LA CORONA DE NUESTRA FE -1 Cor 15

Ver este documento en Scribd

Las bendiciones de estar en Cristo

Las bendiciones de estar en Cristo
(The Blessings of Being in Christ)

Por David Wilkerson
23 de agosto de 2004
__________

Pablo dice, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” (Efesios 1:3). Pablo nos esta diciendo, en esencia, “Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” Que increíble promesa para el pueblo de Dios.

No obstante, esta promesa se convierte en meras palabras si no conocemos cuales son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar las bendiciones que Dios promete si no las comprendemos?

Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).

Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.

Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado.

Espero que todos aquellos que están leyendo este mensaje sean como esos efesios: fieles, creyentes bien enseñados. Tú conoces el poder de la redención del evangelio de Cristo. Tú conoces la doctrina del nuevo nacimiento. Estas bien enseñado en el conocimiento de la gracia, aceptando la victoria que viene por fe solamente y no por obras.

Si esto te describe a ti, tengo algo más que decir. Esto es que muchos cristianos nunca han entrado al gozo que Dios les ha prometido. Déjame explicar.

Yo creo que la mayoría de los cristianos,
incluyendo ministros, nunca pasan más allá
del perdón de pecados y la esperanza de la
gloria futura en el cielo.

Mucha gente que ha sido perdonada, limpiada y redimida vive en la miseria. Ellos nunca tienen un sentido de estar completos en Cristo. En vez de eso, continuamente van de picos a valles, de altas espirituales a bajas depresivas. Siempre son molestados por un sentido de, “Algo me falta. No lo estoy entendiendo.”

Mientras reviso mi vida, me maravillo por todos los cristianos devotos que conocí y que nunca estuvieron seguros de su salvación. Esto era especialmente cierto de mucha gente Pentecostal, piadosos hombres y mujeres quienes habían servido al Señor por cincuenta años. Ellos conocían todas las doctrinas, verdades y enseñanzas de la fe, y ministraron fielmente. Pero ellos nunca entraron en el gozo sobrenatural que estaba a su disposición en Cristo.

La verdad es, es posible saber todas estas cosas—el sacrificio de Jesús por nosotros, el poder limpiador de su sangre, justificación por fe—y nunca entrar a la plenitud de las bendiciones de Dios. ¿Cómo puede ser esto, preguntaras? Es porque muchos cristianos nunca pasan del Salvador crucificado al Señor resucitado que vive en gloria.

En Juan 14, Jesús nos dice que es tiempo que conozcamos nuestra posición celestial en él. Él les explica a los discípulos: “…porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.” (Juan 14:19-20). Nosotros estamos viviendo ahora en “ese día” del cual Jesús habla. En resumen, debemos entender nuestra posición celestial en Cristo.

Por supuesto, la mayoría de nosotros conocemos nuestra posición en Cristo—que estamos sentados en lugares celestiales con el—pero solamente como un hecho teológico. No lo conocemos por experiencia. ¿Qué quiero decir por esta expresión, “nuestra posición en Cristo?” Muy sencillo, posición es ‘donde uno esta colocado, donde uno esta.” Dios nos ha colocado donde estamos, lo cual es en Cristo. A su vez, Cristo esta en el Padre, sentado a su mano derecha. Por lo tanto, si nosotros estamos en Cristo, entonces realmente estamos sentados con Jesús en la habitación del trono, donde él esta. Eso significa que estamos sentados en la presencia del Todopoderoso. A esto se refiere Pablo cuando dijo que debemos “sentar [nos] en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (Efesios 2:6).

Puedes decir, “Pero yo nunca me siento como que estoy en un lugar celestial. Siempre siento como que estoy en un desierto, sufriendo aflicción y acosos. Si eso es estar en un lugar celestial con Cristo, entonces no entiendo.” Te aseguro, tus tiempos de pruebas son comunes a todos los creyentes. No, la frase, “en Cristo, en lugares celestiales” (1:3) no es algo que puedes alcanzar. Es lo que Dios dice de ti. Si estas en Cristo, entonces a los ojos del Padre tú estas sentado cerca de él, a su mano derecha.

El hecho es, en el momento que pones tu confianza en Jesús, eres tomado a Cristo por fe. Dios te reconoce en su Hijo, sentándote con él en los cielos. Esto no es meramente algún punto teológico, sino una verdad, una posición basada en hechos. Así que ahora, mientras rindes tu voluntad al Señor, puedes reclamar todas las bendiciones espirituales que son parte de tu posición.

Sí, Jesús esta en el paraíso, el Hombre en gloria. Y si, su Espíritu se mueve sobre toda la tierra; pero el Señor también habita en ti y mí específicamente. Él nos ha hecho su templo sobre la tierra, su lugar de habitación. Considere la poderosa declaración de Jesús sobre esto:

“…y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (14:21). “…para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros,… Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad,” (17:21-23).

Dale otra mirada al versículo. Jesús dice, en esencia, “La gloria que me diste, Padre, les he dado a ellos.” Cristo esta haciendo una afirmación increíble aquí. Él esta diciendo que se nos ha dado la misma gloria que el Padre le dio a él. ¡Que pensamiento más sorprendente! Pero, ¿cuál es esta gloria que le fue dada a Cristo, la cual él nos ha dado? Y, ¿cómo refleja nuestra vida esa gloria?

La gloria que nos fue dada es un
acceso de puerta abierta al Padre.

La gloria que Cristo nos ha dado no es alguna aura o emoción. No, sencillamente, la gloria que hemos recibido es acceso sin impedimento al Padre celestial.

Jesús nos facilito el acceso al Padre, abriéndonos la puerta por la Cruz: “porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están lejos] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” (Efesios 2:18). La palabra ‘entrada’ o acceso significa el derecho a entrar. Significa entrada libre, como también facilidad de acercamiento: “…en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” (3:12).

¿Puedes ver lo que Pablo esta diciendo aquí? Por fe, hemos llegado a un lugar de acceso sin impedimento a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar nerviosamente, una señal del rey antes que pudiera acercarse al trono. Solo después que él extendiera su cetro tenía Ester aprobación de pasar al frente.

Por contraste, tú y yo ya estamos en la habitación del trono. Y tenemos el derecho y privilegio de hablarle al rey en cualquier momento. Ciertamente, somos invitados a hacer cualquier pedido de él: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, par alcanzar misericordia y hallar gracia par el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16).

Cuando Cristo ministró en la tierra, él disfrutó de pleno acceso al Padre. Él dijo: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Solo hago lo que el Padre me dice y me muestra.” (Ver Juan 5:19, 30; 8:28).

Además, Jesús no tenía que marcharse desapercibido a orar para obtener la mente del Padre. Por supuesto que el oraba a menudo e intensamente, pero eso se trataba de la comunión con el Padre. Era un asunto diferente en sus actividades diarias, estuviera enseñando, sanando o echando fuera demonios. Jesús sabía en todo tiempo que él estaba en el Padre y que el Padre estaba en él. Él no tuvo que “subir” al Padre para saber lo que tenia que hacer. El Padre ya moraba en él, dándose a conocer; y Jesús siempre escuchaba una palabra detrás suyo, diciendo, “Este es el camino…esto debes hacer…”

Hoy, tenemos el mismo grado de acceso al Padre que tuvo Cristo. Puedes estar pensando, “Espera un minuto, no puede creerlo. ¿Yo tengo el mismo acceso al Padre que tuvo Jesús, el Creador y Señor del universo?”

No te equivoques: como Jesús, debemos orar a menudo y fervientemente. Debemos ser buscadores de Dios, esperando en el Señor. Pero en nuestro diario caminar–-nuestras entradas y salidas, nuestras relaciones, nuestra vida familiar, nuestro ministerio—no tenemos que alejarnos para pedir a Dios una palabra de fortaleza o dirección. Tenemos su mismo Espíritu viviendo en nosotros; y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre. Su voz siempre esta detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, anda en él.”

La verdad acerca de nuestra unión con Cristo
era un misterio escondido a la iglesia hasta
que Pablo apareció en escena.

El Espíritu Santo usó a Pablo para abrir este misterio, el cual es, “Cristo en ti, la esperanza de gloria.” Por supuesto, la iglesia había aprendido acerca de la gracia salvadora. Ellos sabían que la salvación era por fe y no por obras. Después de todo, ellos le habían servido a Jesús antes que Pablo se apareciera. Ellos sabían acerca del arrepentimiento y habían experimentado la misericordia del Padre.

Pero entonces se apareció Pablo, declarando, “El arrepentimiento y las buenas obras no son suficiente. No es suficiente que ustedes vinieron a Cristo y creyeron, o que ahora tengan gran conocimiento espiritual. Ustedes necesitan algo más que simplemente creer en Cristo. Ahora ustedes deben caminar en las bendiciones y la plenitud en él.” “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en el;” (Colosenses 2:6).

¿Qué estaba diciendo Pablo? ¿Qué quería decir “caminar en Cristo?” Es que, ¿no estaban estos creyentes haciendo eso por años? Simplemente, Pablo estaba hablando de las bendiciones de estar en Cristo. Y él le estaba diciendo a la iglesia, sin dejar lugar a dudas, que ellos no conocían la revelación plena de aquellas bendiciones. Él describió una actitud diferente, la cual dice:

“No quiero un mero conocimiento mental de mi salvación. Quiero experimentarla. Quiero saber lo que significa andar en la plenitud de la salvación de Cristo. No quiero tan solo saber acerca del cielo; quiero cada bendición celestial que Dios ha hecho disponible para mí hoy. Él ha prometido ‘toda bendición espiritual’, y él murió para acercarme a sí mismo, donde yo pueda disfrutar esas bendiciones. Quiero que mi vida refleje ese hecho. Quiero que toda verdad espiritual del cielo sea parte de mí caminar diario ahora. Estas bendiciones no pueden seguir siendo solo conceptos teológicos. Tienen que convertirse en una realidad.”

Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?

Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?

Eso no significa que no experimentemos dolor o tristeza. Todo cristiano seguirá enfrentando tentaciones y penurias. Pero en medio de nuestras pruebas, podemos abundar en acción de gracias, a causa de su bondad eterna hacia nosotros. Pablo nos dice que esa es la razón por la cual Dios nos hace sentar juntos con Cristo: “…para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:7).

Aquí esta el efecto que debemos ver en nuestra vida cotidiana: Dios ha mostrado su amorosa bondad hacia nosotros. Por lo tanto, podemos levantarnos gritando, “¡Aleluya! Dios, Cristo y el Espíritu Santo quieren estar cerca de mí.”

Otra bendición es nuestra cuando
nos sentamos en lugares celestiales.

¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de aceptación: “…con la cual nos hizo aceptos en el Amado, [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra para “acepto” aquí significa sumamente favorecido. Eso es diferente del uso en ingles que puede ser interpretado “recibido como adecuado.” Esto significa algo que puede ser soportado, sugiriendo una actitud de, “puede vivir con esto.” Ese no es el caso del uso griego de Pablo. Su uso de “acepto” se traduce como, “Dios nos ha favorecido a lo sumo. Somos muy especiales para él, porque estamos en nuestro lugar en Cristo.”

Ves, porque Dios acepto el sacrificio de Cristo, el ahora ve solo uno, el hombre corporal: Cristo, y aquellos que están unidos a él por fe. En resumen, nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús deshizo nuestra antigua naturaleza en la Cruz. Así que ahora, cuando Idos nos mira, él ve solo a Cristo. A su vez, nosotros debemos aprender a vernos como Dios nos ve. Eso significa, no enfocarnos solamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la Cruz.

La parábola del Hijo Prodigo provee una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Tú conoces la historia: un joven tomo su herencia de su padre y la malgasto en una vida pecaminosa. Entonces, una vez que el hijo llegó a la bancarrota—moralmente, emocionalmente y físicamente—el pensó en su padre. Él esta convencido que había perdido todo favor con él. Y temió que su padre estaba lleno de ira y odio hacia él.

En un tiempo, este joven había sido un honrado miembro de su hogar, unido con su padre. Él había probado las bendiciones, orden y favor de estar en la casa de su padre. Ciertamente, el hijo prodigo representa al descarriado, aquellos que le han fallado a Dios miserablemente.

Él pródigo casi muere de hambre antes de pensar en volver a casa. Sin embargo, finalmente, cuando se canso de su vida pecaminosa, decidió regresar a su padre. Esto representa el camino al arrepentimiento.

Cuando el primeramente se fue del hogar, probablemente el padre le aseguro que tenia acceso a regresar. Cualquier padre amante lo hubiera hecho: “Mi puerta siempre esta abierta para ti; y quiero que lo recuerdes al irte. Quiero que sepas que mi corazón va contigo. Cuando llegues al final de ti mismo, por favor regresa. Siempre serás bienvenido a casa.” Aquí había acceso sin impedimento, un padre que siempre estaba disponible. Así que el prodigo se dijo a si mismo, “Me levantaré e iré a mi padre,” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando su bendición de acceso.

Ahora este joven quebrantado estaba lleno de tristeza por su pecado. La Escritura dice que él clamó, “No soy digno, he pecado contra el cielo.” Esto representa a aquellos quienes vienen al arrepentimiento a través de la tristeza piadosa.

