Los Cuernos de Moisés

Los Cuernos de Moisés

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El rostro resplandeciente de Moisés

Respondiendo a una pregunta de un comentarista del blog, recordé este caso que había leido, sobre las posibles discrepancias de la biblia y decide investigar un poco mas y armar un relato que me pare interesante:

La escultura de Moisés realizada por Michelangelo Buonarroti y algunas otras obras del renacimiento, muestran a un Moisés barbado y con un par de protuberancias en la frente que claramente parecen un par de cuernos.

Todo parece indicar que el origen de esos apéndices es un error de traducción del idioma Hebreo, específicamente la traducción de Exodus 34:29-30. El texto describe a Moisés descendiendo del Monte Sinaí, con el rostro “emitiendo rayos de luz”.

La palabra hebrea “qaran” como verbo equivale a “emitiendo rayos de luz” pero como sustantivo significa “cuerno”

Actualmente sabemos que es un error pero por cientos de años la Biblia Latina describía erróneamente el resplandeciente rostro de Moisés como “quod cornuta esset facies sua”

“Al estar traduciendo San Jerónimo El Antiguo Testamento del hebreo al latin, en el pasaje del Éxodo 34. 29, cuando Moisés desciende del Monte Sinai con las dos tablas del testimonio en su mano, El Éxodo dice que no sabía Moisés, que la piel de su rostro resplandecía con “rayos” de luz. Pero la palabra hebrea “rayos” puede ser asimismo traducida como “cuernos”: karan versus keren. Así que San Jerónimo pensó que nadie, salvo Cristo debía resplandecer con rayos de luz. Así que optó por la acepción secundaria y entonces San Jerónimo aplicó la palabra latina “cornuta” a Moisés y le dió “cuernos”.

Fuente: El Enigma del Cuatro. Ian Caldwell y Dustin Thomason. Ed. Roca 2004 pág.168

Pues esta es la razón por la que Miguel Angel esculpió a Moisés en el siglo XVI de esta manera:

Mientras que por ejemplo el setabense José de Ribera, en el XVIII, representó en una pintura a Moisés con los rayos de luz:

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Pues esa es la explicación (bastante graciosa) del porqué de los cuernos en algunas representaciones de Moisés.

El portal de la editorial boker, en un articulo titulado los cuernos de Moises, hablando del antisemitismo de Europa. Esta editorial atribuye este hecho al vacio educativo que allí se vive con respecto al pueblo judío, y comentan que este vacío educativo puede ser ilustrado a través de la mitología popular que se condensa, por ejemplo, en la famosa estatua de Miguel Angel, aquella que representa a Moisés y que exhibe al gran líder del éxodo de Egipto con cuernos en la frente. De cierta manera, estos cuernos pueden considerarse parte integral de la interpretación artística, subjetiva, del gran maestro de Caprese. Los biógrafos relatan que cuando Miguel Angel concluyó su obra, quedó tan profundamente impresionado por la fuerza y energía que provienen de la escultura que agarrando uno de sus martillos, golpeó la rodilla de la estatua y exclamó: ¡habla! Pero tal vez lo hecho por el artista fue atenerse simplemente a una idea, común y prevalente en la Edad Media, que afirmaba que los judíos, cual demonios, tenían cachos en la frente.

Es posible que el origen de esta mitología apócrifa derive de un versículo de la Vulgata (la traducción al latín de la Biblia, que data de fines del siglo IV); el versículo en cuestión está en el Pentateuco, Exodo 34,29: “al descender Moisés… no advirtió que la piel de su rostro ‘brillaba’…”, que la Vulgata vierte al latín como: “… quod cornuta esset facies sua…”

(1). El equívoco reside en la traducción de la palabra hebrea “karán” (brillo), que también puede significar cuerno, pero está claro que dentro del contexto en que aparece en el original , alude a la luz reflejada por el rostro de Moisés

(2). Como puede verse, los cuernos atribuidos a Moisés responden a una interpretación errónea de las Sagradas Escrituras, pero que ha contribuido – quizás de manera involuntaria- a alimentar el morbo antes mencionado. Pues, este asunto de los cuernos no termina con Moisés, porque la leyenda se propagó durante siglos, y hasta el día de hoy se sabe de la existencia, en latitudes remotas y algunas no tan remotas, de gente convencida de que los judíos portan cachos sobre sus cabezas.

Además, el cuerno como símbolo es un elemento constitutivo de diversas culturas y mitologías. Numerosas pinturas cavernícolas de una edad prehistórica contienen dibujos de cornamentas, quizás por la connotación de fuerza y majestuosidad que éstas representan. El afamado ídolo Báal de los babilonios, por ejemplo, representado por un toro con formidables pitones, era también adorado por otros pueblos de la región, incluyendo la tierra del Canaán

(3).Más adelante, sin embargo, el cristianismo medieval vinculó los cuernos con los demonios que invadían su pensamiento y lo agobiaban con terror. Es posible que esa asociación tuviera el propósito de negar la realidad de los cornudos dioses romanos, que el cristianismo había vencido y superado. De tal suerte que en numerosos escritos religiosos de la época encontramos referencias a diablillos con cuernos que persiguen a las mujeres con deseos ilícitos.

Está claro que, no obstante la discrepancia de los teólogos y el clero responsable, el judío era visto por gran parte de la sociedad de la época como un asistente del diablo, que tenía el ánimo de interferir o de destruir al cristianismo. Para distinguirlo, obligaron al judío a portar un emblema sobre su vestimenta, que en ocasiones era la imagen de un cuerno rodeado por una rueda amarilla. Así fue en Francia durante la última generación antes de la expulsión de los judíos en 1306. De tal manera que la Estrella de David amarilla, que los alemanes impusieron sobre el pecho de los judíos durante la era nazi fue, únicamente, expresión contemporánea de un atropello que tenía antecedentes históricos.

Como se ve, de esta confluencia de símbolos culturales e históricos divergentes, equívocos o malinterpretados, resulta que, mientras los cuernos que Miguel Angel le colocó al judío Moisés tenían el propósito de atribuirle majestad, poder y grandeza, al mismo tiempo existía la percepción de que el judío era aliado del diablo. ¿Hay acaso una secreta relación entre la renovada fuerza del antisemitismo europeo y la leyenda de los cuernos que todo judío porta sobre su cabeza? Objetivamente, la respuesta probable es negativa. Pero desde un prisma moral, la réplica no se presta a duda: es afirmativa.(EditorialBoker.com)

La Escultura es un arte de símbolos, a fin de cuentas, en particular cuando hay ciertas cosas que no se pueden esculpir de manera naturalista, y se deben recurrir a técnicas un poco más sutiles para apelar a la inteligencia del espectador.

Uno de estos simbolismos son las protuberancias que adornan muchas estatuas antiguas de Moisés. Según una tradición antigua, cuando Moisés hablaba con Dios, salían rayos desde la cabeza del profeta. Como esculpir estos rayos era algo enrevesado, y además se hubiera prestado para la maledicencia (“¡miren qué cuernos se gasta Moisés!”), los escultores preferían simplemente ponerle un par de pequeñas protuberancias, y se supone que ellas representaban los rayos en cuestión.

Sin embargo, este toque delicado no fue suficiente, y con el paso del tiempo, los escultores debieron renunciar a esta práctica, precisamente para evitar que la gente tomara esos “rayos” como “cachitos”, y dijera que Moisés era un cornudo…

Entre las esculturas que muestran a Moisés con protuberancias, está nada menos que el “Moisés” que Miguel Angel esculpió a comienzos del siglo XVI, y que ilustra este posteo.

Los cuernos de Moisés.

El verbo hebreo “Qaran” (su pronunciación es kaw-ran) puede significar Qal o Hiphil. El primero hace referencia a sacar rayos de luz (brillar o destellar) y el segundo “Hiphil” significa sacar astas o cuernos o ser cornudo. Este verbo aparece hasta cuatro veces en la Biblia.

“Quod cornuta esset facies sua”

(dibujo del Moisés de Miguel Ángel realizado por Gerardo Jofre)

Tres veces aparece en el libro del Éxodo ( Éxodo 34:29, 30 y 35 ) y una vez en el Salmo 69 versículo 31 (versión KJV). El verbo que aparece en el Salmo 69 hace referencia a los cuernos de un novillo, mientras que en el libro del Éxodo, el verbo Qaran refiere a destellar rayos de luz.

Entre los años 382 al 404 d.C San Jerónimo (Eusebius Hieronymus Sophronius) tradujo la Biblia del griego al latín. Hasta entonces los cristianos habían hecho uso de la Septuaginta o Biblia griega de los LXX. No toda la Biblia llegó a ser traducida al latín por San Jerónimo. Los libros de la Sabiduría, el de Baruch, el Eclesiástico y los dos libros de los Macabeos, no llegaron a ser traducidos por él. Sin embargo el libro del Éxodo y los Salmos, si que fueron traducidos. Es más, respecto a los Salmos hizo una segunda revisión, con la ayuda del Hexapla de Orígenes y los textos hebreos, y ésta es la que está incluida en la Vulgata.

Al llegar al capítulo 34 versículo 29, San Jerónimo topó con el verbo hebreo Qaran y en vez de atribuirle el significado original hebreo ( irradiar o destellar luz) adecuado a su contexto, le dio el mismo significado que aparece en el Salmo 69:31. De esta manera podemos leer en latín “Quod cornuta esset facies sua” , es decir, en una traducción literal sería “que su rostro estaba cornudo”. Se ha especulado sobre si esa traducción fue errónea o si por el contrario San Jerónimo lo hizo a propósito por alguna razón teológica.

Si acudimos a la versión griega:

Localizamos el verbo “glorificar” que aparece en la Septuaginta como “dedocastai”, en el sentido de que el rostro de Moisés estaba glorificado y no cornudo.

Curiosamente el verbo hebreo “qaran” es algo similar a la palabra “keras” que significa cuerno en griego, pero como ya hemos visto esa palabra no aparece en Éxodo 34:29 de la versión septuaginta y por otra parte San Pablo en II Corintios 3:7 alude al resplandor del rostro de Moisés en Éxodo 34:29 como algo glorioso, sin hacer alusión a la cornamenta. Teniendo estos datos resulta difícil pensar que San Jerónimo se equivocará al escribir “Quod cornuta esset facies sua”, pues probablemente lo hizo de forma intencionada por alguna razón simbólica o teológica.

Mil años después de San Jerónimo, el Papa Julio II (1505) reclama que regrese a Roma el celebre artista renacentista Michelangelo Buonarroti, más conocido como Miguel Ángel y le encarga una gran estatua de Moisés para su mausoleo en la iglesia romana de San Pietro Vincoli. En 1513 murió el Papa Julio II, pero Miguel Ángel continuo su escultura hasta finalizarla en 1545 y terminó su Moisés, incluyendo sus cuernos, aplicando literalmente la versión vulgata.

Un año después de terminar su Moisés, el 8 de abril de 1546 se celebraba la sesión IV del Concilio de Trento en donde se aprobaba el Decreto sobre la edición y uso de la sagrada escritura y en el cual se designaba la versión vulgata de San Jerónimo, como el único texto bíblico latino auténtico y autorizado.

Cuando se llevaron a cabo en el siglo XVIII las traducciones de la Vulgata al español y otras lenguas, ya incidían en que “la letra quod cornuta esset facies sua no se debe tomar en sentido propio, sino metafórico” y que lo que salía del rostro de Moisés no eran cuernos, sino rayos de luz o un resplandor extraordinario.

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Moisés con cuernos en la obra Aelfric Paraphrase of the Pentateuch and Joshua (año 1.025).

En el anterior articulo “Quod Cornuta esset facies sua” explicaba que parece difícil que San Jerónimo se equivocara en la traducción del pasaje de Éxodo 34:29 y que tal vez el motivo fuera darle algún valor simbólico o teológico.

Lo cierto es que el texto masorético contiene un hebreo ambiguo en la frase que describe el rostro de Moisés tras su conversación con Yahvé. Sabemos que San Jerónimo estudio hebreo bíblico y filología de sus judíos contemporáneos. Jerónimo explico en su comentario al libro de Amos que “cornuta” era una referencia metafórica a “glorificación”. En el resto de comentarios, inclusive al libro de Isaías y Ezequiel, así como su Dialogo contra los Pelagianos, San Jerónimo presenta los cuernos de Moisés como una metáfora sobre “fuerza”, “poder”, “sabiduría” o “conocimiento de Dios”. Seria interesante profundizar más en el análisis de esta metáfora, su contexto en el siglo IV y su significado.

En definitiva San Jerónimo se aleja conscientemente de una interpretación literal de “cornudo”, por lo que difícilmente se trata de un error de traducción.

Se han publicado interesantes estudios sobre la iconografía de Moisés representado con cuernos que deriva de una interpretación literal de la traducción jeronimiana. Esta peculiar iconografía cristiana de un Moisés cornudo tuvo lugar a partir del siglo XI en Inglaterra y finalizo alrededor del siglo XVII en Europa. La primera plasmación artística de Moisés con cuernos aparece en la obra Aelfric Paraphrase of the Pentateuch and Joshua (1.025 d.C.). A partir de esta obra comienza una representación extremadamente literal de los pasajes Ex.34:29, 34:30 y 34:35. La obra Aelfric Paraphrase of the Pentateuch and Joshua contiene unas cuatrocientas ilustraciones y en varias de ellas aparece Moisés con cuernos. Un hiperliteralismo de la narrativa bíblica que se extenderá durante posteriores siglos a otros países europeos como Austria, Francia, España e Italia.

(JPEG)

Grabado impreso en Venecia del año 1521 donde aparece Moisés con cuernos

Durante el renacimiento se extendió mayormente esta iconografía de Moisés hasta el siglo XVII, época en que ya aparecen escasas representaciones. Así por ejemplo en El Escorial hay un cuadro del siglo XVII donde aparece Moisés con cuernos.

Esta iconografía no se produce directamente por una expresión pictórica de la traducción de San Jerónimo, sino que fueron el resultado de un literalismo exagerado. No puede por consiguiente hablarse de un instigamiento o promoción de esa iconografía por parte de San Jerónimo.

Según Antonio Ruiz de Elvira en su trabajo “Los hermanos de Jesús y la Iconografía de Moisés”, distintas causas pueden haber contribuido a eliminar los cuernos de Moisés:

A) San Pablo

B) Santo Tomas de Aquino

C) El miedo al ridículo

San Pablo, como ya mencione en mi anterior articulo, hace referencia a un rostro “glorificado”, cuando dice: “et erat glorificata facies eius”. Ello ha sido justificado por los comentaristas modernos de la Biblia; por ejemplo Torres Amat.

Santo Tomas de Aquino rechaza en su obra “In Omnes beati Pauli Apostoli epistolas, super 2 Co. III, Lectio II” la interpretación literal de que Moisés llevara cuernos.<< Non intelligendum est eum habuisse cornua ad litteram, sicut quidam eum pingunt, sed dicitur cornutus propter radios qui videbantur esse quasi cornua>>.

El miedo al ridículo, según se aprecia en el Gesenio Manual (“Lexicon Manuale Hebraicum et Chaldaicum in Veteris Testamenti Libros…”).

Finalmente los comentaristas bíblicos dejaron a un lado los cuernos de Moisés y con ello su representación artística, pasando los cuernos a ser “rayos de luz” en obras pictóricas del siglo XVIII como el Moisés de José de Ribera.

Gerardo Jofre.


Fuentes:

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El Arte y la tentación de Cristo

El Arte y la tentación de Cristo

La tentación de Cristo o Tentaciones de Cristo (en italiano, Tentazione di Cristo) es un fresco realizado por el pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. Mide 345,5 cm. de alto y 555 cm. de largo. Fue realizado entre los años 1481 y 1482 en la Capilla Sixtina de la Ciudad del Vaticano.

En 1481, el Papa Sixto IV llamó a Botticelli, así como a otros artistas prominentes florentinos y umbríos, como Pietro Perugino, Domenico Ghirlandaio y Cosimo Rosselli; a ellos se añadieron después Luca Signorelli y Bartolomeo della Gatta. La tarea que se les encomendó fue elaborar frescos en las paredes de la Capilla Sixtina. El papa proporcionó el programa iconográfico: la supremacía del papado. Se pretendía pintar las dos paredes, una frente a otra, la comparación de las vidas de Moisés y Cristo, incluyendo las prefiguraciones del Nuevo Testamento en el Antiguo. Además, en el registro superior, en todo el perímetro, estaban pintados una larga serie de papas. Para realizar la obra, los pintores tuvieron que aceptar unas convenciones representativas comunes a todos, de manera que la obra final resultara homogénea: usaban la misma escala de dimensiones, la misma estructura rítmica y representación paisajística, una sola gama cromática con adornos de oro que hiciera resplandecer las pinturas con la iluminación de las antorchas y las velas. Aunque Giorgio Vasari sostenía que Sandro Botticelli pintó todo el conjunto, lo cierto es que pintó tres historias en los frescos. Además, se cree que proporcionó los dibujos de once papas y quizá intervino directamente en la pintura de algunos. Las composiciones son complejas y difíciles, con reelaboraciones neoplatónicas de temas clásicos en la iconografía cristiana.

En este episodio se representan las tentaciones de Cristo narradas por los Evangelios, en concreto en Mateo 4, 1-11. Sobre este cuadro se lee: «TEMPTATIO IESU CHRISTI LATORIS EVANGELICAE LEGIS». El esquema compositivo es distinto del que puede verse en las Pruebas de Moisés y en el Castigo de los rebeldes, pues el relato se articula a través de tres acciones situadas en diferentes lugares altos y además, en la parte posterior o segundo plano de la pintura. Se lee de izquierda a derecha:

  1. En la parte alta, al fondo, Jesucristo encuentra al demonio, bajo la apariencia de un eremita o un peregrino, quien le invita a transformar en pan las piedras y así comer después de cuarenta días de ayuno.
  2. En el centro, sobre un edificio, Satanás tienta a Jesús, diciéndole: «Si tú eres hijo de Dios, arrójate». El demonio está sobre lo alto del frontón de un templo y reta a Jesús a lanzarse al vuelo y ser salvado por los ángeles. El templo está inspirado en el hospital del Santo Espíritu, construcción de Sixto IV próxima al Vaticano.
  3. A la derecha vuelve a tentarlo ofreciéndole toda la magnificencia del mundo. Cristo lo rechaza y hace caer al demonio desnudo desde una roca. La ropa de eremita se desprende y aparece el demonio, con garras, cola, y orejas de animal. Detrás de la figura de Cristo hay unos ángeles ante una mesa, preparando la Eucaristía.

El primer plano de la composición no contiene Tentaciones de Cristo, sino ve un rito de sacrificio, interpretado como oferta del leproso después de ser sanado por Cristo. En esta escena puede identificarse al sumo sacerdote con Moisés, visto que en la pared de enfrente están las escenas de su vida, y el joven con Cristo, que será él mismo sacrificado para redimir a toda la Humanidad.

