«La Iglesia holandesa ha perdido dos generaciones. Hay que recomenzar de nuevo»

«La Iglesia holandesa ha perdido dos generaciones. Hay que recomenzar de nuevo»

El arzobispo emérito de Utrecht, el cardenal Adrianus Simonis, de 78 años, es el «gran anciano» de la Iglesia holandesa, conocido y amado en el país, también por los musulmanes.

Religión en Libertad,01/01/2010 – Pero sobre Holanda, el cardenal (que hoy vive en un pueblito de Brabante, Nieuwkuijk) parece menos optimista.

«Sí, quizás hay signos de una nueva tendencia, pero hablamos de números muy pequeños», dice. «Queda en pie esa cifra, ese 58 % de holandeses que ya no saben que es exactamente la Navidad. Está quien, observando a Holanda, está perturbado por el número de mezquitas. Lo puedo comprender, pero el auténtico problema aquí es anterior a la inmigración, ya que nos hemos extraviado, hemos perdido nuestra identidad cristiana. Si esta identidad fuese fuerte, no tendríamos miedo de los islámicos. Efectivamente, existe en Holanda el problema del fundamentalismo islámico, pero la mayor parte de los inmigrantes no lo sigue. Más que el integrismo, me preocupa el avance de la secularización en las jóvenes generaciones islámicas. Temo que terminarán convirtiéndose a la verdadera religión que domina en Occidente: el relativismo».

(En efecto, observando a los jóvenes marroquíes en los McDonald’s de Amsterdam, y a sus hermanas en pantalones ajustados, llegamos a preguntarnos si las nuevas generaciones musulmanas no están ya equiparándose, en todos los sentidos, a nosotros).

– Eminencia, ¿el racismo y la xenofobia no constituyen aquí un problema?
– No creo. Los holandeses son un pueblo tolerante. No veo en el horizonte una ola racista.

– En Haarlem el obispo dice que se comienza a advertir en los jóvenes un sentido de vacío, la falta de lo que ha sido olvidado…
– Es verdad, muchos advierten el vacío, pero no saben ir más allá, no saben qué preguntar ni a quién. No han sido educados para reconocer y percibir el deseo de su corazón. En este sentido, estoy convencido – al igual que el obispo Punt – que la Iglesia holandesa está verdaderamente llamada a ser misionera. Se han perdido dos generaciones. Se trata de recomenzar de nuevo, y dentro de una cultura indiferente al cristianismo, en medio de medios de comunicación que no son amistosos.

– Usted tiene 78 años. En los años de la guerra usted era un niño. ¿En ese entonces, Holanda no era un país fuertemente cristiano? ¿Qué ha sucedido luego?
– Probablemente era un cristianismo demasiado signado por un rígido moralismo. Luego se produjo una rebelión radical, como radical es el carácter de los holandeses. No son capaces de creer sólo «un poco» en algo. O una cosa la otra. Se han convertido en lo opuesto de lo que eran.

– Sin embargo, en el seminario de Haarlem hay hoy 45 estudiantes, y algunos centenares de adultos piden anualmente el bautismo. En Amsterdam he encontrado a las religiosas de la Madre Teresa en adoración frente al Crucifijo. Pocos, pero fuertes, los católicos aquí…
– Es verdad. Es cierto que en una situación como ésta la sal está obligada, por así decir, a ser más salada…

– ¿Qué intenta decir, en las Misas de Navidad, a los fieles?
– Que quizás han olvidado el hecho cristiano, lo que es en esencia: Dios se ha hecho hombre, ha venido al mundo en la pobreza, humilde y frágil como un niño recién nacido, por amor a nosotros.

– Sabe, Eminencia, que hace poco en la provincia vecina a ésta, en Drunen, he visto a un centenar de niños salir de la iglesia católica donde había habido una función de Navidad?
– Debe ser ese joven sacerdote que ha llegado hace poco, quien se dedica a hacer…

La historia que vuelve a comenzar otra vez. Para recomenzar, basta la presencia de un cristiano.

http://www.eltestigofiel.org/informacion/noticias.php?idn=6402

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Los rabinos prohíben la ornamentación navideña

Los rabinos prohíben la ornamentación navideña


Los negocios israelíes que desobedezcan sufrirán graves pérdidas económicas

Un Papá Noel intenta saludar a soldados israelíes en un puesto de control en Jerusalén Este.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN – CORRESPONSAL – 24/12/2009 19:00

El Gran Rabinato de Israel ha publicado una “recomendación” tras la que se esconde una amenaza que insta a los lugares públicos del país a no exhibir ningún tipo de ornamentación navideña durante estas fechas para no herir la sensibilidad de los judíos.

El Gran Rabinato señala que los lugares que violen esta norma perderán el certificado kashrut que los rabinos extienden periódicamente a hoteles y restaurantes que observan las exigencias alimenticias de la religión judía.

Un grupo prepara una lista de locales con símbolos cristianos para boicotearlos

Esto supondría cuantiosas pérdidas económicas para tales establecimientos, puesto que sin el certificado kashrut se quedarían sin una parte importante de su clientela.

El diario Yediot Ahronot informó de que la noticia ha suscitado preocupación entre un número de congresistas cristianos de Estados Unidos, que se han interesado por la cuestión en la embajada de Israel en Washington. El mismo periódico señala que la decisión también “ha creado una nueva tensión” entre Israel y el Vaticano.

Ante estas críticas, el ministerio de Asuntos Exteriores de Israel se ha dirigido al Gran Rabinato para pedirle explicaciones. Su director general, Oded Winer, ha confirmado que “en los hoteles se pueden hacer celebraciones del año nuevo sin que ello afecte a la kashrut, (pero sólo) si se hacen en salas cerradas. En los lugares públicos hay que evitar en todo lo posible símbolos que pueden afectar a la gente de otras religiones”.

