Charly García sigue en terapia intensiva y analizan si padece un cuadro de neumonía

Charly García sigue en terapia intensiva y analizan si padece un cuadro de neumonía

Los médicos que lo atienden en Mendoza afirmaron esta noche que “no existe una fecha probable de alta”. Pero aseguraron que su salud se encuentra compensada. El músico fue internado ayer, tras protagonizar un escándalo.

Los médicos que atienden a Charly García en una clínica de Mendoza expresaron esta noche que el músico -internado desde ayer en terapia intensiva tras protagonizar un escándalo en un hotel- podría padecer un cuadro de neumonía. Asimismo, afirmaron que todavía no saben cuándo le darán el alta.

De acuerdo al último parte médico, difundido esta noche, Charly -que presentó durante la jornada un pico de fiebre– “tendría un principio de neumonía que demanda entre cinco y 14 días de tratamiento“. Asimismo, se indicó que el músico “permanecerá en terapia intensiva”.

Héctor Lamacchia y Juan Ursomarzo, directivos de la Clínica de Cuyo, coincidieron en decir que pese a esta situación “García continúa hemodinámicamente y metabólicamente compensado, con buena dinámica respiratoria espontánea, bajo los efectos de la sedación farmacológica”.

Por otra parte, los médicos afirmaron que Charly no recibió visitas. Y que para ser trasladado a Buenos Aires en un avión-ambulancia, “tiene que haber una persona que se haga responsable y hasta ahora no se tuvo contacto con ningún familiar”.

Charly se encuentra internado desde ayer en ese centro asistencial, tras sufrir una fuerte crisis en el hotel en el que se alojaba, donde se peleó con uno de sus músicos y provocó destrozos en una habitación y en otras instalaciones del Solaz de los Andes.

Un video grabado con un celular, difundido hoy, muestra el trabajo de dos policías y dos médicos para calmar al músico. En las imágenes se lo ve a Charly tirado en el suelo, boca abajo, balbuceando, mientras le inyectan un sedante. Luego fue trasladado al Hospital Central y de allí a la Clínica de Cuyo, donde se encuentra internado.

http://www.clarin.com/diario/2008/06/10/um/m-01691051.htm

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La numerología en la Biblia

La numerología en la Biblia

Los números en la Biblia tienen su significado de acuerdo con la interpretación que debemos hacer de ellos, basada en el contexto cultural en el que escribe el autor.

Para nosotros los números tienen un significado muy distinto a los números que leemos en la Biblia. En la Biblia los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje. En las lenguas bíblicas hebrea y griega las letras tienen un valor numérico. Así el 1 sería la A, el 2 la B, etc. El número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra podía haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos. Por ejemplo: Cuando salieron los israelitas de Egipto dicen que salieron 603,550 hombres, sin contar mujeres y niños, pero si sustituimos las letras de la frase todos los hijos de Israel (en hebreo) por sus correspondientes valores numéricos da precisamente 603,550, con lo cual lo que están diciendo es que salieron todos los hijos de Israel.

Mt 1,17 divide a los antepasados de Jesús en tres series de 14 generaciones cada una. Pero esto es imposible. Mateo sólo pone tres nombres para cubrir los 430 años de esclavitud en Egipto. Lo que ocurrió fue que tomaron el nombre de David: D=4 + V=6 + D=4 = 14, y como se esperaba que el Mesías fuera descendiente de David, el evangelista quiso decir que Jesús es el triple David, el Mesías total, verdadero descendiente de David. El más conocido de estos números gemátricos es el famoso 666 en Apocalipsis 13,18. El mismo libro aclara que se trata de la cifra de un hombre y es el emperador Nerón. Si transcribimos Nerón César en hebreo obtenemos: N=50 + R=200 + W=6 + N=50 + Q=100 + S=60 + R=200 = 666.

