Matrimonio: Las Palabras Tienen Significado

Una de las características de esta era posmoderna es el desprecio por la verdad. En boca de todos está el dicho, “Usted tiene su verdad. Yo la mía.” Los posmodernos no creen en la verdad absoluta, sino que nadan en un nefasto relativismo. Ahora, todo es subjetivo. Todo depende de lo que una persona crea es lo correcto; todo es válido siempre y cuando ese algo sea lo mejor para esa persona. Esta es la clase de anti-intelectualismo que prima en nuestra sociedad.

Los posmodernos odian las definiciones! No las toleran precisamente porque se le pone un límite a lo que un término debe significar. Ellos desean que la definición de un término dependa de la persona. No puede existir una verdad absoluta, pues como dije, todo es relativo. Y esto es, evidentemente, una falacia. Todo el argumento posmoderno se cae cuando examinamos bajo la lupa cada una de sus inconsistencias doctrinales.

Y un ejemplo de este absurdo posmodernismo lo vemos en la re-definición del matrimonio. Este término significa en todos los idiomas, “la unión de un hombre con una mujer.” No hay otra manera de definirlo. Fue así como Dios lo definió, y es así como a lo largo de toda la historia de la humanidad ha sido entendido. Pero ahora, en nuestros tiempos, se ha tratado de re-definir este término, con la intención de incluír dentro de su definición la unión de personas del mismo sexo.

El matrimonio, entendido como el estado de estar unido a una persona del sexo opuesto como esposo o esposa, ha sido aceptado dentro de los artículos de la mayoría de las constituciones políticas de los países del mundo. Porqué? Porque las palabras significan algo. Un hombre es definido como tal por poseer ciertas características que lo definen como tal. Un perro es un perro precisamente porque cumple con las características que definen a un perro. De la misma manera el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer porque esas son las características que han definido al término a lo largo de la historia.

Por lo tanto, la unión de personas del mismo sexo NO es un matrimonio, precisamente porque no cumple con las características que definen a un matrimonio. Pero, la mente posmoderna no puede entender esto. Porqué? Porque la mente posmoderna odia la verdad absoluta. Los posmodernos luchan por el relativismo y por desechar todo aquello que defina particularmente un término. Ellos buscan re-definir todo aquello que esté en contra de su subjetivismo.

Pero dejan claro que su movimiento no es lógico, que está lleno de contradicciones y que finalmente es un movimiento anti-intelectual. Cómo es posible que la verdad sea relativa? Sentarse a meditar en ese argumento tan sólo unos cuantos minutos deja ver claramente lo claro de su falta de lógica. Por ejemplo, si yo defino algo, estoy haciendo de esa definición algo absoluto. Es decir, si digo que mi automóvil es azul, estoy diciendo que absolutamente no es ni rojo, ni negro, ni blanco, ni verde. Es azul! Estoy haciendo de mi afirmación una verdad absoluta en ese momento. Yo no podría afirmar que mi auto es azul cuando no lo es. Eso sería una mentira y por lo tanto dejaría de ser una verdad.

Entonces, cuando una persona afirma que la verdad es relativa, esa afirmación se hace falsa. Porqué? Porque, entonces, esa misma afirmación sería relativa, y no debería ser tomada como un absoluto. Notan lo ilógico del argumento? Ellos afirman algo como un absoluto, pero su afirmación absoluta declara un relativo. Esto si que es anti-intelectual! Nadie podría afirmar que 2+2 es 4 porque la verdad no es absoluta, según nos dirían los posmodernos, sino que 2+2 puede ser todo lo que la persona quiera que sea. El resultado podría ser tan variable como hay personas en el  mundo.

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California: Revocan prohibición de matrimonios gay

California: Revocan prohibición de matrimonios gay

By Associated Press / Mundo Cristiano
Wednesday, August 04, 2010

Un juez federal revocó el miércoles la prohibición a los matrimonios gay en California, un caso histórico que podría terminar ante la Corte Suprema del país.

El juez federal de distrito Vaughn Walker emitió su fallo en una demanda interpuesta por dos parejas gay, las cuales afirmaban que la prohibición aprobada por los electores violaba sus derechos civiles, indicó AP.

Los partidarios argumentaban que la prohibición era necesaria para salvaguardar el concepto tradicional de matrimonio y para alentar la crianza responsable de niños.

