Nuevo blog de cristianismo evangelico

Quiero agradecer sinceramente a todas aquellas personas que me han apoyado desde los comienzos de este blog. Por razones de salud personal tuve que discontinuar este blog. Luego de meditarlo un buen tiempo, decidi volver a las reflexiones. En estos momentos he decidido no continuar con este blog. Pero hace ya casi tres meses inicie otro blog similar a este, donde continuo con los comentarios desde nuestra cosmovision teologica evangelica.

El blog se llama El Teologiyo y desde ya estan todos invitados a participar con comentarios, con sugerencias y también con vuestras oraciones.Respecto a este blog,no seguiré actualizando, pero si respondiendo a cualquier inquietud que surga.

Dios continúe bendiciendo a todas aquellas personas de buena voluntad.

Musulmanes radicales quieren prohibir la Biblia llamándola “libro pornográfico y blasfemo”

Musulmanes radicales quieren prohibir la Biblia llamándola “libro pornográfico y blasfemo”
El grupo radical Jamiat Ulema-e-Islam, con sede en Karachi, ha puesto en marcha la campaña en una conferencia pública. Según el líder del grupo, Abdul Rauf Farooqi, algunos pasajes de la Biblia describen como “viciosos e inmorales” personajes que los musulmanes consideran profetas.
| Viernes 3 de Junio, 2011 | Por NoticiaCristiana.com|

(NoticiaCristiana.com).


Pakistán / Karachi.- El partido islámico radical Jamiat Ulema-e-Islam presentó un recurso ante el Tribunal Supremo de Pakistán y ha lanzado una campaña de sensibilización pidiendo la prohibición de la circulación de la Biblia, llamada “libro pornográfico” y “blasfemo”, publica la agencia Fides.
Se trata de un nuevo ataque contra la comunidad cristiana en Pakistán, asustada por los ataques y amenazas sufridos después de la eliminación de Bin Laden, y que ya estaba bajo ataque por los efectos perjudiciales de la ley sobre la blasfemia, que castiga con la pena de muerte a quien insulta el Corán o al Profeta Mahoma.

El grupo radical Jamiat Ulema-e-Islam, con sede en Karachi, ha puesto en marcha la campaña en una conferencia pública. Según el líder del grupo, Abdul Rauf Farooqi, algunos pasajes de la Biblia describen como “viciosos e inmorales” personajes que los musulmanes consideran profetas.
“Es una medida que podría alimentar el odio religioso contra los cristianos. Es una amenaza para la coexistencia pacífica, un ataque al corazón de nuestra fe”, dice a Fides desconcertado el p. Saleh Diego, quien preside la Comisión “Justicia y Paz” de la Archidiócesis de Karachi.
“Como cristianos, ya somos muy débiles y estamos sujetos a las presiones injustas de la ley sobre la blasfemia. Estos grupos radicales quieren eliminarnos por completo. Evidentemente se trata sólo de grupos minoritarios, y tenemos la esperanza de que se alcen las voces de los líderes musulmanes moderados para detener esta campaña de odio”, dice Diego.
“Nuestra respuesta como cristianos en Pakistán, es reiterar la urgencia del diálogo y del respeto de todos los símbolos religiosos y los libros sagrados de todas las religiones. Pero esperamos que, a nivel internacional, pueda nacer una respuesta más fuerte y decidida, que nos apoye”, dice el padre Diego, llamando a la movilización de los cristianos y las instituciones internacionales para detener la campaña en contra de la Biblia.