La Biblia es la historia apasionada del amor de Dios a los hombres, la historia de un Dios que no se cansa de buscar formas para salvar a los hombres, a pesar del olvido y la traición de ellos. Este debe ser el espíritu con que debemos leer la Biblia para aplicarla a la vida diaria. Si queremos buscar en la Biblia la explicación del futuro del mundo, a la manera de un horóscopo o de una quiromántica, estamos errados desde el principio. Por ello, decía Orígenes: «Lo que viene del Espíritu sólo es plenamente percibido por la acción del Espíritu». Si queremos entender y aplicar la Biblia a la vida diaria, hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que fue escrita. [1]

Dios quiere darnos a conocer su mensaje de salvación. Pero Dios habla en la Biblia por medio de hombres y en lenguaje humano. Por lo tanto, quien interpreta la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios quería dar conocer con dichas palabras. [2] Muchos de los autores usan metáforas, símbolos, números para darnos a conocer ese mensaje de Dios. Para descubrir la intención del autor en esas metáforas, símbolos o números hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios, pues el mensaje que Dios quiere dejarnos se presenta y se enuncia de modo diverso. Habrá que tomar en cuenta además los modos de pensar, de expresarse, las formas de narrar las cosas, los acontecimientos en el tiempo del escritor, así como las expresiones que se solían emplear en la conversación ordinaria, los significados que ciertas imágenes, metáforas o números evocaban en la mente de los lectores o de los oyentes de la época.

Los números en la Biblia tienen su significado de acuerdo con la interpretación que debemos hacer de ellos, interpretación basada en el contexto cultural en el que escribe el autor. Setenta veces siete para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI no significa otra cosa que cuatrocientos noventa, pero para el semita, por el contexto en el que vivía, el número siete era símbolo, imagen de la plenitud: en siete días Dios creó el Universo entero. Conociendo esos giros lingüísticos podemos saber cuál es la intención del autor, que es la intención de Dios, y de esa manera entender que setenta veces siete quiere decir sin límite. De esta forma podré aplicar el «número» de «setenta veces siete» a mi vida diaria, a través del perdón sin límite que otorgaré a mi prójimo.

¿Debemos tomar en cuenta los números en la Biblia para la vida diaria? Sí, siempre y cuando conozcamos su significado y entendamos el Espíritu con el que fueron escritos. 1000: este número no representaría la cantidad exacta de 1000, sino la idea general de un gran número (por ejemplo, los mil años de encierro del Dragón antes de que se vuelva a levantar y sea vencido para siempre [3], no representarían un período de exactamente mil años sino solamente la idea general de mucho tiempo. Por ejemplo en Ap 5,11; 7, 4-8; 20, 2-7 para algunos eruditos la inclusión en la Biblia de un número de símbolos, parábolas, metáforas para expresar un significado hace del literalismo algo impráctico. Sin embargo, en la mayoría de los casos, a cada pasaje simbólico en la Biblia le sigue una explicación completa. A pesar de las declaraciones de algunos eruditos, 2 Timoteo parece indicar que Dios no tenía la intención que la Escritura se tomara subjetivamente: «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia.» [4] Muchos eruditos de la Biblia están de acuerdo que una estricta pauta para interpretar la Palabra de Dios es la opción más prudente a seguir.

Notas

[1] Cfr. DV n 12.

[2] Ibidem

[3] Cfr. Ap 20

[4] Cfr. 2 Timoteo 3,16

http://www.conoze.com/doc.php?doc=8341

Aproximadamente un millón de personas en México viven con esquizofrenia

Aproximadamente un millón de personas en México viven con esquizofrenia

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Es una de las enfermedades mentales más debilitantes y desconcertantes
Ocupa el octavo lugar entre las causas de incapacidad de las personas entre los 15 y los 45 años de edad
Aproximadamente un millón de personas en México viven con esquizofrenia, un trastorno mental en el cual es difícil para el paciente diferenciar entre experiencias reales e irreales debido a que su percepción puede distorsionarse haciendo que escuche y perciba situaciones que no están en la realidad, aseguró el Doctor Alejandro Díaz, especialista del Instituto Nacional de Psiquiatría.

En entrevista, Díaz Anzaldúa, comentó que actualmente la esquizofrenia ocupa el octavo lugar entre las causas de incapacidad de las personas entre los 15 y los 45 años de edad toda vez que los pacientes no tienen respuestas emocionales normales ante la sociedad ni el control para comportarse normalmente en situaciones sociales.

“La calidad de vida de las personas que padecen esquizofrenia se ve afectada, porque el paciente puede sentirse asustado, ansioso y confundido debido a que vive en un mundo distorsionado por alucinaciones y delirios. Ese pensamiento interfiere en la planificación, motivación y comunicación”, comentó el Dr. Díaz.

El médico expuso que un paciente con esquizofrenia puede utilizar palabras sin sentido o saltar de un pensamiento a otro no relacionado. Esto puede causarle aislamiento social que hace que la persona esquizofrénica se recluya. Este alejamiento suele suceder debido a una intolerancia a estar entre multitudes, reuniones pequeñas e inclusive con una sola persona.

