La teologia de Finney parte 5 – depravación moral


4. La doctrina de la depravación moral:

Finney también negó que por causa del pecado de Adán su descendencia poseyera una naturaleza pecaminosa. De ser así, dice él,

“entonces el pecado en acción debe ser visto como una calamidad, y no puede ser un crimen. Éste es el efecto necesario de una naturaleza pecaminosa. Esto no puede ser un crimen, ya que la voluntad no puede hacer nada con ella” (pg. 262, lect. 16).

Y otro lugar dice:

“La voluntad humana es libre, de manera que los hombres tienen poder o habilidad para hacer todos sus deberes. El gobierno moral de Dios asume e implica por todas partes la libertad de la voluntad humana, y la habilidad natural de los hombres para obedecer a Dios. Cada mandamiento, cada amenaza, cada protesta o denuncia en la Biblia implica y presupone esto” (pg. 307, lect. 20).

Por supuesto, de ser así, si las demandas morales de Dios implican la habilidad moral del hombre para poder cumplirlas, entonces deberíamos presuponer que el hombre tiene la capacidad de llegar a ser perfectos, porque es eso, y nada menos que eso, lo que la ley exige (comp. Gal. 3:10; Sant. 2:10).

Qué quiere decir Depravación? Qué enseñan las Escrituras?

En primer lugar, la depravación tiene que ver con el pecado. Parece obvio, pero la aclaración debe hacerse si queremos mantener la verdad con respecto a la depravación total de individuo.

Históricamente, aquellos que niegan la doctrina de la depravación total del hombre, son aquellos que minimizan la realidad del pecado. Por ello es que el pecado no se toma con la seriedad que merece. Para Pelagius era sólo un hábito del hombre; para los semi-pelagianos una enfermedad. Actualmente no es tomado con el horror con el que es definido en la Biblia. En el espectro eclesiástico, existen desde los más liberales que enseñan que el pecado es una aflicción o una deficiencia mental, y por lo tanto la cura para el pecado está en la rehabilitación social, en el “haz el bien”, en las reformas sociales, la reforma del carácter externo del individuo.

Las Escrituras nos brindan una opinión diferente acerca del pecado. La Biblia enfáticamente nos informa que el pecado es siempre cometido contra Dios. Esto es fundamental. Dios es el Santo, Señor soberano del cielo y la tierra. Él es infinitamente perfecto. Su santidad es tan grande y la gloria de sus perfecciones es tan brillante que ante Él los ángeles deben cubrir sus rostros y cantar día a día,

  • “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:3).

Es contra Él que todo pecado es cometido. Esto nunca debe ser olvidado. El pecado es una contradicción de Su Santidad. Es una rebelión contra Dios. Cada pecado, no importa que tan mínimo, o insignificante nos parezca, es siempre cometido en relación con Dios. Dios creó al hombre con el único propósito de que glorificara a su Creador. No había otro propósito. Dios no creó al hombre porque estaba solo, o porque el hombre iba a llenar un espacio vacío en el corazón de Dios. Dios está y estará eternamente completo en la Trinidad, y aparte de la Trinidad no necesita nada meas. Dios no necesita a los ángeles, y mucho menos al universo, incluyendo a los hombres (1Corintios 10:31; Efesios 1: 3-6; etc,etc,etc).

El pecado de Adán fue un pecado cometido contra Dios. Fue el pecado del orgullo y la desobediencia y la rebelión en contra del mandato de Dios. Fue un acto deliberado, determinado, conciente de dejar de hacer aquello para lo cual fue creado. Adán no quiso tener nada más que ver con Dios y Su gloria. Adán prefirió seguir el consejo de Satanás; y prefirió representar al diablo, ayudarlo en su nefasto plan de robarle la gloria a Dios. Eso fue lo que hizo al pecado tan horrible. Fue cometido contra Dios, para robar su gloria.

