Los católicos ¿tomarán la ‘hostia santa’ de rodillas?

Fuente:¿Volvemos a comulgar de rodillas?

29.06.08

En un artículo extraído de periodistadigital, comenta acerca del hecho de que seguramente los católicos vuelvan a tomar de rodillas la hostia. El artículo dice así: «Lo he dicho en anteriores ocasiones, tomar la comunión de rodillas y en la boca, es un acto de respeto hacia la sagrada forma y lo que representa. Pero estamos en una sociedad donde la falta de respeto a las tradiciones y a lo sagrado está a pie de calle. ¿Beneficiaría esta medida a la recuperación del fervor de los fieles?. Me temo que quien mira al pasado, volviendo la vista atrás, se convierte en estatua de sal, como nos narra la Biblia.

Sería mucho más fructífero dejar las cosas tal cual, con permiso de los liturgistas amantes de seguir las normas al pie de la letra, espantados de las innovaciones a la que muchos han llegado, y con las que tampoco estoy en sintonía. De modo, que ni una cosa ni la otra, estamos muy bien con las celebraciones de ahora, a las que, si acaso, les falta un poco de pasión por parte de sus párrocos. Estoy segura que cada uno de los pasos de la celebración eucarística podría tener una introducción que explicara su sentido.

Si me ponen ustedes misa en latín, casullas de macramé, ornamentos barrocos, reclinatorios en el altar; darán una visión caduca de la Iglesia. Y mucho me temo que espante más aún a los jóvenes. Bien es cierto que todo el aggiornamiento de estos cuarenta años no ha servido ni para aumentar el número de seminaristas, ni para incrementar el número de religiosos, ni para llenar las Iglesias con savia nueva.

Pero el camino no está en demoler los muros del Concilio Vaticano II, sino en la adecuación a los tiempos. Siempre ha sido así. ¡Y vayan ustedes a explicar lo anacrónico a una población cuyo sagrario es el televisor!. Es jugar sabiendo que la partida está perdida de antemano. Por eso, antes que pensar si volvemos a arrodillarnos para tomar la comunión, si ésta se recibe en la mano o en la boca, me parece más importante la presencia católica en los medios de comunicación. Televisión católica no significa renunciar a programación de informativos películas o reportajes. Significa llevar el humanismo cristiano sin complejos al alcance de todos.

Comenzamos el año Paulino y tenemos como ejemplo de apóstol infatigable a San Pablo; quien batalló en las ágoras de las principales ciudades de la época. Hoy a nadie se le escapa que salir a la plaza pública es estar en antena. No exclusivamente para realizar una programación religiosa, sino para impregnar la vida cultural de los valores cristianos. La publicidad nos empapa de unos contravalores que nadie se atreve a cuestionar.

Hacen falta apóstoles sin complejos y es la hora de los laicos. Se necesita formación o respaldo de los párrocos y religiosos para llevar la voz a todos los rincones. Pero son los laicos el relevo a la escasez de vocaciones. ¿Cómo vivir un cristianismo auténtico sin que nos consideren una secta?. En este sentido hoy El País hacía una demoledora crítica a los Kikos, familias enteras consagradas a la predicación y respaldadas por la comunidad. Una nueva forma de asociación en la Iglesia.

Mucho me temo que la sociedad, en especial la europea, camina hacia esa reducción de pensamiento donde cualquier religión se considerará sectaria. Ya son muchos quienes opinan que la Iglesia, en especial su jerarquía, es sectaria; mientras se someten voluntariamente a dietas adelgazantes, operaciones de estética y manipulación de conciencias, sin ningún sentido crítico sobre el ambiente que les impregna de una cultura consumista. ¿Y ellos dicen que son libres?.

Hoy permanecerán pegados a su sagrario viendo el partido España-Alemania y comulgando con la liturgia del balón pie. El deporte es bueno y sano. Una prefiere que gane España antes que Alemania, aunque tampoco entiende muy bien toda la parafernalia que ronda a las estrellas del fútbol, con sus ritos. Pero que este comentario no les agüe la fiesta. »

http://blogs.periodistadigital.com/dialogosinfronteras.php/2008/06/29/ivolvemos-a-comulgar-de-rodillas–1

Brasil: ética en la política

Brasil: ética en la política

29.06.08 

(UMBRALES) La CNBB, en ocasión de su Asamblea plenaria, ha promovido el pasado 9 de abril el lanzamiento de una campaña popular que pretende convertirse en proyecto de ley a favor de más ética en la política, particularmente en los procesos electorales. Ya en 1999 un millón de brasileños, a través de un proyecto de ley aprobado, hicieron posible el castigo de más de 600 políticos que fueron sorprendidos comprando votos o desviando los bienes de la administración pública en provecho de sus candidaturas.

Con el nuevo proyecto no podrían ser elegidos, durante los trámites del proceso, los políticos condenados por la justicia en primera instancia y los políticos que llegaran a renunciar a sus cargos públicos para escapar a posibles castigos. “En la base de la nueva iniciativa está la idea de que los que están implicados en procesos por delitos graves, deben ser alejados de la vida política hasta que se solucionen sus problemas judiciales y así evitar la posible entrada en los cargos públicos de personas con asuntos pendientes con la justicia”, explicó el arzobispo de Mariana, Geraldo Lyrio, presidente de la CNBB. “Este proyecto de ley ayudará a fortalecer la democracia y la ética al servicio del pueblo y del bien común”.

En la base de esta iniciativa está el Movimiento de Lucha contra la Corrupción Electoral, una red de entidades (Orden de Abogados del Brasil, Asociación de Organizaciones no Gubernamentales y otras 32 instituciones) de la que forma parte también la CNBB. Una vez lanzado el proyecto, ya empezó la campaña de recolección de 1 millón doscientas mil firmas (el 1% del electorado) para que pueda convertirse en ley. Los obispos han publicado también el 10 de abril un fuerte comunicado en solidaridad con tres obispos amenazados de muerte; son Erwin Krautler de Xingú, José Luiz Azcona de Morajó y Flavio Giovenale de Abaetetuba, todos ellos del estado de Pará (norte de Brasil).

El comunicado dice: “Cualquier agresión contra ellos, que sirven al pueblo con gran celo y valiente profecía, es una agresión contra todos nosotros, sus hermanos en el ministerio episcopal. Somos una sola cosa con ellos en Cristo y con las personas que ellos defienden: los pueblos indígenas, las mujeres, niños y adolescentes que padecen la explotación sexual y las drogas. Apoyamos también su defensa del medio ambiente que el afán de ganancia devasta con nefastas consecuencias para la vida humana. Sus luchas son nuestras luchas, sus sufrimientos son nuestros sufrimientos”.

Tras este fuerte comunicado, la CNBB se solidariza también “con obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos que trabajan por los mismos ideales de vida y de justicia”.

Entrevista con Daniel Turbón profesor de Evolución Humana

Entrevista con Daniel Turbón, catedrático de Antropología Física de la Universidad de Barcelona, profesor de Evolución Humana en la Facultad de Biología durante veinticinco años.

Publicamos a continuación la entrevista aparecida en el número 117 mayo-junio la “Nueva Revista, de cultura, política y arte”.

Pregunta: ¿Cuál es el estado actual del debate en torno al origen del hombre?

Daniel Turbón: La polémica actual tiene lugar sobre todo en Estados Unidos, donde hay estados que rechazan cualquier explicación evolutiva del origen del ser humano, no es más que un grito de “basta ya”, de evitar el adoctrinamiento escolar de los hijos. Y hasta cierto punto no les falta razón, porque cuando se enseña evolución no se distingue “evolucionismo”, que es sinónimo de ideología, de “evolución” que en sí misma es una ciencia de la naturaleza.

P: ¿Cómo se define entonces de manera rigurosa la evolución?

DT: La evolución no es otra cosa que el cambio en el tiempo de los organismos. Nosotros mismos evolucionamos a lo largo de nuestra vida, pero a eso lo llamamos crecimiento, desarrollo, y en la última etapa, senectud. En este punto todo el mundo está de acuerdo. La polémica se produce porque lo que se ha dado en llamar “diseño inteligente” también es una ideología, puede ser filosofía de la naturaleza pero no es en ningún caso una ciencia experimental, una ciencia de la naturaleza, conclusión a la que se llegó tras un juicio que tuvo lugar no hace mucho en EE.UU. en el que intervinieron muchos científicos, y cuyo dictamen final se pronunciaba sobre si la DI se podía o no definir como ciencia. Sus partidarios no pudieron presentar ni una sola revista científica.