Dado que tenía por objeto la decoración de estancias papales, cabe pensar que muchos de los retratados son prelados y familiares del papa, pues los rostros no siguen el mismo modelo, sino que están individualizados, como auténticos retratos. También hay alusiones directas al pontífice: a su nombre, Francesco della Rovere, aluden los robles pintados, y a su símbolo heráldico el traje azul oscuro con hojas de encina de oro que lleva el joven que, situado a la izquierda, de perfil, se levanta de un asiento de mármol.

Las figuras pintadas por Botticelli son escultóricas. Contribuye al modelado de las mismas el uso que hace de la luz. En cuanto a los colores que emplea en la pintura, son variados, pero en conjunto un poco apagados por la técnica al fresco.

Otros frescos de Botticelli en la Capilla Sixtina son:


Fuente:

http://www.supercable.es/~miguelor/tentaciones.htm

Análisis de algunas objeciones a las Tentaciones de Cristo

Análisis de algunas objeciones a las Tentaciones de Cristo

¿Convino que Cristo fuese tentado?

La tentación de San Antonio, por Martin Schöngauer.

La tentación de San Antonio, por Martin Schöngauer.

I. Objeciones por las que parece que no convenía que Cristo fuera tentado:

1. Tentar equivale a someter a prueba. Esto no se hace más que acerca de algo desconocido. Ahora bien, la virtud de Cristo era conocida incluso por los demonios, pues en Luc 4:41 se lee que no dejaba hablar a los demonios, porque sabían que él era el Cristo. Luego parece que no convino que Cristo fuese tentado.

2. Cristo había venido para destruir las obras del diablo, como está escrito en I Jn 3:8: Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo. Pero no es propio del mismo sujeto destruir las obras de alguien y a la vez ser víctima de las mismas. Y, por este motivo, parece haber sido un despropósito el que Cristo tolerase ser tentado por el diablo.

3. hay una triple tentación, a saber: la de la carne, la del mundo, y la del diablo. Pero Cristo no fue tentado por la carne ni por el mundo. Luego tampoco debió serlo por el diablo.

Contra esto: está lo que se narra en Mat. 4:1: Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.

Respuesta: Cristo quiso ser tentado:

Primero, para proporcionarnos auxilio contra las tentaciones. Por esto dice Gregorio en una Homilía : No era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, él que había venido para ser muerto; para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, lo mismo que aniquiló nuestra muerte con la propia.

Segundo, para nuestra precaución, a fin de que nadie, por santo que sea, se tenga por seguro e inmune a la tentación. Por lo que también él quiso ser tentado después del bautismo, porque, como dice Hilario, Super Matth., las tentaciones del diablo se ceban espacialísimamente en los santos, porque no hay victoria que más apetezca que la lograda sobre los mismos. De ahí que también en Eclo 2:1 se diga: Hijo, si vienes a servir al Señor, mantente firme en la justicia y el temor, y prepara tu alma para la tentación.

Tercero, para ejemplo; esto es, para enseñarnos el modo de vencer las tentaciones del diablo. Por esto escribe Agustín en IV De Trin., que Cristo se ofreció al diablo para ser tentado, a fin de ser el mediador para superar sus tentaciones, no sólo con la ayuda, sino también con el ejemplo.

Cuarto, para infundir en nosotros la confianza en su misericordia. Por esto se dice en Heb 4,15: No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaqueras, pues fue tentado en todo, a semejanza nuestra, menos en el pecado.

A las objeciones:

1. Como escribe Agustín, en IX De Civ. Dei, Cristo se dio a conocer a los demonios tanto cuanto El quiso; no en cuanto es la vida eterna, sino por ciertos efectos temporales de su virtud, por los cuales podían lograr alguna conjetura de que Cristo era el Hijo de Dios. Pero como, por otra parte, veían en él ciertas señales de flaqueza humana, no conocían con certeza que era el Hijo de Dios. Y por este motivo quiso (el diablo) tentarlo. Esto es lo que se da a entender en Mat 4:2-3, donde se dice que, después que tuvo hambre, se le acercó el tentador, porque, como comenta Hilario, el diablo no se hubiera atrevido a tentar a Cristo de no haber descubierto en él, mediante la flaquera del hambre, la condición humana. Y esto mismo es manifestado por el modo de tentarle, cuando le dijo: Si eres Hijo de Dios.. Gregorio comenta esta frase diciendo: ¿Qué significa este exordio de la conversación sino que conocía que el Hijo de Dios. había de venir, pero que no pensaba que hubiera venido por medio de la debilidad del cuerpo?

2. Cristo vino a destruir las obras del diablo, no usando de su poder, sino más bien padeciendo de él y de sus miembros, para, de este modo, vencer al diablo con la justicia, no con el imperio, como explica Agustín en XIII De Trin. : El diablo hubo de ser vencido, no por el poder de Dios, sino por la justicia. De ahí que en las tentaciones de Cristo debe considerarse lo que hizo él por su propia voluntad y lo que padeció del diablo. Y el ofrecerse al tentador fue obra de su propia voluntad. Por esto se dice en Mat 4,1: Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para que fuese tentado por el diablo. Lo cual, dice Gregorio, debe entenderse del Espíritu Santo, es a saber: para que su Espíritu lo condujese allí donde le encontraría el espíritu maligno para tentarle. Pero toleró al diablo que lo tomara, (y lo llevara) ya sobre el alero del templo, de un monte muy alto. Y no es de admirar, como añade el mismo Gregorio, que permitiese ser llevado por el diablo a un monte el que consintió ser crucificado por los miembros de aquél. Pero el ser llevado por el diablo no debe entenderse como algo ineludible, sino porque, como escribe Orígenes, In Lúe., le seguía a la tentación como el atleta que avanza libremente.

3. Como escribe el Apóstol (Heb 4,15), Cristo quiso ser tentado en todo menos en el pecado. Ahora bien, la tentación que proviene del enemigo puede carecer de pecado, porque se realiza sólo por sugestión exterior. En cambio, la tentación que procede de la carne no puede darse sin pecado, porque tal tentación se realiza por medio del deleite y la concupiscencia; y como dice Agustín, algún pecado hay cuando la carne desea contra el espíritu. Y, por este motivo, Cristo quiso ser tentado por el enemigo, pero no por la carne.

II. ¿Cristo debió ser tentado en el desierto?

El Monasterio griego-ortodoxo del Quarantal, en la montaña del desierto de Judea, frente a Jericó.

Objeciones por las que parece que Cristo no debió ser tentado en el desierto.

1.Cristo quiso ser tentado para ejemplo nuestro, como acabamos de decir (a.l). Ahora bien, el ejemplo debe proponerse de modo manifiesto a quienes se trata de instruir por medio de él. Luego no debió ser tentado en el desierto.

2. Dice el Crisóstomo In Matth. : El diablo insta a la tentación principalmente cuando ve a los solitarios. Por esto también, al principio, tentó a la mujer cuando la encontró sin la compañía del mando. Y en este aspecto parece que, mediante la ida al desierto para ser tentado, se expuso a la tentación. Por consiguiente, siendo su tentación un ejemplo para nosotros, parece que también los demás deben lanzarse a las tentaciones para soportarlas. Esto, sin embargo, parece ser peligroso, pues más bien debemos evitar las ocasiones de la tentación.

3. En Mat. 4:5 se narra la segunda tentación de Cristo, cuando el diablo llevó a Cristo a la Ciudad Santa, y le puso sobre el alero del Templo, que ciertamente no estaba en el desierto. Luego no fue tentado solamente en el desierto.

Contra esto: está lo que se dice en Marcos.

“Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:2-4)

“por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sin de toda palabra de Dios.”

imágen del Monte de las Tentaciones

Respondo: Como hemos manifestado (a.l ad 2), Cristo, por su propia voluntad, se presentó al diablo para ser tentado, lo mismo que también, por su propia voluntad, se ofreció a sus miembros para que le matasen; de otra manera, el diablo no se hubiera atrevido a acercarse a él. El diablo solicita más bien al que se encuentra solo, porque, como se dice en Ecl 4:12, si alguien prevalece contra uno, dos le hacen frente. Y ésa es la explicación de que Cristo se retirase al desierto, como a un campo de batalla, con el fin de ser tentado allí por el diablo. Por lo cual dice Ambrosio In Luc. que Cristo era impulsado deliberadamente al desierto para provocar al diablo. Pues si aquél, es decir, el diablo, no hubiera combatido, éste, a saber, Cristo, no hubiera venado. Pero añade además otras razones, diciendo: Cristo hizo esto misteriosamente, con el fin de liberar del destierro a Adán, el cual había sido arrojado del paraíso al desierto (cf. Gen 3:23); (y) ejemplarmente, para manifestarnos que el diablo tiene envidia de los que tienden a lo más perfecto.

A las objeciones:

1. Cristo es propuesto a todos como ejemplo por medio de la fe, según aquellas palabras de Heb 12:2: Fijando la mirada en el autor y consumador de la fe, Jesús. Pero la fe, como se dice en Rom 10:17, viene de la audición, no de la visión; antes bien, en Jn 20:29 se lee: Bienaventurados los que no vieron y creyeron. Y por esta razón, para que la tentación de Cristo nos sirviera de ejemplo, no se requería que fuese vista por los hombres, sino que bastó con que fuese contada a los mismos.

2. La ocasión de la tentación es doble. Una, que proviene del hombre; por ejemplo, cuando alguien busca el pecado, no evitando las ocasiones de pecar. Y tal ocasión de tentación debe de ser evitada, como se le dijo a Lot en Gen 19:17: No te detengas en toda la región alrededor de Sodoma.

La otra ocasión de tentación procede del diablo, que siempre tiene envidia de los que tienden a la perfección, como dice Ambrosio. Y tal ocasión de tentación no es necesario evitarla. Por esto dice el Crisóstomo, In Matth, que no sólo Cristo fue conducido al desierto por el Espíritu, sino también todos los hijos de Dios que tienen el Espíritu Santo. No les satisface estar ociosos; pero el Espíritu Santo les impele a emprender alguna obra grande; esto, para el diablo equivale a estar en el desierto, porque allí no existe la injusticia, en la que el diablo se deleita. Toda obra buena es también desierto para la carne y el mundo, porque no se conforma con los deseos de la carne y el mundo. Y dar al diablo esta clase de ocasión de tentaciones no es peligroso, porque es mayor la ayuda del Espíritu Santo, autor de toda obra perfecta, que el ataque del diablo envidioso.

3. Algunos sostienen que todas las tentaciones tuvieron lugar en el desierto. De ellos, algunos dicen que Cristo no fue conducido realmente a la Ciudad Santa, sino sólo en visión imaginaria. Otros opinan que se llama desierto a la propia Ciudad Santa, es decir, a Jerusalén, porque estaba abandonada de Dios. Pero no es necesario nada de esto, porque Mar 1:13 dice que era tentado en el desierto por el diablo, pero no dice que lo fuera solamente en el desierto.

III. ¿La tentación de Cristo debió producirse después del ayuno?

Objeciones por las que parece que la tentación de Cristo no debió tener lugar después del ayuno.

1. Antes se dijo (q.40 a.2) que a Cristo no le convenía un comportamiento austero. Ahora bien, parece haber sido muestra de una austeridad suprema el no haber comido nada durante cuarenta días y cuarenta noches, pues así se entiende la frase de Mat 4:2: Ayunó cuarenta días y cuarenta noches, es a saber, porque en aquellos días no tomó alimento alguno, como dice Gregorio. Luego no parece que un ayuno de esta clase debiera preceder a la tentación.

2. En Mar 1:13 se dice que permaneció en el desierto cuarenta días y cuarenta noches, y era tentado por Satanás. Pero ayunó cuarenta días y cuarenta noches. Luego parece que fue tentado por el diablo no después del ayuno, sino mientras ayunaba.

3. Sólo una vez se lee que Cristo ayunó. Ahora bien, no fue tentado por el diablo una sola vez, pues en Luc 4:13 se dice que, acabada la tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno. Por consiguiente, como no precedió el ayuno a la segunda tentación, así tampoco debió preceder a la primera.

Contra esto: está lo que se dice en Mat. 4:2-3: Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre; y entonces se acercó a él el tentador.

Templo de Salomón

Respuesta: Cristo quiso ser tentado a propósito después del ayuno.

1. Para ejemplo. Porque, siendo perentorio para todos defenderse contra las tentaciones, como queda dicho (a.l), al haber ayunado El antes de la tentación futura, nos enseñó que necesitamos armarnos con el ayuno contra las tentaciones. De ahí que el Apóstol enumere el ayuno entre las armas de la justicia, en I Cor 6:5-7.

2. Para mostrar que el diablo ataca incluso a los que ayunan para tentarlos, lo mismo que lo hace con los que se dedican a obras buenas. Y por eso, como Cristo es tentado después del bautismo, así lo es después del ayuno. Por lo cual escribe el Crisóstomo In Matth. : Para que aprendas cuan gran bien es el ayuno, y la calidad de escudo que reviste contra el diablo, y cómo, después del bautismo, es necesario entregarse al ayuno y no a la lascivia, ayunó Cristo, no porque necesitase del ayuno, sino para instruirnos a nosotros.

3 Porque al ayuno siguió el hambre, que dio al diablo audacia para acometerlo, como ya se ha dicho (a.l ad 1). Cuando el Señor tuvo hambre, como dice Hilario In Matth , no fue porque la necesidad se desligase ocultamente sobre él, sino porque abandonó su condición de hombre a su propia naturaleza. El diablo no debía ser vencido por Dios, sino por la carne. De donde, como escribe el Crisóstomo, en el ayuno no fue más allá que Moisés y Elías, a fin de que no apareciese como increíble su encarnación.

El�as.
El profeta Elías

A las objeciones:

1. No convino a Cristo un estilo de vida más austera, con el fin de manifestarse humilde a quienes predicó. Nadie, efectivamente, debe asumir el oficio de la predicación sin haber sido antes purificado y perfeccionado en la virtud, como se dice de Cristo en Hch.1:1: Jesús comenzó a obrar y enseñar. Y ésta es la razón de que Cristo emprendiese una vida austera después del bautismo, para enseñar que los demás deben ejercer el ministerio de la predicación después de haber domado la carne, conforme a aquellas palabras del Apóstol: Castigo y esclavizo mi cuerpo; no sea que, habiendo predicado a los demás, resulte reprobado yo mismo (I Cor. 9:27).

2. La frase de Marcos 1:13 puede entenderse de modo que estuvo en el desierto cuarenta días y cuarenta noches, en los cuales ciertamente ayunó; y lo que sigue: era tentado por Satanás, debe interpretarse no como referido a aquellos cuarenta días y cuarenta noches, sino como después de ellos, porque Mat 4:2 dice que, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre, de lo que el tentador tomó ocasión para acercarse a él. De donde también lo que sigue (Mar 1:13): y los ángeles le servían, es manifiesto que debe entenderse de forma consecutiva, por lo que se dice en Mat 4:11: Entonces le dejó el ,diablo es a saber, después de la tentación, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían. Lo que intercala Marcos (1:13), estaba entre las fieras, se orienta, según el Crisóstomo, a indicar cómo era el desierto, porque, ciertamente, era inaccesible a los hombres y estaba lleno de fieras.

No obstante, según la exposición de Beda, el Señor fue tentado durante los cuarenta días y las cuarenta noches. Pero esto no debe entenderse de las tentaciones visibles, narradas por Mateo y por Lucas, que sucedieron después del ayuno, sino de algunas otras que, tal vez, sufrió Cristo por aquel tiempo de parte del diablo.

3. Como escribe Ambrosio, el diablo se apartó de Cristo por algún tiempo, ya que después vino, no para tentar, sino para combatir sin reboco, en tiempo de la pasión. Y, con todo, durante ese ataque, parece que tentó a Cristo de tristeza y de odio al prójimo, como en el desierto lo había tentado del placer de la gula y del desprecio de Dios mediante la idolatría.

IV. ¿Fueron convenientes el modo y el orden de la tentación?

Objeciones por las que parece que no fueron convenientes ni el modo ni el orden de la tentación.

1. La tentación del diablo induce al pecado. Ahora bien, si Cristo hubiese remediado su hambre corporal convirtiendo las piedras en panes, no hubiera pecado, como tampoco pecó al multiplicar los panes —que no fue menor milagro-para remediar a las turbas hambrientas (Mat 14,15). Luego parece que tal tentación no existió.

2. ningún tentador persuade oportunamente lo contrario de lo que intenta. Pero el diablo, al colocar a Cristo sobre el alero del templo, se proponía tentarle de soberbia o de vanagloria. Luego, desacertadamente, le persuade a que se tire abajo, por ser eso contrario a la soberbia o vanagloria, que busca siempre el subir.

3. la tentación oportuna es la que se centra en un pecado. Pero en la tentación del monte le invitó a dos pecados, a saber: la codicia y la idolatría. Luego parece que el modo de la tentación no fue el oportuno.

4. las tentaciones se orientan hacia los pecados. Ahora bien, los pecados capitales son siete, como se expuso en la Segunda Parte (1-2 q.84 a.4). Y, en este caso, la tentación se centra en tres, a saber: gula, vanagloria y codicia. Luego no parece una tentación suficiente.

5. Después de la victoria sobre todos los vicios, le queda al hombre la tentación de la soberbia y la vanagloria, porqueJesus la soberbia pone asechanzas incluso a las buenas obras, para que se desmoronen, como dice Agustín. Luego Mateo (4:85) dispone incorrectamente la tentación de codicia en el monte al colocarla en último lugar, y en medio la tentación de vanagloria en el templo; sobre todo cuando Lucas las ordena en orden inverso.

6. Jerónimo, In Matth., dice que el propósito de Cristo fue vencer al diablo con la humildad, no con el poder. Luego no debió rechazarle reprendiéndole con imperio: Retírate, Satanás (Mat. 4:10; cf. Mar 8:33).

7. Da la impresión de que la narración del Evangelio contiene algo incierto, pues parece imposible que Cristo fuese colocado sobre el alero del templo sin ser visto por otros. Ni existe monte alguno tan alto que permita ver desde él todo el mundo, de manera que desde el mismo pudieran ser mostrados a Cristo todos los reinos del mundo. Por consiguiente, parece que la tentación de Cristo ha sido descrita indebidamente.

Contra esto: está la autoridad de la Escritura (Mat 4:1; Lc 4:1).

Respuesta: La tentación que viene del enemigo se produce a modo de sugestión, como dice Gregorio. Pero la sugestión no puede hacerse a todos de la misma manera, sino que a cada uno se le sugiere algo entre las cosas que constituyen sus aficiones. Y, por este motivo, el diablo no tienta desde un principio al hombre espiritual con pecados graves, sino que comienza poco a poco con los leves, para llevarlo luego a los más graves. De donde Gregorio, en XXXI Moral., comentando las palabras de Job 39,25 —Huele de lejos la batalla, las arengas de los jefes y el alarido del ejército —, escribe: Se dice justamente que los jefes arengan y que el ejército emite alaridos, porque los primeros vicios se desligan en la mente engañada bajo cierta apariencia de razón; pero los innumerables que luego se siguen, arrastrando al alma a toda clase de locuras, confunden como con un bestial alarido.

