La fe de los humanistas

La fe de los humanistas

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por Francis A. Schaeffer

FUNDACION EDITORIAL DE LITERATURA REFORMADA (FELIRE)

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente… 2 Corintios 6:16

Edición: 1996

FUNDACION EDITORIAL DE LITERATURA REFORMADA

STICHTING UITGAVE REFORMATORISCHE BOEKEN
Apartado 1053 Rijswijk (Z.H,) Países Bajos
Deposito legar: B. 44.793- 1996
ISBN: 9063 11 0278
Impreso en RomanyjVaVs, SA
Verdaguer 1, Capellaites (Barcelona)
Ponted in Spain

Dos columnas

Dos columnas distinguían a la Iglesia cristiana primitiva de cualquier otro sistema religioso. La primera concernía al fundamental problema de la autoridad. En dicha Iglesia sólo existía una autoridad final: la Biblia, la Sagrada Escritura. Esto se desprende claramente de la enseñanza de Jesús, de Pablo y de la totalidad del Nuevo Testamento. Entre los lectores del presente tratado, muchos creerán que la Iglesia primitiva estaba en lo cierto sustentando este concepto de la Escritura; pero incluso quien no lo comparta debería comprender que tal fue su concepto para así entender intelectualmente a la misma.

Los primeros cristianos creían que la Sagrada Escritura les daba una autoridad externa al ámbito del relativista, mutable, limitado pensamiento humano. Así, con esta visión de la Palabra tenían lo que consideraban una autoridad no humanista.

La otra columna de la Iglesia primitiva que la diferenciaba de todos los demás sistemas religiosos era su respuesta a la pregunta: ¿Cómo allegarse a Dios? Si Dios existe y es santo, perfectamente santo, vivimos en un universo moral. Si Dios no existe o si es amoral o imperfecto, vivimos al fin en un universo relativo en cuanto a lo moral. Por otra parte, si Dios es perfecto, y mantiene su total perfección, entonces, como es obvio que ning1zn hombre es moralmente perfecto, todos ellos estarán condenados. Lo único que resolvería este dilema, verdaderamente básico, acerca de si el universo es moral o amoral, sería la enseñanza de la Biblia y la Iglesia primitiva la. enseñanza fue que Dios nunca hace descender el nivel de sus normas, que exige perfección y que por tanto es completamente moral; pero que en el amor de Dios vino Jesucristo como Salvador, y llevó a cabo una obra infinita y definitiva en la cruz, de manera que el hombre ya puede acercarse al Dios totalmente santo y perfecto, apoyado en esta obra perfecta y consumada, por la fe y sin obras humanas relativas. Estamos tan acostumbrados a hablar de esto dentro de un contexto religioso, que olvidamos las implicaciones intelectuales. Diremos de nuevo que, tanto si se cree lo que la primitiva Iglesia y la Biblia enseñaron, como si no se cree, debe entenderse este punto que estamos tratando, o no se podrá comprender a tal Iglesia ni su carácter distintivo.

Una vez se enseña la exigencia por parte de Dios de perfección total, se mantiene la existencia de un universo moral; y al enseñar la obra perfecta del Salvador, se sigue que no necesariamente se condenan todos los hombres. Así, cualquier elemento humanista y egoísta es destruido. Incluso si el cristianismo no fuese verdad, y nosotros creemos que sí, ésta sería una respuesta titánica; jamás ningún otro sistema —ya religioso, ya filosófico— ha dado respuesta semejante.

Así pues, las dos columnas distintivas de la primitiva Iglesia eran un combinado y completo golpe para el humanismo. La autoridad quedaba fuera de la mudable jurisdicción humana, y así el acceso personal de cada individuo al Dios enteramente santo se basaba, no en los relativos actos morales o religiosos del hombre, sino en la absoluta y definitiva obra (y por ser Él Dios, infinita) de Jesucristo. Todo esto hacía que el hombre fuera arrancado del centro del universo donde había intentado situarse a sí mismo cuando se rebeló contra Dios en la histórica caída en el Edén, y destruía al humanismo atacándolo en el mismísimo corazón.

Un cambio
Un cambio acaeció en tiempos del emperador Constantino. Éste hizo la paz con la Iglesia, pero empezó a entrometerse en ella. Este cambio de dirección progresó lentamente al principio, y luego con creciente velocidad. Habiendo empezado con Constantino, que orientado en su dirección definitiva en la época de Gregorio el Grande; y no concernía a cuestiones incidentales, sino al concepto básico. Tal cambio de dirección destruyó las dos únicas columnas a que nos hemos referido más arriba. La Iglesia venía a ser el centro de la autoridad en lugar de la Palabra de Dios. Aquí es reintroducido el elemento humanista. En cuanto concierne a la segunda columna, hallamos que la salvación, en lugar de descansar solamente sobre la completa obra de Cristo —es decir, su obra consumada en el espacio y el tiempo, en la historia—, se sustenta también en las obras humanas. En el sistema católico-romano, estas obras se hallan en tres importantes ámbitos. El primero es el de la misa. No se considera ya, en la misa católico-romana, que Jesucristo acabó su obra en el espacio de tiempo histórico en que murió en la cruz, sino que se considera que Jesús está sufriendo constantemente. Él sufre de nuevo, en el sacrificio no sangriento, cada vez que se celebra una misa. Pero hay más todavía: se considera que quienes participan en la misa están ofreciendo a Cristo en sentido activo. Basta con leer el misal católico-romano para darse cuenta de la fuerza de esto Cristo es ofrecido por el oficiante, pero quien participa de la misa participa en su ofrecimiento activo de Cristo.

Hallamos el segundo elemento humanista en el ámbito de la penitencia. Ésta es el sufrimiento en la vida actual, sea en lo religioso, sea de una manera general, para compensar la ausencia de buenas obras positivas. Así, el sufrimiento tiene valor práctico.
El tercer elemento humanista concierne al ámbito del purgatorio, en el que el valor del sufrimiento se proyecta al futuro. Se sufre hasta merecer el mérito de Cristo.

