y el pensamiento mitológico. A lo largo de este artículo he argumentado que la teoría darwinista es un callejón sin salida altamente corrosivo, pero no he dicho casi nada al respecto de cualquier otra vía alternativa o sobre mis propias creencias sobre los orígenes humanos. De hecho, puede haber numerosas respuestas alternativas dignas de ser exploradas, desde la teoría de la ley natural cristiana hasta la metafísica aristotélica. Estoy abierto a cualquier visión que se pueda extraer de todas ellas. Tampoco dudo que el mismo darwinismo puede enseñarnos alguna verdad; la selección podría explicar perfectamente la mayoría de la diversidad biológica. Un no-materialista, indicó G. K. Chesterton, puede admitir sin problemas una gran cantidad de desarrollo natural de acuerdo con las leyes físicas en su visión del mundo –solo el materialista puritano es incapaz de permitir que una mota de sobrenaturalidad manche su máquina impoluta–.

Sin embargo, mi propia herencia y mis estudios me han conducido a una posición que, probablemente, se pueda describir como “creacionista”. Uso la palabra con deliberación, aun a pesar de su desprestigiado pedigrí, no porque yo suscriba el literalismo encorsetado en la lectura de la Biblia, sino porque no puedo encontrar progreso alguno en la dicotomía hechos-sentido presentada por Gould y adoptada por los llamados teólogos del “proceso” tales como Reinhold Niebuhr (de cuya teología Stanley Hauerwas, con un efecto agradable pero devastador en sus últimas consecuencias, remonta los orígenes a Darwin pasando por William James).37 O la historia de la creación bíblica, en contraste con otros mitos de la creación, describe los contornos de un acontecimiento real o es una metáfora falsa, pura palabrería vacía. La historia, lo que ha sucedido en el continuo espacio-tiempo, tiene su importancia. Y tiene importancia no por nuestros pensamientos, sino por nuestros sentimientos, nuestras relaciones, nuestros valores y nuestras acciones.

La posición que defiendo está próxima, creo, a la de J. R. R. Tolkien, un escritor que entendió a la perfección el mito y la metáfora, y desaprobó el dogma del cientificismo como una Verdad descalificada. En una carta a su hijo Christopher escribió:

«Creo que la mayoría de los cristianos, excepto los más inocentes y faltos de educación o aquellos que han sido objeto de algún otro tipo de protección, se han visto mareados hace ya algunas generaciones por los que se erigen a sí mismos como científicos y han arrojado al Génesis dentro del desván de su cerebro como si se tratara de un mueble anticuado, cuya presencia en la casa resulta un tanto vergonzante cuando acuden visitas jóvenes e inteligentes. Me refiero incluso a aquellos que ni siquiera venden nada de segunda mano o lo queman tan pronto como el gusto empieza a burlarse de ellos. […] Por consiguiente, como tú dices, han olvidado (y me cuento entre ellos) la belleza del asunto aun “como una historia”.»38

Tolkien concluye que quizá la edad de la tierra y el preciso orden y la naturaleza de la creación no queden claros en los dos relatos de la creación del Génesis, pero el huerto del Edén y nuestro exilio solo tienen sentido en la medida en que los aceptemos como hechos históricos.

Fuente: SpectrumMagazine.com
Autor: Ron Osborn
Traducción: Daniel Bosch Queralt – Andrews University Seminary Studies – Ed. esp. Vol. 1, núm. 1 (2008): 271-296
Referencias: 1 Ver HEILBRONER R. The Worldly Philosopher: The Lives and Ideas of the Great Economic Thinkers. 7ª ed. New York: Touchstone Books, 1999, pp. 75-105.
2 DARWIN, C. El origen de las especies. A. Zulueta (trad.). Madrid: Alianza, 2003, pp. 122-123. [Consulta: 15 enero 2007]
3 DARWIN, C. El origen del hombre. Madrid: Edaf, 1989, 5ª edición junio 2001, p. 102.
4 Ibíd., p. 108. La cursiva es nuestra.
5 Ver BURROW, J. W. «Prólogo» de DARWIN, C. The Origin of Species.
6 MILL, J. S. On Liberty and Utilitarianism. New York: Bantam, 1993, pp. 144, 150. (El utilitarismo. [En línea]. [Consulta: 15 enero 2007].}
7 Ibíd.
8 WRIGHT, R. The Moral Animal. New York: Vintage (1994), p. 88.
9 DARWIN, C. El origen del hombre, p. 122.
10 MILL, J. S. Utilitarianism, pp. 153-154.
11 DARWIN, C. El origen del hombre, p. 124.
12 Ibíd., pp. 126-127.
13 LEWIS, C. S. The Abolition of Man. New York: Macmillan, 1955, p. 41. Soy consciente de que Lewis no es un literalista bíblico. Aun así, sus contundentes declaraciones al respecto de la idea de la evolución orgánica no debilitan su crítica a lo que varios han llamado “la ortodoxia darwinista”, “la visión científica” o “el naturalismo moderno”. En su ensayo titulado «Is Theology Poetry?» escribió: «Estoy convencido de que al cambiar el punto de vista científico por el teológico he pasado del sueño a la vigilia. La teología cristiana puede ser adecuada para la ciencia, el arte, la moral y las religiones subcristianas. El punto de vista científico no puede adecuarse a ninguno de ellos, ni siquiera a la ciencia misma». Ver LEWIS, C. S. «Is Theology Poetry?». En: They Asked for a Paper. London: Geoffrey Bles, 1962, p. 211.
14 LEWIS, C. S. The Abolition of Man, p. 41. Énfasis en el original.
15 DARWIN, C. El origen del hombre, p. 118. Énfasis en el original.
16 DARWIN, C. El origen de las especies, p. 279.
17 DARWIN, C. El origen del hombre, p. 102.
18 DENNET, D. C. Darwin’s Dangerous Idea: Evolution and the Meanings
of Life. New York: Simon and Schuster, 1995, p. 509.
19 DARWIN, C., citado en WRIGHT, R. The Moral Animal, p. 350.
20 Ibíd., p. 328. Debemos notar que el propósito de Wright no es criticar, sino defender la visión de Darwin y rescatar la sociobilogía de su exilio en los páramos del discurso académico siguiendo las catástrofes gemelas de eugenesias raciales americana y nazi.
21 NIETZSCHE, F. Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza, 1972, p. 73.
22 Ibíd., pp. 88-90.
23 NIETZSCHE, F. The Portable Nietzsche. Walter Kaufmann, W. (trad.).
New York: Viking, 1954, p. 563.
24 NIETZSCHE, F. Más allá del bien y del mal, p. 69.
25 Ver, p. ej., GLOVER, J. Humanity: AMoral History of the Twentieth Century. New Haven (Connecticut): Yale University, 1999, pp. 11-44.
26 MOORE, J. «Nietzsche’s Anti-Darwin», un estudio presentado en la 11ª Asamblea Anual de la Friedrich Nietzsche Society, Emmanuel College, el 8 de septiembre de 2001.
27 JONAS, H. The Phenomenon of Life. Evanston (Illinois): Northwestern University, 1966, p. 47.
28 NIETZSCHE, F. Der Wille zur Macht, citado en MOORE, J. «Nietzsche’s Anti-Darwin».
29 DENNET, D. C. Darwin’s Dangerous Idea, p. 62.
30 GOULD, S. J. Rocks of Ages: Science and Religion in the Fullness of Life. New York: Ballantine, 1999, pp. 4, 6, 9-10.
31 MIDGLEY, M. Evolution as Religion: Strange Hopes and Stranger Fears. London: Routledge, 1992, p. 1, 15-21. No cabe duda de que, en algún sentido, es posible hablar de algunas materias científicas y religiosas
en las que los respectivos campos de actuación se mantienen en el ámbito de «esferas no solapadas». Aun así, la postura de Midgley es consistente. Solo podemos valorar las cosas en el marco de un contexto factual que haga posible la inteligibilidad de nuestra valoración, mientras que solo es posible entender y ordenar los hechos físicos en un marco de valores y creencias. Por tanto, ni los hechos ni los valores pueden ser concebidos como separados radicalmente. Además, la teoría de la evolución según la selección natural, en sí misma, no es un amasijo desordenado de hechos. Es una conjetura histórica mediante la cual los datos factuales se conectan, se ordenan y se valoran. En otras palabras, es una visión del mundo generada desde el lado de la ecuación en que se encuentran “los valores y el sentido”. El NOMAde Gould dice que todos nuestros problemas desaparecerán cuando aprendamos a considerar más de una visión del mundo a la vez. Por desgracia, este remedio no es más que un pobre placebo cuando la cuestión se centra en el conflicto entre las visiones materialistas y no materialistas.
32 JONAS, H. The Phenomenon of Life, p. 47.
33 GOULD, S. J. Rocks of Ages, p. 65.
34 LEWIS, C. S. The Abolition of Man, p. 35.
35 LEWONTIN, R., citado en BUDZISZEWSKI, J. The Revenge of Conscience. Dallas: Spence, 1999, p. 6.
36 En MIDGLEY, M. Evolution as Religion…, p. 33, leemos el comentario no poco vivaz: «La evolución es el mito de la creación de nuestra época».
37 HAUERWAS, S. With the Grain of the Universe: The Church’s Witness and Natural Theology: Being the Gifford Lectures Delivered at the University of St. Andrews in 2001. Grand Rapids (Michigan): Brazos,
2001, pp. 49, 61, 77-78.
38 TOLKIEN, J. R. R. The Letters of J. R. R. Tolkien. Boston: Houghton Mifflin, 1981, p. 109.

La explicación darwinista de la moral y la ética queda incompleta

La explicación darwinista de la moral y la ética queda incompleta

La revista mexicana Ludus Vitalis aborda de forma interdisciplinar esta revolución científica interminable

Una de las cuestiones más debatidas en la obra de Darwin es la peligrosa extrapolación de sus ideas a las ciencias sociales. Para Darwin, ¿puede fundamentarse en la Selección Natural la aparición de comportamientos morales? ¿Explica la biología el amor y el altruismo? Un conjunto de artículos publicados en un número monográfico sobre Charles Darwin de la revista mexicana Ludus Vitalis (volumen XVII, número 32 de 2009) aborda de forma interdisciplinar estas cuestiones. Este número monográfico de la revista está en la red y puede ser consultado completo por los interesados. Los editores han logrado reunir las opiniones de destacados especialistas, tanto desde el campo de las ciencias de la naturaleza como desde las ciencias sociales. Por Leandro Sequeiros.

La revista mexicana Ludus Vitalis nació con el objetivo de convertirse en un lugar profesional de reunión y diálogo de reflexiones teóricas acerca de las ciencias de la vida. Ese propósito lleva a ocuparnos de las ideas sobre los seres vivos y del peso que aquellas tienen en nuestro mundo. Para ello, qué mejor ocasión por su magnitud y alcance que la doble conmemoración en este año de Charles Darwin: los dos siglos que se cumplen de su nacimiento y el siglo y medio de la aparición de su libro más notable, donde expone la teoría de la evolución por selección natural.

Una publicación como Ludus Vitalis no puede permitirse sólo el recuento anecdótico ni la remembranza veneradora de Charles Darwin. Está obligada a convocar a la reflexión rigurosa sobre los elementos cruciales de la propuesta darwinista, tanto la solidez de sus fundamentos como la de su carácter abierto y en permanente renovación.

