La Iglesia: Su Culto En La Oración y La Acción De Gracias

La Iglesia: Su Culto En La Oración y La Acción De Gracias por Lewis Sperry Chafer

Como vimos en Romanos 12:1-2 y Hebreos 13:15-16, el cristiano, como sacerdote creyente, está ocupado con cuatro sacrificios: 1) El sacrificio de su cuerpo (Ro. 12:1-2); 2) el sacrificio de alabanza (He. 13:15); 3) el sacrificio de buenas obras (He. 13:16); y 4) el sacrificio de la mayordomía o de la acción de dar presentada en la expresión «de la ayuda mutua no os olvidéis» (He. 13:16). Dios se agrada de tales sacrificios (He. 13:16). Hemos considerado ya el sacrificio de las buenas obras y la mayordomía de las posesiones temporales en el capítulo anterior, de modo que ahora consideraremos la obra del creyente sacerdote en la oración y la alabanza a Dios que forman la parte esencial de la adoración.

En la edad presente la adoración no es cuestión de forma o circunstancias, sino en las palabras de Cristo a la samaritana: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Jn. 4:24). En consecuencia, la adoración no está confinada a servicios sagrados en grandes catedrales; es la adoración del corazón del cristiano al expresar la alabanza y la intercesión ante su Padre Celestial en el nombre de Cristo. La oración y la alabanza son los principales elementos de la adoración y son actos de comunión directa de los hombres con Dios. El estudio de la doctrina de la oración y la alabanza en el Antiguo y el Nuevo Testamentos muestra que hay una revelación progresiva y un privilegio creciente.

A. LA ORACION ANTES DE LA PRIMERA VENIDA DE CRISTO

Aunque la oración personal y privada ha sido una práctica de los hombres piadosos a través de todas las edades, es evidente que la oración, en lo principal, era ofrecida por el patriarca en favor de su casa (Job 1:5) y, en el período que se extiende desde Moisés hasta Cristo, era ofrecida por los sacerdotes y gobernantes en favor de su pueblo. A través de todos los siglos comprendidos en este período la base de la oración consistía en invocar los pactos de Jehová (1 R. 8:22-26; Neh. 9:32; Dn. 9:4) y su santo carácter (Gn. 18:25; Ex. 32:11-14), y debía ser después de derramar la sangre del sacrificio (He. 9:7).

B. LA ORACION EN LA EXPECTACION DEL REINO

La pretensión mesiánica de Cristo y el reinado de su parte fue rechazado por la nación de Israel; pero durante los primeros días de su predicación, y cuando el reino era ofrecido a Israel, enseñó a sus discípulos a orar por el reino que se iba a establecer en la tierra.

La conocida oración el Padrenuestro aparece en Mateo 6:9-13 e incluye la petición «venga tu reino» (Mt. 6:10). Esta oración tiene primariamente en vista la realización del reinado sobre la tierra en el milenio cuando Cristo reine como supremo soberano sobre la tierra. La doxología contenida en Mateo 6:13 concluye: «porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén». Esta doxología no se encuentra en muchos manuscritos antiguos del Evangelio de Mateo y se omite en el relato paralelo de Lucas 11:2-4. Muchos creen que fue añadida por los copistas de las Escrituras como una forma adecuada de concluir la oración. Sea que haya formado parte de Mateo originalmente o no, es un hecho que hace una afirmación correcta respecto de la doctrina del reino futuro.

Debido a que el Padrenuestro incluye además otros asuntos adecuados para todas las edades y circunstancias, tales corno la adoración del Padre, la petición del pan cotidiano y la liberación de la tentación, a menudo se ha tomado como una oración modelo. Sin embargo, es dudoso que ésa hay sido la intención de Cristo. La verdadera oración del Señor se encuentra en Juan 17, donde nuestro Señor intercedió p su iglesia en pleno reconocimiento del propósito de Di para su iglesia en la era actual.

Algunos han sostenido que el Padrenuestro se usa impropiamente en esta era, y, sin embargo, por sus muchas características que le hacen apto para todo tiempo, y su sencillez se ha hecho muy querido para muchos creyentes; aún más no es impropio que los que viven actualmente anhelen c oración la venida del reino milenial. Sin embargo, debe entenderse claramente que este reino no vendrá por esfuerzo humano antes de la segunda venida de Cristo, como algunos han enseñado, sino que espera el glorioso regreso de Cristo, que por su poder establecerá su reino sobre la tierra.

C. LA ORACION DE CRISTO

En Juan 17 se presenta la verdadera oración del Señor revela una libertad hasta lo sumo en la comunión entre Padre y el Hijo. En este capítulo Cristo ejerce su oficio de Sumo Sacerdote, y el tema de su oración es la necesidad de los creyentes sobre la tierra en la edad futura que vendría después de Pentecostés.

Mientras estuvo sobre la tierra antes de su muerte, Cristo pasó largo tiempo en oración (Mt. 14:23), aun toda la noche (Lc. 6:12), y es probable que la forma de su oración era 1a misma comunión familiar con Su Padre que se encuentra en Juan 17. La oración de Cristo no parece depender de las promesas o pactos, sino más bien descansa en su propia persona y en la obra sacerdotal del sacrificio. La oración d Cristo, especialmente en Juan 17, es, en consecuencia, un revelación de la obra intercesora de Cristo a la diestra d Dios Padre y que prosigue a través de toda la dispensación actual.

D. LA ORACION BAJO LA RELACION DE LA GRACIA

La oración no es igual a través de todas las edades, sino que, como todas las demás responsabilidades humanas, se adapta a las diversas dispensaciones. Con el gran avance de la revelación proporcionada por el Nuevo Testamento, la oración adquiere el nuevo estado de oración en el nombre de Cristo en la revelación plena de su sacrificio sobre la cruz.

Entre los siete rasgos sobresalientes de la vida del creyente bajo la gracia con Cristo mencionados en el aposento alto y en Getsemaní (Jn. 13:1 – 17:26) se incluye la oración. La enseñanza de Cristo sobre el tema vital de la oración se da en tres pasajes (Jn. 14:12-14; 15:7; 16:23-24). Según esta palabra de Cristo, la posibilidad presente de la oración bajo la gracia se eleva por sobre las limitaciones terrenales en la esfera de las relaciones infinitas que obtiene en la nueva creación. Esta forma de oración puede considerarse bajo cuatro aspectos.

1. La función de la oración incluye no solamente la alabanza sino la presentación de las necesidades del creyente en la presencia del Señor, y la intercesión por los demás. El racionalismo enseña que la oración es irrazonable porque un Dios omnisciente sabría mejor que el hombre que ora aquello que éste necesita. Sin embargo, Dios, en su soberanía, ordenó la oración como el medio para el cumplimiento de su voluntad en el mundo y ha instruido a los que creen en El para que presenten sus peticiones. La importancia de la oración se revela en Juan 14:13-14, donde Cristo prometió hacer todo lo que le pidiésemos en su nombre. Consecuentemente, Dios ha elevado la importancia de la oración al punto de que en gran parte Dios ha condicionado su acción a la oración fiel del creyente.

Esta responsabilidad es cosa establecida. Ya no es cuestión de racionalidad; es cuestión de ajuste. Es probable que no podamos comprender todo lo que hay detrás de ello, pero sabemos que en el ministerio de la oración el hijo de Dios es introducido en una asociación vital con la obra de Dios en una manera que de otro modo no podría participar. Pon cuanto el cristiano puede participar en la gloria que sigue, se le da la oportunidad de participar en el logro de ella. Esta responsabilidad en asociación no es extendida al creyente como una concesión especial; es la función normal de un persona por la cual ha sido derramada la sangre expiatoria (He. 10:19-20), y que ha sido vitalmente unido con Cristo en la nueva. Creación. No es irracional que una persona que e parte viva de Cristo (Ef. 5:30) tenga parte en su servicio en su gloria.

Cabe destacar que, en conexión con el anuncio del nuevo oficio de la oración como una sociedad en la ejecución dE plan, es que Cristo afirmó: «las obras que yo hago, él la hará también, y aun mayores las hará» (Jn. 14:12), frase que es inmediatamente seguida por la segura afirmación de que solo El emprende la tarea de responder a este ministerio de oración. Tan vital es esta unión del esfuerzo entre la oración y lo que Dios obrará en su respuesta que se dice que el creyente es el que hace las obras mayores.

2. El privilegio de orar en el nombre del Señor Jesús que bajo la gracia se extiende a todo hijo de Dios, da a la oración una característica que la eleva a un grado infinito que la eleva por sobre toda otra forma de oración que haya existido en el pasado o exista en el futuro. Asimismo, la forma presente de la oración supera todos los privilegios precedentes; porque cuando Cristo dijo: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre» (Jn. 16:24), y así desechó toda otra base de oración que había existido.

Podemos estar seguros de que el nombre del Señor Jesús cristo atrae la atención del Padre y que el Padre no solo oír cuando se usa ese nombre, sino que se sentirá inclinado hacer lo que se le pida por amor de su amado Hijo. El nombre de Cristo es equivalente a la persona de Cristo, y €nombre no se da a los creyentes para ser usado como un conjuro. La oración en el nombre de Cristo comprende el re conocimiento de si como una parte viva de Cristo en la nueva creación y, por lo tanto, limita los temas de oración a aquellos proyectos que están en linea directa con los propósitos y la gloria de Cristo. Es hacer una oración que Cristo podría pronunciar. Puesto que orar en el nombre de Cristo es como poner la firma de Cristo a nuestra petición, es razonable que la oración tenga esa limitación.

Habiendo señalado que a veces la pobreza espiritual si debe al hecho de que nosotros no pedimos, Santiago sigue diciendo que «pedís y no recibís, porque pedís mal, gastar en vuestros deleites» (Stg, 4:2-3). Así la oración puede llegar a ser, o una atracción para obtener las cosas del yo, o una forma de lograr las cosas de Cristo. El creyente, habiendo sido salvado del yo y estando vitalmente unido con Cristo (2 Co. 5:17-18; Cal. 3:3), ya no está preocupado del yo Esto no es decir que se abandonan los mejores intereses de creyente; es afirmar qué ahora se consideran estos intereses como que pertenecen a la nueva esfera en que Cristo es e todo en todos. Estando en Cristo, es normal que nosotros oremos en su nombre y es anormal orar solo por los deseos de yo que nada tienen que ver con la gloria de Cristo.

Puesto que la oración solo es posible sobre la base de la sangre derramada y en virtud de la unión vital del creyente con Cristo, la oración de los inconversos no puede ser aceptada por Dios.

3. El alcance de la oración bajo la gracia se afirma en la frase “todo lo que”, pero no sin que haya limitaciones razonables. Es todo lo que pidiereis en mi nombre, según e propósito y la gloria de Cristo. Antes que sea posible ofrece: la verdadera oración, el corazón debe conformarse a la mente de Cristo. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecéis en vosotros, pedid todo lo que queréis (Jn. 15:7), esto es verdadero; porque bajo este ajuste de corazón el hijo de Dios pedirá solamente las cosas que están dentro de la esfera de la voluntad de Dios.

Bajo la gracia, hay perfecta libertad de acción para aquel en quien Dios está obrando así el querer como el hacer, por su buena voluntad (Fil. 2:13). Asimismo, hay una libertad de petición ilimitada para el que ora dentro de la voluntad de Dios. Al creyente que está lleno del Espíritu Santo se le dice «De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad pues qué hemos de pedir corno conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los. Santos>> (Ro. 8:26-27). La perspectiva de la oración bajo la gracia no es estrecha; es tan infinita como los intereses eternos de aquel en cuyo nombre tenemos el privilegio de orar.

4. Todo creyente fiel debiera prestar cuidadosa atención a la práctica de la oración. Es altamente importante que los creyentes observen un horario regular de oración. Debieran evitar todo usa irreverente de la oración o las repeticiones inútiles que caracterizan al mundo pagano, y debieran seguir el orden divino prescrito para la oración bajo la gracia. Esto se afirma en las siguientes palabras: «En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto as digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dará» (Jn. 16:23), y la oración será hecha en el Espíritu (Jud. 20).

Este orden no ha sido impuesto en forma arbitraria. Sin embargo, dirigir la oración a Cristo es abandonar su mediación orando a El, en lugar de orar por medio de El, sacrificando, por lo tanto, el rasgo más vital de la oración baja la gracia: la oración en su nombre. Dirigir la oración al Espíritu de Dios es orar al Espíritu, en lugar de orar por él, y ello implica que hasta ese punto estamos dependiendo de nuestra propia suficiencia.

Entonces podría concluirse que, bajo la gracia, la oración debe ser dirigida al Padre en el nombre del Hijo y en el poder del Espíritu Santo.

E. LA ORACION DE ACCION DE GRACIAS

La verdadera acción de gracias es la expresión voluntaria de una gratitud de corazón par los beneficios recibidos. Su efectividad depende de la sinceridad, así coma su intensidad depende del valor que se le dé a las beneficios recibidos (2 Co. 9:11). La acción de gracias es alga completamente personal. Hay obligaciones que nos corresponden a nosotros y que podrían asumirlas otras personas, pero nadie puede ofrecer palabras de acción de gracias en lugar nuestro (Lv. 22:29).

La acción de gracias no es de ningún modo un pago por el beneficio recibido; más bien es reconocer con gratitud el hecho de que el que ha recibido el beneficio está endeudado con el dador. Puesto que no hay pago que pueda hacerse a Dios por sus beneficias incontables e inmensurables, a través de las Escrituras se sostiene la obligación de ser agradecidos a Dios, y toda acción de gracias está estrechamente relacionada can la adoración y la alabanza.

