LA CENA DEL SEÑOR parte 1


LA CENA DEL SEÑOR parte 1

En los primeros tiempos, la iglesia alababa al Señor diariamente en lo que Lucas denomina:

  • “el rompimiento del pan”. (Hch. 2:42)

Se trataba de una parte sustancial de la comunión que los hermanos fomentaban con la comida comunitaria cotidiana. (Hch. 2:46)

Según leemos en los evangelios, fue el mismo Señor Jesús quien habló de esta celebración como una memoria de él. (Luc. 22:19; 1 Cor. 11:24)

Por el carácter festivo que tuvo posteriormente (1 Cor. 5:8) se la denominó: “una fiesta”. Las condiciones espirituales de los discípulos con su confusión de objetivos y luchas internas, dieron cierto dramatismo a lo que el Señor estaba haciendo. Según Juan con el lavamiento de los pies, les enseñó el modo de conocer y practicar la autoridad (Jn. 13:2-15) para mantener la comunión.

La cena del Señor no era una continuación de la pascua, sino un nuevo modo de fortificar los lazos mutuos y con el Señor Jesucristo resucitado para alimentar el testimonio hasta que él volviera por segunda vez. Este estilo de vida estaba basado sobre el “nuevo pacto” (Mat. 26:28)  entre él y los creyentes como familia de Dios.

A. Institución

La ordenanza de la cena del Señor fue instituida la noche antes de la crucifixión de Cristo como una representación simbólica de la participación del creyente en los beneficios de su muerte. Como tal, ha sucedido a la Pascua que los judíos han celebrado permanentemente desde su salida de Egipto.

Según la exposición dada en 1 Corintios 11:23-29, al ordenar a sus discípulos que comieran el pan, Jesús les dijo que el pan representaba su cuerpo que sería sacrificado por ellos. Debían observar este ritual durante su ausencia en memoria de Cristo. Cristo declaró que la copa de vino era el nuevo pacto en su sangre; al beber de la copa recordarían a Cristo especialmente en su muerte. Debía observar esta, celebración hasta su regreso.

La historia de la iglesia ha visto interminables controversias en torno a la cena del Señor. En general se han destacado tres puntos de vista principales.

  • La Iglesia Católica Romana ha sostenido la doctrina de la «transubstanciación», esto es, el pan y ‘el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo y la persona que participa en ellos está participando literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, “aunque sus sentidos puedan reconocer que los elementos siguen siendo pan y vino”.
  • Un segundo punto de vista es sustentado por los luteranos y se le llama «consubstanciación», aunque la palabra no es aceptada por los luteranos. Este punto de vista sostiene que, aunque, el pan sigue siendo pan y. el vino sigue siendo vino, en ambos elementos está, la presencia del cuerpo de Cristo, y de este modo uno participa del cuerpo de Cristo al observar la cena del Señor.
  • Un tercer punto de vista sustentado por Zuinglio es llamado punto de vista conmemorativo y sostiene que la observancia de la cena del Señor es una «conmemoración» de su muerte sin que ocurra ningún cambio sobrenatural en los elementos. Calvino sostuvo una variante de esto según la cual Cristo estaba espiritualmente en los elementos.

Las Escrituras parecen apoyar el punto de vista conmemorativo, y los elementos que contendrían o simbolizarían la presencia de Cristo serían más bien un reconocimiento de su ausencia. En armonía con esto, la cena del Señor debe ser celebrada hasta que El venga. Una observancia adecuada de la cena del Señor debe tener en cuenta ‘las cuidadosas instrucciones del apóstol Pablo en 1 Corintios 11:27-29. La cena del Señor debe observarse con la debida reverencia y después de un auto examen. El que participa de la cena de una manera descuidada o indigna acarrea condenación sobre sí. Pablo dice:

  • «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa (1 Co. 11:28).

Muchos cristianos han considerado, con mucha justicia, que la cena del Señor es un momento sagrado de conmemoración de la muerte de Cristo y de todo lo que ello significa para el cristiano individual. Como Pablo lo dice, es un tiempo de examen interior, un momento de confesión de pecados y de restauración. Además, es un recordatorio de los maravillosos beneficios que han alcanzado a cada creyente por medio de la muerte de Cristo.