Los electores de California aprobaron la prohibición en noviembre del 2008 bajo el título de Propuesta No. 8, cinco meses después de que la Corte Suprema estatal legalizó las bodas gay.

Parejas del mismo sexo, ¿tienen derecho a unos hijos?

Parejas del mismo sexo, ¿tienen derecho a unos hijos?

«Mi mayor preocupación es que se está ignorando a los niños en el debate actual sobre matrimonios entre personas del mismo sexo». Es una declaración de Dawn Stefanowicz, una mujer que a sus cuarenta años sigue cargando con el recuerdo de una infancia marcada por la homosexualidad activa de su padre.

En el libro Out From Under: The Impact of Homosexual Parenting(Annotation Press, 2007) Stefanowicz reconoce, entre otras cosas, la necesidad que tuvo de afecto y seguridad por parte de su padre. La constatación de la autora es clara: las víctimas reales y perdedores de la legalización del así llamado matrimonio homosexual, son los niños. Y ante ello, se plantea: ¿qué esperanza puede ofrecerse a niños inocentes sin voz? La interrogante acusa un llamado a las autoridades para que defiendan el verdadero matrimonio entre hombre y mujer y excluyan, por el bien de los niños, cualquier otra forma de equiparación.

El reconocimiento jurídico de parejas del mismo sexo en varios países del mundo, está decantando en la exigencia de adopción ante la imposibilidad natural de concebir. En no pocos lugares, sus pretensiones han sido escuchadas y hoy están cobijadas por la ley al grado de obligar a instituciones a dejarles a niños bajo tutela.

Más allá de un juicio multidisciplinar sobre la homosexualidad, se impone la pregunta sobre la base en que se apoya este «derecho» a adoptar. Es más, ¿hay efectivamente un derecho para que este tipo de parejas lo hagan y, si existe, dónde queda el derecho de los niños a nacer y crecer en una familia según las leyes de la naturaleza?

Los homosexuales suelen apelar a un pretendido derecho a tener descendencia, lo que justificaría buscar los medios necesarios para tener un hijo: desde la adopción hasta la renta de donadores de esperma, si se trata de mujeres, o de óvulos y vientre, si se trata de hombres. Un planteamiento así presente varias objeciones:

  1. En primer lugar, una demanda así, responde a la lógica de la producción y del dominio y no a la del amor y la donación. El niño se considera un objeto que no nace como don de amor sino como exigencia de un deseo. La vida humana proviene naturalmente del amor que se expresa sexualmente entre dos cónyuges unidos en matrimonio; sólo la unión afectiva-espiritual entre el varón y la mujer implica la posibilidad de la vida.
  2. Desear un hijo no implica un derecho a tenerlo. Un hijo no puede ser querido como objeto de derecho pues tiene dignidad de sujeto; y como sujeto, sí tiene derecho a ser concebido en pleno respeto a su dignidad de ser humano.
  3. Aun en las parejas heterosexuales que experimentan un fuerte deseo psicológico para procrear, no hay una necesidad vital para hacerlo. Nadie muere ni pone en peligro su salud física o psíquica si no tiene hijos.
  4. No hay un derecho a tener un hijo pues ninguna persona es debida a otra como si fuese un bien instrumental. Por tanto no existe un derecho a «tener» un hijo a cualquier precio. Eso significaría ir contra su dignidad.

Los países que están legislando a favor de la adopción por parte de personas del mismo sexo, están olvidando los legítimos derechos que tienen los niños a crecer y desarrollarse en núcleos adecuados a su condición de seres humanos con una naturaleza que precisa de la figura y papel de una madre y un padre. Si tan grande es la sensibilidad que hay hacia la protección de la infancia en todo el mundo, ¿por qué no se les pregunta a los que van a ser adoptados si desean tener una mujer a la cual llamar mamá y un hombre al cual llamarpapá o dos mamás o dos papás?

Fuente: http://www.conoze.com/doc.php?doc=8362

NICOLA LEGROTTAGLIE, FUTBOLÍSTA DE LA JUVENTUS DE ITALIA Y EVANGÉLICO CAUSA POLÉMICA AL DECIR QUE LA HOMOSEXUALIDAD ES UN PECADO

NICOLA LEGROTTAGLIE, FUTBOLÍSTA DE LA JUVENTUS DE ITALIA Y EVANGÉLICO CAUSA POLÉMICA AL DECIR QUE LA HOMOSEXUALIDAD ES UN PECADO
Domingo, 29 de Marzo de 2009

Nicola Legrottaglie

A Nicola Legrottaglie no le ha temblado el pulso a la hora de criticar abiertamente a la relación homosexual, etiquetando a quienes la practican de “vivir en pecado”.