En este número especial de Ludus Vitalis dedicado a Darwin se incluye un escogido y selecto grupo de artículos redactados por especialistas que permiten prestar especial atención a los claroscuros de la teoría: a su luminoso poder explicativo y a sus zonas borrosas, a sus dificultades, a sus tensiones y paradojas, a la complejidad de los procesos en los que a la determinación se le suma el azar.

El darwinismo y sus secuelas han mostrado con creces que la obra que nos ha sido legada por Darwin está viva y conoce múltiples formas de desarrollo. Ya sea, por ejemplo, el papel del evo-devo, los modelos de la teoría de juegos, los enigmas de la expresión genética o la emergencia de una complejidad creciente en un mundo en el que la idea misma de progreso es sospechosa, las ideas centrales de Darwin han sido una y otra vez sometidas a la crítica, a la prueba, a la reinterpretación y al ajuste. Presentamos nuestros lectores las ideas más esenciales de este volumen al que se ha añadido el pdf de cada artículo para disfrute del lector.

En el centenario de Darwin

El biólogo español residente en EEUU, Francisco J. Ayala, abre este volumen con un artículo introductorio en el que avanza tres proposiciones. La primera es que la contribución intelectual más significativa de Darwin es que llevó el origen y la diversidad de los organismos al dominio de la ciencia. La revolución copernicana consistió en un compromiso con el postulado de que el universo está gobernado por leyes naturales que explican los fenómenos naturales. Darwin complementó la revolución copernicana extendiendo ese compromiso al mundo viviente.

La segunda proposición es que la selección natural es un proceso creativo que puede explicar la aparición de novedad genuina. El proceso creativo de la selección natural se muestra con un ejemplo sencillo y se aclara con dos analogías, la creación artística y los “monos mecanógrafos”, con las que comparte similitudes y muestra diferencias importantes. Dicho poder creativo emerge de una interacción distintiva entre azar y necesidad, o entre procesos al azar y determinísticos.

La tercera proposición concierne la naturaleza del método científico, sus virtudes y sus límites. Si queremos interpretar a Darwin hoy, es necesario hacerlo desde las categorías de lo que se entiende por “Teoría científica”, por “evolución”, por “ciencia” y por “hipótesis”.

La revolución científica interminable: de Copérnico en adelante, haciendo hincapié en Darwin

El profesor Carlos Castrodeza, nos ayuda en su artículo a situar a Darwin dentro del marco de los grandes paradigmas científicos. ¿Es comparable la revolución científica de Darwin a la anterior de Copérnico y a la posterior de Einstein?

Castrodeza concluye: “¿qué se puede esperar desde la proyección naturalista que Darwin iniciara subrepticiamente y que se ha impuesto como la metafísica básica que ilustra a todo Occidente? Es de temer que, contrariamente a las previsiones del mismo Darwin, la selección natural no obra para el bien progresivo de sus victimas, que somos todos, sino para el bien del que en momentos difíciles tira por la calle de en medio ‘caiga quien caiga’, o sea, que a no ser que una pandemia por venir se lleve a media humanidad por delante, podemos esperar lo peor y, más que desafortunadamente, ya no cabe ni siquiera rezar como solución de emergencia de los momentos más desesperados.

Tenemos ciencia y tecnología pero, a la postre, esos son sólo instrumentos de supervivencia con un grado de refinamiento extremo si queremos considerarlo así, pero son esos instrumentos de supervivencia para entes como nosotros, cuyo objetivo es sobrevivir a toda costa en nuestro material genético. O sea que desde la perspectiva ortodoxa presente del ‘gen egoísta’, por no ser ni siquiera somos”.

El debate entre Cuvier y Geoffroy, y el origen de la homología y la analogía

Para entender el lugar social de las ideas de Charles Darwin en el contexto de los paradigmas científicos de su época, es muy conveniente reflexionar sobre iuna de las controversias anteriores a Darwin. El debate entre Georges Cuvier y Geoffroy ilumina algunos conceptos que pasarían luego a las ciencias sociales y que Darwin explica desde la Selección Natural. Los profesores Carlos Ochoa y Ana Barahona (Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México) repasan las implicaciones sociales de este debate. Este debate tuvo lugar entre 1829 y1830 (cuando Darwin preparaba su viaje alrededor del mundo).

Georges Cuvier (1769-1832) y Étienne Geoffroy de Saint-Hilaire (1772-1844) se enfrentaron durante dos meses en un choque de opiniones acerca de la comprensión de la anatomía animal, dentro del marco de la controversia del formalismo y el funcionalismo. Tuvo lugar en el seno de la Academia de Ciencias de París y fue publicado posteriormente como Principes de Philosophie Zoologique.

Aunque el debate quedó sin concluir, la difusión del mismo colaboró al conocimiento de los conceptos de homología y analogía. Dentro de las ciencias sociales, el debate trascendió en torno a las relaciones entre estructuras sociales y funcionamiento de las estructuras sociales. Y dentro de la filosofía marxista, ¿cuál es el valor del individuo y cuál es la función de la sociedad? ¿Es el individuo, su cultura y sus valores, fruto de su interacción con el sistema social? ¿quién determina a quién?

Siguen varios artículos de temas diversos sobre Darwin y su obra y nos encontramos con varios trabajos que tocan las relaciones entre el darwinismo y sus implicaciones filosóficas:

Darwin’s legacy: A comparative approach to the evolution of human derived cognitive traits;

Darwin and some leading ideas of contemporary western cultura;

La vigencia del darwinismo. Hacia una integración biosemiótica;

The problem of constraints on variation, from Darwin to the present;

Evolución: ¿Una teoría?;

Evolución y registro fósil: Hacia una perspectiva más amplia;

Philosophy of science in an age of Neo-Darwinian apologetics;

Darwin como noticia. La imagen de Darwin a través de los medios de comunicación en el bicentenario de su nacimiento.

Darwinismo y ciencias sociales

Un grupo de profesores de la UNED de España, de la Facultad de Ciencias Políticas y de la Escuela de Ingenieros de Madrid, presentan el provocador ensayo titulado Una interpretación evolucionista de la cultura.

En su opinión, Darwin ha sido uno de los científicos más influyentes en el desarrollo de las ciencias contemporáneas, a la altura de otras figuras señeras como I. Newton o A. Einstein. Su contribución más reconocida es, por supuesto, el concepto de selección natural, que permitió la identificación de un mecanismo no teleológico capaz de explicar la irrupción del orden y la complejidad en la naturaleza, también han sido muy relevantes sus aportaciones al pensamiento poblacional y la defensa de una posición nominalista a la hora de definir el concepto de especie. Sus contribuciones han marcado el desarrollo de innumerables áreas del conocimiento biológico como la microbiología, la paleontología, la genética de poblaciones, la etología, la ecología o la neurología, entre otras.

Además, al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, incluyendo al codescubridor del concepto de selección natural, A. R. Wallace, Darwin apostó con firmeza por la posibilidad de encontrar una explicación evolutiva para el origen y naturaleza de las facultades morales e intelectuales del hombre, un nuevo abordaje capaz de mostrar que el principio de selección natural es la llave para entender la naturaleza humana, sin necesidad de recurrir a la intervención de principios espirituales o de reproducir, por enésima vez, las soluciones dualistas al problema de la interacción entre materia, orden y vida.

Expresado de una forma más actual, Darwin creyó posible comprender la cultura y la organización social de las poblaciones humanas, al menos parcialmente, desde un punto de vista naturalista, es decir, a partir de la investigación de las condiciones psicobiológicas que hacen del hombre un ser social, un ser de cultura(s).

Por ello, su influencia ha trascendido el campo de la biología para influenciar otros como la medicina, la psicología, la economía o la sociología, dotándolos de una profundidad temporal y de una heurística nueva y poderosa. No obstante, a pesar de la fuerza que cobraron las ideas darwinistas en las décadas siguientes a la publicación de sus dos obras más relevantes (El origen de las especies y La descendencia del hombre), lo cierto es que el darwinismo no tuvo una acogida favorable entre la mayor parte de los pensadores que, por aquel entonces, construían los cimientos de las disciplinas sociales. Más bien al contrario, la biología desplegó unas aterradoras afinidades electivas que instalaron el darwinismo —más spenceriano que darwinista— en los cenagosos territorios del racismo, el clasismo y la xenofobia.

Para muchos, esta perturbadora afinidad con los más rancios ideales del etnocentrismo occidental (victoriano, germano o de cualquier otra procedencia) fue razón suficiente para desestimar la consideración de la naturaleza humana como parte de la ciencia social. Sin embargo, bien considerado, el conflicto que latía en el fondo de este asunto contenía, cuando menos, dos factores añadidos.

Darwin y la naturalización de las ciencias de la cultura

Como continuación de las ideas anteriores, el profesor Juan Ramón Álvarez (del departamento de Psicología, Sociología y Filosofía de la Universidad de León) aborda la problemática de si Darwin naturalizó la cultura. En su trabajo, De aquel Darwin tan singular al darwinismo universal: La problemática naturalización de las ciencias de la cultura indaga sobre la posibilidad ontológica de hablar de un “Darwinismo Universal”, un paradigma que puede extenderse a todas las ramas del conocimiento humano. ¿Logró Darwin, a partir de sus ideas científicas, naturalizar” la cultura? ¿Es la cultura una actividad humana reductible a la biología? Esta cuestión ha sido tratada en otras ocasiones en Tendencias21.

Esta posibilidad se analiza desde tres puntos de vista diferentes: primero, el propuesto por Mesoudi, Whiten y Laland para la unificación de las ciencias de la cultura de modo paralelo a la unificación de las ciencias biológicas basadas en los principios de variación, herencia y selección natural. El segundo punto de vista, contempla el problema siguiendo el concepto de “meme” de Richard Dawkins, entendiendo la cultura como un proceso de selección natural de conductas transmitidas en un grupo humano. El tercer punto de vista es el que han elaborado Hodgson y Knudsen en su programa para una economía basada en el evolucionismo. Postulan la existencia de una ontología abstracta darwinista en términos de teoría económica. La conclusión del autor de este trabajo es que aún no existe unanimidad sobre la naturalización de la cultura en Darwin.

Adrián Medina Liberty (profesor de Psicología en la UNAM de México) vuelve sobre el tema de Darwin y su influjo en las ciencias sociales y en la cultura. Su estudio, Evolución, sociedad y cultura, parte del hecho de que la autoridad de Darwin ha sido tal que, durante décadas, la evolución fue vista a través del exclusivo prisma de la biología, aunque se solía admitir que otros factores, como los sociales y culturales, podrían haber cumplido también un papel importante. Aún así, los análisis continuaron ciñéndose al perímetro de la biología, especialmente después de los sorprendentes descubrimientos proporcionados por la genética, que confirmaban a posteriori muchos de los supuestos darwinianos.

En este breve ensayo, se pretende ponderar más fehacientemente aquellos aspectos sociales y culturales que, específicamente, colaboraron para que durante el largo proceso de hominización emergiera la moderna mente humana. La argumentación se centra en dos núcleos: primero, se discute lo que generalmente se entiende por relaciones sociales e intenta distinguirlas de las relaciones culturales. Esta distinción—que no separación— es vital para el segundo aspecto, que se refiere a la génesis y desarrollo de la mente humana dentro de este esquema de relaciones.