Así también, comentó que los pacientes con esquizofrenia tienen una escasa calidad de vida, ya que; aunado a los síntomas y los efectos secundarios de los tratamientos, son objeto del rechazo y aislamiento. Y esto se traduce en una disminución de la calida de vida en 10 años en promedio.

El médico del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, comentó que los afectados por la enfermedad, son estigmatizados por su padecimiento, debido a que los familiares, amigos y gente en general con frecuencia no entienden esta enfermedad y los rechaza o simplemente no les brindan la ayuda que necesitan.

El paciente con esquizofrenia necesita apoyo de un gran número de personas en diferentes roles, entre ellas están los familiares, los profesionales de la salud, los amigos o vecinos.

Por ello, es de vital importancia que los pacientes y familiares consulten al psiquiatra que es el especialista adecuado para tratar este padecimiento, y así recibir la ayuda profesional necesaria y obtener un diagnóstico rápido para comenzar el tratamiento lo antes posible y logren reincorporarse a su vida normal.

Tumores cerebrales “Enemigos silenciosos”

Tumores cerebrales “Enemigos silenciosos”

 
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Los tumores cerebrales son enemigos silenciosos a los que debemos conocer muy bien para saber cómo se comportan, especialmente el glioblastoma multiforme que es uno de los más agresivos, cuyo impacto no sólo es en el paciente, sino en la familia porque afecta al cerebro, nuestro coordinador general, limitando las funciones del habla o motoras, por ejemplo, de un padre de familia, de una madre o de un hijo, asegura el Doctor Gilberto Morgan.

En entrevista, Morgan Villela, Jefe de la División de Oncología y Hematología, y encargado del Servicio Nacional de Radioneurocirugía de la Unidad Nacional del IMSS –servicio y equipo único en México y en Latinoamérica para cuya construcción se invirtieron recursos del orden de los 150 millones de pesos entre obra y equipo médico–, destaca que en el IMSS estamos creando mucha conciencia para que los pacientes sean tratados como debe ser para que reciban lo que necesite porque los tumores cerebrales requieren una atención muy especial.

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«El miedo puede ser una vacuna contra el propio miedo»

03/11/2007 GMT 1

«El miedo puede ser una vacuna contra el propio miedo»

El miedo es una emoción natural del ser humano que tiene dos caras. Una buena porque prepara al organismo para escapar o afrontar un peligro. Y una mala cuando esta emoción se mantiene de forma continuada. Este es el caso de las enfermedades relacionadas con el temor, como la angustia o las fobias. La buena noticia para las personas que sufren estas patologías es que existen buenos tratamientos farmacológicos y de psicoterapia para superarlas. Es más, pasar cierto miedo puede ser una vacuna terapéutica frente al propio miedo, explica Óscar Vilarroya, doctor en Ciencia Cognitiva y director de la Cátedra del Cerebro Social de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Esta Cátedra ha organizado el taller ‘Las dos caras del miedo’ en el Festival de Cine Internacional de Cataluña, en Sitges (Barcelona).

El miedo es una emoción que compartimos con muchos animales, sobre todo con los mamíferos. Apareció, dentro de la historia evolutiva, en antepasados nuestros lejanos. Tiene el valor de la supervivencia, de reaccionar de forma adecuada ante el peligro. Esta emoción detiene todos los procesos innecesarios del organismo, como el de la digestión, la reproducción y las defensas. Y pone en marcha todos los procesos necesarios para huir o luchar frente al peligro.

¿Cuáles son esos procesos necesarios para afrontar el peligro?

El miedo aumenta el riego sanguíneo en los músculos y la frecuencia cardiaca; abre los bronquios para que haya más capacidad pulmonar; aumenta el nivel de glucosa, que está acumulada en diversos depósitos del organismo y la dispone en la sangre para aportar a los músculos la energía necesaria para reaccionar; segrega endorfinas (opiáceos internos), para que no suframos dolor y podamos huir del dolor físico, o no sentirlo. El miedo despierta todos estos procesos que nos permiten sobrevivir en situaciones de peligro. Nosotros los hemos heredado de nuestros antepasados que tenían miedo. Los que no lo tenían desaparecieron y no hemos heredado nada de ellos.

¿Qué tiene de bueno y de malo esta herencia?

