La segunda venida de Jesús VII. La vida cristiana y la esperanza

La segunda venida de Jesús VII. La vida cristiana y la esperanza

El evangelio es una buena noticia

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley”. Gálatas 4: 4

Recordemos que la palabra “cumplimiento” significa : “todas las cosas que tenían que pasar, pasaron”

Éste verso declara que Dios el Padre envió a Su Hijo cuando “el tiempo fue cumplido”. Había muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo en el primer siglo que, al menos desde el razonamiento humano, parecía ser el ideal para que Cristo viniera. Esto incluye lo siguiente:

1) Había gran expectación entre los judíos de ese tiempo por la llegada del Mesías. Los romanos gobernaban sobre Israel, haciendo que los judíos estuvieran ansiosos por la aparición del Mesías.

2) Roma había unificado gran parte del mundo bajo su gobierno, dando la sensación de unidad a las muchas tierras conquistadas. Además, como el imperio se encontraba relativamente pacífico, hizo posible que los primeros cristianos pudieran viajar para esparcir el Evangelio, cosa que hubiera sido imposible durante otros tiempos.

3) Mientras que Roma había conquistado militarmente, Grecia lo había hecho culturalmente. Una forma “común” del idioma griego (diferente al griego clásico) era el lenguaje comercial, que era hablado a través de todo el imperio, haciendo posible la comunicación del Evangelio a muchos diferentes grupos de gente, mediante un lenguaje común.

4) El hecho de que los ídolos de mucha gente habían “fallado” al negarles la victoria sobre los conquistadores romanos, causó que muchos abandonaran su adoración. Al mismo tiempo en las ciudades más “cultas”, la filosofía y la ciencia griega de ese tiempo, dejó a otros espiritualmente vacíos de la misma manera que en la actualidad, el ateísmo y los gobiernos comunistas han dejado un vacío espiritual en las personas.

5) Las religiones misteriosas de ese tiempo, enfatizaban un dios-salvador y requerían que sus adoradores le ofrecieran sacrificios sangrientos; por lo que hacía que el Evangelio de Cristo, que implicaba un ultimo sacrificio, no fuera algo increíble para ellos. También los griegos creían en la inmortalidad del alma (pero no del cuerpo).

6) El ejército romano reclutaba soldados de entre las provincias, exponiendo a estos hombres a la cultura romana y a las ideas (tales como el Evangelio) que de otra manera, no habrían alcanzado a aquellas lejanas provincias. La primera introducción del Evangelio en Gran Bretaña, fue resultado del esfuerzo de soldados cristianos estacionados ahí.

Es a partir de este glorioso evento que una buena noticia se echó a rodar por el mundo. Un mundo viejo y cansado de malas noticias, que son sólo versiones renovadas de la tragedia humana, escuchó el mensaje de alguien que prometió “hacer nuevas todas las cosas”. Así, avanzando contra las tinieblas, la luz verdadera siguió su curso fulgurante que nada ni nadie pudo ni puede ni podrá detener.

De esta manera conciben los autores bíblicos el anuncio del Evangelio de Jesucristo por los caminos del Mundo. Pablo habla de la dinamita de Dios de la cual él no se avergüenza. Juan habla de “la luz que brilla… y la oscuridad no ha podido apagarla”. Lucas narra la épica de un avance incontenible contra viento y marea, en el mundo greco-romano del siglo I.

Esta buena noticia no fue tan sólo un sistema de ideas que se contrapuso a los sistemas de ideas, de aquella época o los hoy vigentes en el mundo. No fue ni es una ideología más en el supermercado intelectual del momento.

Es un poder, es una  forma de vivir y plantarse frente al mundo, es un comunidad que trasciende barreras. Para recuperar el sentido vigoroso de un estilo de vida evangélico hay que sacar el Evangelio de manos de los vendedores profesionales que la han vuelto un inocuo producto comercial que se ofrece al mejor postor. Dondequiera un ser humano que invoca el nombre de Cristo se atreve a vivir por él; se esfuerza por practicar sus demandas de amor, justicia, servicio y arrepentimiento; alza sus ojos con esperanza y vence el temor, allí es donde está avanzando el Evangelio.

A partir del siglo I, siglo tras siglo, vivir el Evangelio ha sido toda una aventura que ha probado las promesas del Dios de Abraham, Isaac, Jacob, Jesucristo y Pablo. Hoy sigue siendo así. La atmósfera de nuestro tiempo es otra. La oposición de afuera y las traiciones de dentro han cambiado de rostro. Jesucristo es el mismo hoy, ayer y siempre y por ello hay que entender cómo vivir el Evangelio eterno de nuestro tiempo.

