LA CORONA DE NUESTRA FE -1 Cor 15

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Las bendiciones de estar en Cristo

Las bendiciones de estar en Cristo
(The Blessings of Being in Christ)

Por David Wilkerson
23 de agosto de 2004
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Pablo dice, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” (Efesios 1:3). Pablo nos esta diciendo, en esencia, “Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” Que increíble promesa para el pueblo de Dios.

No obstante, esta promesa se convierte en meras palabras si no conocemos cuales son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar las bendiciones que Dios promete si no las comprendemos?

Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).

Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.

Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado.

Espero que todos aquellos que están leyendo este mensaje sean como esos efesios: fieles, creyentes bien enseñados. Tú conoces el poder de la redención del evangelio de Cristo. Tú conoces la doctrina del nuevo nacimiento. Estas bien enseñado en el conocimiento de la gracia, aceptando la victoria que viene por fe solamente y no por obras.

Si esto te describe a ti, tengo algo más que decir. Esto es que muchos cristianos nunca han entrado al gozo que Dios les ha prometido. Déjame explicar.

Yo creo que la mayoría de los cristianos,
incluyendo ministros, nunca pasan más allá
del perdón de pecados y la esperanza de la
gloria futura en el cielo.

Mucha gente que ha sido perdonada, limpiada y redimida vive en la miseria. Ellos nunca tienen un sentido de estar completos en Cristo. En vez de eso, continuamente van de picos a valles, de altas espirituales a bajas depresivas. Siempre son molestados por un sentido de, “Algo me falta. No lo estoy entendiendo.”

Mientras reviso mi vida, me maravillo por todos los cristianos devotos que conocí y que nunca estuvieron seguros de su salvación. Esto era especialmente cierto de mucha gente Pentecostal, piadosos hombres y mujeres quienes habían servido al Señor por cincuenta años. Ellos conocían todas las doctrinas, verdades y enseñanzas de la fe, y ministraron fielmente. Pero ellos nunca entraron en el gozo sobrenatural que estaba a su disposición en Cristo.

La verdad es, es posible saber todas estas cosas—el sacrificio de Jesús por nosotros, el poder limpiador de su sangre, justificación por fe—y nunca entrar a la plenitud de las bendiciones de Dios. ¿Cómo puede ser esto, preguntaras? Es porque muchos cristianos nunca pasan del Salvador crucificado al Señor resucitado que vive en gloria.

En Juan 14, Jesús nos dice que es tiempo que conozcamos nuestra posición celestial en él. Él les explica a los discípulos: “…porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.” (Juan 14:19-20). Nosotros estamos viviendo ahora en “ese día” del cual Jesús habla. En resumen, debemos entender nuestra posición celestial en Cristo.

Por supuesto, la mayoría de nosotros conocemos nuestra posición en Cristo—que estamos sentados en lugares celestiales con el—pero solamente como un hecho teológico. No lo conocemos por experiencia. ¿Qué quiero decir por esta expresión, “nuestra posición en Cristo?” Muy sencillo, posición es ‘donde uno esta colocado, donde uno esta.” Dios nos ha colocado donde estamos, lo cual es en Cristo. A su vez, Cristo esta en el Padre, sentado a su mano derecha. Por lo tanto, si nosotros estamos en Cristo, entonces realmente estamos sentados con Jesús en la habitación del trono, donde él esta. Eso significa que estamos sentados en la presencia del Todopoderoso. A esto se refiere Pablo cuando dijo que debemos “sentar [nos] en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (Efesios 2:6).

Puedes decir, “Pero yo nunca me siento como que estoy en un lugar celestial. Siempre siento como que estoy en un desierto, sufriendo aflicción y acosos. Si eso es estar en un lugar celestial con Cristo, entonces no entiendo.” Te aseguro, tus tiempos de pruebas son comunes a todos los creyentes. No, la frase, “en Cristo, en lugares celestiales” (1:3) no es algo que puedes alcanzar. Es lo que Dios dice de ti. Si estas en Cristo, entonces a los ojos del Padre tú estas sentado cerca de él, a su mano derecha.

El hecho es, en el momento que pones tu confianza en Jesús, eres tomado a Cristo por fe. Dios te reconoce en su Hijo, sentándote con él en los cielos. Esto no es meramente algún punto teológico, sino una verdad, una posición basada en hechos. Así que ahora, mientras rindes tu voluntad al Señor, puedes reclamar todas las bendiciones espirituales que son parte de tu posición.

Sí, Jesús esta en el paraíso, el Hombre en gloria. Y si, su Espíritu se mueve sobre toda la tierra; pero el Señor también habita en ti y mí específicamente. Él nos ha hecho su templo sobre la tierra, su lugar de habitación. Considere la poderosa declaración de Jesús sobre esto:

“…y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (14:21). “…para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros,… Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad,” (17:21-23).

Dale otra mirada al versículo. Jesús dice, en esencia, “La gloria que me diste, Padre, les he dado a ellos.” Cristo esta haciendo una afirmación increíble aquí. Él esta diciendo que se nos ha dado la misma gloria que el Padre le dio a él. ¡Que pensamiento más sorprendente! Pero, ¿cuál es esta gloria que le fue dada a Cristo, la cual él nos ha dado? Y, ¿cómo refleja nuestra vida esa gloria?

La gloria que nos fue dada es un
acceso de puerta abierta al Padre.

La gloria que Cristo nos ha dado no es alguna aura o emoción. No, sencillamente, la gloria que hemos recibido es acceso sin impedimento al Padre celestial.

Jesús nos facilito el acceso al Padre, abriéndonos la puerta por la Cruz: “porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están lejos] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” (Efesios 2:18). La palabra ‘entrada’ o acceso significa el derecho a entrar. Significa entrada libre, como también facilidad de acercamiento: “…en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” (3:12).

¿Puedes ver lo que Pablo esta diciendo aquí? Por fe, hemos llegado a un lugar de acceso sin impedimento a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar nerviosamente, una señal del rey antes que pudiera acercarse al trono. Solo después que él extendiera su cetro tenía Ester aprobación de pasar al frente.

Por contraste, tú y yo ya estamos en la habitación del trono. Y tenemos el derecho y privilegio de hablarle al rey en cualquier momento. Ciertamente, somos invitados a hacer cualquier pedido de él: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, par alcanzar misericordia y hallar gracia par el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16).

Cuando Cristo ministró en la tierra, él disfrutó de pleno acceso al Padre. Él dijo: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Solo hago lo que el Padre me dice y me muestra.” (Ver Juan 5:19, 30; 8:28).

Además, Jesús no tenía que marcharse desapercibido a orar para obtener la mente del Padre. Por supuesto que el oraba a menudo e intensamente, pero eso se trataba de la comunión con el Padre. Era un asunto diferente en sus actividades diarias, estuviera enseñando, sanando o echando fuera demonios. Jesús sabía en todo tiempo que él estaba en el Padre y que el Padre estaba en él. Él no tuvo que “subir” al Padre para saber lo que tenia que hacer. El Padre ya moraba en él, dándose a conocer; y Jesús siempre escuchaba una palabra detrás suyo, diciendo, “Este es el camino…esto debes hacer…”

Hoy, tenemos el mismo grado de acceso al Padre que tuvo Cristo. Puedes estar pensando, “Espera un minuto, no puede creerlo. ¿Yo tengo el mismo acceso al Padre que tuvo Jesús, el Creador y Señor del universo?”

No te equivoques: como Jesús, debemos orar a menudo y fervientemente. Debemos ser buscadores de Dios, esperando en el Señor. Pero en nuestro diario caminar–-nuestras entradas y salidas, nuestras relaciones, nuestra vida familiar, nuestro ministerio—no tenemos que alejarnos para pedir a Dios una palabra de fortaleza o dirección. Tenemos su mismo Espíritu viviendo en nosotros; y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre. Su voz siempre esta detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, anda en él.”

La verdad acerca de nuestra unión con Cristo
era un misterio escondido a la iglesia hasta
que Pablo apareció en escena.

El Espíritu Santo usó a Pablo para abrir este misterio, el cual es, “Cristo en ti, la esperanza de gloria.” Por supuesto, la iglesia había aprendido acerca de la gracia salvadora. Ellos sabían que la salvación era por fe y no por obras. Después de todo, ellos le habían servido a Jesús antes que Pablo se apareciera. Ellos sabían acerca del arrepentimiento y habían experimentado la misericordia del Padre.

Pero entonces se apareció Pablo, declarando, “El arrepentimiento y las buenas obras no son suficiente. No es suficiente que ustedes vinieron a Cristo y creyeron, o que ahora tengan gran conocimiento espiritual. Ustedes necesitan algo más que simplemente creer en Cristo. Ahora ustedes deben caminar en las bendiciones y la plenitud en él.” “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en el;” (Colosenses 2:6).

¿Qué estaba diciendo Pablo? ¿Qué quería decir “caminar en Cristo?” Es que, ¿no estaban estos creyentes haciendo eso por años? Simplemente, Pablo estaba hablando de las bendiciones de estar en Cristo. Y él le estaba diciendo a la iglesia, sin dejar lugar a dudas, que ellos no conocían la revelación plena de aquellas bendiciones. Él describió una actitud diferente, la cual dice:

“No quiero un mero conocimiento mental de mi salvación. Quiero experimentarla. Quiero saber lo que significa andar en la plenitud de la salvación de Cristo. No quiero tan solo saber acerca del cielo; quiero cada bendición celestial que Dios ha hecho disponible para mí hoy. Él ha prometido ‘toda bendición espiritual’, y él murió para acercarme a sí mismo, donde yo pueda disfrutar esas bendiciones. Quiero que mi vida refleje ese hecho. Quiero que toda verdad espiritual del cielo sea parte de mí caminar diario ahora. Estas bendiciones no pueden seguir siendo solo conceptos teológicos. Tienen que convertirse en una realidad.”

Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?

Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?

Eso no significa que no experimentemos dolor o tristeza. Todo cristiano seguirá enfrentando tentaciones y penurias. Pero en medio de nuestras pruebas, podemos abundar en acción de gracias, a causa de su bondad eterna hacia nosotros. Pablo nos dice que esa es la razón por la cual Dios nos hace sentar juntos con Cristo: “…para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:7).

Aquí esta el efecto que debemos ver en nuestra vida cotidiana: Dios ha mostrado su amorosa bondad hacia nosotros. Por lo tanto, podemos levantarnos gritando, “¡Aleluya! Dios, Cristo y el Espíritu Santo quieren estar cerca de mí.”

Otra bendición es nuestra cuando
nos sentamos en lugares celestiales.

¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de aceptación: “…con la cual nos hizo aceptos en el Amado, [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra para “acepto” aquí significa sumamente favorecido. Eso es diferente del uso en ingles que puede ser interpretado “recibido como adecuado.” Esto significa algo que puede ser soportado, sugiriendo una actitud de, “puede vivir con esto.” Ese no es el caso del uso griego de Pablo. Su uso de “acepto” se traduce como, “Dios nos ha favorecido a lo sumo. Somos muy especiales para él, porque estamos en nuestro lugar en Cristo.”

Ves, porque Dios acepto el sacrificio de Cristo, el ahora ve solo uno, el hombre corporal: Cristo, y aquellos que están unidos a él por fe. En resumen, nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús deshizo nuestra antigua naturaleza en la Cruz. Así que ahora, cuando Idos nos mira, él ve solo a Cristo. A su vez, nosotros debemos aprender a vernos como Dios nos ve. Eso significa, no enfocarnos solamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la Cruz.

La parábola del Hijo Prodigo provee una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Tú conoces la historia: un joven tomo su herencia de su padre y la malgasto en una vida pecaminosa. Entonces, una vez que el hijo llegó a la bancarrota—moralmente, emocionalmente y físicamente—el pensó en su padre. Él esta convencido que había perdido todo favor con él. Y temió que su padre estaba lleno de ira y odio hacia él.

En un tiempo, este joven había sido un honrado miembro de su hogar, unido con su padre. Él había probado las bendiciones, orden y favor de estar en la casa de su padre. Ciertamente, el hijo prodigo representa al descarriado, aquellos que le han fallado a Dios miserablemente.

Él pródigo casi muere de hambre antes de pensar en volver a casa. Sin embargo, finalmente, cuando se canso de su vida pecaminosa, decidió regresar a su padre. Esto representa el camino al arrepentimiento.

Cuando el primeramente se fue del hogar, probablemente el padre le aseguro que tenia acceso a regresar. Cualquier padre amante lo hubiera hecho: “Mi puerta siempre esta abierta para ti; y quiero que lo recuerdes al irte. Quiero que sepas que mi corazón va contigo. Cuando llegues al final de ti mismo, por favor regresa. Siempre serás bienvenido a casa.” Aquí había acceso sin impedimento, un padre que siempre estaba disponible. Así que el prodigo se dijo a si mismo, “Me levantaré e iré a mi padre,” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando su bendición de acceso.

Ahora este joven quebrantado estaba lleno de tristeza por su pecado. La Escritura dice que él clamó, “No soy digno, he pecado contra el cielo.” Esto representa a aquellos quienes vienen al arrepentimiento a través de la tristeza piadosa.

¿Estas viendo la imagen? Él pródigo se había alejado de su pecado, dejo al mundo atrás, y tomo acceso de la puerta abierta que su padre le prometió. Él estaba caminando en arrepentimiento y apropiándose del acceso. Pero todavía no era acepto.

¡Que lugar trágico! Aquí tenemos a un creyente que caminaba rectamente, realmente apenado por sus pecados pasados. Él estaba cansado de llevar toda la culpa, vergüenza y condenación. Pero él no sabía si era aceptado por su padre. Él pensó, “Mi padre tiene que estar enojado. Probablemente, me odia por malgastar todo lo que me dio. Va a estar lleno de ira y juicio cuando lo enfrente.”

Él pródigo debió cansarse mientras pensaba en todas las formas que trataría de cambiar por sí mismo. Estaba cansado como un perro de pensar como mejorar, como evitar caer. Ya se había hecho una larga lista de promesas vacías, solo para caer una y otra vez.

Tristemente, yo creo que ese es el estado de una multitud de creyentes hoy. De hecho, Jesús nos dio esta parábola en parte para abrirnos los ojos a nuestra posición en él. Y él enfatiza, “Si has visto al Padre, me has visto a mí. Yo y el Padre somos uno.”

Mientras él pródigo se acercaba a casa, estoy seguro que encontró mensajeros que le dijeron, “tu padre se entristece por ti. El te llama ‘su oveja perdida.’ Él salió a buscarte una y otra vez.” Pero el joven probablemente contesto, “Yo sé que mi padre es un hombre amoroso. Pero yo he pecado tan horriblemente, si tan solo supieras lo que he hecho.”

Él no tenía paz, porque desconocía su posición. Que triste no tener el gozo del cielo, la paz que sobrepasa entendimiento, porque no sabes si eres aceptado. Como él pródigo, multitud de creyentes que han fallado están convencido, “No soy digno. Dios no puede aceptarme.”

Así, ¿Qué le paso al hijo pródigo? “…Y cuando aun estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echo sobre su cuello, y le beso” (Lucas 15:20). Que bella escena. El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira o condenación alguna. Cuando él recibió el beso de su padre, él supo que era aceptado.

Aquí es donde muchos cristianos creen que termina la historia: “Él pródigo fue aceptado por el padre una vez más. ¿No es eso lo más importante?” Vemos nuestra propia relación con el Padre de la misma manera. Hemos conocido su beso amoroso, su misericordia y perdón. Pero, hasta ahí llevamos la relación. Nos detenemos en nuestro conocimiento del amor de Dios hacia nosotros.

