Predestinación

UNA ADVERTENCIA CONTRA LA ESPECULACIÓN INDEBIDA

En este punto haremos algunas advertencias en cuanto a la especulación y la curiosidad indebidas al tratar esta doctrina elevada de la predestinación. Quizá la mejor manera de hacerlo sea citando las palabras de Calvino que aparecen en la primera sección de su presentación de este tema: “La discusión de la predestinación—un tema algo intrincado en sí—es enmarañada de manera peligrosa por la curiosidad de los hombres. Y no hay barrera que logre que dicha curiosidad no se extravíe por laberintos prohibidos, o que se eleve más allá de su esfera propia, y es como si estuviera determinada a no dejar secreto de Dios sin explorar o escudriñar…. Lo primero que debemos recordar es que cuando se inquiere sobre la predestinación, se penetra en el santuario de la sabiduría divina, en el cual todo el que entre osadamente no logrará satisfacer su curiosidad…. Porque sabemos que cuando hayamos excedido los límites de la Palabra, estaremos entrando en camino tortuoso y tedioso, en el cual no podremos hacer otra cosa que errar, resbalar y tropezar a cada paso. Tengamos presente, pues, que no es menos locura desear tener mayor conocimiento de la predestinación que el que no es revelado en la Palabra de Dios, que el desear andar por caminos intransitables, o el querer ver en medio de las tinieblas. Y no nos avergoncemos de ignorar algo, si en ello hay una ignorancia docta”.

Cabe señalar que no estamos en la obligación de “explicar” estas verdades, sino sólo de declarar lo que Dios ha revelado en su Palabra, y de vindicar estas doctrinas de interpretaciones incorrectas y de objeciones hasta donde nos sea posible. En la misma naturaleza del caso, todo lo que podremos conocer de estas profundas verdades es lo que el Espíritu ha tenido a bien revelarnos, sabiendo, sin embargo, que todo lo que Dios ha revelado es verdad, y , por tanto, debe creerse, aunque no sea posible sondearlo en sus profundidades con nuestra razón limitada.

Debido a nuestra falta de entendimiento en cuanto a los propósitos divinos, jamás podremos constituirnos en consejeros de Dios. El salmista dijo, “Tus juicios son grande abismo”, con lo que da a entender que el intentar penetrar los juicios de Dios es así como el intentar cruzar el inmenso mar a nado. La verdad del caso es que el hombre no conoce lo suficiente como para justificársele en sus intentos de explicar los misterios del gobierno de Dios.

La importancia del tema discutido debiera inducirnos a proceder con la más profunda reverencia y precaución. Sin embargo, aunque es cierto que los misterios de Dios han de ser tratados con sumo cuidado, y que las especulaciones desautorizadas y presuntuosas, en cuanto a las cosa; divinas, han de evitarse, no obstante, si hemos de presentar el evangelio de su pureza y plenitud debemos también tener cuidado de no privar a los creyentes de todo lo que las Escrituras enseñan sobre la predestinación. No debe extrañarnos, sin embargo, si algunas de estas verdades son pervertidas y tergiversadas por los impíos. No importa cuan claramente las Escrituras presenten algún tema como, por ejemplo, el que un Dios exista en tres Personas, o el que Dios conozca de antemano todo el curso de los acontecimientos mundiales, o el que su plan incluya el destino de cada persona, la mente entenebrecida siempre considerará absurdas dichas verdades.

Sin embargo, aunque no podremos conocer más de lo que a Dios le ha placido revelarnos ¿cerca de la predestinación, es importante que lleguemos a conocer lo que nos ha sido revelado, ya que si no hubiese sido la voluntad de Dios el que llegásemos a conocer dichas verdades, él hubiese podido optar por no revelárnoslas. Por tanto, donde las Escrituras nos guíen podemos proseguir con confianza.

http://cebei.wordpress.com/2010/05/29/la-predestinacion-doctrina-parte-9-una-advertencia-contra-la-especulacion-indebida-loraine-boettner/

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios
(Salmo 46.10)
por Jonathan Edwards
ESTE salmo suena como un himno de la iglesia en tiempos de grandes convulsiones y desolaciones en el mundo. Es por eso que la iglesia se gloría en Dios como su amparo, su fortaleza y su pronto auxilio, aun en tiempos de las mayores tribulaciones y dificultades. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y borboteen sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su ímpetu” (versículos 1, 2, 3).
La iglesia se enorgullece en Dios, no sólo por ser Él su ayudador, que la defiende cuando el resto del mundo se ve envuelto en desgracias y catástrofes, sino porque, como río refrescante, le da aliento y gozo, aun en medio de la calamidad pública. “Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana” (vv. 4, 5). En los versículos 6 y 8 se declaran los cambios profundos y las calamidades que agitaban al mundo: “Braman las naciones, se tambalean los reinos; lanza él su voz, y se derrite la tierra. Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamiento en la tierra”. En el texto que sigue se expresa de manera admirable la manera en que Dios libra a la iglesia de estas desgracias, especialmente de los desastres de la guerra y la furia de sus enemigos: “Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra. Que quiebra el arco, rompe las lanzas y quema los carros en el fuego”. Es decir, Él hace que cesen las guerras cuando son contra su pueblo; Él quiebra el arco cuando se dobla contra sus santos.
Siguen entonces estas palabras: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. La soberanía de Dios se manifiesta en sus grandes obras, las cuales aparecen descritas en los versículos anteriores. Esas mismas terribles desolaciones que Él desató en su designio de librar a su pueblo utilizando medios terribles muestran también su grandeza y su señorío. A través de todo eso demuestra su poder y soberanía, y así ordena a todos estar quietos, y conocer que Él es Dios. Porque, dice: “Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”.
De esto se pueden derivar observaciones interesantes
1. El deber de estar tranquilos delante de Dios, bajo las mercedes de su providencia. Esto implica que debemos mantener quietud de palabras, sujetándonos de hablar o de quejarnos contra los designios de la Providencia; no oscureciendo la razón con palabras de ignorancia, ni empleando el lenguaje pomposo de la vanidad. Debemos mantener quietud en nuestras acciones y en nuestra conducta, de modo que no contrariemos a Dios en sus designios. Y en lo tocante a la disposición interior de nuestros corazones, hemos de cultivar la calma y una serena sumisión de espíritu a la soberana voluntad de Dios, cualquiera que esta sea.
2. Podemos tener en cuenta el fundamento de este deber, esto es, la divinidad de Dios. El hecho de ser Dios es razón de sobra para que debamos estar quietos delante de Él, sin murmurar en lo más mínimo, sin objetar, sin oposición, sino tranquilamente y con humildad sometiéndonos a Él. ¿Cómo hemos de cumplir este deber de estar quietos delante de Dios? Sencillamente con un sentido de su divinidad, comprendiendo que el fundamento de ese deber es el conocimiento de que Él es Dios. Nuestra sumisión es la que corresponde a seres racionales. Dios no requiere que nos sometamos a Él a contrapelo de lo razonable, sino como viendo la razón y el fundamento de hacerlo así. De ahí que, la mera realización de que Dios es Dios puede ser suficiente para acallar toda objeción y oposición a sus divinos y soberanos designios.
Todo esto puede verse considerando lo siguiente:
1. Por cuanto Él es Dios, es un ser absoluta e infinitamente perfecto, siendo imposible que pudiera incurrir en error o maldad. Y como es eterno y no debe su existencia a ningún otro, no puede en medida alguna tener limitaciones en su ser ni en ninguno de sus atributos. Si algo tiene límites en su naturaleza, debe haber alguna causa o razón por la que esos límites están allí. De lo cual se deduce que toda cosa limitada debe tener alguna causa. Por lo tanto, aquello que no tenga causa tiene que ser ilimitado. Las obras de Dios demuestran con toda evidencia que su sabiduría y su poder son infinitos, pues quien hizo todas las cosas de la nada, que las sustenta, gobierna y maneja en todo momento y en todas las edades, sin cansarse, tiene que poseer un poder infinito. Tiene asimismo que ser infinito en el conocimiento; porque si Él hizo todas las cosas, y sin cesar las sustenta y gobierna todas, se sigue que él, continuamente y de una sola mirada, ve y conoce a la perfección todas las cosas, así las grandes como las pequeñas.
Lo cual no es posible sin un conocimiento infinito. Siendo, pues, infinito en conocimiento y poder, Dios tiene que ser también perfectamente santo. La falta de santidad supone siempre defecto y pobreza de visión. Donde no hay oscuridad ni engaño, no puede faltar la santidad. Es imposible que la maldad pueda coexistir con la infinita luz. Dios, siendo infinito en poder y conocimiento, tiene que ser totalmente autosuficiente. Es por lo tanto imposible que Él pueda caer en cualquier tentación o cometer alguna falta. No hay motivo por el cual pueda incurrir en nada semejante. Siempre que alguien es tentado a ceder a lo incorrecto, es por fines egoístas.
Entonces, ¿cómo podría un Ser todopoderoso —que no necesita de nada— ser tentado a hacer algo malo por fines egoístas? Es, pues, imposible que Dios, que es esencialmente santo, pudiera en ningún sentido incurrir en el mal.
2. Por el hecho de ser Dios, Él es tan grande que está infinitamente más allá de toda comprensión. Por tanto, es irrazonable de nuestra parte pretender juzgar sus decisiones, ya que las mismas son misteriosas. Si fuera un ser al cual nosotros pudiéramos comprender, no sería Dios. Sería irrazonable suponer nada más allá del hecho de que hay muchas cosas en la naturaleza de Dios, así como en sus obras y gobierno, que son para nosotros un misterio que jamás podremos discernir.
¿Qué somos y qué idea tenemos de nosotros mismos si esperamos que Dios y sus designios puedan estar al nivel de nuestro entendimiento? Somos infinitamente incapaces de tal cosa como comprender a Dios. Para nosotros sería menos irrazonable concebir que una cáscara de nuez pudiera contener al océano. Dice en Job 11.7ss: “¿Descubrirás tú las profundidades de Dios? ¿Alcanzarás el límite de la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, y más ancha que el mar”. Si pudiéramos tener sentido de la distancia que existe entre Dios y nosotros, entenderíamos lo razonable de la interrogación del apóstol Pablo en Romanos 9.20: “…oh, hombre, ¿quién eres tú para que alterques con Dios?”
Si creemos encontrarle faltas al gobierno de Dios, estamos virtualmente suponiéndonos capaces de ser sus consejeros; cuando en realidad más bien nos convendría, con gran humildad y adoración, clamar con el apóstol (Ro 11.33ss): “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios, e insondables sus caminos! Porque ¿quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos de los siglos”.
Si hubiera niños que alzaran la voz para criticar a los cuerpos legislativos de su país o para poner en tela de juicio las decisiones del poder ejecutivo, ¿no se estimaría que se estaban entrometiendo en cosas demasiado elevadas para ellos? ¿Y qué somos nosotros sino bebés? Pues nuestras inteligencias son infinitamente menores que las de los bebés en comparación con la sabiduría de Dios. Lo sensato para nosotros es tener esto en cuenta y ajustar a ello nuestra conducta. Dice en el Salmo 131.1,2: “Jehová, no está envanecido mi corazón, ni mis ojos son altivos; no ando tras grandezas, ni tras cosas demasiado sublimes para mí. Sino que me he calmado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre”.
Esta sola comprensión de la infinita distancia entre Dios y nosotros, y entre el entendimiento de Dios y el nuestro, debería ser suficiente para acallarnos y para acatar con serenidad todo lo que Dios hace, no importa cuán ininteligible o misterioso nos parezca. Ni tampoco tenemos derecho alguno a esperar que Dios nos explique en particular la razón de sus actos o sus designios. Está más que justificado que Dios no nos dé a nosotros, gusanos del polvo que somos, razón de sus asuntos, que así podamos captar la distancia que nos separa de Él, y le adoremos y nos sometamos a Él en humildad y reverencia.
Podemos ver a este respecto por qué, cuando Job padecía sufriendo por designio divino crueles penalidades, Dios le respondió no explicándole las razones de su misteriosa providencia, sino haciéndole ver su condición de miserable gusano, de nada, y cuán lejos estaba él de la altura de Dios. Esta actitud divina estaba más en consonancia con Dios que haber entrado en algún debate con Job, o haberle revelado el misterio de sus dificultades.
Y para Job fue bueno someterse a Dios en aquellas cosas que no podía entender, a lo cual quiso traerle la respuesta divina.
Conviene que Dios habite en profunda oscuridad, o en luz que ningún ser humano puede resistir, la cual ninguno ha visto ni puede ver. Nada hay de extraño en que un Dios de infinita gloria resplandezca con una brillantez demasiado viva y potente para el ojo humano. Porque los mismos ángeles, esos espíritus poderosos, aparecen cubriendo sus rostros ante esta luz (Isaías 6).
3. Siendo que Él es Dios, todas las cosas son suyas, por lo cual tiene derecho a disponer de ellas a su antojo y placer. Todas las cosas de este mundo inferior son suyas. “…Todo lo que hay debajo del cielo es mío” (Job 41.11). “He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella” (Dt 10.14). Todas las cosas son suyas porque todas proceden de Él; son totalmente de Él y de solamente de Él.
Aquellas cosas hechas por los hombres no son enteramente de ellos. Cuando un hombre edifica una casa, no es completamente suya; ninguno de los materiales con que fue hecha le debe su origen. Todas las criaturas son total y completamente fruto del poder de Dios.
Es lógico, por lo tanto, que todas sean para él y estén sujetas a su voluntad (Pr 16.4). Así pues, como todas las cosas vienen de Dios, así todas se sostienen por Él, y se hundirían en la nada en un instante si Él no las sostuviera. Y todas son para Él. “Porque de él, y por él, y para él son todas las cosas” (Ro 11.36). “Porque por él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, las visibles y las invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas tienen consistencia en él” (Colosenses 1.16,17). Toda la humanidad es suya: sus vidas, su aliento, su ser; “porque en él vivimos y nos movemos y somos”. Nuestras almas y nuestras capacidades le pertenecen.
“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía” (Ez 18.4).
4. Comoquiera que Él es Dios, es digno de ser soberano sobre todas las cosas. A veces los hombres poseen más de lo que son dignos de poseer. Pero Dios es no solamente dueño de todo el universo, siendo que todo procede y depende de Él, sino que tal es su perfección, la excelencia y dignidad de su naturaleza, que es digno de ser soberano por sobre todo. Nadie deberá osar oponerse a que Dios ejerza la soberanía del universo como si no fuera digno de ello, pues el ser soberano absoluto del universo no es gloria ni honor demasiado grandes para Él.
Todas las cosas en el cielo y en la tierra, ángeles y hombres, son nada en comparación con Él; todas son como la gota de agua en el balde o como el grano de arena en la playa. Es así adecuado que cada cosa esté en sus manos, para que Él disponga según le plazca. Su voluntad y su deseo son de infinitamente mayor importancia que los de las criaturas. Es correcto que su voluntad se cumpla, aunque fuere contraria a la de todos los demás seres; que Él haga de sí mismo su propio fin; y que disponga todas las cosas para sí. Dios está dotado de tales perfecciones y excelencias que tiene título a ser el soberano absoluto del mundo.
Ciertamente, conviene mucho más que todas las cosas estén bajo la dirección de una sabiduría irreprochable y perfecta que expuestas a caer en confusión o sujetas a causas sin control. Más aun, no es bueno que ningún negocio dentro del gobierno de Dios pueda quedar sin la dirección de su sabia providencia, muy especialmente aquellas cosas de mayor importancia.
Es absurdo suponer que Dios pudiera estar obligado a prevenir a cualquier criatura de pecar y de exponerse a castigo adecuado. De ser así, resultaría que no puede haber tal cosa como un gobierno moral de Dios sobre individuos razonables, y sería arbitrario para Dios dar mandamientos ya que Él mismo sería la parte comprometida a observar la conducta y estarían fuera de lugar las promesas o las amenazas. Pero si Dios puede dejar que alguien peque y se exponga a castigo, entonces resulta mucho más apropiado y mejor que el asunto sea tratado con sabiduría —quién en justicia debe a causa del pecado quedar expuesto a castigo y quién no— que permitir que venga por la confusión o el azar.
No es digno del Gobernador del universo dejar las cosas al azar; lo natural para Él es gobernar todas las cosas por medios de sabiduría. Y así como Dios posee sabiduría que lo autoriza para ser soberano, así también tiene el poder que lo capacita para ejecutar lo que aconseja la sabiduría. Más aun, Él es esencial e invariablemente santo y justo, e infinitamente bueno, por lo que está perfectamente calificado para gobernar el mundo de la mejor manera posible.
Por lo tanto, cuando actúa como soberano del mundo, lo indicado para nosotros es estar quietos y someternos de buen grado, sin objetar en manera alguna que Él tenga la gloria de su soberanía; por el contrario, conscientes de su dignidad, reconocerla con gozo, diciendo: “Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos”, y repetir con aquellos en Apocalipsis 5.13: “Al que está sentado en el trono … sea la alabanza, el honor, la gloria, y el dominio…”
5. Por cuanto Él es Dios, será soberano y actuará como tal. Él se sienta en el trono de su soberanía y su reino rige sobre todos. En su soberano poder y dominio será exaltado, como Él mismo declara: “Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”. Él hará saber a todos que es el supremo Señor de toda la tierra. Él efectúa su voluntad entre las huestes del cielo y entre los habitantes de la tierra, y nadie puede detener su mano. No puede haber tal cosa como frustrar, entorpecer o invalidar sus designios, pues Él es grande en el pensamiento y maravilloso en la acción. Su consejo prevalecerá, y Él hará todo lo que le plazca.
No hay sabiduría, ni inteligencia, ni talento que pueda ir contra el Señor. Cualquier cosa que Él quiera hacer será para siempre; nada le será añadido ni quitado. Cuando Él actúe, ¿quién le opondrá reparos? Él puede, si quiere, hacer trizas a sus enemigos. Si los hombres se juntan contra Él para estorbar u oponerse a sus designios, Él “quiebra el arco, rompe las lanzas, y quema los carros en el fuego”. Él mata y hace vivir, derriba y levanta, todo según el consenso de su voluntad. Dice en Isaías 45.6,7: “Para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo soy Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo soy Jehová, el que hago todo esto”.
Ni los eminentes, ni los ricos, ni los sabios pueden impedir o torcer la voluntad de Dios. Él despacha chasqueados a los doctos y no rinde pleitesía a los aristócratas ni concede privilegio a los ricos sobre los pobres. Hay muchos subterfugios en el corazón humano; pero el consejo del Señor y los pensamientos de su corazón permanecerán a través de todas las generaciones. Cuando Él concede paz, ¿quién puede crear problemas? Y si oculta su rostro, ¿quién puede contemplarlo? Lo que Él derriba no puede ser reconstruido y al que silencie así se queda. Cuando Él se proponga algo, ¿quién se lo estorbará? Y cuando extienda su mano, ¿quién hará que la recoja? No hay por lo tanto manera de impedir a Dios ser soberano ni que actúe como tal. “De quien quiere tiene compasión y al que quiere endurecer, endurece” (Ro 9.18). Él tiene las llaves del infierno y de la muerte: abre, y no hay quien cierre; cierra, y no hay quien abra. Esto puede hacernos ver la insensatez de ponernos en contra de los soberanos designios de Dios; y cuán sabios son aquellos que quietamente y de buen ánimo se someten a su soberana voluntad.
6. Como que Él es Dios, está en posición de vengarse de aquellos que se opongan a su soberanía. Él es sabio de corazón y poderoso en fortaleza; ¿quién podrá endurecerse contra Dios y salir airoso? A esto tiene que responder todo el que intente contender con Él. Y ay del miserable que quiera pelear contra Dios, ¿podrá defender su posición delante de Él? A cualquiera de sus enemigos al que mueva el orgullo, el Señor le mostrará que está por encima de ellos. Vendrán a ser como la paja en el viento, o como grasa de carneros; el fuego los consumirá y desaparecerán. “Quién pondrá contra mí en batalla espinos y zarzas? Yo los hollaré, los quemaré a una” (Isaías 27.4).