Varios congresistas de EEUU han pedido explicaciones a la embajada de Israel

“Gente de otras religiones” es un eufemismo que usa el Gran Rabinato para referirse en este caso a los judíos, puesto que en todas las ciudades musulmanas, incluido el sector ocupado de Jerusalén, son numerosos los lugares públicos donde se exhiben ornamentaciones navideñas. Incluso en la franja de Gaza, donde el Gobierno fundamentalista de Hamas es bastante riguroso, los hoteles y restaurantes exhiben decoraciones navideñas desde hace varios días, como suele ocurrir cada año.

“Del examen que hemos hecho de los documentos del Gran Rabinato, se deduce que los lugares públicos deben abstenerse de exhibir símbolos cristianos”, ha confirmado Oded Winer.

Cada vez menos Santa Claus
Los símbolos más comunes durante estas fechas, como los muñecos de Papá Noel o los árboles de Navidad, son cada vez menos frecuentes en Israel. Cada año el Gran Rabinato renueva sus amenazas, no sólo contra la Navidad, sino también contra la noche de fin de año, que el Gran Rabinato considera como la festividad cristiana de San Silvestre.

Un grupo denominado Lobby por los Valores Judíos ha lanzado recientemente una campaña contra los establecimientos que ostentan adornos navideños. “Estamos considerando publicar los nombres de los negocios que exhiben símbolos cristianos durante las fiestas cristianas para que sean boicoteados”, ha dicho Ofer Cohen, presidente del Lobby por los Valores Judío

Navidad – Este niño …” Lucas 2:33

Navidad –

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“Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos, y a crear mucha oposición, a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones” Lucas 2: 33

Faltan poquito para que todo el pueblo cristiano celebre el nacimiento de Emmanuel, Dios con nosotros, Jesucristo se hizo hombre para morir como tal y traernos salvación, por eso es una ocasión de gran conmemoración.

Al hacer memoria sobre mis navidades pasadas, mi corazón se conmueve agradecido, porque no son los regalos que recibí lo más importante en mi memoria, ni siquiera la mesa adornada de mamá, el recuerdo más trascendental, Sino los himnos y villancicos que cantábamos con mis hermanos alrededor de la mesa, las oraciones de amor dando gracias por el Salvador o la celebración en la Iglesia con el coro y el compartir con nuestra familia espiritual lo que más amo y recuerdo con mucha gratitud.

Hoy seguimos participando con la Iglesia en la que pastoreamos, estos lindos tiempos de amor, pero como ya no soy una niña estoy más dispuesta a reconocer cuántos creyentes se sienten con expectativa de celebrar a Cristo, ellos, están con el ánimo levantado, la sonrisa de paz y gozo por el Salvador, pero también hay otros que están caídos, quizá no tengan todo lo que esperaban: el pavo de 10 kilos, el panetón más caro o los regalos soñados, entonces una vez más se cumple la Palabra, este niño esta destinado a causar la caída de algunos pero el levantamiento de otros.

Cristo Jesús vino para levantar a aquellos que creen en él, pero es una piedra de tropiezo para los que se olvidan de creer en Dios y piensan sólo en ellos y sus deseos personales.

La Navidad puede ser tropiezo no sólo a los incrédulos, también acarrea infelicidad a los creyentes que olvidan el verdadero sentido espiritual de esta fiesta y cayendo en el río caudaloso del mundo, se dejan llevar mareados por el alboroto de mirar y desear todo lo regio, olvidándose de lo primero que el Señor nos enseñó: dar.

Las deudas apresuradas ocurren en estas fechas porque algunos presionados creen que son necesarias para “pasar una buena navidadâ€, no son más que malas intenciones, que nos llevan aún teniéndolo todo, a la insatisfacción y hasta depresión.

¿Qué es entonces una buena navidad? Es gozarte en Cristo, en su nacimiento, el niño Jesús no ha venido a traer tu desplome, él ha venido a levantarte y darte vida.

Piensa en la gran venida al mundo del Dios hecho Hombre, piensa en el amor que tuvo y tiene por nosotros para dejar la Gloria y venir a darnos perdón y vida.

Si meditas en su Gracia Incalculable dejarás de pensar en ti mismo, en tus compras, en tus afanes, tus anhelos, empezarás a pensar más en ser agradecido, comenzando con el Señor que te salvó, y seguirás dando amor a la Iglesia que te edifica, a tu familia que necesita tener paz y no regalos en cantidad.

Esta fiesta se debe celebrar primero con humildad y verdadera gratitud, luego debes pensar en los demás para darles palabras de aliento y el evangelio de salvación, debes pensar en bendecir a la Iglesia donde te congregas y no esperar que ella te agasaje a ti. No lo olvides es el Nacimiento de Jesús el que celebramos, no la oportunidad para tener lo que el mundo exige como valioso

¿Han visto tus ojos la salvación? Eso es suficiente para dar gracias. Feliz Navidad.

Martha Bardales, http://devocionalescristianos.org

Reflexiones Cristianas – La Palabra Navidad

Un profesor de psicología le dio a sus estudiantes un examen de asociación de palabras.

Les dijo que escribieran lo primero que les viniera a la mente tan pronto como él dijera cada palabra. Por ejemplo, si decía «conversación», podían escribir «teléfono» o «diálogo».

Una de las palabras de ese día causó diversas reacciones y asociaciones sumamente interesantes. La palabra era «Navidad».

Estas fueron algunas de las palabras que asociaron con la Navidad: cohetes, fiesta, lechón asado, baile, licor, regalos, árbol y luces. Entre todas las asociaciones no hubo ninguna referencia a Jesucristo, ni siquiera a su nacimiento.

La verdad es que muy poco de lo que hacemos hoy día se asocia con lo espiritual. Muy pocas de nuestras actividades tienen alguna relación con lo divino.

Muy pocos de nuestros pensamientos abordan lo religioso.

Hablamos con vehemencia en contra del materialismo.

Nos sorprendemos cuando alguien afirma que es ateo.

Nos enojamos cuando alguna persona ridiculiza las cosas religiosas. Sin embargo, guardamos muy poca relación con lo espiritual. Claro que de cuando en cuando vamos a la iglesia, quizás una vez al mes o hasta una vez a la semana. Pero muchas veces lo hacemos para salir de una exigencia social.

