El Problema del Dolor

El Problema del Dolor
1 JULIO 2010

por RC Sproul

El problema del mal ha sido definido como el talón de Aquiles de la fe cristiana. Por siglos la gente ha luchado con el dilema, ¿cómo un Dios bueno y amoroso podría permitir que el mal y el dolor sea tan frecuente en Su creación. Los problemas filosóficos han generado una abundancia de reflexión y debate, algunas de las cuales se ha reiterado en este tema, pero en última instancia, el problema es uno que se mueve rápidamente desde el nivel abstracto al ámbito de la experiencia humana. Lo filosófico choca en lo existencial.

Históricamente, el mal se ha definido en términos de privación (privatio) y negación (negatio), especialmente en las obras de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. El punto de estas definiciones es definir el mal en términos de una falta o negación de lo bueno. Se define el pecado, por ejemplo, como cualquier falta de conformidad con, o la transgresión de la ley de Dios. El pecado es característicamente definido en términos negativos.

Hablamos del pecado como desobediencia, ilegalidad, inmoralidad, comportamiento poco ético, y similares. Así que, por encima y más allá del problema del mal siempre está la medida del bien por el cual el mal está decidido a ser malo. En este sentido, el mal es parasitario. Depende de una infinidad fuera de sí mismo para su propia definición. Nada puede decirse que sea mal sin el estándar previo de lo bueno. Sin embargo, en tanto hablemos del mal como una privación o negación del bien, no podemos escapar del poder de su realidad.

En el tiempo de la Reforma, los reformadores magistrales abrazaron la definición del mal que heredaron de los padres de la iglesia anteriores en términos de privatio, de privación y negación. Lo modificaron con una palabra crítica. Privatio comenzó a ser descrito como privatio actuosa (una real, privación). El objetivo de esta distinción fue para llamar la atención sobre la realidad del mal. Si pensamos en el mal y el dolor simplemente en términos de negación y privación, e intentamos evitar la realidad de ella, fácilmente podemos caer en el error absurdo de considerar el mal una ilusión.

Cualquiera otra cosa que sea el mal, no es ilusoria. Experimentamos la angustia de su impacto, no sólo en un sentido individual, sino en un sentido cósmico. La creación entera gime, se nos dice en la Escritura, a la espera de la manifestación de los hijos de Dios. El juicio de Dios sobre la raza humana era un juicio que se extendió a todas las cosas sobre las que Adán y Eva tuvieron el dominio, incluyendo toda la tierra. La maldición se extiende mucho más allá de la casa de Adán hasta en cada grieta de la creación de Dios. La realidad de esta maldición pone una carga pesada y un manto incómodo a todo en la vida. De hecho, es un manto de dolor.

Hace muchos años tuve una amiga cristiana muy querida que estaba en el hospital pasando por una serie de rigurosos tratamientos de quimioterapia. La quimioterapia en ese momento provocó una violenta náusea en ella. Cuando hablé con ella acerca de su experiencia, le pregunté cómo su fe estaba de pie en medio de esta prueba. Ella contestó, “RC, es difícil ser cristiano con la cabeza en el inodoro.” Esta respuesta gráfica a mi pregunta causó una impresión duradera en mí. La fe es difícil cuando nuestros cuerpos físicos se retuercen de dolor. Y, sin embargo, es en este punto quizá más que cualquier otro en el que el cristiano huye a la Palabra de Dios para consuelo. Es por esta razón que la base para la fe cristiana es la afirmación de que Dios es soberano sobre el mal y sobre todo dolor. No sirve para cesar el problema del dolor al reino de Satanás. Satanás no puede hacer nada, excepto bajo la autoridad soberana de Dios. Él no puede lanzar un dardo de fuego único a nuestro camino sin la voluntad soberana de nuestro Padre celestial.

No hay porción de las Escrituras que más dramáticamente comunique este punto que todo el libro del Antiguo Testamento de Job. El libro de Job habla de un hombre que se lleva al límite absoluto de la resistencia con el problema del dolor. Dios permite que Job sea un blanco sin protección para la maldad de Satanás. Todo lo estimado a Job es despojado de él, incluyendo a su familia, sus bienes y su propia salud física. Sin embargo, al final del día, en medio de su miseria, mientras que su casa está encima de un estercolero, Job exclama: “El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR.” (1:21). Es fácil citar esta afirmación de Job en una manera simplista y petulante. Pero es necesario ir más allá de lo simplista y penetrar en el corazón de este hombre en medio de su miseria. Él no estaba poniendo en un acto espiritual, o tratando de sonar piadoso en medio de su dolor. Más bien, expuso un sorprendente nivel de confianza inquebrantable en su Creador. La máxima expresión de esa confianza se produjo en sus palabras: “Aunque El me mate, en El esperaré” (13:5). Job prefigura la vida cristiana, una vida que no se vive en la Quinta Avenida, el lugar de celebración del desfile de Pascua, sino en la Vía Dolorosa, el camino de los dolores que termina al pie de la cruz. La vida cristiana es una vida que abraza el sacramento del bautismo, lo que significa, entre otras cosas, que somos bautizados en la muerte, la humillación y las aflicciones de Jesucristo. Se nos advierte en la Escritura que, si no estamos dispuestos a aceptar esos males, entonces no vamos a participar en la exaltación de Jesús. La fe cristiana bautiza a una persona no sólo en el dolor, sino también en la resurrección de Cristo. Cualquiera que sea el dolor que experimentamos en este mundo puede ser agudo, pero siempre es temporal. En cada momento que experimentamos la angustia del sufrimiento, late en nuestros corazones la esperanza del cielo – que el mal y el dolor son temporales y están bajo el juicio de Dios, el mismo Dios que le dio una promesa a Su pueblo que habrá una momento en que el dolor no será más. El privatio y el negatio será vencido por la presencia de Cristo.