El hecho permanece, que aun no estamos dentro de la casa del Padre. No hemos tomado asiento en su banquete. Según la parábola de Jesús, hay mas, mucho más. Nuestro Padre nunca estará satisfecho hasta que disfrutemos de todas las bendiciones que vienen de estar aceptos en él. Él nos quiere sentados en su casa, a su lado en todo tiempo, disfrutando las festividades y gozo de su casa.

Verdaderamente, es el padre quien dice, “…y comamos y hagamos fiesta” (15:23). La palabra griega para “hagamos fiesta” aquí significa, “ponerse en un estado de animo de gozo y regocijo.” Considera la gozosa escena que tomo lugar: “Pero el padre dijo a sus siervos: sacada el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo,…Y comenzaron a regocijarse… [Con] música y danzas;” (15:22-24).

Nota lo que acaba de pasar en esta escena. Al pródigo no se le pidió que se sacudiera el polvo y que se limpiara antes de entrar al banquete. No, el padre lo preparó para que entrara. Y no tan solo limpio sus ropas viejas; le dio todo un ajuar nuevo, que significa una vida nueva. El hijo pudo objetar, “Pero padre, no soy digno.” Pero ese padre pudo replicar: “no estoy mirando tu pasado. Me regocijo en que estas aceptando mi amor. Estamos reconciliados y somos uno. Ese es mi gozo.”

¿Afirmas ser aceptados en Cristo? Quizás experimentaste lo mismo que él pródigo: fuiste besado por el Padre, abrazado por su amor, aceptado a su casa. Si es así, probablemente crees, “Estoy sentado con Cristo en lugares celestiales.” Si es así, entonces, ¿Dónde está tu gozo? ¿Dónde ves el banquete del Padre en tu vida, el cantar, las danzas, la alegría de corazón?

Quizás la escena más contundente en esta parábola es la final, cuando el hermano mayor regresa a casa del trabajo. Mientras la fiesta toma lugar dentro de la casa, el se para afuera, mirando por la ventana. Para su sorpresa, él ve a su padre danzando deleitado a causa de su hermano pródigo.

Ten en mente, este hermano mayor también es aceptado. Pero la parábola aclara que él esta triste y miserable. ¿Por qué? En todos sus años con su padre, él nunca participó del placer de la casa de su padre. Él nunca disfrutó las bendiciones que su padre puso a su disposición. De hecho, al final, el padre le recuerda las bendiciones que han sido suyas todo el tiempo: “…Hijo, tu siempre estas conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” (Lucas 15:31).

Te pregunto: ¿Has experimentado todas las bendiciones de tu aceptación? Jesús aclara como el cristal que somos el gozo y el deleite de nuestro Padre celestial. Él se regocija sobre nosotros. Pero si nunca entramos a su casa y descansamos en nuestra aceptación, le robamos ese gozo a él.

Te animo: deja tus pecados y búsquedas mundanas atrás. Haz a un lado cada peso carnal que tan fácilmente te acosa. Y entra y toma tu posición en Cristo. Él te ha llamado a entrar al gozo de su aceptación. Entonces, cuando te levantes mañana, te encontraras gritando, “¡Aleluya, soy aceptado en Dios! Mi corazón esta lleno de gratitud y gozo.”


Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm

EN CRISTO JESÚS

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La crucifixión desde el punto de vista médico

Esta es una nota publicada en un sitio de Internet. Me pareció excelente y por esto decidí copiarla y añadirla al blog.

Su autor es el Dr. C. Truman Davis

La crucifixión desde el punto de vista médico  «Hace algunos años me interesé en los aspectos físicos de la pasión o sufrimiento de Jesucristo cuando leí un relato de la crucifixión en el libro de Jim Bishop “El día en que murió Cristo”. De pronto comprendí que había tomado la crucifixión más o menos por sentado todos estos años -que me había endurecido al horror, al familiarizarme muy livianamente con los tétricos detalles. Finalmente se me ocurrió que como medico, ni siquiera sabía en verdad la causa inmediata de la muerte de Cristo. Los escritores del evangelio no son de mucha ayuda en este sentido. Como la crucifixión y los azotes eran tan comunes en los tiempos en que ellos vivían, sin duda consideraban que una descripción detallada era innecesaria. Por ese motivo solo tenemos las breves palabras de los evangelistas.

“Pilatos…entregó a Jesús después de azotarle, para que fuese crucificado.” (Mar. 15:15)

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado.

A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado. En mi estudio personal del hecho desde el punto de vista medico, estoy en deuda especialmente con el Dr. Pierre Barbet, cirujano francés que hizo investigaciones históricas y experimentales y escribió extensamente sobre el tema.

El intento de examinar el infinito sufrimiento físico y espiritual del Hijo de Dios encarnado al efectuar la redención por los pecados del hombre caído, esta más allá del alcance de este articulo. Sin embargo, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la pasión del Señor se pueden examinar con cierto detalle.

¿Que fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret en verdad soportó durante esas horas de tortura?

El método de la crucifixión:

Aparentemente el primer uso que se conoce de la crucifixión fue entre los persas. Alejandro y sus generales introdujeron la práctica al mundo mediterráneo, a Egipto y a Cartago. Los romanos evidentemente aprendieron la técnica de los cartaginenses y, como ocurrió con casi todo lo que los romanos hicieron, rápidamente desarrollaron un alto grado de eficiencia y habilidad en ejecutarlo.

En la literatura antigua se describen varias innovaciones y modificaciones. Solo unas pocas tienen alguna importancia aquí. La porción vertical de la cruz, o “stipes”, podía tener el travesaño o “patíbulo” colocado dos o tres pies debajo de la parte superior. Esta es la que consideramos hoy como el formato típico de la cruz, llamada cruz latina.

La forma común usada en tiempos de Jesús era la cruz “tau”, con forma de “T”. En esta cruz el patíbulo se ubicaba en una ranura en lo alto del madero vertical. Hay excelente evidencia arqueológica de que fue en este tipo de cruz que crucificaron a Jesús.

El madero vertical generalmente permanecía enterrado en el lugar de ejecución. El condenado era obligado a cargar el patíbulo, que aparentemente pesaba 50 Kg., desde la prisión hasta el lugar de ejecución. Sin tener ninguna prueba histórica o bíblica, sin embargo, los pintores del medioevo y del renacimiento nos han dado una imagen de Cristo cargando toda la cruz. Muchos pintores y escultores de crucifijos también cometen el error de mostrar los clavos atravesándole las palmas de las manos. Los relatos históricos de los romanos y el trabajo experimental han demostrado que los clavos eran clavados entre los pequeños huesos de las muñecas. Los clavos a través de la palma de la mano cortarían y se safarían entre los dedos, al sostener el peso de un cuerpo humano. Esta mala interpretación pudo haber venido de un error de comprensión en las palabras de Jesús a Tomas: “Mira mis manos”. Los anatomistas antiguos y modernos, sin embargo, siempre han considerado que la muñeca es parte de la mano.

Getsemaní:

De los diversos aspectos del sufrimiento inicial, el que es de particular interés fisiológico es el sudor de sangre. Es interesante notar que el medico -San Lucas- es el único evangelista que menciona este acontecimiento. Dice: “Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (22:44)

Aunque es muy raro, el fenómeno de la hematidrosis o sudor de sangre, esta bien documentado. Bajo una gran tensión emocional los frágiles capilares de las glándulas sudoríparas se rompen mezclándose así el sudor con la sangre. Este proceso de por si podría haber producido marcada debilidad y posiblemente una conmoción.

Aunque la traición y arresto de Jesús son porciones importantes de la historia de la pasión, el próximo suceso en la narración, que es significativo desde una perspectiva medica es su juicio ante el sanedrín y Caifás, el Sumo Sacerdote. aquí se le infligió el primer trauma físico: un soldado le propino una bofetada por permanecer en silencio cuando Caifás lo interrogaba. Después los guardias del palacio le colocaron una venda en los ojos y burlonamente lo provocaron con palabras groseras a que los identificara al pasar cada uno delante de el, lo escupieron y le dieron golpes en el rostro.

Ante Pilato:

Temprano por la mañana, magullado y amoratado, deshidratado y exhausto por una noche en vela, llevaron a Jesús de un lado al otro de Jerusalén, al pretorio, que estaba en el fuerte Antonia -el asiento del gobierno del Procurador de Judea- Poncio Pilato. Estamos familiarizados con la decisión de Pilato de tratar de pasarle la responsabilidad a Herodes Antipas, el Tetrarca de Judea. Aparentemente Jesús no sufrió ningún maltrato físico a manos de Herodes y fue devuelto a Pilato, quien, en respuesta al clamor de la plebe, da la orden de que Barrabas fuera soltado y condeno a Jesús a ser azotado y crucificado.
Los judíos tenían una antigua ley que prohibía más de 40 azotes. Los fariseos, que siempre se aseguraban que la ley fuese estrictamente observada, insistían en que se administraran solo 39 azotes; en la eventualidad de un error en recuento, se aseguraban permanecer dentro de la ley.

El prisionero era despojado de sus ropas y sus manos atadas a un poste por encima de la cabeza. El legionario romano se adelantaba con el “flagelo” en su mano. Este era un látigo corto con varias lonjas de cuero con dos bolitas de plomo cerca del final cada una. El pesado látigo se descargo con toda la fuerza una y otra vez sobre los hombros, espalda y piernas de Jesús.

Al principio las lonjas con peso adicional solo le cortaban la piel. Luego, al continuar los golpes, cortaban mas profundamente dentro del tejido subcutáneo, produciendo primero una herida sangrante de los capilares y venas de la piel y finalmente la sangre brotaba abundantemente de arterias de las capas musculares más profundas.

Las bolitas de plomo primero le produjeron grandes y profundos hematomas o marcas que cos los siguientes azotes se abrieron. Finalmente la piel de la espalda colgaba en largas lonjas y toda el área era una masa irreconocible de tejido desgarrado que sangraba. Cuando el centurión que estaba a cargo determinaba que el prisionero estaba casi muerto, detenía los azotes.

Burla:

El desfalleciente Jesús fue luego desatado y dejado caer como un fardo en el empedrado mojado con su propia sangre. Los soldados vieron a este judío provinciano que pretendía ser rey como un hazmerreír. Le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una vara en la mano por cetro. Aun necesitaban una corona para hacer su parodia completa. Utilizaron ramitas flexibles llenas de largas espinas y las trenzaron formando una tosca corona. La colocaron a presión en su cuero cabelludo y nuevamente sangro abundantemente, cuando las púas perforaron el propio tejido vascular.

Después de burlarse de Él y abofetearle, los soldados le arrebataros la vara de la mano y le golpearon en la cabeza incrustando las púas mas profundamente en su cuero cabelludo. Finalmente se cansaron de su diversión sádica y le quitaron con violencia el manto de la espalda. El manto ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de las heridas y al ser quitado como cuando un vendaje quirúrgico se quita al descuido, le causo un dolor insoportable y las heridas comenzaron a sangrar otra vez.

Gólgota:

El pesado patíbulo de la cruz fue atado sobre sus hombros. La procesión del condenado Cristo, dos malhechores y el piquete de ejecución de soldados romanos encabezados por un centurión comenzó su lenta marcha por la ruta que hoy conocemos como “La Vía Dolorosa”.

A pesar de los esfuerzos de Jesús para caminar erguido, el peso del madero junto con el espasmo producido por la perdida de sangre era demasiado. Tropezó y cayó clavándosele el tosco madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Trato de levantarse pero los músculos humanos habían sido llevados más allá de su tolerancia. El centurión, ansioso de proseguir con la crucifixión, eligió a un fornido africano del norte que miraba -Simón de Cirene- para llevar la cruz. Jesús lo seguía sangrando aun y transpirando el frió y pegajoso sudor del espasmo. La marcha de unos 600 metros desde el Fuerte Antonia al Gólgota fue finalmente completada y el prisionero volvió a ser desnudado excepto por el taparrabo que se les permitía a los judíos.

Comenzó la crucifixión: se le ofreció a Jesús vino mezclado con mirra, una suave mezcla analgésica para aliviar el dolor. Rehusó la bebida. A Simón se le ordeno dejar el patíbulo en el suelo y derribaron a Jesús de espaldas con sus hombros contra la viga. El legionario le palpo la hendidura por delate de la muñeca y perforo con un pesado clavo cuadrado de hierro forjado la muñeca clavándolo en la madera. Se paso rápidamente al otro lado y repitió la operación, cuidando de no extender demasiado el brazo permitiéndole cierta flexión y movimiento. El patíbulo era luego alzado y calzado al tope del madero vertical y el “titulo” donde se leía “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, fue clavado en su lugar.

El pie izquierdo era presionado hacia atrás contra el derecho. Con ambos pies extendidos con los pies hacia abajo, se clavaba un clavo a través de ambos arcos dejando las rodillas flexionadas moderadamente. La victima estaba ahora crucificada.

En la cruz:

Cuando Jesús lentamente se deslizo hacia abajo hasta colgar, con el mayor peso depositado en los clavos de las muñecas, un dolor ardiente agudísimo se disparo a lo largo de los dedos y hacia arriba por los brazos hasta explotar en el cerebro. Los clavos de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales que atraviesan el centro de la muñeca y de la mano. Al empujarse hacia arriba para evitar este tormento por estiramiento, colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba los pies. Nuevamente se producía una agonía de dolor ardiente al desgarrar el clavo los nervios entre los huesos metatárcicos de los pies.

A este punto se producía otro fenómeno: al fatigársele los brazos grandes oleadas de calambres le pasaban por los músculos engarrotándolos en profundo dolor punzante que no cedía. Con estos calambres se producía la incapacidad de impulsarse hacia arriba. Al colgar de los brazos los músculos pectorales, grandes músculos del pecho, se paralizaban y los músculos intercostales, pequeños músculos entre las costillas, no podían actuar. Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar. Jesús luchaba por elevarse para tener al menos un pequeño respiro. Finalmente el nivel de dióxido de carbono de los pulmones y del torrente sanguíneo aumentaba y los calambres se atenuaban parcialmente.

En forma espasmódica Jesús podía elevarse hacia arriba para exhalar e inhalar oxigeno vivificante. Fue sin duda en estas ocasiones que pronunció las siete breves oraciones que fueron registradas.

La primera mirando a los soldados romanos jugándose su manto de una sola pieza a los dados:

“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”

La segunda al malhechor penitente:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”

La tercera, mirando a Maria su madre dijo:

“Mujer, he ahí tu hijo”

Y luego, vuelto hacia el aterrorizado adolescente Juan, traspasado de dolor-el amado apóstol Juan- dijo: “He ahí tu madre”

El cuarto clamor es el comienzo del Salmo 22:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Sufrió horas de dolor ilimitado, ciclos de calambre que producían desgarradoras torceduras, asfixia parcial intermitente y dolor ardiente al desgarrársele tejido de su espalda lacerada debido a su movimiento hacia arriba y hacia abajo contra el rugoso madero de la cruz.

Después empezó otra agonía: un dolor profundo como si se le hundiera el pecho, mientras el pericardio -la bolsa que rodea el corazón-, lentamente se llenaba de suero y comenzaba a comprimir el corazón.

