Segunda Venida de Jesus III. La dispensación en que vivimos

Segunda Venida de Jesús III. La dispensación en que vivimos

Antes de continuar hablando de la segunda venida de Cristo, es importante que veamos “La dispensación en que vivimos”

¿Cuál es el tiempo en que nos ha correspondido vivir? ¿Es la nuestra una época como otras anteriores en la historia o tiene una característica especial? Los cielos ya anuncian que algo portentoso está por suceder…

Dios no está sujeto a cambios de última hora. Todo lo que ha planeado desde el principio, desde los siglos pasados, se cumplirá rigurosamente.

Cuando Dios creó el mundo, lo hizo todo en tiempos definidos. En el primer día, Dios creó la tierra y la luz; en el segundo, separó las aguas; en el tercero, creó la vida vegetal; en el cuarto, el sol, la luna y las estrellas; en el quinto, los peces y las aves; y en el sexto, los animales de la tierra y el hombre. Luego, en el séptimo día, Dios descansó.

Dios creó todas estas cosas en seis días, y en el séptimo descansó. Lo cual abarca una semana completa. No importa que esa semana haya sido de días largos o cortos, días de horas, de años o de miles de años. Lo que importa es que Dios hizo todas las cosas en seis días, y que en el séptimo, descansó.

Muchos siervos de Dios que han estudiado profundamente la Biblia sostienen que hay una estrecha relación entre la semana de la creación y la duración de la tierra. Por cada día de la creación corresponderían mil años de la tierra, según lo que afirma el apóstol Pedro, que “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). A los seis días de la creación corresponderían seis milenios de la tierra, uno por cada día.

La Biblia ofrece la posibilidad de hacer una precisa cronología desde Adán hasta Cristo. Y dentro de este gran período, podemos saber con certeza cuánto duraron otros períodos menores. ¿Sabe Ud., por ejemplo, que entre Adán y el diluvio transcurrieron 1656 años? ¿Que entre la reconstrucción de Jerusalén y la venida del Señor Jesús transcurrieron 483 años? Un estudioso de la Biblia ha dicho: “Las palabras de la Biblia son como una cadena, no falta ningún eslabón; todo lo que tenemos que hacer es buscarlos, pues Dios los ha puesto allí. Comenzando con el libro de Génesis, parece como si Dios estuviera ofreciendo una tabla cronológica sin interrupción.”

En efecto, si sumamos los años desde Adán hasta la venida del Señor Jesucristo, tenemos unos 4000 años. Luego, desde el Señor hasta hoy, han transcurrido aproximadamente otros 2000 años, con lo cual ya tenemos los 6000 años correspondientes a los seis días de la creación.

Así como el Señor, luego de trabajar seis días, descansó uno, también la tierra, luego de seis días de existencia, tendrá uno de descanso, es decir, mil años. La existencia de estos mil años de paz no es una interpretación de la Biblia, sino que es una clara afirmación (Apocalipsis 20:4-6).

Por vivir nosotros en las inmediaciones del año 2000, (hay algunas imprecisiones en nuestro calendario) estamos terminando el sexto día, y se aproxima muy raudo el séptimo, el descanso de mil años.

¿Significa que esta era se acabará exactamente el año 2000? No podemos afirmarlo. El calendario de Dios sólo lo maneja Dios. El mismo Señor Jesucristo dijo que él no sabía cuáles eran los tiempos y las sazones que el Padre había puesto en su sola potestad (Hechos 1:7). Dijo, además, que del día y la hora de la venida del Hijo del Dios nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo el Padre (Mateo 24:36). Así que, sin transgredir sus propios plazos, Dios tiene, en su soberanía, la fecha y la hora exactas en que se cumplirán estos seis días, para luego dar paso al milenio de Jesucristo.

DISPENSACIONES Y PERÍODOS DE TIEMPO DISTINGUIBLES

Si bien hay un período de tiempo distinguible desde la caída de Adán hasta el diluvio, el tal no constituye, estrictamente hablando, una dispensación.