Claro está, que de esta manera se destruyen totalmente las dos columnas básicas de la Iglesia primitiva, y así encontramos en el sistema católico-romano un retorno a lo que está específicamente ente relacionado con los demás sistemas humanistas.

Los críticos de arte
Los críticos de arte, literatura, etc., entienden estas cosas y las exponen con notable claridad. En una publicación de Skira sobre Botticelli, Giulio Carlo Argan, italiano, crítico de arte, escribe: «El hecho es, desde luego, que en los planos político y religioso había un gran futuro para este sincretismo de arte y cultura, una vez que aquél hubo sido incorporado al programa humanista progresivamente establecido por la Iglesia después del cese del Cisma de Occidente (1378-1417), ya que ese programa facilitaba al cabo una justificación histórica de la fe cristiana, admitiendo la Antigüedad clásica como suya y mostrándola arrogantemente como la filosofía natural del hombre, el preludio providencial a la revelación de la verdad absoluta por Jesucristo. Pero esta grandiosa, sistemática síntesis de historia, naturaleza y fe, que iba a constituir la base ideológica del clasicismo de Rafael… » En lo expuesto resume y explica Argan el humanismo básico de la Iglesia Católica Romana.

 

Nótense tres cosas:
1. —- Dice que se trata de un programa humanista.
II. * Dice que la justificación histórica de la fe cristiana —justificación ante quienes representan la cultura humanista circundante, ante los hombres que están fuera de la Iglesia—, fue proporcionada por una síntesis sistemática.
III. — Pone de relieve que con esta síntesis se traza una línea ininterrumpida entre la Antigüedad y la verdad revelada en Jesucristo.
Todo esto está escrito, desde luego, en una Historia del Arte, y desde el punto de vista del arte; pero lo que dice el autor es verdad de modo general. El catolicismo romano constituye un intento de síntesis entre las nociones humanistas circundantes y las no humanistas de la Escritura.
La pintura del Renacimiento hace esto sumamente claro. Rafael planeaba pintar cuatro habitaciones en el Vaticano. Pintó dos, y sus discípulos las otras dos. Una de las habitaciones pintadas por el mismo Rafael, nos proporciona una clarísima prueba de lo que describe Argan como “la base ideológica del clasicismo de Rafael”. En una pared de esta habitación pintó la Iglesia, tal como la veía en su forma católico-romana, y en la opuesta, “La escuela de Atenas”. Esto no fue por casualidad, ya que lo hizo así a propósito. Se trata de una expresión artística del intento católico-romano de síntesis entre la filosofía I’ur-ianista, y la no humanista de la Palabra de Dios.
En el tiempo en que Rafael trabajaba en el Vaticano, Miguel Ángel pintaba los frescos de la Capilla Sixtina. Deben considerarse dos aspectos de su obra en la misma. Primero, las pinturas del techo; luego, las de la pared del fondo.
En el abovedado techo pintó una serie de figuras colocadas dando la impresión de sostener la sección central del mismo. Estas figuras corresponden alternativamente a un hombre y una mujer. Puso el correspondiente nombre bajo todas ellas, de
justificación ante quienes representan la cultura humanista circundante, ante los hombres que están fuera de la Iglesia—, fue proporcionada por una síntesis sistemática.

De modo que no puede haber equívoco en cuanto a lo que estaba diciendo. Los hombres representan los profetas del Antiguo Testamento. Las mujeres, las antiguas sibilas. Pone a todos alternativamente como iguales. He aquí su manera de decir lo que decía Rafael con sus frescos del Vaticano. En la bóveda así sostenida, hallamos la representación pictórica del cristianismo. Así, Miguel Ángel entiende y expone claramente cómo en su tiempo la Iglesia Católica Romana se esforzaba en realizar la síntesis entre el antiguo humanismo y el cristianismo bíblico.
El fresco de la pared del fondo de la Sixtina nos dice lo mismo. Representa el Juicio Final, y cuando se contempla por vez primera, se piensa que, excepto por el lugar central de María, es una escena bíblica. Pero luego se observa la existencia de una barca hacia la parte baja de la derecha, y se advierte que nos hallamos ante la barca en que los muertos eran conducidos a través de la laguna Estigia, segin la mitología pagana. Uno se da cuenta entonces de que la escena no procede de la Biblia, sino del Dante, quien trabajó ya sobre la base de la mencionada síntesis.

 

El más importante teólogo
El más importante teólogo de la Iglesia Católica Romana es Tomás de Aquino. La lectura de su Sunma pone de manifiesto claramente el énfasis en la mencionada síntesis. Así, lo que venimos diciendo no es desconocido en la presentación de la misma Iglesia Católica Romana. Tanto en su arte como en su teología, el catolicismo romano está edificado específica y centralmente sobre el intento de síntesis entre los pensamientos humanista y bíblico.

Este elemento humanista del catolicismo romano explica el desarrollo de la mariología. María representa al mismo. Tú, hombre, individualmente no alcanzas la victoria, pero María sí, María ha vencido. Y de este modo tenemos un triunfo vicario del hombre. Del mismo modo, los santos católico-romanos representan también a una vicaria, victoriosa humanidad. El hombre ha triunfado.