La vida de los cristianos primitivos era realmente digna de ser imitada.

Una carta de un cristiano anónimo del siglo II d.C. dirigida a un pagano llamado Diogneto, describe de una manera viva y actual el carácter de la experiencia cristiana de los orígenes y su sorprendente contenido de novedad en un mundo que no era cristiano.

Los cristianos no se distinguieron de los demás hombres ni por su territorio, ni por su lengua, ni por su vestimenta,. No habitaron en ciudades propias, ni usaron un lenguaje particular ni llevaron un género de vida especial. Su doctrina no fue el fruto o la conquista del talento y la especulación de hombres estudiosos; ni profesaron, como hicieron algunos, un sistema filosófico humano.

Vivieron en ciudades griegas o bárbaras según les hubo tocado en suerte a cada uno. Siguieron las costumbres de los habitantes del país en el vestido, la comida y el resto del vivir. Sin embargo, dieron muestras de una forma, de vida admirable y, al decir de todos, increíble. Habitaron en sus patrias respectivas, pero como forasteros; participaron en todo como ciudadanos, pero se comportaron como extranjeros. Toda tierra extranjera fue como una patria para ellos y toda patria era al mismo tiempo tierra extranjera.

Se casaron como todos y engendraron hijos, pero no se deshacían de los hijos que concebían. Tenían la mesa en co mún, pero no el lecho. Vivían en la carne, pero no según la carne. Pasaron su vida en la tierra, pero eran ciudadanos del cielo. Obedecieron a las leyes establecidas, pero con el tenor de su vida superaron las leyes.

Amaron a todos, y todos les perseguieron. Se los condenó aún sin conocerlos. Se les dió muerte y con ello recibieron la vida. Muchos fueron  pobres, pero aun asi enriquecieron a muchos; a veces carecían de todo, pero en todo abundaron; …¡hicieron el bien y fueron castigados como malhechores.

…¡los judíos los combatieron como a ex traños y los gentiles los persiguieron. Sin embargo, los mis mos que los aborrecian no saben explicar el motivo de su hostilidad hacia ellos.

Para decirlo en una palabra, los cristianos son al mundo lo que el alma es al cuerpo. Esta, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así, también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; así, también los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo{…) El alma ama el cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; del mismo modo, los cristianos aman a los que los odian{…¡ Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar”.

La vida cristiana y la esperanza

El cristiano vive entre el “ya” y el “todavía no”, entre la resurrección de Cristo y la futura resurrección general en el momento de la venida de Cristo. Esto explica la estructura distintiva de la existencia cristiana, fundada en la obra terminada de Cristo en el pasado histórico y, al mismo tiempo, desenvolviéndose en la esperanza del futuro que se nutre de esa misma historia pasada, y es garantizada por ella. La estructura se ve, por ejemplo, en la Cena del Señor, donde el Señor resucitado está presente en medio de su pueblo en un acto de “recordación” de su muerte, que es a la vez un simbólico anticipo del banquete escatológico del futuro, que da testimonio, por lo tanto, de la esperanza de su venida.

El período que transcurre entre el “ya” y el “todavía no” es el período del Espíritu y el período de la iglesia. El Espíritu es el regalo escatológico prometido por los profetas (Hch. 2.16–18), por medio del cual los cristianos participan ya de la vida eterna de la era venidera. El Espíritu es el creador de la iglesia, el pueblo escatológico de Dios, que ya ha sido transferido de la potestad de las tinieblas al reino de Cristo (Col. 1.13). Por medio del Espíritu presente en la iglesia la vida de la era venidera ya se está viviendo en medio de la historia de este presente siglo malo (Gá. 1.4). Así, en un sentido, la nueva era y la era pasada se superponen; la nueva humanidad del postrer Adán coexiste con la vieja humanidad del primer Adán. Por la fe sabemos que la vieja era va pasando y que está sujeta a juicio, y que la futura depende de la nueva realidad de Cristo.

El proceso del cumplimiento escatológico en la superposición de las edades comprende la misión de la iglesia, que cumple el universalismo de la esperanza veterotestamentaria. La muerte y la resurrección de Cristo constituyen un acontecimiento escatológico de significación universal que, sin embargo, debe cumplirse universalmente en la historia mediante la proclamación mundial del evangelio por la iglesia (Mt. 28.18–20; Mr. 13.10; Col. 1.23).