La profecía del Salmo 22 se estaba cumpliendo:

“Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis vísceras.” (Sal. 22: 14)

Muerte:

Todos estamos familiarizados con los detalles finales de la ejecución de Jesús. Para que no se profanase el sábado, los judíos solicitaron que se diera fin a los condenados y fueran sacados de las cruces. El método común de terminar una crucifixión era por “crurifragio” (cruris: piernas y fragere: romper) o sea la fractura de los huesos de las piernas. Esto le impedía a la victima empujarse hacia arriba y la tensión de los músculos del pecho no se podía aliviar: la asfixia sobrevenía con rapidez. Las piernas de los dos malhechores fueron fracturadas, pero cuando los soldados se acercaron a Jesús vieron que esto era innecesario.

Aparentemente para asegurarse doblemente de que estaba muerto, el legionario le clavo la lanza entre las costillas hacia arriba a través del pericardio llegando al corazón. Jn. 19:34 dice: “Inmediatamente brotaron sangre y agua”. De modo que se produjo un escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y la sangre del interior del corazón. Esta es una evidencia post-mortem bastante concluyente de que Jesús murió, no de la muerte común de crucifixión -por asfixia- sino de falla cardiaca, debido al espasmo y compresión del corazón por el liquido acumulado en el pericardio.

Resurrección:

En estos hechos hemos dado un vistazo al colmo de la maldad que el hombre puede exhibir contra su prójimo y hacia Dios. Esta es una horrible visión y probablemente nos deje desanimados y deprimidos.

Pero la crucifixión no fue el fin de la historio. Cuan agradecidos podemos estar de que tenemos una continuidad -un vistazo a la infinita misericordia de Dios para con el hombre- el don de la redención, el milagro de la resurrección y la expectativa de la mañana de Pascua.

Las siguientes declaraciones de fe son extraídas de libro “Oraciones y proclamaciones” de Derek y Ruth Prince.

1- El intercambio hecho en la cruz

  • Jesús fue CASTIGADO para que nosotros fuésemos perdonados (Is. 53:4-5)
  • Jesús fue HERIDO para que nosotros fuésemos sanados (Is. 53:4-5)
  • Jesús fue hecho PECADO con nuestra pecaminosidad para que nosotros fuésemos hechos justos con su justicia (Is. 53: 10, II Cor. 5:21)
  • Jesús MURIO nuestra muerte para que nosotros pudiésemos recibir su vida (Heb. 2:9)
  • Jesús fue hecho MALDICION para que nosotros pudiésemos entrar en la bendición (Gál. 3:13-14)
  • Jesús sufrió nuestra POBREZA para que nosotros pudiésemos compartir su abundancia (II Cor. 8: 9 y 9:8)
  • Jesús soportó nuestra VERGÜENZA para que nosotros pudiésemos compartir su gloria (Mat. 27: 35- 36, Heb. 12:2 y 2: 9)
  • Jesús soportó nuestro RECHAZO para que nosotros tuviésemos aceptación con el Padre (Mat.27:46- 51, Ef. 1:5-6)
  • Jesús fue CORTADO por muerte para que nosotros fuésemos unidos a Dios eternamente (Is. 53:8, I Cor.6: 17)
  • Nuestro viejo hombre fue muerto en El, para que el nuevo hombre pudiese venir a la vida en nosotros (Ro. 6: 6, Col. 3:9-10)

2- Díganlo los redimidos (Sal.107:2)

  • Mi cuerpo es un templo para el Espíritu Santo (I Cor.6:19)
  • Redimido (Ef. 1:7)
  • Limpiado (I Jn. 1: 7)
  • Santificado por la Sangre de Jesús (Heb. 13:12)
  • Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia (Ro. 6:13)
  • Entregados a Dios para su servicio y para su gloria.
  • El diablo no tiene cabida en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene cuentas pendientes contra mí. Todo ha sido pagado por la sangre de Jesús (Ro. 3:23-25 y 8:33-34)
  • Yo venzo a Satanás por la sangre del cordero y por la palabra de mi testimonio menospreciando mi vida hasta la muerte (Ap. 12: 11)
  • Mi cuerpo es para el señor y el señor es para mi cuerpo (I Cor. 6:13)

AMEN.

Comentarios de interés respecto a esta nota:

1 El tema científico, para los que creen en la ciencia exclusivamente, fueron confirmados, refutados y nuevamente descartados, primeramente en los principios de los noventa se había dicho que las palmas de las manos no podían soportar el cuerpo colgado, y a Finales de la misma década se descubrió nuevamente que si, la cantidad de huesos de la mano actúan como prensiles al momento de incrustar el clavo, además este es cuadrado en su forma y no redondo como los actuales lo que ocasiona que se adhiera mas a la mano, y que EN LA MUÑECA, el desangrado seria rápido, eso es para que vean lo incrédulos que la ciencia se equivoca, pero la Fe no….

Jesús resucitado se aparece a los Apóstoles

2. Nunca había leído una narración tan detallada acerca de la crucificación desde el punto de vista medico y como cirujano toráxico me atreveré a proponer algo diferente. En primer lugar la idea de que el crucificado moría por asfixia, es factual, mientras que el fenómeno de hematidrosis es debatible. A mi me parece que la hematidrosis es una licencia literaria de Lucas. Si Jesús recibió tantos latigazos, bofetadas y luego soporto una corona de espinas, no crees tu que esto es mas que suficiente para provocar “sudor mezclado con sangre”. A mi me parece lógico sin invocar una cosa tan extraña como hemotidrosis. La acumulación de líquido en el pericardio durante el proceso de morir en la cruz es médicamente casi imposible. Para que un derrame pericárdico pueda producir una presión suficiente para impedir la función del corazón; el llamado “tamponade”, el derrame tendría que aparecer en una forma rápida, lo cual no permitiría al pericardio adaptarse al nuevo volumen. Que yo sepa eso solo se ve en las heridas del corazón y como complicación de intervenciones quirúrgicas del corazón. De manera que el “Tamponade” lo descarto. La mayor parte de las rendiciones artísticas de la crucificación, nos presentan a Jesús con una herida punzante en el costado derecho. Si como tú dijiste que la lanza penetro al corazón, podríamos decir que los pintores no tenían la menor idea de que lado se encuentra el corazón. Bueno eso es otro asunto.
Como tú dijiste, los clavos eran puestos entre el cubito y el radio a nivel de la muñeca. Eso es más lógico que ponerlos a través de las manos. En lo que no estoy de acuerdo es el clavo en los pies Yo he leído y he visto fotografías de pies momificados que exhiben un clavo a través del hueso calcáneo; el cual es el hueso de el talón. Un poco delante del talón propio el tejido óseo es más esponjoso y por lo tanto más fácil de introducir un clavo. Eso quiere decir que cada uno de los pies se clavaba en la parte lateral de la cruz.

Pero tengo entendido que la Biblia dice que no le quebraron las piernas porque los centauros lo consideraron que ya estaba muerto (y para llenar una profecía de que no hueso debía de ser roto). Si es así, solo una herida al corazón cuando estaba vivo, puede explicar el derrame de agua y sangre, puesto que los cadáveres no sangran. Eso también es debatible pues si una lanza entra al corazón, también tiene que entrar a la cavidad pleural (el espacio virtual entre el pulmón y la parte interior del tórax) el cual tiene una presión negativa. Eso permitiría la entrada de aire al tórax (neumotórax) con el consiguiente colapso del pulmón, lugar donde la sangre se acumularía en lugar de sangrar al exterior. Claro que si Jesús ya estaba muerto por varias horas la presión negativa del espacio pleural ya no existiría por los cambios del tejido pulmonar postmortum, y en ese caso la sangre del corazón pudiera salir afuera (no muy fácil). Pero si los otros dos todavía estaban vivos Jesús no puede haber muerto varias horas antes que los otros dos. Es un tema muy interesante, el cual como tu misma lo dices, los evangelios no tratan a fondo. Quien hubiera pensado en ese entonces que 2000 años después hubiera tanto interés.

Melquíades

Fuente:

http://www.yeshuanet.com/foro-cristiano/archive/index.php/t-913.html

La ciencia médica en el centro del dolor y muerte de Cristo

La “peor” muerte de la época, aplicada solo a los más feroces criminales de entonces, no pudo con Cristo, y él hoy como ayer, está glorioso entre nosotros, por lo siglos de siglos.
España, (Agencia Orbita / NoticiaCristiana.com) Por el Dr.José Antonio Lorente.- A los 33 años Jesús, el hijo de María y José fue condenado a muerte sin tener culpa alguna. El hombre que llegó un día despojándose de su Realeza y Divinidad para compartir su humanidad entre nosotros, que había sembrado amor y las más altas aspiraciones morales y éticas de una convivencia superior, se enfrentó a las huestes del mal en su hora cumbre.

El averno celebró su muerte por poco tiempo y ante la estupefacción del mundo de entonces, el de hoy y con toda seguridad del mañana; fue capaz de vencer a la muerte, y al vencerla sustentó nuestra fe resucitando al tercer día tal y conforme lo había anunciado ante sus discípulos. La “peor” muerte de la época, aplicada solo a los más feroces criminales de entonces, no pudo con Cristo y él, hoy como ayer, está glorioso entre nosotros, por lo siglos de siglos.

Jesús transpira sangre: Hablan los evangelios que Jesús comenzó a sudar sangre cuando oraba, en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esta situación en una condición médica llamada “hematidrosis”, que no es común pero se suele dar cuando hay un alto porcentaje de sufrimiento psicológico.
Parece ser que la ansiedad severa, hace provocar una secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríparas. Por tal condición, se presenta una cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor sale mezclado con sangre. Esto provoca que la piel quede frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado, su piel ya estaba muy sensible.

El acto de la flagelación: Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales, ya que de una manera general consistían en treinta y nueve latigazos. El verdugo usaba un látigo con tiras de cuero trenzado en cuyos extremos tenías adosadas bolas de metal entretejidas. Cada vez que el látigo golpeaba la carne, las bolas generaban mayúsculos moretones y contusiones, las mismas que se abrían con los demás golpes. En relación con el látigo, este tenía pedazos de hueso afilados, los que tenían como misión el cortar la carne.

La espina dorsal quedaba expuesta, ya que la espalda terminaba desgarrada debido a cortes profundos Los hombros recibían los latigazos, que pasaban por el nivel de la espalda, las nalgas, y las piernas. Durante el lapso que duraba la flagelación, las laceraciones alcanzaban hasta los músculos y generaban temblores de carne sangrante. En esta condición, las partes internas quedaban al aire, conjuntamente con los músculos, tendones y las entrañas.

El cuerpo de la víctima, podía experimentar un dolor tan grande, que terminaría con una conmoción hipovulémica. Es decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre que trae consigo que el corazón se acelere para tratar de bombear sangre que no existe. La baja de presión sanguínea provoca en estas circunstancias un desmayo o colapso, con la consabida afección de los riñones, que dejan de producir orina para mantener el volumen restante y la persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

En la ruta del Calvario: Sabemos que a estas alturas Jesús se hallaba en una situación y/o condición hipovólemica conforme ascendía por la pendiente hacia el Calvario con la cruz a cuestas. Tambaleante, Jesús se desplomó y un soldado romano le ordeno a Simón que llevara la cruz por él. Mas tarde, Jesús dice “Tengo sed” y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

El Instante de la Crucifixión: El final de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. En aquella época, no a todos los criminales condenados se los clavaba en la cruz. Muchos más bien eran amarrados. Jesús fue acostado y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal, que era conocida con el nombre de patibulum. El madero vertical estaba clavado al suelo de forma permanente.

Los romanos usaban clavos que eran de entre trece a dieciocho centímetros de largo, afilados en una punta aguda y se clavaban por las muñecas. El nervio mediano, era atravesado. Este nervio, es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó. Al romper ese tendón y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar. El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada “excruciante” (que significa “de la cruz”) para describir semejante dolor.

Jesús Cuelga de la Cruz: Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas. En el instante de estar en posición vertical, sus brazos se estiraron brusca e intensamente, quizás unos 15 centímetros de largo y ambos hombros deben de haberse dislocado (tome en cuenta sólo “la gravedad”, para sacar su conclusión), con lo que se confirmaba lo descrito en el Salmo 22 “dislocados están todos mis huesos”.

Cuando la persona está colgada en posición vertical, la muerte es lenta, muy dolorosa y terriblemente agonizante por asfixia, debido a que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Para poder exhalar, en principio, el individuo debía apoyarse en sus pies -que para este instante estaban fijos con clavos al madero- para que los músculos tensionados, se alivien por un instante al menos. Cuando esto se hacía, el clavo desgarraba el pie hasta que quedaba fijado -incrustado- en los huesos tarsianos.

Después de este enorme esfuerzo para exhalar, la persona podría relajarse en cierta forma y descender para intentar inhalar otro bocado de aire. Este drama lo repetiría mientras tuviera vida para exhalar, magullando su lacerada espalda en forma reiterada contra el áspero madero de la cruz, hasta que ya no pudiese y entonces moría. Jesús soportó este “sobrevivir” por más de tres horas.

Jesús Muere: Una persona, a medida que reduce el ritmo respiratorio, pasa a una etapa que se conoce con el nombre de acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se diluye como ácido carbónico lo que causa un aumento de acidez de la sangre. Esta situación conlleva en cuestión de un corto período a un pulso irregular. Es claro mencionar que al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús hubo de darse cuenta de que estaba a punto de morir y es entonces que pudo decir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y murió luego de un paro cardíaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

El Corazón de Jesús es Traspasado: Por aquellos tiempos, los soldados quebraban las piernas de los crucificados para acelerar la muerte. Usaban para ello una especie de lanza romana para descolgar los huesos de la parte inferior de las piernas. Esta acción, impedía que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar. Sin este movimiento la muerte llegaba en poco tiempo.

Leemos en el Nuevo Testamento que los huesos de Jesús no fueron quebrados o rotos como sí ocurrió con los otros crucificados. Esto sucedió porque los soldados confirmaron que Jesús había muerto. Así se cumplió la escritura de Antiguo Testamento acerca del Mesías, donde se lee que ninguno de sus huesos sería quebrado. Para confirmar esta muerte, un soldado romano le clavó la lanza en su costado derecho, atravesando el pulmón derecho y penetrando su corazón. Por ello, cuando se retiró la lanza, salió un fluido claro como el agua seguido de un gran volumen de sangre, conforme lo describe Juan, uno de los testigos presentes, en su Evangelio.
También hay que mencionar las terribles humillaciones que sufrió por el desprecio y las miles de burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras el gentío le escupía el rostro y le lanzaba piedras. Hay que señalar que la cruz pesaba cerca de 30 kilos, sólo en su parte horizontal, región en la que clavaron sus manos.

Conclusiones de la Autopsia de Jesús: Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más probables:
Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia cerebral(hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria

Fuente:

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http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?click_id=0&id_bol=20080320&idnew=83795

Max Lucado – Todavia Remueve Piedras

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La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participaren la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11:

“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”

Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)

Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el  Señor: no deis lo santo a los perros.

Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)

En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice elSeñor, y mi nombre es admirable entre las naciones.

El Papa Gelasio y la Transubstanciación

¿Fue la doctrina de la transubstanciación creída de forma general en la iglesia de los primeros años? Es interesante leer lo que el Papa Gelasio (492-496 A.C.) tuvo que decir sobre esta materia. Pero primero déjenos definir el significado de la doctrina.

Transubstanciación (ambas partes del latín que significan Trans- a través, y substantia, que significa substancia) sigue siendo la conversión de la sustancia de los elementos de la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo en la consagración, solamente del aspecto del pan y del vino restante. La “Sustancia” significa lo que algo es en sí mismo.