Siguiendo el actual énfasis común, que intenta borrar las diferencias entre las diversas religiones, se dice a menudo, incluso por evangélicos, pero afectados por esta tendencia, que el catolicismo romano adora al menos, con toda seguridad, al mismo Dios que la Iglesia primitiva y la Reforma. Desgraciadamente, la respuesta es: no. El catolicismo romano no adora al mismo Dios. La entrada del elemento humanista en el sistema católico- romano hace que Dios sea considerado como un Dios distinto al presentado en la Biblia. El Dios bíblico es enteramente santo. Él no puede aceptar ni la menor imperfección moral. Si el Dios totalmente santo quisiera tratar con algún hombre, después de la rebelión de éste, sobre cualquier elemento de la obra moral humana, sólo podría condenarlo. Por eso, en el sistema bíblico, Dios permanece enteramente santo, y nosotros vivimos en un universo absolutamente moral. En el sistema católico- romano, Dios no es totalmente santo, ya que acepta la imperfección. Dicho sistema afirma que somos salvos por el mérito de Jesucristo, pero introduciendo el elemento humanista, porque el hombre debe merecer el mérito de Jesucristo. La salida definitiva del purgatorio se basa en el merecimiento. Éste se obtiene: 1) Por las buenas obras en esta vida, tanto religiosas como morales; 2) por el valor de los sufrimientos experimentados en la vida presente, que compensan lo que ha faltado en cuanto a las buenas obras; 3) por el valor del sufrimiento que se experimenta en el purgatorio, el cual compensa lo que ha faltado en los sufrimientos de la vida en la tierra. Cuando se ha alcanzado esto, se ha merecido el mérito de Cristo. Todo ello significa que el hombre ha triunfado. Pero quiere decir también que se adora a un Dios que no es completamente santo. Desde el punto de vista bíblico todo eso es, naturalmente, trágico; pero para alcanzar una comprensión intelectual de ello, debe entenderse también que significa que el intento de conseguir una síntesis entre el humanismo y el cristianismo bíblico conduce finalmente, en realidad, a un Dios humanista, no absoluto. Con pesadumbre, pero con una finalidad definida, se debe entender y afirmar que el Dios del sistema católico-romano no es el de la Sagrada Escritura. Ese Dios es imperfecto; y el universo no es, por lo tanto, absolutamente moral.

Nada nuevo
Nada nuevo reconoció ni enseñó la Reforma. Es decir, nada nuevo en referencia a la enseñanza de la Iglesia primitiva. La Reforma volvió sencillamente a las dos columnas básicas a que nos referimos más arriba. La Palabra de Dios era la única autoridad, y la salvación tenía como base única la obra definitiva del Señor Jesucristo, consumada en la cruz. Todo eso significaba la remoción de los elementos humanistas. La Reforma fue revolucionaria por cuanto se apartó tanto del humanismo católico-romano como del secular.

Para entender lo que sucedió después, hay que darse cuenta de que, hace unos 250 años, el humanismo se introdujo en Alemania, y esta vez en las iglesias que habían surgido de la Reforma misma. Esto fue el nacimiento de lo que en la actualidad se llama usualmente liberalismo o modernismo protestante. La alta crítica alemana y cuanto ha brotado de ella hasta nuestra generación, es simplemente la entrada del pensamiento humanista en la Iglesia protestante después de la Reforma, exactamente igual como, desde la época de Constantino en adelante, el humanismo entró en la corriente de la Iglesia primitiva. Nunca se enfatizará suficientemente que la alta crítica no sobrevino porque ciertos hechos la hicieran necesaria, sino porque la filosofía humanista sobrevino primero. Se aceptó en primer lugar la filosofía humanista, y luego fueron añadidos “hechos” que parecían poder proveer una base conforme a la perspectiva humanista. La alta crítica no fue la causa, sino el resultado. Los teólogos protestantes de dicha época permitieron la entrada del concepto humanista n la Iglesia protestante. Las dos columnas básicas no humanistas de la Iglesia fueron destruidas de nuevo. Lo que debemos entender ahora es que, en nuestra propia generación, tanto el humanismo del sistema católico-romano como el del protestantismo liberal no disminuye, sino que es cada vez más fuerte en ambos.

Tal vez la mayor revolución
Tal vez la mayor revolución de nuestra generación sea el cambio acontecido en el catolicismo romano. Algunos pueden decir que en realidad no ha cambiado, y que todo eso es sólo una estratagema; pero sería difícil estar completamente seguro de si efectivamente es ése el caso. El aumento de lo humanista en la Iglesia Católica Romana, en nuestra generación, se muestra en dos ámbitos.
En primer lugar, es un hecho que hasta hace muy pocos anos Roma había insistido en que los tres primeros capítulos del Génesis debían ser interpretados literalmente. Hoy día, cuando los científicos católico-romanos se reúnen con los seculares, esto es echado a un lado. Estos hombres de ciencia romano-católicos no son seglares, sino miembros de las diversas órdenes religiosas. Se afirma, en los círculos católico-romanos liberales actuales, que todo lo que debemos aprender de los tres primeros capítulos del Génesis es que, en el proceso evolutivo de animal a hombre, lo único que se necesitó es que Dios introdujera en cierto momento un alma racional. Esto es totalmente revolucionario en relación con lo que Roma había enseñado aun en nuestra propia generación, y significa un definido fortalecimiento de lo humanista.

En segundo lugar, Roma ha cambiado radicalmente en la cuestión de quién se salva. En el pasado, el catolicismo romano enseñaba, como todavía lo hace en España o el Sur de Italia, por ejemplo, que no había salvación posible fuera de la Iglesia Católica Romana. Hoy en día, el énfasis recae en que todos los hombres sinceros de buena voluntad son salvos. En la Iglesia primitiva y en la Reforma se enfatizó la enseñanza bíblica de que quien no esté en la Iglesia de Cristo (quien no haya tomado a Jesucristo como Salvador) está perdido. Según el antiguo sistema católico-romano, aquellos que permanecían fuera de la organización de la Iglesia Católica Romana estaban perdidos. En ambos casos, nos encontramos con que había alguien que estaba perdido. En la nueva enseñanza católico-romana, con su acrecentado humanismo, es muy difícil saber quién está perdido; y con respecto a los círculos católico-romanos más pronunciadamente liberales, no se puede estar seguro de si alguien se pierde.
Así, nos hallamos ante el viejo humanismo, que comenzó en la época de Constantino, de la Iglesia Católica Romana, pero aumentado ahora con el humanismo del moderno católico- romano. Debe notarse, por consiguiente, que el nuevo concepto liberal católico-romano no constituye un rompimiento absoluto con el antiguo catolicismo romano, ya que éste mismo ha sido siempre humanista. Constituye sencillamente una confluencia de las diversas corrientes de un mismo canal. Debe notarse, también, que un hombre como Teilhard de Chardin, tan popular en Europa y América, corresponde exactamente a esta circunstancia.