El peligroso Darwin y las ciencias sociales

Cinco artículos de este número monográfico de Ludus Vitalis intentan ahondar en las consecuencias del darwinismo en las ciencias sociales. Antonio Gomila (del grupo de Evolución y Cognición Humana de la Universidad de las Islas Baleares) presenta su estudio titulado El peligroso Darwin y las ciencias sociales.

Según ha señalado Daniel Dennett en su libro La peligrosa idea de Darwin (2005), más allá de la posición que ocupa Darwin en la historia de la biología, el germen de su originalidad como científico radica en haber imaginado un modo de explicación que no requiere de la intervención de un diseñador, de un ingeniero. El orden, el diseño, se explican evolutivamente, es decir, simplemente como resultado de un proceso de variación, selección y replicación: un tipo de explicación revolucionario —y, por tanto, peligroso. Además la relevancia histórica de su figura tiene mucho que ver con las implicaciones para los humanos de su teoría de la evolución por selección natural. Es esta dimensión la que convierte a Darwin en un hito de la historia de las ideas, en un pensador más que revolucionario, subversivo.

Por su parte, Bruno Estañol (investigador en el Laboratorio de Neurofisiología en México) ahonda en las tesis de Dawkins en su artículo La evolución cultural del hombre. ¿Una forma de transmisión darwiniana?.

En su opinión, el homo sapiens fue durante una larga etapa de su historia un superviviente que se dedicaba a la caza, la pesca y a colectar raíces y frutos. Todas estas actividades requieren la invención y el uso de ciertas técnicas y conocimientos transmitidos de unos a otros gracias al lenguaje.

Hace doce mil años, la agricultura constituyó una importante revolución cultural que dotó a los humanos de la posibilidad de aumentar los recursos alimenticios y al mismo tiempo diversificar sus actividades. Unos cinco mil años antes de nuestra era, se produjo la segunda gran revolución cultural con la invención de la escritura. De este modo, la información podía ser transmitida mediante símbolos situados fuera del cuerpo.

Aparece la información extrabiológica y la evolución cultural se beneficia de una rápida aceleración. Aunque es difícil pensar cómo la información cultural pudo ser trasmitida a través de segmentos de información (tales como los “memes”), es posible que las palabras, los números y las notas musicales pudieron ser considerados unidades básicas muy importantes de transmisión cultural. Sin embargo, la transmisión de ideas escritas, conceptos, técnicas y pautas artísticas puede ser considerada como los hitos más importantes de la evolución cultural humana.

Pero, ¿explica el darwinismo la evolución de estos hitos culturales? ¿Se trata sólo de aparición al azar de innovación seguida de una selección natural de técnicas? ¿No hubo en los humanos primitivos un atisbo de intencionalidad en las innovaciones? Llegamos aquí a una de las preguntas más complejas de la moderna antropología: la emergencia de pautas de conducta humana no regidas por el simple azar.

Darwin y la facultad (no tan) humana del lenguaje

La emergencia de las pautas culturales están muy condicionadas por el lenguaje. ¿Es una facultad exclusivamente humana? ¿Explica el darwinismo la aparición del lenguaje articulado? Estas son algunas de las preguntas que se hace el profesor Guillermo Lorenzo (del Departamento de Filología de la Universidad de Oviedo) en su trabajo Darwin y la facultad (no tan) humana del lenguaje. Estas mismas preguntas las intenta responder la profesora Angèle Kremer-Marietti (del grupo de Estudios Epistemológicos de Paria) en su trabajo Darwin et le langage.

Pero la existencia de un lenguaje articulado remite a la capacidad de emisión de juicios morales. ¿Cuándo aparece la conciencia de sí mismo? ¿Explica la biología darwinista la aparición del “yo”, de la autoconciencia, de la capacidad de diferenciar el bien del mal, el desarrollo de las pautas morales? ¿Son simple convención o están exigidas por la misma naturaleza biológica humana?

El profesor Andrés Moya (Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva, Universidad de Valencia) en su artículo Biología de la vida y la conciencia: A propósito de Darwin y Franz M. Wuketits (profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Viena) en su contribución a este monográfico, Charles Darwin and modern moral philosophy, insisten en aspectos reduccionistas.

Para ellos, Charles Darwin puede considerarse como uno de los más destacados defensores de una aproximación evolucionista a las éticas o a la filosofía moral. Como muchos evolucionistas de su tiempo, extendió la teoría de la evolución por selección natural a los fenómenos morales. Argumentaba que tales fenómenos están profundamente arraigados en la naturaleza humana y que los humanos se guían por “instintos sociales”. También, sostenía que con la ayuda de la inteligencia podemos los humanos estrechar y refinar nuestra simpatía natural hacia los otros. Darwin creía en el progreso moral, defendía que las ideas de justicia y solidaridad daban soporte a un humanismo evolucionista.

Desde nuestro punto de vista, este enraizamiento de la moral y la ética en la biología evolucionista necesita matizaciones. Ya en los años 80 del siglo pasado, el biólogo Francisco J. Ayala insistía en que hay dos procesos diferentes. Por un lado, los procesos naturales de la evolución del cerebro y de la conciencia humana van preparando y sosteniendo la capacidad ética y moral de los humanos. Pero los principios morales, las normas, la conducta, la diferencia entre el bien y el mal es una elaboración posterior del grupo humano que va construyendo los principios básicos de la convivencia. Desde el punto de vista filosófico, la moral no procede de la biología, sino que procede de la emergencia de los sistemas de valores, y sobre todo del valor del otro, y la naturaleza del amor, que no se basan en la selección natural. Sin embargo, aún quedan aspectos para aclarar que escapan a este trabajo y nos referimos a otros artículos de Tendencias21.

Leandro Sequeiros San Román, Catedrático de Paleontología y profesor de Antropología Filosófica, es Colaborador de la Cátedra CTR. Facultad de Teología, Granada

Sábado 16 Enero 2010
Leandro Sequeiros

http://www.tendencias21.net/La-explicacion-darwinista-de-la-moral-y-la-etica-queda-incompleta_a3999.html

Farmacéuticas al desnudo

Farmacéuticas al desnudo

Carlos Miguélez Monroy
Revista Fusión/Rebelión
18/01/10

La Unión Europea investiga el papel de las grandes farmacéuticas durante la expansión de la pandemia de la gripe porcina. Al parecer, emplean el miedo y la mentira para favorecer sus intereses comerciales.

Se confirma la teoría de la conspiración: grandes multinacionales se sirven de la mentira y del miedo para obtener beneficios. La Unión Europea aprueba una investigación de posibles presiones de grandes farmacéuticas a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para disparar una alarma mundial.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa afirma: “con el fin de promover sus patentes médicas y sus vacunas contra la gripe, compañías farmacéuticas presionaron a científicos y a agencias oficiales de la salud para que alarmaran a gobiernos del mundo entero y provocaran el despilfarro de los escasos recursos públicos en campañas de vacunación ineficientes que exponen a millones de personas saludables a innumerables riesgos de efectos secundarios por fármacos insuficientemente probados”.

Las recomendaciones de la directora general de la OMS al gobierno mexicano confirman la postura de la Unión Europea. Margaret Chan le pedía al gobierno de Felipe Calderón que no bajara la guardia, incluso si los pronósticos de rebrote de gripe A no se han cumplido en invierno.

Cuando llegó la gripe aviar hace cinco años, personas que ingirieron Tamiflu mostraron síntomas de confusión, de paranoia y de alucinaciones, además de ciertas tendencias suicidas, según informes sanitarios. Pero las campañas de salud por las gripes aviar y porcina no sólo parecen dañar la salud de las personas, sino la credibilidad de sistemas sanitarios gubernamentales y del sistema internacional encargado de promover “un estado general de bienestar”, como la misma OMS define la salud. En plena crisis financiera que ha llevado a la pobreza extrema a miles de millones de personas, gobiernos como el español o el mexicano han gastado miles de millones de euros. De un modo no muy casual, gobiernos como el francés intentaban hace unos días vender sus excedentes de la vacuna a gobiernos como el mexicano.

En Estados Unidos, la posible financiación de medicamentos con el dinero de los contribuyentes ha provocado la indignación de activistas y de defensores de un modelo sanitario que no tiene el beneficio económico como primero y único objetivo. Además de gastar millones de dólares para bloquear la distribución de genéricos en países empobrecidos, empresas como Gilead Sciences aprovechan las “pandemias” para ampliar sus cuotas de mercado, con campañas de marketing como la que la Unión Europea destapa estos días.

En algunas “grandes democracias”, la desaparición de la frontera entre lo privado y lo público facilita la manipulación y los abusos. Diputados, secretarios de defensa o ex presidentes aprovechan sus contactos y sus cargos, y juegan con información privilegiada para obtener beneficios, valor supremo del sistema neoliberal. La industria farmacéutica se ha beneficiado de esos contactos en Estados Unidos.

La presión del ex ministro de Defensa en Estados Unidos fue crucial para que productos de biotecnología y farmacia ideados para escenarios de catástrofe obtuvieran fondos públicos. Donald Rumsfeld se negó a vender sus acciones por más de 10 millones de dólares en Gilead Sciences, dueño de la patente de Tamiflu, cuando ocupó el cargo. Argumentaba que las epidemias son cuestión de “seguridad nacional” y que esa actividad empresarial era compatible con el puesto de secretario de defensa.

Para que los márgenes de beneficio de fármacos como el Tamiflu o las vacunas contra la Gripe A se disparen de forma exponencial, tiene que existir lo que el sociólogo alemán Ulrick Beck denomina la sociedad de riesgo. Es decir, un estado generalizado de pánico que los Gobiernos sólo pueden paliar con grandes reservas de los fármacos para cuando se dispare la próxima pandemia y con medidas que tienen impacto en los medios de comunicación: cierre de colegios, poblaciones enteras con mascarillas, limpiezas masivas de los sistemas de metro y transporte público.

Algunos internacionalistas se quejan del debilitamiento de la ONU y de las agencias que dependen de ella. Este descrédito quedaría justificado si se confirmaran las presiones y las relaciones estrechas entre empresas multinacionales y funcionarios de la OMS. Naciones Unidas arriesgaría su fuerza, su prestigio y su presupuesto para favorecer los intereses de grandes multinacionales que no sólo obtienen grandes beneficios de los abusos que cometen, sino que contribuyen también al debilitamiento de los Estados, la base de Naciones Unidas. Un mundo sin un sistema internacional de consensos resultaría más alarmante que cualquier pandemia.

fuente bibl.:

http://senalesdelostiempos.blogspot.com/2010/01/farmaceuticas-al-desnudo.html

Reflexión de un biologo sobre la tragedia de Haiti.

Reflexión  de un biologo sobre la tragedia de Haiti.

Esta es la reflexion de un biologo  pro-derechos de los simios, alguien con una concepción cientifica y materialista del mundo.Sin embargo, sus reflexiones no son tan inhumanas como podrían parecer y tiene mucho  de coherentes, aun cuando sea un enfoque particular de lo sucedido.Muchas de sus criticas tienen su fundamento.

El articulo me dejó con la sensación de que hay muchas preguntas que tenemos que responder y de manera correcta. No todo es una interpretación fundamentalista de la vida.

Creo que lo sucedido es como un prisma, donde hay muchas caras. Muchas son las reflexiones que surgen sobre lo sucedido y todas tienen un núcleo de verdad el cual debemos reflexionar para dar respuestas acertadas a aquellos que nos las demandan

Esperemos que entre todos los lectores podamos ordenar nuestros pensamientos a fin de poder comprender mejor lo sucedido.