Perfiles biográficos de grandes cristianos hispanos – Ernesto Trenchard

Perfiles biográficos de grandes cristianos hispanos – Ernesto Trenchard

Ernesto Trenchard nació en Inglaterra en 1902. A una temprana edad sufrió un accidente que le obligó a quedarse en cama por dos años. Durante esa etapa de su vida se interesó en los libros y el estudio. Su accidente culminó con la amputación de su pierna izquierda en 1944. Llegó a conocer al Señor como su Salvador a los diez años y fue bautizado a los quince años. En 1924 llegó a España como misionero auspiciado por las Asambleas de los Hermanos, quedándose un total de 46 años. Trenchard es mayormente acordado por su aportación en el área de la enseñanza bíblica. Colaboró con CEB (Cursos de Estudio Bíblico), y fue Presidente de la Alianza Evangélica Española (1953-68), y de la Unión Bíblica (1953-69). Fundó la editorial Literatura Bíblica y escribió unos 22 libros, mayormente en español. También sirvió como consultor al comité de revisión de la Reina-Valera 1960. Pasó a la presencia del Señor el 12 de abril de 1972.

Se destacan entre sus escritos los siguientes libros: Bosquejos de Doctrina FundamentalEl Libro de Génesis El Libro de ÉxodoIntroducción a los Cuatro Evangelios, Exposición del Evangelio según MarcosExposición de la Epístola a los HebrerosLos Hechos de los ApóstolesExposición de la Epístola a los Gálatas,Exposición de la Epístola a los RomanosExposición de la Primera Epístola a los CorintiosIntroducción a los Libros de Sabiduría y JobIntroducción a los Libros Proféticos e Isaías, Consejos para Jóvenes PredicadoresLa Iglesia, las Iglesias y la Obra MisioneraEl Niño y la Escuela DominicalLa Familia Cristiana, Escogidos en Cristo, Estudios de Doctrina Bíblica, y Normas de Interpretación Bíblica.

Médico de almas

Médico de almas

David Martyn Lloyd-Jones nació en Wales en 1899 y a los 22 años recibió el título de doctor en medicina de los más reconocidos médicos en Inglaterra. Sin embargo, él creía que había una enfermedad del alma que era mucho más profunda que cualquier dolencia física. Poco después de graduarse, llegó a convencerse que la raíz real de los padecimientos de sus pacientes iba más allá de lo físico o sicológico. Concluyó que vivir separado del Creador era estar muerto y que lo que la humanidad necesitaba más era la vida de Dios.

Cuando entendió que por medio de la muerte sobre la cruz las personas podían tener vida eterna, experimentó el nuevo nacimiento. Esta experiencia cambió su vida – y su dirección, de médico a pastor. Su educación teológica la recibió de parte de grandes teólogos como John Owens y Jonathan Edwards. Lloyd-Jones escribió: “Yo devoraba estos volúmenes, los leía una y otra vez. Ciertamente es verdad que me ayudaron más que cualquier otra cosa”. En 1927 fue ordenado en el Tabernáculo George Whitefield de Londres, como un calvinista-metodista.

Después de once años como evangelista y predicador en el sur de Wales, fue invitado por el anciano G. Campbell Morgan, para convertirse en co-pastor en la Capilla Westminister de Londres en 1938.

Pasó los siguientes treinta años predicando en esa iglesia, durante los difíciles años de la guerra, convirtiéndose en el pastor único cuando Morgan se retiró en 1943. Bajo su liderazgo la Capilla de Westminster llegó a ser reconocida como el púlpito evangélico líder en Inglaterra. La exposición cuidadosa de la Biblia y la teología reformada sin compromiso, caracterizó su ministerio allí. Al mismo tiempo, fue conocido por su piedad genuina, por su próspera vida familiar, sentido del humor, habilidad como consejero y su profundo deseo de renovación en la iglesia evangélica. Miles encontraron a Cristo y crecieron en la fe, gracias a su predicación.

En 1968, la enfermedad lo obligó a ponerle fin a su ministerio en la Capilla Westminster. Pero Lloyd-Jones más tarde se convenció de que Dios lo había removido de su ministerio de predicación para que pudiera escribir. Comenzó  editando las transcripciones de sus sermones para publicarlos y escribió muchos libros, algunos de los cuales todavía se encuentran en la imprenta.

Fue un estudiante de historia de la iglesia, y entre los pensamientos que atesoraba estaba una declaración de John Wesley, quien dijo de los primeros metodistas: “Nuestra gente muere bien”. Lloyd-Jones conocía el poder detrás de estas palabras. La muerte física verdaderamente perdía su aguijón para esos que tenían confianza en la vida en la eternidad.

Su propio turno para morir llegó en los últimos días del invierno de 1981. El jueves en la tarde del 26 de febrero de 1981, con mano temblorosa escribió una nota para su amada esposa e hijos, en la que les dijo: “No oren para que sane. No me retengan de la gloria”. Su petición fue honrada. El siguiente domingo, el doctor David Martyn Lloyd-Jones entro en la gloria para conocer cara a cara, al Dios que había amado profundamente.

Reflexión

Dios trajo un cambio en la dirección de la vida de David Martyn Lloyd-Jones, de médico a pastor. ¿Alguna vez ha abierto el Señor una nueva puerta de oportunidad en su vida, que no esperaba? Si no lo ha hecho todavía, ¡no descarte esta posibilidad de que tal vez lo haga!

“Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino” (Salmos 5:8).

http://www.radioiglesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1008&Itemid=

Trabajo Monográfico sobre la Predestinación parte 3 – Decretos de salvación

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Trabajo Monográfico sobre la Predestinación parte 2

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Comentarios Sobre Evangelio Segun Jesus

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Teologia de Finney parte 7 – La recuperación de la Majestad de Dios en la Salvación

Teologia de Finney parte 7

La majestad de Dios como atributo del  caracter Santo de Dios

majestad (alto, grandeza, honor)

Hadar   (13/29)

  • (1 de Crónicas 16:27) 27 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada.
  • (Salmos 29:4) 4 Voz de Yaveh con poder; voz de Yaveh con gloria .
  • (Salmos 45:4) 4 En tu majestad cabalga y triunfa por causa de la verdad, de la humildad y de la justicia. Tu mano derecha te mostrará cosas asombrosas.
  • (Salmos 90:16) 16 Sea manifestada tu obra a tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos.
  • (Salmos 145:5) 5 Hablarán del esplendor de tu gloriosa majestad , y meditaré en tus maravillas.
  • (Salmos 145:12) 12 para anunciar tus proezas a los hijos del hombre; y la gloria del majestuoso esplendor de tu reino.
  • (Isaías 2:10) 10 Métete en la roca; escóndete en el polvo ante la temible presencia de Yaveh y ante el esplendor de su majestad .
  • (Isaías 2:19) 19 Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 2:21) 21 a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando Yaveh se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 35:2) 2 Florecerá profusamente; se regocijará en gran manera, y cantará con júbilo. Le será dada la gloria del Líbano, la majestad del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Yaveh, la majestad de nuestro Dios.
  • (Isaías 53:2) 2 Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos.
  • (Isaías 63:1) 1 –¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, vestido con vestiduras brillantes? ¿Quién es éste de ropa esplendorosa, que marcha en la grandeza de su poder? – Soy yo, que hablo en justicia, grande para salvar.
  • (Miqueas 2:9) 9 A las mujeres de mi pueblo echáis fuera de las casas de sus delicias, y a sus niños despojáis de mi gloria para siempre.

