¿Dejará alguna vez el Espíritu Santo a un creyente?

“¿Dejará alguna vez el Espíritu Santo a un creyente?”

Respuesta: Simplemente no, el Espíritu Santo jamás abandonará a un creyente. Esta verdad es revelada en muchos diferentes pasajes en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Romanos 8:9 nos dice, “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Este verso es muy claro en que si alguien no tiene la presencia del Espíritu Santo morando en él, no es salvo; por lo tanto, si el Espíritu Santo fuera a abandonar a un creyente, éste habría perdido su relación con Cristo, así como su salvación. Sin embargo, esto es totalmente contrario a los que enseña la Biblia acerca de la “seguridad eterna” de los cristianos. Otro verso que habla claramente de la permanente presencia del Espíritu Santo morando en la vida de los creyentes es Juan 14:16. Aquí Jesús dice que el Padre dará otro Consolador “para que esté con vosotros para siempre.”

El hecho de que el Espíritu Santo nunca abandonará a un creyente es visto también en Efesios 1:13-14 donde se dice a los creyentes que fueron “sellados” con el Espíritu Santo, “que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” La ilustración de ser sellados con el Espíritu, es una que indica propiedad y posesión. Dios ha prometido vida eterna a todos los que crean en Cristo, y como una garantía de que Él mantendrá Su promesa, ha enviado al Espíritu Santo a morar en el creyente hasta el día de la redención. De manera similar al pago de un enganche para adquirir un carro o una casa, Dios ha provisto a todos los creyentes con un “enganche” de su futura relación con Él, al enviar al Espíritu Santo para que more en ellos. El hecho de que todos los creyentes son sellados con el Espíritu, también es visto en 2 Corintios 1:22 y Efesios 4:30.

Antes de la muerte, resurrección y ascensión al Cielo de Jesucristo, el Espíritu Santo tenía una relación de “entrada y salida” con la gente. El Espíritu Santo moraba en el rey Saúl, pero luego se apartó de él (1 Samuel 16:14). En su lugar, el Espíritu estuvo con David (1 Samuel 16:13). Después de su adulterio con Betsabé, David temía que el Espíritu Santo se apartara de él (Salmo 51:11). Bazaleel fue lleno del Espíritu Santo para capacitarlo en la elaboración los utensilios necesarios para el tabernáculo (Éxodo 31:2-5), pero esto no es descrito como una relación permanente. Todo esto cambió después de la ascensión de Jesús al Cielo. Iniciando en el día de Pentecostés (Hechos capítulo 2), el Espíritu Santo comenzó a morar permanentemente en los creyentes. La morada permanente del Espíritu Santo es el cumplimiento de la promesa de Dios, de que siempre estaría con nosotros, y jamás nos abandonaría.

Mientras que el Espíritu Santo nunca dejará a un creyente, es posible que nuestro pecado “apague al Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 5:19) o “contriste al Espíritu Santo” (Efesios 4:30). El pecado siempre tiene consecuencias en nuestra relación con Dios. Mientras que nuestra relación con Dios es segura en Cristo, los pecados no confesados en nuestras vidas, pueden obstruir nuestra comunión con Dios y efectivamente apagar la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es por lo que resulta tan importante confesar nuestros pecados, ya que Dios es “fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9). Así que, mientras que el Espíritu Santo jamás nos dejará, los beneficios y el gozo de Su presencia si pueden apartarse de nosotros.


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El uso del “amén” en el culto público

“Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa el lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho” (1Cor. 14:16).

La palabra hebrea “amén” es parte de una familia de palabras que giran alrededor de la idea de certeza o veracidad. En el AT es usada como una expresión de confianza o asentimiento sobre lo que otro está diciendo.

Por ejemplo, en 1R. 1:36 vemos como Benaía acepta la tarea impuesta por el rey David de ungir a su hijo Salomón como su sucesor al trono haciendo uso del “amen”:

Entonces Benaia hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amen. Así lo diga Jehová, Dios de mi Señor el rey”.

También encontramos el uso del “amén” como una confirmación o aceptación personal de alguna advertencia o maldición divina (Nm. 5:22). Y en muchos lugares del AT encontramos esta palabra como un asentimiento del pueblo a las expresiones de adoración que se rendía a Dios. En este sentido es interesante notar que los primeros cuatro libros de los cinco que componen los salmos, concluyen con el amén (Sal. 41:13; 72:19; 89:52; 106:48).

