El Sacramento A Través de la Historia

El Sacramento A Través de la Historia

Al morir los padres de la Iglesia, ésta perdió su espiritualidad, dejó de depender en el Espíritu Santo como única fuente sobrenatural de todo conocimiento divino, y empezó a depender de los hombres. La escasez de escritos apostólicos y antiguo-testamentarios, por la obvia falta de imprenta, produjo que los religiosos de aquel tiempo hicieran de ella un sistema ritualista. Más adelante, sería contaminada en el siglo IV por el imperio romano. El Emperador Constantino haría un sincretismo entre el paganismo Romano y el Cristianismo. Después en el siglo IX empezaría la primera gran discordia sobe el asunto de la Comunión. Desgraciadamente, esta sucede en medio de un oscurantismo muy acentuado, en el que la magia y la superstición cobraban gran auge, y estas se infiltran en el seno de la Iglesia. Radertus, introduciendo el misterio y la sobrenaturalidad de su época, trajo a Roma la teoría de la transustanciación. El enseñó que cuando las palabras de eucaristía eran pronunciadas, los elementos eran literalmente cambiados en el cuerpo y en la sangre de Cristo. Radertus fue radicalmente opuesto por Ratramnus, quien mantenía la posición agustiniana de que la presencia del Señor en la Santa Cena era meramente espiritual. Tras de mucha oposición, la transustanciación se volvió oficial en el “Cuarto Consejo de 1215″ y la teología de San Agustín perdió la batalla.

En el “Concilio de Trento” (1545-63) se añadió que el pan y el vino debían ser venerados a manera de adoración, siendo estos el mismo Dios.

Las teorías de Radertus provenían de rituales egipcios, tal como el que se hacía al dios Osiris, dentro del templo de Amón-Ra, miles de años antes que Jesús viniera. En esta ceremonia, el sacerdote invocaba con el sonido de una campanilla el espíritu de Osiris, levantando los brazos hacia una estrella flamígera de cinco puntas. El liquido incoloro de la copa de consagración se tornaba de un color rosado, y entonces sabían que su dios se había manifestado.

Esta creencia que prevalece todavía en la Iglesia Romana, fue uno de los grandes temas a ser tratado durante el periodo de la reforma del siglo XVI.

Diversas opiniones surgieron tratando de encontrar la verdad a esta doctrina tan central en el cristianismo, lo que produjo serios conflictos entre los reformadores. Entre ellos había varias posturas, aunque todos ellos se oponían a la transustanciación.

Martín Lutero, líder de la Reforma en Alemania escribió al respecto en su Legado “La Cautividad Babilónica de la Iglesia”:

“Es un error, que se opone a las Escrituras, repugnante a la razón, contrario a lo que testifican nuestros sentidos de la vista, del olfato, del gusto y del tacto. Destruye el verdadero significado de este sacramento y conduce a una magna superstición e idolatría.”

También reprocha a la Iglesia el hecho de negarle al pueblo la copa de la comunión, y de enseñar que la comunión es un sacrificio ofrecido a Dios. En éste, el sacerdote profesa ofrecer a Dios el mismo cuerpo y sangre de Cristo, como una repetición del sacrificio expiatorio del Señor, pero sin derramamiento de sangre.

El verdadero sacramento del altar, añade Lutero, es la promesa del perdón de los pecados hecha por Dios. Tal promesa se cumple con la muerte de Su Hijo. Ya que es una promesa, el acceso a Dios no se obtiene por las obras o los méritos, a través de los cuales tratamos de agradar a Dios, sino por fe. Porque, dónde está la Palabra de Dios, Quien prometió, “necesariamente se requiere la fe del hombre que la acepta.”

En 1524 Lutero empieza su ataque, combatiendo la transustanciación y el sacrificio del altar, basado en las Sagradas Escrituras que establecen:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote

de los bienes venideros, por el más amplio y más

perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir no

de esta creación y no por sangre de machos cabríos,

ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una

vez para siempre en el Lugar santísimo, habiendo

obtenido eterna redención”

HEBREOS 9:11-12

Aunque se mantuvo en firme oposición ante esas doctrinas, siempre sostuvo al igual que San Agustín, que

durante la comunión, el creyente recibe en forma verdadera el cuerpo y la sangre de Cristo.