Sin embargo, la línea divisoria entre la era antigua y la nueva no corre sencillamente entre la iglesia y el mundo; corre a través de la iglesia y a través de la vida del cristiano individual.

Estamos siempre en proceso de transición del antiguo al nuevo, viviendo en tensión escatológica entre el “ya” y el “todavía no”. Somos salvos, y no obstante seguimos aguardando la salvación.

Dios nos ha justificado,  es decir ha anticipado el veredicto del juicio final al declararnos absueltos por medio de Cristo. Sin embargo. todavía “aguardamos por fe la esperanza de la justicia” (Gá. 5.5).

Dios nos ha dado el Espíritu por medio del cual compartimos la vida de resurrección de Cristo. Pero el Espíritu es solamente el primer anticipo (2 Co. 1.22; 5.5; Ef. 1.14) de la herencia escatológica, el pago inicial que garantiza el pago total.

El Espíritu constituye las primicias (Ro. 8.23) de la cosecha total. Por lo tanto, en la presente existencia cristiana todavía conocemos lo que significa la lucha entre la carne y el Espíritu (Gá. 5.13–26), entre la naturaleza que heredamos del primer Adán y la nueva naturaleza que recibimos del postrer Adán, Todavía estamos a la espera de la redención de nuestro cuerpo en el momento de la resurrección (Ro. 8.23; 1 Co. 15.44–50), y la perfección sigue siendo la meta hacia la cual proseguimos (Fil. 3.10–14).

La tensión entre el “ya” y el “todavía no” representa una realidad existencial de la vida cristiana.

Por esta misma razón la vida cristiana incluye el sufrimiento. En esta era los cristianos necesariamente deben compartir los sufrimientos de Cristo, para que en la era futura puedan compartir su gloria (Hch. 14.22; Ro. 8.17; 2 Co. 4.17; 2 Ts. 1.4s; He. 12.2; 1 P. 4.13; 5.10; Ap. 2.10), es decir la “gloria” pertenece al “todavía no” de la existencia cristiana. Esto se debe tanto al hecho de que todavía estamos en este cuerpo mortal, como también porque la iglesia aún permanece en el mundo donde Satanás tiene el dominio. Por lo tanto, su misión es inseparable de la persecución, así como lo fue la de Cristo (Jn. 15.18–20).

Es importante notar que la escatología del  Nuevo Testamento nunca se reduce a mera información acerca del futuro. La esperanza futura siempre tiene pertinencia para la vida cristiana presente.

Por este motivo se la toma repetidamente como base para las exhortaciones para que la vida cristiana concuerde con la esperanza cristiana (Mt. 5.3–10, 24s; Ro. 13.11–14; 1 Co. 7.26–31; 15.58; 1 Ts. 5.1–11 ; He. 10.32–39; 1 P. 1.13; 4.7; 2 P. 3.14; Ap. 2s).

La vida cristiana se caracteriza por su orientación hacia el momento cuando el gobierno de Dios ha de prevalecer finalmente en todo el universo (Mt. 6.10), y por consiguiente los cristianos han de representar esa realidad frente a todo el dominio aparente de la iniquidad en la era actual.

Han de esperar aquel día en solidaridad con el vehemente deseo de la creación toda (Ro. 8.18–25; 1 Co. 1.7; Jud. 21), y han de sufrir aguantando con paciencia las contradicciones de la hora actual.

La capacidad de resistir es la virtud que el Nuevo Testamento más a menudo asocia con la esperanza cristiana (Mt. 10.22; 24.13; Ro. 8.25; 1 Ts. 1.3; 2 Ti. 2.12; He. 6.11s; 10.36; Stg. 5.7–11; Ap. 1.9; 13.10; 14.12). A través de la tribulación de la presente era, el cristiano aguanta, incluso regocijándose (Ro. 12.12), con la fortaleza de la esperanza que, fundada en la resurrección del Cristo crucificado, le asegura que el camino de la cruz es el camino hacia el reino.

El creyente cuya esperanza está cimentada en los valores permanentes del futuro reino de Dios se verá liberado de la esclavitud en la que viven los materialistas de este mundo (Mt. 6.33; 1 Co. 7.29–31; Fil. 3.18–21; Col. 3.1–4).

