MUERTE DE DIOS


MUERTE DE DIOS
DC


SUMARIO: I. Muerte de Dios y ateísmo moderno.—II. Muerte de Dios, muerte del teísmo.—III. Muerte de Dios y Dios trinitatio.
No es casualidad que la noticia de la muerte de Dios” que Nietzsche lanzara al viento al terminar el siglo XIX haya acontecido en la vieja Europa, bañada en el cristianismo. El Dios cristiano sabe, en efecto, lo que es la muerte, más aún, es un Dios que, justamente por ser Dios, permite que los hombres “lo arrojen de la vida”, como vio lúcidamente D. Bonhoeffer. Esta “diferencia del Dios cristiano da a aquella noticia su significado y alcance más profundos.


I. Muerte de Dios y ateísmo moderno

La expresión muerte de Dios tuvo, en efecto, su primer hogar en la teología cristiana, pero Hegel la elevó a categoría filosófica para significar la ausencia de Dios, el sentimiento básicamente ateo de la Modernidad. La subjetividad moderna se ha emancipado de la tutela religiosa y se ha afirmado, bajo el influjo de la religión de los nuevos tiempos, el protestantismo, autónoma y autosuficiente. En cuanto tal, ha perdido a Dios del horizonte, de la objetividad, lo ha tenido que perder para ser ella misma. Aunque sufre el dolor de su ausencia, no puede no querer esta ausencia y vive así en permanente desgarro, entre la afirmación de lo finito y la nostalgia del Infinito.

Para Hegel, esta experiencia histórica de la ausencia de Dios —del Dios cristiano— en la Modernidad es una experiencia en principio positiva, incluso necesaria como momento de verdad para un estadio ulterior del Espíritu. La ausencia de Dios, el ateísmo del “viernes santo especulativo es un paso obligado, aunque ciertamente doloroso, para la “resurrección de una nueva figura del Espíritu. La muerte de Dios adquiere entonces pleno sentido, como veremos más adelante.

Muy otra es la experiencia de la que Nietzsche se hizo portador al proclamar la buena-mala noticia de la “muerte de Dios. También fue para él “el más importante de los últimos acontecimientos”, pero su significación ya no era el obligado paso del viernes santo especulativo”, sino la definitiva pérdida de Dios en la historia moderna. Nietzsche piensa, como Hegel, en el Dios cristiano, pero en realidad es, como bien interpretó Heidegger, el Dios que, fusionado con la razón griega y transformado en poder, ha servido de pivote y fundamento de la metafísica y de la cultura occidental. Podría afirmarse por eso que la muerte de este Dios también era una experiencia positiva, un paso obligado para una etapa superior del Espíritu, y así la celebró Nietzsche asumiendo sus consecuencias. Sólo que ese paso no conducía a una nueva, más auténtica, experiencia e imagen de Dios, sino, como se ha dicho, a su completa ausencia. La denominada “teología radical de la muerte de Dios” tuvo la honradez y la valentía de tomarse en serio las “sombras” que la buena-mala noticia con la que Nietzsche se adelantó a su tiempo había ya extendido sobre Europa. Pero en este loable intento terminaron, también ellos, quedándose sin Dios. Así, en concreto, W. Hamilton, que considera al teólogo radical “un hombre sin Dios que no anticipa su vuelta”, aunque la espera pacientemente en su ausencia; Th. Altizer, que, apurando a Hegel, introduce a Dios de tal modo en la inmanencia que termina reduciéndolo a ella; y, sobre todo, Van Buren, quien no sólo proclama la muerte de Dios, sino el sinsentido de su mismo planteamiento’, cediendo a la fascinación de la razón positivista-instrumental, al “mito de lo que existe”, del caso (Horkheimer-Adorno). Seguir reivindicando el derecho a hacer teología sin Dios, como lo hicieron, era una empresa poco seria que sólo podía interesar a los estetas o, peor aún, a los comerciantes de modas.


II. Muerte de Dios, muerte del teísmo

La teología menos radical de la “muerte de Dios”, como la de G. Vahanian’ y la del obispo J. Robinson”, fue más consciente de las raíces cristianas de ese acontecimiento y su objetivo se cifró, en línea con la teología de sus mentores, F. Gogarten y D. Bonhoeffer, en superar el teísmo tradicional y el cristianismo convencional y en lograr una más genuina experiencia cristiana de Dios, un cristianismo iconoclasta” y “profético”, que diría Vahanian’°, capaz de servir al mundo sin pactar con él.

Fue, sin embargo, D. Bonhoeffer, como ya insinué, el que desarrolló la reflexión y las propuestas más serias en este sentido. Bonhoeffer se toma absolutamente en serio la muerte de Dios en la Modernidad como un verdadero “kairós” (Tillich) para reganar la genuina experiencia e imagen del Dios cristiano. La experiencia moderna de la ausencia de Dios en el mundo, del “etsi Deus non daretur”(H. Grotius), no es, según él, una experiencia de ateísmo, sino una experiencia del Dios cristiano que no sólo no compite con el hombre, sino que “nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo ‘Dios’, el Dios que, estando con nosotros, nos abandona (Mc 15,34).

Para Bonhoeffer, es la experiencia del genuino Dios cristiano que, a diferencia de los ídolos y también del Dios-poder del teísmo y de los filósofos, es un Dios débil que “se deja colgar por el mundo en una cruz”, se deja echar fuera del mundo y así sostiene al mundo, sufre con él y lo salva. “Dios se deja colgar por el mundo en una cruz; Dios está sin poder y débil en el mundo, y precisamente así y sólo así está entre nosotros. La ausencia de Dios en el mundo moderno, emancipado, puede ser por eso la gran oportunidad de descubrir el rostro del Dios de Jesús, que está ausente como poder pero presente como debilidad y amor, como lo que realmente es, y madurar así una fe purificada de falsa religión que rebaje a Dios a un “Deus ex machina”, una fe desnuda y gratuita que hace experiencia de Dios en la Cruz de Jesús. De aquí la necesidad, para Bonhoeffer, de una interpretación mundana,no-religiosa, del cristianismo. Pero ésta no significa en él ceder a la fascinación de la inmanencia, como sucedió en sus epígonos, los teólogos radicales de la “muerte de Dios”, sino más bien reconocer y hacerse cargo de la verdadera divinidad de Dios. Sólo una fe que se corresponda con esta divinidad será, según Bonhoeffer, capaz de afrontar con dignidad y de responder al desafio del ateísmo moderno”.


III. Muerte de Dios y Dios trinitario

Bonhoeffer supo captar con sorprendente lucidez el alcance de este desafío para la fe en el Dios cristiano. No fue mera casualidad que este descubrimiento lo hiciera en la cárcel, es decir, en la debilidad y el sufrimiento. Era justamente el lugar preferencial de acceso a la divinidad del Dios de Jesús. Y era también el lugar más ateo de este mundo moderno. Su ejecución y muerte cortaron su reflexión, la dejaron en fragmento. De otro modo, tal vez la hubiera llevado hasta el ser mismo de Dios y habría explicitado y desarrollado una teología trinitaria como respuesta a aquel desafío.

Antes que él, ya Hegel había abierto este camino pensando hasta el final las consecuencias de la muerte de Dios para el ser mismo de Dios, pensando la muerte de Dios como momento de verdad en Dios mismo, en la Idea suprema, en el Absoluto. La negación dolorosa, la muerte, pertenece a la historia misma de Dios, porque Dios es Espíritu que se despliega en lo otro de sí y retorna sobre sí plenamente pasando por lo otro. La muerte de Dios” no conduce al ateísmo, sino al Dios Trinitario. La teología de la Cruz y la doctrina de la Trinidad se fundamentan y complementan mutuamente. La reconciliación en Cristo, en la que creímos, —afirma— no tiene sentido si no se tiene conciencia de que Dios es trino’.

Esta filosofía del Crucificado en cuanto doctrina del Dios trino constituye un hito en la historia del pensamiento filosófico y teológico cristiano. Pero es una filosofía que pretende, a la vez, agotar todo el contenido de la teología; con lo cual abrió también el camino para la disolución del cristianismo, y en concreto de la idea de Dios, en pura proyección humana, como sucedió en la filosofía de Feuerbach, abocando en la “muerte de Dios del ateísmo, de cuya noticia Nietzsche se hizo eco y portador.

En la línea abierta por Bonhoeffer han sido sobre todo teólogos protestantes, como J. Moltmann o D. Sólle, quienes han desarrollado una teología trinitaria de la muerte de Dios en la Cruz de Jesús como respuesta al ateísmo del mundo moderno. La teología católica ha entrado tarde en el debate, porque tarde ha afrontado el desafío de la subjetividad moderna. Pero al entrar ha llevado el debate al terreno de la praxis, donde se decide el sentido o sinsentido del discurso de la muerte de Dios y donde el Dios cristiano se muestra como Dios de Vida y como comunidad trinitaria de amor. La teología latinoamericana de la Liberación, en efecto, ha abordado el desafio ateo de la Modernidad desde el reverso de ésta, desde el mundo de las víctimas, y allí la “muerte de Dios” se experimenta sobre todo en la muerte real de los pobres que producen los ídolos del mundo verdaderamente ateo, porque injusto e inhumano. Y esa experiencia ha conducido también a un replanteamiento del discurso sobre Dios, pero no tanto en un despliegue teórico, aunque también, sino sobre todo en cuanto discurso práctico, en cuanto praxis de liberación, de vida y de fraternidad, de las comunidadés que confiesan al Dios de Vida y Amor, al Dios trinitario. Esta es la respuesta más radical de la teología cristiana, más radical que la de la denominada teología radical, al desafio de la “muerte de Dios” en la Modernidad.

[ –>

Juan José Sánchez

El diseño del universo no es tan inteligente como algunos creen

Ver este documento en Scribd

La existencia de Dios y el Respeto a su persona Parte 2

Ver este documento en Scribd

Michael Shermer: “Necesitamos escepticismo por todo el mundo”

Michael Shermer: “Necesitamos escepticismo por todo el mundo” 

Marzo 26, 2009

michaelshermer1

Visto en Tercera Cultura.