Hod   (13/24)

  • (1 de Crónicas 16:27) 27 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada.
  • (1 de Crónicas 29:11) 11 Tuyos son, oh Yaveh, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tuyo es el reino, oh Yaveh, y tú te enalteces como cabeza sobre todo.
  • (Job 37:22) 22 Del norte viene un dorado esplendor; alrededor de Dios hay una temible majestad.
  • (Job 40:10) 10 Adórnate, pues, de majestad y alteza; vístete de gloria y esplendor.
  • (Salmos 8:1) 1 Oh Yaveh, Señor nuestro, ¡cuán majestuoso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos.
  • (Salmos 45:3) 3 Ciñe tu espada sobre tu muslo, oh valiente, en tu gloria y majestad.
  • (Salmos 96:6) 6 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y hermosura hay en su santuario.
  • (Salmos 104:1) 1 ¡Bendice, alma mía, a Yaveh! Yaveh, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor.
  • (Salmos 145:5) 5 Hablarán del esplendor de tu gloriosa majestad , y meditaré en tus maravillas.
  • (Salmos 148:13) 13 Alaben el nombre de Yaveh, porque sólo su nombre es sublime; su majestad es sobre tierra y cielos.
  • (Isaías 30:30) 30 Entonces Yaveh hará oír la majestad de su voz, y dejará ver el descenso de su brazo con furor de ira y con llama de fuego consumidor, con lluvia violenta, torrente y piedras de granizo.
  • (Habacuc 3:3) 3 Dios viene desde Temán; y el Santo, de los montes de Parán. (Selah). Su esplendor cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza.
  • (Zacarías 6:13) 13 El edificará el templo de Yaveh. Tendrá gloria, se sentará en su trono y gobernará. Habrá un sacerdote junto a su trono, y habrá consejo de paz entre ambos.’ “

Alah   (2/800)

  • (Salmos 47:10) porque de Dios son las defensas de la tierra. ¡El es muy enaltecido!
  • (Salmos 97:9) 9 Porque tú, oh Yaveh, eres supremo sobre toda la tierra; eres muy enaltecido sobre todos los dioses.

Gaavah   (3/19)

  • (Deuteronomio 33:26) 26 “¡No hay como el Dios de Jesurún! El cabalga sobre los cielos en tu ayuda, y sobre las nubes en su majestad .
  • (Salmos 68:34) 34 ¡Reconoced el poderío de Dios! Sobre Israel sea su magnificencia, y su poder en los cielos.
  • (Isaías 13:3) 3 Yo he dado órdenes a mis consagrados; asimismo, he llamado a mis valientes, a los que se regocijan en mi triunfo, para que ejecuten mi ira. “

Gaon   (8/49)

  • (Éxodo 15:7) 7 Con la grandeza de tu poder has destruido a los que se opusieron a ti; desataste tu furor, y los consumió como a hojarasca.
  • (Job 37:4) 4 Después de él ruge el trueno; truena con su majestuosa voz. Cuando se oye su sonido, él no lo detiene.
  • (Job 40:10) 10 Adórnate, pues, de majestad y alteza; vístete de gloria y esplendor.
  • (Isaías 2:10) 10 Métete en la roca; escóndete en el polvo ante la temible presencia de Yaveh y ante el esplendor de su majestad .
  • (Isaías 2:19) 19 Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 2:21) 21 a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando Yaveh se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 24:14) 14 Estos alzan su voz y cantan gozosos; a la majestad de Yaveh aclaman desde el occidente.
  • (Miqueas 5:4) 4 El se levantará y los apacentará con el poder de Yaveh, con la grandeza del nombre de Yaveh su Dios, y se establecerán, porque entonces será engrandecido hasta los fines de la tierra.

Geuth   (3/8)

  • (Salmos 93:1) 1 ¡Yaveh reina! Se ha vestido de magnificencia . Yaveh se ha vestido de poder y se ha ceñido. También afirmó el mundo, y no se moverá.
  • (Isaías 12:5) 5 ¡Cantad salmos a Yaveh, porque ha hecho cosas magníficas! Sea esto conocido en toda la tierra.
  • (Isaías 26:10) 10 Aunque se le tenga piedad al impío, no aprende justicia; en tierra de rectitud hace iniquidad y no considera la majestad de Yaveh.

Epouranios   (1/8)

  • (S. Mateo 18:35) 35 Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.

Hupsoo   (2/20)

  • (Hechos de los Apóstoles 2:33) 33 Así que, exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
  • (Hechos de los Apóstoles 5:31) 31 A éste, lo ha enaltecido Dios con su diestra como Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.

Ouranios   (4/6)

  • (S. Mateo 6:14) 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros.
  • (S. Mateo 6:26) 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?
  • (S. Mateo 6:32) 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestail sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
  • (S. Mateo 15:13) 13 Pero él respondió y dijo: –Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.

Megaleiotes   (1/3)

  • (2 de S. Pedro 1:16) 16 Porque os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas artificiosas, sino porque fuimos testigos oculares de su majestad.

Megalosune   (3/3)

  • (A los Hebreos 1:3) 3 El es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Y cuando había hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
  • (A los Hebreos 8:1) 1 En resumen, lo que venimos diciendo es esto: Tenemos tal sumo sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
  • (S. Judas 1:25) 25 al único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad desde antes de todos los siglos, ahora y por todos los siglos. Amén.

Time   (8/43)

  • (1 a Timoteo 1:17) 17 Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, sean la honra y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  • (A los Hebreos 2:7) 7 Le has hecho por poco tiempo menor que los ángeles; le coronaste de gloria y de honra;
  • (Apocalipsis 4:11) 11 “Digno eres tú, oh Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú has creado todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas.”
  • (Apocalipsis 5:12) 12 Y decían a gran voz: “Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”
  • (Apocalipsis 5:13) 13 Y oí a toda criatura que está en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, diciendo: “Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la honra y la gloria y el poder por los siglos de los siglos.”
  • (Apocalipsis 7:12) 12 “¡Amén! La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!”
  • (Apocalipsis 19:1) 1 Después de estas cosas, oí como la gran voz de una enorme multitud en el cielo, que decía: “¡Aleluya! La salvación y la honra y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios.

La recuperación de la Majestad de Dios en la Salvación

Algo que Charles Finney creía que sabía bien era acerca de la majestad de Dios. Después de todo, el dios de Finney era “el gobernador moral”, un adherente severo de los estándares absolutos divinos que exigía obediencia absoluta de todas sus criaturas.

La gloriosa majestad de Dios se ve más claramente en su gracia extraordinaria. Él es un juez – y un juez perfectamente justo cuyos estándares son increíblemente puros. Sin embargo, no es un tirano distante enviando rayos al azar sobre la tierra. Es más bien un verdadero rey, aquel que gobierna y defiende a su pueblo, defensa  extendida a la salvación de su Pueblo, incluso cuando la salvación que significó la muerte dolorosa y vergonzosa de su propio Hijo.

En ninguna parte de toda la creación es la verdadera majestad de Dios más evidente que en su superintendencia del gran plan de salvación! pueblo cristiano debe mucho respeto hacia el evangelio como la mayor revelación de la grandeza de Dios.

Para citar uno de los más conocidos predicadores arminianos anteriores de Finney:

“Es todo el misterio! El inmortal muere, ¿quién puede explorar su extraño diseño?”

A lo largo de la historia los que han conocido el gran misterio del evangelio tiene que manejarse con un sentido de temor reverente – a sabiendas de que ellos hablan de las verdades demasiado maravilloso para la lengua humana.

Charles Finney no sabía nada de ese temor. Sus campañas fueron un espectáculo, su metodología de ajuste era para acompañar a una doctrina que carecía por completo de las maravillas de la gracia de Dios.

Cuando el verdadero evangelio de la gracia se unió junto con la metodología de circo de Charles Finney, algo estaba seguro de que se iba a perder. Tal vez la iglesia conserva el contorno desnudo de la verdad del evangelio, pero la rica textura de temor y reverencia ante el majestuoso Dios de la salvación se pierde inevitablemente.

Es por eso que ahora se esfuerzan los predicadores a superar a los comediantes. Es por eso que los servicios de adoración se han convertido en conciertos indiscernibles. Por eso aplaudo las congregaciones como las audiencias cuando se vean satisfechas de entretenimiento – y por qué a su vez en otros lugares cuando no lo son.

Es por eso que en el tiempo un hombre de talento cómico realmente podría llegar a la prominencia en los púlpitos de América con bromas sobre su propia etnia. Es por eso que él pensó que sería conveniente empezar a hacer chistes sobre otros grupos étnicos, y es por eso que no sólo las iglesias tuvo el descaro de que pueda en sus púlpitos, pero fue tan lejos como para reírse de él! Es inimaginable que alguien hubiera intentado tal cosa antes de Finney. Cualquier persona que no podría haber sido arrestado, y no sólo en Nueva Inglaterra. Todos los cristianos de todas las tendencias se habría horrorizado ante la falta de reverencia al manipular las verdades de nuestra magnífica, salvadora de Dios.

Charles Finney, quien no tenía un sólido conocimiento teológico de Dios, para engendrar una cultura de la iglesia de irreverencia. Tomó las generaciones de cristianos mal informados para permitir que la irreverencia a arrastrarse en iglesias verdaderas. La única respuesta es el pueblo de Dios a reflexionar en serio el mensaje de la salvación.

¿Has contemplado lo que significa que Cristo murió por los pecados? ¿Su corazón rato libre para pensar que sus pecados hizo su sacrificio necesario? ¿Hay días, sin importar cuánto tiempo ha sido un cristiano, cuando se piensa en el mensaje del evangelio y el eco las palabras de Wesley:

“¿Cómo puede ser que Tú, mi Dios debieras, morir por mí? ”

¿Tienes tiempo para sentarse en serio entre el pueblo de Dios y se preguntan estas cosas juntos? ¿Tiene un reverente silencio te ha pasado en la presencia de la palabra sagrada de Dios?

Si, como yo, usted tiene el gran honor de predicar este evangelio, ¿cómo la majestad de Dios, informe a su ministerio del púlpito? ¿Trabaja usted en un frenesí de comedia con el fin de cautivar a sus oyentes, o es usted mismo cautivado por una mayor verdad? ¿Es su hombre interior transfigurada por temor ante un Dios santo? ¿Buscas a pesar de sus inclinaciones pecaminosas propia para comunicar que la reverencia hacia Dios cuando usted maneja su verdad ante su pueblo? En resumen, es su predicación se caracteriza por la irreverencia crasa de Finney o por un sentido piadoso de humilde asombro ante el trono de un gran rey?

Dios le dijo a Moisés cuando le pidió ver su rostro

  • “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” (Éx. 33:20)

Hoy, muchos tratan a Dios como a un buen colega cósmico.

El pastor Gordon MacDonald escribe:

«Los pecados más graves que he cometido se dieron en un momento en el que brevemente suspendí mi reverencia a Dios… silenciosa (y locamente) concluí que a Dios no Le importaba y que lo más probable es que no intervendría si yo me arriesgase a violar alguno de Sus mandamientos».

MacDonald dice que su propio amor por Dios se ha alejado de un modelo sentimental que jamás le satisfizo, acercándose hacia un modelo más como de padre/hijo. Está aprendiendo a reverenciar, obedecer y agradecer a Dios; a expresar el pesar apropiado por el pecado; a buscar la quietud en la que pueda escuchar el susurro de Dios. Busca una relación con Dios que vaya acorde con la profunda diferencia entre ambas partes.

CONOCIENDO LA MAJESTAD DE DIOS

Isaías,  el   Profeta    del   Siglo  VII   antes    de   Cristo,   tuvo   la Visión  de   la   Majestad   de    Dios,   que   transformó   su   vida. Jamás.   Isaías,  volvió   a   ser  el  mismo,  después  de  esa  Visión de  la  Majestad de Dios.
Si miramos cuidadosamente, esa  Visión  de  la Majestad  de  Dios, que tuvo Isaías, notaremos  que esta Majestad, está enmarcada en estas dos palabras:  amor y sacrificio.

El amor y el sacrificio. En Isaías 6: 1-3 dice:

  • “En el  año que murió  el  rey Uzías,  ví  yo  al  Señor sentado sobre un  trono   alto  y  sublime,  y   sus  faldas  llenaban  el  templo. Por  encima  de   él,  había  Serafines;  cada   uno  tenía   seis   alas; con   dos   cubría  su   rostro,  con   dos  cubrían   sus   pies,  y  con dos   volaban.  Y  el   uno   al  otro   daba   voces,  diciendo,  Santo, Santo,  Santo,   Jehová  de  los  ejércitos,  toda   la  tierra  está  llena de su gloria.”

Ustedes,   notarán    que    los   serafines,    esos   ángeles,   o   seres ángelicales,  que  sirven  en  el  Trono  de  Dios, están  ministrando, ante  la  Presencia  de  Dios.

Como hijos de Dios, podemos «acercarnos, pues, confiadamente al trono de la gracia» (Hebreos 4:16). Pero seamos siempre conscientes de la inestimable majestad de nuestro Padre.

Respetemos y reverenciemos la Majestad, la Gloria y la Santidad de Dios.

Fuente bibliografica consultada

La teologia de Finney parte 6- La doctrina de la regeneración

La teología de Finney parte 6- La doctrina de la regeneración

Última fecha  de actualizacion:20-10-2010

Autor:Paulo Arieu

5. La doctrina de la regeneración:

Regeneración (gr. palingenesia:   nuevo nacimiento). Indica la regeneración espiritual (Tit.3.5), es decir la comunicación de la nueva vida en Cristo que es producida por la acción de la Palabra (Ef.5.26; Stg.1.18; lPe.1.23) y por el Espíritu Santo (Jn.3.5,6).