Entre los contemporáneos de Lutero aparece Swingli, quien dirigiera parte de la reforma en Suiza. Éste provenía de un trasfondo humanista, contrario al monacal de Lutero, y lo que ocasionó que divergiera en varias de las teologías del reformador alemán.

Éste le quitó a la Santa Cena la presencia de Dios, volviéndolo tan solo en un acto simbólico, en el cual Cristo estaba totalmente ausente.

Calvino, se colocó entre ambas posiciones, la de Lutero y la de Swingli. El mantuvo que sí hay una genuina recepción del cuerpo y de la sangre de Jesús durante la comunión, pero que ésta sucede a nivel espiritual.

Junto con Lutero, Calvino creía que en la Santa Cena los elementos eran signos de que Cristo estaba verdaderamente presente, y repudiaba las de Swingli, quien decía que estaba ausente. Estos dos primeros creían que Cristo se hacía presente, nutriendo con Su carne y Su sangre a los creyentes.

Es la posición calvinista la que es mayormente adoptada por la Iglesia evangélica, y la que también tiene mayor aceptación entre los teólogos contemporáneos católicos y luteranos.

Ésta propone que:

“La Santa Cena es un rito instituido por Jesús en el cual se parte el pan, y se bebe el fruto de la vid en un acto de acción de gracias, por el sacrificio expiatorio de Cristo. En este acto sacramental, el Espíritu Santo bendice la comunión con el cuerpo y con la sangre de Jesús, como anticipación a nuestra futura salvación”

Por causa de estas declaraciones, hoy por hoy, lo que tenemos es eso, un rito. Un acto religioso que no produce prácticamente nada en los creyentes.

Un formalismo que se cumple periódicamente en las iglesias. Un sacramento que “hay que hacer”, pero que ha perdido toda la esencia que tuvo durante el tiempo de la iglesia primitiva.

Dios está haciendo un llamado a volver al origen, a buscarlo a Él hasta encontrar lo que Él nos dejó por herencia.

“Y El envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas, de que habló por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” HECHOS 3:20-21

La Iglesia de hoy tiene cosas hermosas y unciones poderosas pero carece de lo esencial.

El amor entre hermanos, el poder y volver al  origen, a buscarlo a Él hasta encontrar lo que El nos dejó por herencia.

la vida sobrenatural de Dios manifestándose en todo aquel que cree, y haciendo un el temor de Dios que conduce a una llamada a verdadera santidad. Sin estas tres cosas somos tan solo címbalos que resuenan, nubes sin agua llevados de aquí para allá. Somos la hermosa fachada de una estructura vacía. El sonido que sale de la Iglesia de hoy en general es un sonido ambiguo. Predicamos que tenemos una relación personal con Cristo, pero la gran mayoría tiene tan solo un concepto mental de Él, y en realidad no lo conoce. Predicamos de Su gran amor y de Su gran poder, y la iglesia

esta fragmentada y divida por todos lados en la tierra, llenos de chismes y destrucción, los unos contra los otros. Llena de gente enferma, endeudada, y en su mayor parte, en escasez financiera. Predicamos que le amamos, pero para una gran parte de los creyentes, no es importante cumplir con sus mandamientos, siendo que El dijo: “El que me ama hace mis mandamientos.”

¿Por qué? Es la pregunta. ¿Por qué si aparentemente lo tenemos todo, en realidad no lo tenemos?

La Iglesia primitiva caminó en un amor inefable de los unos por los otros. En Jerusalén llegaron a ser de una misma alma y un mismo sentir, al punto que tenían en común todas las cosas.

Vivieron un poder que sorprendía a todos. Era irrefutable la sobrenaturalidad de Dios que se mani­festaba entre ellos, y a través de ellos.

El temor de Dios los sostenía en una vida maravillosa­mente Santa. Por causa de esto los cielos se manifestaban en medio de ellos. Veían ángeles, eran arrebatados de un lugar a otro, y vieron milagros extraordinarios.

El sonido que producían era verdadero. Vivían lo que hablaban, y eso afectó al mundo entero.