Traduccion: Armando Valdez

Tomado de aqui

Anuncios

Pastoreando con Ambos Ojos Abiertos – 1ª. Parte

Pastoreando con Ambos Ojos Abiertos – 1ª. Parte
10 NOVIEMBRE 2009
etiquetas:
by Armando Valdez
Pastoreando con Ambos Ojos Abiertos – 1ª. Parte

(Diciembre del 2008 – Volumen 14, Número 13)

Por Gary E. Gilley

¿Qué es lo que atrae a los hombres al pastorado? Raras veces es prestigio, poder o dinero (especialmente lo último). En la mayoría de los casos es amor. Amor por Cristo, amor por las personas y amor por la Palabra de Dios. El estudiante típico de escuela o seminario bíblico difícilmente no puede esperar salir del mundo académico y entrar al ministerio donde las almas hambrientas y sedientas esperan su exégesis de la Palabra y su pastoreo compasivo sobre sus vidas. Con gran entusiasmo y motivos puros (en la medida en que pueda discernir) se introduce a su primer pastorado con una visión de cambiar corazones, edificando una iglesia poderosa y que honre a Dios, y teniendo un impacto en el mundo por causa de Cristo. Él entra en el campo de la iglesia para ser usado por el Espíritu Santo para ayudar a formar al pueblo de Dios a la semejanza de Cristo – y así es lo que él debería hacer. Pero pocos se percatan de que pronto emprenderán grandes batallas con el mundo, la carne y el diablo – las batallas más intensas que todas lo que las hayan experimentado en el pasado.

Por supuesto esto no es enteramente cierto. Habiendo sido bien entrenado teológicamente, el nuevo pastor ha acuñado una comprensión excelente de los enemigos que se oponen al creyente y a la obra de Cristo. Lo que nuestro hombre usualmente no comprende a estas alturas en su ministerio es la forma en la cual estos enemigos realmente aparecerán. Él espera pelear contra el diablo; él no espera que el diablo se aparezca en forma de miembros de la iglesia bien respetados y vestidos. Él espera pelear contra el mundo justo afuera; él no espera que el mundo se infiltre a los corazones y las mentes de su congregación. Él espera librar una batalla en contra de la carne; él no espera ver tales manifestaciones crudas de la carne entre aquellos que claman el nombre de Cristo – o a veces dentro de su corazón y vida.

Las expectativas del pastor inexperto a menudo se desmoronan y mueren rápidamente, y pronto nuestro hombre está desilusionado con el ministerio, con la iglesia, con su vida y muchas veces con el Señor mismo. Muchos abandonan el pastorado y algunos deberían hacerlo, pues no están lo suficientemente capacitados y espiritualmente maduros como para continuar. Los otros avanzan lentamente a través de la obra por años, algunas veces hasta la jubilación, y no deberían. Mucho tiempo atrás sus corazones estaban derribados, su pasión y su amor por el ministerio desgastado. Pero, como uno pastor me contó en el primer año de mi ministerio “¿Qué más puedo hacer? No tengo otras habilidades de valor”. Con demasiada frecuencia el resultado de este atolladero es que las ovejas heridas y confundidas están siendo guiadas por pastores heridos y confundidos. Muchos de estos pastores desconcertados dejan sus espadas y se dirigen hacia tierra más segura. Otros, con cicatrices de batalla y rendidos, simplemente esperan sobrevivir, pero el deleite que los llevó al frente de la batalla del Señor desde hace mucho tiempo se ha disipado. Lo que permanece es, en el mejor de los casos, la persistencia y a menudo poco más que la necesidad de ganarse la vida.

Algo parece faltar en la preparación y las expectativas de los pastores, y este componente perdido les deja vulnerables para el fracaso. Puede ser tan simple como esto – en algún punto los pastores han perdido el memorando de que si han de tener ministerios fructíferos y productivos necesitarán pastorear con ambos ojos abiertos. Necesitarán enfocar un ojo en el Señor y la obra ante ellos, y el otro ojo explorando el horizonte hacia los enemigos.

Pienso que Nehemías hizo derribar esto mientras guiaba hacia de regreso a los exiliados reconstruyendo los muros de Jerusalén. Había una gran obra por hacer pero también un enemigo imponente y dispuesto. Era su deseo concentrarse en la obra – él quiso construir, no pelear – ¿no es esto lo que hacemos nosotros? Pero ignorar ingenuamente al enemigo era invitar un desastre. El pueblo tenía miedo. No eran guerreros; eran agricultores, pastores y carpinteros y ajenos al campo de batalla. Se habían enrolado para construir grandes muros y no a participar en luchas de poder. ¿Cómo edifica usted muros en tal ambiente? En la misma forma que usted construye iglesias – con ambos ojos abiertos.

Viendo el miedo traspasando los límites en su pueblo Nehemías rehúsa a darle lugar. “No temáis delante de ellos,” demandó él, “acordaos del Señor, grande y temible, y pelead” (Neh. 4:14). Allí está – un ojo puesto en el gran y temible Señor y el otro en el enemigo. Entonces la teología fue rápidamente resuelta en la metodología (siempre lo es). Mientras que la mitad de las personas construyeron, la otra mitad estaba en guardia (4:15-16). E incluso los que trabajaban lo hacían con un arma en una mano o, al menos, una espada ceñida a su lado (4:17-18). Lo que Nehemías entendió fue que no hay un edificio sin oposición, ninguna victoria para Dios sin una demostración de poder del diablo. Pero Nehemías no se distraería – o se desalentaría. Ni se echaría para atrás o se comprometería para mantener el orden público. Él conocía su misión – construir muros. Él conocía a su Dios – El es grande y temible – ciertamente no era Uno que se escabulle de jefes militares presumidos. Nehemías vio fijamente con un ojo a su Dios y en la tarea que su Dios le había dado, y él permaneció. Pero él nunca se permitió a sí mismo olvidarse por un momento de que el enemigo estaba todavía allí afuera, listo para salir a atacar, a destruir, dispuesto a detener la obra de Dios y apartar al pueblo de Dios que él amaba. Un ojo en Dios, un ojo en el enemigo. Así es como Nehemías pastoreó a su pueblo, y así es cómo debemos pastorear a nuestro pueblo.

En este punto me distanciaré con nuestra necesidad de mantener un ojo en Dios. Esta fijación en Dios es innegablemente crucial y fundamental. Sin eso ningún valor real se cumplirá alguna vez para el Señor, pero fijaré mi atención en el enemigo. Un buen número de hombres entran al ministerio emocionados acerca de Dios y entusiasmados acerca de la obra, pero pronto fueron quebrantados por el enemigo. Y eso es debido, al menos a parcialmente estoy convencido, porque no esperaron encontrar a un enemigo, al menos no uno serio. Cuando lo hacen, son desilusionados y completamente sin preparación para la batalla.

