Nueva cinta Avatar plantea ecologismo como religión

Nueva cinta Avatar plantea ecologismo como religión

Posted: 07 Jan 2010 06:15 PM PST

La verdad, no importa de quien venga…

ACI Prensa presenta una crítica de la nueva cinta Avatar dirigida por James Cameron, en la que se señala que esta película plantea el ecologismo como religión y establece, al mismo tiempo, que quien no vive el radicalismo New Age de creer en la “madre tierra” es necesariamente “malo”.

La crítica plantea que “la separación entre buenos y malos es tan grotesca, que en nada se diferencia al mundo de héroes y villanos de los cartones animados para niños de la Warner, esos del Correcaminos y el Coyote Waly que concluían con el proverbial ‘eso es todo amigos’”.

“Los héroes de Avatar, los Na’vi, son, en efecto, tan ‘buenos’ como ‘malos’ son los explotadores humanos: creen en la ‘madre tierra’, piden permiso y luego disculpas a cada animal que cazan para subsistir y viven en total, perfecta e idílica conexión con la naturaleza”, prosigue el texto.

Seguidamente se describe que “los ritos fúnebres de los Na’vi son escenas calcadas de los festivales hippies de la década de los 70: sentados en posición ‘yogui’, entrelazan las manos en alto en círculos concéntricos, mientras cierran los ojos, contonean sus torsos y cantan mantras a la ‘madre tierra’”.

La película plantea, explica la crítica, una redención que solo se logra vaciándose de “todo lo humano y ‘comenzar de nuevo’ por el camino de unos pocos iniciados. Pero ¿Cuál camino? El del gnosticismo ecologista versión siglo XXI; es decir, el que niega que, como sostiene el cristianismo, que la salvación es para todos y está al alcance de todos”.

El texto augura luego que Avatar ganará más de un Oscar porque “sin duda, la película no puede ser cinematográficamente más espectacular. Pero principalmente, porque representa el dogma oficial de Hollywood de la religión sin Dios y sin compromisos morales personales. Y Hollywood ensalza a sus ‘santos’ con el mismo fanatismo con el que quema a sus ‘herejes’. Eres el Correcaminos o eres el Coyote Waly. Avatar ha venido a confirmar esa regla”

http://radiocristiandad.wordpress.com/2010/01/07/nueva-cinta-avatar-plantea-ecologismo-como-religion/

Australia comienza a hundirse

CONSTRUCCIÓN E INMOBILIARIA

Australia comienza a hundirse

14/12/2009 | Sonia Ulliana | Global Post para lainformacion.com

En Australia, el 80% de la población vive en zonas costeras que podrían ser engullidas por el mar durante este siglo y miles de ciudadanos perderían sus casas, si no se toman las medidas políticas y económicas necesarias. Así lo ha anunciado un informe oficial del Departamento de Cambio Climático Australiano, pero la solución no es fácil.
Las olas rompen por encima de las rocas del puerto de Sidney

Las olas rompen por encima de las rocas del puerto de Sidney
(Gold Coast, Australia). Las predicciones son nefastas. En los próximos 50 años las ciudades costeras de Australia comenzarán a desaparecer bajo el mar si sus políticos no empiezan a aportar dinero para combatir el aumento del nivel de los océanos.

Además, hacia finales de siglo, unas 250.000 casas, entre ellas algunas de las más exclusivas del país, se habrán devaluado millones de dólares debido al riesgo de inundaciones. Como solución, los propietarios podrían acabar vendiendo sus bienes inmuebles al gobierno a precios rebajados y firmar contratos de leasing mientras buscan alternativas para trasladarse a zonas más seguras.

Australia necesita una solución urgente

Un crudo informe del Departamento de Cambio Climático australiano predice que en los próximos 100 años el nivel del mar aumentará en su costa en torno a 1,1 metros. El estudio pone de relieve los graves peligros asociados al cambio climático. Cerca del 80 por ciento de la población de Australia vive cerca de la costa, y cada vez más gente se traslada a vivir cerca del mar precisamente debido al aumento de las temperaturas que está provocando el calentamiento global, haciendo así más atractiva aún la vida cerca de la playa.

Tras la visita del presidente de EE UU Barack Obama a China y el acuerdo inicial alcanzado entre ambos países para cooperar en el cambio climático, y después de lo visto y oído en la crucial Cumbre de Copenhague… ¿están los australianos tomándose en serio el calentamiento del planeta?

El gobierno laborista de Australia, encabezado por su primer ministro Kevin Rudd, apuesta por una reducción de las emisiones de carbono en un 40 por ciento para 2100. Su ministra de Cambio Climático, Penny Wong, ha negado las acusaciones de que esté orquestando una campaña de miedo para presionar a la oposición a alcanzar un acuerdo sobre las emisiones.

Aparte de la destrucción de preciosas zonas del litoral y de la repercusión en el sector turístico, el aumento del nivel del mar y las marejadas ciclónicas tendrán un enorme impacto en la infraestructura del comercio, transporte y la industria. Prevenir esos cambios requiere ingentes inversiones de capital. Los ciclones tropicales y las tormentas también se espera que aumenten, lo que provocaría aún más daños y gastos.