¿Estas viendo la imagen? Él pródigo se había alejado de su pecado, dejo al mundo atrás, y tomo acceso de la puerta abierta que su padre le prometió. Él estaba caminando en arrepentimiento y apropiándose del acceso. Pero todavía no era acepto.

¡Que lugar trágico! Aquí tenemos a un creyente que caminaba rectamente, realmente apenado por sus pecados pasados. Él estaba cansado de llevar toda la culpa, vergüenza y condenación. Pero él no sabía si era aceptado por su padre. Él pensó, “Mi padre tiene que estar enojado. Probablemente, me odia por malgastar todo lo que me dio. Va a estar lleno de ira y juicio cuando lo enfrente.”

Él pródigo debió cansarse mientras pensaba en todas las formas que trataría de cambiar por sí mismo. Estaba cansado como un perro de pensar como mejorar, como evitar caer. Ya se había hecho una larga lista de promesas vacías, solo para caer una y otra vez.

Tristemente, yo creo que ese es el estado de una multitud de creyentes hoy. De hecho, Jesús nos dio esta parábola en parte para abrirnos los ojos a nuestra posición en él. Y él enfatiza, “Si has visto al Padre, me has visto a mí. Yo y el Padre somos uno.”

Mientras él pródigo se acercaba a casa, estoy seguro que encontró mensajeros que le dijeron, “tu padre se entristece por ti. El te llama ‘su oveja perdida.’ Él salió a buscarte una y otra vez.” Pero el joven probablemente contesto, “Yo sé que mi padre es un hombre amoroso. Pero yo he pecado tan horriblemente, si tan solo supieras lo que he hecho.”

Él no tenía paz, porque desconocía su posición. Que triste no tener el gozo del cielo, la paz que sobrepasa entendimiento, porque no sabes si eres aceptado. Como él pródigo, multitud de creyentes que han fallado están convencido, “No soy digno. Dios no puede aceptarme.”

Así, ¿Qué le paso al hijo pródigo? “…Y cuando aun estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echo sobre su cuello, y le beso” (Lucas 15:20). Que bella escena. El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira o condenación alguna. Cuando él recibió el beso de su padre, él supo que era aceptado.

Aquí es donde muchos cristianos creen que termina la historia: “Él pródigo fue aceptado por el padre una vez más. ¿No es eso lo más importante?” Vemos nuestra propia relación con el Padre de la misma manera. Hemos conocido su beso amoroso, su misericordia y perdón. Pero, hasta ahí llevamos la relación. Nos detenemos en nuestro conocimiento del amor de Dios hacia nosotros.

El hecho permanece, que aun no estamos dentro de la casa del Padre. No hemos tomado asiento en su banquete. Según la parábola de Jesús, hay mas, mucho más. Nuestro Padre nunca estará satisfecho hasta que disfrutemos de todas las bendiciones que vienen de estar aceptos en él. Él nos quiere sentados en su casa, a su lado en todo tiempo, disfrutando las festividades y gozo de su casa.

Verdaderamente, es el padre quien dice, “…y comamos y hagamos fiesta” (15:23). La palabra griega para “hagamos fiesta” aquí significa, “ponerse en un estado de animo de gozo y regocijo.” Considera la gozosa escena que tomo lugar: “Pero el padre dijo a sus siervos: sacada el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo,…Y comenzaron a regocijarse… [Con] música y danzas;” (15:22-24).

Nota lo que acaba de pasar en esta escena. Al pródigo no se le pidió que se sacudiera el polvo y que se limpiara antes de entrar al banquete. No, el padre lo preparó para que entrara. Y no tan solo limpio sus ropas viejas; le dio todo un ajuar nuevo, que significa una vida nueva. El hijo pudo objetar, “Pero padre, no soy digno.” Pero ese padre pudo replicar: “no estoy mirando tu pasado. Me regocijo en que estas aceptando mi amor. Estamos reconciliados y somos uno. Ese es mi gozo.”

¿Afirmas ser aceptados en Cristo? Quizás experimentaste lo mismo que él pródigo: fuiste besado por el Padre, abrazado por su amor, aceptado a su casa. Si es así, probablemente crees, “Estoy sentado con Cristo en lugares celestiales.” Si es así, entonces, ¿Dónde está tu gozo? ¿Dónde ves el banquete del Padre en tu vida, el cantar, las danzas, la alegría de corazón?

Quizás la escena más contundente en esta parábola es la final, cuando el hermano mayor regresa a casa del trabajo. Mientras la fiesta toma lugar dentro de la casa, el se para afuera, mirando por la ventana. Para su sorpresa, él ve a su padre danzando deleitado a causa de su hermano pródigo.

Ten en mente, este hermano mayor también es aceptado. Pero la parábola aclara que él esta triste y miserable. ¿Por qué? En todos sus años con su padre, él nunca participó del placer de la casa de su padre. Él nunca disfrutó las bendiciones que su padre puso a su disposición. De hecho, al final, el padre le recuerda las bendiciones que han sido suyas todo el tiempo: “…Hijo, tu siempre estas conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” (Lucas 15:31).

Te pregunto: ¿Has experimentado todas las bendiciones de tu aceptación? Jesús aclara como el cristal que somos el gozo y el deleite de nuestro Padre celestial. Él se regocija sobre nosotros. Pero si nunca entramos a su casa y descansamos en nuestra aceptación, le robamos ese gozo a él.

Te animo: deja tus pecados y búsquedas mundanas atrás. Haz a un lado cada peso carnal que tan fácilmente te acosa. Y entra y toma tu posición en Cristo. Él te ha llamado a entrar al gozo de su aceptación. Entonces, cuando te levantes mañana, te encontraras gritando, “¡Aleluya, soy aceptado en Dios! Mi corazón esta lleno de gratitud y gozo.”


Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm

EN CRISTO JESÚS

Ver este documento en Scribd

Brown, Raymond e – La Muerte Del Mesias 01

Ver este documento en Scribd

El reino que trastorno el mundo

Ver este documento en Scribd

La exaltación de Jesús

Exaltación del Señor Jesus

Cristo esta sentado a la derecha del Padre: como Dios es igual que el Padre; en cuanto hombre, ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.

La obra de la Redención humana y la perfecta glorificación de Dios la realizó Cristo el Señor «principalmente por el misterio Pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión» (SC, 5). Por ello conviene que conozcamos en profundidad el significado de la Resurrección de Jesucristo.

La predicación de los Apóstoles insiste mucho en este punto: San Pedro dice en su primer discurso: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de los gentiles, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera en su dominio (… ). Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, le derramó, según vosotros veis y oís» (Hch. 2, 22-24; 32-33).

La exaltación de Jesús por su perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre será una glorificación de su humanidad y a la vez se presenta como la meta de los que crean en Él y le amen.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el -NOMBRE-SOBRE-TODO-NOMBRE- de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el CIELO en la TIERRA en el Abismo- y toda lengua proclame: ¡JESUCRISTO ES SEÑOR! para gloria de DIOS PADRE.

CRISTO ESTA SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE

Estas palabras también las recitan en el Credo los cristianos. San Marcos dice: «El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue levantado a los cielos y está sentado a la diestra de Dios.» (Mc. 16, 19). Esta expresión está tomada del Antiguo Testamento y significa que Jesucristo como Dios es igual que el Padre, y que en cuanto hombre ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.

Cristo es Sacerdote por toda la eternidad

El sacerdocio de Jesucristo no se redujo al momento culminante del sacrificio de la cruz. Toda su vida en la tierra tiene un valor sacerdotal, porque intercede continuamente por los hombres y actúa de mediador entre éstos y Dios. Pero también se prolonga a toda la eternidad después de la Ascensión a los Cielos en la epístola a los Hebreos precisa: «Tenemos un Pontífice que está sentado a la derecha del trono de la Majestad de los cielos» (Heb. 8, l); y más adelante añade: «Habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la diestra de Dios» (Heb. 10, 12).

Cristo es Rey

Reinar significa tener dominio sobre un territorio y sobre unas personas. El Mesías debía ser rey. Jesús afirmó repetidamente que era rey, pero que su reino no era de este mundo, pues era un reino espiritual de verdad, justicia, amor y libertad. Tras la Resurrección, Cristo alcanza la plenitud de la realeza en cuanto hombre. Como Dios siempre le correspondió el dominio sobre toda la creación. Pero ahora esta realeza se aplica también a su humanidad unida a su divinidad.

En el anuncio del ángel a María se le había dicho que «Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» (Lc. 1, 32-33). El último libro de la Sagrada Escritura dice: «Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores» (Ap. 19, 16).

Ya se vio cómo el núcleo de la predicación de Jesús era que había llegado el Reino de Dios. Cristo vence al poder diabólico, y su consecuencia primera que es el pecado, estableciendo el Reino de Dios. Los que se convierten y tienen fe se incorporan a este Reino. Si al final de su vida han sido fieles, se incorporan al Reino de Dios definitivo en el cielo. A los que mueren en gracia de Dios se les puede aplicar lo que dice el Apocalipsis: «Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono» (Ap. 3, 21). Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndole con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como Víctima perfecta y pacificadora en el altar de la Cruz, consumara el misterio de la Redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu Majestad infinita un Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz. (Prefacio de la fiesta de Jesucristo Rey del universo)

Cristo es Juez

En todos los símbolos de la fe consta que -Jesucristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.. El mismo Jesús, cuando describe el juicio final, dice que vendrá como el Hijo del hombre en su gloria con todos los ángeles, se sentará en su trono de gloria y juzgará a todos según sus obras (Mat. 25, 31-46). San Pablo dice también que «en aquel día Dios juzgará los secretos de los hombres por Jesucristo» (Ro. 2:16).

Jesucristo, como Juez, juzga del modo más perfecto. En primer lugar, defiende la justicia de Dios sin apartarse ni un ápice de ella; conoce todas las circunstancias que afectan al actuar de los hombres del modo más perfecto y total, tanto las que disculpan los errores como las que agravan la mala conducta. Conoce las omisiones y las buenas obras desconocidas por los hombres. Su justicia está llena de misericordia; por ello nos proporciona abundante gracia en esta vida y tiene la máxima comprensión con las debilidades o malicias de los hombres.

Estando nosotros muertos por los pecados nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con El. (Ef. 2:5-6)

Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios. (Ef. 2:8). Cristo es Supremo Legislador y Profeta

Una de las afirmaciones más claras de Jesús sobre sí mismo es que El es «el Camino, la Verdad y la Vida». El cristiano puede alcanzar la verdad y la vida a través de Cristo, que es el Camino.

Jesucristo es el Supremo Legislador. Todo legislador promulga leyes para que sus súbditos puedan alcanzar el bien y ser más felices. La ley suprema es la que conduce al bien supremo y a la felicidad suprema. Cristo nos da esa ley, como consta en los evangelios. Esta ley es superior a toda ley humana, de modo que una ley que se oponga a la ley de Cristo no debe ser obedecida, porque va contra la voluntad de Dios y no conduce al bien supremo.

Cristo es Profeta, porque la misión del profeta es declarar la verdad que conduce a Dios. Nuestro Señor Jesucristo es la plenitud de la Revelación; por eso se puede decir que es profeta en el sentido más completo de la palabra.

Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, y no se debe a vosotros, sino que es don de Dios

DESCENDIO A LOS INFIERNOS

Como cité al principio de la redacción de este tema, Este punto es controversial, lo analizaré más objetivamente ya que a pesar de que es un punto del Credo de los Apóstoles, es objetable. Veremos por que

“En el Credo se proclama esta verdad después de confesar la Resurrección al tercer día. Con estas palabras se quiere decir que después de la Muerte del Señor, tanto el alma como el cuerpo seguían unidos a la divinidad, aunque ambos estuviesen separados; y que durante ese tiempo que estuvieron separados el alma y el cuerpo se aplicaron los frutos de la Redención a todos aquellos que habían sido fieles a la Ley de Dios y a su conciencia, pero no podían gozar de la visión de Dios en los cielos porque aún no habían sido abiertas las puertas del cielo.
La palabra infierno no quiere decir aquí lugar de condenación, sino lugar inferior, donde están aquellos que no merecen castigo por haber actuado bien en su vida, pero tampoco poseen la gracia de Cristo porque la Redención estaba pendiente. También se le ha llamado seno de Abrahán. Los que allí estaban fueron los primeros en gozar de la Redención obrada por Cristo.”

Autor:

Por Pbro. Dr. Enrique Cases

Fuente:

http://www.encuentra.com/documento.php?f_doc=2957&f_tipo_doc=9

La crucifixión desde el punto de vista médico

Esta es una nota publicada en un sitio de Internet. Me pareció excelente y por esto decidí copiarla y añadirla al blog.

Su autor es el Dr. C. Truman Davis

La crucifixión desde el punto de vista médico  «Hace algunos años me interesé en los aspectos físicos de la pasión o sufrimiento de Jesucristo cuando leí un relato de la crucifixión en el libro de Jim Bishop “El día en que murió Cristo”. De pronto comprendí que había tomado la crucifixión más o menos por sentado todos estos años -que me había endurecido al horror, al familiarizarme muy livianamente con los tétricos detalles. Finalmente se me ocurrió que como medico, ni siquiera sabía en verdad la causa inmediata de la muerte de Cristo. Los escritores del evangelio no son de mucha ayuda en este sentido. Como la crucifixión y los azotes eran tan comunes en los tiempos en que ellos vivían, sin duda consideraban que una descripción detallada era innecesaria. Por ese motivo solo tenemos las breves palabras de los evangelistas.