«Hay una predisposición genética a sufrir miedo patológico, aunque también influyen factores externos»
Tiene de bueno que en una situación moderna de peligro nos permite huir de forma adecuada. Pero tiene de malo que es un mecanismo para actuar de forma muy rápida, muy poco fino, y que puede ser negativo si se dispara demasiado. Siempre existe un nivel óptimo de respuesta para que no haya bloqueos y el sistema no quede paralizado o no se pase de largo, lo que puede provocar situaciones muy estresantes e, incluso, la muerte. Hay una muerte documentada científicamente, la muerte del Vudú. Es la de la persona que sabe que le han hecho Vudú y que sufre tantas horas y tantos días que acaba sucumbiendo y muere por estrés continuado. El exceso continuado de miedo puede conducir a la angustia, el ataque de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo y las fobias, que son las llamadas enfermedades del miedo.

¿Estos mecanismos son los mismos en el caso del miedo de ‘sustos’ que del miedo continuado?

El miedo puede ser debido efectivamente a un susto. Pero también puede presentarse en períodos cortos o de forma sostenida a lo largo del tiempo. Cuando el miedo es continuo se activa el mismo mecanismo que cuando es por periodos cortos. Se mantiene porque el cuerpo siente la amenaza del peligro; la frecuencia cardiaca es alta y la presión arterial es alta. Cuando la sensación de amenaza es continuada, el organismo lo paga. El miedo está para evitar situaciones nocivas, pero mantenido resulta patológico por naturaleza. Las fobias también lo son, pero no se deben a un miedo mantenido, sino localizado, que se asocia a estímulos concretos frente a los cuales se tiene una respuesta exagerada.

¿Hay diferencias entre hombres y mujeres en la forma de experimentar el miedo?

Las diferencias entre hombres y mujeres no se manifiestan en situaciones normales. Pero sí que hay diferencias en la frecuencia de los miedos patológicos. Las mujeres sufren más de ansiedad, mientras que los hombres padecen más de trastorno obsesivo compulsivo. Pero los innatos son similares en ambos. Me refiero a miedos a fenómenos clásicos como la oscuridad, las alturas y los sociales como el miedo al rechazo en el entorno social o a la incertidumbre.

¿Actualmente existen buenos tratamientos para superar los miedos patológicos?

Sí, dentro de las patologías psiquiátricas, estas enfermedades tienen buenos tratamientos farmacológicos y de psicoterapia. Han mejorado mucho en los últimos 30 años.

¿Tiene que existir un detonante que dispare el miedo patológico o hay personas más proclives a tenerlos por una base genética?

Sí, hay una predisposición genética, pero también tienen que darse los estímulos adecuados para generar miedo. La persona con esta predisposición, si vive en un convento de monjes budistas, probablemente no lo desarrollará, pero en una sociedad abierta, donde hay muchos estímulos, es probable que lo desarrolle más fácilmente. Aunque depende de cada persona, los estímulos pueden despertar angustia, ataques de pánico y fobias concretas.

Esta pregunta tiene que ver con el taller de miedo que ustedes han celebrado en Sitges, con motivo del Festival de Cine. ¿Es bueno pasar miedo y ver películas de miedo?

Nosotros somos seres que aprendemos a gestionar las cosas de la vida. Tenemos un aprendizaje de las relaciones sociales y de las tareas. Del mismo modo, gestionamos las emociones y realizamos un aprendizaje de forma inconsciente desde pequeños. Aprender a gestionar los miedos es parecido. Es como dos lobeznos que juegan simulando una pelea que luego puede darse en una situación real. Ir a ver películas de miedo nos ayuda a aprender a gestionarlos en un entorno controlado, entretenido, donde lo pasamos bien, aprendemos a gestionarlos, sentirlos e identificarlos.

Entonces, ¿pasar miedo puede ser una vacuna contra el propio miedo?

Sí, puede ser una vacuna. De hecho, el tratamiento de psicoterapia cognitivo-conductual de las fobias consiste en hacer una inmersión en el estímulo que provoca el miedo hasta que éste desaparece.

MIEDO A LA TECNOLOGÍA
La sociedad moderna nos ha provisto de nuevos estímulos y situaciones con potencial para despertar nuestros miedos más ancestrales. El temor al depredador se ha transformado en el miedo a hablar en público, a hacer el ridículo, a ser rechazado o a no cumplir las expectativas sociales. Estos son algunos de los más típicos que salen a relucir en encuestas que se realizan en sociedades occidentales bien estructuradas, recuerda Óscar Vilarroya. Pero no todo acaba ahí.