Geoff Withycombe, de Sydney Coastal Councils, un organismo que representa a 15 gobiernos locales, asegura que los propietarios tienen que aceptar que ninguna inversión inmobiliaria está garantizada, y que el valor multimillonario de algunas propiedades en primera línea de playa no se sostendrá en el futuro. Según él, algunas pequeñas ciudades costeras tendrán que quedar inevitablemente a merced del mar. “En un clima cambiante, nada es seguro. El problema con un montón de propiedades privadas y públicas en este momento es que su valor no refleja el riesgo en términos de cambio climático”.

“Necesitamos hacer una evaluación profunda de los peligros y riesgos relacionados con el aumento del nivel de los océanos y planteárselos a las partes interesadas”, añade Withycombe. “Usemos la zona costera mientras podamos. No podemos esterilizar la tierra. En un país como Australia, no podemos permitirnos indemnizar a todo el mundo. Además, tenemos 60.000 kilómetros de litoral, así que no podemos levantar muros alrededor de todo el país”.

¿Cuál es la solución?

Las recomendaciones del informe no sirven de mucho alivio a los propietarios de las casas, que se han gastado millones de dólares para comprar bienes al lado de la playa. Podrán esperar, como mucho, pequeñas compensaciones por sus pérdidas.

La protección de la propiedad privada sólo se estudiará como una opción a largo plazo y como parte de un plan de gestión integral. El informe sugiere que los propietarios particulares “se retiren hacia atrás, se trasladen de lugar o abandonen” los bienes inmuebles que están en zonas de alto riesgo.

Por su parte, los habitantes de Norfolk, en la costa oriental del Reino Unido, también están empezando a sentir el abandono de las autoridades locales y nacionales en algunas zonas del litoral, cuya protección ha sido considerada demasiado costosa. Más de 15 millones de personas viven cerca de la costa británica. No obstante, la agencia medioambiental del Reino Unido ya ha dicho que la zona conocida como Norfolk Broads será probablemente abandonada a merced del mar.

La pregunta que se hacen los residentes de las pequeñas comunidades costeras es: ¿por qué se están gastando millones en proteger las grandes ciudades y sin embargo las medidas en localidades pequeñas, muchas de las cuales provén servicios y bienes a las urbes, son tachadas de demasiado costosas?

Cambios en el mercado inmobiliario

El informe del gobierno australiano recomienda una revisión total de los códigos de edificación y de planificación del desarrollo. Esto significa que en el futuro los promotores inmobiliarios y urbanísticos tendrán que tener en cuenta los riesgos vinculados al cambio climático, incluyendo el incremento del nivel del mar y las tormentas más intensas, para que sus planes sean aprobados.

Las autoridades han anunciado que van a realizar nuevas investigaciones para reducir la incertidumbre sobre los riesgos del aumento del nivel del mar en el litoral. El informe también destaca el enorme impacto que tendrá el aumento de los océanos sobre los ecosistemas naturales, especialmente en los estuarios, arrecifes de coral y playas.

Los ayuntamientos de la zona de Sidney ya están estudiando la posibilidad de drenar arena en zonas de alta mar para trasladarla a playas que han sufrido erosión y así contentar a ciudadanos locales y turistas.

Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de Australia y Nueva Zelanda, las previsiones para después de 2100 son igual de sombrías. Incluso si se estabilizan los gases invernaderos, las predicciones indican que el nivel del mar va a continuar subiendo durante cientos de años debido a un lento pero continuo calentamiento de las profundidades de los océanos. Las capas de hielo continuarán reaccionando al cambio climático durante varios miles de años, aunque el clima se estabilice.

http://noticias.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/construccion-e-inmobiliaria/australia-comienza-a-hundirse_eqJoxzuusHNT9jxts4i0v5/

La ciencia y la política del cambio climático

La ciencia y la política del cambio climático

Fuente: The Wall Street Journal
Fecha: 7 Diciembre 2009

La polémica creada por la revelación de e-mails entre estudiosos del clima en la Universidad de East Anglia, motiva la reflexión de Mike Hulme, otro experto que trabajó en ese centro, sobre la ciencia y la política en el cambio climático (The Wall Street Journal, 2-12-2009).

Hulme advierte que la pretensión de que la ciencia diga “lo que hay que hacer” ante el cambio climático lleva a que se deteriore su objetividad científica y a convertirla en campo de batallas políticas e ideológicas.

El problema es que “esperamos demasiada certeza, y por tanto claridad, sobre lo que debe hacerse. En consecuencia, no sabemos comprometernos en un debate sincero y argumentativo sobre nuestros distintos valores éticos y visiones políticas”.

Hay que tener en cuenta, dice Hulme, que la ciencia “nunca escribe libros de texto cerrados. No nos ofrece una Sagrada escritura, infalible y completa. Esto es especialmente cierto en el caso de la ciencia del clima, un complejo sistema a enorme escala, influido a cada momento por las contingencias humanas. Sí, la ciencia ha claramente revelado que los seres humanos estamos influyendo en el clima del mundo y que seguiremos haciéndolo. Pero no sabemos toda la escala de los riesgos planteados, ni con qué rapidez evolucionarán, ni de hecho –con una clara comprensión– la influencia relativa de los distintos factores que están implicados a diferentes escalas”.

“Del mismo modo, también atribuimos demasiada autoridad científica a los análisis económicos sobre el cambio climático. Y, efectivamente, hay toda una cascada de costes según se mitigue, se adapte o se ignore el cambio climático, pero muchos de estos costes están muy influidos por los juicios éticos sobre cómo valoramos las cosas, ahora y en el futuro. Y la ciencia no puede prescribir estos juicios”.