El cristiano cuya esperanza es que Cristo finalmente lo presentará perfecto delante de su Padre (1 Co. 1.8; 1 Ts. 3.13; Jud. 24) se esforzará por alcanzar esa perfección en el presente (Fil. 3.12–15; He. 12.14; 2 P. 3.11–14; 1 Jn. 3.3). Ha de vivir en constante vigilancia (Mt. 24.42–44; 25.1–13; Mr. 13.33–37; Lc. 21.34–36; 1 Ts. 5.1–11; 1 P. 5.8; Ap. 16.15), como siervo que espera diariamente el regreso de su amo (Lc. 12.35–48).

La esperanza cristiana no es utópica. El reino de Dios no se construye mediante el esfuerzo humano; es obra de Dios mismo. No obstante, puesto que el reino representa la consumación perfecta de la voluntad de Dios para la sociedad humana, será a la vez el móvil para la acción social cristiana en el presente.

En la hora actual el reino se anticipa principalmente en la iglesia, la comunidad de aquellos que reconocen al Rey, pero la acción social cristiana para el cumplimiento de la voluntad de Dios en el seno de la sociedad en general será también señal del reino que se avecina.

Los que oran por la venida del reino (Mt. 6.10) no pueden menos que poner por obra dicha oración hasta donde les sea posible. Lo harán, sin embargo, con ese realismo escatológico que reconoce que todos los anticipos del reino en esta era serán provisorios e imperfectos, que el reino venidero no debe nunca confundirse con las estructuras sociales y políticas de la presente era (Lc. 22.25–27; Jn. 18.36), y estas últimas con frecuencia incluirán oposición satánica al reino (Ap. 13.17).

De esta manera los cristianos no sufrirán desilusión ante los fracasos humanos, sino que persistirán en su confianza en la promesa de Dios. El utopismo humano tiene que redescubrir su verdadera meta en la esperanza cristiana, y no a la inversa.

Miremos a Jesus, quien invitaba a que le siguieran, pero nunca coaccionaba a nadie. Cuando terminaba de hablar solía decir: “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Más bien Él fue víctima de la intolerancia de los sacerdotes, escribas y fariseos, a quienes criticaba por estar demasiado aferrados a la letra de la ley. Mientras éstos todo lo arreglaban con el cumplimiento estricto de las normas, Jesús dice que no ha sido creado el hombre para la ley, sino la ley para el hombre. Y así Jesús “violaba el sábado”, curando enfermos en días en que la ley lo prohibía; era criticado porque a veces no cumplían ni él ni sus discípulos las normas del ayuno; aunque respetaba el templo, lo relativizó (Para orar enciérrate en tu cuarto, adora a Dios en espíritu y en verdad); consideró injusta la ley que castigaba a la adúltera, daba más importancia al amor al prójimo que a ciertas leyes rituales ( Véase la parábola del Buen Samaritano). Cuando algunos de sus discípulos se celaban de que otros expulsaran demonios en su nombre, Él les reprendió. Otro tanto ocurrió cuando le pidieron que mandase fuego del cielo y consumiera a aquellos que no les quisieron recibir en una aldea de Samaría.

Todos sabemos que muchos de los amigos de Jesús, de las personas que le acompañaban, no se distinguían precisamente por su buena fama, llámense, Mateo, Zaqueo, Magdalena o la Samaritana… Jesús, en este sentido, pasaba ampliamente de los comentarios y cuchicheos de la gente. Era una persona verdaderamente libre. Por eso mismo era tolerante. O en todo caso, si alguna vez sacó el genio, fue precisamente con los intolerantes. Porque, eso sí, Jesús nunca renunció a sus firmes convicciones y a su lucha contra la mentira, la injusticia y el pecado, como tampoco nosotros debemos renunciar.

Este es el Jesus que esperamos, pero glorificado.No el Jesús religioso,light, descafeinado,que muchos predican hoy,sino el Cristo de la Gloria. Recordemos que el viene pronto.

1ª. Epístola de Juan 4:1,3 dice: “Amados, no creáis a todo espíritu sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”

“Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, . . . para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”gal.4:4

fuentes:

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Continúa crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano

Continúa crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano

México | Martes 10 de Mayo, 2005 Patricio

La crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano de México, que se originó el 6 de abril último, se agudizó en los últimos días y amenaza la continuidad de las labores académicas de una de las instituciones de formación teológica evangélica más antiguas del continente, pues tiene 123 años de existencia.
Según una declaración de las autoridades y del personal administrativo del STPM el 6 de abril último los estudiantes decidieron declararse en huelga, tomaron las aulas y la capilla del Seminario y cerraron la puerta de entrada al local.
Las autoridades acusaron a algunos grupos de poder existentes en la Iglesia Presbiteriana de estar detrás de las protestas estudiantiles y de generar una campaña de desprestigio contra el Seminario. Igualmente lanzaron críticas a la Comunidad Teológica y al grupo local del Consejo Latinoamericano de Iglesias por apoyar la actitud de los alumnos.
Los estudiantes, por su parte, demandaron la renuncia del rector Hilario González y del administrador Jorge Rodríguez, a quienes acusan de actuar con prepotencia, arbitrariedad y de mala administración de los recursos.
Después de 23 días de mantenerse en huelga, 31 alumnos residentes del Seminario, profundizaron su medida de lucha e iniciaron el 27 de abril una huelga de hambre. La medida fue levantada al día siguiente una vez que el Consejo del Seminario confirmó la expulsión de los estudiantes.
Según Tania Tamez, una de las estudiantes expulsadas, con el apoyo de los profesores Rubén Arjona, Rubén Montelongo, Leopoldo Cervantes-Ortiz, Mariano Ávila y Hugo Gallardo se va a constituir una Facultad Autónoma de Teología Reformada, para permitir que los estudiantes concluyan sus estudios teológicos. Hoy el Seminario sólo está funcionando con 8 alumnos.
Los estudiantes han recibido apoyo de la Comunidad Teológica de México, que cedió un salón para que los estudiantes pudieran dormir y al parecer la Facultad funcionaría en un primer momento en dicha institución. En los últimos días, informó Tamez, los estudiantes se están alojando en casas de amigos y otros han vuelto a sus regiones para conversar con sus respectivos presbiterios.
La Iglesia Nacional Presbiteriana de México mantiene desde hace 128 años el Seminario, como centro de formación de pastores y músicos. Los primeros reciben el título de licenciados en teología y los segundos alcanzan un grado técnico.
Según Hugo Gallardo, ex profesor del centro, los problemas con alumnos son cíclicos, pero sólo dos movimientos han afectado a la institución. El primero ocurrió en 1973, cuando hubo protestas relacionadas con cuestiones académicas, en las que participó el hoy rector, Hilario González Torres.
El origen del segundo, explicaron voceros de los alumnos en protesta, se remonta a diciembre de 2003, cuando se generaron quejas por la falta de agua caliente! y el suministro de comida en mal estado. Tras un paro de labores de tres días, el problema se resolvió “aparentemente” con la instalación de una mesa de diálogo y el compromiso oficial de investigar el asunto.
A partir de entonces se aplicaron diversas sanciones a los estudiantes, que fueron radicalizando su postura, hasta llegar a la situación actual, en que al negárseles el acceso a los dormitorios, el 27 de abril, colocaron cuatro tiendas de campaña -en uno de los jardines del inmueble.
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La segunda venida de Jesus VI. Escatología en el Nuevo Testamento

La segunda venida de Jesús VI. Escatología en el Nuevo Testamento

Que es verdad?

La noción bíblica de verdad, que es diversa de la griega, ha permanecido viva en toda la tradición de la Iglesia (en los padres que no experimentaron el influjo platónico, en la liturgia y en los documentos del magisterio); pero aquí reviste acentos diversos.

El término verdad designa la revelación cristiana, la verdadera fe.

Podemos citar de la tradición de los Padres,a:

1.san Ireneo:

Para san Ireneo, la verdad es “la doctrina del Hijo de Dios” (Adv. HaerlIl, 1,1: SCR211,20); regula veritatis es para él casi sinónimo de regula fidel.

2.San Cromado de Aquilea

El observa que el alma fiel se nutre “de la divina Escritura, del alimento de la fe y de la palabra de verdad” (Sermo 12,6: CCL 9A,55). Según san Gregorio, viven siempre en la Iglesia “almas que irradian la luz de la verdad” (Moralia 19,17: PL 76,106).

En los textos litúrgicos vuelven diversas veces las fórmulas siguientes: la verdad del evangelio, la luz de la verdad, la verdad cristiana (o católica), etc.

3.Concilio Vaticano II

Tambien podemos citar el conocido Concilio Vaticano II, que fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica siendo uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX. Fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció desde el mes de enero de 1959. Fue el Concilio que contó con más representación de todos, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Asistieron además miembros de otras confesiones religiosas cristianas.

El conc. Vat. II permanece fiel a esta tradición: a la luz de la fe hay que “escudriñar toda la verdad encerrada en el misterio de Cristo” (DV 24); y en un texto largamente discutido, el concilio dice que “los libros de la Sagrada Escritura enseñan aquella verdad que para nuestra salvación quiso Dios que quedara consignada en las letras sagradas” (DV 11).

