Viviendo con esperanza

El Sermón Dominical
Domingo 19 de Septiembre del 2010
Viviendo con esperanza
Pastor Tony Hancock
El gobierno había anunciado el lanzamiento de un nuevo proyecto:la construcción de una presa para retener las aguas de ciertorío, a fin de generar electricidad para el desarrollo de un áreaextensa. Sólo habría una consecuencia de la construcción de lapresa: una comunidad pequeña quedaría inundada.

Al principio, los residentes de aquella aldea se opusieron alproyecto. No querían abandonar las casas en las que habíancriado a sus hijos; no querían perder los lazos de amistad quese habían formado tras décadas; no querían dejar su lindopueblo. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que el progresoera inevitable, y que recibirían casas nuevas a cambio dedesocupar sus lugares.
La construcción de la represa empezaría dentro de seis meses;mientras tanto, los residentes del pequeño pueblo se prepararonpara mudarse. Durante este tiempo, se empezó a notar un cambiopaulatino en el pueblo. Una casa necesitaba pintura, pero susdueños la dejaron sin pintarse. Unos vándalos quebraron loscristales de un edificio, y nadie los cambió. ¿Para qué?
Poco a poco, aquel pueblo tan bello y limpio se convirtió en unpueblo fantasma. ¿Para qué cuidar, limpiar y componer? ¡Dentrode poco, todo quedaría bajo el agua! La gente del pueblo habíaperdido esa cualidad tan importante, la esperanza – y comoresultado, todo se desbarató.
Algo muy similar sucedió en Jerusalén, poco después de que losjudíos habían empezado a regresar del exilio en Babilonia.Lograron poner los cimientos del templo del Señor, que habíasido destruido más de cincuenta años antes en la últimainvasión. Sin embargo, después de poner los cimientos, se habíadetenido el trabajo debido al desánimo de la gente por laoposición de los pueblos vecinos.
Dios levantó a dos profetas – Hageo y Zacarías – para animar alpueblo con un mensaje de esperanza. Este mensaje tienesignificado para nosotros hasta el día de hoy, porque nosotrostambién podemos caer en la misma trampa en la que cayeron ellos.Podemos caer en el desánimo y dejar de trabajar en la obra delSeñor, porque hemos perdido de vista la esperanza que tenemos.
Hageo nació en Jerusalén antes de su destrucción. El había vistode niño la gloria del templo y la ciudad. Fue exiliado y regresócon Zorobabel y Jesúa (Josué) en la primera ola de repatriados.Abramos nuestras Biblias al libro que lleva su nombre, en elcapítulo 2. Empecemos con los versos 1 al 5:
Hageo 2:1-52:1 En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabrade Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo:2:2 Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador deJudá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al restodel pueblo, diciendo:2:3 ¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa ensu gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella comonada delante de vuestros ojos?2:4 Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzatetambién, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobradánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad;porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos.2:5 Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis deEgipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, notemáis.
Hageo había visto el templo antes de su destrucción, y algunosde los más ancianos entre el pueblo también lo habían visto. Loscimientos que ahora se habían puesto presagiaban un edificio máspequeño y mucho menos ilustre que el templo de Salomón. Parecíapoca cosa, a comparación. Sin embargo, ¿qué dice Hageo? Diosdeclara que su Espíritu permanece entre el pueblo.
Dios es capaz de hacer algo grande con muy poco, porque – comoEl dijo a través de Zacarías más o menos al mismo tiempo: “Noserá por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu -dice el Señor Todopoderoso-.” (Zacarías 4:6)
Nosotros también podríamos mirar la situación de nuestra Iglesia- los retos que enfrentamos con la falta de recursos y detrabajo, la situación legal y muchas otras cosas más – y sentirdesánimo. ¿Qué podemos hacer nosotros? Si el Espíritu de Diosestá en nosotros y entre nosotros, lo que más nos limita seránuestra falta de fe. La reconstrucción del templo no se habíadetenido porque Dios ya no estaba con su pueblo, sino porque elpueblo ya no confiaba en su Dios.
Leamos ahora los versos 6 al 9:
Hageo 2:6-92:6 Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yoharé temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierraseca;2:7 y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado detodas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dichoJehová de los ejércitos.2:8 Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de losejércitos.2:9 La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera,ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar,dice Jehová de los ejércitos.
Dios declara que El controla todas las naciones, y tiene un díapreparado para zarandear y juzgar a todo el mundo. Como muestrade esto, El traería las riquezas de las naciones a ese mismolugar. Esto sucedió varias veces en los siguientes siglos,culminando cuando el gobernador Herodes renovó y amplió estetemplo unos 20 años antes del nacimiento de Jesucristo. Eltemplo renovado fue grandioso e impresionante, embellecido conlas riquezas del imperio romano.
Después de esto, dice Dios, “llenaré de esplendor esta casa”.Como resultado, “el esplendor de esta casa será mayor que el dela primera”. Dios no se refería a la belleza física de estetemplo; su esplendor es la gloria de Dios, que llenaría estetemplo de una forma aun más grande que en el primer templo. Estose cumplió cuando Jesús llegó, trayendo la presencia misma deDios a este templo.
El pueblo del día de Hageo no se imaginaba que el templo tanpobre que ellos reconstruían vería la presencia de Dios mismo,cuando Jesús llegó – quinientos años después – para enseñarallí. Lo que ellos podían hacer les parecía muy poco, pero eragrande dentro del plan de Dios.