El Concilio de Trento establece: “si cualquier persona dice que en el sacramento sagrado y santo de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo, y niega que el cambio maravilloso y singular de la sustancia entera del pan en el cuerpo y la sustancia entera del vino en la sangre, los aspectos solamente del pan y el vino restante, que cambian la iglesia católica, lo cual es llamado mas convenientemente La transubstanciación, sea anatema (maldito) .” (Concilio de Trento, sesión 13, canon 2).

Así, la iglesia católica enseña que en la consagración, el pan y el vino realmente y substancialmente se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo aunque sigue existiendo el aspecto (o los “accidentes”) sin cambiar. Continuamos viendo el pan y el vino aunque no son ningún pan y vino nunca más; pues lo qué percibimos y probamos como el pan y el vino son de hecho el cuerpo y la sangre de Jesús.

Ahora déjenos ver lo que enseñó el Papa Gelasio. En el tratado De Duabus Naturis contra Eustaquio y Néstor (quién enseñó que en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la naturaleza divina), Gelasio escribió: “el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios.”

Gelasio enseñó que el pan y el vino sacramentales son la “imagen y la similitud” del cuerpo y sangre de Cristo; la “sustancia o la naturaleza” del pan y del vino permanece sin cambiar – “no cesa”. El pan sigue siendo pan; el vino sigue siendo vino. Claramente, el Papa Gelasio contradijo la idea de la transubstanciación.

¿Cómo los apologistas católicos reaccionan a esto? Un escritor católico discute que “el Papa Gelasio dijera simplemente que sigue habiendo el aspecto [accidentes] de pan/vino junto a la presencia verdadera en una tentativa de explicar el misterio de la encarnación, puesto que sigue habiendo la humanidad de Cristo junto a su divinidad. Algunos eruditos interpretan el pasaje antedicho para referirse a los accidentes del pan y del vino.” (Kenneth Henderson)

¿Papa Gelasio realmente significó “aspecto” cuándo él escribió sobre “sustancia” y la “naturaleza”? ¿Era el Papa ignorante del significado de los mismos términos en el Credo Niceno (325 D.C.) y la declaración de Chalcedon (451 D. C) para describir quién es Jesús realmente?

Hay una razón muy simple por la que Gelasio no significó “aspecto”. Recuerde que él está utilizando la eucaristía como analogía para la encarnación, a saber que la “humanidad de Cristo sigue estando junto a su divinidad.” ¡Ahora si por la “sustancia o la naturaleza” él significó que solamente sigue habiendo el aspecto del pan y del vino, siendo que Cristo aparecía simplemente humano pero en hecho él no estaba! ¡Ésa es la misma herejía que él refutaba!

No, mejor dicho, Gelasio creyó correcto que la distinción de naturalezas divinas y humanas de Cristo no es “de manera alguna anulada por la unión” (Concilio de Chalcedon). ¡Jesús es en verdad Dios y en verdad hombre! La eucaristía ilustra esta gran verdad, porque, así como permanece la sustancia del pan y del vino sin cambiar, así la naturaleza humana de Cristo seguía siendo sin cambios a pesar de su unión con su divinidad.

El Papa Gelasio no intentó probar que permanecen el pan y el vino sin cambiar. Él podría haber tomado como un hecho que sus lectores de final del Siglo V creyeron que la sustancia de los elementos de la eucaristía no cesa. La idea original de la transubstanciación fue desarrollada y adoptada mucho más adelante en la historia de la iglesia católica.

La Cena del Señor Parte 3 – en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

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LA CENA DEL SEÑOR parte 2 – La Transubstanciación y la Iglesia primitiva

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EL PODER ESTA EN LA SANGRE

EL PODER ESTA EN LA SANGRE

Hebreos 9: 11-22 nos dice: Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el mas amplio y mas perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabrios ni de becerros, sino por su propia sangre, entro una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabrios, y las cenizas de la becerra, rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne. Cuánto mas la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiara vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es valido entre tanto que el
testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomo la sangre de los becerros y de los machos cabrios, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y caso todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

INTRODUCCIÓN: Que es la sangre?
Este fluido, que circula por un sistema tan complejo como el cardiovascular y puede llegar a todas las células del cuerpo, tiene funciones vitales. En primer lugar, es el encargado de la respiración celular, tomando el oxigeno de los pulmones, llevándolo a todo el cuerpo y devolviendo desde allí a los pulmones el dióxido de carbono. También recolecta los alimentos disgregados por el sistema digestivo y los lleva a las células. Al pasar por el hígado y el riñón, realiza una función depurativa, permitiendo que salgan de nuestro cuerpo sustancias nocivas. Al transportar células del sistema inmunitario, actúa en la defensa de nuestro cuerpo frente a los microbios. Su función transportadora, no acaba aquí, pues lleva las hormonas de un lugar a otro del cuerpo. Además, la sangre actúa en la regulación de la temperatura, haciendo que el calor generado en el cuerpo sea trasladado hacia la superficie para que se disipe. El volumen promedio de sangre de un hombre es de 5.5 litros, y el de una mujer de aproximadamente un litro menos. Algo mas de la mitad de este volumen esta formada por el plasma, la parte liquida de la sangre. Por él circulan las células sanguíneas, que son de diversos tipos: Los eritrocitos o glóbulos rojos, los leucocitos o glóbulos blancos y las plaquetas o trombocitos.

El Plasma sanguíneo:
Tiene el aspecto de un fluido claro, algo semejante a la clara de huevo, y el 90% esta formado de agua. En él, se hallan disueltas importantes sales minerales, como el cloruro sódico, el cloruro potásico y sales de calcio, escondidas en sus componentes. Su concentración oscila muy poco para que no se rompa su equilibrio con el liquido que baña los tejidos ni con el intracelular. Gracias a ellas, pueden disolverse las proteínas en el plasma, para ser transportadas por la sangre, y la acidez de los líquidos del cuerpo se mantiene dentro de estrechos limites. Las proteínas más importantes que se hallan disueltas en el plasma son el fibrinógeno y la protrombina, que intervienen en la coagulación sanguínea; las albúminas, que desempeñan un importante papel en el transporte y para mantener el volumen de plasma, y las blobulinas, que son parte del sistema defensivo de nuestro cuerpo. Todas estas proteínas a excepción de las últimas, se forman en el hígado. Además, en el plasma existen todas las sustancias transportadas por la sangre, como las partículas de alimento y los productos que son el resultado del metabolismo, y, como ya hemos mencionado, las hormonas.

Las plaquetas o trombocitos:
Estas células, encargadas de la coagulación, se originan en la médula ósea.
Su tamaño es de unas dos milésimas de milímetro, tienen forma de disco y existen unas 300,000 por cada milímetro cúbico de sangre. Su principal característica consiste en que se adhieren unas a otras, por lo que tienen la capacidad de formar coágulos. La coagulación: Un sistema tan indispensable como el cardiovascular debe poseer un mecanismo de seguridad que evite que su liquido se vierta. Ante cualquier rotura de los vasos, pues, interviene el
mecanismo de la coagulación. Cuando la pared de un vaso se rompe, se ponen al descubierto zonas de tejido el mismo que son ásperas, a las cuales se pegan rápidamente las plaquetas. En pocos instantes, la acumulación de ellas, es grande, pero su función no se acaba en el taponamiento; las plaquetas adheridas
emiten unos mensajeros químicos llamados factores de coagulación, de los que existen mas de diez tipos. Gracias a ellos se forma una reacción en cadena al termino de la cual el fibrinógeno, una proteína que se hallaba disuelta en el plasma, se convierte en fibrina. Esta es insoluble y forma unos filamentos muy finos
son los que se teje una red, que forma el coagulo. Además, las plaquetas emiten serotonina, que tiene el efecto de estrechar los vasos sanguinos para que disminuya la corriente. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de alguno de los factores de coagulación. Los eritrocitos dan a la
sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxigeno por la sangre. La mas pequeña herida puede poner en peligro la vida del enfermo, que sangra sin parar.
Los glóbulos rojos: Los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, se forman en la medula roja de los huesos y subsisten durante cuatro meses. Su principal característica morfológica es que no poseen un núcleo organizado, que al pasar a la sangre ya ha desaparecido. Tienen forma de disco engrosado por el borde, su diámetro es de unas siete milésimas de milímetro, y en cada milímetro cúbico de sangre existen de 4.5 a 5.5 millones de ellos, que constituyen el 455 del volumen sanguíneo. Los eritrocitos dan a la sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxigeno por la sangre. La hemoglobina: Esta molécula esta formada por cuatro sub-unidades idénticas, cada una de las cuales consta de una proteína, la globina, unida a un grupo hemo. Este ultimo tiñe de rojo la sangre y esta formado por cuatro núcleos que se unen adoptando la forma de un trébol de cuatro hojas. En el centro se halla anexionada una molécula de hierro, que es la encargada de unirse al oxigeno. Efectivamente, mediante la oxigenación y desoxidación del hierro cada molécula de hemoglobina capta cuatro moléculas de oxigeno de los alvéolos pulmonares. Con esta preciada carga el eritrocito viaja, pasando por la parte izquierda del corazón, hasta las células de todo el cuerpo, donde el oxigeno debe ser liberado. El dióxido de carbono, por el contrario, no se une con la hemoglobina sino que se disuelve directamente en el plasma con gran facilidad. En cambio, el monóxido de carbono, el gas que sale por los tubos de escape de los coches, si se une con la
hemoglobina, y con mas facilidad que el oxigeno. Así, cuando en el aire que respiramos hay oxigeno y monóxido de carbono, este ultimo gana la competencia por unirse con la hemoglobina y la persona que lo absorbe puede morir.

Los grupos sanguíneos:
En la membrana de los glóbulos rojos hay unas proteínas que no son idénticas en todas las personas. Así, no siempre un individuo puede tolerar la transfusión de sangre de otro, ya que existen reacciones del sistema defensivo. Este intenta protegerse ante estas proteínas que le son extrañas formando anticuerpos, y la sangre del receptor produce una enfermedad que puede ser mortal. Existen muchos tipos de proteínas en los glóbulos rojos, pero las que aquí nos interesan son las del grupo ABO y las del factor Rhesus o RH.
Grupo ABO: Pueden existir dos tipos de proteínas en el glóbulo rojo: La A y la B. Una persona que tenga la proteína A, pertenecerá al grupo A, y si tiene el factor B, pertenecerá al B. Si posee ambas proteínas, será del grupo AB, y si no tiene ninguna, del 0 (cero). Existen pues, cuatro tipos de personas, y cada uno de ellos repele a la proteína que no posee. Así los individuos A y O repelen la sangre de los B y los AB, mientras que los B y los O presentan una reacción defensiva frente a los A y los AB. Los individuos AB, al tener los dos grupos, pueden recibir transfusiones de todos los demás, mientras que los O no pueden recibir sangre mas que de su mismo grupo, y pueden dar a todo el mundo, por lo que reciben el nombre de donantes universales. Grupo RH: Existe una proteína , que se encuentra en los glóbulos rojos del 85% de las personas, que se llama RH positiva. Las restantes, o RH negativas, si reciben sangre con la proteína, quedan sensibilizadas. Si tiene lugar un segundo contacto, se produce una reacción de rechazo, que en los hombres y en las mujeres no
gestantes no entraña ningún peligro. Sin embargo, si una mujer embarazada experimenta esta reacción, porque su hijo es Rh+ y ella Rh-, se pondrá en peligro la vida del bebe. Ello se debe a que durante el embarazo algo de la sangre del bebe se mezcla con la de la madre. Los glóbulos blancos: Los leucocitos o glóbulos blancos son las células sanguíneas encargadas de la defensa. Su tamaño es variable, de 6 a 20 micras de diámetro, y se encuentran en la sangre, según su tipo, en un numero que oscila entre los 5,000 y los 9,000 por milímetro cúbico. Todos ellos tienen núcleo, aunque la forma de este es muy distinta. Algunos de ellos, el grupo de los granulocitos, poseen unos gránulos en el citoplasma, mientras que otros, los agranulocitos, carecen de ellos. Los granulocitos se subdividen en neutrofilos, eosinófilos y basófilos, y los agranulocitos en monocitos y linfocitos. Neutrófilos: Se originan en la medula ósea roja, donde gran proporción de ellos permanece hasta que son necesarios en la sangre. Constituyen el 70% del total de los granulocitos, y sus gránulos son pequeños y muy
numerosos. El núcleo posee varios lóbulos, y el diámetro es de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, es decir, devorar los cuerpos extraños, después de lo cual el neutrófilo muere y es destruido, formándose partículas de pus. La vida media de estas células es de una semana.
Eosinófilos: Originados de la misma forma que los neutrófilos, los eosinófilos constituyen el 3% del total de granulocitos y su núcleo presenta solo dos nódulos ovalados. Sus gránulos son grandes y numerosos y su diámetro de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, al igual que la de los neutrófilos, y su número
aumenta mucho durante las alergias y las enfermedades por parásitos.
Basofilos: Los gránulos de los basófilos son gruesos pero escasos. Son células de unas 10 micras de diámetro y su núcleo tiene una forma que recuerda a una 5. Se originan en el mismo lugar que el resto de los granulocitos, y son los menos numerosos, ya que constituyen solo el 0.5% del total. Su función no se conoce bien, pero parece que evitan la coagulación dentro de las arterias y las venas. Monocitos: Son los mas grandes de entre los glóbulos blancos, con un tamaño que oscila entre las 15 y las 20 micras. Su núcleo tiene forma arriñonada y poseen gran cantidad de citoplasma, que no tiene gránulos.