P: ¿Por qué el DI no se puede definir como una teoría científica?

DT: Porque no sigue el método científico, que consiste en inducir y deducir fenómenos de la naturaleza que se pueden verificar en repetidas ocasiones y por observadores distintos. Aunque los que apoyan la postura totalmente contraria a la del DI tampoco han explicado demasiado bien el método científico, porque han tomado la parte por el todo. Como ya dijo Karl Popper, el método científico es excesivamente reduccionista y se limita a los experimentos que uno puede hacer. Yo no puedo afirmar científicamente que todos los cuervos son negros porque tendría que haberlos visto todos, pero sí puedo afirmar que, muy probablemente, la mayoría de los cuervos son negros. Esto es lo que no respeta el mundo de la biología o al menos ciertos biólogos, algunos de ellos muy contrarios al pensamiento religioso y que terminan por dejar de un lado la ciencia para enredarse en posturas ideológicas.

En resumen, un error, como es la postura del DI, trata de combatir otro error, el del ultra-evolucionismo. En descargo del DI se puede decir que es un movimiento defensivo mientras que el otro es un ataque exacerbado e intencionado que desea justificar una manera de vivir pero ya no es ciencia, sino ideología.

P: La idea de que alguien rellenara los huecos inexplicables de la evolución termina por ser pueril si posteriormente se encuentra una explicación científica. ¿No es la DI una manera de echar más leña al fuego de un debate estéril?

DT: La gente necesita redondear aquello en lo que cree o aquello en lo que trabaja, necesita saberlo todo, y si no lo sabe lo falsea hasta terminar creyendo que realmente es verdad.

P: En su libro ¿Cómo habla Dios?, Francis S. Collins señala que el 45 % de los americanos cree en el DI.

DT: Para una persona que no ha estudiado biología o filosofía de la naturaleza es lógico que pueda creer en el DI. El cerebro humano ve lo que se denomina tipología, por ejemplo, en lo que se refiere a los seres humanos ve que hay unos nórdicos, unos alpinos y otros mediterráneos, es lo que el cerebro llega a ver pero cuando uno utiliza herramientas más sofisticadas de conocimiento como la estadística multivariante con la que, partiendo de una población, se puede elaborar un universo de doscientas dimensiones y después reducirlo a dos y visualizarlo, ese caldo concentrado que hemos hecho nos da una información totalmente distinta a la que veíamos con nuestros propios ojos. Esto es lo que hizo superar la tipología. Las personas normales se guían por lo que ven habitualmente, ven como se traslada el diseño de un tiburón a los automóviles para dar la sensación de agresividad y elegancia, o el equivalente en los aviones de la aerodinámica de las aves, etc.

P: El hombre ha aprendido mucho de la naturaleza…

DT: Es la escuela alemana del siglo XIX. Algunos geólogos elaboran así sus pautas y dicen que se ha evolucionado mediante puntuaciones, macro-mutaciones y periodos de éxtasis; y que de ello da lugar la tipología, un diseño que se mantiene en el tiempo. Pero se les podía reprochar que ¿a cuántos millones de años corresponde una de sus puntuaciones? Si en el laboratorio no se puede reproducir lo que dicen entonces no podemos estar de acuerdo con ellos, por lo menso en esta generación, las generaciones siguientes quizá sí.

P: Entonces, ¿el debate se encuentra en un momento en que las dos posturas extremas se encuentran en pugna?

DT: En la calle se percibe de ese modo porque la gente piensa que aquello sobre lo que se debate es pura ideología y entran en juego por tanto los estados emocionales donde, sin dejar de ser persona, no se razona correctamente.

P: En algunos ámbitos se ve con cierto temor la teoría de Darwin.

DT: La ventaja de nuestra generación es que tenemos una perspectiva de siglo y medio, lo que permite que la podamos comprender mucho mejor que en aquel momento o al menos sin apasionamiento. Existe un Darwin real que es el que estamos intentando da a conocer en una biografía en la que estamos trabajando en la actualidad. Ese Darwin es el que importa. Después está el Darwin de su tiempo, cómo fue entendido, por qué lo que dice tiene la repercusión que tiene y quienes ayudan a que tenga connotaciones negativas y, en definitiva, en qué contexto se desarrolla su discurso, dentro de un debate previo que ya está teniendo lugar. Darwin fue un mensajero de cuál se nos ha dado una imagen falsa, demonizada. ¿Por qué demonizada? Porque dijo que todas las especies fueron creadas desde un ser inferior, al contrario de lo que dice el génesis (de éste se interpreta que las especies fueron creadas como una foto fija en estado adulto y a partir de ahí fueron evolucionando), así termina su libro sobre el origen del hombre.

Cuando Darwin dice que el hombre desciende del mono, parafraseando a Kant, aquello fue interpretado como una profanación porque el hombre era imagen de Dios, con lo que pensaron que Darwin no respetaba ni lo más sagrado. Hasta tal punto fue conocido el debate que las botellas de Anís del Mono se ilustraron con un mono que tenía la cara de Darwin y una leyenda que decía: “es verdad, la ciencia lo dijo”. Así se llega al cientificismo del siglo XIX.

P: Se dice que Darwin fue creyente pero que en algún momento perdió su fe.

DT: Hay dos momentos en la vida de Darwin por los que se puede comprender mejor su forma de pensar. El primero es un viaje que hace a Latinoamérica donde tiene algunas experiencias propias de la sociedad esclavista de la época que le parecieron incompatibles con la fe cristiana; el segundo es el fallecimiento de su hija Enma que le lleva a decir que es agnóstico, pero no creo que fuera así porque se ha silenciado que en la sexta edición de El origen de las especies menciona en al menos seis ocasiones la figura de un creador. Allí dice que él no tiene ningún inconveniente en reconocer que un creador actúa valiéndose de causas segundas. Lo único en lo que no da su brazo a torcer es que todos venimos de un ser inferior, es decir, que la vida ha ido de menor a mayor complejidad.

P: Eso es quizá lo menos comprensible para las personas que tienen fe…

DT: Los cristianos no han prestado toda la atención que debieran al tema de la evolución. Los papas han sido muy cautos y no han dicho nada, por eso los teólogos están muy desorientados. Ha pasado un siglo y medio desde que se formuló la teoría de Darwin y eso, en una sociedad científica y tecnológica es mucho tiempo. Espero que en los próximos veinte años podamos tener una orientación clara de a docencia pontificia.

Además hay un señal con respecto a Darwin que los impulsores del darwinismo no quieren divulgar, ni el decimonónico ni el actual, y que molesta mucho a algunos: que fuera enterrado en la abadía de Westminster, donde se entierra a los ingleses importantes que son creyentes. Es el caso, por ejemplo, de Newton. ¿Cómo se puede enterrar a un descreído en un lugar sagrado? Se puede saber hasta quién portaba su féretro en el momento del entierro.

P: Hábleme del creacionismo

DT: El creacionismo es sencillamente absurdo, es la interpretación literal de la Biblia que surge con el protestantismo. Sabemos que el Génesis no se puede interpretar literalmente, es más, la exégesis demuestra que está deliberadamente hecho para que una sociedad científica y tecnológica comprenda que el texto no pretende ser científico. Por ejemplo, el hecho de que el primer día haya luz y que después aparezcan el sol, la luna y las estrellas, y el día antes la hierba verde, en terminología de la Vulgata.

No hay una evolución creadora sino una creación evolutiva. En el catecismo no se menciona ni una vez la palabra “monogenismo” y, por lo tanto, decir que el hombre no proviene de una única pareja no se opone a la doctrina de la Iglesia. La unidad moral de la humanidad es lo que cuenta y promulga el concilio. Lo fundamental del Génesis es la imposición de un orden en un caos.

Me he encontrado a muchos creyentes que me dicen que lo que yo defiendo cambia aquello en lo que han creído durante toda su vida y yo les respondo que un creyente en lo que tiene que creer es en el Credo y no necesariamente en Adán y Eva.

P: ¿Qué opina del concepto de “BióLogos” acuñado por Francis S. Collins con el que sintetiza que “Dios, quién no está limitado ni por el espacio ni por el tiempo, creó el universo y estableció leyes naturales que lo gobiernan. Asimismo, al tratar de poblar con seres vivos este universo, Dios eligió el mecanismo de la evolución”?