En todos estos casos la palabra amén es usada como un reconocimiento de que la Palabra que ha sido pronunciada es válida y, por lo tanto, que nos estamos comprometiendo en cierto modo a cumplirla. Así que el significado básico de la palabra en el AT es que lo que ha sido pronunciado es válido y seguro.

En el NT encontramos que la palabra hebrea amén ha sido trasladada al idioma griego a través de una simple transliteración; es decir, se ha tomado la palabra tal como suena y se ha adaptado al alfabeto griego. Lo mismo ocurre con la palabra en nuestro idioma; se escribe y se pronuncia “amén”, solo que usando, obviamente, las letras de nuestro alfabeto.

Sin embargo, en el NT el significado de esta expresión se enriquece. Por un lado, la encontramos en el mismo contexto de adoración que es tan común en el AT (comp. Rom. 9:5; 11:36). Pero en el NT adquiere ciertas connotaciones características. Por ejemplo, vemos que el Señor la usa para llamar la atención sobre algunas declaraciones solemnes o para recalcar la certeza de ciertas promesas (Jn. 3:3, 5; 5:24; 8:58).

Es usada también para enfatizar la confiabilidad que Dios nos ha dado en Cristo (2Cor. 1:20). La idea parece ser la siguiente: “Todas las promesas que Dios ha hecho a los pecadores, todas tienen un punto en común: que en Cristo todas son Sí”.

¿Puede Dios realmente perdonar todos mis pecados si voy a Cristo en arrepentimiento y fe? Sí. ¿Pero aun en el caso de que mis pecados se hayan multiplicado como las estrellas del cielo y como la arena del mar? La respuesta siempre es la misma: Sí. Y cuando esto es comprendido y aceptado, la respuesta que brota del corazón es “Amén”. Todas las promesas de Dios son en Cristo “Sí” y “amén”.

Pero el clímax de esta expresión lo encontramos en Ap. 3:14, en donde la palabra “Amén” es usada como uno de los títulos que identifican a nuestro Señor Jesucristo. Él es el Amén, sus palabras siempre son fieles y verdaderas, y Él mismo es la máxima expresión de la fidelidad de Dios a Sus promesas. Dios cumplió en Cristo todo cuanto había prometido a través de Sus profetas. Cristo es en Su Persona y en Su obra redentora el Amén de Dios.

De modo que la palabra “amén” ha sido introducida por Dios mismo en la vida de Su pueblo como la expresión audible de un corazón que confía plenamente en Su Dios.

Al decir el “amén” estamos manifestando nuestra confianza en la veracidad y validez de las palabras que han sido pronunciadas. Lamentablemente, algunos grupos cristianos abusan del “amén”, mientras en otros grupos es un término casi totalmente ausente. Por lo que debemos preguntarnos ahora, ¿cuándo debemos usar la palabra “amén” en nuestros cultos de adoración?

Al hablar de la adoración a Dios nos estamos refiriendo a todas aquellas actividades por medio de las cuales Dios se acerca a nosotros como Su pueblo, y todas aquellas actividades por medio de las cuales nosotros nos acercamos a Él como nuestro Dios.

Es cierto que la adoración a Dios involucra muchos detalles, pero todos esos detalles pueden ser agrupados en dos categorías fundamentales: aquellas cosas por medio de las cuales Dios se acerca a nosotros, y aquellas cosas por medio de las cuales nosotros nos acercamos a Dios cuando nos congregamos como pueblo.

Dios viene a nosotros al manifestar Su presencia en medio nuestro a través de la predicación de Su Palabra; nosotros, en cambio, nos acercamos a Él a través de la confesión de nuestros pecados, a través de nuestros cánticos de alabanza, de nuestras acciones, de nuestras súplicas, etc.

Por eso decimos que todo lo concerniente a la adoración puede ser agrupado en esas dos categorías generales. En la adoración Dios se acerca a Su pueblo, y el pueblo se acerca a Su Dios (comp. Sant. 4:8). Y es precisamente en esos dos contextos en que debemos ubicar el uso del amén en la adoración:

A. Como una expresión de asentimiento cuando la Palabra de Dios es declarada:

Deut. 27:15-26. Cuando estas maldiciones fueran leídas el pueblo debía asentir a la Palabra de Dios pronunciando un “Amén”. ¿Podía Dios leer el corazón de la gente y ver si estaban asintiendo a la Palabra proclamada? Si, Dios puede leer el corazón, y ver si estamos asintiendo o no a lo que se está proclamando, pero Él esperaba un asentimiento verbal de parte de Su pueblo.