«Durante el período transcurrido entre la expulsión de Adán del paraíso terrenal y el diluvio, el hombre era una sola familia, una sola raza. No había ninguna idolatría. El hombre fue dejado a sus propios caminos (no sin testimonio, sino sin ninguna restricción desde afuera), y el mal se tornó insoportable: el diluvio puso fin a esto. Después de este evento, de este juicio de Dios, un nuevo mundo comenzó, y se introdujo el principio del gobierno. El que matare a otro hombre, sería él mismo ejecutado (Génesis 9:6): se puso así un tope a la violencia, un freno contra el pecado exterior. La corrupción del corazón en un mundo distanciado de Dios permaneció tal como siempre lo fue. Pero aunque aún no había naciones, el destino de varias razas, tal como lo ha sido hasta el tiempo actual, comenzaba a alborear al menos proféticamente. Noé fracasó en la posición en la cual había sido puesto después del diluvio, al igual que Adán en el paraíso, conforme el hombre siempre lo hizo» (J.N.Darby, Collected Writings 22:340).

Puesto que muchos lectores han estado acostumbrados a pensar en la «inocencia» y en la «conciencia» como dispensaciones, y puesto que Darby no aceptaba la idea de que hubiese dispensaciones antes del diluvio, podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que él entendía por una «dispensación»?Él no le atribuía a la palabra la importancia que algunas personas le dan:

«Yo no me aferro a la palabra dispensación, aunque es generalmente empleada para especificar un cierto estado de cosas, establecido por la autoridad, durante un período determinado» (J.N.Darby, Collected Writings 1:169).

Sea como fuere, es claro que Darby no pensaba que todo período de tiempo distinguible era una dispensación. Había un elemento necesario que precisaba estar presente para que una edad fuese una dispensación:

«Una dispensación es cualquier trato ordenado de Dios en que el hombre ha sido puesto antes de su caída (*), y que, habiendo sido probado, ha fallado, y, por tanto, Dios se ha visto obligado a actuar por otros medios» («The Dispensations and the Remnants» Collectania, p. 41, 1839). (*N: del T.― Se refiere a una caída con respecto al dispuesto orden y camino de Dios, como por ejemplo cuando Noé se embriagó después de recibir el gobierno).

De hecho, la introducción de una dispensación, dependía de la introducción del gobierno. En un mensaje con fecha de junio de 1839 dado en Leamington, J.N.D. señaló:

«Antes de la propia dispensación de Dios, tenemos el mundo antediluviano: lo que no es exactamente una dispensación, sino un cuerpo de hombres dejados, en cierto sentido, a sí mismos. Había un testimonio, como en Enoc y en Noé, pero no un orden o sistema dispensado [administrado] mediante el cual Dios actuara en el gobierno de la tierra. Vemos aun en esto, que Dios actúa en la gracia de su propio carácter. Noé fue un testigo fiel; en él yacía el gran principio [de la fe], aunque esto no era estrictamente una dispensación» («The Dispensations and the Remnants»Collectania, p. 42).

LA PALABRA AION

Respecto de la palabra aion, edad, J. N. Darby escribió:

«…formado por aion. Esta última palabra es empleada por autores de griego clásico para “la vida de un hombre”, y en la Escritura para “dispensación” (o curso de eventos en este mundo ordenados por Dios sobre la base de algún principio particular…» (J.N.Darby, Collected Writings 7:41).

De nuevo vemos aquí que Darby entendía que a fin de que hubiese una dispensación, era necesario la introducción de algún principio particular por parte de Dios. Es insuficiente que uno meramente distinga un aion, o siglo, edad, y, estrictamente hablando, lo llame una dispensación. De modo que, estrictamente hablando, las dispensaciones tienen que ver con la prueba del primer hombre durante las edades desde el diluvio hasta la cruz, después de lo cual Dios estableció al segundo Hombre en resurrección. Esto ha de tenerse en cuenta también en vista del hecho de que J.N.D. a menudo empleaba la palabra dispensación de una manera convencional, cuando hablaba del presente período.