“Pilatos…entregó a Jesús después de azotarle, para que fuese crucificado.” (Mar. 15:15)

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado.

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado. En mi estudio personal del hecho desde el punto de vista medico, estoy en deuda especialmente con el Dr. Pierre Barbet, cirujano francés que hizo investigaciones históricas y experimentales y escribió extensamente sobre el tema.

El intento de examinar el infinito sufrimiento físico y espiritual del Hijo de Dios encarnado al efectuar la redención por los pecados del hombre caído, esta más allá del alcance de este articulo. Sin embargo, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la pasión del Señor se pueden examinar con cierto detalle.

¿Que fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret en verdad soportó durante esas horas de tortura?

El método de la crucifixión:

Aparentemente el primer uso que se conoce de la crucifixión fue entre los persas. Alejandro y sus generales introdujeron la práctica al mundo mediterráneo, a Egipto y a Cartago. Los romanos evidentemente aprendieron la técnica de los cartaginenses y, como ocurrió con casi todo lo que los romanos hicieron, rápidamente desarrollaron un alto grado de eficiencia y habilidad en ejecutarlo.

En la literatura antigua se describen varias innovaciones y modificaciones. Solo unas pocas tienen alguna importancia aquí. La porción vertical de la cruz, o “stipes”, podía tener el travesaño o “patíbulo” colocado dos o tres pies debajo de la parte superior. Esta es la que consideramos hoy como el formato típico de la cruz, llamada cruz latina.

La forma común usada en tiempos de Jesús era la cruz “tau”, con forma de “T”. En esta cruz el patíbulo se ubicaba en una ranura en lo alto del madero vertical. Hay excelente evidencia arqueológica de que fue en este tipo de cruz que crucificaron a Jesús.

El madero vertical generalmente permanecía enterrado en el lugar de ejecución. El condenado era obligado a cargar el patíbulo, que aparentemente pesaba 50 Kg., desde la prisión hasta el lugar de ejecución. Sin tener ninguna prueba histórica o bíblica, sin embargo, los pintores del medioevo y del renacimiento nos han dado una imagen de Cristo cargando toda la cruz. Muchos pintores y escultores de crucifijos también cometen el error de mostrar los clavos atravesándole las palmas de las manos. Los relatos históricos de los romanos y el trabajo experimental han demostrado que los clavos eran clavados entre los pequeños huesos de las muñecas. Los clavos a través de la palma de la mano cortarían y se safarían entre los dedos, al sostener el peso de un cuerpo humano. Esta mala interpretación pudo haber venido de un error de comprensión en las palabras de Jesús a Tomas: “Mira mis manos”. Los anatomistas antiguos y modernos, sin embargo, siempre han considerado que la muñeca es parte de la mano.

Getsemaní:

De los diversos aspectos del sufrimiento inicial, el que es de particular interés fisiológico es el sudor de sangre. Es interesante notar que el medico -San Lucas- es el único evangelista que menciona este acontecimiento. Dice: “Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (22:44)

Aunque es muy raro, el fenómeno de la hematidrosis o sudor de sangre, esta bien documentado. Bajo una gran tensión emocional los frágiles capilares de las glándulas sudoríparas se rompen mezclándose así el sudor con la sangre. Este proceso de por si podría haber producido marcada debilidad y posiblemente una conmoción.

Aunque la traición y arresto de Jesús son porciones importantes de la historia de la pasión, el próximo suceso en la narración, que es significativo desde una perspectiva medica es su juicio ante el sanedrín y Caifás, el Sumo Sacerdote. aquí se le infligió el primer trauma físico: un soldado le propino una bofetada por permanecer en silencio cuando Caifás lo interrogaba. Después los guardias del palacio le colocaron una venda en los ojos y burlonamente lo provocaron con palabras groseras a que los identificara al pasar cada uno delante de el, lo escupieron y le dieron golpes en el rostro.

Ante Pilato:

Temprano por la mañana, magullado y amoratado, deshidratado y exhausto por una noche en vela, llevaron a Jesús de un lado al otro de Jerusalén, al pretorio, que estaba en el fuerte Antonia -el asiento del gobierno del Procurador de Judea- Poncio Pilato. Estamos familiarizados con la decisión de Pilato de tratar de pasarle la responsabilidad a Herodes Antipas, el Tetrarca de Judea. Aparentemente Jesús no sufrió ningún maltrato físico a manos de Herodes y fue devuelto a Pilato, quien, en respuesta al clamor de la plebe, da la orden de que Barrabas fuera soltado y condeno a Jesús a ser azotado y crucificado.
Los judíos tenían una antigua ley que prohibía más de 40 azotes. Los fariseos, que siempre se aseguraban que la ley fuese estrictamente observada, insistían en que se administraran solo 39 azotes; en la eventualidad de un error en recuento, se aseguraban permanecer dentro de la ley.

El prisionero era despojado de sus ropas y sus manos atadas a un poste por encima de la cabeza. El legionario romano se adelantaba con el “flagelo” en su mano. Este era un látigo corto con varias lonjas de cuero con dos bolitas de plomo cerca del final cada una. El pesado látigo se descargo con toda la fuerza una y otra vez sobre los hombros, espalda y piernas de Jesús.

Al principio las lonjas con peso adicional solo le cortaban la piel. Luego, al continuar los golpes, cortaban mas profundamente dentro del tejido subcutáneo, produciendo primero una herida sangrante de los capilares y venas de la piel y finalmente la sangre brotaba abundantemente de arterias de las capas musculares más profundas.

Las bolitas de plomo primero le produjeron grandes y profundos hematomas o marcas que cos los siguientes azotes se abrieron. Finalmente la piel de la espalda colgaba en largas lonjas y toda el área era una masa irreconocible de tejido desgarrado que sangraba. Cuando el centurión que estaba a cargo determinaba que el prisionero estaba casi muerto, detenía los azotes.

Burla:

El desfalleciente Jesús fue luego desatado y dejado caer como un fardo en el empedrado mojado con su propia sangre. Los soldados vieron a este judío provinciano que pretendía ser rey como un hazmerreír. Le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una vara en la mano por cetro. Aun necesitaban una corona para hacer su parodia completa. Utilizaron ramitas flexibles llenas de largas espinas y las trenzaron formando una tosca corona. La colocaron a presión en su cuero cabelludo y nuevamente sangro abundantemente, cuando las púas perforaron el propio tejido vascular.

Después de burlarse de Él y abofetearle, los soldados le arrebataros la vara de la mano y le golpearon en la cabeza incrustando las púas mas profundamente en su cuero cabelludo. Finalmente se cansaron de su diversión sádica y le quitaron con violencia el manto de la espalda. El manto ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de las heridas y al ser quitado como cuando un vendaje quirúrgico se quita al descuido, le causo un dolor insoportable y las heridas comenzaron a sangrar otra vez.

Gólgota:

El pesado patíbulo de la cruz fue atado sobre sus hombros. La procesión del condenado Cristo, dos malhechores y el piquete de ejecución de soldados romanos encabezados por un centurión comenzó su lenta marcha por la ruta que hoy conocemos como “La Vía Dolorosa”.

A pesar de los esfuerzos de Jesús para caminar erguido, el peso del madero junto con el espasmo producido por la perdida de sangre era demasiado. Tropezó y cayó clavándosele el tosco madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Trato de levantarse pero los músculos humanos habían sido llevados más allá de su tolerancia. El centurión, ansioso de proseguir con la crucifixión, eligió a un fornido africano del norte que miraba -Simón de Cirene- para llevar la cruz. Jesús lo seguía sangrando aun y transpirando el frió y pegajoso sudor del espasmo. La marcha de unos 600 metros desde el Fuerte Antonia al Gólgota fue finalmente completada y el prisionero volvió a ser desnudado excepto por el taparrabo que se les permitía a los judíos.

Comenzó la crucifixión: se le ofreció a Jesús vino mezclado con mirra, una suave mezcla analgésica para aliviar el dolor. Rehusó la bebida. A Simón se le ordeno dejar el patíbulo en el suelo y derribaron a Jesús de espaldas con sus hombros contra la viga. El legionario le palpo la hendidura por delate de la muñeca y perforo con un pesado clavo cuadrado de hierro forjado la muñeca clavándolo en la madera. Se paso rápidamente al otro lado y repitió la operación, cuidando de no extender demasiado el brazo permitiéndole cierta flexión y movimiento. El patíbulo era luego alzado y calzado al tope del madero vertical y el “titulo” donde se leía “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, fue clavado en su lugar.

El pie izquierdo era presionado hacia atrás contra el derecho. Con ambos pies extendidos con los pies hacia abajo, se clavaba un clavo a través de ambos arcos dejando las rodillas flexionadas moderadamente. La victima estaba ahora crucificada.

En la cruz:

Cuando Jesús lentamente se deslizo hacia abajo hasta colgar, con el mayor peso depositado en los clavos de las muñecas, un dolor ardiente agudísimo se disparo a lo largo de los dedos y hacia arriba por los brazos hasta explotar en el cerebro. Los clavos de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales que atraviesan el centro de la muñeca y de la mano. Al empujarse hacia arriba para evitar este tormento por estiramiento, colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba los pies. Nuevamente se producía una agonía de dolor ardiente al desgarrar el clavo los nervios entre los huesos metatárcicos de los pies.

A este punto se producía otro fenómeno: al fatigársele los brazos grandes oleadas de calambres le pasaban por los músculos engarrotándolos en profundo dolor punzante que no cedía. Con estos calambres se producía la incapacidad de impulsarse hacia arriba. Al colgar de los brazos los músculos pectorales, grandes músculos del pecho, se paralizaban y los músculos intercostales, pequeños músculos entre las costillas, no podían actuar. Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar. Jesús luchaba por elevarse para tener al menos un pequeño respiro. Finalmente el nivel de dióxido de carbono de los pulmones y del torrente sanguíneo aumentaba y los calambres se atenuaban parcialmente.

En forma espasmódica Jesús podía elevarse hacia arriba para exhalar e inhalar oxigeno vivificante. Fue sin duda en estas ocasiones que pronunció las siete breves oraciones que fueron registradas.

La primera mirando a los soldados romanos jugándose su manto de una sola pieza a los dados:

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”

La segunda al malhechor penitente:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”

La tercera, mirando a Maria su madre dijo:

“Mujer, he ahí tu hijo”

Y luego, vuelto hacia el aterrorizado adolescente Juan, traspasado de dolor-el amado apóstol Juan- dijo: “He ahí tu madre”

El cuarto clamor es el comienzo del Salmo 22:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Sufrió horas de dolor ilimitado, ciclos de calambre que producían desgarradoras torceduras, asfixia parcial intermitente y dolor ardiente al desgarrársele tejido de su espalda lacerada debido a su movimiento hacia arriba y hacia abajo contra el rugoso madero de la cruz.

Después empezó otra agonía: un dolor profundo como si se le hundiera el pecho, mientras el pericardio -la bolsa que rodea el corazón-, lentamente se llenaba de suero y comenzaba a comprimir el corazón.

La profecía del Salmo 22 se estaba cumpliendo:

“Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis vísceras.” (Sal. 22: 14)

Muerte:

Todos estamos familiarizados con los detalles finales de la ejecución de Jesús. Para que no se profanase el sábado, los judíos solicitaron que se diera fin a los condenados y fueran sacados de las cruces. El método común de terminar una crucifixión era por “crurifragio” (cruris: piernas y fragere: romper) o sea la fractura de los huesos de las piernas. Esto le impedía a la victima empujarse hacia arriba y la tensión de los músculos del pecho no se podía aliviar: la asfixia sobrevenía con rapidez. Las piernas de los dos malhechores fueron fracturadas, pero cuando los soldados se acercaron a Jesús vieron que esto era innecesario.

Aparentemente para asegurarse doblemente de que estaba muerto, el legionario le clavo la lanza entre las costillas hacia arriba a través del pericardio llegando al corazón. Jn. 19:34 dice: “Inmediatamente brotaron sangre y agua”. De modo que se produjo un escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y la sangre del interior del corazón. Esta es una evidencia post-mortem bastante concluyente de que Jesús murió, no de la muerte común de crucifixión -por asfixia- sino de falla cardiaca, debido al espasmo y compresión del corazón por el liquido acumulado en el pericardio.

Resurrección:

En estos hechos hemos dado un vistazo al colmo de la maldad que el hombre puede exhibir contra su prójimo y hacia Dios. Esta es una horrible visión y probablemente nos deje desanimados y deprimidos.

Pero la crucifixión no fue el fin de la historio. Cuan agradecidos podemos estar de que tenemos una continuidad -un vistazo a la infinita misericordia de Dios para con el hombre- el don de la redención, el milagro de la resurrección y la expectativa de la mañana de Pascua.

Las siguientes declaraciones de fe son extraídas de libro “Oraciones y proclamaciones” de Derek y Ruth Prince.