Constituyen el 5% de los glóbulos blancos, y se dedican a devorar partículas de un tamaño considerable. Por tanto, al igual que los tipos antes descritos, los monocitos viven muy poco tiempo, pues mueren destruidos después de fagocitar. Algunos de ellos se desplazan hasta donde los necesitan, pero también los hay fijos en el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos y la médula.
Linfocitos: Tienen un tamaño de un glóbulo rojo, y su núcleo es esférico y bastante grande, con una concavidad en uno de sus lados. Constituyen el 30% de todos linfocitos y se forman en la médula ósea roja. Sin embargo, cuando salen de ella, sufren un proceso de maduración por el cual se forman dos tipos: Los
linfocitos B, que pasan a los ganglios linfáticos, y los linfocitos T, que se albergan en el timo. Todos ellos viven unos cien días y se encargan del sistema de defensa especifico, también llamado inmunitario, por el cual el linfocito distingue las sustancias que debe destruir de las que son propias del cuerpo. Para ellos los linfocitos deben tener un cierto tipo de memoria que les permita pasar sus conocimientos de una generación a la siguiente. La sustancia atacante recibe el nombre de antígeno, y la que producen los linfocitos para neutralizarla son los anticuerpos. Los anticuerpos se unen a los antígenos de forma que estos se hacen inofensivos, y todo el complejo es después eliminado por los eosinófilos.
Linfocitos B: Son los encargados de producir los anticuerpos y células de memoria. Estas, una vez que han madurado y aprendido sobre un cierto antígeno, se dividen formando una estirpe, que puede durar varios anos o toda la vida del individuo.
Linfocitos T: Estas células colaboran con los linfocitos B, y además tienen otras funciones, como la de estimular la actividad de algunas células que fagocitan.
Cuanto hemos aprendido de la sangre científicamente hablando. Hemos visto la parte en que se divide, como esta compuesta, cual es la función, y entendemos que si la sangre tiene dicha función, y estamos hablando  bajo el tema: El poder esta en la sangre, imagínese por un momento, si es importante que nosotros cuidemos la sangre, si es importante que aprendamos como debemos alimentarnos, porque cuando nos alimentamos bien, la sangre funciona como debe funcionar, y el cuerpo se mantiene en salud. Aparte de todo esto, encontramos en la palabra, que la sangre fue prohibida al pueblo de Israel, tomarla, debido a que en ella esta la vida. Por que en ella esta la vida? Porque cuando nosotros cuidamos la sangre, la sangre se encarga de limpiar, de purificar el sistema, alimentar las células, y todas las funciones que ella desempeña para que el cuerpo se mantenga completamente en salud. Cuando la sangre no esta pura, vienen las enfermedades, y el Señor quiere evitar que las enfermedades lleguen a nuestras vidas, por eso primeramente el dejo establecido en el libro de la vida, que nosotros debemos comer para que nuestro cuerpo se mantenga en salud, y vamos a analizar unas cuantas partes de las Escrituras, como por ejemplo: En Levítico 11 Dios habló a Moisés y a Aarón diciéndoles, que les hablaran a los hijos de Israel, y que le dijeran cuáles animales deberían comer y
cuales no.
En Levítico 11:3 Nos dice: “ De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, este comeréis”.
Y del verso 4 hasta el verso 8, habla de los que no debemos comer. Dice así: “Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis estos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. También el conejo, porque rumia , pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. Asimismo, la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos
.
El verso 9 nos dice: “ Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis.” El verso 10 nos dice: “Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que esta en las aguas, los tendréis en abominación.”
El verso 13 hasta el verso 20 nos dice: “Y de las aves , estas tendréis en abominación, no se comerán. El águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie, todo cuervo según su especie, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie, el búho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelicano, el buitre, la cigüeña, la garza según su especie, la abudilla y el murciélago. Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación.
Del verso 21 hasta el 22, habla de los insectos que se deben comer. Dice así: “ Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra; estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su
especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie. ” Del verso 29 hasta el 30 hablan de los animales que son inmundos que no se deben comer. Dice así: “ Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: La comadreja, el ratón, la rana según su especie, el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón.” El Señor le había dicho a Moisés en este capítulo, al igual que en Deuteronomio capítulo 14 del verso 3 al 21: Les habló concerniente a cómo debían alimentarse, porque Dios entendía que una dieta balanceada y ordenada, hacía que la sangre funcione como debe funcionar, pura, limpia y sin marcha, y éste a su vez, iba a recorrer por todo el cuerpo, limpiando las impurezas, y defendiendo el cuerpo de cualquier ataque, es decir, un
virus como hoy día lo vemos en el mundo entero. Ahora bien, el Señor reconocía que era importante que la sangre estuviera compuesta con cada uno de los elementos con la cual él había hecho para que pudiera tener una defensa en cualquier ataque que le viniese. La sangre es lo que purifica, la sangre es la que limpia, y la que nos protege de todo ataque nocivo al cuerpo, y el Señor, simbólicamente, nos dá una enseñanza comenzando con el libro de Exodo en el capitulo 12:13 nos dice: “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.” Y el Señor empieza hablarnos aquí de la importancia de la sangre, de cómo dice aquí en este verso 13, que no habrá en vosotros plaga por la sangre protectora, porque en si, la sangre es la vida, porque es la que protege el cuerpo, por eso el Señor dice, que no se comerá animal con su sangre, porque la vida esta en la sangre. Y si usted se pone a entender esto, desde el punto de vista científico, una persona que tiene su sangre dañada, es una persona enferma, y presta a morir. Por esta razón, es que el poder esta en la sangre. La Biblia nos habla de que la sangre de cristo es muy importante en el creyente, primeramente la sangre de Cristo, al igual que la sangre tiene un poder incalculable en la vida. Por ejemplo, en Exodo 12:13 dice Protege: “ Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”
En Exodo 30:10 Trae Expiación: “ Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el ano con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el ano hará expiación sobre el por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.”

En Levítico 17:11 Trae expiación: “ Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación, sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” En Zacarías 9:11 Trae liberación: “ Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus
presos de la cisterna en que no hay agua.”
En Hechos 9:7 Asegura el Perdón: “ Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.”
En Hebreos 9:22 Limpia: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”
Así como ya lo he detallado al principio, la sangre literalmente hablando, tiene un poder grande en la vida diaria del individuo, cuando el plasma sanguíneo, las plaquetas, los glóbulos rojos, los glóbulos blancos, están todos balanceados, ellos purifican el cuerpo, es un sistema de reciclaje el cual hacen que las células, reciban el oxigeno necesarios, al igual que los glóbulos blancos protege de que ninguna enfermedad llegue al cuerpo, y así pueda la persona perder la vida. Si científicamente se ha podido comprobar que si la sangre del individuo está balanceada, hay salud, hay protección, hay vida, cuanto más? Si nos preocupamos por la sangre de Cristo, la cual fue derramada en la Cruz del Calvario, para limpiar los pecados del hombre, esa sangre preciosa, la cual nos limpia, nos protege, nos liberta, nos asegura el perdón, borra nuestros pecados, no deberíamos cuidar esa sangre que Cristo ha derramado? No deberíamos preocuparnos día tras día para que esa sangre se mantenga pura, se mantenga limpia en nuestro ser, que cuando el enemigo nos vea, y no nos vea de color
blanco, amarillo o de color moreno, sino que nos vea de color rojo, porque estamos cubiertos de la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Recordemos lo que dice en Exodo 12:13, que dice: “ Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.” La sangre de Cristo, que nos protege, amado hermano, que nos limpia, que nos
salva, que nos perdona, que nos protege, muchas veces la pisoteamos. Miren lo que dice en Hebreos 10:26-29: “ Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda mas sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. Cuanto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”
Imagínense hermanos, la importancia de la sangre, el hombre en los últimos 100 años, se ha desarrollado científicamente mas, que en los últimos 2000 años, el hombre ha podido hacer hallazgos indescriptibles, tales como ir a la Luna, enviar robots a Marte, hacer corazones artificiales, ya las personas ciegas se les implanta unos sensores desde el cerebro y ponen unas cámaras en los ojos, y ya los ciegos pueden ver. El Hombre, ha podido hacer de un hombre, una mujer, quitándole sus partes genitales, hemos desarrollado la capacidad de hacer brazos biónicos que trabajan con sensores que se comunican al cerebro, hemos desarrollado la computadora a un máximo que no hay palabras para poder expresarlo, satélites en derredor de la tierra, para que la comunicación sea instantánea, podemos ver lo que esta sucediendo en Japón, en milésimas de segundo, la tecnología se ha desarrollado tal y como el Profeta Daniel lo describe diciendo: Que en los postreros tiempos, la ciencia se aumentará.
Pero con todos estos hallazgos, con toda esta tecnología, hay algo que Dios dejó reservado porque Dios no le va a permitir al hombre llegar mas allá de los limites establecidos y por mas que el hombre logre, Dios le ha puesto límite, y el hombre no podrá lograr hacer sangre, porque en la sangre está la vida, y en la sangre está el poder, y la sangre solo la puede hacer Dios, y la vida solo puede darla Dios a todo aquel que la reconoce porque él es vida, pero es necesario que tú entiendas que el poder esta en la sangre. Si la sangre derramada por el Señor, en la cruz del calvario, en la cual ha sido derramada sobre tí, para perdonarte, para limpiarte, para sanarte, para perdonarte, se ha ido infectando y ya no está en el orden que Dios la estableció. Este es un momento hermoso para decirle: Señor, purifica tu sangre en mi vida, límpiame, protégeme, sáname, perdóname, porque tu sangre la necesito, Señor, para poder vencer, necesito tu sangre pura en mi vida, en el nombre de Jesús. Amén y Amén.

Centro Evangelistico Isaías 40:31, Inc.
Pastor: Daniel G. Hernández
Teléfono: (407) 859-8300
http://www.centro4031.com

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Diez maneras de trastornar su vida siguiendo a Cristo

Diez maneras de trastornar su vida siguiendo a Cristo

(Lecciones de los candidatos a discípulos)
Escuela sabática
By Ryan Bell
Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 19 al 25 de enero, 2008

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Todos quieren ir al Cielo, pero nadie quiere morir.
—Alison Krause

En una familia de iglesias cuya moderna obsesión ha sido agregar nuevos nombres a las listas de miembros, el discipulado ha retrocedido frente a la conversión.

Jesús se destacaba por su desinterés en ganar nuevos conversos. Al final de tres años y medio de ministerio, tenía una ganancia neta de sólo once discípulos. Cuando las multitudes se congregaban a su alrededor para unirse a su movimiento, todo lo que hacía era despedirlos (véase, por ejemplo, Juan 6:1–15). Aquellos que se acercaban a Jesús con el deseo de conseguir un puesto en su movimiento, eran severamente desafiados a revisar sus intenciones y compromiso.

Para Jesús, un converso debía estar realmente “convertido”—debía cambiar real y concretamente de un mundo a otro, de un conjunto de lealtades a otro. Hay muchos textos que demuestran de qué manera Jesús enfrentaba este problema, el cual persiste hasta el día de hoy.

De todos los severos reproches que Jesús dirigió a sus candidatos a discípulos, ninguno me ha llamado tanto la atención como los tres que se registran en una rápida secuencia en Lucas 9:57–62. Aquí, Lucas ha condensado para sus lectores un ejemplo del tipo de interés que producía el ministerio de Jesús. La gente era atraída hacia él con regularidad. A veces eran sus palabras poderosas y valientes, dirigidas al status quo. Otras veces eran sus actos milagrosos. Y en otras ocasiones, su profunda compasión. Estos tres arquetipos de discípulos, digamos, tenían compromisos anteriores—los tres querían que el discipulado calzara adecuadamente con su vida—que se conformara adecuadamente a sus compromisos anteriores. Jesús hacía caso omiso de ellos de una manera que parece casi áspera.

El importante contexto vital de estos tres candidatos a discípulos, es una frase que sirve de pívot en la narración de Lucas: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (9:51).

Este paradigmático “viaje a Jerusalén” ocupa casi la mitad del Evangelio de Lucas. El lector sabe que este viaje no terminará bien para Jesús. Iba a Jerusalén para recibir condena y rechazo, para morir como un criminal político. Le expresión “afirmó su rostro” hace algo más que simplemente señalar cuál era el itinerario de Jesús. Nos dice algo acerca de su determinación y sobre el enfoque de su vida. Él tenía una misión y nada lo detendría.

Si retrocedemos un poco para ver la historia que nos lleva hasta el versículo 51, notaremos que hubo problemas incluso antes de que comenzara el viaje a Jerusalén. Como es típico, en el versículo 46 los discípulos estaban discutiendo sobre cuál de ellos sería el más importante. Parece que, una vez más, los discípulos habían mezclado sus propias ambiciones personales con los propósitos de Dios.

Toda vez que el ministerio de Dios es llevado adelante—cuando muchos reciben sanidad, cuando se proclama el Reino de Dios—algunos ambiciosos quieren el crédito o la gloria para sí. Esto era así en los días de Jesús y permanece de la misma manera hasta hoy. Toda vez que Dios está haciendo algo, hay candidatos a discípulos que mezclan sus propias ambiciones personales con los propósitos de Dios. Un aspecto de lo que implica seguir a Jesús, como un discípulo fiel, es permanecer alertas frente a nuestras ambiciones personales, y aprender a dejarlas de lado para seguir a Jesús. Después de todo, esto no es un paseo en la naturaleza—nos dirigimos a Jerusalén.

Volviendo a nuestros tres candidatos a discípulos, otra vez somos confrontados por la aparentemente extraña respuesta de Jesús. Confieso que Jesús me sorprende.

Me imagino siendo abordado por esos “buscadores”, que me dicen: “queremos ir contigo dondequiera que vayas”. Desde luego, yo los animaría. Quizás les daría estudios bíblicos, oraría con ellos, los instruiría, y los ayudaría a unirse a la iglesia.

Pero Jesús no hizo eso. Sus tácticas de obra misionera eran, ¡bueno!—un poquito más severas. La primera persona se acercó a Jesús queriendo unirse a él en el viaje, pero Jesús lo desanimó abiertamente. “Somos esencialmente personas sin hogar”, le dijo. “Podrías querer reconsiderarlo. Incluso los animales salvajes tienen un lugar donde hacer su hogar—un lugar para dormir en la noche. Pero nosotros no—no tenemos donde reclinar nuestras cabezas. Si quieres venir con nosotros, esas son las condiciones”.

El segundo candidato a discípulo quería seguir a Jesús, pero después de enterrar a su padre adecuadamente. Ese parece ser un deseo razonable. Pero la respuesta de Jesús suena como sin corazón—“deja que los muertos entierren a sus muertos”. Un tercer hombre quería seguir a Jesús, pero sólo después de despedirse de su familia. Jesús no tiene nada que ver con eso: “Nadie que pone su mano en el arado y mira para atrás es digno de mí”.

Tengo ganas de protestar: “¡Vaya, esos son requisitos muy altos, Jesús! No tienes mucha sensibilidad hacia los buscadores. Quiero decir, ¿cómo quieres tener un buen número de seguidores cuando cuesta tanto complacerte? ¿No podrías por lo menos mostrar cuáles son los beneficios? Tal vez después podrías hablar del lado negativo”. Casi parecería que Jesús no quería que la gente se uniera a su misión.

Conversando con un amigo hace muchos años, ambos luchando con el asunto de la evangelización y el discipulado en nuestras respectivas iglesias, nos preguntábamos cómo esta enseñanza de Jesús podría aplicarse en el contexto actual de la iglesia. La iglesia contemporánea, de la cual el adventismo es parte, está muy preocupada por el crecimiento numérico –se podría decir que ansiosa. Los pastores harían cualquier cosa, al parecer, para lograr que las enseñanzas de Jesús fueran más agradables, de modo que más gente se uniera a sus iglesias.

Mi amigo reflexionaba que, en tanto que nosotros nos inclinamos a predicar sermones del tipo “Diez maneras en que el cristianismo mejorará su vida”, Jesús estaba mucho más inclinado a predicar sermones como éste: “Diez maneras en que, siguiéndome, trastornará su vida”. Frecuentemente les aconsejaba considerar lo que Dietrich Bonhoeffer denominaba “el costo del discipulado”. ¿Por qué nosotros tememos hablar claramente sobre este “costo”?

En vez de seguir el ejemplo de Jesús, la iglesia contemporánea ha estado tan ansiosa por ganar adeptos que, por generaciones, hemos enseñado a la gente que Jesús puede calzar en su vida y en sus planes. En efecto, la iglesia ha enseñado, incluso, que el propósito de Jesús es hacer que tu vida funcione—hacerte exitoso y feliz. Sin embargo, no encuentro eso en ninguna parte en las Escrituras. Todo lo contrario, los que se acercaban a Jesús con esas expectativas y condiciones, eran desanimados para seguirlo.

Es claro que no somos Jesús. No sabemos tampoco qué era lo que suscitaba la curiosidad de la gente por Jesús. Personalmente, creo que siempre seré uno de los que alimentará a la gente en el camino del discipulado. No creo que este texto bíblico sea una licencia para desanimar a la gente con respecto a ser discípulos. Pero tampoco tenemos licencia para ofrecer a la gente otra cosa que no sea el evangelio. Nuestro mensaje no es que la gente puede “tener a Jesús en su vida”, como lo ha dicho a menudo la iglesia. En ninguna parte la Biblia enseña que podemos tener a Jesús como parte de nuestras vidas. Con Jesús no existe terreno intermedio. O lo sigues completamente, o no lo haces.

Tampoco vayas mirando por sobre tu hombro. Jesús usa una ilustración que, para los que tenemos una vida urbana, no significa mucho. Pero si estás arando en el campo en una hilera, y miras por sobre tu hombro para ver cómo está quedando el trabajo, incluso si la hilera ha quedado perfectamente derecha hasta ese punto, comenzarás a desviarte. No puedes seguir a Jesús mientras miras por sobre tu hombro. Y tampoco puedes seguir a Jesús con tu propia lista de expectativas.