Y este procedimiento es el que siguió el diablo en la tentación del primer hombre. Pues, en primer lugar, solicitó su mente con la comida de la fruta prohibida, diciendo en Gen 3,1: ¿Por qué os ha mandado Dios que no comieseis de todos los árboles del paraíso? Luego lo tentó de vanagloria, cuando dijo: Se abrirán vuestros ojos. Finalmente llevó la tentación hasta la extrema soberbia, al decir: Seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.

Y este mismo orden guardó también con Cristo. Porque, primero, le tentó con lo que apetecen los hombres por muy espirituales que sean, a saber: con la sustentación de la vida corporal mediante el alimento. En segundo lugar, pasó a aquello en que, a veces, caen los varones espirituales, esto es, en hacer algunas cosas por ostentación, proceder que se encuadra en la vanagloria. Por último, llevó la tentación a lo que ya no es propio de los varones espirituales, sino de los carnales, es decir, a desear las riquezas y la gloria del mundo hasta el desprecio de Dios. Y ésta es la razón de que, en las dos primeras tentaciones, dijese: Si eres el Hijo de Dios; pero sin decirlo en la tercera, que no puede convenir a los varones espirituales, que son hijos de Dios por adopción, como les convienen las dos primeras.

Cristo hizo frente a estas tentaciones con testimonios de la ley, no con el poder de su virtud, a fin de que, de ese modo, honrase más al hombre y castigase en mayor grado al enemigo, como si el enemigo del género humano fuese vencido no por Dios, sino por el hombre, como dice el Papa León.

Esquema del Templo de Herodes

A las objeciones:

1. No es pecado de gula servirse de lo necesario para el sustento; pero sí puede serlo cuando el hombre hace algo desordenado por el deseo de tal sustento. Y es desordenado el que uno, cuando puede disponer de recursos humanos, quiera procurarse el alimento milagrosamente sólo para sustentar el cuerpo. Por lo que el Señor proporcionó milagrosamente el maná a los hijos de Israel en el desierto, donde no podían conseguir alimento de otro modo (cf. Ex. 16). Y, de la misma manera, Cristo alimentó milagrosamente a las turbas en el desierto, donde tampoco podían conseguir alimentos. Pero Cristo podía proveerse de otro modo para saciar su hambre sin recurrir a los milagros, como lo hizo Juan Bautista, tal como se lee en Mat 3:4; o desplazándose a lugares vecinos. Por esto pensaba el diablo que Cristo pecaría si, siendo puro hombre, intentase hacer milagros para satisfacer su hambre.

2. No es raro que, mediante la humillación exterior, busque uno la gloria que redunda en los bienes espirituales. Por esto dice Agustín en el libro De sermone Domini in monte: Es necesario advertir que la jactancia puede darse no sólo en el esplendor y la pompa de las cosas corpóreas, sino también en la suciedad mugrienta. Y, para significar esto, el diablo trató de persuadir a Cristo para que, a fin de lograr la gloria espiritual, se lanzase corporalmente al suelo.

3. Apetecer las riquezas y los honores es pecado cuando se los desea desordenadamente. Esto es evidente sobre todo cuando el hombre comete algo deshonesto para conseguirlos. Y por esto el diablo no se contentó con invitarle a la codicia de las riquezas y los honores, sino que trató de inducir a Cristo a que, por el logro de esos bienes, le adorase, lo que es mayor crimen y va contra Dios. Y no dijo solamente: Si me adoras, sino que añadió: si postrándote (Mat 4:9); porque, como dice Ambrosio, la ambición tiene este peligro familiar: Que, para dominar a los demás, antes se somete a servidumbre; y se doblega obsequiosamente para alcanzar el honor; y, queriendo sublimarse, se abate aún más.

Y, del mismo modo, también en las tentaciones precedentes trató de inducirle, por el apetito de un pecado, a otro pecado, por ejemplo: con el deseo de la comida trató de inducirlo a la vanidad de realizar un milagro injustificado; y por la codicia de la gloria intentó llevarlo a tentar a Dios precipitándose.

4. Como escribe Ambrosio In Lúe. : La Escritura no hubiera dicho que, acabada toda la tentación, el diablo se apartó de él, si en las tres tentaciones mencionadas no se encontrase la materia de todos los pecados. Porque las causas de las tentaciones lo son de las concupiscencias, a saber: la delectación de la carne, la esperanza de la gloria y la ambición del poder.

5. Como escribe Agustín en el libro De consensu Evang., es incierto lo que acaeció en primer lugar: Si primero le fueron presentados los reinos de la tierra, y después fue colocado sobre el alero del Templo; o si esto fue lo primero, y lo otro lo segundo. Sin embargo, esto no hace al caso, siendo claro que sucedieron todas estas cosas. Parece que los evangelistas han seguido un orden distinto, porque, a veces, de la vanagloria se cae en la codicia, y a veces sucede al revés.

6. Cristo, cuando soportó la injuria de la tentación al decirle el diablo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo (Mat. 4,6; cf. Lc 4,9), ni se turbó ni increpó al diablo. En cambio, cuando el diablo usurpó para sí el honor de Dios, diciendo: Todo esto te daré si, postrándote, me adoras (Mat. 4:9; cf. Lc 4:7), se irritó y lo echó, diciendo: Apártate, Satanás; para que, por su ejemplo, aprendamos nosotros a soportar con magnanimidad nuestras injurias, y a no aguantar, ni de oídas, las injurias contra Dios.

7. Como explica el Crisóstomo, el diablo llevó a Cristo (al alero del templo) de tal modo que fuese visto por todos; pero El, sin saberlo el diablo, actuaba de tal manera que no fuera visto por nadie.

La Puerta Dorada, en el Muro de Jerusalén:

Foto tomada en el Huerto de Getsemaní. Al fondo está la Muralla de Jerusalén, y hacia la izquierda la Puerta Dorada, cerrada a cal y canto, como había profetizado la Biblia que ocurriría después de la entrada del Mesías (Ezequiel 44)… ¡y por esa puerta entró Jesús el Domingo de Ramos!.

Muro de las Lamentaciones ( en inglés, “Wailing Wall” o “Western Wall”): Es el lugar más sagrado para los Judíos. Lo que resta del Templo de Herodes, donde Jesús iba. Lo destruyeron los Romanos el año 70, como había profetizado Daniel que ocurriría después de la venida del Mesías: Se destruirá el templo, el altar, desaparecerá el sacrificio, los sacerdotes… (Daniel 8:11, 9:27, 11:31, 12:11, Osea 3:4, Amos 7:9). Los Judíos ponen papeles con oraciones entre las piedras. Una de estas piedras mide 4 metros y pesa 628 toneladas, ¡la más larga jamás empleada en la construcción de un edificio!, no la pueden levantar ni los buldogs modernos, la más larga de las Pirámides de Egipto mide 2 metros. El “Muro de las Lamentaciones” es el que está entre las dos escalinatas de subida al Templo, y delante, la Plaza del Muro actual.

Y la frase: Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria (Mat. 4:8), no debe entenderse como si viese los mismos reinos, ciudades o pueblos, o el oro o la plata, sino que el diablo indicaba a Cristo con el dedo las regiones en que estaban situados cada reino y cada ciudad, y le exponía de palabra los honores y el estado de cada reino O, según Orígenes, le mostró cómo reinaba él en el mundo mediante los diversos vicios.

Fuente:

  1. ¿Convino que Cristo fuese tentado?, CUESTIÓN 41 Sobre la tentación de Cristo,Suma TeológicaIIIa (Tertia)

¿Cómo resistió al diablo el Señor Jesús?

¿Cómo resistió al diablo el Señor Jesús?

El relato narrado de la Tentación y un análisis de los acontecimientos acontecidos

¿Cómo RESISTIÓ al diablo el Señor Jesús?

«Los evangelios sinópticos, después del bautismo de Jesús nos hablan de las tentaciones (Mar 1:12-13). Nos muestran las actitudes que pueden hacer fracasar el proyecto de “sociedad alternativa” (el Reino de Dios) que nos propone Jesús. Jesús no cederá ante ninguna, pero estas quedarán como una seria advertencia para todos sus seguidores, los hombres que quieran comprometerse en la línea de Jesús tendrán necesariamente evitar caer en ellas.

El Malo: “Si eres hijo de Dios, haz que estas piedras se transformen en pan”:

Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino de cualquier palabra que sale de la boca de Dios”:

¿Que propone el Malo?: que Jesús haga uso de sus cualidades y de sus poderes en beneficio propio, olvidando el plan de Dios. Es el ateísmo práctico, usar tus cualidades para tu exclusivo beneficio. Es una tentación muy peligrosa para algunas comunidades cristianas, muy bien “dotadas”, que pueden usar sus riquezas y prestigio, en su propio beneficio y no lo ponen al servicio de los demás. :

¿Qué responde Jesús?: ¡Ojo! No se trata solamente de comer, hay establecido un “plan” divino; no solo de pan vive el hombre, sino que hay que tener en cuenta lo que Dios diga también. Ya demostró Jesús en el episodio de los panes y los peces que el hambre no se satisface con “milagritos”, sino compartiendo los alimentos (panes y peces), que es la manera de que la sociedad no pase hambre y penurias. El designio de Dios, su plan divino, es que los hombres compartan las riquezas y los recursos de la Tierra y que ninguno pase hambre ni fatiga. El pan que lleva al hombre a su plenitud, es el pan que se da, es decir, la entrega de uno mismo a los demás (Mar 14:22). La respuesta de Jesús a la primera tentación muestra que Dios es la garantía del desarrollo pleno del hombre. Cualquier comunidad humana que no tenga ese objetivo prioritario, se puede decir que ha caído en esa tentación.

El Malo: “Tiráte abajo, porque está escrito que los ángeles cuidarán de ti, te cogerán en volandas y tu pié no tropezará contra ninguna piedra”.

Jesús: “No tentarás al Señor tu Dios”.

¿Qué propone el Malo?: Por un lado le pide a Jesús que manifieste públicamente su poder y prestigio, que todos vean lo que es capaz de hacer; es la tentación del “qué dirán”, del “relumbrar”, del “figurar”, de la “apariencia”, tentación en la que pueden caer muchos grupos cristianas. Por otro lado también es una proposición para irresponsables: “Aquí no pasa nada”, “Dios es muy bueno y se encarga de todo”; “los ángeles te llevarán en volandas”, es un diálogo un tanto infantil.

¿Cómo falló Pedro en resistir al diablo?    

Veamos dos ejemplos:

1.- Mateo 16:21 al 23

 2.- Lucas 22:31-32, 39-46; 54-62

Nos propone a un Dios que infantiliza al hombre. Nos invita esta tentación a dejarlo todo en manos de Dios, renunciando a la reflexión y a la propia responsabilidad. En el fondo se trata del “fanatismo” religioso, del la “providencia divina” a ultranza que lleva a la anulación del hombre. Esa actitud lo que intenta es poner a prueba a Dios (no tentarás al Señor tu Dios) exigiéndole que intervenga en situaciones comprometidas que han sido creadas por la irresponsabilidad del hombre. Pero para Jesús el hombre es siempre el responsable tanto de su historia personal como de la historia del mundo. La tentación que toma pié del AT (Sal 91:11s), muestra el peligro de una interpretación literalista de frases aisladas y sin tener el cuenta el contexto y la intención del autor. Apelando a la Escritura también se puede traicionar el proyecto de Dios. La tentación nos propone además la idea de propagar el Reino por medio de señales espectaculares que aureolen la postura del Mesías. Con la garantía divina se impondría el reconocimiento y la adhesión incondicional de todos los hombres, pero con esto, Dios habría impedido nuestra “libertad de opción”.

¿Qué responde Jesús?: Jesús siempre rechazará esta tentación de dar señales prodigiosas (Mar 8:11-13) y como condición para creer en él (Mar 15:29-32). Nos dice Jesús, con ese “No tentarás…”, que el plan de Dios para el hombre sigue siendo el mismo: el Señor, siempre está junto a nosotros, pero lo que cuenta no es lo que hace él, sino lo que hacemos con él. Dios no trabaja sin el hombre, y el hombre no puede construir sin Dios: “Sin mí no podéis hacer nada”. La comunidad colabora con Dios, pero es responsable de sus actos, por eso no debe caer en ese providencialismo infantil, ni ser un grupo de “relumbrones”.

El Malo: “Todo esto te daré si me rindes homenaje”:

Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: al Señor, tu Dios, rendirás homenaje y a El sólo prestarás servicio”

¿Qué propone el Malo?: Darle toda la gloria, o lo que es lo mismo, la riqueza y el poder religioso, político y económico, etc. Todos se postrarán ante él, se asegurará el triunfo, el dinero y el esplendor humano; será aceptado por todos y sólo con una condición: “que me rindas homenaje”. El “Malo” sabe muy bien que el poder es lo más tentador, pues crea en el hombre esa ambición de más poder y ese deseo de dominio. Es mucho más radical. Es la renuncia completa y descarada al compromiso mesiánico. La tentación consiste en el dominio universal en todos los aspectos. El texto identifica la ambición de poder con el homenaje a Satanás; este se convierte así en el símbolo mismo del poder, que facilita la ambición del hombre y lo aparta definitivamente de Dios. Todo el que incite a obtener ese poder encarna a Satanás; como el caso de Pedro cuando se opone a la entrega de Jesús (Mat. 16:22s). Es una tentación muy atrayente; el hombre se deja arrastrar por el esplendor del poder. Quien tiene poder tiene el éxito asegurado. Quien propone realizar la “sociedad alternativa” (el Reino de Dios) basándose en el dominio, el esplendor y la riqueza es un mentiroso, pues impide el proyecto de Dios de “plenitud humana”. Todo poder que oprima al hombre limitando o anulando su libertad es enemigo del hombre y de Dios. Donde exista este poder, no importa quién lo detente; el plan de Dios fracasa.

¿Qué responde Jesús?: Con su “vete, Satanás…”, Jesús nos dice que, intentar propagar el Reino de Dios por medio del dinero, del prestigio, del dominio o del poder, es servir a Satanás y está en contra del proyecto de Dios para el hombre. Es una concepción, para las comunidades cristianas, que se opone radicalmente a los que creen que el Reino de Dios se propaga con el dominio o la preeminencia que proporcionan el dinero y el poder. El verdadero enemigo del hombre es el propio hombre, que promociona o consiente las ideas o sistemas políticos, económicos o religiosos que impiden su crecimiento y desarrollo como persona. Por eso Jesús nos descubre la verdadera identidad del Malo: el “Malo” es el poder. El Malo no puede tolerar una comunidad que niegue los valores de la sociedad injusta, por eso siempre intenta seducirla con ese “poder”, para que adopte o por lo menos “pase por alto” esos valores.» 

2  Pedro 3:16-18

En su última epístola, Pedro anima a todos los creyentes a afirmarse en la Palabra de Dios y a someterse al Dios de la Palabra:

CRECER EN LA GRACIA:

Humillarse BAJO Dios y darse cuenta que ÉL lo es todo y que uno es nada. No soy rival para Satanás, pero mi gran Dios sí lo es. Por lo tanto, yo debo someterme a ÉL y tomar el lugar que me corresponde BAJO Su Señorío.

 

 

 

La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres le quieren atribuir. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en beneficio nuestro: “Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado” [Hb 4,15 .].

Por tentación se entiende toda aquella sugestión interior que, procediendo de causas tanto internas como externas, incita al hombre a pecar.

Las tentaciones actúan en el hombre de tres maneras:

1) engañando al entendimiento con falsas ilusiones, haciéndole ver, p. ej., la muerte como muy lejana, la salvación muy fácil, a Dios más compasivo que justiciero, etc.;

2) debilitando a la voluntad, haciéndola floja a base de caer en la comodidad, en la negligencia, etc.;

3) instigando a los sentidos internos, principalmente la imaginación, con pensamientos de sensualidad, de soberbia, de odio, etc.

Las tentaciones son pecado no cuando las sentimos, sino sólo cuando voluntariamente las consentimos (Catecismo, nn. 1264, 1426, 2515).

Es importante comprender con claridad que la tentación sólo puede incitar a pecar, pero nunca obliga a la voluntad, que permanece siempre dueña de su libre albedrío. Ninguna fuerza interna o externa puede obligar al hombre a pecar.

Por tanto, siempre podemos vencer las tentaciones, ya que ninguna de ellas es superior a nuestras fuerzas: Fiel es Dios que no permitir que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que de la misma tentación os hará sacar provecho (I Cor. 10, 13).

Dios no quiere nuestras tentaciones, pero las permite, ya para humillarnos, haciéndonos ver la necesidad que tenemos de su gracia, ya para fortalecernos con la lucha, ya para que adquiramos m‚ritos para el cielo.

Los medios para vencer las tentaciones están siempre al alcance de la mano:

1) los medios sobrenaturales, que son los más importantes: la lectura de la biblia,la oración, la alabanza (cantar a Dios) y congregarse periodicamente

2) la mortificación de nuestros sentidos, que fortalece la voluntad para que pueda resistir en el momento de la tentación;

3) evitar la ociosidad, pues la tentación parece que espera el primer momento de ocio para insinuarse;

4) huir de las ocasiones de pecado, dado que nunca es lícito exponerse voluntariamente a peligro próximo de pecar: supondría conceder poca importancia a la probable ofensa a Dios y tiene, por tanto, razón de verdadero pecado. No tengas la cobardía de ser `valiente”: ¡huye!.  

 

El Diablo Huye

 

CRECER EN EL CONOCIMIENTO:

Crecer en el conocimiento de Cristo y de Su Palabra y afirmarme en ella. Entonces Satanás no tendrá otra opción sino huir. No tuerzas ni corrompas las Escrituras como aquellos hombres malvados que Pedro describe en 2 Pedro 3:16-17.

 

 

 

  

Fuente:

 

Análisis de la Tentación de Cristo de acuerdo a la Cristología de Justino Mártir

Análisis de la Tentación de Cristo de acuerdo a la Cristología de Justino Mártir (1)

San Justino Mártir (c. 100/114 – 162/168) fue uno de los primeros apologistas cristianos.

«El diablo escuchó la voz del Padre en el Jordán: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2:7); y, de resultas, se acercó a tentar a Jesús’. Es el misterio que ahora abordamos: un análisis de la escena (2:1) precederá a su colocación en el conjunto de la vida del Salvador (2.2).

“En aquel tiempo el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto. Allí estuvo cuarenta días, viviendo entre las fieras y siendo tentado por Satanás, y los ángeles le servían. Y después de haber sido Juan llevado a la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. Decía: “Ya se cumplió el plazo señalado, y el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mar. 1:12-15).