Saquemos algunos planes de batalla para dos enemigos que aparecerán regularmente en cada iglesia y en cada ministerio. Uno, la falsa enseñanza, amenaza con infiltrarse a la iglesia (trataremos con este enemigo en la segunda parte). El otro, el conflicto interpersonal, se origina desde dentro – los miembros de la iglesia en confrontación con su pastor y/o el liderazgo de la iglesia. El cómo son enfrentados estos enemigos definirán enormemente la clase y la calidad de los ministerios que serán desarrollados.

Los Conflictos y los Ataques Personales
Recientemente hablé para una afiliación pastoral que era ardua en ocuparse de un problema. Algunos de sus pastores jóvenes luchaban con comprender el papel del pastor como líder. Temían ser llamados dictadores y se habían vuelto tímidos y pasivos. Como consecuencia, sus ministerios eran débiles, y a los hombres mismos les faltaba confianza. En otras palabras, habían sido intimidados al haber abandonado su papel como pastores. Por el miedo, la incertidumbre y la duda, habían elegido correr (o al menos rendirse) en vez de pelear. Quizá la mayoría de ellos hombres de buen corazón y humildes que solamente quisieron amablemente guiar a las ovejas. Pero mientras contemplaban la suave puesta del sol, los lobos muy probablemente preparaban un ataque. Y los lobos son despiadados. Toman a un pastor robusto, uno dispuesto a sacrificarse si fuera necesario, para hacer una batalla mano a mano con los lobos. Estoy poco convencido que la mayor parte de los pastores de hoy se preparan para tal combate.

Los libros y los artículos son una legión tratando con el tema de los pastores bajo ataque. A menudo estas narrativas son pequeñas más que historias sentimentales y alcanzables. La mayor parte de ellas atinan mal al hecho de que nosotros los pastores merecemos mucho de la crítica que viene a nuestro camino – y Dios, a propósito, sabía que esto sería el caso. Los pastores son pastores (por definición) pero ellos son también ovejas (por naturaleza). Somos pastores-ovejas u ovejas-pastores. De una u otra manera a nosotros nos ha sido dada una tarea imposible por el Pastor Principal. Nos hemos sentido llamados a guiar al deficiente pueblo de Dios cuando nosotros mismos somos plagados con defectos y manchas. El mejor de nosotros dice cosas equivocadas a veces; podemos ser insensibles, distraídos, también débiles o también fuertes, propensos a la frustración, y la lista sigue. Ofenderemos a las personas, agraviaremos a las personas, tropezaremos, y es mejor habituarnos. Una consolación es que nuestro Señor sabe qué clase de personas El ha colocado en el timón de Su iglesia. Ésta no es una excusa para el pecado, pero es reconocimiento que la perfección nunca será la marca de pastores humanos. Dios no está sorprendido por esto. Él tiene la intención de edificar iglesias locales a través del trabajo de personas imperfectas, y eso incluye a sus pastores. Nuestro Señor tiene ha diseñado las cosas así porque la interacción y aun las fallas del pueblo de Dios, cuando responden muy bíblicamente, producen madurez en el cuerpo.

Sea como fuere, cuando la teoría se convierte en realidad, cuando la crítica abunde, cuando el accionar esté a toda fuerza, cuando el grito de guerra haya sonado, ¿qué debe hacer un pastor? Demasiado vacilan en este punto crucial. En algún punto han sido inducidos a creer que el pastor debe ser una persona estupenda. Él debe ser dulce y amable. Él debe amar a las personas, no confrontarlas, y nunca contrariar a los miembros. Él debe ser permitir ser pisoteado y voluntariamente aceptar el abuso, no una fortaleza exigiendo conformidad bíblica. Después de todo, el pastor común quiere ser a todo el mundo agradable. Él quiere complacer a las personas.

Simplemente ¿de donde obtuvimos esta imagen de un pastor? Seguramente no de la Escritura. Pablo, quien nos dio la mayoría de lo que sabemos acerca de la iglesia y la vida pastoral, aunque siempre amoroso nunca se echó para atrás en pelear cuándo era necesario. Cuando los corintios cuestionaron su autoridad apostólica él cariñosamente pero firmemente les mandó llamar (vea segunda a los Corintios). Cuando Timoteo dejaba que algunos lo intimidaran, Pablo le dijo que no dejara que se salieran con la suya (1 Tim 4:12). A los pastores no les son dados los rebaños de modo que tengan una sociedad admirable sino para que los pudiesen guiar en los caminos de Dios. Es una lección dura pero vital – no podemos complacer a todo el mundo. No podemos ser lo que todo el mundo quiere que seamos. Hacer esto nuestra meta es abandonar nuestra misión la cual es complacer a Cristo (2 Cor. 5:9). Hasta que entendamos esto nunca seremos el pastor que Dios quiere que nosotros seamos. En tanto que sea más importante para nosotros ser agradable a las personas que ser aprobado por Dios, nuestro ministerio será innecesario.

Hace más de 20 años atrás leí un artículo por Steve Brown facultado “Developing a Christian Mean Streak” (Desarrollando un Carácter Duro Cristiano) [1] que tuvo un impacto profundo en mi vida. Justamente había experimentado el tiempo más difícil en mi ministerio, un tiempo de murmuración, calumnia y pecado puro de parte de algunos, lo cual condujo a una división y daño espiritual para muchos. Yo, junto con la mayor parte de nuestros líderes, tuvimos que tomar una postura fuerte en contra de este grupo divisivo. Esta acción no fue sólo algo correcto de hacer sino que finalmente resultó un bien para nuestra iglesia. Sin embargo, tenía dudas persistentes acerca de algunos de los pasos difíciles que habíamos tenido que tomar, y me sentía lleno de remordimiento acerca de cosas que yo sabía bíblicamente y racionalmente habían sido tratadas correctamente. La lectura del artículo de Brown reforzó lo que sabía que era verdad al hablar de la devastación en las iglesias causadas por un liderazgo débil. Todavía recuerdo que él desarrolló un acróstico que deletreaba WIMP [Acobardar] para describir su enfoque para pastorear. El mensaje de Brown en esencia era que los pastores necesitan atrevidamente llevar la delantera y no ser, bien, los débiles.