Augustus Strong, teólogo bautista de finales del siglo 19 y principio del 20 comentó acerca de la presciencia de Dios:
“En la eternidad no pudo haber habido causa alguna de la existencia futura del Universo fuera de Dios mismo, ya que entonces solo Dios existía. En la eternidad, Dios previó que la creación del mundo y todas sus leyes harían segura la historia hasta en sus más insignificantes detalles. Pero Dios decretó la creación y la institución de estas leyes. Al crear y establecer dichas leyes Dios decretaba todo lo que iba a acontecer. Es decir, Dios previó los eventos futuros de Universo como absolutamente ciertos porque él lo había decretado; y esta determinación incluía la determinación de todos los resultados de dicha creación; es decir, Dios decretó dichos resultados” (“Teología sistemática”. Pag. 356).[1]

Es en la presciencia de Dios, que Dios nos conoció y nos escogió en Cristo Jesús.

El Dr. A. H. Strong, quien por varios años fue Presidente y Profesor del Seminario Teológico de Rochester, escribe al mismo efecto, al definir la regeneración, la definió así:

“Es el acto divino por el que la disposición dominante de nuestra alma es hecha santa, y por el cual, empleando la verdad como medio, es asegurado el primer ejercicio santo de tai disposición”.

Como es lógico suponer, Finney también se aparte de la ortodoxia bíblica en lo que respecta a la regeneración, la cual él distingue de la conversión.

“La conversión… no incluye ni implica ninguna agencia Divina, y por lo tanto no implica o expresa lo que se pretende por regeneración” (pg. 269, lect. 17).

Según él, el pecador

“es pasivo en la percepción de la verdad presentada por el Espíritu Santo” (pg. 276, lect. 17).

Esta percepción, él añade, no es parte de la regeneración, pero es simultánea con la regeneración, ya que induce a ella.

“De manera que el sujeto de la regeneración debe ser un recipiente pasivo o perceptivo de la verdad presentada por el Espíritu Santo, en el momento, y durante el acto de la regeneración” (Ibid.).

Pero ese es todo el papel que, según él, le corresponde a Dios.

“Ni Dios, ni ningún otro ser, puede regenerar lo, si él no se vuelve. Si él no cambia su elección, es imposible que sea cambiado” (Ibid.).

De manera que para Finney, la regeneración no envuelve cambio en la naturaleza constituyente del pecador, sino que consiste meramente en un cambio de elección, intención, o preferencia obrado por el pecador. Esta depende enteramente de una decisión o elección del pecador.

Es aquí precisamente donde su teología impactó tremendamente el evangelismo actual, introduciendo la doctrina pelagiana de nuevo en muchas iglesias que hoy se llaman evangélicas, aunque siguen a Finney en su perversión del evangelio.

Por la regeneración se obtienen preciosas bendiciones, como:

  • Obtener la nueva vida, la vida (gr. zoé, Jn.1.4) de Dios (Jn.5.24; cp.Ef.2.1)
  • La recepción de una nueva naturaleza, que la Biblia llama “el nuevo hombre” (Ef.4.24; Col.3.10; Gal.5.17; 2CO.5.17)
  • El creyente es bautizado “a Cristo” o “hacia Cristo” (Ro.6,3).
  • Es una operación del Espíritu Santo (1 Co.12.13).
  • El salvo queda unido vital y eternamente a Cristo Jesús.
  • La participación en la naturaleza divina (2 Pe. 1.4; 1 Jn.3.9)
  • La habitación de Cristo en el creyente (Ga.2.20)
  • El ingreso al reino de Dios (Jn.3.3, cf.v.5).

Relación entre creyentes y arminianos

Charles Spurgeon dijo una vez que

“todos los creyentes eran inicialmente arminianistas.”

Y tenía toda la razón. Los incrédulos son por naturaleza pelagianos, es decir, creen que el hombre es bueno, pero que aprende a hacer cosas malas, y que tiene la capacidad de enmendar todos sus pecados/maldades por cuenta propia. Si un hombre que es convertido habiendo tenido esta cosmovisión humanista, cómo creen que interpretará el nuevo mundo de la fe? Creo que esa es la razón por la cual el comentario de Spurgeon es válido.

Bajo este sistema doctrinal [arminianismo] el hombre cree y luego nace de nuevo. Pero es esto lo que dice la Biblia? Para aclarar este tema deseo llevarlos a un artículo de R. C. Sproul, en el cual escribe,

En la perspectiva del Agustinianismo y el Reformismo, la regeneración se ve primero que nada como un trabajo sobrenatural de Dios. La regeneración es el trabajo divino de Dios el Espíritu Santo sobre las mentes y almas de la gente caída, por el cual el Espíritu aviva a aquellos quienes están espiritualmente muertos y los hace espiritualmente vivos. Este trabajo sobrenatural rescata a esa persona de su esclavitud al pecado y su incapacidad moral de inclinarse por sí mismo hacia las cosas de Dios. La regeneración, por ser un trabajo sobrenatural, es un trabajo que obviamente no puede ser logrado por un hombre natural por sí mismo. Si fuera un trabajo natural, no requeriría la intervención de Dios el Espíritu Santo.

En segundo lugar, la regeneración es un trabajo monergista. “Monergista” significa que es el trabajo de una persona que ejerce su poder. En el caso de la regeneración, es solamente Dios quien tiene la capacidad, y es solamente Dios quien ejecuta el trabajo de regeneración del alma humana. El trabajo de regeneración no es una actividad conjunta entre la persona caída y el divino Espíritu; es solamente el trabajo de Dios.

En tercer lugar, el trabajo monergista del Espíritu Santo es un trabajo inmediato. Es inmediato con respecto al tiempo, y es inmediato en relación al principio de operar sin intermediarios. El Espíritu Santo no usa nada más que Su propio poder para rescatar a una persona de la muerte espiritual a la vida espiritual, y cuando ese trabajo se logra, se logra instantáneamente. Nadie es regenerado parcialmente o casi regenerado. Aquí tenemos una situación clásica de “o es/o no es”. Una persona o es nacida de nuevo, o no es nacida de nuevo. No hay un periodo de nueve meses de gestación en relación a este nacimiento. Cuando el Espíritu cambia la disposición del alma humana, lo hace instantáneamente. Una persona puede no estar consciente de este trabajo interno logrado por Dios por algún tiempo después de que en realidad ha ocurrido. Pero aunque nuestra percepción de él puede ser gradual, la acción es instantánea.

En cuarto lugar, el trabajo de regeneración es efectivo. Esto es, cuando el Espíritu Santo regenera un alma humana, el propósito de esa regeneración es traer a esa persona a la fe salvadora en Jesucristo. Ese propósito se efectúa y es logrado como los propósitos de Dios en la intervención. La regeneración es más que darle a una persona la posibilidad de tener fe, le da la certeza de poseer esa fe salvadora.”

Les invito a leer el resto del artículo aquí.

Dice F. Lacueva, comentando la característica radical de la regeneración:

“… es un cambio tota! en el estado del hombre, ya que toda la dinámica moral y espiritual de sus facultades se ve afectada por la nueva vida: una nueva gama de criterios acerca de los verdaderos valores ilumina su mente; un nuevo complejo de aficiones e intereses disponesus sentimientos; un nuevo plantel de motivos guía ¡as deliberaciones e impulsa las decisiones de su voluntad, renovando su energía operativa en el orden espiritual. En pocas palabras, la nueva vida comporta un correcto pensar, sentir, decidir y obrar… Esta radicalidad de la regeneración significa que el cambio se ha hecho desde la raíz del ser humano, desde lo que la Biblia llama el “corazón”, pero no significa que sus facultades hayan quedado inmunizadas contra el error y el pecado. El regenerado puede todavía equivocarse y puede caer, pero el norte de su brújula queda fijado. Aunque el pecado llegue a anidar en él, será como un cuerpo extraño dentro de la nueva naturaleza (I Jn.3.8-9;Ro. 8:4) [2]

En Juan 1.13 leemos que la condición de hijos de Dios no se obtiene por ser engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Esto significa que:

• No se produce por herencia. A diferencia de la naturaleza pecaminosa que se hereda desde Adán de padres a hijos (Ro.5.12), la nueva naturaleza se obtiene solo por gracia y por una unión vital con Cristo (Ef.2.3-8)
• No se produce por voluntad carnal. Es decir, no tiene nada que ver con nada
que el hombre pueda hacer o lograr humanamente. No es producto del esfuerzo humano. No hay mérito, ni obra que pueda obtener la salvación y la consecuente nueva vida.
• Tampoco se produce por voluntad de varón, es decir, por procreación humana o por pertenecer a una determinada raza, o religión, o cualquier otra prerrogativa.

Los hijos de Dios, pues, no tienen origen en alguna causa física o biológica; tienen su origen en Dios, por la obra de Su Espíritu Santo.

Notas

[1] http://www.casadeoracionmadrid.com/Pdf/Presciencia.pdf

[2] F.La Cueva,Doctrinas de la Gracia – Curso de Formación teología evangélica,  Ed. Clie ,Pag.74-75

Articulos relacionados con la regeneracion en la teologia de Finney

bibl.consultada

Implicaciones Prácticas de calvinismo

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La teologia de Finney parte 5 – depravación moral

4. La doctrina de la depravación moral:

Finney también negó que por causa del pecado de Adán su descendencia poseyera una naturaleza pecaminosa. De ser así, dice él,

“entonces el pecado en acción debe ser visto como una calamidad, y no puede ser un crimen. Éste es el efecto necesario de una naturaleza pecaminosa. Esto no puede ser un crimen, ya que la voluntad no puede hacer nada con ella” (pg. 262, lect. 16).

Y otro lugar dice:

“La voluntad humana es libre, de manera que los hombres tienen poder o habilidad para hacer todos sus deberes. El gobierno moral de Dios asume e implica por todas partes la libertad de la voluntad humana, y la habilidad natural de los hombres para obedecer a Dios. Cada mandamiento, cada amenaza, cada protesta o denuncia en la Biblia implica y presupone esto” (pg. 307, lect. 20).

Por supuesto, de ser así, si las demandas morales de Dios implican la habilidad moral del hombre para poder cumplirlas, entonces deberíamos presuponer que el hombre tiene la capacidad de llegar a ser perfectos, porque es eso, y nada menos que eso, lo que la ley exige (comp. Gal. 3:10; Sant. 2:10).

Qué quiere decir Depravación? Qué enseñan las Escrituras?

En primer lugar, la depravación tiene que ver con el pecado. Parece obvio, pero la aclaración debe hacerse si queremos mantener la verdad con respecto a la depravación total de individuo.

Históricamente, aquellos que niegan la doctrina de la depravación total del hombre, son aquellos que minimizan la realidad del pecado. Por ello es que el pecado no se toma con la seriedad que merece. Para Pelagius era sólo un hábito del hombre; para los semi-pelagianos una enfermedad. Actualmente no es tomado con el horror con el que es definido en la Biblia. En el espectro eclesiástico, existen desde los más liberales que enseñan que el pecado es una aflicción o una deficiencia mental, y por lo tanto la cura para el pecado está en la rehabilitación social, en el “haz el bien”, en las reformas sociales, la reforma del carácter externo del individuo.

Las Escrituras nos brindan una opinión diferente acerca del pecado. La Biblia enfáticamente nos informa que el pecado es siempre cometido contra Dios. Esto es fundamental. Dios es el Santo, Señor soberano del cielo y la tierra. Él es infinitamente perfecto. Su santidad es tan grande y la gloria de sus perfecciones es tan brillante que ante Él los ángeles deben cubrir sus rostros y cantar día a día,

  • “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:3).

Es contra Él que todo pecado es cometido. Esto nunca debe ser olvidado. El pecado es una contradicción de Su Santidad. Es una rebelión contra Dios. Cada pecado, no importa que tan mínimo, o insignificante nos parezca, es siempre cometido en relación con Dios. Dios creó al hombre con el único propósito de que glorificara a su Creador. No había otro propósito. Dios no creó al hombre porque estaba solo, o porque el hombre iba a llenar un espacio vacío en el corazón de Dios. Dios está y estará eternamente completo en la Trinidad, y aparte de la Trinidad no necesita nada meas. Dios no necesita a los ángeles, y mucho menos al universo, incluyendo a los hombres (1Corintios 10:31; Efesios 1: 3-6; etc,etc,etc).

El pecado de Adán fue un pecado cometido contra Dios. Fue el pecado del orgullo y la desobediencia y la rebelión en contra del mandato de Dios. Fue un acto deliberado, determinado, conciente de dejar de hacer aquello para lo cual fue creado. Adán no quiso tener nada más que ver con Dios y Su gloria. Adán prefirió seguir el consejo de Satanás; y prefirió representar al diablo, ayudarlo en su nefasto plan de robarle la gloria a Dios. Eso fue lo que hizo al pecado tan horrible. Fue cometido contra Dios, para robar su gloria.

Hasta el día de hoy no se ha cometido un pecado que sea diferente. Esto es lo que debemos comprender. Es por eso que el castigo en contra del pecado es tan grande. La gravedad del pecado se mide dependiendo de contra quien se ha cometido. Como nuestro pecado es cometido en contra del Dios infinitamente Santo y Justo, es infinitamente grave.

El castigo fue que Dios mató a Adán. Cualquiera puede entender porque esto fue necesario. Dios formó a Adán para que Adán representara la causa de Dios en la tierra, esto es, glorificar a su Creador. Adán se negó a hacer eso, y prefirió glorificar al diablo. Ese fue el deseo de Adán. Por ello, ya no había más lugar para Adán en el mundo de Dios. Dios, por lo tanto, mató a Adán,

  • “El día que comas del fruto prohibido, de cierto morirás.”