A los miedos sociales hay que sumar los relacionados con las nuevas tecnologías por dos motivos: falta de capacidad de control -o incertidumbre- y desconocimiento. «Si no se controla la tecnología, ésta nos controla a nosotros», afirma el experto. Ese descontrol conduce a la ansiedad. El desconocimiento y la sensación de incapacidad para utilizarla también la producen. «Esta incapacidad genera angustia por la incapacidad de adaptarnos a los nuevos tiempos», explica Vilarroya.

Actualmente, la Cátedra del Cerebro Social de la UAB trabaja, conjuntamente con Antonio Bulbena, catedrático de Psiquiatría de la misma Universidad Autónoma y director del Instituto de Atención Psiquiátrica del Hospital del Mar, de Barcelona, para identificar los procesos cerebrales que se esconden bajo esta patología y analiza si, dentro de la esquizofrenia, hay un subtipo más asociado a los trastornos de ansiedad mediante máquinas de resonancia magnética (RM) funcional.

Las partes del cerebro que se activan -fundamentalmente la amígdala, que corresponde a la parte más primitiva del cerebro- son las mismas en sujetos que tienen miedo sanamente y los que lo sufren de forma patológica pero varían en intensidad, reactividad y se disparan antes en las personas con miedo obsesivo.

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Síndrome del Ordenador

07/11/2007

Síndrome del Ordenador

Afecta al 80% de los jóvenes en edad universitaria

La era digital se caracteriza por la presencia de ordenadores en todos los ámbitos de la sociedad. Son parte esencial de la vida de muchos trabajadores y estudiantes. Y sin embargo, no todo lo que les rodea es positivo. En los últimos años, los médicos estudian el tratamiento de una nueva patología que parece extenderse entre los más jóvenes. Picores y fatiga visual son los síntomas más característicos del llamado síndrome de ordenador

Más de ocho horas delante del ordenador

Los ordenadores son una herramienta de trabajo y de ocio de primer orden en la actualidad. Satisfacen muchas necesidades y requerimientos, si bien su uso prolongado puede derivar en la aparición de problemas de salud. En este sentido, un reciente estudio elaborado por el Colegio de Ópticos-Optometristas de Galicia certifica que el 80% del número de jóvenes en edad universitaria padece el llamado Síndrome del Ordenador o Síndrome de la Pantalla de Visualización (SPV). Esta dolencia se da, principalmente, entre las personas que pasan más de ocho horas delante de una computadora y se manifiesta mediante el enrojecimiento de los ojos, el lagrimeo y el cansancio ocular, entre otros. Además, tiene la particularidad de que estos síntomas sólo se dan frente a un monitor. Otros informes, como el realizado por la Academia Americana de Optometría, advierten de que el uso prolongado de terminales informáticos provoca problemas de fatiga visual al 70% de los empleados que los usan en sus labores habituales.

Esta patología se puede manifestar de diferentes formas. Aunque los síntomas más típicos son los siguientes:

Visión borrosa, visión doble, fatiga, fobia a la luz o lagrimeo.
Sequedad, ojos rojos, pesadez y olor oculares.
Rigidez y dolor de hombros, cuello, espalda, brazos, muñecas y mano.
Picor en la cara, cara rojiza, hinchazón.
Cefaleas, náuseas, mareos y vértigo.
En muchas ocasiones, los especialistas achacan esta patología a los problemas derivados de la ubicación de los equipos informáticos en el lugar de trabajo. Factores como una mala iluminación en el local o una insuficiente resolución de la pantalla de ordenador favorecen la aparición de este tipo de dolencia. Son los llamados condicionantes ergonómicos y ambientales. Desde Osalan, Instituto vasco de Salud Laboral, explican que tampoco hay que obviar que circunstancias como los reflejos, los brillos o la mala ventilación de la sala pueden incidir sobremanera en la gestación del SPV. Perjudiciales son también la suciedad de la superficie del monitor o la acumulación de calor en el espacio donde se encuentra la pantalla.

Al respecto, los oftalmólogos aconsejan que el monitor esté inclinado hacia atrás cinco o diez grados respecto a la vertical, porque la tendencia del usuario es a trabajar con la cabeza un poco más baja de lo habitual. También apuntan a que los contenidos que aparecen en la pantalla deberían estar un poco por debajo de la línea de la mirada. En cuanto a la iluminación ambiental, aconsejan que ésta no se base en un solo fluorescente porque produce un parpadeo inapreciable. Debe haber una pareja, y cuando se funde uno de ellos, conviene cambiar los dos a la vez.