El defensa de la Juventus, de 32 años, advirtió que las relaciones homosexuales son “hoy vistas como una moda, una manera de vivir. Pero para la Biblia y ante Dios es un pecado”. Al futbolista no le preocupan las repercusiones de sus palabras: “No me importa que me llamen extremista” y defendió su libertad de expresión.

Esta libertad de expresión es, de hecho, una de sus batallas como cristiano evangélico comprometido. En 2007 se sumó a una campaña pública en el país, participando en un video que promocionaba una manifestación de la Alianza Evangélica Italiana por la libertad de expresión religiosa de los protestantes italianos.

EL LIBRO

El jugador italiano, que se está recuperando de una lesión en su rodilla izquierda que le ha tenido de baja buena parte de la temporada, ha empleado su tiempo libre en terminar de escribir un libro autobiográfico titulado ´He hecho una promesa´ en el que toca varios temas espirituales y sociales.

En el libro anima a leer la Biblia, algo que además concuerda con su fe como cristiano protestante (es además miembro de la organización evangélica “Atletas de Cristo”).

De hecho, Nicola Legrottaglie dio ejemplo siendo uno de los lectores de la Biblia en Roma dentro de la reciente campaña “La Bibbia giorno e notte” (“La Biblia día y noche”) junto a otras muchas personalidades, como su compañero de profesión y de fe Kaká, y el propio Papa romano.

Pero Nicola Legrottaglie ha levantado ampollas con algunas de sus opiniones. En especial en las que el jugador, cristiano evangélico, se refiere así a las relaciones homosexuales: “Hoy se ve como una moda, una manera de vivir. Pero en la Biblia está claro que tanto las relaciones homosexuales masculinas como las femeninas son pecado.

Como cristiano recomiendo a los gays que lean la Biblia. No obstante, las reuniones que nosotros tenemos también están abiertas a ellos”. También ha manifestado en el libro que agradece que se estropeara su fichaje por el Besiktas turco, que en su día pretendió ficharle: “Era consciente de que el ambiente de allí podía ser hostil a mis creencias espirituales y me repetía: ´¿Por qué, Señor, me quieres mandar con los musulmanes”. “Dios estaba trabajando para mí”, dijo cuando supo que finalmente se quedaría en Italia.

Nicola Legrottaglie – He hecho una promesa
PREPARADO PARA LAS CRÍTICAS
Al futbolista no le preocupan las repercusiones de sus palabras, no le importa que le llamen ultraconservador, extremista o fundamentalista, “sólo porque tengo una visión diferente de cosas que se dan por ciertas” ha declarado defendiendo su libertad de expresión.

Ya hace poco sufrió airadas reacciones por unas declaraciones suyas diciendo que Israel estaba “pagando las consecuencias de haber ofendido a Dios después de haber sido el pueblo elegido”, que provocaron una dura reacción de la opinión pública hasta el punto de que se vio obligado a rectificar matizándolas.

El jugador cree que le consideran un “extremista de la fe sólo porque tengo una visión diferente de cosas que se dan por ciertas”. Como otro ejemplo de su perspectiva de ir contracorriente, pone sus creencias como cristiano en “la importancia de la castidad fuera del matrimonio”.

BREVE BIOGRAFIA
Nicola Legrottaglie nació en Gioia del Colle, Provincia de Bari, Italia, el 20 de octubre de 1976. Futbolista profesional, juega de defensa y su actual equipo es el Juventus FC de la Primera División italiana. Ha sido internacional con la selección de fútbol de Italia.

Matrimonio por la diestra, contubernio por la siniestra

La excelente exposición de Soneyra, nos muestra con claridad lo que encierra en la pretensión de los homosexuales, a que se llame “matrimonio” su sus uniones contrarias al concepto mismo de matrimonio. Lo cual, dista de la excusa de desear igualdad en la protección jurídica de sus uniones, lo cual, claro está, nadie niega.