La verdad de la segunda venida

Es esta verdad,la que procuramos enseñar con sencillez de corazón,verdad, que como he escrito en el parrafo anterior, “los libros de la Sagrada Escritura enseñan aquella verdad que para nuestra salvación quiso Dios que quedara consignada en las letras sagradas”.

A modo de ilustración de esta verdad revelada en la Biblia, puedo citar al conocido predicador norteamericano John McArthur, el que comenta algo muy importante, y es que la segunda venida de Cristo, el regreso corporal del Señor, “no es un punto en el que las escrituras sean ambiguas o confusas.”[1]

McArthur nos expresa en este libro que trata sobre la segunda venida del Señor, su opinión sobre esta verdad radical de la fe cristiana,que es el retorno glorioso del Señor Jesucristo:

“Creo que de forma literal Cristo regresará victorioso un día a la tierra, en forma corporal y visible. Mis convicciones en esta materia son tan firmcs como mi creencia en Cristo mismo. Mi fe en el futuro regreso de Cristo es tan firme como mi certeza absoluta en cuanto a su obra redentora consumada en el pasado. Es más, estoy dispuesto a sostener que el hecho de la segunda venida del Señor es una doctrina cardinal del cristianismo. Es el fin y la meta del propósito de Dios sobre la tierra, y su clímax divino será tan preciso y lleno de propósito como todas las demás revelaciones de Dios. Quienes abandonan la esperanza del regreso corporal de Cristo, de hecho han abandonado el cristianismo verdadero.[2]

También comenta MaArthur, su preocupación por  el abandono de esta doctrina importante de la fe cristiana:  “Cada vez más y más personas que quieren que se les llamen cristianas están desaprobando cualquier expectación en torno a la segunda venida. Por ejemplo, los teologos liberales, abandonaron hace mucho tiempo su creencia en el regreso literal de Cristo.

Algunos de ellos simplemente se limitan a espiritualizar todas las Escrituras proféticas al afirmar que la única «segunda venida» de Cristo ocurre cuando El es recibido de forma personal en el corazón. Otros van todavía más lejos al tratar la esperanza de los apóstoles en el regreso de Cristo como un mito y una falsa expectativa, y rechazan en esencia la promesa bíblica de la segunda venida y toman su lugar entre los burladores (cp. 2 Pe. 3:3,4).” [3]

Como bien comenta MacArthur, “esta clase de equivoción es la que precisamente, los que parten de una apreciación muy devaluada de las Escrituras, corno es el caso típico de los teologos liberales.

Igualmente, el apóstol Pedro dio advertencia a los hermanos. “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).

Muchos cristianos en las iglesias del Nuevo Testamento fueron subvertidos y alejados de las verdaderas doctrinas de las Escrituras porque ellos se descuidaron de “comprobar todas las cosas” y no examinaron y probaron las enseñanzas de estos falsos apóstoles. Pero la iglesia en Efeso no se olvidó de las advertencias y avisos de Pablo y Pedro, y de los otros verdaderos apóstoles. En el libro de Apocalipsis, Jesucristo encomió a los creyentes de Efeso porque ellos examinaron y comprobaron aquello que aclamaban los que alegaban ser apóstoles y resultaron ser mentirosos. “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

Como estos falsos maestros profesaban ser ministros de Jesucristo, podemos estar seguro que ellos citaban las Escrituras. Sus falsas doctrinas tendrían que haber parecido que tenían mucha autoridad y eran muy convincentes, porque ellos lograron socavar la fe de algunos cristianos del primer siglo. ¿Cómo fue que la iglesia de Efeso pudo resistir a esta influencia tan poderosa? Si los hermanos de Efeso no hubiesen ejercitado sus mentes para discernir entre verdad y error, ellos no hubiesen reconocido a estos hombres como falsos apóstoles. Pero debido a que los hermanos en Efeso eran hábiles en el uso de las Escrituras, pudieron discernir que esos hombres no enseñaban las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

Veremos en este capitulo,la perspectiva escatológica del Nuevo Testamento.

La perspectiva neotestamentaria

El carácter distintivo de la escatología neotestamentaria está determinado por la convicción de que en la historia de Jesucristo el acto escatológico decisivo de Dios ya se ha realizado, aunque de manera tal que la consumación del mismo sigue siendo futura.