El Dr. Michael Shermer es Editor Fundador de la revista Skeptic. Director ejecutivo de la Skeptics Society, columnista en Scientific American, anfitrión de la Skeptics Distinguished Science Lecture Series en Caltech, y Profesor Adjunto de Económicas en Claremont Graduate University. Es autor de más de diez libros, entre ellos, Why Darwin Matters, y el más reciente, The Mind of the Market. Michael nos concedió una videoentrevista desde Altadena, California. Versión de la entrevista en inglés: aquí.

Vicente Carbona

vicente.carbona@terceracultura.net

Tercera Cultura: Recientes investigaciones apuntan hacia una base genética para las religiones, y algunos investigadores incluso han afirmado que las creencias religiosas son quizás más naturales que la ciencia, que requiere mayor esfuerzo e instituciones más complejas. Desde tu experiencia, ¿dirías que un ateo nace? ¿O se trata más bien del resultado de la educación y el desarrollo del pensamiento crítico?

Michael Shermer: Pienso que tu idea inicial es correcta. La ciencia no viene de manera natural porque requiere pasos cognitivos adicionales, más allá del comportamiento que busca patrones, conecta patrones, que funciona a base de conectar los puntos, algo que todos hacemos, y que es la base del pensamiento supersticioso. Es lo que llamo “patronicidad” (en How We Believe – Cómo creemos), la tendencia a encontrar patrones significativos en el ruido aleatorio. Bien, a veces los patrones son reales y a veces no lo son. Y cometemos dos tipos de error. El del Tipo 1 es un falso positivo: piensas que el patrón es real y sucede que no lo es. Y el del Tipo 2: piensas que el patrón no es real y sucede que es real. Veamos un ejemplo. Imaginemos que estamos en un entorno del paleolítico, en un mundo peligroso, y oímos un susurro en la hierba. ¿Es el viento, o es un depredador peligroso? Bien, si cometes un error del Tipo 1 y piensas: “Bueno, probablemente es un depredador, así que me debo alejar y tener cuidado”; y resulta que sólo es el viento, no pasa nada. No ha requerido una gran inversión de energía. Pero si cometes un error del Tipo 2 y dices que sólo es el viento y resulta que es un depredador, te quedas parado y te conviertes en almuerzo, acabas de desaparecer del acervo genético.

Así que mi argumento es que existe selección natural para un supuesto como: “Asume que todos los patrones son reales, y funciona consecuentemente”. Pero claro, esto es sencillamente pensamiento mágico. Es aprendizaje por asociación, es sencillamente conectar A con B y suponer que existe siempre la conexión.

Y también hacemos otra cosa, infundimos agencia e intención en el patrón. No sólo imagino que el susurro en la hierba es un depredador, sino que es un depredador peligroso, un depredador que pretende comerme, que tiene intención y agencia y va a actuar en consecuencia. Pienso que ésta es la base del animismo, del espiritualismo, de las creencias en dioses o en dios, de las creencias en alienígenas y en las teorías de la conspiración. Ya sabes: existen cábalas secretas que controlan el mundo, poderes allí arriba que tiran de las cuerdas… ese tipo de cosas.

Pienso que esto lo llevamos cableado naturalmente. Tomemos un ejemplo tan sencillo como la reciente preocupación sobre si las vacunaciones causan el autismo. Esta idea se basa puramente en datos anecdóticos. Los padres que tienen niños autistas recuerdan que los llevaron a vacunar y creen que tiene que haber alguna conexión entre A y B. Pero la ciencia médica ha dedicado mucho tiempo a esto: la única manera de saberlo, en realidad, es haciendo experimentos controlados, o al menos algún tipo de estudio epidemiológico, con dos grupos distintos para poderlos comparar…Se requiere mucho trabajo “extra” para hacer eso, en lugar de simplemente “notar” algún tipo de conexión en tu entorno. La ciencia requiere pasos congitivos adicionales que son laboriosos, requieren energía y esfuerzo para averiguar cómo es el mundo en realidad…Y debido a esto, ya sabes, tú y yo tenemos seguridad laboral como escépticos (risas). Siempre va a haber gente que cree en cosas raras, y nuestro trabajo será corregirles ya que estas cosas pasan porque nuestros cerebros simplemente han evolucionado para poder hacer eso.

TC: En The Mind of the Market (La mente del mercado) dices que la economía es un “sistema adaptativo complejo”, que se basa en el empuje y el esfuerzo individual, y que está estructurado “de abajo arriba” en lugar de ser un producto de diseño político. Pero dado el ambiente actual de ayudas a la banca (bailouts), ¿el concepto de la “mano invisible” ha desaparecido realmente?

MS: La analogía entre evolución y economía es ciertamente real, pero se tiene que modificar un poco. Es decir, un mercado libre sólo puede funcionar dentro de un sistema, en una sociedad basada en un estado de derecho y en el refuerzo continuo de esas leyes, de la Constitución, del sistema jurídico…Un sistema bancario funcional requiere un sistema monetario funcional, y esto requiere un gobierno funcional. Así que, es cierto, es preciso que existan controles “de arriba abajo”, mientras que la naturaleza no tiene nada parecido.

Pero a lo que me refiero (en The Mind of the Market) es a que la mayor parte de lo que sucede en el mercado no está dirigido y controlado de arriba abajo; sí es como la evolución. La gente sencillamente intenta ganar algo de dinero y conseguir la mejor vida posible para ellos y para sus familias para pasar sus genes a la próxima generación. Y eso es, de hecho, lo que la evolución describe. Así que, una vez que esos controles de arriba abajo están en su sitio dejas que el mercado funcione. Evidentemente, el truco es: bien, pero ¿exactamente cuántos controles de arriba abajo necesitamos? Y últimamente no parece muy atractiva la idea de que necesitamos el menor número posible de controles de arriba abajo. Porque la gente engaña y la naturaleza humana incluye a algunos que manipularán el sistema, mentirán a la gente y montarán estafas y ardides. Y tiene que haber alguna manera de controlar eso. Ahora mismo estamos en un tipo de ambiente en el que existen demasiados engaños – en realidad, no es que las cosas hayan cambiado, es que el sistema estaba estructurado de manera que permitía que eso sucediera, especialmente a través de derivados e instrumentos financieros que eran tan complejos que la mayoría en realidad no los comprendía, y eso eliminó algunas de las señales que de otro modo recibiríamos cuando alguien no es digno de confianza, o cuando algo raro ocurre en el sistema. Porque queremos vivir en una sociedad de propietarios, en la que todo el mundo debe tener el derecho a comprar una casa, la misma gente al cargo, como el responsable de créditos, no tenía necesidad de sentir los riesgos normales, apresurado en dar préstamos “subprime” a personas cuyo crédito no era muy bueno. Esto está muy bien, pero alguien, en realidad, necesita hacer ese préstamo. Ahora, si el responsable de préstamos va a recibir su porcentaje, va a recibir su comisión aunque el prestado vaya a ser moroso, entonces ¿qué le importa? Su motivación es pasar el papeleo a otros porque el próximo ya se hará responsable. Él ya no es el responsable, se lo ha pasado a otro… la entidad inmediata vende las hipotecas a otra entidad y al final acaban en Freddie Mac o Fannie Mae, que son agentes del gobierno. Y… ¿quién se hace cargo del riesgo?: todos nosotros. Así que no estaban en su sitio ningunas de las garantías y controles que están basados en el conocimiento nuestra naturaleza humana.

TC: Muchos expertos consideraron que la caída del muro de Berlín marcó el fin de las ideas históricas de la izquierda; pero hoy día, varios teóricos económicos, especialmente economistas comportamentales, son casi seguidores izquierdistas de Adam Smith. ¿Qué piensas de esta tendencia?

MS: A Adam Smith no se le entiende muy bien. Sucede lo mismo con Darwin. Por eso hay mucha gente que asocia el darwinismo con “la naturaleza roja en diente y garra” (Tennyson), con “cada uno a por lo suyo”, con competencia al degüello, y con la supervivencia del más adaptado (survival of the fittest), cuando “el más adaptado” significa fuerte, tacaño, malvado, agresivo, enérgico, rápido, etc…Ya sabes, el mejor “adaptado” en la teoría evolucionista no es otro que el que deja más descendientes para la próxima generación. Nos entusiasmamos hablando de nuestros cerebros grandes, pero seamos serios, miles de millones de especies en la historia de la Tierra han sobrevivido muy bien -muchas gracias- con cerebros muy pequeños. Tener un cerebro grande no es una cosa tan importante, son caros de operar, se dañan y esto estropea el sistema…Es posible arreglárselas muy bien sin tener un cerebro. Hasta puede que ser pequeño, enclenque, lento y bien camuflado signifique “más adaptado”; y que ser cooperativo, y no competitivo, ser un animal grupal más prosociable, signifique ser más adaptado (”fit”).

Hemos evolucionado muchas cosas que parecen ser contraintuitivas al darwinismo, a no ser que se amplíe el concepto de darwinismo y se comprenda que estas cosas siguen formando parte de él. Pienso que somos cooperativos por naturaleza, que somos una especie social, etcétera. Bien, pues lo mismo sucede con Adam Smith. Smith era profesor de filosofía moral, no existían “económicas” entonces. Había gente que estudiaba economía política, pero en realidad no eran profesiones distintas, y Smith no hizo ni eso. Su primer libro fue La teoría de los sentimientos morales, en el que habló sobre la naturaleza humana, y sobre cómo somos: buenos, malvados, cooperativos, competitivos…En realidad, de algún modo tienes que deconstruir La riqueza de las naciones, que es una obra tan masiva, tan larga, tan pesada de leer… la mayoría no la lee. No está abogando a favor de la abolición del gobierno, que sea todo mercados libres…Tiene un pasaje largo en el que explica que no hay que fiarse de los empresarios, que manipularán el sistema si pueden y que emplearán su poder de influencia con el gobierno para obtener favores especiales para sus empresas contra las demás empresas…No te puedes fiar de las corporaciones y de las empresas, para nada. Lo que debes hacer es proteger a los consumidores ante esas empresas que usan al gobierno para obtener favores especiales.

