La unidad de Dios

La unidad de Dios

Cuando los musulmanes triunfaron en el Medio Oriente en el séptimo siglo, destruyeron cruelmente a todos los que consideraron que no eran de una fe monoteísta. Ellos dieron al pueblo vencido la oportunidad de escoger entre convertirse en musulmanes o morir. A los judíos les fue permitido vivir y seguir su religión porque los musulmanes comprendieron que su religión era la adoración de un Dios. Todos los paganos creyentes en más de un dios fueron muertos por no convertirse al islamismo. Los cristianos fueron considerados paganos, pues no pudieron hacer comprender a los musulmanes que eran monoteístas. La creencia en la trinidad les pareció a los musulmanes que era una creencia en tres dioses.[0]

La Identidad de Jesucristo en el Cristianismo

«Dentro de la cristiandad, existen tres corrientes principales de interpretación en lo que respecta a la naturaleza de Dios y la identidad de Jesucristo.

Estas son:


El error del axioma “Dios no es persona” parte 2

El error del axioma “Dios no es persona” parte 2

En el artículo anterior, vimos la falacia del axioma “Dios no es persona”. En este artículo veremos la refutación.

En el cristianismo se usa la palabra “persona” analógicamente, es decir, que hay algún parecido con el sentido que se señala, pero la disimilitud es mucho mayor (pero no sabemos cuánto de mayor).

La doctrina de la Trinidad tiene un apoyo racional: que existe un Ser atemporal y aespacial creador y ordenador del universo; negarle toda inteligencia y toda voluntad a un ser así sería contradictorio, pues implicaría afirmar que la creación que surge del creador es superior a El. Antes de afirmar que persona es un concepto exclusivamente finito se tendría que demostrar que el argumento de la existencia de Dios es falso.

En el cristianismo se afirma que Dios es “persona” no es sólo por su caracter inteligente y voluntario, sino también por su referencia a otras personas, lo cual lo hace autosuficiente. Por eso, la negación de una conciencia infinita porque no habría ningún objeto fuera de Dios no me parece un buen argumento, pues cada persona divina puede ser consciente de las otras, hay la conciencia de otros sujetos que comparten la misma sustancia divina.[0]

LA BONDAD DE DIOS

LA BONDAD DE DIOS

  • “Alabad a Jehová, porque es bueno” (Sal. 136:1).

La “bondad” de Dios corresponde a la perfección de su naturaleza: “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (I Juan. 1:5). La perfección de la naturaleza de Dios es tan absoluta que no hay nada en ella que sea incompleta o defectuosa, ni nada pueda serle añadida o mejorarla. Sólo El es originalmente bueno, en sí mismo; las criaturas pueden ser buenas sólo por la participación y comunicación que viene de Dios. El es bueno esencialmente, y no sólo bueno, sino la bondad misma; la bondad de la criatura es sólo una cualidad sobre añadida, mientras que en Dios es su misma esencia.

LA GRACIA DE DIOS

LA GRACIA DE DIOS

  • “Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. (Rom. 11:6)

Esta perfección del carácter divino es ejercida sólo para con los elegidos. Ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento se menciona jamás la gracia de Dios en relación con el género humano en general, y mucho menos en relación con otras de sus criaturas. En esto se distingue de la “misericordia”, porque ésta es “sobre todas sus obras” (Sal. 145:9).

La gracia es la única fuente de la cual fluye la buena voluntad, el amor y la salvación de Dios para sus escogidos. Abraham Booth, en su libro “El Reino de la Gracia”, describe así este atributo del carácter divino: “Es el favor eterno y totalmente gratuito de Dios, manifestado en la concesión de bendiciones espirituales y eternas a las criaturas culpables e indignas”.

LA FIDELIDAD DE DIOS

LA FIDELIDAD DE DIOS

  • “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel” (Deut. 7:9).

La infidelidad es uno de los pecados más predominantes de estos días malos. En el mundo de los negocios, salvo excepciones cada vez más raras, los hombres no se sienten ligados ya a la palabra empeñada. En la esfera social, la infidelidad conyugal abunda por todos lados; los sagrados lazos del matrimonio son quebrantados con la misma facilidad con que se desecha una prenda vieja.

En el reino eclesiástico, miles que prometieron solemnemente predicar la verdad, la atacan y niegan sin escrúpulo alguno. Ningún lector o escritor puede pretender ser inmune a este terrible pecado; ¡de cuántas maneras diferentes hemos sido infieles a Cristo y a la luz y privilegios que Dios nos ha confiado!

EL AMOR DE DIOS

EL AMOR DE DIOS

En las Sagradas Escrituras se nos dicen tres cosas acerca de la naturaleza de Dios. Primero, que “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). En el griego no hay artículo indeterminado, por lo que decir “Dios es un espíritu» sería en extremo censurable, puesto que le igualaría a otros seres. Dios es “Espíritu” en el sentido más elevado.

Por ser “Espíritu” no tiene sustancia visible, es incorpóreo. Si Dios tuviera un cuerpo tangible, no sería omnipresente, y estaría limitado a un lugar; al ser “Espíritu” llena los cielos y la tierra. Segundo, que “Dios es luz” (1 Juan 1:5) lo cual es lo opuesto a las tinieblas.

LA IRA DE DIOS

LA IRA DE DIOS

  • “Temed a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el infierno. Sí, os digo: A éste temed”. (Luc. 12:5).

Es triste ver a tantos cristianos que parecen considerar la ira de Dios como algo que necesita excusas y justificación, o que, cuando menos, celebrarían que no existiese. Hay algunos que, aunque no irían tan lejos como para admitir abiertamente que la consideran una mancha en el carácter Divino, están lejos de mirarla con deleite, no les agrada pensar en ella, y rara vez la oyen mencionar sin que se levante un resentimiento secreto hacia ella en sus corazones.

Incluso entre los de juicio más moderado, no son pocos los que imaginan que la severidad de la ira divina es demasiado aterradora para constituir un tema provechoso de meditación. Otros admiten el engaño de que la ira de Dios no es compatible con su bondad, y por esto tratan de desterrarla del pensamiento.

Sí, muchos huyen de la visión de la ira de Dios como si se les obligara a mirar una mancha del divino carácter, o una falta de la autoridad divina. Pero, ¿qué dicen las escrituras? Al leerlas, nos damos cuenta de que Dios no ha tratado de ocultar la realidad de su ira. El no se avergüenza de proclamar que la venganza y el furor le pertenecen.

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