El debate, pues, tiene que ver con asuntos sobre “la gestión del riesgo, la valoración y la ideología política”. “Es una ilusión esperar que la ciencia disipe la niebla de la incertidumbre, de modo que finalmente se aclare exactamente lo que nos reserva el futuro y cuál es la influencia humana en él”.

Si el climategate lleva a una mayor trasparencia y a menos sectarismo en la ciencia del clima, habrá sido positivo, concluye Hulme. La ciencia “no es el campo en el que importamos nuestras legítimas discrepancias, sino un poderoso medio para saber cómo funciona el mundo y las posibles consecuencias de nuestras distintas políticas”. En cambio, los debates sobre las convicciones políticas y éticas deben desarrollarse en los espacios públicos que las democracias han dispuesto para este fin.

http://www.aceprensa.com/articulos/2009/dec/07/la-ciencia-y-la-politica-del-cambio-climatico/

SI QUIERES PROMOVER LA PAZ, PROTEGE LA CREACIÓN

Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2010
Viernes 1 de enero de 2010

Benedicto XVI advierte peligro de “panteísmo neopagano” que pone a la naturaleza por encima del hombre

VATICANO, 15 Dic. 09 (ACI).-En su mensaje para la 43° Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el próximo 1 de enero de 2010, titulado “Si quieres promover la paz, protege la creación”, el Papa Benedicto XVI explicó que “una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma”.

En el texto presentado esta mañana en conferencia de prensa en la Sala Stampa de la Santa Sede, el Santo Padre explica que “el Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la ‘dignidad’ de todos los seres vivientes”.

“Se abre así paso –prosigue el mensaje– a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la ‘gramática’ que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar”.

“En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana”, explica el Santo Padre.

Luego de recordar que la Iglesia tiene “una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo”, el Papa resalta que “la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que ‘cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia'”.

“No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social”, añade.

Benedicto XVI asegura luego que “los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica ‘ecología humana’ y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad”.

“Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación”, agrega.

Recordando el título del mensaje: “Si quieres promover la paz, protege la creación”, el Pontífice destaca que “la búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación”.

Ante esta tarea, prosigue, “los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios ‘todos los seres: los del cielo y los de la tierra’. Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados ‘un cielo nuevo y una tierra nueva’, en los que habitarán por siempre la justicia y la paz”.

Por ello, dice el Papa, “proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí”.

Finalmente Benedicto XVI invita a “todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación”.

SI QUIERES PROMOVER LA PAZ, PROTEGE LA CREACIÓN

1. Con ocasión del comienzo del Año Nuevo, quisiera dirigir mis más fervientes deseos de paz a todas las comunidades cristianas, a los responsables de las Naciones, a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. El tema que he elegido para esta XLIII Jornada Mundial de la Paz es: Si quieres promover la paz, protege la creación. El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que «la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios»,[i] y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. En efecto, aunque es cierto que, a causa de la crueldad del hombre con el hombre, hay muchas amenazas a la paz y al auténtico desarrollo humano integral – guerras, conflictos internacionales y regionales, atentados terroristas y violaciones de los derechos humanos–, no son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado. Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce «esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos».[ii]

2. En la Encíclica Caritas in veritate he subrayado que el desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que se derivan de la relación del hombre con el entorno natural, considerado como un don de Dios para todos, cuyo uso comporta una responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras. He señalado, además, que cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad.[iii] En cambio, valorar la creación como un don de Dios a la humanidad nos ayuda a comprender la vocación y el valor del hombre. En efecto, podemos proclamar llenos de asombro con el Salmista: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?» (Sal 8,4-5). Contemplar la belleza de la creación es un estímulo para reconocer el amor del Creador, ese amor que «mueve el sol y las demás estrellas».[iv]

3. Hace veinte años, al dedicar el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz al tema Paz con Dios creador, paz con toda la creación, el Papa Juan Pablo II llamó la atención sobre la relación que nosotros, como criaturas de Dios, tenemos con el universo que nos circunda. «En nuestros días aumenta cada vez más la convicción –escribía– de que la paz mundial está amenazada, también […] por la falta del debido respeto a la naturaleza», añadiendo que la conciencia ecológica «no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas».[v] También otros Predecesores míos habían hecho referencia anteriormente a la relación entre el hombre y el medio ambiente. Pablo VI, por ejemplo, con ocasión del octogésimo aniversario de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, en 1971, señaló que «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación». Y añadió también que, en este caso, «no sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia humana toda entera».[vi]

4. Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad».[vii] Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven –y con frecuencia también sus bienes– a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.

5. No obstante, se ha de tener en cuenta que no se puede valorar la crisis ecológica separándola de las cuestiones ligadas a ella, ya que está estrechamente vinculada al concepto mismo de desarrollo y a la visión del hombre y su relación con sus semejantes y la creación. Por tanto, resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.[viii] La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando –ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social– son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso, apoyándose con confianza y valentía en las experiencias positivas que ya se han realizado y rechazando con decisión las negativas. Sólo de este modo la crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones.

