Juan Pablo Bongarrá


Juan Pablo Bongarrá

Pastor de la Iglesia “La Puerta Abierta”, Buenos Aires.


Una de las cosas que nos hace sentir bien en este tiempo es poder encontrar testimonios del obrar de Dios en todas partes del país. Me refiero a que, cuando uno viaja, ve templos, lugares de reunión, obras de servicio a la comunidad en los lugares menos pensados. No todos tienen una imagen elegante o son un dechado de arquitectura, pero allí están. Reconozco que en el pasado miraba esos testimonios como ajenos a mí, eran de otra denominación, no me eran propios. Simplemente que al no conocer a esos hermanos en la fe no tenía la sensación de que tuvieran algo que ver conmigo.

Es que por mucho tiempo nuestra mirada fue muy localista, sólo son buenos los que son como nosotros, sólo estoy orgulloso de los forman parte de mi denominación, sólo voy a orar por quienes respondan al llamado que yo les haga. Y así en vez de crecer como una familia unidad hemos crecido recelando, sospechando y criticando.

Si esa iglesia crece “por algo debe ser”, “seguro que no predica la sana doctrina”, “aceptan a cualquiera”. Si el edificio o el ministerio de esa iglesia crece será porque “le sacan la plata a la gente”, “vaya a saber de dónde sacan el dinero”. Con esas “sabias” explicaciones queremos esconder la envidia que nos da el ver cómo Dios bendice a otros más de lo que me bendice a mí. Más que eso, sin darnos cuenta estamos cuestionando a Dios por no ser lo suficiente justo y darle tanto al que según nosotros no se lo merece.

Por otro lado, también desarrollamos un juicio peyorativo cuando vemos a otras congregaciones que no crecen como la nuestra y pensamos que son menos que nosotros, que son proyectos sin futuro, que están dirigidas por personas sin nuestra capacidad. ¿Alguno que está leyendo esto se siente señalado particularmente? Es hora que demos un paso a la madurez y comencemos a mirarnos como el Señor nos ve. El Señor no se fija en las cantidades, ni en el tamaño de los edificios, él mira el corazón. Sólo busca que le amemos y que le seamos fieles. ¿Alguien cree que Dios tiene hijos privilegiados? ¿Iglesias privilegiadas? ¿Denominaciones privilegiadas? Estoy seguro que el Señor quiere ver crecer a todos sus hijos, quiere ver avanzar su Reino y para eso él quiere usarnos a todos. Dios no tiene muchas iglesias tiene una sola, que se expresa en variadas y multifacéticas maneras. Cuando entendí esto comencé a pensar que no sólo me va bien a mí cuando mi iglesia crece, sino que me va bien también cuando la otra iglesia crece.

Cuando es bendecida soy bendecido, cuando le va mal me va mal a mí. No es de otra familia, son mis hermanos. Cualquier espíritu de competencia, de orgullo por ser mejor, de menosprecio porque no tienen lo que yo tengo es ajeno al espíritu del Señor. Ninguna congregación por más grande que sea va a poder ganar a toda la ciudad, nos necesitamos todos, todos somos importantes. Cuando una iglesia piensa que es el centro del universo y su pastor habla mal de las otras iglesias y de sus pastores, es una muestra clara que el espíritu de Diótrefes sigue haciendo de las suyas. Es hora de dejar de creernos hijos privilegiados y comenzar a amarnos y servirnos como hermanos.

Las iglesias que tienen más compartiendo con las que tienen menos, pensando en el Reino de Dios y no en el nuestro. Te animo a que la próxima vez que veas una iglesia que no sea donde vos te congregás, te pares y le des gracias a Dios por ese testimonio, lo bendigas y puedas pensar: “Esos son mis hermanos, esa es también mi casa”.

http://www.elpuenteonline.com/contenidos/archivo/501-juan-pablo-bongarra

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. daniel glauche
    Ago 03, 2010 @ 19:18:01

    Que brisa de aire puro espiritual senti al leer este articulo!!!!! es verdad no hay ni iglesias ni pastores “vip”.DIOS te bendiga pastor Juan Pablo !!!!

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