Hebreos 9:26 y 1.ª Corintios 10:11

Hay un número de interesantes comentarios que tratan de nuestro tema en las notas de J. N. Darby acerca de Hebreos 9:26 y 1.ª Corintios 10:11:

“Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26).

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1.ª Corintios 10:11).

J. N. Darby escribió:

«El Señor, al hablar de su muerte, dijo: “Ahora es el juicio de este mundo” (Juan 12:31); y en Juan 15:24: “Pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.” Por lo tanto, dice en Hebreos 9:26: “Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre.” La cruz fue moralmente el fin del hombre; pero, al mismo tiempo, y por el mismo hecho en la muerte de Cristo, fue puesto el fundamento de la nueva creación conforme a la justicia de Dios. El mismo hecho que, de parte de Dios significó el fin del primer Adán, puesto que su raza rechazó al Hijo de Dios, ha puesto también el fundamento de la nueva condición del hombre en el segundo [último] Adán. Cristo fue hecho pecado en la cruz; el pecado fue juzgado allí, y el viejo hombre hecho a un lado para siempre» (J.N.Darby, Collected Writings 33:339, 340).

“La consumación de los siglos” son todos los caminos de Dios con el hombre para probar su condición general. En este sentido general, el estado de inocencia comenzó; pero la relación propia es lo que viene después de la caída, pero no mirando al hombre como perdido, sino probando su estado y ver si era recuperable, o si estaba perdido y necesitaba ser salvo. Sin ley, bajo la ley, Dios manifestado en carne, fueron las grandes características de esto [de la prueba del primer hombre]. Por eso en Juan 12:31 el Señor dice: “Ahora es el juicio de este mundo.” Aunque siempre hubo un testimonio, antes del diluvio no había instituciones religiosas, excepto el hecho de los sacrificios. Después tuvo lugar el gobierno, las promesas a Abraham, mostrando la gracia que separaba a uno de un mundo idólatra y que lo hacía cabeza de una nueva raza [no es una descripción exacta]; la ley; los profetas, y, a lo último, la venida del Hijo, no su ofrecimiento. Entonces Dios puso el fundamento de sus propios propósitos en justicia (Letters of J.N.Darby 3:442).

«La expresión “los fines de los siglos”, que se encuentra en 1.ª Corintios 10:11, es más bien extraña; pero para preservar el sentido del griego, no podríamos decir “los últimos tiempos” ni tampoco “el fin (la consumación) de los siglos”, y menos todavía “el fin del mundo”. El fin de los siglos aún no ha llegado; pero todas las diferentes dispensaciones por la cuales Dios se puso en relación con el hombre, en tanto estuvieron relacionadas con la responsabilidad del hombre, convergieron en un punto, y fueron llevadas a su fin en la muerte del Señor Jesús. Después de eso ―tan grande como había sido la longanimidad de Dios―, estableció una nueva creación. Hemos, pues, usado la traducción literal “los fines de los siglos” (J.N.Darby,Collected Writings 13:169).

«Por eso se trataba moralmente de la consumación de los siglos» (J.N.Darby, Synopsis 5:224; véase Collected Writings 10:275; 27:393).

«… por cuanto la historia moral del hombre ha terminado. La gracia no ha terminado» (J.N.Darby, Collected Writings 34:295; véase también 32:235; 29:194).

«”En el fin del mundo”, es decir, en el fin de las dispensaciones ―no de la dispensación― “en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”. En consecuencia, tomo la obra de Cristo como el fundamento sobre el cual yo ya estoy con Dios» (Notes and Jottings pág. 35).

«Respecto 1.ª Corintios 10:11, no se trata de Israel, quien es la figura, sino de lo que le sucedió a Israel ―de los caminos de Dios con Israel―. Las mismas cosas que le sucedieron a Israel, fueron escritas para nuestra instrucción, quienes nos hallamos al final de las dispensaciones de Dios» (J.N.Darby, Collected Writings 26:248).