 

Al mismo tiempo
Al mismo tiempo, el protestantismo humanista, que se inició con la irrupción de la alta crítica alemana, está moviéndose, por su parte, cada vez más en la misma dirección. Existe un notable paralelo entre lo que sucede en el campo liberal católico-romano, y lo que pasa en el protestantismo. Así como el antiguo catolicismo romano humanista se está transformando en el humanismo aun más abierto del catolicismo romano liberal, también el antiguo protestantismo liberal está desarrollando un nuevo liberalismo. Desde la aparición de la teología kierkegaardiana, es decir, la llamada neortodoxia, se utiliza mas la palabra «Dios”, así como otros términos religiosos, pero significa menos. En el viejo protestantismo liberal, las cosas eran, al menos, ciertas o falsas —en el espacio, el tiempo y la historia—, de un modo que cualquiera podía entender. En el nuevo protestantismo liberal, la vaguedad que se puede notar en las obras de Teilhard de Chardin, es igualmente aparente. Las afirmaciones del obispo Pike, de California, han de ser entendidas en este, contexto teológico. Él ha llevado sencillamente el nuevo liberalismo de Kierkegaard, Barth, Brunner y Niebuhr a sus conclusiones lógicas, pero hablando en lenguaje claro exento de tecnicismos, de manera que la fuerza completa del mítico nuevo mundo religioso del liberalismo puede ser percibida por el no especialista. Bultmann y Tillich han hecho lo mismo, conduciendo el pensamiento de Kierkegaard a sus lógicas conclusiones; y en el caso de Tillich parece probable que se ha ido más adelante todavía que en el caso de Pike, pero sus obras están escritas con una terminología tan elevada que sólo los que la entienden han podido darse cuenta de la fuerza de lo dicho. En todos estos casos, la palabra “Dios” ha venido significando cada vez menos, hasta el extremo de que uno debe preguntarse asombrado si en esa teología hay algún Dios. Ésta es exactamente la dirección que sigue el catolicismo romano humanista en su nueva forma liberal, mostrada por Teilhard de Chardin. Debemos afirmar nuevamente, esta vez refiriéndonos al protestantismo liberal, que su Dios no es el bíblico.

En el pensamiento oriental, la justificación de la vida” es la meditación. Esto no significa que meditando se encuentre algo necesariamente, sino que la meditación como tal da a la vida humana un aparente propósito y significado. En el nuevo liberalismo se encuentra la fe, desde Kierkegaard, como un paso en las tinieblas, como la justificación de la vida. Esto está más en consonancia con la mente occidental que la meditación, porque el paso en las tinieblas incumbe a la acción y  por tanto a la voluntad de sufrir por la propia acción. Pero básicamente es lo mismo: el paso en las tinieblas deviene la justificación de la vida, y la terminología religiosa viene siendo usada cada vez más para que parezca dar un propósito a la vida. Pero nunca se está seguro de si en ella hay realmente algiin significado, y la misma palabra «Dios” deviene más y más vaga, hasta desaparecer incluso la distinción entre un Dios personal o impersonal. En este punto, el catolicismo romano y el protestantismo liberal humanistas, ambos en su nueva forma, están cerca de unirse; y en términos de humanismo, ambos están relacionados con el concepto clásico griego de ideas e ideales, así como con los conceptos orientales.

Es significativo
Es significativo que “El fenómeno del hombre”, obra de Teilhard de Chardin, publicada después de su muerte, muestre la impronta de esta unión. Teilhard de Chardin era jesuita. Julian Huxley, ateo, escribió la introducción del libro. Y tanto en Europa como en América, son los protestantes liberales quienes lo recomiendan. Todo ello no es sino el desarrollo del antiguo catolicismo romano humanista deviniendo nuevo catolicismo romano liberal; y el viejo liberalismo humanista protestante moviéndose progresivamente en la misma dirección, en el liberalismo nuevo de la neortodoxia. Así, en nuestros días, la diferencia entre la Roma humanista y el nuevo protestantismo liberal, el neortodoxo, es de detalle, y no básica.

Conclusiones
Esto nos conduce a percatamos, como primera conclusión, de que no existe una verdadera razón para que no haya un movimiento hacia la unión entre el catolicismo romano y el protestantismo liberal. Cuando el arzobispo de Canterbury visitó al Papa, dijo: “Ya no hay necesidad de estorbarnos el uno al otro. Pues si no estamos ya el uno contra el otro, estamos el uno por el otro, y así podemos ser gloriosamente libres de estar juntos por Jesucristo y por la verdadera unidad de su Iglesia. Yo digo expresamente «unidad» y no «unión», porque la unión o re-unión se basa en una reconciliación de jurisdicciones y autoridades. Pero la unidad es sólo del espíritu, y en ese espíritu.., pueden entrar las iglesias fácilmente, e incluso están ya entrando en la actualidad.”
Esto es sencillamente un ejemplo de lo que hemos estado diciendo. El catolicismo romano y el nuevo protestantismo liberal descansan sobre la misma base, y no existe ninguna razón en absoluto, excepto en cuanto a detalles, para que no se unan. Cualquier concepto de verdad absoluta ha periclitado en ambos campos.
Los escritos de un hombre como el jesuita norteamericano John Courtney Murray deben entenderse en ese entramado. Él y sus colegas están instando a que los EE.UU., y también los países del Norte de Europa de tradición reformada, comiencen a desenvolverse sobre la base del concepto católico-romano de «ley natural”. Los católico-romanos instan a esto porque afirman, con bastante razón, que los EE.UU. (al igual que toda la cultura norteuropea) no tienen ya una base, o consenso, sobre el que obrar en los dominios de la moral social, del derecho, del gobierno, etc. En esto tiene razón quien piense como Murray; pero el motivo por el cual los EE.UU. y demás países mencionados no tienen ya una base o consenso para obrar, es que, habiendo renunciado a lo que enseñó la Reforma, han devenido abrumadoramente humanistas, y no tienen absoluto al que referirse, o sobre el que fundamentar sus acciones.