6. ¿Acaso no es cierto que en el origen de lo que, en sentido cósmico, llamamos «naturaleza», hay «un designio de amor y de verdad»? El mundo «no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar […]. Procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad».[ix] El Libro del Génesis nos remite en sus primeras páginas al proyecto sapiente del cosmos, fruto del pensamiento de Dios, en cuya cima se sitúan el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza del Creador para «llenar la tierra» y «dominarla» como «administradores» de Dios mismo (cf. Gn 1,28). La armonía entre el Creador, la humanidad y la creación que describe la Sagrada Escritura, se ha roto por el pecado de Adán y Eva, del hombre y la mujer, que pretendieron ponerse en el lugar de Dios, negándose a reconocerse criaturas suyas. La consecuencia es que se ha distorsionado también el encargo de «dominar» la tierra, de «cultivarla y guardarla», y así surgió un conflicto entre ellos y el resto de la creación (cf. Gn 3,17-19). El ser humano se ha dejado dominar por el egoísmo, perdiendo el sentido del mandato de Dios, y en su relación con la creación se ha comportado como explotador, queriendo ejercer sobre ella un dominio absoluto. Pero el verdadero sentido del mandato original de Dios, perfectamente claro en el Libro del Génesis, no consistía en una simple concesión de autoridad, sino más bien en una llamada a la responsabilidad. Por lo demás, la sabiduría de los antiguos reconocía que la naturaleza no está a nuestra disposición como si fuera un «montón de desechos esparcidos al azar»,[x] mientras que la Revelación bíblica nos ha hecho comprender que la naturaleza es un don del Creador, el cual ha inscrito en ella su orden intrínseco para que el hombre pueda descubrir en él las orientaciones necesarias para «cultivarla y guardarla» (cf. Gn 2,15).[xi] Todo lo que existe pertenece a Dios, que lo ha confiado a los hombres, pero no para que dispongan arbitrariamente de ello. Por el contrario, cuando el hombre, en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios, lo suplanta, termina provocando la rebelión de la naturaleza, «más bien tiranizada que gobernada por él».[xii] Así, pues, el hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola.[xiii]

7. Se ha de constatar por desgracia que numerosas personas, en muchos países y regiones del planeta, sufren crecientes dificultades a causa de la negligencia o el rechazo por parte de tantos a ejercer un gobierno responsable respecto al medio ambiente. El Concilio Ecuménico Vaticano II ha recordado que «Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos».[xiv] Por tanto, la herencia de la creación pertenece a la humanidad entera. En cambio, el ritmo actual de explotación pone en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras.[xv] Así, pues, se puede comprobar fácilmente que el deterioro ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes, que se transforman lamentablemente en una seria amenaza para la creación. Para contrarrestar este fenómeno, teniendo en cuenta que «toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral»,[xvi] es también necesario que la actividad económica respete más el medio ambiente. Cuando se utilizan los recursos naturales, hay que preocuparse de su salvaguardia, previendo también sus costes –en términos ambientales y sociales–, que han de ser considerados como un capítulo esencial del costo de la misma actividad económica. Compete a la comunidad internacional y a los gobiernos nacionales dar las indicaciones oportunas para contrarrestar de manera eficaz una utilización del medio ambiente que lo perjudique. Para proteger el ambiente, para tutelar los recursos y el clima, es preciso, por un lado, actuar respetando unas normas bien definidas incluso desde el punto de vista jurídico y económico y, por otro, tener en cuenta la solidaridad debida a quienes habitan las regiones más pobres de la tierra y a las futuras generaciones.

8. En efecto, parece urgente lograr una leal solidaridad intergeneracional. Los costes que se derivan de la utilización de los recursos ambientales comunes no pueden dejarse a cargo de las generaciones futuras: «Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y beneficio para todos, es también un deber. Se trata de una responsabilidad que las generaciones presentes tienen respecto a las futuras, una responsabilidad que incumbe también a cada Estado y a la Comunidad internacional».[xvii] El uso de los recursos naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan consecuencias negativas para los seres vivientes, humanos o no, del presente y del futuro; que la tutela de la propiedad privada no entorpezca el destino universal de los bienes;[xviii] que la intervención del hombre no comprometa la fecundidad de la tierra, para ahora y para el mañana. Además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados: «la comunidad internacional tiene el deber imprescindible de encontrar los modos institucionales para ordenar el aprovechamiento de los recursos no renovables, con la participación también de los países pobres, y planificar así conjuntamente el futuro».[xix] La crisis ecológica muestra la urgencia de una solidaridad que se proyecte en el espacio y el tiempo. En efecto, entre las causas de la crisis ecológica actual, es importante reconocer la responsabilidad histórica de los países industrializados. No obstante, tampoco los países menos industrializados, particularmente aquellos emergentes, están eximidos de la propia responsabilidad respecto a la creación, porque el deber de adoptar gradualmente medidas y políticas ambientales eficaces incumbe a todos. Esto podría lograrse más fácilmente si no hubiera tantos cálculos interesados en la asistencia y la transferencia de conocimientos y tecnologías más limpias.

