La arqueología confirma la Biblia nuevamente !

21:33 05/04/2010,
Román
El Museo Británico da un paso hacia adelante en arqueología bíblica,De acuerdo al relato, el Dr. Michael Jursa, «Asiriólogo austríaco» confirmó la existencia del oficial babilónico mencionado en el Antiguo Testamento y conectado con el rey de Babilonia, Nabucodonosor, todo esto de acuerdo a la información descifrada recientemente.
El documento en arcilla proviene del año 10 del rey Nabucodonosor II (595 aC) y menciona al oficial, «Nebo-sarsequim», quien, de acuerdo al capítulo 39 de Jeremías, estuvo presente en el sitio de Jerusalén en el 587 aC con el mismo Nabucodonosor.En el año 601 aC, el rey Nabucodonosor marchó hacia la frontera con Egipto donde los ejércitos de Babilonia y Egipto chocaron con grandes pérdidas para ambos. Por algunos años, las luchas entre Babilonia y Egipto continuaron y en el curso de aquellas campañas Jerusalén fue capturada (597 aC).Hallar una referencia cuneiforme acerca de alguien conectado con aquellos tiempos remarcables es raro, pero la evidencia proveniente de fuentes extra bíblicas sobre la existencia de una persona en particular mencionada en la Biblia –más allá de los reyes registrados en la historia– es increíblemente raro.La historia continúa, Nebo-sarsequim » es descrito en el libro de Jeremías como el jefe de eunucos. La traducción de la tabla babilónica de arcilla hecha por el Dr. Jursa da suficientes elementos para conocer la pronunciación exacta del nombre babilónico –algo así como «Nabu-sharrusu-ukin»– y corrobora el título de «Jefe de eunucos» en términos cuneiformes, confirmando sin lugar a dudas el relato bíblico sobre este personaje.

El Dr. Jursa, que es Profesor asociado en la Universidad de Viena, dijo: «Leeer tabletas babilónicas es a menudo una tarea que demanda mucho trabajo, pero también es muy gratificante: ¡hay tanta información que todavía puede ser descubierta!
»Pero descubrir algo como esta tabla, donde se lee sobre una persona mencionada en la Biblia y referida a un pago que se hizo al templo en Babilonia y dándonos la fecha exacta es realmente extraordinario.»
El Dr. Jursa ha estado estudiando la escritura cuneiforme en el Museo Británico desde 1991. Esta escritura es la forma de escritura más antigua conocida hasta ahora y fue comúnmente utilizada en el Medio oriente entre el año 3200 aC y el siglo segundo de nuestra era.
Hoy en día hay un pequeño número de eruditos que pueden leer escritura cuneiforme, que era creada utilizando un instrumento con forma de cuña sobre una superficie de arcilla. Es claro que el descubrimiento del Dr. Jursa da nuevos ímpetu al estudio de estas tabletas que todavía no han sido descifradas. Cada tabla es una ventana al pasado que permite observar de primera mano una cultura de más de 5.000 años de antigüedad.
Irving finkel, asistente del Departamento de Oriente Medio del Museo Británico agregó: «Las tablas cuneiformes pueden parecen todas igual, pero cada una es especial y a veces contienen un verdadero tesoro, como es el caso de la tabla descifrada por el Dr. Jursa. En esta tabla una simple transacción comercial se convierte en un testigo primario de un período muy particular de la historia del Antiguo Testamento. Es una tabla que se merece ser famosa.»
extractado de Boletin LaBibliaweb 31 3 10
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El Éxodo Bíblico en los textos egipcios

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Los orígenes de Israel en Canaán: Un examen de las teorías más recientes

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¿Habla Israel en nombre de los judíos?