Pero el conceptó católico-romano de ley natural es igualmente humanista y sin un absoluto en relación al cual obrar. Hemos visto que el humanismo entró en el sistema católico- romano a partir de Constantino, y especialmente que el catolicismo romano liberal moderno es abrumadoramente humanista. El mismo J. C. Murray reconoce todo eso cuando dice que la noción de ley natural es precristiana, anterior ya a los antiguos griegos, y que fue Tomás de Aquino quien perfiló y pulió este concepto. Esto está específicamente relacionado con los frescos de Rafael y Miguel Ángel en el Vaticano. Forma parte del intento católico-romano para lograr la síntesis entre el pensamiento humanista y el bíblico; y en el ámbito del gobierno, el derecho y la moral social, debe finalmente dar como resultado siempre conclusiones humanistas, y por lo tanto relativas. Así por ejemplo, la revista «Time”, de fecha 12 •de diciembre de 1960, tratando sobre el concepto de ley natural que sustenta John C. Murray, dice: «El criterio de lo bueno y lo malo ha de hallarse en la naturaleza del hombre; el hombre es —de manera natural— un ser social; y por eso el bien de la sociedad es el del hombre. El robo, por ejemplo, es malo porque subvierte la base de la vida social, ya que hace algiin mal, en el terreno privado, a otro. Cuando hay conflicto entre la satisfacción de dos necesidades naturales, lo racional (y por eso legal) es subordinar la más baja a la más alta. Así, la autoconservación es algo bueno; pero la oposición a arriesgar la propia vida cuando lo exige el bien de la sociedad, es algo malo.» –

Desde el punto de vista bíblico, el pecado es tal porque es contra Dios, no porque sea contra la sociedad. Cuando perjudicamos a uno o varios hombres es pecado, no porque les hayamos dañado, sino porque ocasionarles daño contradice a ja existencia, carácter y ley de Dios. Así pues, el sistema bíblico es no humanista, y absoluto. Pero el sistema católico-romano es humanista y relativo, primero en su teología —incluso en su visión de Dios—, y luego en su aplicación práctica de la ley natural. El concepto católico-romano de ley natural es parte de la “sistemática síntesis” de que habla Argan cuando trata del arte de Rafael.

En la teología católico-romana hallamos una línea ininterrumpida entre el hombre tal como fue creado, el hombre pecador, y el hombre redimido. En el pensamiento católico- romano la caída del hombre no fue realmente total; y la salvación consiste únicamente en la adición de una justicia infusa en el individuo. Esta línea ininterrumpida es la base de su concepto de ley natural. La enseñanza bíblica es radicalmente diferente: existe un rompimiento total en la caída del hombre. y otra vez lo mismo en la justificación. A causa de dicha caída, el hombre quedó verdaderamente muerto. En la justificación, éste pasa del estado de verdadera muerte al de vida real. Según la Sagrada Escritura, el hombre, después de su caída, todavía es verdaderamente »imagen” de Dios, en el sentido de que permanece como criatura moral y racional. Ser una criatura moral y racional después de la caída quiere decir, según la Biblia, tres cosas: 

1. — El hombre no redimido todavía puede desear significan cia porque se halla aún en el universo para el cual fue creado, es todavía moral y racional. El pintor no redimido todavía puede pintar, el que ama puede aún amar, etc.
II. — Como dice Rom 1,19-20, el hecho de que el hombre permanezca como ser moral y racional le condena, porque dentro de sí en su conciencia, y en la creación que le rodea, tiene testigos que le dicen que vivimos en un universo moral-perona1 y que hay un Creador. El hecho de que el hombre no redimdo tenga una conciencia que le condena, está relacionado con el de que sigue siendo un ser moral. El hecho de que debiera ser capaz de pensar y saber, a causa de la creación que le rodea, que hay un Dios, está relacionado con el de que sigue siendo un ser racional. Que tenga todavía una conciencia, que siga amando, que siga anhelando y buscando la belleza, le condena, porque estas cosas le indican y deberían llevarle en una dirección exactamente opuesta a la que constituye la conclusión lógica de toda creencia no cristiana. La conclusión lógica de todas ellas es que el universo es impersonal y amoral.
III. — Que el hombre sea todavía un ser moral y racional y, por lo tanto, no una máquina, establece una situación en que puede oir el Evangelio, y empezar a reflexionar.

 

Pero en la caída, el hombre murió. La fuerza del existencialismo secular consiste en que reconoce y afirma que el hombre está muerto. Los existencialistas están de acuerdo con la Biblia en este básico punto. Sin embargo, ésta nos dice por qué se halla el hombre en esa condición, y nos da el remedio para la misma. El hombre fue creado con el propósito de que amase a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente, y habiéndose rebelado, es culpable, y está muerto y sin propósito. Después de la caída histórica en el Edén, la culpabilidad del hombre le separa totalmente de Dios, y todas las relaciones secundarias están pervertidas —las relaciones del hombre consigo mismo, con los demás, y con la creación—. La noción bíblica es absolutamente diferente de la opinión de que existe una línea ininterrumpida, a través de la caída, desde la creación hasta la salvación. El hombre, en su rebelión contra Dios, ha destruido el propósito primario para el que fue creado, y por lo tanto, todas las cosas están pervertidas. De acuerdo con la noción bíblica, el hombre deviene en la salvación, sobre la base de la obra consumada de Cristo, una nueva criatura en Él, y, aunque no de modo perfecto en esta vida, pero real sin embargo, todas las relaciones secundarias ocupan así su lugar propio. En otras palabras: según la mente de la Escritura, un humanismo irregenerado no alcanza a ser humano y conducirá a lo infrahumano en todos los aspectos de la vida, incluyendo un consenso para la moral, el derecho o el punto de vista social. Así pues, edificar sobre el concepto católico-romano de ley natural, o sobre cualquier otro concepto humanista irregenerado, es construir sobre lo que conducirá a algo que está por debajo de la verdadera humanidad, y que reduce progresivamente al hombre a la condición de máquina o animal.

O, para decirlo de otro modo: siendo la Iglesia Católica Romana básicamente humanista, debe tratar siempre con lo relativo, es decir, es lo opuesto al guardián de lo Absoluto, sea en el entendimiento, sea en la moral. En la noción bíblica, todos los elementos humanistas están eliminados. En la del catolicismo romano, todos los elementos humanistas básicos están presentes.

