Es la Fe una Justicia?

Las preguntas a las que quiero una respuesta son la siguientes: Es la fe en Jesucristo un producto humano? Y si lo es, podría considerarse una justicia, es decir, como algo bueno que hace el hombre?

Porqué quiero responder esto? Sencillamente porque existen algunos creyentes que afirman que es el hombre quien produce la fe en Jesucristo, la cual es producida debido a que el hombre en su libre albedrío tiene la capacidad de hacer cosas buenas y malas, y es por medio de esa fe por la cual Dios los hace parte de Su pueblo. Es decir, Dios elige a quienes lo eligieron a Él primero, habiendo producido por ellos mismos la fe para creer en Jesucristo. Es evidente que aquellos que creen esto, están negando e ignorando la verdad revelada en la Biblia con respecto a la salvación de los pecadores.

El problema con esta creencia-la cual abunda en el evangelicalismo contemporáneo-es que hace que la salvación dependa del hombre y de su capacidad de elegir el bien o el mal. El hombre, afirman muchos, es capaz de hacer cosas buenas y cosas malas. Puede creer en Jesucristo o puede rechazarle. Esa es la posición que han adoptado con el fin de defender su humanismo, es decir, la “supuesta” libertad del hombre.

Entonces, si alguien afirma que la fe es un producto humano por el cual él ha decidido creer en Cristo, no podríamos concluir que esa fe se puede contar como una justicia? No podríamos decir que esa fe es algo bueno hecho por el hombre?

Pero, noten como esta afirmación niega las enseñanzas bíblicas. Por ejemplo, en el pasaje que quiero discutir hoy, Pablo le escribe a Tito lo siguiente,

4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Tito 3: 4-7

Si la fe es el producto humano, debe entonces serle contada a un pecador como una justicia. Pero, no dice Pablo claramente que fue Dios quien nos salvó, “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por Su misericordia?” Cómo puede ser posible que la fe sea el producto humano y a la vez que ésta no le sea contada como meritoria (noten que el obrar justicia implica que se le debe un pago a quien así haga) para su salvación. Suena un poco contradictorio.

Es decir, si un pecador produce fe en Jesucristo y es así como Dios lo injerta en Su pueblo y lo adopta como Su hijo, no contradice esto lo que Pablo le escribe a Tito con respecto a su salvación? O será quizás que sólo Pablo y Tito fueron salvos de esa manera?

La verdad que el apóstol le escribe a su hijo en la fe es que Dios no miró las “supuestas” cosas buenas que pudiera hacer un hombre, incluyendo-de ser posible-su fe; sino que cuando Dios decide salvar a un pecador, lo hace por pura misericordia, o por pura gracia, es decir, que la salvación es un favor inmerecido que Dios le da a un rebelde.

Dios no le debía nada a nadie. No era necesario salvar a nadie, pues todos los hombres habían transgredido Su Ley y por lo tanto merecían ir al infierno. Sin embargo, por el puro afecto de Su voluntad, derramó Su gracia sobre ciertos pecadores para otorgarles la salvación y libertarlos del pecado. Cómo? Pablo dice que ocurre por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

Y a qué se refiere con la regeneración? Regenerar quiere decir engendrar de nuevo, o hacer nacer de nuevo a alguien. En otras palabras, regenerar habla del nuevo nacimiento (Juan 3). Y cómo es que ocurre esta regeneración? Ocurre cuando Dios en su soberanía decide tomar a un pecador, otorgarle el arrepentimiento; darle el regalo de la fe para creer en Su Hijo; quitarle el corazón de piedra y poner dentro de él uno de carne; poner en él al Espíritu Santo para su santificación y futura glorificación. Es así como un pecador es hecho un hijo de Dios, un creyente, o un nacido de nuevo. Antes ese pecador estaba muerto espiritualmente, pero por la maravillosa obra de Dios en su corazón, ahora tiene vida espiritual (Leer Jeremías 31: 31-34; Ezequiel 36: 22-32; Juan 3: 1-10; Efesios 2: 1-5).