Así como la cena del Señor señala hacia el hecho histórico de la primera venida de Cristo y su muerte en la cruz, debe también señalar hacia su segunda venida cuando la observancia de la cena del Señor cesará. Aun cuando no se da una indicación clara de la frecuencia de la observancia, parece probable que los cristianos primitivos la practicaban con frecuencia, quizás una frecuencia de una vez a la semana cuando se reunían el primer » día para celebrar la resurrección de Cristo. En todo caso, la observancia de la cena del Señor no debiera ser distante en el tiempo, sino en obediencia respetuosa y adecuada a su mandamiento de hacerlo hasta que El venga.

Según leemos en los evangelios, el Señor tomó del pan que quedaba de la pascua (Jn. 13:27) y convidó a todos diciendo: “Esto es mi cuerpo”. Además agregó:

“… que por vosotros es dado” (Luc. 22:19) y que posteriormente Pablo menciona bajo la forma de: “por vosotros es partido….”

Esta aclaración podría tener dos sentidos:

  • mirando al pacto, la víctima era partida al medio; (Gn.15:18; comp. Heb. 10:20) y
  • b) mirando a la comunión, el pan repartido significa la comunión de todos en el cuerpo de Cristo. Describe de un modo muy gráfico que todos los participantes están inquebrantablemente unidos entre sí en el cuerpo de Cristo.

Después, dice la Biblia que tomó “la copa” y proclamó el “nuevo pacto” en su sangre, hecho sobre “mejores promesas” porque es un pacto eterno. Posiblemente, los apóstoles no comprendieron el valor de todo lo que estaba en juego, pero nosotros sí, sabemos que participar de la cena del Señor significa ratificar nuestro anhelo de vivir identificados con Cristo en comunión con los hermanos.

B. Participación

Deducimos de las Escrituras que el valor de la participación radica en tres detalles sobresalientes:

a. La Persona que invita – “El Señor Jesús”

  • 1 Corintios 11:23-25: “El Señor Jesús la noche que fue entregado tomó pan; y habiendo dado gracias lo partió y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mi. Lo mismo hizo con la copa y volvió a repetir: “en memoria de mí”.

La Biblia dice también que la invitación fue formulada “después de haber cenado“, como para descartar cualquier vinculación con lo anterior. Hacer memoria de él, es unir muchos corazones en una sola persona.

b. La circunstancia en que lo hace – “la noche que fue entregado”

No podemos despojarnos del pensamiento del estado del mundo “la noche que fue entregado”. La religión en contra, Judas en la traición, Pedro en la duda. Los romanos en la expectativa y Pilato buscando favores. En esa noche tan singular el Señor quiso consolidar su amor con un pueblo propio comprometido con el únicamente.

c. El mensaje que perpetúa – ” … hasta que venga …”

“La muerte del Señor anunciáis [gr.katangello] hasta que venga”. El término griego katangello aparece unas diecisiete veces en el Nuevo Testamento y está siempre relacionado con la exposición del mensaje. (Heb. 13:20)

Parecería que el modo feliz de ser y la comunión sincera entre los hermanos, formaba parte integral de la proclamación que necesitaba de inconversos para que tuviera el sentido que contiene en el Nuevo Testamento.

Los cambios visibles en las vidas de los integrantes hacían que la proclamación fuera apetecible a los extraños. De modo que, la integración del amor mutuo, el gozo espiritual, y la adoración al Señor, eran las partes sustanciales del mensaje de la vida eterna.

C. Contenido

Hemos dejado un espacio especial para un componente que nos parece muy importante. Tanto el Señor Jesús como el apóstol Pablo hablaron del pan y del vino como del “nuevo pacto”.

