La teologia de Finney Parte 3 ¿Era Charles G. Finney evangélico?


La teologia de Finney Parte 3 ¿Era Charles G. Finney evangélico?

En los articulos anteriores, hemos estado procurando comprender acerca de la vida de Finney, y entender porque si bien puede ser llamado evangelico por su fe cristiana,no asi por su doctrina.

Analizaremos su doctrina a la luz de las escrituras.

1. La doctrina de la justificación:

  • “Sabiendo que el hombre no es justificado a base de las obras de la ley, sino por medio de la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús para ser justificados a base de la fe de Cristo y no de las obras de la ley, por cuanto nadie será justificado a base de las obras de la ley.” (Gál. 2:16)

La justificación es uno de los conceptos más importantes en el Nuevo Testamento. La palabra griega que usualmente se usa para traducir la idea de justicia o rectitud; ya sea como nombre, verbo u otras formas; ocurre muchas veces. Las dos maneras de traducir la palabra indica correctamente que los dos conceptos no están separados en la Biblia.

Finney declara que es totalmente absurdo pensar que la justificación sea una transacción forense, es decir, que sea una declaración de inocencia de parte de Dios en base a la justicia perfecta de Cristo imputada al pecador por medio de la fe y en base a Su obra redentora en la cruz del calvario.

“Es… naturalmente imposible, y una contradicción sumamente palpable, afirmar que la justificación de un pecador, o de uno que ha violado la ley, es una justificación forense o judicial… Es ciertamente un sinsentido afirmar, que un pecador puede ser pronunciado justo a los ojos de la ley; que él puede ser justificado por las obras de la ley, o por la ley en algún sentido. La ley lo condena. Pero la justificación judicial o forense consiste en ser pronunciado justo en el juicio de la ley. Esto ciertamente es una imposibilidad con respecto a los pecadores” (Sistematic Theology; pg. 360-361, lecture 25; todas las citas de esta entrada fueron tomadas del libro de R. C. Sproul, Willing to Believe, pero he preferido poner las citas del libro de Finney para aquellos que poseen esta obra y no la de Sproul).

Es necesario señalar aquí que los reformadores no enseñaban que los pecadores son justificados por la ley, sino más bien que la fuente de la justificación forense es el Dador de la ley.

Aunque Finney está de acuerdo en que a través de la justificación el pecador es tratado como si fuera justo, esto no se debe a ninguna justicia imputada, sino simplemente a una declaración de perdón o amnistía de parte de Dios.

“La doctrina de una justicia imputada, o de que la obediencia de Cristo a la ley es contada como nuestra obediencia, está basada en la más falsa y absurda presuposición”, dice Finney (pg. 362, lect. 25), contradiciendo así lo que Pablo enseña en el capítulo 4 de Romanos y en muchos otros pasajes del NT.

Según Finney, Cristo debía obedecer la ley por Sí mismo y no para que Su justicia sea imputada a los pecadores.

El argumento de Finney es que, en lo que respecta a Su obediencia, Cristo hizo simplemente lo que debía hacer y, por lo tanto, Su obediencia perfecta sólo podía justificarlo a El mismo.

Martín Lutero, el primero de los protestantes reformadores, creía que la Iglesia Católica ponía demasiado énfasis en la necesidad de las buenas obras para la salvación. El insistía en que era por la fe sola que somos justificados o salvados. La salvación es un don inmerecido por medio de Jesucristo; por tanto, decía Lutero, las buenas obras son (en términos de alcanzar la salvación) innecesarias e inútiles.

Lutero creía que su postura se sustentaba en la Escritura, en Ro. 3:28 (“Pues estoy convencido de que el hombre obtiene la salvación por la fe y no por el cumplimiento de la ley”) y Ro. 4:3 (“Creyó Abraham a Dios y eso le fue tenido en cuenta para obtener la salvación”).

En tiempos de Lutero, había ciertamente católicos que enfatizaban demasiado las buenas obras (tales como la compra de indulgencias o los beneficios espirituales, para uno mismo y para los seres queridos fallecidos) y a veces, estas prácticas rayaban en la superstición. Con todo, la piedad popular no siempre fue un reflejo acertado de la enseñanza oficial de la Iglesia

La justicia debe ser recta. Debe descansar en una base ética y de santidad. La rectitud debe resultar en justicia. De esta suerte, la demanda de Dios de justicia por medio de los profetas del Antiguo Testamento, se ‘cumple sólo cuando la justicia prevalece en la tierra. La conexión es igualmente segura en el Nuevo Testamento. Un Dios justo nos justifica; un Dios recto nos hace rectos.

El concepto del Antiguo Testamento de la justicia y la rectitud estaba basado en la ley. El concepto del Nuevo Testamento está basado en Jesucristo. Nosotros que creemos en Jesús como Salvador y Señor tenemos la justicia de Cristo imputada a nosotros. La justicia es servida completamente en lo que Cristo hizo por nosotros en la redención (vea Ro. 3:25). La idea que Dios no debe ser justo si perdona el pecado tan fácilmente debió ser común en los días de Pabló. Pablo argüyó que la justicia de Dios es qiimplida en la provisión que ha hecho de un medio para qué un pueblo pecaminoso sea hedió justo, en Cristo (vea Ro. 3:26). Venimos a Cristo sólo por la fe, no por las obras; Cristo como justicia para nosotros es un don de Dios para todos los que creen (vea Ro.5:17). Aquellos que procuran asegurar su salvación por las obras están regresando al concepto de justificación por la ley (vea Ru. 9:30-32).

La justificación puede parecer muy fácil para el hombre moderno, pero seguramente no fue fácil para Dios.

León Morris ilustra la dificultad en esta manera:

“Un vagabundo entra en su casa y roba algo costoso y precioso, pero a la postre usted lo perdona. Este perdón puede ser difícil pero no tan difícil como si usted descubriera que el ladrón era su mejor amigo. Ahora usted se siente traicionado, y es más difícil perdonar. Pero suponiendo que usted encuentra que el ladrón es su hijo. Toda clase de emociones surgen en usted. Usted lo perdonará, pues esa es la naturaleza paternal, pero no encontrará fácil el perdonarlo”.

Dios perdona a todos los que vienen a Cristo en fe. Su perdón no es fácil; mas El no sólo perdona sino que nos justifica también, nos hace como si no hubiéramos pecado. Él hecho de la justificación es un milagro de Dios que está rnás allá de la plena comprensión.

Ralph Neighbor ha dicho:

“Jesús jamás puede verme a mí sin mirar Su propia sangre. Porque yo le pedí que me perdonara y me limpiara con Su sangre, nadie en el cielo me puede ver oin mirarme a través de la sangre de Jesucristo”

Parea ver esta doctrina en el pensamiento de Ch.Finney (cf. http://www.gospeltruth.net/Span/sermons/lajustificacionporlafe.htm)

Roy T.Edgemon. doctrinas que creen los bautistas,p. 74-75

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