Así que, seamos claros—Jesús quiere discípulos. Jesús amaba a sus discípulos, nos dice Juan, hasta el mismo fin. Confió su reino a estos doce locos, y a las docenas de otros hombres y mujeres que se agruparon alrededor de él. Pero hay varias lecciones acerca del discipulado que Lucas quiere que obtengamos de esta historia.

El discipulado no tiene que ver con la grandeza, ni con el poder o los puestos. No puedes ser discípulo de Jesús mientras estás constantemente comparando tu grandeza con la de tus vecinos.
El discipulado no consiste en borrar al enemigo, o en triunfar sobre el mundo. El discipulado tiene que ver con una marcha constante y determinada de amor abnegado. Con cada paso, nos entregamos a nosotros mismos para el mundo y el reino de Dios.
No puedes ser un devoto discípulo de Jesús con una lista agregada de condiciones previas. Jesús no calzará en tu vida, y él no va a aceptar ningún acuerdo prenupcial. En esto Jesús no está siendo duro. El viaje a Jerusalén—a la cruz—va a demandar todo lo que tienes. Jesús necesita nuestra lealtad sin reservas.
El discipulado incluirá sufrimiento. El viaje será difícil, pero gratificante. Todo lo que es verdaderamente bueno o hermoso, como para procurarlo con toda tus fuerzas, es digno del sacrificio. ¿Son los discípulos más grandes que su Maestro?
Finalmente, los discípulos no pueden seguir a Jesús mientras miran por sobre su hombro para contemplar cómo lo han hecho en el pasado. Después de todo, ¿cuándo nos está pidiendo Jesús que lo sigamos? No ayer, sino hoy y mañana.
Ryan Bell es pastor titular de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, de Hollywood.

http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/01/24/diez_maneras_de_trastornar_su_vida_siguiendo_cristo

Analisis de la carta a los filipenses de Policarpo

EL MARTIRIO DE POLICARPO
Si bien es poco o nada lo que sabemos acerca del testimonio final de Ignacio, sí tenemos amplios detalles acerca del de su amigo Policarpo, cuando le llegó su hora casi medio siglo más tarde. Corría el año 155, y todavía estaba vigente la misma política que Trajano le había señalado a su gobernador Plinio. A los cristianos no se les buscaba; pero si alguien les delataba y se negaban entonces a servir a los dioses, era necesario castigarles. Policarpo era todavía obispo de Esmirna cuando un grupo de cristianos fue acusado y condenado por los tribunales. Según nos cuenta quien dice haber sido testigo de los hechos, se les aplicaron los más dolorosos castigos, y ninguno de ellos se quejó de su suerte, pues “descansando en la gracia de Cristo tenían en menos los dolores del mundo”. Por fin le tocó al anciano Germánico presentarse ante el tribunal, y cuando se le dijo que tuviera misericordia de su edad y abandonara la fe cristiana, Germánico respondió diciendo que no quería seguir viviendo en un mundo en el que se cometían las injusticias que se estaban cometiendo ante sus ojos, y uniendo la palabra al hecho incitó a las fieras para que le devorasen más rápidamente. El valor y el desprecio de germánico enardecieron a la multitud, que empezó a gritar: “¡Que mueran los ateos!” —Es decir, los que se niegan a creer en nuestros dioses— y “¡Que traigan a Policarpo!” Cuando Policarpo supo que se le buscaba, y ante la insistencia de los miembros de su iglesia, salió de la ciudad y se refugió en una finca en las cercanías. A los pocos días, cuando los que le buscaban estaban a punto de dar con él, huyó a otra finca. Pero cuando supo que uno de los que habían quedado detrás, al ser torturado, había dicho dónde Policarpo se había escondido, el anciano obispo decidió dejar de huir y aguardar a los que les perseguían. Cuando le llevaron ante el procónsul, éste trató de persuadirle, diciéndole que pensara en su avanzada edad y que adorara al emperador. Cuando Policarpo se negó a hacerlo, el juez le pidió que gritara: “¡Abajo los ateos!” Al sugerirle esto, el juez se refería naturalmente a los cristianos, que eran tenidos por ateos. Pero Policarpo, señalando hacia la muchedumbre de paganos, dijo: “Sí. ¡Abajo los ateos!” De nuevo el juez insistió, diciéndole que si juraba por el emperador y maldecía a Cristo quedaría libre. Empero Policarpo respondió: —Llevo ochenta y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho. ¿Cómo he de maldecir a mi rey, que me salvó?
Así siguió el diálogo. Cuando el juez le pidió que convenciera a la multitud, Policarpo le respondió que si él quería trataría de persuadirle a él, pero que no consideraba a esa turba apasionada digna de escuchar su defensa. Cuando por fin el juez le amenazó, primero con las fieras, y después con ser quemado vivo, Policarpo le contestó que el fuego que el juez podía encender sólo duraría un momento, y luego se apagaría, mientras que el castigo eterno nunca se apagaría. Ante la firmeza del anciano, el juez ordenó que Policarpo fuera quemado vivo, y todo el populacho salió a buscar ramas para preparar la hoguera. Atado ya en medio de la hoguera, y cuando estaban a punto de encender el fuego, Policarpo elevó la mirada al cielo y oró en voz alta: Señor Dios soberano […] te doy gracias, porque me has tenido por digno de este momento, para que, junto a tus mártires, yo pueda tener parte en el cáliz de Cristo. […] Por ello […] te bendigo y te glorifico. […] Amén. Así entregó la vida aquel anciano obispo a quien años antes, cuando todavía era joven, el anciano Ignacio había dado consejos acerca de su labor pastoral y ejemplo de firmeza en medio de la persecución. Por otra parte, las actas del martirio de Policarpo son interesantes porque en ellas podemos ver una de las cuestiones que más turbaban a los cristianos en esa época: la de si era lícito o no entregarse espontáneamente para sufrir el martirio. Al principio de esas actas se habla de un tal Quinto, que se entregó a sí mismo, y que al ver las fieras se acobardó. Y el autor de las actas nos dice que sólo son válidos los martirios que han tenido lugar por voluntad de Dios, y no de los mártires mismos. En la historia del propio Policarpo, vemos que se escondió dos veces antes de ser arrestado, y que sólo se dejó prender cuando llegó al convencimiento de que tal era la voluntad de Dios.
La razón por la que este documento insiste tanto en la necesidad de que sea Dios quien escoja a los mártires era que había quienes se acusaban a sí mismos a fin de sufrir el martirio. Tales personas, a quienes se llamaba “espontáneos”, eran a veces gentes de mente desequilibrada que no tenían la firmeza necesaria para resistir las pruebas que venían sobre ellos, y que por lo tanto acababan por acobardarse y renunciar de su fe en el momento supremo. Pero no todos concordaban con el autor de las actas del martirio de Policarpo. A través de todo el período de las persecuciones, siempre hubo mártires espontáneos y—cuando sus martirios fueron consumados— siempre hubo también quien les venerara. Esto puede verse en otro documento de la misma época, la Apología de Justino Mártir, donde se nos cuenta que en el juicio de un cristiano se presentaron otros dos a defenderle, y la consecuencia fue que los tres murieron como mártires. Al narrar esta historia, Justino no ofrece la menor indicación de que el martirio de los dos “espontáneos” no sea tan válido como el del cristiano que fue acusado ante los tribunales.
Si bien es poco o nada lo que sabemos acerca del testimonio final de Ignacio, sí tenemos amplios detalles acerca del de su amigo Policarpo, cuando le llegó su hora casi medio siglo más tarde. Corría el año 155, y todavía estaba vigente la misma política que Trajano le había señalado a su gobernador Plinio. A los cristianos no se les buscaba; pero si alguien les delataba y se negaban entonces a servir a los dioses, era necesario castigarles. Policarpo era todavía obispo de Esmirna cuando un grupo de cristianos fue acusado y condenado por los tribunales. Según nos cuenta quien dice haber sido testigo de los hechos, se les aplicaron los más dolorosos castigos, y ninguno de ellos se quejó de su suerte, pues “descansando en la gracia de Cristo tenían en menos los dolores del mundo”. Por fin le tocó al anciano Germánico presentarse ante el tribunal, y cuando se le dijo que tuviera misericordia de su edad y abandonara la fe cristiana, Germánico respondió diciendo que no quería seguir viviendo en un mundo en el que se cometían las injusticias que se estaban cometiendo ante sus ojos, y uniendo la palabra al hecho incitó a las fieras para que le devorasen más rápidamente. El valor y el desprecio de germánico enardecieron a la multitud, que empezó a gritar: “¡Que mueran los ateos!” —Es decir, los que se niegan a creer en nuestros dioses— y “¡Que traigan a Policarpo!” Cuando Policarpo supo que se le buscaba, y ante la insistencia de los miembros de su iglesia, salió de la ciudad y se refugió en una finca en las cercanías. A los pocos días, cuando los que le buscaban estaban a punto de dar con él, huyó a otra finca. Pero cuando supo que uno de los que habían quedado detrás, al ser torturado, había dicho dónde Policarpo se había escondido, el anciano obispo decidió dejar de huir y aguardar a los que les perseguían. Cuando le llevaron ante el procónsul, éste trató de persuadirle, diciéndole que pensara en su avanzada edad y que adorara al emperador. Cuando Policarpo se negó a hacerlo, el juez le pidió que gritara: “¡Abajo los ateos!” Al sugerirle esto, el juez se refería naturalmente a los cristianos, que eran tenidos por ateos. Pero Policarpo, señalando hacia la muchedumbre de paganos, dijo: “Sí. ¡Abajo los ateos!” De nuevo el juez insistió, diciéndole que si juraba por el emperador y maldecía a Cristo quedaría libre. Empero Policarpo respondió: —Llevo ochenta y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho. ¿Cómo he de maldecir a mi rey, que me salvó?
Así siguió el diálogo. Cuando el juez le pidió que convenciera a la multitud, Policarpo le respondió que si él quería trataría de persuadirle a él, pero que no consideraba a esa turba apasionada digna de escuchar su defensa. Cuando por fin el juez le amenazó, primero con las fieras, y después con ser quemado vivo, Policarpo le contestó que el fuego que el juez podía encender sólo duraría un momento, y luego se apagaría, mientras que el castigo eterno nunca se apagaría. Ante la firmeza del anciano, el juez ordenó que Policarpo fuera quemado vivo, y todo el populacho salió a buscar ramas para preparar la hoguera. Atado ya en medio de la hoguera, y cuando estaban a punto de encender el fuego, Policarpo elevó la mirada al cielo y oró en voz alta: Señor Dios soberano […] te doy gracias, porque me has tenido por digno de este momento, para que, junto a tus mártires, yo pueda tener parte en el cáliz de Cristo. […] Por ello […] te bendigo y te glorifico. […] Amén. Así entregó la vida aquel anciano obispo a quien años antes, cuando todavía era joven, el anciano Ignacio había dado consejos acerca de su labor pastoral y ejemplo de firmeza en medio de la persecución. Por otra parte, las actas del martirio de Policarpo son interesantes porque en ellas podemos ver una de las cuestiones que más turbaban a los cristianos en esa época: la de si era lícito o no entregarse espontáneamente para sufrir el martirio. Al principio de esas actas se habla de un tal Quinto, que se entregó a sí mismo, y que al ver las fieras se acobardó. Y el autor de las actas nos dice que sólo son válidos los martirios que han tenido lugar por voluntad de Dios, y no de los mártires mismos. En la historia del propio Policarpo, vemos que se escondió dos veces antes de ser arrestado, y que sólo se dejó prender cuando llegó al convencimiento de que tal era la voluntad de Dios.La razón por la que este documento insiste tanto en la necesidad de que sea Dios quien escoja a los mártires era que había quienes se acusaban a sí mismos a fin de sufrir el martirio. Tales personas, a quienes se llamaba “espontáneos”, eran a veces gentes de mente desequilibrada que no tenían la firmeza necesaria para resistir las pruebas que venían sobre ellos, y que por lo tanto acababan por acobardarse y renunciar de su fe en el momento supremo. Pero no todos concordaban con el autor de las actas del martirio de Policarpo. A través de todo el período de las persecuciones, siempre hubo mártires espontáneos y—cuando sus martirios fueron consumados— siempre hubo también quien les venerara. Esto puede verse en otro documento de la misma época, la Apología de Justino Mártir, donde se nos cuenta que en el juicio de un cristiano se presentaron otros dos a defenderle, y la consecuencia fue que los tres murieron como mártires. Al narrar esta historia, Justino no ofrece la menor indicación de que el martirio de los dos “espontáneos” no sea tan válido como el del cristiano que fue acusado ante los tribunales.
Analisis de la carta a los filipenses de Policarpo

Policarpo fue obispo de Esmirna. La gran estima en que fue tenido se explica porque había sido discípulo de los Apóstoles. Ireneo (Eusebio, Hist. eccl. 5,20,5) refiere que Policarpo se sentaba a los pies de San Juan y que, además, fue nombrado obispo de Esmirna por los Apóstoles (Adv. haer. 3,3,4). San Ignacio le dirigió una de sus cartas como a obispo de Esmirna.

Las discusiones que Policarpo y el papa Aniceto sostuvieron en Roma, el año 155, en torno a diversos asuntos eclesiásticos de importancia, y en particular, sobre la fijación de la fecha para la celebración de la fiesta de Pascua, son otra prueba de la estima en que se tenía a Policarpo. Sin embargo, en esta cuestión candente no se halló una solución que satisficiera a ambas partes,porque Policarpo apelaba a la autoridad de San Juan y de los Apóstoles en defensa del uso cuartodecímano, mientras que Aniceto se declaró en favor de la costumbre adoptada por sus predecesores de celebrar la Pascua en domingo. A pesar de estas diferencias, el papa y el obispo se separaron en muy buenas relaciones.