Desde luego que buscamos a Dios en los momentos de tragedia, pero esto también viene a ser un acto de último recurso, cuando no nos queda otra esperanza en la vida. Mientras tenemos buena salud y disfrutamos de popularidad, mientras nuestros amigos nos acogen y todo nos va bien, no buscamos seriamente a Dios.

Así que aquellas asociaciones con la palabra «Navidad» revelan algo que se expresa en todas las facetas de nuestra vida.

Si aquel profesor les hubiera dicho la palabra que pusimos como ejemplo, «conversación», habría escogido una de las palabras que más debiéramos asociar con la Navidad. Porque a los ojos de Dios, lejos de representar cohetes, fiestas, lechón asado, baile, licor, regalos, árbol y luces, la Navidad fue el principio de un nuevo diálogo que entabló Él con nosotros.

Esa primera Nochebuena, Dios el Padre, mediante el nacimiento de su Hijo Jesucristo, reparó la línea de comunicación con nosotros que se había cortado a fin de que pudiéramos restablecer con Él la comunión que habíamos perdido. De modo que ahora todos podemos tener comunión íntima y constante con Dios.

Él está esperando que respondamos a la llamada celestial que nos hizo por medio de su Hijo. Pues es mediante esa conversación que restablecemos la conexión y mostramos que comprendemos el verdadero sentido de la Navidad.

Carlos Rey.
Fuente:conciencia.net

Este día es una oportunidad para reflexionar sobre el más grande amor demostrado hacia la humanidad. El amor eterno de Dios.

“De tal manera amó Dios a este mundo, que envió a su único Hijo, Jesucristo, para que todo aquel que en él crea no se pierda, más tenga vida eterna” Juan 3:16.


En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía “Sed perfectos”, ni “sepulcros blanqueados”, ni “vende tus bienes y sígueme” ni “Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En el día de la Encarnación todos vuelven la vista hacia Belén, como en día de sol radiante se refugian todos a la sombra del alero. Los más complicados Góngoras hacen versillos de claveles y auroras, con melodía pastoril. Los más escolásticos y abstractos Calderones, escriben para la fiesta diálogos de Mengas y Pascuales. San Juan de la Cruz, que ha volcado hasta los umbrales del divino desposorio, en una Nochebuena sale de su celda como un loquillo de atar, meciendo al Niño en sus brazos, bailando y cantando una cancioncilla de amores aldeanos:

“Si amores me han de matar ¡agora tienen lugar!”

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

No; no puede ser la Navidad subterfugio y evasiva de la Encarnación. No es la fiesta de un derretimiento pueril y pasajero. Es la fiesta de un exigente amor varonil y total.

Vienen ya de camino Magos de Oriente que le van a quitar al portal todo el aspecto de fiesta de familia. Los magos no son ya pastores con cantarcillos, con requesón, manteca y vino. Son sabios y poderosos y científicos y extranjeros que vienen aleccionados por la astronomía. No vienen a pactar una noche de tregua de trinchera a trinchera: vienen a exigir las últimas consecuencias de la Paz prometida a todos los hombres. Vienen a hacer de Belén, la aldea de la Encarnación, la primera ciudad plenamente internacional del planeta. Vienen a ver si realmente ha nacido un rey que traiga la verdadera paz, la justicia auténtica y el amor sin componendas.

¿Hemos entendido esto del todo?…¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

  • ¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

    Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

    Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

    Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

    Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el almacomo hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

    Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

    Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

    Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

    Navidad es anticipo de la cena del Señor, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza; y las de María: pureza, fe, generosidady las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

    Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

    Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa toda nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

    Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

    Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. Podemos pensar en el dolor de María, quien nos ofreció en cierta forma, a su hijo Jesús,el Hijo de Dios. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

    Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

    Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

    El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

    En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

    ¡Qué unidos están Belén y Calvario!

    El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

    Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

    ¿Castañuelas, panderetas y zambombas? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnadopues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