Bajo el antiguo orden las relaciones espirituales de Dios se expresaban de una manera material. Entre éstas se hizo provisión para la ofrenda, sacrificio a acción de gracias (Lv. 7:12, 13, 15; Sal. 107:22; 116:17). En forma similar, en esta era es un privilegio del creyente hacer ofrendas y sacrificios de acción de gracias a Dios. Sin embargo, si mientras se ofrece la donación de acción de gracias el motivo incluye un pensamiento de compensación, se destruye el valor esencial de la acción de gracias.

El tema de la oración se menciona muchas veces en el Antiguo Testamento y frecuentemente en los Salmos. En el Antiguo Testamento se da dirección explicita para las ofrendas de acción de gracias (Lv. 7:12-15), y la alabanza y la acción de gracias fueron especialmente enfatizadas en el avivamiento que hubo bajo la dirección de Nehemías (Neh. 12:

24-40). Del mismo modo, el mensaje profético del Antiguo Testamento anuncia las acciones de gracias como uno de los rasgos especiales de la adoración en el reino venidero (Is. 51:3; Jer. 30:19). Del mismo modo, hay incesantes acciones de gracia en los cielos (Ap. 4:9; 7:12; 11:17).

Una característica importante de la acción de gracias en el Antiguo Testamento es la apreciación de la persona de Dios sin consideración de los beneficios recibidos de El (Sal. 30:4; 95:2; 97:12; 100:1-5; 119:62). Aunque ha sido constantemente descuidado, el tema de la acción de gracias es importantísimo y ese tipo de alabanza es razonable y adecuado. Bueno es alabarte, oh Jehová (Sal. 92:1).

En el Nuevo Testamento el tema de la acción de gracias se menciona unas cuarenta y cinco veces, y esta forma de alabanza se ofrece por las bendiciones temporales y par las espirituales. La infaltable práctica de Cristo de dar gracias por los alimentos (Mt. 15:36; 26:27; Mr. 8:6; 14:23; Lc. 22:17, 19; Jn. 6:23; 1 Co. 11:24) debiera ser un ejemplo efectivo para todos los creyentes. El apóstol Pablo también fue fiel en este sentido (Hch. 27:35; Ro. 14:6; 1 Ti. 4:3-4).

La acción de gracias de parte del apóstol Pablo es digna de atención. El usa la frase «Gracias a Dios» en relación con Cristo el «don inefable» (2 Co. 9:15), tocante a la victoria obtenida sobre el sepulcro y que fue asegurada par medio de la resurrección (1 Co. 15:57), y en conexión con el triunfo presente que es nuestro par media de Cristo (2 Co. 2:14). Su acción de gracias a Dios por los creyentes (1 Ts. 1:2; 3:9), par Tito en particular (2 Co. 8:16), y suexhortación en el sentido de que se den acciones de gracias por todos los hombres (1 Ti. 2:1) son igualmente lecciones objetivas para todos los hijos de Dios.

Cabe destacar dos importantes características de la acción de gracias según el Nuevo Testamento.

1. La acción de gracias debe ser incesante. Par cuanto la adorable persona de Dios no cambia y sus beneficios nunca cesan, y puesto que la abundante gracia de Dios redundará para gloria de Dios par la acción de gracias de muchos (2 Co. 4:15), es razonable que las acciones de gracias sean dadas a El sin cesar. De esta forma de alabanza leemos:

«Ofrezcamos siempre a Dios, por media de El, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre» (He. 13:15; compárese con Ef. 1:16; 5:20; Cal. 1:3; 4:2). Esta característica de la acción de gracias también se enfatiza en el Antiguo Testamento (Sal. 30:12; 79:13; 107:22; 116:17).

2. Las acciones de gracias deben ser ofrecidas por todo como se dice en Efesios 5:20: «Dando siempre gracias par todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» Un mandamiento similar se encuentra en 1 Tesalonicenses 5:18: «Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotras en Cristo Jesús» (cf. con Fil. 4:6; Cal. 2:7; 3:17).

Hay mucha distancia entre dar gracias siempre par todo y el dar gracias algunas veces y par algunas cosas. Sin embargo, habiendo aceptado que a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien, es correcto que se dé gracias a Dios par todas las cosas. Esta alabanza, que honra a Dios, puede ser ofrecida solamente par los que son salvos y que están llenos del Espíritu (Ef. 5:18-20). Daniel dio gracias a Dios enfrente de la sentencia de muerte (Dn. 6:10), y Jonás dio gracias a Dios desde el vientre del gran pez y desde las profundidades del mar (Jon. 2:9).

El abundante pecado de la ingratitud hacia Dios se ye ilustrado par uno de los sucesos registrado en la vida de Jesús. Cristo limpió a diez leprosos, pero solamente uno volvió para dar gracias, y éste era samaritano (Lc. 17:11-19). Aquí debemos notar que la ingratitud es un pecado, y se incluye coma uno de las pecados de las últimos días (2 Ti. 3:2).

Es probable que haya sincera gratitud de parte de muchos inconversos que tratan de ser agradecidos a Dios par los beneficios temporales; pero fallan lamentablemente al no apreciar el don de su Hijo, lo que los convierte en personas muy ingratas ante la vista de Dios.

En los Estados Unidos se estableció un día llamado de Acción de Gracias. Fue establecido por creyentes y para los creyentes reconociendo que el pecador que rechaza a Cristo no puede ofrecer una acción de gracias aceptable a Dios.

PREGUNTAS

1. ¿Cuáles son los cuatro sacrificios del creyente sacerdote?

2. ¿Qué importancia atribuye usted al hecho de que la alabanza sea uno de los cuatro sacrificios?

3. ¿En qué forma se relaciona la adoración a la forma y las circunstancias?

4. ¿Cuál era la característica de la oración antes de la primera venida de Cristo?

5. ¿Cuál era el propósito de la oración del Señor conocida coma el Padrenuestro que aparece en Mateo 6:9-13?

6. ¿En qué sentido es apropiado que oremos par la venida del Reino?

7. ¿Por qué debiera considerarse Juan 17 coma la verdadera oración del Señor?

8. ¿Qué aprendemos de las Escrituras acerca de la vida de oración de Cristo, y cómo indica Juan 17 la forma de sus peticiones?

9. ¿Por qué en la presente dispensación de gracia la función de la oración incluye la intercesión a pesar de la omnisciencia de Dios?

10. ¿Qué seguridad tiene el creyente de que Dios se hará cargo de responder a sus peticiones?

11. ¿Qué quiere decir orar en el nombre del Señor Jesucristo, y coma nos da seguridad este hecho?

12. ¿Cuáles son los dos peligros gemelos señalados par Santiago en relación a la oración?

13. ¿Cuál es la perspectiva ilimitada de la oración baja la gracia?

14. ¿Cómo está relacionado el Espíritu con nuestras oraciones?

15. ¿Cuáles son los peligros de no tener periodos regulares de oración, par una parte, y de las repeticiones inútiles, por la otra?

17.¿Por qué la acción de gracias a Dios es una cosa muy personal?

18. ¿En qué sentido es la acción de gracias un sacrificio?

19. ¿Cómo se relaciona con Dios la acción de gracias en contraste con sus obras?

20. ¿Cuáles san algunas ilustraciones notables de acción de gracias en el Nuevo Testamento?

21. ¿Cuáles son dos características importantes de la acción de gracias que se destacan en el Nuevo Testamento?

22. ¿Por qué es un pecado no expresar las acciones de gracias?

23. ¿Por qué solamente los creyentes pueden ofrecer acciones de gracias que tengan verdadero valor?

http://www.seminarioabierto.com/doctrina238.htm

¿Deus Confusus? La nación en la oración – Parte I

Milton Acosta
Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia. El hermano Milton también mantiene su propio blog, Pido la Palabra.

Milton Acosta


¿Deus Confusus? La nación en la oración – Parte I
Diciembre 2, 2009 by Milton Acosta

¿Le gustaría saber cómo confundir a Dios? Muy fácil, reemplace a Israel y Judá por su país y aplíquelo al presente. Si los cristianos en cada país hacemos lo mismo, terminaremos confundiendo a Dios, especialmente si tenemos conflictos con los vecinos. Veamos cómo una situación antigua (2R 18–20; 2Cr29–32; Is 36–39) se puede relacionar con el presente y producir un Deus Confusus.

En el año 701 antes de Cristo, el pequeño reino de Judá, siendo gobernado por Ezequías, enfrentó una crisis de grandes proporciones. El poderoso e implacable imperio asirio no lograba saciar su hambre expansionista. Le toca el turno a Judá; Senaquerib, rey Asiria, le toca la puerta a Judá y dice por boca de su arrogante emisario tres cosas en tono de burla, en un lugar público para que todos escuchen: 1) ninguno de los dioses de los pueblos que hemos avasallado ha sido capaz de salvar a nadie; ¿Qué te hace pensar que el dios tuyo o una alianza con estos pueblos te salvará? 2) me río de Egipto; sé de tus conversaciones con ellos y 3) si te traigo dos mil caballos, ¿tendrás jinetes para montarlos? De modo pues, mi amigo Ezequías, no confíes en palabras de aire; sométete, págame el tributo y ahorrémonos esta guerra. La cronología de los eventos de esta historia es compleja, pero se puede ver con claridad que la situación es absolutamente crítica.[1]
Ante palabras y hechos tan serios, Ezequías hace una oración modelo, cuyos componentes bien vale la pena mencionar: 1) Reconocimiento de Dios como creador y Señor; 2) reconocimiento de la amenaza; 3) al cierre, una petición (Is 37:16–20). Dios escuchó y despachó a los asirios.
Ahora pasemos a historia actual. Supongamos que yo soy colombiano y me gusta ver los noticieros de televisión. Supongamos que escucho al presidente expansionista de un país vecino pronunciar discursos arrogantes con insultos y ataques contra el presidente de mi país. Supongamos que ese presidente de prospecto vitalicio ya domina a otros países alrededor. Supongamos que le pone a mi país un estado de sitio económico. Supongamos que se prepara para la guerra, compra aviones de fabricación rusa y procura armas nucleares. Ante todas estas suposiciones, un buen día yo leo en la Biblia la historia de Ezequías. ¿Cuál será mi tentación como devoto creyente de la Biblia? Haré un mutatis mutandis hermenéutico de la siguiente manera: Ezequías es el presidente de Colombia; Colombia es Judá; Venezuela es Asiria; y yo soy Isaías. Oraré para que el vecino sea destruido y seguiré viendo los noticieros esperando el cumplimiento de las palabras de la Biblia, las cuales indefectiblemente se cumplen. Esta será mi honesta aplicación de la Biblia.
Supongamos ahora que yo soy venezolano y me gusta ver los noticieros de televisión. Supongamos que un imperio del norte ostenta las fuerzas armadas más poderosas del mundo entero. Supongamos que tiene o usa bases militares en un país de al lado, cuyo presidente también tiene prospecto vitalicio. Supongamos que ese imperio del norte tiene en su haber una historia de invasiones a países cercanos y lejanos, de haber puesto, depuesto o extraído presidentes en el vecindario, y de haber anulado, estrangulado y socorrido a otros económicamente. Ante todo esto, que son puras suposiciones, un buen día yo leo en la Biblia la historia de Ezequías que acabamos de relatar, ¿Cuál será mi tentación como devoto creyente de la Biblia? Haré un mutatis mutandis hermenéutico de la siguiente manera: Ezequías es el presidente de Venezuela; Venezuela es Judá; Estados Unidos es Asiria; y yo soy Isaías. Oraré para que el imperio y mi vecino sean destruidos y seguiré viendo los noticieros esperando el cumplimiento de las palabras de la Biblia, las cuales indefectiblemente se cumplen. Esta será mi honesta aplicación de la Biblia.
Supongamos ahora que yo soy ecuatoriano… de Estados Unidos… de Honduras… de Cuba… de Irán… de Afganistán… un buen día yo leo en la Biblia la historia de Ezequías… Continuará..
[1]El profeta Isaías parece confirmar la tentación que tiene Ezequías de confiar en las alianzas militares con el otro imperio que podría hacerle frente a Asiria o a Babilonia, Egipto: “Ay de los que confían en ejércitos, carros y caballos y no en Dios” (Is 31).

http://www.biblia.com/¿deus-confusus-la-nacion-en-la-oracion-parte-i/

¿Como orar?

¿Como orar?

Análisis de la oración basado en la enseñanza de Jesús en el sermón del monte:

I. Introducción.

Nos encontramos aquí ante uno de los temas más vitales en relación con nuestra vida cristiana: la oración.

La oración es la manera que Dios nos ha revelado de comunicarnos con el. Aunque Dios sabe todas las cosas, mediante este modo de relacionarnos con el, nos permite expresarnos y hacerle conocer nuestras necesidades.

Orar es hablar con Dios. No se trata de repeticiones mecánicas de expresiones aprendidas, sino de una forma de expresarnos dialogalmente.

La oración, el medio que Dios nos concedió para que a través de la fe sencilla tuviéramos comunión profunda e intima, de modo espiritual con el. La oración es, sin lugar a dudas, la actividad más elevada del alma humana. El hombre nunca es más grande que cuando, de rodillas, se halla frente a frente con Dios.