El hombre vive hoy en un vacío total, busca desesperadamente una base, y el catolicismo romano le está recomendando que acepte como tal su concepto de ley natural. Éste posee un atractivo especial para los intelectuales, pero cuando es examinado, se ve que no es una base absoluta en ninguna manera, y que en realidad está relacionado con todas las demás formas de humanismo que nos asedian. Existe el humanismo protestante liberal, el comón norteamericano, y el más reciente, el socialista, elaborado por el polaco Adam Schaff. Este óltimo es la nueva variedad comunista de humanismo. El humanismo católico-romano es sólo una parte de este cuadro, y no provee solución alguna —todas estas voces juntas se hallan en el ámbito de un retorno del mundo humanista gentil a lo que existía antes de Jesucristo, pero tanto más grave cuanto que sus componentes son universales. Existe poca posibilidad de revolución, y no hay lugar a donde ir.
La segunda conclusión
La segunda conclusión es, por consiguiente, que el catolicismo romano no difiere básicamente, en cuanto al consenso de ley natural que está ofreciendo al hombre en su dilema, de las otras formas humanistas —al igual que su teología tampoco difiere en lo básico de las demás concepciones humanistas, siendo la base de todo eso el hecho de que el catolicismo romano adora a un Dios imperfecto—. Aceptar el concepto católico-romano de ley natural es vivir sin base absoluta, y eso puede acarrear tan sólo como resultado que la arbitraria voz de la iglesia venga a ser la norma, como ocurrió antes de la Reforma. Trasladarse del vacío del pensamiento general de nuestro siglo al pensamiento católico-romano, en cuanto con cierne al gobierno, el derecho, la sociedad, etc., es, finalmente, pasar sólo del vacío a otro vacío, siendo la norma la arbitraria y totalitaria voz de la iglesia.

La Iglesia primitiva y la Reforma, como hemos visto, descansaban sobre dos columnas no humanistas, y en la Reforma
—cuando un número suficiente de hombres creía estas cosas—, ellas proveían una base absoluta para la sociedad, el gobierno, el derecho, etc. Pero ahora que el mundo occidental post- cristiano no cree ya estas cosas, no existe una base, y el camino que se sigue conduce al caos, o al totalitarismo en cualquiera de sus manifestaciones. Es decir, se sigue ese camino, a menos que Jesucristo vuelva, o que de nuevo haya un número suficiente de hombres que crean y actúen en y sobre las dos columnas no humanistas tantas veces mencionadas, y detengan esa marcha.

La tercera conclusión
La tercera conclusi6n es que los verdaderos evangélicos debemos permanecer sobre la base de las dos columnas no humanistas sin vacilar, aunque ello signifique permanecer solos. De otro modo, no constituiremos una, ayuda real en la salvación de almas, y no seremos útiles en la oscuridad mental del siglo XX, cuando el hombre deviene progresivamente menos humano, tanto en la vida privada como en la pública, a ambos lados del Telón de Acero. El cristianismo tiene algo que decir en el siglo XX en lo que concierne al derecho, el gobierno, la vida social, las artes, etc.; pero no puede decirlo si compromete las dos columnas no humanistas. Todo eso significa permanecer tan claramente apartado del llamamiento católico romano hacia la ley natural, o del llamamiento de las conclusiones sociológicas neortodoxas en las personas de Brunner, Niebuhr, etc., como del humanismo socialista del comunista polaco Adam Schaff, o del humanismo popular norteamericano. Esto no puede hacerse en la carne, sino que debe ser hecho en el poder del Espíritu Santo, tomando acrecentada fuerza en el Señor conforme nuestro complejo religioso-cultural deviene cada vez menos cristiano. En breves palabras, conforme viene a ser cada vez más como el que circundaba a la Iglesia primitiva. Pero cualquier cosa que sea menos que lo indicado, será finalmente la negación de nuestra herencia de las dos exclusivas columnas no humanistas, y nos hará ineficaces para ayudar tanto a las personas individualmente como a la sociedad.

 

 

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TEORÍAS ACERCA DE LA CREACIÓN

TEORÍAS ACERCA DE LA CREACIÓN

¿Qué dicen las Escrituras y qué dicen los científicos modernos acerca de la antigüedad de la tierra? Los geólogos, arqueólogos y demás científicos sacan sus conclusiones calculando el tiempo requerido para la carbonificación de la corteza terrestre, la acumulación de sal en el océano y la formación de rocas sedimentarias. Los científicos cristianos en busca de una explicación han formulado varias teorías reinterpretando el relato bíblico en términos científicos que no lo violenten. Consideremos algunas:

1. Teoría del vacío o del arruinamiento y recreación: Según esta teoría, hubo una creación perfecta en el pasado distante (Gen. 1:1) seguida de una gran catástrofe ocurrida entre Génesis 1:1 y 1:2 la cual dejó a la tierra desolada y en caos (Jer. 4:23-26; Isa. 24:1 y 45:18). La ruina de la tierra fue el resultado del juicio divino al caer Satanás y sus ángeles (Ez. 28:12-15; Isa. 14:9-14; 2 Ped. 2:4 y Jud. 6). La frase “la tierra estaba desordenada y vacía” (Génesis 1:2) podría traducirse “llegó a ser algo caótico y vacío”. El caos mencionado en 1:2 terminaría con un vasto período de tiempo en el cual ocurrieron los hechos prehistóricos. Después de este cataclismo, la tierra fue re-creada en seis días literales.

Esta teoría daría cuenta de la antigüedad de la tierra y permitiría la interpretación literal de los seis días de la creación. Sin embargo, se enfrenta con serias dificultades: ¿Enseña realmente la Biblia que la caída de Satanás provocó una catástrofe universal? ¿Tienen algo que ver las descripciones en Jeremías 4:23-26 e Isaías 24:1 con la época pre-adánica? Parece que estas profecías se refieren a un futuro posterior al momento de la profecía. Jeremías se refirió a la invasión babilónica e Isaías al juicio final de las naciones. Consideremos la frase de Isaías 45:18b, respecto de la tierra: “no la creó caótica, sino para ser habitada la plasmó” (Biblia de Jerusalén). ¿Se refiere al caos resultante de una catástrofe, o más bien a una etapa en el proceso de la creación primitiva? Sería extraño que el relato bíblico dedicara sólo un versículo a la creación y dos capítulos a la re-creación. Además las referencias en el resto de la Biblia parecen aceptar que los seis días creativos se refieren a la creación original. Así que, esta teoría puede considerarse altamente especulativa, y carente de sólidas evidencias bíblicas.