La verdad bíblica es que la fe es un don de Dios así como la salvación de un pecador (Efesios 2: 8-10). Y es por esa realidad por la cual la fe de un hombre no le es contada como una justicia, precisamente porque no nace de él, sino que es un regalo dado por Dios a un pecador al que le ha dado un corazón de carne capaz de actuar positivamente a esa fe que le ha sido dada.

Ni la fe ni el arrepentimiento son afirmados en la Biblia como el producto humano, sino que se dice que son un regalo de Dios al pecador al cual Él ha decidido salvar. Es por ello que la Escritura afirma que la salvación es de Jehová…exclusivamente suya. Soli Deo Gloria!

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MUERTE DE DIOS


MUERTE DE DIOS
DC


SUMARIO: I. Muerte de Dios y ateísmo moderno.—II. Muerte de Dios, muerte del teísmo.—III. Muerte de Dios y Dios trinitatio.
No es casualidad que la noticia de la muerte de Dios” que Nietzsche lanzara al viento al terminar el siglo XIX haya acontecido en la vieja Europa, bañada en el cristianismo. El Dios cristiano sabe, en efecto, lo que es la muerte, más aún, es un Dios que, justamente por ser Dios, permite que los hombres “lo arrojen de la vida”, como vio lúcidamente D. Bonhoeffer. Esta “diferencia del Dios cristiano da a aquella noticia su significado y alcance más profundos.


I. Muerte de Dios y ateísmo moderno

La expresión muerte de Dios tuvo, en efecto, su primer hogar en la teología cristiana, pero Hegel la elevó a categoría filosófica para significar la ausencia de Dios, el sentimiento básicamente ateo de la Modernidad. La subjetividad moderna se ha emancipado de la tutela religiosa y se ha afirmado, bajo el influjo de la religión de los nuevos tiempos, el protestantismo, autónoma y autosuficiente. En cuanto tal, ha perdido a Dios del horizonte, de la objetividad, lo ha tenido que perder para ser ella misma. Aunque sufre el dolor de su ausencia, no puede no querer esta ausencia y vive así en permanente desgarro, entre la afirmación de lo finito y la nostalgia del Infinito.

Para Hegel, esta experiencia histórica de la ausencia de Dios —del Dios cristiano— en la Modernidad es una experiencia en principio positiva, incluso necesaria como momento de verdad para un estadio ulterior del Espíritu. La ausencia de Dios, el ateísmo del “viernes santo especulativo es un paso obligado, aunque ciertamente doloroso, para la “resurrección de una nueva figura del Espíritu. La muerte de Dios adquiere entonces pleno sentido, como veremos más adelante.

Muy otra es la experiencia de la que Nietzsche se hizo portador al proclamar la buena-mala noticia de la “muerte de Dios. También fue para él “el más importante de los últimos acontecimientos”, pero su significación ya no era el obligado paso del viernes santo especulativo”, sino la definitiva pérdida de Dios en la historia moderna. Nietzsche piensa, como Hegel, en el Dios cristiano, pero en realidad es, como bien interpretó Heidegger, el Dios que, fusionado con la razón griega y transformado en poder, ha servido de pivote y fundamento de la metafísica y de la cultura occidental. Podría afirmarse por eso que la muerte de este Dios también era una experiencia positiva, un paso obligado para una etapa superior del Espíritu, y así la celebró Nietzsche asumiendo sus consecuencias. Sólo que ese paso no conducía a una nueva, más auténtica, experiencia e imagen de Dios, sino, como se ha dicho, a su completa ausencia. La denominada “teología radical de la muerte de Dios” tuvo la honradez y la valentía de tomarse en serio las “sombras” que la buena-mala noticia con la que Nietzsche se adelantó a su tiempo había ya extendido sobre Europa. Pero en este loable intento terminaron, también ellos, quedándose sin Dios. Así, en concreto, W. Hamilton, que considera al teólogo radical “un hombre sin Dios que no anticipa su vuelta”, aunque la espera pacientemente en su ausencia; Th. Altizer, que, apurando a Hegel, introduce a Dios de tal modo en la inmanencia que termina reduciéndolo a ella; y, sobre todo, Van Buren, quien no sólo proclama la muerte de Dios, sino el sinsentido de su mismo planteamiento’, cediendo a la fascinación de la razón positivista-instrumental, al “mito de lo que existe”, del caso (Horkheimer-Adorno). Seguir reivindicando el derecho a hacer teología sin Dios, como lo hicieron, era una empresa poco seria que sólo podía interesar a los estetas o, peor aún, a los comerciantes de modas.