Fuente bibl:

Ana Mendez Ferrell, “Comed de mi carne,bebed de mi sangre”, 6ª ed., pag. 5-10, ed.Voice of the Light ministries P.O Box 3418 Ponte Vedra Florida 32004 USA

Efesios cap. 3 – John Stott

Efesios cap. 3

1. La revelación divina a Pablo o el misterio que se le ha dado a conocer (vv.1-6)

En este corto pasaje Pablo utiliza tres veces la palabra “misterio”: por revelación me fue declarado el misterio (v.3) .. . podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo (v.4) . . . aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio (v.9). Es una palabra clave para nuestra comprensión del apóstol Pablo. Necesitamos entender que las palabras castellana y griega no tienen el mismo significado. En castellano un ‘misterio’ es algo oscuro, secreto, enigmático. Lo “misterioso” es inexplicable, hasta incomprensible.

La palabra griega mysterion, sin embargo, es diferente. Aunque aun es un “secreto” ya no está celosamente guardado sino a la vista. Originalmente, la palabra griega se refería a una verdad en la que alguien había sido iniciado. Más aun, llegó a usarse para referirse a las enseñanzas secretas de las religiones paganas misteriosas, enseñanzas que estaban restringidas para los iniciados. Pero en el cristianismo no hay “misterios” esotéricos reservados para una élite espiritual. Por el contrario, los “misterios” cristianos son verdades que, aunque están más allá del descubrimiento humano, han sido reveladas por Dios, y por lo tanto pertenecen abiertamente a toda la Iglesia. Más sencillamente, mysterion es una verdad escondida del conocimiento o comprensión humana, pero descubierta por la revelación de Dios.

Si ése es el significado general de “misterio” en el Nuevo Testamento, cuál es el singular secreto que fue destapado o verdad revelada, que no se dio a conocer a los hijos de los hombres pero ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5) y en forma especial a él, añade Pablo, ya que por revelación me fue declarado el misterio (v.3)

En el versículo 4 y en Colosenses 4:3 lo llama el misterio de Cristo. Así que, evidentemente, es una verdad especialmente revelada de la cual “Cristo es a la vez la fuente y la substancia”.6 Pablo declara su naturaleza exacta con fuerza y claridad en el versículo 6. Es que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y junto, el misterio concierne a Cristo y su único pueblo judeo-gentil.

A fin de definirlo más precisamente, Pablo reúne (y en un caso inventa) tres expresiones paralelas y compuestas. Cada una tiene el mismo prefijo syn, “junto con” e indica que los creyentes gentiles ahora tienen compañerismo con los creyentes judíos.

¿Qué es esto? Los gentiles son “coherederos” (synkléronoma), “cocorporales” (syssoma) y “copartícipes” (symmetocha) de la promesa. Pero estas tres palabras griegas poco usuales necesitan ser aclaradas. Lo que Pablo está declarando es que juntos los cristianos judíos y gentiles son ahora coherederos de la misma bendición, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la misma promesa. Y este privilegio compartido es tanto en Cristo Jesús (porque lo disfrutan por igual todos los creyentes, sean judíos o gentiles, si están en unión con Cristo) como por medio del evangelio (porque la proclamación del evangelio incluye esta unidad y por lo tinto la pone al alcance de aquellos que creen).

Para resumir, podemos decir que “el misterio de Cristo” es la unión Completa de judíos y gentiles unos con otros a través de la unión de ambos con Cristo. Era esta unión doble, con Cristo y de uno con el Otro, la sustancia del “misterio”. Dios se lo había revelado especialmente a Pablo, según lo expresa brevemente (v.3) en el capítulo anterior. Pero también les fue dado a conocer a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5), y a través de ellos “a sus santos” (Co. 1:26)7 Ahora era, por lo tanto, la posesión común de la Iglesia universal.

Era una revelación nueva. Porque en otras generaciones no se dio a conocer (v.5) sino que estaba escondido desde los siglos (v.9). Estas afirmaciones han dejado perplejos a los lectores de la Biblia, porque el Antiguo Testamento ya revelaba que Dios tenía un propósito para los gentiles. Prometía, por ejemplo, que todas las familias de la tierra Herían benditas por medio de la prosperidad de Abraham; que el Mesías recibiría a las naciones como su herencia; que Israel sería dada como luz a las naciones; y que un día las naciones harían una peregrinación Jerusalén y aun “correrían” hacia ella como un río ancho.8