Acá los dejo con el relato:

“Existen males mayores que el que está sufriendo el pueblo de Haití tras el terremoto, nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de la vida”, palabras del Obispo de San Sebastián Munilla y que ahora dice fueron sacadas de contexto.

También fueron sacados de contexto todos los asesinatos llevados a cabo por la iglesia en la llamada “Santa Inquisición”.

Son palabras que salen de un corazón impuro como el suyo, que sólo ve en la espiritualidad, un negocio de almas, un caldo para seguir viviendo de la palabra de Dios, sin saber que esta maldiciendo a Dios con lo que ha dicho.

Es impensable que la Iglesia no haya tomado cartas en el asunto rápidamente y lo hayan desterrado a la ignorancia. Muchos sacerdotes no lo quieren como obispo y esta claro que esta haciendo un flaco favor a esa Iglesia de Dios que ya no existe por culpa de muchos que como él, se regodean en hábitos morados creyéndose seres elegidos por El. Que ignorancia. Él mismo, ese obispo Munilla, tendría que haber dimitido y como penitencia (ellos nunca se ponen penitencias), tendría que haber ido a Haití, a Puerto Príncipe, y ayudar con sus manos a desenterrar a tantos miles de personas que han quedado sepultadas y que han muerto lentamente en la desesperación del abandono, y mirarles a los ojos, que vea el sufrimiento cara a cara, para que se olvide de la espiritualidad y se sienta más humano derramando al menos lágrimas por el infierno en que se ha convertido una ciudad de por sí castigada por el odio y el poder.

Si, un abandono de la Comunidad Internacional que no ha sabido o querido reaccionar ante esta catástrofe de dimensiones apocalípticas. ¿Cómo es posible que con tanto ejército internacional de EEUU, de la OTAN, de la Naciones Unidas no se hubieran movilizado desde el primer momento y llegar en horas al lugar de la catástrofe? ¿Cómo es posible que no se den cuenta que las ayudas que están llegando se quedan en el aeropuerto porque no hay nadie que las lleve a los lugares donde el sufrimiento es máximo? ¿No son capaces de organizar rápidamente caravanas de camiones militares y carros acorazados para abrirse paso entre las ruinas y llegar a la gente que esta caída en el suelo? Han pasado cuatro días y la ayuda literalmente no ha llegado. Hay escasas máquinas para desescombrar y rescatar las miles de personas que enterradas se están encontrando con una de las muertes mas horrorosas, una muerte lenta, con sufrimiento, con soledad, con esperanza perdida.

Ante tan tamañas injusticias, he perdido por completo la confianza en el hombre, en la religión y tal vez en Dios, que sigue ciego ante tanta injusticia en la Tierra y castigando siempre a los más pobres, a los más humildes y magnificando a los poderosos.

El hombre ha perdido el sentido y el dolor del corazón. Si en lugar de un terremoto, hubiera sido una ofensiva militar, a estas alturas habría miles de soldados en Haití, miles de carros de combate, de tiendas de campaña, de suministros……pero claro, hay que ayudar a una población que se desespera, que ve volar a los helicópteros y marcan en el suelo un SOS de desesperación, de impotencia. Hay que ir despacio, no es objetivo de guerra. ¿Cómo se puede organizar la ayuda sin existir una infraestructura que lleve esa ayuda a los lugares donde la muerte y los gritos de dolor se entremezclan con la desesperación?. ¿De que sirve el dinero si toda una capital con su gobierno, han quedado sumidos a la nada o desorientados con todas las estructuras básicas rotas y hundidas?.

No entiendo ni se quien puede estar al mando de la ayuda internacional. Pienso que la misma ayuda es un caos, no hay orden, no hay grúas en el aeropuerto para bajar las mercancías, no hay vehículos ni gasolina para arrancarlos. Lo primero que debían haber mandado son a miles de hombres con maquinas pesadas y carros blindados para formar una infraestructura sólida de salvamente, para desenterrar a los máximos posibles. Pero no, solo llegan aviones con paquetes y poco personal. Esto no es una ayuda internacional, es un caos y con el, miles de personas más están muriendo.

Desde estas páginas y con los ojos llorosos de ver escenas dantescas y niños asustados, chillando, personas heridas que son operadas sin anestesia y gritos de dolor que continuamente se escuchan por todos lados, como un altavoz sonoro e infinito perdido en la más absoluta de las soledades, SUPLICO que las Naciones Unidas formen un Organismo Mundial de Emergencia, con técnicos preparados en los diferentes escenarios que se pudieran presentarse en cualquier punto de la Tierra (terremotos, tsunami, incendios, inundaciones…), de las características de Puerto Príncipe, y que fueran los encargados de organizar una infraestructura teniendo a su disposición miles de hombres y material para acudir en pocas horas al lugar del desastre. Por desgracia esta estampa nos la seguiremos encontrando cada vez con más frecuencia ante el cambio climático al que nos estamos sumiendo, sin que los gobiernos y políticos no hagan nada y estén traicionando a la humanidad.

Mientras, el dolor de lo inaudito, sigue tiñendo de sangre Puerto Príncipe, con cadáveres descomponiéndose en medio de las calles, con gentes atrapadas que se encuentran en sus ultimas horas de aliento, en niños perdidos de mirada gris que deambulan por las calles sin saber donde van a parar, siendo vulnerables y corriendo otros peligros como el rapto para fines oscuros.

¿Por qué se consiente tanto dolor? ¿Por qué Dios si lo hay, deja que millones de niños mueran de hambre, de enfermedades curables? ¿Por qué permite que un pueblo que sufre, siga sufriendo en un infierno, en una pesadilla mortal?.

Mientras, el infierno de la nada, sigue mostrando al mundo que los hombres no saben ser humanos, que hemos dejado de llorar con el corazón y por ese motivo estamos perdiendo la humanidad.

fuente

:HAITÍ -PUERTO PRINCIPE: EL INFIERNO DE LA NADA

Porque Dios permite el sufrimiento

En relacion al tema de la catástrofe sísmica de Haiti, donde murieron mas de 100.000 personas (algunos medios dicen 200.000), muchos han debatido porque Dios permite el sufrimiento, y entonces Dios es malo acaso que manda estas tragedias?

Sería largo dar respuestas a todos estos interrogantes, que superan la capacidad y el conocimiento que uno tiene de la vida, dada la complejidad de la respuesta.
Por este motivo, aca subo algunos libros que pueden ser de bendicion al lector.

Lamentablemente, me sera imposible conformar todas las cosmovisiones que hay y todas las formas de entender el eterno problema de ¿Porque Dios permite el mal?
Pero al menos,con esta seleccion de libros, quizas ud, pueda tener una idea mas global de este complejo tema.
Espero les sea de bendicion la lectura y la puedan disfrutar.

Porque lo permite Dios..      , de Martyn Lloyd Jones

David Martyn Lloyd-Jones (diciembre 20, 1899-marzo 1, 1981) fue un ministro protestante galés y predicador que influyó en el ala reformada del movimiento evangélico británico en el siglo 20. Durante casi 30 años, fue el ministro de la Capilla de Westminster en Londres. Lloyd-Jones, se opone firmemente a la teología liberal que se había convertido en una parte de muchas denominaciones cristianas, considerándola como aberrante. No está de acuerdo con el enfoque amplio de la iglesia y alentó a los cristianos evangélicos (en particular, anglicanos) para salir de sus denominaciones actuales, al considerar que la comunión cristiana verdadera sólo es posible entre aquellos que comparten convicciones comunes acerca de la naturaleza de la fe.

Porque un Dios bueno …

Tambien recomiendo la lectura del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido“, del Dr. James Dobson, un reconocido sicologo y terapeuta norteamericano.

Un libro extraordinariamente practico para los que luchan con pruebas y quebrantos que no pueden comprender. Por que la enfermedad, el divorcio, el rechazo, la muerte, o la tristeza han de llegar a nuestra vida cuando estamos tratando de servir al Senor? Esto no parece justo! Este libro trata sin rodeos con la cuestion mas inquietante de la vida: el terrrible “Por que?” Con la capacidad extraida de su larga experiencia en sicologia cristiana y asesoramiento familiar, el doctor Dobson trae esperanza a aquellos que estan a punto de rendirse.

James Clayton “Jim” Dobson (n. 21 de abril de 1936 en Shreveport, Louisiana) es el presidente de la organización Focus on the Family, organización sin fines de lucro fundada por Dobson en 1977. Produce el programa diario de radio Focus on the Family (“Enfoque a la familia”), transmitido en más de una docena de idiomas, en más de 7.000 estaciones de radio a nivel mundial, con una audiencia de más de 220 millones de personas en 164 países.1 2 Focus on the Family es llevado a cabo por más de 60 estaciones de televisión estadounidense diariamente.1 En 1981 fundó Family Research Council.

Dobson es un cristiano evangélico con puntos de vista conservadores tanto en teología como en política. Recientemente fue nombrado el “Líder Evangélico Estadounidense Más Influyente” (The Most Influential Evangelical Leader in America) por la revista Christianity Today, y muchos lo ven como el sucesor de los líderes evangelicos Billy GrahamJerry FalwellPat Robertson.

¡Día sin pantalones en el metro!

Beatriz Arango S.
Medellín |Publicado el 11 de enero de 2010

La iniciativa es mundial y curiosa. Ayer se cumplió en varios metros del mundo el Día sin pantalones.

La idea nació hace nueve años, cuando un grupo de artistas se propuso no tomarse la vida demasiado en serio y mostrar relax a bordo del democrático metro. Se proponen, dicen, hacer reír a los demás y alejar el estrés.

El gigante de Cardiff

El gigante de Cardiff

Visto en Asi.com.ve (http://www.asi.com.ve/blog/el-gigante-de-cardiff-el-mayor-engano-antropologico/)

Uno de los más grandes engaños de la antropología, se trata del Gigante de Cardiff.Corría el año 1869, era octubre 16, cuando se se descubrió en Cardiff, Nueva York, el cuerpo de un gigante de más de tres metros de altura, totalmente petrificado, mientras excavaban un pozo de agua en la granja de William C. “Stub” Newell. La noticia se hizo pública, y en poco tiempo miles de personas acudieron a ver al gigante pagando 50 centavos por persona.

gigante de cardiff (1)

Hubo polémica de si el gigante era un hombre petrificado o si se trataba de una antigua estatua. Hubo quienes llegaron a pensar que era uno de los gigantes mencionados en la Biblia (Génesis 6:4). Pero otros creían que se trataba de una estatua creada por los misioneros jesuitas con el fin de impresionar a los indígenas locales.¿Cuál era la realidad? Se trataba de un engaño que lo único que perseguía era hacer dinero, y no probar alguna teoría o ideología.

El Gigante de Cardiff fue una creación de un empresario llamado George Hull, de Nueva York. Había conversado con un metodista, que le había hablado de los gigantes que menciona la Biblia, como Hull era ateo, quiso burlarse del metodista y ganar una buena cantidad de dinero, por que planeó el engaño. Su engaño tuvo un costó de 2600 dólares, incluidos el granjero que descubriría al gigante.

gigante de cardiff (2)

Las ganancias fueron grandes, miles de personas acudían a ver al gigante, por lo que terminó vendiendo el gigante por 37,500 dólares a un grupo de empresarios de Syracuse. Fue allí cuando un paleontólogo de Yale estudió al Gigante de Cardiff con detenimiento, y lo declaró un fraude bastante burdo, pues según él, hasta se veían las marcas de los cinceles.