Al hacerlo de ese modo estaban profesando abiertamente su fe en la veracidad de las palabras que estaban siendo pronunciadas. No es un juego lo que se está diciendo aquí. Dios está declarando a través de sus siervos que Él real y efectivamente ha de manifestar Su ira contra la impiedad e injusticia de los hombres, y ni un jota, ni una tilde de esas advertencias caerán a tierra.

Los hombres se caracterizan por sus promesas y amenazas incumplidas. Pero cuando Dios promete o amenaza Sus palabras tienen cumplimiento porque son fieles y verdaderas. Cuando el pueblo de Dios dice el “amén” está profesando abiertamente su fe en la validez y seguridad de tales palabras.

Por otra parte están manifestando su confianza en la equidad de Dios al pronunciar estas maldiciones. Al decir el “amén” no sólo expresaban que estas palabras eran fieles y verdaderas, sino también justas y equitativas. El “amén” significaba en este sentido: “Eres justo, oh Dios, así debe ser; eso es lo que merecen aquellos que violen tu santa ley”.

Y finalmente, al pronunciar el “amén” estaban impresionando sus propias almas, y atando sus propias conciencias al cumplimiento de la ley divina. Al dar el “amén” a estas maldiciones estaban llamando sobre sí mismos la ira de Dios en caso de incurrir en esas prácticas perversas que la ley condenaba.

Esa es la respuesta que Dios espera de Su pueblo cuando Su Palabra es proclamada. Es una respuesta del alma, del corazón, pero que se manifiesta audiblemente a través del “amén” (comp. Neh. 5:13; Ap. 1:7; 22:20).

El predicar la Palabra de Dios requiere de un gran esfuerzo espiritual e intelectual. Es realmente agotador predicar la Palabra. Pero el escuchar una prédica también lo es. Es un verdadero ejercicio intelectual y espiritual el poder mantener la atención sobre una exposición de la Palabra de Dios durante 50 minutos o una hora. Nuestra carne se resiste a ello.

Pero Dios espera de Su pueblo a que resistan la tentación de distraerse, la tentación de ser perezosos mentalmente y de irse por el lado fácil. Y más aún: Dios espera un asentimiento de corazón a esa Palabra que está siendo expuesta; por eso introdujo la palabra “amén” en la vida de Su pueblo, como una expresión de asentimiento cuando Su Palabra es declarada.

B. Como una expresión de asentimiento a la adoración que rendimos a Dios:

1Cro. 16:7 y 36b. Asaf y sus hermanos alabaron a Dios públicamente, y el pueblo respondió: “Amén”. Lo mismo vemos en el Sal. 106:48 que citamos anteriormente: “Bendito Jehová Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad; y diga todo el pueblo, Amén”.

También lo vemos implicado en 1Cor. 14:16. La idea obvia que está detrás de estas palabras es: “Si él sabe lo que has dicho y asiente a ello dirá el amén”. Pero quizás ningún otro texto de la Escritura presenta esta verdad de una manera más impactante que el cuadro que encontramos en Ap. 5:11-14.

Cuando venimos como Iglesia a adorar debe haber un orden. Por ello algunos tienen la tarea de dirigir la adoración. Pero todos los demás tenemos el deber de concentrarnos en aquello que la Iglesia como cuerpo está haciendo para acercarse a Dios, a la vez que debemos tener una participación audible, externa.

“Señor, estoy de acuerdo con lo que se está diciendo; con todo mi corazón asiento estas expresiones de adoración”. Y lo mismo cuando venimos a orar corporativamente. Es cierto que es uno sólo quien eleva su voz a Dios en oración como representante de toda la Iglesia; pero toda la Iglesia debe envolverse unánime con el que ora.

Ese no es el momento para pensar en las cuentas que tengo que pagar, o en las diligencias que faltan por hacer; ni siquiera es el momento para orar por mis cosas personales. Estamos aquí como cuerpo, presentando nuestras peticiones delante de Dios unánimemente, a una sola voz.

Lo que está envuelto en esto no es una simple expresión verbal. Se trata de una expresión externa que manifiesta un asentimiento interno.