Jesús también habló de la inclusión de los gentiles y comisionó a sus seguidores para que fueran y los hicieran sus discípulos. Pero lo que no reveló ni el Antiguo Testamento ni Jesús, fue la naturaleza radical plan de Dios, que la teocracia (la nación judía bajo el gobierno de Dios) llegaría a su fin y sería reemplazada por una nueva comunidad internacional, la Iglesia; que esta Iglesia sería “el cuerpo de Cristo”, unida orgánicamente a él; y que judíos y gentiles serían incorporados a Cristo y su Iglesia en términos de igualdad sin distinciones. Esta unión completa de judíos, gentiles y Cristo, era lo radicalmente nuevo y Dios se lo reveló a Pablo, venciendo su arraigado prejuicio judío.9

Fuente:

John Stott, La Nueva Humanidad. El mensaje de Efesios, ed. Certeza ,pag.112-114

El Bautismo parte nº 1

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Rick Warren – Una Iglesia Con Proposito

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La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participaren la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11:

“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”

Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)

Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el  Señor: no deis lo santo a los perros.

Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)

En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice elSeñor, y mi nombre es admirable entre las naciones.

El Papa Gelasio y la Transubstanciación

¿Fue la doctrina de la transubstanciación creída de forma general en la iglesia de los primeros años? Es interesante leer lo que el Papa Gelasio (492-496 A.C.) tuvo que decir sobre esta materia. Pero primero déjenos definir el significado de la doctrina.

Transubstanciación (ambas partes del latín que significan Trans- a través, y substantia, que significa substancia) sigue siendo la conversión de la sustancia de los elementos de la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo en la consagración, solamente del aspecto del pan y del vino restante. La “Sustancia” significa lo que algo es en sí mismo.

El Concilio de Trento establece: “si cualquier persona dice que en el sacramento sagrado y santo de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo, y niega que el cambio maravilloso y singular de la sustancia entera del pan en el cuerpo y la sustancia entera del vino en la sangre, los aspectos solamente del pan y el vino restante, que cambian la iglesia católica, lo cual es llamado mas convenientemente La transubstanciación, sea anatema (maldito) .” (Concilio de Trento, sesión 13, canon 2).

Así, la iglesia católica enseña que en la consagración, el pan y el vino realmente y substancialmente se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo aunque sigue existiendo el aspecto (o los “accidentes”) sin cambiar. Continuamos viendo el pan y el vino aunque no son ningún pan y vino nunca más; pues lo qué percibimos y probamos como el pan y el vino son de hecho el cuerpo y la sangre de Jesús.

Ahora déjenos ver lo que enseñó el Papa Gelasio. En el tratado De Duabus Naturis contra Eustaquio y Néstor (quién enseñó que en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la naturaleza divina), Gelasio escribió: “el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios.”

Gelasio enseñó que el pan y el vino sacramentales son la “imagen y la similitud” del cuerpo y sangre de Cristo; la “sustancia o la naturaleza” del pan y del vino permanece sin cambiar – “no cesa”. El pan sigue siendo pan; el vino sigue siendo vino. Claramente, el Papa Gelasio contradijo la idea de la transubstanciación.

¿Cómo los apologistas católicos reaccionan a esto? Un escritor católico discute que “el Papa Gelasio dijera simplemente que sigue habiendo el aspecto [accidentes] de pan/vino junto a la presencia verdadera en una tentativa de explicar el misterio de la encarnación, puesto que sigue habiendo la humanidad de Cristo junto a su divinidad. Algunos eruditos interpretan el pasaje antedicho para referirse a los accidentes del pan y del vino.” (Kenneth Henderson)

¿Papa Gelasio realmente significó “aspecto” cuándo él escribió sobre “sustancia” y la “naturaleza”? ¿Era el Papa ignorante del significado de los mismos términos en el Credo Niceno (325 D.C.) y la declaración de Chalcedon (451 D. C) para describir quién es Jesús realmente?

Hay una razón muy simple por la que Gelasio no significó “aspecto”. Recuerde que él está utilizando la eucaristía como analogía para la encarnación, a saber que la “humanidad de Cristo sigue estando junto a su divinidad.” ¡Ahora si por la “sustancia o la naturaleza” él significó que solamente sigue habiendo el aspecto del pan y del vino, siendo que Cristo aparecía simplemente humano pero en hecho él no estaba! ¡Ésa es la misma herejía que él refutaba!