Cuando san Agustín, planteó las bases de la reflexión medieval sobre los problemas de la comunicación, distingue, frente al hombre, dos tipos de interlocutores: los otros hombres, y también los seres sobrenaturales comenzando por Dios. Esta comunicación (sobrenatural) concierne antes que nada a la oración, hecha de intenciones, de creencias, de palabras y también de gestos.

Cuando el hombre habla a Dios está en la cima. Es la actividad más elevada del alma humana, y en consecuencia, es también la piedra de toque final de la condición espiritual genuina del hombre. Nada hay que nos revele mejor la verdad sobre nosotros, en cuanto personas cristianas, que la vida de oración. Todo lo que hagamos en la vida cristiana es más fácil que orar. No es tan difícil dar limosnas a los necesitados —el hombre natural también hace eso, y uno puede poseer un verdadero espíritu de filantropía sin ser cristiano—. Algunos parecen haber nacido con una naturaleza y espíritu generosos; para ellos el dar limosna no ofrece ninguna dificultad. Lo mismo se aplica a la cuestión de la autodisciplina —al abstenerse de ciertas cosas y asumir ciertos deberes y tareas—. Dios sabe que es mucho más fácil predicar desde un pulpito que orar. La oración es, sin duda alguna, la piedra de toque final, porque el hombre puede hablar a los demás con mayor facilidad de lo que puede hablar con Dios. En último término, por consiguiente, el hombre descubre la verdadera condición de su vida espiritual cuando se examina a sí mismo en privado, cuando está a solas con Dios.

Nuestra posición verdadera en el sentido espiritual, la descubrimos cuando hemos abandonado el campo de actividades y procederse externos relacionados con otras personas, y nos hallamos a solas con Dios. No sólo es la actividad más elevada del alma, es también la piedra de toque final de nuestra verdadera condición espiritual.

Bien podemos decir que la característica más destacada de todas las personas santas que el mundo ha conocido ha sido que no sólo han dedicado mucho tiempo a la oración en privado, sino que han hallado una gran satisfacción en ello. No se lee la vida de ningún santo sin encontrar que así haya sucedido. Cuanto más santa es la persona, más tiempo dedica a la conversación con Dios. Así pues, es un asunto de importancia vital y absoluta. Y no cabe duda de que hace más falta la instrucción sobre este tema que sobre cualquier otro.

En este trabajo, veremos algunos aspectos de la oración, en relación con la enseñanza de Jesús en el sermón del Monte.

En los Evangelios, vemos que Juan el Bautista había estado enseñando a sus discípulos a orar. Es evidente que se habían dado cuenta de la necesidad de recibir instrucción, y le habían pedido que les enseñara. Y Juan les había enseñado a orar. Los discípulos de nuestro Señor sintieron exactamente la misma necesidad. Acudieron a Él una tarde y le dijeron, de hecho, “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.” No cabe duda de que nació en su corazón este deseo porque eran conscientes de esta clase de dificultad natural, instintiva, inicial, que todos experimentamos; pero sin duda alguna también éste deseo se incrementó al ver la vida de oración del Señor. Lo veían levantarse mucho antes del amanecer para ir a orar a las montañas, y dedicar noches enteras a la oración. Y a veces, no lo dudo, se decían entre sí: “¿De qué habla? ¿Qué hace?!’ Quizá también pensarían, “a los pocos minutos de estar en oración ya me faltan las palabras. ¿Qué hace posible que Él se dedique tanto a la oración? ¿Qué lo conduce a este abandono y facilidad?”. “Señor, enséñanos a orar”, decían. Con esto expresaban que les gustaría poder orar como él lo hacía. ‘”Ojala conociéramos a Dios como tú lo conoces. Enséñanos a orar!’ ¿Hemos experimentado esto alguna vez? ¿Nos hemos sentido alguna vez insatisfechos con nuestra vida de oración y deseando saber más lo que en realidad es orar? Si lo hemos sentido, es una señal alentadora.

En la cristiandad griega, las Vidas de los Padres (traducidas al latín en el siglo VI) insisten sobre las actitudes ascéticas del monje del desierto.Podemos citar a Macario (quizas Macario el viejo):

«¿Cómo debemos orar?», pregunta Macario, «No es necesario usar muchas palabras. Es suficiente con mantener las manos elevadas».

Tambien podemos citar a Orígenes, quien dijo preferir a toda otra actitud, aquella que consiste en elevar las manos y los ojos, «ya que el cuerpo aporta así a la oración la imagen de las cualidades que convienen al alma».

II. Sermón del monte

El Sermón del monte o de la montaña fue, de acuerdo al Evangelio según Mateo, un sermón dado por Jesús de Nazareth cerca del 30 d. C. a sus discípulos y a una gran multitud (Mat. 5:1; 7:28). La tradición dice que la alocución se desarrolló en la ladera de una montaña (de ahí su nombre). Algunos cristianos contemporáneos creen que se trataba de un monte al norte del Mar de Galilea, cerca de Capernaum.

El Sermón del Monte puede ser considerado como similar (pero más sucinto) al Sermón del Llano como se menciona en el Evangelio según Lucas (Lucas 6:17–49). Algunos comentaristas creen que puede tratarse de versiones distintas del mismo texto, mientras que otros dicen que Jesús predicaba frecuentemente temas similares en diferentes lugares. En tercer lugar, hay quienes creen que ninguno de los sermones realmente existió, sino que ambos son compilaciones de las primeras enseñanzas de Jesús tal como se muestran en Mateo y Lucas.

Probablemente la porción más conocida son las Bienaventuranzas que se encuentran al inicio. También contiene el Padrenuestro, así como la versión de Jesús de la Regla de Oro. Otros versículos citan a menudo la referencia de “sal de la tierra”, “luz del mundo” y otras. Para muchos, el Sermón del Monte contiene las disciplinas principales del cristianismo y es considerado como tal por muchos pensadores morales y religiosos como Tolstoy y Gandhi.

II.Estructura del sermón

El Sermón del Monte comprende las siguientes secciones:
Capítulo 5

Narrativa introductoria: una multitud sigue a Jesús por su fama de sanador de enfermedades. Luego, Jesús sube a un monte y comienza a hablar (Mateo 5:1-2)

  • Bienaventuranzas (Mateo 5:3-12):
  • Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 3)
  • Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. (Versículo 4)
  • Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados. (Versículo 5)
  • Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados. (Versículo 6)
  • Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia. (Versículo 7)
  • Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios. (Versículo 8)
  • Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Versículo 9)
  • Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 10)
  • Las metáforas de sal y luz (Mateo 5:13-16), que operan como introducción a la siguiente sección.
  • Un gran discurso conocido como la Antítesis de la Ley, que presenta una antítesis en la cual Jesús expande y adapta la Ley de Moisés (Mateo 5:17-48) y contrapone al lema ojo por ojo, diente por diente, el amor a los enemigos….

Capítulo 6
Un largo discurso que trata los temas de la limosna, la oración y el ayuno. En él se condena a quienes practican estos actos para obtener la aprobación de la gente, no realizándolos por una actitud real del corazón. El discurso condena la superficialidad del materialismo y la religiosidad hipócrita.
Dentro del discurso está el Padre nuestro, que se presenta en Mateo como un ejemplo de una correcta oración. Lucas lo inserta en un contexto diferente.

Capítulo 7
Un discurso que trata sobre el error de enjuiciar a los demás antes de juzgarse uno mismo.
El resto del capítulo 7 trata sobre:
No dar “lo santo a los perros”. (Mateo 6:6)
“Pide y recibirás, busca y encontrarás, golpea y las puertas se te abrirán”. (Mateo 7:7-11)
“Haz a otros lo que quieres que te hagan a ti”, adaptación de Jesús de la llamada ética de la reciprocidad, sintetiza la Ley de Moisés.(Mateo 7:12)
El camino delgado y difícil lleva a la vida, el amplio y fácil lleva a la destrucción: muchos toman el camino fácil y pocos encuentran el camino difícil. (Mateo 7:13-14)
Tomar cuidado de los falsos profetas: son lobos con piel de oveja; por sus “frutos” se les conoce; el buen árbol no produce mala fruta y el árbol malo no puede producir buenos frutos. (Mateo 7:15-20)
Hacer la voluntad de Dios Padre en lugar de que sólo invocar el nombre de Jesús. (Mateo 7:21-23)
“Quien quiera seguir estas palabras construirá sobre roca y sobrevivirá; quien no, construye en arena y será destruido. (Mateo 7:24-27)
Epílogo. (Mateo 7:28-29)

Interpretación
Uno de los debates más importantes sobre el Sermón consiste en determinar cómo debe ser aplicado en la vida diaria. La defensa de la completa falta de resistencia es incompatible con la supervivencia en la sociedad humana, y es por ello que todos los grupos cristianos han desarrollado formas no literales de interpretar y aplicar el Sermón. McArthur lista doce escuelas básicas de pensamiento sobre este tema.

La visión absolutista, que el Sermón deben ser tomado literalmente y debe ser aplicados universalmente por todo aquel que quiera seguir a Jesús, por lo que denominan a su visión seguimiento a Cristo”. Portavoces de esta son las Iglesias de Paz y, en el pasado, entre otros, Ignacio de Antioquía1 Policarpo de Esmirna, Ireneo de Lyon, Tertuliano, Orígenes, Prisciliano, Pedro Valdo, Francisco de Asís, Menno Simons, Jacob Hutter y otros anabaptistas, los Cuáqueros,  Leo Tolstoy y Dietrich Bonhoeffer.  quien escribió que existen innumerables posibilidades de entender e interpretar el sermón del monte; Jesús sólo conoce una: ir y obedecer.

Es un método común simplemente modificar el texto del Sermón. En tiempos antiguos esto se hacía alterando el texto del Sermón para hacerlo más llevadero. Algunos escribas cambiaron el “ama a tus enemigos” por “ora por tus enemigos”.

Suele encontrarse la postura llamada visión como hipérbole, que argumenta que lo dicho por Jesús es una hipérbole y que su aplicación en la vida real debe ser más de “bajo tono”.

Cercanamente relacionados con las interpretaciones anteriores, existe la visión de principios generales que argumenta que Jesús no estaba dando instrucciones específicas sino principios generales que uno debe observar al comportarse. Las instancias específicas citadas en el Sermón son ejemplos simples de estos principios generales.

La visión del doble estándar es la posición oficial de la Iglesia Católica Romana. Esta idea divide las enseñanzas del Sermón en preceptos generales y consejos específicos. Preconiza que la obediencia a los preceptos originales es esencial para la salvación, pero la obediencia a los consejos sólo es necesaria para alcanzar la perfección. La gran masa de la población sólo deben preocuparse de los preceptos y los consejos del sermón deben ser seguidos sólo por unos pocos piadosos como los clérigos y los monjes. Esta teoría fue iniciada por San Agustín y desarrollada más tarde por Santo Tomás de Aquino.

Martín Lutero rechaza la aproximación católica y desarrolla un sistema de dos niveles refiriéndose a ellos como la visión de dos realidades. Lutero divide el mundo en dos realidades seculares y religiosas y argumenta que el Sermón sólo se aplica a lo espiritual.

Otros reformadores expusieron la visión de la preparación para la gracia, según la cual la intención del sermón del monte no es ser obedecido, sino demostrar a los humanos su incapacidad para imitar a Dios y llevarlos a aceptar bajo ese peso aplastante que solamente pueden salvarse por un regalo de Dios.

Al mismo tiempo, la Reforma Protestante comenzaba una era de crítica bíblica encabezada por la visión de la analogía de la escritura. Una lectura más cercana de la Biblia muestra que muchos de los preceptos más rígidos del sermón fueron moderados por otras partes del Nuevo Testamento. Por ejemplo, mientras Jesús parece prohibir todo juramento, Pablo los utiliza al menos dos veces, por lo que la prohibición del Sermón tiene algunas excepciones.

En el siglo XIX se desarrollaron muchas nuevas interpretaciones. Wilhelm Hermann adoptó la noción de actitudes, no actos que provienen de San Agustín. Esta visión asegura que Jesús no está diciendo cómo debe comportarse un cristiano, sino cuál debe ser su actitud. El espíritu detrás del acto es más importante que el acto en si.

Albert Schweitzer popularizó la visión interina ética. Esta teoría muestra a Jesús convencido de que el mundo iba a terminar en un futuro muy próximo. Por tanto, la supervivencia en el mundo no importaba, ya que en los últimos tiempos lo material sería irrelevante.

En el siglo XX otro pensador alemán, Martin Dibelius, presentó una visión más, también basada en la escatología. Su visión de voluntad divina incondicional consiste en que la ética detrás del Sermón es absoluta e inquebrantable, pero el estado de vileza actual del mundo hace que sea imposible vivir de acuerdo a eso. Los humanos pueden intentarlo, pero es inevitable fracasar. Esto cambiará cuando se proclame el Reino de Dios y todos sean capaces de vivir en santidad.

Otra visión escatológica es el dispensacionalismo moderno. Divide la historia humana en una serie de épocas de dispensa. Hoy vivimos en un periodo de gracia donde las enseñanzas del sermón son imposibles, pero en el futuro milenio veremos un período donde sea posible vivir con ellas. Entonces, cumplimentarlas será un requisito de la salvación.