Con disculpas para el Sr. Brown, me gustaría probar de mi mano en un acróstico que creo grandemente auxiliará a los pastores al afrontar los desafíos y ataques inevitables que vendrán. Mi acróstico es DURO [MEAN en inglés] y, aunque al principio éste podría sonar exagerado, creo que la aplicación de los siguientes principios hará mucho para mejorar y proteger el ministerio pastoral.

Hable en Serio con la Palabra de Dios
La mayoría de los pastores conservadores pasan horas cada semana estudiando la Palabra para los sermones y diversos estudios bíblicos. Sinceramente creen que las Escrituras son inerrantes, infalibles y necesarias para la salvación y la vida piadosa. Pero en lo que se refiere a los problemas verdaderos de la vida y la solución de conflictos a menudo dejan las enseñanzas de la Escritura en la puerta. Creen en la inspiración de la Palabra pero no en su suficiencia. Creen en sus principios pero no en su autoridad. Creen en su utilidad pero no en su poder. Cuando un asunto surge entre miembros en el cuerpo humano, las verdades de Escritura son tratadas como sugerencias en vez de mandatos. Que Dios haya provisto a través de la Palabra todo lo que necesitamos para corregir tales asuntos parece saltarse de las mentes aun de los líderes y pastores piadosos. Las ideas basadas en la psicología, el sentido común o el último manual auto-ayuda fragua las enseñanzas evidentes e inalterables de Dios. El resultado es a menudo una contienda general de opinión, acusaciones de “él dijo-ella dijo”, sentimientos dañados y división. Todo esto es evitable (a menos que existan asuntos serios de doctrina o moral en juego) con simplemente poner en juego los principios que el Señor tan bondadosamente ha provisto.

Por ejemplo, abajo hay algunas enseñanzas simples en la Palabra diseñadas para evitar y resolver conflictos que inevitablemente levantarán sus cabezas de vez en cuando en cualquier iglesia. Cada líder de la iglesia necesita estar bien versado en estas verdades:

· El Nuevo Testamento habla de la gran obligación y el privilegio de ser un pastor de la viña del Señor (1 Ped. 5:1-4; Hechos 20:28). Los ancianos deben aspirar al cargo (1 Tim. 3:1), no podrán ser forzado a hacerlo. Y deben tomar en serio las responsabilidades del oficio (Heb. 13:17).
· Una de las áreas en las cuales los ancianos guían al pueblo de Dios es unidad (1 Cor. 1:10; Fill. 2:1-2; 4:2-3). Los redimidos de Dios no gravitan naturalmente hacia la unidad. Tienden a encontrar formas para reñir por tonterías, lastimar sus sentimientos y arremeter contra quienes los ofenden de manera que causan división. Necesitan un liderazgo que les enseñará el enfoque y el modelo bíblico para los conflictos.
· Una de las formas en las cuales en que se rompe la unidad del cuerpo humano es a través de palabras de murmuración y calumnia. Nuestro Señor estaba delante de la curva cuando advirtió en Proverbios 10:18 que un necio propaga calumnias. Proverbios 16:28 y 17:9 son claros en que la calumnia separa a los amigos cercanos (17:9), pero Proverbios 18:17 demuestra que la murmuración pierde la mayor parte de su poder cuándo la otra parte de la historia es buscada y escuchada. Proverbios 20:19 va tan lejos en lo que se refiere a mandar que no nos asociemos con murmuraciones. Éstas son verdades sabias y valiosas que debemos incorporar en la vida de la iglesia.
· Dios sabía que los pecados de diversa índole surgirían dentro del cuerpo y da instrucciones de cómo deben ser manejados. Cuando se halle conflicto/calumnias /conflicto/maldad entre creyentes hay pasos evidentes en relación a como tratar con ellos: Mateo 18:15-17 nos ordena a comenzar con la confrontación privada, seguida por la reprensión en grupo pequeño y luego la disciplina de la iglesia. Pero siempre recuerde que la meta de este proceso es el arrepentimiento (Lucas 17:3) conducir al perdón y finalmente a la reconciliación (Lucas 17:4). Constantemente deberíamos recordar que somos una comunidad de gracia y por lo tanto un pueblo que perdona. Nadie vive una vida perfecta y cuando fallamos cada quien debemos buscar la reconciliación sobre la base de la gracia. Por eso buscamos cada oportunidad para mostrar bondad, generosidad y perdón (Efes. 4:32), pues las alternativas son ira, amargura (Efes. 4:31) y división (Heb. 12:15).
· El Señor también reconoció que los ataques de Satanás serían especialmente dirigidos hacia el liderazgo de la iglesia. Si Satanás puede derribar un anciano o plantar semillas de duda en las mentes de las personas, puede causar un gran daño en el cuerpo. Por eso la congregación debe ser enseñada en las instrucciones especiales que Dios ha provisto referente a los ancianos. Primera Timoteo 5:19 nos dice a nosotros que no recibamos una acusación en contra de un anciano excepto sobre la base de dos o tres testigos. Se sobreentiende que estos testigos estén dispuestos a hacer acusaciones públicas, no a orquestar una campaña de difamación.
Estas sencillas instrucciones, si se siguen, en gran medida reducirían la fricción encontrada en muchas iglesias y así mejorarán así los ministerios de las iglesias. Sin embargo, muchas iglesias y sus líderes se comportan como si Dios nunca anticipó tales problemas y no tiene nada que ofrecer en forma de solución.

No se debe permitir a los enemigos definir el ministerio
Utilizo el enemigo en sentido amplio ya que creo que la inmensa mayoría de los alborotadores en cualquier iglesia son lo que un autor describió como: “dragones bienintencionados”. Es decir, no se ven así mismos como personas difíciles, usualmente no tienen la intención de exigir mucho, y se visualizan así mismos como parte de la solución y no parte del problema. Lo que los establece como enemigos no es necesariamente sus intenciones (las cuales pueden ser buenas) sino su ignorancia de, o la negativa a de someterse ellos mismos, al acercamiento de Dios tal y como se describe en la Palabra. Abandonando la metodología bíblica aplican un enfoque que no está admitido por Dios y tiene consecuencias resultantes. Se convierten en enemigos, no tanto del pastor, sino del camino de Dios. Si a estas personas se les impide el control de la iglesia, pero no son corregidos bíblicamente, resultarán irritaciones dentro del cuerpo. Se quejarán, se quejarán y susurrarán en un intento de ganarse a unos cuantos más para su causa. Pero peor aún, si tienen permiso de salirse con la suya, definirán el ministerio local de la iglesia y esto en una manera no bíblica.