Leer el resto…

Negación del evento histórico de la tentación de Cristo como un hecho real

Negación del evento histórico de la tentación como un hecho real

“Hay que aprender a morir aquí y ahora para aprender a vivir aquí y ahora. Morir significa despedirse de ideas, convicciones y puntos de vistas queridos; solamente los que son capaces de aceptar la muerte cambiarán. Los que no están dispuesto a ello, no pueden aprender un camino esotérico(místico – contemplativo)”.
Willigis Jäger

tentacion-de-jesus

En un sermón del Padre Castellani para tiempos de Cuaresma titulado Ayuno y Tentaciones de Cristo, El sacerdote predicó en el año 2006 que «”Hoy hay sacerdotes que niegan las Tentaciones”. Luego él sigue en su sermón comentando: “Tengo el resumen de un artículo publicado con toda clase de aprobaciones en la “Revista Eclesiástica” de Lima, que me mandó mi amigo el Padre jesuita Florentino Alcañiz: niega la realidad de las Tentaciones de Cristo y afirma que son una “dramatización” para expresar la eterna lucha del bien y del mal. Niega también que haya endemoniados y afirma que todos los “endemoniados” del Evangelio fueron enfermos y nada más. ¿Y cómo Cristo los dio por endemoniados, e incluso habló con los demonios? Ah, ésa es otra “dramatización”, para significar la existencia del mal en el mundo. Después, como si esto fuese poco, se mete con la Madre de Jesucristo y dice que la aparición del Ángel Gabriel es un cuento ridículo… y que eso es otra dramatización del “monólogo interior” de María Santísima… o sea, que la Virgen se preguntó ella misma y se respondió ella misma: -¿Quieres ser La madre de Jesús? -Sí quiero, cómo no. Entonces, los milagros de Cristo podrían ser todos “dramatizaciones” -Perfectamente, cómo no -Entonces, Reverendo, ¿en qué se funda su fe? -Se funda en la razón -Hace mucho tiempo que no tienes ni pizca de fe -ni pizca de razón- diría tu Padre San Ignacio de Loyola.

Me hace acordar lo que le sucedió a un paisano mío de Reconquista, que se le paró al lado un turista en auto y dijo: -Oiga amigo ¿éste es el camino que va a Reconquista? –Sí señor. El otro puso en marcha el auto y el paisano le gritó: -¡Epa, párese! -¿Qué hay? -Este es el camino de Reconquista… pero si quiere llegar a Reconquista, pegue media vuelta y agarre pal otro lao, dirección contraria. Así este Profesor de Escritura, anda por la Sagrada Escritura, pero en dirección contraria: cree que anda entrando y anda saliendo.”

Luego continúa su sermón diciendo que

“Las Tentaciones de Cristo son reales y verdaderas. No diré que sean fáciles: son la mar de raras. Algunos intérpretes (Durand, y también en cierto modo San Jerónimo y San Juan Crisóstomo) dicen que es natural, Cristo siendo Dios no podía ser tentado como nosotros los hombres. Pero Cristo no fue tentado como Dios, es imposible… y su natura de hombre es esencialmente la misma que la mía.

Mejor dijo el gran místico alemán del siglo XIII Maestro Eckhart: que las tentaciones de Cristo fueron las mismas que las nuestras. ¿Cómo se entiende eso?

La materia de nuestras tentaciones es diferente… en realidad es diferente en cada hombre… pero el fondo (o sea lo que llaman los tomistas “la forma”, que no significa figura sino la estructura esencial de cada cosa, el “alma” como si dijéramos) ésa es la misma. El esquema general es el mismo.»(1)

En otro portal católico también se niega la veracidad del relato:

«La historicidad de un episodio concreto en la vida de Jesús, en el cual habría sido tentado por Satanás durante una estancia en el desierto, es muy poco probable.

Los relatos evangélicos de las tentaciones son un eco de las numerosas veces en que la fe de Jesús fue puesta a prueba.

Su función en las narraciones evangélicas corresponde a la necesidad cultural de entender el comienzo de la misión de Jesús como un rito de paso.

Presuponen una forma de conceptualizar la experiencia humana del mal muy distinta a la nuestra.

[…] Parece evidente que los relatos de las tentaciones no reproducen un acontecimiento histórico. Sin embargo, podrían reflejar una experiencia histórica relativamente frecuente en la vida de Jesús. En diversos momentos de su vida Jesús fue puesto a prueba por sus adversarios (Mar 8:11; 10:2; 12:15 par.) y hasta sus mismos discípulos se convirtieron para él en una encarnación de Satanás (Mar 8:33 par.). Podemos afirmar que la tentación fue una constante en la vida de Jesús, y que la tradición posterior relacionó esta experiencia con su filiación, pues lo que estas tentaciones ponían a prueba, en última instancia, era su condición de hijo.

[…]El contexto cultural en el que se escribieron los relatos de las tentaciones se manifiesta a dos niveles distintos. Por una parte, lo vemos reflejado en la función que dicho relato tiene dentro de la biografía de Jesús narrada por los evangelistas. Por otra, se concreta en las representaciones utilizadas para hacer concebible los efectos del mal en el mundo y en las personas.

La posición que el relato de las tentaciones tiene en los evangelios, después de la teofanía del bautismo, en la que Jesús es declarado hijo de Dios, y justo antes de que el narrador señale el comienzo de su misión, es un indicio de que tiene, dentro de la biografía de Jesús, misma la función antropológica que los ritos de paso.

Los ritos de paso existen en todas las culturas y con ellos se pretende facilitar, propiciar, ratificar y señalar los cambios más relevantes en el itinerario vital de los individuos. En casi todos los pueblos existen ritos de paso asociados con la incorporación de un recién nacido a la familia o a la comunidad (imposición del nombre, bautismo etc.), con el paso de la adolescencia a la edad adulta, con la formación de una nueva unidad familiar, con la muerte. Pero también se dan ritos de pasos especiales, casi siempre menos estructurados que los anteriores, para personas con vocaciones o misiones especiales.

Última Cena, de Ghirlandaio, h. 1480, fresco, en el refectorio del Convento de San Marcos, Florencia

Son muy conocidas las vocaciones de los profetas veterotestamentarios o la búsqueda de experiencias espirituales en la soledad o mediante la ascesis, típicas, sobre todo, de la espiritualidad oriental. En estos procesos rituales el individuo se separa temporalmente de la sociedad, se desconecta de los asuntos de la vida cotidiana centrando toda su atención en el cambio que se opera en su persona, cambio que le dispondrá para reincorporarse en la sociedad con un nuevo papel o una nueva misión.

En los ritos o experiencias de paso el individuo tiene casi siempre que enfrentarse con distintos peligros o pruebas, que deberá superar con el fin de mostrarse a sí mismo y a los demás que está preparado para su nueva función. Si el paso tiene carácter religioso o espiritual, suele recibir ayuda de la divinidad en forma de poderes extraordinarios o de enseñanza.

En las tentaciones de Jesús encontramos todos los ingredientes de este tipo de experiencia – el retiro en el desierto, la guía del Espíritu, la puesta a prueba por Satanás y la victoria que le acredita para salir al mundo y dar comienzo a su misión.

Que la prueba de Jesús consista precisamente en un combate con Satanás o el diablo indica que estamos ante testimonios de una cultura en la que el mal es frecuentemente concebido en formas personificadas, y anticipa, también, la importancia que la lucha contra esas formas de mal va ha tener en el ministerio de Jesús. Como veremos en un tema posterior, una de las actividades más características de dicho ministerio serán los exorcismos, es decir, la recuperación de personas poseídas por espíritus impuros y su reintegración en la sociedad o en el grupo.

Esta actividad corresponde a una visión del mundo, compartida por Jesús y la gente que le rodeaba, según la cual el mal ha invadido la creación e intenta dominarla a través de seres intermedios de carácter demoníaco capaces de poseer a las personas, enfermarlas, tentarlas o enloquecerlas. Jesús entiende que Dios está ahora recuperando su poder sobre el mundo y que en sus propios exorcismos se manifiesta de forma concreta la venida de su Reinado (Lc 11, 20: si yo expulso los demonios con el poder de Dios es que el reinado de Dios ha llegado a vosotros).

Encontramos, en el evangelio de Lucas, un testimonio muy primitivo y muy directo de toda esta constelación de ideas relacionadas con la experiencia humana del mal. Cuando sus discípulos vuelven llenos de alegría debido al éxito que han tenido sus exorcismos, Jesús dice: “He visto a Satanás cayendo del cielo como un rayo” (Luc 10, 19).

Si leemos el relato de las tentaciones sobre este trasfondo de ideas, entenderemos por qué parecía necesario a una mentalidad de la época que en su proceso de preparación para la misión – en su experiencia o rito de paso – Jesús se hubiera enfrentado ya con Satanás y hubiera aprendido a salir victorioso de sus ataques. » (2)

Al final de su sermón, el padre Castellani dice algo que es verdad, aunque suena algo gracioso « ”El Diablo da bien de comer y da mal de cenar, dice el español”. Luego el sacerdote católico continúa diciendo “Al final del Padre Nuestro pedimos a Dios nos libre del Mal -o nos libre del Diablo- como traducen los ingleses (“the Evil One”) y los alemanes; y los brasileros. No podemos saber qué palabra aramea dijo Cristo, pues no nos ha quedado el Evangelio arameo de San Mateo -si es que existió. En griego y en latín, la última palabra del Padre Nuestro puede traducirse “de todo mal” o “del Malo”; porque ese ablativo que hay allí: “a malo” y “Apò poneeroû” puede venir de un nominativo masculino o bien neutro. Es lo mismo de todos modos: que nos libre del pecado o del Diablo que es el que induce y se aprovecha del pecado.»(3)

« Debemos aprender algo de esta tentación de Jesús. Nadie se escapa del tentador, todos podemos ser tentados por esta criatura. Satanás es muy astuto, a veces usa la Biblia para sus engaños. Satanás siempre tiene un plan de acción para atacarnos. Nadie por sí solo puede enfrentarse a él.

Hemos visto que Jesús estaba blindado con la palabra. Simplemente Jesús se mantuvo en la palabra, no cuestionó, no respondió a los ofrecimientos del diablo, no expuso sus puntos de vistas, sólo utilizó lo que ya estaba escrito, utilizó las palabras que su Padre le dio a Moisés unos 1500 años atrás.


Jesús validó el contenido del Antiguo Testamento, nada había cambiado, la palabra que fue buena para Moisés era buena para combatir al diablo.


Hoy debemos tener cuidado con lo que predicamos. “No todo lo que brilla es oro”, no todo lo que se predica proviene de Dios. Hoy hay muchos que ignoran el Antiguo Testamento, que ignoran las enseñanzas que Dios le dio al pueblo e Israel y que Jesús las hizo buena para los gentiles. Satanás es astuto, tiene muchos recursos para persuadir, para engañar. Es capaz de hacer que la mentira se vea como la verdad y la verdad se vea como mentira.Nadie duda que Dios bendice a sus siervos, Dios mismo nos dice que el conoce nuestras necesidades. Jamás nos faltará algo si tenemos fe en su palabra, si vivimos de acuerdo con su palabra, si hacemos su voluntad, si somos obedientes.


Satanás anda suelto como león rugiente, salió herido de esa batalla que perdió ante el Hijo de Dios, está furioso, le queda poco tiempo. En Ezequiel Dios prometió que lo destruiría para siempre y Juan vio su destrucción en el libro de Apocalipsis.

Pero Satanás y sus demonios siguen con nosotros, siguen trayendo desgracias a la humanidad. La única fuerza que lo detiene el la Iglesia de Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo. La Biblia afirma: “Resistid al diablo y huirá de vosotros”.


Eso fue lo que hizo en el desierto, salió huyendo, derrotado. Entonces Jesús levantó su rostro y vio a miles de ángeles que le servían, que le adoraban. Satanás fue al desierto con la idea de que Cristo lo adorara, pero Jesús le dijo:”Tú eres el que tiene que adorar y servir a tu Dios. Esas palabras quemaron la mente del diablo, quien tuvo que salir huyendo al ver que su plan había fracasado. Nosotros nada tenemos que probarle al mundo, no tenemos que hacer un esfuerzo mental para probar que Dios existe, pues nuestra comunión con Dios está sostenida por la fe. No hay una fuerza más grande en este planeta que la fe, Sin fe es imposible agradar a Dios. Dios creó a la familia como un símbolo de lo que sería su iglesia. Así que debemos hacer de nuestros hogares en un lugar que agrade a Dios. Debemos dejar un espacio especial para nuestro Creador, cuando lo hacemos podemos sentir su presencia, su paz, su amor.[…] Jesús venció al diablo en el desierto. Fue una derrota aplastante. Fue una historia que me fascina. […] Vemos en el desierto a un Satanás soberbio, altivo, engreído. Vemos a un Satanás confiado en su habilidad de atrapar a las personas con sus preguntas. Y vemos a un Jesús que se preparó muy bien para el encuentro.


Jesús fue consistente en el uso del libro de Deuteronomio. Jesús no hizo uso de razonamiento lógico, no debatió con Satanás sobre los planteamientos, no reaccionó a sus ofrecimientos. Jesús se limitó a responder: ¡Escrito está! Jesús se dedicó a darle una respuesta que ya estaba en las Escrituras.


A veces nosotros queremos convencer a alguien de que Dios existe, de que Jesús era lo que él decía que era, hasta discutimos tratando de imponer una respuesta. No nos damos cuenta que esa persona que hace esos planteamientos es un instrumento del diablo que lo utiliza para sembrar la duda y debilitar nuestra fe.


Jesús no tenía que probarle a Satanás que él era el Hijo de Dios, Jesús no tenía que poner a prueba lo que decía el Salmo 91. Jesús no tenía que probarle a Satanás nada. Así que Cristo no perdió el tiempo en darle una respuesta.

Nosotros no tenemos que probar nada. Nosotros vivimos por fe y no importa cuántos argumento podamos expresar el necio seguirá siendo necio. A mí si alguien me dice que no cree en Dios, yo no le digo nada, simplemente le digo lo que dijo el salmista David: “Dijo el necio en su corazón, no hay Dios”. Eso no lo digo yo, sino que, ¡escrito está!
Satanás volverá a utilizar ese estilo de tentación, volverá a utilizar su estilo de preguntar, pero ahora él no irá personalmente, sino que utilizará a uno de los ladrones que estaban con Jesús en la cruz.

Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. (Luc 23:39)


El diablo no se respetaba a sí mismo y trató de hacer lo que hizo en el desierto. Allá en el desierto Jesús le respondió. Pero aquí Jesús ni caso le hizo. Dios uso al otro ladrón para que le respondiera al diablo.


Jesús había ganado una batalla en el desierto, pero le faltaba ganar la guerra. Muy pronto, al finalizar sus tres años y medio del ministerio, entonces el Hijo de Dios ganaría la gran batalla.Jesús murió en la cruz, luego resucitó al tercer día y posteriormente ascendió al Tercer Cielo en donde se encuentra esperando el gran día en que toda la humanidad podrá comprender que él era el que decía que era: El Hijo de Dios.


Y le veremos venir con gloria y poder. Y le veremos como lo que siempre ha sido: El Soberano de las naciones. El Rey de reyes y el Señor de señores.» (4)

Fuente:

  1. http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=4847
  2. Pág.1024 Nuevo comentario bíblico siglo XXI Autor Siglo Veintiuno, Publicado en 1999, Editorial Mundo Hispano»
  3. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_cuaresma/sermon.html
  4. http://escuadronesdelafe.galeon.com/aficiones1409048.html

Las tentaciones de Cristo y su impecabilidad

Las tentaciones de Cristo y su impecabilidad

a. Definiciones:

«Impecabilidad = incapaz de pecar, era imposible que Cristo pecara.

Pecabilidad = capaz de pecar, Cristo podría haber pecado (aunque no lo hizo). Existía la posibilidad de que Cristo pecara.» (1)

b. ¿Podría haber pecado Jesús?

«Los que creen en la impecabilidad dirían que no. Jesús no podría haber pecado.

Los que no creen en la impecabilidad dicen que Jesús podría haber pecado (aunque reconocen enfáticamente que Cristo no pecó).

En cuanto a la doctrina de la impecabilidad de Cristo, ambos grupos estarían de acuerdo. Jesucristo fue absolutamente inmaculado. Estamos completamente convencidos que el Señor Jesucristo, el santo Dios-Hombre, no podía pecar Él era absolutamente impecable. Pensemos en este importante enunciado.

¿Por qué algunas personas piensan que Cristo podría haber pecado? Considere Hebreos 4:15. Nuestro benevolente gran Sumo Sacerdote “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” ¿Fue Cristo tentado realmente? ¿Su tentación fue una farsa o fue real? La Biblia deja muy claro en este y en otros pasajes que Cristo fue tentado realmente. Ver también Hebreos 2:18 y Mateo capítulo 4:1-11 (la tentación de Cristo por el diablo).

Los que enseñan que Cristo podría haber pecado están convencidos que la tentación de Cristo fue real (tal como lo enseña la Biblia). Ellos creen que como hombre Jesús fue tentado en todo tal como nosotros, pero sin pecado. Ellos creen que la verdadera tentación implica la posibilidad de pecar. Si fuera imposible pecar, razonan ellos, ¿entonces cómo alguien podría ser realmente tentado?

Ellos pueden usar una ilustración como la siguiente: si estacionas un automóvil muy valioso enfrente de tu casa, guardas las llaves y dices a un joven que no lo mueva, él no podría estar tentado a hacerlo. El no podría hacerlo, aunque quisiera. No está enfrentando una real tentación.

Los que creen en la impecabilidad (que Cristo no podía pecar) responden con su propia ilustración. Considere lo siguiente:

¿Puede un bote a remos conquistar un buque de guerra? Probablemente estaríamos todos de acuerdo en que esto es imposible. Sin embargo, ¿puede un bote a remos atacar a un buque de guerra? SÍ. No tendría mucho sentido, pero se podría hacer. En otras palabras, Cristo puede ser atacado, Él puede ser realmente tentado, aunque es imposible que Él sea vencido.