Está  claro por las Escrituras que el primer hombre ya no está más bajo prueba desde que Cristo fue rechazado, y por eso nos encontramos al final de las dispensaciones de Dios. De ahí que no haya ninguna prueba dispensacional ahora:

«En 1.ª Corintios 10:11, no es “el fin del mundo”, sino “la consumación de los siglos”. El mundo ahora no está bajo ninguna dispensación, pero todo el curso de los caminos de Dios con él están terminados hasta que Él venga a juzgar. El hombre estuvo bajo responsabilidad desde Adán hasta Cristo, y entonces nuestro Señor dice: “Ahora es el juicio de este mundo”» (J.N.Darby, Collected Writings 26:248).

¿Y qué acerca del tiempo presente entonces?

«La Escritura, el Señor mismo allí, habla de períodos llevados a cabo bajo Dios sobre diferentes principios (que son justamente llamados dispensaciones), mientras que uno de los períodos del autor nunca es llamado οικονομια, tampoco esta palabra se aplica ni significa nunca un período en absoluto. “Así será al fin de este siglo” (του αιωνος του) (Mateo 13:49), dice el Señor. Así Él apareció “en la consumación de los siglos” (επι συντελεια των αιωνον) (Hebreos 9). Ahora bien, αιων (aion), en esos pasajes, claramente significa, un período o curso de tiempo en que han regido ciertos principios de parte de Dios. Por eso, hasta el fin del siglo, el juicio, que extirpa de este mundo, no ha de ser ejecutado por los siervos del Señor; mientras que, al final del mismo, el juicio reunirá del reino del Hijo del Hombre todas las ignominias. Y por esta misma razón también este presente siglo es llamado, no, según mi juicio, una dispensación, sino un paréntesis, por cuanto el Señor Jesús habla de “este siglo” cuando estuvo en la tierra, del mismo modo que aquello que concluirá por el juicio al fin; pero éste era un período relacionado con Sus relaciones con los judíos, y que no será concluido hasta que esté Él mismo presente en persona; mientras que, en el intervalo, ha sido reunida la Iglesia de los primogénitos para el cielo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:155).

Las citas anteriores requieren meditación por parte del lector a fin de digerir su contenido. Pueden verse juntamente con el cuadro de «Las tres dispensaciones», el que ilustra estos pensamientos y puede ayudar a comprenderlos mejor.

La palabra οικονομια (economía)

Hay otra palabra en el Nuevo Testamento además de αιων (aion o edad, siglo) que tiene que ver con nuestro tema: οικονομια, la cual es traducida por mayordomía, dispensación o administración. Una tabla de su uso puede ayudarnos a entender su significado:

TABLA 1

VERSÍCULO

REINA-         VALERA 1960

J. N. DARBY francés

J. N. DARBY inglés

W. KELLY

Lucas 16:2, 3, 4 mayordomía administration stewardship stewardship
1.ª Corintios 9:17 comisión administration dispensation administration
Efesios 1:10 dispensación administration dispensation administration
Efesios 3:2 administración administration administration administration
Efesios 3:9 dispensación administration administration administration
Colosenses 1:25 administración administration dispensation dispensation
1.ªTimoteo 1:4 edificación administration (*) dispensation dispensation

(*) Textus Receptus: “edificación”

Para Darby, la palabra οικονομια (economía) no significaba un período de tiempo:

«Niego absolutamente que el estado adámico sea llamado una οικονομια, o que οικονομια signifique un período de tiempo en alguna parte» (J.N.Darby, Collected Writings 13:161).

En relación con este hecho, Darby señaló:

«Pero hay otra palabra empleada en la Escritura que da distintos períodos… que los cristianos en general llaman dispensaciones, cuando los principios sobre los cuales se llevan a cabo son distintos; me refiero a la palabra αιων (aion, edad, siglo) y a αιωςες. De éstos habla la Escritura, pero nunca habla en absoluto de οικονομια como de un período de tiempo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:153, 154).

No obstante, hay una administración venidera (Efesios 1:10) que estará vigente durante los mil años de reinado de Cristo, como lo podemos apreciar de la siguiente cita donde Darby dice que la palabra significa “administración”.