Una observación más profunda consistía en que la economía debe basarse en los consumidores y no en los productores. Es decir, la riqueza de una nación está en toda la gente, no sólo en un puñado de productores y sus lacayos en el gobierno. La riqueza de las naciones está en toda la gente y en todas las “cosas” que tienen, así que si alguna empresa está recibiendo algún tipo de protección monopolística de parte del gobierno, para poder cobrar precios más altos porque no son capaces de competir con algunas empresas extranjeras…eso les ayudará a ellos, pero no nos ayuda a nosotros, los consumidores.

Así que cuando piensas en Adam Smith de esa manera, te dices: “¡Rayos! ¡Eso no suena como el señor laissez faire!” Ya, pues, correcto.

TC: En Why Darwin Matters (Por qué importa Darwin), dices que muchos ciudadanos estadounidenses rechazan a Darwin debido a un “miedo al ateísmo” y a que perciben la pérdida de un “sentido último”. El presidente Obama, en su discurso inaugural, mencionó a los no-creyentes como gente que no debería asustar a nadie…

MS: ¡Sí! ¿Qué te pareció eso? ¡Hay esperanza! (Risas).

TC: …Dado que estamos celebrando el bicentenario del nacimiento de Darwin, ¿cómo podemos los no-creyentes trabajar para demostrar que la evolución es una manera elegante y bella de buscar ese “sentido último”?

MS: Evidentemente, con el ejemplo, y diciendo simplemente: “Está bien no creer”. Ese ha sido básicamente el propósito de los anuncios en los autobuses que han aparecido aquí, en el Reino Unido, y en otros lugares. Y parece que la típica respuesta es: “¿Cómo? ¿De veras?” Una de las cosas buenas de Richard Dawkins es que debido a quién es, a su reputación y a que es un pensador tan sofisticado, un catedrático de Oxford y todo eso, cuando él dijo: “¿Sabéis qué? Está bien no creer”, entonces la gente pensó: “Ah, pues vale”. Creo que parte de la razón de su éxito, y también de las ventas de sus libros, es que ahí fuera había mucha gente que ya creía eso. Sencillamente estaban en el armario. Así que cuando alguien como Obama dice: “Escuchad, podéis ser no-creyentes y seguiremos considerándoos ciudadanos americanos” (risas), ya sabes, eso es un gran paso hacia delante. Significa que está bien no creer, pero también que no está bien que los creyentes tengan prejuicios contra los no creyentes.

TC: Has criticado a “Los Cuatro Jinetes” (Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris y Christopher Hitchens) por ser quizás demasiado estridentes, demasiado negativos en sus posicionamientos. ¿Sigues pensando así?

MS: Supongo que sí. Es decir, depende sencillamente de la actitud que prefieras emplear cuando interactúas con las personas, lo agresivo que quieras ser al criticar sus creencias. Yo no trato a la gente religiosa de manera distinta que a los demás. Si estoy hablando con un ufólogo, o con alguien que cree en la medicina alternativa, o lo que sea, no los trato de manera distinta a como trato a un cristiano, a un musulmán, o a un hindú cuando me hablan de sus creencias religiosas. La religión tiene algo, últimamente, que la ha convertido en un blanco especialmente potente para nuestros dardos escépticos. Supongo que lo que ha hecho que la religión fuera señalada como algo diferente ha sido en parte el 11 S y el auge del movimiento evangélico, tan descarado que incomoda a la gente.

Uno de los argumentos de Dawkins es que la religión estaba protegida contra la crítica en una especie de cáscara, y que eso no está bien: hay que tratarla como trataríamos, por ejemplo, un punto de vista político o económico. Quiero decir que nadie me permitiría escaquearme después de decir: “Pienso que deberíamos abolir todos los gobiernos y tener mercados totalmente libres” diciendo simplemente: “Respeto tu punto de vista en este tema, es tu fe, y la mía es que debemos tener una sociedad marxista”, o algo por el estilo. No. No tenemos ese tipo de diálogo: discutimos unos con otros y tenemos debates rigurosos.

¿Por qué no podemos hacer lo mismo con la religión? Bien, por eso pienso que estuvo bien lo que hizo Dawkins. Pero claro, es fácil pasarse y considerar la religión como algo especial que verdaderamente queremos atacar, cuando lo cierto es que…Por ejemplo, pienso que es posible que existieran algunos componentes religiosos relacionados con el 11 S, claro, como cuando se le ofrecen 72 vírgenes a un tipo (risas) y todo eso, ya sabes…Vale, esa es una creencia supersticiosa, religiosa… pero la mayoría de los problemas, por ejemplo en Oriente Próximo, tienen más que ver con la política, con expropiar territorio y con hurtar propiedades que con la religión. Pero si nos deshiciésemos de la religión mañana, la gente seguiría siendo tribal, todos seguiríamos siendo tribales y xenófobos, y encontraríamos otras razones para matar a la gente, perseguirlos, quitarles los bienes, robarles la tierra…La religión es simplemente una excusa, en mi opinión, para hacer lo que estaríamos haciendo de todos modos.

En muchos aspectos, yo tengo una visión más oscura del lado oscuro de la naturaleza humana que Dawkins. De alguna manera, Los Cuatro Jinetes son como John Lennon diciendo “imagínate que no hay religión” y todo acabará estupendamente…Creo que no (risas).

TC: Dawkins advierte contra “la falsa ilusión de que la fe, aunque sus resultados sean detestables, tiene que ser respetada simplemente porque es fe”. ¿Existe el peligro de que esta llamada al “respeto” por parte de líderes de opinión, políticos e intelectuales pudiera ocultar un miedo al terror y servir asus fines?

MS: Uno de los argumentos de Dawkins con los que sí estoy de acuerdo, sin duda, es que donde existen obvias violaciones de derechos civiles y libertades por culpa de la religión debemos levantarnos y decir algo. Pero ya sabes, es preciso escoger tus batallas con cuidado. Todo el asunto de “Bajo Dios” (Under God) en la Promesa de Lealtad (Pledge of Allegiance), “Nos Fiamos de Dios” (In God we Trust) en el dinero, y el “Que Dios Bendiga a los Estados Unidos de América” (God Bless the United States of America) que dicen todos los políticos, hasta Obama…no deberían estar ahí en un foro público. Tenemos separación entre estado e iglesia, no deberían estar ahí. Pero esto es tan insignificante, tan banal, que pienso que a la gente en realidad no le importa. Ni piensan en ello hasta que un ateo se levanta para decir que eso no debería estar ahí. Entonces se excitan y se convierte en evento público, cuando no creo que nadie lo haya pensado dos veces.

Me refiero a que decir “Que Dios Bendiga a América” es como decir -ya sabes- “¡Aleluya!”, o “¡Somos los Número Uno!”, lo que sea. Sólo es algo que se dice, no tiene mayor significado. Sin embargo, “Vamos a enseñar el creacionismo en una escuela pública”, donde pretenden que se cambie el plan de estudios, y se obligue a los maestros a hacer algo, so sí está convirtiéndose en algo bastante serio. O los matrimonios homosexuales: ahora estamos hablando de contratos, de la Constitución, de libertades civiles y de derechos que las personas tienen sobre sucesiones, de testimonios y decisiones médicas. Esto es incomparablemente más serio que el “Nos Fiamos de Dios” de las monedas. Así que yo aconsejaría a las personas que se ocupasen de luchar por asuntos políticos más serios.

TC: Parecemos estar en una encrucijada existencial global, y dada la importancia de Estados Unidos como la nación más influyente del mundo, ¿qué consejos ofrecerías al presidente Obama?

MS: Pienso que está en el buen camino, hay pocas cosas que necesitemos contarle. Parece estar bastante a favor de la ciencia, a favor de la razón. Ya ha tomado medidas sobre el asunto de las células madre: Hoy (Viernes 23) ha eliminado las prohibiciones sobre la financiación federal para organizaciones que tienen que ver con el aborto, por ejemplo. Así que pienso que sencillamente debemos darle un par de semanas más (risas) para que solucione las cosas. Simplemente, que sea pro-ciencia como lo somos siempre nosotros.

TC: Como Director Ejecutivo de la Skeptics Society y Editor Fundador de la revista Skeptic, ¿dirías que el movimiento va creciendo? ¿Ves que tenga un efecto directo sobre la opinión pública? ¿Existe esperanza para el pensamiento crítico?

MS: Absolutamente. Sin duda alguna. Aquí en nuestro mundo, con la revista Skeptic, nuestra tirada sigue creciendo. Comenzamos con menos de mil y ya estamos en unos 58.000 ejemplares ahora mismo. Ya sabes, crecimiento lento pero estable, y estamos hablando de personas dispuestas a poner el dinero sobre el mostrador para comprar la revista, o pagar una suscripción. Y también las ventas de los libros de Dawkins y de Harris…Son los indicadores de cómo va el mercado: cuando alguien está dispuesto a gastarse veinticinco pavos en un libro, eso te dice algo. Los que lo hacen no son todos curas que quieren saber lo que dice el Diablo (risas). Pienso que la gente los lee por lo que contienen. Es un proceso lento, gradual. Simplemente compáralo con, digamos, hace quinientos años, o hace cien años…Sí, hemos progresado mucho. Hay bloqueos y retrasos de vez en cuando, la administración de Bush se basaba demasiado en el evangelismo y todo eso, pero como vengo diciendo: “Esto también pasará”.