Si Dios te ha llamado a hacer algo, no pienses que es demasiadopequeño. No es poca cosa compartir el evangelio con alguien. Noes poca cosa ofrendar para la obra del Señor. No es poca cosapasar tiempo en oración con tu familia, enseñar una clase deescuela dominical o dar un vaso de agua fresca al sediento. Enel plan de Dios, la obediencia siempre tiene significado.
La obediencia del pueblo al terminar la reconstrucción deltemplo prepararía el lugar para la venida del Mesías. Zacarías,el contemporáneo de Hageo, recibió varias visiones para animaral pueblo a seguir firme detrás de sus líderes, Zorobabel yJesúa, y terminar el templo. Dentro de estas visionesencontramos varias menciones del Mesías venidero.
Empecemos con la revelación que Dios le dio a Zacarías de supropósito final. Leamos Zacarías 2:10-11:
Zacarías 2:10-112:10 Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, ymoraré en medio de ti, ha dicho Jehová.2:11 Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y meserán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entoncesconocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.
Dios le dice a su pueblo reunido en Jerusalén que su propósitofinal es morar en medio de ellos. Es más, no sólo Israel seríael pueblo de Dios; muchas naciones se unirían para conformar elpueblo de Dios y disfrutar de su presencia.
¡Esta profecía ya se está cumpliendo! En la Iglesia deJesucristo se unen personas de muchas naciones, razas y etnias,experimentando la presencia de Dios por medio de su Espíritu.Cuando Jesús vuelva, El nos llevará para vivir en la presenciade Dios para siempre. Este siempre ha sido el propósito de Diospara nosotros, y es la mejor cosa que podemos conocer.
Pasemos ahora al capítulo 3, versos 8 al 10:
Zacarías 3:8-103:8 Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigosque se sientan delante de ti, porque son varonessimbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo.3:9 Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué;sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabarésu escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré elpecado de la tierra en un día.3:10 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno devosotros convidará a su compañero, debajo de su vid ydebajo de su higuera.
Aquí Dios habla a Josué, el sumo sacerdote. A este hombretambién se le conoce como Jesúa, para evitar la confusión conJosué, el asociado de Moisés. Dios le dice a este sacerdote queél y sus compañeros son un presagio, una señal de algo queviene.
Es muy interesante que Josué y Jesúa son simplemente lasversiones hebreas del nombre que nosotros conocemos como Jesús.Dios le decía a este sacerdote, cuyo nombre traducido es Jesús,que él era la señal de algo que venía. Luego le dice que elSiervo de Dios, el que Isaías había anunciado 200 años antescomo el Renuevo de la dinastía de David, ya estaba por llegar.
Como Siervo Sufriente, este personaje sufriría obedientemente enel lugar de otros. Como Renuevo, vendría para restablecer eltrono de David y reinar sobre el pueblo de Dios. La piedra consus siete ojos representa el conocimiento universal de Dios, yluego declara esto: “¡En un solo día borraré el pecado de estatierra!”
¿Quién sería ese Renuevo, ese Siervo señalado por el sacerdoteJesús? ¡Sería su tocayo! ¿Cuándo llegó el día en que los pecadosde la tierra fueron borrados? Fue el día en que Jesús colgaba enla cruz, cargado con los pecados de toda la tierra. Como elsacrificio perfecto, eterno, El con su sangre borró los pecadosde la tierra para todo aquel que confía en El.
Zacarías dijo varias cosas más acerca del Mesías, el Ungido deDios, pero sólo tenemos tiempo para ver una de ellas. Seencuentra en el capítulo 9, versos 9 y 10:
Zacarías 9:9-109:9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija deJerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador,humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijode asna.9:10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos deJerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablarápaz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desdeel río hasta los fines de la tierra.
Zacarías llama al pueblo a esperar la venida de su rey, no sobreun caballo de guerra, sino montado sobre un asno.
El día en que Jesús entró a Jerusalén, una semana antes demorir, El entró montado sobre un asno – en cumplimiento de estaprofecía. No llegó con el poder militar, humano; llegó humilde,permitiéndose maltratar cuando sus enemigos lo quisieron. Sinembargo, con esa humildad, se convirtió en el Salvador de todoel que lo sigue.
Sin embargo, no es el final de la historia. El verso 10 estátodavía por cumplirse. Un día, El volverá para establecer lapaz, derrotando a todos sus enemigos y extendiendo su dominio demar a mar. Nosotros ahora vivimos entre los versos 9 y 10. Jesúsya llegó como Salvador, humilde, pero un día volverá comoConquistador. Si lo hemos conocido ahora, si nos hemos unido aEl por fe en humildad y arrepentimiento, seremos suyos cuando Elvuelve como Conquistador.
Aquí está nuestra esperanza. Tenemos la seguridad de que laPalabra de Dios se cumple, porque podemos ver que varias deestas profecías ya se han cumplido. Por lo tanto, podemos viviren la esperanza de su regreso y el establecimiento pleno de suReino sobre la tierra.
Quizás tú no tienes esta esperanza. Nunca te has unido a Jesúspor fe; no formas parte de su Reino, porque nunca lo hasreconocido como tu Rey. Todo eso puede cambiar hoy. Hoy puedesencontrar la paz y la esperanza que siempre buscabas. Hoy puedessaber que tu pecado ha sido perdonado. Hoy puedes tener unfuturo asegurado al lado de Jesucristo.
Si lo deseas, no esperes más. Ven hoy a Cristo.
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¿Dónde está Dios?