«… οικονομια no significa cabeza de la creación en absoluto, sino administración;… Doy el pasaje literalmente: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación [Darby lit.: administración] del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia…” (Efesios 1:9-11, versión Reina-Valera 1960). Ahora bien, οικονομια, administración, aquí es una palabra de lo más simple posible. El tipo particular de administración es reunir todas las cosas en Cristo» (J.N.Darby, Collected Writings 13:155, 156).

Con respecto al uso incorrecto de la palabra “dispensación” y el tiempo presente, Darby escribió:

«Y nótese qué extraordinaria confusión introduce el Sr. Oliver en su crítica de esa palabra, diciendo que ‘La presente dispensación es la dispensación de la gracia de Dios’ (pág. 111). Pero este pasaje sólo habla de un ministerio confiado a Pablo, “habéis oído de la administración (ministerio, economía) de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros” (Efesios 3:2). Aquí podemos ver el significado que señalé, el sentido primitivo de la palabra; es alguien a quien se le ha confiado la distribución y administración en la casa. Pero ¿podría alguno decir que la presente dispensación, en el sentido ordinario de la palabra, fue confiada a Pablo? Sería ridículo.»

En 1.ª Corintios 9:16,17 se dice que la palabra de evangelización es una administración (oikonomia) que le ha sido confiada. Una vez más déjeme preguntar: ¿era la presente dispensación, en el sentido en que todo el mundo lo toma, confiada a Pablo? El apóstol usó la palabra “administradores (o mayordomos)” (1.ª Corintios 4) en el mismo sentido, aplicándola al ministerio» (J.N.Darby, Collected Writings 1:289, 290).

El tiempo durante el cual los santos están sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:6), entonces, estrictamente hablando, no es una dispensación: Asimismo, no es una administración; porque, si bien los santos son ahora llamados y sentados en los lugares celestiales, ellos no tienen gobierno que les haya sido encomendado, como lo tenía Israel. El período presente es un paréntesis, un «paréntesis celestial», como W. Kelly bien lo llamó. Estar sentados en los lugares celestiales, en Cristo Jesús, es un paréntesis celestial; no estaban los santos antes de Pentecostés en esta posición, ni lo estarán los santos después del arrebatamiento, aunque los santos de ahora, o sea nosotros, siempre lo estaremos.

(J. N. Darby’s Teaching Regarding Dispensations, Ages, Administrations and the Two Parenthesis, R.A.H.)

La semana dispensacional

Algunos estudiosos de la Biblia han visto que esta gran semana de siete mil años puede dividirse en cuatro dispensaciones (es decir, épocas), según se ha ido desarrollando el plan de Dios.

Estas cuatro dispensaciones son: la primera, la de los padres, va de Adán hasta Moisés (Romanos 5:14); la segunda, la de la Ley, se extiende desde Moisés hasta Cristo (Mateo 11:13 y Lucas 16:16); la tercera, la de la gracia, dura desde la primera venida del Señor Jesucristo hasta su segunda venida; y la cuarta, es la dispensación del reino.

La primera dispensación, la de los padres, cubre unos 2500 años. La segunda, la de la ley, abarca otros 1500, hasta Cristo. La tercera, la de la gracia, debería cubrir aproximadamente unos 2000 años (con lo que se completarían unos 6000); y la cuarta, la del reino, que durará otros 1000 años.

La actual dispensación: de la gracia

Ahora bien, nos hace bien saber en qué tiempo estamos. Con la centuria del 1900 se acabó el milenio. Con este milenio se está acabando también una dispensación, y se va a introducir un cambio fundamental en los tratos de Dios con el hombre.

Dios tiene tratos distintos con el hombre en cada dispensación. Así, por ejemplo, en la dispensación de los padres existía relativamente poca luz acerca del carácter de Dios. Luego, bajo la siguiente dispensación, Dios trató al hombre según la revelación que había dado de Sí mismo mediante la Ley, de modo que Dios pudo ser conocido un poco más.