II. Muerte de Dios, muerte del teísmo

La teología menos radical de la “muerte de Dios”, como la de G. Vahanian’ y la del obispo J. Robinson”, fue más consciente de las raíces cristianas de ese acontecimiento y su objetivo se cifró, en línea con la teología de sus mentores, F. Gogarten y D. Bonhoeffer, en superar el teísmo tradicional y el cristianismo convencional y en lograr una más genuina experiencia cristiana de Dios, un cristianismo iconoclasta” y “profético”, que diría Vahanian’°, capaz de servir al mundo sin pactar con él.

Fue, sin embargo, D. Bonhoeffer, como ya insinué, el que desarrolló la reflexión y las propuestas más serias en este sentido. Bonhoeffer se toma absolutamente en serio la muerte de Dios en la Modernidad como un verdadero “kairós” (Tillich) para reganar la genuina experiencia e imagen del Dios cristiano. La experiencia moderna de la ausencia de Dios en el mundo, del “etsi Deus non daretur”(H. Grotius), no es, según él, una experiencia de ateísmo, sino una experiencia del Dios cristiano que no sólo no compite con el hombre, sino que “nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo ‘Dios’, el Dios que, estando con nosotros, nos abandona (Mc 15,34).

Para Bonhoeffer, es la experiencia del genuino Dios cristiano que, a diferencia de los ídolos y también del Dios-poder del teísmo y de los filósofos, es un Dios débil que “se deja colgar por el mundo en una cruz”, se deja echar fuera del mundo y así sostiene al mundo, sufre con él y lo salva. “Dios se deja colgar por el mundo en una cruz; Dios está sin poder y débil en el mundo, y precisamente así y sólo así está entre nosotros. La ausencia de Dios en el mundo moderno, emancipado, puede ser por eso la gran oportunidad de descubrir el rostro del Dios de Jesús, que está ausente como poder pero presente como debilidad y amor, como lo que realmente es, y madurar así una fe purificada de falsa religión que rebaje a Dios a un “Deus ex machina”, una fe desnuda y gratuita que hace experiencia de Dios en la Cruz de Jesús. De aquí la necesidad, para Bonhoeffer, de una interpretación mundana,no-religiosa, del cristianismo. Pero ésta no significa en él ceder a la fascinación de la inmanencia, como sucedió en sus epígonos, los teólogos radicales de la “muerte de Dios”, sino más bien reconocer y hacerse cargo de la verdadera divinidad de Dios. Sólo una fe que se corresponda con esta divinidad será, según Bonhoeffer, capaz de afrontar con dignidad y de responder al desafio del ateísmo moderno”.


III. Muerte de Dios y Dios trinitario

Bonhoeffer supo captar con sorprendente lucidez el alcance de este desafío para la fe en el Dios cristiano. No fue mera casualidad que este descubrimiento lo hiciera en la cárcel, es decir, en la debilidad y el sufrimiento. Era justamente el lugar preferencial de acceso a la divinidad del Dios de Jesús. Y era también el lugar más ateo de este mundo moderno. Su ejecución y muerte cortaron su reflexión, la dejaron en fragmento. De otro modo, tal vez la hubiera llevado hasta el ser mismo de Dios y habría explicitado y desarrollado una teología trinitaria como respuesta a aquel desafío.