El Sermón Dominical
Domingo 12 de Septiembre del 2010

¿Dónde está Dios?
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de dos niños muy, muy traviesos. Por fin, sus padres se cansaron de tantas travesuras, y decidieron llevarlos al pastor para que hablara con ellos. El primer niño entró a la oficina del pastor. Éste lo sentó en una silla y, queriendo hacer que reflexionara sobre el hecho de que Dios siempre nos ve, le preguntó en voz solemne: ¿Dónde está Dios?

El niño se quedó callado. El pastor, entonces, repitió la pregunta con voz más fuerte: ¿Dónde está Dios? El niño no respondió nada. El pastor se levantó de su asiento y le preguntó una vez más: ¿Dónde está Dios? El niño salió corriendo de la oficina del pastor y agarró de los hombros a su amigo travieso.
¡Han perdido a Dios! – le dijo – ¡y piensan que nosotros nos lo robamos!

Al leer el libro de la Biblia que estudiaremos hoy, podríamos hacernos la misma pregunta que hizo aquel pastor: ¿dónde está Dios? A pesar de formar parte de la Biblia, este libro jamás
menciona directamente a Dios. Parece que El no está presente en este libro. Sin embargo, al reflexionar un poco, nos damos cuenta de que Dios obra a través de esta historia, aunque nunca
se le menciona.