III. La oración

Cuando ores hazlo así:

Volvemos ahora al examen de la enseñanza de nuestro Señor respecto a la oración. Mateo 6 contiene lo que nuestro Señor dice de la cuestión general de la vida cristiana. Divide el tema en tres secciones que en realidad vienen a cubrir la totalidad de nuestra justicia o vida religiosa. Luego de analizar el aspecto de la limosna — nuestra relación hacia otros, explica la enseñanza de Jesús respecto de la cuestión de la oración y de nuestra relación con Dios. Luego, el asunto de la disciplina personal, que nos presenta bajo el título general del ayuno. Tres aspectos de la vida religiosa o vida de piedad.

Al considerar el tema de la oración, Mateo explicara también la famosa oración del padrenuestro, ya que el Señor vio claramente la necesidad, no sólo de poner sobre aviso a sus seguidores en contra de ciertos peligros referentes a la oración, sino también de darles instrucción positiva.

“Guardaos”, dice en general, “de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.”

El Señor nos advierte que no hay que ser como los hipócritas, que oran de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para que los hombres los vean. Ha dicho que las repeticiones vanas de nada valen en sí mismas y por sí mismas, y que la simple cantidad en la oración no produce beneficios especiales. También ha dicho que hay que orar en secreto, y que nunca hay que preocuparse acerca de los hombres ni acerca de lo que los hombres podrían pensar, sino que lo que es vital y esencial en esto de la oración es no sólo que hay que dejar aparte a los demás, sino encerrarse con Dios, y concentrarse en Él y en su relación con Él. Pero, como hemos dicho, el Señor ve claramente que una advertencia general de esta índole no es suficiente, y que sus discípulos necesitan instrucción más detallada. Por ello agrega. “Vosotros, pues, orareis así”, y pasa a darles esta instrucción respecto al método de oración.

Al leer este pasaje existe siempre la tendencia de considerarlo como una denuncia de los fariseos, del auténtico hipócrita. Leemos, y pensamos en la clase de persona ostentosa que en forma obvia trata de atraer la atención sobre sí misma, como lo hicieron los fariseos. En consecuencia lo consideramos solamente como denuncia de esta hipocresía manifiesta sin aplicárnoslo a nosotros mismos. Pero esto es no comprender el verdadero sentido de la enseñanza que estos versículos contienen, la cual es la denuncia devastadora que nuestro Señor hace de los efectos terribles del pecado en el alma humana, y sobre todo del pecado del orgullo. Esa es la enseñanza.

El verdadero peligro para el hombre que dirige a una congregación en un acto público de oración, es que quizá se esté dirigiendo a la congregación en vez de dirigirse a Dios. Pero cuando estamos solos en la presencia de Dios, esto ya no es posible. ¿No hemos descubierto que, en cierto modo, tenemos menos que decirle a Dios cuando estamos solos que cuando estamos en presencia de otros? No debería ser así, pero a menudo lo es.

En su De oratione, escrita antes de su conversión al montanismo, Tertuliano trata sobre todo de la plegaria pública, pero también de la plegaria privada. Prohibe en particular el sentarse tras la oración de la comunidad: ¡el cristiano no debe dar la impresión de que la oración le ha fatigado! La posición de pié es la adecuada para celebrar la resurrección del Salvador, es por eso que debe de ser realizada el domingo y durante el ciclo pascual (este uso litúrgico fue efectivamente impuesto por el concilio de Nicea a comienzos del siglo IV). La genuflexión es, el resto del tiempo, el signo de humildad del pecador. Los brazos en cruz recuerdan igualmente la Pasión de Cristo. Los días ordinarios, el cristiano debe arrodillarse, pero no los domingos ni los días de fiesta, ni de Pascua a Pentecostés, tiempo de alegría. Hay que elevar las manos para orar, pero moderadamente (cum modestia et humilitate). Los mismos consejos se encuentran al siglo siguiente en el obispo de Cartago, San Cipriano. En las Galias, el obispo Cesario de Arles (503-542) prescribe a sus fieles que inclinen su cuerpo cuando el sacerdote ora en el altar, que se arrodillen para orar, que flexionen la cabeza para recibir la bendición. Estos gestos son signos de humildad y no solamente de penitencia: incluso aquellos que estiman que no han cometido pecado deben realizarlos. Hay que seguir el ejemplo trazado por el evangelio de Lucas (XVIII): seguro de él mismo, el fariseo oraba derecho, y alababa sus propios méritos; pero Dios ha escuchado la oración del publicano, porque, totalmente encorvado, confesaba sus pecados. El ejemplo será a menudo retomado a lo largo de la Edad Media.

No cabe duda de que saber orar bien es nuestra necesidad mayor. Perdemos las bendiciones más importantes de la vida cristiana porque no sabemos orar bien. Necesitamos instrucción en todos los sentidos sobre esta cuestión. Necesitamos que se nos enseñe cómo orar, y para qué orar. Precisamente debemos dedicar algún tiempo a estudiar lo que se ha llegado a conocer entre nosotros como ‘el Padre nuestro’ porque abarca estas dos cosas de una forma sorprendente y maravillosa. Es una sinopsis perfecta de la instrucción que nuestro Señor ofrece acerca de cómo orar, y para qué orar.

El tema de la oración es muy amplio y podríamos dedicarle mucho tiempo; pero lo que queremos es ir siguiendo punto por punto el Sermón del Monte, y por consiguiente sería erróneo dedicar demasiado tiempo a este aspecto particular. Lo único que pienso hacer es explicar la enseñanza de nuestro Señor en esta oración, e incluso no lo voy a hacer con mucho detalle. Simplemente tengo la intención de subrayar y poner de relieve los que creo son los grandes principios centrales que nuestro Señor indudablemente estaba ansioso de inculcar.

Primero, pues, examinemos este tema en general antes de entrar a considerar lo que se suele llamar el Padre Nuestro. Vamos a repasar simplemente lo que se podría llamar la introducción a la oración tal como nuestro Señor la enseña en estos versículos, y creo que también aquí la forma mejor de enfocar el tema es dividiéndolo en dos secciones. Hay una forma equivocada y otra genuina de orar. Nuestro Señor se ocupa de ambas.

El problema de la forma equivocada es que su mismo enfoque es erróneo. El error esencial es que se concentra en sí misma. Es el centrar la atención en el que está orando en vez de centrarla en Aquel a quien se ofrece la oración. Ese es el problema, y nuestro Señor lo muestra en este pasaje en una forma muy gráfica y pertinente. Dice: “Cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres!’ Se colocan de pie, en las sinagogas, en una posición prominente, se paran en frente. Recordemos la parábola de nuestro Señor acerca del fariseo y del publicano que fueron al templo a orar. Aquí indica exactamente lo mismo. Nos dice que el fariseo se puso lo más adelante que pudo, en el lugar más prominente, para orar desde allí. El publica-no, por otro lado, estaba tan avergonzado y lleno de contrición que se quedó lo más lejos que pudo sin levantar la cabeza hacia el cielo, sino tan sólo exclamando “Oh Dios, ten misericordia de mí, pecador!’ También aquí nos dice nuestro Señor que los fariseos se ponen de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, en los lugares más visibles, y oran para que los hombres los vean. “De cierto os digo que ya tienen su recompensa.”

Hay ciertos aspectos generales referentes a esta oración que sin duda necesitan una palabra o dos de comentario. ‘El Padre nuestro’, como la llamamos, ha sido a menudo tema de gran controversia. Hay muchos que, por varias razones se niegan a recitarla en un acto de culto público. Hay quienes objetan en su contra por razones doctrínales, y otros que sienten que pertenece más bien al ámbito de la ley que al de la gracia, y que por tanto, no es algo adecuado para el pueblo cristiano. Tropiezan con la petición respecto al perdón de pecados. Dicen que en ese pasaje parece que el perdón está condicionado por nuestro perdón, y esto, es ley y no gracia, y así sucesivamente.

La primera es que esta oración es indudablemente una oración modelo. La misma forma que emplea nuestro Señor para presentarla lo indica así. “Vosotros, pues, oraréis así!’ Bien, dice de hecho nuestro Señor, cuando acudáis a Dios a orar, ésta es la forma en que tenéis que hacerlo. Y lo sorprendente y extraordinario acerca de ello es que en realidad lo abarca en principio todo. En cierto sentido uno no puede agregarle nada al Padrenuestro; no deja nada por decir. Esto no significa, desde luego, que al orar simplemente debemos recurrir al Padrenuestro y nada más; ni el mismo Señor lo hizo. Como ya hemos dicho, dedicaba noches enteras a la oración; en muchas ocasiones se levantaba antes del alba y oraba durante horas seguidas. Siempre se observa en la vida de los santos que oraban horas y horas. John Wesley solía decir que le merecía una opinión muy pobre el cristiano que no orara por lo menos cuatro horas al día.

Al afirmar que esta oración lo abarca todo, y que es un sumario completo, se quiere decir simplemente que en realidad contiene todos los principios. Podríamos decir que tenemos, en el Padrenuestro, una especie de esqueleto. Tomemos, por ejemplo, este acto de predicar. Tengo ante mis ojos algunas notas; no cuento con el sermón completo. Simplemente poseo encabezamientos —los principios que hay que enfatizar. Pero yo no me contento con una simple enunciación de los principios; los explico y elaboro. Así habría que considerar el Padrenuestro. En él se contienen todos los principios y nada se puede agregar en este sentido. Uno puede tomar la oración más larga que cualquier santo haya elevado en su vida, y encontrará que toda ella se puede reducir a estos principios. No habrá ninguno adicional. Tomemos esa gran oración de nuestro Señor que aparece en Juan 17 —la oración sacerdotal del Señor—. Si se analiza en términos de principios, se verá que se puede reducir a los de esta oración modelo.

El Padrenuestro lo abarca todo; y todo lo que hacemos es tomar estos principios y utilizarlos y expandirlos y basar cada petición nuestra en ellos. Así es como hay que enfocarla. Y si se hace así, creo que estarán de acuerdo con San Agustín y Martín Lutero y muchos otros santos que han dicho que nada hay más maravilloso en toda la Biblia, que el Padrenuestro. La sobriedad, la forma en que lo sintetiza todo y en que ha reducido todo a unas pocas frases, es algo que, sin lugar a dudas, proclama el hecho de que su enunciador no es otro que el mismo Hijo de Dios.

Esta oración, obviamente, les fue presentada no sólo a los discípulos sino a todos los cristianos de todos los lugares y de todos los tiempos. Al tratar de las bienaventuranzas, repetimos constantemente que son aplicables a todo cristiano. El Sermón del Monte no se dirigió sólo a los discípulos de ese tiempo y a los judíos de una era venidera del reino; es para el pueblo cristiano de ahora y de todos los tiempos, y siempre ha sido aplicable al mismo. De igual forma que tenemos que considerar la relación del cristiano con la ley, en el capítulo quinto, así también nos hallamos frente a esta oración, y a lo que nuestro Señor dice respecto a la oración en general: “Vosotros, pues, oraréis así!’ Nos habla a nosotros, hoy, de la misma forma en que habló al pueblo que lo rodeaba en su tiempo. En realidad, como ya hemos visto, a no ser que nuestra oración se ajuste a esta pauta y forma específicas, no es verdadera oración.
Quizá subsistan en la mente de muchos, ciertos interrogantes respecto al recitar el Padrenuestro como acto de adoración pública. Es legítimo debatir esto, y es legítimo diferir de opinión. Me parece, sin embargo, que nunca podemos recordar con demasiada frecuencia esta forma particular de orar; y en cuanto a mí, siempre me ha confortado el pensamiento de que a pesar de que haya olvidado muchas cosas en mis propias oraciones privadas, si he dicho el Padrenuestro, de alguna forma he abarcado todos los principios. Con la condición, desde luego, de que no repita de forma simplemente mecánica las palabras, sino que las diga de corazón, con la mente y con todo mi ser.

El punto siguiente es que hay algunos que tienen problema en cuanto al Padrenuestro porque no dice “en nombre de Cristo”, o porque no se ofrece de forma específica en el nombre de Cristo. Dicen que no puede ser oración para el pueblo cristiano porque los cristianos siempre deben orar en el nombre de Cristo. La respuesta a esto es, desde luego, que nuestro Señor, como hemos visto, simplemente quiso dejar establecidos los principios que deben siempre gobernar la relación del hombre con Dios. No quiso decir en ese instante todo lo que se podía decir acerca de esa relación. Lo que quería subrayar era que el que se pone en presencia de Dios debe siempre considerar esas cosas. Más adelante, en su vida y su ejemplo les enseñará de forma explícita a orar en su nombre. Pero es claro que incluso en el Padrenuestro, está implícito el orar en el nombre de Cristo. Nadie puede verdaderamente decir “Padre Nuestro que estás en los cielos”, a no ser que conozca al Señor Jesucristo y esté en Cristo. De manera que esa cuestión está contemplada ya desde el comienzo mismo. De todos modos, esto no afecta los principios que nuestro Señor enseña aquí en forma tan clara.
En relación con la dificultad específica respecto al perdón, nos ocuparemos de ella en detalle cuando en nuestra exposición de la oración lleguemos a esa petición.