1- El intercambio hecho en la cruz

  • Jesús fue CASTIGADO para que nosotros fuésemos perdonados (Is. 53:4-5)
  • Jesús fue HERIDO para que nosotros fuésemos sanados (Is. 53:4-5)
  • Jesús fue hecho PECADO con nuestra pecaminosidad para que nosotros fuésemos hechos justos con su justicia (Is. 53: 10, II Cor. 5:21)
  • Jesús MURIO nuestra muerte para que nosotros pudiésemos recibir su vida (Heb. 2:9)
  • Jesús fue hecho MALDICION para que nosotros pudiésemos entrar en la bendición (Gál. 3:13-14)
  • Jesús sufrió nuestra POBREZA para que nosotros pudiésemos compartir su abundancia (II Cor. 8: 9 y 9:8)
  • Jesús soportó nuestra VERGÜENZA para que nosotros pudiésemos compartir su gloria (Mat. 27: 35- 36, Heb. 12:2 y 2: 9)
  • Jesús soportó nuestro RECHAZO para que nosotros tuviésemos aceptación con el Padre (Mat.27:46- 51, Ef. 1:5-6)
  • Jesús fue CORTADO por muerte para que nosotros fuésemos unidos a Dios eternamente (Is. 53:8, I Cor.6: 17)
  • Nuestro viejo hombre fue muerto en El, para que el nuevo hombre pudiese venir a la vida en nosotros (Ro. 6: 6, Col. 3:9-10)

2- Díganlo los redimidos (Sal.107:2)

  • Mi cuerpo es un templo para el Espíritu Santo (I Cor.6:19)
  • Redimido (Ef. 1:7)
  • Limpiado (I Jn. 1: 7)
  • Santificado por la Sangre de Jesús (Heb. 13:12)
  • Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia (Ro. 6:13)
  • Entregados a Dios para su servicio y para su gloria.
  • El diablo no tiene cabida en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene cuentas pendientes contra mí. Todo ha sido pagado por la sangre de Jesús (Ro. 3:23-25 y 8:33-34)
  • Yo venzo a Satanás por la sangre del cordero y por la palabra de mi testimonio menospreciando mi vida hasta la muerte (Ap. 12: 11)
  • Mi cuerpo es para el señor y el señor es para mi cuerpo (I Cor. 6:13)

AMEN.

Comentarios de interés respecto a esta nota:

1 El tema científico, para los que creen en la ciencia exclusivamente, fueron confirmados, refutados y nuevamente descartados, primeramente en los principios de los noventa se había dicho que las palmas de las manos no podían soportar el cuerpo colgado, y a Finales de la misma década se descubrió nuevamente que si, la cantidad de huesos de la mano actúan como prensiles al momento de incrustar el clavo, además este es cuadrado en su forma y no redondo como los actuales lo que ocasiona que se adhiera mas a la mano, y que EN LA MUÑECA, el desangrado seria rápido, eso es para que vean lo incrédulos que la ciencia se equivoca, pero la Fe no….

Jesús resucitado se aparece a los Apóstoles

2. Nunca había leído una narración tan detallada acerca de la crucificación desde el punto de vista medico y como cirujano toráxico me atreveré a proponer algo diferente. En primer lugar la idea de que el crucificado moría por asfixia, es factual, mientras que el fenómeno de hematidrosis es debatible. A mi me parece que la hematidrosis es una licencia literaria de Lucas. Si Jesús recibió tantos latigazos, bofetadas y luego soporto una corona de espinas, no crees tu que esto es mas que suficiente para provocar “sudor mezclado con sangre”. A mi me parece lógico sin invocar una cosa tan extraña como hemotidrosis. La acumulación de líquido en el pericardio durante el proceso de morir en la cruz es médicamente casi imposible. Para que un derrame pericárdico pueda producir una presión suficiente para impedir la función del corazón; el llamado “tamponade”, el derrame tendría que aparecer en una forma rápida, lo cual no permitiría al pericardio adaptarse al nuevo volumen. Que yo sepa eso solo se ve en las heridas del corazón y como complicación de intervenciones quirúrgicas del corazón. De manera que el “Tamponade” lo descarto. La mayor parte de las rendiciones artísticas de la crucificación, nos presentan a Jesús con una herida punzante en el costado derecho. Si como tú dijiste que la lanza penetro al corazón, podríamos decir que los pintores no tenían la menor idea de que lado se encuentra el corazón. Bueno eso es otro asunto.
Como tú dijiste, los clavos eran puestos entre el cubito y el radio a nivel de la muñeca. Eso es más lógico que ponerlos a través de las manos. En lo que no estoy de acuerdo es el clavo en los pies Yo he leído y he visto fotografías de pies momificados que exhiben un clavo a través del hueso calcáneo; el cual es el hueso de el talón. Un poco delante del talón propio el tejido óseo es más esponjoso y por lo tanto más fácil de introducir un clavo. Eso quiere decir que cada uno de los pies se clavaba en la parte lateral de la cruz.

Pero tengo entendido que la Biblia dice que no le quebraron las piernas porque los centauros lo consideraron que ya estaba muerto (y para llenar una profecía de que no hueso debía de ser roto). Si es así, solo una herida al corazón cuando estaba vivo, puede explicar el derrame de agua y sangre, puesto que los cadáveres no sangran. Eso también es debatible pues si una lanza entra al corazón, también tiene que entrar a la cavidad pleural (el espacio virtual entre el pulmón y la parte interior del tórax) el cual tiene una presión negativa. Eso permitiría la entrada de aire al tórax (neumotórax) con el consiguiente colapso del pulmón, lugar donde la sangre se acumularía en lugar de sangrar al exterior. Claro que si Jesús ya estaba muerto por varias horas la presión negativa del espacio pleural ya no existiría por los cambios del tejido pulmonar postmortum, y en ese caso la sangre del corazón pudiera salir afuera (no muy fácil). Pero si los otros dos todavía estaban vivos Jesús no puede haber muerto varias horas antes que los otros dos. Es un tema muy interesante, el cual como tu misma lo dices, los evangelios no tratan a fondo. Quien hubiera pensado en ese entonces que 2000 años después hubiera tanto interés.

Melquíades

Fuente:

http://www.yeshuanet.com/foro-cristiano/archive/index.php/t-913.html

La ciencia médica en el centro del dolor y muerte de Cristo

La “peor” muerte de la época, aplicada solo a los más feroces criminales de entonces, no pudo con Cristo, y él hoy como ayer, está glorioso entre nosotros, por lo siglos de siglos.
España, (Agencia Orbita / NoticiaCristiana.com) Por el Dr.José Antonio Lorente.- A los 33 años Jesús, el hijo de María y José fue condenado a muerte sin tener culpa alguna. El hombre que llegó un día despojándose de su Realeza y Divinidad para compartir su humanidad entre nosotros, que había sembrado amor y las más altas aspiraciones morales y éticas de una convivencia superior, se enfrentó a las huestes del mal en su hora cumbre.

El averno celebró su muerte por poco tiempo y ante la estupefacción del mundo de entonces, el de hoy y con toda seguridad del mañana; fue capaz de vencer a la muerte, y al vencerla sustentó nuestra fe resucitando al tercer día tal y conforme lo había anunciado ante sus discípulos. La “peor” muerte de la época, aplicada solo a los más feroces criminales de entonces, no pudo con Cristo y él, hoy como ayer, está glorioso entre nosotros, por lo siglos de siglos.

Jesús transpira sangre: Hablan los evangelios que Jesús comenzó a sudar sangre cuando oraba, en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esta situación en una condición médica llamada “hematidrosis”, que no es común pero se suele dar cuando hay un alto porcentaje de sufrimiento psicológico.
Parece ser que la ansiedad severa, hace provocar una secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríparas. Por tal condición, se presenta una cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor sale mezclado con sangre. Esto provoca que la piel quede frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado, su piel ya estaba muy sensible.

El acto de la flagelación: Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales, ya que de una manera general consistían en treinta y nueve latigazos. El verdugo usaba un látigo con tiras de cuero trenzado en cuyos extremos tenías adosadas bolas de metal entretejidas. Cada vez que el látigo golpeaba la carne, las bolas generaban mayúsculos moretones y contusiones, las mismas que se abrían con los demás golpes. En relación con el látigo, este tenía pedazos de hueso afilados, los que tenían como misión el cortar la carne.

La espina dorsal quedaba expuesta, ya que la espalda terminaba desgarrada debido a cortes profundos Los hombros recibían los latigazos, que pasaban por el nivel de la espalda, las nalgas, y las piernas. Durante el lapso que duraba la flagelación, las laceraciones alcanzaban hasta los músculos y generaban temblores de carne sangrante. En esta condición, las partes internas quedaban al aire, conjuntamente con los músculos, tendones y las entrañas.

El cuerpo de la víctima, podía experimentar un dolor tan grande, que terminaría con una conmoción hipovulémica. Es decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre que trae consigo que el corazón se acelere para tratar de bombear sangre que no existe. La baja de presión sanguínea provoca en estas circunstancias un desmayo o colapso, con la consabida afección de los riñones, que dejan de producir orina para mantener el volumen restante y la persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

En la ruta del Calvario: Sabemos que a estas alturas Jesús se hallaba en una situación y/o condición hipovólemica conforme ascendía por la pendiente hacia el Calvario con la cruz a cuestas. Tambaleante, Jesús se desplomó y un soldado romano le ordeno a Simón que llevara la cruz por él. Mas tarde, Jesús dice “Tengo sed” y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

El Instante de la Crucifixión: El final de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. En aquella época, no a todos los criminales condenados se los clavaba en la cruz. Muchos más bien eran amarrados. Jesús fue acostado y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal, que era conocida con el nombre de patibulum. El madero vertical estaba clavado al suelo de forma permanente.

Los romanos usaban clavos que eran de entre trece a dieciocho centímetros de largo, afilados en una punta aguda y se clavaban por las muñecas. El nervio mediano, era atravesado. Este nervio, es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó. Al romper ese tendón y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar. El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada “excruciante” (que significa “de la cruz”) para describir semejante dolor.

Jesús Cuelga de la Cruz: Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas. En el instante de estar en posición vertical, sus brazos se estiraron brusca e intensamente, quizás unos 15 centímetros de largo y ambos hombros deben de haberse dislocado (tome en cuenta sólo “la gravedad”, para sacar su conclusión), con lo que se confirmaba lo descrito en el Salmo 22 “dislocados están todos mis huesos”.

Cuando la persona está colgada en posición vertical, la muerte es lenta, muy dolorosa y terriblemente agonizante por asfixia, debido a que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Para poder exhalar, en principio, el individuo debía apoyarse en sus pies -que para este instante estaban fijos con clavos al madero- para que los músculos tensionados, se alivien por un instante al menos. Cuando esto se hacía, el clavo desgarraba el pie hasta que quedaba fijado -incrustado- en los huesos tarsianos.

Después de este enorme esfuerzo para exhalar, la persona podría relajarse en cierta forma y descender para intentar inhalar otro bocado de aire. Este drama lo repetiría mientras tuviera vida para exhalar, magullando su lacerada espalda en forma reiterada contra el áspero madero de la cruz, hasta que ya no pudiese y entonces moría. Jesús soportó este “sobrevivir” por más de tres horas.

Jesús Muere: Una persona, a medida que reduce el ritmo respiratorio, pasa a una etapa que se conoce con el nombre de acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se diluye como ácido carbónico lo que causa un aumento de acidez de la sangre. Esta situación conlleva en cuestión de un corto período a un pulso irregular. Es claro mencionar que al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús hubo de darse cuenta de que estaba a punto de morir y es entonces que pudo decir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y murió luego de un paro cardíaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

El Corazón de Jesús es Traspasado: Por aquellos tiempos, los soldados quebraban las piernas de los crucificados para acelerar la muerte. Usaban para ello una especie de lanza romana para descolgar los huesos de la parte inferior de las piernas. Esta acción, impedía que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar. Sin este movimiento la muerte llegaba en poco tiempo.

Leemos en el Nuevo Testamento que los huesos de Jesús no fueron quebrados o rotos como sí ocurrió con los otros crucificados. Esto sucedió porque los soldados confirmaron que Jesús había muerto. Así se cumplió la escritura de Antiguo Testamento acerca del Mesías, donde se lee que ninguno de sus huesos sería quebrado. Para confirmar esta muerte, un soldado romano le clavó la lanza en su costado derecho, atravesando el pulmón derecho y penetrando su corazón. Por ello, cuando se retiró la lanza, salió un fluido claro como el agua seguido de un gran volumen de sangre, conforme lo describe Juan, uno de los testigos presentes, en su Evangelio.
También hay que mencionar las terribles humillaciones que sufrió por el desprecio y las miles de burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras el gentío le escupía el rostro y le lanzaba piedras. Hay que señalar que la cruz pesaba cerca de 30 kilos, sólo en su parte horizontal, región en la que clavaron sus manos.