El satanismo desde el punto de vista psicológico

El satanismo desde el punto de vista psicológico

Desde el punto de vista psicológico, son diversas las perspectivas desde las que se puede observar y profundizar en el misterioso y preocupante mundo del satanismo y en los fenómenos relacionados con él. De ello da testimonio elocuente la abundante y variada literatura que, en estos últimos años, se puede encontrar en los escaparates y estanterías de cualquier librería.
Dos perspectivas tienen una importancia particular: la primera trata de comprender el significado de los comportamientos que, en la opinión popular y limitándose a una mera observación, se atribuyen al influjo de fuerzas demoníacas (en tales casos se suele hablar de posesión); la segunda trata de indagar sobre el mundo de las motivaciones del sujeto que se adhiere a una doctrina en la que lo demoníaco se presenta como elemento central y unificador.
Este doble punto de vista, obviamente, supone tanto la existencia de una realidad demoníaca (cuya demostración va más allá de la competencia específica del psicólogo) que puede manifestarse en formas a menudo extravagantes, imprevisibles y desconcertantes, como la multiplicidad de comportamientos humanos no siempre fáciles de descifrar con las categorías comunes de interpretación.
La psicología y las verdaderas o falsas posesiones
Trastornos físicos, embrujos de casas, objetos o animales; obsesiones e impulsos personales hasta el conato de suicidio; vejaciones que llevan a la pérdida de la conciencia y a acciones deplorables, o a pronunciar frases de odio contra Dios o lo sagrado: son sólo algunas de las manifestaciones ante las que cabe preguntarnos si la persona está realmente poseída por Satanás o más bien padece disociación psicológica o histeria.
Frecuentemente los comportamientos atribuidos a un influjo demoníaco pueden interpretarse, sin duda, como situaciones con raíces patológicas; mientras que en otros casos se pueden presentar como una clara antítesis al proyecto de salvación que Dios tiene sobre sus criaturas y, por tanto, no encuentran una explicación suficiente y convincente con los instrumentos psicológicos y psiquiátricos normales.
Los límites entre las situaciones psíquicas y la efectiva influencia demoníaca están poco identificados y son difícilmente identificables. Además, la información, muy a menudo bastante manipulada y errónea, no hace justicia a los fenómenos en su complejidad y consistencia, por lo que puede fácilmente pasar por posesión diabólica lo que, en realidad, es sólo expresión de profundos trastornos psicológicos; también se suele exagerar el número de los que pertenecen a grupos satánicos para crear así una especie de pánico reverencial o, viceversa, una «caza de brujas».
Pío Scilligo, profesor de psicología en la Universidad Salesiana y en la Universidad «La Sapienza» de Roma, sostiene que cada uno de nosotros posee la experiencia de diálogos dentro de su cabeza, o dentro de su corazón, que son«pequeños signos de doble personalidad, más evidentes cuando se utiliza el tú y menos cuando se utiliza el yo». Finalizado un trabajo, nos decimos por ejemplo: « ¡Enhorabuena, lo has hecho como se debe!» o también, después de realizar una acción inconveniente, afirmamos: « ¡Soy un inconsciente; debo ir inmediatamente a pedir perdón!». Experiencias de este tipo pueden ser perfectamente explicables sin tener que recurrir a la presencia de «espíritus que hablan». Bastaría con llamarlos «esquemas», «asimilaciones interiores» o «estados del yo» relativamente autónomos que la persona normal puede poner en práctica. Esos automatismos son pequeños «demonios», buenos o malos, que cada uno lleva dentro de la compleja estructura de su propia psicología.
Ahora bien, existe –también según Scilligo– una serie de esquemas protectores mucho más fuertes, a modo de corazas, que la persona se ha ido creando con el tiempo a partir de experiencias traumáticas o de comportamientos relaciónales persistentes, comportamientos que han sido asimilados del exterior debido a lecturas erróneas, las cuales han contribuido a formar actitudes aisladas que parecen pertenecer al alter ego.
En tales casos, puede suceder que algunas manifestaciones como la expresión de la rabia, el hablar lenguas, la habilidad para percatarse de modo sorprendente de la vivencia interior del exorcista, encuentren una explicación natural en los procesos psíquicos de separación y de proyección, técnicamente definidos como comportamientos borderline, es decir, en el límite de la norma. Al mismo tiempo, no se puede descartar que, a veces, nos encontremos ante manifestaciones que excluyen las explicaciones metafóricas de índole psicológica o psiquiátrica y que no encuentran fundamento en los contenidos de lo ya conocido en el mundo científico. En tal caso tendría sentido el recurrir a la hipótesis de la existencia de fuerzas externas al sujeto, que ejercen sobre él un influjo nefasto y destructor.
El aspecto clave del problema, que la investigación psicológica y psiquiátrica todavía no han resuelto y difícilmente podrán resolver, consiste en la correcta distinción entre un comportamiento patológico de índole psíquica y una verdadera posesión diabólica, con la plena convicción de que a diferencia de lo que se proclama, sólo en dos o tres casos de entre mil se trata de una verdadera posesión diabólica. En tal perspectiva, obviamente, sólo un científico serio, con una mente abierta, capaz de superar el reducido campo de su competencia, es capaz de reconocer la posibilidad de posesiones diabólicas.
El mundo de las motivaciones de los adoradores de Satanás
Más complejo resulta el análisis del mundo de las motivaciones de los que se declaran a favor del satanismo y traducen sus convicciones en comportamientos que van contra corriente, a menudo con efectos de carácter judicial (por ejemplo, la violación de sepulcros, los macabros rituales con matanza de animales, el estupro de chicas vírgenes que más o menos consienten, o comportamientos de pérdida del propio control en sujetos psicológicamente frágiles).
En tales casos puede ser útil usar, como criterio de interpretación, algunos conceptos elaborados por el famoso psicólogo Erich Fromm. Refiriéndose a la relación entre el hombre y los diversos tipos de religiones, Fromm advierte que en algunos la relación con la divinidad implica una actitud de absoluta dependencia, de obediencia ciega e irracional, de aceptación pasiva de cualquier norma. Dicha actitud los lleva a considerarse criaturas ineptas y mezquinas, solamente capaces de adquirir cierto vigor en la medida en que les salga al encuentro un poder supremo e indiscutible.
Tal visión autoritaria e inhumana de relacionarse con la divinidad y, en el caso del satanismo, con entes maléficos, favorece la pérdida de independencia y de integridad moral, y ofrece la «ventaja» de sentirse protegidos por una fuerza formidable, con la que en cierto modo se entra en contacto o de la que se llega a formar parte. Además, tal visión contribuye también a forjarse la imagen de un ser supremo despótico y terrible, celoso de su supremacía, arrogante y destructor de cualquier relación basada en la solidaridad o en la promoción de valores.
¿Qué características presenta la personalidad de los que se adhieren a una divinidad con perfiles satánicos?
La primera consiste en una tendencia claramente masoquista, evidenciada por un temperamento débil, por una inclinación a autodenigrarse, por la necesidad de sentirse débil e impotente, por la renuncia voluntaria a todo sentido de libertad y de responsabilidad personal. La orientación de fondo es, por tanto, la autodestrucción: la autopunición se favorece, se produce o tolera para prevenir la hostilidad de los demás o para fomentar sentimientos positivos y de compasión en otros hacia uno mismo. Bastaría pensar, a tal propósito, en la aceptación pasiva e irracional de los «jefes indiscutidos», a cuyas órdenes uno se somete sin la menor resistencia.
Una segunda característica se refiere a un profundo sentido de culpabilidad debido a la dificultad existente en el tomar conciencia de la ambigüedad de la realidad humana. De una manera muy explícita, Fromm sostiene que «en la esfera autoritaria el reconocimiento de los propios pecados genera sobre todo temor, porque uno es consciente de haber desobedecido a una autoridad potente que no (…) nos ahorrará los castigos. La falta moral es un acto de rebelión, y el único modo de repararla es una orgía de auto-humillación. El pecador se siente depravado e impotente, se encomienda a la misericordia de la autoridad, y espera de esta forma el perdón. Arrepentirse quiere decir temblar».
Una tercera característica está ligada a la asimilación interior, en términos fuertes e impositivos, de las exigencias ambientales y, como consecuencia, a la concepción en términos tiránicos del mundo de la ley y, más en general, del entorno cultural, social y familiar. De ahí provienen, por una parte, el temor de ser destruido y, por otra, paradójicamente, el impulso irrefrenable a actuar mediante formas negativas y autodestructoras.
La cuarta y última característica es la tendencia hacia la muerte y las cosas muertas, expresión de un anhelo de transformarse cada vez más a sí mismo, a la sociedad y al mundo circundante en un cementerio o en un lugar robotizado. El uso de cortinajes negros y funerarios en las salas de reuniones, la presencia de calaveras y de imágenes terroríficas, el hecho de encapucharse -en ocasiones- para los ritos, el sacrificio usando como víctimas animales y, desgraciadamente, a veces también personas humanas, constituyen la prueba más clara de tal actitud necrófila.
Para el psicólogo, por tanto, el adorador de Satanás constituye un urgente y, a menudo, trágico timbre de alarma, pues, de hecho, no aparece en ningún modo orientado hacia el desarrollo personal, hacia la creación de relaciones sinceras y auténticas con los demás o hacia un deseo de servir. Más bien, manifiesta fuertes y preocupantes tendencias de autodestrucción, que resultan aún más evidentes, de un lado, por la tendencia a esconderse y a huir y, de otro, por la renuncia voluntaria (aquí es difícil predecir hasta qué punto se puede llegar) de la propia voluntad en favor de una autoridad que exige sólo una obediencia ciega y una conducta rígida, buscando de modo obsesivo fórmulas y ritos mágicos.
Por Eugenio FIZZOTTI*
Profesor de psicología de la religión en la facultad de ciencias de la educación de la Universidad Salesiana de Roma.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=9283