Una de las bellezas del sistema en el que vivimos es que Bush se largó el martes, no hubo ni un disparo, los tanques no salieron a las calles, simplemente se fue de paseo, ¡y todo el mundo de fiesta! (risas). Bien, ¡esto es muchísimo mejo mejor de lo que era en el pasado! Y cada vez hay más países que funcionan así. Pienso que, a largo plazo, lo del matrimonio gay sencillamente desaparecerá, será como la conversación sobre los lugares para beber separados por razas, que cuando ahora recordamos cómo era aquello, decimos: “¡Vaya! ¿En qué estaban pensando?” Y creo que eso sucederá con las bodas de gays, con los ateos, con todo eso, y será simplemente una parte más de la historia. Esto sucederá más temprano que tarde.

TC: Y, finalmente, ¿qué hay en el futuro inmediato para Michael Shermer? ¿En qué proyectos estás trabajando; qué te ocupa el tiempo?

MS: ¡Ja! Bueno, siempre estoy escribiendo libros y artículos y todo eso, pero quiero hacer más con los medios, los medios electrónicos, televisión, documentales, vídeos en YouTube, cosas así. Sencillamente porque de esa manera puedes llegar a más gente. Es decir, yo podría seguir escribiendo libros durante mil años, pero puedo llegar a más gente en un episodio de Larry King Live – ese es el mundo en el que vivimos. Si quieres cambiar el mundo, tienes que estar en televisión, todo el mundo lo sabe. Y necesitamos llevar el mensaje al mundo entero.

VISTO EN OLDEARTH.WORDPRESS.COM

EL ESCEPTICISMO:

EL ESCEPTICISMO:

Es una posición peculiar que toman algunos filósofos, ante el problema de la posibilidad del conocimiento verdadero.

1. La ABSTENCIÓN:   Algunos filósofos, como no hallan razones suficientes para admitir la capacidad de nuestras facultades cognoscitivas de percibir las cosas como son en realidad, y como tampoco descubren razones valederas para negarlo, se resuelven a abstenerse cíe todo juicio al respecto.

La verdad es que no sabemos con certeza —decía PIRRÓN— si nuestros conocimientos son verdaderos. Por eso hay que abstenerse de emitir juicio al respecto, y confesar llanamente nuestra ignorancia.

2. No es mi intención, por cierto, defender esta actitud negativa del escepticismo; pero reconozco que es la única actitud lógica, legítima, que puede adoptar el que no admite el postulado fundamental del Dogmatismo. Sea que uno niegue la capacidad natural de nuestras facultades cognoscitivas para adquirir la verdad, sea que lo ponga solamente en duda seria; la única posición legítima que le queda, ante el problema de la posibilidad del conocimiento verdadero, es la de abstenerse de emitir juicio, y confesar su ignorancia al respecto.

3. Generalmente, los autores distinguen estas clases de excépticos: 

1º) Los ESCEPTICOS ABSOLUTOS:    Son los que extienden su duda a toda clase de conocimientos. Así, PIRRÓN y SEXTO EMPÍRICO, en la antigüedad.

2º) Los ESCEPTICOS MODERADOS:   Son los  filósofos  como ARCESILAO  (315-241  a. de C.) y CARNÉADES (214-128 a. de C.), que niegan la posibilidad de adquirir conocimientos ciertos de la verdad; pero conceden que podemos obtener conocimientos probables, que se aproximen a la verdad.

3)º Los ESCEPTICOS PARCIALES:   Son los que profesan duda sobre la posibilidad de adquirir la verdad en cierto orden de cosas. Conceden que es posible obtener algunos conocimientos verdaderos; pero niegan la posibilidad de otros. Entre estos escépticos parciales Se cuentan:

a) Los escépticos   metafísicas:    Son los  filósofos   que niegan al hombre la posibilidad de adquirir conocimientos metafísicos verdaderos.

Ejemplo: DAVID HUME, quien negó el valor de nuestros conocimientos sobre las sustancias, las naturalezas, las esencias y, en general, todo lo suprasensible.

b) Los escépticos religiosos (los   agnósticos):    Éstos   consideran que la experiencia de los sentidos y de la conciencia es base segura para admitir la verdad de los conocimientos que por ella adquirimos; pero no tenemos ninguna razón suficiente para considerar verdaderos los conocimientos que versan sobre objetos que escapan a toda experiencia externa o interna. Por eso, concluyen que los conocimientos sobre el espíritu, la Divinidad, lo sobrenatural, deben ser excluidos de los conocimientos ciertos y científicos.

4. CRITICA del ESCEPTICISMO:

a) El escepticismo absoluto encierra una contradicción. El que afirma que el conocimiento verdadero es imposible, está aseverando la verdad de un conocimiento. Es así que afirma y niega simultáneamente la posibilidad del conocimiento verdadero, y esto es contradictorio.

En efecto, proclama que no hay ningún conocimiento verdadero; pero al aseverar eso, pretende enunciar ciertamente una verdad que juzga digna de ser creída. Afirma que es verdad lo que él sostiene. Está, pues, en contradicción consigo mismo. Lógicamente, tendría que reconocer que también su juicio, con respecto a la posibilidad del conocimiento verdadero, no es verdadero.

b) El escepticismo moderado también encierra una contradicción.

Si se admiten conocimientos probables o verosímiles, ha de ser porque se les reconoce cierta aproximación a la verdad. Ahora bien; sólo puede decirse fundadamente que un conocimiento se aproxima a la verdad, sí ya se sabe algo de la verdad

Pero si no se sabe nada de ésta, de ninguna manera puede juzgarse de la aproximación de un conocimiento a ella.

El escepticismo moderado niega que podamos alcanzar la verdad alguna vez. Pues bien; si no podemos obtenerla, no podemos juzgar de la aproximación de nuestros conocimientos a ella. Luego, es contradictoria su afirmación de que no podemos nunca alcanzar la verdad; pero sí, conocimientos probables.                   

c) El escéptico duda de todo. Pero al realizar su acto de dudar, se enfrenta con una certeza. Porque aunque duda de todo, no puede dudar del simple hecho de dudar. Ahora bien; su acto de dudar es un pensar. Por lo tanto, no puede dudar tampoco de que piensa. Al darse cuenta de que duda, se aprehende a sí mismo como existente. De esta manera, el escéptico, al du­dar, se encuentra con una serie de verdades que son total ontradicción con su conciencia.

Conclusión: El alumno ciertamente se habrá maravillado de que los filósofos hayan suscitado tantos problemas en torno de una actividad que a primera vista parece tan simple, tan evidente, tan innegablemente eficaz en su intento; y, a buen seguro, habrá experimentado una resistencia muy natural a admitir ciertas hipótesis que se oponen al sentir común.

Es verdad; la percepción espontánea, irreflexiva, del fenómeno de conocimiento, no descubre en éste grandes problemas. Se tiene la convicción de que se conoce, sin lugar a dudas, el objeto tal cual es en la realidad.

Pero el pensar reflexivo, penetrante del filósofo, revela la existencia de graves problemas. Son reales; son profundos. La dilucidación de ellos requerirá mucho tiempo, y el empeño perseverante de los filósofos de hoy y de los que tengan el honor de ser los pensadores de mañana.

Fuente:  Patricio Hopkins, “La Filosofia”, p.212-214, Ed. Almagro Bs.As.

CONOCER AL DIOS NO CONOCIDO

CONOCER AL DIOS NO CONOCIDO

Cuando el apóstol Pablo visitó Atenas, el centro del mundo de la cultura y de la filosofía, él fue profundamente abatido porque la ciudad entera fue entregada a la idolatría. Irónicamente, en medio de la miríada de ídolos, él encontró un altar dedicado al “dios no conocido” — un testimonio de acuerdo a su ignorancia espiritual.

El pecado tiene un efecto trágico sobre nuestra relación con Dios. Tan pronto como nuestros primeros padres desobedecieran a su Creador, Adán y Eva se avergonzaron y ocultaron de la presencia de Dios. Nosotros, su descendencia, hasta el presente, huimos también de la presencia de Dios. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas (Juan 3:20). Los pecadores caen a la deriva lejos del Dios vivo y verdadero y se pierden en la oscuridad de filosofías humanas inútiles.

El Panteísmo, por ejemplo, afirma que todo es dios, y dios es todo. Esta filosofía, así como otras religiones del oriente y la Nueva Era, quieren borrar la distinción entre el Creador y su creación. Pero el Dios verdadero es distinto de la creación; El está antes de la creación; El es de hecho la causa de la creación y El gobierna sobre ella. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en el hay, siendo señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas. (Hechos 17:24).

Otra filosofía falsa es el Deísmo – la idea que Dios no está implicado en la operación del universo; El está ausente de la creación y es vano buscarlo, según ellos dicen. Pero las Escrituras enseñan que Dios está tan interesado en todos los aspectos de la creación que no puede caer un pajarillo a tierra si el no lo permite. El no está lejos de cada uno de nosotros (Hechos 17:27).

Una vez más a través de la historia, la gente también ha creído en muchos dioses. Esta filosofía, politeísta, contradice el primer mandamiento: No tendrás dioses ajenos delante de mi. La idea popular que las religiones son válidas se puede mirar como forma de politeísmo.

Finalmente, el Ateismo es el resumen de toda forma de negar la misma existencia de Dios. Dice el necio en su corazón, no hay Dios (Salmos 53:1).

A través de la historia y en diversas culturas, la gente se ha formado una cantidad de dioses y de religiones diversas.

Dejados a nuestros propios recursos somos desamparados y desesperados mas aun perdidos; no podemos encontrar al Dios vivo y verdadero. Las Escrituras declaran: El mundo en su sabiduría no conocio a Dios (1 Corintios 1:21).

Por nosotros mismos nunca podremos venir a un conocimiento verdadero Dios. Podemos conocer a Dios solamente porque El estuvo dispuesto a mostrarse a nosotros.

