Albert Camus

4-01-2010

Albert Camus

Un cuatro de enero de 1960, Albert Camus, moría en un accidente de coche con el sobrino de su editor, Michel Gallimard. Aparece ahora en español un documento inédito que narra el acercamiento a Cristo del Nobel francés, considerado como una referencia del existencialismo.

Religión en Libertad,04/01/2010 – Soy un hombre desilusionado y exhausto. He perdido la fe, he perdido la esperanza. (…). Es imposible vivir una vida sin sentido”. Eso decía Albert Camus, hace ya 50 años, en París, al reverendo Howard Mumma, con quién entabló una profunda amistad. El nobel francés añoraba una trascendencia que alejase al mundo del sinsentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras.

Conversaciones en busca de respuestas
¿El padre del existencialismo, un ateo irredente, quería ser cristiano? Así es. Mumma recogió esas conversaciones en un libro que ahora ve la luz en castellano: El existencialista hastiado (Vozdepapel), en dónde traslucen los extensos y profundos diálogos con Camus y Sartre, y muestra hasta qué punto un existencialista hastiado luchó por alcanzar una fe que le diese aquello que el mundo no le daba.

Camus tenía inquietudes religiosas
Editado por primera vez en castellano, el extraordinario testimonio de Mumma recoge extensos y profundos diálogos con Camus, y muestra hasta qué punto un existencialista hastiado luchó por alcanzar una fe que le diese aquello que el mundo no le daba.

“Soy un hombre desilusionado”
El relato de este proceso de inquietud por conocer la respuesta que ofrece la fe cristiana a los interrogantes más profundos del ser humano, nos desvela a un escritor derrotado por el éxito e insatisfecho por la imposibilidad de encontrar en la lucha política por la justicia una solución a los problemas del mundo. “Soy un hombre exhausto y desilusionado. Es imposible vivir sin sentido”.

Desconcertante en él buscar el sentido de la vida. Las conversaciones de Mumma vienen precedidas por un estudio de la obra literaria y filosófica de Albert Camus, en el que el profesor universitario José Ángel Agejas recorre las distintas etapas creativas del escritor.

¿Una respuesta al sentido de la vida?
Lo más interesante de este análisis es comprobar cómo Albert Camus se planteó siempre desde la honestidad intelectual que su obra literaria no era una respuesta a la cuestión del sentido de la vida, sino una reflexión en voz alta sobre la incapacidad del mundo para dar una respuesta satisfactoria.

Camus no se consideraba un existencialista
Camus sufrió siempre la incomprensión de quienes le consideraban un existencialista, etiqueta que él rechazó. Su obra no era una defensa del absurdo de la existencia, sino un testimonio de que el mundo sólo responde con el absurdo a la inquietud del corazón humano por encontrar el sentido.

“Voy a seguir luchando por alcanzar la fe”
Del ateísmo a la creencia. La despedida de Mumma y Camus concluyó con la fase más desconcertante del relato para quienes siguen viendo en el Nobel francés a un defensor del agnosticismo: “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!”.

http://www.eltestigofiel.org/informacion/noticias.php?idn=6401

(El existencialista hastiado. Howard Mumma. Edición de José Ángel Agejas. Vozdepapel).

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El existencialismo, filosofía de nuestra época.

 El existencialismo, filosofía de nuestra época.

El apogeo del “existencialismo”, de las diferentes tendencias filosóficas y problemas que se incluyen en esta designación, es resultado de la vigencia de un clima espiritual, de una sensibilidad histórica favorables para disposiciones emocionales e intelectuales que encuentran su fundamento en el hombre concreto, en la primacía de las estructuras de su existencia. Pero este clima o estado anímico general, a cuyo advenimiento han contribuido también la poesía, con sus nuevas dimensiones vivenciales, y la literatura y el arte, tiene sus raíces más profundas en la filosofía, en la actitud filosófica del hombre contemporáneo que, en medio de una situación histórica modificada, empieza a vislum­brar en el existir (Dasein), el único acceso a la vida, como peculiar modo de ser.

 

La visión filosófica, que se había enajenado en la obje­tividad, en las instancias racionales a que tiene acceso la conciencia cognoscente, el yo abstracto, se desplaza hacia lo inmediato, a la esfera de la emotividad y de los estratos irracionales del sujeto real, es decir, hacia el hombre exis­tente y la peculiar movilidad de sus estructuras tempora­les. Este desplazamiento se ha venido gestando en el seno mismo de las posiciones racionalistas del idealismo moder­no y de las tendencias influidas por éste. Así, Pichte afirma que la realidad que contempla la filosofía va a encontrar su centro en el hombre; la filosofía ha de tener por objeto la existencia del hombre, tomado íntegramente. Schelling, a su vez, prestando atención a la inmediatez de los conteni­dos existenciales, nos dice que el dato irracional, en el sujeto existente, escapa a las categorías .racionales de la conciencia cognoscente. También Hegel reconoce el momento de la existencia, pero ésta, como lo histórico singular, como sujeto finito, queda, para él, recogida en la razón absoluta, y es “superada” y desaparece en el proceso racional dia­léctico.

CARLOS ASTEADA,actas del primer congreso nacional de fi­losofía, Mendoza, 1949, Tomo I, págs. 349-50.

Fuente: Hebe R.Vidal, Fundamentos de Filosofia, Libreria Huemul, Bs.As., Argentina,1970,p.137-138