Hay en la escatologia neotestamentaria tanto un “ya” de cumplimiento realizado, como un “todavía no” de promesas pendientes. Existe tanto un aspecto “realizado” como un aspecto “futuro” en la escatología neotestamentaria que, como consecuencia, probablemente podría describirse con más propiedad mediante la expresión “escatología inaugurada”

La nota de cumplimiento escatológico ya iniciado significa que la escatología veterotestamentaria se ha convertido en realidad presente, en alguna medida, para el Nuevo Testamento. Los “últimos días” de los profetas han llegado: porque Cristo fue “manifestado en los postreros tiempos” (1 P. 1.20); Dios “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1.2); los cristianos son aquellos “a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10.11); “es el último tiempo” (1 Jn. 2.18); cf. (lat.), compárese también Hch. 2.17; He. 6.5.

Por lo demás, los escritores del Nuevo Testamento se oponen a la fantasía de que el cumplimiento ya se ha completado (2 Ti. 2.18).

Es importante conservar la unidad teológica de la obra redentora de Dios, pasada, presente, y futura,“ya” y “todavía no”. Con demasiada frecuencia la teología tradicional ha mantenido separados estos aspectos: por un lado la obra terminada de Cristo, y por el otro las “últimas cosas”. Según la perspectiva neotestamentaria las “últimas cosas” comenzaron con el ministerio de Jesús. La obra histórica de Cristo asegura, requiere, y apunta hacia la consumación futura del reino de Dios. La esperanza cristiana para el futuro se desprende de la obra histórica de Cristo. La iglesia cristiana vive entre el “ya” y el “todavía no”, envuelta en el movimiento progresivo del cumplimiento escatológico.

La escatología inaugurada ya se descubre en la proclamación de Jesús acerca del reino de Dios. Jesús modifica la expectativa puramente futura de la apocalíptica judía mediante su mensaje de que el gobierno escatológico de Dios ya se ha acercado (Mt. 3.17). El poder del mismo ya actúa en las acciones victoriosas de Jesús sobre el reino del mal (Mt. 12.28s). En la persona misma de Jesús y su misión está presente el reino de Dios (Lc. 17.20s), exigiendo respuesta, de manera que la participación del hombre en el futuro del reino está determinada por su respuesta a Jesús en el presente (Mt. 10.32s). Así Jesús hace del reino una realidad presente que, sin embargo, sigue siendo futura (Mr. 9.1; 14.25).

El carácter escatológico de la misión de Jesús tuvo su confirmación en la resurrección. La resurrección es un hecho escatológico que pertenece a la expectativa veterotestamentaria del destino final del hombre, de manera que la inesperada resurrección del hombre Jesús, antes que todos los demás, determinó la convicción de la iglesia de que el fin ya había comenzado.

Él ya se ha levantado de los muertos como las “primicias” de los muertos (1 Co. 15.20). Jesús ya ha entrado, en nombre de su pueblo, en la vida eterna de la era escatológica; ha dado el paso inicial como pionero (He. 12.2) para que otros lo puedan seguir. En las palabras de Pablo, él es el “postrer Adán” (1 Co. 15.45), el Hombre escatológico. Para todos los demás hombres la salvación escatológica significa ahora compartir su humanidad escatológica, su vida de resurrección.

De manera que para los escritores del Nuevo Testamento, la muerte y la resurrección de Jesús constituyen el acontecimiento escatológico absolutamente decisivo que determina la esperanza cristiana para el futuro: véase, p. ej. por ejemplo, Hch. 17.31; Ro. 8.11; 2 Co. 4.14; 1 Ts. 4.14.

Esto explica el segundo aspecto que distingue a la escatología neotestamentaria. Además de su característica tensión entre el “ya” y el “todavía no”, la escatología del Nuevo Testamento se distingue por ser totalmente cristocéntrica.

El papel de Jesús en la escatología neotestamentaria va mucho más allá del papel del Mesías según la esperanza veterotestamentaria, o la judaica de épocas posteriores. No hay ninguna duda de que él es el Hijo del hombre celestial (Dn. 7), el profeta escatológico (Is. 61; cf.cf. confer (lat.), compárese Lc. 4.18–21), el Siervo sufriente (Is. 53), y aun el rey davídico, aun cuando no como lo esperaban sus contemporáneos.

Pero la concentración neotestamentaria del cumplimiento escatológico en Jesús refleja no solamente el cumplimiento por su parte de estos papeles esencialemente escatológicos.