Dios se manifestó de una manera general por las obras de sus manos, es decir, en su creación. Así nadie tiene una excusa válida; nadie puede alegar que él no sabía sobre Dios. Además, Dios también se complace en revelarse a nosotros de una manera especial y personal, con su palabra escrita, La Biblia. El mensaje central de la Biblia es el Señor Jesucristo. Siendo la imagen del Dios invisible ‘, Jesús revela perfectamente a Dios para nosotros. Por otra parte Cristo nos quita el pecado, la causa de nuestra enajenación y la separación, y produce la reconciliación y la paz con Dios.

Fuente: http://www.justforcatholics.org/es-07-02.htm

Articulos relacionados

La red cerebral de las creencias religiosas

La red cerebral de las creencias religiosas 

Marzo 16, 2009

ISABEL F. LANTIGUA- El Mundo Digital

Sin entrar en el debate sobre la existencia o no de Dios, lo que es indudable es que las religiones y la fe sí existen. Están presentes en todas las sociedades y culturas y son un rasgo único y exclusivo de los seres humanos. Investigadores de los Institutos Nacionales de Trastornos Neurológicos de EEUU han logrado ver, gracias a las técnicas de imagen cerebral, dónde se localizan estas creencias y cómo entran en funcionamiento.

“Nuestros pensamientos religiosos están mediados por unas regiones del cerebro que han evolucionado con el paso del tiempo y que sirven para otras funciones, entre ellas la de reconocer las intenciones de las personas. Además están relacionadas con las emociones y la memoria”, explica a elmundo.es Jordan Grafman, principal autor del estudio que se publica en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Science’. “Las creencias religiosas forman una pequeña parte de un proceso cognitivo mucho más amplio, del que no se pueden separar”, añade este especialista.
cerebro-fe
Áreas del cerebro que están involucradas con la creencia en Dios. (Foto: NIH)

El equipo analizó tres componentes de estas creencias en 66 individuos: cómo percibían la implicación de Dios con el mundo, la emoción provocada por la fe y las propias experiencias religiosas. Mediante diversos test e imágenes de resonancia magnética, los autores midieron la función cerebral de los participantes ante afirmaciones del tipo ‘Dios guiará mis actos’, ‘Dios está siempre presente’ o ‘Nos castigará o recompensará al final de la vida’, entre otras. Así observaron que las áreas cerebrales que se activaban al escuchar cuestiones de religión se situaban en el lóbulo temporal – que desempeña un papel importante en el reconocimiento de las caras y en el lenguaje- y el lóbulo frontal -implicado en la memoria y el juicio-.

“De la misma manera en la que juzgamos a los demás y evaluamos sus acciones, evaluamos a Dios, pues las áreas cerebrales implicadas en ambos procesos son las mismas”, argumenta Grafman. No obstante, aunque estas sean las áreas implicadas, las regiones concretas que entran en funcionamiento difieren si el individuo ama a Dios o si, por el contrario, siente ira hacia él, al igual que ocurre con los sentimientos de simpatía o antipatía hacia cualquier otra persona.

Enseñanzas recibidas

Otro de los aspectos que comprobaron los autores del nuevo trabajo es que en la formación de estas creencias tienen mucho que ver las enseñanzas recibidas. Una de las fuentes necesarias para el conocimiento de las religiones es la doctrina, un conjunto de proposiciones que los creyentes aceptan como verdaderas a pesar de que no pueden verificarlo personalmente. La mayor parte de la doctrina religiosa tiene un componente linguístico abstracto que es culturalmente transmitido de generación a generación. Esto explica, según los investigadores, que exista un vínculo claro entre la religiosidad de un individuo y lo que le han enseñado sobre el tema previamente y, todo ello, controlado por el lóbulo temporal, responsable de las actividades discursivas y de memoria.

“Lo más destacable de nuestra investigación es que demuestra que la religiosidad se puede estudiar con las técnicas de neurociencia y compararse con los sistemas crebrales y neuronales que regulan otro tipo de creencias. Además, hemos visto que la fe y los pensamientos religiosos se adaptan a la evolución biológica de las funciones cognitivas”, declara a este periódico el especialista del Instituto de Trastornos Neurológicos de Bethesda (EEUU).

De teoría en teoría

Las bases biológicas de la religión han sido desde siempre objeto de un amplio debate en distintos campos, desde la antropología y la genética pasando por la cosmología. Las teorías psicológicas contemporáneas consideran que estas creencias son parte de un fenómeno cerebral complejo que emergió en la especie humana con el objetivo de ayudar a los individuos en sus relaciones sociales. Esto es lo que sostiene, por ejemplo, la extendida Teoría de la Mente.

En cuanto a las redes neuronales de la religiosidad, poco se sabía hasta ahora. Los primeros estudios al respecto se centraron en manifestaciones concretas de la fe relacionadas con ciertas patologías. Así, la hiperreligiosidad mostrada por algunos pacientes con epilepsia motivaron algunas hipótesis que relacionaban las creencias religiosas con las áreas cerebrales responsables de la enfermedad. Lo mismo ocurrió con otros trastornos. No obstante, ninguna de las teorías fue capaz de proponer una arquitectura psicológica y neuronal firme sobre las bases que subyacen a estas creencias.

“El objetivo de nuestro estudio era definir la estructura cerebral y el proceso cognitivo que está detrás de las creencias religiosas. Y con las técnicas de imagen hemos podido ver cuáles son estas regiones del cerebro concretas” afirma Jordan Grafman, que indica que “una vez identificadas estas regiones particulares tenemos una mayor capacidad para caracterizar los posibles cambios de comportamientos que puede experimentar una persona que se dañe dichas zonas”.

¿Una ética sin Dios?

¿Una ética sin Dios?

Uno de los grandes proyectos del pensamiento iluminista era (y es, donde existen pensadores que se identifican de alguna manera con el sueño iluminista) elaborar una ética sin Dios. O, al menos, una ética como si Dios no existiese, según una frase famosa tomada de los escritos de Hugo Grocio (1583-1645).

Este proyecto está basado en varios presupuestos. Quisiera ahora fijarme en tres de esos presupuestos (que enumero sin establecer una jerarquía entre los mismos).

El primero: pensar que la razón humana es capaz, por sí sola, de llegar a algunas verdades asequibles para todos en el campo de la ética individual y social, aunque sean normas tan genéricas como el principio de tolerancia y el principio de respeto hacia la diversidad. El «para todos» incluye, realmente, a todos, aunque estén separados por tradiciones religiosas o culturales muy distintas.

El segundo presupuesto consiste en suponer que gran cantidad de normas y leyes que rigen la vida de muchos pueblos no son racionales, si es que no llegan a ser irracionales e, incluso, injustas. Normas como las que se refieren, por ejemplo, a la circuncisión femenina, a los modos de vestir, a los alimentos permitidos o prohibidos, a la manera de educar a los hijos, no se basan muchas veces en criterios racionales ni en el respeto a los derechos humanos, sino en tradiciones milenarias que en ocasiones son gravemente injustas o simplemente absurdas.

El tercer presupuesto es más complejo: afirmar que la idea que los hombres podamos tener acerca de Dios es más un obstáculo que una ayuda para elaborar una ética válida para todos. En palabras más sencillas: creer en Dios no haría a nadie más bueno ni más honesto ni más sociable. Más aún: millones de personas han justificado crímenes atroces e injusticias seculares apoyados en que Dios «está con nosotros» o en que «Dios así lo quiere», como si el creerse poseedores de la religión verdadera fuese una especie de permiso para cometer cualquier tipo de atrocidades.

Estas ideas tienen un gran peso en la sociedad actual. Políticos, escritores, personajes del mundo del espectáculo y de la ciencia, han vuelto a subrayar la urgencia de elaborar una ética mundial, válida para todos, y han denunciado los peligros que, según ellos, nacen de las religiones.

Esta nueva ética mundial, nos dicen, debe ser lo suficientemente «racional» y democrática para no excluir a nadie y permitir muchos comportamientos, antes prohibidos por prejuicios vanos o religiosos, y ahora reconocidos como plenamente legítimos en una sociedad verdaderamente madura y pluralista.

En realidad, las propuestas de elaborar éticas sin Dios caen en no pocas contradicciones. La primera consiste en ignorar o malinterpretar la misma noción de ética.

¿Qué es la ética? Según una noción clásica, la ética sería un saber que nos indica lo que está bien y lo que está mal, según una idea de perfección humana que descubre la existencia de deberes. La fórmula que expresa esta noción de ética es suficientemente conocida por muchos pueblos: hay que hacer el bien y hay que evitar el mal.

Pero esta misma noción de ética es criticada por no pocos «iluministas» y pensadores de la modernidad como naturalista, anticuada, o simplemente contradictoria. Porque, nos dicen, no es nada fácil conocer qué es lo bueno y qué es lo malo. Porque, nos insisten, cada quien debe decidir qué sea lo bueno y lo malo para su propia vida, sin que nadie imponga, desde fuera, ninguna norma ética.

Proponer, sin embargo, que cada quien haga lo que quiera, es simplemente destruir la ética. Decir que no hay normas absolutas, que nada puede ser visto como bueno o como malo, que todo está permitido (sin dañar a los demás, un límite que veremos en seguida), es lo mismo que decir adiós a la ética.

Es cierto que los «modernistas» afirman: cada quien puede escoger lo que desee, siempre y cuando no dañe la libertad de los otros. Pero al decir esto ponen un límite a la libertad (mi libertad termina allí donde empieza la libertad del otro) y luego renuncian a justificar en serio por qué ese límite deba ser respetado, pues no creen que sea necesario demostrar con argumentos sólidos la necesidad del respeto del otro.

Por lo mismo, se hace necesario reproponer la verdadera noción de ética, la que nos recuerda que existen cosas buenas y cosas malas, la que se funda en una idea del hombre que explica por qué un ser humano sería bueno si realiza acciones honestas y por qué sería malo si comete acciones deshonestas.