Antes que él, ya Hegel había abierto este camino pensando hasta el final las consecuencias de la muerte de Dios para el ser mismo de Dios, pensando la muerte de Dios como momento de verdad en Dios mismo, en la Idea suprema, en el Absoluto. La negación dolorosa, la muerte, pertenece a la historia misma de Dios, porque Dios es Espíritu que se despliega en lo otro de sí y retorna sobre sí plenamente pasando por lo otro. La muerte de Dios” no conduce al ateísmo, sino al Dios Trinitario. La teología de la Cruz y la doctrina de la Trinidad se fundamentan y complementan mutuamente. La reconciliación en Cristo, en la que creímos, —afirma— no tiene sentido si no se tiene conciencia de que Dios es trino’.

Esta filosofía del Crucificado en cuanto doctrina del Dios trino constituye un hito en la historia del pensamiento filosófico y teológico cristiano. Pero es una filosofía que pretende, a la vez, agotar todo el contenido de la teología; con lo cual abrió también el camino para la disolución del cristianismo, y en concreto de la idea de Dios, en pura proyección humana, como sucedió en la filosofía de Feuerbach, abocando en la “muerte de Dios del ateísmo, de cuya noticia Nietzsche se hizo eco y portador.

En la línea abierta por Bonhoeffer han sido sobre todo teólogos protestantes, como J. Moltmann o D. Sólle, quienes han desarrollado una teología trinitaria de la muerte de Dios en la Cruz de Jesús como respuesta al ateísmo del mundo moderno. La teología católica ha entrado tarde en el debate, porque tarde ha afrontado el desafío de la subjetividad moderna. Pero al entrar ha llevado el debate al terreno de la praxis, donde se decide el sentido o sinsentido del discurso de la muerte de Dios y donde el Dios cristiano se muestra como Dios de Vida y como comunidad trinitaria de amor. La teología latinoamericana de la Liberación, en efecto, ha abordado el desafio ateo de la Modernidad desde el reverso de ésta, desde el mundo de las víctimas, y allí la “muerte de Dios” se experimenta sobre todo en la muerte real de los pobres que producen los ídolos del mundo verdaderamente ateo, porque injusto e inhumano. Y esa experiencia ha conducido también a un replanteamiento del discurso sobre Dios, pero no tanto en un despliegue teórico, aunque también, sino sobre todo en cuanto discurso práctico, en cuanto praxis de liberación, de vida y de fraternidad, de las comunidadés que confiesan al Dios de Vida y Amor, al Dios trinitario. Esta es la respuesta más radical de la teología cristiana, más radical que la de la denominada teología radical, al desafio de la “muerte de Dios” en la Modernidad.

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Juan José Sánchez

Albert Camus

4-01-2010

Albert Camus

Un cuatro de enero de 1960, Albert Camus, moría en un accidente de coche con el sobrino de su editor, Michel Gallimard. Aparece ahora en español un documento inédito que narra el acercamiento a Cristo del Nobel francés, considerado como una referencia del existencialismo.

Religión en Libertad,04/01/2010 – Soy un hombre desilusionado y exhausto. He perdido la fe, he perdido la esperanza. (…). Es imposible vivir una vida sin sentido”. Eso decía Albert Camus, hace ya 50 años, en París, al reverendo Howard Mumma, con quién entabló una profunda amistad. El nobel francés añoraba una trascendencia que alejase al mundo del sinsentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras.

Conversaciones en busca de respuestas
¿El padre del existencialismo, un ateo irredente, quería ser cristiano? Así es. Mumma recogió esas conversaciones en un libro que ahora ve la luz en castellano: El existencialista hastiado (Vozdepapel), en dónde traslucen los extensos y profundos diálogos con Camus y Sartre, y muestra hasta qué punto un existencialista hastiado luchó por alcanzar una fe que le diese aquello que el mundo no le daba.

Camus tenía inquietudes religiosas
Editado por primera vez en castellano, el extraordinario testimonio de Mumma recoge extensos y profundos diálogos con Camus, y muestra hasta qué punto un existencialista hastiado luchó por alcanzar una fe que le diese aquello que el mundo no le daba.