DT: Yo le diría que leyera a Teilhard de Chardin (1881-1955), reconocido paleontólogo jesuita, que ideó en su día el término “Noosfera”. Fue muy conocido en los años 68 -70. Participó en muchas excavaciones históricas del hombre fósil, sobre todo el de China, lo que entonces se llamaba Sinanthropus pekinensis, que es homo erectus pekinensis. Hubo en España un gran entusiasta de Chardin que fue el catedrático de Paleontología de Sabadell, Oviedo y Barcelona, Miquel Crusafont, farmacéutico que luego se hizo geólogo. Hizo su tesis sobre los jiráfidos de hace quince millones de años, fue en definitiva un gran pionero enamorado de Teilhard de Chardin. Todo el que quiera saber sobre evolución debe leer el libro El fenómeno humano de Teilhard de Chardin.

P: Se exige a la postura creyente una condición de aprobación y que respete la libertad de pensamiento o las reglas de la ciencia, pero desde el ámbito cientifista no se admite lo que algunos científicos creyentes formulan de que si Dios es Dios es imposible demostrar su existencia solo con los medios de la ciencia.

DT: L a figura de Francis S. Collins es muy interesante en este sentido y tengo previsto invitarlo a venir a España para que pueda venir a hablar de estos temas. El Vaticano organiza el año que viene un congreso sobre el origen del hombre porque es el bicentenario de Darwin, probablemente será en marzo. Se cumplirán doscientos años del nacimiento de Darwin y ciento cincuenta de la publicación de El origen de las especies. Será un buen momento para aclarar algunas cuestiones.

P: ¿Qué opinas de la polémica surgida en torno a las declaraciones del Cardenal Schoborn en 2007?

DT: Schoborn venía a decir que por la declaración de Juan Pablo II de 1995 no se debía entender que el neodarwinismo fuese una nueva ideología sino una actualización de aspectos científicos. El neodarwinismo es una teoría biológica de la evolución en que intervienen estos mecanismos y punto, nada de doctrina o ideología, es pura biología. ¿Por qué? Porque está la selección natural. Muchas personas entienden que el neodarwinismo es el retorno de un Darwin malvado, y no es así.

Hay tres Darwins, el Darwin real, la persona; el Darwin del darwinismo, creado con su colaboración, aunque está fuera pasiva y algunos de su seguidores fueran más allá del o que él quiso haber dicho y prueba de ello es la alusión a un creador en la sexta edición de su obra y que está enterrado en Westminster; y el Darwin de hoy; con lo que hay que evitar que a uno le vendan solamente el Darwin del darwinismo.

Comentario:

El dr. Manuel Carmona, biólogo y cientifico español, realiza este breve comentario en aclaración desde su posición, a la nota que se le realizó a este profesor:

(i) Comparto con él que el evolucionismo, es una ideología, una corriente filosófica. Precisamente de eso hablaré en este blog en los próximos días.

(ii) curioso lo que dice de la evolución a lo largo de la vida de una persona. Precisamente ayer leí un artículo de epigenética que sugería que el genoma de un individuo variaba a lo largo de la vida de éste, y no sólo por simple mutación azarosa, sino también motivada por presiones ambientales. Están estudiando ahora. si esos cambios pueden pasar a las células germinales y estableciendo protocolos para validar esa hipótesis (no es fácil, ya que hay que tomar un individuo muy joven y secuenciar su genoma varias veces a lo largo de su vida). Suerte que ahora se secuencian genomas completos en poco tiempo (un mes para el genoma humano).

(iii) Muy cierto lo que dice acerca de la mención del creador en la obra de Darwin. En la última versión de “El origen de las especies” Darwin dedica un capítulo a responder todas las críticas que habían hecho a su obra, ahí se muestra como el creyente que era. Esto es completamente silenciado por los creacionistas protestantes.

(iv) Discrepo del Dr. Turbon, el DI no es un acto defensivo sino ofensivo (en el sentido de beligerante). Es una estrategia para introducir el creacionismo en clase de biología y de ciencias en general, para terminar arriconando e incluso haciendo desaparecer todo aquello que niegue su visión particular del Génesis. En varios artículos de este blog está muy bien explicado por diversos miembros de la Academia de Ciencias de EEUU.

En síntesis comenta el Dr. Manuel Carmona, “este señor, que es un profesor que enseña evolución (lo sé de buena tinta porque conozco muy bien la Universidad de Barcelona) dice es que no hay que confundir la teoría de la evolución (como una teoría biológica) con el evolucionismo que es una corriente filosófica (y que considera una ideología).”

El Dr. Manuel Carmona, es de nacionalidad español y especialista en Microbiología (http://oldearth.wordpress.com)

http://pedaleosymas.wordpress.com/2008/06/28/entrevista-con-daniel-turbon-catedratico-de-antropologia-fisica-de-la-universidad-de-barcelona-profesor-de-evolucion-humana-en-la-facultad-de-biologia-durante-veinticinco-anos

Reflexión sobre santidad política

Reflexión sobre santidad política

La santidad política en la teología de América Latina es una santidad encarnada, histórica, una santidad que opta por los pobres empobrecidos, que toma partido por los pobres.

Que se sitúa en su lugar social, que asume con los pobres los riesgos, el conflicto, que contesta al sistema de opresión, de dominación, de privilegio.Es una santidad que contempla a Dios sobre la marcha de la misma historia, de los acontecimientos de cada día.

Las espiritualidades tradicionales hablaban de contemplar y después pasar, entregar, comunicar a los demás lo contemplado. Otras espiritualidades decían: “contemplativos en la acción”.
Nosotros decimos que hay que ser contemplativos en la liberación, contemplativos en la acción típicamente política.

No se trata sólo de una acción benefactora, simplemente humanitaria o caritativa. Se trata de una acción típicamente política. Pío XI decía que la mayor expresión del amor cristiano es la caridad política, porque es un amor que alcanza a las personas y a los pueblos,  alcanza a las personas como estructuradas y estructurantes, alcanza a las coyunturas y a las estructuras del ser y del vivir de los humanos.

Es una santidad que sabe vivir ecuménicamente la presencia de Dios y su acción salvadora en el mundo. Una santidad normalmente de frontera. En toda esa marcha de la liberación del Dios con nosotros y del Dios como nosotros, no aparece como un Dios “eclesiástico”, ni siquiera como un Dios “cristiano”, pero aparece siempre como un Dios “liberador”.

Cuando nosotros celebramos nuestros mártires, recordamos que en todo caso, siendo algunos de ellos quizá no cristianos, y hasta proclamándose ateos, fueron “mártires del Reino de Dios”, mártires de ese proceso mayor, de esa Causa mayor, de ese interás mayor de Dios, al cual también la Iglesia debe servir.

La Iglesia, toda ella, no puede ser más que una diaconía, un servicio al Reino de Dios. La Iglesia no es para sí misma. La Iglesia es para el Reino, en el Mundo, en la esperanza y en la preparación del Reino más allá, en la parusía.

Pedro Casaldáliga, obispo
Al acecho del Reino

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A Bartolomé de las Casas

Los pobre te han jugado la partida
de una Iglesia mayor, de un Dios más cierto:
contra el bautismo sobre el indio muerto
el bautismo primero de la vida.

Encomendero de la Buena Nueva,
la Corte y Salamanca has emplazado.
Y este tu corazón apasioanado
quinientos años de testigo lleva.

Quinientos años van a ser, vidente,
y hoy más que nunca ruge el Continente
como un volcán de heridas y de brasas.

¡Vuélve a enseñarnos a evangelizar,
libre de carabelas todo el mar,
santo padre de América, Las Casas!

P. Casaldáliga
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Recuerdo a los lectores de América Latina, particularmente, que la reflexión del domingo se basa en textos del obispo emérito de Sao Felix, Matogrosso brasileño, Pedro Casaldáliga, gran teólogo de la liberación y un grandísimo poeta. Hasta su prosa es bella y comprometida poesía. Un gran profeta de nuestro tiempo.

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A los nuevos lectores les digo que martes y jueves imparto un curso sobre “Dios laico y virtudes públicas” en José Ortega y Gasset, el mayor pensador español de todos los tiempos. Podeis ver todas las entregas anteriores. Están ahí, las últimas entregas fueron el núm XVI el pasado jueves, la XV el martes anterior y así sucesivamente. La entrega núm, XVII será el martes que viene etc.etc.