Los dejo con el texto:

Matrimonio por la diestra, contubernio por la siniestra

Por Eloy Soneyra (Dr. en psicología)

Etimológicamente, matrimonio deriva de la expresión latina matri-monium, que señala que la mujer, dueña de la matriz, alcanza el derecho de ser madre dentro de la institución matrimonial, que conlleva, por ser una miniasociación, a postulaciones jurídicas, tanto entre los contrayentes como ante terceras personas, como el parentesco, los derechos sucesorios, responsabilidad por actos dolosos de los hijos menores y por el sistema económico. Aspectos jurídicos que presentan formas y costumbres diferentes en distintos países, como, por ejemplo, el menor de edad que es emancipado de la patria potestad de los padres, al casarse, actuará legalmente como mayor de edad, a partir de ese momento.

El derecho romano entiende en el matrimonio los principios jurídicos 1º) De dualidad (unión de dos personas para su convivencia y procreación). 2º) Heterosexualidad (cada contrayente pertenece a uno de ambos sexos). 3º) De derechos de los padres a tutelar a los hijos por la patria potestad. 4º) De fidelidad. 5º) De contribuir a las cargas familiares y a protegerse mutuamente. 6º) Para contraer matrimonio, era necesario que ambos contrayentes ostentaran la ciudadanía romana; o sea, que gozaran no sólo del status libertatis sino, también, delstatus civitatis (que fueran libres y, además, ciudadanos). 7º) Cualquier otra unión (p. ej. ciudadano-extranjera, hombre libre con esclavo, o entre esclavos) era considerada un concubinato (contubernio).

Respaldar el matrimonio entre personas del mismo sexo, está equivocado por: 1º) Es una institución social que no responde a los dictados de la naturaleza para perpetuar la especie. 2º) Está en contra de los libros de la ley. 3º) El matrimonio deriva de la expresión latina matri-monium, que señala que la mujer, dueña de la matriz, se da a un hombre. 4º) El matrimonio, como unión entre mujer y hombre, está en el artículo 16 de los DD. HH. de 1948. 5º) Hablar de libertad de elección tiene el mismo peso que sostener la validez de otras elecciones antinaturales, como la pedofilia, la necrofilia, el bestialismo… 6º) El criterio de la no discriminación autoriza a dos hermanos que se aman a casarse. 7º) Para avalar a los peticionantes, se los llama con un término inglés, pues el del castellano desnuda la falsedad de su sostén natural. 8º) El matrimonio se rige por el Código Civil, fruto de una ley nacional, desconocido por la gobernadora de Tierra del Fuego. Por ende, la idea de llamar matrimonio a lo acaecido en esa provincia de la República Argentina carece de sostén legal.

En las distintas sociedades, a pesar de muchas diferencias formales, el matrimonio se alcanzaba tras ceremonias que, sustancialmente, implicaban el reconocimiento público de la relación matrimonial, el compromiso de los cónyuges de fidelidad, el intercambio de presentes entre los contrayentes, el compromiso del hombre de proteger a la mujer, la promesa de cuidar la vida del otro, proteger los bienes comunes y la búsqueda de la felicidad.

Los libros de la ley, la Torá, el Nuevo Testamento, el Alcorán y las Leyes de Hammurabi 127 a 161, señalan que “matrimonio es el estado en el cual un hombre y una mujer pueden vivir juntos en relación sexual con la aprobación de la sociedad”, definición expuesta en nuestros diccionarios, sustentada en el sentir del inconsciente colectivo y establecida en el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, como también en el artículo 17º.2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos de San José de Costa Rica, que, en forma explícita, declaran que los hombres con las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen el derecho a casarse y fundar una familia.

Por esas razones, resulta extemporáneo todo proyecto de ley destinado a llamar matrimonio a la relación social convenida entre personas del mismo sexo, buscando equiparar los derechos de quienes viven en pareja con personas del mismo sexo, a los que competen a las personas protegidas por la ley del matrimonio civil, hecho que no solamente implica subvertir el orden moral, sino que abre a futuro el permiso a una adopción conjunta, cuando, en este último aspecto, la psicología, como ciencia, ha mostrado que, para el desarrollo pleno del ser persona, el menor necesita de una mamá y un papá. Además, desde el existencialismo, la lógica y la observación de la realidad muestran que una sociedad de homosexuales no puede permanecer en el tiempo, pues el derecho inalienable a la vida implica necesidad de crecer, de autodefensa y de perpetuarse.