Hasta el día de hoy no se ha cometido un pecado que sea diferente. Esto es lo que debemos comprender. Es por eso que el castigo en contra del pecado es tan grande. La gravedad del pecado se mide dependiendo de contra quien se ha cometido. Como nuestro pecado es cometido en contra del Dios infinitamente Santo y Justo, es infinitamente grave.

El castigo fue que Dios mató a Adán. Cualquiera puede entender porque esto fue necesario. Dios formó a Adán para que Adán representara la causa de Dios en la tierra, esto es, glorificar a su Creador. Adán se negó a hacer eso, y prefirió glorificar al diablo. Ese fue el deseo de Adán. Por ello, ya no había más lugar para Adán en el mundo de Dios. Dios, por lo tanto, mató a Adán,

  • “El día que comas del fruto prohibido, de cierto morirás.”

Qué significa esto? Adán no cayó muerto a un lado del árbol. Todos sabemos esto. Significa, en primer lugar, que Dios derramó toda Su ira sobra Adán. Todo su enojo y odio. Dios odió el pecado de Adán por lo que hizo, debido a que Dios odia todo aquello que va en contra de Su naturaleza. No podía ser diferente si Dios quería mantener Su santidad y luchar por lo que lucha siempre, Su Santo Nombre. No podía amar a algo  que no era santo como Él.

Debemos entender que esto ocurre a Adán fuera de Cristo, ya que en Cristo Adán fue salvo, y amado por Dios Padre. Adán, aparte de Cristo fue separado de la presencia de Dios, pues Dios no puede mantener comunión con el pecado. Ahora el mundo era diferente para Adán, antes era gozo, alegría; ahora es sufrimiento, aflicción, problemas, muerte, etc.

En segundo lugar, el que el pecado matara a Adán significa que el pecado lo hizo totalmente depravado. Eso es lo que significa la muerte espiritual. Pablo lo expresa claramente,

  • “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”

El castigo para la increíble transgresión de Adán fue que se convirtió en un esclavo del pecado en toda su naturaleza y en todo su ser. Este fue el castigo por su pecado. Todos los hombres son completamente depravados.

Cómo es posible que todos los hombres sean depravados? Primero, todos los hombres son en Adán responsables del pecado que Adán cometió. Esto porque Adán fue la cabeza o el representante de toda la humanidad. Pablo lo describe así,

  • “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.’ (1 Corintios 15:22).

Adán fue la cabeza de todos los hombres, porque Dios así lo decidió.

Segundo, Adán fue el padre de toda la raza humana así que de Adán viene toda la corrupción y la depravación. David, en sus salmnos lo describe así,

  • “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:5).

Qué entendemos por Depravación Total?

Las Escrituras y las Confesiones de la Iglesia nos enseñan que la depravación del hombre, como lo hemos visto, es total. Pero debemos hacer la distinción que a pesar de que el hombre es totalmente depravado, es decir, que no hay una sola molécula de su cuerpo que no esté corrompida por el pecado, el hombre no es tan malo como podría serlo. El artículo 4 de los canones de Dordt dicen que

“los remanentes de luz natural que aún quedan en el hombre desde su caída”

actúan como la manera en que Dios mantiene al hombre de ser totalmente perverso. El hombre pecador aún tiene el sentido del bien y el mal. El bien que hace el hombre, es hecho por Dios y para Su gloria.

Es decir, el hombre no anda por ahí matando a otros hombres, no anda adulterando (por lo menos no la mayoría), debido a que aún puede hacer obras que estén en armonía con la Ley de Dios. El hombre no vive una vida totalmente depravada, no porque no pueda, sino porque Dios no se lo permite.

Pero con respecto al bien espiritual, que es lo más importante, la biblia es clara en que el hombre no puede hacer nada bueno. Con el bien espiritual nos referimos a lo que concierne a la salvación. Es decir, el hombre no puede hacer nada para ser salvo.

Cuando Calvino y los padres de la iglesia reformada describieron el término depravación total, lo que quisieron decir fue “muerte espiritual.” El pecador está muerto, espiritualmente muerto. Viene a este mundo de su madre, obitado. No está enfermo. No padece de una enfermedad. Esta muerto. Esto es lo que enseña la Biblia.