    Catholic.net

    Una de las críticas que se levanta contra la validez histórica de Jesús, Su crucifixión, y resurrección, es que posteriormente a la época de Jesús, la leyenda, de alguna forma, se infiltró en las historias acerca de Él y corrompieron los registros verdaderos de Su vida. Si esto es así, y si podemos encontrar información más temprana relacionada a los eventos fundamentales de la crucifixión de Cristo, entonces, menos probable serían el error y la leyenda evitando su filtración dentro de la historia y haciendo estos eventos más creíbles.
    1ª Corintios 15:3-5 es considerada por muchos eruditos como un credo extremadamente reciente de la iglesia Cristiana primitiva. Un credo es una declaración de creencia y en éste, vemos que el apóstol Pablo dice que él ha recibido esta información:
    “Por que yo les entregué a ustedes primeramente lo que yo también recibí, de que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo a las Escrituras,4 y de que Él fue enterrado, y de que Él fue levantado al tercer día de acuerdo a las Escrituras, 5y de que se le apareció a Cefas, después a los doce.” (1ª Corintios 15:3-5, NASB).
    Si la Crucifixión fue en el año 30 D.C., la conversión de Pablo fue tan temprana como en el 34 D.C.,  y su primera reunión en Jerusalén fue alrededor del año 37 D.C. Podemos ver entonces que el tiempo entre el evento de la crucifixión de Cristo y el de Pablo recibiendo la información acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (en Jerusalén) sería dentro de un período de siete años (de cinco si usamos las fechas más tempranas). Este es un período muy corto de tiempo y no es lo suficientemente largo como para que una leyenda se filtrara y corrompiera la historia. Esto es especialmente importante debido a que los apóstoles estaban vivos, hablaron con Pablo y fueron ellos los testigos oculares de la muerte, sepultura y posteriores apariciones de Cristo resucitado. Pablo mismo había visto al Señor Jesús antes de Su muerte y después de Su resurrección (Hechos 9). El registro de Pablo coincide con el registro de los otros Apóstoles siendo escrito por Pablo en 1ª Corintios 15 alrededor del año 54.
    Así que debido a que 1ª Corintios fue escrita temprano—como en el año 54 D.C. —esto significaría que desde el evento (muerte, sepultura y resurrección de Cristo) hasta el momento de ser escrito, paso un período de tiempo muy corto: 24 años. Recuerde además que para la época había muchos Cristianos alrededor que pudieron haber corregido los escritos de Pablo si él hubiera estado en un error. Pero no tenemos registro de nadie que haya hecho algún tipo de corrección o retos en cuanto a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo: ni de Romanos, Judíos u otros Cristianos.
    Debemos anotar aquí que algunos críticos de la Biblia claman que no existe evidencia extra bíblica de la existencia de Cristo (lo cual no es verdad), y que por lo tanto, Él no existió. Pero la espada corta en ambos sentidos. Si ellos pueden decir que los eventos de Jesús no son reales debido a que no existe evidencia extra bíblica que los mencione, entonces podemos también decir que como no existen registros extra bíblicos refutando la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, entonces, estos eventos tienen que ser verdaderos. En otras palabras: la falta de escritos extra bíblicos no prueba de que Cristo no vivió y claro está, que tampoco murió. Aún más, Pablo corrobora los registros de los evangelios (Él escribió antes que los evangelios fueran escritos) y verificó muchas cosas:
    Jesús nació como Judío (Gálatas 4:4), Jesús fue traicionado (1ª Corintios 11:23) y Jesús fue crucificado (Gálatas 3:1; 1ª Corintios 2:2; Filipenses 2:8), Jesús fue sepultado y levantado nuevamente (1ª Corintios 15:4; Romanos 6:4).
    Pablo, obviamente consideró a Jesús como una figura histórica no como una leyenda o un mito. Pablo fue además, un hombre de gran integridad el cual sufrió mucho por su fe. Él no era la clase de persona que simplemente creía en historias o leyendas. Él era después de todo, un Judío devoto (un Fariseo) y un gran perseguidor de la Iglesia. Algo muy profundo tuvo que haberle sucedido para que cambiara su posición, abandonando la fe y tradición Judía, para sufrir posteriormente persecuciones, palizas, prisiones, etc. El acontecimiento que más probablemente encaja en todo esto es el de que Jesús murió, fue sepultado y se levantó de entre la muerte y se le apareció a Pablo exactamente de la forma como Lucas lo describe en Hechos 9. [39]
  • Una de las críticas que se levanta contra la validez histórica de Jesús, Su crucifixión, y resurrección, es que posteriormente a la época de Jesús, la leyenda, de alguna forma, se infiltró en las historias acerca de Él y corrompieron los registros verdaderos de Su vida. Si esto es así, y si podemos encontrar información más temprana relacionada a los eventos fundamentales de la crucifixión de Cristo, entonces, menos probable serían el error y la leyenda evitando su filtración dentro de la historia y haciendo estos eventos más creíbles.1ª Corintios 15:3-5 es considerada por muchos eruditos como un credo extremadamente reciente de la iglesia Cristiana primitiva. Un credo es una declaración de creencia y en éste, vemos que el apóstol Pablo dice que él ha recibido esta información:“Por que yo les entregué a ustedes primeramente lo que yo también recibí, de que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo a las Escrituras,4 y de que Él fue enterrado, y de que Él fue levantado al tercer día de acuerdo a las Escrituras, 5y de que se le apareció a Cefas, después a los doce.” (1ª Corintios 15:3-5, NASB).
    Si la Crucifixión fue en el año 30 D.C., la conversión de Pablo fue tan temprana como en el 34 D.C.,  y su primera reunión en Jerusalén fue alrededor del año 37 D.C. Podemos ver entonces que el tiempo entre el evento de la crucifixión de Cristo y el de Pablo recibiendo la información acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (en Jerusalén) sería dentro de un período de siete años (de cinco si usamos las fechas más tempranas). Este es un período muy corto de tiempo y no es lo suficientemente largo como para que una leyenda se filtrara y corrompiera la historia. Esto es especialmente importante debido a que los apóstoles estaban vivos, hablaron con Pablo y fueron ellos los testigos oculares de la muerte, sepultura y posteriores apariciones de Cristo resucitado. Pablo mismo había visto al Señor Jesús antes de Su muerte y después de Su resurrección (Hechos 9). El registro de Pablo coincide con el registro de los otros Apóstoles siendo escrito por Pablo en 1ª Corintios 15 alrededor del año 54.
    Así que debido a que 1ª Corintios fue escrita temprano—como en el año 54 D.C. —esto significaría que desde el evento (muerte, sepultura y resurrección de Cristo) hasta el momento de ser escrito, paso un período de tiempo muy corto: 24 años. Recuerde además que para la época había muchos Cristianos alrededor que pudieron haber corregido los escritos de Pablo si él hubiera estado en un error. Pero no tenemos registro de nadie que haya hecho algún tipo de corrección o retos en cuanto a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo: ni de Romanos, Judíos u otros Cristianos.
    Debemos anotar aquí que algunos críticos de la Biblia claman que no existe evidencia extra bíblica de la existencia de Cristo (lo cual no es verdad), y que por lo tanto, Él no existió. Pero la espada corta en ambos sentidos. Si ellos pueden decir que los eventos de Jesús no son reales debido a que no existe evidencia extra bíblica que los mencione, entonces podemos también decir que como no existen registros extra bíblicos refutando la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, entonces, estos eventos tienen que ser verdaderos. En otras palabras: la falta de escritos extra bíblicos no prueba de que Cristo no vivió y claro está, que tampoco murió. Aún más, Pablo corrobora los registros de los evangelios (Él escribió antes que los evangelios fueran escritos) y verificó muchas cosas:
    Jesús nació como Judío (Gálatas 4:4), Jesús fue traicionado (1ª Corintios 11:23) y Jesús fue crucificado (Gálatas 3:1; 1ª Corintios 2:2; Filipenses 2:8), Jesús fue sepultado y levantado nuevamente (1ª Corintios 15:4; Romanos 6:4).
    Pablo, obviamente consideró a Jesús como una figura histórica no como una leyenda o un mito. Pablo fue además, un hombre de gran integridad el cual sufrió mucho por su fe. Él no era la clase de persona que simplemente creía en historias o leyendas. Él era después de todo, un Judío devoto (un Fariseo) y un gran perseguidor de la Iglesia. Algo muy profundo tuvo que haberle sucedido para que cambiara su posición, abandonando la fe y tradición Judía, para sufrir posteriormente persecuciones, palizas, prisiones, etc. El acontecimiento que más probablemente encaja en todo esto es el de que Jesús murió, fue sepultado y se levantó de entre la muerte y se le apareció a Pablo exactamente de la forma como Lucas lo describe en Hechos 9.
  • Fuente:
  • http://www.miapic.com/1-Corintios-15-3-4-un-credo-temprano
  • El Árbol de Navidad.