Qué significa esto? Adán no cayó muerto a un lado del árbol. Todos sabemos esto. Significa, en primer lugar, que Dios derramó toda Su ira sobra Adán. Todo su enojo y odio. Dios odió el pecado de Adán por lo que hizo, debido a que Dios odia todo aquello que va en contra de Su naturaleza. No podía ser diferente si Dios quería mantener Su santidad y luchar por lo que lucha siempre, Su Santo Nombre. No podía amar a algo  que no era santo como Él.

Debemos entender que esto ocurre a Adán fuera de Cristo, ya que en Cristo Adán fue salvo, y amado por Dios Padre. Adán, aparte de Cristo fue separado de la presencia de Dios, pues Dios no puede mantener comunión con el pecado. Ahora el mundo era diferente para Adán, antes era gozo, alegría; ahora es sufrimiento, aflicción, problemas, muerte, etc.

En segundo lugar, el que el pecado matara a Adán significa que el pecado lo hizo totalmente depravado. Eso es lo que significa la muerte espiritual. Pablo lo expresa claramente,

  • “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”

El castigo para la increíble transgresión de Adán fue que se convirtió en un esclavo del pecado en toda su naturaleza y en todo su ser. Este fue el castigo por su pecado. Todos los hombres son completamente depravados.

Cómo es posible que todos los hombres sean depravados? Primero, todos los hombres son en Adán responsables del pecado que Adán cometió. Esto porque Adán fue la cabeza o el representante de toda la humanidad. Pablo lo describe así,

  • “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.’ (1 Corintios 15:22).

Adán fue la cabeza de todos los hombres, porque Dios así lo decidió.

Segundo, Adán fue el padre de toda la raza humana así que de Adán viene toda la corrupción y la depravación. David, en sus salmnos lo describe así,

  • “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:5).

Qué entendemos por Depravación Total?

Las Escrituras y las Confesiones de la Iglesia nos enseñan que la depravación del hombre, como lo hemos visto, es total. Pero debemos hacer la distinción que a pesar de que el hombre es totalmente depravado, es decir, que no hay una sola molécula de su cuerpo que no esté corrompida por el pecado, el hombre no es tan malo como podría serlo. El artículo 4 de los canones de Dordt dicen que

“los remanentes de luz natural que aún quedan en el hombre desde su caída”

actúan como la manera en que Dios mantiene al hombre de ser totalmente perverso. El hombre pecador aún tiene el sentido del bien y el mal. El bien que hace el hombre, es hecho por Dios y para Su gloria.

Es decir, el hombre no anda por ahí matando a otros hombres, no anda adulterando (por lo menos no la mayoría), debido a que aún puede hacer obras que estén en armonía con la Ley de Dios. El hombre no vive una vida totalmente depravada, no porque no pueda, sino porque Dios no se lo permite.

Pero con respecto al bien espiritual, que es lo más importante, la biblia es clara en que el hombre no puede hacer nada bueno. Con el bien espiritual nos referimos a lo que concierne a la salvación. Es decir, el hombre no puede hacer nada para ser salvo.

Cuando Calvino y los padres de la iglesia reformada describieron el término depravación total, lo que quisieron decir fue “muerte espiritual.” El pecador está muerto, espiritualmente muerto. Viene a este mundo de su madre, obitado. No está enfermo. No padece de una enfermedad. Esta muerto. Esto es lo que enseña la Biblia.

Esto quiere decir, que su naturaleza está tan corrompida que no puede hacer nada bueno. El pecador no puede hacer nada que sea bien visto por Dios. Su corazón está muerto. La mente del hombre está muerta, está tan oscurecida por el pecado, que a pesar de poder entender las palabras de la Biblia, no puede comprender las cosas espirituales de Dios, de hecho, lo que comprende lo odia y no quiere tener algo que ver con Dios. Jesús, en su conversación con Nicodemo le dice que el hombre debe nacer de nuevo, debido a que,

  • “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (Juan 3: 19).

Lo mismo ocurre con la voluntad del hombre o el libre albedrío. La esclavitud de la voluntad describe perfectamente su estado–su voluntad está esclavizada al pecado. El hombre no puede ni siquiera desear lo bueno. Esta es su naturaleza. Está muerto espiritualmente. Puede un muerto pensar? Puede un muerto desear algo? Puede un muerto dar señales de vida? El hombre muerto espiritualmente no puede desear hacer ninguna cosa buena espiritualmente. Ni siquiera puede desear su salvación. Su mente está tan oscurecida que no puede ni siquiera buscar a Dios para ser salvo.

Pablo en la epístola a los Romanos nos dice,

  • “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda,No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3: 9-12; Romanos 3:23; Salmo 14, 53).

Alguien puede objetar diciendo que el hombre puede hacer cosas buenas, como amar a su esposa e hijos, amar a su prójimo, etc. El hombre ha hecho cosas en la ciencia que han sido de gran ayuda para la humanidad.

Lo primero que debemos decir a esta objeción es que la descripción acerca de la total depravación del hombre no se basa en la observación, sino en la declaración que nos da Dios en la Biblia. Quién es el que conoce el corazón del hombre? Dios es el que nos dice como somos y no alrevés.

En segundo lugar, con respecto a estas buenas obras. Desde los tiempos de Agustín en el siglo V, habían personas como Pelagius que objetaban estas sentencias. Lo que Agustín muy bien decía era que en el hombre, un mal detenía otro mal.

Por ejemplo, Agustín decía que un hombre que era dominado por el deseo de hacer dinero, ese deseo, le impedía cometer adulterio, o ser un alcohólico, con el único propósito de hacerse más y más rico.

Pero entonces Agustín hacía la pregunta: Es esto bueno a la vista de Dios? Por supuesto que no. Lo mismo sucede con las ‘buenas’ obras de los hombres. El hombre lo que busca es su propia gloria y el reconocimiento de los demás.

El pecado es orgullo. El hombre está siempre buscando ser exaltado por otros hombres. Este deseo es su principal motivo. Es esto bueno? No. Dios nos creó para que Él recibiera toda la gloria de todo lo que nosotros hacemos. Es por eso que sin Dios, ningún hombre hace buenas obras, o por lo menos obras que sean agradables a Dios.

Es más Dios nos dice,

  • “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6).

Todas las supuestas justicias o buenas obras del hombre son como trapos de inmundicia para Dios. Esta es la sentencia de la Biblia, y a esta nos debemos someter.

Cuando un pecador puede ver la sentencia de Dios sobre la humanidad, y se da cuenta de su depravación, puede caer a los pies de Dios en arrepentimiento y clamar por perdón, al igual que David (Salmo 51). Ahí es cuando un hombre puede ver la cruz de Cristo y su necesidad. Sólo así podemos ver y comprender la gracia que fue derramada sobre nosotros, los hijos del Altísimo.

Otros textos bíblicos:

Romanos 3:23; 1 Reyes 8:46; Salmo 143:2; 1 Juan 1:8; Romanos 3: 9-12,18; Romanos 1: 18; Romanos 7: 18; Romanos 8: 5-9; Romanos 6: 17-18; Efesios 2: 1-5; Efesios 4: 17-18.

Articulo relacionado con la depravacion moral en la teología de Charles Finney

bibliografia consultada:

Bibliografia relacionada

Benjamín B. Warfield- Una Declaración Breve y Sencilla de la Fe Reformada

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La teologia de Finney parte 5 – relación entre la justificación y la santificación

3. La relación entre la justificación y la santificación:

ultima fecha de actualizacion: 20-07-2010

Otro aspecto en que Finney se aparta de la enseñanza bíblica es en lo tocante a la relación de la justificación con la santificación.

“Algunos teólogos – dice Finney – han hecho de la justificación una condición de la santificación, en vez de hacer la santificación una condición de justificación. Pero esto… es una perspectiva errónea del asunto” (pg. 368-369, lect. 25).

Según Finney, para que los pecados pasados del pecador sean perdonados, y para ser aceptados por Dios en el presente,

“la consagración de corazón y vida a Dios y a Su servicio es una condición inalterable”.

Esta declaración es un golpe mortal al evangelio. Como bien señala Sproul:

“Si la completa consagración de corazón y vida a Dios es una condición inalterable para el perdón, ¿quién será perdonado? Éstas no son buenas noticias, siendo la peor de todas las noticias posibles”.

McArthur citó sobre Charles Finney lo siguiente,quien escribió

“En todas partes he encontrado que las peculiaridades del hipercalvinismo han sido una gran piedra de tropiezo tanto para la iglesia como para el mundo. Una naturaleza pecaminosa en si misma, una incapacidad total para aceptar a Cristo y para obedecer a Dios, condenación a muerte eterna por el pecado de Adán y por una naturaleza pecaminosa, y todos los demás dogmas similares que son el producto de esa escuela peculiar, han sido la piedra de tropiezo para los creyentes y la ruina de los pecadores” (Charles Finney: An Autobiography [Autobiografía de Carlos Finney (Old Tappan. N.J.: Revell, s.f.), pp. 368-69). Sin embargo, las doctrinas que Finney enumera no son doctrinas únicas y exclusivas del hipercalvinismo. sino que son ortodoxia calvinista simple, y en la mayoría de los casos, enseñanzas bíblicas sencillas y claras. Finney las echó todas por la borda y de esa manera repudió el corazón de la teología bíblica.

La teología que Carlos Finney inventó estaba llena de problemas, en particular en el área de la santificación. Finney desarrolló una forma radical de perfeccionismo, lo cual a su vez engendró muchas otras ideas fanáticas entre sus seguidores. B. B. Warfield escribió una crítica completa y devastadora de la teología de Finney en su obra en dos volúmenes titulada El perfeccionismo, vol. 2. pp. 1-215.

Finney se equivocó al no considerar con el esmero suficiente que los avivamicntos más robustos del siglo dieciocho en Norteamérica incluido el denominado “great Awakening” o gran despertar, tuvieron su origen en la doctrina calvinista. Jonathan Edwards. George Whitefield, David Brainerd y los primeros bautistas fueron todos abanderados de un fuerte calvinismo, pero al mismo tiempo mantuvieron un celo enérgico y un compromiso activo por el evangelismo. Desafortunadamente, Finney tenía demasiadas ganas de prescindir de ese legado para proceder a forjar su propia rúbrica teológica. La perspectiva pragmática que fue parte esencial e in­separable del sistema de Finney ha perdurado hasta la actualidad, incluso entre muchos cristianos que deplorarían las innovaciones doctrinales de Finney. [1]

La santificacion

He leído las lastimosas confesiones de monjes que se han recluido en monasterios durante años, procurando dominar sus bajas pasiones. Pero aun así, sus malos pensamientos casi los enloquecen. No han alcanzado la victoria sobre las pasiones aislándose de la sociedad. Precisamente cuando pensaban que estaban libres de las pasiones, y que habían puesto bajo control todos los deseos carnales, caían de nuevo bajo el embrujo de pasiones desordenadas y desenfrenados pensamientos.

Cierto monje vivió durante cincuenta años en una cueva subterránea, procurando sujetar su cuerpo al espíritu. Otros se enterraron hasta el cuello en la arena calcinante, con la esperanza de “quemar” sus iniquidades.

He leído de monjes que durmieron en colchones de espinas y en pilas de vidrios rotos. Otros se ataron una pierna, caminando con un solo pie hasta que perdieron el uso del otro. Otro monje se colocó dentro de la rueda de un vehículo y se quedó allí en posición fetal durante diez años, siendo alimentado por otros.

Plancha metálica del siglo VI, conservada en elmuseo de Louvre mostrando a San Simeón Estilita sobre su columna. La serpiente representa al demonio, trátando de tentarlo.(Wikipedia)

San Simeón Estilita, monje sirio del siglo V, se entregó a la meditación, a la oración y a la predicación en lo alto de una columna, en la que vivió treinta años, y cuando se debilitó tanto que ya no podía quedarse allí, hizo erigir un poste y se encadenó a él.

Todos estos métodos de tortura los emplearon los monjes a fin de desalojar la influencia malvada que sentían en ellos. Querían aniquilar esa parte del ser que ansiaba el pecado. En la Edad Media, largas procesiones de flagelantes viajaban de país en país gimiendo, llorando, cantando himnos tristes de arrepentimiento, y flagelándose las espaldas desnudas a medida que marchaban. Miles se unían a estas procesiones con el propósito de “desalojar al diablo mediante la tortura”.

Audrey o Eteldreda, Santa (catholic.net)

Santa Eteldreda creía su carne tan corrupta e inmunda, que se negaba a lavarse. Andaba de un lado para otro, sin lavarse y cubierta de mugre, y venerada como santa porque se suponía que había conquistado su propia carne.

Leyendo la Biblia, descubro que no soy yo el único atrapado en la lucha entre el bien y el mal.

El rey David era un hombre amado por Dios. Sin embargo, cometió adulterio con Betsabé, y luego hizo asesinar a su marido a fin de que no descubriera que su mujer estaba encinta. Se sintió desesperado, y lo admitió diciendo:

  • “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí. . . Y nada hay sano en mi carne. . . Porque mis lomos están llenos de ardor. . . No hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.”

El apóstol Pablo declaró:

  • “Mi propia conducta me desconcierta. Porque descubro que hago lo que en realidad ABORREZCO, y no hago lo que en realidad quiero hacer. . . Descubro con frecuencia que tengo el ánimo de hacer lo bueno, pero no las fuerzas. Cuando quiero hacer lo bueno, sólo el mal está a mi alcance. . . Soy cautivo de la ley del pecado que es inherente a mi cuerpo mortal. Porque, si se me deja proceder como quiero, sirvo a la ley de Dios con mi mente, pero en mi naturaleza no espiritual sirvo a la ley del pecado. ES UNA SITUACIÓN AGONIZANTE. . . ¿QUIEN PODRA LIBRARME DE LA PRISIÓN EN QUE SE ENCUENTRA MI CUERPO MORTAL?. . . ¡SOLAMENTE CRISTO!” (Romanos 7: 14-25, v. libre).