Mirada antropológica sobre el Satanismo

Mirada antropológica sobre el Satanismo

La importancia que los medios de comunicación han dado recientemente a algunos episodios más o menos ligados con el mundo del satanismo es síntoma y efecto de la curiosidad morbosa que actualmente tienen muchos hombres respecto de lo oculto en general y de lo satánico en particular; por esto se hace más urgente la necesidad de lograr instrumentos de discernimiento claros y significativos acerca de las causas y las formas de este fenómeno, también para entender cómo se relacionan con la cultura contemporánea y cuáles pueden ser las motivaciones subjetivas que impulsan a algunas personas a dejarse envolver o atraer por ese mundo oscuro.
Ante todo queremos precisar que el término satanismo abarca una amplia gama de fenómenos, con muchos aspectos y numerosas facetas. En este artículo nos limitaremos a examinar algunos ejemplos que son muy significativos y apropiados para iluminar las principales características en función de un análisis antropológico. Más precisamente, nuestra mirada antropológica sobre el satanismo se propone afrontar dos problemas distintos, profundamente conectados entre sí y que pueden iluminarse recíprocamente: por un lado presentaremos algunos elementos que nos ayudarán a identificar la imagen del hombre que emerge del contexto doctrinal satanista; por otro, trataremos de ver cuáles podrían ser algunas motivaciones subjetivas en las personas que se acercan al mundo del satanismo.
La antropología de algunos satanistas
Una exploración hecha sobre los textos más significativos y difundidos del satanismo reciente y contemporáneo manifiesta con gran claridad una visión prometeica del hombre, que se traduce en su exaltación y divinización: «seréis como dioses», prometía el antiguo tentador, y la promesa permanece inmutable también para aquellos que hoy se inspiran en ese tentador.
Aleister Crowley (1875-1947), indudable inspirador de muchos autores satanistas contemporáneos, explicita con mucha claridad el lazo de unión que existe entre la exaltación del hombre y la rebelión contra Dios, particularmente contra el Dios de los preceptos morales, en los cuales había sido educado en el seno de una secta fundamentalista: «No existe ninguna ley –escribe Crowley en el Liber legis- excepto ‘haz lo que quieras’, (…).
¡Sé fuerte, hombre! Desea y goza todo lo de los sentidos y del éxtasis: no temas que ningún Dios te reniegue por esto. Cada hombre, cada mujer, es una estrella si encuentra la verdadera propia voluntad, de otro modo es un esclavo; y los esclavos deberán servir. Excluye la misericordia: ¡condenados aquellos que tienen compasión! Mata y tortura: ¡no perdones a nadie!».
En la misma línea se coloca también Anton Szandor La Vey (nacido en 1930) que inicia su Biblia de Satanás (Avon, Nueva York 1969) con «nueve afirmaciones satánicas», una suerte de himno al deseo humano de autogratificación psicofísica a cualquier precio, tanto en la relación con uno mismo («Satanás representa la indulgencia en lugar de la abstinencia. Satanás representa la existencia vital en lugar de los inútiles sueños espirituales»), como en la relación con los demás («Satanás representa la venganza en lugar de presentar la otra mejilla»); y, sobre todo, en relación a Dios y a sus normas morales («Satanás representa al hombre en cuanto no es más que otro animal, alguna vez mejor, pero más frecuentemente peor que aquellos que caminan a cuatro patas; hombre que en razón de su supuesto ‘desarrollo divino intelectual y espiritual’ se ha convertido en el animal más vicioso de todos. Satanás representa a todos los así llamados pecados, en la medida que llevan a la gratificación física, mental y emocional»).
En este manifiesto del satanismo ya aparecen con claridad los síntomas de una profunda rebelión en relación a la religión en general y a la religión cristiana en particular. Al continuar la lectura de la Biblia de Satanás se choca con un pequeño capítulo que tiene este significativo título: «Wanted! God dead or alive» («¡Se busca! Dios, vivo o muerto!»); en éste se afirma el sin sentido de un cierto deseo de relación con aquel Dios al cual los hombres se volverían solamente para encontrar alivio en el mal físico y perdón en el moral; la negación de Dios es la condición satanista para la realización del hombre, en el sentido de que el satanista no debe inclinar la cabeza frente a nadie y debe encontrar en sí mismo todos los recursos necesarios para construir la propia felicidad aquí, en la tierra. «Todas las religiones de naturaleza espiritual –escribe La Vey- son invento del hombre», una especie de proyección al infinito de sus deseos frustrados, de todo aquello que el hombre querría hacer sin lograrlo; por el contrario «el satanista cree en la completa gratificación de su ego», vive la vida «como un party», sin renunciar a ninguna satisfacción y sin cultivar ese inútil amor por cada hombre que el satanista considera imposible y absurdo: «tú no puedes amar a todos; es ridículo pensar que puedes hacerlo; si tú amas a cada uno y a todos, pierdes tu natural capacidad de selección. (…) El amor es una de las emociones más intensas que experimenta el hombre; la otra es el odio. Esforzarte por sentir amor indiscriminadamente es muy antinatural (…) Si no estás en condición de sentir una de estas emociones, tampoco llegas a experimentar plenamente la otra».