Supongamos que un fuerte ha sido construido y fortificado de tal manera que no pudiera ser derribado. ¿Puede la gente tratar de atacarlo de todos modos? ¿Es correcto decir que puesto que un ejército no puede ser derrotado, no puede ser atacado? Cuando los hijos de Israel andaban bien con Dios, ellos eran invencibles y no podían ser derrotados, pero ellos podían ser atacados, de hecho lo fueron, y siempre ganaron todas las batallas cuando andaban bien con Dios.» (2)

El Dr. Ricardo Abad, Pastor de La Iglesia de Cristo Ebenezer Ecuador, con fecha 10/10/06, en un foro del portal labibliaweb.com, escribió un comentario con el título “Cristo nunca fue tentado a pecar:”:

« La tentación no tiene poder sobre una Persona perfecta, pero sí lo tiene sobre una persona depravada. En los días de Su carne Jesucristo fue santo, inocente, sin mancha, y apartado de los pecadores (Heb. 7:26). Sugerir que tenía una naturaleza sujeta al pecado no es menos que la blasfemia. Por otra parte, los hombres depravados son capaces de pecar por cuanto tienen una mente lista para recibir una sugerencia malvada. El hombre es tentado cuando es atraído por su propia concupiscencia (Stgo.1:14). La palabra griega para “concupiscencia” es epithumia. Su significado es lujuria, deseo, pasión, o codicia. Una persona es tentada cuando es seducida por su propio anhelo hacia aquello que está prohibido o es ilegal. Nadie que entienda la enseñanza Bíblica respecto a la Persona de Jesucristo puede ni siquiera imaginar que El pudiera desear lo prohibido e ilegal. Esto es lo que Santiago explica cuando dice que “Dios no puede ser tentado por el mal” (Stgo.1:13).

La palabra “tentación” no siempre tiene la misma connotación en todos los pasajes donde se usa. Viene de la palabra griega peirasmos, que quiere decir prueba, examen, o tentación. El sustantivo está relacionado al verbo peiradzo, el cual significa probar, tratar, o tentar. Ambas palabras pueden usarse en un sentido bueno o malo. Por ejemplo, el sustantivo es usado en Santiago 1:2 y 12, y el verbo se utiliza cuatro veces en Santiago 1:13 y 14. En Santiago 1:2 y 12, el sustantivo sería mejor traducido por “prueba”. El cristiano “soporta” una prueba externa, pero debería “resistir” una tentación interna al mal. La distinción, pues, tiene que hacerse entre permanecer firme bajo la prueba y ser enredado por la propia naturaleza pecaminosa de uno. El anterior es externo, y el posterior es interno. Dios probó a Abraham (Heb. 11:17; Gén. 22:1), pero no le tentó, ya que “…Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Stgo. 1:13). El significado es que Dios no puede ser solicitado a pecar ni él solicita a nadie a pecar. Por otra parte, Dios sí trata o examina al hombre para probar a él lo que él es realmente (I Pe. 1:6; 4:12; Apoc. 2:2, 10; 3:10). Las pruebas externas provienen de Dios, pero las tentaciones internas surgen de las malas pasiones del hombre depravado.

Dios decretó el pecado, El no solicita ni fuerza a nadie a pecar. Si Dios no hubiera ordenado el pecado, Cristo nunca hubiera sido crucificado por manos de los inicuos (Hch. 2:23). Satanás solicita a la gente a pecar, pero Dios predomina y hace que los actos de maldad de los hombres sirvan para el bien del hombre y la gloria de Dios. Es interesante observar los atributos de Dios que son avanzados por el pecado. La misericordia de Dios perdona al pecado, Su justo juicio castiga al pecado, Su sabiduría ordena al pecado, y Su poder domina al pecado. La fuente del pecado es la depravación del hombre, pero Dios no es el autor de esa depravación.

 

Aquellos que afirman que Jesucristo tuvo la capacidad de pecar están obligados a admitir que El se hizo menos que Dios en la encarnación. Semejante idea está en oposición directa a la Escritura que dice, “…Dios no puede ser tentado [apeirastos, un adjetivo que significa sin experiencia en la tentación; incapaz de ser tentado] por el mal [kakon, genitivo plural de kakos—de males]…” (Stgo 1:13). Dios nunca puede ser inducido a actuar inconsistentemente con ninguno de Sus atributos de Su carácter. La naturaleza humana del Hijo de Dios en Su encarnación no existió aparte de la Persona Divina. Si Jesucristo tuvo capacidad para pecar, entonces la Persona Divina también la tuvo. Su Santa naturaleza humana santa unida a Su naturaleza Divina elimina cualquier concepto de pecabilidad (Luc.1:35). No puede haber conflicto entre dos naturalezas absolutamente santas. La Biblia dice que Cristo fue “hecho semejante a los hombres” (Fil.2:7), pero nunca se dice que poseyó una “naturaleza pecaminosa” o fue nada más que un simple hombre.

La “concupiscencia” (lujuria, pasión, o codicia) por la cual el hombre es tentado no procede de Dios. Es su propia concupiscencia que es el fruto de la caída. El mal que está en el hombre es de él mismo. En el corazón del hombre están los malos deseos. Están ahí por naturaleza. El Diablo no los introduce. Todo lo que Satanás hace es buscar el punto más vulnerable del hombre y bombardearlo con aquello que éste anhela. Las malas sugestiones admitidas en la mente de uno crecerán en fuerza por causa del deseo malvado que reside en el hombre, a menos que sea resistido por la gracia.

La pregunta ahora es, ¿Halló alguna vez Satanás un punto débil en Jesucristo? Puesto que no había debilidades en El, nunca pudo ser solicitado a hacer nada contrario a Su carácter santo. Por tanto, Jesucristo no pudo ser tentado con el mal (Sigo. 1:13). Debe comprenderse que el mal existe en el hombre mucho antes que éste se manifieste en acciones. Por otra parte, no había maldad en Cristo. No pudo ser tentado con ninguna sugerencia o solicitación del exterior.

Decir que Cristo pudo haber pecado en cuanto a Su naturaleza humana, no en cuanto a la Divina, obliga a uno a concluir que hubo un conflicto entre Sus dos naturalezas. Esto fue imposible ya que Su naturaleza humana fue unida a Su Persona Divina. Luego, nunca hubo conflicto en Cristo como hay en el Cristiano (Ro. 7:15-25).

 

Varias son las cosas a considerar en cuanto a la solicitación a pecar. Primero, hay la atracción por la sugestión por algo que es deseable. Esto que es deseable es prohibido. Para que el sometido a tentación tenga lo sugerido, debe ignorar un precepto Bíblico. Ahora bien, habiendo sido despertado intelectualmente a las ventajas personales, comienza a racionalizar la sugestión. La sugerencia y el deseo se unen tan fuertemente que la persona pronto se siente justificada a hacer lo que siempre quiso hacer. Cuanto más racionaliza la sugerencia más deseable se vuelve. Nada le queda a la persona así tentada sino sucumbir a lo que previamente existía en su corazón.

 

No se puede negar que el Diablo hizo algunas ofertas a Cristo en el desierto. Tampoco se puede negar que el Hijo eterno sabía desde la eternidad cada detalle de las ofertas hechos por el Diablo. Pero es nada menos que blasfemia pensar que el Hijo de Dios quiso algo de lo que le ofreció el Diablo. Algunos líderes religiosos están tan llenos de iniquidad que afirman que la naturaleza humana de Jesucristo fue tan rebelde y caída como la suya propia. La Biblia enseña que la naturaleza humana está corrompida desde la cabeza a los pies (Isa. 1:6), pero esto es una señal de ceguera espiritual imaginar que la naturaleza humana de Cristo estaba manchada por la depravación. La naturaleza humana de Cristo es llamada el “santo ser” (Luc. 1:35).

 

Jesucristo experimentó solamente la parte dolorosa de peirasmos; mientras que el hombre experimenta ambos el sufrimiento y las partes pecaminosas de la tentación. La sugestión no puede hacer nada sin la concupiscencia (el deseo). Cristo no tuvo concupiscencia, por tanto, no sufrió la parte pecaminosa de la tentación. Lo que internamente tienta el corazón debe proceder del interior de uno mismo: “…cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Stgo. 1:14). Concupiscencia y seducción operan juntas. La palabra griega para “seducido,” de este versículo 14, es deleadzo, cuyo significado es coger en un trampa, atraer, atrapar con cebo, o seducir. Así pues, se puede decir que uno es seducido al pecar cuando es atrapado por su propia pasión. Esto quiere decir que hay algo en el hombre depravado que es atraído (exelko, sacar; metafóricamente deslizarse, saltar) por el señuelo de algo perteneciente a la tentación. Tanto “atraído” (exelkomenos) como “seducido” (deleadzomenos) son presente pasivos participios. La voz pasiva indica el sujeto sobre el que se ha obrado. Pero en Santiago 1:15, el apóstol sigue diciendo: “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado.” La palabra griega para concebido es sullabousa, segundo aoristo activo participio de sullambano, el cual quiere decir agarrar, aprehender, concebir, o quedarse embarazado. Esto significa que cuando la sugestión es aceptada por el asentimiento de la voluntad, el pecado es dado a luz. Santiago está empleando el lenguaje del embarazo y del parto. Igual que un niño está vivo antes del actual momento del alumbramiento, el pecado no comienza a ser pecaminoso sólo cuando se manifiesta en una acción externa. Jesucristo tuvo de una voluntad depravada para dar lugar a cualquier sugerencia malévola. Así que, no pudo haber ninguna concepción, que demuestra que Jesucristo no fue pecable.


Cuando uno entiende el uso Bíblico de la tentación, no tendrá problema con “la así llamada tentación de Cristo.” Jesucristo no fue tentado, aunque sí “probado” para manifestar a la humanidad quien es El—Dios encarnado. Tentación es el hecho de tentar. La tentación, algo que tienta, induce o seduce. Esto es el hecho o estado de ser tentado, especialmente al mal. Por otra parte, “prueba” es el medio de determinar la calidad o autenticidad de algo, un medio de examen. Esto es la prueba de la calidad de algo. Jesucristo afirmó Su propia impecabilidad al decir, “…viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” (Jn. 14:30). La razón por la que Satanás no tenía nada en el Verbo encarnado fue porque Jesucristo “no conoció pecado” (II Cor. 5:21) y “no hay pecado en él” (I Jn. 3:5). Por esto, El “no hizo pecado” (I Pe. 2:22).”

Otro comentarista, llamado Sebastián, con fecha 19/10/06, le respondió lo siguiente:

«Don Ricardo Abad: creo que sus explicaciones para enfatizar sus ideas fue muy largo, mejor lo hubiera resumido con lo ultimo que escribió “la así llamada tentación de Cristo.” Jesucristo no fue tentado, aunque sí “probado” para manifestar a la humanidad quien es El—Dios encarnado. En esto estoy de acuerdo y no tan solo yo si no que todos los creyentes, aunque usemos los términos “tentación” o “probar” de igual manera entendemos en nuestras conciencias lo que queremos decir. Decir que Cristo tenia las ansias de pecar o que tenia el pecado dormido en su ser es totalmente absurdo. Pero lo que creo es que Jesús pudo haber pecado pero no lo hizo, porque Adán tampoco tenia pecado en su nacimiento y aun así no resistió la prueba o “la tentación” y por ende fue destituido del paraíso. Cristo fue el segundo Adán no para procreación si no para salvación

 

Esto dice la Escritura: “El primer hombre, Adán, fue materia con vida.” En cambio, el último Adán es espíritu que da vida. (I Cor 15)

 

Al ser un segundo Adán tuvo la misma concepción que el primero ( no tener pecado) pero como el primero cayo así también pudo haber caído el segundo por que tenían el mismo cuerpo, un cuerpo no celestial, Cristo en la tierra no tenia un cuerpo glorificado si no que tenia un cuerpo ordinario en el buen sentido de la palabra y por eso el diablo se la jugo el todo por el todo para derrotar a Dios en la carne, era su gran oportunidad , Dios lo estaba confrontado en el terreno que siempre había ganado el diablo “la carne” era como que si el diablo estuviera jugado de local, en su propia cancha

 

“Aunque era de naturaleza divina, no se aferró al hecho de ser igual a Dios, sino que renunció a lo que le era propio y tomó naturaleza de siervo. Nació como un hombre, y al presentarse como hombre se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte,hasta la muerte en la cruz. “

Y esta es la gran derrota y vergüenza del diablo y sus demonios que Cristo los venció en la carne sujetándose sola y únicamente en la fuerza del hombre que fue, no hubo poder divino que lo sujetara ni en la prueba, ni en el sufrimiento en la cruz. Por eso, Dios lo exaltó al más alto honor y le dio el más excelente de todos los nombres, para que al nombre de Jesús caigan de rodillas

 

 

lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; Ro. 8;6 a buen entendedor, pocas palabras. Así Jesús como venció estando en la misma condición que la de nosotros también nosotros podemos vencer y poder decir algún día “ser imitadores de mi, como yo de Cristo”, esto es lo que dijo Pablo apóstol. ¿Fue una desfachatez ponerse como ejemplo o ciertamente vivía como Cristo?

 

Jesus es tentado por el diablo

Otro comentarista llamado PON también le respondió. Su aporte fue el siguiente:

“Estoy de acuerdo en que Jesús es santo. que no peco, no hubo mancha en el pero también creo que Jesús siendo Dios , se hizo hombre, y como todo hombre tuvo en su humanidad, en su carne, necesidades y aflicciones, sentimientos, alegrías, tristezas, vamos todo lo que un ser humano puede experimentar.

En el evangelio de Juan, en el capitulo 1:14 dice la palabra “y aquel verbo fue hecho carne……”

 

Entonces Jesús no estaba exento de pecar!, por su naturaleza humana, y esto lo podemos ver en “entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo” (Mat. 4:1)

Ser santo no significa que no es tentado, sino que no cayó en la tentación del pecado

La tentación no solo son pecados de inmoralidad sexual sino todo lo que va en contra de la palabra de Dios.

Decir que Jesús no fue tentado, es negar la humanidad de Cristo. es echar abajo la enseñanza que nos dejo cuando dice “…yo he vencido al mundo..”

Tengamos cuidado cuando aplicamos un concepto de Dios y de su palabra en base a nuestros pensamientos. la palabra de Dios es clara para basar nuestros conocimientos de Dios en ella. Dios les bendiga en gran manera.”

El Dr. Ricardo Abad, con fecha 02/11/06, volvió a realizar un aporte teológico con la siguiente reflexión, ahora con el título: “Cristo fue probado aparte del pecado”

“Durante la controversia Arriana del siglo IV, dos palabras griegas fueron llevadas ante el mundo religioso. Se trataba de homoousion, la misma en sustancia, y homoiousion, de sustancia parecida. La única diferencia entre las dos palabras consiste en un carácter griego, “i” (iota), pero que gran diferencia le hizo en el concepto Bíblico de la Persona de Jesucristo. El Arrianismo, una doctrina herética enseñada por Ario, fue la doctrina que Jesucristo no fue de la misma sustancia, esencia o naturaleza con Dios el Padre. Atanasio, por otra parte, declaró que Jesucristo fue de la misma sustancia con el Padre.

 

Atanasio declaró durante 47 años la homoousion de Cristo. Se le arrojó al destierro cinco veces. Sus enemigos le difamaron y lo amenazaron de muerte. A pesar de todo persistió en declarar la homoousion de Cristo es “el mismo en sustancia, igual en poder y gloria,” a costa de tener su púlpito arruinado. Constantino el Grande se interesó tanto por la controversia que autorizó un concilio para que se considerara la cuestión de la Persona de Cristo. De aquí que un sínodo convino en Alejandría para analizar el arrianismo. Ario fue condenado y expulsado por cerca de 100 pastores y obispos.

 

En el siglo XX tenemos otra controversia sobre la Persona de Cristo. Esta también involucra dos palabras, impecabilidad y pecabilidad. Impecabilidad quiere decir que Cristo no pudo pecar, y pecabilidad quiere decir que El pudo pecar. Algunos “miembros de la iglesia” (religiosos) mal informados pueden sentir que la controversia no es tan seria como para causar divisiones. Sin embargo, los elegidos de Dios, quienes han sido guiados por el Espíritu de regeneración a aceptar al Salvador impecable, mediante una verdadera experiencia de conversión, son responsables de denunciar la herejía de la pecabilidad. De hecho, ellos, como Atanasio en la antigüedad, no pueden permanecer callados cuando la Persona de su Salvador está siendo cuestionada.

 

La pecabilidad se relaciona con la tentabilidad. Esto quiere decir que un hombre es tentado a pecado externo por un pecado interior. El pecado interior es el fruto de la depravación. La meta de la tentación es persuadir al hombre a manifestar exteriormente el pecado interior y conducirlo a la culpa de su pecado interno y externo ante los demás. Nadie puede ser tentado a pecar sin una predisposición pecaminosa. Así, la diferencia entre pecado y tentación es revelada.

 

La Biblia define al pecado como trasgresión de la ley (I Jn. 3:4). El hombre está sometido a ciertos deseos que le son esenciales en su naturaleza humana. Sin embargo, estos deseos tienen que ser gratificados según las maneras designadas por Dios. Adán falló en hacer esto. Por tanto, cayó él y con él toda su posteridad. Tentación es atracción externa. Esta sugiere a la depravación interna las ventajas de sucumbir a la atracción exterior. Así, la debilidad interior del hombre es influida por algún objeto de su deseo natural. Sin la restricción del temor de Dios (Jer. 32:40), el hombre se someterá a cumplir su malvado deseo interno.

 

Aquellos que aceptan la doctrina de la pecabilidad de Cristo dicen que la imposibilidad de Cristo de pecar destruiría el significado total de la tentación en la vida de Cristo. Opinan que aunque Cristo fue sin pecado, no estuvo libre de la susceptibilidad de la tentación. Además, afirman que el área de prueba y la posibilidad de caer residían en Su humanidad. Concluyen que puesto que era realmente humano, pudo haber elegido equivocadamente.

 

Los maestros de la pecabilidad han buscado explicar la tentación de Cristo en Hebreos 4:15 — “…fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” — de la siguiente manera: Imaginemos un padre que, en días de gran pobreza, tiene la oportunidad de coger algún dinero de otra persona. No es culpable de robar tal dinero, pero el pensar en el hambre de su familia le hace sentir la tentación. Además, imagine un cristiano sentenciado a morir si no renuncia a Jesucristo. El amor por la vida le hará sentir la tentación. Así que es concebible que aunque Cristo fue sin pecado, El no fue sin susceptibilidad a la tentación.

 

Esta explicación anterior es falsa, y debe considerarse la verdad de Hebreos 4:15. Las debilidades (astheneiais, dativo plural de astheneia, debilidad), no se refieren al pecado. Se refieren a la fragilidad de la naturaleza humana. La naturaleza humana de Cristo estaba sometida a limitaciones y pruebas, con la única excepción de que no pudo tener ningún conocimiento experimental del pecado. El no poseyó una naturaleza humana pecaminosa. Su naturaleza humana fue hecha sólo en semejanza de la naturaleza pecaminosa (Rom. 8:3). La concepción y nacimiento de Cristo protegieron Su naturaleza humana de ser contaminada por la depravación. “Según nuestra semejanza” es la traducción de kath homoioteta, ablativo singular de homoiotes, que significa en manera similar, no en manera idéntica que somos tentados. Esta forma de la palabra griega para “semejanza” únicamente se usa aquí y en Hebreos 7:15. Allí es traducido “si a semejanza [parecido] de Melquisedec.”