Dios lo ha establecido así, y si somos creyentes verdaderos hemos de estar interesados como individuos y como Iglesia en traer todas las áreas de nuestras vidas a los principios que Dios ha establecido en Su Palabra, sobre todo, en aquellas cosas que tienen que ver con la adoración de Su pueblo.

Más adelante veremos algunos principios que deben regular el uso del “amén” en el culto público.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

http://www.todopensamientocautivo.com/2010/09/el-uso-del-amen-en-el-culto-publico/

Omnipresencia-EDUCANDO A MARTIN GIANOLA

EDUCANDO A MARTIN GIANOLA

Crítica de su artículo
“Los Atributos Teológicos del Dios Judeocristiano – Omnipresencia”

Pablo Santomauro

El artículo de Martin Gianola está alojado en: LOS ATRIBUTOS TEOLÓGICOS DEL DIOS JUDEOCRISTIANO – OMNIPRESENCIA

Una vez más asumo la benévola tarea de corregir a Martín Gianola, que como todo ateo que no es honesto intelectualmente, presenta una perspectiva distorsionada, en esta ocasión, del atributo de Dios conocido como omnipresencia. La tarea de derribar sus argumentos es sencilla. Todo lo que tenemos que hacer es mostrarle que su definición de omnipresencia es errónea. Gianola, como parece ser su costumbre, razona en el vacío de la misma forma que ese “gran pensador” que Gianola cita, Ladislao Vadas. Veamos lo que Gianola escribe:

“Entendemos por omnipresencia de Dios que se encuentra en TODAS partes, desde los componentes infinitamente pequeños del núcleo de un átomo, asi como en el aire, el vacío del espacio, el núcleo del sol o de cualquier estrella, en cada pelo del ratón que vive en mi desván o en una hormiga africana recién nacida. En cada fotón, en cada una de las galaxias, no tocando las cosas superficialmente ni adhiriéndose materialmente a los objetos. Dios está en todo Espacio, lugar y cosa, en forma radical … Su presencia puede estar en los seres de manera objetiva, como lo amado en el amante, lo conocido en el cognocente, esto es presencia particular. Su presencia puede estar en los seres de manera efectiva por potencia, por conocimiento y por escencia, es decir en forma general”.

Más adelante cita a Ladislao Vadas:

“…cada átomo, cada molécula, cada celula viviente, cada organismo vivo o muerto, sano o enfermo, cada cerebro animal, cada conciencia humana, están adosados a su propia conciencia, porque se halla presente en todo [Dios] … Puesto que, o está en todos los seres o no se halla en algunos. Si se halla presente en todos, tambien lo debe estar en los malignos o los que usan mal el libre albedrio. Si en estos no se halla presente, carece entonces del atributo de omnipresencia … ”

Sin perder la oportunidad de insertar en el artículo el gastado argumento ateo de la existencia del mal, que según los ateos prueba que Dios no existe, Gianola agrega:

“Se me ocurre pensar entonces en un dios que estaba presente dentro de ese hermoso niño que luego se convirtió en un violador asesino múltiple”.

Es claro que Gianola, tanto como Davas, tiene una idea totalmente errónea de lo que es la omnipresencia de Dios en términos bíblicos. Ambos conciben la omnipresencia de Dios en términos ontológicos, i.e., Dios siendo uno con la creación. La naturaleza ontológica de Dios, según Gianola, su esencia (su DNA si se me permite), se encuentra en toda materia y organismo viviente en el universo. Esta es una definición panteísta de Dios, i.e., Dios es todo y todo es Dios. Eso no es lo que la Biblia enseña. Es obvio que Gianola, sin saberlo quizá, está tratando con un dios diferente al del cristianismo. Queremos pensar que no lo hace adrede. De lo contrario está levantando un monigote de paja, o sea que comete la falacia de mal representar lo que los cristianos creemos. Esta falacia consiste en crear una versión modificada o débil de la posición del contrario, para de esa forma poder derribarla fácilmente. Veamos ahora, para beneficio de la educación de Gianola, qué es lo que los cristianos entendemos cuando hablamos de la omnipresencia de Dios.

La Biblia establece que Dios es omnipresente, i.e., está presente en todo lugar simultáneamente. Esto no significa que la forma o naturaleza de Dios está dispersa de modo que partes de El existen en todos lados (la crítica de Gianola se basa en esta falsa premisa). Dios es ontológicamente espíritu (Jn. 4:24; Is. 31:3), no tiene una forma física. El está presente en todo lugar en el sentido de que todas las cosas están inmediatamente en su presencia. Al mismo tiempo, El está presente en todo lugar del universo. Nadie pude esconderse de El y nada escapa a su “vista” (Sal. 139; Jer. 23:23-24; Am. 9:2-3).

Dios NO es todo-presente en el sentido de existir dentro o en todas las cosas creadas, visibles y no visibles, Dios no está en las mentes, emociones, plantas, vida, materia inanimada y/o diferentes elementos. Su omnipresencia significa que no está enmarcado por restricciones de ninguna clase y puede realizar un número infinito de cosas sin limitaciones de ningún tipo. Por motivo de su naturaleza eterna y existencia infinita, Dios es inmensurable en conocimiento, sabiduría, santidad y bondad. Es por ello que cuando alguien se acerca al tema de su omnipresencia debe asegurarse de que sabe de lo que está hablando, de lo contrario puede caer en las ideas superfluas y absurdas de Gianola y Vadas.

Quizá lo que vengo diciendo se comprenda mejor cuando estudiamos otro atributo de Dios, Su transcendencia. Esto significa que Dios es enteramente distinto, diferente, y en cierto sentido separado de su Creación, así como el carpintero es diferente de la mesa que construyó. Transcendencia significa que Dios es:

1. Separado del mundo: Is. 40:22; Hch. 17:24
2. Superior al mundo por contraste: Sal. 102:25-27; 1 Jn. 2:17-17
3. Creador del mundo: Gn. 1:1; Sal. 33:6; 102:25; Is. 42:5; 44:24; Jn. 1:3; Ro. 11:36; He. 1:2; 11:3

Al mismo tiempo que Dios es transcendente, también es inmanente, o sea, involucrado con su Creación e interrelacionándose continuamente con ella, pero nunca Dios es la Creación y viceversa.

Resumiendo: El argumento de Gianola es estrepitosamente inválido. Le recomendamos que si va a arremeter contra el Dios bíblico, se tome el tiempo de estudiar un poco porque es evidente que está refutando o analizando una pantomima de su propia creación, un molino de viento producto de su mente obsesionada, no el Dios cristiano.

Por último, no podía faltar en la diatriba de Gianola el clásico caballito de batalla del ateo, la existencia del mal y el sufrimiento y la acusación de que el Dios cristiano es cruel. Gianola usa las palabras de Ladislao Vadas:

“Y vuelvo a Vadas: ‘…tampoco se explica como estando presente en todos los genes de los seres vivos de la tierra, permite la mutación genética aleatoria que apunta casi siempre hacia el error, cuya acumulación conduce al fracaso de las especies vivientes, ni como permite que un tumor maligno carcoma lentamente un organismo hasta su agonía extrema entre terribles tormentos, estando ’Él’ infiltrado (según la teología está en todas las ‘cosas’ y los tumores cancerígenos son cosas y no ‘ausencia de bien’), en cada una de las mitosis equivocadas de estas células degeneradas, como objetos o seres que siguen un curso ciego incontrolado y mortal como si se tratara de otro ser vivo adherido a la víctima…’”

Nótese una vez más que el comentario de Vadas está fundado en las arenas movedizas de una definición panteísta de la naturaleza de Dios. Esto de por sí invalida el argumento principal. Pero en el tema del sufrimiento y el mal, la perspectiva calvinista es la más apropiada para neutralizar el monigote de paja de Vadas. Propongo: el pecado es real y terrible. Es necesario conocer la doctrina de la Depravación Total para entender lo grave que es el pecado. Como resultado, el mundo recibe parte de lo que merece. Si lo recibiera todo ya nadie ni nada existiría.

El salario del pecado es muerte, y parte de la muerte es la deterioración de nuestros cuerpos por medio de la enfermedad. Dios no tiene la obligación de darnos cuerpos sanos de por vida. Tampoco le debe sanidad a nadie. Si lo hace es gracias a su misericordia. La doctrina bíblica de la soberanía de Dios incluye el entendimiento de que Dios no tiene que darle explicaciones a nadie de cómo administra los asuntos del universo.

Concluimos diciendo que el hecho de que halla sufrimiento y maldad en el mundo no constituye ningún desafío para el cristiano informado. La horrenda situación presente es el resultado de la caída en pecado de nuestros antepasados milenarios. Más claro aun, es el hecho de que la existencia del mal no es un argumento que pruebe la no existencia de Dios. Los ateos más inteligentes ya lo han abandonado por inefectivo.

Dios te bendiga

Pablo Santomauro

Epístola a los Efesios parte 2

Epístola a los Efesios parte 2

II. EL PODER DE DIOS: NUEVA VIDA, cap. 1:3 – 2:10

En esta sección vemos a Pablo bendiciendo (hablar bien) al Padre por la bendición (los beneficios) celestial en Cristo.

La Bendición de Dios

El Pastor Raúl Caballero Yoccou explica que

“Bendito” es la traducción del griego eulogetos, que significa literalmente hablar bien. Nosotros la hemos transliterado[0] al castellano como elogiar (Ro. 12:14). Aunque en algunas formas gramaticales se aplica a otras personas, el adjetivo eulogetos (bendito) únicamente aparece referido a Dios (Mr. 14:61; Lc. 1:68; Ro. 1:25; 9:5; 2 Co. 1:3; 11:31; Ef. 1:3; 1Pe. 1:3). Sólo Dios puede recibir cierto tipo de elogio que no se limita a “hablar bien”, sino a adorarle en ese lenguaje. Es exactamente la actitud y el idioma que utilizó Pablo en este versículo. Se hizo eco de la alabanza bíblica de todos los tiempos (Gn. 9:26; 14:20; 24:27; 1 Sam.25:32; Sal. 72:18, etc) y enseñó a los cristianos a vivir en el espíritu de gratitud con adoración (Sal. 103:1-3).[1]

1. ¿Cuando ocurrió?: en la eternidad pasada. V.4

Antes de la creación del mundo,Dios nos eligió.Luego nos predestinó y adoptó en Cristo Jesús.

2. ¿Con qué nos bendijo?: con toda bendición espiritual. V.3a

Esto no significa que Dios no nos de bendiciones materiales.Recordemos que el Señor dijo que buscáramos su reino y su justicia y el resto vendría por añadidura.Lo que este pasaje bíblico enseña es el tipo de bendición que Dios nos da como Iglesia en esta dispensación en contraste con la anterior, en la cual prometió bendiciones materiales muchas veces.

3. ¿Cual es el lugar de la bendición?: en los (lugares) celestiales. V. 3b

Hay muchos que interpretan la frase “los lugares celestiales”, que aparece varias veces en esta epístola, como una referencia al cielo después de morir, pero si hacemos eso, nos perderemos todo el significado de la epístola de Pablo. Aunque es cierto que habla acerca de ir un día al cielo, se refiere principalmente a la vida que vivimos actualmente porque los lugares celestiales no están en algún lugar distante del espacio, en algún planeta o estrella, sino que pertenece al ámbito de la realidad invisible en el que vive actualmente el cristiano, en contacto con Dios y en conflicto con el demonio en el que nos vemos envueltos a diario.

Los lugares celestiales son el lugar que ocupa el poder y de la gloria de Cristo. En el capítulo dos, versículo seis se nos dice:

“Y juntamente con Cristo Jesús nos resucitó [Dios] y nos hizo sentar en los lugares celestiales.”

Pero en el capítulo tres nos enteramos de que también está ahí la central de los principados y potestades del mal:

“…para que por medio de la iglesia la inconmensurable sabiduría de Dios pueda darse a conocer a los principados y poderes en los lugares celestiales.”

El conflicto que se desencadena se menciona en el capítulo seis:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.”

Así que, como vemos, ésta no es ni mucho menos una referencia al cielo, sino a la tierra. Es el ámbito invisible de la tierra, no se refiere, pues, a lo que podemos ver, oír, probar o sentir, sino a ese reino espiritual que nos rodea por todas partes, y que nos afecta e influencia constantemente, ya sea para bien o para mal, dependiendo de nuestra decisión voluntaria y de nuestra relación con estos poderes invisibles. Esos son los lugares celestiales. En este ámbito, en el que vivimos todos nosotros, el apóstol declara que Dios ya nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Es decir, ya nos ha dado todo cuanto precisamos para vivir nuestras circunstancias y relaciones actuales. Pedro dice lo mismo en su segunda epístola:

  • “su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad…. (2ª Ped. 1:3) [2]

Dios ha puesto bendiciones espirituales en su Hijo el Señor Jesús; pero nos pide que las busquemos y las obtengamos por la oración. (Mattew Henry) [3]

4. ¿Como?: en Cristo. V.3b

La frase “en Cristo Jesús” marca la posición que todos los creyentes tenemos por haber entrado al cuerpo de Cristo. Aparte de representar una unión vital con él, habla de la intimidad por la cual los cristianos comparten su vida, seguridad, poder y victoria.(R. Caballero Yoccou) [4]

ESTAR EN CRISTO [5] [6]
Es disfrutar de:

Pablo utilizó esta expresión y su derivados más de cien veces, para destacar la grandeza de la salvación.