Quizás nos podamos identificar con esta situación. Puede ser que la presencia de Dios a veces no sea muy obvia en nuestras vidas.
Quizás nos gustaría que fuera un poco más visible. Sin embargo, podemos estar seguros de que El está obrando en toda circunstancia que toca la vida de su pueblo.

La historia comienza con un rey que había tomado demás. Había hecho fiesta con sus nobles, mientras su esposa – la reina – también festejaba con las damas. Después de varios días de festejar y tomar, el rey decidió desfilar a su reina ante los invitados para que apreciaran su belleza.

Sin embargo, cuando mandó traer a la reina, ésta entendiblemente se rehusó a convertirse en espectáculo. El rey entonces se enojó. Consultó con sus sabios – todos de ellos hombres – acerca
de lo que debía hacer. Los sabios le dijeron que, si él no tomaba cartas en el asunto, todas las mujeres del reino se enterarían de la actitud de la reina y se rebelarían contra sus esposos.

Como resultado, el rey decidió escoger a otra reina. Mandó proclamarse un decreto en todo su reino de que los hombres debían ejercer autoridad sobre sus familias, y se lanzó un concurso de belleza más importante que Miss Universo – el concurso para ser la siguiente reina.

La ganadora de este concurso fue una joven judía que se llamaba Ester. Aunque bella, su vida había tenido su parte de sufrimiento. Había perdido a sus padres, y uno de sus primos – un hombre íntegro llamado Mardoqueo – la había criado. Ester tenía un carácter tan bello como su físico.

Cuando fue escogida para participar en el concurso para ser la siguiente reina, su primo Mardoqueo le dio algunos consejos.
Siendo joven y bella, fácilmente podría haber rechazado las instrucciones de un hombre mayor. Sin embargo, ella decidió más bien seguir sus instrucciones al pie de la letra. También mostró
su humildad obedeciendo las instrucciones del encargado de las jóvenes; él le dijo qué cosas llevar consigo cuando se veía con el rey, y ella hizo precisamente lo que le dijo.

Una de las primeras cosas que sucedió cuando Ester se hizo reina fue que Mardoqueo se enteró de un complot para asesinar al rey.
El se lo comentó a Ester, quien le dijo al rey lo que planeaban en su contra, dándole el crédito a Mardoqueo.

Todo parecía marchar bien, pero en el horizonte se vislumbraba un gran peligro. Amán, un asesor del rey, se enojó con Mardoqueo porque no se doblegaba ante él cuando pasaba. Mardoqueo no lo hacía porque era judío, y no podía darle a un hombre el honor que sólo Dios se merece; pero Amán lo tomó como un insulto personal, y decidió vengarse de Mardoqueo.

Sabiendo que era judío, decidió extirpar a todo su pueblo junto con él, y usando su influencia con el rey Jerjes, lo convenció para que emitiera un decreto que, en cierta fecha determinada
usando suertes, todos los judíos morirían. Lo que no sabía el rey, ni lo sabía Amán, era que este decreto también condenaba a muerte a la nueva reina Ester, pues ella también era judía.

¿Qué sucedería con Ester, con Mardoqueo y con el resto de sus compatriotas? Nos interesa la respuesta, porque si se exterminaba la raza judía, ¿cómo se cumplirían las promesas de
bendición para todas las naciones que Dios le había hecho a Abraham? ¿Cómo nacería el Salvador Jesucristo, que en su humanidad vendría de este linaje?

Detrás del egoísmo vengativo de Amán podemos distinguir un intento por parte de Satanás por detener la venida al mundo del Salvador. ¿Tendría resultado? ¿Lograría su plan? Mardoqueo se
comunicó con Ester para darle a conocer el edicto. Ella debía hablar con el rey para tratar de detener el proyecto, pero había un problema: si ella se aparecía ante el rey sin que él la
invitara, se exponía a una sentencia de muerte. Tal era el honor del rey que nadie podía llegar ante él sin invitación. Sólo si el rey le extendía el cetro podría ella ser perdonada.