La ilusión de auto-divinización del hombre mediante la rebelión contra Dios es cultivada también en el nivel ritual. Para los miembros de la iglesia de Satanás el cumpleaños es la festividad principal (dado que «cada hombre es Dios»). El conjunto de los ritos satánicos se presenta como una serie de psicodramas, cuyo fin es liberar a los adeptos del patrimonio inconsciente que traen, por su precedente adhesión religiosa al cristianismo en general, y en particular a la religión católica (cf. The Satanic Rituals, Avon, Nueva York 1972). Las profanaciones blasfemas de los ritos cristianos se realizan, generalmente, en el contexto de una ritualidad que prevé tanto acciones de tipo heterosexual como de tipo homosexual, respecto de las cuales La Vey afirma cándidamente que la gratificación sexual es sin duda agradable, pero que no debería buscarse «por sí misma». No obstante la reiteración insistente de La Vey acerca del carácter psicodramático de estos rituales, permanece una ambigüedad típicamente satanista: por un lado se afirma la no creencia en Dios ni en Jesucristo ni en la Iglesia ni en los sacramentos y su valor salvífico; pero, por otro, se dirige directamente a Dios (para afirmar que no existe), a Jesucristo (para ofenderlo), y con frecuencia usa hostias consagradas para profanarlas durante los rituales. De tal modo se manifiestan todas las contradicciones de esta «fe rebelde» en la cual la negación de Dios se puede considerar, simplemente, como una forma concreta del odio satanista contra Dios y no viceversa.
Motivaciones subjetivas de quien se acerca al mundo del satanismo
Del análisis de los elementos antropológicos expuestos se deduce con claridad que el elemento central de la identidad del satanismo es la exaltación absoluta de sí mismo, unida a una rebelión radican contra lo divino en general y contra el Dios de la Biblia en particular; y todo esto con un relevante componente de rechazo de toda norma ética comúnmente aceptada. La referencia al horizonte bíblico es ineludible, y la vivencia interior de los satanistas no puede entenderse si no es a partir de una relación fuertemente conflictiva con el Dios de la tradición judío-cristiana.
Tratemos de imaginar los posibles resultados de una crisis de fe mal resuelta, y supongamos, por hipótesis, que el motivo principal de tal crisis está vinculado a la incapacidad de aceptar tanto la experiencia del mal físico como el vivir serenamente la relación con las normas morales que señalan los pasos característicos del camino cristiano hacia Dios. Se trata de una situación por desgracia frecuente, aunque por lo general –afortunadamente- no culmina en la adhesión a prácticas satanistas; pero puede ser un punto de partida para entender la mentalidad de cuantos llegan a ese resultado extremo. El dato primario de nuestra reflexión es que, generalmente, una situación de crisis interior no permanece definitivamente en una fase aguda, sino que tiende de algún modo a estabilizarse, por lo cual podemos examinar diversas hipótesis teóricamente posibles para llegar a la que nos interesa.
Una primera hipótesis de salida de la crisis de fe –como venimos hablando- es la de una conversión más plena a Cristo, aceptando su «yugo suave» y pidiéndole perdón por haberlo abandonado temporalmente. Una segunda hipótesis es que el hombre salga de la situación de tribulación interior negándose hasta a pensar en aquel Dios (ateísmo teórico y práctico) que, si existiese, sería, por una parte, responsable de un mundo en el cual hay espacio para el sufrimiento; y, por otra, fuente de las normas éticas que parecen traer tanta desazón. La tercera hipótesis se puede configurar como el así llamado «creer a su manera» en un dios esculpido por uno mismo, forjado para el propio uso y consumo, de tal modo que consienta aquello que se quiere que él consienta y prohiba sólo aquello que se está dispuesto a dejarse prohibir; un dios con el cual se pueda hablar, si se quiere, pero como se quiera y cuando se quiera; en todo caso un dios diverso de aquel que anuncia la Iglesia (esto se puede hacer individualmente o afiliándose a una de las numerosas sectas que ofrecen una especie de supermercado de lo sagrado). La última hipótesis es la propiamente satanista: el resultado último de la crisis religiosa de la cual tratamos no es ni una conversión ni una forma de ateísmo o agnosticismo más o menos explícitos, sino una rebelión radical contra el Dios de la Biblia, sea que se traduzca en una explícita adoración de Satanás, considerado como un ser personal, o que se reduzca a su invocación o evocación para obtener beneficios, o también que se limite a un uso más o menos simbólico de doctrinas y ritos satánicos para liberarse de residuos de la propia fe o incluso de la propia cultura cristiana.
El acto de fe del satanista es un «acto de fe al revés», en el cual expresa su propia fe en esta fuerza cósmica, disolvente y destructiva, de la cual el hombre es, a la vez, dueño y esclavo. La frustración humana de quien no logra realizarse en el contexto de una sociedad que aspira a basarse sobre el orden y la justicia (valores en plena sintonía con la mentalidad judío-cristiana), corre el riesgo de explotar de modos descontrolados y extremos; a los espíritus frustrados o a cuantos sufren de alguna forma de egolatría aguda, el satanismo parece ofrecerles una alternativa u oportunidad por medio de una burlesca inversión de la religión dominante, con la cual se identifica la fuente de la propia infelicidad; para esto se apela al adversario de Dios, dado que el Dios de la fe no parece garantizar la felicidad terrena a la cual se aspira, al menos en los modos y tiempos en los cuales se la querría realizar.
En este contexto se entiende bien el deseo de adquirir un poder más o menos absoluto sobre sí mismo, sobre los otros hombres y sobre las cosas; por esto el satanismo implica la creencia en una cierta forma de magia ritual, que permite hacer propicias las fuerzas ocultas, sea identificándolas lineal y directamente con el Satanás de la Biblia, o bien imaginándolas de una manera más difuminada, impersonal, pero de todos modos relacionado con el lado oscuro del cosmos y de la vida, o solamente con las fuerzas cósmicas y vitales, en cuanto contrapuesta a una visión ordenada y solar (que en el horizonte judío-cristiano es representada por Dios, Creador del cielo y de la tierra). Como conclusión, queremos hacer algunas observaciones críticas ya sea a toda forma de sensacionalismo, típico sobre todo de los medios de comunicación (que a veces usa el diablo y el satanismo mencionándolos, con acierto o sin él, solamente para poder aumentar los propios índices