En otras ocasiones, el Síndrome del Ordenador obedece a defectos oculares mal corregidos como la miopía, hipermetropía, astigmatismo, presbicia, insuficiencia de convergencia o el mal uso de las lentes de contacto. Tampoco son desdeñables otros factores como el estrés o el estado de salud general del trabajador. Incluso, si no se remedian los síntomas descritos con anterioridad, éstos pueden ahondar las disfunciones visuales o derivar en la aparición de las mismas. Entonces, la solución del problema requiere de un tratamiento oftalmológico, con gafas, lentes o similares.

Evaporación de la lágrima

Sea como fuere, trabajar frente a una computadora implica que se incremente la superficie ocular expuesta a la pantalla. En términos médicos, se produce un aumento de la abertura palpebral, que provoca un mayor grado de evaporación de la lágrima. Si la pantalla está situada en una posición más elevada que la mirada, el área de exposición será mayor. Y en consecuencia, se producirá una mayor sequedad ocular, ya que también se da un decremento en la producción de lágrimas, lo que deriva, a su vez, en la aparición de la fatiga visual.

Al tiempo, se constata una menor frecuencia de parpadeo. Este parámetro, en un adulto normal, se reproduce entre 12 y 20 veces por minuto. En estudios realizados en personas sanas, se ha demostrado recientemente que frente a un ordenador, esta variable disminuye de forma notable hasta pasar a una cadencia de 3,6 por minuto. Los expertos ópticos certifican que el grado de concentración, la dificultad de la tarea visual y el esfuerzo de fijación en la pantalla influyen en esta menor frecuencia.

El 33% de los jóvenes serán miopes en 2020
Con todo lo dicho, se puede deducir que la salud ocular de las sociedades occidentales se resentirá sobremanera a lo largo de los próximos años. Los que ahora son jóvenes, utilizan de forma masiva ordenadores en esta era digital. Todo ello deriva en la generalización de molestias oculares y, lo que es más grave, en la posibilidad de que éstas desemboquen en patologías como el ‘ojo seco’, errores refractivos y disfunciones binoculares, susceptibles todas ellas, de atención oftalmológica.

Los datos no engañan. Antaño, la edad media en la que se imponía el uso de gafas a miopes sobrepasaba los 25 años. En la actualidad, eso ha cambiado sustancialmente. Fuentes médicas explican que el ojo es un órgano que se adapta al entorno. Frente a un monitor se le fuerza para enfocar a una distancia próxima, y así se le convierte poco a poco en miope. Por eso, explican que lo peor está por llegar, ya que confirman que se incrementará en un 50% la incidencia de la miopía entre la juventud, pasando del 22% actual al 33% en 2020.

Los especialistas en la materia indican que los usuarios en edad de padecer presbicia son los pacientes que más cuidados deben adoptar ante una pantalla de ordenador. Los jóvenes deben concienciarse que tienen que trabajar a diferentes distancias. Necesitan gafas de cerca para leer a una distancia de 30 centímetros; pero trabajan con un ordenador a más de medio metro. Es importante que sus gafas y, por tanto, su vista se adapte a esas medidas con la utilización de gafas trifocales o progresivas: de cerca, medio y lejos.

La vida moderna está caracterizada, en una parte muy importante, por la asimilación social de los continuos avances electrónicos que aporta la tecnología actual. Entre ellos, es una constante que existan ordenadores en casi todos los hogares, centros de estudio, ocio y trabajo. Prácticamente todas las empresas, independientemente de su tamaño y número de empleados, están equipadas con computadoras para su normal y cotidiano funcionamiento. El uso de estos sistemas informáticos conlleva la convivencia con unos monitores que, por regla general, son mucho más nocivos que los de la televisión. Y lo son porque observarlos requiere de un mayor esfuerzo de convergencia ocular, de una gran concentración visual y de una distancia de visualización menor que la necesaria para ver la pantalla televisiva.

La influencia de los ordenadores sobre la vista de quien los maneja asiduamente es bastante alta. De hecho, existen pantallas que emiten radiaciones ultravioletas, infrarrojas y electromagnéticas. Se corresponden con aquellos monitores que funcionan con tubo catódico. En su momento, éstas eran las más numerosas. La forma de protegerse contra ellas era mediante el uso de los filtros de monitor. En la actualidad, están los monitores líquidos, aunque tienen el inconveniente de que no son nítidas completamente.