 

Hay una verdad más profunda que “pero sin pecado” o “sin cometer pecado.” La palabra griega choris es un adjetivo que quiere decir, aparte de, sin, en una base distinta, o independiente de. La interpretación más común de choris hamartias es “sin ceder al pecado,” pero tiene un significado más fuerte. En la afirmación de Cristo, “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7), la palabra griega para “sin pecado” es anamartatos (que sólo se usa en este pasaje), cuyo significado es sin pecado o libre de culpa. En este caso, significa el quien no ha cometido pecado. Sin embargo, choris tiene un significado más fuerte que anamartatos. La palabra griega choris es usada como un adjetivo con el ablativo de separación en todos los textos excepto Juan 20:7. Allí se usa como un adverbio. Cristo fue completamente separado del pecado porque en El no hubo pecado que ser incitado por la tentación. El Señor Jesús no pecó porque El no pudo pecar. Fue impecable. Por tanto permaneció incontaminado en un mundo de pecado.

La impecabilidad es unida a la santidad. Está opuesta en relación directa a pecabilidad, la cual se relaciona a la tentabilidad. Mientras que ningún ser humano está por encima de la posibilidad de la tentación, por causa de su depravación interna, Cristo no tuvo esa depravación interna contra la cual luchar. Su voluntad humana siempre estuvo subordinada a Su voluntad Divina. Cristo siempre agradó al Padre (Juan 8:29). La santidad de Cristo estuvo en igualdad a la del Padre. La santidad, que es el atributo principal de Dios, es mencionada con más frecuencia que el resto de los atributos.

 

En conclusión, los siguientes argumentos son contra la herejía de la pecabilidad de Cristo. Si Cristo pudo haber pecado, El habría sido capaz de pecar solamente por una oposición completamente libre de Su voluntad a la Divina. Sin embargo, eso fue imposible. El dirigente poseedor de la voluntad humana fue el Logos Divino. Luego, Dios tendría que haber apostatado de Sí Mismo, lo cual es absurdo. Argumentar que la voluntad humana de Cristo debe ser libre para escoger o no pudo haber ganado la victoria moral es hacer Su voluntad mutable. Una voluntad perfectamente libre está determinada a actuar de acuerdo a su carácter. La voluntad de Cristo no pudo obrar contrariamente a Su carácter. “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos” (Heb. 7:26). Por otra parte, el pecador no puede obrar contrariamente a su carácter: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia y son hijos de maldición” (II Pe. 2:14). Ahora, pues, ¿quién será tan atrevido a decir que Cristo fue pecable? La incapacidad interior para pecar en Jesucristo resultó del hecho de que el “Yo” de la naturaleza humana de Cristo es el Logos Divino. Así que, no es un ser humano sino un ser Divino quien es responsable por los hechos realizados mediante la voluntad Divina.“

 

El Dr. Ricardo Abad, con fecha 25/11/06, realizo otra reflexión bajo el nombre “Jesucristo es la persona única”:

“La verdad respecto a Jesucristo es infinita. Esta Persona única fue concebida en el vientre de María treinta años antes de la confesión de Pedro: “…Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mat. 16:16). Así pues, El fue concebido en el vientre de la virgen antes que El fue concebido en la mente de Pedro. Sin embargo, Su concepción en la mente es tan necesaria para la salvación como Su concepción en la virgen. El Espíritu Santo es el Autor de ambas concepciones, en el vientre y en la mente.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (Luc. 1:35).

El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es (Mat. 1:18-20).

 

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mat. 16:17).

Ya que el Espíritu Santo no pudo concebir en el seno de la virgen una Persona pecable, El tampoco puede concebir un Cristo pecable en la mente de la persona quien El regenera. Todo lo que Dios hace es perfecto. Por tanto, la pecabilidad está fuera de lugar en la obra de Dios. Aquellos que creen en la pecabilidad están obligados a negar la concepción milagrosa en el seno de María, la virgen. Más todavía, están forzados a negar que la salvación es completamente de Dios. Ellos deben reconocer que el hombre no tuvo solamente algo que hacer con la naturaleza humana de Cristo, pero él tiene también algo que hacer con la concepción en la mente humana.

 

Objeciones a la impecabilidad del Cristo único serán contestadas.

Los oponentes de la impecabilidad de Jesucristo dicen que la humanidad de Jesús no fue diferente de la humanidad de Adán antes de la caída. Afirman que la diferencia vino solamente por la caída del primer Adán y la victoria del segundo Adán.

La humanidad de ambos Adán y Jesucristo no pueden ser aprehendidas aparte de sus personas. Adán fue una persona mutable; Cristo es la Persona inmutable. Adán fue una persona pecable; Cristo es la Persona impecable. La pecabilidad de Adán le dio la capacidad de pecar; por eso cayó. La impecabilidad de Cristo hizo imposible que pecara; por eso, nunca fue tentado de pecar. No hay capacidad de pecar en la perfección infinita. Luego, hubo una diferencia definida entre las naturalezas de Adán y Cristo.

El eterno Hijo de Dios fue responsable por todo lo que sería hecho mediante la instrumentalidad de la naturaleza humana asumida. Así, todo lo realizado por la instrumentalidad de la naturaleza asumida es atribuido a la Persona única del Dios-Hombre. Ya que la naturaleza Divina es el fundamento de la Persona de Cristo, cualquiera que diga que Cristo pudo pecar dice que Dios pudo pecar. La culpa no pudo ser restringido a la naturaleza humana pero abarcaba la totalidad de la Persona teoantrópica. Decir que la naturaleza humana de Cristo pudo haber pecado sin por ello involucrar al Dios-Hombre es sin sentido. No hay tal cosa como naturaleza caída. La palabra “caída” se aplica no a la naturaleza sino a la Persona. La naturaleza humana de Cristo es incontaminada, pero que Su naturaleza estuvo caída debe ser siempre disputada.

Una vista no usual de la impecabilidad es que la naturaleza Divina de Cristo controló Su naturaleza humana. Así que Cristo tuvo una naturaleza humana pecable, pero El fue una Persona impecable. Aunque esta vista afirma la impecabilidad de Cristo, las afirmaciones acerca de la naturaleza humana de Cristo son antibíblicas.” » (3)

c. Consideremos ahora dos de los argumentos más comunes que se usan para la impecabilidad:

1. Jesús es Dios y Dios no puede pecar, por lo tanto, Jesús no podía pecar

Decir que Dios, Aquel que es el más santo de todos, podría pecar es impensable. Si Dios pudiera pecar, dejaría de ser santo (y la santidad es uno de Sus atributos fundamentales), sí, dejaría de ser Dios. Decir que Dios podría pecar es tan blasfemo como decir que Dios podría mentir o que Dios podría quebrantar Su promesa o que Dios podría negarse a Sí Mismo o que Dios podría ser infiel o que Dios podría fallar. ¡Perezca ese pensamiento!

Los que argumentan que Cristo podría haber pecado, pueden usar el siguiente razonamiento: Jesús era Dios y Dios no puede pecar; por lo tanto, Jesús no podría haber pecado. Pero considere lo siguiente: Jesús era Dios y Dios nunca se adormecerá ni dormirá (Salmo 121:4), por lo tanto, Jesús no podía adormecerse ni dormir. Pero, como hombre, Jesús sí durmió. Jesús era Dios y Dios nunca se cansa; por lo tanto, Jesús nunca se cansó (Isaías 40:28). Pero, Jesús estuvo cansado (Juan 4:6). Jesús era Dios y Dios no puede ser tentado (Santiago 1:13), por lo tanto, Jesús no podía ser tentado. Pero la Biblia dice que el Hombre Cristo Jesús fue tentado (Hebreos 4:15). Jesús es Dios y Dios no puede morir (Él es el Único Inmortal, Aquel que vive siempre); por lo tanto, Jesús no podía morir. Pero Jesús murió (Juan 19:33). Es un hecho que Jesús, al hacerse hombre, hizo ciertas cosas que Dios no puede hacer.

Debemos observar que dormir o estar cansado es muy diferente que pecar (transgredir los mandamientos de Dios). Es cierto que la encarnación hizo posible que Dios muriera para procurar salvación para nuestra raza pecaminosa, pero no hizo posible que Él pecara. Es cierto que hay ciertas cosas que el Dios-Hombre pudo hacer (debido a su naturaleza humana) que Dios no puede hacer, pero pecar no es una de ellas.

2. Jesús no tenía una naturaleza pecaminosa, por lo tanto él no podía pecar

Los que enseñan que Cristo podría haber pecado, podrían aludir al hecho que Adán no tenía una naturaleza pecaminosa, pero Adán podía pecar y lo hizo. Esta enseñanza refleja una falta de comprensión de que la humanidad de Adán no era una humanidad santa, como la de nuestro Señor, sino simplemente inocente; y que Adán no tomó, como el Hijo de Dios, santa humanidad en unión con Su divina Persona. El inocente Adán estaba en peligro de pecar y pasando el tiempo, el pecó, pero el santo Hijo de Dios nunca estuvo en peligro de pecar.

Los que niegan la impecabilidad de Cristo también pueden aludir a Satanás y a la tentación de Cristo (ver Mat. 4:1-11). Satanás no pierde el tiempo tratando de tentar a Dios el Padre o a Dios el Espíritu Santo, pero cuando Dios se hizo hombre, Él fue tentado por el diablo. Satanás trató de hacer que Cristo pecara. Si Cristo hubiese hecho lo que Satanás quería que Él hiciera, Él habría pecado. Por ejemplo, si Cristo se hubiese inclinado y hubiese adorado al diablo (ni lo pensemos), eso habría sido pecado. Lo mismo es cierto para las otras dos tentaciones. Así es que, al menos en cierto sentido, parece que Satanás creía en la pecabilidad de Cristo—al menos esperaba que Cristo pudiera pecar, quería que Él pecara, e hizo todo lo posible por hacerlo pecar. Si Cristo hubiese seguido las sugerencias de Satanás, ÉL habría pecado.

Si Satanás creyó o no en la impecabilidad de Cristo, no es importante. El orgullo del corazón de Satanás lo engañó (compare con Abdías 3) y nuestra teología no debe basarse en el pensamiento nebuloso de este ser caído. Como ha señalado James Ventilado, “Muchos de los engañadores de Satanás, anticristos, incautos (II Jn 7:11) están cegados al exponer tan vil doctrina concerniente a la Persona de Cristo. En cuanto a la serpiente antigua, el diablo mismo, ¿importa realmente lo que creyera al respecto – si acaso creyó que el Santo de Dios podía pecar o si simplemente trató de hacer lo imposible?”

Es difícil para nosotros entender la tentación de Cristo. Cuando nosotros somos tentados a pecar, no sólo somos tentados desde afuera (por Satanás, por el mundo), sino también somos tentados desde adentro debido a nuestra naturaleza pecadora, vil, corrupta, podrida que hemos heredado de Adán. Hay una parte en nosotros que se deleita en hacer mal y se regocija en actuar independientemente de Dios. El corazón creyente anhela ese día futuro, el día de nuestra redención final, cuando seamos libres de la corrupción interna del pecado que mora en nosotros. ¡Cuán diferente fue la experiencia de Cristo! Como dijo William Kelly, “Como en Cristo había una total ausencia de ego y como ÉL odiaba en todo aspecto el mal y lo rechazaba, sólo hubo para ÉL sufrimiento. El efecto de la tentación en la humanidad caída no es sufrimiento, sino placer, si es que podemos llamar placer lo que es gratificante para nuestra naturaleza pecaminosa. Cristo nada supo de esto, ni en Su Persona ni en Su experiencia. Él no tenía problemas con la carne ni inclinaciones internas al pecado: Él no conoció pecado”.

d. Conclusión:

Cristo no pecó (1 Pedro 2:22)

Cristo no conoció pecado (2 Corintios 5:21)

Cristo era totalmente sin pecado (Hebreos 4:15)

Cristo el santo Hijo de Dios no podía pecar.

Esa posibilidad no existió.

e. Un Asunto Práctico

¿Cómo venció Cristo a Satanás? ¿Ganó la victoria por Sus poderes sobrenaturales como el Hijo de Dios? ¿Confió en Su divina omnipotencia para hacer huir al diablo? ¿Usó de Sus poderes divinos para derrotar al diablo? Esto no es lo que la Biblia enseña. El Señor enfrentó a Satanás como Hombre. La tentación de Cristo fue una maravillosa demostración de que el hombre, andando en el Espíritu, y usando y confiando en la Palabra de Dios, es más que un rival para Satanás. Esta demostración da gran consuelo al corazón del creyente a medida que estudiamos y meditamos en los métodos que nuestro Señor usó para derrotar a Satanás.

f. Consideremos nuevamente algunos de los argumentos expuestos anteriormente:

1. Cristo era Dios, y por lo tanto, no podía pecar

“Pero si la razón de ser victorioso sobre el pecado se debía a que era Dios, esto no es de ayuda para mí. Ciertamente, yo no soy Dios.”

2. Cristo no tenía una naturaleza pecaminosa, y por eso no podía pecar

“Pero yo tengo una naturaleza corrupta, vil y pecaminosa. Si Él fue victorioso porque no tenía una naturaleza pecaminosa, ¿qué esperanza hay para mí? ¿Significa que estoy destinado a la derrota porque estoy apestado por el pecado que mora en mí?”

Si Cristo, como Hombre perfecto, pudo ganar la victoria, esto debe animar a todo creyente. Nosotros también podemos ser victoriosos al seguir Su ejemplo.

C. H. Mackintosh ha escrito lo siguiente acerca de la manera en que Cristo venció las tentaciones.

Sí; bendito sea su nombre, y allí estaba para el hombre; allí estaba para enseñar al hombre cómo debía hacer frente al enemigo en todas sus variadas tentaciones; allí estaba para mostrar al hombre cómo debe vivir. Ni por un momento podemos suponer que nuestro adorable Señor se opuso al adversario como siendo Dios sobre todas las cosas. En verdad, era Dios, pero si hubiese afrontado el conflicto sólo como tal, no hubiese podido proporcionar un ejemplo para nosotros. Además, hubiese sido innecesario demostrarnos que Dios podía vencer y ahuyentar a una criatura que sus manos habían formado. Pero ver a Aquél que en todos conceptos era hombre, y con todas las circunstancias de la humanidad, exceptuando el pecado; verle allí en debilidad, hambriento, en medio de las consecuencias de la caída del hombre, y hallarle triunfando completamente sobre el terrible enemigo, es esto lo que nos llena de ánimo, de consuelo, de fuerza y valor.

¿Y cómo triunfó? Esta es una cuestión grande e sobremanera importante para nosotros, cuestión que exige la más profunda atención de todo miembro de la iglesia de Dios; una cuestión cuya magnitud e importancia sería completamente imposible exagerar. ¿De qué modo, pues, venció a Satanás, en el desierto, el Hombre Cristo Jesús? Simplemente por la Palabra de Dios. Lo venció obrando no como Dios Omnipotente; sino como Hombre humilde, dependiente y obediente. Tenemos ante nosotros el magnífico espectáculo de un hombre que se mantiene firme en presencia del diablo, confundiéndole completamente con ninguna arma fuera de la Palabra de Dios. No fue por el despliegue de poder divino, ya que ello no hubiese podido ser un ejemplo para nosotros; fue sencillamente con la Palabra de Dios en su corazón y en sus labios que el segundo Hombre confundió al terrible enemigo de Dios y del hombre.

Y nótese bien que nuestro bendito Señor no discute con Satanás. No recurre a la exposición de hechos relacionados con Sí mismo, hechos que el enemigo conocía bien. ÉL no le dice por ejemplo: “Yo sé que soy el Hijo de Dios; los cielos que se abrieron, el Espíritu que descendió, la voz del Padre, todo ha dado testimonio al hecho de ser yo el Hijo de Dios.” No; esto no hubiese servido; no hubiera ni podría haber sido ejemplo. El único punto especial a que nos conviene atender y aprender es que nuestro Gran Modelo, enfrente de todas las tentaciones del enemigo, usó tan sólo el arma que también está a nuestro alcance, esto es: la sencilla, preciosa Palabra escrita de Dios. (Estudios sobre el libro del Deuteronomio)

Olvidando por el momento las consideraciones relativas a la deidad y a la naturaleza divina de Cristo, es de ayuda reflexionar sobre el hecho de que aún como hombre Cristo no podía pecar. ¿Por qué no? ¿Cuál era el secreto de su invencibilidad?

1. Como Hombre, Cristo siempre estaba lleno del Espíritu (ver Luc.4:1). ÉL siempre anduvo en completa dependencia de Su Padre celestial. Y la Biblia enseña que cuando un hombre anda en el Espíritu, nunca (doble negación en griego) satisfará los deseos de la carne (Gál. 5.16). Cristo lleno del Espíritu no podía pecar. El creyente lleno del Espíritu también es invencible.

2. Como Hombre, Cristo siempre estuvo firme sobre la Palabra de Dios. Siempre decía: “escrito está”. El diablo tiene que alejarse de aquellos que están asentados firmes sobre la Palabra. Si el “postrer Adán” hubiese estado en el lugar del “primer Adán” podemos casi predecir cómo hubiera Él respondido cuando Eva le ofreció el fruto: “Vete Satanás. Porque escrito está…” Los que aplican constante y correctamente la Palabra de Dios en cada situación, son invencibles.

3. Como Hombre, Cristo siempre tuvo puesta toda Su armadura (Efesios 6:10-18). No había ninguna posibilidad de que el enemigo lo pudiera agarrar. Esta misma armadura está a nuestra disposición.

4. Como Hombre, Cristo siempre estaba alerta ante las tentaciones:

Él siempre puso en práctica Marcos 14:38 (aunque el santo Hijo de Dios no era débil en la carne como nosotros). Siempre se “sometió” y “resistió” (ver Santiago 4:7). Satanás siempre deseaba atraparlo, pero el Señor nunca le dio ocasión u oportunidad. Es nuestro gozo y privilegio someternos y resistir de igual manera.

5. Si Israel, cuando estaba bien con Dios, nunca perdía una batalla, cuánto más invencible sería Cristo que siempre estaba bien con Dios.

En Cristo tenemos toda provisión para vencer en cada batalla que enfrentamos. “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (II Cor. 2:14).» (4)

«Santo Tomás dedica la pregunta 41 de la III Parte de la Summa Theologica al estudio de las tentaciones de Cristo en el desierto.

Aquino considera este evento como un importante papel en el plan divino de salvación. Por un lado, la certeza de las tentaciones de Cristo es incuestionable, ya que la Sagrada Escritura lo hace muy claro (cf. Mat. 4:1-11; Mar 1:12-13; Luc. 4:1-23). Sin embargo, Aquino quiere defender su viabilidad. Por otro lado, el hecho de que Cristo era libre

Desde el “fomes peccati” significa que Él no Saint Thomas experiencia lo llama “duración carnis”. Por lo tanto, la cuestión radica en la relación entre Cristo y la impecabilidad del Señor» (5)

Tentaciones.