¿Habla Israel en nombre de los judíos?
22/2/2010


Itongadol/ElPais.- La Embajada de Israel consideraba que las obras en cuestión eran una ofensa para “judíos, israelíes y, seguramente, para otros”. Esos otros, sin embargo, no han tenido la misma reacción, lo que no significa necesariamente que no hayan participado del mismo sentimiento. La apertura de la feria Arco vino precedida de una protesta israelí por la exhibición de dos obras del artista Eugenio Merino. En la primera, tres personajes representando a un musulmán, un cristiano y un judío aparecen rezando uno sobre otro, haciendo coincidir su posición en la torre humana con la progresión de las posturas corporales -postrados los musulmanes, arrodillados los cristianos e inclinados los judíos- que cada religión exige para dirigirse a la divinidad. La segunda obra es una composición en la que una ametralladora israelí Uzi sirve de base a una menorá, el característico candelabro de siete brazos.

Por JOSÉ MARÍA RIDAO .- La nota de la Embajada de Israel en Madrid señalaba que “el conjunto de las obras de Eugenio Merino expuestas en Arco incluyen elementos ofensivos para judíos, israelíes y, seguramente, para otros”. A continuación, afirmaba que “la libertad de expresión o la libertad artística” sirve en ocasiones como disfraz “de prejuicios, de estereotipos o de la mera provocación por la provocación”. “Un mensaje ofensivo”, concluía la nota, “no deja de ser hiriente por pretender ser una obra artística”.

Estas apreciaciones planteaban como solución lo que, en realidad, constituye el núcleo del problema. Entre otras razones porque los prejuicios o los estereotipos no tienen por qué ser siempre negativos, sino que también podría darse el caso de que fueran positivos. De hecho, se ha dado desde tiempo inmemorial: ésa y no otra sería la esencia del arte de propaganda, que no suele ser objeto de protestas por parte de las embajadas o los Gobiernos sino, en todo caso, de promoción. Y en cuanto a la provocación por la provocación, nada impide que sea el estímulo para obras que más tarde gozarán de amplio reconocimiento. Baste pensar en Marcel Duchamp y su urinario o Andy Warhol y su retrato de Mao. Con un agravante adicional, y es que lo que alguna vez fue provocación puede dejar de serlo, hasta convertirse, incluso, en ortodoxia.

Aunque referida a las obras de Eugenio Merino, la polémica que precedió a la inauguración de esta edición de Arco suscita una cuestión de alcance general, como es la actitud del poder ante las manifestaciones de la libertad que no son de su agrado. La Embajada de Israel consideraba que las obras en cuestión eran una ofensa para “judíos, israelíes y, seguramente, para otros”. Esos otros, sin embargo, no han tenido la misma reacción, lo que no significa necesariamente que no hayan participado del mismo sentimiento. En respuesta a la nota diplomática, los portavoces de Merino informaron de que una de las obras consideradas ofensivas había sido adquirida por una persona de origen judío. Era una forma de recordar que la valoración de una obra no está determinada por la pertenencia a un grupo humano, puesto que siempre puede existir alguien que disienta. Lo que, sin embargo, se ha perdido de vista en el rifirrafe es que, en las sociedades democráticas, el origen de las personas forma parte de su esfera de intimidad. Si en este caso se ha convertido en relevante es porque, frente a la pretensión de una embajada de ejercer como portavoz oficial del sentimiento de los judíos, no sólo de los israelíes, hacia la obra de Merino, el entorno del artista reaccionó señalando que la embajada no hablaba en nombre de todos.

Este efecto indeseable de colocar el origen de los individuos en un plano público en lugar de mantenerlo en la estricta esfera de la intimidad alcanza cotas aún mayores cuando, en lugar de la crítica de arte, se refiere a la crítica política. La acusación de antisemitismo, o de judeofobia, un término que popularizó Jean-Pierre Taguieff en un ensayo que la editorial Gedisa publicó en España en 2002, suele ser frecuente ante la condena de algunas acciones de Israel. Tras padecer una campaña de descrédito a raíz de un artículo sobre el conflicto israelo-palestino en el que criticaba al Gobierno de Sharon, el autor francés Pascal Boniface publicó un ensayo titulado ¿Está permitido criticar a Israel? En él alertaba de la comunitarización que se cerniría sobre la política francesa si las posiciones estuvieran férreamente marcadas por el origen judío, árabe o musulmán de los participantes, a quienes tendrían que asociarse, sin la más mínima posibilidad de disensión, el resto de ciudadanos que tomasen la palabra. Si se estaba con unos, hasta el final, igual que si se estaba con los otros.