¿Cómo se puede evitar la SPV?

Para evitar la aparición de este síndrome, los expertos defienden que se siga los siguientes consejos de fácil aplicación:

Es conveniente visitar al oftalmólogo para conocer un diagnóstico profesional y descartar cualquier otra patología. Él será quien decida cómo corregir los defectos ópticos y visuales que pueda padecer el paciente, o el que controle el buen uso de lentes de contacto o recete lágrimas artificiales y soluciones hidratantes.
No olvidarse de la verificación del estado físico general para descartar otras patologías que puedan manifestarse con síntomas similares al Síndrome del ordenador. En este punto, hay que tener en cuenta que determinados problemas psicológicos pueden generar una sensación de fatiga ocular. También episodios de estrés o menopausia provocan consecuencias similares.

El Colegio de Optometristas de Galicia explica que es importante vigilar algunos tratamientos médicos en curso con psicotropos, antihipertensivos, colirios, antihistamínicos o contra el acné.
Una vez acotadas y descartadas estas circunstancias, el Síndrome del Ordenador se combate por cuenta del trabajador o estudiante, sobre quien recae la tarea de vigilar una serie de cuestiones relacionadas con el lugar físico en el que se ‘enfrenta’ a la computadora y de cerciorarse de que las condiciones ergonómicas que caracterizan su empleo sean las adecuadas. Desde Osalan certifican las ventajas de seguir estas indicaciones para prevenir la aparición de este síndrome:

Trabajar con un ambiente con un grado de humedad ambiental adecuado, entre un 40% y un 65%.
No abusar de la calefacción ni del aire acondicionado.
Evitar fumar y el humo de tabaco porque irrita los ojos.
Situarse frente a la computadora con una iluminación indirecta.
Evitar los reflejos de las ventanas.
Parar 10 minutos por cada hora frente al ordenador.
Utilizar un sillón ergonómico y una mesa adecuada en altura.

El borde superior de la pantalla debe estar a la altura de los ojos del usuario, con un ángulo de 30º y a un mínimo de 50 centímetros de distancia.

Utilizar filtros antirradiación en el monitor.

El fondo de la pantalla conviene que sea blanco y las letras negras, para que exista contraste y no se fuerce la vista.
Usar una pantalla de buena calidad.

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Falsos mitos en medicina

18/01/2008

Falsos mitos en medicina

Partiendo de una lista más extensa, los autores del estudio, dos pediatras de la Indiana University School of Medicine, han seleccionado siete mitos sobre la salud con el objetivo de analizarlos mediante las evidencias disponibles para validarlos o refutarlos. En el artículo recogen creencias diversas que van desde la cantidad de agua que es preciso ingerir, hasta efectos considerados perjudiciales de determinado tipo de alimento o de dispositivos eléctricos, como el ordenador o el móvil.

Agua en la justa medida
Una de las aseveraciones se refiere a la necesidad de beber ocho vasos de agua al día. Al parecer la recomendación se remonta al año 1945 en el que se remarcaba que un adulto necesita consumir un mililitro de agua por cada caloría de alimentos, lo que equivale aproximadamente a unos 2,5 litros de agua diarios. Por otra parte, el nutricionista Frederick Stare, recomendaba sin base alguna, consumir de seis a ocho vasos de agua diarios.

En condiciones normales, las necesidades diarias de ingesta de líquidos se cumplen sin problemas con una dieta equilibrada y con la ingesta habitual de agua y de otros líquidos como leche, zumos o infusiones. La cantidad de agua que se ingiere debe adecuarse a las condiciones de temperatura y actividad física, ya que en ambientes calurosos o en caso de abundante sudoración, las pérdidas hídricas por el sudor son mayores por lo que se necesitará un mayor aporte de líquidos.

Beber agua en exceso no reporta beneficios salvo en casos concretos y, además, en pacientes con insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal puede resultar perjudicial por la dificultad que les supone eliminar los líquidos que se ingieren en exceso.

El cerebro, ¿infrautilizado?
Los estudios muestran que se utiliza mucho más del 10% de la capacidad intelectual y no ponen de manifiesto zonas cerebrales inactivas
Una creencia muy extendida es la de que utilizamos sólo una pequeña parte de nuestra capacidad cerebral. La idea de que únicamente utilizamos en 10% de nuestro cerebro se ha mantenido durante muchos años, a pesar de todos los avances neurocientíficos. Al parecer esta aseveración se atribuye a Albert Einstein, aunque no hay claras referencias que confronten el hecho. Los expertos creen que, probablemente, surgió a principios del siglo pasado al intentar promover el desarrollo de las capacidades personales, dando por sentado que cada individuo tenía múltiples habilidades latentes.