9. Es indudable que uno de los principales problemas que ha de afrontar la comunidad internacional es el de los recursos energéticos, buscando estrategias compartidas y sostenibles para satisfacer las necesidades de energía de esta generación y de las futuras. Para ello, es necesario que las sociedades tecnológicamente avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la sobriedad, disminuyendo el propio consumo de energía y mejorando las condiciones de su uso. Al mismo tiempo, se ha de promover la búsqueda y las aplicaciones de energías con menor impacto ambiental, así como la «redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos».[xx] La crisis ecológica, pues, brinda una oportunidad histórica para elaborar una respuesta colectiva orientada a cambiar el modelo de desarrollo global siguiendo una dirección más respetuosa con la creación y de un desarrollo humano integral, inspirado en los valores propios de la caridad en la verdad. Por tanto, desearía que se adoptara un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, virtud que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsión de lo que puede ocurrir mañana.[xxi]

10. Para llevar a la humanidad hacia una gestión del medio ambiente y los recursos del planeta que sea sostenible en su conjunto, el hombre está llamado a emplear su inteligencia en el campo de la investigación científica y tecnológica y en la aplicación de los descubrimientos que se derivan de ella. La «nueva solidaridad» propuesta por Juan Pablo II en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990,[xxii] y la «solidaridad global», que he mencionado en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2009,[xxiii] son actitudes esenciales para orientar el compromiso de tutelar la creación, mediante un sistema de gestión de los recursos de la tierra mejor coordinado en el ámbito internacional, sobre todo en un momento en el que va apareciendo cada vez de manera más clara la estrecha interrelación que hay entre la lucha contra el deterioro ambiental y la promoción del desarrollo humano integral. Se trata de una dinámica imprescindible, en cuanto «el desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad».[xxiv] Hoy son muchas las oportunidades científicas y las potenciales vías innovadoras, gracias a las cuales se pueden obtener soluciones satisfactorias y armoniosas para la relación entre el hombre y el medio ambiente. Por ejemplo, es preciso favorecer la investigación orientada a determinar el modo más eficaz para aprovechar la gran potencialidad de la energía solar. También merece atención la cuestión, que se ha hecho planetaria, del agua y el sistema hidrogeológico global, cuyo ciclo tiene una importancia de primer orden para la vida en la tierra, y cuya estabilidad puede verse amenazada gravemente por los cambios climáticos. Se han de explorar, además, estrategias apropiadas de desarrollo rural centradas en los pequeños agricultores y sus familias, así como es preciso preparar políticas idóneas para la gestión de los bosques, para el tratamiento de los desperdicios y para la valorización de las sinergias que se dan entre los intentos de contrarrestar los cambios climáticos y la lucha contra la pobreza. Hacen falta políticas nacionales ambiciosas, completadas por un necesario compromiso internacional que aporte beneficios importantes, sobre todo a medio y largo plazo. En definitiva, es necesario superar la lógica del mero consumo para promover formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos. La cuestión ecológica no se ha de afrontar sólo por las perspectivas escalofriantes que se perfilan en el horizonte a causa del deterioro ambiental; el motivo ha de ser sobre todo la búsqueda de una auténtica solidaridad de alcance mundial, inspirada en los valores de la caridad, la justicia y el bien común. Por otro lado, como ya he tenido ocasión de recordar, «la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales. La técnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de cultivar y guardar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios».[xxv]

11. Cada vez se ve con mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde el punto de vista social, ambiental e incluso económico. Ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida, «a tenor de los cuales, la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones».[xxvi] Se ha de educar cada vez más para construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político. Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. Esta responsabilidad no tiene fronteras. Según el principio de subsidiaridad, es importante que todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar el predominio de los intereses particulares. Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y determinación en favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada vez más enraizada en el respeto de la «ecología humana». Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse. Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos. No se puede permanecer indiferentes ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. Las relaciones entre las personas, los grupos sociales y los Estados, al igual que los lazos entre el hombre y el medio ambiente, están llamadas a asumir el estilo del respeto y de la «caridad en la verdad». En este contexto tan amplio, es deseable más que nunca que los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un desarme progresivo y un mundo sin armas nucleares, que sólo con su mera existencia amenazan la vida del planeta, así como por un proceso de desarrollo integral de la humanidad de hoy y del mañana, sean de verdad eficaces y correspondidos adecuadamente.

12. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que «cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia».[xxvii] No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social.[xxviii] Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica «ecología humana» y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza.[xxix] Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad. Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación.

13. Tampoco se ha de olvidar el hecho, sumamente elocuente, de que muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armonía de la naturaleza. Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la «dignidad» de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la «gramática» que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar. En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana.[xxx]

14. Si quieres promover la paz, protege la creación. La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 P 3,13), en los que habitarán por siempre la justicia y la paz. Por tanto, proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.

Vaticano, 8 de diciembre de 2009

BENEDICTUS PP XVI

——————————————————————————–

[i] Catecismo de la Iglesia Católica , 198.

[ii] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 7.

[iii] Cf. n. 48.

[iv] Dante Alighieri, Divina Comedia, Paraíso, XXXIII, 145.

[v] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990, 1.

[vi] Carta ap. Octogesima adveniens, 21.

[vii] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990, 10.

[viii] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 32.

[ix] Catecismo de la Iglesia Católica , 295.

[x] Heráclito de Éfeso ( 535 a .C. ca. – 475 a .C. ca.), Fragmento 22B124, en H. Diels-W. Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, Weidmann, Berlín 19526.

[xi] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 48.

[xii] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 37.

[xiii] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 50.

[xiv] Const. past. Gaudium et spes, 69.

[xv] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 34.

[xvi] Carta enc. Caritas in veritate, 37.

[xvii] Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 467; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 17.