Esta noción es, en muchos puntos, asequible a la razón humana. Sobre este aspecto podríamos coincidir en buena parte con el primer presupuesto del iluminismo (la razón por sí sola puede alcanzar importantes verdades éticas). Platón y Aristóteles, por ejemplo, elaboraron reflexiones morales sumamente actuales.

Pero también es verdad que la vida ética no se construye sólo con la razón. En todos los seres humanos hay un sinfín de factores que intervienen en cada decisión. Casi todos estamos seguros de que robar es malo; no es difícil, sin embargo, que cedamos con pocas resistencias a la tentación de un robo «pequeño» cuando se nos presenta como fácil.

La razón humana, además, nos lleva a reconocer que el hombre no se explica por sí mismo, con sorpresa de no pocos modernistas. En otras palabras, nos pone en camino para pensar en la existencia de un Dios Creador y nos permite descubrir la dependencia radical del hombre respecto de Dios. Creer, como Grocio y como tantos iluministas del pasado y del presente, que sea posible construir una ética sin Dios es como pensar que se pueda levantar un edificio sin cimientos, porque negar nuestra dependencia de Dios es como decir que no somos capaces de hablar mientras estamos hablando…

Dios, en realidad, resulta ser un baluarte indispensable para comprender lo que es el hombre, y para elaborar cualquier ética verdaderamente «racional». Si negamos a Dios, el hombre debería limitarse a reconocer que es un animal más o menos complejo, orientado a vivir según sus caprichos y según la ley del más fuerte. Es decir, la negación de Dios implica la negación de la ética, si es que no caemos en la idea de llamar «ética» a la renuncia de cualquier norma absoluta y a la opción por vivir según lo que cada circunstancia nos indique, o lo que nos pida el capricho del momento, o lo que imponga el más fuerte (individuo, grupo, partido, raza, etc.).

Precisamente por el error anterior ha habido quienes han pensado que la ética debería quedar reducida a describir lo que «se hace», lo que decide una sociedad en un momento determinado de su historia, lo que imponen los grupos de poder o las modas con su fragilidad y sus prisas para llegar y para desaparecer. No hace falta notar que esta idea de ética es absurda y contradictoria, pues entonces no habría manera alguna para condenar la esclavitud, los genocidios, la explotación de los niños, la opresión de la mujer, etc.

No hay, no puede haber, verdadera ética allí donde se niegue la existencia de Dios. Porque las normas morales no se explican sin descubrir ese orden profundo que penetra toda la realidad, y que brilla de un modo muy especial en el ser humano, con su espiritualidad y su vocación a una vida más allá de la vida presente.

Queda por decir una palabra sobre el ataque que muchos hacen a las religiones, y sobre la idea de que es posible una ética sin religión. Hemos de reconocer, inicialmente, que no todas las religiones pueden ser igualmente verdaderas. O todas están equivocadas, o algunas están más cerca de la verdad, y otras menos.

En el segundo caso, aquellas religiones que estén más cerca de la verdad nos permitirán conocer mejor al hombre, nos indicarán con más claridad nuestra relación con Dios y con los demás, nos abrirán horizontes éticos más completos y ricos.

Si, además, fuese posible descubrir que entre todas las religiones hay una que tiene en sí aquellos elementos que muestran que es la única verdadera, esa nos ofrecerá la mejor ayuda para comprendernos a nosotros mismos y para elaborar una ética válida para todos. Nos permitirá conocer lo que Dios quiere del hombre y lo que nos lleva a nuestra plenitud en el tiempo y en la eternidad.

Renunciar, o incluso despreciar, a las religiones bajo la excusa de que en nombre de la religión se han cometido crímenes y errores en el pasado y en el presente sería tan absurdo como renunciar a la medicina porque ha habido y hay médicos sin escrúpulos que han usado a miles de seres humanos para experimentos sumamente injustos.

Para quien escribe estas líneas, la verdadera religión es la católica, que desvela al hombre el camino de la verdadera ética, la única que nos puede realizar plenamente al descubrirnos cuál es el núcleo profundo de nuestra humanidad.

Lo enseñaba bellamente el Papa Juan Pablo II, al recordar que el «cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de sí, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realización de sí: esta es la verdad revelada por Cristo. El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno» («Tertio millennio adveniente» n. 9).

No existe, por tanto, verdadera ética allí donde negamos a Dios. Ni tampoco habrá verdadera ética si dejamos de lado el gran acontecimiento que ha cambiado la historia humana: Dios vino al mundo y nos enseñó el camino de la Vida. Ese es el centro de nuestra fe cristiana, y ese debe ser el motor que nos lleve a construir un mundo más justo, más humano, más lleno de amor.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=8248

Nuevo libro advierte del peligro de la fe llevada a la política

Nuevo libro advierte del peligro de la fe llevada a la política

Una obra polémica que caricaturiza las diferentes creencias religiosas

La fe puede justificarlo todo, por lo que debe permanecer lejos de la política. Este argumento se desprende del último libro publicado por el filósofo Sam Harris, y que arrasa en las listas de ventas de Estados Unidos. Harris advierte en él del peligro que existe en la relación entre religión y violencia, y afirma que la fe influye demasiado en la vida pública estadounidense. Para Harris, la política no puede someterse jamás a las creencias religiosas que, aunque irracionales, no suelen ser cuestionadas. Se asumen sin más y, por tanto, deben mantenerse al margen de la política porque pueden justificar cualquier acción. Para Harris, la religión está fragmentando la sociedad humana a nivel global, y éste es un peligro que podría acabar con todo lo que hemos construido. Por Yaiza Martínez.

Nuevo libro advierte del peligro de la fe llevada a la politica
Sam Harris_(author), autor de los bestsellers estadounidenses, The End of Faith y Letter to a Christian Nation, es un filósofo licenciado por la Universidad de Standford y especializado en tradiciones religiosas orientales y occidentales, que en la actualidad trabaja en el campo de la neurociencia para desentrañar los mecanismos cerebrales de las creencias. 

Su lucha social se ha centrado en los últimos años en advertir acerca del peligro que supone la religión en las sociedades modernas, el riesgo que implica que creencias irracionales –no demostrables- se usen para tomar decisiones políticas.

Desde este punto de vista, su útlimo libro, Letter to a Christian Nation, ofrece con argumentos racionales una refutación de las creencias que forman el núcleo del cristianismo fundamentalista, trata de temas actuales como el diseño inteligente o la investigación con células madre o la peligrosa relación entre religión y violencia. Asimismo, advierte de la influencia que la fe ejerce en la vida pública de Estados Unidos.

Dentro de la obra, en una “Nota a los lectores”, Harris señala que el 44% de la población norteamericana está convencida de que Jesús va a volver en algún momento de los próximos 50 años para juzgar a los vivos y a los muertos, y que ése será el fin de los tiempos. Con semejante número de personas con creencias tan apocalípticas, se pregunta Harris, ¿cómo podrán estos creyentes ayudar a crear un futuro perdurable para todos?

Si algunos de los miembros del gobierno estadounidense realmente tiene fe en esta profecía, el riesgo aumenta: la política no debería bajo ningún pretexto estar sometida a las creencias religiosas, sino que debería mantenerse al margen de éstas. Los fundamentalismos ya no son ninguna broma ni una simple opción a mantener en la privacidad: Harris trata de dar cuenta de la peligrosidad que implican al pasar al terreno de las decisiones políticas, y pide que los intelectuales no se mantengan al margen de la crítica a la religión como fuente de daños públicos, sino que utilicen sus conocimientos para concienciar a la población.

De los primeros en las listas

Letter to a Christian Nation está en los primeros puestos de las listas de ventas de libros en Estados Unidos, acompañando con sus ideas a las de otros famosos y contestatarios ateos, como Richard Dawkins, que ven que este país viola los derechos humanos en nombre de Dios.

Por eso, Harris señala que ésta es una cuestión urgente. Hijo de una madre judía y un padre cuáquero, el autor afirma que la fe en Dios, en cualquier Dios, es irracional como mínimo y, en el peor de los casos, puede resultar devastadora para la sociedad humana.

Este segundo libro que ha escrito es una respuesta a las cartas que recibió como consecuencia de la publicación de The End of Faith, en las que los cristianos le reprochaban que no creyese en Dios. Para él, la religión nos está fragmentándonos a nivel global.

La polarización religiosa forma parte de muchos de los conflictos mundiales, incluyendo los de Israel e Irán. Sin embargo, esto nunca se discute, declaró Harris para la agencia Reuters, ya que poca gente llama a las cosas por su nombre.

Renunciar a la fe

Harris no tiene nada en contra de las iglesias ni las sinagogas, ni contra las celebraciones religiosas. Sin embargo, como otros intelectuales ateos de Estados Unidos, piensa que se debe reaccionar contra la relación entre la religión y la política. Las actuaciones de la administración Bush, el fracaso de la separación entre Iglesia y Estado, y el conflicto aparentemente interminable con Oriente Medio, están haciendo que la opinión pública estadounidense se sienta realmente molesta.

Para Harris, la solución pasa porque renunciemos a la fe, si queremos que la violencia religiosa no acabe con nuestra civilización. Con este argumento radical afronta una problemática que, según él, está originada por una irracionalidad que justifica cualquier cosa.

Harris señala que Occidente se asombra por las barbaridades que pueden llegar a hacer los islamistas radicales y permanece impávido ante el daño que originan nuestros propios mitos religiosos, cuando ambos comportamientos vienen igualmente dirigidos por un la fe en un Dios imaginario.

Harris teme los efectos de esta fe sobre el mundo, lo que le ha llevado incluso a estudiar el cerebro humano, con la intención de combinar la neurociencia y la filosofía para intentar comprender qué nos hace mantener nuestras creencias o ser incrédulos.

Creencias y política

En una entrevista realizada por Eduardo Punset a Sam Harris para el programa de televisión española Redes a finales del año pasado, Harris señaló que las creencias religiosas nunca son cuestionadas del mismo modo que otros tipos de creencias, nadie exige motivos fundamentados para validar cualquier tipo de fe.