2. Teoría de la creación progresiva: Algunos consideran el primer capítulo de Génesis como “una descripción poética de los pasos sucesivos de la creación”. Los días de la creación representarían eras de tiempo indefinido o sea épocas geológicas, en las cuales Dios paulatina y progresivamente llevó a cabo su actividad creadora. “La mañana” y “la tarde” se refieren al comienzo y fin de cada período. Los días de creación nos proporcionan “cuadros majestuosos vertidos en el conocido molde bíblico del número siete”.1 Señalan que el mismo término “día” se usa en Génesis 2:4 para resumir el período completo de la creación.

Se arguye que es lógico que Dios haya empleado una forma poética para describir el proceso de la creación, pues su revelación se acomoda al entendimiento del hombre. Los hombres del Antiguo Testamento no habrían comprendido una descripción literal. Los que aceptan esta teoría opinan que no existe problema alguno en creer que los días de la creación representan vastos períodos de tiempo puesto que Dios es eterno y “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día” (2 Ped. 3:8). También esta teoría puede armonizar bien con muchas de las teorías corrientes de ciertos científicos, aun contemplando la idea de que podrían haber sido desarrolladas las distintas formas de los animales dentro de los géneros creados por Dios.

Se perfila una discrepancia entre esta teoría y el relato bíblico en cuanto al día de la creación de las lumbreras. ¿Creó Dios en el principio (Gen. 1:1) todo el universo, incluso el sol, la luna y las estrellas, o fueron creadas las lumbreras en el cuarto día? (Ver Génesis 1:14-19). Y si fueron creadas en el cuarto día, ¿cómo se explica la existencia de luz desde el principio de la creación? Los que creen que los días de creación fueron períodos de veinticuatro horas dicen que era luz cósmica, o sea luz creada por Dios aparte de las lumbreras. Debe de haber existido como energía. Sin embargo, encuentran dificultad en explicar cómo comenzó el ritmo del día y de la noche (Gen. 1:5), el cual en su forma actual resulta del girar de la tierra sobre su eje y de la posición del sol. Algunos estudiosos han supuesto que Dios habría creado un foco de luz ubicado cerca de la tierra, que sirviera provisionalmente hasta la creación del sol el cuarto día.

En contraposición a la explicación de un foco provisorio de luz, los que aceptan la teoría progresiva de la creación creen que la descripción de la creación en el primer capítulo del Génesis se presenta desde el punto de vista de una persona sobre la tierra. Los cuerpos celestes fueron creados el primer día (el primer período de la creación) pero no eran visibles hasta la cuarta época geológica. Así esta teoría interpreta poéticamente Génesis 1:14-19 como refiriéndose a la aparición de las lumbreras a la vista de un ser terrestre.*

Los que se oponen a esta teoría consideran que al interpretar poéticamente el relato bíblico de la creación se está tratando de conciliar la enseñanza clara del Génesis con las ideas erróneas de algunos científicos. Temen que estos científicos cristianos estén inclinados (tal vez inconscientemente) a atribuir una vasta antigüedad a la tierra para poder admitir la teoría de la evolución. Alegan que las teorías científicas tienden a tener una breve idea y se reemplazan a menudo por otras ideas contradictorias. Confían en que tarde o temprano la interpretación literal de Génesis 1 será verificada por los descubrimientos científicos.

Según la teoría progresiva de la creación, Dios creó toda la materia “en el principio” (1:1). Explican los siguientes pasos bíblicos por lo que enseña la ciencia. Al principio la tierra debe haber sido “una desolada masa agitada y cubierta de agua hirviente” por el calor intenso de la acción creadora. Las densas capas de nieblas y gases emanados dejaban a la tierra en absoluta oscuridad. El primer día (época geológica), la corteza terrestre se habría enfriado algo y las capas de gas habían disminuido lo suficiente como para permitir el paso de la luz solar. De modo que se podían distinguir el día de la noche aunque los cuerpos celestes aún no eran visibles (el relato está hecho desde el punto de vista de una persona sobre la tierra). Al segundo día Dios levantó el denso manto de niebla que cubría las aguas creando una atmósfera entre ellos.

El tercer día hizo que las grandes marejadas de agua que cubrían la tierra formaran un núcleo despejándose así los continentes. Esto implicaría el hundimiento de algunas partes de la superficie terrestre y la elevación de otras. Luego, cuando ya hubo tierra seca, Dios le ordenó que produjera toda clase de vegetación. El manto de nubes le debe de haber dado un efecto de invernadero, y el calor que reinaba produciría un clima tropical en todas partes. Las plantas crecerían abundantemente, se producirían los yacimientos carboníferos a través de muchos surgimientos y resurgimientos alternativos. La tierra se habría enfriado paulatinamente, hasta que se rasgó el manto de nubes en el cuarto día y apareció el sol.

3. Teoría de la catástrofe universal causada por el diluvio:
Los que aceptan esta teoría interpretan literalmente los días de la creación, pero explican que los grandes cambios geológicos, la estratificación de las rocas y los yacimientos de carbón y de petróleo se pueden atribuir al cataclismo universal del diluvio. Rechazar la teoría de “uniformismo”, que considera la formación de rocas sedimentarias como resultado de un proceso uniforme y extremadamente lento de depósito de minerales. Según esta teoría, serían necesarios mil años para acumular 30.5 cm. de roca estratificada. Así estos científicos midiendo la roca sedimentaria llegan a la conclusión de que la tierra tiene millones de años.

En cambio, los que atribuyen el depósito de minerales al cataclismo del diluvio, presentan algunos argumentos que son dignos de considerar. Señalan que se han encontrado fósiles animales intactos en las estratificaciones de las rocas y aun troncos de árboles de tres metros de altura en pie en yacimientos de carbón.2 Este fenómeno indica que en esos casos, por lo menos, la roca estratificada y los yacimientos de carbón no se formaron paulatinamente, sino de la noche a la mañana; de otro modo, los animales y los árboles se hubieran deshecho pudriéndose. ¿Cómo se puede explicar este fenómeno? Parece que hubo un cataclismo que los sepultó, depositando minerales en el caso de la roca y residuos de vegetación en el caso de los yacimientos de carbón. ¿No podría ser la consecuencia del diluvio que describe la Biblia?