Los investigadores señalan que esta falsa creencia está desmentida por estudios realizados en pacientes con daño cerebral en los que se ha constatado que la lesión de un área cerebral tiene efectos específicos sobre las capacidades motoras, mentales y conducta. Los estudios sobre el metabolismo cerebral o mediante imágenes muestran que se utiliza mucho más del 10% de la capacidad intelectual y no ponen de manifiesto zonas inactivas.

Móvil sin riesgo
Uno de los últimos mitos incorporados como válidos es que el uso de teléfonos móviles puede causar interferencias con algunos dispositivos médicos, lo que ha llevado a la mayoría de los hospitales a prohibir su uso. Existe cierta evidencia de que pueden provocar, en determinadas condiciones, alteraciones en el mecanismo de alarma de algunos monitores, disfunciones en bombas de infusión o lecturas defectuosas de monitores cardiacos, entre otros. Sin embargo, un estudio efectuado en el Reino Unido demostró que los móviles interfieren en menos del 4% de los dispositivos hospitalarios y siempre que se utilicen a una distancia menor de un metro; únicamente se reportaron efectos de cierta gravedad en menos del 0,1% de los casos.

Por otra parte, en un estudio similar efectuado en la Clínica Mayo en el 2005, la incidencia de interferencias relevantes fue del 1,2%. La investigación indica que los aparatos de música portátiles para escuchar CD también pueden causar lecturas anómalas en registros de electrocardiografía si se emplean cerca de estos aparatos.

El uso extensivo que se hace de la telefonía móvil ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a considerar los potenciales riesgos que pueda comportar para la salud. Los estudios epidemiológicos efectuados no demuestran de forma fehaciente que la exposición a los campos de radiofrecuencia emitidos por los móviles incremente el riesgo de padecer cáncer o cualquier otra enfermedad. No obstante, se han descrito efectos como alteraciones de la actividad cerebral, de los tiempos de reacción y de las características del sueño que aparentemente carecen de importancia.

Más sin fundamento
Otra de estas afirmaciones sin fundamento que se impugnan en el artículo es la que se refiere al crecimiento del pelo y las uñas después de la muerte. Los autores consideran que se trata tan sólo de una ilusión óptica causada por la retracción de la piel a consecuencia de la deshidratación que se produce después del fallecimiento. Explican además que el crecimiento del pelo y las uñas requiere una compleja interacción de la regulación hormonal que no existe después de la muerte.

También intentan explicar por qué se cree que después de un afeitado el pelo crece más fuerte, rápido y con mayor vigor, y consideran que también se trata de una ilusión óptica: después del afeitado, el pelo que crece no posee el estrechamiento del final del pelo no cortado, lo que da la impresión de grosor y fortaleza.

Clásicamente se ha asegurado que comer pavo produce somnolencia. Este hecho esta basado en el supuestamente alto contenido de triptófano en la carne de esta ave. Este aminoácido está relacionado con el sueño y con el humor, y puede provocar somnolencia. No hay evidencia de que, actualmente, la carne de pavo contenga mayores niveles de triptófano que la de pollo. Es probable que este mito, explican los autores, sea debido a que a menudo el consumo de pavo se produce en el contexto de celebraciones en las que, además, se ingieren en abundancia otros alimentos junto con bebidas alcohólicas.

FATIGA SÍ, PROBLEMA NO

(Imagen: Grant Lindsay)
Por último, los investigadores analizan la afirmación de que leer con luz débil daña los ojos. Consideran que esta creencia probablemente tiene relación con el hecho de que cuando leemos con malas condiciones de luz puede dar la sensación de que cuesta enfocar. Si leemos con poca luz, los ojos se fatigan más e, incluso, pueden aparecer molestias como dolor de cabeza o visión borrosa. También se reduce el parpadeo por lo que puede aparecer sequedad ocular con las consiguientes molestias.

Estos efectos no son persistentes y no hay evidencia de que se produzcan problemas a largo plazo ni en la visión ni en la estructura ocular. Leer con poca luz determina un esfuerzo visual significativo, ya que en condiciones de poca luz, la pupila se encuentra más dilatada. Asimismo, tampoco parece haber evidencia que trabajar con ordenador o ver televisión demasiado cerca resulte perjudicial.

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