“Soy un hombre desilusionado”
El relato de este proceso de inquietud por conocer la respuesta que ofrece la fe cristiana a los interrogantes más profundos del ser humano, nos desvela a un escritor derrotado por el éxito e insatisfecho por la imposibilidad de encontrar en la lucha política por la justicia una solución a los problemas del mundo. “Soy un hombre exhausto y desilusionado. Es imposible vivir sin sentido”.

Desconcertante en él buscar el sentido de la vida. Las conversaciones de Mumma vienen precedidas por un estudio de la obra literaria y filosófica de Albert Camus, en el que el profesor universitario José Ángel Agejas recorre las distintas etapas creativas del escritor.

¿Una respuesta al sentido de la vida?
Lo más interesante de este análisis es comprobar cómo Albert Camus se planteó siempre desde la honestidad intelectual que su obra literaria no era una respuesta a la cuestión del sentido de la vida, sino una reflexión en voz alta sobre la incapacidad del mundo para dar una respuesta satisfactoria.

Camus no se consideraba un existencialista
Camus sufrió siempre la incomprensión de quienes le consideraban un existencialista, etiqueta que él rechazó. Su obra no era una defensa del absurdo de la existencia, sino un testimonio de que el mundo sólo responde con el absurdo a la inquietud del corazón humano por encontrar el sentido.

“Voy a seguir luchando por alcanzar la fe”
Del ateísmo a la creencia. La despedida de Mumma y Camus concluyó con la fase más desconcertante del relato para quienes siguen viendo en el Nobel francés a un defensor del agnosticismo: “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!”.

http://www.eltestigofiel.org/informacion/noticias.php?idn=6401

(El existencialista hastiado. Howard Mumma. Edición de José Ángel Agejas. Vozdepapel).

LA OTRA CARA DE LA FE

LA OTRA CARA DE LA FE

Posted: 19 Nov 2009 10:01 PM PST

Casi siempre que se nos habla de Fe es citado Hebreos 11 el cual nos da una lista preciosa de los Héroes del Antiguo Testamento, pero casi nunca se menciona la otra cara e la fe, solo se nos dice la mitad las cosas que lograron o la manera que fueron rescatados o la forma que vencieron pero ahí no termina el capitulo, así que veamos la otra cara de la fe.

Hebreos 11:36-40
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.

Fueron apedreados, aserrados,
puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.


Esta es la otra cara de la fe que muchos no quieren ver!!

El tener fe va implicar también tener persecuciones, atropellos, injusticias, ataques, etc.

Solo que últimamente FE solo es ÉXITO sin saber que por fe también se sufre y que el creer en la misma palabra traerá persecución….

Tener fe no solo es tener el mejor carro, la mejor iglesia, tener, tener, tener, tener, la fe no se reduce en tener sino también en PADECER, por la fe muchos están padeciendo encarcelamientos injustos, despidos injustificados y otras tantas cosas por fe, por la fe que tienen en la palabra.

Mateo 13:21
pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.


La fe NO SOLO ES CONQUISTAR, no solo es ganar, por la fe también se pierden muchas cosas, muchos queridos y valientes hermanos en México por ejemplo en las montañas han perdió todas sus pertenencias por du FE.

¿Qué has perdido tú por la fe? Amigos, parientes, ¿qué has perdido?, los personajes de hebreos 11 no les importo sufrir por causa de la verdad, ¿qué hemos hecho nosotros querido lector hemos padecido por nuestra fe o por nuestra rebelión?

Dios bendiga sus vidas.

 

SOLO LA OPINION DE DIOS ES LA QUE CUENTA

 

 

La fe estimula el cerebro, incluso el de los ateos

Ciencia
La fe estimula el cerebro, incluso el de los ateos

feycerebro
Los monjes budistas y las monjas católicas aumentan el poder de sus cerebros a través de la meditación y la oración, pero incluso los ateos pueden disfrutar de los beneficios mentales que los creyentes obtienen de su fe, según un popular autor de neurociencia.