Conclusiones de la Autopsia de Jesús: Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más probables:
Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia cerebral(hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria

Fuente:

logo_nc.jpg

http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?click_id=0&id_bol=20080320&idnew=83795

El equilibrio del evangelio

Quizás herencia de nuestra sangre latina, somos de defender con mucha vehemencia lo que sentimos, creemos o pensamos como verdadero. En algunas circunstancias eso puede ser meritorio y digno de elogio, pero cuando eso mismo nos lleva a no escuchar al otro o a oponerme por la oposición misma, sin dar soluciones superadoras, se convierte en un verdadero problema. Pasa con nuestra dirigencia política, pues sabemos que en la mayoría de los casos un sector se va a oponer a lo que dice el otro, sólo porque lo dice el otro. Sin importar lo buena que puedan resultar las propuestas, parece que sólo basta que las diga el otro, para que yo me oponga.

Eso que es malo para la gobernabilidad de cualquier país, muchas veces se traslada a aquellos que tenemos que predicar el evangelio de Cristo. Muchos piensan que el evangelio es sólo una serie de prisión que envuelve al hombre y a la mujer en una interminable lista de leyes que empiezan con un “no”. Esa visión acotada de lo que el evangelio y la vida cristiana son, tiene su raíz en nosotros mismos, los cristianos, que muchas veces transmitimos esa imagen.
Es cierto que como cristianos debemos decir que no a ciertas cosas; pero siempre nuestros “no” deben estar asentados primero en los no de Dios, no en lo que a nosotros en lo personal no nos guste o no nos convenga. El evangelio contiene mandatos de parte de Dios y nos muestra qué cosas Dios aprueba y qué cosas no, por lo que la iglesia y cada creyente debe alzar la voz cuando pasan cosas en la sociedad que sabemos alejarán al país de la bendición de Dios. Pero creo que muchas veces nos quedamos allí, amputando el evangelio que vino a traer libertad a los hombres y las mujeres.
El evangelio posee un equilibrio entre la condena y la salida a los problemas y males del mundo. Un ejemplo claro de ello lo encontramos en 1 Co 6.9-11. En dicho pasaje, se marca con palabras muy duras y condenatorias (aunque muchos en estos días han dicho que la Biblia no condena a nadie) una lista de males que afectan a las personas y que las alejan de Dios. De todos ellos se dice en palabras imposibles de torcer “no heredarán el reino de los cielos”. Es bien claro que la entrada al cielo no es tan amplia como algunos desearían, y que hay algunos que de no aceptar su mal y buscar el remedio en Cristo se perderán por la eternidad.
En el mismo pasaje se muestra claramente que la solución a todos esos males se halla en la obra de Jesucristo: “Y esto eran algunos de ustedes; ya han sido lavados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.
El evangelio es la oportunidad que tienen el hombre y la mujere de disfrutar la libertad que Cristo ganó en la cruz. Si él padeció y murió allí, se debía a que había y hay un mal en el mundo. La cruz es a la vez condena sobre el pecado personal de todos y cada uno de nosotros, y la forma de ser libres de la culpa y las consecuencias de ese pecado.
Por ello, quienes nos decimos hijos de Dios condenemos el mal allí dónde se encuentre, empezando siempre por el mal personal, pues si somos complacientes con los pecados propios, no tendremos autoridad para juzgar nada. Pero también mostremos a Cristo como la única y definitiva solución a los males de este mundo. Y la mejor forma de mostrarlo, aparte de declarándolo, es viviendo nosotros a la luz del evangelio de Cristo, haciendo de cada día una nueva oportunidad para mostrar que vivir el evangelio es un llamado positivo hacia una vida plena.

Un último ejemplo. Cuando Jesús, de quien muchos tienen una idea deformada, como de alguien incapaz de condenar nada, cuando el Jesús de la Biblia se encontró con una turba que quería matar a una mujer adúltera, reprendió duramente a esa turba deseosa de sangre con aquello de “el que de ustedes esté libre de pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Jn 8.7). No iba a permitir que ellos aplicaran justicia cuando estaban contaminados ellos mismos. Pero a la mujer no le dijo, “andá y seguí haciendo lo que quieras”, sino que la despidió con estas palabras “Vete, y no sigas haciendo lo malo” (Jn 8.11). No pasó por alto su pecado, se lo hizo notar, pero le dio la libertad de cambiar su vida.
A Cristo le duele el mal que hacemos, pero él es la solución para ese mal y es la oportunidad de una nueva humanidad, basada ya no en nuestros razonamientos o gustos, sino en su plan para nosotros, un plan que tiene como interés mostrar a Cristo en nosotros.

aljueazo.com.ar

Max Lucado – Todavia Remueve Piedras

Ver este documento en Scribd

Benjamín B. Warfield – La Deidad de Cristo

Ver este documento en Scribd

La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participaren la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11:

“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”

Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)

Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el  Señor: no deis lo santo a los perros.

Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)

En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice elSeñor, y mi nombre es admirable entre las naciones.

El Papa Gelasio y la Transubstanciación

¿Fue la doctrina de la transubstanciación creída de forma general en la iglesia de los primeros años? Es interesante leer lo que el Papa Gelasio (492-496 A.C.) tuvo que decir sobre esta materia. Pero primero déjenos definir el significado de la doctrina.

Transubstanciación (ambas partes del latín que significan Trans- a través, y substantia, que significa substancia) sigue siendo la conversión de la sustancia de los elementos de la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo en la consagración, solamente del aspecto del pan y del vino restante. La “Sustancia” significa lo que algo es en sí mismo.

El Concilio de Trento establece: “si cualquier persona dice que en el sacramento sagrado y santo de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo, y niega que el cambio maravilloso y singular de la sustancia entera del pan en el cuerpo y la sustancia entera del vino en la sangre, los aspectos solamente del pan y el vino restante, que cambian la iglesia católica, lo cual es llamado mas convenientemente La transubstanciación, sea anatema (maldito) .” (Concilio de Trento, sesión 13, canon 2).

Así, la iglesia católica enseña que en la consagración, el pan y el vino realmente y substancialmente se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo aunque sigue existiendo el aspecto (o los “accidentes”) sin cambiar. Continuamos viendo el pan y el vino aunque no son ningún pan y vino nunca más; pues lo qué percibimos y probamos como el pan y el vino son de hecho el cuerpo y la sangre de Jesús.

Ahora déjenos ver lo que enseñó el Papa Gelasio. En el tratado De Duabus Naturis contra Eustaquio y Néstor (quién enseñó que en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la naturaleza divina), Gelasio escribió: “el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios.”

Gelasio enseñó que el pan y el vino sacramentales son la “imagen y la similitud” del cuerpo y sangre de Cristo; la “sustancia o la naturaleza” del pan y del vino permanece sin cambiar – “no cesa”. El pan sigue siendo pan; el vino sigue siendo vino. Claramente, el Papa Gelasio contradijo la idea de la transubstanciación.

¿Cómo los apologistas católicos reaccionan a esto? Un escritor católico discute que “el Papa Gelasio dijera simplemente que sigue habiendo el aspecto [accidentes] de pan/vino junto a la presencia verdadera en una tentativa de explicar el misterio de la encarnación, puesto que sigue habiendo la humanidad de Cristo junto a su divinidad. Algunos eruditos interpretan el pasaje antedicho para referirse a los accidentes del pan y del vino.” (Kenneth Henderson)

¿Papa Gelasio realmente significó “aspecto” cuándo él escribió sobre “sustancia” y la “naturaleza”? ¿Era el Papa ignorante del significado de los mismos términos en el Credo Niceno (325 D.C.) y la declaración de Chalcedon (451 D. C) para describir quién es Jesús realmente?

Hay una razón muy simple por la que Gelasio no significó “aspecto”. Recuerde que él está utilizando la eucaristía como analogía para la encarnación, a saber que la “humanidad de Cristo sigue estando junto a su divinidad.” ¡Ahora si por la “sustancia o la naturaleza” él significó que solamente sigue habiendo el aspecto del pan y del vino, siendo que Cristo aparecía simplemente humano pero en hecho él no estaba! ¡Ésa es la misma herejía que él refutaba!

No, mejor dicho, Gelasio creyó correcto que la distinción de naturalezas divinas y humanas de Cristo no es “de manera alguna anulada por la unión” (Concilio de Chalcedon). ¡Jesús es en verdad Dios y en verdad hombre! La eucaristía ilustra esta gran verdad, porque, así como permanece la sustancia del pan y del vino sin cambiar, así la naturaleza humana de Cristo seguía siendo sin cambios a pesar de su unión con su divinidad.

El Papa Gelasio no intentó probar que permanecen el pan y el vino sin cambiar. Él podría haber tomado como un hecho que sus lectores de final del Siglo V creyeron que la sustancia de los elementos de la eucaristía no cesa. La idea original de la transubstanciación fue desarrollada y adoptada mucho más adelante en la historia de la iglesia católica.

La Cena del Señor Parte 3 – en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

Ver este documento en Scribd

Cena del Señor parte 3 – Ignacio de Antioquia (110 d.C.)

Ver este documento en Scribd

LA CENA DEL SEÑOR parte 2 – La Transubstanciación y la Iglesia primitiva

Ver este documento en Scribd

CONCILIO DE CALCEDONIA

CONCILIO DE CALCEDONIA, 451
IV ecuménico (contra los monofisitas)
Definición de las dos naturalezas de Cristo

Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres [v. 54 y 86].
Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.

Maria,

1. madre (con minusculas) y no con mayusculas,porque toda la gloria es para el Señor Jesus.

2. en cuanto a la humanidad

Obviamente, es necesario señalar esta salvedad, ya que Jesus tiene dos naturalezas: la humana y la divina.

La tradicion de endiosar a Maria y de elevarla a la categoria de Lider Espiritual de la cristiandad es posterior a la epoca bíblica, fue en Efeso por  mediados del s.IV

La marianizacion del movimiento carismatico católico es sumamente peligroso, ya que pone mucho enfasis en lo subjetivo mas que en lo racional, en la experiencia mariana, con el “espíritu de la Virgen Maria” en contra de la experiencia plenamente evangelica, bíblica.Centrada plenamente en las escrituras.

Una actitud cristiana que verdaderamente honre a Maria sería enseñar lo que ella, durante su vida terrenal, fue fijado por el Espiritu Santo en las escrituras.Eso es lo mas racional que tenemos, y sabemos que las Escrituras,como dijo Pedro: “La palabra profetica mas segura”

Cuando Jesús partió a los cielos, envió el Espíritu Santo para que continúe el ministerio de El. El Espiritu Santo es el Vicario de Cristo.

El propósito de este concilio (su espíritu) fue definir las dos naturalezas del Señor Jesus, en contra de la herejía monofisita y no endiosar a Maria

Que experiencia cristiana es la del cristiano con “La Virgen Maria”?

Es ella omnisciente para hablarle a los cristianos catolicos?

¿Está ella colaborando con el Espíritu Santo aca en la tierra al discipular o darle experiencias sobrenaturales a los creyentes?

No existe ninguna enseñanza al respecto en las escrituras. Sabemos que el Espíritu Santo es el Consolador, que es el “otro consolador” que el Señor Jesus envió para certificar su resurreccion.

Es el Esp. Santo el que habita en el cristiano. Maria descansa en la eternidad y no habita dentro del creyente. Esta en el descanso eterno, esperando la gloriosa resurreccion de los santos.

Maria no tabernaculizó con los cristianos ni puede hacerlo ahora. Ese es otro evangelio, totalmente distinto al de la iglesia primitiva.

La misma Maria se hubiese razgado las vestiduras si hubiese sabido que la iban a endiosar. Lamentablementge, los catolicos no leen las escrituras poniendo el sentido en ellas.

No creas amigo católico en otro evangelio, aun si viniese la v. Maria, no le creas. Cree en el Señor  Jesucristo de todo corazón para ser salvo y en las escrituras cristianas para edificación de tu vida

Dios te bendiga

  • Te recomiendo que leas este articulo del Hno. Pablo Santomauro (aca)

fuente:

http://csalazar.org/2008/12/05/credo-de-calcedonia/

EL PODER ESTA EN LA SANGRE

EL PODER ESTA EN LA SANGRE

Hebreos 9: 11-22 nos dice: Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el mas amplio y mas perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabrios ni de becerros, sino por su propia sangre, entro una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabrios, y las cenizas de la becerra, rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne. Cuánto mas la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiara vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es valido entre tanto que el
testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomo la sangre de los becerros y de los machos cabrios, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y caso todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

INTRODUCCIÓN: Que es la sangre?
Este fluido, que circula por un sistema tan complejo como el cardiovascular y puede llegar a todas las células del cuerpo, tiene funciones vitales. En primer lugar, es el encargado de la respiración celular, tomando el oxigeno de los pulmones, llevándolo a todo el cuerpo y devolviendo desde allí a los pulmones el dióxido de carbono. También recolecta los alimentos disgregados por el sistema digestivo y los lleva a las células. Al pasar por el hígado y el riñón, realiza una función depurativa, permitiendo que salgan de nuestro cuerpo sustancias nocivas. Al transportar células del sistema inmunitario, actúa en la defensa de nuestro cuerpo frente a los microbios. Su función transportadora, no acaba aquí, pues lleva las hormonas de un lugar a otro del cuerpo. Además, la sangre actúa en la regulación de la temperatura, haciendo que el calor generado en el cuerpo sea trasladado hacia la superficie para que se disipe. El volumen promedio de sangre de un hombre es de 5.5 litros, y el de una mujer de aproximadamente un litro menos. Algo mas de la mitad de este volumen esta formada por el plasma, la parte liquida de la sangre. Por él circulan las células sanguíneas, que son de diversos tipos: Los eritrocitos o glóbulos rojos, los leucocitos o glóbulos blancos y las plaquetas o trombocitos.