Resumamos las observaciones generales hechas repitiendo que nada hay más sublime y más elevado que la maravillosa oración que el Señor Jesucristo enseñó a su pueblo. Recordemos también que la enseñó, no para que la repitieran mecánicamente por el resto de la vida, sino más bien para que se dijeran a sí mismos, “hay ciertas cosas que siempre debo recordar al orar. No debo orar a la ligera; no debo comenzar a hablar de inmediato sin pensar en lo que estoy haciendo. No me deben guiar los impulsos y sentimientos. Hay ciertas cosas que siempre debo recordar. He aquí los puntos generales de mi oración; he aquí el esqueleto que tengo que revestir; estas son las pautas según las cuales debo proceder!’ Confío, por tanto, en que ninguno de los lectores pensará que la señal distintiva del evangelicalismo genuino es hablar con cierto desdoro del Padrenuestro. Confío también en que ninguno de nosotros se hará reo de ese orgullo espiritual, por no decir arrogancia, que se niega a recitar el Padrenuestro con otros. Caigamos en la cuenta más bien de que nuestro Señor les decía a esa gente cómo oraba él mismo, que ese era su propio método, que esas eran las cosas que siempre tenía presentes, y que por consiguiente nada podemos hacer más elevado e importante que orar siguiendo las pautas del Padrenuestro. Nunca superaremos esta oración si oramos verdaderamente, por lo cual nunca debemos descartarla como legalismo, e imaginar que porque nos encontramos en la dispensación de la gracia ya la hemos superado. Al analizar la oración, descubriremos que está llena de gracia. De hecho, la ley de Dios estaba llena de gracia, como ya hemos visto. Nuestro Señor ha venido explicando la ley de Moisés y ha mostrado que, cuando se entiende de forma espiritual, está llena de la gracia de Dios, y que nadie la puede entender de verdad, a no ser que posea tal gracia en su corazón.

Examinemos ahora brevemente este tema de cómo orar y para qué orar. Respecto a lo primero, recordemos de nuevo la importancia vital del enfoque justo, porque esta es la clave para entender la oración fructuosa. La gente dice a menudo, “Sabe Ud., oré mucho pero no sucedió nada. No pude encontrar la paz. No encontré ninguna satisfacción en ello”. Casi todo el problema radica en que se han acercado a la oración de forma equivocada, en que no han caído en la cuenta de lo que estaban haciendo. Al orar tendemos a estar tan centrados en nosotros mismos, que cuando nos arrodillamos ante Dios, pensamos sólo en nosotros, nuestros problemas y perplejidades. Comenzamos ha hablar sobre ellos de inmediato, y, claro está, no sucede nada. Según la enseñanza de nuestro Señor, no deberíamos esperar nada. Esta no es la forma de acercarse a Dios. Antes de hablar en oración debemos hacer una pausa.

Los grandes maestros de la vida espiritual, a lo largo de los siglos, tanto católicos como protestantes, han estado de acuerdo en cuanto a esto, que el primer paso en la oración ha sido siempre lo que han llamado ‘recogimiento’. En cierto sentido, todo hombre, al comenzar a orar a Dios, debería ponerse la mano en la boca. Este fue el problema de Job. En medio de sus desgracias había estado hablando mucho. Sentía que Dios no lo había tratado bien, y él, Job, había expresado libremente su sentir. Pero cuando, hacia el final del libro, Dios comenzó a tratar con él de forma íntima, cuando comenzó a revelársele y manifestársele, ¿qué hizo Job? Sólo una cosa podía hacer. Dijo, “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca!’ Por extrañe que parezca, se comienza a orar no diciendo nada; uno se recoge para pensar en lo que va a hacer.

Sé lo difícil que es esto. No somos más que humanos, y vivimos bajo la presión de la situación en que nos encontramos, de los cuidados, ansiedades, problemas, angustias mentales, heridas emocionales, lo que sea. Estamos tan llenos de todo esto que, como niños, comenzamos a hablar de inmediato. Pero si uno quiere establecer contacto con Dios y sentir sus brazos alrededor, hay que ponerse la mano sobre la boca por unos instantes. ¡Recogimiento! Detenerse por un momento para recordar lo que uno va a hacer. Se puede hacer con una sola frase. ¿Sabemos que la esencia de la verdadera oración se encuentra en las dos palabras del versículo 9. ‘Padre Nuestro’? Me parece que si uno puede decir de corazón, cualquiera que sea la condición en que se encuentre, ‘Padre mío’, en un cierto sentido la oración ya ha sido contestada. Lo que tristemente nos falta es precisamente tener conciencia de nuestra relación con Dios.

Quizá lo podríamos decir de otra forma. Hay quienes creen que es bueno orar porque siempre nos hace bien. Aducen varias razones sicológicas. Claro que esto no es la oración como la Biblia la entiende. La oración significa hablar a Dios, olvidarnos de nosotros mismos y darnos cuenta de su presencia. Hay otras personas también, y a veces creo que atribuirían a sí mismas un grado poco frecuente de espiritualidad, las cuales más bien creen que el distintivo de la verdadera vida de oración, de la facilidad en la oración, es que la oración debería ser muy breve y concreta. Que habría que hacer simplemente una petición específica. Pero esto no es lo que enseña la Biblia respecto a la oración. Tomemos cualquiera de las grandes oraciones que se encuentran en el Antiguo Testamento o en el Nuevo. Ninguna de ellas es lo que podríamos llamar esta clase de oración práctica que simplemente da a conocer a Dios una petición y ahí termina. Todas las oraciones que se mencionan en la Biblia, comienzan por una invocación. No importa lo desesperada que sea la circunstancia; no importa el problema específico en el que se encuentren los que oran. De forma variable comienzan con esta adoración, con esta invocación.

Un ejemplo maravilloso de esto se encuentra en el capítulo 9 de Daniel. El profeta, lleno de una angustia terrible, ora a Dios. Pero no comienza de inmediato con su petición; comienza alabando a Dios. Jeremías, también perplejo, hace lo mismo. Ante la orden de que compre un pedazo de tierra en un país al parecer condenado, Jeremías se quedó sin entenderlo; le parecía totalmente equivocado. Pero no se precipita a la presencia de Dios sólo para decirle esto; comienza adorando a Dios. Y lo mismo se encuentra en todas las oraciones de la Biblia. De hecho, incluso se ve en la gran oración sacerdotal de nuestro Señor mismo, recogida en Juan 17. También se recordará lo que Pablo escribió a los filipenses. Dice, “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6). Éste es el orden: siempre hay que empezar con una invocación aun antes de pensar en la petición; y en esta oración modelo se nos expone, de una vez por todas, dicha enseñanza.
Tomaría demasiado tiempo explicar cómo me gustaría que se entendiera el significado de esta afirmación. ‘Padre Nuestro’. Permítaseme decirlo de una forma que podría parecer dogmática: sólo los que son verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo pueden decir, ‘Padre Nuestro’. Sólo aquellos a quienes se aplican las Bienaventuranzas pueden decir con confianza, ‘Padre Nuestro’. Yo sé que hoy día esta doctrina no es popular, pero es la doctrina de la Biblia. El mundo de hoy cree en la paternidad universal de Dios y en la hermandad universal de los hombres. Esto no se encuentra en la Biblia. Fue nuestro Señor quien dijo a ciertos judíos religiosos que eran de su ‘padre el diablo’, y no hijos de Abraham, hijos de Dios. Sólo a ‘los que le recibieron’ les da el derecho (la autoridad) ‘de ser hechos hijos de Dios’.

“Pero —dirá alguno— ¿qué quiere decir Pablo cuando afirmó, ‘linaje suyo somos’? ¿Acaso no significa esto que todos nosotros somos hijos suyos y que E 1 es el Padre Universal?” Bien, si se analiza este pasaje, se verá que Pablo habla de Dios como Creador de todas las cosas y de todas las personas, que Dios, en ese sentido, ha dado vida y ser a todo lo existente (Hch. 17). Pero ese no es el significado de Dios como Padre en el sentido en el que Pablo lo emplea en otros pasajes, aplicado a los creyentes, ni tampoco en el sentido en el que, como hemos visto, lo utiliza nuestro Señor mismo. La Biblia distingue claramente entre los que pertenecen a Dios y los que no le pertenecen. Se puede ver en la Oración Sacerdotal del Señor en Juan 17:9; “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son!’ Es una distinción absoluta, total; sólo aquellos que están en el Señor Jesucristo son verdaderamente los hijos de Dios. Pasamos a ser hijos de Dios sólo por adopción. Nacemos ‘hijos de ira’, ‘hijos del diablo’, ‘hijos de este mundo’; y hemos de ser sacados de ese reino y transferidos a otro reino antes de poder llegar a ser hijos de Dios. Pero si creemos verdaderamente en el Señor Jesucristo, somos adoptados en la familia de Dios, y recibimos “el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”.

Al hombre del mundo no le gusta esta doctrina. Dice que todos somos hijos de Dios; y sin embargo, en su corazón se alberga odio hacia Dios, y cuando, desesperado, ora a Dios no tiene confianza de que está hablando con su Padre. Siente que Dios es alguien que está en contra de él. Habla acerca de la paternidad de Dios, pero no ha recibido el Espíritu de adopción. Sólo el que está en Cristo conoce esto.
Así pues, cuando nuestro Señor dice, ‘Padre Nuestro’, obviamente piensa en el pueblo cristiano, y por eso digo que esta oración es una oración cristiana. Cualquiera puede decir, ‘Padre Nuestro’, pero la cuestión es, ¿está consciente de ello, lo cree y lo experimenta? La piedra de toque final de la profesión que cualquier hombre haga es que pueda decir con confianza y seguridad, ‘Padre Mío’, ‘Dios Mío’. ¿Es Dios su Dios? ¿Lo conocen realmente como Padre suyo? Y cuando acuden a Él en oración, ¿sienten realmente que acuden a su Padre? Esta es la forma de comenzar a darse cuenta, dice nuestro Señor, de que se ha pasado a ser hijo de Dios: por lo que Él ha hecho por uno a través del Señor Jesucristo. Esto se halla implícito en esta enseñanza de Cristo. Sugiere y esboza todo lo que iba a hacer por nosotros, todo lo que iba a hacer posible para los suyos, aunque en aquel momento no lo entendieran. Sin embargo, dice, esta es la forma de orar, así hay que orar, vais a orar así.

Fijémonos, sin embargo, que de inmediato agrega, ‘Que estás en los cielos’. Esto es algo maravilloso —Padre nuestro que estás en los cielos’. Estas dos frases deben tomarse siempre juntas. Nuestras ideas acerca de la paternidad a menudo se han deteriorado y, en consecuencia, siempre necesitan correctivos. ¿Hemos advertido con qué frecuencia el apóstol Pablo utiliza en sus cartas una frase sumamente sorprendente? Habla acerca de ‘Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’. Esto es sumamente significativo. No es más que llamar la atención acerca de lo que nuestro Señor dice en este pasaje. ‘Padre Nuestro’. Sí; pero debido a nuestro pobre concepto de la paternidad, se apresura a decir, ‘Padre nuestro que estás en los cielos’, el ‘Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’. Ésta es la clase de padre que tenemos.

Pero lamentablemente hay muchas personas en este mundo para quienes la idea de paternidad no es sinónima de amor. Imagínese al niño que es hijo de un borracho, que golpea a su esposa, y que no es más que una bestia cruel. Este niño no conoce nada en la vida sino golpes constantes e inmerecidos. Ve a su padre que se gasta todo el dinero en sí mismo y en sus placeres en tanto que en casa pasan hambre. Ésta es la idea que tiene de paternidad. Si uno le dice que Dios es su Padre, y no agrega nada más, de poco sirve, y es muy poco agradable. El pobre niño tiene necesariamente una idea equivocada acerca de la paternidad. Su noción de padre es la de un hombre cruel. Por ello nuestras ideas humanas y pecadoras de la paternidad necesitan corregirse constantemente.

Nuestro Señor dice, ‘Padre nuestro que estás en los cielos’; y Pablo: ‘el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’. Cualquiera que sea como Cristo, dice Pablo, debe tener un Padre maravilloso, y, gracias a Dios, Dios es esa clase de Padre, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es vital que cuando oremos a Dios y lo llamemos nuestro Padre, recordemos que es ‘Nuestro Padre que está en los cielos’, con toda su majestad, grandeza y poder absoluto. Cuando llenos de debilidad y de humildad caemos de rodillas delante de Dios, en medio de tormentas mentales y afectivas, recordemos que Él lo sabe todo sobre nosotros. La Biblia dice, “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos a Aquel a quien tenemos que dar cuenta!’ Recordemos también que si a veces acudimos a la presencia de Dios y deseamos algo para nosotros mismos, o pedimos perdón por un pecado cometido, Dios ya lo ha visto todo y lo sabe todo. No sorprende que, cuando escribió el salmo 51, David dijera en medio de la angustia del corazón: “Tú amas la verdad en lo íntimo”. Si uno quiere las bendiciones de Dios, se debe ser completamente honesto; debemos tener presente que Él lo sabe todo, y que nada hay que se oculte a sus ojos. Recordemos también que tiene todo el poder para castigar, y todo el poder para bendecir. Puede salvar y puede destruir. En realidad, como lo escribió el sabio autor de Eclesiastés, es imprescindible que cuando oremos a Dios no olvidemos que ‘Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra’.

Recordemos siempre su santidad y justicia, su justicia absoluta y total. Dice el autor de la Carta a los Hebreos, que siempre que nos acerquemos a Él debemos hacerlo “con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor;’

Para orar, dice Cristo, hay que tomar estas dos cosas juntas, nunca separar estas dos verdades. Recordemos que nos acercamos a Dios todopoderoso, eterno, y santo; pero también que ese Dios, en Cristo, es nuestro Padre, quien conoce todo lo que respecta a nosotros porque es omnisciente y también porque un padre lo sabe todo acerca de su hijo. Sabe lo que es bueno para el hijo. Juntemos estas dos cosas. Dios en su omnipotencia nos mira con amor santo y conoce todas nuestras necesidades. Oye todos nuestros suspiros y nos ama con amor imperecedero. Nada desea tanto como nuestra felicidad, gozo y prosperidad. Luego recordemos esto, que él es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. Como ‘Padre nuestro, que está en los cielos’, está mucho más ansioso de bendecirnos de lo que nosotros lo estamos de ser bendecidos. Tampoco su omnipotencia tiene límites. Nos puede bendecir con todas las bendiciones de los cielos. Las ha puesto todas en Cristo, y nos ha puesto a nosotros en Cristo. Por ello nuestra vida se puede ver enriquecida con toda la gloria y las riquezas de la gracia de Dios mismo.