Esto quiere decir, que su naturaleza está tan corrompida que no puede hacer nada bueno. El pecador no puede hacer nada que sea bien visto por Dios. Su corazón está muerto. La mente del hombre está muerta, está tan oscurecida por el pecado, que a pesar de poder entender las palabras de la Biblia, no puede comprender las cosas espirituales de Dios, de hecho, lo que comprende lo odia y no quiere tener algo que ver con Dios. Jesús, en su conversación con Nicodemo le dice que el hombre debe nacer de nuevo, debido a que,

  • “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (Juan 3: 19).

Lo mismo ocurre con la voluntad del hombre o el libre albedrío. La esclavitud de la voluntad describe perfectamente su estado–su voluntad está esclavizada al pecado. El hombre no puede ni siquiera desear lo bueno. Esta es su naturaleza. Está muerto espiritualmente. Puede un muerto pensar? Puede un muerto desear algo? Puede un muerto dar señales de vida? El hombre muerto espiritualmente no puede desear hacer ninguna cosa buena espiritualmente. Ni siquiera puede desear su salvación. Su mente está tan oscurecida que no puede ni siquiera buscar a Dios para ser salvo.

Pablo en la epístola a los Romanos nos dice,

  • “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda,No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3: 9-12; Romanos 3:23; Salmo 14, 53).

Alguien puede objetar diciendo que el hombre puede hacer cosas buenas, como amar a su esposa e hijos, amar a su prójimo, etc. El hombre ha hecho cosas en la ciencia que han sido de gran ayuda para la humanidad.

Lo primero que debemos decir a esta objeción es que la descripción acerca de la total depravación del hombre no se basa en la observación, sino en la declaración que nos da Dios en la Biblia. Quién es el que conoce el corazón del hombre? Dios es el que nos dice como somos y no alrevés.

En segundo lugar, con respecto a estas buenas obras. Desde los tiempos de Agustín en el siglo V, habían personas como Pelagius que objetaban estas sentencias. Lo que Agustín muy bien decía era que en el hombre, un mal detenía otro mal.

Por ejemplo, Agustín decía que un hombre que era dominado por el deseo de hacer dinero, ese deseo, le impedía cometer adulterio, o ser un alcohólico, con el único propósito de hacerse más y más rico.

Pero entonces Agustín hacía la pregunta: Es esto bueno a la vista de Dios? Por supuesto que no. Lo mismo sucede con las ‘buenas’ obras de los hombres. El hombre lo que busca es su propia gloria y el reconocimiento de los demás.

El pecado es orgullo. El hombre está siempre buscando ser exaltado por otros hombres. Este deseo es su principal motivo. Es esto bueno? No. Dios nos creó para que Él recibiera toda la gloria de todo lo que nosotros hacemos. Es por eso que sin Dios, ningún hombre hace buenas obras, o por lo menos obras que sean agradables a Dios.

Es más Dios nos dice,

  • “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6).

Todas las supuestas justicias o buenas obras del hombre son como trapos de inmundicia para Dios. Esta es la sentencia de la Biblia, y a esta nos debemos someter.

Cuando un pecador puede ver la sentencia de Dios sobre la humanidad, y se da cuenta de su depravación, puede caer a los pies de Dios en arrepentimiento y clamar por perdón, al igual que David (Salmo 51). Ahí es cuando un hombre puede ver la cruz de Cristo y su necesidad. Sólo así podemos ver y comprender la gracia que fue derramada sobre nosotros, los hijos del Altísimo.

Otros textos bíblicos:

Romanos 3:23; 1 Reyes 8:46; Salmo 143:2; 1 Juan 1:8; Romanos 3: 9-12,18; Romanos 1: 18; Romanos 7: 18; Romanos 8: 5-9; Romanos 6: 17-18; Efesios 2: 1-5; Efesios 4: 17-18.

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bibliografia consultada:

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