El problema es que la mayoría de líderes de la iglesia quieren evitar el conflicto a toda costa. No fueron atraídos al liderazgo de la iglesia para “librar batalla” sino para ayudar a la gente. Lo que no saben es que la batalla es un ingrediente crucial en ayudar a la gente y, cuando aparecen situaciones difíciles, buscan formas para eludir el problema. A menudo los líderes inexpertos se oyen diciendo, “puede que se disipe.” Sin embargo, en vez de disiparse, los problemas se vuelven arraigados. Después viene la tentación a ceder. Cada vez más iglesias están dirigidas por aquellos que están dispuestos a gritar fuerte y a causar la interrupción más grande. Por supuesto tales personas, controladas por su carne en vez de por el Espíritu, son las últimas personas que deberían conducir la iglesia. El hecho simple es que alguien dirigirá en cualquier asamblea local. Debería ser el pastor y los líderes señalados, pero si tienen pocos deseos de cumplir con su descripción del puesto bíblico alguien más entrará en la brecha. Los pastores que cumplen el papel que Dios les ha dado no se escapan del campo de batalla o dan la victoria a los enemigos.

Siempre recuerde quién es su Amo
El pastor que trabaja para el pueblo y no para el Amo está en el capricho de cada voz en la congregación. Si bien es sabio escuchar los pensamientos del pueblo de Dios, y de hecho gran parte del valor es a menudo obtenido de ese modo, sólo una voz debe ser obedecida. Una iglesia no debe ser modelada del patrón de las mentes de los hombres. Dios ya ha diseñado Su iglesia; no es nuestra tarea volver a pensar la iglesia (como muchos lo están pidiendo hoy) sino desarrollar el paradigma de Dios. Creo que Efesios 4:11-16 establece el plan del Señor para Su iglesia quizá mejor que cualquier otro sitio en la Escritura. Allí nos encontramos con que Dios ha dado a Su iglesia especialmente hombres dotados para equipar a los santos a fin de que pudiesen hacer la obra del ministerio y a su vez edificar el cuerpo de Cristo. Deshacerse de este modelo bíblico para uno del buscador-sensible, o uno Emergente, o uno de la siguiente moda pasajera que aparezca, o a los caprichos de un grupo divisivo en la congregación, es descartar la voz del Amo.

Recuerde que si usted reclutó a 100 que lo conocen bien y han evaluado honestamente su vida cuando la ven, 100 personas estarían equivocadas en grados diversos. Sólo Cristo sabe quiénes somos en el centro de nuestro ser, sólo Su evaluación está en lo correcto, y sólo lo que El piensa finalmente tiene importancia. Nuestra tarea es vivir para complacerle a El (2 Cor. 2:9) y no a nuestra congregación, a nosotros mismo o al último gurú impresionando a cristianos por el momento.

Nunca abandone a las ovejas a los lobos
Por mucho que aprecié el artículo de Steve Brown, una cosa me entristeció. Él dijo que tenía una carta de renuncia archivada todo el tiempo y estaba dispuesto a utilizarla. Si bien hay un tiempo para renunciar a un ministerio, ahora muchos pastores jalan el gatillo demasiado rápido. La mayoría abandonan el campo de batalla durante el calor del conflicto, sólo para mudarse a otra iglesia en la cual el conflicto eventualmente erigirá su cabeza fea. Nunca se debe olvidar que el conflicto es simplemente inevitable; lo que importa es cómo se maneja. Pero dejar a las ovejas, durante el mismo calor de batalla, a merced de lobos, simplemente no dice mucho en favor del pastor. Tal maniobra puede dar un respiro temporal al pastor, pero normalmente no se hará nada por la iglesia local excepto el permitir a las personas equivocadas tomar el control e infligir más daño. He determinado, por la gracia de Dios, que nunca abandonaré a las ovejas cuando más me necesiten. Si dejara mi ministerio presente, estaría durante un tiempo de paz relativa y prosperidad espiritual, no cuándo los lobos van a toda prisa a salvar las ovejas.

Un poco de Rasgo DURO, como es descrito arriba, llegaría muy lejos hacia la creación de más iglesias piadosas y bíblicas, y alentaría a los corazones de un buen número de pastores durante el proceso.

[1] Steve Brown, “Developing a Christian Mean Streak,” Leadership (Vol. VIII no. 2), Spring 1987, pp. 32-37

http://evangelio.wordpress.com/2009/11/10/pastoreando-con-ambos-ojos-abiertos-1-parte/

Examine su Fe – Características de la Verdadera Fe Salvadora

Examine su Fe – Características de la Verdadera Fe Salvadora
2009 FEBRERO 25

Características de la Verdadera Fe Salvadora
John F. MacArthur, Jr.
tomado de http://www.biblebb.com y http://www.gty.org

La Biblia provee un claro entendimiento acerca de que la fe verdadera produce buenos frutos. En su parábola de los terrenos y la semilla, el Señor Jesús enseñó que, mientras que los inconversos son estériles, los que son salvos llevarían fruto. En esta parábola, tres de cuatro suelos produjeron las plantas infructuosas, cuadros vivos de las recepciones de la palabra de Dios que nunca dieron lugar a la salvación.

En contraste, las plantas que dieron buen fruto prosperan en el buen suelo que representa un corazón redimido. Jesús dijo: “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” (Mateo 13:23). Todos los creyentes son fructíferos, aunque no igualmente fructíferos.

Es la fe lo que está en el corazón de nuestro cristianismo. Ahora, quiero darle una pequeña prueba que le ayudará a examinar su fe. Estoy convencido de que las iglesias están llenas de personas que tienen un tipo de fe que no las salva. Santiago le llamó una “fe muerta”. 2 Corintios 13:5 dice, “examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe”. Usted debe asegurarse de que su fe es real. Ahora, al examinarse usted mismo y se pregunte: “¿Soy Yo realmente un cristiano? ¿Me he apropiado de este regalo que Dios me da? ¿He creído genuinamente?” ¿Qué es lo que debe buscar en su vida para discernir que su fe es real? ¿Cuáles son las marcas?