La sangre derramada era la evidencia que Dios realizaba una nueva alianza (Mateo 26:28; Hebreos 9:15) y que el vino la representaba. Aunque en ninguno de los pasajes se establece quienes eran las partes integrantes del pacto, podríamos presumir que se trata de Cristo y los “muchos”, o Dios y los “muchos”, mencionados por Mateo. La clave del pacto es el perdón divino con la posibilidad de utilizar un símbolo capaz de abarcar a todos. Al beber de la copa, es como si dijéramos en nuestro interior: “yo recibí el perdón” y “estoy unido con todos los demás perdonados”. Es por este carácter de pacto que necesitamos analizar nuestra relación con los hermanos y estar seguros que vivimos en santidad delante de Dios.(Hebreos 12:14)

E. Deformación

A pesar de la enseñanza del Señor Jesús y de lo que acabamos de estudiar esta “memoria” sufrió muchas transformaciones, porque poco tiempo después de la era apostólica, comenzaron a tomar cuerpo las ideas sobre la gracia que impartía el cuerpo y la sangre de Cristo.

Aconsejamos la lectura de los siguientes pasajes: Hechos 4:2; 13:5; 13:38; 15:36; 17:3; 17:13, 23; 1 Corintios 2:1; 9:14; Filipenses 1:16, 18; Colosenses 1:28

a. Transubstanciación

Alrededor del año 844 AD., Pascacio Radbert inició el desa­rrollo desde su monasterio en Corbie, de una teoría que unía los antecedentes conocidos del modo siguiente:

“mientras para los sentidos el pan y el vino de la eucaristía permanecían inmutables, por un milagro, la sustancia del cuerpo y de la sangre de Cristo (el mismo cuerpo que era suyo aquí en la tierra) se hacía presente en ellos. Sin embargo, este cambio ocurre solamente para los que creen y lo aceptan por la fe, y no es efectivo para los que no creen”[1]

Esta teoría cobró más cuerpo con el apoyo posterior de Tomás de Aquino. Fue este filósofo quién ideó la doctrina de la concomitan­cia, es decir, que en virtud de la cercanía, la sangre de Cristo está también en el pan consagrado.

El término “transubstanciación” fue aprobado en el Concilio Cuarto de Letrán convocado por Inocencio III (1215). En dicha ocasión, se trataron de unir las varias declaraciones existentes para igualarlas a las de Aquino y producir un documento que explicara el “milagro” como la “conversión de los elementos en la sustancia del Señor” (T. Aquino: Summa Teológica III -75/3). Posteriormente en 1259 se aprobó la adoración de la hostia en el momento del “milagro” con toque de campanitas para la postración.

Todas estas explicaciones pujan “por dar forma literal a las palabras del Señor Jesús:

  • “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”

y quieren demostrar que la transformación del pan (hostia para ellos) y del vino para poder comer carne y beber sangre, únicamente es por medio de la Iglesia Católica.

b. Consubstanciación

Con la Reforma la doctrina anterior sufrió un revés, porque —según los reformadores— para que Cristo esté presente, no se requería el cambio de los emblemas. Sin embargo, Lulero no pudo librarse de la “presencia real” del cuerpo de Cristo. Decía él, que ya que Cristo está a la diestra de Dios y Dios es Omnipresente, esa diestra está en todas partes; quizás “en”, “con” y “debajo” del pan y del vino. También sobre esto hubo bastante polémica. Quizás para nuestro caso lo que podríamos extraer es que “dos sustancias pueden coexistir simultáneamente”, de modo que el cuerpo de Cristo está naturalmente y realmente presente en el pan y vino al ser consagrados por el ministro.

c. Recepción simbólica

L. Berkhof comentando las posiciones anteriores concluye con la siguiente apreciación:

“Esta influencia (la de la presencia de Cristo) aunque real, no es física sino espiritual y mística mediante el Espíritu, y está condicionada al acto de fe por el cual el comuni­cante simbólicamente recibe el cuerpo y la sangre de Cristo” (Juan 6:54) [2]

Notas

[1] K.S. Latourette: Historia del cristianismo (Tomo I-p.433)

[2] L.Berkhof, Teologia sistematica,pag.653,Ed. Tell

Bibliografia

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Gloria
    Jul 11, 2010 @ 07:07:14

    Gracias por tu dedicación al instalar esta web. Conozco tu testimonio y sé de tu amor a Dios. Eres celoso al escudriñar las escrituras. Te felicito. Gloria

  2. Ricardo Paulo Javier
    Jul 11, 2010 @ 14:01:01

    graciasssssssssssssss!!!!

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