No, mejor dicho, Gelasio creyó correcto que la distinción de naturalezas divinas y humanas de Cristo no es “de manera alguna anulada por la unión” (Concilio de Chalcedon). ¡Jesús es en verdad Dios y en verdad hombre! La eucaristía ilustra esta gran verdad, porque, así como permanece la sustancia del pan y del vino sin cambiar, así la naturaleza humana de Cristo seguía siendo sin cambios a pesar de su unión con su divinidad.

El Papa Gelasio no intentó probar que permanecen el pan y el vino sin cambiar. Él podría haber tomado como un hecho que sus lectores de final del Siglo V creyeron que la sustancia de los elementos de la eucaristía no cesa. La idea original de la transubstanciación fue desarrollada y adoptada mucho más adelante en la historia de la iglesia católica.

La Cena del Señor Parte 3 – en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

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LA CENA DEL SEÑOR parte 1

LA CENA DEL SEÑOR parte 1

En los primeros tiempos, la iglesia alababa al Señor diariamente en lo que Lucas denomina:

  • “el rompimiento del pan”. (Hch. 2:42)

Se trataba de una parte sustancial de la comunión que los hermanos fomentaban con la comida comunitaria cotidiana. (Hch. 2:46)

Según leemos en los evangelios, fue el mismo Señor Jesús quien habló de esta celebración como una memoria de él. (Luc. 22:19; 1 Cor. 11:24)

Por el carácter festivo que tuvo posteriormente (1 Cor. 5:8) se la denominó: “una fiesta”. Las condiciones espirituales de los discípulos con su confusión de objetivos y luchas internas, dieron cierto dramatismo a lo que el Señor estaba haciendo. Según Juan con el lavamiento de los pies, les enseñó el modo de conocer y practicar la autoridad (Jn. 13:2-15) para mantener la comunión.

La cena del Señor no era una continuación de la pascua, sino un nuevo modo de fortificar los lazos mutuos y con el Señor Jesucristo resucitado para alimentar el testimonio hasta que él volviera por segunda vez. Este estilo de vida estaba basado sobre el “nuevo pacto” (Mat. 26:28)  entre él y los creyentes como familia de Dios.

A. Institución

La ordenanza de la cena del Señor fue instituida la noche antes de la crucifixión de Cristo como una representación simbólica de la participación del creyente en los beneficios de su muerte. Como tal, ha sucedido a la Pascua que los judíos han celebrado permanentemente desde su salida de Egipto.

Según la exposición dada en 1 Corintios 11:23-29, al ordenar a sus discípulos que comieran el pan, Jesús les dijo que el pan representaba su cuerpo que sería sacrificado por ellos. Debían observar este ritual durante su ausencia en memoria de Cristo. Cristo declaró que la copa de vino era el nuevo pacto en su sangre; al beber de la copa recordarían a Cristo especialmente en su muerte. Debía observar esta, celebración hasta su regreso.

La historia de la iglesia ha visto interminables controversias en torno a la cena del Señor. En general se han destacado tres puntos de vista principales.

  • La Iglesia Católica Romana ha sostenido la doctrina de la «transubstanciación», esto es, el pan y ‘el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo y la persona que participa en ellos está participando literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, “aunque sus sentidos puedan reconocer que los elementos siguen siendo pan y vino”.
  • Un segundo punto de vista es sustentado por los luteranos y se le llama «consubstanciación», aunque la palabra no es aceptada por los luteranos. Este punto de vista sostiene que, aunque, el pan sigue siendo pan y. el vino sigue siendo vino, en ambos elementos está, la presencia del cuerpo de Cristo, y de este modo uno participa del cuerpo de Cristo al observar la cena del Señor.
  • Un tercer punto de vista sustentado por Zuinglio es llamado punto de vista conmemorativo y sostiene que la observancia de la cena del Señor es una «conmemoración» de su muerte sin que ocurra ningún cambio sobrenatural en los elementos. Calvino sostuvo una variante de esto según la cual Cristo estaba espiritualmente en los elementos.

Las Escrituras parecen apoyar el punto de vista conmemorativo, y los elementos que contendrían o simbolizarían la presencia de Cristo serían más bien un reconocimiento de su ausencia. En armonía con esto, la cena del Señor debe ser celebrada hasta que El venga. Una observancia adecuada de la cena del Señor debe tener en cuenta ‘las cuidadosas instrucciones del apóstol Pablo en 1 Corintios 11:27-29. La cena del Señor debe observarse con la debida reverencia y después de un auto examen. El que participa de la cena de una manera descuidada o indigna acarrea condenación sobre sí. Pablo dice:

  • «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa (1 Co. 11:28).