Luego, con la venida del Señor Jesucristo se inicia la dispensación de la gracia, en que la luz fue manifestada enteramente, dándonos a conocer más plenamente el carácter de Dios. Por eso, las enseñanzas del Señor Jesús son más altas que las de Moisés, y, consecuentemente, las demandas de Dios para el hombre también.

¡Nosotros estamos en la dispensación de la gracia! Y la gracia de Dios consiste, fundamentalmente, en dos cosas:

a) En que, estando el hombre perdido, Dios le salva, no por sus obras, sino por la sola fe en el Señor Jesucristo.

b) Una vez salvo, el hombre puede agradar a Dios, (es decir, cumplir sus mandamientos), no por sus esfuerzos, sino por el poder que Dios le ha provisto, al venir Él mismo a habitar en su corazón.

Esto, que es sumamente hermoso, requiere, sin embargo, de la colaboración el hombre. ¿En qué sentido? En el sentido de que el hombre debe recibir a Jesucristo, y en Él, recibir la gracia de Dios.

Por ser la gracia de Dios el máximo regalo de Dios al hombre (es su propia vida), es el máximo pecado el rechazarla. Por eso, si bien en esta dispensación el hombre que recibe a Jesús puede descansar de sus esfuerzos para acogerse a la obra de Cristo en la cruz, deberá comparecer ante Dios para dar cuenta de su propia actitud frente a esta gracia.

Durante el período de la ley, el que pecaba conscientemente, según la gravedad de la falta, debía pagar, incluso –en algunos casos– con la muerte. En nuestra dispensación la desobediencia es mayor, porque toda falta que se comete no es contra la ley, sino contra el mismísimo Hijo de Dios, el Señor Jesucristo.

En una familia, no es lo mismo desobedecer al hermano mayor, que desobedecer a los padres. En el trabajo, no es lo mismo desobedecer al jefe de sección que al dueño de la empresa. Así, tampoco puede ser lo mismo desobedecer a Moisés (que fue sólo un siervo), que desobedecer al Señor (el Hijo sobre su casa) (Hebreos 3:5-6). De modo que bajo la dispensación de la gracia tenemos perdón y salvación, pero también –nos conviene saberlo– tendremos que dar cuenta de lo que hemos hecho con respecto a la invitación de la gracia.

Un paréntesis dispensacional terrible

El día de la gracia se acaba, y otra dispensación está a las puertas. El día del gran perdón por la preciosa sangre de Jesús está llegando a su fin. Se acaba la dispensación de la gracia, y se avecina la del reino milenial de Jesucristo.

Segun creen los dispensacionalistas, entre una dispensación y otra, habrá un paréntesis. Un paréntesis que traerá muy distinta suerte a los hombres según en qué posición se hallen respecto de Cristo.

Los que son de Cristo y aman su venida serán arrebatados de esta tierra antes que los grandes y espantosos juicios de Dios se derramen sobre ella. Pero la humanidad impía no escapará.

Por eso, otros aires ya se respiran, el cielo tiene arreboles oscuros que anuncian un día malo para la humanidad. Pero también tiene arreboles rojizos que anuncian un día excelente para los que aman al Señor Jesús.

Viene un día tristísimo cual nunca ha habido para los hombres incrédulos, los que no se han acogido a la gracia que es en Cristo; pero también viene un día luminoso para los que esperan al Señor Jesús venir desde el cielo.

El Señor Jesús dijo a los judíos que ellos sabían distinguir muy bien el tiempo. Que cuando iba a llover, o a hacer buen tiempo, ellos lo podían leer en el cielo el día anterior. Pero luego les reprende por no saber reconocer el tiempo que estaban viviendo. (Mateo 16:2-4). Ellos tenían ante sí al Cristo, y no se daban cuenta. Ellos podían leer las señales naturales, pero no las señales espirituales.

Es de extrema importancia que Ud. pueda reconocer las señales espirituales, y que considere seriamente el tiempo que estamos viviendo, porque no es una época cualquiera.