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Crisóstomo y la Doctrina de la Elección

Crisóstomo y la Doctrina de la Elección

Posted: 28 Jun 2008 05:26 PM CDT

“Los Padres de la Iglesia no creían en la elección.” Cuántos de nosotros hemos escuchado este tipo de comentarios de amigos o familiares nuestros? Crisóstomo fue el obispo de Constantinopla, además de teólogo, predicador y liturgista. Escribió gran cantidad de sermones, y en un sermón con respecto a 1 Corintios 1: 1-3, encontré esto acerca de la doctrina de la elección mantenida por los reformadores,

“Vean como inmediatamente, desde el principio, él echa abajo su orgullo, y tira al suelo su imaginación, en que se llama a sí mismo “llamado.” De lo que he aprendido, dice él, no me he descubierto a mí mismo, ni he adquirido por mi propia sabiduría, pero mientras perseguía a la iglesia fui llamado. Ahora, del que llama es todo: del que es llamado, nada, solo obedecer.

“De Jesucristo.” Su maestro es Cristo; y usted registra los nombres de hombres como patronos de su doctrina?

“Por la voluntad de Dios.” Pues fue Dios quien propuso que fuese salvado de esa manera. Nosotros mismos no hemos hecho ninguna cosa Buena, pero por la voluntad de Dios hemos adquirido esta salvación; y debido a que le pareció bueno, fuimos llamados, no porque fuesemos dignos.

“Llamados a ser santos.” Pues aún esto, ser salvos por fe, no se dice, de nosotros; pues nosotros no nos acercamos, sino que fuimos llamados; así que ni este pequeño asunto es suyo del todo. Sin embargo, a pesar de acercarse, culpable de innumerables maldades, ni siquiera la gracia sería suya, pero de Dios. Entonces, también escribiendo a los Efesios, él dice, (Efesios 2:8) “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;” ni siquiera esta fe es suya; pues ustedes no tenían la creencia, sino que obedecieron un llamado.” [1]

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Spurgeon: La Biblia Probada y Comprobada

Fuente:Spurgeon: La Biblia Probada y Comprobada

29 Jun 2008

Un sermón predicado la mañana del Domingo 5 de Mayo, 1889

Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.” Salmo 12:6

En este Salmo, nuestro texto es contrastado con el mal de la época. El Salmista se queja “porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.” Era una gran aflicción para él, y no encontró consuelo excepto en las palabras del Señor. ¡Qué importa que los hombres fallen: la Palabra de Dios permanece! ¡Qué alivio es abandonar la arena de la controversia para ir a los verdes pastos de la revelación! Uno siente lo que Noé sintió, cuando, encerrado en el arca, ya no vio más la muerte y desolación que reinaban fuera. Vive en comunión con la Palabra de Dios, y entonces, aunque no tengas amigos cristianos, no te faltará compañía.

Más aún, el versículo presenta todavía un mayor contraste con las palabras de los inicuos cuando se rebelan contra Dios y oprimen a Su pueblo. Ellos decían: “Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?” Se jactaban, se enseñoreaban, amenazaban. El Salmista se alejó de la voz del jactancioso y acudió a las palabras del Señor. Vio la promesa, el precepto, y la doctrina de la verdad pura, y éstos le consolaron mientras los demás hablaban pura vanidad, cada uno con su vecino. Él no tenía tantas palabras del Señor como las que poseemos ahora: pero lo que él había hecho suyo por medio de la meditación, lo valoraba por encima del oro más preciado. En la buena compañía de aquellos que habían hablado bajo la dirección divina, era capaz de soportar las amenazas de quienes le rodeaban.

Así, querido amigo, si en algún momento te corresponde estar en un lugar donde son despreciadas las verdades que amas tanto, regresa a los profetas y a los apóstoles, y escucha a través de ellos lo que Dios el Señor hablará. Las voces de la tierra están llenas de falsedad, pero la palabra del cielo es muy limpia. Hay una buena lección práctica en la posición del texto; apréndanla bien. Hagan de la Palabra de Dios su compañía diaria, y entonces, cualquier cosa que pudiera agraviarlos en la falsa doctrina de la hora, no los conducirá a un abatimiento demasiado profundo; pues las palabras del Señor sostendrán el espíritu.

Mirando al texto, ¿acaso no les impacta como una maravillosa condescendencia, que Jehová, el infinito, decida utilizar palabras? En Su sabiduría, Él ha establecido esta manera de comunicación de unos con otros; pero en cuanto a Él, Él es espíritu puro e ilimitado: ¿comprimirá Sus gloriosos pensamientos en un estrecho canal de sonido, y oído, y nervio? ¿Debe la mente eterna usar palabras humanas? El glorioso Jehová habló mundos. Los cielos y la tierra fueron las expresiones de Sus labios. En cuanto a Él, parece más de acuerdo con Su naturaleza, hablar tempestades y truenos que inclinarse a las humildes vocales y consonantes de una criatura del polvo. ¿Se comunicará Él verdaderamente con el hombre a la propia manera del hombre? Sí, Él condesciende a hablarnos utilizando palabras.

Nosotros bendecimos al Señor por la inspiración verbal, de la que podemos decir, “Guardé las palabras de su boca más que mi comida.” No conozco ninguna otra inspiración, ni tampoco soy capaz de concebir alguna que pueda ser de verdadero servicio para nosotros. Necesitamos una revelación clara sobre la que podamos ejercitar la fe. Si el Señor nos hubiera hablado por un método cuyo significado fuera infalible, pero Sus palabras fueran cuestionables, no habríamos sido edificados sino confundidos; pues ciertamente es una ardua tarea extraer el verdadero sentido de palabras ambiguas. Siempre tendríamos temor que el profeta o el apóstol no nos hubieran dado, después de todo, el sentido divino: es fácil oír y repetir palabras; pero no es fácil expresar lo que otro quiere decir, con palabras propias perfectamente independientes: el significado se evapora con facilidad.

Pero nosotros creemos que los hombres santos de antaño, aunque usaran su propio lenguaje, eran guiados por el Espíritu de Dios para usar palabras que también eran las palabras de Dios. El Espíritu divino operaba de tal manera en el espíritu del escritor inspirado, que escribía las palabras del Señor, y por tanto, atesoraba cada una de ellas. Para nosotros “Toda palabra de Dios es limpia,” y también llena de nutrición para el alma. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Nosotros podemos declarar de todo corazón con el Salmista, “He dicho que guardaré tus palabras.”

Nuestro condescendiente Dios se agrada tanto de hablarnos con palabras, que se ha dignado llamar a Su Unigénito “El Verbo.” “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.” El Señor usa palabras, no con renuencia sino con placer; y quiere que nosotros las tengamos también en un elevado concepto, como le dijo a Israel por medio de Moisés, “Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma.”

Creemos que tenemos las palabras de Dios preservadas para nosotros en las Escrituras. Estamos sumamente agradecidos de que esto sea así. Si no tuviéramos las palabras del Señor registradas así, habríamos sentido que vivíamos en un tiempo malo pues ni voz ni oráculo se escucha hoy. Repito que habríamos caído en días malos si las palabras que Dios habló desde tiempos antiguos no se hubieran registrado bajo Su supervisión. Con este Libro ante nosotros, lo que el Señor habló hace dos mil años, virtualmente lo habla ahora: pues “no retirará sus palabras” (Isaías 31: 2).

Su palabra permanece para siempre, pues fue hablada, no para una ocasión, sino para todas las edades. La Palabra del Señor es tan afín a la vida y la frescura eternas, que es muy vocal y poderosa en el corazón del santo de hoy como lo fue para el oído de Abraham cuando la escuchó en Canaán; o para la mente de Moisés en el desierto; o para David cuando la cantaba acompañándose de su arpa.

¡Doy gracias a Dios porque muchos de nosotros sabemos lo que es oír la palabra divina hablada de nuevo en nuestras almas! Por el Espíritu Santo, las palabras de la Escritura vienen a nosotros con una inspiración presente: el Libro no solamente ha sido inspirado, es inspirado. Este Libro es más que tinta y papel; habla con nosotros. ¿Acaso no fue ésa la promesa: “Hablarán contigo cuando despiertes”?

Abrimos el Libro con esta oración, “Habla, Jehová, porque tu siervo oye;” y a menudo lo cerramos con este sentimiento, “Heme aquí; ¿para qué me has llamado?” Sentimos como si la promesa no hubiera sido hecha en tiempos antiguos, sino que está siendo pronunciada por primera vez desde la gloria excelsa. El Señor ha hecho que la Santa Escritura sea Su palabra directa para nuestro corazón y para nuestra conciencia. No digo esto por todos, pero puedo decirlo con seguridad de muchas personas aquí presentes. ¡Que el Espíritu Santo les hable otra vez en este momento!