Finalmente Hull confesó el engaño, aún así, las personas seguían visitando al gigante. Incluso el famoso dueño de circos estadounidenses P.T. Barnum, les ofreció a los nuevos dueños 60 mil dólares para pasearlo durante tres meses. Pero fue rechazado, así que hizo su propia copia del Gigante de Cardiff y la paseó de todos modos. Curiosamente éste, tuvo más vistas que el “real”, por lo que los dueños del Gigante de Cardiff demandaron a Barnum. Pero como el gigante no era un genuino gigante, el juez no les prestó atención.

¿Que ha pasado con ese gigante? Todavía hay gente que acude a visitarlo en su hogar permanente en el Farmer’s Museum, en Cooperstown, Nueva York. ¿Y la réplica? Ah, todavía puede verse en el Marvin’s Marvelous Mechanical Museum, en Detroit.

Visto en oldearth.wordpress.com


24 señales de que es mejor dar la noche por terminada

24 señales de que es mejor dar la noche por terminada

Posted: 04 Nov 2008 08:42 AM CST

drunk1

1. No tenés ni la más pálida idea de dónde están tus amig@s.

2. No tenés ni la menor idea de dónde dejaste el auto… Pará… ¿viniste en auto?

3. Estás totalmente convencid@ de que bailar con los brazos por arriba de tu cabeza, meneando el c*** y gritando WOO HOO es realmente el paso mas sexy del mundo.

4. De repente decidiste que querés trompear a alguien y honestamente creés que podés hacerlo.

.

5. Empezás a cantar canciones de los 80 a toda voz…y le demostrás tus habilidades de baile al auto que está a tu lado…

6. Cada 10 minutos tenés una tremenda necesidad de ir al baño.

7. Cuadno te sentás, la gente y la habitación comienzan a dar vueltas.

8.
Arrastrás tanto la lengua, que nadie entiende lo que decís y cuando te preguntan “¿qué?”, ni siquiera te acordás de qué estabas hablando.

9.
Se te ocurre la brillante idea de que le vas a generar menos problemas a tu amiga quedándote a dormir en la casa de algún tipo.

10. Descubrís que estás tomando de un vaso que ni es tuyo… ni sabés de dónde lo sacaste….

11. Te demostrás realmente entusiasmad@ cuando alguien te ofrece plata por darle un beso a tu amig@ (cuando en realidad lo hubieras hecho gratis).

12. De repente descubrís que empezaste a fumar, y lo hacés relamente bien.

13. Tu maquillaje está embarrado por toda tu cara… y de alguna manera te las arreglaste para apretarte 5 tipos.. fino lo tuyo…

14. La necesidad de quitarte artículos de ropa se vuelve increiblemente intolerable.

15. Parece que tus ojos no tienen ganas de quedarse abiertos por sí solos, entonces los mantenes medio cerrados y para colmo te creés que eso se ve realmente sexy….

16. Puteás al barman, porque pensás que te está cagando y te dio solo pomelo, pero eso es solo porque ya no le sentís más el gusto al vodka…

17. Pensás que estás en tu cama…, pero tu almohada se siente demasiado parecida al piso del baño…

18. Tus abrazos se parecen cada vez más a movimientos de lucha libre.

19. Empezás a creer que sos un muy buen bailarín y el que esté al alcance se convierte en tu pareja de baile.

20. Te sacaste los zapatos… porque creés que es culpa de ellos que no podes caminar bien….

21. En un monento te estás preparando para salir…,y de repente estás tirad@ en un sillón, y no podés recordar qué pasó en el medio.

22. LLamás a tu ex novi@ un millón de veces, le mandás mensajes y le dejás correos de voz diciendo que deberían verse más seguido…

23. De repente te descubrís abrazando extraños y manteniendo largas charlas sobre tu vida con personas que ni viste antes, ni parece importarles mucho.

24. La única forma de descifrar lo que estás tomando es por el color (y con suerte) porque ya todo tiene el mismo gusto.

La guerra, “es un monstruo grande y pisa fuerte”

La guerra, “es un monstruo grande y pisa fuerte”

Autor: Paulo Arieu

Descargar aqui

g11_17484077

El problema entre Israel y Gaza actualmente es el tema más importante que está sucediendo a nivel mundial

Introduccion:

La frecuencia con la que estallan las guerras es muy similar a la de cualquier suceso aleatorio, lo que parece indicar que las guerras son imprevisibles.(Wikipedia)

Leer mas…

Inquisición Científica – El Caso Velokovsky

Inquisición Científica – El Caso Velokovsky

Por Lamberto García del Cid

En 1950, Immanuel Velikovsky conmocionó a la comunidad científica de los EE.UU. con su libro Words in Collision (Mundos en colisión), libro que venía a subvertir las teorías científicas y sociológicas de su tiempo. Los conceptos cosmológicos e históricos vertidos en él, constituyeron un violento asalto a ciertas teorías establecidas dentro de los campos de la astronomía, la geología y la biología histórica, poniendo en entredicho a los genios consagrados de tales especialidades, entre ellos Newton y Darwin. El establishment científico se alzó en armas y lo hizo no sólo contra las nuevas teorías vertidas, que hubiera sido en cierto modo normal, sino principalmente contra su lucubrador. Y así, no escatimaron esfuerzos para impedir la diseminación de tales teorías, incluso penalizando a quienes las apoyaban, fueran éstos universidades, sociedades científicas, editoriales, o medios de difusión. El establishment científico consiguió finalmente erigir un muro de hostilidad alrededor del investigador.

Immanuel Velikovsky

El argumento central del libro que causó semejante revuelo podía resumirse así: entre los siglos XV y XVIII antes de Jesucristo, la tierra experimentó una serie de importantes catástrofes naturales. Parte de su superficie se calentó hasta llegar a fundirse y hubo mares que hirvieron y se evaporaron. Surgieron nuevas cadenas montañosas mientras otras desaparecieron. Se elevaron continentes, que causaron inundaciones de ámbito intercontinental e incluso la tierra cambió sus polos magnéticos. Velikovsky apoyaba su descubrimiento con un rico bagaje de noticias escritas, cuyas fuentes se remontan a la Biblia hebrea, los Vedas hindúes, mitos griegos y romanos, y otras leyendas de pueblos antiguos. También aportaba evidencias tomadas del campo de la geología y la paleontología. Lo que causó las referidas catástrofes fue, según Velikovsky, una serie de sucesos astronómicos de extraordinaria importancia. En ese tiempo debió ocurrir una colisión, o casi colisión, de planetas dentro del sistema solar y la tierra fue rozada por la cola de un cometa que terminó por convertirse en el planeta Venus. Estos sucesos, de acuerdo con Velikovsky, ocasionaron un cambio en la órbita terrestre, que es la causa de la actual inclinación de su eje.

CRONOLOGÍA DE LA POLÉMICA

I) Velikovsky firmó el contrato para su libro Mundos en colisión con la editorial Macmillan en 1946. En 1950 el libro estaba listo para ser publicado. En Enero de ese año la revista Harper’s Magazine publicó dos artículos condensando distintos pasajes del libro, bajo el título: “El día que el sol se detuvo”. La edición se agotó. Diversos periódicos de los EE.UU. volvieron a publicar los artículos, a los que siguieron nuevas divulgaciones e incluso una versión para el Readers’ Digest. La mayoría de estas crónicas exageraban las sorprendentes novedades hasta límites sensacionalistas; tanto es así que el mismo Velikovsky amenazó con no hacerse responsable del contenido de los mismos si no se moderaba el tono. Cuando estas sensacionales historias hubieron calado en la imaginación popular, el establishment científico reaccionó. Poco antes de ser lanzado el libro, Macmillan recibió una carta de un tal Harlow Shapley, profesor de astronomía de la Universidad de Harvard, manifestando su asombro porque una casa tan seria como Macmillan se aventurase en el mercado de la mistificación científica. Recomendaba a la editorial que investigase primero el curriculum y los datos personales del Dr. Velikovsky ya que era muy probable que el libro constituyera un “fraude intelectual”.

Harlow Shapley

II) En Febrero de 1950, la revista Science News Letter, editada por el mismo Harlow Shapley, lanzó un ataque contra las teorías de Velikovsky por medio de cinco autoridades científicas pertenecientes a los campos de la arqueología, los estudios orientales, la antropología, la geología y el propio Shapley defendiendo el punto de vista de la astronomía. Este artículo fue publicado para coincidir con la salida al mercado del libro de Velikovsky, libro que, todo sea dicho, ninguno de sus detractores había visto todavía. Si Velikovsky se hubiera contentado con dar al asunto un tratamiento superficial, quizás los académicos le hubieran ignorado por considerar su obra una mera fantasía. Pero Velikovsky basaba sus teorías en investigaciones muy detalladas que abarcaban diferentes disciplinas: historia, antropología, geología, astronomía, biología, etc.

III) A los pocos meses de la publicación del libro, todos los periódicos del país recogían comentarios en contra de las teorías expuestas en él, ataques provenientes de las plumas de renombrados científicos y sus ladradores lebreles. Pero pocos de estos autores se centraban en los hechos expuestos por Velikovsky, sino que sus ataques iban dirigidos a ridiculizar a su autor. Por ejemplo, Paul Herget, director del observatorio de la Universidad de Cincinati afirmaba que las ideas astronómicas del libro de Velikovsky eran “dinámicamente imposibles”, pero no ofrecía ninguna explicación de por qué. El físico californiano H.P. Robertson, por su parte, escribió que el libro era tan ridículo que no merecía refutación, ahorrándose así el tener que exponerla. El físico nuclear Harrison Brown informó a los lectores del Saturday Review of Literature aunque evitó especificar uno sólo de ellos. Que los errores tanto de hecho como de concepto que contenía el libro de Velikovsky podrían llenar treinta folios,

IV) Martin Gardner contra Velikovsky. Traemos a colación este apartado porque Martin Gardner persiguió a Velikovsky (también lo haría con Wilhelm Reich y otros heterodoxos) durante mucho tiempo con su diatribas y porque conforma, junto con Carl Sagan, el tipo de fundamentalista científico contra quienes va dirigido este artículo. Gardner mantuvo desde el principio que el libro de Velikovsky era únicamente una defensa de la interpretación judía ortodoxa del Antiguo Testamento, una burda tentativa de explicar el milagro de Moisés cuando abrió las aguas del Mar Rojo o el de Josué cuando detuvo el sol y la luna. En ningún momento se refiere a las teorías científicas expuestas en el libro, teorías en su mayor parte verificables como veremos más adelante.

Carl Sagan

Siguiendo su conocida táctica de desprestigio, Gardner incluye en los artículos donde ataca a Velikovsky a tipos como Wilbur Glenn Voliva, quien creía que la tierra tenía forma de bizcocho, Frank Scully, autor de un libro titulado “Más allá de los platillos volantes” y que sostenía que éstos venían hacia nosotros pilotados por habitantes de Venus. También mezcla a Velikovsky, sin venir a cuento, con L. Ron Hubbard, el creador de la Cienciología, un credo bajo sospecha de conformar una secta y que posee ideas peculiares sobre el universo. Este método de desprestigio lateral llega al siguiente extremo. Como Velikovsky cita en su apoyo ciertos datos del geólogo George McCready Price, Gardner rebate su fuente de la siguiente manera: “Price comenzó su carrera como conserje y chico de los recados en un colegio adventista de Loma Linda, California, donde ayudaba a poner ladrillos para levantar edificios”. Con este comentario, sin mayor explicación, zanja la autoridad de Price como geólogo. Como puede apreciarse, una forma muy “científica” de rebatir cualquier argumento.