En Siberia, al norte de Rusia, se han encontrado mamuts en perfecta preservación congelados en el hielo. Murieron tan repentinamente que algunos aún tenían pasto en la boca. ¿Cómo se pueden explicar estos hechos? Los científicos piensan que tal vez hubo un cambio de clima tan drástico y repentino que hizo que los mamuts murieran de frío y se congelaran casi instantáneamente. Luego sus cuerpos fueron cubiertos de hielo y preservados hasta hoy.

Es posible que Dios efectuara el cataclismo del diluvio en parte alterando la posición del eje de la tierra. Así habría habido abruptos cambios de clima en ciertas áreas; se habrían producido enormes marejadas que depositarían masas de vegetación en ciertos lugares para formar los yacimientos de carbón y petróleo y se habrían formado también, con depósitos de sedimentos, las rocas sedimentarias. A la vez, los terremotos producirían grandes cambios en la corteza de la tierra.

Es interesante notar que algunos científicos y pensadores modernos tienden a abandonar el principio de uniformismo y creer que hubo una catástrofe universal que produjo repentin mente muchos de los cambios geológicos. Si ellos tienen razón se esfumará el problema de armonizar el relato bíblico con que parece ser la gran antigüedad del globo terráqueo.
CITAS
1. Henry Halley, Compendio manual de la Biblia, s. f., p. 58.
2. Stuart E.  Nevins,  “Stratigraphic  evidence  of  the  flood”  cxn symposium on creation.  III,  Donald W.  Patten   (editor),  19 pp. 36-46.

Fuente:

Pablo Hoff,El Pentateuco, pp.267-271,Apendice II, edit. Vida,15ª impresion, Deerfield, Florida 33442-8134

Centro de Verificación de Milagros – Comunicado

Centro de Verificación de Milagros

Comunicado

Pablo Santomauro

El Centro de Verificación de Milagros es una organización cristiana interdenominacional cuya misión es lograr que los gobiernos de las  naciones promulguen leyes concernientes a los “maestros, predicadores, profetas, apóstoles, o pastores” del Movimiento de Fe, Palabra de Fe, Confesión Positiva, Pare de Sufrir, Evangelio de la Sanidad y Prosperidad, y otras versiones dentro del movimiento evangélico carismático.

Es esencial que se exija transparencia, seriedad y responsabilidad a estos fabricantes de milagros. El procedimiento que garantice tal exigencia es muy sencillo. En lo que tiene que ver con transparencia, todos los que deseen obtener una sanidad milagrosa de alguna deformidad física o discapacidad, o de una enfermedad grave, deben presentar por adelantado un informe médico de un doctor propiamente acreditado que confirme que en realidad son ciegos, sordos, mudos, paralíticos, deformados, o que sufren cualquier otra anormalidad, o padecen enfermedades tales como cáncer, lupus, cirrosis, diabetes, etc.

El segundo requisito consiste en que la persona afligida especifique claramente y por escrito a cuál evangelista, sanador o caza-demonio visitará a los efectos de procurar un milagro, junto con la fecha, el lugar y cuál cruzada de sanidad planea visitar. Si la persona piensa poner sus manos en la pantalla del televisor, tal como algunos sanadores del movimiento sugieren al televidente, los requirimientos de la fecha, el canal y el programa que estarán mirando son imperativos. Lo mismo aplicaría para la persona que compra artefactos o amuletos como las piedras de la tumba de Jesús, el agua del Jordán, el aceite sagrado, paños ungidos, etc.

En cuanto a rendir cuentas, si alguna de estas personas llega a ser milagrosamente sanada, debe consecuentemente presentarse para pruebas y exámenes médicos (el equivalente moderno al “Vé y muéstrate a los sacerdotes” de la Biblia), y obtener pruebas médico-científica sólidas de que realmente ha ocurrido un milagro.

Todos aquellos predicadores que no pasan las pruebas anteriormente mencionadas serán autorizados a continuar predicando el evangelio si así lo desean, pero se les prohibirá terminantemente anunciar públicamente sus cruzadas de milagros. En caso de que deseen continuar en sus intentos de hacer milagros, podrán hacerlo sólo en forma privada.

En materia de bendiciones económicas el procedimiento debe ser similar. Muchos predicadores en los medios de comunicación prometen prosperidad económica a los oyentes que les envíen dinero. Estos pedidos se hacen bajo diferentes nombres: “semilla de fe” (plante una), “pacto con Dios” (haga un), “multiplique por cien” (dénos diez y Dios le dará mil), etc. Un plazo debe ser dado para ver si Dios multiplica la ofrenda, digamos tres meses. Si al cabo del plazo la promesa no se ha cumplido, el ofrendante tendría el derecho legal a que se le devuelva la suma ofrendada más una multa sustancial.

Finalmente, siguiendo las normas correspondientes con la ley de legitimidad de anuncios comerciales, la cual permite a los consumidores enjuiciar a los comerciantes si los productos que anuncian no dan los resultados prometidos, las personas que no reciban el milagro tendrán derecho a promover una demanda legal contra los predicadores y recibir una indemnización monetaria.

Con este tipo de legislación en efecto, estos predicadores o evangelistas pensarán dos veces antes de anunciar por radio o televisión su clásico “Venga y reciba un milagro de parte de Dios”, una broma cruel que se le juega a los miembros más débiles y vulnerables de nuestras sociedades.

De esta forma podremos asegurarnos de que estos espectáculos circenses del movimiento de fe y el movimiento carismático en general, desaparecerán y dejarán de traer vergüenza sobre el cristianismo.

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Nota:

Lo que usted acaba de leer es solamente una parodia. El Centro de Verificación de Milagros es una organización ficticia.

La creación y el cansancio de Dios

La creación y el cansancio de Dios

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La Creación y el cansancio de Dios