Al tratar de explicar mi texto, consideraremos tres puntos. Primero, la calidad de las palabras de Dios: “Las palabras de Jehová son palabras limpias;” en segundo lugar, las pruebas de las palabras de Dios: “como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces;” y luego, en tercer lugar, las demandas de estas palabras derivadas de su limpieza y de todas las pruebas que han experimentado. ¡Espíritu eterno, ayúdame a hablar correctamente en lo concerniente a tu propia palabra, y ayúdanos a sentir correctamente mientras escuchamos!

I. Primero, entonces, queridos amigos, consideren LA CALIDAD DE LAS PALABRAS DE DIOS: “Las palabras de Jehová son palabras limpias.”

De este enunciado yo deduzco, primero, la uniformidad de su carácter. No se hace ninguna excepción a ninguna de las palabras de Dios, sino que todas son descritas como “palabras limpias.” No todas son del mismo carácter; algunas son para enseñar, otras son para consolar, y otras para corregir; pero por lo pronto son de un carácter uniforme de tal forma que todas son “palabras limpias.”

Yo concibo que es un mal hábito tener preferencias en relación a la Santa Escritura. Debemos preservar este volumen como un todo. Quienes se deleitan con textos doctrinales, pero omiten la consideración de pasajes prácticos, pecan contra la Escritura. Si predicamos doctrina, ellos claman, “¡Cuán dulce!” Quieren escuchar acerca del amor eterno, la gracia inmerecida y el propósito divino; y me alegra que lo quieran. A tales yo les digo: coman de la grosura y beban de lo dulce; y regocíjense porque hay grosuras plenas de médula en este Libro. Pero recuerden que hombres de Dios en tiempos antiguos, se deleitaban grandemente en los mandamientos del Señor. Sentían mucho respeto por los preceptos de Jehová, y amaban Su ley. Si alguien da la espalda y rehúsa oír acerca de los deberes y ordenanzas, me temo que no ama la Palabra de Dios del todo. Quien no la ama en su totalidad, no la ama del todo.

Por otro lado, quienes se deleitan con la predicación de deberes, pero no le dan importancia a las doctrinas de la gracia, están igualmente equivocados. Ellos dicen, “Valió la pena escuchar ese sermón, pues tiene que ver con la vida diaria.” Me agrada mucho que piensen así; pero si, al mismo tiempo, rechazan otras enseñanzas del Señor, tienen serias fallas. Jesús dijo: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye.” Me temo que si consideran que una porción de las palabras del Señor son indignas de su consideración, no son de Dios. Amados hermanos, nosotros valoramos las palabras del Señor en toda su extensión. No hacemos de lado las historias, como tampoco las promesas.

“Voy a leer las historias de Tu amor,
Y guardar Tus leyes a la vista,
En tanto voy a recorrer todas las promesas
Con un deleite siempre lleno de frescura.”

Sobre todo, no caigan en la semiblasfemia de algunos, que consideran al Nuevo Testamento grandemente superior al Antiguo. No quisiera errar afirmando que en el Antiguo Testamento encuentran más lingotes de oro que en el Nuevo, pues de esa manera caería yo mismo en el mal que condeno; pero esto diré: que son de igual autoridad, y que proyectan tal luz el uno al otro, que no podríamos pasar por alto a ninguno de los dos. “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” En todo el Libro, desde Génesis hasta Apocalipsis, se encuentran las palabras de Jehová y siempre son palabras limpias.

Tampoco es correcto que alguien diga: “Así habló el propio Cristo; pero tal y tal enseñanza es de Pablo.” No, no es de Pablo; si está registrada aquí, es del Espíritu Santo. Ya sea que el Espíritu Santo haya hablado por Isaías, o Jeremías, o Juan, o Santiago, o Pablo, la autoridad es siempre la misma. Aun en lo relativo a Jesucristo nuestro Señor, esto es cierto; pues Él dice de Sí mismo: “la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” En este asunto Él se pone al nivel de otros que actuaron como la boca de Dios. Además dice: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.”

Nosotros aceptamos las palabras de los apóstoles como palabras del Señor, recordando lo que dijo Juan: “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.” (1 Juan 4: 6). Así, un juicio solemne es pronunciado sobre quienes quieren poner el Espíritu de Jesús contra el Espíritu que habitó en los apóstoles. Las palabras del Señor no se ven afectadas en su valor por el medio a través del cual vinieron. Toda la verdad revelada es de la misma calidad, aun cuando algunas de sus porciones no tienen el mismo peso metálico.

Guiándonos por el texto, a continuación observamos la pureza de las palabras del Señor: “Las palabras de Jehová son palabras limpias.” En el comercio hay diferentes tipos de plata, como todos ustedes saben: plata impura y plata libre de metales inferiores. La Palabra de Dios es plata sin escoria; es como plata que ha sido purificada siete veces en un crisol de tierra en el horno, hasta haberla despojado de toda partícula sin valor: es plata absolutamente limpia. Jesús dijo: “Tu palabra es verdad.”

Es verdad revestida de bondad, sin mezcla de mal. Los mandamientos del Señor son justos y rectos. Hemos escuchado ocasionalmente a algunos oponentes que censuran ciertas expresiones toscas utilizadas en la traducción que poseemos del Antiguo Testamento; pero la tosquedad de los traductores no debe atribuirse al Espíritu Santo, sino al hecho que la fuerza del idioma inglés ha cambiado, y algunas expresiones que eran muy usadas en un determinado período, se volvieron demasiado groseras en otros períodos. Sin embargo, voy a afirmar esto: que nunca he conocido a una sola persona a quien las palabras de Dios, por sí mismas, le hayan sugerido algo malo. He escuchado que se han dicho muchísimas cosas terribles, pero nunca me he encontrado con ningún caso en el que alguien haya sido conducido a pecar por un pasaje de la Escritura.

Las perversiones son posibles y probables; pero el Libro mismo es eminentemente puro. Se dan detalles de actos de criminalidad crasa, pero no dejan en la mente una huella que lesiona. La más triste historia de la Santa Escritura es un faro, y nunca un señuelo. Este es el Libro más limpio, más claro, más puro, que existe entre los hombres; es más, no se debe listar conjuntamente con los fabulosos registros que pasan por libros santos. Viene de Dios y cada palabra es limpia.

Es también un libro puro en el sentido de verdad, siendo sin mezcla de error. No dudo en decir que yo creo que no hay ningún error en el original de las Santas Escrituras, de principio a fin. Puede haber, y hay, errores en las traducciones, pues los traductores no son inspirados; pero inclusive los hechos históricos son correctos. La duda ha sido arrojada sobre ellos aquí y allá, y algunas veces con gran despliegue de razón: duda que ha sido imposible responder por algún tiempo; pero tan solo den suficiente espacio, y suficiente investigación, y las piedras sepultadas en la tierra gritarán para confirmar cada letra de la Escritura.

Viejos manuscritos, monedas, e inscripciones, están del lado del Libro, y contra él no hay nada sino sólo teorías, y el hecho que muchos eventos en la historia no tienen otro registro sino el que la propia Biblia nos suministra. El Libro ha estado recientemente en el horno de la crítica; pero mucho de ese horno se ha enfriado debido a que la crítica misma es despreciada. “Las palabras de Jehová son palabras limpias”: no hay ningún error de ningún tipo en toda su extensión. Estas palabras provienen de Aquél que no puede cometer errores, y que no puede tener el deseo de engañar a Sus criaturas.

Si yo no creyera en la infalibilidad del Libro, preferiría no contar con él. Si yo fuera a juzgar el Libro, él no sería mi juez. Si fuera a tamizarlo, como el cúmulo de granos que van a ser trillados, e hiciera esto a un lado y únicamente aceptara aquello, de conformidad a mi propio juicio, entonces no tendría ninguna guía, a menos que fuera lo suficientemente arrogante para confiar en mi propio corazón.

La nueva teoría le niega infalibilidad a las palabras de Dios, pero prácticamente se la concede a los juicios de los hombres; por lo menos, esta es toda la infalibilidad que pueden concebir. Yo protesto que prefiero arriesgar mi alma con una guía inspirada del cielo, que con líderes que altercan y que se levantan de la tierra al llamado del “pensamiento moderno.”