Bastará incluir a esas parejas en un tipo legal de asociación libre, que permita a las partes compartir beneficios sociales y hereditarios, sin alterar el valor del matrimonio como elemento natural y fundamental de la sociedad con derecho a la protección por el Estado. (Art. 16.3 DD. HH.), pues no es válida la argumentación de incluir en el matrimonio a los homosexuales, para reconocer a las personas la libertad de elegir con quién asumir los compromisos de la convivencia en pareja; porque, primero, la libertad de elegir no implica elecciones antinaturales, pues la diferencia sexual entre personas, animales y plantas es necesaria para la continuidad de la especie. Bastaría llamar a esas relaciones gaymonio o unimonio , dándoles por ley la posibilidad de heredarse, de brindarse protección médica y social, o de decidir como supérstite la donación o no de órganos de la pareja fallecida.

Aquellos deseos de reconocer a los homosexuales derechos de heredarse, asociarse a una mutual de salud o social, no se logran llamando matrimonio a lo que no lo es, alegando el “principio de igualdad”, base totalmente falsa, porque pretende que una norma escrita obligue a llamar de la misma forma a las parejas heterosexuales y homosexuales, cuando, de hecho, la realidad muestra que no lo son. La ley, de darse, será jurídicamente legal, pero naturalmente ilegítima, pues nunca, por normas humanas, lo distinto será igual, ni lo igual será distinto; recordemos que, por una ley de igualdad impuesta por los khmer rojos, se llevó a la muerte a tres millones de ciudadanos camboyanos, trasladados compulsivamente, como campesinos, a los campos agrícolas.

El nombrado principio de igualdad sostuvo las leyes permisivas del matrimonio entre personas del mismo sexo en países como España, Bélgica, Canadá, Noruega, Holanda, Suecia y Sudáfrica. Disposición que tiene la misma validez que sostener la validez de otras elecciones antinaturales que, por existir, tampoco deben ser legalizadas, como la pedofilia (pareja de un adulto con un menor), la necrofilia (pareja con un muerto), o el bestialismo (pareja con un animal) o elecciones libres de alimentación, como la coprofagia.

La mayoría de los habitantes del territorio de la Nación debemos cumplir a rajatabla el artículo 19 de la Constitución Nacional que expresa “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública ni perjudiquen a un tercero, están reservadas a Dios. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella prohíbe”. Cumplimiento al que deben atenerse los legisladores para preocuparse más en procurar eliminar todas las trabas al trabajo, la creatividad y a la propiedad para lograr que los habitantes de la Nación estén defendidos en su derecho a la vida, la propiedad, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Porque el matrimonio entre una mujer y un hombre es la célula central de toda sociedad organizada.

Eloy Soneyra (doctorsoneyra1@yahoo.com.ar) es doctor en psicología, especializado en factor humano, calidad y derechos humanos

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XII)

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XII)

Uno de los mitos más difundidos en el mundo católico acerca del protestantismo es el de la lujuria apenas contenida de sus iniciadores. La prueba fundamental de ese aserto sería triple.

En primer lugar, los diversos matrimonios del rey inglés Enrique VIII; en segundo, el matrimonio de Lutero con una monja y en tercero, el abandono del celibato de los clérigos.

Sobre Enrique VIII ya indicamos en una entrega anterior que nunca fue protestante. Ciertamente, fue un cismático y persiguió a aquellos que no quisieron someterse al Acta de supremacía que lo convertía en jefe de la iglesia anglicana, pero, al mismo tiempo, ejecutó a no pocos protestantes que tenían la osadía intolerable para él de pretender una Reforma de la iglesia basada en la Biblia. Ciertamente, no pocos de esos protestantes fueron ejecutados cuando Enrique VIII era declarado “Defensor fidei” por el papa y ayudado en su labor letalmente represiva por su fiel Tomás Moro, pero aún más lo fueron después de la separación formal con Roma. Por otro lado – y dice mucho del estado moral de la Cristiandad – los monarcas católicos de la época –incluidos Carlos V o Felipe II– no fueron más castos que Enrique VIII.