Ésta es la forma de orar. Antes de comenzar a formular cualquier petición, antes de comenzar a pedir, incluso el pan de cada día, antes de empezar a pedir cualquier cosa, debemos ser conscientes de que nosotros, tal como somos, estamos en la presencia de un Ser así, de nuestro Padre que está en los cielos, del Padre de nuestro Señor Jesucristo. ‘Dios mío’. ‘Padre mío’.

Recordemos el ejemplo de la madre del profeta Samuel que oraba «en lo secreto de su corazón, no moviendo más que los labios y manteniendo un rostro impasible».

III. La oración

La oración, el medio que Dios nos concedió para que a través de la fe tuviéramos comunión
con el El pueblo de Israel, como ningún otro pueblo de la antigüedad, le había suma importancia a
esta práctica. Los rabinos solían estimular la oración pública y privada. Enseñaban a sus oyentes a
hacerlo con sus familias en el hogar. Pero en esta práctica había sido corrompida por los fariseos.
Barclay enumera una serie de tendencias erróneas referentes a la oración:

a.La oración tendía a convertirse en una fórmula que consistía en la repetición de tres breves
pasajes bíblicos (Dt.6:4-9, 11:13-21 y Nm. 15:37-41). En la sinagoga repetían 18 oraciones breves
que con el tiempo llegaron a ser diecinueve pero aún se las denomina “las dieciocho”.

b.La liturgia judía ofrecía oraciones especiales para todas las ocasiones.

c.Había cierta tendencia a considerar que las oraciones formuladas en las sinagogas o el
templo eran más eficaces. Por ello surgió la costumbre de ir al templo a ciertos horas para orar.

d.Como lo señala el Señor había también la inclinación a pronunciar oraciones demasiado
largas.

El Señor denunció nuevamente su hipocresía. El termino hipócrita dice Stott en primera ins­tancia designaba a un orador más tarde, vino a significar actor. “Así, en forma figurada, la palabra llegó a aplicarse a alguien que trata al mundo como un escenario en el cual desempeña un papel. Hace a un lado su verdadera identidad y asume una falsa.”  Agrega el autor que cuando el audito­rio va al teatro asume que los actores están representando un papel pero los hipócritas representan un papel de modo tal que transforma una práctica religiosa en una ficción. Aparenta orar pero ello no es más que una representación. Dios no escucha su ruego. Por lo cual su apetencia por ser vistos les condujo a emplear indignamente la oración. Por ello el Señor dio una instrucción terminante. Sus discípulos no debían hacer lo mismo.

Su falaz empleo de la oración se exteriorizaba en la elección del lugar para orar, sea las sina­gogas o las calles lo cual indica que su propósito era precisamente ser vistos por los hombres. Em­pleaban la oración como una muestra de religiosidad. La hipocresía en este caso consistía en aparen­tar estar buscando el favor de Dios cuando en realidad pretendían ser vistos ante los hombres. El ver­dadero cristiano deplora la vanidad. En la epístola a los Gálatas leemos lo siguiente: “Ahora que vi­vimos en el Espíritu, andemos en el Espíritu. No seamos vanidosos, irritándonos unos a otros y en­vidiándonos unos a otros.” (Gá.5:26).

Como en el ejemplo anterior, el Señor luego de mostrar el mal uso de la oración pasa a ense­ñar el modo correcto de efectuar esta práctica devocional:

a) Orar en secreto

Aquel que de corazón está buscando a Dios por medio de la oración debe hacer precisamente lo contrario a lo denunciado anteriormente. La instrucción es muy puntual para orar entra en tu habi­tación y cierra la puerta. La hipocresía, como hemos visto, requiere de espectadores. Si no hay espec­tadores no hay hipocresía posible. Por esto, como bien recuerda Hendriksen, el secreto se frustra cuando alguien divulga que pasa tantas horas encerrado orando o decir que antes de preparar el sermón se paso tantas horas orando. No debemos alardear del tiempo que pasamos orando porque tal cosa hace está incurriendo en el mismo error que el Señor estaba corrigiendo Dios que- ve lo secreto recompensará95 a aquel que procede con sinceridad.

Es imperioso puntualizar que este mandato de ningún modo constituye una prohibición de la oración publica. Stott considera que el mandato en singular hace referencia a la oración privada, es decir, que ningún modo prohíbe la oración en medio de la congregación. Pablo escribiendo a Timoteo estipula lo siguiente: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contiendas.” (1 1.2:8). La santidad excluye la hipocresía por lo cual el creyente que ore en público no lo hará según la mala costumbre de los fariseos y Escribas. Si es hipócrita no está levantando manos santas. Si dentro de la congregación hubiere alguien que pretenda utilizar a la oración como un medio para alcanzar prestigio esto debe ser corregido por los pastores o ancianos de la misma.

Según nuestro Señor, la razón para que oren en las esquinas de las calles es más o menos la siguiente. El hombre que se dirige hacia el templo para orar está deseoso de producir la impresión de que es un alma tan devota que ni siquiera puede esperar hasta llegar al templo. De modo que se detiene a orar en la esquina de la calle. Por esta misma razón, cuando entra al templo pasa hacia adelante al lugar más visible que puede.

b) Orar con sabiduría

La segunda instrucción general que encontramos referente a la oración indica que debemos orar con el entendimiento. A modo de ejemplo considera la metodología pagana para tal acto devocional. El dijo que “no uséis vanas repeticiones”. Esto alude a cierta costumbre importante entre las religiones paganas de repetir y repetir ciertas frases o mantras. En el Antiguo Testamento encontramos un claro ejemplo de tal procedimiento. Cuando se relata el enfrentamiento de Elías con los profetas de Baal se nos dice que estos últimos estuvieron desde la mañana hasta el mediodía diciendo: “¡Oh Baal, respóndenos!”. Semejante esfuerzo resulto vano ya que, como sabemos, el dios pagano no respondió y esto demostró a su vez la inutilidad de tales ruegos. El objeto final de estas vanas repeticiones es conseguir lo que algunos autores denominan; “estados de conciencia alterados”. Tal estado induce a sensaciones emotivas y físicas semejantes a las que provocan el uso de ciertas drogas. Para tal propósito las frases muchas veces no tienen un sentido lógico, son incoherentes. Pablo recuerda que el creyente siempre debe orar con el entendimiento (1 Cor. 14:15).

La necesidad de repetir frases hechas por parte de los paganos reside también en creencias más simples. Ellos suponían que sus dioses estaban ocupados en fiestas y festejos de modo que debían ser atraídos por los insistentes ruegos y así conceder el favor solicitado. Por ello el Señor dice que ellos intentaban ser escuchados por su palabrería, a esto el Señor intentaba enseñar que las formulas u oraciones de ningún modo son poderosas en sí mismas. Dios es quien tiene el poder para responder. Nosotros no creemos en el poder de la oración pero si en el poder de Dios. El por pura gracia escucha nuestro ruego y en su santa voluntad está dispuesto a responderlo.

“Orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.”

Hay dos errores básicos en la raíz de esta forma de orar a Dios. El primero es que mi interés, si soy como el fariseo, está en mí mismo, que soy el que ora. El segundo es que creo que la eficacia de mi oración depende de lo mucho que ore, o de la forma particular en que ore.

El primer problema, pues, es el peligro de interesarse por uno mismo. Esto se manifiesta de diferentes formas. El problema primero y básico es que esa persona está deseosa de que los demás sepan que ora. Éste es el principio de todo. Está deseosa de disfrutar de una reputación de hombre de oración; está deseosa de esto y lo ambiciona, lo cual, de por sí, ya es malo. Uno no debería estar interesado en sí mismo, como nuestro Señor explica. Así pues, si existe alguna sospecha de interés en uno mismo como persona de oración, ando equivocado, y esa condición viciará todo lo que me proponga hacer.

El siguiente paso en este proceso es que el que otros nos vean en oración, se convierte en deseo positivo y real. Lo anterior, a su vez, conduce a lo siguiente: a hacer cosas que garanticen que los otros nos vean. Esto es algo muy sutil. No siempre es evidente, como lo vimos en el caso del dar limosna. Hay un tipo de persona que se exhibe constantemente y se pone en una posición prominente de forma que siempre atrae la atención sobre sí misma. Pero hay también maneras sutiles de hacer esto mismo.

Todavía se practica en muchos países orientales donde tienen ruedas de oración. La misma tendencia se muestra también en el catolicismo, en llevar la cuenta del rosario. Pero también esto nos puede ocurrir a nosotros en una forma mucho más imperceptible. Hay personas que a menudo dan gran importancia a dedicar un tiempo determinado a la oración. En cierto sentido es bueno reservar determinado tiempo para orar; pero si lo que nos preocupa es ante todo orar durante ese tiempo determinado, y no el hecho de orar, más valdría que no lo hiciéramos. Fácilmente podemos caer en el hábito de seguir una rutina y olvidarnos de lo que en realidad estamos haciendo. Como los mahometanos, que a ciertas horas del día se postran de rodillas; también muchas personas que tienen un tiempo determinado para orar, acuden a Dios en ese momento específico, y a menudo se incomodan si alguien trata de impedírselo. Deben ponerse a orar a esa hora tan específica. Mirándolo objetivamente, ¡qué necio es esto! También que cada uno se examine al respecto.

Pero no se trata sólo del tiempo determinado; el peligro se muestra también en otra forma. Por ejemplo, grandes santos han dedicado siempre mucho tiempo a la oración y a estar en la presencia de Dios. Por consiguiente, tendemos a pensar que la forma de ser santos, es dedicar mucho tiempo a la oración y a estar en la presencia de Dios. Pero el punto importante para el gran santo no es que dedicaba mucho tiempo a orar. No se pasaba el tiempo mirando el reloj. Sabía que estaba en la presencia de Dios, había entrado en la eternidad, por así decirlo. La oración era su vida, no podía vivir sin ella. No le preocupaba recordar la duración. Cuando empezamos a hacer esto, se convierte en algo mecánico y echamos todo a perder.

Lo que nuestro Señor dice acerca de esto es: “De cierto os digo que ya tienen su recompensa:’ ¿Qué deseaban? Deseaban alabanza de los hombres, y la consiguieron. Y también hoy día se habla de ellos como de grandes hombres de oración, se habla de ellos como de personas que elevan oraciones bellas, maravillosas. Sí, obtienen todo eso. Pero, pobres almas, es todo lo que conseguirán. “De cierto os digo que ya tienen su recompensa.” Al morir se hablará de ellos como gente maravillosa en esto de la oración; no obstante, créanme, la pobre alma humilde que no puede completar una frase, pero que ha clamado a Dios en angustia, lo ha alcanzado de algún modo, y obtendrá recompensa, lo que el otro nunca conseguirá. “Ya tienen su recompensa.” Lo que deseaban era la alabanza de los hombres, y eso es lo que obtienen.

Pasemos ahora a la forma correcta. Hay un modo adecuado de orar, y también en esto el secreto radica en el enfoque. Esta es la esencia de la enseñanza de nuestro Señor. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta ora a tu padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”. ¿Qué quiere decir? Si se formula en función del principio esencial significa lo siguiente: lo único importante al orar en cualquier lugar es que debemos caer en la cuenta de que nos estamos acercando a Dios. Esto es lo único que importa. Es simplemente este punto de ‘recogimiento’, como ha sido llamado. Con tal de que cayéramos en la cuenta de que nos acercamos a Dios, todo lo demás andaría bien.

Pero necesitamos instrucción un poco más detallada, y afortunadamente nuestro Señor nos la da. La divide en la forma siguiente. Primero hay el proceso de exclusión. Para asegurarme de que caigo en la cuenta de que me acerco a Dios, tengo que excluir ciertas cosas. He de entrar en ese aposento retirado. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto!’ ¿Qué significa esto?

Hay algunos que quisieran persuadirse a sí mismos de que estas palabras contienen una prohibición de todas las reuniones de oración. Dicen, “No voy a reuniones de oración, oro en secreto!’ Pero aquí no se prohíben las reuniones de oración. No es prohibir la oración en público, por qué Dios mismo la enseñó y en la Biblia se recomienda. En ella se mencionan reuniones de oración que pertenecen a la esencia y vida mismas de la iglesia. No es esto lo que prohíbe. El principio es que hay ciertas cosas que debemos excluir, ya sea que oremos en público o en secreto. He aquí una de ellas. Hay que excluir y olvidar a los demás. Entonces uno se excluye y se olvida de sí mismo. Esto es lo que significa entrar en el aposento. Se puede entrar en ese aposento mientras se camina por una calle muy transitada, o mientras uno va de una habitación a otra de la casa. Se entra en ese aposento cuando se está en comunión con Dios y nadie sabe lo que uno está haciendo. Pero se puede hacer lo mismo si se trata de un acto público de oración. Me refiero a mí mismo y a todos los predicadores. Lo que trato de hacer cuando subo al pulpito es olvidarme de la congregación en cierto sentido. No estoy orando para ellos o dirigiéndome a ellos; no estoy hablándoles a ellos.