Además, este Libro es puro en el sentido de confiabilidad: no tiene en sus promesas ninguna mezcla de fallas. Observen esto. Ninguna predicción de la Escritura ha fallado. Ninguna promesa que Dios haya dado, resultará ser mera palabrería. “El dijo, ¿y no hará?” Tomen la promesa como el Señor la dio, y la encontrarán fiel a cada jota y tilde de ella. Algunos de nosotros no tenemos el derecho de ser llamados “viejos y de cabellos canos,” aunque las canas son bastante conspicuas en nuestras cabezas; pero hasta este punto hemos creído en las promesas de Dios, y las hemos probado y comprobado; y ¿cuál es nuestro veredicto? Yo doy solemne testimonio que no he visto una sola palabra del Señor caer a tierra.

El cumplimiento de una promesa ha sido algunas veces demorado más allá del período que mi impaciencia hubiese deseado; pero la promesa se ha cumplido en el momento preciso, no únicamente al oído, sino también en obra y en verdad. Tú puedes apoyar todo tu peso sobre cualquiera de las palabras de Dios, y te sostendrán. En tu hora más oscura puedes estar desprovisto de velas pero cuentas con una sola promesa, y sin embargo esa luz solitaria convertirá tu medianoche en un brillante mediodía. Gloria sea dada a Su nombre, las palabras del Señor son sin mal, sin error, y sin fallas.

Además, bajo este primer encabezado, el texto no habla únicamente del carácter uniforme de las palabras de Dios, y de su pureza, sino de su preciosidad. David las compara con plata refinada, y la plata es un metal precioso: en otros lugares ha comparado estas palabras con oro puro. Las palabras del Señor pudieran haber parecido comparables al papel moneda, tales como nuestros cheques; pero no, son el metal mismo. Yo recuerdo la época cuando un amigo nuestro solía ir a los condados occidentales, de una finca a la otra, para comprar queso, y tenía el hábito de cargar con muchas monedas, pues había descubierto que los granjeros de ese período no aceptaban cheques, y ni siquiera querían mirarlos; pero estaban más prestos a vender cuando veían que se les iba a pagar en metálico, hasta el último centavo.

En las palabras de Dios tienes el sólido dinero de la verdad: no es ficción, sino la sustancia de la verdad. Las palabras de Dios son como lingotes de oro. Cuando las tienes empuñadas por la fe, tienes la sustancia de las cosas esperadas. La fe encuentra en la promesa de Dios la realidad de lo que busca: la promesa de Dios es tan buena como su propio cumplimiento. Las palabras de Dios, ya sean de doctrina, o de práctica, o de consuelo, son de metal sólido para el hombre de Dios que sabe cómo ponerlas en el bolso de fe personal.

De la misma manera que nosotros usamos la plata en muchos artículos en nuestros hogares, así usamos la Palabra de Dios en la vida diaria; tiene mil usos. De la manera que la plata es la moneda corriente del comerciante, así son las promesas de Dios moneda corriente tanto para el cielo como en la tierra: nosotros tratamos con Dios por Sus promesas, y así trata Él con nosotros.

Como los hombres y las mujeres se engalanan con plata a manera de ornamento, así son las palabras del Señor nuestras joyas y nuestra gloria. Las promesas son cosas bellas que son un gozo para siempre. Cuando amamos la Palabra de Dios, y la guardamos, la belleza de la santidad está en nosotros. Ésta es verdadero ornamento del carácter y de la vida, y la recibimos como un don de amor del Esposo de nuestras almas.

Amados hermanos, no necesito engrandecer en su presencia la preciosidad de la Palabra de Dios. Muchos de ustedes la han valorado por largo tiempo, y han probado su valor. He leído acerca de una mujer cristiana alemana que estaba acostumbrada a marcar su Biblia siempre que encontraba un pasaje que era especialmente precioso para ella; pero acercándose al final de su vida, dejó de hacerlo, pues dijo: “lo encuentro innecesario; pues la Escritura entera se ha convertido ahora en algo muy precioso para mí.” Para algunos de nosotros el inapreciable volumen está marcado de principio a fin por nuestra experiencia. Es todo precioso, totalmente precioso.

“No hay tesoros que enriquezcan así la mente,
Ni Tu palabra será vendida
Por cargamentos de plata bien refinada,
Ni por montones del oro más escogido.”

Además, este texto nos presenta, no solamente la pureza y la preciosidad de las palabras del Señor, sino la permanencia de ellas. Son como plata que ha soportado los fuegos más hirvientes. Verdaderamente, la Palabra de Dios ha aguantado el fuego por largas edades; y fuego aplicado en sus formas más fieras: “refinada en horno de tierra,” es decir, en ese horno que los refinadores consideran como su último recurso. Si el diablo hubiera podido destruir la Biblia, habría traído los más hirvientes carbones del centro del infierno. Él no ha sido capaz de destruir una sola línea. El fuego, de acuerdo al texto, era aplicado de una manera muy diestra: la plata era colocada en un crisol de tierra, para que el fuego pudiera alcanzarla completamente. El refinador está muy seguro de emplear su calor de la mejor manera conocida para él, con el objeto de derretir la escoria; de igual manera, hombres con habilidad diabólica se esfuerzan por destruir las palabras de Dios, mediante la más astuta censura. Su objetivo no es la purificación; es la pureza de la Escritura lo que les fastidia, y tienen por objetivo destruir el testimonio divino. Su labor es en vano; pues el Libro sagrado todavía permanece como siempre fue, las palabras limpias del Señor; pero algunas de nuestras falsas concepciones de su significado han perecido felizmente en los fuegos.

Las palabras del Señor han sido probadas frecuentemente, ay, y han sido probadas perfectamente: “Purificada siete veces.” Cuánto falta todavía, no puedo adivinarlo, pero ciertamente los procesos han sido ya muchos y severos. Pero permanece sin cambios. El consuelo de nuestros padres es nuestro consuelo. Las palabras que alentaron nuestra juventud son nuestro apoyo en la edad adulta. “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”

Estas palabras de Dios son un cimiento firme, y nuestras esperanzas eternas están sabiamente construidas sobre él. No podemos permitir que nadie nos despoje de esta base de esperanza. En tiempos antiguos los hombres eran quemados antes que dejaran de leer sus Biblias; nosotros soportamos oposiciones menos brutales, pero que son bastante más sutiles y difíciles de resistir. Dejémonos guiar siempre por esas palabras eternas, porque ellas siempre estarán con nosotros.

Las palabras del Siempre Bendito son sin cambio e incambiables. Son como plata sin escoria, que continuará de edad en edad. Esto es lo que creemos, y en esto nos regocijamos. Y no es una carga sobre nuestra fe creer en la permanencia de la Santa Escritura, pues estas palabras fueron habladas por quien es Omnisciente, y lo sabe todo; por tanto no puede haber error en ellas. Fueron habladas por quien es Omnipotente, y puede hacerlo todo; y por tanto, Sus palabras se cumplirán. Fueron habladas por quien es Inmutable, y por tanto estas palabras no sufrirán nunca alteración alguna. Las palabras que Dios habló hace miles de años son verdaderas a esta hora, pues provienen de quien es el mismo ayer, hoy y para siempre. Quien habló estas palabras es infalible, y por tanto las palabras son infalibles. ¿Cuándo erró Él alguna vez? ¿Podría cometer errores y sin embargo ser Dios? “El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Estén seguros de esto: “Las palabras de Jehová son palabras limpias.”

Pero el tiempo me presiona para pasar al siguiente punto.

II. En segundo lugar, y muy cuidadosamente, consideremos LAS PRUEBAS DE LAS PALABRAS DE DIOS. Se dice que son como plata, que ha sido refinada en un horno. Las palabras de Dios han sido probadas por la blasfemia, por el ridículo, por la persecución, por la crítica, y por observaciones ingenuas. No intentaré elevarme en oratoria al describir las pruebas históricas del precioso metal de la revelación divina, pero mencionaré pruebas de un orden común que he observado, y que probablemente ustedes también han visto. Esto tal vez sea más simple, pero será más edificante. ¡Que el Señor nos ayude!

Al tratar con la obstinación del pecador, hemos probado las palabras del Señor. Hay hombres que no pueden ser convencidos ni persuadidos; dudan de todo, y apretando los dientes, resuelven no creer, aunque alguien les declare esas palabras. Están encerrados en la armadura del prejuicio, y no pueden ser heridos ni siquiera con las más agudas flechas del argumento, aunque profesen gran apertura hacia la convicción. ¿Qué se va a hacer con el numeroso clan relacionado con el señor Obstinado? Podrías muy bien argumentar con un tren expreso que con el señor Obstinado: él continúa, y no se detiene, aunque miles se interpongan en su camino. ¿Lo convencerán las palabras de Dios?