El Plasma sanguíneo:
Tiene el aspecto de un fluido claro, algo semejante a la clara de huevo, y el 90% esta formado de agua. En él, se hallan disueltas importantes sales minerales, como el cloruro sódico, el cloruro potásico y sales de calcio, escondidas en sus componentes. Su concentración oscila muy poco para que no se rompa su equilibrio con el liquido que baña los tejidos ni con el intracelular. Gracias a ellas, pueden disolverse las proteínas en el plasma, para ser transportadas por la sangre, y la acidez de los líquidos del cuerpo se mantiene dentro de estrechos limites. Las proteínas más importantes que se hallan disueltas en el plasma son el fibrinógeno y la protrombina, que intervienen en la coagulación sanguínea; las albúminas, que desempeñan un importante papel en el transporte y para mantener el volumen de plasma, y las blobulinas, que son parte del sistema defensivo de nuestro cuerpo. Todas estas proteínas a excepción de las últimas, se forman en el hígado. Además, en el plasma existen todas las sustancias transportadas por la sangre, como las partículas de alimento y los productos que son el resultado del metabolismo, y, como ya hemos mencionado, las hormonas.

Las plaquetas o trombocitos:
Estas células, encargadas de la coagulación, se originan en la médula ósea.
Su tamaño es de unas dos milésimas de milímetro, tienen forma de disco y existen unas 300,000 por cada milímetro cúbico de sangre. Su principal característica consiste en que se adhieren unas a otras, por lo que tienen la capacidad de formar coágulos. La coagulación: Un sistema tan indispensable como el cardiovascular debe poseer un mecanismo de seguridad que evite que su liquido se vierta. Ante cualquier rotura de los vasos, pues, interviene el
mecanismo de la coagulación. Cuando la pared de un vaso se rompe, se ponen al descubierto zonas de tejido el mismo que son ásperas, a las cuales se pegan rápidamente las plaquetas. En pocos instantes, la acumulación de ellas, es grande, pero su función no se acaba en el taponamiento; las plaquetas adheridas
emiten unos mensajeros químicos llamados factores de coagulación, de los que existen mas de diez tipos. Gracias a ellos se forma una reacción en cadena al termino de la cual el fibrinógeno, una proteína que se hallaba disuelta en el plasma, se convierte en fibrina. Esta es insoluble y forma unos filamentos muy finos
son los que se teje una red, que forma el coagulo. Además, las plaquetas emiten serotonina, que tiene el efecto de estrechar los vasos sanguinos para que disminuya la corriente. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de alguno de los factores de coagulación. Los eritrocitos dan a la
sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxigeno por la sangre. La mas pequeña herida puede poner en peligro la vida del enfermo, que sangra sin parar.
Los glóbulos rojos: Los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, se forman en la medula roja de los huesos y subsisten durante cuatro meses. Su principal característica morfológica es que no poseen un núcleo organizado, que al pasar a la sangre ya ha desaparecido. Tienen forma de disco engrosado por el borde, su diámetro es de unas siete milésimas de milímetro, y en cada milímetro cúbico de sangre existen de 4.5 a 5.5 millones de ellos, que constituyen el 455 del volumen sanguíneo. Los eritrocitos dan a la sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxigeno por la sangre. La hemoglobina: Esta molécula esta formada por cuatro sub-unidades idénticas, cada una de las cuales consta de una proteína, la globina, unida a un grupo hemo. Este ultimo tiñe de rojo la sangre y esta formado por cuatro núcleos que se unen adoptando la forma de un trébol de cuatro hojas. En el centro se halla anexionada una molécula de hierro, que es la encargada de unirse al oxigeno. Efectivamente, mediante la oxigenación y desoxidación del hierro cada molécula de hemoglobina capta cuatro moléculas de oxigeno de los alvéolos pulmonares. Con esta preciada carga el eritrocito viaja, pasando por la parte izquierda del corazón, hasta las células de todo el cuerpo, donde el oxigeno debe ser liberado. El dióxido de carbono, por el contrario, no se une con la hemoglobina sino que se disuelve directamente en el plasma con gran facilidad. En cambio, el monóxido de carbono, el gas que sale por los tubos de escape de los coches, si se une con la
hemoglobina, y con mas facilidad que el oxigeno. Así, cuando en el aire que respiramos hay oxigeno y monóxido de carbono, este ultimo gana la competencia por unirse con la hemoglobina y la persona que lo absorbe puede morir.

Los grupos sanguíneos:
En la membrana de los glóbulos rojos hay unas proteínas que no son idénticas en todas las personas. Así, no siempre un individuo puede tolerar la transfusión de sangre de otro, ya que existen reacciones del sistema defensivo. Este intenta protegerse ante estas proteínas que le son extrañas formando anticuerpos, y la sangre del receptor produce una enfermedad que puede ser mortal. Existen muchos tipos de proteínas en los glóbulos rojos, pero las que aquí nos interesan son las del grupo ABO y las del factor Rhesus o RH.
Grupo ABO: Pueden existir dos tipos de proteínas en el glóbulo rojo: La A y la B. Una persona que tenga la proteína A, pertenecerá al grupo A, y si tiene el factor B, pertenecerá al B. Si posee ambas proteínas, será del grupo AB, y si no tiene ninguna, del 0 (cero). Existen pues, cuatro tipos de personas, y cada uno de ellos repele a la proteína que no posee. Así los individuos A y O repelen la sangre de los B y los AB, mientras que los B y los O presentan una reacción defensiva frente a los A y los AB. Los individuos AB, al tener los dos grupos, pueden recibir transfusiones de todos los demás, mientras que los O no pueden recibir sangre mas que de su mismo grupo, y pueden dar a todo el mundo, por lo que reciben el nombre de donantes universales. Grupo RH: Existe una proteína , que se encuentra en los glóbulos rojos del 85% de las personas, que se llama RH positiva. Las restantes, o RH negativas, si reciben sangre con la proteína, quedan sensibilizadas. Si tiene lugar un segundo contacto, se produce una reacción de rechazo, que en los hombres y en las mujeres no
gestantes no entraña ningún peligro. Sin embargo, si una mujer embarazada experimenta esta reacción, porque su hijo es Rh+ y ella Rh-, se pondrá en peligro la vida del bebe. Ello se debe a que durante el embarazo algo de la sangre del bebe se mezcla con la de la madre. Los glóbulos blancos: Los leucocitos o glóbulos blancos son las células sanguíneas encargadas de la defensa. Su tamaño es variable, de 6 a 20 micras de diámetro, y se encuentran en la sangre, según su tipo, en un numero que oscila entre los 5,000 y los 9,000 por milímetro cúbico. Todos ellos tienen núcleo, aunque la forma de este es muy distinta. Algunos de ellos, el grupo de los granulocitos, poseen unos gránulos en el citoplasma, mientras que otros, los agranulocitos, carecen de ellos. Los granulocitos se subdividen en neutrofilos, eosinófilos y basófilos, y los agranulocitos en monocitos y linfocitos. Neutrófilos: Se originan en la medula ósea roja, donde gran proporción de ellos permanece hasta que son necesarios en la sangre. Constituyen el 70% del total de los granulocitos, y sus gránulos son pequeños y muy
numerosos. El núcleo posee varios lóbulos, y el diámetro es de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, es decir, devorar los cuerpos extraños, después de lo cual el neutrófilo muere y es destruido, formándose partículas de pus. La vida media de estas células es de una semana.
Eosinófilos: Originados de la misma forma que los neutrófilos, los eosinófilos constituyen el 3% del total de granulocitos y su núcleo presenta solo dos nódulos ovalados. Sus gránulos son grandes y numerosos y su diámetro de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, al igual que la de los neutrófilos, y su número
aumenta mucho durante las alergias y las enfermedades por parásitos.
Basofilos: Los gránulos de los basófilos son gruesos pero escasos. Son células de unas 10 micras de diámetro y su núcleo tiene una forma que recuerda a una 5. Se originan en el mismo lugar que el resto de los granulocitos, y son los menos numerosos, ya que constituyen solo el 0.5% del total. Su función no se conoce bien, pero parece que evitan la coagulación dentro de las arterias y las venas. Monocitos: Son los mas grandes de entre los glóbulos blancos, con un tamaño que oscila entre las 15 y las 20 micras. Su núcleo tiene forma arriñonada y poseen gran cantidad de citoplasma, que no tiene gránulos.

Constituyen el 5% de los glóbulos blancos, y se dedican a devorar partículas de un tamaño considerable. Por tanto, al igual que los tipos antes descritos, los monocitos viven muy poco tiempo, pues mueren destruidos después de fagocitar. Algunos de ellos se desplazan hasta donde los necesitan, pero también los hay fijos en el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos y la médula.
Linfocitos: Tienen un tamaño de un glóbulo rojo, y su núcleo es esférico y bastante grande, con una concavidad en uno de sus lados. Constituyen el 30% de todos linfocitos y se forman en la médula ósea roja. Sin embargo, cuando salen de ella, sufren un proceso de maduración por el cual se forman dos tipos: Los
linfocitos B, que pasan a los ganglios linfáticos, y los linfocitos T, que se albergan en el timo. Todos ellos viven unos cien días y se encargan del sistema de defensa especifico, también llamado inmunitario, por el cual el linfocito distingue las sustancias que debe destruir de las que son propias del cuerpo. Para ellos los linfocitos deben tener un cierto tipo de memoria que les permita pasar sus conocimientos de una generación a la siguiente. La sustancia atacante recibe el nombre de antígeno, y la que producen los linfocitos para neutralizarla son los anticuerpos. Los anticuerpos se unen a los antígenos de forma que estos se hacen inofensivos, y todo el complejo es después eliminado por los eosinófilos.
Linfocitos B: Son los encargados de producir los anticuerpos y células de memoria. Estas, una vez que han madurado y aprendido sobre un cierto antígeno, se dividen formando una estirpe, que puede durar varios anos o toda la vida del individuo.
Linfocitos T: Estas células colaboran con los linfocitos B, y además tienen otras funciones, como la de estimular la actividad de algunas células que fagocitan.
Cuanto hemos aprendido de la sangre científicamente hablando. Hemos visto la parte en que se divide, como esta compuesta, cual es la función, y entendemos que si la sangre tiene dicha función, y estamos hablando  bajo el tema: El poder esta en la sangre, imagínese por un momento, si es importante que nosotros cuidemos la sangre, si es importante que aprendamos como debemos alimentarnos, porque cuando nos alimentamos bien, la sangre funciona como debe funcionar, y el cuerpo se mantiene en salud. Aparte de todo esto, encontramos en la palabra, que la sangre fue prohibida al pueblo de Israel, tomarla, debido a que en ella esta la vida. Por que en ella esta la vida? Porque cuando nosotros cuidamos la sangre, la sangre se encarga de limpiar, de purificar el sistema, alimentar las células, y todas las funciones que ella desempeña para que el cuerpo se mantenga completamente en salud. Cuando la sangre no esta pura, vienen las enfermedades, y el Señor quiere evitar que las enfermedades lleguen a nuestras vidas, por eso primeramente el dejo establecido en el libro de la vida, que nosotros debemos comer para que nuestro cuerpo se mantenga en salud, y vamos a analizar unas cuantas partes de las Escrituras, como por ejemplo: En Levítico 11 Dios habló a Moisés y a Aarón diciéndoles, que les hablaran a los hijos de Israel, y que le dijeran cuáles animales deberían comer y
cuales no.
En Levítico 11:3 Nos dice: “ De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, este comeréis”.
Y del verso 4 hasta el verso 8, habla de los que no debemos comer. Dice así: “Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis estos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. También el conejo, porque rumia , pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. Asimismo, la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos
.
El verso 9 nos dice: “ Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis.” El verso 10 nos dice: “Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que esta en las aguas, los tendréis en abominación.”
El verso 13 hasta el verso 20 nos dice: “Y de las aves , estas tendréis en abominación, no se comerán. El águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie, todo cuervo según su especie, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie, el búho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelicano, el buitre, la cigüeña, la garza según su especie, la abudilla y el murciélago. Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación.
Del verso 21 hasta el 22, habla de los insectos que se deben comer. Dice así: “ Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra; estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su
especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie. ” Del verso 29 hasta el 30 hablan de los animales que son inmundos que no se deben comer. Dice así: “ Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: La comadreja, el ratón, la rana según su especie, el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón.” El Señor le había dicho a Moisés en este capítulo, al igual que en Deuteronomio capítulo 14 del verso 3 al 21: Les habló concerniente a cómo debían alimentarse, porque Dios entendía que una dieta balanceada y ordenada, hacía que la sangre funcione como debe funcionar, pura, limpia y sin marcha, y éste a su vez, iba a recorrer por todo el cuerpo, limpiando las impurezas, y defendiendo el cuerpo de cualquier ataque, es decir, un
virus como hoy día lo vemos en el mundo entero. Ahora bien, el Señor reconocía que era importante que la sangre estuviera compuesta con cada uno de los elementos con la cual él había hecho para que pudiera tener una defensa en cualquier ataque que le viniese. La sangre es lo que purifica, la sangre es la que limpia, y la que nos protege de todo ataque nocivo al cuerpo, y el Señor, simbólicamente, nos dá una enseñanza comenzando con el libro de Exodo en el capitulo 12:13 nos dice: “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.” Y el Señor empieza hablarnos aquí de la importancia de la sangre, de cómo dice aquí en este verso 13, que no habrá en vosotros plaga por la sangre protectora, porque en si, la sangre es la vida, porque es la que protege el cuerpo, por eso el Señor dice, que no se comerá animal con su sangre, porque la vida esta en la sangre. Y si usted se pone a entender esto, desde el punto de vista científico, una persona que tiene su sangre dañada, es una persona enferma, y presta a morir. Por esta razón, es que el poder esta en la sangre. La Biblia nos habla de que la sangre de cristo es muy importante en el creyente, primeramente la sangre de Cristo, al igual que la sangre tiene un poder incalculable en la vida. Por ejemplo, en Exodo 12:13 dice Protege: “ Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”
En Exodo 30:10 Trae Expiación: “ Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el ano con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el ano hará expiación sobre el por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.”