¿Dos Pablos también? ¡Sí! Se libró también en él una lucha agonizante entre una naturaleza espiritual y otra no espiritual, trabadas en constante batalla. Esta situación desdichada y agonizante, Pablo la describe como la más aterradora experiencia por la que puede pasar el hombre. Es el espantoso miedo a perder el dominio de la situación — un pavoroso miedo de provocar la ira de Dios al ceder ante los pecados secretos más de la cuenta, o peor aún, ser abandonado en manos del pecado.

La víctima que cede ante la ley del pecado comienza a pensar así: “¿Qué tengo que hacer para triunfar sobre el mal que reina en mí? He derramado un mar de lágrimas, he recurrido a la fuerza de voluntad, me he condenado a mí mismo, he hecho mil promesas de cambiar y he leído todo lo que ha caído en mis manos acerca de cómo ser santo. Pero estoy a punto de caer vencido por el agotamiento. ¿Me abandonará Dios antes de que pueda aprender cómo alcanzar la libertad? ¿Cómo puedo resistir esa fuerza avasalladora que me  impulsa hacia abajo? ¿De qué me vale?”

Aquellos que no están librando esta tremenda lucha interna, o han triunfado por medio de la fe, o no son sinceros. No se afligen por sus pecados, porque han resuelto no hacerles caso. Algunos tienen el corazón endurecido por el pecado, y la conciencia ha dejado de remorderles. Otros se han creado un esmerado sistema de excusas y justificaciones para todo lo que hacen, absolviéndose a sí mismos de toda debilidad y de toda falta.

Es una práctica común entre aquellos que descubren que hay ciertos  problemas  que controlan su vida, dedicarse a estudiar historia, sociología o religión, a fin de hallar una justificación para su conducta. Pero el que busca con sinceridad no puede excusarse con tanta facilidad y vivir feliz consigo mismo.

Tiene que darse cuenta de que hay en él un aspecto carnal repulsivo y admitir: “Soy esclavo del pecado. Nada bueno hay en mí sin Dios. Soy débil, frágil e inclinado al pecado, y necesitado de la ayuda cotidiana de Dios.”

En realidad, cuanto más santo sea un hombre, tanto más consciente estará de su propia condición de pecador.

Hace más de cien años, el gran predicador escocés Alejandro Whyte hizo un llamado a la sinceridad para admitir la lucha que se libra entre las dos naturalezas que hay dentro del hombre.

Al efecto escribió:

Los escritores han tenido miedo de declarar abiertamente toda la verdad acerca de sus tribulaciones. La persona veraz debe admitir que no ha existido jamás nadie tan débil y con un corazón tan malo como ella, ni vida alguna tan mala como la suya; ningún peca­dor tan asediado por tentaciones y pruebas como ella. Debe admitir su propia expe­riencia interior de pecaminosidad; saber que su pecado es dañino; que el pecado a veces ejerce dominio sobre él aún; que una maldad indescriptible está al acecho en su corazón, y que todo esto ocurre en su propio corazón. Esta es la agonía diaria que sufren todos aquellos que están conscientes de lo que pasa en su propio corazón.

De ninguna otra cosa podrá estar tan seguro y convencido como del pecado y la desdicha de su propio corazón malo y de su egoísmo, su envidia, malicia, soberbia, odio, venganza y sensualidad.

Los creyentes son descritos como “hijos obedientes” en 1 Pedro 1:14. No hemos de permanecer bebés, pero no brincamos el proceso de infancia a! crecer en el Señor, I de Pedro 1:14, 15 describe lo que significa la obediencia:

  • “No permitáis que vuestro carácter sea formado por los deseos de vuestros días de ignorancia, pero sed santos en cada parte de nuestras vidas, porque el que os ha llamado El mismo es santo” (Phillips).

La santificación que se refiere al proceso de crecimiento cristiano significa ser puesto aparte, ser santo. Como la salvación la palabra en realidad tiene tres aspectos. Nosotros somos santificados (puestos aparte) cuando somos salvos. De esta suerte, cada creyente es un santo. Si estamos creciendo, estamos constantemente en el proceso de la santificación (siendo hechos santos).

Finalmente nuestra santificación será completada (seremos hechos santos) cuando nos encontremos con Cristo en la eternidad. Los bautistas no creemos que nadie alcanza la plena santificación (perfección; impecable) en esta vida, aunque la perfección debe ser una meta hacia la cual nos debemos esforzar’.

Mateo 6:33 manda: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Jesús tiene prioridades para la forma en la que vivimos nuestras vidas. Muchas cosas claman pidiendo la prioridad en nuestras vidas.

Necesitamos aprender por medio del estudio de la Escritura a determinar lo que es importante en la vida. La vida es más importante que las posesiones materiales: (vea Lc. 12:15). Se nos manda que seamos fortalecidos en el poder de Dios (vea Ef. 6:10). Debemos vivir, enterados de nuestra responsabilidad para con Dios (vea Ro.14:12).

La meta de la vida cristiana está hermosamente expresada por Pablo en Filipenses 3:10-12:

  • “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fué también asido por Cristo Jesús”.

En este pasaje de la Escritura Pablo nos da la razón para crecer. Uno pensaría que después de tantos años de servir a Cristo, Pablo hubiera tenido un entendimiento completo de Jesús y la vida cristiana. Pero él sabía que el crecimiento es un proceso continuo y que hay mucho más que aprender y ser.

Conocer a una persona es mucho más que conocer de ella.. Conocer de alguien tiene valor, pero conocer tiene vitalidad. El verbo conocer indica conocimiento basado en la experiencia; personal. Conocer a Cristo Jesús es entender nuestro proposito en el plan de Dios. El deseo de Pablo era cumplir todo lo que Dios tenía en mente para que él hiciera cuando lo salvó en el camino a Damasco.

Pablo confesó que no había alcanzado la completa madurez. Note la magnífica obsesión de Pablo en los versículos 13 y 14: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiendo me a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Esta clase de compromiso trae madurez.. Es desarrollarse y no permanecer estático, creciendo continuamente hacia la perfección. Pablo estaba cogido en la misión’, el sueño, y la visión que Dios le había dado. El no quería desilusionar a Jesús, al no alcanzar el propósito para el cual: había sido salvo. Como un corredor en una carrera —el pasado estaba detrás, y la línea final estaba por delante— Pablo se estiró para alcanzar su meta.

Efesios 1:15-20 expresa una hermosa oración de Pablo por los cristianos efesios.

  • “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál fe supereminente grandeza de su poder para con nosotros-los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.,. La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”.

Esta oración de Pablo por los efesios incluye algunas im­portantes peticiones que se relacionan con todos: los cre­yentes. Primero, Pablo oró para que los cristianos efesios tuvieran “espíritu de sabiduría” (v. 17). La palabra griega por sabiduría es sofia. Esta palabra se refiere al entendimiento práctico que viene como un don de Dios. En el contexto de este versículo se refiere a entender la revelación que’Dios ha dado de sí mismo.

En seguida Pablo oró que los ojos de sus corazones fueran alumbrados (v. 18). El corazón significa el ser interior. La idea de los ojos del corazón sugiere que los hombres necesitan más que alumbramiento intelectual. Las realidades sólo se pueden comprender por el corazón; solo se pueden ver por el ser espiritual. Las realidades que Pablo quería que los efesios vieran son “la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su he Anda en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con noso­tros los que creemos” (vv. 18,19).

Pablo no explicó cuál es la esperanza a la que hemos sido llamado, pero la idea parece ser la esfera total del logro espiritual que Dios ha hecho posible para nosotros. La herencia de la cual se habla es la herencia del pueblo de Dios, y la abrumadora abundancia de los dones de Dios a Su pueblo. El incomparable poder al cual se hace referencia en el versículo 19 es el poder de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos y lo exaltó en los lugares celestiales (vea v. 20). La palabra para poder en este versículo es dunamis. Ella significa poder, fuerza y vitalidad. Nuestra palabra dinamita viene de esta palabra. La asombrosa verdad es que este poder está disponible para nosotros los que creemos (v. 19).

El propósito para todo lo que Dios ha dado es cumplir Su propósito en nuestras vidas. Una frase en el versículo 17 resume la meta de la vida cristiana: “el conocimiento de El”.

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Bibliografía consultada

La teologia de Finney parte 4

La teologia de Finney parte 4

La Nueva Escuela de teología tiene sus raíces remotas en el calvinismo de Jonathan Edwards, pero su antecedente inmediato fue la teología de Nueva Haven de Nathaniel Taylor, quien abogó por una teología de gobierno moral. Él sintetizó los elementos morales de sentido común la filosofía escocesa con reinterpretaciones de las tradicionales calvinismo para construir un renacimiento del semi – pelagianismo. Negar la imputación del pecado de Adán y afirmando que el hombre no regenerado puede responder a las proposiciones morales, especialmente la muerte de Cristo, Taylor argumenta que los hombres no necesitan esperar pasivamente a que el Espíritu Santo los redima. Sus puntos de vista reflejan una larga lista del concepto americano de fe en la libertad humana.

Quizá sea de beneficio para mis hermanos evangélicos el conocer que la gran mayoría de los teólogos del siglo 17 consideraban que la salvación era una obra de gracia de principio a fin. Jamás pensaron que el pecador podía salvarse a sí mismo, o en alguna manera contribuir a la salvación en algún aspecto. Era su firme convicción de que el pecado de Adán había arruinado a la raza entera. Todos los hombres estaban espiritualmente muertos y sus voluntades eran esclavas del pecado y Satanás. La capacidad de creer en el evangelio era en sí un don de Dios, otorgado solamente a aquellos que El hubo escogido para ser los beneficiarios de Su favor inmerecido. No era el hombre, sino Dios, el que determinaba cuáles pecadores recibirían Su misericordia y serían salvos.

Los cristianos que creemos en la Depravación Total [1] del ser humano y en la Elección Incondicional [2] por parte de Dios de aquellos que serán salvos (los predestinados), somos a menudo confrontados con el argumento de que si nuestras doctrinas son correctas, entonces la tarea de evangelizar no tiene sentido. Nos dicen que nuestras doctrinas nos ponen en contra de la Escritura, la cual nos convoca a predicar el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Si Dios, nos dicen, ya ha predestinado a algunos para ser salvos, es obvio que no es necesario llamar a los hombres al arrepentimiento.

Los que sostienen tal posición son los mismos que creen que la fe es algo que se inicia en el hombre. Sin embargo, la Escritura es bien clara respecto a que la fe es un don de Dios. Algunos han rechazado esta verdad porque están convencidos que a menos que la fe sea entendida como un acto originado en el libre albedrío del hombre, o sea algo que todos los hombres pueden hacer en cualquier momento que ellos deseen, entonces el evangelismo personal es una tarea inútil.

Yo sostengo que debo permanecer en lo que Dios enseña a cualquier coste. La doctrina de la total incapacidad espiritual del hombre para creer o arrepentirse, de ninguna manera elimina la urgencia y necesidad de llamar a los pecadores para Cristo. Por el contrario, esa doctrina incrementa la urgencia y desesperación de los pecadores. Los empuja a buscar a Dios diligentemente.

2. La doctrina de la expiación:

Mientras líderes de la escuela vieja atacó duramente a la teología de Taylor, evangelistas y ministros como Charles G Finney, Lyman Beecher, y Barnes Albert lo popularizó. Finney utiliza la teología de Taylor para redefinir revivals como las obras que el hombre puede realizar utilizando los medios que Dios ha provisto. Con una base teológica, introdujo su famoso “nuevas medidas”, como refiriéndose a sus oyentes como “pecadores” y llamarlos a sentarse en un banco de ansiedad “mientras contemplaba la conversión a Cristo.

En cuanto a la doctrina de la expiación, Finney enseñaba que Cristo no murió en sustitución de los pecadores, tomando sobre Si el castigo que ellos merecen por sus pecados.

“Estrictamente hablando, la justicia retributiva nunca puede ser satisfecha, en el sentido de que el culpable pueda ser castigado por tanto tiempo y en la extensión que merece; pues esto implicaría ser castigado hasta dejar de ser culpable, o hasta hacerse inocente… Suponer, por tanto, que Cristo sufrió en cantidad todo lo que debía por los elegidos, es suponer que El sufrió un castigo eterno multiplicado por todo el número de los elegidos” (pg. 219; lecture 13).

Finney pierde de vista aquí que la satisfacción rendida por Cristo en la cruz del calvario no mira a la ley como un ente independiente siendo satisfecha en sí misma, sino que mira al Padre, el Dador de la ley, como aquel cuya justicia es satisfecha.

Ahora bien, Finney no niega del todo el elemento de satisfacción en la muerte de Cristo, pero no en el mismo sentido en que lo afirmaban los reformadores. Para Finney la expiación de Cristo tuvo el propósito de a ser un despliegue público de justicia. Al morir en la cruz Cristo sirve de modelo o de ejemplo para que los impíos no piensen que pueden pecar con impunidad.

En otras palabras, cuando Cristo murió en la cruz no estaba padeciendo en sustitución de nadie, sino más bien demostrando cuan seriamente toma Dios su ley y la virtud moral. La muerte de Cristo le muestra a una humanidad culpable que cualquiera puede ser perdonado, siempre que sea adecuadamente afectado por la muerte de Cristo y traído por ella al arrepentimiento.