Ante todo, déjeme mostrarle algunas cosas que ni prueban ni niegan la fe salvadora. Voy a darle una pequeña lista de cosas que no prueban nada. Usted podría ser un cristiano; usted podría no ser un cristiano, y aun tener estas cosas. No prueban ni niegan la fe salvadora, pero usted necesita saber lo estas son para que usted no sea engañado.

I. COSAS QUE NO PRUEBAN NI NIEGAN LA FE SALVADORA

1. Rectitud Visible (Mat. 19:16-21; 23-27)

¿Qué quiero decir con eso? Bien algunas personas son simplemente buenas personas. Algunas de ellas son muy religiosas como los mormones que por fuera parecen personas muy moralistas, o católicos romanos, o alguna otra clase de secta o religión. Algunas personas son simplemente buenas personas. Son honestas, son abiertamente confiables en sus tratos. Son personas agradecidas, son personas amables, y tienen una cierta moralidad visible externa. Por el camino, los fariseos ciertamente tenían su esperanza descansando sobre eso. Son personas cariñosas, algunos de ellos son personas tiernas de corazón. Pero acerca de amar y servir a Dios, no conocen nada y ni sienten nada. Cualquier cosa que hace o deje de hacer la persona no involucra a Dios.

Esta persona es honesta en sus tratos con todo el mundo menos con Dios. Él no le robaría a nadie pero sí a Dios. Es agradecido y leal para con todo el mundo pero no con Dios. No hablaría despreciativamente ni censurablemente de nadie pero si de Dios. Tienen buenas relaciones con todos menos con Dios. Se parecen mucho a aquel joven rico que dijo: “Todas estas cosas las he guardado, ¿Qué me falta?” Esta es una rectitud visible, pero no necesariamente significa salvación. Las personas tratan de “limpiar sus actos” por medio de reformación mas que por regeneración.

2. Conocimiento Intelectual (Rom 1:21; 2:17ss)

En segundo lugar, otra cosa que no prueba o desaprueba la fe salvadora es el conocimiento intelectual. El conocimiento intelectual no prueba la fe verdadera. El conocimiento de la verdad es necesario para la salvación y la moralidad visible es fruto de la salvación, pero ni uno ni lo otro es igual a la salvación. Verá, usted puede saber todo acerca de Dios. Y usted puede saber todo acerca de Jesús, quién fue y que vino al mundo y murió en la cruz, que resucitó, y que El vendrá de nuevo. Y usted aun puede saber más de los detalles de Su vida. Usted puede comprender todo eso y darle la espalda a Cristo.

Eso es lo que el escritor de Hebreos esta advirtiendo a aquellos en Hebreos 6:46. Había personas en la iglesia que sabían todo de Dios y entendían las verdades del evangelio. Incluso tenía una medida de experiencia con la verdad del evangelio. Habían visto el ministerio del Espíritu Santo trabajando en las vidas de las personas y aun conociendo todo esto estaban aun paso del grave peligro de alejarse y rechazar a Cristo.

En Hebreos 10 él les dice que están pisoteando la sangre de Cristo al no creer lo que ustedes saben que es cierto. ¡Hay muchas personas que conocen la Escritura y que tienen un conocimiento pero va con destino al Infierno! Usted nunca se salvará sin ese conocimiento, pero tener ese conocimiento necesariamente no le salva.

3. Envolvimiento Religioso (Mat. 25:1-10)

En tercer lugar, el envolvimiento religioso. El envolvimiento religioso no es necesariamente una prueba de la fe verdadera. Según Pablo, hay personas que poseen una apariencia (una simple apariencia externa) de piedad pero que han negado el poder de la misma. Tienen una forma vacía de de religión. Jesús ilustró esto cuando habló de las vírgenes en Mateo 25. Esperaron, y esperaron, y esperaron la llegada del novio, el cual es Cristo. Incluso aun cuando esperaron por mucho tiempo, cuando El vino no entraron con El. Tenían todo pero les faltaba el aceite en sus lámparas. Aquello era lo más necesario no lo tenían. El aceite, probablemente emblemático de la nueva vida, la morada del Espíritu Santo. No eran regenerados. Eran religiosos pero no regenerados. Usted puede tener una moralidad visible externa, un conocimiento intelectual, y una participación religiosa, y sin embargo no poseer una fe salvadora genuina.

4. Ministerio Activo (Mat. 7:21-24)

El cuarto, es el ministerio activo. Es posible ser activo y aun tener un ministerio público, y aun no poseer una fe salvadora genuina. Balaam era un profeta que resultó ser falso (Deuteronomio 23:3-6). Saulo de Tarso (mas tarde se convirtió en el apóstol Pablo) pensaba que servía a Dios cuando mataba a los cristianos. Judas era un predicador público y uno de los doce discípulos de Cristo, pero el era un apóstata. En Mateo 7:22-23 Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” Aquellos a quienes Jesús les habló habían tenido un ministerio público y activo pero Jesús les dijo que nunca los había conocido. Palabras soberbias de hecho.

5. Convicción de Pecado (Hech. 24:25; Mat. 27:3-5)

Por sí misma, la convicción de pecado no es prueba de la salvación. En este mundo hay gente llena de culpabilidad. Muchos incluso se sienten mal por su pecado. Felix tembló bajo convicción en la predicación del apóstol Pablo, pero él nunca hizo a un lado sus ídolos o se volvió a Dios (Hechos 24:25). El Espíritu Santo obra para convencer a los hombres de pecado, de justicia, y juicio, pero muchos no responden en arrepentimiento verdadero. Algunos pueden confesar e incluso abandonar los pecados que los hacen sentir culpables. Ellos dicen: “No me gusta vivir de esta manera. Yo quiero cambiar” Pueden enmendar sus caminos pero aun faltarles la fe genuina salvadora. Eso es una reforma externa, no una regeneración interna. Ningún grado de convicción de pecado es una conclusiva evidencia de la fe salvadora. Aun los demonios tienen convicción de sus pecados por eso es que tiemblan pero ellos no son salvos.