Leamos en Ester 4:12-14 la respuesta de Mardoqueo ante la objeción de Ester:

4:12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.
4:13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No
pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier
otro judío.
4:14 Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas
tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para
esta hora has llegado al reino?

Aunque Mardoqueo no lo menciona, queda claro que él confía en la soberanía de Dios. El sabía que Dios liberaría a su pueblo de una forma de otra, y se imaginaba que El mismo había puesto a
Ester en el trono para ese preciso momento.

Ester respondió pidiéndole a Mardoqueo que hiciera oración y ayuno durante tres días, y ella con sus damas haría lo mismo.
Así ella demuestra su confianza en Dios también. Al final de esos tres días, ella se presentó ante el rey. Aunque no la había mandado llamar, el rey se complació con ella y le extendió el cetro. Ester lo invitó con Amán a tomar una cena con ella. En esa cena, invitó a los dos a volver a cenar con ella al día siguiente.

Amán se fue contento porque había sido invitado por la reina a comer con ella y el rey. Sin embargo, al salir del palacio, se volvió a enojar al ver a Mardoqueo, que no se doblegaba ante él.
Decidió construir una horca y buscar la oportunidad de colgar a Mardoqueo sobre ella.

Mientras tanto, el rey no podía dormir. Buscando vencer el insomnio, se puso a revisar los registros y descubrió que Mardoqueo nunca había sido honrado por reportar el complot que
se había hecho contra su majestad. Decidió remediar el asunto lo más pronto posible.

Al día siguiente, la primera cosa que hizo el rey cuando vio a Amán fue preguntarle: ¿qué harías para honrar al hombre que le complace al rey? Amán no pudo pensar en nadie más que él mismo a quien el rey quisiera honrar. Se imaginó que el honor sería para él. Le recomendó al rey que vistiera a aquel hombre con un manto real, que lo subiera en un caballo que había usado el rey y que un alto funcionario lo desfilara por la ciudad gritando: “Así se trata al hombre a quien el rey desea honrar”.

Tan pronto había salido de labios de Amán esta sugerencia, el rey se mostró de acuerdo. Le dijo: “¡Ve de inmediato y haz esto con Mardoqueo!” Amán se dio cuenta de que no era el mejor momento para pedirle permiso al rey para ahorcar a Mardoqueo, y tuvo que ir a honrarlo como lo había mandado el rey.

Esa tarde, en el banquete de Ester, ella le explicó al rey Jerjes el plan que había hecho Amán y le pidió que protegiera a su pueblo. El rey salió al patio para considerar la situación, mientras Amán se quedaba con la reina rogando por su vida. En el instante en que el rey volvió al salón encontró a Amán cayéndose sobre el sofá donde estaba Ester. Al ver esto, se enfureció.
Enterándose de la horca que Amán había mandado construir para Mardoqueo, el rey mandó que lo ahorcaran allí mismo.

Así se terminó la vida de Amán, pero no se había terminado el peligro para el pueblo judío. Los decretos reales del imperio persa no se podían cambiar o cancelar. ¿Qué hacer? Bajo sugerencia de Ester, el rey emitió otro decreto que les daba a los judíos el derecho de reunirse armados en el día decretado para su destrucción y defenderse contra cualquiera que buscara quitarles la vida. Además de esto, les daba el derecho de quedarse con los bienes de quien los atacara.

Por temor a los judíos, mucha gente dentro del imperio judío se unió a ellos. El día señalado, se defendieron contra los ataques de sus enemigos. El plan de Amán – y el plan del enemigo de
nuestras almas – se había frustrado, y se estableció un día de fiesta en celebración.

Esta fiesta se conoce como Purim, que en hebreo significa suertes. Se habían usado suertes para fijar el día de la destrucción de los judíos. Sin embargo, Dios obró, y demostró que la historia de este mundo no está en manos de la suerte, sino en manos de El.

¿Dónde está Dios? El libro de Ester nos muestra que Dios siempre está obrando para proteger a su pueblo. A través del Antiguo Testamento, El obró una y otra vez para proteger al pueblo
judío, que sería canal de bendición para todas las naciones por medio de Jesucristo.