Estoy hablando a Dios, estoy dirigiendo la oración a Dios, de modo que tengo que excluir y olvidarme de los demás. Sí, y una vez hecho esto, me excluyo y me olvido de mí mismo. Eso es lo que nuestro Señor nos dice que hagamos. De nada sirve entrar en el aposento y cerrar la puerta si todo el tiempo estoy lleno de mí mismo y pensando acerca de mí mismo, y me enorgullezco de mi oración. Para eso lo mismo podría estar en la esquina de la calle. No, tengo que excluirme tanto a mí mismo como a los demás; mi corazón ha de estar abierto única y totalmente a Dios. Digo con el salmista: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre. Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón!’ Esto pertenece a la esencia misma de la oración. Cuando oramos debemos recordar expresamente que vamos a hablar con Dios. Por consiguiente hay que excluir, dejar afuera a los demás y también a uno mismo.

El siguiente paso es comprensión. Después de la exclusión, la comprensión. ¿Comprender qué? Bien, debemos comprender que estamos en la presencia de Dios. ¿Qué significa esto? Significa comprender quién es Dios y qué es Dios. Antes de comenzar a pronunciar palabras deberíamos siempre hacer esto. Deberíamos decirnos a nosotros mismos: “Ahora voy a entrar en la presencia de Dios, el Todopoderoso, el Absoluto, el Eterno y gran Dios con todo su poder y majestad; de ese Dios que es un fuego que consume; de ese Dios que es luz, y en el cual no hay tinieblas; el Dios total y absolutamente santo. Eso es lo que voy a hacer!’ Debemos concentrarnos y entender todo esto. Pero sobre todo, nuestro Señor insiste en que deberíamos comprender que, además de eso, El es nuestro Padre. “Y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público!’ La relación es la de Padre e hijo, “porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis!’ ¡Oh si comprendiéramos esto! Si comprendiéramos que este Dios todopoderoso es nuestro Padre por medio del Señor Jesucristo. Si comprendiéramos que somos en realidad hijos suyos y que cuantas veces oramos es como el hijo que acude a su Padre. El lo sabe todo respecto a nosotros; conoce todas nuestras necesidades antes de que se las digamos. Del mismo modo que el padre se preocupa por el hijo y lo cuida, y se adelanta a las necesidades del hijo, así es Dios respecto a todos aquellos que están en Cristo Jesús. Desea bendecirnos muchísimo más de lo que nosotros deseamos ser bendecidos. Tiene un plan y programa para nosotros. Con reverencia lo digo, tiene una ambición para nosotros, que transciende nuestros pensamientos e imaginaciones más elevadas. Debemos recordar que es nuestro Padre. El Dios grande, santo, todopoderoso, es nuestro Padre. Cuida de nosotros. Ha contado los mismos cabellos de nuestra cabeza. Ha dicho que nada nos puede suceder que El no lo permita.

c) Orar con fe

En tercer lugar el versículo 8 encierra una gran paradoja. Si Dios nuestro Padre sabe las cosas que necesitamos ¿Por qué debemos orar? Tal planteo no es nuevo ya que el Antiguo Testamento, y en salmos precisamente, encontramos por un lado que el salmista sabía que Dios conocía todas sus necesidades pero también el ruega al Creador pidiendo que se apresure a escucharlo (Comparar Sal.38:9 con 69:19). Dios, por ser omnisciente, conoce nuestra necesidad. En tal sentido el no necesita que nosotros le pidamos nada. En cambio el hombre necesita orar porque al hacerlo renuncia a su orgullo, a su intento de conseguirlo todo por su esfuerzo, y reconoce su dependencia de Dios. Cuando oramos debemos tener la certeza y confianza que el Señor conoce el motivo de nuestra petición y el puede responder positivamente a la misma. Un versículo muy interesante con respecto a la oración y el conocimiento de Dios es el siguiente: “Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu, porque él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.” (Ro.8:27).

Quien escudriña los corazones es Dios Padre de modo que es el Padre quien revela a nuestro corazón, por intermedio de la oración, la voluntad del Espíritu Santo. De modo tal que la Trinidad toda participa en la oración: El Padre escuchando, respondiendo nuestras oraciones y revelando la voluntad del Espíritu para la vida del creyente, el Hijo quien capacita al creyente en virtud de su sacrificio para que este pueda acercarse al Padre y abogando en favor de los Hijos de Dios, y el Espíritu Santo inter­cediendo en socorro nuestro.

Debemos recordar que la enseñanza del Señor respecto a la oración esta en relación directa con la justicia que este demanda de sus seguidores. Martyn Lloyd-Jones señala que al estudiar la enseñanza bíblica respecto a la respuesta de Dios a las oracio­nes y al leer acerca del ejemplo que nos han legado hombres de oración llegamos a la conclusión de que la oración formulada y la respuesta tarde o temprano llegaban y cita, a modo de ejemplo, la obra de Jorge Müller. Esto es cierto pero razonar de esta forma nos hace perder de vista, señala el autor, que el objetivo de estos hombres siempre fue la gloria de Dios.

Lo que es verdad de Müller es verdad de todos los otros que recibieron tan llamativas respuestas a sus oraciones. Deseamos recibir todas las bendiciones que recibieron los santos pero olvidamos que ellos eran santos. Nos preguntamos: ¿Por qué Dios no res­ponde mi oración? Deberíamos preguntarnos: ¿Por qué no he vivido la clase de vida que ese hombre vivió?

Pablo dijo tan magníficamente en Efesios 3: El es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos!’ Esta es la verdadera idea de la oración, dice Cristo. Uno no va simplemente a darle vueltas a una rueda. No se trata de pasar las cuentas de un rosario. Uno no dice: “debo dedicar horas a la oración, así lo he decidido y lo debo hacer!’ Uno no debe decir que la forma de conseguir una bendición es pasar noches enteras en oración, y que como la gente no lo hace por eso no se pueden esperar bendiciones. Debemos descartar para siempre esta idea matemática de la oración. Lo que debemos hacer ante todo es comprender quién es Dios, qué es, y nuestra relación con El.

Finalmente debemos tener confianza. Debemos acudir siempre con la confianza del niño. Necesitamos una fe infantil. Necesitamos esta seguridad de que Dios es verdaderamente nuestro Padre, y por consiguiente debemos excluir de verdad toda idea de que es necesario seguir repitiendo nuestras peticiones porque ello va a producir la bendición. Dios gusta que mostremos nuestro deseo, nuestra ansiedad de algo. Nos dice que tengamos ‘hambre y sed de justicia’ y que la busquemos; nos dice que oremos y no desfallezcamos; se nos dice que oremos ‘sin cesar’. Sí; pero esto no quiere decir repeticiones mecánicas; no quiere decir creer que se nos escuchará si hablamos mucho. No quiere decir eso en absoluto. Significa que cuando oro sé que Dios es mi Padre, que se complace en bendecirme, y que está mucho más dispuesto a darme, de lo que yo estoy a recibir; y que siempre se preocupa por mi bienestar. Debo descartar ese pensamiento de que Dios se interpone entre mí mismo y mis deseos y lo que es mejor para mí. Debo ver a Dios como mi Padre, que ha comprado mi bien definitivo en Cristo, y que está esperando bendecirme con su propia plenitud en Cristo Jesús.

Así pues, excluimos, comprendemos, y entonces con confianza, presentamos ante Dios nuestras peticiones, sabiendo que El lo sabe todo antes de que empecemos a hablar. Así como al padre le complace que su hijo acuda a él repetidas veces para pedirle algo, y no que el hijo diga, “mi padre siempre me lo da”; así como al padre le gusta que el hijo siga viniendo porque le agrada el contacto personal; así Dios desea que acudamos a su presencia. Pero no debemos acudir con dudas; debemos saber que Dios está mucho más dispuesto a dar, que nosotros a recibir. La consecuencia será que “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público!’ ¡Cuántas bendiciones están acumuladas en la diestra de Dios para los hijos de Dios! Deberíamos avergonzarnos de seguir siendo pobres cuando estamos destinados a ser príncipes; deberíamos avergonzarnos por albergar tan a menudo pensamientos equivocados e indignos acerca de Dios a este respecto. Todo se debe al temor, y a la falta de esta sencillez, de esta fe, de esta confianza, de este conocimiento de Dios como Padre nuestro. Con sólo que tuviéramos esto, las bendiciones de Dios comenzarían a descender sobre nosotros, y quizá llegarían a ser tan abrumadoras que al igual que D.L. Moody sentiríamos que son casi más de lo que nuestro cuerpo puede resistir, y clamaríamos a El diciendo “Basta, Dios!’

El puede hacer por nosotros mucho más de lo que nosotros podemos pedir o pensar. Creamos esto y entonces vayamos a El con confianza sencilla.

Fuentes:

Warren/Robinson dos estilos de oración

Warren/Robinson dos estilos de oración

domingo, 25 de enero de 2009

obama-orando.jpgSegún una nota publicada en el Periódico New York Times el pastor anglicano Gene Robinson abiertamente homosexual y casado con un hombre dió acerca de la oración hecha por Rick Warren en el acto de toma de poder de Barack Obama.  Robinson manifestó que “…el dios al que él ha orado no es el Dios que el conoce”.     

Como se sabe el obispo episcopal también hizo una oración en un acto oficial invitado por el mismo Obama en el cual pide entendimiento a Dios que hace que “en nuestra diversidad somos más fuertes”.  son dos estilos de oración totalmente diferentes, pero ambas nos llevan a la reflexión.  Es por ello que transcribimos las dos oraciones y que el lector saque sus propias conclusiones, claro está el foro de comentarios está abierto para la “diversidad” de opiniones

La Oración de Rick Warren

Warren, hizo la oración de investidura mencionándo a Jesús en inglés, en español, en árabe (Isá) y en hebreo (Yeshuá), y concluyó la misma el Padrenuestro, tal y como se lee a continuación.

”      Dios Todopoderoso, Padre Nuestro, todo lo que vemos y lo que no podemos ver existe solo por Ti. Todo viene de Ti, todo te pertenece, todo existe para tu gloria. La Historia es tu historia.

La Escritura nos dice: “Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, Uno es el Señor”. Y Tú eres compasivo y misericordioso y amas a todos los que has hecho.

Ahora, hoy, nos regocijamos. No sólo porque en América ha habido una transferencia de poder pacífica por 43ª vez. Celebramos un punto crucial en la historia con la inauguración de nuestro primer presidente americano-africano de los Estados Unidos. Estamos muy agradecidos de vivir en esta tiera, una tierra de posibilidades sin igual, donde el hijo de un inmigrante africano puede subir al más alto nivel de nuestro liderazgo. Y sabemos hoy que el doctor King y una gran nube de testigos están gritando en el Cielo.
rickwarrenoracionpresidencial.jpg
Da a nuestro presidente, Barack Obama, la sabiduría de dirigirnos con humildad, el coraje de dirigirnos con integridad, la compasión para dirigirnos con enerosidad. Bendice y protégele, a él, a su familia, al vicepresidente Biden, al Gabinete y a cada uno de nuestros líderes libremente elegidos.

Ayúdanos, oh Dios, a recordar que somos americanos. Unidos no por la raza o la religión o la sangre, sino por nuestro compromiso con la libertad y justicia para todos.

Cuando nos centramos en nosotros mismos, cuando nos peleamos, cuando te olvidamos, perdónanos.

Cuando presumimos de que nuestra grandeza y prosperidad es sólo nuestra, perdónanos.

Cuando no tratamos a nuestros compañeros, seres humanos, y a toda la tierra con el respeto que merecen, perdónanos.

Y a medida que afrontamos estos días difíciles, que nazca una nueva claridad en nuestras intenciones, responsabilidad en nuestras acciones, humildad en nuestros esfuerzos y civilidad en nuestras actitudes, incluso cuando diferimos.

Ayúdanos a compartir, a servir y a buscar el bien común de todos. Que todas las personas de buena voluntad se unan para trabajar juntas por una nación más próspera, saludable, justa, y por un planeta pacífico.

Que nunca olvidemos que un día, todas las naciones, todas las personas, estaremos de pie ante Ti para rendir cuentas.

Ahora presentamos a nuestro nuevo presidente, y a su esposa Michelle y a sus hijas, Malia y Sasha, bajo tu amoroso cuidado. 

Lo pido humildemente, en el Nombre de quien cambió mi vida: Yeshuá, Isá, Jesús. Jesús, que nos enseñó a orar:

Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre. venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, y perdona nuestras ofensas, como perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del Mal. Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por siempre. Amén.”  

La creatividad de Gene Robinson 

El polémico obispo anglicano enfatizó en la diversidad y pidió a Dios bendiciones de ira, lágrimas e inconformidad

Oh Dios de nuestra diversidad de entendimiento, oramos para que …

Nos bendigas con lágrimas – en un mundo en el que más de mil millones de personas subsisten con menos de un dólar al día, donde las mujeres jóvenes en muchos países son golpeadas y violadas por querer una educación, y miles mueren diariamente por mala nutrición, por malaria y por sida.

generobinson2009-2201.jpgNos bendigas con la ira – por la discriminación (tanto aquí como en el extranjero) contra los refugiados y los inmigrantes, las mujeres, las personas de color, los homosexuales, las lesbianas, las bisexuales y las personas transgénero.