Hay algunas personas aquí, de quienes yo habría dicho, si los hubiera conocido antes de su conversión, que era una tarea vana predicarles el Evangelio; amaban tanto el pecado, y despreciaban completamente las cosas de Dios. Extrañamente, fueron de los primeros en recibir la Palabra de Dios cuando escucharon su sonido. Vino a ellos en su original majestad, en el poder del Espíritu Santo; habló con un tono de mando a lo más íntimo de sus corazones; abrió de par en par las puertas que habían estado cerradas por largo tiempo, aherrumbradas en sus goznes, y Jesús entró para salvar y reinar. Éstos, que habían blandido desafiantemente sus armas, las arrojaron al suelo y se rindieron incondicionalmente al amor todopoderoso, dispuestos creyentes en el Señor Jesús.

Hermanos, sólo debemos tener fe en la Palabra de Dios, y predicarla con claridad y precisión, y veremos cómo se someten los rebeldes orgullosos. Ninguna mente está tan desesperadamente posada en la maldad, tan resueltamente opuesta a Cristo, que no pueda ser llevada a inclinarse ante el poder de las palabras de Dios. ¡Oh, que nosotros usáramos más la desnuda espada del Espíritu! Me temo que mantenemos esta espada de dos filos en una funda, y de alguna manera nos enorgullecemos porque la vaina está elaboradamente adornada. ¿Para qué sirve la vaina? La espada debe desenvainarse, y debemos pelear con ella, sin que intentemos guarnecerla. Proclamen las palabras de Dios. No omitan ni los terrores del Sinaí, ni las notas de amor del Calvario. Expongan la palabra con toda fidelidad, según su conocimiento, y clamen por el poder del Altísimo, y el más obstinado pecador fuera del infierno será rendido por su medio.

El Espíritu Santo usa la palabra de Dios: éste es Su único ariete con el cual derriba las fortalezas del pecado y del yo en aquellos corazones con los que trata eficazmente. La Palabra de Dios soportará las pruebas que le presente la dureza del corazón natural, y demostrará su origen divino por medio de sus operaciones.

Aquí comienza otra prueba. Cuando un hombre está lo suficientemente quebrantado, sólo ha recorrido una parte del camino. Una nueva dificultad se levanta. ¿Se sobrepondrán las palabras del Señor a la desesperación del penitente? El hombre se encuentra lleno de terror a causa del pecado, y el infierno ha comenzado a arder dentro de su pecho. Pueden hablarle con amor, pero su alma se rehúsa a ser consolada, hasta que le presentes las palabras del Señor para que se enfrente a ellas, “Su alma abominó todo alimento.” Háblale de un Salvador agonizante; quédate por un rato en el tema de la gracia inmerecida y el perdón total; háblale del recibimiento del hijo pródigo, y del amor inmutable del Padre. Asistido por el poder del Espíritu, estas verdades deben traer luz a quienes están sentados en tinieblas.

Las peores formas de depresión son curadas cuando se cree en la Santa Escritura. A menudo me he quedado desconcertado, cuando estoy bregando con un alma convicta de pecado, incapaz de ver a Jesús; pero nunca he albergado ninguna duda que al fin, las palabras del Señor se convertirán en una copa de consolación para el corazón desfallecido. Podemos estar desconcertados por un tiempo, pero con las palabras del Señor como nuestras armas, el Gigante Desesperación no nos va a derrotar.

Oh, ustedes que están en servidumbre bajo el temor del castigo, ustedes alcanzarán la libertad: sus cadenas se romperán, si aceptan las palabras de Dios. La palabra de mi Señor puede abrir ampliamente las puertas de la prisión: Él ha roto las puertas de bronce, y ha despedazado las barras de hierro.

Debe ser una palabra maravillosa esa que, como un hacha de combate, aplasta el yelmo de la presunción, y al mismo tiempo, como dedo de amor, toca la delicada herida sangrante y la sana al instante. Las palabras del Señor, tanto para quebrantar como para exaltar, son igualmente efectivas.

En ciertas instancias, las palabras de Dios son probadas por la particularidad del que busca. ¡Cuán frecuentemente algunas personas nos han dicho que estaban seguras que no había nadie como ellas en todo el mundo! Eran hombres acorralados; peces extraños que ningún mar podría contener. Ahora, si estas palabras son ciertamente de Dios, serán capaces de tocar cualquier caso; de otra manera no. Las palabras de Dios han sido sometidas a esa prueba, y estamos sorprendidos por su adaptación universal. Siempre hay un texto que se puede aplicar a cada caso, aunque sea notable y excepcional. En algunas instancias, hemos oído acerca de un texto extraño, relativo al cual no podíamos ver antes por qué había sido escrito; sin embargo, tiene evidentemente una adecuación para alguna persona en particular, a quien ha venido con divina autoridad.

La Biblia puede ser comparada con el manojo de llaves de un cerrajero. Las utiliza una a una, y dice de alguna: “¡Esta es una llave extraña, ciertamente no se adecuará a ninguna cerradura existente!” Pero algún día el cerrajero será llamado para abrir una cerradura muy peculiar. Ninguna de sus llaves funciona. Finalmente elige ese espécimen singular. ¡Vean! Entra en la ranura, quita el cerrojo y permite el acceso al tesoro. Está demostrado que las palabras de este libro son las palabras de Dios, porque tienen una adaptación infinita a las diversas mentes que el Señor ha creado. ¡Con qué colección de llaves contamos aquí el día de hoy! No les podría describir todas las que hay: Bramah y Chubb, y todos los demás, no podrían haber diseñado tal variedad: sin embargo, yo estoy seguro que en este volumen inspirado, hay una llave que en todos sentidos es adecuada para cada cerradura.

Personalmente, cuando he tenido problemas, he leído la Biblia hasta que algún texto me ha parecido que sobresale del Libro, y me saluda, diciendo: “Fui escrito especialmente para ti.” Me ha mirado como si la historia hubiera estado en la mente del escritor cuando escribió ese pasaje; y en efecto estaba en la mente de ese Autor divino que está detrás de todas estas páginas inspiradas. Así, las palabras del Señor han aguantado la prueba de adaptación a las singularidades de los hombres como individuos.

Frecuentemente nos encontramos con gente de Dios que han probado las palabras de Dios en tiempos de tremendas aflicciones. Hago aquí una apelación a la experiencia del pueblo de Dios. Has perdido al hijo amado. ¿Acaso no hubo una palabra del Señor para alentarte? Perdiste tu propiedad: ¿Acaso no hubo un pasaje de las Escrituras que te permitió enfrentar el desastre? Has sido calumniado: ¿no hubo una palabra para consolarte? Estabas enfermo y al mismo tiempo deprimido; ¿No te proveyó el Señor de consuelo en esas circunstancias? No voy a multiplicar las preguntas: el hecho es que nunca estuviste arriba sin que la Palabra de Dios no estuviera allí contigo; y nunca estuviste abajo, sin que la Escritura no estuviera allí contigo.

Ningún hijo de Dios se encontró alguna vez en una zanja, un hoyo, una cueva o un abismo, sin que las palabras de Dios no lo encontraran. ¡Cuán a menudo las promesas llenas de gracia están emboscadas para sorprendernos con sus misericordias! Yo adoro la infinitud de la bondad de Dios, según la veo reflejada en el espejo de la Escritura.

Además, la Palabra de Dios está probada y comprobada como una guía en la perplejidad. ¿No nos hemos visto forzados, algunas veces, a hacer una pausa y decir: “No sé qué pensar de esto”? “¿Cuál es la opción adecuada?” Este libro es un oráculo para el hombre de sencillo corazón en su perplejidad mental, moral y espiritual. ¡Oh, que lo usáramos más! Tengan por seguro que nunca se encontrarán en medio de un laberinto tan complicado de donde este libro, bendecido por el Espíritu, no pueda ayudarles a salir. Esta es la brújula para todos los marineros que navegan en el mar de la vida: usándola sabrán dónde se encuentra el polo. Guíense por las palabras del Señor, y tendrán libre el camino.

Amados, las palabras de Dios aguantan otra prueba; son nuestra defensa en los tiempos de tentación. Tú puedes escribir un libro que ayude a un hombre cuando es tentado en una cierta dirección; ¿acaso el mismo volumen lo fortalecerá cuando es atraído en la dirección opuesta? ¿Pueden concebir un libro que se constituya en una valla alrededor, rodeando al hombre en todas direcciones? ¿Qué lo guarde de aquel abismo, y del golfo que está al otro lado? Sin embargo, así es este Libro.