En cuanto a la relación de la fe con la justificación, Finney señala:

“Me temo que ha habido mucho error en la concepción de muchos sobre este asunto. Ellos han hablado de la justificación por la fe como si supusieran que, por un señalamiento arbitrario de Dios, la fe fuera la condición, y la única condición de la justificación… Estas personas… hablan de la justificación por la fe; como si fuera por fe, y no por Cristo a través de la fe, que el pecador penitente es justificado; como si la fe, y no Cristo, fuese nuestra justificación… Pero no debemos nunca olvidar que la fe que es la condición de la justificación, es la fe que obra por el amor” (pg. 366, lect. 25).

Una vez más vemos cómo Finney caricaturiza la doctrina reformada en varios aspectos. Por un lado, ninguno de los reformadores enseñó que la fe fuese un señalamiento arbitrario de parte de Dios. Tampoco enseñaron que la fe en sí misma justifique al pecador; lo que él está atacando aquí sería atacado por los mismos reformadores como antinomianismo. El problema es que, al atacar esa caricatura, rechaza también la doctrina bíblica de que la justicia de Cristo es imputada al creyente por medio de la fe.

La Expiación de Cristo: Reconciliación

T.W. Hunt cuenta en La Doctrina de la Oración de aconsejar a una mujer y finalmente enfrentarla con la pregunta

“Si la sangre de Jesús la limpia a usted, ¿cuan limpia quedará?”2

Yo estaba entrenando consejeros en Dayton, Ohio, para una cruzada evangelística. Un consejero trajo a la cruzada a una mujer joven que había ganado para Cristo. La mujer era adicta a las drogas y sus brazos tenían muchas marcas de aguja. Cuando pasó al frente en la cruzada para hacer pública su decisión, ella dijo: “Hoy me he encontrado con Jesús y El me ha limpiado. Ya no estoy sucia. Estoy limpia otra vez”.

Cristo murió para reconciliar a un pueblo separado de Dios. La palabra reconciliación pinta una separación, una enemistad entre cada persona y Dios^ por el pecado (vea Ro. 5:10). Cristo trajo a Dios y a las personas que creen en El a una relación correcta. Dios no cambia; la reconciliación no es el proceso de cambiar a Dios para que se complazca con nosotros. El pecado nos separa de Dios. El problema del pecado tenía que ser tratado, pues ¡Dios esta en oposición al pecado y al mal. Pero Dios inició una forma de reconciliación (vea Ro. 5:11). Somos nosotros los que somos cambiados, nosotros somos reconciliados con Dios, no Dios con nosotros (vea 2 Co. 5:18-20; Col. 1:21, 22).

La reconciliación no significa reformación o “hacerse religioso”. Ni significa tampoco que enemigos comunes son traídos a la unidad. El Dios soberano, quien podría juzgamos justamente, ha provisto una manera para transformarnos por medio de un nuevo nacimiento (vea Jn. 3). Nuevo nacimiento es una combinación de dos palabras. La primera palabra palabra griega, genenté, es traducida es nucido. La segunda palabra griega, ánothen, tiene tres significados: de arriba; del principio; y otra vez, de nuevo. La idea de renacer y recreación se encuentra en varios pasajes del Nuevo Testamento (vea Ro. 6:11; Gá. 6:15; Tit. 3:5; Stg. 1:18; 1 P. 1:3, 23; 1 Jn. 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18).

Dios no nos creó para estar enemistados con El. Cuando somos reconciliados, comenzamos el proceso de ser aquello para lo cual fuimos creados: personas en paz con Dios y el uno con el otro (vea Ef. 2:11-21). Nuestro mundo está lleno de contienda, hostilidad y guerra. Cristo es el camino a la paz.

La Expiación de Cristo: Propiciación y Expiación

Los teólogos difieren en sus interpretaciones de las enseñan­zas bíblicas en cuanto a la propiciación y la expiaoón. Ambas palabras son traducción de la palabra griega hilasmx. En varías formas se usa en Romanos 3:25; Hebreos 2:17; 1 de Juan 2:2; 4:10. La versión Reina Valera 1960 traduce esta palabra corno propiciación (excepto en Hebreos 2:17 donde la traduce expiación). El Diccionario de la Santa Biblia por W, W. Rand, dice que propiciación se refiere al acto de apaciguar la ira de aquel contra quien se ha cometido una ofensa, mien­tras que expiación es un acto por el cual se da satisfacción por *un Gimen, y se cancela la responsabilidad contraída por su comisión.

Los que prefieren traducir hilasmos como expiación enfatizan que el pecador es reconciliado por medio del sacrificio de Cristo. Dios provee los medios para esta reconciliación qui­tando la causa de nuestra separación de Dios. El pecado es expiado por el sacrificio de Cristo, así que aquello que nos separa de Dios se quita, es posible allegamos a Dios por medio de Cristo. La expiación no da atención al hecho de que la ira de Dios se apacigua, sino a la acción de Dios por medio de Cristo, de quitar la barrera del pecado que separa a los pecadores de Dios.

Otros eruditos como León Morris, prefieren traducir hilas­mos y otras formas de la palabra como propiciación. Esos teólogos piensan que la idea de la expiación ignora lo que la Biblia enseña acerca de la ira de Dios contra el peca­do.

Millard J. Erickson escribe,

“Los numerosos pasajes que hablan de la ira de Dios contra el pecado son evidencia de que la muerte de Cristo fue propiciatoria”.3

Refiriéndose a varios pasajes de los escritos de Pablo, Eridcson dice,

“La idea de Pablo sobre la muerte de Cristo… no es simple­mente que quita el pecado y limpia de su corrupción (expia­ción), sino que el sacrificio también apacigua a Dios quien odia el pecado y esta radicalmente opuesto al mismo (propiciacion)

Existen otras versiones que no usan ni propiciación ni expiación al traducir hilasmos. En algunos casos como I Jn. 2:2 la traducen sacrificio expiatorio y hacer “sacrificio”. La verdad importante sobre este tema es que el problema del pecado humano y la separación de Dios fue considerado y contestado en el sacrificio de Cristo en la cruz.

Notas:

1. Depravación Total — Luego de la Caída de la raza humana, el hombre es incapaz de creer en el Evangelio para salvarse. El pecador está espiritualmente muerto, ciego y sordo en cuanto a las cosas de Dios. Su voluntad no es libre (no tiene libre albedrío) en lo relacionado con la dimensión espiritual y es esclavo de su naturaleza pecaminosa. En consecuencia necesita ser regenerado, no asistido, por el Espíritu quien le da vida y una nueva naturaleza. La fe en sí misma no nace del hombre, sino que es un regalo de Dios al pecador.

2. Elección Incondicional — La elección de ciertos individuos para salvación por parte de Dios antes de la fundación del mundo se origina únicamente en Su soberana voluntad. No fue basada en su preconocimiento de que algunos individuos responderían al Evangelio, ni en la obediencia, ni la fe, ni el arrepentimiento de estos individuos. Por el contrario, es Dios quien da fe y arrepentimiento a aquellos que El selecciona. Nada en el hombre, bueno o malo, virtuoso o malvado, determina la predeterminación de Dios sobre ellos. Es Dios quien por el poder del Espíritu, trae al individuo seleccionado a aceptar voluntariamente a Cristo. Es Dios quien escoge al pecador, no al revés.

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Bibl. consultada

La teologia de Finney Parte 3 ¿Era Charles G. Finney evangélico?

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En los articulos anteriores, hemos estado procurando comprender acerca de la vida de Finney, y entender porque si bien puede ser llamado evangelico por su fe cristiana,no asi por su doctrina.

Analizaremos su doctrina a la luz de las escrituras.

1. La doctrina de la justificación:

  • “Sabiendo que el hombre no es justificado a base de las obras de la ley, sino por medio de la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús para ser justificados a base de la fe de Cristo y no de las obras de la ley, por cuanto nadie será justificado a base de las obras de la ley.” (Gál. 2:16)

La justificación es uno de los conceptos más importantes en el Nuevo Testamento. La palabra griega que usualmente se usa para traducir la idea de justicia o rectitud; ya sea como nombre, verbo u otras formas; ocurre muchas veces. Las dos maneras de traducir la palabra indica correctamente que los dos conceptos no están separados en la Biblia.

Finney declara que es totalmente absurdo pensar que la justificación sea una transacción forense, es decir, que sea una declaración de inocencia de parte de Dios en base a la justicia perfecta de Cristo imputada al pecador por medio de la fe y en base a Su obra redentora en la cruz del calvario.

“Es… naturalmente imposible, y una contradicción sumamente palpable, afirmar que la justificación de un pecador, o de uno que ha violado la ley, es una justificación forense o judicial… Es ciertamente un sinsentido afirmar, que un pecador puede ser pronunciado justo a los ojos de la ley; que él puede ser justificado por las obras de la ley, o por la ley en algún sentido. La ley lo condena. Pero la justificación judicial o forense consiste en ser pronunciado justo en el juicio de la ley. Esto ciertamente es una imposibilidad con respecto a los pecadores” (Sistematic Theology; pg. 360-361, lecture 25; todas las citas de esta entrada fueron tomadas del libro de R. C. Sproul, Willing to Believe, pero he preferido poner las citas del libro de Finney para aquellos que poseen esta obra y no la de Sproul).

Es necesario señalar aquí que los reformadores no enseñaban que los pecadores son justificados por la ley, sino más bien que la fuente de la justificación forense es el Dador de la ley.

Aunque Finney está de acuerdo en que a través de la justificación el pecador es tratado como si fuera justo, esto no se debe a ninguna justicia imputada, sino simplemente a una declaración de perdón o amnistía de parte de Dios.

“La doctrina de una justicia imputada, o de que la obediencia de Cristo a la ley es contada como nuestra obediencia, está basada en la más falsa y absurda presuposición”, dice Finney (pg. 362, lect. 25), contradiciendo así lo que Pablo enseña en el capítulo 4 de Romanos y en muchos otros pasajes del NT.

Según Finney, Cristo debía obedecer la ley por Sí mismo y no para que Su justicia sea imputada a los pecadores.

El argumento de Finney es que, en lo que respecta a Su obediencia, Cristo hizo simplemente lo que debía hacer y, por lo tanto, Su obediencia perfecta sólo podía justificarlo a El mismo.

Martín Lutero, el primero de los protestantes reformadores, creía que la Iglesia Católica ponía demasiado énfasis en la necesidad de las buenas obras para la salvación. El insistía en que era por la fe sola que somos justificados o salvados. La salvación es un don inmerecido por medio de Jesucristo; por tanto, decía Lutero, las buenas obras son (en términos de alcanzar la salvación) innecesarias e inútiles.

Lutero creía que su postura se sustentaba en la Escritura, en Ro. 3:28 (“Pues estoy convencido de que el hombre obtiene la salvación por la fe y no por el cumplimiento de la ley”) y Ro. 4:3 (“Creyó Abraham a Dios y eso le fue tenido en cuenta para obtener la salvación”).

En tiempos de Lutero, había ciertamente católicos que enfatizaban demasiado las buenas obras (tales como la compra de indulgencias o los beneficios espirituales, para uno mismo y para los seres queridos fallecidos) y a veces, estas prácticas rayaban en la superstición. Con todo, la piedad popular no siempre fue un reflejo acertado de la enseñanza oficial de la Iglesia

La justicia debe ser recta. Debe descansar en una base ética y de santidad. La rectitud debe resultar en justicia. De esta suerte, la demanda de Dios de justicia por medio de los profetas del Antiguo Testamento, se ‘cumple sólo cuando la justicia prevalece en la tierra. La conexión es igualmente segura en el Nuevo Testamento. Un Dios justo nos justifica; un Dios recto nos hace rectos.

El concepto del Antiguo Testamento de la justicia y la rectitud estaba basado en la ley. El concepto del Nuevo Testamento está basado en Jesucristo. Nosotros que creemos en Jesús como Salvador y Señor tenemos la justicia de Cristo imputada a nosotros. La justicia es servida completamente en lo que Cristo hizo por nosotros en la redención (vea Ro. 3:25). La idea que Dios no debe ser justo si perdona el pecado tan fácilmente debió ser común en los días de Pabló. Pablo argüyó que la justicia de Dios es qiimplida en la provisión que ha hecho de un medio para qué un pueblo pecaminoso sea hedió justo, en Cristo (vea Ro. 3:26). Venimos a Cristo sólo por la fe, no por las obras; Cristo como justicia para nosotros es un don de Dios para todos los que creen (vea Ro.5:17). Aquellos que procuran asegurar su salvación por las obras están regresando al concepto de justificación por la ley (vea Ru. 9:30-32).

La justificación puede parecer muy fácil para el hombre moderno, pero seguramente no fue fácil para Dios.

León Morris ilustra la dificultad en esta manera:

“Un vagabundo entra en su casa y roba algo costoso y precioso, pero a la postre usted lo perdona. Este perdón puede ser difícil pero no tan difícil como si usted descubriera que el ladrón era su mejor amigo. Ahora usted se siente traicionado, y es más difícil perdonar. Pero suponiendo que usted encuentra que el ladrón es su hijo. Toda clase de emociones surgen en usted. Usted lo perdonará, pues esa es la naturaleza paternal, pero no encontrará fácil el perdonarlo”.

Dios perdona a todos los que vienen a Cristo en fe. Su perdón no es fácil; mas El no sólo perdona sino que nos justifica también, nos hace como si no hubiéramos pecado. Él hecho de la justificación es un milagro de Dios que está rnás allá de la plena comprensión.