En uno de sus muchos artículos contra Velikovsky, Gardner nos da quizás la clave de por qué los ataques se centran más sobre la persona de Velikovsky que contra sus teorías: “Tanto para los astrónomos como para los físicos, sin excepción, el escenario de Velikovsky resulta tan loco que la mayoría de ellos no han encontrado ninguna razón para perder el tiempo leyéndole”. ¿No es increíble? ¿Cómo puede atacarse, o considerar loca, una teoría que no se ha tenido la delicadeza de leer primero? Y es que debe ser penoso, por lo visto, leer “Mundos en colisión”, pues añade Gardner: “Carl Sagan se molestó no solamente en leer a Velikovsky…” La palabra significativa es “molestó”. ¿Lo habrá leído Gardner? Da lo mismo. Eso no le hubiera impedido emitir el siguiente juicio: “El hecho de que se produjera una catástrofe sísmica mundial a la escala requerida por la teoría de Velikovsky (aprox. 1500 años a. d. C.) está tan absolutamente descartada por la evidencia geológica que ni un solo geólogo “respetable” (el entrecomillado es mío) ha tomado semejante idea en serio”. Claro que nos imaginamos lo que entiende Mr. Gardner por geólogo (o científico) “respetable”.

Como puntualiza R. A. Wilson: “Gardner posee un método infalible para reconocer la ciencia verdadera y la pseudo-ciencia. Ciencia verdadera es aquella que se adapta a su Ídolo y pseudo-ciencia la que lo desafía”. Todos (el subrayado es mío) los geólogos y astrónomos del país. ¿Todos? ¿Del país? La primera afirmación es falsa, pues algunos científicos pertenecientes a esas ramas apoyaron a Velikovsky; la limitación geográfica nos remite a una idea provinciana de la ciencia que parece poseer Gardner y que no va con la reconocida universalidad de ésta. En otro lugar Gardner afirma que el libro de Velikovsky constituye tal entramado de absurdos que así lo han reconocido

V) A pesar de las campañas de desprestigio (o quizás con su ayuda) el libro “Mundos en colisión”Doubleday, editorial que, al carecer de libros de texto, estaba exenta de la presión de las autoridades académicas. permaneció en la lista de los libros más vendidos durante 20 semanas consecutivas. No obstante, cuando más se estaba vendiendo el libro, Velikovsky fue llamado a las oficinas de Macmillan. La editorial le comunicó que los profesores de ciertas universidades importantes se negaban a recibir a sus vendedores, lo que suponía una grave contrariedad para ellos, pues los libros de texto constituían una parte importante de su negocio. Esta circunstancia les obligaba a ceder los derechos de publicación del libro a otra editorial,

Martin Gardner describe este incidente de la siguiente manera: “Bajo la presión de algunos científicos, Macmillan traspasó el libro a Doubleday”. Y añade que las editoriales no deberían publicar libros de este tipo sin la evaluación previa a cargo de científicos competentes. ¿Y quienes serían, deberíamos preguntar al señor Gardner, estos científicos competentes? ¿No se estaría así impidiendo el acceso al público, junto con pseudo-ciencia basura que todos admitimos que existe, de nuevos posibles “paradigmas”, en terminología de Kuhn, que normalmente tardan lustros en ser aceptadas por el establishment científico?

Martin Gardner

Pero ahí no acabaron los problemas en Macmillan. James Putnam, el editor que contrató el libro de Velikovsky, y que llevaba 25 años en la casa, fue despedido sin previo aviso. Macmillan todavía tuvo que realizar otros actos conciliatorios, como patrocinar conferencias y convenciones científicas, para aplacar la ira académica y conservar el negocio de los libros de texto.

LOS HECHOS CIENTÍFICOS

En la época en que Velikovsky escribió su libro, los astrónomos creían que Venus era un planeta viejo y que la temperatura de su superficie era tan fría como la de la Tierra. Se suponía también que su atmósfera se componía en gran medida de vapor de agua o bióxido de carbono. En 1946, repasando el texto de su libro, Velikovsky trató de conseguir la ayuda de científicos que estuvieran en posición de contrastar experimentalmente sus teorías. Para ello hizo públicas tres predicciones sobre el planeta Venus, todas verificables por medios experimentales:

1) Si Venus, como sus teorías conjeturaban, era un planeta relativamente nuevo, la temperatura de su superficie tendría que ser todavía muy alta.

2) Derivado de lo anterior, su atmósfera estaría compuesta principalmente por nubes de hidrocarbono (restos de la cola del cometa).

3) El planeta debería poseer un movimiento de rotación anómalo, perturbación debida a su reciente puesta en órbita.

En 1953, durante una conferencia a los alumnos de la Universidad de Princeton, Velikovsky añadió dos nuevos fenómenos que se derivaban de sus teorías, también susceptibles de verificación:

1) El campo magnético de la Tierra alcanzaría hasta la órbita de la Luna.

2) El planeta Júpiter (del que, según él, se originó el cometa que daría origen a Venus) emitiría en un rango de frecuencia de radio dentro del espectro electromagnético.

¿Qué tienen que ver estos retos científicos expuestos por Velikovsky con la reiterada afirmación de Martin Gardner de que las teorías de éste sólo tratan de restablecer la precisión histórica del Antiguo Testamento de cara a católicos, protestantes y judíos?

Estas predicciones fueron tomadas por los científicos de la época como una prueba de la ignorancia o demencia de Velikovsky, o quizás de ambas. Harlow Shapley se negó a involucrarse en cualquier experimento tendente a probar dichas afirmaciones, aduciendo que algunas de ellas violaban las leyes de la mecánica y que de tener razón Velikovsky, el resto de los científicos tenía que ser una pandilla de ignorantes.

Sin embargo, en poco más de una década desde la publicación de “Mundos en colisión”, todas las predicciones hechas por su autor fueron confirmadas. La nave Mariner, en 1963, determinó que la temperatura de la superficie de Venus rondaba los 800 grados Fahrenheit y que su gruesa atmósfera se componía de pesadas moléculas de hidrocarbono.

En abril de 1955, los doctores B.F. Burke y K.L. Franklin anunciaron a la Sociedad Astronómica Americana el descubrimiento accidental de una señal de radio emitida por Júpiter. En 1962, el Laboratorio de Investigación de la Marina en Washington y la Estación de Seguimiento de Goldstone, en el sur de California, anunciaron que observaciones radiométricas mostraban que la órbita de Venus tenía un ligero movimiento de retracción.

En el mismo año, el satélite Explorer detectó el campo magnético de la Tierra a una distancia de al menos 22 radios terrestres. En 1965 este campo fue detectado en las cercanías de la Luna.

Y ahora de nuevo demos la palabra a Mr. Gardner: “Estoy dispuesto a admitir que Velikovsky no siempre está equivocado”. Pero añade: “Por cada predicción trivial (nótese el desprecio) de Velikovsky que ha sido confirmada hay cientos de ellas que han resultado falsas”. ¿Triviales las predicciones mencionadas? ¿Y dónde están las falsas? Por supuesto, no las nombra.

Resulta interesante, y aleccionador, examinar el comportamiento de algunos de los vociferantes críticos de Velikovsky durante y después de la controversia. El director del Observatorio del Colegio de Harvard, Donald Menzel, trató de refutar las teorías astronómicas de Velikovsky afirmando que si éste tuviera razón, el sol tendría que tener una potencia de 10 billones de billones de voltios, lo cual, en opinión de Menzel, era imposible y, por lo tanto, Velikovsky estaba equivocado.

Por una casualidad extraordinaria, en 1960, V.A. Bailey, profesor emérito de física de la Universidad de Sydney, Australia, anunció el descubrimiento de que el sol poseía carga eléctrica y que en su superficie ésta alcanzaría una potencia de 10 billones de billones de voltios, exactamente la cantidad calculada por Menzel.

Donald Menzel

Menzel, a quien este descubrimiento le dejaba como un tonto, respondió al profesor Bailey en el Harper’s Review, aportando en su defensa una retahíla de cálculos y pidiendo al profesor australiano que se retractase de lo dicho. Bailey contestó por medio de la citada revista, mostrando un error en los cálculos de Menzel que invalidaban sus argumentos, y ratificándose Bailey en sus propios cálculos.

Este mismo Menzel, sobre la predicción de que Júpiter emitiese en ondas de radio dentro del espectro electromagnético, adujo que el acierto de Velikovsky se debía a mera casualidad. En cuanto a la alta temperatura de la superficie de Venus, Menzel argumentó que lo de “alta temperatura” era un término relativo. Olvidó mencionar que él, en 1950, había estimado esta temperatura en aproximadamente 120 grados Fahrenheit, en vez de los 800 detectados por el Mariner. Sobre la extensión del campo magnético de la Tierra, Menzel sostuvo en su día que éste no excedería la distancia de varios diámetros terrestres. El satélite Explorer confirmó que el campo magnético de la Tierra llegaba hasta la Luna.

LOS DEFENSORES

Pero hubo también científicos que tomaron en serio el libro de Velikovsky. Bernard Cohen, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard, escribió con simpatía y entusiasmo sobre “Mundos en colisión” (cambió luego drásticamente de opinión, supuestamente presionado por la institución que le contrataba).

También apoyó a Velikovsky el profesor de la Universidad de Princeton H. H. Hess. En 1962, el físico de Princeton Valentin Bargmann y el astrónomo de la Universidad de Columbia, Lloyd Motz, escribieron conjuntamente una carta al editor de Science dejando constancia de que fue Velikovsky el primero en predecir las altas temperaturas de Venus, las emisiones de radio de Júpiter y la gran extensión del campo magnético de la Tierra. El editor de Science, sin embargo, no quiso publicar esta carta. En su lugar insertó un artículo del novelista Paul Anderson satirizando los descubrimientos del Velikovsky. La revista Scientific American también dejó entrever por qué 50 años antes se había reído de los hermanos Wright. Esta revista no sólo se negó a incluir publicidad del libro “Mundos en Colisión”, sino que en 1956 publicó un duro artículo contra Velikovsky escrito por el físico Harrison Brown, y cuando Velikovsky quiso utilizar sus páginas para responder, le negaron este derecho aduciendo que Velikovsky ya había obtenido demasiada publicidad para su libro en otros medios de comunicación.