Muchos cristianos han considerado, con mucha justicia, que la cena del Señor es un momento sagrado de conmemoración de la muerte de Cristo y de todo lo que ello significa para el cristiano individual. Como Pablo lo dice, es un tiempo de examen interior, un momento de confesión de pecados y de restauración. Además, es un recordatorio de los maravillosos beneficios que han alcanzado a cada creyente por medio de la muerte de Cristo.

Así como la cena del Señor señala hacia el hecho histórico de la primera venida de Cristo y su muerte en la cruz, debe también señalar hacia su segunda venida cuando la observancia de la cena del Señor cesará. Aun cuando no se da una indicación clara de la frecuencia de la observancia, parece probable que los cristianos primitivos la practicaban con frecuencia, quizás una frecuencia de una vez a la semana cuando se reunían el primer » día para celebrar la resurrección de Cristo. En todo caso, la observancia de la cena del Señor no debiera ser distante en el tiempo, sino en obediencia respetuosa y adecuada a su mandamiento de hacerlo hasta que El venga.

Según leemos en los evangelios, el Señor tomó del pan que quedaba de la pascua (Jn. 13:27) y convidó a todos diciendo: “Esto es mi cuerpo”. Además agregó:

“… que por vosotros es dado” (Luc. 22:19) y que posteriormente Pablo menciona bajo la forma de: “por vosotros es partido….”

Esta aclaración podría tener dos sentidos:

  • mirando al pacto, la víctima era partida al medio; (Gn.15:18; comp. Heb. 10:20) y
  • b) mirando a la comunión, el pan repartido significa la comunión de todos en el cuerpo de Cristo. Describe de un modo muy gráfico que todos los participantes están inquebrantablemente unidos entre sí en el cuerpo de Cristo.

Después, dice la Biblia que tomó “la copa” y proclamó el “nuevo pacto” en su sangre, hecho sobre “mejores promesas” porque es un pacto eterno. Posiblemente, los apóstoles no comprendieron el valor de todo lo que estaba en juego, pero nosotros sí, sabemos que participar de la cena del Señor significa ratificar nuestro anhelo de vivir identificados con Cristo en comunión con los hermanos.

B. Participación

Deducimos de las Escrituras que el valor de la participación radica en tres detalles sobresalientes:

a. La Persona que invita – “El Señor Jesús”

  • 1 Corintios 11:23-25: “El Señor Jesús la noche que fue entregado tomó pan; y habiendo dado gracias lo partió y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mi. Lo mismo hizo con la copa y volvió a repetir: “en memoria de mí”.

La Biblia dice también que la invitación fue formulada “después de haber cenado“, como para descartar cualquier vinculación con lo anterior. Hacer memoria de él, es unir muchos corazones en una sola persona.

b. La circunstancia en que lo hace – “la noche que fue entregado”

No podemos despojarnos del pensamiento del estado del mundo “la noche que fue entregado”. La religión en contra, Judas en la traición, Pedro en la duda. Los romanos en la expectativa y Pilato buscando favores. En esa noche tan singular el Señor quiso consolidar su amor con un pueblo propio comprometido con el únicamente.

c. El mensaje que perpetúa – ” … hasta que venga …”

“La muerte del Señor anunciáis [gr.katangello] hasta que venga”. El término griego katangello aparece unas diecisiete veces en el Nuevo Testamento y está siempre relacionado con la exposición del mensaje. (Heb. 13:20)

Parecería que el modo feliz de ser y la comunión sincera entre los hermanos, formaba parte integral de la proclamación que necesitaba de inconversos para que tuviera el sentido que contiene en el Nuevo Testamento.

Los cambios visibles en las vidas de los integrantes hacían que la proclamación fuera apetecible a los extraños. De modo que, la integración del amor mutuo, el gozo espiritual, y la adoración al Señor, eran las partes sustanciales del mensaje de la vida eterna.

C. Contenido

Hemos dejado un espacio especial para un componente que nos parece muy importante. Tanto el Señor Jesús como el apóstol Pablo hablaron del pan y del vino como del “nuevo pacto”.