En Levítico 17:11 Trae expiación: “ Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación, sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” En Zacarías 9:11 Trae liberación: “ Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus
presos de la cisterna en que no hay agua.”
En Hechos 9:7 Asegura el Perdón: “ Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.”
En Hebreos 9:22 Limpia: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”
Así como ya lo he detallado al principio, la sangre literalmente hablando, tiene un poder grande en la vida diaria del individuo, cuando el plasma sanguíneo, las plaquetas, los glóbulos rojos, los glóbulos blancos, están todos balanceados, ellos purifican el cuerpo, es un sistema de reciclaje el cual hacen que las células, reciban el oxigeno necesarios, al igual que los glóbulos blancos protege de que ninguna enfermedad llegue al cuerpo, y así pueda la persona perder la vida. Si científicamente se ha podido comprobar que si la sangre del individuo está balanceada, hay salud, hay protección, hay vida, cuanto más? Si nos preocupamos por la sangre de Cristo, la cual fue derramada en la Cruz del Calvario, para limpiar los pecados del hombre, esa sangre preciosa, la cual nos limpia, nos protege, nos liberta, nos asegura el perdón, borra nuestros pecados, no deberíamos cuidar esa sangre que Cristo ha derramado? No deberíamos preocuparnos día tras día para que esa sangre se mantenga pura, se mantenga limpia en nuestro ser, que cuando el enemigo nos vea, y no nos vea de color
blanco, amarillo o de color moreno, sino que nos vea de color rojo, porque estamos cubiertos de la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Recordemos lo que dice en Exodo 12:13, que dice: “ Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.” La sangre de Cristo, que nos protege, amado hermano, que nos limpia, que nos
salva, que nos perdona, que nos protege, muchas veces la pisoteamos. Miren lo que dice en Hebreos 10:26-29: “ Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda mas sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. Cuanto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”
Imagínense hermanos, la importancia de la sangre, el hombre en los últimos 100 años, se ha desarrollado científicamente mas, que en los últimos 2000 años, el hombre ha podido hacer hallazgos indescriptibles, tales como ir a la Luna, enviar robots a Marte, hacer corazones artificiales, ya las personas ciegas se les implanta unos sensores desde el cerebro y ponen unas cámaras en los ojos, y ya los ciegos pueden ver. El Hombre, ha podido hacer de un hombre, una mujer, quitándole sus partes genitales, hemos desarrollado la capacidad de hacer brazos biónicos que trabajan con sensores que se comunican al cerebro, hemos desarrollado la computadora a un máximo que no hay palabras para poder expresarlo, satélites en derredor de la tierra, para que la comunicación sea instantánea, podemos ver lo que esta sucediendo en Japón, en milésimas de segundo, la tecnología se ha desarrollado tal y como el Profeta Daniel lo describe diciendo: Que en los postreros tiempos, la ciencia se aumentará.
Pero con todos estos hallazgos, con toda esta tecnología, hay algo que Dios dejó reservado porque Dios no le va a permitir al hombre llegar mas allá de los limites establecidos y por mas que el hombre logre, Dios le ha puesto límite, y el hombre no podrá lograr hacer sangre, porque en la sangre está la vida, y en la sangre está el poder, y la sangre solo la puede hacer Dios, y la vida solo puede darla Dios a todo aquel que la reconoce porque él es vida, pero es necesario que tú entiendas que el poder esta en la sangre. Si la sangre derramada por el Señor, en la cruz del calvario, en la cual ha sido derramada sobre tí, para perdonarte, para limpiarte, para sanarte, para perdonarte, se ha ido infectando y ya no está en el orden que Dios la estableció. Este es un momento hermoso para decirle: Señor, purifica tu sangre en mi vida, límpiame, protégeme, sáname, perdóname, porque tu sangre la necesito, Señor, para poder vencer, necesito tu sangre pura en mi vida, en el nombre de Jesús. Amén y Amén.

Centro Evangelistico Isaías 40:31, Inc.
Pastor: Daniel G. Hernández
Teléfono: (407) 859-8300
http://www.centro4031.com

Haz clic para acceder a elpoder.pdf

Diez maneras de trastornar su vida siguiendo a Cristo

Diez maneras de trastornar su vida siguiendo a Cristo

(Lecciones de los candidatos a discípulos)
Escuela sabática
By Ryan Bell
Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 19 al 25 de enero, 2008

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Todos quieren ir al Cielo, pero nadie quiere morir.
—Alison Krause

En una familia de iglesias cuya moderna obsesión ha sido agregar nuevos nombres a las listas de miembros, el discipulado ha retrocedido frente a la conversión.

Jesús se destacaba por su desinterés en ganar nuevos conversos. Al final de tres años y medio de ministerio, tenía una ganancia neta de sólo once discípulos. Cuando las multitudes se congregaban a su alrededor para unirse a su movimiento, todo lo que hacía era despedirlos (véase, por ejemplo, Juan 6:1–15). Aquellos que se acercaban a Jesús con el deseo de conseguir un puesto en su movimiento, eran severamente desafiados a revisar sus intenciones y compromiso.

Para Jesús, un converso debía estar realmente “convertido”—debía cambiar real y concretamente de un mundo a otro, de un conjunto de lealtades a otro. Hay muchos textos que demuestran de qué manera Jesús enfrentaba este problema, el cual persiste hasta el día de hoy.

De todos los severos reproches que Jesús dirigió a sus candidatos a discípulos, ninguno me ha llamado tanto la atención como los tres que se registran en una rápida secuencia en Lucas 9:57–62. Aquí, Lucas ha condensado para sus lectores un ejemplo del tipo de interés que producía el ministerio de Jesús. La gente era atraída hacia él con regularidad. A veces eran sus palabras poderosas y valientes, dirigidas al status quo. Otras veces eran sus actos milagrosos. Y en otras ocasiones, su profunda compasión. Estos tres arquetipos de discípulos, digamos, tenían compromisos anteriores—los tres querían que el discipulado calzara adecuadamente con su vida—que se conformara adecuadamente a sus compromisos anteriores. Jesús hacía caso omiso de ellos de una manera que parece casi áspera.

El importante contexto vital de estos tres candidatos a discípulos, es una frase que sirve de pívot en la narración de Lucas: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (9:51).

Este paradigmático “viaje a Jerusalén” ocupa casi la mitad del Evangelio de Lucas. El lector sabe que este viaje no terminará bien para Jesús. Iba a Jerusalén para recibir condena y rechazo, para morir como un criminal político. Le expresión “afirmó su rostro” hace algo más que simplemente señalar cuál era el itinerario de Jesús. Nos dice algo acerca de su determinación y sobre el enfoque de su vida. Él tenía una misión y nada lo detendría.

Si retrocedemos un poco para ver la historia que nos lleva hasta el versículo 51, notaremos que hubo problemas incluso antes de que comenzara el viaje a Jerusalén. Como es típico, en el versículo 46 los discípulos estaban discutiendo sobre cuál de ellos sería el más importante. Parece que, una vez más, los discípulos habían mezclado sus propias ambiciones personales con los propósitos de Dios.

Toda vez que el ministerio de Dios es llevado adelante—cuando muchos reciben sanidad, cuando se proclama el Reino de Dios—algunos ambiciosos quieren el crédito o la gloria para sí. Esto era así en los días de Jesús y permanece de la misma manera hasta hoy. Toda vez que Dios está haciendo algo, hay candidatos a discípulos que mezclan sus propias ambiciones personales con los propósitos de Dios. Un aspecto de lo que implica seguir a Jesús, como un discípulo fiel, es permanecer alertas frente a nuestras ambiciones personales, y aprender a dejarlas de lado para seguir a Jesús. Después de todo, esto no es un paseo en la naturaleza—nos dirigimos a Jerusalén.

Volviendo a nuestros tres candidatos a discípulos, otra vez somos confrontados por la aparentemente extraña respuesta de Jesús. Confieso que Jesús me sorprende.

Me imagino siendo abordado por esos “buscadores”, que me dicen: “queremos ir contigo dondequiera que vayas”. Desde luego, yo los animaría. Quizás les daría estudios bíblicos, oraría con ellos, los instruiría, y los ayudaría a unirse a la iglesia.

Pero Jesús no hizo eso. Sus tácticas de obra misionera eran, ¡bueno!—un poquito más severas. La primera persona se acercó a Jesús queriendo unirse a él en el viaje, pero Jesús lo desanimó abiertamente. “Somos esencialmente personas sin hogar”, le dijo. “Podrías querer reconsiderarlo. Incluso los animales salvajes tienen un lugar donde hacer su hogar—un lugar para dormir en la noche. Pero nosotros no—no tenemos donde reclinar nuestras cabezas. Si quieres venir con nosotros, esas son las condiciones”.

El segundo candidato a discípulo quería seguir a Jesús, pero después de enterrar a su padre adecuadamente. Ese parece ser un deseo razonable. Pero la respuesta de Jesús suena como sin corazón—“deja que los muertos entierren a sus muertos”. Un tercer hombre quería seguir a Jesús, pero sólo después de despedirse de su familia. Jesús no tiene nada que ver con eso: “Nadie que pone su mano en el arado y mira para atrás es digno de mí”.

Tengo ganas de protestar: “¡Vaya, esos son requisitos muy altos, Jesús! No tienes mucha sensibilidad hacia los buscadores. Quiero decir, ¿cómo quieres tener un buen número de seguidores cuando cuesta tanto complacerte? ¿No podrías por lo menos mostrar cuáles son los beneficios? Tal vez después podrías hablar del lado negativo”. Casi parecería que Jesús no quería que la gente se uniera a su misión.

Conversando con un amigo hace muchos años, ambos luchando con el asunto de la evangelización y el discipulado en nuestras respectivas iglesias, nos preguntábamos cómo esta enseñanza de Jesús podría aplicarse en el contexto actual de la iglesia. La iglesia contemporánea, de la cual el adventismo es parte, está muy preocupada por el crecimiento numérico –se podría decir que ansiosa. Los pastores harían cualquier cosa, al parecer, para lograr que las enseñanzas de Jesús fueran más agradables, de modo que más gente se uniera a sus iglesias.

Mi amigo reflexionaba que, en tanto que nosotros nos inclinamos a predicar sermones del tipo “Diez maneras en que el cristianismo mejorará su vida”, Jesús estaba mucho más inclinado a predicar sermones como éste: “Diez maneras en que, siguiéndome, trastornará su vida”. Frecuentemente les aconsejaba considerar lo que Dietrich Bonhoeffer denominaba “el costo del discipulado”. ¿Por qué nosotros tememos hablar claramente sobre este “costo”?

En vez de seguir el ejemplo de Jesús, la iglesia contemporánea ha estado tan ansiosa por ganar adeptos que, por generaciones, hemos enseñado a la gente que Jesús puede calzar en su vida y en sus planes. En efecto, la iglesia ha enseñado, incluso, que el propósito de Jesús es hacer que tu vida funcione—hacerte exitoso y feliz. Sin embargo, no encuentro eso en ninguna parte en las Escrituras. Todo lo contrario, los que se acercaban a Jesús con esas expectativas y condiciones, eran desanimados para seguirlo.

Es claro que no somos Jesús. No sabemos tampoco qué era lo que suscitaba la curiosidad de la gente por Jesús. Personalmente, creo que siempre seré uno de los que alimentará a la gente en el camino del discipulado. No creo que este texto bíblico sea una licencia para desanimar a la gente con respecto a ser discípulos. Pero tampoco tenemos licencia para ofrecer a la gente otra cosa que no sea el evangelio. Nuestro mensaje no es que la gente puede “tener a Jesús en su vida”, como lo ha dicho a menudo la iglesia. En ninguna parte la Biblia enseña que podemos tener a Jesús como parte de nuestras vidas. Con Jesús no existe terreno intermedio. O lo sigues completamente, o no lo haces.

Tampoco vayas mirando por sobre tu hombro. Jesús usa una ilustración que, para los que tenemos una vida urbana, no significa mucho. Pero si estás arando en el campo en una hilera, y miras por sobre tu hombro para ver cómo está quedando el trabajo, incluso si la hilera ha quedado perfectamente derecha hasta ese punto, comenzarás a desviarte. No puedes seguir a Jesús mientras miras por sobre tu hombro. Y tampoco puedes seguir a Jesús con tu propia lista de expectativas.