«La única tentación que Jesús podría haber experimentado es la “duración ab hoste” (del mundo y el diablo).

Cristo está sujeto a este tipo de tentación como todos los causados por el hombre por sugerencia, la persuasión o la presentación de un objeto deseable Visible o invisible. Santo Tomás muestra cómo Satanás “persuade” a Cristo en cada una de estas tentaciones, tratando ara lograr la complicidad del apetito sensible. Aquino también muestra cómo en cada una de las tres tentaciones es la cuestión de los diferentes tipos de pecado. Las tentaciones de Cristo nos indican su profunda solidaridad con el pecador

Jesús fue tentado. Es una afirmación estremecedora, que parece en neto contraste con la realidad divino-humana de Cristo, el Verbo Encarnado. Por otro lado, sabemos por Revelación que nuestros primeros padres fueron sometidos a una prueba antes del pecado original. Este “probar” o “tentar” iba a demostrar la calidad de la libertad humana, capaz de elegir voluntariamente cumplir o no la voluntad de Dios.

Los Evangelios sinópticos nos narran que Cristo quiso también estar` sometido a la tentación del diablo. Podemos afirmar entonces que la tentación forma parte del diseño salvífico del Padre de enviar su Hijo al mundo para destruir la obra del demonio.

Se trata, en efecto, de un acontecimiento que viene considerado por los teólogos como uno de los principales misterios de la vida del Verbo Encarnado. A lo largo de los siglos se ha profundizado en él desde un punto de vista exegético y espiritual, dejando más en un segundo plano su estudio cristológico-soteriológico

En este trabajo intentaremos mostrar la perspectiva cristológica que ofrece Santo Tomás al misterio de las tentaciones de Cristo en el desierto. Ahora bien, cabe preguntarnos: ¿qué cosa puede decir sobre esta temática la cristología del Doctor Angélico al teólogo cristiano del tercer milenio? [..]

Santo Tomás dedica la cuestión 41 de la III Pars de la Summa Theologiae al estudio del misterio de las tentaciones de Cristo en el desierto. En razón de la unión hipostática, Cristo era esencialmente impecable y carecía del fomes peccati, es decir, del desorden introducido en el hombre por el pecado original. La pregunta teológica que surge entonces es acerca de la realidad de la tentación de Cristo, de la manera en que el Hijo de Dios hecho hombre ha podido realmente padecer la tentación. A lo largo de este trabajo veremos el modo en que el Aquinate busca responder con coherencia teológica a la pregunta planteada.

Dentro de la III Pars de la Summa Theologiae, la cuestión 41 se encuentra en la sección donde el Angélico desarrolla el progressus de la vida de Cristo en este mundo que abarca desde las qq. 40 a 45. Lafont opina que en este apartado Santo Tomás no pretende, por lo demás, hacer un comentario al Evangelio hablando estrictamente, sino que lo que le interesa son los aspectos de la vida humana de Cristo, esenciales para manifestar su Persona y su misión5. Desde el primer artículo de esta sección encontramos —como destaca Lafont— los temas principales de la cristología del Angélico: Cristo vino al mundo primeramente para manifestar la verdad, para librar a los hombres del pecado y para que por Él tengamos acceso a Dios. El Evangelio tiene por objeto manifestarnos esta realidad de Cristo a través de una vida humana concreta, de la que el Angélico quiere considerar las etapas características: tras las consideraciones generales sobre la manera de vivir del Señor en este mundo, se pregunta sobre la tentación de Cristo, sobre su doctrina, sobre sus milagros y finalmente sobre la Transfiguración

Una vez contextualizada la cuestión 41, pasemos ahora a desarrollar el tema que nos ocupa: cómo el Hijo de Dios ha podido sufrir la tentación.

Lo primero que Santo Tomás busca responder al iniciar el estudio de este misterio de la vida de Cristo es la razón de su conveniencia. De entrada el Angélico pone de relieve el valor soteriológico que revela este misterio: “Cristo quiso ser tentado: primero, para darnos auxilio contra las tentaciones. Por lo que dice San Gregorio: “no era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, puesto que vino para ser muerto, para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, como venció nuestra muerte con la muerta suya”

Santo Tomás no reduce la Redención del género humano a la Pasión y Muerte de Cruz, sino que ve en todo el obrar de Cristo la eficiencia salvífica: todos los acta et passa Christi in carne tienen valor de redención. Se podría decir que las tentaciones de Cristo son “instrumento” de salvación, capaces de tener un influjo activo de la gracia —del “auxilio”— por parte de Dios. Aportan algo propio a la salvación: la gracia para no dejarnos caer en la tentación

Ahora bien, al preguntarse sobre la realidad de la tentación de Cristo, sobre qué tipo de tentación ha experimentado Cristo, Santo Tomás excluye absolutamente la tentación a la carne, aquella que viene del interior del hombre

No pretendemos tratar el tema de la eficiencia de los misterios de la vida de Cristo porque nos excederíamos en la extensión del desarrollo del argumento que nos ocupa. Por otro lado, en el presente estudio nos centramos en el aspecto cristológico, es decir, en el modo en que Cristo pudo ser tentado, y no en el soteriológico.

“El Aquinate se sirve de la distinción dada por Alejandro de Hales, Hugo de San Víctor y Pedro Lombardo, entre tentatio a b hoste —que es exterior— y tentatio a carne — que surge del desorden interior—.pecado original— no puede darse sin pecado. La tentación que viene del interior implica un movimiento desordenado y pecaminoso del apetito sensible, que emancipado del imperio de la razón, tiende de manera autónoma al “mal que se presenta bajo apariencia de bien”. Dicha inclinación desordenada del apetito sensible busca tentar o inducir a la razón y a la voluntad a consentir. En razón de su impecabilidad, Cristo permaneció inmune a este tipo de tentaciones.

El Aquinate deduce entonces que el único tipo de tentación que Cristo ha podido sufrir es la tentatio ab hoste o del enemigo, que viene del mundo y del demonio. Dice Santo Tomás: “Aunque Cristo no tuvo que luchar interiormente contra el fomes peccati, luchó en cambio exteriormente contra el mundo y el diablo”

Este tipo de tentación puede acaecer sin pecado, porque se verifica por sola sugestión exterior

Ahora bien, este modo de tentación por vía de sugestión exterior, el Aquinate lo toma de la distinción dada por San Gregorio Magno, que diferencia un triple grado en la tentación: por vía de sugestión, por vía de delectación y por vía de consentimiento.

Dice Santo Tomás: «La primera —la sugestión— procede del exterior (ab extrinseco), y puede darse sin pecado. La segunda —la delectación— viene del interior (abintrinseco), y aquí comienza a darse el pecado, que llega a su perfección por medio del consentimiento. Sólo el primer grado pudo darse en Cristo, no los restantes”, concluye Santo Tomás.

¿Qué implica para Cristo sufrir la tentación ab extrinseco o ab hoste y por vía de sugestión? ¿Se puede decir que fue verdadera tentación?

Para responder debemos acudir a las Quaestiones disputatae De Malo, donde Santo Tomás trata de manera precisa y clara sobre el primer grado de tentación: la sugestión exterior. Al preguntarse sobre la causa del pecado, se interroga sobre la parte que posee el demonio en el pecado del hombre. Descarta absolutamente la idea de que el diablo pueda ser la causa del pecado como aquel que mueve directamente la voluntad humana, pero admite que puede ser el que la persuada (per modum persuadentis). “El demonio es la causa del pecado» escribe también el Aquinate en la Summa Theologiae «sólo en cuanto que persuade a obrar o en cuanto que propone un objeto apetecible».

Esta persuasión puede cumplirse de una doble manera:

a) visible: el demonio se aparece bajo forma sensible, como por ejemplo cuando tienta a Adán en el paraíso o a Cristo en el desierto;

b) invisible: el diablo se presenta como proposición posible a los sentidos internos. Así lo explica el Santo: “Toda la operación interior del demonio se ejerce sobre la fantasía y el apetito sensitivo, moviendo los cuales puede inducirnos a pecado, bien presentando a la imaginación alguna forma imaginaria, bien estimulando el apetito sensitivo a alguna pasión”

Ambas operaciones entenebrecen la razón para que consienta al pecado. Este es el modo en que el demonio induce interiormente a pecar.

Santo Tomás reconoce que estas maneras que tiene el demonio de persuadir las aplicó al tentar a Cristo en el desierto: se le apareció bajo forma sensible y le presentó a sus sentidos internos formas imaginarias buscando estimular su apetito sensible

La primera tentación —seguimos la narración del Evangelio de San Lucas— Satanás apela al apetito sensible de Cristo, presentándole a sus sentidos internos la imagen de un objeto apetecible como es el convertir las piedras en pan: «si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».

De este modo, el diablo esperaba inducir a Cristo —hambriento puesto que llevaba cuarenta días de ayuno— a consentir en lo que Aquino llama «deleite de la carne» (carnis oblectatio).

Las otras dos tentaciones también buscan implicar el apetito sensible de Cristo.

La segunda tentación de Cristo

“te daré el poder y la gloria del mundo»

Trata de persuadir la «concupiscencia de los ojos» (concupiscentia oculorum) o el deseo codicioso de poseer placenteramente dinero y cosas materiales.

La tercera tentación —«si eres Hijo de Dios, arrójate desde aquí porque escrito está: dará órdenes acerca de ti a sus ángeles para que te protejan y te lleven en sus manos»— apela a la «soberbia de vida» (superbiam vitae) o el desordenado deseo de grandeza De este modo, Cristo padeció sobre sí verdadera y humanamente la presión del tentador. Con total dominio de su apetito sensible y reconociendo el desorden natural de lo presentado por el diablo, Cristo rechaza con su voluntad humana las tentaciones

A quien se plantea la “incompatibilidad” en Cristo de que pueda padecer la tentación y poseer a la vez la visión beatífica, Torrell argumenta que se puede aplicar lo mismo que explica Santo Tomás sobre la Pasión: mientras que Cristo era viador, la gloria de lo más profundo del alma no redundaba ni en la parte inferior del alma ni en el cuerpo; y viceversa, lo padecido en la parte inferior de su Humanidad no privaba (G. AYBAR, Las tentaciones de Cristo y su impecabilidad según Santo Tomás p. 8)

Como destaca Gondreau, Santo Tomás atribuye un gran valor soteriológico al rechazo de estas tentaciones, ya que, siguiendo a San Ambrosio, el Teólogo dominico ve en ellas la materia de todo tipo de pecado. En este misterio de la vida del Verbo Encarnado se ve cómo Cristo rechaza el pecado en su totalidad y nos manifiesta, a la vez, su profunda solidaridad con el hombre pecador:

“porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que siendo (Cristo) como nosotros, ha sido tentado en todo, excepto en el pecado” (Heb 4:15) » (6)

La Impecabilidad De Cristo

Cristo «el Hijo de Dios se hizo hombre (Jn 1:14). Él fue tan humano como nosotros, con una importante diferencia: Él era un Hombre perfecto, mientras que nosotros somos hombres pecadores. Él era perfectamente justo, santo y sin pecado. Él fue la única excepción de Romanos 3:10 (ninguno de nosotros es justo, pero Él lo fue). Él fue la única excepción de Romanos 3:12 (ninguno de nosotros es bueno, pero Él lo fue). Él fue la única excepción de Romanos 3:23 (ninguno de nosotros es sin pecado, pero Él lo era).

Es muy difícil para nosotros entender que haya un hombre sin pecado. ¿Has conocido a alguien así? Comemos con gente pecadora, vivimos con gente pecadora, vamos al colegio con gente pecadora, y conversamos con gente pecadora. Es muy difícil imaginar cómo es un hombre sin pecado – alguien que nunca tiene un mal pensamiento, alguien que nunca se enoja indebidamente, alguien que nunca miente, alguien que nunca es egoísta, y alguien que nunca piensa, dice o hace algo malo. Jamás hemos visto a alguien así, y sin embargo, hubo un hombre perfecto que una vez caminó sobre la tierra, el hombre Jesucristo.

¿Cómo sabemos que Jesucristo era un hombre sin pecado? ¿Cómo sabemos que Él  jamás cometió un acto pecaminoso en toda Su vida? ¿Cómo sabemos que Él no hizo ningún mal, no dijo nada malo y nunca pensó mal? ¿Cómo sabemos que Él fue perfecto, santo y justo?» (7)

El Testimonio De Sus Amigos

« ¿Fue Jesús realmente sin pecado? Preguntemos a quienes lo conocieron mejor.

Tomemos a Pedro. El fue uno de los doce discípulos. Estuvo con el Señor por varios años. El vivió con Jesús, habló con Jesús, viajó con Jesús, y comió con Jesús. Si alguien conoció a Jesús, ese fue Pedro. El tuvo toda oportunidad para observar al Señor, observar cómo vivía, y escuchar las cosas que ÉL decía. Si alguna vez Jesús hubiese estado de mal humor o se hubiese enojado, Pedro lo habría sabido. Si Jesús hubiese tenido defectos como lo otros hombres, Pedro lo hubiese notado. ¿No es verdad que los miembros de nuestra familia y aquellos que mejor nos conocen son los que están más conscientes de nuestras faltas y fracasos? Si hubo alguien que supo cómo vivió Jesús, ese fue Pedro.

¿Qué dijo Pedro de Jesús? ¿Acaso dijo, “Jesús fue un gran Hombre de Dios, pero Él tenía algunas pequeñas fallas. Él fue el mejor Hombre que jamás vivió, pero Él no era perfecto”?

Pedro es quien escribió el libro de I Pedro. En I Pedro 2:22 Pedro dice que Jesús “no hizo pecado ni se halló engaño en Su boca.” ¡Qué declaración tan sorprendente! Pedro jamás vio al Señor cometer un pecado y nunca escuchó que el Señor dijera algo equivocado. Podemos estar seguros que Pedro vio al Señor hacer muchas cosas y escuchó al Señor decir muchas cosas, pero Pedro pudo decir, “él no pecó”.

En I Pedro 1:19, Cristo es descrito como “un Cordero sin mancha y sin arruga” ¡Jesucristo es el perfecto Cordero de Dios! En los tiempos del Antiguo Testamento, cuando los hijos de Israel presentaban un animal en sacrificio, éste tenía que ser sin defecto (ver Levítico 1:3,10; Éxodo 12:5). La impecabilidad era importante, porque estos animales estaban representando la perfección del Hijo del Hombre que se ofrecería a Sí Mismo como el sacrificio perfecto (Hebreos 9:14). ¡ÉL era el Salvador sin pecado que murió para salvar a hombres pecadores!

Pedro tiene más que decir. En 1 Pedro 3:18, leemos que Cristo sufrió una vez por los pecados, el Justo (Jesús) por los injustos (nosotros), para que Él (el Justo) pudiera llevarnos a nosotros (los injustos) a Dios. Cristo, el Justo, murió por los hombres injustos (pecadores). Aquel que es sin pecado, murió por aquellos que tienen pecado. ¡Aleluya! ¡Qué Salvador!

En Hechos 3:14, Pedro está predicando a un grupo de judíos. Notemos cómo describe a Jesús:”Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo” De acuerdo con Pedro, Jesús era santo (completamente apartado y separado de todo lo que fuera pecado) y justo.

Por lo tanto, de acuerdo con un hombre que conoció muy bien al Señor, Jesús no pecó; ÉL nunca pecó con Sus labios, ÉL era justo y santo y era el Cordero de Dios perfecto, sin mancha y sin contaminación.

Juan fue otro de los discípulos del Señor. De muchas maneras, él estuvo aún más cerca del Señor que Pedro. El fue el discípulo que se reclinó en el regazo de Jesús (ver Juan 13:23). Si hubo alguien que realmente conoció al Señor, ese fue Juan.

¿Qué dijo Juan acerca de Jesús? En 1 Juan 3:5 leemos, “Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él”. ¡No hay pecado en él! En Él no hay ni un solo pecado. ¿Quién dijo eso? Un hombre que conoció muy bien a Jesús. » (8)

El Testimonio de sus enemigos

«Alguien podría decir, “No es justo preguntar a los amigos de Jesús sobre la clase de vida que Él llevó. Pueden haber dicho cosas buenas e Él para proteger Su reputación, o quizás ellos quisieron decir cosas que le hicieran aparecer como justo, aunque sabían que en realidad no lo era.” Bien, para estar seguros sobre esta materia, preguntemos a algunas personas que no eran Sus amigos.

 

Tomemos a Judas, el hombre que traicionó a Jesús. En Mateo 27:4 Judas dijo, “He entregado sangre inocente”. Judas sabía que él era culpable (“he pecado”), pero que Jesús era inocente (Él nunca pecó).

Considere a Pilato, que fue el juez ante quien estuvo Jesús. ¿Cuál fue el veredicto de Pilato en cuanto a Jesús? ¿Decidió que Jesús era una persona culpable o que era una persona justa (Mateo 27:24)? “Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.” Cuando Pilato examinó a Jesús, ¿encontró alguna falta en este Hombre (Juan 19:4)? “Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.”. También la esposa de Pilato supo algo de Jesús por un sueño que tuvo. ¿Qué clase de Hombre pensó ella que era Jesús (Mateo 27:19)? Justo.

 

Ecce Homo, obra de Antonio Ciseri donde puede verse a Poncio Pilato presentando a un azotado Jesús de Nazareth ante el pueblo de Jerusalén.

Consideremos al criminal que murió junto a Jesús. Éste hombre se había burlado de Jesús (Mateo 27:44), pero mientras observaba a Jesús muriendo, algo le sucedió que le hizo cambiar de parecer. A veces puedes aprender mucho acerca de una persona observándola morir. Este criminal observó a Jesús en las últimas horas de Su vida. ¿Qué pensó este hombre de Jesús (Lucas 23:41)? El dijo, “este hombre ningún mal hizo”. En otras palabras, él estaba diciendo, “yo estoy recibiendo lo que merezco porque soy un criminal culpable que merece morir, pero este hombre no merece morir, porque ÉL no ha cometido ningún crimen y no ha hecho nada malo.” Había otro hombre observando morir a Jesús. ¿Qué pensó él de Jesús (Mateo 27:54)? Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

 

¡Hasta los demonios saben qué clase de persona era Jesús! En Lucas 4:33-34, un demonio inmundo e impío gritó y dijo,”Yo te conozco quién eres, el Hijo de Dios.”

Los enemigos del Señor habrían estado felices de encontrar algún pecado en Su vida. Siempre estaban tratando de encontrar algo de lo cual culparlo, pero no podían encontrar nada. ¡ÉL era impecable! Era como si alguien quisiera golpear a su enemigo en la cabeza con una sartén, pero al tratar de hacerlo, se encontrara con que la sartén no tiene mango para asirla. Jesús no daba un mango a sus enemigos. No había pecado o falta en Su vida que ellos pudieran haber usado en Su contra.