La sangre derramada era la evidencia que Dios realizaba una nueva alianza (Mateo 26:28; Hebreos 9:15) y que el vino la representaba. Aunque en ninguno de los pasajes se establece quienes eran las partes integrantes del pacto, podríamos presumir que se trata de Cristo y los “muchos”, o Dios y los “muchos”, mencionados por Mateo. La clave del pacto es el perdón divino con la posibilidad de utilizar un símbolo capaz de abarcar a todos. Al beber de la copa, es como si dijéramos en nuestro interior: “yo recibí el perdón” y “estoy unido con todos los demás perdonados”. Es por este carácter de pacto que necesitamos analizar nuestra relación con los hermanos y estar seguros que vivimos en santidad delante de Dios.(Hebreos 12:14)

E. Deformación

A pesar de la enseñanza del Señor Jesús y de lo que acabamos de estudiar esta “memoria” sufrió muchas transformaciones, porque poco tiempo después de la era apostólica, comenzaron a tomar cuerpo las ideas sobre la gracia que impartía el cuerpo y la sangre de Cristo.

Aconsejamos la lectura de los siguientes pasajes: Hechos 4:2; 13:5; 13:38; 15:36; 17:3; 17:13, 23; 1 Corintios 2:1; 9:14; Filipenses 1:16, 18; Colosenses 1:28

a. Transubstanciación

Alrededor del año 844 AD., Pascacio Radbert inició el desa­rrollo desde su monasterio en Corbie, de una teoría que unía los antecedentes conocidos del modo siguiente:

“mientras para los sentidos el pan y el vino de la eucaristía permanecían inmutables, por un milagro, la sustancia del cuerpo y de la sangre de Cristo (el mismo cuerpo que era suyo aquí en la tierra) se hacía presente en ellos. Sin embargo, este cambio ocurre solamente para los que creen y lo aceptan por la fe, y no es efectivo para los que no creen”[1]

Esta teoría cobró más cuerpo con el apoyo posterior de Tomás de Aquino. Fue este filósofo quién ideó la doctrina de la concomitan­cia, es decir, que en virtud de la cercanía, la sangre de Cristo está también en el pan consagrado.

El término “transubstanciación” fue aprobado en el Concilio Cuarto de Letrán convocado por Inocencio III (1215). En dicha ocasión, se trataron de unir las varias declaraciones existentes para igualarlas a las de Aquino y producir un documento que explicara el “milagro” como la “conversión de los elementos en la sustancia del Señor” (T. Aquino: Summa Teológica III -75/3). Posteriormente en 1259 se aprobó la adoración de la hostia en el momento del “milagro” con toque de campanitas para la postración.

Todas estas explicaciones pujan “por dar forma literal a las palabras del Señor Jesús:

  • “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”

y quieren demostrar que la transformación del pan (hostia para ellos) y del vino para poder comer carne y beber sangre, únicamente es por medio de la Iglesia Católica.

b. Consubstanciación

Con la Reforma la doctrina anterior sufrió un revés, porque —según los reformadores— para que Cristo esté presente, no se requería el cambio de los emblemas. Sin embargo, Lulero no pudo librarse de la “presencia real” del cuerpo de Cristo. Decía él, que ya que Cristo está a la diestra de Dios y Dios es Omnipresente, esa diestra está en todas partes; quizás “en”, “con” y “debajo” del pan y del vino. También sobre esto hubo bastante polémica. Quizás para nuestro caso lo que podríamos extraer es que “dos sustancias pueden coexistir simultáneamente”, de modo que el cuerpo de Cristo está naturalmente y realmente presente en el pan y vino al ser consagrados por el ministro.

c. Recepción simbólica

L. Berkhof comentando las posiciones anteriores concluye con la siguiente apreciación:

“Esta influencia (la de la presencia de Cristo) aunque real, no es física sino espiritual y mística mediante el Espíritu, y está condicionada al acto de fe por el cual el comuni­cante simbólicamente recibe el cuerpo y la sangre de Cristo” (Juan 6:54) [2]

Notas

[1] K.S. Latourette: Historia del cristianismo (Tomo I-p.433)

[2] L.Berkhof, Teologia sistematica,pag.653,Ed. Tell

Bibliografia

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