de audiencia), sea también a aquellos autores que circunscriben excesivamente sus confines fenomenológicos, de tal modo que exigen –para hablar de satanismo en sentido estricto- encontrar una veneración explícita de Satanás, entendido como el adversario del Dios de la Biblia, más aún, excluyendo del número de los satanistas a aquellos que invocan a Satanás para servirse de él en vez de para servirle. Es claro que, considerado en estos términos, de hecho el satanismo no existiría, o casi no existiría, ni se podrían llamar legítimamente satanistas ciertos fundadores de sectas que se autodenominan satánicas; pero, sobre todo, no se ve el motivo de toda esta preocupación por tratar de retirar la acusación de satanismo a muchos de aquellos que, a propósito, no se refieren a Satanás de modo directo y explícito. El sensacionalismo de los medios de comunicación y la actitud de quienes ven diablos por todas partes, también crean, por lo demás, una confusión inútil en el ánimo de las personas, e impiden evaluar el fenómeno del satanismo como lo que fundamentalmente es: un ejemplo extremo de cómo personas con gran carencia de valores religiosos y humanos, pueden llegar a servirse de una especie de contacto (real, presunto, o tal vez sólo imaginario) con el príncipe de las tinieblas, para exaltar el propio yo y proclamarse señores absolutos del bien y del mal.
A nuestro parecer, la rebelión radical de la que hemos hablado se puede considerar, en términos antropológicos, como un elemento suficientemente significativo que es común a las diferentes formas de satanismo, ya sea que tal rebelión se traduzca en una adoración o veneración explícita de Satanás para servirle, sea que se limite a servirse de él para los fines terrenos que el Satanás bíblico propone a los hombres como fin último de su existencia; sea que se lo use como un símbolo en una especie de psicodrama que busca consumar una rebelión total contra el Dios de la Biblia con la ilusión de poder disfrutar mejor de los bienes terrenos.
Por otra parte, podríamos razonablemente admitir por hipótesis una suerte de proporcionalidad inversa entre la fe explícita en Satanás entendido como persona y el grado de publicidad que una secta satánica está dispuesta a hacer: no hay que asombrarse de que exponentes de un satanismo lúdico o racionalista publiquen libros y opúsculos, aparezcan en televisión…, es decir, de que hagan una notable publicidad (admitiendo que la publicidad diga toda la verdad y que no sea simplemente el aspecto público de un satanismo que, en la complaciente oscuridad de lo privado, asuma también formas de búsqueda de un contacto más real con el príncipe del mal); por el contrario, no es difícil suponer que grupos más explícitamente dedicados a verdaderas invocaciones satánicas, prefieran las tinieblas a la luz y la oscuridad a los reflectores.
De todos modos, el análisis del satanismo al que se da publicidad (más accesible a los estudiosos por la mayor disponibilidad de las fuentes) es interesante también para entender el más oculto; porque los textos publicados sugestionan e influyen también a los que usarán tales textos, dándoles un significado de algún modo diferente del declarado por los autores. Y hasta podemos ver cierta continuidad ideal entre la rebelión radical contra el Dios de la Biblia, y el deseo rebelde de no querer reconocer a este Dios ni siquiera una deuda conceptual por el hecho de que la Escritura es la única fuente de conocimiento que permite hablar de Satanás, el cual es descrito en ella como el adversario de Dios; el satanista puede decidir también el rebelarse en relación con esta deuda y proclamar la total autarquía de su propia visión respecto de la bíblica, aunque continúe alimentando el propio credo y los propios ritos con elementos que de hecho han sido tomados de la fe cristiana.
Desde otro punto de vista, nos parece difícil incluso el admitir por hipótesis que para un hombre sea posible una plena y total sustitución de Dios con Satanás, como objeto de la adoración que está prescrita en el primer mandamiento; porque, como precisa santo Tomás (cf. Summa Theologiae, I-II, q. 78, art. 1), quien elige el mal no lo elige jamás «en sí mismo» y «en cuanto» mal; sino siempre porque ve en ese objeto (de forma errónea o pecaminosa) cierta apariencia de bien (aunque se trate de un bien engañoso, envilecido, materializado…); esto nos lleva a pensar que incluso la adoración a Satanás, considerado en sentido personal, nunca es –de hecho y más allá de declaraciones más o menos sinceras– una adoración pura, casi como una especie de contemplación de la maldad de Satanás en cuanto tal. Pero podemos pensar en una suerte de perversa veneración del demonio porque de él se espera obtener beneficios, o porque se lo asume como modelo de una rebelión contra Dios, que el satanista quiere realizar. Por tanto, este deseo de rebelión es el verdadero motor subjetivo de esa actitud propia de las varias formas de satanismo: sea que se quiera concebir a Satanás como persona real (el ser espiritual pervertido y pervertidor de la fe cristiana), sea que se lo entienda como una realidad impersonal, con connotaciones (materia y energía) que lo oponen a la concepción cristiana de Dios; o que simplemente se lo tome como pretexto para crear un signo conscientemente anticristiano de la exaltación de sí mismo. El verdadero objeto de adoración del hombre que se dedica a prácticas satánicas sigue siendo siempre su «yo», con el deseo desordenado de construirse una felicidad totalmente terrena, sin recurrir a la ayuda de Dios, contando sólo con las propias fuerzas naturales o, en todo caso, con las de quien eventualmente está dispuesto a hacerse cómplice de un proyecto que es humanamente desolado y cristianamente perverso.
Por Andrea PORCARELLI
Director responsable de la revista «Religioni e sette nel mondo». Profesor de filosofía y ciencia de las religiones en el «Studio Filosofico Domenicano» de Bolonia, afiliado a la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino de Roma.