Ester vivió después de que Zorobabel y Jesúa habían llevado al primer grupo de exiliados de regreso, pero antes de que Esdras y Nehemías regresaran. Judá era una provincia del imperio persa durante este tiempo; si el plan de Amán hubiera funcionado, tanto los que habían regresado a la tierra como los que seguían dispersados por el imperio persa podrían haber sido
exterminados. El pueblo de Dios podría haber sido extirpado.

Sin embargo, Dios no iba a permitir que esto sucediera. ¡Dios es soberano sobre la historia del mundo! Aunque las naciones se levantan y se caen, Dios tiene un plan que se realizará. Aunque
no siempre es obvio, Dios está en control. Su nombre nunca se menciona, pero El obra poderosamente a través del libro de Ester.

El controló las suertes, dando suficiente tiempo para que Ester hablara con el rey antes de la fecha puesta por Amán. El movió el corazón del rey para que éste le extendiera el cetro a Ester.
Proverbios 16:33 y 21:1 declaran que Dios es capaz de hacer precisamente esto, y mucho más: “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella” (Pr. 16:33), “Como los
repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Pr. 21:1).

En Ester vemos que ese Dios soberano usa a las personas humildes, valientes y confiadas en El. Ester fue humilde, pues supo aceptar las instrucciones de su primo Mardoqueo y del encargado de las jóvenes. Muchas veces tenemos un espíritu adolescente que dice: A mí nadie me dice que hacer. Esto es lo opuesto a la sabiduría y la humildad; si Ester hubiera tenido esta actitud, jamás habría llegado a ser reina ni habría jugado el papel que Dios tenía para ella en su plan.

Fue valiente al acercarse al rey sin invitación, pero su valentía nació de su confianza en el Señor. Después de orar y ayunar, tuvo el valor necesario para acercarse al rey sin temor.
Como resultado, Dios la usó. El todavía está buscando gente humilde, valiente y confiada en El. ¿Quieres ser una de esas personas?

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Legado

11 de septiembre 2010

Legado
Charles R. Swindoll

Vea 1 Crónicas 29:10-13

Finalmente, y como era de esperar, David cae de rodillas y pronuncia una hermosa oración, una expresión espontánea de su adoración al SEÑOR. Los primeros versículos son expresiones de alabanza. La alabanza deja al hombre fuera de la escena, y se concentra totalmente en la exaltación al Dios vivo.
David estuvo rodeado de inmensas riquezas. Pero estas nunca se apoderaron de su corazón. Libró muchas batallas en su interior, pero nunguna de ellas fue contra la avaricia. David no fue atrapado por el materialismo. Él dijo: “Señor, todo lo que tengo es tuyo; todos estos hermosos palacios donde nos reunimos para adorarte, el lugar donde vivo, la sala del trono, todo, todo es tuyo.”
¡Que inversión tan importante es que transmitamos a nuestros hijos una adecuada escala de valores, para que sepan cómo manejar las cosas buenas de la vida, sabiendo que estas son sólo pasajeras, hoy están aquí, mañana ya no lo estarán! Esa inversión también les enseña cómo manejarse cuando las cosas no son fáciles. David lo manejó tranquilamente, otra cualidad admirable.
¿Que lecciones podemos aprender de un hombre así? Aprendemos esperanza, a pesar de su humanidad. Aprendemos valentía, aun en medio de sus temores. Aprendemos consuelo y alabanza de los cánticos que surgieron en sus horas de desesperación. Aprendemos lo que es el perdón de los momentos dolorosos de su pecado. Y aprendemos el valor de servir al propósito de Dios en nuestra propia generación, aunque no se cumplan todos nuestros sueños.
Gracias, David, por ser un buen modelo, al enseñarnos con tu vida estas verdades tan importantes. Y gracias a ti, Padre, por ser nuestro Amo, por utilizarnos a través de todos los Saúl, Goliat, Jonatán, Abigaíl, Betsabé, Absalón y Joab de nuestras vidas. Gracias por mostrarnos que podemos ser personas como David. . . personas de pasión y destino.