Así que, seamos claros—Jesús quiere discípulos. Jesús amaba a sus discípulos, nos dice Juan, hasta el mismo fin. Confió su reino a estos doce locos, y a las docenas de otros hombres y mujeres que se agruparon alrededor de él. Pero hay varias lecciones acerca del discipulado que Lucas quiere que obtengamos de esta historia.

El discipulado no tiene que ver con la grandeza, ni con el poder o los puestos. No puedes ser discípulo de Jesús mientras estás constantemente comparando tu grandeza con la de tus vecinos.
El discipulado no consiste en borrar al enemigo, o en triunfar sobre el mundo. El discipulado tiene que ver con una marcha constante y determinada de amor abnegado. Con cada paso, nos entregamos a nosotros mismos para el mundo y el reino de Dios.
No puedes ser un devoto discípulo de Jesús con una lista agregada de condiciones previas. Jesús no calzará en tu vida, y él no va a aceptar ningún acuerdo prenupcial. En esto Jesús no está siendo duro. El viaje a Jerusalén—a la cruz—va a demandar todo lo que tienes. Jesús necesita nuestra lealtad sin reservas.
El discipulado incluirá sufrimiento. El viaje será difícil, pero gratificante. Todo lo que es verdaderamente bueno o hermoso, como para procurarlo con toda tus fuerzas, es digno del sacrificio. ¿Son los discípulos más grandes que su Maestro?
Finalmente, los discípulos no pueden seguir a Jesús mientras miran por sobre su hombro para contemplar cómo lo han hecho en el pasado. Después de todo, ¿cuándo nos está pidiendo Jesús que lo sigamos? No ayer, sino hoy y mañana.
Ryan Bell es pastor titular de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, de Hollywood.

http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/01/24/diez_maneras_de_trastornar_su_vida_siguiendo_cristo

¿Qué Vio Juan en la Tumba Vacía?

Juan 20:4-8. ¿Qué Vio Juan en la Tumba Vacía?

La creencia del apóstol Juan en la resurrección no era tan “ciega como si fuera de la fe” cuando él vio que la tumba estaba vacía. Jesús había estado enseñando a los discípulos que El íba a ser rechazado por los líderes religiosos, que iba a ser crucificado y enterrado por tres días, y entonces resucitaría de los muertos. Juan fue conducido a una luz más completa acerca de la comprensión y la experiencia más profunda con su Maestro tal como él lo escuchó y obedeció las enseñanzas de Jesús.

El crecimiento espiritual de Juan es un ejemplo de ánimo a nosotros. Con cada experiencia nueva nosotros vemos a Juan que crece en la fe y la convicción acerca de quién es Cristo. Cada respuesta ilumina y amplia nuestra capacidad para una revelación adicional. Cuando Juan recibió una visión nueva del Señor en Su gloria, él fue utilizado para confiar Su Maestro y crecer espiritualmente y personalmente.

La comprensión de Juan de las cosas espirituales creció junto con su fe en el Señor Jesús como el Hijo de Dios. Los milagros en Canaan de Galilea, el levantar la hija de  Jairo y Lázaro que habían muerto, la Transfiguración de Jesús y los misterios que rodean Su muerte formaban parte de las influencias espirituales que lo llevó hasta los acontecimientos en la tumba vacía. ¿Qué “vio” Juan en la tumba vacía?

Juan 20:4-8 da el testimonio de Juan y Pedro después que María Magdalena informó muy temprano en la mañana que la puerta de piedra en la tumba de Jesús de dos mil libras de peso había sido arrollado hasta abrir la tumba. Ella corrió a Pedro y Juan diciéndoles “ Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto” (20:2). Pedro y Juan se dirigieron a la tumba. Juan, uno de los dos testigos oculares, nos dice lo que aconteció:

  • 1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.

Estoy convencido de que “el otro discípulo” y “el discípulo a quien Jesús amó” es uno y la misma persona que conocemos como el apóstol Juan, uno de los doce discípulos de Jesús.

Los acontecimientos que nos llevan hasta las palabras que acabamos de leer en el capítulo 20 de Juan ocurrieron tres días después de la crucifixión. Nicodemo y José de Arimatea obtuvieron el permiso de Pilatos, después que él había certificado que Jesús estaba muerto, para tomar el cuerpo y bajarlo de la cruz y de darle un entierro judío apropiado. Ellos siguieron la costumbre judía tradicional de envolver el cuerpo en telas de lino fino lleno con especias. Ellos ponen las vendas de lino alrededor de Su cuerpo, rocían las espías y perfumes en polvo engomados y pegajosos en los dobleces del lino y así ellos continuaron envolviendo Su cuerpo. Ellos usaron sin duda una tela separada para la cabeza y lo enrollaron alrededor de la cabeza. La palabra usada para referirse a la tela sobre la cara se usa como “un sudario”, una tela se usó para quitar el sudor, probablemente del tamaño de una toalla pequeña o una servilleta grande. Entonces ellos colocaron el cuerpo en el trozo de piedra que se había labrado fuera del lado de la tumba de la cueva.

¿Qué fue lo que Juan “vio” en la tumba para “creer” que Jesús estaba vivo?

Juan llama especialmente nuestra atención a “el sudario,” turbante o ropa de la cara que había sido enrollado alrededor de la cabeza de Cristo. ¿Por qué esto resalta nuestra atención? Es la prueba convincente que lanza la fe de Juan en la resurrección de Cristo, aún antes él hubiera tenido la oportunidad de ver que Jesús estaba vivo con sus propios ojos.

El sudario o el turbante fue enrollado alrededor de la cabeza de Jesús a semejanza de las vendas envueltas alrededor de una persona que ha tenido una herida severa en la cabeza. La cabeza entera fue enrollada con lino así como también el resto de Su cuerpo. La referencia a “un lugar separado” simplemente significa separado del resto de las telas de lino que se usaron para envolver el cuerpo. Qué fue lo que Pedro y Juan vieron cuando ellos continuaron mirando las telas de lino en la forma verdadera del cuerpo de Jesús?. El envoltorio alrededor de la cabeza de Jesús era naturalmente donde la cabeza había estado. Las otras telas permanecían todavía en el lugar y en la forma exactos del cuerpo de Jesús.

Jesús había sido levantado evidentemente de la muerte por el poder de Dios durante la noche, y había dejado las telas de lino exactamente como José y Nicodemo habían colocado el cuerpo en la tumba nueva.

Juan vio la posición y la condición del envoltorio del entierro en la forma del cuerpo en la tumba donde Jesús había sido colocado. El envoltorio estaba en la forma verdadera en que ellos habían estado acerca de Su cuerpo. El sudario no se desenvolvió y fue doblado cuidadosamente y colocado aparte. Era exactamente dónde había estado la cabeza. Cada doblez de Su ropa estaba impasible, cuando estaba alrededor Su cuerpo. Juan vio la ropa envuelta cuando ellos habían estado cerca del cuerpo, todavía allí en el lugar, pero el cuerpo ya no estaba alli. Esa era toda la evidencia que Juan vio de la resurrección, pero lo dirigió para ser el primer discípulo en creer que nuestro Señor había sido levantado de la muerte. Su mente rápidamente procesó que Jesús estaba vivo.

Juan vio el envoltorio del entierro y su mente intuitiva aguda llegó a la conclusión que nadie había hurtado el cuerpo de Jesús. Era imposible porque el envoltorio estaba todavía intacto así como ellos lo dejaron antes. Un ladrón habría tenido que desenrollar todo esas tiras de especia pegajosa de las vendas. Era obvio que nadie había hecho eso. El sudario estaba demostrando que Jesús había subido por y a través de ellos. El sudario estaba así como había sido puesto alrededor la cabeza de Jesús. Juan estaba también claro que los enemigos no habían hurtado el cuerpo de Jesús.

Juan “vio” la serpenteante envoltura sin un cuerpo. La envoltura estaba en la forma de una cabeza, pero no había cabeza dentro de ella. La envoltura de los hombros hacia abajo hacia los pies estaba intacto, pero no había un cuerpo adentro.

Pedro y Juan nunca antes habían visto algo como eso. Eso era algo completamente más allá de comprensión humana. Dios utilizó su poder enorme para  levantar a Jesús de la muerte. No había trompetas, ni fanfarrias, y ningún ángeles alabando. Jesús instantáneamente se levantó vivo en una dimensión nueva resplandeciente de la manera sobrenatural de la vida. Ningún hombre fue necesario para  desenvolver esas vendas gruesas y pesadas de especias de Su cuerpo. Nadie quitó las envolturas de alrededor de Su cara, o lo aflojó y permitió que El saliera como con Lázaro. Jesús no fue resucitado. El subió de la muerte. ¡Dios lo hizo! La vida habia vuelto a Jesús y nadie estuvo en allí para verlo. El pasó por la envoltura y por la puerta de piedra de la cueva. ¡El estaba vivo!

Nadie tuvo que arrollar aún la piedra redonda de la puerta para permitir que saliera. Los ángeles arrollaron luego la puerta para permitir la mirada de los hombres y de las mujeres para ver que la tumba era vacía no para que saliera Jesús.

“Ellos miraron las vendas que estaban allí. . .”

Las vendas de lino para la cara estaban así como ellos las habían dejado alrededor de la cabeza de Jesús en el lugar apropiado donde la cabeza habría estado. Jesús pasó a través de ellas.

Juan miró adentro, lo vio, y de repente todo cambió. Todo lo que Jesús le había enseñado a Juan acerca de Su muerte y la resurrección vino junto en un destello de su mente en un momento. Si usted es un Juan a semejanza de un pensador intuitivo, usted entiende muy bien cómo fue que esto aconteció.

Mas tarde esa misma noche Juan vería con sus propios ojos el cuerpo resucitado de Jesús. En las semanas mas adelante los discípulos nunca supieron cuando ellos lo iban a ver. Imagínese que de repente Jesús se aparece en su medio, que ninguna puerta se abra, ningún cerrojo se mueva, que ninguna preparación sea hecha, pero El estaban allí con ellos. Con la misma brusquedad, El desapareció. Jesús entrenaba todavía a Juan para “ver” Su presencia constantemente. En cualquier momento Jesús quizás aparezca. ¿Veré al señor Jesús hoy?

Jesús tomó Su cuerpo fuera de la tumba, dejó la ropa arreglada absolutamente tranquilo, y atravesó aquella puerta de piedra de  dos mil libras. Su cuerpo de resurrección ya no estaba más sujeto a las leyes de esta naturaleza física material. Jesús conquistó la muerte aún en el plano físico con Su propia resurrección.

Juan R. W. Stott nos alienta preguntándonos lo que habríamos visto si hubiéramos estado allí.

“Supongamos que nosotros habíamos sido presentes en la tumba cuando Jesús se levantó de la muerte. ¿Qué habríamos visto nosotros?”

¿Lo habríamos visto que se retuerce, bosteza, se mueve, se estira y se para? No. Jesús no se recuperó de un desmayo. El murió, y volvió otra vez. Era Su resurrección. Creo que Jesús pasó milagrosamente por muerte en una esfera enteramente nueva de la existencia.

Juan vio que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Cambió, vaporizado, trasmutado en algo nuevo diferente y maravilloso.

“Habría pasado por la ropa gruesa, despues pasó por las puertas cerradas, sin haberlas tocado y casi tranquilo. Casi, pero no calmado. La ropa del cuerpo, con un peso de mas de 100 libras de especias, una vez que el apoyo del cuerpo se había quitado, habrían bajado o se habrían desplomado, y ahora estaría mintiendo completamente. Un espacio habría aparecido entre la ropa del cuerpo y el sudario de cabeza, donde Su cara y cuello habían estado. Todas sus vendas y el sudario con el complicado envoltorio con que fueron puestas habían retenido bien su forma cóncava, un turbante arrugado sin cabeza dentro de ella” (Stott).

El cuerpo de la resurrección tiene su estructura molecular entera cambiada. El cuerpo de Jesús resucitado pasó por el espacio sin ninguna fricción o dificultad. Por cuarenta días después de Su resurrección y antes de Su ascensión, Jesús se hizo visible en Su cuerpo de resurrección y así también se hizo rápidamente invisible. Nosotros nunca habríamos sabido que la tumba estaba vacía si no es porque el ángel arrolló la puerta de piedra y anunció una tumba vacía.

El envoltorio estaba intacto, como la envoltura de una momia, pero no había cuerpo adentro. Había una venda envolviendo alrededor de la cabeza, pero alrededor de ninguna cabeza. Ningún cuerpo.

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado,” eran las palabras del ángel a las mujeres.

El sudario todavía estaba allí junto a las otras vendas, envuelto, redondeando la forma de la cabeza. La ropa pesada no se había tocado, ni había sido doblada, ni había sido manipulada por nadie. No había simplemente nada en ella. Estaba vacía.

“Ellos estaban como una crisálida, la mariposa había surgido.”

http://www.abideinchrist.org/es/jn20v4es.html

La naturaleza de la presencia de Cristo en la Cena del Señor

Ver este documento en Scribd

Anteriores Entradas antiguas