[xviii] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 30-31.43.

[xix] Carta enc. Caritas in veritate, 49.

[xx] Ibíd.

[xxi] Cf. Santo Tomás de Aquino, S. Th., II-II, q. 49, 5.

[xxii] Cf. n. 9.

[xxiii] Cf. n. 8.

[xxiv] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 43.

[xxv] Carta enc. Caritas in veritate, 69.

[xxvi] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 36.

[xxvii] Carta enc. Caritas in veritate, 51.

[xxviii] Cf. ibíd., 15.51.

[xxix] Cf. ibíd., 28.51.61; Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.39.

[xxx] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 70.

Climagate: La ironía del destino cubre a los calentólogos bajo una ola de frío polar en Dinamarca

Climagate: La ironía del destino cubre a los calentólogos bajo una ola de frío polar en Dinamarca

Urgente 24
14/12/09

Si hacían falta más pruebas acerca de la tergiversación de datos que llevaron adelante un grupo de científicos para justificar su modelo de cambio climático de origen antropogénico, esas pruebas caen del cielo: una ola de frío polar amenaza con congelar a los calentólogos. La ola de frío se extiende por Europa y, por ejemplo, en Galicia se espera que la cota de nieve llegue a los 600 metros. Los calentólogos no sólo hacen caso omiso del climagate sino que también prefieren ignorar las expresiones de la tierra a su alrededor.

La cumbre sobre cambio climático en Copenhague logró pocos avances a medio camino de sus maratónicas negociaciones, pero aún continúan estancados muchos de los temas más complejos, como las metas en recortes de emisiones de gases, dijeron el sábado algunos delegados.

“Hemos hecho progresos considerables en el curso de la primera semana”, dijo a los delegados Connie Hedegaard, ministra del gabinete danés en la reunión de Copenhague, que hasta el 18 de diciembre intentará forjar un nuevo pacto para detener el cambio climático.

Los delegados indicaron que los negociadores habían avanzado en textos como el que define cómo suministrar energía solar y eólica a las naciones en vías de desarrollo y promover el uso de los bosques para absorber los gases de efecto invernadero.

“Vemos que está surgiendo el perfil de un mecanismo de tecnología”, dijo Michael Zammit Cutajar, quien lidera las negociaciones sobre los nuevos objetivos para todos los países.

Sin embargo, los delegados añadieron que había profundas divisiones respecto a algunos asuntos, como elevar los fondos para las naciones pobres y repartir la carga de los recortes de emisiones antes de que la cumbre llegue a su fin el 17 y 18 de diciembre, ante la presencia de 110 líderes mundiales.

La Unión Europea ofreció el viernes US$ 10.800 millones para frenar el cambio climático para los próximos tres años.

Naciones Unidas quiere recaudar US$ 10.000 millones al año a partir de 2010 a 2012 en fondos anticipados para ayudar a los estados más pobres a hacer frente al calentamiento global y abandonar los combustibles fósiles. No obstante, pocos países más han ofrecido este tipo de fondos.

A más largo plazo, Naciones Unidas estima que la lucha contra el cambio climático probablemente costará unos US$ 300.000 millones al año a partir de 2020, principalmente para ayudar a las naciones emergentes a adaptarse a impactos como sequías, inundaciones y olas de calor.

Un panel de expertos en el clima de la ONU dijo en 2007 que las naciones ricas tendrán que recortar sus emisiones para 2020 en torno a un 25 a 40%, por debajo de los niveles de 1990, a fin de evitar los peores efectos del calentamiento global.

Las ofertas de los países ricos han sumado hasta ahora un total de entre 14 y 18% por debajo de los niveles de 1990 para 2020.

Se espera que países emergentes como China, el segundo emisor de CO2 mundial después de USA, desaceleren el aumento de sus emisiones sin recortes absolutos. Aseguran que necesitan quemar más energía para ayudar a terminar con la pobreza. Ya hubo protestas porque en algunos países africanos se restringe el uso de combustibles fósiles.

Olas de frío en Europa

Un análisis acertado de Javier Neira en La Nueva España resume la situación de falsedad de la cumbre del Cambio Climático.

“Noticia de última hora: cuando mejor se las prometían en Copenhague, con 1.200 limusinas de a treinta litros de gasolina de consumo por cada cien kilómetros, 140 aviones privados hiperatufantes, montañas lujuriosas de caviar, ostras y mariscos, legión de prostitutas gratis total -ojo, que eso siempre lo acaba pagando alguien- y el aderezo de unas demostraciones de terror callejero progre -y los consiguientes destrozos- que nunca deben faltar en estas citas resulta que una ola de frío siberiano amenaza dejar a los calentólogos tiritando.

Parece un castigo bíblico y debe serlo porque tras descubrirse el escándalo del climagate, precisamente en vísperas de esta orgía báltico-escandinava, es evidente que los cielos no pueden sino encolerizarse con tantas mentiras y los ventajistas que las explotan ad nauseam.

Pero es igual, aún helados son capaces de sacarle miles de millones al personal para seguir manipulando datos y comprando y vendiendo toneladas de CO2 porque, señores, de lo que se trata estos días en la gélida capital danesa es de recomponer el inmenso zoco de la contaminación que se rige según una regla muy simple: si pagas puedes hacer lo que quieras y si no haces nada -si no tienes apenas actividad industrial- porque tu país está muy atrasado entonces puedes cobrar, lo cual es un incentivo a seguir mano sobre mano en el triste escenario del Tercer Mundo.