    María… dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Lucas 2:7.

    He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3:20.

    El Árbol de Navidad

    Desde hace varios años, en Navidad se «planta» un abeto de cerca de veinte metros de altura en la esquina de la plaza Kléber en Estrasburgo (Francia). Ese árbol causa la admiración de numerosos transeúntes.

    Sin embargo, por más hermoso que sea, presenta una diferencia fundamental con todos sus semejantes que pueblan los bosques de los alrededores. En efecto, este abeto no tiene raíces. Sencillamente fue cortado y «plantado» en medio de los adoquines. Durante unos días, dará la impresión de estar vivo.

    Muchas personas se parecen a este árbol: Tienen una apariencia de vida religiosa. Con una sólida cultura cristiana frecuentan oficios y participan de obras caritativas, pero sin tener una verdadera relación con Dios.

    Después de las fiestas se quitará el árbol y el hueco será nuevamente tapado. Pero, ¿qué se hará con el majestuoso árbol de Navidad? ¡Se convertirá en leña para calefacción o en algunas tablas! Los demás abetos, en cambio, seguirán creciendo y viviendo.

    Si nuestra fe se resume en pertenecer a una religión, somos como ese árbol. Nuestra vida cristiana sólo es apariencia. Quizá fuimos bautizados o casados en una iglesia. Dicho de otro modo, somos cristianos de circunstancia. Pero si conocemos a Cristo como nuestro Salvador personal, nuestra vida espiritual está enraizada en él. ¿Tenemos esta relación viva con Dios?

    Razones para celebrar la Navidad

    A mucha gente el pensar en Navidad le produce fatiga. No es el aspecto religioso el que causa el cansancio, sino los rituales que lo rodean y que giran en el vacío: las tiendas decoradas en exceso, las compras obligatorias, las luces, los “Santas”, los arbolitos y los villancicos, que comienzan a resonar en nuestros centros comerciales ya a comienzos de noviembre.

    Así pues, nos preguntamos: ¿Qué tiene que ver todo esto, o parte de ello, con el nacimiento de Jesús? ¿No se ha convertido el Adviento, que se supone es un tiempo de preparación para la Fiesta, una mala experiencia agotadora que nos lleva al día de Navidad, saturados ya de todo lo que se suponía íbamos a realizar? ¿Acaso no honraríamos más a Jesús si, en vez de derrochar el dinero en cosas y alimentos típicos de Navidad, lo gastáramos en favor de los pobres? ¿Acaso no son útiles nuestras celebraciones navideñas para eliminar nuestra conciencia sobre el nacimiento de Jesús, más que para resaltarla? Preguntas inquietantes y válidas.

    Admitamos que nuestras celebraciones navideñas comienzan realmente demasiado pronto, funcionan demasiado comercialmente, se fijan demasiado poco en algo religioso y no toman en cuenta suficientemente a los pobres. Con demasiada frecuencia también sirven para anular la conciencia religiosa, más que para fomentarla o destacarla. Y de esta forma es fácil ser cínicos sobre la Navidad, ya que ella engloba demasiados excesos.

    Sin embargo, concedido esto, tenemos que tener cuidado de no tirar al niño junto con el agua del baño –y esto es más que un juego de palabras, en este caso. Porque algo se haga mal, no quiere decir que se tenga que cancelar. Lo que se requiere, creo yo, no es la eliminación del oropel, las luces, los actos sociales, las fiestas, la comida y la bebida que ambientan la Navidad, sino un mejor uso de todo ello. Hay efectivamente buenas razones para suprimir los rituales con los que ambientamos la Navidad, pero hay razones todavía mejores y más potentes para conservarlos.

    ¿Qué razones aducimos? ¿Que por qué continuar con tantos rituales, cuando, casi invariablemente, degeneran en exceso y fatiga? Porque tenemos una necesidad congénita de celebrar, pura y sencilla. Como seres humanos tenemos una sana necesidad, genéticamente-codificada, que es verdadero don de Dios; la necesidad, algunas veces, de programar fiestas, de tener carnavales, de celebrar un elaborado Sábado, de aparcar nuestra prudencia durante unas horas y vivir la vida como si no hubiera ninguna razón para ser tacaños o para mostrar frialdad a nuestros vecinos. Navidad es Sábado (día de descanso y regocijo), el supremo SÁBADO.

    Hay momentos y épocas en la vida, y éstas debieran ser regulares y cíclicas, que se reservan precisamente para el goce y el disfrute, para la familia, para los amigos, para el color, para el oropel, y para exquisita comida y suave bebida. Incluso hay que aceptar también, de vez en cuando, un momento para el relajo, para algún exceso prudente. Jesús aprobó y articuló esto cuando sus discípulos se escandalizaron por el exceso de una mujer que besó sus pies y los ungió con perfume.

    Todas las culturas, aun las que son pobres económicamente, organizan fiestas en las que, explícita o implícitamente, toman en serio las palabras de Jesús: A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero hoy es día para celebrar. Navidad es precisamente ese tiempo, destinado para la fiesta.

    John Shea, en su libro sobre Navidad, “Starlight” -Luz de la Estrella-, ahora clásico ya, nos cuenta la historia de una familia que un año decidió celebrar una Navidad “alternativa”. No plantaron el arbolito, ni colgaron ninguna  bombillita, ni escucharon ni cantaron villancicos y ni siquiera intercambiaron regalos. Se reunieron para una sencilla, tranquila comida el día de Navidad, y eso fue todo. Cuando los amigos les preguntaron cómo les había ido, un miembro de la familia replicó que “bueno, fue agradable”. Otro miembro, hablando quizás con más sinceridad, afirmó que la celebración había sido “un abismo existencial”.