El segundo argumento no es menos falaz. Lutero efectivamente contrajo matrimonio con Catalina de Bora que había sido monja. Su vida matrimonial fue ejemplar a diferencia, dicho sea de paso, de lo que, por ejemplo, alguien tan poco sospechoso como Teresa de Jesús relata sobre la vida sexual en los conventos católicos de su época. Semejante conducta – deplorable, sin duda – no puede tampoco extrañar en la medida en que no pocas de las personas que poblaban los conventos y monasterios habían ido a parar en ellos (de nuevo, el testimonio de Teresa de Jesús es relevante) por razones nada espirituales.

El tercer argumento es de mucha mayor relevancia porque obliga a reflexionar sobre si la configuración del sacerdocio católico armoniza con lo que enseñaron Jesús y los apóstoles. Que Pedro estaba casado es algo que se desprende del testimonio de los evangelios donde se relata cómo Jesús curó a su suegra que padecía una fiebre muy elevada (Mateo 8:14; Marcos 1:30; Lucas 4:38-39). Podría pensarse que, al conocer a Jesús, habría dejado a su esposa – algo moralmente digno de reflexión – pero lo cierto es que el Nuevo Testamento indica que su mujer lo acompañaba en sus viajes misioneros como, por otro lado, sucedía con los otros apóstoles. Al respecto, no deja de ser significativo que Pablo escribiendo a mediados del s. I indicara que él y Bernabé eran los únicos que viajaban sin esposa (I Corintios 9:5). Pablo no estaba casado – aunque es posible que fuera viudo y no soltero – pero reconocía que esa conducta era excepcional. Quizá sería deseable que todos – no sólo los dedicados a proclamar el Evangelio – fueran célibes como él, pero Pablo indica que esa condición sólo deberían guardarla los que han recibido ese don de Dios (I Corintios 7:7). Para los que no habían recibido el don, el apóstol era claro: “era mejor casarse que abrasarse” (I Corintios 7:8).

Precisamente porque ni existía algo parecido al celibato obligatorio del clero ni los apóstoles eran hombres solteros podemos entender las instrucciones de Pablo sobre los requisitos para ser obispos… que incluían que estuvieran casados: “Pues es necesario que el obispo sea irreprensible, casado con una mujer, sobrio, formal, decente, hospitalario, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, sino manso, no rencoroso, no avaro, que sepa gobernar bien su casa, que tenga a sus hijos en obediencia con toda honestidad, por el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará la iglesia de Dios?” (I Timoteo 3:2-5).

El texto de Pablo difícilmente puede ser más revelador. Los obispos de la época apostólica estaban casados y tenían hijos. Es más, se consideraba que ambos requisitos resultaban enormemente importantes para poder desempeñar su función pastoral. De hecho, Pablo parece adelantarse a una de las objeciones formuladas por el protestantismo – y por no pocos católicos – en contra del celibato eclesial: ¿cómo pueden dedicarse a aconsejar a cónyuges e incluso emitir normas sobre la vida conyugal gentes que nunca han estado casadas y que no conocen personalmente lo que significa? Con el debido respeto, me atrevería a decir que buena parte de la doctrina moral de la iglesia católica relativa a la vida conyugal y sexual sería radicalmente distinta si se hubiera ido forjando sobre la base de las Escrituras enseñadas por obispos casados y con hijos y no por célibes que consideran – por citar las palabras de un conocido santo – que “el matrimonio es para la clase de tropa”.

La importancia de esa vida matrimonial resulta tan relevante en la enseñanza apostólica que Pablo expresa un durísimo juicio sobre su prohibición: “Pero el Espíritu dice claramente que en tiempos venideros apostatarán algunos de la fe, escuchando a espíritus de error y doctrinas de demonios, por la hipocresía de los que hablan mentiras y tienen cauterizada su conciencia, que prohíben casarse y el consumo de alimentos que Dios creó para ser disfrutados con acción de gracias por los que creen y han conocido la verdad, porque todo lo que Dios creó es bueno y no es de rechazar nada de lo que se recibe con acción de gracias” (I Timoteo 4:1-4).