Buenos Días con Buenos Amigos

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Salvavidas?

¿Salvavidas?

En algunas ocasiones, bastantes… escuchamos o tratamos con personas que esperan “milagros” de parte de Dios en sus vidas. Tienen problemas y acuden al Señor Dios Todopoderoso para que los solucione; se encuentran desesperados y toman la Biblia esperando encontrar respuestas inmediatas a sus necesidades o a los problemas que los acorralan.

Debemos tener presente que Dios no es un salvavidas al que aferrarnos cuando nos estamos ahogando. No es un amuleto… Generalmente El no actúa de esta manera… aunque puede hacerlo y en ocasiones nos ayuda más allá de lo que esperaríamos.

Es verdad que la Biblia nos enseña cosas como las siguientes:

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3)
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)
“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7)
PERO… también nos dice esto:

“Y sabemos QUE A LOS QUE AMAN A DIOS, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:38)
¿Y cuándo “amamos a Dios”? Veamos los versículos anteriores:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu… Porque los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios…” (Romanos 8:1, 5-8)
“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12-13)
Entonces, las cosas nos ayudarán a bien, como dice también Romanos 8:26-27…

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”
Las cosas nos “ayudarán a bien” cuando nuestras vidas estén acorde al Plan y a la Voluntad de Dios para nosotros…

Sí, Dios es un Dios de milagros. Lo podemos ver desde el momento de nuestra salvación. Si hacemos un recuento de Su Obra en nosotros ¿seríamos tan ciegos de no ver lo que El hizo día por día?

Y por supuesto, si clamáremos, El nos respondería…

Cabe entonces, respondernos a esta pregunta: ¿Vivimos de forma tal que sea evidente que nosotros lo amamos a El?

Recordemos: Dios muestra su Amor hacia nosotros… ¿Hacemos nosotros lo mismo hacia El?

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¿Quién soy yo?

2 de septiembre 2010

¿Quién soy yo?
Charles R. Swindoll

Vea 2 Samuel 7:4-17

Dios no llama a todo el mundo a construir templos. Él llama a algunos a ser soldados. A otros al veleroso trabajo en las trincheras. A algunos otros llama a componer y dirigir música. Dios tiene toda clase de maneras creativas para utilizarnos; maneras que ni siquiera podemos imaginar y que, ciertamente, no somos capaces de ver a la vuelta de la esquina.   Una de las cosas más difíciles de escuchar es que Dios va a utilizar a otra persona para hacer algo que usted pensaba que le correspondía hacer.  Eso fue lo que David tuvo que escuchar. “No serás tú, David. . . será tu hijo, Salomón.”

Oh SEÑOR Dios, ¿quién soy yo, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? Y aun esto te ha parecido poco, oh SEÑOR Dios, pues también has hablado del futuro de la casa de tu siervo. ¿Se comporta de esta manera el hombre, oh SEÑOR Dios? ¿Qué más puede añadir David al hablar contigo?  Pues tú conoces a tu siervo, oh SEÑOR Dios. (2 Samuel 7:18-20).

Es importante que de vez en cuando nos sentemos para dar una buena mirada a nuestras breves vidas, y contar las bendiciones que tenemos.  ¿Quiénes somos nosotros para haber sido protegidos de las lluvias que cayeron, y de los fuertes vientos que destruyeron regiones, dejando a cientos de personas sin hogares? ¿Quiénes somos nosotros para que Dios haya bendecido nuestras casas y nos haya guardado con seguridad? ¿Para habernos dado calor en los días de frío. . . y fresca brisa en los días de calor?  ¿Quién soy yo, Señor para haberme dado salud y fuerzas y poder así conservar un empleo o seguir esta carrera hasta obtener este título? ¿O para tener padres que me han estimulado?  ¿O para tener estos chicos maravillosos y verlos crecer? ¿Quién soy yo?
“Con sueños o sin sueños, soy una persona bendecida,” dice David.  Aquí tenemos una evidencia más de que David fue un hombre conforme al corazón de Dios.