    Sentimos dentro de nosotros mismos una presión, recibida de Dios, que nos empuja a celebrar, e infunde en nosotros una percepción incontenible de que no estamos destinados a la pobreza, a la tristeza y a relaciones con los demás escrupulosamente medidas, sino que en el fondo estamos destinados a la fiesta, a la danza, al lugar de luces y música y al lugar donde no contemos tacañamente nuestros centavos, ni modelemos nuestros corazones basados en que tenemos que sobrevivir y pagar las hipotecas. Con la ayuda de la celebración de la fiesta ( … ) , aprendemos eso.

    http://antenamisionera.wordpress.com/2009/12/23/razones-para-celebrar-la-navidad/

    ¿Cómo comenzó la primera navidad? Estrella de belén

    Reflexiones – ¿Cómo comenzó la primera navidad? Estrella de Belén

    Diciembre 22, 2009
    Reflexiones Cristianas

    Uno podría pensar que si el nacimiento de alguien debiera haber quedado registrado, sin duda sería el nacimiento de nuestro Salvador. Sin embargo, la verdad es que no es asi.

    Los evangelios no registran la fecha exacta del nacimiento de nuestro Señor.

    La razón probable, por qué los evangelios no lo registran es que el enfoque de los evangelios es el misterio de la redención-pasión, muerte y resurrección de Cristo. Probablemente, por eso es que el evangelio de San Marcos no incluye la historia del nacimiento, sino que comienza con el bautismo del Señor en el río Jordán. La fecha de la muerte y resurrección si está más registrado por el evento de la pascua judía.

    La pregunta que muchos se harían hoy, sería: Entonces donde y cómo comenzó esta festividad.

    Antes de la legalización del cristianismo por el Emperador Constantino en el año 313, ninguna fecha universal de celebración de navidad está registrada.

    Los padres de la Iglesia Primitiva como Origenes en el 255, Ireneo en el 202 y Tertuliano en el 220, no incluyeron la navidad en la lista de fiestas y celebraciones de la iglesia.

    Los paganos Romanos acostumbraron reunirse en la colina donde actualmente esta el Vaticano para conmemorar el “Nacimiento del sol no conquistado”, esta fiesta la celebraban en todo el imperio del día 25 de Diciembre hasta el 6 de Enero.

    Los cristianos de esa época, ante el auge de esa fiesta que tomaba fuerza, decidieron contrarrestar tal actividad celebrando ellos el nacimiento de Jesús y a partir del año 200 los cristianos comenzaron a celebrar como una forma de contrarrestar tal paganismo, el honrar a Jesús con el titulo de “Sol de Justicia”.

    Muchos podrían objetar, que en ese caso es mejor no celebrar nada. Sin embargo, porque no rescatar la oportunidad de exaltar al Rey de reyes.

    Lo triste hoy, es ver como la mayoría de la gente ha convertido la festividad que comenzó en los cristianos del año 200, en una fiesta otra vez llena de paganismo y humanismo. Pero, la Iglesia sigue llamada a exaltar en este tiempo y durante todo el tiempo, la persona del Señor Jesús, como el único redentor de la humanidad.

    Jesús, quiere hoy reinar en tu corazón. Dale el primer lugar en tu vida y veras un cambio radical en tu existencia.

    En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche.Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo;porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
    (Lucas 2:8-12)

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    http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-como-comenzo-la-primera-navidad.html

    Esencia de la Navidad

    Se nos dice que la Navidad es una “época de alegría” y un “momento de gozo”.
    Pero, en tanto la Navidad se acerca, ¿no experimentas a veces cosas muy lejos de alegría y gozo?
    ¿Te encuentras hundido y tus días llenos de cosas por hacer?

    Descarga esta diapositiva aquí:  Esencia de la Navidad

    Power Point – El Principe de Paz

    La Luz miró hacia abajo y contempló las Tinieblas.
    —Allí iré —dijo.
    La Paz miró hacia abajo y contempló la Guerra.
    —Allí iré —dijo.
    El Amor miró hacia abajo y contempló el Odio.
    —Allí iré —dijo.
    Así, vino la Luz y alumbró.
    Vino la Paz y trajo sosiego.
    Vino el Amor y dio vida.

    Descarga esta diapositiva aquí:  El Príncipe de Paz

    Reflexiones – La estrella de Belén

    El único, que menciona la estrella de Navidad o de Belén, es San Mateo.

    Dice que la estrella precedía a los reyes magos hasta que se paro encima del lugar donde estaba el niño Jesús. Ya en la antigüedad se defendía a la estrella como verdadera.

    El teólogo Orígenes (c. 185-253) decía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas. Muchas hipótesis aparecieron para explicar el “milagro de la estrella de Belén”, tratándolo como un fenómeno astronómico real.

    Unas hipótesis apuntan al brillante planeta Venus, pero este planeta ya era conocido en aquellos tiempos, difícilmente pudo ser tomado como algo extraordinario.

    Otros señalan el paso de un cometa, concretamente del Halley, pero éste ya había transitado por nuestro sistema solar el año 11 a.C., bastante antes del nacimiento de Cristo. Los hay también que atribuyen la “estrella” a una supernova (explosión de un sol cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día), pero no hay registros históricos de esa época al respecto pese a que si lo hay de novas observadas en el 135 a. C. y el 173 d. C.

    La opinión más razonable y aceptada por muchos la propuso el astrónomo Johannes Kepler en 1606.

    Para Kepler, la estrella de los magos no fue otra cosa que la rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno. En esta conjunción los planetas se ven como uno solo, los que los hace una luz muy brillante. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. C., lo que resulta compatible con las fechas asignadas al nacimiento de Jesús esbozadas mas arriba.

    Un evento como este se dio en 1940-41 y no se volverá a dar hasta el 2198. Kepler conocía los comentarios que sobre el profeta Daniel había escrito en 1497 Arbabanel, un sabio judío. Según Arbabanel la conjunción de Saturno y Júpiter había tenido lugar cuando el nacimiento de Moisés, y tendría lugar otra vez cuando naciera el Mesías.