 

Un día Jesús desafió a Sus enemigos. Él dijo, “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46). “¿Quién de vosotros puede encontrarme culpable de pecado?” ¡Ninguno dijo una palabra! Comparar Juan 8:7-11. Más adelante, cuando Jesús fue arrestado y llevado a juicio, Sus enemigos tuvieron gran dificultad para encontrar personas que testificaran en Su contra (ver Mateo 26:59-60). Nadie quería hablar de los crímenes que había cometido, puesto que ¡Él no había cometido ninguno!» (9)

El Testimonio De Jesús Mismo

«A menudo yo puedo ocultar mis faltas ante a los demás, pero no puedo ocultarlos ante mí mismo. Otros pueden no saber que estoy pensando cosas malas, pero yo sí lo se. Otros pueden no ver lo que hago en la privacidad de mi alcoba, pero yo conozco todos mis pecados. Otros pueden pensar que estamos viviendo correctamente y bien, pero nosotros sabemos la verdad acerca de nosotros. ¿Qué dijo Jesús de Sí mismo? ¿Acaso dijo, “Todos creen que no tengo pecados, pero si sólo pudieran conocerme mejor, se darían cuenta que yo también tengo problemas con el pecado”? No, Jesús nunca dijo algo como eso. En realidad, dijo todo lo contrario.

En Juan 8:29, Jesús hizo una sorprendente declaración. Él dijo, “Yo siempre hago lo que le (al Padre) agrada”. ¿Cuántos de nosotros podríamos decir eso? Quizás podríamos decir,”a veces hago las cosas que Le agradan”, pero Jesús dijo “siempre”. Jamás hubo un momento en que Jesús no haya complacido a Dios el Padre. » (10)

El Testimonio de Dios El Padre

«Jesús dijo que ÉL siempre hacía aquellas cosas que agradaban al Padre. ¿Estaba de acuerdo el Padre con esta declaración? En Mateo 3:17, en el bautismo de Jesús, el Padre habló desde el cielo y dijo, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”

Jesús tenía como 30 años cuando fueron dichas estas palabras. Dios nos dice muy poco en la Biblia acerca de esos primeros 30 años. ¿Cómo fue la infancia de Jesús? ¿Cómo fue Su adolescencia? ¿Qué de Su juventud? Se dice muy poco. Jesús enfrentó muchas tentaciones creciendo en esa corrupta ciudad de Nazaret. ¿Pecó alguna vez? ÉL creció en compañía de hermanos y hermanas pecadores. ¿Alguna vez discutió o peleó con ellos? ¿Cuál fue el veredicto del Dios santo cuando se completaron esos primeros 30 años? Cuando el Padre pasó revista a los primeros 30 años de la vida de Jesús, ¡Él estaba complacido! Como niño, como adolescente, como joven, Jesús hizo siempre hizo solamente las cosas que agradaban al Padre. » (11)

El testimonio de Dios el Espíritu Santo

«El Espíritu Santo es el verdadero Autor de la Biblia. ÉL es Aquel que movió de tal manera a los escritores de la Biblia para que escribiesen sólo lo que Dios quería que escribieran (ver 2 Pedro 1:21). Veamos a lo que el Espíritu Santo guió a los escritores de la Biblia a decir sobre la impecabilidad de Cristo:

 

“”Mientras El aún hablaba, una nube de luz los cubrió y he aquí una voz desde la nube que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, a El oíd”. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: “levantaos y no temáis”, y alzando ellos los ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo. Mateo 17:5-8 “

1. Isaías 53:9. Este versículo nos dice que Jesús (el Mesías) actuó bien (Sin Mancha) y habló bien (sin engaño).

2. 2 Corintios 5:21. Jesús no conoció el pecado. ¡Qué diferente es Jesús de nosotros! Nosotros conocemos el pecado (y lo hemos practicado personalmente) demasiado bien, pero nuestro bendito Señor no tuvo absolutamente ninguna relación personal con el pecado.

3. Hebreos 4:15. Jesús fue sin pecado. ÉL fue realmente tentado, pero ÉL siempre venció la tentación.

4. Hebreos 7:26. Nuestro Gran Sumo Sacerdote es descrito como santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores. Nosotros estamos manchados con el pecado, pero nuestro impecable Señor no. Jesús estuvo con pecadores, comió con pecadores y aún tocó a pecadores, pero Él era completamente apartado de los pecadores. Él estaba con ellos, pero Él no era como ellos.

5. Lucas 1:35. El niño que nacería de María es descrito aquí por el Espíritu Santo como “el Santo Ser. Jesús fue el único hombre que no nació con una naturaleza pecaminosa. La naturaleza pecaminosa es transferida de padre a hijo, y Jesús fue el único hombre que no tuvo un padre pecador, de modo que no heredó la naturaleza pecaminosa de Adán. Él fue el Santo de Dios. » (12)

Jesús fue todo lo que un hombre debiera ser

«Cuando Dios creó al hombre, ¿qué propósito tenía Dios para el hombre? Dios creó a Adán, pero Adán fue arruinado por el pecado y nunca llegó a ser todo lo que Dios quería que fuese. Aún el hombre más grande y piadoso que haya vivido ha fallado en ser todo lo que Dios quería que fuese. Noé se embriagó, Moisés tuvo sus fallas, David tuvo sus altos y bajos y aún cometió adulterio. De algún modo nos desilusionamos de las vidas de los más grandes hombres.

¿Cómo es el hombre ideal? El hombre Jesucristo es y fue todo lo que un hombre debiera ser. Podemos aprender de Moisés y Josué y Daniel y Pedro y Pablo, pero de algún modo nos desilusionaremos de sus faltas e imperfecciones. Si miramos al hombre Jesucristo, ¡jamás nos desilusionaremos! ¡ÉL es todo lo que un hombre debiera ser! ¡Él es el ejemplo perfecto de hombre!»(13)

Tal como Él anduvo, así deberíamos andar nosotros

«En 1 Juan 2:6, encontramos algo sorprendente. La Biblia dice que la persona que permanece en Cristo, debe andar como Él anduvo ¿Cómo anduvo Jesucristo? Él anduvo en santidad. Él anduvo por la senda de la rectitud y no por la senda del pecado. Hemos de andar como Él anduvo. Hemos de vivir como Él vivió. Él es nuestro ejemplo perfecto.

¿Cómo puede un pecador vivir y caminar como el impecable Cristo? Esto es imposible. Ningún hombre puede hacerlo. Sin embargo, mientras confiamos en Dios, ÉL puede hacer posible lo imposible. El Señor Jesús quiere vivir Su vida perfecta en nosotros. ÉL nos ha dado el Espíritu Santo para hacerlo posible.

Cuando Jesús caminó en esta tierra, Él nos mostró cómo debía caminar el hombre. Jesús estaba siempre lleno del Espíritu Santo. Jesús siempre anduvo en completa dependencia de Dios. Nosotros también deberíamos andar de esta manera. Por cuanto Jesús, como hombre, pudo y logró triunfar sobre cada tentación que cruzó Su camino, también lo podemos nosotros. Porque Jesús tuvo victoria sobre el pecado, también podemos nosotros. Porque Él fue un triunfador, también podemos serlo nosotros.

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis” (1 Jn 2:1). Jesús no pecó. Dios nos ha dado Su preciosa Palabra para que no pequemos, y si hubiéremos pecado, sabemos que tenemos un Salvador fiel en el cielo que sabe lo que es ser tentado (Hebreos 4:15) y que conoce lo que es la tentación y el pecado. En el próximo capítulo buscaremos entender mejor lo que es realmente el pecado.»(14)

Cristo Triunfante Sobre Tentación

«La Escritura es muy rica. Leyendo solamente un texto hay muchas cosas que podemos aprender. Y la tentación de Cristo es un pasaje que ofrece muchas lecciones. No hay lugar considerarlas todas. Si no está apartando tiempo los domingos para estudiar un rato, le exhorto que comience hoy mismo a aprovechar de este día para buscar a Dios no solamente en la iglesia, sino también en privado. Y si no está ya leyendo algún libro teológico o investigando algún texto bíblico, le recomiendo que aparte tiempo este domingo en la tarde para meditar un rato en la tentación de Cristo.

 

De este evento podríamos aprender acerca del diablo, de la tentación, de la variedad de la experiencia que tendremos en la vida cristiana. Si nos enfocamos en Cristo como el centro de este evento, todavía hay dos maneras de considerarlo. Podríamos pensar en Cristo como nuestro ejemplo, y aprender acerca de como vencer la tentación. Eso sería muy valioso, pero se tendrá que dejar para otro momento, porque hay algo más fundamental. No digo que cualquiera de las otras cosas no es importante. Tenemos que saber cómo vivir la vida cristiana. Pero hay algo que viene antes: hay algo que tiene que preceder ese tipo de estudio. Hay iglesias que dan sermones acerca de 7 pasos para mejorar la oración, 3 pasos para agradar a Dios, 19 pasos para obtener un matrimonio mejor, 156 pasos para descubrir la voluntad de Dios, etc., etc. Pero eso no es como somos transformados. Aunque un estudio como esa podría ser bíblico (y nuevamente les recomiendo mucho que mediten acerca de esta tentación de Cristo, y que investiguen el ejemplo que nos da Cristo de como vencer la tentación) no cambia a la gente. La ley de Dios no nos transforma: el evangelio, Cristo, nos transforma. Ciertamente, nos transforma para que conformemos a la ley; pero la ley en sí es débil. Si predico la ley, lo que Dios exige, semana tras semana, no avanzará la iglesia: no se transformará. La ley nos exige que hagamos algo; pero no podemos. Es el evangelio que nos anuncia que Cristo ha hecho por nosotros que nos transforma. La ley es útil; la ley es buena; la ley es inspirada por Dios; pero la ley no transforma. Cristo transforma: por lo tanto, me parece que antes de estudiar a la tentación de Cristo, tomándolo como modelo para saber nosotros como vencer la tentación, es necesario estudiar la tentación de Cristo, tomándolo como el anuncia de la victoria de Cristo sobre las artimañas del diablo.

 

Para hacer esto vamos a tener que regresar al jardín de Edén, y la primera tentación. Hacemos esto porque hay dos hombres en la historia del mundo; hay dos Adanes, como Pablo nos explica en Romanos 5 y 1a de Corintios 15. Y la historia depende de esos dos hombres. Mi historia personal depende de ellos. Si yo estoy unido a Adán me espera la muerte; si yo estoy unido a Cristo, el postrer Adán, me espera la vida. Y hay elementos en el texto que sugieren que esta tentación de Cristo fue una tentación en su carácter de Mesías, del ungido, del segundo Adán.

 

La tentación ocurre después de que Cristo es aprobado por el Padre y ungido por el Espíritu en su bautismo. Lo próximo que sucede es que Cristo es llevado al desierto por el Espíritu, el Espíritu que vino sobre él para capacitarlo para su trabajo mesiánico; y el Espíritu lo lleva al desierto precisamente para ser tentado por el diablo.

 

También se sugiere que las tentaciones de Cristo le vienen como nuestro Mesías, como nuestra cabeza, por el hecho de que al menos dos de las tentaciones se dirigen a expectativas mesiánicas. El diablo lo lleva al pináculo del templo, y le dice que se eche de allí: los judíos pensaban que el Mesías se manifestaría de ese punto del templo. Las promesas de Dios al Mesías eran que heredaría toda la tierra; y el diablo le dice a Cristo que le dará todas las naciones, si Cristo le adora.  

Además, podríamos considerar el hecho que Lucas pone la genealogía de Jesús entre su relato del bautismo y su relato de la tentación. En el bautismo Jesús es identificado cómo el Hijo de Dios. En su genealogía es identificado como hijo de Adán. Ahora Lucas ya había dejado claro que Cristo no es hijo de Adán así como lo son los demás: ya había narrado que Jesús nació de una virgen. Lucas también identifica a Adán como hijo de Dios (Lucas 3:38). Entonces hay dos hijos de Dios; Cristo y Adán. Pero a la vez que Cristo es Hijo de Dios es hijo de Adán, aunque hijo especial. No es el Hijo de Dios, obviamente, de la misma manera que lo fue Adán. Pero es interesante que Adán y Cristo no solamente comparten una naturaleza humana, también comparten que Dios hizo esa naturaleza humana de una manera especial. Creo que se está asumiendo la doctrina de los adanes.

 

Ahora el primer Adán fue tentado, y cayó. El postrer Adán fue tentado y no cayó. Cuando el hombre cayó, tuvo muchas ventajas: vivía en el paraíso, tenía suficiente para todas sus necesidades, y tuvo compañerismo. En la tentación de Jesús, él estaba solo, en un desierto, y ayunando por cuarenta días. Además, la tentación de Jesús fue muy prolongada. A pesar de la diferencia en las circunstancias, Eva y Adán cayeron, y Cristo triunfó.

 

El punto básico de la tentación, de las solicitaciones del diablo, tienen que ver con si escucharemos a la palabra de Dios o a las sugerencias del diablo. El diablo aprovecha de nuestra condición para que sus ideas parezcan razonables, y nosotros seamos llevados a olvidar, ignorar o torcer la palabra de Dios. Adán y Eva escucharon más al diablo que a Dios; y siempre que caemos, hacemos lo mismo. Damos más autoridad a nuestros deseos, a nuestros impulsos, a nuestra debilidad que a la palabra de Dios.

 

A lo mejor se acordarán que existieron tres elementos en la tentación de Eva. Ella vio que el árbol era bueno para comer; que era agradable a los ojos; y que era codiciable para alcanzar la sabiduría, y comió. Esto muchas veces se ha relacionado con lo que dice Juan acerca del mundo: Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1a de Juan 2:16). Y hay tres tentaciones principales que vienen a Cristo. Había sido tentado por todos los cuarenta días. Al final de ese tiempo, el diablo le trae las tres tentaciones que se nos relatan. No sabemos si son representativas de lo que el diablo había estado haciendo o si son las tentaciones especiales, máximas, que el pudo inventar. Pero son tentaciones significativas, porque se relatan detalladamente. Ahora la primera tuvo que ver con la comida; la segunda que relata Lucas (Mateo es quien nos da el orden cronológico de estas tentaciones) tuvo que ver con el deseo de lo agradable, y la tercera (según el orden de Lucas) con la vanagloria.  

 

Cristo venció todo lo que el diablo lanzó: rehusó todo lo que ofreció. Se aferró a la palabra de Dios en vez de escuchar las solicitaciones del diablo. El triunfó.

Entonces puede ser una cabeza, un Adán, diferente. Del primer Adán nos viene la condenación y la corrupción, es decir, el pecado original. Pero del postrer Adán, de Cristo nos viene vida y victoria. Si hubiera caído, no tendríamos salvación o esperanza.

Actuó en este caso como nuestra cabeza, nuestro representante. Por su obediencia somos constituidos justos.

Entonces hay perdón para nosotros por todas las veces que hemos caído en tentación.

Y también hay poder: este hecho es un anuncio que es posible ser tentado, con todo tipo de desventaja, con toda la furia y paciencia y sutileza del diablo, y no pecar.» (15)

 

 

Niko Kazantzakis

El sacerdote Jesuita Hermann Rodríguez Osorio , en una nota basada en su homilía del Primer domingo del Tiempo de Cuaresma, predicada el 25 de Febrero de 2007, titulada “(…) El Espíritu Santo lo llevó al desierto”, cuenta acerca de Niko Kazantzakis, novelista griego, quien «escribió hace algunos años un libro que tituló La última tentación, novela que fue llevada a la pantalla en 1988 por el famoso director cinematográfico, Martin Scorsese, con el título de La última tentación de Cristo. Tanto la novela, como la película, muy polémica por cierto, presentan a Jesús siendo tentado a lo largo de toda su vida, haciendo énfasis en la última tentación, que propiamente no fue casarse con María Magdalena, como casi todo el mundo interpreta de una manera superficial, sino negarse a morir en la cruz. En este sentido, podemos decir que la oración en el huerto de Getsemaní, tal como nos la presentan los evangelistas, fue un momento crucial de tentación, casi a las puertas de su pasión: “Padre mío, para ti todo es posible: líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tu” (Mar. 14:36). Por otra parte, no podemos negar que algunas de las Siete Palabras que Jesús pronunció desde la cruz y que recordamos de manara particular en la Semana Santa, son reflejo de esta realidad que atravesó toda su vida. Es lo que el mismo Lucas expresa al final de este pasaje con esta afirmación: “Cuando ya el diablo no encontró otra forma de poner a prueba a Jesús, se alejó de él por algún tiempo”.

Todo esto significa que Jesús fue tentado muchas veces y de muy diversas formas. San Lucas nos presenta aquí los Jesús y Satanás.deseos de aprovechar sus capacidades para su propio beneficio: “Si de veras eres Hijo de Dios, ordena a esta piedra que se convierta en pan”; deseos de tener poder: “Yo te daré todo este poder y la grandeza de estos países. Porque yo lo he recibido, y se lo daré al que quiera dárselo. Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo”; y, por último, deseos de tener fama, haciendo cosas espectaculares para llamar la atención: “Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí; porque la Escritura dice: ‘Dios mandará que sus ángeles te cuiden y te protejan. Te levantarán con sus manos, para que no tropiece con piedra alguna”.

 

 

Llama la atención el uso que hace Jesús de la Escritura para defenderse de la tentación; tanto es así, que el tentador recurre a la autoridad del Salmo 91 (versículo 12) para presentar la última tentación de esta serie. Pero Jesús vuelve a defenderse citando otro texto de la misma Escritura: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” (Deut. 6:16). Nuestra vida, como la de Jesús, no es una fotografía. Las tentaciones del egoísmo, del poder y de la fama, para no señalar sino las que aparecen aquí mencionadas, están siempre presentes. El Señor nos invita a recurrir a su Palabra para contrarrestar la fuerza del mal en nuestro interior. Sabiendo, por lo demás, que se trata de una realidad que no ocupa solo un momento de nuestra vida, sino que la atraviesa de principio a fin.» (16)

Fuente:

1.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

2.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

3.  http://foros.labibliaweb.com/archive/index.php/t-1419.html

4.  (Notas de pie Nº 153-154 de pág. 280, Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir, Autor José Granados, Publicado en 2005, Editrice Pontificia Università Gregoriana).”

5.  (Notas de pie Nº 155 de pág. 280, Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir, Autor José Granados, Publicado en 2005, Editrice Pontificia Università Gregoriana).”

6.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/lifeoc/c4.htm

7.  http://www.supercable.es/~miguelor/tentaciones.htm

8.  http://hjg.com.ar/sumat/d/c41.html#a4

9.  http://es.wikipedia.org/wiki/La_tentaci%C3%B3n_de_Cristo

10.  http://www.e-aquinas.net/pdf/aybar.pdf

11.  http://www.e-aquinas.net/pdf/aybar.pdf

12.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

13.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

14.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

15.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

16.  http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm

 

 

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