La clave, según argumenta Andrew Newberg en su nuevo libro “How God Changes Your Brain” (Cómo cambia Dios tu cerebro, en una traducción literal), reside en la concentración y los efectos calmantes que la meditación o la oración intensa tiene dentro de nuestras cabezas.

Los escáneres cerebrales muestran que la meditación intensa altera la materia gris, reforzando las regiones que hacen centrar la mente y alimentan la compasión, al tiempo que calman aquellas relacionadas con el miedo y la ira.

Tanto si quien medita cree en lo sobrenatural como si es ateo que repite un mantra, asegura, el resultado puede ser el mismo – un crecimiento de la compasión que enseña prácticamente toda religión y una reducción de los sentimientos y emociones negativas.

“En esencia, cuando piensas en las cuestiones realmente importantes en la vida – sean estas religiosas, científicas o psicológicas – tu cerebro crece”, dice Newberg, responsable del Centro para la Espiritualidad y la Mente.

gospelnews,Venezuela

de la Universidad de Pensilvania.

Fe contra la sinceridad

Marzo 31, 2009

Fe contra la sinceridad

“Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes, sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret, crucificado por ustedes pero resucitado por Dios. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.”1

Una de mis ilustraciones favoritas acerca de la fe equivocada viene de un anuncio que puso una firma comercial. En el anuncio estaba pegada una pequeña semilla con el  lema de que si se tenía tanta fe en el negocio como en la semilla de mostaza, a ustedes se les garantizarían resultados reales.

Algunos meses después un cliente escribió a la compañía diciendo, “Se que ustedes estarán interesados en saber que plante la semilla de mostaza y germinó y ahora es una saludable planta que está dando tomates!

Me pregunto cuantas veces he sido atrapado por vendedores deshonestos o he sido manipulado por publicidad falsa. Me imagino que la mayoría de nosotros lo hemos sido en un momento u otro.

De gran  significado es cuántos de nosotros hemos sido engañados por los promotores de religiones falsas.

Muchos de nosotros creemos que si vivimos una buena vida que eso nos llevará al cielo. Otros, como yo lo creí en su momento creen que si hacen suficientes cosas buenas para superar la cantidad de cosas malas que hemos hecho, que eso nos llevará a la gloria de Dios. Otros creen que así como todas las rutas llevan a Roma, todas las religiones llevan a Dios. No es así. Tales creencias, sin importar que tan sinceras sean, no pueden estar más lejos de la verdad.

Los fariseos religiosos de los días de Cristo eran celosos de su sinceridad pero estaban equivocados – totalmente equivocados – en que no reconocieron al verdadero Mesías (salvador) a quien ellos habían estado esperando solo porque él no llegó en la forma o manera en la que ellos esperaban que lo hiciera.

En la actualidad hay muchas religiones, que también tienen personas muy celosas de su religión y su sinceridad, pero que están tan equivocados aunque ellos creen sinceramente que tienen la VERDAD.

Jesús lo dejo muy claro – muy claro- que solo él era el camino a Dios. Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.”2

Y la Palabra de Dios, la Biblia, lo afirma: “De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.”

Y ese nombre es Jesucristo, el Hijo del Dios viviente. Solo en el podemos encontrar el perdón al pecado, la salvación y el regalo de la vida eterna. Además, ¿si hubiese algún otro camino a Dios, porque entonces tuvo que venir Jesús a la tierra a sufrir una increíble muerte tan dolorosa en la cruz para pagar la pena por todos nuestros pecados?

La pregunta que necesitamos hacernos es, “¿He confiado en Jesús como mi SEÑOR y Salvador? Para ayudarlos con esto lean este artículo, “Como saber que es Cristiano autentico, sin tener que ser religioso” en: http://www.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por Jesús y porque mi confianza esta solo en él para mi salvación eterna y un hogar en el cielo para estar contigo para siempre. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De corazón, en el nombre de Jesús, amen.

1. Hechos 4:10, 12 (NKJV).
2. Juan 14:6 (NKJV).

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