El propio diablo no puede inventar una tentación que no pueda enfrentarse con estas páginas; y todos los diablos juntos que están en el infierno, si sostuvieran un congreso, y llamaran en su ayuda a todos los hombres perversos, no podrían inventar un ardid que no se pudiera enfrentar con esta biblioteca de verdad sin par. Alcanza al creyente en cada condición y posición, y lo preserva de todo mal. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.”

Finalmente, sobre este punto, aquí encontramos una grandiosa prueba del Libro: ayuda a los hombres en su muerte. ¡Créanme, morir no es un juego de niños! Ustedes y yo nos encontraremos en esa solemne situación antes de que nos demos cuenta, y entonces necesitaremos un poderoso consuelo. Nada en la tierra me da tanto cimiento en la fe, como visitar a miembros de esta iglesia cuando están en el umbral de la muerte. Es muy triste ver cómo se consumen o cómo los tortura el dolor; sin embargo, el principal efecto que se produce en el visitante es más bien alegre que triste.

Esta semana he visto a una hermana muy conocida por muchos de ustedes, que sufre de cáncer en la cara, y puede, muy probablemente, estar muy pronto con su Señor. Es una aflicción terrible, y uno no sabe qué puede implicar todavía; pero esa paciente llena de gracia, ni murmura ni siente temor. Nadie en este lugar, aunque goce de perfecta salud, podría estar más calmado, más tranquilo, que nuestra hermana. Ella me dijo con plena confianza, que viva o muerta ella le pertenece al Señor, y que tenía radiantes anhelos de estar para siempre con el Señor. Lo poco que podía decir con su voz era complementado con toda la abundancia que expresaba con sus ojos, y con todo su comportamiento. Allí no había ni excitación, ni fanatismo, ni acción alguna de medicinas en el cerebro; lo que había era una quieta esperanza del gozo eterno, dulcemente razonable y segura.

Hermanos, no es difícil salir de este mundo cuando descansamos en ese viejo y seguro Evangelio que les he predicado durante todos estos años. Personalmente, yo puedo ya sea vivir o morir en estas eternas verdades que les he proclamado; y esta seguridad me da valentía cuando predico.

No hace mucho tiempo, estaba sentado junto a un hermano que se acercaba a su fin. Yo le pregunté: “¿No tienes miedo a la muerte?” Él me respondió con alegría: “Me avergonzaría de mí mismo si lo tuviera, después de todo lo que he aprendido de tus labios acerca del Evangelio glorioso durante todos estos años. Es un gozo partir y estar con Cristo, lo que es mucho mejor.” Ahora, si este volumen inspirado, con todo su maravilloso registro de las palabras de Dios, nos ayuda en las pruebas de la vida, nos dirige en nuestro diario caminar, y nos capacita para sortear la última gran tormenta, ciertamente es precioso más allá de toda descripción, “Como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.”

III. Ahora, en tercer lugar, ¿QUÉ EXIGEN ESTAS PALABRAS DEL SEÑOR?

Las exigencias de estas palabras son muchas. Primero, merecen ser estudiadas. Amados, ¿puedo suplicarles que escudriñen constantemente la Escritura inspirada? Tú dices: ¡Aquí tengo la última novela que ha salido! ¿Qué debo hacer con ella? Tírala al piso. ¡Aquí tengo otra pieza de ficción que se ha vuelto sumamente popular! ¿Qué haré con ella? Hazla a un lado o déjala caer entre las barras de la parrilla. Este sagrado volumen es la más reciente de las novelas. Para algunos de ustedes será un libro enteramente nuevo.

Nosotros contamos con un grupo que suministra Biblias a lectores, pero necesitamos en gran medida lectores de la Biblia. Lamento que inclusive entre algunas personas que llevan el nombre de cristianos, la Santa Escritura es el libro menos leído de sus bibliotecas. Alguien preguntó acerca de un predicador, el otro día, “¿Cómo mantiene su congregación? ¿Le da siempre a la gente algo nuevo?” “Sí,” le respondió otro, “él les da el Evangelio; y en estos días, eso es lo más nuevo que ha salido.” Ciertamente así es; el viejo, viejo Evangelio es algo nuevo siempre. La doctrina moderna es únicamente nueva de nombre; no es nada, después de todo, sino una mezcla confusa de rancias herejías y de especulaciones enmohecidas.

Si el Señor ha registrado Sus palabras en un Libro, escudriñen sus páginas con un corazón creyente. Si no lo aceptan como la palabra inspirada de Dios, no puedo invitarlos a prestarle una atención particular; pero si lo consideran como el Libro de Dios, los exhorto, así como voy a encontrarlos en el trono de juicio de Cristo, para que estudien la Biblia diariamente. No traten al Eterno Dios sin el debido respeto, sino que más bien deléitense en Su Palabra.

¿La leen? Entonces crean en ella. ¡Oh, anhelen creer intensamente en cada palabra que Dios ha hablado! No la consideren como un credo muerto, sino dejen que los sostenga con su mano todopoderosa. No sostengan ninguna controversia con alguna de las palabras del Señor. Crean sin ninguna mezcla de duda. Al hermano del famoso Unitario, el doctor Priestly, se le permitió predicar en lugar de su hermano, en su capilla de Birmingham; pero se le solicitó que no eligiera ningún tema controversial. Él obedeció al pie de la letra sus instrucciones, pero fue rebelde contra su espíritu, viendo que adoptó por su texto: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.”

Ciertamente no hay ninguna controversia entre los hombres espirituales en relación a la gloriosa verdad de la encarnación de nuestro Señor Jesús. Así también, todas las palabras del Señor están fuera de la región de debate: para nosotros son certezas absolutas. Mientras una doctrina no se convierta en certeza absoluta para un hombre, nunca podrá conocer su dulzura: la verdad tiene poca influencia en el alma mientras no sea creída con plenitud.

A continuación, obedezcan al Libro. Háganlo con libertad, háganlo de todo corazón, háganlo constantemente. No se aparten del mandamiento de Dios. ¡Que el Señor los haga perfectos en toda buena obra, para hacer Su voluntad! “Haced todo lo que os dijere.” Ustedes que son inconversos, obedezcan la palabra del Evangelio: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” El arrepentimiento y la fe son a la vez los mandamientos y los dones de Dios; no los descuides.

Además, estas palabras de Dios deben ser preservadas. No renuncien a una sola línea de la revelación de Dios. Tal vez no sepan la particular importancia del texto asediado, pero no les corresponde a ustedes valorar el valor proporcional de las palabras de Dios: si el Señor ha hablado, estén preparados a morir por lo que Él ha dicho. A menudo me he preguntado si, de acuerdo a los conceptos de algunas personas, hay alguna verdad por la que vale la pena que un hombre muera en la hoguera. Yo diría que no; pues no estamos seguros de nada, de acuerdo a los conceptos modernos. ¿Valdría la pena morir por una doctrina que puede ser mentira la siguiente semana? Los descubrimientos recientes pueden mostrar que hemos sido víctimas de una opinión anticuada: ¿No sería mejor que esperáramos para ver qué pasa? Sería una desgracia morir en la hoguera demasiado pronto, o quedar preso por un dogma que, en pocos años, será reemplazado.

Hermanos, no podemos soportar esta teología voluble. ¡Que Dios nos envíe una raza de hombres que tenga firmeza! Hombres que crean en algo, y que estén dispuestos a morir por sus creencias. Este Libro merece el sacrificio de todo nuestro ser, para mantener cada una de sus líneas.

Creyendo y defendiendo la Palabra de Dios, entonces proclamémosla. Salgan esta tarde, en este primer domingo de verano, y prediquen en la calle las palabras de vida. Vayan a alguna reunión en alguna casa, o a un taller, o algún albergue, y declaren las palabras divinas. “La verdad es poderosa y prevalecerá,” afirman: pero no prevalecerá si no se da conocer. La propia Biblia no obra maravillas a menos que sus verdades sean publicadas por doquier. Prediquen entre los paganos que el Señor reina desde el madero. Prediquen en medio de las multitudes que el Hijo de Dios ha venido para salvar a los perdidos, y que cualquiera que crea en Él tendrá vida eterna. Hagan saber a todos los hombres que “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Esto no se llevó a cabo en un rincón: no lo guarden como un secreto. Vayan ustedes por todo el mundo, y prediquen el Evangelio a toda criatura; y ¡que el Señor los bendiga! Amén.

sujetosalaroca.com

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