La comunitarización contra la que alertaba Boniface era resultado, en realidad, del mismo fenómeno que ha convertido en relevante la condición de judío del comprador de la obra de Merino expuesta en Arco: el origen de las personas pasa al primer plano del debate público, de manera que cualquier juicio sobre lo que hacen corre el riesgo de transformarse en un juicio sobre lo que son. La pregunta que comienzan a suscitar algunos autores, y entre ellos no pocos israelíes, es quién estaría acentuando más ese riesgo, los grupos políticos que defienden abiertamente el antisemitismo o quienes, con la pretensión de combatirlo, creen descubrirlo en cualquier crítica a las acciones de Israel. Un inquietante fenómeno de los últimos tiempos es que, en Europa, la siniestra bandera del antisemitismo se ha extendido desde los grupos marginales de ultraderecha hacia sus simétricos en la ultraizquierda, que en su defensa de los palestinos retoman las fantasías de los protocolos de los sabios de Sión. En Oriente Próximo, entre tanto, el antisemitismo ha empezado a calar en el discurso yihadista y también en el de una potencia como Irán, cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad, lanza reiteradas proclamas contra los judíos con el pretexto de denigrar a Israel y se suma a las tesis negacionistas del Holocausto.

En La nación y la muerte, un ensayo cuya traducción española acaba de publicar la editorial Gredos, la profesora israelí Idith Zertal lleva a cabo un pormenorizado estudio sobre un fenómeno que Hanna Arent aplicó al mal que encarnaba el nazismo, y que ahora se suele referir preferentemente al Holocausto: la banalización. Zertal da por descontado que el Holocausto se banaliza en cada ocasión en que, para criticar a Israel, se compara la situación actual de los palestinos con la de los judíos en los campos. Pero el mérito principal de su trabajo reside en el análisis de la banalización que llevan a cabo los propios dirigentes israelíes. Zertal describe, así, la manera en la que el desarrollo del programa nuclear israelí se justificó con el argumento de impedir un segundo Holocausto. Como también las actuaciones más desproporcionadas y controvertidas contra los palestinos durante las sucesivas Intifadas, en las que, paradójicamente, el número de víctimas entre los habitantes de los territorios ocupados multiplicaba varias veces el de las israelíes. En la última conmemoración del día internacional del Holocausto, el presidente israelí, Simón Peres, expresó en Auschwitz su temor de que pudiera repetirse si no se detenía el programa nuclear de Irán. El riesgo contra el que advierte Zertal es que si, por un lado, el Gobierno israelí cree obtener cobertura política o moral invocando el temor de un nuevo Holocausto, por otro se verá obligado a pagar el inmenso coste de su banalización con los fines más diversos.

Con el recurso a las acusaciones de antisemitismo, lanzadas por portavoces oficiales de Israel contra quienes en absoluto participan de estas execrables posiciones, podría estar comenzando a ocurrir otro tanto. La paradoja en la que suelen incurrir al hacerlo es que, mientras emplean una desbordante energía hermenéutica en buscar reminiscencias de antisemitismo en escritos, declaraciones u obras artísticas, convalidan implícitamente la frágil hipótesis que está en el origen de la tragedia que vivieron los judíos a manos del nazismo, según la cual es posible distinguir entre unos seres humanos arios y otros semitas. Se debe a Maurice Olender uno de los alegatos más contundentes contra esta distinción, que acabó explicando en términos biológicos y de raza lo que sólo era una diferencia de creencia religiosa y, a partir de ella, de tradiciones que regían los diversos aspectos de la vida cotidiana. En Las lenguas del paraíso, publicado en España por la editorial Seix-Barral, Olender da cuenta de cómo los estudiosos del siglo XIX identificaron un grupo de lenguas, que llamaron indoeuropeas, diferentes de otras a las que llamaron semíticas, y de cómo, a partir de este punto, lo indoeuropeo acabó transformándose en ario, lo ario, a su vez, en una supuesta raza aria que, por último, fue enarbolada por un tirano que quiso demostrar su superioridad mediante el exterminio de quienes, en esta construcción fantasmagórica, pertenecían a otra raza igualmente supuesta.