En relación a los ataques contínuos de Martin Gardner a Velikovsky, para quien el libro (no se cansa de repetirlo) solo trata de respaldar la historicidad de los milagros del Antiguo Testamento, Velikovsky tuvo también sus defensores. Lynn E. Rose, profesor de filosofía de la Universidad del Estado de Nueva York en Búfalo, en una carta al New York Review of Books de Octubre de 1979, defendía a Velikovsky del calificativo “fundamentalista” acuñado por Gardner en esa misma revista. Tras traer a colación palabras del propio Dr. Velikovsky: “No soy fundamentalista en absoluto, y me opongo al fundamentalismo”, Rose añade que Gardner no conoce los puntos principales de la teoría sobre la que está hablando. En la misma publicación y fecha, Daniel L. Kline, del Centro Médico de la Universidad de Cincinati, se pregunta: “¿Es posible que Velikovsky haya dado con el origen de parte de nuestras tradiciones aun cuando su explicación carezca de base científica? Algunos científicos sensatos están empezando a reconsiderar la teoría cósmica de Velikovsky y se están preguntando, como científicos objetivos, si una idea tan estimulante (el subrayado es mío) podría ser modificada de forma que no resultaran violadas las leyes básicas de la naturaleza.” Y trae Kline en su apoyo la opinión del matemático Dr. Michael Robinson aparecida en Nature, quien sugiere que tales revisiones son posibles.

CONCLUSIÓN

Como puede apreciarse, la “inquisición científica” no sólo está formada por honorables profesores con puestos relevantes en las instituciones científicas, sino que parte de este intransigente tribunal lo forman las revistas encargadas de transmitir al público los hallazgos y conquistas científicas, así como varios free-lancers de la apología científica como Martin Gardner y Carl Sagan.

Velikovsky es sólo una muestra, quizás la más documentada y clarificadora, pero hay más víctimas. Porque como señaló el Dr. Ray Hyman de la Universidad Estatal de Washington en su disertación sobre “Ciencia patológica” en la Conferencia de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, celebrada en 1980, la conspiración para suprimir los libros del Dr. Velikovsky fue más patológica que las herejías del propio Dr. Velikovsky. Y es que resulta difícil de explicar cómo una microscópica “blasfemia”, si tal fuera, pudo desencadenar semejante esfuerzo persecutorio por parte del establishment científico.

Porque es cierto que Velikovsky examinó los mitos bíblicos (entre otros) y especuló sobre la posibilidad de que éstos contuvieran algunos sucesos reales, sucesos exagerados y distorsionados quizás por múltiples transmisiones orales, pero hechos que pudieron acontecer realmente. Quizás la nueva inquisición tema que si un hecho bíblico se confirmase, incluso parcialmente, retornase la superstición religiosa a dominar el planeta. Newton también pensaba que su modelo de universo reconciliaba la ciencia y la Biblia y ahí está, convertido en un símbolo de la Ciencia. La nueva casta sacerdotal, los científicos, han creado una nueva inquisición e inmolan sin piedad a quienes osan salirse del estrecho sendero de conocimientos que ellos defienden, o comprenden.

¿Podéis imaginaros lo que estos modernos paladines de la objetividad y el conocimiento empírico hubieran hecho con Giordano Bruno, Galileo o Miguel Servet? Si tuvieran poder para inmolar en hogueras, el mundo científico actual olería a chamusquina. De hecho el olor a quemado de los libros de Wilhelm Reich todavía permanece en el ambiente.

Artículo relacionado:

Fuente:

Deniegan liberar de impuestos a Keneth Copeland por su jet millonario

Deniegan liberar de impuestos a Keneth Copeland por su jet millonario
Miércoles 10 de Diciembre de 2008
Iglesia
Estados Unidos
 
El evangelista ha venido enfrentando problemas legales por presuntas irregularidades financieras como la iniciada por el senador norteamericano Charles Grassley. 
Descargar (deniegan-liberar-de-impuestos-a-keneth-copeland-por-su-jet-millonario.pdf)
Estados Unidos, (entreCristianos.com / NoticiaCristiana.com) El jet que pertenece al ministerio de Kenneth Copeland cuyo valor es de 3.6 millones de dólares ha sido denegado como objeto libre de impuestos en una lucha legal en la que se le puede obligar al evangelista que revele su salario si desea la excepción fiscal. 
    Según información publicada en el Star Telegram tasadores del gobierno le han negado la exención fiscal al jet, porque el ministerio quiere revelar los sueldos de los directores, requisito para obtener la misma.

El jet es un Cesna Bravo 550 del año 1998 donado Copeland el año pasado.

Como se recordará Kenneth Copeland ha venido enfrentando problemas legales por presuntas irregularidades financieras como la iniciada por el senador norteamericano Charles Grassley.

La tentación de la ética: Sören Kierkegaard

La tentación de la ética: Sören Kierkegaard

Hay una situación paradigmática en la historia de la humanidad, y es la siguiente:

“Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham. Le dijo:

–Abraham.

Este respondió:

–Aquí estoy.

Y Dios le dijo:

–Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo. Después cortó leña para el holocausto, se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.

Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio de lejos el lugar.

Entonces dijo Abraham a sus siervos:

–Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.

Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; luego tomó en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos.

Después dijo Isaac a Abraham, su padre:

–Padre mío.

Él respondió:

–Aquí estoy, hijo mío.

Isaac le dijo:

–Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?

Abraham respondió:

–Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.

E iban juntos.

Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, compuso la leña, ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.

Extendió luego Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

Entonces el ángel de Jehová lo llamó desde el cielo:

–¡Abraham, Abraham!

Él respondió:

–Aquí estoy.

El ángel le dijo:

–No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo.

Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Y llamó Abraham a aquel lugar «Jehová proveerá». Por tanto se dice hoy: «En el monte de Jehová será provisto».

Llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y le dijo:

–Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo, de cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; tu descendencia se adueñará de las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

Regresó Abraham adonde estaban sus siervos, y juntos se levantaron y se fueron a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.” Génesis 22:1-19

Abraham sostiene la llamada “tentación de la ética”.

Generalmente las tentaciones están  dirigidas en vista de hacer algo que no es ético, que es éticamente reprobable, es decir que va, de alguna manera, contra la naturaleza humana -”contra naturam” dirían los escolásticos- que es el lugar, de razón, en el que se coteja la acción.

Abraham como ser humano que era conocía eso que la gente comúnmente llama deber ético (imperativo categórico, o principio personalista), que lleva las de tomar al hombre -ser personal- como un fin en sí mismo, promoviendo así mismo sus propios fines. Es decir, que Abraham, según este criterio estaría actuando “contra naturam”.

Pero esta consideración choca con la especial manera de entender, humana, de la creación del hombre, como ser moral, y de la causa eficiente operada en la esencia humana, la experiencia de que tenemos un fin operativo hacia el que tendemos casi sin saberlo, la felicidad. ¿Cómo es posible que el ser dotador y término del anhelo felicitario del hombre, Dios, ordene a Abraham que contradiga el objeto práctico para el que fue creado, a saber, la vida plena con los otros, la vida social palpable y tangible en la vida y la donación, la entrega y la libertad?, ¿es quizá el momento de objetar que Abraham debiera salir del catálogo de los justos, pues trató de asesinar a su propio hijo? 

Kierkegaard, el autor filosófico que sostuvo originariamente esta tesis y reflexiono sobre este pasaje, es quién sugiere que lo que nos lleva a honrar y venerar la acción del padre de la fe es precisamente su fe en “lo absurdo”.

La fe, según este autor, es el objeto intelectual sintético de la lucha entre el arte y la razón práctica (ética), el llamado tercer estadio. Para él, el hombre de fe ha abandonado las cosas finitas de este mundo para, conquistando la fe, recuperarlas a través del infinito, en la fe “de lo absurdo”.

Y analizando quizá las circunstancias históricas y sobretodo filosóficas, la respuesta al racionalismo de Hegel es patente y notoria.

Conclusiones:

1º. La racionalidad de la fe no es estrictamente necesaria, ya que Dios no requiere de nosotros algo que no esté dentro de la naturaleza, “la gracia presupone la naturaleza” dice el clásico de espiritualidad. Luego, en cierta forma, la naturaleza humana está completamente abierta a la gracia, a la acción de Dios, que configura en el hombre la segunda naturaleza, valiéndose por su parte de las causas segundas, que operan en la realidad.  

2º. La ética tiene un carácter metafísico inherente, es decir, hay que conocer nuestro ser para obrar conforme (éticamente) a lo que se es.

3º. La fe no es un “absurdo”, sino una armonía equilibrando, dando sentido mayor a aquello que tiene de por sí sentido. La fe no es algo que tenga que ir contra la realidad, sino que la supera, la completa y la conforma.

Francisco Prieto Roselló (primer redactor de pedaleosymas)

Fuente: La tentación de la ética: Sören Kierkegaard

Ciencia sin ética está “fuera de juego”, precisa autoridad vaticana

Vaticano
Ciencia sin ética está “fuera de juego”, precisa autoridad vaticana

.- El Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Arzobispo Rino Fisichella, destaca en un artículo publicado por L’Osservatore Romano que “una ciencia que quisiera experimentar con la vida humana sin sentir la necesidad de un reclamo ético se pone a sí misma fuera de juego, porque se prestaría a ser blanco de sospecha de estar al servicio de los poderosos de turno y no del bien de toda la humanidad”.

Tras recordar que la Iglesia es experta en humanidad, “como dijera Pablo VI ante las Naciones Unidas” y que en toda su historia siempre ha defendido la vida y la dignidad humanas, el Arzobispo resalta que ésta ” posee para los cristianos una sacralidad porque es primero que nada misterio, desde su inicio hasta su fin evidencia lo que la naturaleza tiene en sí que es ininteligible, que aún ahora no es capaz de caer ante el análisis más crítico ni se equipara a la máquina más precisa; y por ello debe ser respetada por todos”.

“Cuando se habla de vida humana, en resumen, no se está en presencia de una materia manipulable, se está ante la dignidad intrínseca que merece por lo menos respeto“, precisa.

Así como los estados están en capacidad de defender y promover la vida humana; y opinar en los asuntos concernientes a ella, “del mismo modo, la libertad de la Iglesia de expresar su propia enseñanza no puede ser limitada por algunos científicos o intelectuales, que consideran que de estos contenidos no debemos hablar”.

“Si otros encuentran sus certezas en la ciencia no encontrarán en nosotros a opositores. Solo desearíamos con gran respeto recordar que también la ciencia no tiene certezas definitivas y que el misterio de la existencia humana, con sus preguntas inevitables de sentido, también vale para ellos. No necesariamente deben escuchar a la Iglesia Católica, pero si mantienen abierta la puerta de su razón y dan espacio a la fuerza del razonamiento es suficiente“, continuó.

Asimismo, el Arzobispo precisa que “esto, al final, será también el filtro para verificar quien se adhiere a los fundamentalismos confesionales o laicistas, que de hecho no sirven para dirigir a una visión compartida para la salvaguarda y el respeto de la vida humana”.

Noticias Relacionadas

Puede ser peligroso debatir con creacionistas: “el caso Plimer”

Puede ser peligroso debatir con creacionistas: “el caso Plimer” 

regalokansas03

El dr. Manuel Carmona publicó ya ahce un tiempo atrás (Mayo 14, 2008), un artículo que resalta la batalla que hay (intelectual) entre los creacionistas y los cientificos. No deberia suceder esta batalla, pero lamentablemente sucede.Esta batalla de indole intelectual trasciende muchas veces el mero discurso apologetico de los distintos sectores  y va a parar a los juzgados, enredansose en un conflicto religioso y político, no solamente científico.

Tambien sucede en otros ambitos de la ciencia, contra otros grupos que también se oponen a la ciencia tal como hoyu es entendida, tales como los teóricos del Diseño inteligente (D.I).

Algunos teóricos del D.I o alguno de sus defensores, han tenido que renunciar a sus trabajos, otros han sido despedidos, ya que hoy por hoy no es aceptada como ciencia esta teoria cientifica (D.I), sino como pseudociencia, por lo cual todos sus defensores no son aceptados como cientificos serios.