Harris se alarma de que la fe en Dios llegue a impulsar a los senadores de Estados Unidos con respecto a las políticas a aplicar.

En la mayoría de los países, señaló en dicha entrevista, se educa a los niños para que acepten las proposiciones religiosas sin cuestionarlas. Eso hace que estemos dispuestos a cuestionarnos cualquier creencia – incluso los fundamentalistas religiosos son extremadamente lógicos en otras áreas de sus vidas- menos las religiosas. Y de ahí viene el peligro, porque éstas pueden justificarlo todo.

De la misma manera que un terrorista suicida cree que inmolándose irá directo al paraíso tras su muerte, uno acepta que se conquisten países en los que morirán miles de inocentes porque “Dios está de nuestro lado”. Ambas ideas, igual de irracionales y basadas en creencias dogmáticas, tienen resultados igualmente nefastos para la humanidad.

Es decir, que la fe no queda confinada sólo al campo de la religión, sino que actualmente repercute en la política social y en los conflictos interculturales, porque la gente que cree en ello realmente piensa que sus interpretaciones del mundo son totalmente correctas.

Amplias críticas

La obra de Harris ha sido ampliamente criticada, especialmente por personalidades creyentes. Se le acusa de caricaturizar las diferentes religiones, desde el Islam al Judaísmo y el Cristianismo, de las que destaca únicamente sus aspectos negativos, sin valorar las aportaciones socialmente constructivas de las creencias religiosas. También se ha destacado su intransigencia hacia la fe, potencialmente capaz de generar tanto daño como los fanatismos religiosos.

Por otra parte, Harris ignora además la inmensa aportación crítica que, especialmente dentro del cristianismo, se está haciendo para frenar el auge de los fundamentalismos, conectando religión con ciencia y cultura moderna. Hoy en día religión no debe identificarse sólo con “fundamentalismo”, aunque en ocasiones, quizá demasiadas, sea correcto hacerlo.

martes 31 Octubre 2006

El Recuento de Víctimas: Ateismo vs. Cristianismo

El Recuento de Víctimas: Ateismo vs. Cristianismo

Leer La Soberanía de Dios en Sus Juicios: Respuesta a un Lector

Hay personas que afirman “Sí hacemos el Recuento de Víctimas, gana el Cristianismo con casi 2000 años de ventaja”.

Lamentablemente, demuestran que no conocen la historia.

En este excelente artículo, seguramente controversial para muchos, el Hno. Pablo Santomauro, subdirector del Centro de Investigaciones Religiosas, una organización interdenominacional dedicada a capacitar al cuerpo de Cristo Latinoamericano (defensadelafe.org),y profesor de la materia apologética de sectas en la Escuela de Ministerio de Calvary Chapel – Montclair (Sur de California) nos muestra que aquellos que opinan así están equivocados.

ver Artículos relacionados con el ateísmo

Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

Me intrigan muchos las mayúsculas en Recuento y Víctimas (misterios de la mente humana, creo).

Es importante saber que a veces la gente hace afirmaciones que no están basadas en estadísticas fieles. También debe señalarse que la persecución llevada a cabo en Europa por la iglesia católica y las matanzas de indios en América durante la conquista española son los caballitos de batalla usados por el ateísmo secular para atacar el cristianismo en general desde tiempos inmemoriales. Por lo general, cuando se usa el argumento y se mencionan las estadísticas se habla de “millones y millones” de víctimas. Lamentablemente, no se puede negar que hubo atropellos vergonzosos, pero queremos resaltar dos puntos en cuanto a ello:

1. Los ejecutores de la inquisición no pueden ser llamados “cristianos” porque sus acciones no concuerdan con lo que Jesús enseñó. El cristianismo no debe ser acusado por las acciones de quienes no se condujeron de acuerdo al código moral de la Biblia.

2. Los números son exagerados.

a. En Europa, entre 1484 y 1782, la iglesia católica ejecutó 300.000 mujeres acusadas de brujería, o sea, mil por año.

b. Primer inquisición, 1017, alrededor de 1000 vidas perdidas.

c. Inquisición española, 1420 ejecuciones aprox.

d. Siete cruzadas en total – decenas de miles de muertos (de ambas partes).

 Datos tomados de “World Book Encyclopedia” y “Encyclopedia Americana” . Ver también Revista Newsweek , Agosto 31, 1992.

¿Millones de millones? Huuummmmmmm …….. las matemáticas no coinciden.

Respecto a la conquista de América, los críticos cachiporreros siempre vociferan que en el continente americano las víctimas alcanzaron los 300 millones durante toda la historia.

En realidad, un acercamiento objetivo al tema nos muestra que los indígenas muertos durante la conquista no pasan de 3 millones. La mayoría fueron muertos por diferentes plagas. Algunos estiman que entre 1492 y 1570 la población indígena de América se redujo en 2 millones, siendo las plagas el mayor asesino. En realidad, nadie puede surgir con cifras exactas. Curiosamente, nadie menciona los millones de indígenas que murieron a consecuencia de guerras intestinas entre los mismos salvajes, quienes en su mayoría eran explotados por estados idolátricos y caciques despóticos, tratados como animales por sus propios líderes. Aparentemente estos salvajes no conocían mucho de derechos humanos.

Historiadores responsables han declarado que de no haber llegado los españoles y los ingleses, con sus defectos y todo, los indios americanos se hubieran extinguido a causa de las guerras entre ellos. En cierta forma podemos dar gracias a Dios por la conquista. La historia no ocurre en un tubo de vacío.

Pero volviendo al punto ¿Dónde están los 300 millones?

No estoy justificando ciertas muertes muertes, estoy disputado los números y poniendo en evidencia la falsedad de la afirmación, que cree que no es mal intencionada, sólo desinformada.

Ahora, paso a mostrar cifras desde otro lado. Repito, no se trata de justificar la mala conducta usando como apoyo una conducta peor. La fuente de los datos a continuación es el Libro Guiness de Records Mundiales. En la categoría “Judicial”, bajo el subtítulo “Crímenes, Genocidios”, encontramos :

 China — gobierno de Mao Tse Tung – De 1949 a 1965: 26.3 millones.

 Walker Report – 1971 – 61.7 millones (1949 a la fecha del reporte).

 Magazine Fígaro, Noviembre 5, 1978: 63.7 millones.

 El soviético Alexander Solzhenitsyn, premio Nobel calcula que la pérdida de vidas bajo los gobiernos de Lenin, Stalin y Krushchev, entre 1917 y 1959, fue de 66.7 millones de vida.

 Cambodia: un tercio de la población del país fue masacrada durante el gobierno de Pol Pot, fundador del partido comunista de Kampuchea. Durante 1975 y 1979, ofensas como dormirse durante el día, hacer muchas preguntas, escuchar música no comunista, ser anciano y senil, o poseer una buena educación, eran castigadas con la ejecución por bayoneta.

La afirmación de nuestro amigo es falsa. Creemos que no hizo los deberes.

Si hacemos el recuento de víctimas, gana el ATEISMO al trotecito noma’.

¡Dios te bendiga!

Pablo Santomauro

Te recomiendo leer un excelente artículo relacionado con este tema:

Ver La Iglesia y sus pecados

El gran provocador

LIBROS – Entrevista

El gran provocador

Christopher Hitchens realiza en Dios no es bueno una radical crítica a todas las religiones. “Son una promesa vacía de los totalitarismos”, sostiene el ácido y polémico escritor

JOSÉ ANDRÉS ROJO 29/03/2008

Ver Artículos relacionados con el ateísmo

El último número de Vanity Fair dedica su tema de portada a responder una pregunta: “¿Quién dice que las mujeres no son divertidas?”. El que lo sugiere es Christopher Hitchens (Portsmouth, Inglaterra, 1949), una de las firmas de referencia de la revista y que pasa por ser uno de los más ácidos polemistas del momento. Allí donde puede haber gresca, allí está Hitchens disparando sus venenosos dardos con una prosa cargada con la dinamita de su sentido del humor.

“Siempre estaré del lado de la peor versión de la democracia estadounidense frente a la mejor teocracia fundamentalista”

“Con energía nuclear o no, Irán no debería estar secuestrado por estos fundamentalistas y terroristas”

Ahora se traduce en España su último libro, Dios no es bueno (Debate), donde exhibe sus municiones más letales para arremeter contra todo tipo de religión. Habrá quien pueda cuestionar la hondura de sus reflexiones, pero lo que nadie puede discutir es su destreza para hincar su rabiosa dentadura en una de las cuestiones actualmente más polémicas. El libro está dedicado a Ian McEwan. Hitchens lo explica: “Porque es una persona espiritual. Lo ha demostrado en sus libros y en su vida: que se puede ser espiritual sin ser religioso. Yo no soy así. Todos esos rollos no existen para mí. Cualquier religión se ofrece como una solución idiota que promete arreglarlo todo. Es la promesa vacía de los totalitarismos”.

La cita tuvo lugar en febrero, durante un viaje que el escritor y periodista hizo a Ámsterdam para presentar su libro. Allí, en un restaurante italiano a la vera de un canal, Hitchens habló: “Es posible que haya personas que no busquen respuestas en la religión sino sólo consuelo. Lo que ocurre, sin embargo, es que las religiones se ocupan de que esas personas acepten una serie de explicaciones, que son pura ficción, invenciones, mitos, leyendas. Y no hay consuelo posible si uno se enfrenta a los argumentos que las religiones proponen para explicar la creación o la resurrección y otras cuestiones”.