Ireneo relata (Adv. haer. 3,3,4) que Marción, al encontrarse con Policarpo, le preguntó si le reconocía:

“Pues no faltaba más – replicó éste -, ¡cómo no iba a reconocer al primogénito de Satán!”
  • El principio de todos los males es el amor al dinero. La reacción fuerte de Policarpo contra la avaricia, como un vicio totalmente opuesto al espíritu del Evangelio, es uno de los temas principales de la carta.
  • Exhortaciones pastorales a las familias (mujeres y viudas)
  • Después, enseñen a sus mujeres a caminar en la fe que les ha sido dada, en la caridad, en la pureza, a amar a sus maridos con toda fidelidad,          amar a todos los otros igualmente con toda castidad y a educar a sus hijos en el conocimiento del temor de Dios.
  • Que las viudas sean sabias en la fe del Señor, que intercedan sin cesar por todos, que estén lejos de toda calumnia, murmuración, falso testimonio, amor al dinero y de todo mal; sabiendo que son el altar de Dios, que al examinará todo y que nada se le oculta de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de los secretos de nuestro corazón (ver 1 Co 14,25).
  • Exhortaciones pastorales a los diaconos
  • Exhortaciones de santidad a los jovenes
  • Cultivar la esperanza y la paciencia
  • Caridad fraterna
  • Reflexion sobre el caso de Valente:(De este presbítero sólo conocemos aquello que nos dice Policarpo: arrastrado por la avaricia, el amor al dinero, se vio envuelto en una falta grave que le significó la destitución de su ministerio. Sobre la avaricia como una forma de idolatría y una suerte de impureza, ver Ef 5,5; Col 3,5)Confío en que están bien ejercitados en las santas Escrituras,
  • Exhortaciones generales de santidad a los discipulos cristianos
  • Oren por todos los santos. Oren también por los reyes, por las autoridades y los príncipes, por los que los persiguen y los odian, y por los enemigos de la cruz (ver Mt 5,44; 1 Tm 2,2; Jn 15,16; 1 Tm 4,15; St 1,4; Col 2,10; Flp 3,18.); de modo que su fruto sea manifiesto para todos, y ustedes sean perfectos en él.
  • Recomendacion de Crescente, a quien recientemente les recomendé y ahora (de nuevo) les recomiendo. Se ha conducido entre nosotros de forma irreprochable;y de su hermana

a) Doctrina

La epistola contiene una fuerte advertencia contra el docetismo

La epístola defiende la doctrina cristológica de la encarnación y de la muerte de Cristo en cruz contra “las falsas doctrinas,” con estas palabras:

Porque todo el que no confesare que Jesucristo ha venido en carne, es un anticristo, y el que no confesare el testimonio de la cruz, procede del diablo, y el que torciere las sentencias del Señor en interés de sus propias concupiscencias, ese tal es primogénito de Satanás (7,1: BAC 65,666).

b) Organización

Policarpo no menciona al obispo de Filipos, pero sí habla de la obediencia debida a los ancianos y a los diáconos. Parece, pues, justificada la conclusión de que la comunidad cristiana de Filipos era gobernada por una comisión de presbíteros. La carta traza el siguiente retrato del sacerdote ideal:

Mas también los ancianos han de tener entrañas de misericordia, compasivos para con todos, tratando de traer a buen camino lo extraviado, visitando a todos los enfermos; no descuidándose de atender a la viuda, al huérfano y al pobre; atendiendo siempre al bien, tanto delante de Dios como de los hombres; muy ajenos de toda ira, de toda acepción de personas y juicio injusto; lejos de todo amor al dinero, no creyendo demasiado aprisa la acusación contra nadie, no severos en sus juicios, sabiendo que todos somos deudores de pecado (66,1: BAC 65,665-666).

c) Caridad

Se recomienda encarecidamente la limosna:

Si tenéis posibilidad de hacer bien, no lo difiráis, pues la limosna libra de la muerte. Estad todos sujetos los unos a los otros, guardando una conducta irreprochable entre los gentiles, para que de vuestras buenas obras vosotros recibáis alabanza y el nombre del Señor no sea blasfemado por culpa vuestra (10,2: BAC 65,668).

d) Iglesia y Estado

Merece notarse la actitud de la Iglesia para con el Estado. Se prescribe expresamente rogar por las autoridades civiles:

Rogad también por los reyes y autoridades y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, a fin de que vuestro fruto sea manifestado en todas las cosas y seáis perfectos en El (12,3: BAC 65,670).

Bibliografia consultada

Unión Con Cristo

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La Piedra Angular

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La muerte espiritual de Cristo – base escritural y teologica

Está en ingles, pero en cuanto pueda lo traduzco, este estudio contiene los mejores comentarios cristianos historicos que hablan sobre el tema, la negación de la muerte total de Jesus es algo nuevo, algo del siglo XX en que cayeron  algunos por culpa del protestantismo neoortodoxo y modernista que pretende negar lo sobrenatural de la escritura, como la existencia del infierno, los angeles, los demonios, el diablo, el regreso de Jesús etc. Asi mismo quieren negar que Jesús fue al hades y ahi derrotó por completo el hades y la muerte.
Parte 1
http://www.victoryword.100megspop2.com/tenrsn/jds/tenrsn3.htm
Parte 2:
http://www.victoryword.100megspop2.com/tenrsn/jds/tenrsn3_1.htmll
Parte 3:
http://www.victoryword.100megspop2.com/tenrsn/jds/tenrsn3_2.html

Origenes de la Navidad

Osías Segura
Teólogo costarricense y profesor adjunto en Fuller Theological Seminary en Pasadena, California.

Osías SeguraOrigenes de la Navidad
Diciembre 21, 2009 by Osías Segura

Muchos cristianos creen que la celebración de la navidad es la fecha de mayor importancia cristiana del año, y por tanto, están equivocados. Tal vez, lo será hoy, pero no siempre lo fue así. En la era antes de Constantino (los primeros siglos del cristianismo) no había celebración alguna sobre el nacimiento de Cristo. Así que para aquellos que añoran la iglesia primitiva y sus principios, y aun más aquellos y aquellas que gustan utilizar literalmente la biblia como norma para sus vidas, deberían pensar dos veces antes de celebrar la navidad. En estas líneas, no pretendo presentar una narrativa completa ni compleja del origen de la navidad, ni tampoco una historia concisa de la navidad. Simplemente, quiero mencionar esos aspectos que considero adecuados para presentar mi punto en cuanto a la contextualización. Uds. siéntanse libres con sus comentarios de agregar aquellos elementos que creen que yo pude dejar por fuera por falta de espacio.
¿Es tan importante la navidad en el Nuevo Testamento?
¡Veamos los evangelios! Solamente dos de los evangelios se refieren al nacimiento de Cristo. Todos los evangelios, sin embargo, presentan dos puntos climaxicos: la muerte, y resurrección de Cristo. Así que podríamos decir que los evangelios son escritos que reflejaban los valores teológicos de comunidades cristianas primitivas. La comunidad de Mateo nos arroja una historia del nacimiento de Cristo con una estrella, los magos del oriente, y la huida a Egipto, pero no hay pastores, ni huestes angelicales. La comunidad de Lucas nos brinda una narrativa mas descriptiva con ángeles, pastores, pero no hay estrella ni magos del oriente. Fuera de estos dos evangelios, solo Pablo presenta un breve comentario en Gálatas (4:4) de Jesús que “nació de una mujer.” Por lo demás, podríamos decir, el Nuevo Testamento da poca atención al nacimiento de Cristo, en comparación con su muerte y resurrección. La celebración del nacimiento de Cristo pareciera no era algo de importancia para la iglesia primitiva.
Las Escrituras y la fecha exacta del nacimiento de Cristo
El hecho que el Nuevo Testamento de muy poca atención al nacimiento de Cristo, no significa que la celebración de la navidad no tenga una base bíblica. Permítanme recalcar nuevamente que sí hay que reconocer que el Nuevo Testamento da un mayor énfasis a la muerte y resurrección de Cristo, que a Su nacimiento. Ligado a esto, otro elemento hay que agregar: Los primeros cristianos se preocupaban más por el hecho de la encarnación, que por la exactitud de la fecha del nacimiento de Cristo. Si Cristo nació durante el reinado de Cesar Augusto, entonces nació en algún momento entre el año 44 a.C., y el año 14 d.C. Tal y como podemos notar, no hay exactitud alguna en el año exacto, y según parece tampoco en la fecha exacta, aunque algunos doctos creen que la fecha en diciembre puede ser exacta. ¡Sin embargo, nadie sabe con exactitud!
Un esfuerzo por determinar fechas fue el calendario que el Papa Juan I quien pidió hacer a un monje llamado Dionisio. El calendario solar occidental (nuestro calendario actual cual es menos exacto que el calendario lunar) dio inicio el primero de enero del 754 de la fundación de la ciudad de Roma. Así el 754 se convirtió en el A.D. 1, o el Año de Nuestro Señor. Según parece Dionisio cometió un error de cuatro años en su cálculo. ¡Nuevamente, no hay exactitud! Pues se cree que el nacimiento de Cristo pudo tomar lugar en un rango entre unos nueve a catorce años antes del A.D. 1.
Orígenes de la celebración
Fue hasta los siglos 3 y 4 cuando la iglesia del Este (con sede en Constantinopla) empezó a celebrar la encarnación de Cristo el 6 de enero como el día de la Epifanía (incluida la llegada de los reyes magos). En esta celebración se enfatizaba el bautismo de Jesús, milagros, ministerio, y también Su nacimiento. La iglesia del Oeste (con sede en Roma) no tenía equivalente a la Epifanía y genero la navidad como la celebración del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. La fuente más antigua a referirse a la navidad es el calendario Filocaliano (antes del calendario de Dionisio) que menciona una celebración de la navidad por allí del año 336 d.C.
¡El 25 de diciembre y sus raíces paganas!
¿Por qué escoger el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, si no se sabe con seguridad cuando nació Jesucristo? Puede haber varias razones. Si hay que aclarar que no hay evidencia alguna de que algún obispo Romano, o el mismo Constantino promulgara este cambio. No queda claro cómo se dio el proceso de contextualización. Yo personalmente me inclino a la explicación que el 25 de diciembre tuvo que ver con un aspecto de contextualización. Por ejemplo, cerca del 25 de diciembre existían tres festivales de invierno Romanos. El primero el de Saturnalia, un festival de cosecha, que tendía a celebrarse entre el 17 y el 23 de diciembre. Otra celebración era el Año Nuevo que duraba varios días. Y en medio de estas celebraciones, existía el festival del nacimiento del Sol Invictus, también conocido como el dios guerrero Mitra. Esta celebración incluía el intercambio de regalos. Pero, todas estas celebraciones incluían excesivas parrandas, que tal vez describirlas podría ser inapropiado.
El evangelio y las culturas
A través de los siglos el cristianismo se expandió por todos los continentes acarreando celebraciones tradicionales y mezclándose con elementos culturales en cada región o país. Por ejemplo, a pesar de una fuerte influencia católico-Romana en la celebración de la navidad en América Latina, cada celebración varia de país a país, esto en cómo se celebra la navidad y sus elementos en cuanto a comida, regalos, adornos, y otras costumbres. ¿Quién celebra la navidad correctamente? ¡Buena pregunta! Ahora, la influencia protestante en cuanto a celebraciones no varían mucho de las Católico-Romanas, a no ser por algunos grupos fundamentalistas que rechazan el uso de algunos adornos y algunas costumbres navideñas, por considerarlos idolatría. Si cabe reconocer que los misioneros evangélicos nos trajeron una navidad comercial y sincretista, con simbologías de poco contenido bíblico.
La era industrial y la navidad
Ya en el siglo XIX con el auge industrial en los Estados Unidos, nació la figura comercial de “Santa Claus,” también conocido como simplemente “Santa”. Sería el famoso escritor Washington Irving quien escribiría un poema (The Night Before Christmas) que luego se convertiría en la historia de Santa Claus. Esta creación Norteamericana es una secularización del Obispo Europeo “San Nicolás”. Cabe mencionar también los escritos de Charles Dickens que produciría una crítica a la actitud avara de los hombres de negocios “cristianos” de la Inglaterra de aquel entonces. “Christmas Carol” cuenta la historia de Scrooge quien se convierte, para así ayudar a los más necesitados con su dinero, y salvar su alma de la destrucción eterna.
Ya a mediados del siglo XIX la navidad tomaría un fuerte auge para empezar a convertirse en una celebración comercial importante. En 1843 aparecería la primera tarjeta de navidad, y poco después llegaría a los EE.UU. en 1880 el árbol de navidad (fuera de Alemania), y los adornos de vidrio en el árbol surgirían en 1890. A finales del siglo XIX surgirían los papeles de colores para envolver regalos. Y para el siglo XX, comercialmente hablando los días previos a la navidad se convertirían en las fechas de mayor intercambio comercial, y la figura de Santa tomaría características cuasi-divinas. Por ejemplo, historias en canciones populares que describen a Santa con su carrito y renos, cada reno con su nombre y características. Santa sabe quien se ha portado bien, y trae regalos a los niños y niñas de todo el mundo. En cuanto a estas actividades comerciales, no hay mención alguna de Cristo, ni Su encarnación, y en algunas ocasiones ambos actores aparecen lado a lado como dos historias paralelas.
¿Qué podríamos concluir?
Entonces, ¿qué tenemos hasta el momento? (A) La navidad carecía de importancia para la iglesia primitiva pues no existen suficientes referencia bíblicas para creer que tal celebración era tan importante. Por tanto, la navidad, en comparación con la muerte y resurrección de Cristo (Semana Santa) no es tan significativa, escrituralmente hablando. (B) El celebrar la navidad el 25 de diciembre no es históricamente correcto, y el inicio de esta celebración tiene fuertes raíces paganas, en fechas de invierno del Atlántico Norte. (C) La navidad se ha secularizado, y se ha convertido en una celebración comercial alrededor de Santa. Muchas de las tradiciones y simbología navideña tiene sus orígenes en los últimos dos siglos. La navidad tiene su gran importancia en nuestras sociedades hoy, principalmente por su carácter comercial, más que por su sentido espiritual.
Finalmente, permítanme concluir con una recomendación muy general para celebrar la navidad. Pues no quiero que piensen que estoy rechazando la celebración de la navidad.
Personalmente, no veo ningún problema con una contextualización donde el nombre de Cristo es exaltado como Señor del universo, donde las Escrituras y su mensaje están presentes en el proceso, y donde se busca que la iglesia sea relevante a sus culturas. Así como hace casi dos milenios fue contextualizada la celebración del nacimiento de Cristo, hoy debemos reforzar esa contextualización en nuestras prácticas cristianas.
Debemos buscar la manera que sea Jesucristo el centro de nuestra celebración. Por ejemplo, usando simbología (adornos navideños) que sea cristocentrica, en vez de “santacentrica”. Es decir, todo adorno en nuestros hogares, y todo ritual debe apuntar a Cristo. Tal vez sea necesario desarrollar nuevas tradiciones familiares. Sin embargo, debemos ser sabios al no imponer, pero si compartir, nuestros valores con familiares no cristianos.
Procuremos que los valores comerciales no nos afecten moralmente. Podemos celebrar diferentemente, como dando pocos regalos y más significativos, gastando menos dinero de lo usual, compartiendo con aquellos en mas necesidad, festejando a y en Cristo.
Reconozcamos que estamos celebrando la navidad en una cultura que no tiene valores cristianos, pero algunos rasgos culturales aun permiten un dialogo sobre valores cristianos. Busquemos dialogar, en vez de predicar. Sin embargo, el vivir en un “gueto” evangélico y celebrar nuestra navidad cristiana, separados del mundo tampoco tiene sentido. Por tanto, el creer que NO deberíamos celebrar la navidad por no ser parte de la ley del Antiguo Testamento, por no tener suficiente importancia bíblica (pues no se menciona la palabra “navidad” en la Biblia), o por ser un sincretismo religioso del invierno romano pagano, o un sincretismo comercial capitalista; los que perdemos la posibilidad de impactar la sociedad con el evangelio en el nombre de Cristo, somos nosotros los creyentes.

http://www.biblia.com/origenes-de-la-navidad/

EL TESTIMONIO DE NAPOLEON A CRISTO

EL TESTIMONIO DE NAPOLEON A CRISTO

Puede interesar a algunos saber lo que dijo Napoleón a su compañero incrédulo de exilio, el general Bertrand:

“Conozco a los hombres, y le diré que Jesucristo no es un hombre. Mentes superficiales ven un parecido entre Cristo y los fundadores de imperios y los dioses de otras religiones. Ese parecido no existe. Existe entre el Cristianismo y todas las demás religiones una distancia infinita.

“podemos decir a los autores de todas las otras religiones, ´ustedes no son dioses ni agentes de la Deidad. Ustedes son solo misioneros de la falsedad, moldeados del mismo barro que el resto de los mortales. Ustedes han sido hechos con todas las pasiones y vicios inseparables de ellos. Sus templos y sacerdotes proclaman su origen. Este será el juicio, el clamor de la conciencia, de todo aquel que examine los dioses y templos del paganismo.