6. Seguridad (Mat. 23)

Algunas personas dicen, “Pues Bien, debo ser un cristiano, porque siento que lo soy. Yo creo que si soy cristiano”. Pero eso es un razonamiento falso. Si creer que uno es cristiano es señal de que alguien es cristiano, entonces por definición, no sería posible ser un no-cristiano engañado y esto no encajaría en todo el punto del engaño de Satanás. El quiere que las personas que no son realmente salvas piensen que si lo son. Satanás ha engañado a múltiples de millones de personas religiosas en pensar que son salvas cunado aun cuando no lo son. Ellos podrían decirse a sí mismos: “Dios no me condenaría. Me siento bien conmigo mismo. Tengo seguridad. Estoy bien”. Pero eso no significa nada.

7. Un Momento de Decisión (Luc. 8:13,14)

Muy a menudo, las personas dicen algo como lo siguiente: “Pues Bien, yo sé que soy un cristiano, porque recuerdo cuándo firmé la tarjeta.” Ó “recuerdo cuándo hice una oración”. “Recuerdo cuándo caminé por el pasillo” ó “recuerdo cuando pase al frente”. Una persona puede recordar exactamente cuando sucedió y donde estaba cuado aquello sucedió, pero no necesariamente significa algo. Nuestra salvación no se comprueba con un momento en pasado. Muchas personas han hecho oraciones, han pasado al frente en los servicios de la iglesia, han firmado tarjetas, han pasado al cuarto de oración, han sido bautizados, se han unido a iglesias sin aun experimentar una verdadera fe salvadora.

Estas son siete condiciones comunes, o pruebas que no necesariamente prueban o niegan la existencia de una fe salvadora. ¿Cuáles son entonces las marcas de una verdadera fe salvadora? Afortunadamente, hay al menos nueve criterios bíblicos para examinar la autenticidad de una fe salvadora.

II. NUEVE CONDICIONES QUE PRUEBAN UNA VERDADERA FE SALVADORA

(FRUTO/PRUEBAS DEL VERDADERO/AUTENTICO CRISTIANISMO)

1. Amor a Dios (Salmo 42:1; 73:25; Lucas 10:27; Romanos 8:7)

En primer lugar un profundo y permanente amor a Dios es una de las evidencias supremas de la verdadera fe salvadora. Esto va hacia el corazón del tema. Romanos 8:7 dice: “ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios [hostilidad, odio], porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo” (LBLA). Por tanto, si el corazón del hombre está en enemistad con Dios no hay una base para afirmar la presencia de una fe salvadora. Aquellos que verdaderamente son salvos aman a Dios, pero aquellos que están molestos con Dios y Su soberanía. Internamente están en rebelión contra Dios y Su plan para sus vidas. Pero la persona regenerada ama al Señor con todo su corazón, alma, mente y fuerza. Su deleite esta en las infinitas excelencias de Dios. Dios se ha vuelto su principal fuente de felicidad y satisfacción. Busca de Dios y tiene sed del Dios viviente.

Por cierto, hay una gran diferencia entre tal amor para con Dios y la actitud egoísta que se centra solo en mi propia felicidad y ve a Dios como una medio de realización y ganancia, en vez de verme como un medio para glorificarle. La fe verdadera no cree en Cristo para que Cristo lo haga a uno feliz. El corazón que verdaderamente ama a Dios deseará agrada a Dios y glorificarle. Jesús enseñó que si alguien ama a su padre y a su madre más que a Cristo, no es digno de El. Jesús lo dice así: “37El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 10:37-39)

¿Ama usted Dios? ¿Ama usted Su naturaleza? ¿Ama usted Su gloria? ¿Ama usted Su nombre? ¿Ama usted Su reino? ¿Ama usted Su Santidad? ¿Ama usted Su voluntad? El amor supremo para Dios es una prueba decisiva de la fe verdadera. ¿Su corazón se eleva cuándo le canta alabanzas – porque usted le ama?

2. Arrepentimiento de Pecado (Salmo 32:5: Proverbios 28:13; Romanos 7:14; 2ª Corintios 7:10; 1ª Juan 1:8-10)

Un amor correcto hacia Dios debe implicar necesariamente un odio por el pecado que conduzca al arrepentimiento. Esto debería ser evidente. ¿Quién no entendería eso? Si verdaderamente amamos a alguien, buscaríamos su mejor interés. Su bienestar es nuestra mayor preocupación. Si un hombre le dice a su mujer: “te amo, pero no tengo el menor interés en lo que te suceda” justamente cuestionaríamos su amor por ella. El verdadero amor busca el mayor bien de su objeto. Si decimos que amamos a Dios, entonces odiaremos cualquier cosa. El pecado es blasfemo a Dios. El pecado maldice a Dios. El pecado pretende destruir a la obra de Dios y Su reino. El pecado mató a Su Hijo. Así que cuando alguien dice: “Amo a Dios, pero tolero el pecado,” entonces tengo razón para cuestionar su amor por Dios. No puedo amar a Dios sin odiar aquellos intenta destruirle. El verdadero amor por Dios, por lo tanto, se manifestará a través de la confesión y el arrepentimiento. El hombre que ama Dios se dolerá pro su pecado y querrá confesarlo a Dios y abandonarlo. El arrepentimiento verdadero implica confesión, implica apartarse del pecado. Debería dolerme por mi pecado.

Yo debería preguntarme, “¿tengo una convicción firme de la maldad del pecado? ¿Me aparece el pecado como algo como tan malo y amargo como realmente es? ¿Aumenta la convicción de pecado en mí al andar con Cristo? ¿Lo odio no simplemente porque es ruinoso a mi propia alma sino porque es una ofensa a mi Dios a quien amo? ¿Me aflijo más cuando peco que cuando tengo problemas? En otras palabras, ¿qué me duele más – mi desgracia o mi pecado? ¿Mis pecados me parecen muchos? ¿Frecuentes y agravantes? ¿Me encuentro afligido por mi pecado – más que por el pecado de los demás? Esa es una marca de la salvación. La verdadera fe salvadora – ama a Dios y odia lo que Dios odia, el cuál es el pecado.