Estamos terminando una era, y la humanidad se apronta para vivir este paréntesis terrible. Termina el perdón y comienza un breve pero espantoso período de gran tribulación para el mundo entero, antes del establecimiento del reino de Jesucristo.

Un tiempo crucial

Usted ha nacido en un tiempo crucial, porque en él se presenciarán hechos trascendentes. Millones de cristianos que murieron en épocas pasadas en la esperanza de ver venir al Señor no pudieron cumplir su deseo, pero tal vez los cristianos de esta generación le verán.

Sin duda, muchos hechos portentosos ha presenciado la humanidad durante su larga historia. Si un hombre hubiese podido vivir tantos años como para ser testigo de todos ellos, quizás escogería entre ellos como los más grandes hechos el paso de Israel por el Mar Rojo, el descubrimiento de América, o la llegada del hombre a la luna. Sin embargo, esos hechos palidecen en comparación a los que están por suceder.

Usted, quiéralo o no, ya está ubicado en este vértice de la historia. Es esta una época de grandes hechos, pero también de grandes responsabilidades, que exigen grandes decisiones. ¿Cuál será su actitud frente a todo esto? ¿Y cuál será el papel que usted jugará en estos hechos portentosos? ¿Será como desdichado testigo o como protagonista bienaventurado? De usted depende.

Aún estamos en la dispensación de la gracia. La sangre de Jesucristo está vigente para usted. Todos los pecados pueden ser quitados de su conciencia con sólo creer en Jesucristo, y su corazón puede alcanzar la maravillosa paz con Dios. Si usted toma hoy una decisión radical a favor de Jesucristo, realmente no temerá el mañana, porque estará seguro en los brazos del Señor. Mas, si desprecia hoy este llamado, deberá saber lo que le espera.

La dispensación de la gracia es la más alta de las tres que ha vivido la humanidad hasta ahora. Usted es un bienaventurado. Pero los días que vienen pueden ser para usted una verdadera maldición si hoy no se acoge a la gracia de Dios. No sólo no escapará de los juicios que vendrán sobre la humanidad, sino que tampoco participará en la luminosa era que viene: el reino de Jesucristo.

El tiempo del perdón se acaba. Es preciso que hoy acepte el regalo de Dios en Cristo Jesús. Recibirlo es una dicha; rechazarlo es la desgracia mayor.

¡Sea usted también un bienaventurado!

NOTA:

DISPENSACIÓN NO SIGNIFICA UNA EDAD, SIGLO O PERÍODO DE TIEMPO

«Puesto que Efesios 1:10 contiene varias palabras y cláuslas que por lo general no se entienden, puede agregarse en esta nota que la palabra “dispensación” (οικονομια) no hace referencia a ningún período de tiempo particular o edad (lo cual en el Nuevo Testamento se expresa mediante la palabra αιων (aion). Significa «mayordomía» o más bien «administración», cuya forma particular aquí lo constituye la suma total, encabezamiento o reunión (ανακεφαλαιωσις) de todas las cosas, celestiales y terrenales, bajo Cristo. Esto tendrá lugar en “la era venidera”, cuando Cristo sea manifestado como Cabeza sobre todas las cosas, y los santos glorificados reinen con él. Tampoco es esta edad, durante la cual se le permite todavía a Satanás reinar como “el dios de este mundo”, el “príncipe de la potestad del aire”; ni es el estado eterno, cuando todo gobierno haya sido suprimido, y Cristo haya entregado el reino, para que Dios sea todo en todos. Se trata del milenio interviniente. Éste constituirá “la plenitud de los tiempos”, habiendo sido los previos períodos de tiempo la preparación necesaria para él. Mientras tanto ―una vez efectuada la redención a través de la sangre de Cristo― el Espíritu Santo sella al creyente, y constituye las arras de la herencia» (W. Kelly, Lectures on the Epistle of Paul, the Apostle, to the Ephesians, London: Morrish, p. 27, nota, sin fecha).

http://www.aguasvivas.cl/revistas/06/04.htm

http://www.verdadespreciosas.com.ar/documentos/jnd/Que_es_una_dispensacion.htm

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