“El paganismo nunca fue aceptado como verdad por los hombres sabios de Grecia, tampoco por Sócrates, Pitágoras, Plato, Anaxagoras ni Pericles. Pero por otra parte los más elevados intelectos desde la llegada del Cristianismo han tenido fe, una fe viva y practica, en los misterios y doctrinas del evangelio; no solo Bossuet y Fenelón quienes fueron predicadores , sino también Descartes y Newton, Leibnitz y Pascal, Corneile y Racine Carlo Magno y Luis XIV.

“El paganismo es la obra del hombre. En éste uno solo puede leer nuestra propia inbecibilidad. ¿Qué conocen estos dioses jactanciosos, más que los otros mortales? ¿Estos legisladores griegos o romanos? ¿Este Numa, y Lycurgus? ¿Estos sacerdotes de India o Menfis? ¿Confucio y Mahoma? Absolutamente nada. Ellos han hecho un perfecto caos de la moralidad. No hay ni uno entre todos ellos que haya dicho algo nuevo en referencia a nuestro destino futuro, al alma, a la esencia de Dios, a la creación. Entre en los santuarios del paganismo_ y encontrará perfecto caos, miles de contradicciones, la inmovilidad de las esculturas, la división y la rotura de la unidad, el parcelamiento de los atributos divinos, mutilados o negados en su esencia, los sofismas de la ignorancia y la presunción, fiestas contaminadas, impurezas y abominaciones adoradas, toda clase de corrupción supurando en las más oscuras formas, con la madera podrida, el ídolo y su sacerdote. ¿Honra esto a Dios, o lo deshonra? ¿Son estas religiones y dioses comparables con el Cristianismo?

“En cuanto a mi, yo digo, No. Yo llamo a todo el Olimpo a mi tribunal. Juzgo a los dioses, pero estoy lejos de postrarme ante sus vanas imágenes. Los dioses, legisladores de India y China, de Roma y Atenas, no tienen nada que pueda atemorizarme. No es que yo sea injusto hacia ellos, porque conozco su valor. Innegablemente príncipes cuyas existencias son establecidas en la memoria como una imagen de orden y belleza, _ tales príncipes no fueron hombres ordinarios. Veo a Lycurgus, Numa, y Mahoma, solo como legisladores que tienen el primer rango en el estado que han buscado la mejor solución al problema social; pero no veo nada allí que revele divinidad. Ellos jamás levantaron tan altas pretensiones. En cuanto a mi, reconozco a los dioses y a estos grandes hombres siendo como yo mismo. Ellos han cumplido una elevada parte en sus tiempos, como yo he hecho. Nada anuncia que ello son divinos. Por el contrario hay numerosos parecidos entre ellos y yo mismo, debilidades y errores que se ligan a ellos y a mi, como a toda la humanidad.

Pero no es así con Cristo. Todo en Él me asombra. Su Espíritu me atemoriza, y Su voluntad me confunde. Entre Él y todo lo demás en el mundo no hay un término posible de comparación. Él es verdaderamente un Ser por Si mismo. Sus ideas y sentimientos, las verdades que anuncia, Su forma de convencer, no pueden ser explicadas por la organización humana ni por la naturaleza de las cosas. Su nacimiento, y la historia de Su vida; la profundidad de Sus doctrinas que sujeta las más poderosas dificultades, y que es de estas dificultades, la más admirable solución; Su evangelio, Su aparición, Su imperio, Su marcha a través de las edades y las esferas, todo para mi es un prodigio, un misterio insoluble, que me sumerge en ensueños de los cuales no puedo escapar, un misterio que está allí ante mis ojos, un misterio que no puedo negar ni explicar. Aquí no veo nada humano.

Mientras más me acerco, y examino más cuidadosamente, todo es superior, todo queda grande_ de una grandeza que abruma. Su religión es una revelación de una inteligencia que ciertamente no es humana. Existe una profunda originalidad, que ha creado una serie de palabras y de máximas antes desconocidas. Jesús no toma prestado de nuestras ciencias. Uno no puede encontrar absolutamente nada en otro lugar, sino solo en Él, la imitación o el ejemplo de Su vida. Él no es un filósofo, ya que Él avanza por milagros; y desde el comienzo Sus discípulos lo han adorado. Él los persuade más por apelar al corazón que por medio de algún despliegue de método y lógica. Tampoco Él impone sobre ellos algunos estudios preliminares o algún conocimiento de las letras. Toda Su religión consiste en creer.

De hecho las ciencias y las filosofías no valen de nada para la salvación; Y Jesús vino al mundo para revelar los misterios del cielo y las leyes del Espíritu. Tampoco Él tiene algo que hacer sino solo con el alma, y solo a eso Él lleva Su evangelio. El alma es suficiente para Él, y Él es suficiente para el alma. Materia y tiempo eran los amos del mundo. A Su voz todo retorna al orden, la ciencia y la filosofía vienen a ser secundarios. El alma ha reconquistado su soberanía. Todo el andamiaje escolástico cae, como un edificio arruinado, ante una sola palabra, ¡fe!

¡Qué Maestro, y qué palabra, que pueden efectuar tal revolución! ¡Con qué autoridad Él enseña a los hombres a orar! Él impone Su creencia , y nadie jamás ha sido capaz de contradecirlo: primero, porque el evangelio contiene la más pura moralidad, y también porque la doctrina que contiene de oscuridad es solo la proclamación y la verdad de eso que existe que ningún ojo puede ver y ninguna razón penetrar. ¿Quién es el insensato que dirá ‘No’ al intrépido viajero que relata las maravillas de los picos de hielo que solo él ha tenido la valentía de visitar? Cristo es ese viajero. Sin duda uno puede permanecer incrédulo; pero nadie puede atreverse a decir que no es así.

“Alejandro, Cesar, Carlomagno, y yo mismo fundamos imperios; pero ¿sobre qué fundamentos hemos hecho descansar las creaciones de nuestros genios? Sobre la fuerza. Jesucristo fundó un imperio sobre el amor; y en esta hora millones de hombres morirían por Él”

Napoleon Bonaparte

fuente:http://www.palabradeverdadycordura.cl/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=168

Descubren una antigua vasija con el texto ‘Cristo, el mago’ en Alejandría

Descubren una antigua vasija con el texto ‘Cristo, el mago’ en Alejandría

Un equipo de arqueólogos y egiptólogos acaba de descubrir entre las ruinas sumergidas de la mítica ciudad de Alejandría, una vasija de cerámica con una enigmática inscripción en griego que podría ser la referencia más antigua que existe de Jesucristo.

Según explicó Franck Goddio, uno de los arqueólogos submarinos más
prestigiosos del mundo y el responsable del hallazgo, el objeto muestra una inscripción en griego, ´Dia Chrstou o Goistais´, que se traduce como “por Chrestos el mago”.

El investigador francés indicó que entre las teorías que se barajan, podría tratarse de una referencia a Jesucristo, en aquel tiempo el máximo exponente de la magia blanca.

El valor del descubrimiento se incrementa por su antigüedad, ya que los egiptólogos que han estudiado la pieza aseguran que la vasija, procedente de Asia Menor, es del siglo I a.C. y que la inscripción fue realizada antes del año 50 d.C. Esto convertiría el hallazgo en la primera referencia del mesías que se conoce, honor que hasta ahora ostenta una carta del apóstol San Pablo del año 51 d.C.

No obstante, ésta no es más que una de las dos o tres teorías que barajan los expertos sobre el origen y el significado de esta valiosa pieza.

El descubrimiento se produjo el pasado mes de junio cuando su equipo trabajaba dentro de un templo situado cerca de la isla de Antirhodos, muy cerca de la costa.

Durante los últimos meses, los mejores egiptólogos del mundo han trabajado en esta pieza y han dado varias teorías sobre ella. Se cree que la vasija se utilizaba en ritos adivinatorios. Se vertía en ella una fina capa de aceite cuyas distribución y huellas se interpretaban por un mago en forma de predicciones futuras.

Este objeto ha llegado a Madrid, donde permanecerá expuesto al público dentro de la muestra ´Tesoros Sumergidos de Egipto´, en el Matadero Legazpi, hasta el próximo 26 de noviembre.

En la inscripción en griego ´Dia Chrstou o goistais´, la palabra ´goistais´ significaría «mago», mientras que Chrstou designaría el nombre del celebrante, aunque también podría significar el Mesías. En este caso, la vasija habría sido utilizada por un mago que, para legitimar sus poderes sobrenaturales, habría invocado a Cristo.

«En el primer siglo de nuestra era, la comunicación del Portus Magnus de Alejandría con la región de Palestina era muy fluida, con barcos que llegaban de allí a diario. Es muy probable que en Alejandría estuvieran al corriente de la existencia de Jesús y de los milagros que estaba obrando no muy lejos de allí y que los magos realizaran ritos en su nombre», explicó Goddio.

La vasija ha estado expuesta en Madrid, pero un gran equipo de expertos investigadores continúa investigando sobre la pieza y su origen.

Fuente: El Mundo. Redacción: ACPress.net

http://apologista.blogdiario.com/1222323600/descubrimiento-de-vasija-que-alude-a-jesucristo-/

Sepultura de Jesús

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Armonía entre la Ciencia y la Biblia

Armonía entre la Ciencia y la Biblia

Estoy seguro de que en alguna oportunidad usted habrá escuchado a alguien alegando que la Biblia sólo debe ser utilizada como una fuente de aportación teológica, nunca como una fuente confiable para intentar explicar los procesos físico-químicos de la naturaleza. Estas personas alegan que las Escrituras son una rica fuente de información normativa, moral, teológica, religiosa, inspiracional, etc. Ellos no dan cabida a la posibilidad de que la Biblia, lo que los cristianos alegamos es la Palabra de Dios, pueda contener informaciones que puedan ni remotamente armonizar con la ciencia. Sin embargo, y en abierta oposición a muchos científicos que han alzado sus voces para aseverar estos alegatos, la Biblia misma alega ser toda “Inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia…” 2 Timoteo 3:16

¡Pues si la Biblia reclama ser inspirada por Dios, pero por el otro lado contiene “errores” y “equivocaciones”, la misma quedaría invalidada como Palabra de Dios! Entonces, sin más preámbulos, sometamos la Biblia, las Sagradas Escrituras, a una prueba y ¡sea usted el jurado!: Sea usted el jurado de si la Biblia es consistente con la ciencia. Si no lo es, si contiene algún error, alguna inconsistencia con la ciencia, entonces le concedo todo el derecho de no confiar en ella. Mas recuerde que por miles de años la Biblia contuvo las informaciones que más adelante presentaremos, sin embargo al “hombre de ciencia” le ha tomado miles de años para, por fin, darse cuenta de que lo que recién descubren ya ha sido patentado en un libro llamado la Biblia.

“Destruiré la sabiduría de los sabios (científicos), y desecharé la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el inteligente? ¿Dónde está el científico? ¿No ha quedado enloquecida la sabiduría de ellos? 1 Corintios 1:19-21(Nueva Versión Internacional)

Autor: Lic. Dawlin A. Ureña
(El Lic. Ureña es Pastor, y miembro de la Asociación Científica
CRS – Creation Research Society)

16) Armonía en la física – “El Universo fue creado a partir de cosas invisibles”En Hebreos 11:3 leemos: “Por la fe entendemos que el universo fue fundado por la palabra de Dios, de modo que las cosas que se ven fueron hechas de las cosas que no se veían”. (Ver además Colocenses 1:17 y Nehemías 9:6.)La palabra “cosas” es usada en el lenguaje griego para describir lo “más pequeño y diminuto” “lo más elemental” “las partes más básicas de algo”. Estos versos nos enseñan que “todas las cosas” se mantienen y se sostienen por el poder inherente puesto en ellas. “De modo que las cosas que se ven fueron hechas de las cosas que no se veían”. En otras palabras, el material del universo, en su estado más básico realmente no es físico, si no que está compuesto por “cosas invisibles” “cosas que no se pueden ver”, según otras versiones. Los hombres de “ciencia” del pasado han intentado razonar y pensaban que las cosas visibles habían sido hechas de otras cosas visibles y que estas cosas podían ser explicadas completa y fielmente en términos de leyes mecánicas y otros modelos.No obstante, en el Siglo 20 ha habido una explosión del conocimiento (Por favor, ver Daniel 12:4, y lea el versículo completo 2 ó 3 veces), y se ha descubierto, gracias a la física atómica, una pequeña galaxia de partículas girando alrededor de un núcleo.

La distancia de estas partículas giratorias al núcleo es de !aproximadamente la misma distancia o radio de la tierra al sol! En otras palabras, el átomo en su mayoría está compuesto de espacio, y la materia está compuesta de átomos. Por tanto, el hombre en su mayoría está compuesto de espacio o ¡substancias no-físicas!.

¡LA MATERIA EXISTENTE EN UN CUERPO HUMANO EN REALIDAD ES MENOR QUE LA CABEZA DE UNA AGUJA!

No es hasta recientemente cuando los científicos se han dado cuenta de que toda la materia se mantiene unida por atracción (fuerza de cohesión), y por energía. O sea por “cosas que no se ven”. La ciencia cada día descompone más y más el átomo y la tendencia luce presentar el dilema de que en realidad ¡nada es físico o tangible, si no energía! POR FAVOR CONSIDERE ESTA ESCRITURA BIBLICA:”Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él (Cristo) Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden”. Col. 1:16

Sólo esta declaración, al ser comparada con las primeras Leyes de la Termodinámica debería ser razón como para que si algún lector de estas letras no creía en Dios, ahora tenga más que razón suficiente para ponerse de rodilla y decir:

Dios Padre, me he dado cuenta que he pecado contra ti. Ahora creo que la Biblia es la Palabra de Dios, que Jesús es ciertamente el Hijo tuyo. Yo creo con todo mi corazón que Jesús murió en mi lugar, por mis pecados, en la cruz y que después de tres días resucitó. De ahora en adelante dejaré de hacer lo malo y caminaré el camino que Jesús me ofrece. Ahora te pido que me des vida eterna y entendimiento. Que escribas mi nombre en el Libro de la Vida. De ahora en adelante te seguiré todos los días de mi vida. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!

ARTICULOS

  1. Armonías en el hombre
  2. Armonía en las estratificaciones y en las fosilizaciones
  3. Armonía en la lava
  4. Armonía en la biología
  5. Armonía en que “no toda carne es igual”
  6. Armonía en que “la vida está en la sangre”
  7. Armonía e idoneidad de “la circuncisión”
  8. Armonía en la botánica – Clasificación de las plantas
  9. Armonía en el área de la salud y la bacteriología
  10. Armonía en las medidas sanitarias
  11. Armonía en los códigos de leyes
  12. Armonía en la agricultura
  13. Armonía en la física – La 1ra Ley de la Termodinámica
  14. Armonía en la física – La 2da Ley de la Termodinámica
  15. Armonía en la física – La 3ra Ley de la Termodinámica
  16. Armonía en la física – “El Universo fue creado a partir de cosas invisibles”
  17. Armonía entre la Biblia y la Meteorología. El ciclo de evaporación del agua
  18. Armonía entre la Biblia y la Meteorología. La circulación del aire
  19. Armonía entre la Biblia y la Meteorología. Los tesoros de la nieve
  20. Armonía entre la Biblia y la Ornitología (zoología – aves) y la Aerodinámica
  21. Armonía entre la Biblia y la Meteorología. Los relámpagos causan la lluvia
  22. Conclusión y Referencias bibliográficas

FUENTE BIBL.:

http://www.antesdelfin.com/cienciabiblia/page0.htm#Armonía

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