El planeta, bien, gracias. Gaia, de miedo. La Pachamama, como una rosa. Los calentólogos, amasando investigaciones y publicaciones falsas. Los grandes mercaderes de la contaminación, forrándose al cubo. La religión de Al Gore, como no hubo ni habrá jamás secta tan productiva. Y usted y yo, amigo lector, pagando todo eso”.

Y Neira no se equivoca tanto en su análisis. Mientras Copenhague literalmente se congela, el escándalo del Climagate sigue latente aunque los mass media y las autoridades se esfuercen en desestimarlo y mantenerlo lejos del foco de atención. Varias regiones de Europa se encuentran en este momento bajo el azote de una ola de frío polar que desarma a los calentólogos a fuerza de nevadas.

En España el invierno se adelantó y entró de lleno hoy en Galicia con la llegada de una masa de aire polar continental que se estima que dejará la cota de nieve en torno a los 600 metros. Meteogalicia, el servicio metereológico autonómico, prevé que las nevadas sean intensas por lo que estima que se llegarán a acumular importantes cantidades, como en la montaña de Lugo, donde estima que puedan llegar a contabilizarse 10 centímetros de nieve en la zona de Os Ancares.

Así, Meteogalicia mantiene activada la alerta amarilla hoy en el interior de las provincias de Pontevedra y Lugo, donde ya estaba previsto que comenzase a nevar durante esta madrugada.Es previsible que en las carreteras pontevedresas se pueda acumular a lo largo de esta mañana una capa de dos centímetros de nieve y en la red lucense alrededor de cinco, que llegará a diez en el caso de la alta montaña.

fuente. http://senalesdelostiempos.blogspot.com/2009/12/climagate-la-ironia-del-destino-cubre.html

La ONU pronostica éxodo masivo en el 2050 por el cambio climático

La ONU pronostica éxodo masivo en el 2050 por el cambio climático

Posted: 21 Aug 2009 07:50 PM PDT

cambio_climaticoDesde hace un par de años y cada día con mayor frecuencia, el tema del cambio climático, que según lo define la ONU es aquel cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana la cual por esa acción terminará por alterar la composición de la atmósfera mundial, sumada a la variabilidad natural del clima observada durante momentos comparables, se ha ido metiendo no solamente en las agendas de organismos como la ONU o en la de los gobiernos de la mayor parte del mundo, sino que el individuo común y ordinario también ha ido metiéndose de a poco en el tema y viendo de que manera resolverlo.

Con esto quiero decir que aunque si bien no está lo absolutamente difundido como debería, siempre se puede hacer más claro está, el tema está presente en el consciente y en el inconsciente colectivo de todos los que habitamos el mundo y la verdad que muy bien está que así sea y que cada vez lo empiece a estar más porque los pronósticos no son para nada alentadores…

Según un reciente informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que ciertamente estremece por la cifra que pronostica, dentro no mucho tiempo, en el 2050, el cambio climático podría provocar la migración de nada más y nada menos que 50 millones de personas, especialmente habitantes de los países denominados en vía de desarrollo, como consecuencia de las prolongadas sequías, los recurrentes huracanes y la abrupta subida en el nivel del mar, entre otras cuestiones.

Este éxodo versión siglo XXI tendría su peor y más trágica concreción en los países que conforman América Central, porque cada vez lloverá menos y el peligro constante de los huracanes irán definiendo un escenario estremecedor!!!! de hambruna crónica que promoverá que los habitantes de esta región busquen masivamente refugio en tierras menos hostiles.

Lamentablemente y como de costumbre, una vez más los países más pobres carentes de infraestructura, recursos e instrumentos serán los más afectados por el cambio climático, que ya dejó de ser el problema de unos pocos o caprichos de las organizaciones ecologistas más enfervorizadas, para pasar a ser una preocupación de muchos, de la cual sin dudas hay que empezar YA a pensar alternativas.

Fuente: PeriodismoenlaRed.com – La ONU pronostica éxodo masivo en el 2050 por el cambio climático.

Ciencia y religión deben unirse para evitar la destrucción del planeta

Ciencia y religión deben unirse para evitar la destrucción del planeta

Dos biólogos estadounidenses publican sendos libros sobre la necesidad de una reacción conjunta

Un biólogo agnóstico y una biólogo cristiana acaban de publicar sendos títulos en los que ponen de relieve la importancia del medioambiente y de la conjunción de dos grandes fuerzas para salvarlo: la religión y la ciencia. Aunque separadas en muchas de sus interpretaciones del mundo, la ciencia y la religión deben hacer un frente común para conseguir que no se produzca una extinción masiva de las especies de nuestro planeta. Estados Unidos, con una población más religiosa que cualquier otra democracia del mundo, debería reaccionar para salvar “La Creación”, señala uno de los autores. La otra afirma que en los ecosistemas todo está relacionado, por lo que el desastre podría ser inminente si las fuerzas no se aúnan para evitarlo. Por Yaiza Martínez.