Lo cierto es que la Biblia enseña que el matrimonio de los obispos no sólo es lícito sino muy conveniente y que la prohibición del matrimonio es una doctrina demoníaca. Esa circunstancia explica, sin duda, que los clérigos estuvieran casados a lo largo de la Historia del cristianismo durante siglos y que en el seno de la iglesia católica hubiera que esperar a la reforma de Gregorio VII, un antiguo monje, ya en pleno medievo, para que se prohibiera el matrimonio eclesial con cierta eficacia. Con cierta eficacia, pero no total porque el celibato eclesial siguió siendo caballo de batalla durante los siglos siguientes y no faltaron los sacerdotes que contrajeron matrimonio y que obtuvieron un reconocimiento legal del mismo. Incluso después del concilio de Trento en el s. XVI – donde no podía reconocerse la razón de los protestantes al exigir que los clérigos pudieran contraer matrimonio – no acabaron los casos de sacerdotes casados si bien la ceremonia solía celebrarse en secreto.

Con todo, ni siquiera la iglesia católica posterior a Trento ha sido consecuente con el celibato obligatorio. Aunque muchos católicos lo ignoran, los sacerdotes católicos de culto oriental pueden contraer matrimonio y lo mismo sucede con los que entraron en la iglesia católica hace unos meses, procedentes de la Comunión anglicana. Ahora bien, si el celibato obligatorio es tan indiscutible y constituye una fuente de tan grandes bendiciones, ¿cómo pueden admitirse esas excepciones?

¿Se imagina alguien que fuera lícito el adulterio en ciertos sectores de la iglesia católica mientras que no lo era en otros? O que fuera lógico rehusar una bendición espiritual – la derivada del celibato obligatorio – a alguien sólo porque pertenece a un rito diferente dentro de la misma iglesia?

Concluyendo pues, los protestantes no sentimos que el hecho de que los pastores contraigan matrimonio sea una traición al cristianismo. Por el contrario, constituye un seguimiento claro y obediente de lo que enseña el Nuevo Testamento y precisamente esa obediencia es bendecida por Dios con pastores que pueden entender, por propia experiencia, las cargas, las dificultades y los problemas de carácter conyugal que sus hermanos les traen y que, por añadidura, no acumulan cargas sobre los hombros de otros sin ayudar a sobrellevarlas siquiera con un dedo tal y como hacían los escribas y fariseos de la época de Jesús (Mateo 23:4).

Continuará: Los protestantes no creen en la Virgen

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Libertad digital, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

Darwin y el matrimonio

Darwin y el matrimonio

A finales de 1837 Charles Darwin se sentaba solemnemente ante una hoja de papel. No, no nos imaginemos que se disponía a comenzar la gran obra de su vida y por la que será tan admirado como vilipendiado. El motivo era otro mucho más mundano, pero no menos importante: quería decidir si debía casarse.

En aquella hoja empezó a escribir las ventajas y los inconvenientes del matrimonio. Entre las ventajas enumeraba: “los hijos -constante compañía (amistad en la vejez)-, el placer de la música y de la conversación femenina, buena para la salud”. Frente a ello oponía “una terrible pérdida de tiempo” por culpa de la vida social en general y de tener que hacer visitas y recibir a los familiares; los gastos y la preocupación de los hijos; y estar atado a una casa.

Sin embargo, al final el bueno de Darwin se dejó llevar por sus sentimientos y escribió:

“Dios mío, es insoportable pensar en pasarse toda la vida como una abeja obrera, trabajando, trabajando, y sin hacer nada más. No, no, eso no puede ser. Imagínate lo que puede ser pasarse el día entero solo en el sucio y ennegrecido Londres. Piensa sólo en una esposa buena y cariñosa sentada en un sofá, con la chimenea encendida, y libros y quizá música… Cásate, cásate, cásate.”

Así que, tras convencerse que debía casarse, debía encontrar con quién. Y esa quién era Emma Wedgwood, una de las hijas  de su tío Josiah. El 11 de noviembre de 1838 pidió la mano de Emma, que le fue concedida.

Darwin no podía haber encontrado una esposa más adecuada a sus intereses. Emma era una mujer atractiva e inteligente, y de carácter decidido y capaz, como todos los Wedgwood. A la vuelta a Londres Darwin se puso a buscar casa y adquirió una sin consultar con quien sería su futura esposa: algo impensable tanto entonces como hoy en día.

Se casó el 29 de enero de 1839, y justo cinco días antes había sido nombrado miembro de la institución científica más prestigiosa de Gran Bretaña: la Royal Society. Tras la celebración se instalaron en Londres: no hubo luna de miel, había que seguir trabajando.

Visto aca

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