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http://www.conoze.com/doc.php?doc=8388

Aparece el “Jesucristo de la era digital”

Aparece el “Jesucristo de la era digital”
Este nuevo Jesucristo vive lejos de la Tierra Santa, suele aparecer en programas de televisión y comunicarse con sus seguidores por Twitter y YouTube (más efectivos que los sermones en la montaña), conduce su propio coche (más cómodo que un burro) y los fines de semana se concede algunas cervezas (más refrescantes que el tradicional vino).
Brasil | Viernes 15 de Abril, 2011 | Por Isidro Cadena|

(NoticiaCristiana.com).


A primera vista se trata de la versión en carne y hueso del Jesucristo típico de las pinturas religiosas: tiene barba larga, viste una túnica blanca, camina descalzo, lleva en la cabeza una corona de espinas, anda acompañado de unos cuantos discípulos y predica uniendo las manos en oración. Las semejanzas, sin embargo, se acaban ahí.
Dos milenios después de los episodios narrados por la Biblia, este nuevo Jesucristo vive lejos de la Tierra Santa, suele aparecer en programas de televisión y comunicarse con sus seguidores por Twitter y YouTube (más efectivos que los sermones en la montaña), conduce su propio coche (más cómodo que un burro) y los fines de semana se concede algunas cervezas (más refrescantes que el tradicional vino).