Edward Osborne Wilson es un reputado entomólogo y biólogo conocido por su trabajo en evolución y sociobiología. Profesor de la universidad de Harvard, y ganador en dos ocasiones del Premio Pulitzer por sus obras On Human Nature (1978) y The Ants, acaba además de sacar un libro titulado “The Creation: An Appeal to Save Life on Earth” (La Creación: Llamamiento a la Salvación de la Vida en la Tierra), con el que intenta “reclutar” a gente religiosa para que se implique en la recuperación y cuidado del medioambiente, señalaCatholic on line

Tal como informamos en un anterior artículo, Wilson forma parte de una coalición espontánea que reúne por un lado a evangelistas cristianos, por otro a ejecutivos de empresas que figuran en el ránking de las 500 más importantes seleccionadas por la revista Fortune, y finalmente a científicos como el biólogo Edgard O. Wilson. La finalidad de esta coalición es presionar al gobierno norteamericano para que tome medidas para combatir el cambio climático. 

Profundizando en esta línea, Wilson propone en su nueva obra una alianza entre ciencia y religión que evite la extinción masiva de las especies terrestres, debida a la acción humana. Considera que ciencia y religión tienen una forma distinta de ver el mundo, con algunos puntos incluso conflictivos o irreconciliables, pero que la gente religiosa se compromete mucho con el medioambiente –por salvar la Creación-, por lo que en ese aspecto coincide con los científicos.

Dejar de lado las diferencias

La solución al problema del medioambiente es un tema crucial del siglo XXI. Por eso, Wilson, comprometido con la causa, ha escrito su nuevo libro con el formato de una serie de cartas escritas a un imaginario pastor de la iglesia baptista. Las creencias en la Creación o en la teoría de la evolución deben dejarse de lado en pos de una colaboración a favor del futuro del planeta.

Una mayoría religiosa, como la existente en Estados Unidos, con ejemplos como la llamada Southern Baptist Convention, que tiene 16 millones de miembros y 42.000 iglesias en todo el país, debería reaccionar en un mano a mano con la ciencia para salvar lo que se pueda del medio en que vivimos.

Según escribe Wilson, los 25 puntos candentes del problema medioambiental actual, podrían superarse con 30 mil millones de dólares. El autor analiza en su libro cómo la actividad humana ha acelerado la extinción masiva de las especies.

El poder de la ciencia y de la religión

Catholic on line señala asimismo que Joan Roughgarden, profesora de Biología en la Universidad de Stanford, cristiana, y autora de diversos títulos, acaba de publicar su libro “Evolution and Christian Faith: Reflections of an Evolutionary Biologist”, en el que también se habla de las amenazas del desastre ecológico debido a que en los ecosistemas todo está relacionado.

Rougharden se declara a sí misma “una bióloga evolucionista a la vez que cristiana”. Desde esta perspectiva, en su libro trata de reconciliar la teoría de la evolución con las enseñanzas bíblicas. Estudiando tanto la Biblia como la naturaleza, afirma haber encontrado continuamente ejemplos de armonía entre ambas, no de conflicto. Así, no ve por qué un cristiano no puede aceptar la ciencia.

Por lo tanto, no importa qué postura se mantenga frente al origen de la vida: el caso es que no hay que perder energía en discusiones poco relevantes, mientras el medioambiente es destruido por nuestras propias acciones. Ambos libros, señala Catholic on line, abogan por la unión entre ciencia y religión sin demora para salvar lo que se pueda.

Los dos autores consideran que la religión y la ciencia son dos fuerzas muy poderosas en nuestro mundo contemporáneo. La discusión actual sobre ciencia y fe está presente en las congregaciones regligiosas, pero los científicos no hablan de Dios en sus discursos. Sin embargo, señala Rougharden, en un campo muy concreto ambas fuerzas deben unirse y mirarse la una a la otra.

Wilson se pregunta en su libro por qué la protección de la Creación no está más respaldada por la iglesia hoy en día. Proteger la belleza y la variedad de la vida en la Tierra debe ser una labor común, que deje de lado las discusiones acerca de cómo ha llegado a existir semejante riqueza.

No es un tema nuevo

La inquietud por el medioambiente y la necesidad religiosa de salvar la Tierra han sido puestos en común en diversas ocasiones. El año pasado, por ejemplo, en el seminario sobre religión y ecología que cada año auspicia la Universidad de Harvard, se habló de las respuestas que las religiones del mundo dan al declive medioambiental terrestre, y a la demora de dichas respuestas hacia los problemas medioambientales.

Se planteó que las religiones, como formadoras de la cultura, pueden aportar inestimables replanteamientos a las cuestiones actuales. Habiendo desarrollado éticas referentes al asesinato, el suicidio o el genocidio, el siguiente reto sería plantear la ética contra la devastación biológica y ecológica a manos del hombre.

El medioambiente fue considerado, asimismo, uno de los problemas que más deberían motivar el diálogo interreligioso, para generar una causa común: el futuro de la vida de todos. Las tradiciones monoteístas (judaísmo, cristianismo, Islám) y otras tales como el hinduismo, el jainismo, el confucionismo y el budismo, levantan ya sus voces contra los daños humanos al medioambiente. Si estas voces, además, fueran de la mano de la ciencia, podrían alcanzarse muchos más objetivos frente a un enemigo común: la posibilidad de destrucción global.

Viernes 15 Septiembre 2006
Yaiza Martínez

http://www.tendencias21.net/Ciencia-y-religion-deben-unirse-para-evitar-la-destruccion-del-planeta_a1130.html

Anteriores Entradas antiguas