El caso de Hitchens es muy ilustrativo de la deriva que han seguido muchos intelectuales de su generación. En 2001 publicó Juicio a Kissinger (Anagrama), donde confesaba haber abordado sólo las infracciones del político “que podrían o deberían constituir la base de una acusación penal: por crímenes de guerra, por crímenes contra la humanidad y por delitos contra el derecho consuetudinario o internacional, entre ellos el de conspiración por cometer asesinato, secuestro y tortura”. Y cargaba a fondo contra el ex secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos sacando a la luz todas sus sucias maniobras en Indochina, Bangladesh, Chile o Timor Oriental, entre otros lugares. Ya por entonces, sin embargo, ese airado discurso tan propio de un tipo de izquierdas iba resquebrajándose. A Hitchens le irritó, y dolió, profundamente la blandenguería con que la izquierda reaccionó a propósito de la fetua que Jomeini dictó contra Salman Rushdie en 1989. Los atentados del 11-S terminaron de cambiar sus simpatías. El furibundo trotskista fue convirtiéndose en un furibundo neoconservador, y el caballero que se había manifestado contra la guerra del Golfo celebró la guerra de Irak, y la defendió, como es su estilo, con uñas y dientes.

“Explicar este cambio es muy sencillo”, dice Hitchens. “Cuando Kissinger hacía sus sucias maniobras en Chile, lo que pretendía era derrocar a un régimen que había sido elegido democráticamente, y lo que terminó provocando fue la llegada de un dictador al poder, Pinochet. Lo que existía, en cambio, en Irak era un dictador, Sadam Husein, y la guerra se hizo para acabar con un sistema de dominación que tenía masacrados a los ciudadanos de aquel país. Ahora ya se han celebrado dos elecciones y vamos a por las terceras. No soy el que tiene que defender su posición sino quienes me critican. Los que no movieron un dedo para acabar con un tirano”.

Es inevitable que el rumor de fondo de las iniciativas que ha tomado el Gobierno de Bush resuenen en Dios no es bueno, pero lo cierto es que en el libro no abundan ni reproches ni apoyos explícitos a iniciativas concretas. Sí hay una posición inequívoca de largo alcance, un diagnóstico sobre el conflicto más grave, una concepción radical de lo que está en juego. Y para Hitchens la gran batalla que se libra hoy en el mundo es la que enfrenta al laicismo contra los fanatismos religiosos. Ahí en Ámsterdam lo formulaba con estas palabras: “En esa guerra, yo siempre estaré del lado de la peor versión de la democracia estadounidense frente a la mejor de las concreciones de una teocracia fundamentalista”. Hitchens se nacionalizó estadounidense el año pasado: “Quería formar parte de un país y poder pronunciarme como uno más y no como un extranjero”.

¿Es entonces la democracia la mejor manera de combatir el auge de los fanatismos religiosos? “Me gustaría que lo fuera, pero no sé si la democracia puede ser tan eficaz. La mejor manera de librar ese combate es defendiendo el laicismo, la secularización. Eso es lo mínimo. El problema de las democracias es que se ven a menudo obligadas a hacer compromisos. Los Gobiernos están en el poder durante un tiempo limitado y cuando surgen los roces con una comunidad religiosa aceptan sobre la marcha que en los colegios se separen a los chicos de las chicas o que los obliguen a bañarse en piscinas diferentes. Pero no crea que se van a conformar con eso. La cuestión es qué tipo de compromisos puede establecer una democracia capitalista con las exigencias de las religiones. Es muy fácil decir que la democracia es la salida. Pero no. La democracia es lo que tenemos que proteger”.

El padre de Hitchens era marino y eso explica que durante la primera parte de su vida fuera dando tumbos, de base naval en base naval. Estudió Filosofía, Políticas y Económicas en Cambridge y Oxford. Entró en el Partido Laborista en 1965, pero fue expulsado en 1967 por criticar el apoyo a la guerra de Vietnam. Formó entonces parte de un minúsculo grupo trotskista próximo a Rosa Luxemburgo y empezó a trabajar como corresponsal de publicaciones de izquierda. “Sigo siendo marxista. No sabría cómo acercarme a las cosas sin una concepción materialista de la historia. Mi próximo libro se ocupa de Rosa Luxemburgo”.

En los setenta entró a trabajar en el New Statesman, donde se hizo amigo de Martin Amis e Ian McEwan y donde adquirió su merecida fama de irascible izquierdista que desenfundaba a la menor ocasión y que siempre tiraba a matar. En Experiencia, su libro autobiográfico, Amis retrata las maneras de su amigo durante una visita que le hicieron a finales de los ochenta a Saul Bellow. Le había hecho prometer que no habría excesos, que no habría “memeces siniestras”. Es decir: “Nada de profesiones vehementes de izquierdismo”. Pero salió el tema de Israel y Hitchens se tiró a la yugular de su anfitrión, con lo que la cena terminó como un funeral. Dice Amis que Bellow se fue allanando “ante la catarata de razón pura -con todo lujo de detalles concretos, precedentes históricos, candentes estadísticas, llamativas y finas distinciones- de la estampida cerebral de Christopher”.

Esa estampida cerebral también se puede encontrar en Dios no es bueno. Detalles históricos, investigaciones recientes, flechazos de actualidad y todo al servicio de atacar en cuatro frentes: las religiones cuentan de manera incorrecta los orígenes del ser humano y del cosmos, consiguen aunar el máximo de servilismo y solipsismo, desencadenan una poderosa represión sexual y se fundan en ilusiones. Hitchens comentaba en Ámsterdam: “La mayor contradicción de las religiones es que piden a sus fieles que sean modestos, humildes y que se sientan pequeños. Y al mismo tiempo les dicen que el universo ha sido diseñado pensando que ellos son el centro de todo. Con lo que los va convirtiendo en tipos orgullosos y seguros de sí mismos. Es ridículo. Si pensamos en lo mucho que tardó en crearse el cosmos, cuánta violencia y desorden hubo para que al fin hubiera vida en este minúsculo planeta, suena absurdo pensar que hubo alguien que lo estaba construyendo para ti y para mí. Tal como están las cosas, si efectivamente existiera un dios, sería un chapucero, un incompetente, un ser extremadamente cruel”.

Hitchens desarrolló la primera parte de su carrera como corresponsal. Estuvo una larga temporada en Chipre, y ha viajado por Chad, Uganda, Darfur; ha visitado Irak, Irán y Corea del Norte; ha estado en unos sesenta países. Ha escrito también crítica literaria y, entre los numerosos medios en los que ha colaborado o colabora, figuran Atlantic Monthly, The New York Times Review of Books, World Affairs, Slate, The Nation, Free Inquiry, Vanity Fair… Ha publicado más de quince libros, de los que han aparecido en España el citado sobre Kissinger, Cartas a un joven disidente (Anagrama) y La victoria de Orwell (Emecé). ¿No existe el problema de que una obra tan variada quede reducida a los latiguillos con que los medios resumen la obra de un intelectual? “La figura del intelectual surgió en Francia durante el caso Dreyfus. Y lo que dijo entonces Zola fue algo muy simple: que ese hombre era inocente y que estaba preso por un error judicial. Fueron los otros, los que pretendían representar a la gran Francia, los que defendían que las cosas eran más complejas. A veces se deben hacer preguntas sencillas. Hace poco, mi amigo Martin Amis pidió en un mitin que levantaran la mano los que se consideraban moralmente superiores a los talibanes. Sólo lo hicieron dos o tres personas. Lo que yo me pregunto es qué es lo que resulta tan complejo que impide que la gente responda una pregunta sencilla. El intelectual tiene que recordar las cosas que son obvias, evidentes, que no admiten discusión. La revista antifascista en la que colaboraban Brecht, Grosz y Heartfield se llamaba Simplicissimus. George Orwell decía que la cosa más difícil de ver es la que tienes delante de las narices. La fórmula ‘no pasarán’ era muy fácil de entender”.

Al final de Dios no es bueno, donde hace una exaltada defensa de los valores de la Ilustración, avisa: “Una versión de la Inquisición está a punto de dar con un arma nuclear”. La discusión es cómo combatir el peligroso ascenso de los fanatismos.

¿Cómo defiende Hitchens al mismo tiempo las reglas de juego internacionales y apoya la invasión de Irak que se hizo bajo la mentira de las armas de destrucción masiva? “Eso no es cierto. Se le dio a Irak una lista de las armas que poseían, y no se deshicieron de ellas. Aún no lo han hecho. Cuando se produjo la invasión, no se trataba tanto de entrar y de encontrar las armas como de obligar a Irak a cumplir con una resolución de Naciones Unidas que fue respaldada por todos los miembros del Consejo de Seguridad, y hasta por Irán y Siria. Unánime”. ¿Cómo justifica el caos que hay allí ahora? “En el curso de la guerra, hemos obligado a los libios a desarmarse. Y resulta que tenían más armas de las que pensábamos que tenían. Nos las entregaron todas. Y al examinar el arsenal de Libia pudimos descubrir que pertenecía a la mafia de Al Qaeda, que se extiende hasta el norte de Siria”. Y en el caso de Irán, ¿defiende la invasión? “Lo que es necesario es derrocar a los mulás. Con energía nuclear o no, Irán no debería estar secuestrado por estos fundamentalistas y terroristas. Si tienen sentido las leyes internacionales, habría que arrestar, juzgar y mandar a la cárcel a todos los responsables de tantos asesinatos (Berlín, Viena, el restaurante Mikonos) que están protegidos por el Gobierno de Irán que, mientras tanto, es capaz de cortarle las manos a alguien por robar. Es una banda mafiosa en un Gobierno. Mulás con armas nucleares”.

La cena termina con un par de whiskies. Por allí han pasado el papa Wojtyla (“un tipo con cojones”), Hillary Clinton (“más de lo mismo, más corrupción”), Obama (“puede transformarse y hacer algo serio”), el arzobispo de Canterbury, Yugoslavia, la dictadura argentina y la Guerra Civil española, entre otros temas. La herida en Hitchens sigue ahí: “Cuando sucedió lo de Rushdie, me dolió la capitulación de la izquierda. Siempre encuentra justificaciones para cualquier actitud agresiva contra Estados Unidos y no sabe ver ese fascismo con rostro islámico”. –

Fuente: