El concepto de la creación en la iglesia primitiva – Segun la teologia de Origenes

El concepto de la creación en la iglesia primitiva – Según la teologia de Origenes

Orígenes (185254) es considerado un Padre de la Iglesia, destacado por su erudición.Hijo de San Leonidas, nació en Alejandría, y fue discípulo de Clemente de Alejandría y de Ammonio Saccas. Orígenes enseñó el cristianismo a paganos y cristianos.

    La Iglesia Primitiva y la Creación

    La Iglesia Primitiva y la Creación

    Posted: 05 Nov 2008 03:59 AM CST

    Las doctrinas de la iglesia no son doctrinas personales o individuales. Es decir, lo que la iglesia cree lo cree como iglesia, y aquellas doctrinas que se salen de lo que es normalmente creído por ella, son herejías. Por ejemplo, cuando escribí acerca del Dispensacionalismo, comenté que nunca antes en la historia de la iglesia, se había creído en esta doctrina, la cual fue desarrollada y pulida hasta mediados de los años 1800 por John N. Darby. Pero la iglesia nunca creyó este sistema escatológico.

    Qué ocurrió con la doctrina de la deidad de Cristo? Pues, durante la iglesia primitiva la iglesia creía que el Padre era Dios, que Cristo era Dios, y que el Espíritu Santo era Dios, sin que tuviera una doctrina de la Trinidad totalmente desarrollada. Lo que sabía era que las tres personas eran Dios. Sin embargo, existían hombres, aisladamente que enseãban que Cristo no era Dios, pues Dios era uno. Uno de estos hombres era Arius. Cuando sus enseñanzas estaban esparciéndose en el mundo antigüo, se dieron conflictos que llevaron al concilio de Nicea, en donde los líderes de la iglesia dejaron claro que la iglesia creía en la deidad de Cristo. De ahí salió el credo que demostraba la creencia de la iglesia como un todo.

    Debemos tener claro que si alguno de nosotros cree algo que no ha sido creído por la iglesia a través de su historia, entonces esto indica que nosotros estamos equivocados. Con esto, que creía la iglesia primitiva con respecto a la creación? Es que creía que Dios creó todo el universo en largos períodos de tiempo? Es que creía que Dios utilizó la evolución como medio de su creación?

    Es obvio que en la antigüedad la ciencia no era tan avanzada como en la actualidad, pero el lenguaje siempre ha sido el mismo. Los apóstoles eran judíos, y podían comprender lo que sus padres les enseñaban acerca del libro de Génesis. Estos escribieron en griego, y sus enseñanzas fueron aceptadas por generaciones posteriores que comprendían el uso del lenguaje que ellos emplearon. Qué es entonces lo que estos padres de la iglesia enseñaron con respecto a la creación?

    Cuando la iglesia primitiva estaba creciendo en el mundo greco-romano, los apóstoles y los padres de la iglesia predicaron a hombres que creían en la evolución. En Atenas, Pablo se encontró con filósofos epicúreos y estoicos, quienes eran también científicos, que se dedicaban a observar el mundo y explicar su naturaleza y origen. Sus opiniones acerca del origen del mundo eran todas evolucionarias. [1]

    Uno de estos filósofos, Lucretius (98 a.C) escribió acerca de los orígenes en su libro, “Acerca de la Naturaleza de las Cosas” (On The Nature Of Things). Este hombre creía que la tierra había espontáneamente generado todas las formas de vida, “Queda, entonces, que la tierra merce el nombre de madre, que ella posee, pues de la tierra todas las cosas han sido producidas, y ella creó la raza humana.” [2]

    El famoso médico, Galeno, expresó opiniones estoicas acerca de la creación, y creía que la materia era eterna. Este médico de la antigüedad escribió,

    “Es precisamente este punto en que nuestra opinión y la de Platón y otros griegos que siguieron el método correcto en la ciencia natural difieren de la posición tomada por Moisés. Para éste último parece suficiente decir que Dios simplemente deseó el arreglo de la materia y que esto ocurrió por su orden; pues él cree que todo es posible con Dios, aún si él [Dios] quisiera crear un toro o caballo a partir de cenizas. Nosotros, sin embargo, no mantenemos esto; decimos que ciertas cosas son imposibles por naturaleza y que Dios no intenta tales cosas del todo, sino que él escoge la mejor posibilidad para que las cosas lleguen a ser.” [3]

    El apóstol Pablo le enseñó a los atenienses, “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él,” y “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres” (Hechos 17: 24-26). Y antes, en Liconia, este hombre de Dios enseñó lo siguiente, “convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14: 15).

    Pablo y los padres de la iglesia predicaron a Cristo, a través de quien todas las cosas fueron hechas, “as que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles” (Colosenses 1:16). Y a los nuevos creyentes se les advirtió, “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres” (Colosenses 2: 8).

    Entre estos nuevo creyentes estaban hombres como Justino el Mártir, un filósofo, que escribió que cuando escuchó el evangelio, “una llama fue encendida en mi alma; y el amor a los profetas, y aquellos hombres que eran amigos de Cristo, me poseyó…Encontré sólo a esta filosofía ser segura y provechosa.” [4]

    Los padres de la iglesia, como Justino, cambiaron su visión evolucionaria por la visión de los orígenes que narra la Biblia.  Ellos creyeron la Biblia y que Dios creó todas las cosas de la nada en el espacio de seis días, hace unos pocos miles de años.

    En la Biblia, estos padres d ela iglesia podían leer acerca del Dios que, “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17). Uno de estos era Teófilo, quien, de acuerdo con Eusebio fue un obispo en Antioquia en 169 a.C. Entrenado en literatura griega y convertido al cristianismo en su edad adulta, Teófilo defendió la fe en una apología, “A Autólico.” Esta apología contiene una extensa visión de la creación, y según algunos historiadores, fue ejemplo a otros padres. Con respecto a la visión griega de los orígenes, escribió,

    “Algunos estoicos niegan absolutamente la existencia de Dios…Otros dicen que todo ocurre espontáneamente, que el universo no fue creado y que la naturaleza es eterna…que Dios es simplemente la conciencia individual. Platón y sus seguidores dicen que la materia es tan antigua como Dios. Pero si Dios es eterno y la materia es eterna, entonces de acuerdo a los platonistas Dios no es el Creador del universo.” [5]

    Para Teófilo, Dios creó lo existente de lo no existente, y explicó que los filósofos hablaban cosas que nacían de la sabiduría humana y no de acuerdo a la verdad.  Según este hombre, Dios envió profetas para proclamar y enseñar a la raza humana las cosas de Dios. A Atólico le instaba a buscar en las Escrituras para descubrir esa verdad. El Espíritu Santo, escribió, “bajo a los profetas y habló a través de ellos acerca de la creación del mundo y todo lo demás.” [6]

    Los diez mandamientos registran que “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay” (Exodo 20: 11). De acuerdo con Eusebio, algunos padres de la iglesia escribieron comentarios acerca de los seis días de la creación. Basilio, quin nació alrededor del año 330 d.C, pastor en Cappadocia, predicó acerca de los seis días de la creación. En sus sermones dijo,

    “Escuchemos…las palabras de la verdad expresadas no en lenguaje persuasivo de sabiduría humana sino en las enseñanzas del Espíritu, cuyo fin no es la alabanza de los que escuchan sino la salvación de aquellos a los que enseña…Los sabios de los griegos escribieron muchas obras acerca de la naturaleza, pero no hay un solo relato entre ellos que quede sin alterar o firmemente establecido, pues una visión más reciente siempre conquista a la que le precede.” [7]

    La posición de Basilio con respecto a la creación quedan claramente expuestas en su exposición de Génesis 1: 5, donde dice,

    “Y fue la tarde y la mañana un día.” Porqué dice “un día” y no “primero”? Él dijo “uno” porque estaba definiendo la medida del día y la noche, pues veinticuatro horas llenan el intervalo de un día.” [8]

    En general, los padres de la iglesia consideraron los días de la creación como días ordinarios correspondientes a días solares. Pero, por ejemplo, vemos que además estos padres de la iglesia crían también en una creción reciente. En el evangelio de Lucas, el médico amado, registró 75 generaciones desde Jesús hasta Adán. Utilizando los números en el Antiguo Testamento, Teófilo y otros sumaron los días desde la creación del mundo. Teófilo concluyó,

    “No hay dos miriadas de miriadas de años, a pesar de que Platón dijo que tal período había pasado entre el diluvio y su propia vida…El mundo no es eterno ni existe producción espontánea de todo, como Pitágoras y otros han balbuceado; por el contrario el mundo es creado y providencialmente gobernado por Dios que creó todo. Y todo el período de tiempo y los años pueden ser demostrados a aquellos que desean aprender la verdad…El total de años desde la creación del mundo es de 5,698.” [9]

    Teófilo reconocía que, “si un período se nos escapa, digamos 50 o 100 o hasta 200 años, de cualquier manera no son miriadas, o miles de años como dice Platón y el resto de aquellos que escribieron mentiras. Puede ser que no sepamos con exactitud el número total de años simplemente porque los meses adicionales y días no están registrados en los libros sagrados.” [10]

    Otro de los padres de la iglesia, Origen, el gran teólogo de las iglesias griegas, defendió el relato contado por Moisés, enfatizando que la tierra “no tenía ni siquiera diez mil años, sino mucho menos de esto.” [11] Y Agustín con respecto a la edad del hombre y de la tierra escribió,

    “Algunos mantienen la misma opinión acerca de hombres que la de la tierra, que siempre han existido. Y cuando les preguntan, cómo?, responden que la mayoría, sino todas las tierras, eran tan desoladas por intervalos por el fuego y las inundaciones, que los hombres eran reducidos grandemente en número, y en ocasiones había un nuevo inicio. Pero ellos dicen lo que piensan, no lo que saben. Ellos están engañados por aquellos documentos que profesan dar la historia de miles de años, a pesar de reconocer por los libros sagrados, que ni 6000 años han pasado.” [12]

    Es claro entonces, que los padres y la iglesia primitiva creían en una creación producida por Dios en seis días literales de 24 horas, y en una creación reciente, y no, como decían los griegos muchísimos años antes de Darwin, una creación de millones de años.

    En las próximas entradas estaré escribiendo acerca de la respuesta cristiana a los hallazgos científicos de una aparente creación antigua.

    ___________________________________________________
    [1] Joyce Puglia. The Origin of Life: A History of Ancient Greek Theories

    [2] Lucretius. On The Nature of Things. Libro V.

    [3] Robert L. Wilken. The Christians as the Romans Saw Them.

    [4] Justino el Mártir. Dialogue with Trypho. 1.198

    [5] Teófilo. To Autolycus. Libro II, capítulo 4.

    [6] Ibid. Libro 2, capítulo 10.

    [7] Basilio. The Hexamerón. Homilía 1.1.2

    [8] Ibid. Homilía 2.8

    [9] Teófilo. Libro 3. 24, 28

    [10] Ibid 3.29

    [11] Origen. Against Celsus. Libro 1. 19

    [12] Agustín. The City of God. 12.10

    sujetosalaroca.org

    El Museo de la Creación

    El Museo de la Creación

    Esta es simplemente una foto de un museo creacionista, en los Estados Unidos.(1)

    De acuerdo a lo que dice la Biblia, antes del pecado original los animales eran vegetarianos.Parece que el pecado alteró el metabolismo de los animales y de Adán y Eva, pero no pretendo filosofear acerca de este tema.No es el quid del artículo.

    Si eran vegetarioanos estos animales, parace que esto presenta grandes dudas a los cientificos, como me comentaba el Dr.Carmona

    “cuando uno mira los dientes de un velociraptor o de un T.Rex piensa en todo menos en un hervíboro.”

    Desconozco el origen de los dinosaurios ni me afectan por el momento.Salvo que los cientificos logren reproducir nuevamente en laboratorio alguna de estas especies desaparecidas y empiecen a caminar por las calles de nuestras ciudades.(jejeje)

    Yo no he tenido la oportunidad de conocer este museo. Quizás algún dia lo pueda conocer.O algún otro museo mas amplio en el tema.

    Como cristiano que cree en la creación por iniciativa divina, me gustaria conocerlo,claro que si. ¡Pero no es algo de vida o muerte.!

    Fotos del museo (2)

    Entrada al “Museo de la Creación”.

    Adán en el Paraíso, con corderito y todo. No se pierdan el pingüino en primer plano, no tiene desperdicio.
    Familia feliz. Adán, Caín y Abel. Poco antes de liarse, los dos últimos, la manta a la cabeza.
    Medidas exactas, según indica la Biblia, metro más, metro menos.
    ¿Se fijan en los dinosaurios como suben por la rampa? ¡¡¡ No se ahogaron todos!!!
    _________________________
    En la zona de Kentucky del Norte,E.U, se han montado una”Museo de la Creación” 
    Y se llena, ¡oiga!. Se venden entradas como rosquillas. No es un cuento.
    Pongo algunas de las fotos bajadas de internet. Reconozco que el tinglado está bien montado.
    Ahora bien, esto no significa necesariamente que las cosas hayan sucedido literalmente como se cuentan en el museo.  Con exactitud cientifica por el momento creo que no lo sabremos. Se supone, pero esto es de acuerdo a las investigaciones cientificas y algunos teólogos que intentan profundizar en el relato biblico o congeniar los descubrimientos cientificos.

     

    El dr. Manuel Carmona, me comentaba que

    “Conocer este museo sale 21.95 dólares (seguir a Ken Ham sale caro). El Museum of Natural History de New York cuesta 15 dólares y está lleno de ciencia, yo no dudaría dónde pasar el día.”

    Y existe el relato bíblico,pero no habla nada de los dinosaurios. Algunos comentaristas bíblicos creen ver alguna referencia en algunos pasajes bíblicos, pero no necesariamente  debe ser asi.

    Es simplemente una foto de un museo. Por ahora los huesos no hablan, enseñan cosas,claro que si, pero a lo que saben reinterpetar la historia.O sea, los cientificos paleontólogos.

    dino-denEsta es una foto del Museo de la Creación, en Petersburg, Kentucky.

    El autor del artículo original dice

    “Qué bueno es por fin ver un museo que no distorsiona la verdad del origen del universo.”.

    Creo que esta expresión hara reir a mas de un cientifico investigador que pase por aqui. Yo no creo que los cientificos distorsionen el origen del universo. Se tejen teorias, claro que  si, en un intento del hombre de entender el cosmos. Esto es inevitable que suceda.Nunca hallará el hombre una teoria exacta, todas serán aproximativas y/o mas o menos cercanas al relato biblico. Yo entiendo que el relato del Genesis es una cosmogonia, narrada desde el concepto del Cosmos que tenían los hebreos.

    Luego dice

    Vivimos en un mundo que ha perdido el norte porque ha decidido echar a un lado la verdad evidente de que somos criaturas de Dios. Aquel que no sabe de dónde viene, no sabe hacia dónde va.

    Creo que uno de los grandes errores de la filosofia darwinista es señalar erróneamente que el hombre ya no es el centro de la creacion divina. Si todo es evolución, el hombre ya no es “image deo”. Obviamente, da los mismo tratar a un ser humano que a un animal. Y dado el rumbo actual de los acontecimiento sociales, croe que votaria porque “mi perro” tenga mas derechos sociales que muchos de mis vecinos.Peror no es asi. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.

    Finaliza el artículo diciendo:

    “En el principio creó Dios…”

    Sigue siendo una verdad bíblica e irrefutable para un cristiano que ama al Señor. Pero como bien dice la epistola a los hebreos,esto lo aceptamos por la fe en Jesucristo.

    El Dr. Carmona me comentaba que:

    Los dinosaurios típicos (esos gigantes fósiles de los museos, y con los que han hecho tantas historias de ciencia ficción) se extinguieron hace unos 65 millones de años. Ahora existen reptiles de gran tamaño (cocodrilos, el dragón de Komodo, etc), pero ya no quedan dinosaurios vivos.

    Sproul cambia su postura sobre la creación

    Por años este renombrado siervo de Dios y autor de numerosos libros había abrazado la idea de que la teoría de la evolución podía compaginarse con el relato de la creación que aparece en Génesis 1. Esta postura le requería interpretar los días de la creación figurativamente y no como literales de 24 horas.

    R. C. Sproul afirma:(3)sproul

    Durante la mayor parte de mi carrera de enseñanza consideré la ‘hipótesis del marco de referencia’ como una posibilidad. Pero ahora he cambiado mi mente al respecto. Ahora me apego a una creación de seis literales. Génesis dice que Dios creó el universo y todo lo que está en él en seis períodos de veinticuatro horas.

    Presentan plan para hacer un gran parque antidarwinista en Alemania (4)   

    Pese a esas expectativas turísticas, la idea de acoger un parque que defiende que el mundo tiene solo 6.000 años de antigüedad y que hombres y dinosaurios coexistieron no ha suscitado gran entusiasmo en la zona.

     

    Un grupo de fundamentalistas protestantes suizos ha presentado un proyecto para construir en la zona de Heidelberg, en el suroeste de Alemania, un parque de atracciones centrado en las historias de la Biblia con el que pretenden divulgar “de manera lúdica” las ideas creacionistas que niegan la validez de la teoría de la evolución enunciada por Darwin. “Con este parque temático queremos que la gente abra su corazón a Dios y a Jesucristo”, proclaman en su web los promotores del proyecto, entre los que figuran la sociedad anónima Genesis Land Inc. y el grupo antidarwinista suizo Pro-Genesis.   

    Los visitantes podrán acercarse a la experiencia del diluvio universal en las montañas rusas acuáticas, desayunar en uno de los restaurantes de cocina internacional de la torre de Babel, visitar un arca de Noé “de tamaño real” (esto es, de unos 150 metros de eslora) y asistir a la proyección de una versión resumida de los Evangelios en 3-D. Los impulsores de la idea, que se inspira en parques similares de EEUU, están buscando financiación (entre 80 y 120 millones de euros) para tener listas las instalaciones antes del 2012 y esperan atraer a unos 600.000 visitantes cada año. 

    POCO ENTUSIASMO

    Pese a esas expectativas turísticas, la idea de acoger un parque que defiende que el mundo tiene solo 6.000 años de antigüedad y que hombres y dinosaurios coexistieron no ha suscitado gran entusiasmo en la zona.  

    El departamento de Obras Públicas de Heidelberg ha asegurado que no brindará el menor apoyo al proyecto y las iglesias protestantes de la región se han mostrado abiertamente en contra. Jan Badewein, portavoz de una de las comunidades de la zona, se mostró, sin embargo, optimista: “Muchas ideas estúpidas –afirmó– se han visto frustradas por la falta de dinero”.

    Fuentes:

    1. http://elsonidodelaverdad.blogspot.com

    2. http://curando-la-vida.blogspot.com

    3. http://elsonidodelaverdad.blogspot.com

    4. Noticiacristiana.com, Lunes 09 de Junio de 2008

     

     

     

    El Orden de la Creación

    El Orden de la Creación

    En la creación del mundo, Dios creó al hombre a su imagen. El término “hombre” es utilizado con un sentido genérico, ya que podemos ver que el hombre fue creado varón y hembra. En el orden de la Creación, el dominio sobre la tierra fue dado al hombre. En este aspecto, Adán y Eva servían como vice-regentes de Dios. Eva formó parte de este dominio; si consideramos que el dominio que tenía Adán era como una especie de reinado sobre la creación, Eva sería su reina. No obstante, está claro desde el punto de vista de la Creación que Eva ocupaba un puesto subordinado respecto a Adán. Desempeñaba el papel de “ayudante”.

    El movimiento feminista ha puesto en relieve varios asuntos relacionados a este orden de la Creación. Por ejemplo, los pasajes del Nuevo Testamento que habla sobre la sumisión de las esposas a sus esposos y que sólo los hombres podían hablar en la iglesia han levantado enérgicas protestas y se le ha acusado a Pablo de ser un machista del siglo I a la vez que otros han intentado ponerlo en un contexto histórico y relativizar estas reglas con el argumento de que solamente eran costumbres culturales pertinentes al siglo I, pero no al mundo moderno. También se ha sostenido que el principio de la sumisión es una ofensa para las mujeres, robándoles su dignidad y relegándoles a un nivel de individuos inferiores. 

    Respecto a este último punto, la suposición errónea que se hace es que subordinación significa inferioridad o que la subordinación destruye la igualdad en cuanto a dignidad, inteligencia y valor. Lamentablemente, el machismo muchas veces ha sido impulsado por esta idea equivocada; con hombres que suponen que la razón por la cual Dios mandó a las mujeres a someterse a los maridos fue porque las mujeres fueran inferiores.

    Desde el punto de vista de nuestro entendimiento de las personas de la Divinidad podemos ver que esta deducción es completamente falsa. Cuando hablamos de la redención, el Hijo se somete al Padre y el Espíritu Santo se somete al Padre y al Hijo.

    Esto no significa que el Hijo es inferior al Padre, ni que el Espíritu Santo es inferior al Padre y al Hijo. Nuestro entendimiento de la Trinidad es que las tres personas de la Divinidad son iguales en existencia, valor y gloria. Son co-eternos y co-existentes.

    De la misma manera, en una jerarquía organizada no pensamos que sólo porque el vicepresidente es subordinado al presidente, el vicepresidente es inferior al presidente como persona. Es obvio que subordinación no se traduce por inferioridad.

    La cuestión de que si la sumisión de las esposas a sus esposos en el matrimonio y las mujeres a los hombres en la iglesia es una mera costumbre cultural de los tiempos antiguos es una cuestión ardiente. Si de verdad estos asuntos fueran establecidos como costumbres culturales y no como principios vinculantes sería una injusticia aplicarlos a sociedades donde no pertenecen. Por otro lado, si fueron dados como principios transculturales por un mandato divino y los tratamos como meros convenciones culturales sería ofender al Espíritu Santo y rebelarnos contra Dios mismo. 

    En otras palabras, si los pasajes bíblicos sólo reflejan el machismo del primer siglo rabínico judío, no merecen nuestra aceptación. Sin embargo, si Pablo lo escribió inspirado por el Espíritu Santo, y si el Nuevo testamento es Palabra de Dios, entonces la acusación de machismo debe ser aplicado no sólo a Pablo sino también al Espíritu Santo mismo – una acusación que no se podría pasar por alto impunemente. 
    Si estamos convencidos de que la Biblia es Palabra de Dios y sus mandatos son mandatos de Dios, ¿cómo podemos discernir entre costumbres y principios? 

    He escrito sobre este asunto de la cultura y la Biblia en mi libro Conociendo las Escrituras (Knowing Scripture). En él menciono que a menos que llegamos a la conclusión de que toda la Escritura son principios y por tanto válidos para todas las personas en todos los tiempos y lugares, o que la Escritura es una simple colección de costumbres locales condicionadas por la cultura sin ninguna relevancia o aplicación necesaria más allá de su contexto histórico inmediato estamos obligados a descubrir algunas pautas para discernir las diferencias entre principio y costumbre.

    Para ilustrar este problema vamos a ver lo que pasa si mantenemos que todo en la Escritura es principio. Si esto fuera el caso tendríamos que hacer cambios radicales en el evangelismo. Jesucristo mandó sus discípulos “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado…” (Lucas 10:4ª). Si hacemos de este texto un principio transcultural tendríamos que evangelizar descalzos. 

    Está claro que hay cuestiones bíblicas que refleja una costumbre histórica. No se nos exige llevar el mismo tipo de ropa que llevaron las personas bíblicas, o pagar nuestro diezmo en shekel o denarios. Cosas como ropa o dinero están sujetas a cambios. 

    Una de las consideraciones más importantes a la hora de determinar la cuestión de principio o costumbre es si el asunto en cuestión incluye una ordenanza de la creación. Las ordenanzas de la creación se pueden distinguir tanto de leyes del antiguo pacto como mandatos del nuevo pacto. La primera consideración está relacionada con las partes de los diferentes pactos. En el Nuevo Testamento, el pacto está hecho para creyentes cristianos. Por ejemplo, los creyentes deben celebrar la Cena del Señor. Sin embargo, este mandato no se extiende a los no creyentes, que por el contrario se les advierte no participar en este sacramento. De la misma manera existen leyes en el Antiguo Testamento que sólo era de aplicación para los judíos. 
    Pero nos preguntamos quienes son las partes del pacto de la Creación. En la Creación, Dios hace un pacto no solamente con los judíos o con los cristianos, sino con toda la humanidad. Mientras existan seres humanos en la relación pactada con el Creador, las leyes de la Creación permanecen intactas. Están reafirmadas tanto en el antiguo pacto como en el nuevo.

    Si algo trasciende una costumbre cultural, es una ordenanza de la creación. Por tanto, es algo muy peligroso tratar el asunto de la subordinación en el matrimonio y en la iglesia como meros costumbres locales cuando queda claro que los mandatos del Nuevo Testamento para estas cuestiones se apoyan en el llamado apostólico de la Creación. Estos llamados indican claramente que estos mandatos no pretendían ser considerados como costumbres locales. El hecho de que la iglesia moderna muchas veces trata normas divinas como simples costumbres refleja no tanto el condicionamiento cultural de la Biblia como el condicionamiento cultural de la iglesia moderna. Este es un caso en que la iglesia capitula ante la cultura local en vez de obedecer la ley trascendental de Dios. 

    Si uno estudia una cuestión como esta con cuidado y es capaz de discernir si una cuestión es un principio o una costumbre, ¿qué debería hacer esta persona?

    Aquí entra en juego un principio de humildad, un principio establecido en el axioma del Nuevo Testamento de que lo que no viene de la fe es pecado. ¿Se acuerda del antiguo dicho “Si tienes dudas, no lo hagas”? Si somos demasiado escrupulosos y consideramos una costumbre como un principio no somos culpables de pecado – no hay pena si no hay delito. Por el otro lado, si tratamos un principio como si fuera una costumbre que se puede dejar a un lado seríamos culpables de desobediencia hacia Dios.

    Las ordenanzas de la Creación pueden modificarse, tal como se hizo con las leyes mosaicas respecto al divorcio, pero el principio aquí es que las ordenanzas de la Creación son normativas a menos que o hasta que sean modificadas explícitamente por revelación bíblica posteriormente.

    Ligonier Ministries, R.C. Sproul, May 1999, El_Orden_de_la_Creación

    La creación y el cansancio de Dios

    La creación y el cansancio de Dios

    Ver Teorias acerca de la Creación

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    La Creación y el cansancio de Dios

    La Creación según Homer Simpson y Peter Griffin

    La Creación según Homer Simpson y Peter Griffin

    30 Marzo 2007

    «George Wald, ganador en 1967 del Premio Nobel de la Paz en el área de ciencia, escribió: En cuanto al origen de la vida en esta tierra, sólo hay dos posibilidades: creación o generación espontánea (evolución), o hay una tercera forma. La generación espontánea fue refutada hace 100 años, pero eso nos lleva únicamente a otra conclusión: la creación sobrenatural. Esta no podemos aceptarla por razones filosóficas (motivos personales); por tanto, escogemos creer lo imposible: que la vida surgió espontáneamente por casualidad.[1]

    Vemos, pues, que la evolución es generalmente aceptada como un hecho, no porque pueda ser probada mediante evidencia científica, sino porque la única alternativa, la creación especial, es totalmente inaceptable.»[2]

    La Creación según Homer Simpson

    La Creación según Peter Griffin

    Como vemos, uno apuesta por la comicidad de un Homer Simpson que evoluciona desde la división de dos células idiotas hasta ese Homer cansado que llega a sentarse en el sillón del salón junto a la familia… mientras que en Padre de Familia se apuesta más por el guiño agresivo a la figura de Dios, que aunque no deja de sorprender por lo inesperado, quizás se vaya un poco de madre aunque no es lo peor que tiene la serie…

    Notas

    [1] Lindsay, Dennis, “The Dinosaur Dilemma”, Christ for the Nations, Vol. 35,No. 8, noviembre de 1982, pp. 4-5, 14.(Citado en Scott M.Huse, El Colapso de la Evolución, Chick publicaciones,pag.19)

    [2] Scott M.Huse, El Colapso de la Evolución, Chick publicaciones,pag.19

    El Problema del relato de la creacion en Genesis

    El Problema del relato de la creación en Génesis

    Hugo Bangher, en un articulo publicado en http://www.apologetica.org/, comenta acerca del problema del relato bíblico de la creacion en el Génesis y nos da un comentario de acuerdo a su opinión acerca de los eventos del Génesis.

    «Quien lee la Biblia sin estar prevenido, se encuentra con un gran problema ya en la primera página: al comenzar el libro del Génesis no sólo halla dos veces la narración de la creación del mundo, sino que además de manera tan discrepante, que no puede menos que quedar perplejo.

    En efecto, Gn 1 cuenta el relato tantas veces oído cuando niños en el catecismo, según el cual al principio de los tiempos todo era caótico y vacío, hasta que Dios resolvió poner orden en esa confusión. Antes de ponerse a trabajar, al igual que cualquier operario, lo primero que hizo fue encender la luz (1, 3). Por eso en el primer día de la creación nacieron las mañanas y las noches.

    Luego decidió ubicar un techo en la parte superior de la tierra para que las aguas del cielo no la inundaran. Y creó el firmamento. Cuando vio que el suelo era una sola mezcla barrosa, secó una porción y dejó la otra mojada, con lo cual aparecieron los mares y la tierra firme.

    Sucesivamente con su palabra poderosa fue adornando los distintos estratos de esta obra arquitectónica con estrellas, sol, luna, plantas, aves, peces y reptiles. Y por último, como coronación de todo, formó al hombre, lo mejor de su creación, al que moldeó a su imagen y semejanza. Entonces decidió descansar. Había creado a alguien que podía continuar su tarea.

    Ésta le había llevado 6 días. Y todo lo había hecho bien.

    Pero cuando pasamos al capítulo 2 de Génesis viene el asombro. Parece como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. Estamos otra vez en un vacío total, donde no hay plantas, ni agua, ni hombres (2, 5).

    Dios, nuevamente en escena, se pone a trabajar. Pero es un Dios muy distinto al de relato anterior. En lugar de ser solemne y majestuoso ahora adquiere rasgos mucho más humanos. Vuelve a crear al hombre, pero esta vez no desde la distancia y con el simple mandato de su palabra, casi sin contaminarse, sino que lo modela con polvo del suelo, sopla sobre su nariz, y de este modo le da la vida (2, 7).

    Se detalla luego, por segunda vez, la formación de plantas, árboles y animales. Y para crear a la mujer emplea ahora un método diferente. Hace dormir al hombre, le extrae una costilla, rellena con carne el hueco restante, y moldea así a Eva. Entonces se la presenta y se la da por compañera ideal para siempre.

    Llegado a este punto uno se pregunta: ¿por qué si en Génesis 1 tenemos ya el mundo terminado, en Génesis 2 hay que crearlo de nuevo? Es que acaso hubo dos creaciones en el origen de los tiempos?

    Pero el problema no es sólo éste. Si comenzamos a hacer una minuciosa comparación entre ambos capítulos encontramos una larga lista de discrepancias que dejan al lector pasmado.

    De entrada llama la atención la diferente manera de referirse a Dios en ambos textos. Mientras Gn 1 lo designa con el nombre hebreo de Elohim (= Dios), en Gn 2 se lo llama Yahvé Dios.

    El Dios de Gn 2 es descrito con apariencias más humanas, de un modo más primitivo. Él no crea sino que “hace” las cosas. Sus obras no vienen de la nada sino que las fabrica sobre una tierra vacía y árida. El Dios de Gn 1, en cambio, es trascendente y lejano. No entra en contacto con la creación, sino que desde lejos la hace surgir, como si todo lo creara de la nada.

    De esta manera, mientras Dios en Gn 1 aparece en toda su grandiosidad, majestuoso, donde al sonido de su voz van brotando una a una las criaturas del universo, en Gn 2 Dios es mucho más sencillo. Como si fuera un alfarero, moldea y forma al hombre (v. 7). Como un agricultor, siembra y planta los árboles del paraíso (v. 8). Como un cirujano, opera al hombre para extraer a la mujer (v. 21). Como un sastre, confecciona los primeros vestidos a la pareja porque estaban desnudos (3, 21).

    Mientras en Gn 1 Dios crea el mundo en 6 días y luego en el 7° descansa, en Gn 2 sólo le lleva un día todo el trabajo de la creación.

    En Gn 2 Yahvé crea únicamente al varón, y al caer en la cuenta de que está solo y de que necesita una compañera adecuada, después de probar darle los animales por compañeros, le ofrecerá la mujer. En cambio en Gn 1 Dios desde un principio hizo existir al hombre y a la mujer simultáneamente, en pareja,

    Mientras en Gn 1 los seres van surgiendo en orden progresivo de menor a mayor, es decir, primero las plantas, luego los animales, y finalmente los seres humanos, en Gn 2 lo primero en crearse es el hombre (v. 7), más tarde las plantas (v. 9), los animales
    (v. 19), y finalmente la mujer (v. 22).

    La visión del cosmos de Gn 1 es “acuática”. Sostiene que al principio no había más que una masa informe de aguas primordiales, y la tierra al ser creada será un islote en medio de esas aguas. En cambio la cosmología de Gn 2 es “terrestre”. Antes de que se creara el mundo todo era un inmenso desierto de tierra seca y estéril (v. 5), pues no había nada de lluvia. Al ser creada, la tierra será un oasis en medio del desierto.

    Haciendo esta lectura comparativa, nos damos la sorpresa de que la Biblia incluye una doble y discrepante narración de la creación.

    Tratando de resolver el enigma

    Los estudiosos llegaron a la conclusión de que no pudieron haber sido escritas por la misma persona, y piensan más bien que pertenecen a autores diversos y de distintas épocas. Como sus nombres no llegaron hasta nosotros, ni podremos saberlos nunca, llamaron al primero “sacerdotal”, porque lo atribuyeron a un grupo de sacerdotes judíos del siglo VI a.C. Y al segundo autor, ubicado en el siglo X a.C, “yahvista”, porque prefiere llamar a Dios con el nombre propio de Yahvé.

    ¿Cómo se escribieron dos relatos opuestos? ¿Por qué terminaron incluidos ambos en la Biblia?

    El primero que se compuso fue Gn 2, aunque en la Biblia aparezca en segundo lugar. Por eso tiene un sabor tan primitivo, espontáneo, vívido. Durante muchos siglos fue el único relato con el que contaba el pueblo de Israel sobre el origen del mundo.

    Fue escrito en el siglo X a.C., durante la época del rey Salomón, y su autor era un excelente catequista que sabía poner al alcance del pueblo en forma gráfica las más altas ideas religiosas.

    Con un estilo pintoresco e infantil, pero de una profunda observación de la psicología humana, cuenta la formación del mundo, del hombre y de la mujer como una parábola oriental llena de ingenuidad y frescura.

    Los aportes vecinos

    Para ello se valió de antiguos relatos sacados de los pueblos vecinos. En efecto, las antiguas civilizaciones asiría, babilónico y egipcia habían compuesto sus propias narraciones sobre el principio del cosmos, que hoy podemos conocer gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas en Medio Oriente. Y resulta sorprendente la similitud entre estos relatos y el de la Biblia.

    Todos dependen de una concepción cosmológica de un universo formado por tres planos superpuestos: los cielos con las aguas superiores; la tierra con el hombre y los animales; y el mar con los peces y las profundidades de la tierra.

    El yahvista recogió estas tradiciones populares y concepciones científicas de su tiempo, y las utilizó para insertar un mensaje religioso, que era lo único que le interesaba.

    La gran decepción

    Cuatro siglos después de haberse compuesto este relato, una catástrofe vino a alterar la vida y la fe del pueblo judío. Corría el año 587 a.C. y el ejército babilónico al mando de Nabucodonosor, que estaba en guerra con Israel, tomó Jerusalén y se llevó cautivo al pueblo.

    Y allá en Babilonia fue la gran sorpresa. Los primeros cautivos comenzaron a arribar a aquella capital y se dieron con una ciudad espléndida, con enormes edificios, magníficos palacios, torres de varios pisos, acueductos grandiosos, jardines colgantes, fortificaciones, y lujosos templos.

    Ellos, que se sentían orgullosos de ser la nación bendecida y engrandecido por Yahvé en Judea, no habían resultado ser sino un modesto pueblo de escasos recursos frente a Babilonia.

    El templo de Jerusalén, edificado a todo lujo por el gran rey Salomón, y gloria de Yahvé que lo había elegido por morada, no constituía sino un pálido reflejo del impresionante complejo cultual del dios Marduk, de la diosa Sin y de su consorte Ningal.

    Jerusalén, orgullo nacional, por quien suspiraba todo israelita, era una ciudad apenas considerable en comparación con Babilonia y sus murallas, mientras su rey, ungido de Yahvé, nada podía hacer frente al poderoso monarca Nabucodonosor, brazo derecho del dios Marduk.

    La situación no podía ser más decepcionante. Los babilonios habían logrado un desarrollo mucho mayor que los israelitas. ¿Para qué habían rezado tanto a Yahvé durante siglos y se habían abandonado confiados en él, si el dios de Babilonia era capaz de dar más poderío, esplendor y riqueza a sus devotos?

    Aquella catástrofe, pues, representó para los hebreos una gran desilusión. Pareció el fin de toda esperanza en un Mesías, y lo vano de las promesas de Dios en sostener a Israel y transformarlo en el pueblo más poderoso de la tierra.

    ¿Tal vez el Dios de los hebreos era más débil que el dios de los babilonios? ¿No sería ya hora de adoptar la creencia en un dios que fuera superior a Yahvé, que protegiera con más eficacia a sus súbditos y le otorgara mejores favores que los magros beneficios obtenidos suplicándole al Dios de Israel?

    Se desmoronaron, entonces, las ilusiones en el Dios que parecía no haber podido cumplir sus promesas, y el pueblo en crisis comenzó a pasarse en masa a la nueva religión de los conquistadores, con la esperanza de que un dios de tal envergadura mejorara su suerte y su futuro.

    Ante esta situación que vivía el decaído pueblo judío durante el cautiverio babilónico, un grupo de sacerdotes, también cautivo, comienza a tomar conciencia de este abatimiento de la gente y reacciona. Era necesario volver a catequizar al pueblo.

    La religión babilónico que estaba deslumbrando a los hebreos era dualista, es decir, admitía dos dioses en el origen del mundo: uno bueno, encargado de engendrar todo lo bello y positivo que el hombre observaba en la creación; y otro malo, creador del mal y responsable de las imperfecciones y desgracias de este mundo y del hombre.

    Además, allí en la Mesopotamia pululaban las divinidades menores a las que se le rendían culto: el sol, la luna, las estrellas, el mar, la tierra.

    Israel en el exilio empezó también a perder progresivamente sus prácticas religiosas, especialmente la observancia del reposo del sábado, su característico recuerdo de la liberación de Yahvé de Egipto.

    Nace un capítulo

    Aquellos sacerdotes comprendieron que el viejo relato de la creación que tanto conocía la gente (= Gn 2) estaba superado. Había perdido fuerza. Era necesario escribir uno nuevo donde se pudiera presentar una vigorosa idea del Dios de Israel, poderoso, que destellara supremacía, excelso entre sus criaturas. Comienza así a gestarse Gn 1.

    Por eso, lo primero que llama la atención en este nuevo relato es la minuciosa descripción de la creación de cada ser del universo (plantas, animales, aguas, tierra, astros del cielo) a fin de dejar en claro que ninguna de éstas eran dioses, sino simples criaturas, todas subordinadas al servicio del hombre (v. 17-18).

    Contra la idea de un dios bueno y otro malo en el cosmos, los sacerdotes repiten constantemente, de un modo casi obsesivo a medida que va apareciendo cada obra creada: “y vio Dios que era bueno”, o sea, no existe ningún dios malo creador en el universo. Y cuando crea al ser humano dice que era “muy bueno” (v. 3 l), para no dejar así ningún espacio dentro del hombre que fuera jurisdicción de una divinidad del mal. Finalmente, el Dios que trabaja seis días y descansa el séptimo sólo quería ser ejemplo para volver a proponer a los hebreos la observancia del sábado.

    De esta manera la nueva descripción de la creación por parte de los sacerdotes era un renovado acto de fe en Yahvé, el Dios de Israel. Por eso la necesidad de mostrarlo solemne y trascendente, tan distante de las criaturas, a las que no necesitaba ya moldear de barro pues le bastaba su palabra omnipotente para crearlas a la distancia.

    Cien años más tarde, alrededor del 400 a.C., un último redactor decidió componer en un libro toda la historia de Israel desde el principio, recopilando viejas tradiciones. Y se encontró con los dos relatos de la creación. Resolvió entonces conservarlos a los dos. Pero mostró su preferencia por Gn 1, el de los sacerdotes, más despojado de antropomorfismos, más respetuoso, y lo puso como pórtico de toda la Biblia. Pero no quiso suprimir el antiguo relato del yahvista, y lo colocó a continuación, no obstante las aparentes incoherencias, manifestando así que para él, Gn 1 y Gn 2 relataban en forma distinta la misma verdad revelada, tan rica, que no bastaba un relato para expresarla.

    Dos son poco

    En una reciente encuesta en los Estados Unidos, se constató que el 44 % de los habitantes sigue creyendo que la creación del mundo ocurrió tal cual como lo dice la Biblia. Y muchos, ateniéndose a los detalles de estas narraciones, se escandalizan ante las nuevas teorías sobre el origen del universo, la aparición del hombre y la evolución.

    Pero el redactor final del Génesis enseña algo importante. Reuniendo en un solo relato ambos textos, aun conociendo su carácter antagónico, mostró que para él este aspecto “científico” no era más que un accesorio, una forma de expresarse.

    El redactor bíblico ¿se turbaría si viese que hoy sustituimos esos esquemas por el modelo mucho más probable del Big Bang y el de la formación evolutiva del hombre? Por supuesto que no. Una cosa debe quedar en claro en cualquier hipótesis de trabajo, a saber, que Dios es el origen de todo lo creado, y que el alma humana, hecha “a su imagen y semejanza”, es creación directa de Dios y no un producto del proceso evolutivo natural.

    La misma Biblia, por esta yuxtaposición pacífica de diferentes modelos cosmogónicos, ha señalado su relatividad. Los detalles “científicos” no pertenecen al mensaje bíblico. No son más que un medio sin el cual ese mensaje no podría anunciarse.

    El mundo no fue creado dos veces. Sólo una. Pero aun cuando lo relatáramos en cien capítulos distintos no terminaríamos de arrancar el misterio entrañable de esta obra amorosa de Dios.»

    Hugo Bangher

    http://www.apologetica.org/creacion-narrativa.htm

    Apuntes para el debate histórico de la cosmología bíblica

    Apuntes para el debate histórico de la cosmología bíblica

    Pablo de Felipe
    Publicado en Alétheia (2000) 17:67-76.

    Es comúnmente creído que el Génesis 1 y otros de los primeros capítulos de la Biblia se ocupan exclusivamente de los orígenes; pero no solamente encontramos en ellos el relato de la Creación, sino que al detallar lo creado dan alguna luz sobre la imagen del mundo que los autores hebreos manejaban. No es por ello extraño que el debate de los orígenes desarrollado en los últimos números de Alétheia se haya deslizado hacia la cosmología bíblica. ¿Cómo interpretar el “firmamento”? ¿Qué eran las aguas superiores sobre el firmamento? ¿Y las compuertas de los cielos? ¿Y las columnas de los cielos y de la tierra?

    Hay un gran abismo entre la cosmología del Mediterráneo oriental de hace tres milenios y nuestra actual cosmología científica. En estas páginas me propongo tan sólo esbozar brevemente la actitud de los cristianos ante ese cambio y la forma en que la Biblia ha sido utilizada a lo largo de esta historia.

    El mundo-caja y el mundo-tienda

    La mitología y la literatura de la mayoría de los pueblos antiguos contiene cierto número de referencias cosmológicas. Como ocurre en la Biblia, no suelen ser tratados cosmológicos sistemáticos, sino menciones a veces indirectas. Una antigua adivinanza babilónica comparaba el mundo a una casa. Esta metáfora era un lugar común en la antigüedad. No es una estupidez. ¿Qué es más razonable, al pararse en medio del campo, que pensar en el mundo como una gran habitación con la tierra por suelo y el cielo como techo?

    La Biblia no defiende esa idea, simplemente no la cuestiona, no piensa que deba ser criticada. Es la divinización de esos cielos, tierra y ocupantes correspondientes, lo que se machaca sin cesar, los aspectos “científicos” no interesaba discutirlos, y por ello la ciencia de la época sólo aparece tangencialmente (ver mi carta en Alétheia, nº 14, pp. 62-64).

    Se ha señalado que la Biblia no concebía el firmamento simplemente como un techo sólido, sino también como una piel. Lo uno no anula lo otro. ¿Contradicción? ¿Paradoja? ¿Absurdo? ¿Y si la Biblia manejase dos modelos diferentes de describir el mundo? Nosotros también tenemos a veces varios modelos para explicar hoy en día un mismo fenómeno. Por una parte, la Biblia concebía el firmamento como suficientemente duro para sostener el abismo acuoso superior, impidiendo el diluvio (Gn. 1:6,7; 7:11; 8:2); pero lo suficientemente flexible como para ser descorrido ante el poder de Dios (Is. 34:4, Ap. 6;14). En cualquier caso, ya se describa el mundo como una sólida caja o como una tienda flexible, se mantiene el paralelismo con la habitación que Dios ilumina, construye con esmero, adorna y finalmente regala a la humanidad (Gn. 1). A pesar de la falta de interés de la mayoría de los textos bíblicos por los detalles “científicos”, hay referencias suficientes (ver mi carta en Alétheia, nº 14, p. 64 para las citas bíblicas) como para hacerse una buena idea de la imagen del mundo entre los hebreos: tierra plana (cuyos bordes eran posiblemente circulares), con columnas por debajo que aseguran su estabilidad y con un cielo como tapa superior (más o menos sólido) apoyado en firmes pilares sobre los bordes de la tierra y por el que se desplazan los astros, un abismo oceánico acuoso rodeando todo el conjunto y compuertas que pueden permitir su irrupción en el mundo tanto a través del cielo como de la tierra.

    La Biblia no inventa estas ideas, ni las defiende, ni las ataca, simplemente las usa. Dado que no son divinizadas en las páginas bíblicas, nada impediría que al ser cambiadas según el desarrollo de la cultura, judíos y cristianos continuasen enseñando la fe en el Creador y su obra creadora en el marco de otras cosmologías. Pero ¿qué nos enseña la historia de esto? Los cristianos, no solamente siguieron creyendo durante siglos en la misma cosmología que se refleja en la Biblia literalmente, sino que consideraron que su mantenimiento era un pilar para la fe. Equivocados, convirtieron aquellas referencias cosmológicas dispersas en doctrina. Para muchos, considerar alegorías o metáforas aquellas cosas era un insulto, y no menos el considerar que correspondían a antiguas ideas que no debían ser tomadas en cuenta científicamente. Buscaron la autoridad científica a toda costa, y “consiguieron” la unidad con los científicos por todos los métodos, forzando tanto la ciencia como la Biblia para evitar lo inevitable, el hundimiento de aquel antiguo sistema cosmológico convertido en doctrina cristiana.

    Entendimiento y enfrentamiento entre los cristianos y la cultura griega

    El consenso universal del mundo como habitáculo, con un cielo apoyado en los extremos de la tierra que mantenía lejos las aguas del océano abismal exterior, y que se mantuvo entre los judíos después del Antiguo Testamento, empezó a cuestionarse pocos siglos antes de Cristo. En Grecia, algunos filósofos y científicos (Anaximandro, los pitagóricos, Platón, Aristóteles, Eratóstenes, etc.) llegaron a la conclusión de que la tierra era curva, tal vez esférica y hasta midieron su radio, e igualmente los cielos que ya no tocarían los bordes de la tierra, siendo también esféricos. Algunos (Heráclides, Aristarco, Seleuco), más audaces, sostuvieron la disparatada idea de que aquella tierra a cuya firmeza cantaron los profetas y salmistas (1 S. 2:8; 1 Cr. 16:30; Sal. 93:1, 96:10) se movía a gran velocidad con varios movimientos. Esta segunda idea no pudo sostenerse con argumentos conclusivos y, dado que además escandalizó a algunos espíritus religiosos del paganismo (por mover el corazón del universo), fue arrinconada, mientras que la esfericidad se abrió camino. Contaba con toda clase de argumentos provenientes de las más variadas ciencias y, en la época del Nuevo Testamento, era parte del saber general de cualquier persona culta.

    A los apóstoles no les importaba la forma del planeta, sino su evangelización. Pero el crecimiento de la iglesia permitió la incorporación de muchas personas con toda clase de intereses que se ocuparon de confrontar minuciosamente su fe con la cultura que las rodeaba. Los cristianos, no solamente fueron críticos con los ídolos, las peleas de gladiadores, los ejércitos imperiales, el infanticidio, el aborto o la esclavitud, etc., sino que se plantearon cuestiones de tipo filosófico-científico. Poco a poco se perfilaron dos grandes corrientes. Entre los padres de la iglesia dominaron los que tenían una actitud positiva, desde el respeto hasta el deseo de integración ante la cultura griega, que alimentaba intelectualmente el imperio romano. Justino mártir, Clemente de Alejandría y Orígenes fueron algunos de los cristianos más representativos que, desde el siglo II, transitaron por el camino que había abierto el filósofo judío Filón en el s. I. Platón (s. V-IV a. C.) y Aristóteles (s. IV a. C.) eran los grandes padres de la filosofía y la ciencia, así como de las especulaciones intelectuales sobre la divinidad. En el campo astronómico-cosmológico, Ptolomeo (s. II) sintetizaba siglos de observaciones y teorías sobre el universo en una gran síntesis geocentrista que se mantendría hasta el siglo XVII. La tierra era una esfera formada por tierra, agua, aire y fuego, inmóvil en el centro del universo. Se rodeaba por esferas transparentes en las que se movían el sol, la luna y los planetas, formados todos ellos por un quinto elemento, el éter. Este mundo-cebolla, sólido, compacto, inmutable, nada tenía que ver ya con el pequeño mundo de las culturas precedentes. Fue la primera gran revolución cosmológica. No todos los cristianos estaban dispuestos a aceptarlo.

    Una corriente de resistencia se iba formando dentro de la iglesia, en especial en la costa oriental del Mediterráneo. Despreciaban la cultura griega. Renegados de ella, realizaron una crítica feroz hacia la idolatría y allí incluyeron todos los aspectos de esa cultura: desde su religión a su arte, desde su filosofía a su ciencia. Para ellos sólo la Biblia era digna de crédito. En su ataque cometieron un trágico error, saltaron de la teología a la ciencia. Hoy seguimos pagando las consecuencias. Así se expresaba, por ejemplo, Tertuliano (s. II-III):

    “¿Qué… tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué concordia hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Entre heréticos y cristianos?… ¡Fuera con todos los intentos de producir un cristianismo híbrido de composición estoica, platónica y dialéctica! ¡No queremos extrañas disputas después de poseer a Jesucristo, ninguna indagación después de gozar del Evangelio! Poseemos nuestra fe y no deseamos ninguna otra creencia.” (La prescripción de los herejes. Citado en Francis Oakley. Los siglos decisivos. La experiencia medieval. Alianza Ed., Madrid, 1993, p. 178).

    Esta fosa, abierta por Tertuliano, había sido ya trabajada por otros de sus contemporáneos del siglo II. Taciano, en su furibundo Discurso contra los griegos, y Hermias, en su mucho más feroz Escarnio de los filósofos paganos, atacan sin piedad a las glorias del mundo griego. Después de afirmar que “la sabiduría de este mundo tuvo principio de la apostasía de los ángeles” (Escarnio, 1. Ver en Daniel Ruíz Bueno. Padres apologistas griegos (s. II). B.A.C., Madrid, 1954, p. 879), Hermias pasa revista a los más célebres griegos: Empédocles, Anaxágoras, Parménides, Anaxímenes, Protágoras, Tales, Anaximandro, Platón, Aristóteles, Leucipo, Demócrito, Heráclito, Epicuro, Pitágoras… Pero estos mismos personajes, cuyas doctrinas filosófico-religiosas eran aquí parodiadas (en algunos casos con mucha razón), también fueron en algunos casos iniciadores de la nueva cosmología. Finalmente, estos teólogos, Biblia en mano, tomaron por asalto la cosmología. Lactancio (s. III-IV) creía que la idea de la existencia de habitantes en las antípodas era absurda, pues tendrían que vivir cabeza abajo. Para mejor destruir esa idea lanzaba su ataque hacia lo que creía que era el origen de ese disparate, la creencia en la esfericidad terrestre:
    “[…]. Y de la aceptación de la redondez del cielo se seguía que la tierra tenía que estar encerrada en la mitad de la cavidad del cielo. Y, si esto es así, también la tierra es semejante a una esfera, ya que no puede suceder que no sea redondo lo que está encerrado en algo redondo. […]. De esta forma, a partir de la redondez del cielo se descubrió la existencia de esos antípodas colgantes. […].
    No sé qué decir de estos que, tras haber errado una vez, perseveran constantemente en su estolidez y defienden, a partir de un absurdo, otro absurdo; sólo diré que pienso que éstos o bien filosofan por diversión o bien si son inteligentes y conscientes, que han aceptado la defensa de mentiras, como si quisieran ejercer y demostrar su talento con el tratamiento de argumentos absurdos. […].” (Instituciones Divinas III, 24. Ed. Gredos, Madrid, 1990, pp. 323, 324).

    Los argumentos a favor de la esfericidad terrestre eran mucho más sólidos que todo eso; pero muchos escritores cristianos los ignoraron sistemáticamente. El avance del cristianismo y el declive de la cultura griega hizo que poco a poco fueran cayendo en el olvido muchos logros de la ciencia antigua. Ciertos ambientes orientales hacían lecturas cada vez más literales de la Biblia y se fue creando una tradición que recuperaba la idea de un mundo-caja. Finalmente la lucha estalló en el siglo VI.

    Cosmas contra Filopón: el debate sobre la herencia cosmológica griega y la síntesis escolástica

    Tras la caída del imperio romano occidental, el oriental vive un nuevo esplendor. En la Alejandría del siglo VI quedaba tiempo para las disputas teológicas entre nestorianos, monofisitas y católicos. Filopón era un hombre de amplia cultura, cuyo cristianismo no renunciaba a la filosofía. Sin embargo, se adelantó un milenio a la historia y, en nombre de la Biblia y de la razón, criticó a Aristóteles sin piedad, desacralizando el universo y eliminando los restos divinos que quedaban en el cielo del sistema aristotélico. Todo son criaturas creadas por Dios y el Sol no es más que un fuego (las lámparas de Gn. 1 seguían inspirando filosofía). Mientras los pocos filósofos paganos restantes (como Simplicio) se escandalizaban, para Cosmas eso no era suficiente. Este viajero cristiano sintetiza toda una serie de tradiciones cosmológicas que hemos venido exponiendo (además de los autores antes mencionados, otros más sostenían que la tierra era plana, Cirilo de Jerusalén (s. IV), Diodoro, obispo de Tarso, (s. IV), etc.) en una obra que ha pasado a la historia: Topografía cristiana. ¿Objetivo? Los paganos y los “falsos cristianos” que afirmaban la esfericidad de la tierra. El conflicto estaba servido. Cosmas lanza toda su artillería bíblica contra ellos. Para él el mundo es como una caja de fondo plano y rectangular, rodeado por el océano y con la tapa del cielo (véase la figura adjunta). Esta verdad cosmológica, según Cosmas, fue revelada a Moisés, pues el tabernáculo se inspiraba en la forma del universo. Era su representación revelada por Dios. Un diluvio de citas bíblicas y de varios padres de la iglesia anteriores le avalaban. Frente a ellos, cualquier argumento astronómico de una filosofía y ciencias paganas en retroceso, apenas si podían considerarse rivales relevantes (1). Si las citas que van a continuación consiguen sonrojar en algo al lector, este artículo habrá merecido la pena:
    Esquema del mundo según Cosmas. Se puede ver a la izquierda la entrada del Mar Mediterráneo y al norte una gran montaña que estaría situada en Europa. La parte superior del cosmos está curvada dando una forma de cofre al conjunto. En la base de esa tapa curva, Cosmas situaba un cielo plano, el firmamento, que producía así dos espacios superpuestos sobre la superficie terrestre. Tomado de Topographie chrétienne, op. cit., p. 557.

    “4. Existen cristianos de apariencia que, sin tener en cuenta la divina Escritura, a la que desdeñan y menosprecian como los filósofos no cristianos, suponen que la forma del cielo es esférica, inducidos al error por los eclipses del sol y de la luna. Por tanto, he dispuesto toda la materia de la obra de forma apropiada en cinco libros. En primer lugar, pensando en dichos cristianos extraviados, he compuesto el libro I, para demostrar que es imposible que cualquiera que tenga la voluntad de ser cristiano se deje extraviar por el error especioso de los no cristianos, mientras que la divina Escritura presenta otras teorías. En efecto, si alguien quisiera escudriñar a fondo las teorías paganas, no encontraría nada más que ficciones y sofismas fabulosos, absolutamente imposibles. 5. Pues, (para responder) a la pregunta del cristiano que necesariamente va a preguntar: una vez extirpados esos errores, ¿cuáles son las verdaderas teorías para sustituirlos?, he escrito el libro II, que presenta las teorías cristianas a partir de la divina Escritura, da a conocer la forma del universo, y (muestra) que algunos de los no cristianos antes tenían nuestra misma opinión. A continuación, suponiendo que alguno objetara, perplejo: ¿Cómo se sabe que Moisés y los profetas dicen la verdad presentando esta clase de ideas?, el libro III demuestra que Moisés y los profetas son dignos de fe, que ellos no hablaron por su propia cuenta, sino inspirados por la revelación divina, y que puestos a prueba en sus obras y en sus hechos, los escritores del Antiguo como los del Nuevo Testamento han presentado las cosas tal como ellos las han visto anticipadamente (por revelación); (este libro explica) además cuál es la utilidad de las formas del universo, y de dónde ha tomado su principio y su origen la hipótesis de la esfera. A continuación, una vez más, dirigiéndome a los que desean instruirse visiblemente sobre el tema de las formas (del universo), he compuesto el libro IV, que es una recapitulación concisa, con ilustraciones, de las teorías expuestas precedentemente, también con una refutación de la esfera y de los antípodas. 6. En fin, para el que busca instruirse sobre las teorías cristianas se ha compuesto el libro V: hay que conocer que esto no se funda en ficciones de nuestra propia invención, ni es en fábulas de invención reciente donde fundamos nuestra exposición y nuestra ilustración, sino en la revelación y en el orden de Dios, demiurgo del universo; porque hemos meditado sobre la imagen del conjunto del universo, es decir, sobre el tabernáculo construido por Moisés, que el Nuevo Testamento concuerda en calificar de copia del universo; partiéndolo por medio de un velo, Moisés hizo, de uno sólo, dos tabernáculos, lo mismo que Dios, en el origen, había partido, por medio del firmamento, el espacio único, que había entre la tierra y el cielo, en dos espacios; en el tabernáculo hay un tabernáculo exterior y un tabernáculo interior; en el universo hay un espacio inferior y un espacio superior; el espacio inferior es este mundo, y el espacio superior es el mundo que vendrá, donde Jesucristo según la carne, resucitado de entre los muertos, entró el primero de todos, y donde los justos entrarán más tarde a su vez.” (Cosmas Indicopleustes. Topographie chrétienne, prólogo, 4-6. Wanda Wolska-Conus (ed.). Les Éditions du Cerf, Paris, 1968, tomo I, pp. 264-268).

    “2. Por el contrario, los que están adornados con la sabiduría de este mundo y se fían de los argumentos especiosos de su propia razón, para comprender la forma y la posición del universo, se burlan de toda la divina Escritura catalogándola como un conjunto de mitos; consideran a Moisés, a los profetas, a Jesucristo y a los apóstoles como charlatanes e impostores y, levantando orgullosamente las cejas, como si ellos fueran muy superiores en sabiduría al resto de la humanidad, atribuyen al cielo la forma esférica y el movimiento circular; se esfuerzan en comprender la posición y la forma del universo a partir de los eclipses del sol y de la luna, para reforzar métodos geométricos, cálculos astronómicos, juegos de palabras y engaño profano; engañadores y engañados afirman que estos fenómenos no pueden producirse con otra forma (que no sea la esférica). […].
    “3. Pero los que quieren ser cristianos y desean también adornarse con elocuencia, sabiduría y cosas engañosas de este mundo, cuando ellos rivalizan entre sí para recibir a la vez los principios cristianos y los principios paganos, parece que no difieren en nada a la sombra que se produce por la interposición de un cuerpo delante de la luz; […]. 4. Dirijo mi discurso a éstos, sobre los cuales la divina Escritura dice que han llegado a ser parecidos a los extranjeros establecidos antiguamente en Samaria: “Ellos temían a Dios al mismo tiempo que adoraban y sacrificaban en los lugares altos.” Uno no se equivocaría llamándoles hombres con dos caras; ellos quieren estar a la vez con nosotros y con los paganos; la renuncia a Satán que proclamaron en el momento de su bautismo, la abjuran ahora y se vuelven a él. […].” (Idem, I, 2-4, pp. 274, 276).

    “100. Puesto que una gran esperanza se presenta a los cristianos, a saber, que los ángeles, los hombres y la creación entera serán cambiados a una condición mejor y dichosa, ¿quién será el malvado e impío capaz de despreciar esta esperanza y apoyarse en la nueva y engañosa vanidad de los no cristianos? El tal oirá en el día terrible las palabras del Juez: «En verdad, os digo, no os conozco. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad.» Y en verdad es una gran iniquidad desechar las palabras de Dios y, en contra de estas palabras, atribuir al cielo una forma esférica [nota: porque parece imposible colocar el reino de los cielos en una esfera].” (Idem, II, 100, pp. 418).

    “4. He aquí el primer cielo en forma de bóveda, creado en el primer día al mismo tiempo que la tierra, referente al cual Isaías dice: «El que levanta el cielo como una bóveda.» (Is. 40:22). Por el contrario, el cielo unido a media altura al primer cielo, el cielo creado en el segundo día, es al que se refiere Isaías diciendo: «Él lo extiende como un tabernáculo para que se habite en él.» (Is. 40:22). Por otra parte, David dice: «Él extiende el cielo como una piel.» (Sal. 103:2) y, explicándose con más claridad todavía, precisa: «Él pone un techo de aguas a sus aposentos superiores.» (Sal. 103:3). 5. Como la Escritura menciona además las extremidades del cielo y las extremidades de la tierra, esto no se puede concebir sobre una esfera. […].” (Idem, IV, 4, 5, pp. 538, 540).

    Por fortuna, Cosmas no fue unánimemente seguido, al menos en la iglesia occidental (tuvo más eco en oriente), que prefirió seguir a Ambrosio de Milán (s. IV), Agustín de Hipona (s. IV-V), Isidoro de Sevilla (x. VI-VII) o Beda el Venerable (s. VII-VIII), que retuvieron diferentes elementos de la cosmología griega, aunque no sin ciertas dudas. Agustín se refería a aquellos que se preguntaban “cuál debe creerse que es la forma y figura del cielo, de acuerdo con la Sagrada Escritura”, y frente a ellos hacía gala de su ignorancia sin complejos, pero afortunadamente, sin condenar ninguna opinión: “Pues, ¿qué me importa a mí si el cielo, como una esfera, rodea por todas partes a la tierra, colocada en el centro del universo, o si la cubre sólo por una parte, desde arriba, como un disco?”. Con el mismo sentido práctico rechazaba entrar en otras polémicas semejantes a propósito de la compatibilidad del movimiento del cielo y de su denominación como “firmamento”. (Sobre el Génesis en sentido literal, II, 9. Citado en Galileo Galilei. Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión [preparado por Moisés González]. Alianza Ed., Madrid, 1987, pp. 71, 72). Pero los temibles precedentes que habían sido ya sembrados no desaparecieron. Algunos mantendrían su desprecio teológico por la ciencia durante siglos, como Pedro Damián (s. IX):
    “Platón escruta los secretos de la misteriosa naturaleza, fija los límites de las órbitas de los planetas y calcula la trayectoria de los astros: lo rechazo con desprecio. Pitágoras divide en latitudes la esfera terrestre: le hago muy poco caso (…) Euclides se inclina sobre los embrollados problemas de sus figuras geométricas: también lo mando a paseo; en cuanto a todos los retóricos, con sus silogismos y sus especulaciones sofísticas, los descalifico como indignos de tratar esta cuestión.” (Citado en Pierre Thuillier. De Arquímedes a Einstein. Tomo 1. Alianza Ed., Madrid, 1988, pp. 99-101).

    Afortunadamente, otros destacados cristianos denunciaron la herencia de Cosmas. El patriarca de Constantinopla, Focio (s. IX) comentó así la obra de Cosmas:

    “Siendo vulgar en la expresión, ignora hasta la sintaxis común; además, expone hechos inverosímiles según la ciencia. También es justo considerar a este hombre como un autor de fábulas más que como un testigo veraz. Los dogmas que él discute son los siguientes: el cielo no es esférico, y tampoco la tierra, pero el primero es como un edificio abovedado, la otra es un rectángulo, y las extremidades del cielo están pegadas a las extremidades de la tierra; todos los astros se mueven porque unos ángeles les aseguran su movimiento, y otras cosas del mismo estilo. […].
    […]. El profesa también otras cosas absurdas.” (Fotio, Biblioteca, codex 36. Citado en Topographie Chrétienne, op. cit., p. 116).

    A pesar de la enorme contradicción entre el modelo bíblico y el griego que estas luchas manifestaban, los escolásticos medievales occidentales se las ingeniaron (silenciando unos textos, forzando otros, etc.) para encajar ambas cosmologías, sin querer renunciar claramente a ninguna. Se aceptó la esfericidad terrestre y celeste. La inmovilidad de la tierra estaba garantizada por los griegos que habían rechazado a sus compatriotas que creían en el movimiento de nuestro planeta. Las referencias a un cielo sólido como tapa de la tierra se aplicaron a las sólidas esferas celestes de Aristóteles. El movimiento de los astros se atribuyó a los ángeles (siguiendo a Cosmas y a autores anteriores, a pesar de Filopón). De las columnas de la tierra o de los cielos nadie se acordó, las aguas superiores se identificaron con las nubes (aunque estas dos cosas eran claramente diferenciadas en el Antiguo Testamento) y el conflicto se fue olvidando. La fe y la razón/ciencia habían llegado a una nueva unidad tras más de mil años de problemas…

    Las revoluciones del siglo XVI

    El siglo XVI no iba a ser sólo el de la reforma teológica. Varios cometas perturbaron los cielos inmutables de los aristotélicos. ¿Cómo podrían los cometas atravesar las duras esferas? Tycho Brahe y otros astrónomos llegaron a una conclusión espectacular. El cielo no era sólido. De repente los astros se vieron libres. Los orbes cristalinos que los oprimían fueron declarados inexistentes. Aristóteles se agrietaba. ¿Y la Biblia? ¿No se habían usado sus citas mil veces para apoyar esos cielos sólidos? La difícil unidad entre teólogos y científicos se vino a bajo. Los astrónomos y los teólogos se esforzaban en dar una salida a los textos bíblicos sobre el firmamento. Pero antes de que pudiesen encajar este mazazo, los seguidores de Copérnico esparcían por Europa las enseñanzas del maestro que poco antes había removido una tierra que, como los demás astros flotaba ahora libremente en el espacio. El tercer gran modelo cosmológico de la historia estaba naciendo: más trabajo para los apologistas cristianos. Las componendas entre la cosmología bíblica y la nueva ciencia no eran ya posibles. Los científicos rebuscaron la bibliografía cristiana en busca de argumentos que apoyasen la interpretación de los pasajes bíblicos de formas no científicas. Mientras, los teólogos se prepararon para la defensa. Lutero llamó, a Copérnico:

    “…astrólogo advenedizo que pretende probar que es la Tierra la que gira, y no el cielo, el firmamento, el Sol o la Luna […]. Este loco echa completamente por tierra la ciencia de la astronomía, pero las Sagradas Escrituras nos enseñan que Josué ordenó al Sol, y no a la Tierra, que se detuviese.” (Citado en Nicolás Copérnico, Thomas Digges y Galileo Galilei. Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra [preparado por Alberto Elena]. Alianza Ed., Madrid, 1986, p. 8).

    Melanchton sugirió que las autoridades civiles deberían tomar cartas en el asunto y “deberían poner freno al desencadenamiento de los espíritus.” (Ibídem). Desde la Roma católica, Tolosani, piadosamente escandalizado, escribió un manuscrito (que la muerte le impidió publicar) en el que condenaba a Copérnico. Mientras, los amigos luteranos del canónigo católico Copérnico (entre los que se hallaba su único discípulo, Retico), imprimían sus obras, las estudiaban y exploraban vías de conciliación entre ciencia y fe que no pasaran ya simplemente por una nueva unidad, sino por el reconocimiento de la imposibilidad de reconciliar las ideas bíblicas con la nueva cosmología. Retico escribió un “Tratado sobre la Sagrada Escritura y el movimiento de la tierra”, y el obispo católico Giese tuvo que redactar una obra (perdida) en defensa de su amigo Copérnico.

    Poco después Brahe y Rothmann, dos grandes astrónomos protestantes, mantenían un apasionado debate epistolar. El primero había destruido las esferas celestes; pero, con la Biblia en la mano, no se atrevía a mover la tierra. El segundo quería aplicar la misma solución del problema ciencia y fe dado para justificar las referencias al sólido firmamento, a otros campos de la cosmología, como el movimiento de la tierra.

    Curiosamente fue Calvino, que nunca profesó el copernicanismo, quien relanzó la vieja tesis, ya utilizada por teólogos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, de la teoría de la acomodación, según la cual el Espíritu Santo se acomoda a la mentalidad de cada época en que se revela, especialmente en temas teológicamente sin importancia como es la cosmología. Sorprende que idea tan simple no se haya extendido más. El luterano Kepler y el católico Galileo la aceptaban con entusiasmo (como habían hecho Retico y Rothmann), el segundo la sintetizaba en 1615 citando al cardenal Baronio que había afirmado: “la intención del Espíritu Santo era enseñarnos cómo se va al cielo, y no cómo va el cielo.” (Citado por el propio Galileo en Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, op. cit., p. 73). Pero el literalismo no había muerto. Para el cardenal Bellarmino, máxima autoridad teológica en Roma, al igual que no podía afirmarse que “Abraham no tuvo dos hijos y Jacob doce” tampoco podría negarse que “el Sol está en el cielo y gira a gran velocidad en torno a la Tierra, y que la Tierra está muy alejada del cielo y está inmóvil en el centro del mundo.” Pues si bien ambos casos no eran “materia de fe”, “lo uno y lo otro lo dice el Espíritu Santo” (Citado en Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, op. cit., p. 112). Por ello, el copernicanismo fue condenado en 1616 por la Inquisición, en nombre de la filosofía aristotélica y de la inspiración divina de la Biblia. La reincidencia de Galileo en su defensa del movimiento de la tierra le acarrearía una vergonzosa abjuración y la prisión perpetua en su casa desde 1633 hasta su muerte en 1642.

    Nuestra herencia

    Mientras los astrónomos católicos (especialmente jesuitas) se debatían entre sus propias contribuciones a la ciencia moderna y su filosofía aristotélica protegida por los decretos inquisitoriales, los protestantes publicaban las obras de Galileo y, tras acabar con las resistencias teológicas iniciales, alcanzaban una nueva unidad con la física newtoniana. La nueva paz en ciencia y fe construida en la Inglaterra del siglo XVII acabaría naufragando con las polémicas darwinistas del siglo XIX, y en el siglo XX el “divino” Newton pasaría a la historia de la física. Hoy algunos siguen buscando una falsa solución, encajando a golpes la ciencia actual con la cosmología de la edad de bronce que se refleja en el Antiguo Testamento o estirando la Biblia para recubrir los más recientes descubrimientos científicos. Debemos, pues, comprender que no tiene sentido continuar intentando buscar una explicación para la cosmología bíblica. No es posible seguir forzando la ciencia, la Biblia o ambas para intentar unificar la cosmología bíblica y la de la ciencia actual. No nos es posible “salvar” la cosmología bíblica. Pero esto no debe sorprendernos. Cristo envió a sus discípulos a predicar la buena nueva del Evangelio, no de la antigua cosmología hebrea. Leer en la Biblia sobre las columnas del cielo no nos debería sorprender ni intranquilizar más que leer que los barcos navegaban a vela y no con hélice.

    Lo interesante de este enfoque es que, paradójicamente, nos permite hacer una lectura del texto más literal que la de cualquier literalista. No necesitamos estirar el significado de las palabras hebreas para leer en ellas veladas referencias a la ciencia de más “rabiosa” actualidad. Paralelamente, tampoco tenemos que diluir por completo esas palabras para convertirlas en etéreas referencias poéticas o alegorías teológicas sin ninguna relación con la realidad del mundo creado. Podemos aceptar, sin problemas, que el trasfondo de las referencias a las aguas superiores era un océano que literalmente rodeaba la tierra. Que luego esa idea se usara con intenciones más metafóricas que realistas es otro asunto; pero nadie puede hacer una metáfora usando un concepto que desconoce (¿podría alguien que no conoce la existencia del trigo comparar una melena rubia con este cereal?). De esta manera no tendremos que forzar la Biblia y la ciencia para explicar esas aguas como nubes, ángeles, efectos invernadero primitivos, aguas extraterrestres, etc. No deberíamos luchar por mantener la ciencia hebrea del Antiguo Testamento, como no intentamos revivir su agricultura, su ganadería, su arquitectura, su medicina, su metalurgia, su náutica…

    De Lactancio a hoy, pasando por Cosmas y la inquisición: casi 2000 años de disparates en ciencia y fe. ¿Dejaremos ya de hacer el ridículo y de poner en peligro la respetabilidad de la Biblia? ¿Continuaremos buscando las aguas sobre el firmamento? ¿Reconoceremos que no es posible ni necesario reconciliar la cosmología bíblica con la ciencia de ninguna época histórica pasada, presente o futura?


    “Pues sucede con frecuencia que el cristiano no tiene suficientes conocimientos sobre la tierra; el cielo; los restantes elementos de este mundo; el movimiento; el curso; magnitud e intervalos de las estrellas; sobre los eclipses de sol y de luna; sobre los períodos de tiempo y años; sobre la naturaleza de los animales, plantas y piedras, y sobre otras cosas, hasta el punto que necesita una prueba muy segura o una experiencia. Pero es vergonzoso y pernicioso, y se debe evitar al máximo, que cualquier no creyente al oír a un cristiano hablar de estas cosas de acuerdo con la Sagrada Escritura, pero diciendo tonterías y equivocándose completamente, apenas pueda contener la risa; y no es tan molesto el que un hombre que comete errores sea objeto de burla, pero sí lo es que se crea [por] parte de los que están fuera que nuestros autores sagrados han opinado tales cosas y, con gran daño para aquellos de cuya salvación nos preocupamos, sean censurados y rechazados por incultos. Pues cuando descubren que alguno de los cristianos se equivocan en un asunto que ellos conocen de maravilla y dan una opinión falsa sobre nuestros libros sagrados, ¿cómo van a creer y confiar en aquellos libros en temas como la resurrección de los muertos, la esperanza de la vida eterna y el reino de los cielos si pensaron que se habían escrito cosas erróneas sobre asuntos que pudieron comprobar experimentalmente y percibir con pruebas irrefutables?” (Agustín de Hipona, Sobre el Génesis en sentido literal, I, 18 y 19. Citado por el propio Galileo en Carta a Cristina de Lorena, op. cit., p. 91).