Ralph Neighbor ha dicho:

“Jesús jamás puede verme a mí sin mirar Su propia sangre. Porque yo le pedí que me perdonara y me limpiara con Su sangre, nadie en el cielo me puede ver oin mirarme a través de la sangre de Jesucristo”

Parea ver esta doctrina en el pensamiento de Ch.Finney (cf. http://www.gospeltruth.net/Span/sermons/lajustificacionporlafe.htm)

Roy T.Edgemon. doctrinas que creen los bautistas,p. 74-75

Debate entre Calvinistas y Arminianos

Quiere saber como terminan casi siempre los debates entre un calvinista y un arminiano? Vean esta ilustración,

sujetosalaroca.org

¿Quien era Charles Finney? Parte 2

LOS PRIMEROS AÑOS

Poco después de su dramática conversión, Finney comenzó a estudiar bajo su pastor presbiteriano, George Gale. Éste lo animó a asistir al Seminario Princeton. Pero como no sentía gran respeto por la teología ni los teólogos, Finney escribió:

“Llana y plenamente les dije que no me sometería a la influencia bajo la que ellos habían estado”. [1]

En sus memorias, Gale lo recuerda de otra manera:

“Finney no asistió al seminario porque no pudo ser aceptado”. [2]

Por cualquiera razón, Finney no procuró hacerse de una educación teológica formal. Como resultado, su presbiterio lo puso bajo tutela de Gale y otro pastor. En 1823, Finney recibió licencia para predicar, y fue ordenado en 1824.

Durante este tiempo la Sociedad Misionera Femenil lo comisionó para que trabajara como evangelista en el laberinto de pueblos y aldeas en el noroeste de Nueva York. Allí Dios le concedió cierta medida de buen éxito.

En 1825, hubo un drástico cambio en su ministerio. Finney fue invitado a predicar en Utica, Nueva York. Utica quedaba cerca del recién escavado Canal Erie. Era una metrópolis del Oeste, en creciente desarrollo y de mucho movimiento. Durante dos años Finney predicó, con creciente efectividad, en Utica y las ciudades adyacentes de Rome y Syracuse.

Los métodos de Finney eran novedosos. No evangelizó como sus predecesores: Jonathan Edwards, George Whitefield, y Asahel Nettleton. [3]

Para tener conversiones, a propósito elevó el timbre emocional de las reuniones. Adoptó y popularizó la práctica metodista de llamar a los conversos a pasar al altar o sentarse en la silla del penitente para significar su decisión de seguir a Cristo. Para agotar a los oyentes y llevarlos a hacer una entrega, alargaba sus reuniones. A veces las reuniones duraban cuatro horas y más. Estas formas de manipulación no escaparon a los críticos.

Hoy sería acusado de “lavado de cerebro”, de manipulacion psicologica, de falta de ética. Pero he conocido muchos predicadores que tienen la misma estrategia errónea, solo porque les da “resultados”. Es una sociedad orientada a los resultados, este “pragmatismo finneyista” es una tentación a evitar.

PERO ESTAS ESTRATEGIAS NO ERAN LAS QUE NECESARIAMENTE ATRAÍAN A LOS INCONVERSOS A CRISTO.

Desde el otoño de 1830 hasta el verano de 1831, el ministerio de Finney llegó a su punto culminante en Rochester, Nueva York. El Espíritu de Dios estuvo con él en gran poder. Como Utica, Rochester era un centro comercial de mucho movimiento, cerca del recientemente terminado Canal Erie. Tal era la manifestación del poder de Dios en la obra de Finney que los comerciantes de todo el distrito muchas veces cerraban sus puertas para asistir a las reuniones. En sus giras de iglesia a iglesia, grandes multitudes seguían a Finney.

EL VERDADERO SECRETO ESTABA EN ESTO.
Su compañero de oración fue Abel Clary. Finney escribió:

«El señor Clary continuaba orando mientras yo proseguía y seguía haciéndolo hasta que no terminaba de predicar. Nunca se presentó en público pero se entregó por completo a la oración».[4]

EL NACIMIENTO DE LA CONVERSIÓN/LAVADO DE CEREBRO EN EL RESURGIMIENTO CRISTIANO EN 1735.[5]

Aparentemente, fue Jonathan Edwards descubrió accidentalmente las técnicas durante la cruzada religiosa de 1735 en Northampton, Massachussets. Induciendo sentimientos de culpa y aprensión aguda, e incrementando la tensión, los “pecadores” que asistían a su reuniones de resurgimiento acababan rompiéndose y sometiéndose completamente.

Técnicamente, lo que Edwards hacía era crear condiciones que limpiaban el cerebro para que la mente aceptara una nueva programación. El problema era que las nuevas órdenes eran negativas. Les podía decir: “¡Sois pecadores, estáis destinados al infierno!” El resultado fue que una persona se suicidó y otra intentó hacerlo. Y los parientes del suicida contaron que ellos estaban también tan profundamente afectados que, aunque habían encontrado la “salvación eterna”, estaban obsesionados con la diabólica tentación de acabar con sus vidas.

Una vez un predicador, o un líder de una religión, un manipulador o una figura con autoridad crea la fase en que el cerebro puede vaciarse y quedar limpio, sus víctimas quedan completamente abiertas. Nuevas instrucciones, en forma de sugestiones, pueden sustituir a sus ideas previas. Como Edwards no enviaba mensajes positivos hasta el final del resurgimiento, muchos aceptaron las sugestiones negativas y actuaron, o desearon actuar, según ellas.
Charles J. Finney fue otro renacentista Cristiano que utilizó las mismas técnicas cuatro años más tarde en conversiones religiosas en masa en Nueva York. Las técnicas son todavía usadas por renacentistas cristianos, cultos, enseñantes, empresas, y el ejército de los Estados Unidos, por citar solo unos pocos. Déjenme señalar aquí que no creo que la mayor parte de los renacentistas religiosos se den cuenta de que están usando técnicas de lavado de cerebro.

Edwards simplemente insistió en un sistema que realmente funcionaba, y otros no hicieron más que copiarle y lo siguen haciendo doscientos años después. Y cuanto más sofisticado es nuestro conocimiento y nuestra tecnología, más efectiva es la conversión. Estoy profundamente convencido de que esta es una de las principales razones del incremento del [falso] fundamentalismo cristiano, especialmente en su variedad televisiva, mientras la mayor parte de las religiones convencionales declinan.

Estamos viviendo los últimos tiempos. No .sabemos el día ni la hora del regreso de nuestro Señor. Podemos citar a II Pedro, que es una carta que fue escrita en un momento en el que muchos cristianos dudaban acerca de la promesa del regreso, otros la tenían en menos y tal vez otros desconocían por completo la realidad de la Parousía.

El Señor viene en poder y gloria. Pero viene también en juicio y castigo. Juicio sobre los hombres (Ap. 20.12), sobre las naciones (Mat. 25.31-46) y sobre las estructuras de poder que pretendieron adueñarse de la creación de Dios (Ap. 18.1-8).

El Señor viene y juzgará a los cristianos como pueblo de Dios y luz de las naciones. Jesús mismo lo reveló al anciano Juan cuando reafirmando el “vengo pronto” anticipó su mensaje de denuncia y llamado al arrepentimiento a las iglesias del Asia Menor. Urge a dejar la indiferencia y la arrogancia (Ap. 2.4-5), a romper los pactos de sincretismo religioso (II Pe. 2.14-15), a abandonar la perversión sexual (II Pe. 2.20-21) y dejar de encandilarse con los oropeles de la  riqueza (II Pe. 3.15-19).

El apóstol Pedro observaba una convulsión mundial de magnitudes similares a las que el Señor les había anticipado en su mensaje profetice sobre las señales del fin. Proliferaban los profetas y los mensajes confundiendo a los cristianos y a sus mismos pastores y ancianos.

En 1827, líderes como Lyman Beecher y Asahel Nettleton, preocupados por falsos informes sobre supuestos excesos se unieron con otros líderes evangélicos del noreste para analizar con Finney sus diferencias. De esa reunión, este emergió como el nuevo líder del movimiento del despertar evangélico. Entre 1827 y 1832, sus avivamientos encendieron ciudades como Nueva York, Filadelfia, Boston y Rochester. Aunque continuó promoviendo sus campañas a lo largo de toda su vida (incluyendo viajes a Inglaterra en 1849-1850 y 1859-1860) los primeros años de Finney marcaron el punto más alto de su carrera.[6]

Teología de Finney

En 1832, forzado por una enfermedad a reducir sus viajes, asumió el pastorado de la Chatham Street Chapel (Segunda Iglesia Presbiteriana Libre) en la ciudad de Nueva York. Más tarde fue pastor en el Tabernáculo Broadway de Nueva York y en la Primera Iglesia Congregacional de Oberlin, Ohio, en esta última durante treinta y cinco años, comenzando en 1837. En 1835 llegó a ser profesor de teología en el recién formado Instituto Colegiado de Oberlin en Ohio (actualmente Oberlin College) donde también sirvió como presidente (1851-1866).

Escribió varios libros, colecciones de sermones y artículos, incluyendo sus Memorias (1876) en las que hace un recuento de parte de sus campañas para el despertar de la fe en el siglo diecinueve. [7]

Creo que la teología reformada es el mejor antídoto para el veneno de Finney. De hecho, es difícil imaginar un Finney “reformado”.

La fe reformada, bien entendida, enseña humildad ante Dios que es la antítesis de la exaltación de la predicación de Charles Finney. Si Finney era un hereje, entonces él debe ser expulsado del panteón cristiano no sólo de los reformados, sino por todos los que siguen a Jesús. Para que esto suceda, tanto las iglesias y sus pastores tienen que recuperar el sentido genuino de la gloria del Dios Trino en el evangelio. Hay que recuperar las verdades que ya conocemos – las verdades de las cuales nunca siquiera soñó Charles Finney – y debemos construir nuestro anuncio de la salvación que les rodea.

No lo olvides. Tenes que saber hasta donde “aceptas que alguien es cristiano”,hasta donde podes aceptar el cristianismo de alguien, hasta donde procurar tener paz con un cristiano y hasta donde procurar mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, en el vinculo de la paz del Señor. Única forma posible de mantener la unidad ordenada por El Señor,sin caer en  legalismo.

Somos cristianos, tenemos santidad,y debemos ademas guardar la santidad que Dios nos ha dado,procurar crecer todo lo posible en esta santidad,guardandonos del pecado todo lo que podamos,haciendo todo el esfuerzo posible por limpiarnos de nuestras propias concupiscencias; por supuesto que todo esto no es posible sin la ayuda del Señor que se comprometio  a hacer que perseveremos en la fe hasta llegar al cumplimiento de sus promesas escatologicas para nuestras vidas.

Ademas, somos evangélicos dentro de los cristianos,tenemos una antigua tradición bíblica,que se remonta al período apostólico; nuestras doctrinas siempre procuran acercarse lo mas posible al ideal apostólico, pero recuerda siempre que no estamos en la época de las tierras biblicas, por lo tanto, es posible que algún aspecto no importante de la fe sea distinto en algún cristiano.

Recuerda que las “eclesias” tienen un tiempo de madurez, y mientras algunas “eclesias” (comunidades de fe o concilios) van madurando,otras van apostatando y otras nuevas  van naciendo también.

Recuerda cuando Jesús antes de partir hablo de Juan que iba a permanecer y Pedro seria crucificado y Pedro protestó, y Jesús le dijo que Juan era problema del Señor Jesus, que Pedro deberia seguirlo y dejar esos temas al Señor.   Si alguien va a la cruz es porque asi lo decidió el Señor, nadie debe despreciar al que no es llamado a ser mártir. No todos tienen el mismo llamado.

Tampoco todas las culturas ven la misión del mismo modo. Nosotros debemos respetar al que entiende la misión de la Iglesia de algun otro modo,porque hay cosas que no son motivos de división. Lo que si divide es la moral,las doctrinas acerca de la deidad (Adoramos a la Santisima Trinidad), la salvacion por Gracia y no por obras, que Jesús vuelve por segunda vez, cielo,infierno,vida eterna,en fin,las doctrinas que hacen a la esencia de Dios, del cristiano y de la Iglesia como cuerpo de Cristo, una santa Iglesia que es universal (católica), apostólica, y evangélica,no debe estar amarrada si o si a la cultura de algun pais como lo esta el Catol.Romano. Hay una Iglesia,muchas eclesias,tantas como el Señor disponga para el cumplimiento de sus planes.

Jesucristo es el Señor de la Iglesia y de la Historia. Recuerda que debemos exhortarnos pero en amor,para no caer en la misma tentación,ya que somos todos seres humanos y estamos firmes porque Jesucristo lo ha determinado.El dia que “El nos suelta”, nos caemos y nos llevamos todo por delante.Solo Él nos sostiene.

Concluyo este segundo capítulo citando al pastor José L, Gómez Pañete, quien elaboró un interesante estudio sobre la realidad del líder cristiano y afirma que:

“cualquiera que quiera manipular con las personalidades de sus colaboradores, no es un líder; es un déspota, huyamos de él. El autentico líder debe agrupar no a su alrededor, sino alrededor de Cristo, que es el Líder” [8]

Otro elemento básico del buen líder es el reconocer que el éxito en nuestro ministerio está en la humildad. La mentira del diablo trata de hacernos creer que somos suficientes, importantes y necesarios, para así llenarnos de arrogancia, pero esto es completamente falso. El único necesario e imprescindible en la iglesia, es el Señor Jesús, por medio de su Espíritu Santo. Los hombres somos instrumentos en sus manos, y debemos aceptar nuestras limitaciones, y apoyarnos en la suficiencia del Todopoderoso. Debemos evitar el tener un concepto muy alto de nosotros mismos.[9]

fuentes

Bibliografia consultada


Doctrinas de La Gracia-Libro Del Maestro

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Doctrinas de La Gracia, Libro de Los Estudiantes

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John Pipper – La consumación de la redención en la creación

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