Este excéntrico señor de 62 años asegura ser la reencarnación de Jesucristo y es un viejo conocido de los brasileños. Saltó a la fama hace unos 10 años, cuando obtuvo en los tribunales el derecho a cambiar su antiguo nombre, Iuri Thais, por el de INRI Cristo, en referencia a las siglas que aparecen en la cruz y significan Jesús Nazareno Rey de los Judíos.
Bebé adoptado
INRI Cristo, nació en un pueblo del sur de Brasil y fue adoptado de bebé por una familia católica. En la adolescencia trabajó como verdulero, panadero y camarero. A los 21 años abandonó su familia para viajar por Latinoamérica y predicar sobre la segunda venida de Jesucristo.
Suele repetir que a los 31 años, durante un ayuno en Santiago de Chile, tuvo una revelación divina: él mismo era el hijo de Dios. “He vuelto porque hace 2.000 años prometí que volvería. Nadie está obligado a creerme”, explica.
Consciente de su identidad, pasó a disfrazarse de Jesucristo y fundó en Brasilia su propia secta, denominada Soust (Suprema Orden Universal de la Santísima Trinidad). Según su interpretación, la capital es la nueva Jerusalén descrita en la Apocalipsis.
Contra el Vaticano
En sus prédicas critica a la Iglesia Católica, defiende la legalización del aborto y el uso del condón, y dice que el diezmo es un “chantaje”. Aunque no sabe decir la fecha, asegura que el fin del mundo se acerca.
Quizá por eso es difícil encontrar a alguien que se lo tome en serio. En televisión lo llevaron a una piscina para que caminara sobre el agua, pero salió de allí con la barba y la túnica empapadas. Tampoco tuvo suerte cuando le llevaron a un parque de atracciones para que rezara el Padre Nuestro montado en una montaña rusa.
‘Necesito sufrir’
Pero las humillaciones no parecen molestarle. Todo lo contrario, puesto que en su página web (inricristo.org.br) cuelga incluso sus participaciones televisivas más vergonzantes. “Antes de la gloria necesito sufrir y ser rechazado por mis contemporáneos. La crucifixión moderna se da por los medios de comunicación”, asevera.
En programas de entrevistas, trata de explicar también por qué Jesucristo volvió a nacer en Brasil, por qué habla con un extraño acento extranjero, por qué las espinas de su corona están clavadas hacia afuera y por qué esta vez no tendrá que morir en la cruz.
Prácticamente una celebridad, INRI Cristo figura incluso en los programas del corazón. Hace poco se vio obligado a recurrir a sus páginas en Twitter y YouTube para desmentir la noticia de que había muerto. “Hijos míos, sólo es un rumor. En realidad, morí hace 2.000 años y ya resucité”, dijo, sentado bajo una placa en la que se leía “Rey de Reyes”. Luego miró hacia al cielo pidiendo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
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¿Qué es la Semana de la Pasión / la Semana Santa?

Pregunta: “¿Qué es la Semana de la Pasión / la Semana Santa?”

Respuesta: La Semana de la Pasión (también conocida como la Semana Santa) es el tiempo desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua (el Domingo de Resurrección). La Semana de la Pasión se llama así debido a la pasión con la que Jesús voluntariamente fue a la cruz para pagar por los pecados de su pueblo. La Semana de la Pasión se describe en los capítulos 21-27 de Mateo, los capítulos 11-15 de Marcos, los capítulos 19-23 de Lucas, y los capítulos 12-19 Juan. La Semana Santa comienza con la entrada triunfal del Domingo de Ramos cabalgando sobre un asno como fue profetizado en Zacarías 9:9.

La Semana de la Pasión incluye varios eventos memorables. Jesús purificó el templo por segunda vez (Lucas 19:45-46), y disputó con los fariseos en cuanto a Su autoridad. Luego, Jesús entregó su Discurso de los Olivos sobre los últimos tiempos y enseñó muchas cosas, incluyendo las señales de Su segunda venida. Jesús comió la Última Cena con sus discípulos en el aposento alto (Lucas 22:7-38), y luego se fue al huerto de Getsemaní para orar mientras esperaba la llegada de Su Hora. Fue aquí que Jesús, después de haber sido traicionado por Judas, fue arrestado y sometido a varios juicios farsas ante los principales sacerdotes, Poncio Pilato, y Herodes (Lucas 22:54-23:25).

Tras de los juicios, Jesús fue azotado a manos de los soldados romanos, y luego, se vio obligado a llevar su propio instrumento de ejecución (la Cruz) a través de las calles de Jerusalén a lo largo de lo que se conoce como la Vía Dolorosa (el camino de los dolores). Jesús fue crucificado en el Gólgota el día antes del día de reposo, fue sepultado y permaneció en la tumba hasta el domingo, el día después del día de reposo, y luego resucitó gloriosamente.

Es conocida como la Semana de la Pasión (Semana Santa) porque en ese tiempo, Jesucristo verdaderamente reveló Su pasión por nosotros en lo que sufrió voluntariamente en nuestro lugar. ¿Cuál debe ser nuestra actitud durante la Semana Santa? ¡Debemos ser apasionados de nuestra adoración de Jesús y en nuestra proclamación de su Evangelio!

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http://www.GotQuestions.org/Espanol

Respuesta: La Semana de la Pasión (también conocida como la Semana Santa) es el tiempo desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua (el Domingo de Resurrección). La Semana de la Pasión se llama así debido a la pasión con la que Jesús voluntariamente fue a la cruz para pagar por los pecados de su pueblo. La Semana de la Pasión se describe en los capítulos 21-27 de Mateo, los capítulos 11-15 de Marcos, los capítulos 19-23 de Lucas, y los capítulos 12-19 Juan. La Semana Santa comienza con la entrada triunfal del Domingo de Ramos cabalgando sobre un asno como fue profetizado en Zacarías 9:9.

La Semana de la Pasión incluye varios eventos memorables. Jesús purificó el templo por segunda vez (Lucas 19:45-46), y disputó con los fariseos en cuanto a Su autoridad. Luego, Jesús entregó su Discurso de los Olivos sobre los últimos tiempos y enseñó muchas cosas, incluyendo las señales de Su segunda venida. Jesús comió la Última Cena con sus discípulos en el aposento alto (Lucas 22:7-38), y luego se fue al huerto de Getsemaní para orar mientras esperaba la llegada de Su Hora. Fue aquí que Jesús, después de haber sido traicionado por Judas, fue arrestado y sometido a varios juicios farsas ante los principales sacerdotes, Poncio Pilato, y Herodes (Lucas 22:54-23:25).