Buenos Días con Buenos Amigos

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Diferencias…

Diferencias…

Amós 3:3 dice: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”

El libro de los Hechos nos muestra de manera absolutamente práctica el amor y la colaboración mutua de los primeros cristianos entre sí y hacia aquellos que no tenían al Señor en sus vidas.

Todo lo que vivían y hacían manifestaba la obra de Dios en las vidas de las personas. Su fe hacía una gran diferencia en ellas.

“Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor” (Hechos 9:42)
“Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor” (Hechos 11:21)
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48)
Pero también, como en todo grupo, surgían los problemas tanto dentro como fuera de la iglesia:

De los de afuera, cuando se oponían a la palabra de Dios

“Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos” (Hechos 14:2)
“Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad, y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos del pueblo” (Hechos 17:5)
“Pero enfureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud…” (Hechos 19:9)
“Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían” (Hechos 28:24)
Prácticamente sin lugar a equivocarnos, podemos afirmar que iremos por la vida enfrentando oposición, especialmente si predicamos la Palabra de Dios.

“Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera conflictos…” (2 Corintios 7:5)
El secreto se encuentra en la manera en que enfrentamos y resolvemos los conflictos.

“Pero endureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno” (Hechos 19:9)
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas… Mira, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”
Si hay personas que no tienen interés en la Palabra de Dios, luego de predicarles por un tiempo, podemos continuar con otros que necesiten y deseen oir.

Recordemos: No debemos ser contenciosos… pero tampoco perder el tiempo con quienes no quieren escuchar.

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Los interludios de la vida

31 de agosto 2010

Los interludios de la vida
Charles R. Swindoll

Vea 2 Samuel 7:1-3

David trajo de nuevo el arca a Jerusalén, el pueblo de Israel.  A David le había comenzado a preocupar que el arca del Señor estuviera en una tienda, mientras que él vivía en una hermosa casa.  Por eso, tuvo la idea de construirle una residencia permanente a Dios en la cual estuviera todo lo sagrado mobiliario.  David dijo: “No está bien que el rey viva en esta hermosa casa de cedro, y que el arca de la misma presencia del SEÑOR esté por allí en una pequeña tienda.  Le construiré una casa a Dios.  Quiero construir un templo en su honor.”  Dios nunca había morado en una casa permanente, pero David decidió hacer algo al respecto.
Quiero enfatizar, por todo lo que sabemos de él, que David no tenía ninguna motivación oculta para hacerlo. No tenía ninguna ambición egoísta.  No tenía el deseo de hacerse un nombre para él mismo ni para su familia.  En realidad, lo único que él quería era exaltar el nombre de Dios al construir la casa de Dios.
Es durante los interludios de la vida que tenemos tiempo para echar mano de un sueño o de un objetivo ideal.  Algunos de ustedes, en un momento de tranquilidad en sus vidas, se dieron cuenta de la vocación a la que Dios les estaba llamando.  Talvez sucedió en un campamento o en un retiro, donde lanzaron en el fuego una rama de promesas, después de haber determinado el objetivo que seguirían.  Quizas ocurrió una noche en la quietud de su habitación, después de un culto en la Iglesia.  O quizás tuvo lugar en la unviversidad mientras era un estudiante.  No podía estudiar, y entonces se puso a leer su biblia y tuvo unos pensamientos que comenzaon a tener sentido.  No transcurrió mucho tiempo sin que convergieran en una flecha directa que fue a dar en un nuevo y emocionante objetivo.  Y usted dijo: “¡Eso es! Esa será mi tarea; allí es donde el Señor me está dirigiendo.”  Es en los interludios de la vida que suceden estas cosas.  Usted tiene que hacer una pausa y estar calmado en esos momentos especiales para oír la voz de Dios, para sentir su dirección.
Pero permítame añadir algo más: A veces, el sueño proviene de Dios; a veces, no.  Pero ambos son nobles. Ambos son grandes propósitos.  Ambos son ideales. Pero cuando el sueño no es de Dios, no se cumplirá, ni debe cumplirse.

Buenos Días con Buenos Amigos

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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