  • “Estar en Cristo” confirma nuestra seguridad de justificación, reconciliación, redención y victoria.

En sus saludos a varias iglesias incluyó la frase (Ef. 1:1; Fil. 1:1; Col. 1:2) como único modo de comprender la redención efectuada. Pablo mismo se consideraba “crucificado con Cristo” (Gá. 2:20) y vivía “en la fe.”

  • Estar “en Cristo” es tener la vida de Cristo (Col.3:4) y vivirla (Fil. 1:21).
  • Es tener una nueva naturaleza (2 Co. 5:17) para compartir sus victorias (2 Co. 2:14).
  • “En Cristo” disfrutamos la libertad del Espíritu (Ro. 8:2), nos apropiamos de la nueva relación con Dios (2 Co. 1:21), tenemos un mensaje ciertísimo (2 Co. 2:17) y un testimonio patente (Fil. 1:13).
  • “Estar en Cristo” es estar en su cuerpo pues él es la Cabeza (Ef. 1:6), y nosotros miembros de una gran familia (Ef. 3:6) que se fortalece mutuamente para gloria de Dios.
  • También es compartir sin temores la esperanza de la vida (1 Co. 15:18–19) hasta que nos encontremos con él en la mañana de la resurrección (1 Ts. 4:16).

El Padre es el Dios de toda gracia (1 P. 5:10); Jesucristo es el dador de la gracia (Hch. 15:11; 2 Co. 8:9), y el Espíritu Santo es el “Espíritu de gracia” (He. 10:29).

“Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” (David Wilkerson) [7]

“En Cristo”. Es una frase que todos hemos oído. Albert Schweitzer llamó “estar en Cristo” al principal enigma de la enseñanza del apóstol Pablo. Schweitzer fue uno de los alemanes más sobresalientes del siglo. 20—teólogo, músico y un grandioso doctor misionero, ganador del Premio Nobel de la Paz en 1952. Schweitzer no fue un cristiano ortodoxo al final de sus días, pero pocas personas evocaban el espíritu cristiano más poderosamente.[8]

La bendición de Dios que recibimos por medio de la actividad de las 3 personas de la Trinidad:

El PADRE (el origen) Selecciona: v.4-6

  • 1. Escoge v.4.
  • 2. Es dador de gracia v.6
  • 3. Revelador de su voluntad v.9 y 10
  • 4. Hacedor de esa voluntad v.11

AL   HIJO (el medio) Sacrifica: v.7-12.

En estos vs. 11 veces encontramos la expresión Cristo” o “por medio de Cristo”.

  • 1. En Cristo bendición y elección v.3
  • 2. En Cristo redención v.6 y 7
  • 3. En Cristo un pueblo v.10 y 11
  • 4. En Cristo el descenso del Espíritu para sellarnos v.13 y 14

Al Espíritu (la garantía) Sella:v.13 y 14

David Wilkerson comenta que

Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).

Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.

Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado. [9]

Notas

[0] Transliterar es representar los signos de un sistema de escritura, mediante los signos de otro.cit en Raúl Caballero Yoccou,Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, ed. Unilit,pag. 26

[1] Efesios,op. cit

[2] http://cebei.wordpress.com/2008/12/30/11-sinopsis-nuevo-testamento-efesios-el-llamamiento-a-los-santos-1128/

[3] Mattew Henry, Comentario Biblico Mattew Henry Galatas – Filemon, Ed. Clie

[4] Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, op. cit., pag. 23

[5] cf. https://lasteologias.wordpress.com/2010/08/09/en-cristo-jesus/

[6] Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, op. cit., pag. 23-24

[7] http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm

[8] cf. https://lasteologias.wordpress.com/2010/08/09/resurreccion-y-ascension-lo-que-significa-estar-en-cristo/

[9] http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm

Bibliografía

El Bautismo parte 3

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El Bautismo parte 2

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UNA INTRODUCCIÓN A LA PREDESTINACIÓN

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