Para la teología neotestamentaria Jesús expresa tanto la obra escatológica de salvación del propio Dios, como también el destino escatológico del hombre.

En consecuencia, él es, por un lado, el Salvador y el Juez, el Vencedor sobre el mal, el Agente del gobierno de Dios, y el Mediador de la presencia escatológica de Dios ante los hombres: él es en sí mismo el cumplimiento de las expectativas veterotestamentarias de la venida escatológica de Dios mismo (cf. (lat.), compárese Mal. 3.1 con Lc. 1.76; 7.27).

Por el otro lado, él es, también, el Hombre escatológico: no sólo ha logrado sino que define, en su propia humanidad resucitada, el destino escatológico de todos los hombres. De modo que ahora la afirmación más acertada en cuanto a nuestro destino es que seremos como él (Ro. 8.29; 1 Co. 15.49; Fil. 3.21; 1 Jn. 3.2). Por estas dos razones la esperanza del cristiano se centra en la venida de Jesucristo.

En todos los escritos del Nuevo Testamento, la escatología ostenta estas dos características distintivas: ha sido inaugurada y es cristocéntrica. Sin embargo, existen diferencias de énfasis, especialmente en cuanto al peso relativo que se le acuerda a las expresiones “ya” y “todavía no”. El cuarto evangelio destaca marcadamente tanto la escatología realizada como la identificación de la salvación escatológica con Jesús mismo (véase, p. ej.p. ej. por ejemplo, 11.23–26), pero no elimina la esperanza futura (5.28s; 6.3–9, etc.).

Concluyo este sexto capítulo sobre escatología,haciendome eco sobre el comentario del predicador MacArthur, comentando que como cristianos, tenemos que estar continuamente comprobando cada enseñanza que leemos o escuchamos por medio del estudio cuidadoso de las Escrituras.

Los cristianos de Berea fueron alabados porque ellos con diligencia buscaban en las Escrituras: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, [los Judíos que no creían, los cuales inmediatamente rechazaron las enseñanzas del apóstol Pablo que Cristo fue resucitado de la muerte], pues recibieron [los de Berea] la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11,corchetes añadidos).

Este acontecimiento en el libro de Hechos revela que los Cristianos de Berea estudiaban con diligencia las Escrituras para comprobar si las cosas que habían oído eran verdad. Ellos no reaccionaron con ojos cerrados dejándose llevar por sus emociones, ni se negaron a considerar las enseñanzas de Pablo. Sino que, ellos cuidadosamente examinaron las Escrituras y comprobaron ellos mismos que Pablo en verdad, predicaba el verdadero mensaje de Dios.

Al igual que los de Berea, tenemos que diligentemente escudriñar y examinar las Escrituras para poder discernir entre verdadera doctrina y falsa doctrina. Mientras ejercitamos nuestra mente para este propósito, seremos aptos en usar las Escrituras. Si no ejercitamos nuestra mente y aprendemos a discernir verdad entre error, no seremos Cristianos espiritualmente maduros. ” Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14).

Demasiados cristianos han permanecido como niños espirituales porque han transferido la responsabilidad que Dios les ha dado para discernir verdad entre error, hacia un ministro, a un concilio de alguna iglesia o a alguna organización religiosa. Sus ministros le han dicho que ellos, son incapaces de entender las Escrituras y deben someterse a las decisiones doctrinales de sus lideres, los cuales solamente pueden interpretar las Escrituras.

Pero nunca fue la intención de Dios que nosotros, como creyentes individuales, pongamos nuestra confianza en lideres humanos, los cuales declararían que solamente ellos tendrían la autoridad de establecer doctrina. Estos líderes se han olvidado de las muchas advertencias en el Nuevo Testamento acerca de estar en alerta contra falsos maestros y falsos apóstoles, los cuales alegan servir a Dios.

El apóstol Pablo dio esta advertencia, “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:29-30).

Los cristianos hoy tienen que estar constantemente en alerta contra falsos ministros, cuyas enseñanzas parecen ser inspiradas, pero resultan ser perversiones de las verdaderas doctrinas de las Escrituras. Es nuestra responsabilidad personal como cristianos comprobar y examinar las enseñanzas de cada ministro, maestro o erudito por medio del estudio de las Escrituras. A través de seguir el mandato de “examinadlo todo” podremos aprender a reconocer y rechazar la falsa doctrina, y podremos mantenernos firme en las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

Notas

1. John F.McArthur,La segunda venida,p. 12

2. Ibid,p.9.

3. Ibid.

Fuentes bibliograficas