3. Humildad Genuina (Salmo 51:17; Mateo 5:1-12; Santiago 4:6,9)

La fe salvadora se manifiesta en una humildad genuina. Jesús dijo que bienaventurados son aquellos que son pobres en espíritu, y aquellos que lloran [por su pecado] y aquellos que son mansos y aquellos que tienen hambre y sed de justicia (Mateo 5:3-6) –todas son marcas de humildad. En Mateo 18, Jesús dijo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” La verdadera fe salvadora viene como un pequeño niño dependiente. El salvo no es el hombre que esta lleno de sí mismo sino de el hombre que se niega a sí mismos, toman su cruz cada día y siguen a Cristo (Mateo 16:24). En el Antiguo Testamento vemos que el Señor recibe a aquellos que vienen con un espíritu contrito y humillado. (Salmo 34:18; 51:17; Isaías 57:15; 66:2). Santiago escribe: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Sant. 4:6). Debemos venir como el hijo pródigo. Recuerde lo que él dijo a su padre en Lucas 15: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v.21). Aquellos que poseen una verdadera fe salvador ano vienen jactanciosamente ante Dios con sus logros religiosos o espirituales. Vienen con manos vacías en humildad genuina.

4. Celo por la Gloria de Dios (Salmo 105:3; 115:1; Isaías 43:7; 48:10; Jeremías 9:23, 24; 1ª Corintios 10:31)

La verdadera fe salvadora es manifestada por un celo por la gloria de Dios. Cualquier cosa que el creyente haga, ya sea comer o beber su deseo es ver a Dios glorificado. Los cristianos hacen lo que hacen porque quieren llevar gloria a Dios. Sin duda los cristianos fallamos en cada una de estas áreas, peor al dirección de la vida del cristiano es amar a Dios, odiar el pecado, vivir en humildad y abnegación, reconociendo si propia indignidad y dedicarse a la gloria de Dios. No es la perfección de la vida de uno, sino la dirección de la vida la que proporciona la evidencia de la regeneración

5. Oración Continua (Lucas 18:1; Efesios 6:18; Filipenses 4:6; 1ª Timoteo 2:1-4; Santiago 5:16-18)

La oración humilde, sumisa y creyente es una marca de la fe verdadera. Clamamos: “Abba, Padre” porque el Espíritu gime dentro de nosotros. Jonathan Edwards una vez predicó un sermón titulado: “Los Hipócritas son Deficientes En el Deber de la Oración Secreta”. Es cierto. Los hipócritas pueden orar públicamente, porque eso es lo que quieren hacer los hipócritas. Su deseo es impresionar a las personas, pero son deficientes en el deber de la oración secreta. Los creyentes verdaderos tienen una vida personal y privada de oración con Dios. Buscan regularmente comunión con Dios a través de la oración.

6. Amor Abnegado (1ª Juan 2:9; 3:14; 4:7)

Una característica importante de la verdadera fe salvadora es un amor abnegado. Santiago dice: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”

(Stgo. 2:8). Juan escribió: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”.

Si usted ama a Dios usted no solo odiará lo que Le ofenda, sino que amará a aquellos a quienes El ama: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Juan 3:14) ¿Y porque amamos a Dios y a los demás? Porque es la respuesta del creyente a Su amor por nosotros. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Jesús dijo que sabríamos que somos Sus discípulos por nuestro amor para con los demás (Juan 13:35). “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.” (1 Juan 4:7)

7. Separación del mundo (1ª Corintios 2:12; Santiago 4:4; 1ª Juan 2:15-17, 5:5)

Positivamente, los creyentes son marcados por un amor hacia Dios y hacia los demás creyentes. Negativamente, el cristiano es caracterizado por una falta de amor hacia el mundo. Los verdaderos creyentes no son aquellos que son gobernados por los afectos del mundo, sino por su afecto y devoción hacia Dios y Su reino.

En 1 Corintios 2:12 Pablo escribió que: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. En 1ª Juan 2:15 leemos: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” La verdadera fe salvadora separa a uno de las búsqueda de este mundo –no perfectamente, al fallar en estas áreas, pero la dirección de la vida del creyente, es hacia las cosas de arriba. El siente la atracción del cielo en su alma. Los cristianos son aquellos que Dios ha trasladados de un poder de la oscuridad hacia el reino de Su Hijo. El creyente esta marcado por la falta de amor o de la esclavitud al sistema del mundo satánicamente controlado (Efesios 2:1-3; Colosenses 1:13; Santiago 4:4).

8. Crecimiento Espiritual (Lucas 8:15; Juan 15:1-6; Efesios 4:12-16)

Los verdaderos creyentes crecen. Cuando Dios comienza una verdadera obra de salvación en una persona,. El termina y perfecciona esa obra. Pablo expresó esa seguridad cuando escribió Filipenses 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

Si usted es un cristiano verdadero usted va a crecer, y eso significa que usted se parecerá cada vez más a Cristo. La vida se produce a sí misma. Si usted está vivo usted va a crecer, no hay otra manera. Usted mejorará. Usted aumentará. Usted crecerá. El Espíritu lo llevará de un nivel de gloria al siguiente así pues, examínese a usted mismo ¿Puede ver en usted mismo el crecimiento? ¿Ve una disminución en la frecuencia del pecado? ¿Existe un patrón de aumento de rectitud y devoción a Dios?

9. Obediencia (Mateo 7:21; Juan 15:14; Romanos 16:26; 1ª Pedro 1:2;,22; 1ª Juan 2:3-5)

Una vida obediente no es uno de los conductos opcionales dados a los creyentes para andar. Todos los creyentes están llamados a una vida de obediencia. Jesús enseñó que todos los pámpanos que permanecen en El llevan fruto (Juan 15:1-8). Pablo escribe que los creyentes: “….somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Esto habla de obediencia. Somos salvos para la obediencia de la fe (vea 1 Pedro 1:2).

Si la lista “I” es verdad en una persona y la lista II es falsa, hay causa para cuestionar la validez de su profesión de fe. Asimismo si la lista “II” es verdad, entonces la lista superior lo será también.

¿Cómo podemos saber que nuestra fe es genuina? Examine su vida a la luz de la Palabra de Dios. ¿Ve usted todas estas características en su vida? ¿Tiene amor por Dios, odio por el pecado, humildad, celo por la gloria de Dios, un patrón de oración personal y privada, amor abnegado, separación del mundo, la evidencia de crecimiento espiritual y obediencia? Estas son evidencias reales de una verdadera fe salvadora.