Las obras de Eugenio Merino expuestas en Arco, tanto como la reacción de la Embajada de Israel, pueden ser interpretadas como una nueva y banal escaramuza entre quienes pretenden provocar a través del contenido de una manifestación artística y quienes se sienten provocados por él, sea cual sea su valor. Quizá no se trate tanto de sumarse a unos o a otros, elaborando argumentos ad hoc que, al final, son simples variaciones de los que se vienen utilizando en la interminable polémica sobre el arte y las actitudes del artista, sino de tomar conciencia de cuánto se pone en juego cada vez que se abre un debate de esta naturaleza, sobre todo si se recurre con más o menos ligereza a conceptos que la historia ha cargado de una sobrecogedora densidad. ¿Deberían ser estos conceptos argumento suficiente para limitar la libertad de expresión o la libertad artística? Contra lo que pudiera parecer, el problema no residiría en los conceptos mismos, sino en determinar quién tendría la autoridad para decidir qué conceptos son los relevantes para establecer limitaciones y cuándo una obra de arte los respeta o los ofende.

Israel creará los primeros Automóviles eléctricos del mundo para 2011

Israel creará los primeros Automóviles eléctricos del mundo para 2011

El primer pasó es la primera red de carros eléctricos del mundo, que contará con 500 mil lugares para recargar baterías por todo el país y cuyos automóviles a pilas han comenzado a salir. Para fortalecer la red eléctrica, el Gobierno pondrá de placas solares en el desierto del Néguev y ejecutará una batería de medidas legislativas.Israel | Martes 2 de Febrero, 2010 | Por Nínro Ruíz Peña

Israel, un país bendecido por Dios en todo, será la primera nación que creará los primeros vehículos que no necesitarán ningún tipo de combustible líquido sino energía eléctrica, ya que este es el sueño de este país que aspira a reducir emisiones de gases contaminantes y la dependencia del petróleo o el biocombustible.

En el caso de Israel, país en conflicto con sus vecinos de Oriente Próximo, las aspiraciones de suficiencia energética son muy serias, por lo que el Gobierno reducirá los impuestos para incentivar la compra de estos vehículos.

El primer pasó, es la primera red de carros eléctricos del mundo, que contará con 500 mil lugares para recargar baterías por todo el país, y cuyos automóviles a base de baterías han comenzado a salir. Para fortalecer la red eléctrica, el Gobierno pondrá placas solares en el desierto del Néguev y ejecutará una batería de medidas legislativas.

“En el pasado ya lo hicimos con la alta tecnología, con el software. En el futuro lideraremos el mundo de las energías renovables”, explica Hezi Kugler, director general del Ministerio de Infraestructuras israelí.

Nissan y Renault se han comprometido a producir estos vehículos en masa en el 2011, pero ya hay algunos circulando. El padre del invento es el empresario israeloamericano Shai Agassi, que ya ha conseguido convencer al Gobierno israelí y al danés, y va camino de seducir a otros países europeos.

Por otro lado el Gobierno modificará las leyes e incentivará el uso de los nuevos carros. Hoy, los israelíes pagan hasta un 80% de impuestos al comprar un vehículo el Ejecutivo los reducirá hasta el 20%.

Tabla de las naciones

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La biblia desenterrada

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