Nos bendigas con la incomodidad – ante “respuestas” fáciles y simplistas que hemos preferido escuchar de nuestros políticos, en lugar de la verdad, acerca de nosotros mismos y del mundo que debemos enfrentar si queremos estar a la altura de los desafíos de la futuro.

Nos bendigas con la paciencia – y el conocimiento de que ninguno de nuestros problemas serán “solucionados” rápidamente y con el entendimiento de que nuestro nuevo presidente es un ser humano, y no un mesías.

Nos bendigas con humildad – abiertos comprentder nuestras propias necesidades que deben ir siempre equilibradas con las de el mundo. 

Nos bendigas con la libertad desde la verdadera tolerancia – reemplazándola con genuino respeto y cálido abrazo en nuestras diferencias, y un entendimiento de que en nuestra diversidad somos más fuertes.

Nos bendigas con la compasión y la generosidad – recordando que en toda religión Dios nos juzga por forma como trataos a las persnas más vulnerables de la comunidad humana, ya sea en la ciudad o en el mundo.

Y Dios, te damos gracias por tu hijo Barack, que asume el cargo de Presidente de los Estados Unidos.

Dale sabiduría en estos años, e inspírale con el estilo del liderazgo reconciliador de Lincoln, con la habilidad del Presidente Kennedy para lograr nuestros mejores esfuerzos, y con el sueño del Dr. King por una nación para todas las personas.

Dale un corazón tranquilo, pues el capitán del Estado necesita calma constante en todo tiempo para dirigir.

Dale palabras de impulso porque necesitará inspiración y motivación ante los sacrificios comunes que debemos afrontar en los retos que se nos avecinan.

Hace ciego ante llos colores, recordándole sus propias palabras de que bajo su dirección, no habrán estados rojos ni azules, sino Estados Unidos.

Ayúdale a recordar su propia opresión por ser minoría, su propia experiencia ante la discriminación, pues podria cambiar la vida de las personas que aún son víctimas.

Dale la fuerza necesaria para encontrar el tiempo para la intimidad familiar, y ayúdale a recordar que a pesar de que es presidente, como padre sólo vive una vez la infancia de sus hijas.

Y, por favor, Dios, manténlo a salvo. Sabemos que pedimos mucho a nuestros presidentes, y le estamos pidiendo demasiado a este. Sabemos el riesgo que él y su esposa están tomando por todos nosotros, y te imploro, oh buen y gran Dios, que lo mantengas seguro. Sostenle en la palma de su mano – para que pueda hacer 

el trabajo que hemos asignado, que pueda encontrar la alegría en este llamado, y finalmente nos conduzca como nación a la integridad, a la prosperidad y a la paz.

AMEN.

Escrito por entreCristianos

 Ese, no es mi Dios…

Esta es la frase de todos aquellos que se han alejado de la verdad bíblica. Siempre he escuchado a muchos, inclusive familiares, decir en ocasiones: Ese, no es mi Dios! Por supuesto que ese, el Dios de la Biblia, no es su dios. Esta entrada es el resultado de dos comentarios que leí, uno en un blog, y el otro en un periódico americano.En Seeing Clearly, un comentarista, respondiendo a otro comentariste quien dijo, “Él [Dios] se deleita utilizando las dificultades en nuestras vidas para llevarnos a una mejor adoración suya.” Cierto que su teología de la providencia de Dios no está muy afinada, pero lo que sí me preocupó fue la respuesta a este comentarista. En el siguiente comentario, un hombre escribe, 

“Este no es el Dios al que sirvo. Hay cosas a las cuales debemos decir, “Yo no sé.” No creo en un Dios que se deleita usando las dificultades para llevarnos a Él.Si un padre se deleitara castigando a sus hijos, le llamaríamos un abusador.” [1]

Además, en  US News apareció un reportaje acerca del nombramiento del presidente electo norteamericano, Barack Obama, del obispo episcopal Gene Robinson, un homosexual declarado, diciendo lo siguiente,

“Estoy a favor de que Rick Warren esté en la mesa. Pero no estamos hablando de una discusión; estamos hablando de poner a alguien al frente y centro de lo que será la más vista inauguración en la historia, y pedir su bendición a la nación. Y el Dios al que él [Warren] le ora no es el Dios que yo conozco.”
Un sí para ambos hombres. Tanto el comentarista como Robinson tienen razón de que su dios no es el Dios de los cristianos. Debemos siempre tener presente que nosotros no creamos a Dios, ni podemos conocerle fuera de Su revelación especial. Según Romanos 1, es cierto que todos los hombres tienen la capacidad de conocer a Dios en su revelación general, es decir, la creación, pero esa capacidad ha sido devastada por el pecado. Fue por ello que Dios se reveló en Su palabra, para que los hombres pudieran conocerle.

Muchos tratan a Dios como si fuera un objeto. “Es mío!,” dicen. Dios es eterno. Nosotros somos sus criaturas, y la única manera de conocerle es a través de Su palabra. Pero que ha hecho Robinson? Ha desechado la verdad y autoridad de la Biblia, para adorar a un dios creado a su imágen. Robinson le ora a un dios falso. No es eso lo que dice Romanos 1?
“21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”Romanos 1: 21-25

Es decir, por rechazar al Dios verdadero, revelado en la creación, Dios los entregó a la inmundicia, “de modo que deshonraron sus propios cuerpos.” Quien es Gene Robinson? Un obispo homosexual que cree que su dios acepta su homosexualidad. Digo yo, ese no es el Dios de la Biblia. Robinson dice: el Dios de la Biblia no es mi dios.

Pero, no dice la Biblia que Dios mismo nos ha concedido el sufrimiento a nosotros los creyentes? Porqué este comentarista cree que si Dios nos hace sufrir es un abusador? Sencillamente porque ha rechazado al Dios de la Biblia. Todo lo que Dios le da a sus hijos adoptados en Cristo, es lo mejor para ellos, y sirve para que Él sea glorificado. Veamos unos ejemplos bíblicos,
“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” Filipenses 1: 29

“12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, 13 sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.” 1 Pedro 4: 12-13

Dios no sólo le concede a los creyentes la fe para creer en Cristo, sino que también le concede sufrimientos, para que padezcamos por Cristo, y así sea Él glorificado. No es lo mismo que escribe Pedro? Este sufrimiento que nos es dado por Dios nos conlleva a el eterno gozo.

Este es el Dios de la Biblia. Este es el Dios que está siendo rechazado por millones de personas, que han creado dioses a imágen suya. Por ello es nuestro deber predicar al Dios de la Biblia con fervor, para que el mundo conozca la verdad.

1http://seeingclearly.wordpress.com/2008/03/06/is-the-creation-account-of-genesis-a-poem-as-rob-bell-claims/#comment-1101

sujetosalaroca.org

En medio de la sequía, el arzobispo de Rosario llamó a orar para que llueva

Si yo oro en lengua desconocida mi espíritu ora pero mi entendimiento queda sin fruto (1Cor.14:14).

En medio de la sequía, el arzobispo de Rosario llamó a orar para que llueva

Martes 20, Enero 2009 14:16 |CLARIN.COM

“Danos agua para que nuestra gente pueda superar este momento difícil”, fue una de las frases de José Luis Mollaghan, quien convocó a una cadena de oraciones. 

El arzobispo de Rosario, José Luis Mollaghan, llamó a formar una cadena de oraciones para pedirle a Dios “por el don de la lluvia, tan esperado por nuestros pueblos y campos”, ya que consideró que la situación que afecta al país es “muy grave”. 

Mollaghan convocó a “hombres y mujeres de todas las religiones”, para que “naturalmente” surja de ellos una oración al observar “las grietas en la tierra y la gente de campo tan afligida”. 

“Danos lluvia, danos agua, para que nuestra gente pueda superar este momento más difícil”, rogó a Dios en medio de un diálogo con una emisora local. “Si lo pedimos, el Señor nos puede conceder el agua que tanto necesitamos en este momento”, aseguró. 

El arzobispo de Rosario no se privó de cuestionar la mano del hombre, responsable en parte de las adversidades del clima: “Sabemos lo que significa la deforestación y es necesario cuidar de estos dones que recibimos de Dios”.

Al leer esta excelente convocatoria del obispo de Rosario,una de las ciudades industriales mas importantes del pais, por el problema de la sequia que afecta al campo, quizas ud. se pregunte como orar. 

Aca les coloco este teto del pastor Humberto Pérez, quien nos muestra la manera más adecuada de orar. En su blog despliega la sabiduría que le ha sido dada por Dios, la cual es evidente en sus brillantes reflexiones. 

Si no Sabe Chino ni Alemán no diga Amén 1

Hay que orar con los labios y con el cerebro. Si el entendimiento no se ejercita la edificación es nula. Póngalo a prueba con las oraciones silentes. Ore mentalmente sin mover los labios y a los pocos minutos ya sus pensamientos andan por lugares secos. Se puede orar hasta en voz queda pero ligeramente perceptible, que uno se pueda oír un poco como oraba Ana (1Sa.1:12-14). Esta mujer no hubiera podido orar largamente si no abre un poco la boca; y aún de rodillas hubiera estado pensando en otras cosas. Dependemos del idioma para darle fruto al entendimiento. Las oraciones silentes están condenadas a la brevedad y muchas de ellas no llegan al amén. Una oración audible vale para edificación más que mil oraciones mudas.

Cuando el Señor enseñó a sus discípulos la práctica de la oración no fue la oración mental sino la audible, que ellos mismos pronunciaran sus palabras, que se oyesen a sí mismos al orar. Si lo que digo no es completamente cierto ¿por qué nos envió a los aposentos y que cerráramos la puerta? No sólo para que no nos vieran postrados y pensaran que queríamos ser vistos sino para que no nos oyeran hablar con Dios. Y ¿por qué Jesús se distanció como un tiro de piedra de sus discípulos más íntimos para suplicar en el huerto? Claro está, para que no le oyeran gemir con temor reverente ni le vieran llorar.

Sin despreciar la oración silente como algo inservible debemos preferir aquella en que podemos ser oídos nosotros mismos. Todo este argumento a favor de usar el propio idioma es para afirmar que si oye orar alguno en una lengua extraña, en idioma desconocido, en cuanto a bendición, se queda con menos provecho que si orara sin abrir su boca.

Si usted no entiende chino no ore en chino ni diga amén a quien ora en chino, y si no hay ningún chino en la iglesia no permita que oren en chino; si no sabe alemán y no conoce en la iglesia a nadie que lo sepa, no deje que oren en alemán; y si alguien dice que habla algún idioma angélico y no vinieron al culto Miguel ni Gabriel que son los únicos nombres de ángeles que conozco, pídale al susodicho que sabe el idioma de ellos, si es que tienen otro que no sea español, que por favor no se luzca delante de los otros pobres terrícolas que no lo entienden porque si el entendimiento no es edificado, olvídelo, el espíritu tampoco.

1. Si no Sabe Chino ni Alemán no diga Amén


El poder a través de la oración

El poder a través de la oración

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El Poder a Traves de la Oracion El poder a través de la oración ha sido llamado una de las verdaderas obras de maestras en el tema de la oración. El término clásico puede aplicarse de manera apropiada a este sobresaliente libro.

En veinte desafiantes e inspiradores capítulos, E. M. Bounds, un gigante espiritual, señala lo imperativo de la oración vital en la vida de un creyente.

En este poderoso libro encontrará los siguientes temas desarrollados:

  • Cómo comenzar el día con oración
  • La Necesaria preparación del corazón
  • Gracia del corazón antes que gracia de la mente
  • La uncion, una necesidad
  • El precio de la unción es mucha oración
  • La oración marca el liderazgo espiritual

Cada creyente que no hace de la oración un elemento poderoso de su propia vida y ministerio, es débil como elemento en la obra de Dios, y no tiene poder para proyectar la causa de Dios en este mundo.

158 páginas, tapa rústica.

Autor; Edward M. Bounds

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La Religión Rastafari utiliza marihuana en la oración y la meditación.

– La Religión Rastafari utiliza marihuana en la oración y la meditación.

noticiascristianaspuntonet_religion_rastafari_julio11.jpgRPP – Roma, Italia – La Corte de Casación italiana dictaminó hoy que los fieles de la religión rastafariana tienen derecho a poseer grandes cantidades de marihuana pues su práctica religiosa profetiza el uso de esta sustancia en pro de la oración y la meditación.

Con esta medida se favoreció a un hombre de esta religión que fue condenado por un tribunal italiano del centro del país a una pena de un año y cuatro meses de cárcel y 4 mil euros de sanción económica tras ser considerado traficante de drogas.

El sujeto en cuestión alegó ser discípulo de la religión rastafariana, justificando así la posesión de 100 gramos de marihuana que le encontraron en su poder al momento de ser detenido. El acusado detalló a la ley italiana que consume cerca de diez gramos de marihuana al día para meditar según su devoción.

La corte encargada del caso indicó que “según las informaciones adquiridas sobre las características de conducta de los adeptos de esta religión de matriz judía, la marihuana no sólo es usada como yerba medicinal, pues sirve también para obtener el estado psicofísico tendiente a la contemplación en la oración”.

Basándose en estos preceptos, la Corte de Casación dio por anulada la sentencia por no haberse tomado en cuenta las modalidades de conducta de los rastas y consideró que la cantidad de droga encontrada es solo una referencia simplista. Por último, se decidió derivar el caso a un tribunal de segunda instancia en Florencia.

Fuente:

http://www.noticiascristianas.net/archives/1730

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