Tras de los juicios, Jesús fue azotado a manos de los soldados romanos, y luego, se vio obligado a llevar su propio instrumento de ejecución (la Cruz) a través de las calles de Jerusalén a lo largo de lo que se conoce como la Vía Dolorosa (el camino de los dolores). Jesús fue crucificado en el Gólgota el día antes del día de reposo, fue sepultado y permaneció en la tumba hasta el domingo, el día después del día de reposo, y luego resucitó gloriosamente.

Es conocida como la Semana de la Pasión (Semana Santa) porque en ese tiempo, Jesucristo verdaderamente reveló Su pasión por nosotros en lo que sufrió voluntariamente en nuestro lugar. ¿Cuál debe ser nuestra actitud durante la Semana Santa? ¡Debemos ser apasionados de nuestra adoración de Jesús y en nuestra proclamación de su Evangelio!

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Eugenesia: ¿existen las razas?

Antonio Cruz Suárez
Eugenesia: ¿existen las razas?
Eugenesia (VII)


Durante mucho tiempo los antropólogos mantuvieron la hipótesis de que a los seres humanos se les podía clasificar básicamente en tres razas: blanca, negra y amarilla.
3 de abril de 2011
El color de la piel, los rasgos faciales, el aspecto de los cabellos o la forma de la nariz eran algunos de los caracteres morfológicos que permitían dividir a las personas en subespecies o razas distintas.

La clasificación propuesta en 1944 por el director del Museo del Hombre, Henri V. Vallois aumentaba ligeramente este número. Según su clasificación habría cuatro grupos raciales: australoide, negroide, europoide y mongoloide. También era esta la opinión del famoso genético evolucionista Theodosius Dobzhansky, quien en 1962 escribía que: “las razas son un tema de estudio científico y de análisis simplemente porque constituyen un hecho de la naturaleza” (Gould, S.J., Desde Darwin, Hermann Blume, Madrid, 1983: 258).

Hasta aquella época la mayoría de los científicos veían las razas humanas como algo evidente en sí mismo. No obstante, en 1964 once autores se empezaron a cuestionar la validez de este concepto de raza humana en el libro The concept of race editado por Ashley Montagu.

Actualmente la mayoría de los investigadores considera que la existencia de razas distintas entre las personas, a pesar de las apariencias, no es algo evidente en absoluto. Lo que resulta evidente es la variabilidad geográfica y no las razas.

Es verdad que hay una gran diversidad humana por lo que respecta al grado de pigmentación de la piel, la estatura, la forma de la cabeza, el pelo, los labios o los ojos, pero esta gran variedad no se delimita a grupos geográficos distintos, sino que se da en casi todas las poblaciones. El color de la piel, por ejemplo, presenta una variación tan grande, no sólo entre grupos sino también dentro de cada grupo, que resulta imposible utilizarlo como criterio para establecer una clasificación racial. Como escribe Albert Jacquard:

“El laboratorio de genética biológica de la Universidad de Ginebra ha demostrado que podemos pasar de manera continua de una población muy oscura, como los saras de Chad, a una población clara, como los belgas, mediando tan sólo dos poblaciones: los bushmen y los chaoias de Argelia. Existe un gran número de chaoias que son de piel más clara que muchos belgas, y también hay gran cantidad de chaoias más oscuros que muchos bushmen. La dispersión de esta característica proviene tanto de las diferencias entre individuos de un mismo grupo como de las que existen entre la media de los grupos” (Jacquard, A., Los hombres y sus genes, Debate , Madrid, 1996: 84).

Pero ¿por qué fijarse sólo en el color de la piel? Si las poblaciones humanas presentan variaciones para unos veinticinco mil pares de genes, según se cree ¿por qué tener en cuenta sólo los cuatro pares que determinan el grado de pigmentación cutáneo?

¿No sería más lógico estudiar también aquellos genes que controlan otras características como, por ejemplo, los grupos sanguíneos, el factor Rh, la hemoglobina o ciertas proteínas enzimáticas? Esto es precisamente lo que se ha hecho y el resultado ha sido la constatación de que la distribución mundial de las frecuencias con que aparecen tales caracteres no presenta ninguna coherencia geográfica.Se ha descubierto que a nivel de los genes que controlan los grupos sanguíneos ABO, un europeo puede ser muy diferente de su vecino que vive en la casa de al lado y, sin embargo, muy parecido a un africano de Kenia o a un mongol de Ulan Bator, tomados al azar.

La unidad de la especie humana es mucho más profunda de lo que hasta ahora se pensaba y el color de la piel se muestra insuficiente para justificar una clasificación racial.

Esto provocó, a partir de mediados de los 60, que el concepto de “raza” fuera sustituido por el de “población” o “grupo étnico”.

Por lo tanto, no hay “razas superiores” ni “razas inferiores”, como postulaba el eugenismo, porque tampoco existen genes raciales puros. No hay variantes genéticas propias o exclusivas de una determinada etnia que estén completamente ausentes en las demás. De ahí que resulte imposible desde el punto de vista genético clasificar razas.

Los antropólogos consideran que esta inexistencia de razas en las especie humana se debe probablemente a los importantes flujos migratorios. El mestizaje que ha caracterizado siempre a las poblaciones humanas a lo largo de la historia habría impedido el aislamiento genético y por tanto, la aparición de verdaderas razas.
Autores: Antonio Cruz Suárez
© Protestante Digital 2011

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