    Arbabanel creía que la liberación traída por el Mesías se efectuaría de acuerdo con el versículo (24, 17 Números) de la Biblia que dice “Y de Jacob se levantará una estrella y de Israel surgirá un cetro.”

    La explicación mas común consiste naturalmente en creer que Dios creo una estrella que guiase a los Reyes de Oriente y una vez cumplida su misión desapareciera tan rápida y misteriosamente como había sido creada. Fué un milagro? Por qué no, pero tambien Dios usa muchas veces para sus milagros las causas naturales, y el milagro consiste en que estas se realicen en el momento y lugar justos.

    Sin embargo, lo más importante en ese tiempo no fue la estrella en el firmamento, sino la Estrella de la Mañana, Jesús viniendo a la tierra para dar su vida por tí y por mí.

    ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Mateo 2:2

    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Mateo 2:7

    Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Mateo 2:10

    http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-la-estrella-de-belen.html

    Origenes de la Navidad

    Osías Segura
    Teólogo costarricense y profesor adjunto en Fuller Theological Seminary en Pasadena, California.

    Osías SeguraOrigenes de la Navidad
    Diciembre 21, 2009 by Osías Segura

    Muchos cristianos creen que la celebración de la navidad es la fecha de mayor importancia cristiana del año, y por tanto, están equivocados. Tal vez, lo será hoy, pero no siempre lo fue así. En la era antes de Constantino (los primeros siglos del cristianismo) no había celebración alguna sobre el nacimiento de Cristo. Así que para aquellos que añoran la iglesia primitiva y sus principios, y aun más aquellos y aquellas que gustan utilizar literalmente la biblia como norma para sus vidas, deberían pensar dos veces antes de celebrar la navidad. En estas líneas, no pretendo presentar una narrativa completa ni compleja del origen de la navidad, ni tampoco una historia concisa de la navidad. Simplemente, quiero mencionar esos aspectos que considero adecuados para presentar mi punto en cuanto a la contextualización. Uds. siéntanse libres con sus comentarios de agregar aquellos elementos que creen que yo pude dejar por fuera por falta de espacio.
    ¿Es tan importante la navidad en el Nuevo Testamento?
    ¡Veamos los evangelios! Solamente dos de los evangelios se refieren al nacimiento de Cristo. Todos los evangelios, sin embargo, presentan dos puntos climaxicos: la muerte, y resurrección de Cristo. Así que podríamos decir que los evangelios son escritos que reflejaban los valores teológicos de comunidades cristianas primitivas. La comunidad de Mateo nos arroja una historia del nacimiento de Cristo con una estrella, los magos del oriente, y la huida a Egipto, pero no hay pastores, ni huestes angelicales. La comunidad de Lucas nos brinda una narrativa mas descriptiva con ángeles, pastores, pero no hay estrella ni magos del oriente. Fuera de estos dos evangelios, solo Pablo presenta un breve comentario en Gálatas (4:4) de Jesús que “nació de una mujer.” Por lo demás, podríamos decir, el Nuevo Testamento da poca atención al nacimiento de Cristo, en comparación con su muerte y resurrección. La celebración del nacimiento de Cristo pareciera no era algo de importancia para la iglesia primitiva.
    Las Escrituras y la fecha exacta del nacimiento de Cristo
    El hecho que el Nuevo Testamento de muy poca atención al nacimiento de Cristo, no significa que la celebración de la navidad no tenga una base bíblica. Permítanme recalcar nuevamente que sí hay que reconocer que el Nuevo Testamento da un mayor énfasis a la muerte y resurrección de Cristo, que a Su nacimiento. Ligado a esto, otro elemento hay que agregar: Los primeros cristianos se preocupaban más por el hecho de la encarnación, que por la exactitud de la fecha del nacimiento de Cristo. Si Cristo nació durante el reinado de Cesar Augusto, entonces nació en algún momento entre el año 44 a.C., y el año 14 d.C. Tal y como podemos notar, no hay exactitud alguna en el año exacto, y según parece tampoco en la fecha exacta, aunque algunos doctos creen que la fecha en diciembre puede ser exacta. ¡Sin embargo, nadie sabe con exactitud!
    Un esfuerzo por determinar fechas fue el calendario que el Papa Juan I quien pidió hacer a un monje llamado Dionisio. El calendario solar occidental (nuestro calendario actual cual es menos exacto que el calendario lunar) dio inicio el primero de enero del 754 de la fundación de la ciudad de Roma. Así el 754 se convirtió en el A.D. 1, o el Año de Nuestro Señor. Según parece Dionisio cometió un error de cuatro años en su cálculo. ¡Nuevamente, no hay exactitud! Pues se cree que el nacimiento de Cristo pudo tomar lugar en un rango entre unos nueve a catorce años antes del A.D. 1.
    Orígenes de la celebración
    Fue hasta los siglos 3 y 4 cuando la iglesia del Este (con sede en Constantinopla) empezó a celebrar la encarnación de Cristo el 6 de enero como el día de la Epifanía (incluida la llegada de los reyes magos). En esta celebración se enfatizaba el bautismo de Jesús, milagros, ministerio, y también Su nacimiento. La iglesia del Oeste (con sede en Roma) no tenía equivalente a la Epifanía y genero la navidad como la celebración del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. La fuente más antigua a referirse a la navidad es el calendario Filocaliano (antes del calendario de Dionisio) que menciona una celebración de la navidad por allí del año 336 d.C.
    ¡El 25 de diciembre y sus raíces paganas!
    ¿Por qué escoger el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, si no se sabe con seguridad cuando nació Jesucristo? Puede haber varias razones. Si hay que aclarar que no hay evidencia alguna de que algún obispo Romano, o el mismo Constantino promulgara este cambio. No queda claro cómo se dio el proceso de contextualización. Yo personalmente me inclino a la explicación que el 25 de diciembre tuvo que ver con un aspecto de contextualización. Por ejemplo, cerca del 25 de diciembre existían tres festivales de invierno Romanos. El primero el de Saturnalia, un festival de cosecha, que tendía a celebrarse entre el 17 y el 23 de diciembre. Otra celebración era el Año Nuevo que duraba varios días. Y en medio de estas celebraciones, existía el festival del nacimiento del Sol Invictus, también conocido como el dios guerrero Mitra. Esta celebración incluía el intercambio de regalos. Pero, todas estas celebraciones incluían excesivas parrandas, que tal vez describirlas podría ser inapropiado.