    “Cuando Fromondo u otros hayan proclamado que decir que la tierra se mueve es herejía, si las demostraciones, las observaciones y las necesarias verificaciones demuestran que se mueve, ¿en qué dificultad se habrán puesto a sí mismos y habrán colocado a la Santa Iglesia?” (Galileo, en una carta a Elia Diodati de 1633. Citado en Ludovico Geymonat. Galileo Galilei. Ed. Península, Barcelona, 1986, p. 82).

    Nota: los textos de Cosmas han sido traducidos del frances por mi padre, Pedro de Felipe, al que agradezco su esfuerzo entusiasta.

    (1) Por la misma época, en textos talmúdicos y otros comentarios judíos, se seguían manteniendo las tradiciones cosmológicas que contenían una imagen del mundo muy similar, con la tierra plana y uno o varios cielos como pisos superpuestos hasta llegar a Dios.

    http://www.centroseut.org/cienciayfe/Apuntes_cosmologia.htm

    LA CREACIÓN: ¿ES FRUTO DE LA CASUALIDAD O DEL AZAR COMO SOSTIENEN ALGUNOS?

    LA CREACIÓN: ¿ES FRUTO DE LA CASUALIDAD O DEL AZAR COMO SOSTIENEN ALGUNOS?

    —¿Y no cabe también, como dicen algunos, que el mundo haya existido desde siempre?

    Por ALFONSO AGUILÓ PASTRANA

    Es ingeniero de caminos, autor de numerosas publicaciones y desde 1991 Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE).

    Cuando vemos un libro, un cuadro, o una casa, inmediatamente pensamos que detrás de esas obras habrá, respectivamente, un escritor, un pintor, un arquitecto.

    Y de la misma manera que a nadie se le ocurre pensar que el Quijote surgió de una inmensa masa de letras que cayó al azar sobre unos pliegos de papel y quedó ordenada precisamente de esa manera tan ingeniosa, tampoco nadie sensato diría que aquel edificio “está ahí desde siempre”, ni que ese cuadro “se ha pintado solo”, o cosas por el estilo. No podemos sostener seriamente que el mundo “se ha hecho solo”, o “se ha creado a sí mismo”: son incongruencias que caen por su propio peso.

    El comienzo de una larga sucesión de causas y efectos

    “No conozco ningún alfarero –dijo la olla–. Nací por mí misma y soy eterna”.

    “Pobre loca. Se le ha subido el barro a la cabeza”.

    Así reflejaba Franz Binhack en su obra Topfer und Topf, con un cierto toque de humor, lo ridículo que resulta esa actitud de cerrar los ojos ante la inevitable pregunta sobre el primer origen del ser.

    Si de un grifo sale agua, es porque hay una tubería que transporta esa agua; y esa tubería la recibirá de otra, y ésa a su vez de otra…, pero en algún momento se acabarán las tuberías y llegaremos al depósito: nadie afirmaría que hay siempre agua en el grifo simplemente porque la tubería tiene una longitud infinita.

    “De la nada –explica Leo J. Trese– no podemos obtener algo. Si no tenemos bellotas, no podemos plantar un roble. Sin padres, no hay hijos. Así, pues, si no existiera un Ser que fuera eterno (es decir, un Ser que nunca haya empezado a existir), y omnipotente (y capaz por tanto de hacer algo de la nada), no existiría el mundo, con toda su variedad de seres, y no existiríamos nosotros.

    “Un roble procede de una bellota, pero las bellotas crecen en los robles. ¿Quién hizo la primera bellota o el primer roble?

    “Los hijos tienen padres, y esos padres son hijos de otros padres, y éstos de otros. Ahora bien, ¿quién creó a los primeros padres…?

    “Algunos evolucionistas dirían que todo empezó a partir de una informe masa de átomos; bien, pero ¿quién creó esos átomos? ¿de dónde procedían…?”.

    ¿Quién guió la evolución de esos átomos, según leyes que podemos descubrir, y que evitaron un desarrollo caótico? Alguien tuvo que hacerlo. Alguien que, desde toda la eternidad, haya gozado de una existencia independiente.

    Todos los seres de este mundo, hubo un tiempo en que no existieron. Cada uno de ellos deberá siempre su existencia a otro ser. Todos, tanto los vivos como los inertes, son eslabones de una larga cadena de causas y efectos. Pero esa cadena ha de llegar hasta una primera causa: pretender que un número infinito de causas pudiera dispensarnos de encontrar una causa primera, sería lo mismo que afirmar que un pincel puede pintar por sí solo con tal de que tuviera un mango infinitamente largo.

    —Hay quien dice que les basta con saber que los seres simplemente existen. Que no les importa de dónde provienen y, por tanto, no necesitan pensar más en ello.

    Entonces estaríamos cerca de decir que no se debe pensar, porque renunciar a tan importante parcela del pensamiento supone en cierta manera abandonar la realidad.

    Si vemos una chaqueta colgada de una pared (el ejemplo es de Sheed), pero no vemos que está sostenida por una percha, y eso nos lleva a pensar que las chaquetas desafían a las leyes de la gravedad y cuelgan de las paredes por su propio poder, entonces no viviríamos en el mundo real, sino en un mundo irreal que nosotros mismos nos hemos forjado. De manera semejante, si vemos que las cosas existen y no vemos con claridad cuál es la causa de que existan, y eso nos llevara a negar o a ignorar esa causa, estaríamos saliéndonos del mundo real.

    Un pequeño “dribling” dialéctico

    —Pero ha habido muchos filósofos que han asegurado que la dualidad causa-efecto no es más que un juego de reciprocidad dialéctica ajeno a la naturaleza, donde los fenómenos se repiten de manera incesante sin que esa relación de causa a efecto exista más que en nuestro entendimiento…

    No parece que la noción de causa sea una simple elucubración humana. Es algo que comprobamos cada día, y que la ciencia no cesa de invocar.

    “Si veo unos niños –apunta André Frossard–, la experiencia me dice que no se han hecho solos. Podrá surgir quizá un filósofo afirmando que no puedo demostrarlo, pero también él se vería en apuros para demostrar que yo estoy equivocado si aseguro que han surgido de unas coles.”

    Rechazar de esa manera la relación causa-efecto parece un atentado contra el buen sentido. De hecho, los que así piensan, luego, en la vida normal, no son consecuentes con ello.

    Saben, por ejemplo, que si meten los dedos en un enchufe, recibirán la correspondiente descarga, y por eso procuran no hacerlo. Saben que la dualidad enchufe-calambrazo no es un juego de reciprocidad dialéctica ajeno a la naturaleza que existe sólo en su entendimiento…, aunque sólo sea porque en los dedos no está el entendimiento.

    La fe cristiana confía totalmente en la recta razón, mediante la cual se puede llegar al conocimiento de Dios. Para el creyente, la razón es inseparable de la fe y ha de ser respetada como un don divino.

    —Y si dices que se puede llegar a Dios con la luz de la razón, ¿para qué es necesaria la fe?

    No es difícil llegar a reconocer que Dios existe. Hemos repasado algunos de los razonamientos que nos llevan a Él, y veremos aún bastantes más. De todas formas, el trabajo no siempre es fácil: además de exigir –como sucede con todo conocimiento– una manera recta de pensar y un profundo amor a la verdad, hay que contar con que, en muchos casos, los hombres renunciamos a proseguir un discurso racional cuando comprobamos que sus conclusiones se oponen a nuestros egoísmos, nuestras pasiones, o nuestro bienestar.

    Supongo que ésta será una de las razones por las que Dios dio un paso adelante y, dándose a conocer mediante la Revelación, nos tendió la mano. Así, además, todos los hombres pueden conocer todas esas verdades de forma fácil, con certeza y sin error.

    La autocreación: un cuento de hadas para personas mayores

    —Mucha gente dice que le sobran todos esos argumentos porque la teoría del big bang explica perfectamente la autocreación del universo, y ya no necesitan a Dios para explicar nada.

    El big bang y la autocreación del universo son dos cosas bien distintas.

    La teoría del big bang, como tal, resulta perfectamente conciliable con la existencia de Dios.

    Sin embargo, a la teoría de la autocreación –que sostiene, mediante explicaciones más o menos ingeniosas, que el universo se ha creado él solo a sí mismo, y de la nada–, habría que objetar dos cosas: primero, que desde el momento que se habla de creación partiendo de la nada, estamos ya fuera del método científico, puesto que la nada no existe y por tanto no se le puede aplicar el método científico; y segundo, que hace falta mucha fe para pensar que una masa de materia o de energía se pueda haber creado a sí misma.

    Tanta fe parece hacer falta, que el mismo Jean Rostand –por citar a un científico de reconocida autoridad mundial en esta materia y, al tiempo, poco sospechoso de simpatía por la doctrina católica–, ha llegado a decir que esta historia de la autocreación es “un cuento de hadas para personas mayores”. Afirmación que André Frossard remacha irónicamente diciendo que “hay que admitir que hay personas adultas que no son más exigentes que los niños respecto a los cuentos de hadas”.

    Las partículas originales –continúa con su ironía el pensador francés–, sin impulso ni dirección exteriores, comenzaron a asociarse, a combinarse aleatoriamente entre ellas para pasar de los quáseres a los átomos, y de los átomos a moléculas de arquitectura cada vez más complicada y diversa, hasta producir, después de miles de millones de años de esfuerzos incesantes, un profesor de astrofísica con gafas y bigote. Es el ¡no va más! de las maravillas. La doctrina de la Creación no pedía más que un solo milagro de Dios. La de la autocreación del mundo exige un milagro cada décima de segundo.

    www.yeshuahamashiaj.org

    www.elevangeliodelreino.org

    FUENTE:

    http://apologista.blogdiario.com/

    Nueva evidencia de la creación del Universo

    Nueva evidencia de la creación del Universo

    Autor: Mauro Apolos González

    Algunas personas me dicen que no hay pruebas de que Dios existe… en realidad lo difícil es encontrar una sola prueba de que NO EXISTE. Lo que sucede es que estas personas suponen que la existencia de Dios requiere la misma índole de pruebas que la existencia de un árbol, del agua, o de cualquier otra cosa que se puede fotografiar , ver y medir.

    En el caso de Dios, obviamente no puede ser visto, ni medido. Pero esto no es una excusa para “evadir la prueba”. Es parte de la esencia del propio Dios: evidentemente que si estoy hablando de un Ser responsable de la existencia de la realidad no puedo al mismo tiempo afirmar que ese Ser posee una naturaleza medible y visible desde dicha realidad.

    Pensemos esto.. nosotros vivimos en la tercera dimensión. Los dibujos animados existen en la segunda. ¿Puede un dibujo animado, fruto de la creación de un ser de nuestra dimensión, vernos, entendernos o medirnos? Y estoy hablando de una brecha de tan solo una dimensión de distancia.

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