En fin, “el mar está muy  revuelto”, habrá que esperar algunos cuantos años quizás para ver que pasa.

Yo particularmente creo que cuando la ciencia explica la verdad y la fe cristiana hace lo mismo, y se abandonan los prejucios y los dogmas, ambos corren por la misma carretera aunque en carriles distintos, pero en el mismo sentido, ya que ambos luchan por la verdad, pero lo hacen de maneras distintas. Los creacionistas (cristianos) lo hacen desde la fe bíblica, los cientificos desde el método racional experimental.

Bueno,los dejo con el artículo.

Dios te bendiga

Paulo Arieu


Puede ser peligroso debatir con creacionistas: “el caso Plimer” 

 

Autor: Dr. Manuel Carmona (oldearth.wordpress.com)

Fuente: EUSTOQUIO MOLINA (Revista el Escéptico)

Pleitear con los pseudocientíficos supone un cierto peligro para la salud y la economía de cualquier científico, por prestigioso y famoso que sea.

Dice el refrán popular: pleitos tengas y los ganes. Pero no sólo basta con ganarlos, sino que también hay que tener suerte de que no surjan complicaciones. La analogía se puede hacer extensiva a las guerras, en las cuales tanto los vencedores como los vencidos sufren un desgaste considerable y, por tanto, puede generalizarse la afirmación: en las guerras todos pierden. Lo ocurrido en Australia al profesor Ian Plimer ilustra sobre el poder de los pseudocientíficos y el peligro al que están expuestos los científicos que osan combatirlos pleiteando con ellos. Ha habido muchos paleontólogos y biólogos australianos que han alzado la voz para criticar la ciencia creacionista, pero el más activo y valiente ha sido Ian Plimer, geólogo especialista en Mineralogía, quien, una vez obtenida la cátedra en 1985 en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Melbourne, pensó que era su obligación profesar su disciplina en público combatiendo a los creacionistas científicos. Así, difundió sus preocupaciones respecto a los valores científicos y de educación del creacionismo en la literatura profesional y, por eso, fue inmediatamente atacado en público y amenazado de querella por los grupos creacionistas. En Estados Unidos, los grupos científicos y religiosos que combatían al creacionismo trataban a los creacionistas al mismo
nivel y discutían desde una posición de debilidad.

Leer el resto del artículo….

¿Una ética sin Dios?

¿Una ética sin Dios?

Uno de los grandes proyectos del pensamiento iluminista era (y es, donde existen pensadores que se identifican de alguna manera con el sueño iluminista) elaborar una ética sin Dios. O, al menos, una ética como si Dios no existiese, según una frase famosa tomada de los escritos de Hugo Grocio (1583-1645).

Este proyecto está basado en varios presupuestos. Quisiera ahora fijarme en tres de esos presupuestos (que enumero sin establecer una jerarquía entre los mismos).

El primero: pensar que la razón humana es capaz, por sí sola, de llegar a algunas verdades asequibles para todos en el campo de la ética individual y social, aunque sean normas tan genéricas como el principio de tolerancia y el principio de respeto hacia la diversidad. El «para todos» incluye, realmente, a todos, aunque estén separados por tradiciones religiosas o culturales muy distintas.

El segundo presupuesto consiste en suponer que gran cantidad de normas y leyes que rigen la vida de muchos pueblos no son racionales, si es que no llegan a ser irracionales e, incluso, injustas. Normas como las que se refieren, por ejemplo, a la circuncisión femenina, a los modos de vestir, a los alimentos permitidos o prohibidos, a la manera de educar a los hijos, no se basan muchas veces en criterios racionales ni en el respeto a los derechos humanos, sino en tradiciones milenarias que en ocasiones son gravemente injustas o simplemente absurdas.

El tercer presupuesto es más complejo: afirmar que la idea que los hombres podamos tener acerca de Dios es más un obstáculo que una ayuda para elaborar una ética válida para todos. En palabras más sencillas: creer en Dios no haría a nadie más bueno ni más honesto ni más sociable. Más aún: millones de personas han justificado crímenes atroces e injusticias seculares apoyados en que Dios «está con nosotros» o en que «Dios así lo quiere», como si el creerse poseedores de la religión verdadera fuese una especie de permiso para cometer cualquier tipo de atrocidades.

Estas ideas tienen un gran peso en la sociedad actual. Políticos, escritores, personajes del mundo del espectáculo y de la ciencia, han vuelto a subrayar la urgencia de elaborar una ética mundial, válida para todos, y han denunciado los peligros que, según ellos, nacen de las religiones.

Esta nueva ética mundial, nos dicen, debe ser lo suficientemente «racional» y democrática para no excluir a nadie y permitir muchos comportamientos, antes prohibidos por prejuicios vanos o religiosos, y ahora reconocidos como plenamente legítimos en una sociedad verdaderamente madura y pluralista.

En realidad, las propuestas de elaborar éticas sin Dios caen en no pocas contradicciones. La primera consiste en ignorar o malinterpretar la misma noción de ética.

¿Qué es la ética? Según una noción clásica, la ética sería un saber que nos indica lo que está bien y lo que está mal, según una idea de perfección humana que descubre la existencia de deberes. La fórmula que expresa esta noción de ética es suficientemente conocida por muchos pueblos: hay que hacer el bien y hay que evitar el mal.

Pero esta misma noción de ética es criticada por no pocos «iluministas» y pensadores de la modernidad como naturalista, anticuada, o simplemente contradictoria. Porque, nos dicen, no es nada fácil conocer qué es lo bueno y qué es lo malo. Porque, nos insisten, cada quien debe decidir qué sea lo bueno y lo malo para su propia vida, sin que nadie imponga, desde fuera, ninguna norma ética.

Proponer, sin embargo, que cada quien haga lo que quiera, es simplemente destruir la ética. Decir que no hay normas absolutas, que nada puede ser visto como bueno o como malo, que todo está permitido (sin dañar a los demás, un límite que veremos en seguida), es lo mismo que decir adiós a la ética.

Es cierto que los «modernistas» afirman: cada quien puede escoger lo que desee, siempre y cuando no dañe la libertad de los otros. Pero al decir esto ponen un límite a la libertad (mi libertad termina allí donde empieza la libertad del otro) y luego renuncian a justificar en serio por qué ese límite deba ser respetado, pues no creen que sea necesario demostrar con argumentos sólidos la necesidad del respeto del otro.

Por lo mismo, se hace necesario reproponer la verdadera noción de ética, la que nos recuerda que existen cosas buenas y cosas malas, la que se funda en una idea del hombre que explica por qué un ser humano sería bueno si realiza acciones honestas y por qué sería malo si comete acciones deshonestas.

Esta noción es, en muchos puntos, asequible a la razón humana. Sobre este aspecto podríamos coincidir en buena parte con el primer presupuesto del iluminismo (la razón por sí sola puede alcanzar importantes verdades éticas). Platón y Aristóteles, por ejemplo, elaboraron reflexiones morales sumamente actuales.

Pero también es verdad que la vida ética no se construye sólo con la razón. En todos los seres humanos hay un sinfín de factores que intervienen en cada decisión. Casi todos estamos seguros de que robar es malo; no es difícil, sin embargo, que cedamos con pocas resistencias a la tentación de un robo «pequeño» cuando se nos presenta como fácil.

La razón humana, además, nos lleva a reconocer que el hombre no se explica por sí mismo, con sorpresa de no pocos modernistas. En otras palabras, nos pone en camino para pensar en la existencia de un Dios Creador y nos permite descubrir la dependencia radical del hombre respecto de Dios. Creer, como Grocio y como tantos iluministas del pasado y del presente, que sea posible construir una ética sin Dios es como pensar que se pueda levantar un edificio sin cimientos, porque negar nuestra dependencia de Dios es como decir que no somos capaces de hablar mientras estamos hablando…

Dios, en realidad, resulta ser un baluarte indispensable para comprender lo que es el hombre, y para elaborar cualquier ética verdaderamente «racional». Si negamos a Dios, el hombre debería limitarse a reconocer que es un animal más o menos complejo, orientado a vivir según sus caprichos y según la ley del más fuerte. Es decir, la negación de Dios implica la negación de la ética, si es que no caemos en la idea de llamar «ética» a la renuncia de cualquier norma absoluta y a la opción por vivir según lo que cada circunstancia nos indique, o lo que nos pida el capricho del momento, o lo que imponga el más fuerte (individuo, grupo, partido, raza, etc.).

Precisamente por el error anterior ha habido quienes han pensado que la ética debería quedar reducida a describir lo que «se hace», lo que decide una sociedad en un momento determinado de su historia, lo que imponen los grupos de poder o las modas con su fragilidad y sus prisas para llegar y para desaparecer. No hace falta notar que esta idea de ética es absurda y contradictoria, pues entonces no habría manera alguna para condenar la esclavitud, los genocidios, la explotación de los niños, la opresión de la mujer, etc.

No hay, no puede haber, verdadera ética allí donde se niegue la existencia de Dios. Porque las normas morales no se explican sin descubrir ese orden profundo que penetra toda la realidad, y que brilla de un modo muy especial en el ser humano, con su espiritualidad y su vocación a una vida más allá de la vida presente.

Queda por decir una palabra sobre el ataque que muchos hacen a las religiones, y sobre la idea de que es posible una ética sin religión. Hemos de reconocer, inicialmente, que no todas las religiones pueden ser igualmente verdaderas. O todas están equivocadas, o algunas están más cerca de la verdad, y otras menos.

En el segundo caso, aquellas religiones que estén más cerca de la verdad nos permitirán conocer mejor al hombre, nos indicarán con más claridad nuestra relación con Dios y con los demás, nos abrirán horizontes éticos más completos y ricos.

Si, además, fuese posible descubrir que entre todas las religiones hay una que tiene en sí aquellos elementos que muestran que es la única verdadera, esa nos ofrecerá la mejor ayuda para comprendernos a nosotros mismos y para elaborar una ética válida para todos. Nos permitirá conocer lo que Dios quiere del hombre y lo que nos lleva a nuestra plenitud en el tiempo y en la eternidad.

Renunciar, o incluso despreciar, a las religiones bajo la excusa de que en nombre de la religión se han cometido crímenes y errores en el pasado y en el presente sería tan absurdo como renunciar a la medicina porque ha habido y hay médicos sin escrúpulos que han usado a miles de seres humanos para experimentos sumamente injustos.

Para quien escribe estas líneas, la verdadera religión es la católica, que desvela al hombre el camino de la verdadera ética, la única que nos puede realizar plenamente al descubrirnos cuál es el núcleo profundo de nuestra humanidad.

Lo enseñaba bellamente el Papa Juan Pablo II, al recordar que el «cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de sí, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realización de sí: esta es la verdad revelada por Cristo. El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno» («Tertio millennio adveniente» n. 9).

No existe, por tanto, verdadera ética allí donde negamos a Dios. Ni tampoco habrá verdadera ética si dejamos de lado el gran acontecimiento que ha cambiado la historia humana: Dios vino al mundo y nos enseñó el camino de la Vida. Ese es el centro de nuestra fe cristiana, y ese debe ser el motor que nos lleve a construir un mundo más justo, más humano, más lleno de amor.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=8248

Anteriores Entradas antiguas