    El evangelio y las culturas
    A través de los siglos el cristianismo se expandió por todos los continentes acarreando celebraciones tradicionales y mezclándose con elementos culturales en cada región o país. Por ejemplo, a pesar de una fuerte influencia católico-Romana en la celebración de la navidad en América Latina, cada celebración varia de país a país, esto en cómo se celebra la navidad y sus elementos en cuanto a comida, regalos, adornos, y otras costumbres. ¿Quién celebra la navidad correctamente? ¡Buena pregunta! Ahora, la influencia protestante en cuanto a celebraciones no varían mucho de las Católico-Romanas, a no ser por algunos grupos fundamentalistas que rechazan el uso de algunos adornos y algunas costumbres navideñas, por considerarlos idolatría. Si cabe reconocer que los misioneros evangélicos nos trajeron una navidad comercial y sincretista, con simbologías de poco contenido bíblico.
    La era industrial y la navidad
    Ya en el siglo XIX con el auge industrial en los Estados Unidos, nació la figura comercial de “Santa Claus,” también conocido como simplemente “Santa”. Sería el famoso escritor Washington Irving quien escribiría un poema (The Night Before Christmas) que luego se convertiría en la historia de Santa Claus. Esta creación Norteamericana es una secularización del Obispo Europeo “San Nicolás”. Cabe mencionar también los escritos de Charles Dickens que produciría una crítica a la actitud avara de los hombres de negocios “cristianos” de la Inglaterra de aquel entonces. “Christmas Carol” cuenta la historia de Scrooge quien se convierte, para así ayudar a los más necesitados con su dinero, y salvar su alma de la destrucción eterna.
    Ya a mediados del siglo XIX la navidad tomaría un fuerte auge para empezar a convertirse en una celebración comercial importante. En 1843 aparecería la primera tarjeta de navidad, y poco después llegaría a los EE.UU. en 1880 el árbol de navidad (fuera de Alemania), y los adornos de vidrio en el árbol surgirían en 1890. A finales del siglo XIX surgirían los papeles de colores para envolver regalos. Y para el siglo XX, comercialmente hablando los días previos a la navidad se convertirían en las fechas de mayor intercambio comercial, y la figura de Santa tomaría características cuasi-divinas. Por ejemplo, historias en canciones populares que describen a Santa con su carrito y renos, cada reno con su nombre y características. Santa sabe quien se ha portado bien, y trae regalos a los niños y niñas de todo el mundo. En cuanto a estas actividades comerciales, no hay mención alguna de Cristo, ni Su encarnación, y en algunas ocasiones ambos actores aparecen lado a lado como dos historias paralelas.
    ¿Qué podríamos concluir?
    Entonces, ¿qué tenemos hasta el momento? (A) La navidad carecía de importancia para la iglesia primitiva pues no existen suficientes referencia bíblicas para creer que tal celebración era tan importante. Por tanto, la navidad, en comparación con la muerte y resurrección de Cristo (Semana Santa) no es tan significativa, escrituralmente hablando. (B) El celebrar la navidad el 25 de diciembre no es históricamente correcto, y el inicio de esta celebración tiene fuertes raíces paganas, en fechas de invierno del Atlántico Norte. (C) La navidad se ha secularizado, y se ha convertido en una celebración comercial alrededor de Santa. Muchas de las tradiciones y simbología navideña tiene sus orígenes en los últimos dos siglos. La navidad tiene su gran importancia en nuestras sociedades hoy, principalmente por su carácter comercial, más que por su sentido espiritual.
    Finalmente, permítanme concluir con una recomendación muy general para celebrar la navidad. Pues no quiero que piensen que estoy rechazando la celebración de la navidad.
    Personalmente, no veo ningún problema con una contextualización donde el nombre de Cristo es exaltado como Señor del universo, donde las Escrituras y su mensaje están presentes en el proceso, y donde se busca que la iglesia sea relevante a sus culturas. Así como hace casi dos milenios fue contextualizada la celebración del nacimiento de Cristo, hoy debemos reforzar esa contextualización en nuestras prácticas cristianas.
    Debemos buscar la manera que sea Jesucristo el centro de nuestra celebración. Por ejemplo, usando simbología (adornos navideños) que sea cristocentrica, en vez de “santacentrica”. Es decir, todo adorno en nuestros hogares, y todo ritual debe apuntar a Cristo. Tal vez sea necesario desarrollar nuevas tradiciones familiares. Sin embargo, debemos ser sabios al no imponer, pero si compartir, nuestros valores con familiares no cristianos.
    Procuremos que los valores comerciales no nos afecten moralmente. Podemos celebrar diferentemente, como dando pocos regalos y más significativos, gastando menos dinero de lo usual, compartiendo con aquellos en mas necesidad, festejando a y en Cristo.
    Reconozcamos que estamos celebrando la navidad en una cultura que no tiene valores cristianos, pero algunos rasgos culturales aun permiten un dialogo sobre valores cristianos. Busquemos dialogar, en vez de predicar. Sin embargo, el vivir en un “gueto” evangélico y celebrar nuestra navidad cristiana, separados del mundo tampoco tiene sentido. Por tanto, el creer que NO deberíamos celebrar la navidad por no ser parte de la ley del Antiguo Testamento, por no tener suficiente importancia bíblica (pues no se menciona la palabra “navidad” en la Biblia), o por ser un sincretismo religioso del invierno romano pagano, o un sincretismo comercial capitalista; los que perdemos la posibilidad de impactar la sociedad con el evangelio en el nombre de Cristo, somos nosotros los creyentes.

    http://www.biblia.com/origenes-de-la-navidad/

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