España-Jaume Llenas (AEE): Ni símbolos religiosos en la escuela pública, ni cristianos fuera del debate social

España-Jaume Llenas (AEE): Ni símbolos religiosos en la escuela pública, ni cristianos fuera del debate social

Fuente: eMision. Redacción: ACPress.net


BARCELONA, 28/11/2008 (eMision/ACPress.net)

Ante el debate suscitado en España por la sentencia de un juez que decretaba la retirada de los símbolos religiosos de una escuela pública de Valladolid, se ha generado toda una cadena de reacciones sociales, políticas, y de la Iglesia católica. La Alianza Evangélica Española (AEE), en la persona de su secretario general, se ha posicionado ante las diferentes reacciones.

El colegio público Macías Picavea de Valladolid no tendrá más crucifijos en sus paredes, salvo que prospere el recurso interpuesto a la sentencia del juez Alejandro Valentín, que atendió a la reclamación de la asociación Escuela Laica, por la que se asume que los símbolos religiosos en la escuela pública «vulneran los derechos fundamentales de igualdad, libertad religiosa y aconfesionalidad del Estado». La sentencia, pionera en España, devuelve este debate, aún sin resolver, al centro de la actualidad política.Jaume Llenas, abogado y secretario general de la Alianza Evangélica Española ha expuesto en una entrevista en eMision.net que el escenario de este debate es la escuela pública, ya que “la escuela privada tiene derecho a desarrollar y exponer su identidad, que en el caso de ser religiosa se acompaña de la simbología que la caracteriza”. 

Entrando en lo público, y ante el debate planteado, Llenas entiende que a la hora de analizar el hecho de que existan símbolos religiosos en la escuela pública debe verse desde dos perspectivas. La primera es la visión de la igualdad de derechos, lo que supondría caso de permitir los católicos o cristianos que también debería permitirse poner todos los símbolos religiosos o ideológicos, incluidos los de la `no creencia´, algo que en opinión de Llenas “sería ridículo, por lo que debemos quitarlos todos”.

La segunda perspectiva es la aconfesionalidad del Estado, lo que supone en la práctica evitar que el Estado se identifique de manera específica con alguna confesión por encima de las demás. Por lo tanto, “deben usarse sólo símbolos que son de todos, o no ponerlos”.

Ante las razones alegadas por la jerarquía católica española acerca de que el crucifijo es un valor cultural que debería respetarse, Jaume Llenas considera que este criterio es en realidad disminuir lo que simboliza el crucifijo, que es un símbolo mucho más profundo que el cultural, ya que “representa el mensaje del Evangelio que no debe ni puede reducirse a algo meramente cultural”. Es un tema muy distinto, en opinión del secretario general de la Alianza Evangélica Española, la cuestión de su uso particular (aunque sea visible) por ejemplo llevarlo en el cuello.

Ante este empeño de la iglesia católica por no perder esta especie de “sello” católico en todo lo público (habría que añadir también la práctica de funerales católicos de Estado, la presencia religiosa católica en las juras de bandera y ceremonias castrenses, actos oficiales judiciales, de toma de cargos, y un largo etcétera) Llenas interpreta este empeño “porque existe en el catolicismo una mezcla y confusión de lo religioso y lo político, que viene del constantinismo que fusionó Estado e Iglesia. Y esto no sólo no es bueno para el Estado, sino que perjudica también el cristianismo, porque al final da cobertura moral al poder político, incluso cuando no debería tenerla”. Además, dice, supone también confundir la vida espiritual por el peso de lo exterior.

LAICISMO ANTICRISTIANO
Sin embargo, entiende Llenas que también es cierto que “reconociendo y defendiendo la ausencia de símbolos religiosos en la esfera de las instituciones públicas, hay grupos que aprovechan este debate para no sólo quitar las simbologías (en lo que coincidiríamos) sino para ir un paso más y expulsar a la voz de la moral religiosa del debate público, que es algo muy distinto” . Y esto es grave, porque piensa Llenas que “el debate público debe formarse del conjunto de las opiniones y grupos de la sociedad, tengan o no tengan posturas religiosas. Las leyes, la conciencia social, debe ser resultado de la participación libre e igualitaria de todos los ciudadanos, cristianos y no cristianos. Y a veces hay agendas ocultas que usan un terreno como el de los símbolos religiosos para expulsarlos del debate público” social y político.

También, explica en esta misma línea, a veces a los cristianos se les castiga como no se hace con otros grupos religiosos, sociales u otras minorías. “Los errores que puedan cometer colectivos cristianos, católicos o no católicos, no puede suponer que se haga una discriminación negativa hacia los cristianos. Un cristiano no debe tener ninguna ventaja por serlo, pero tampoco ninguna desventaja”, concluye.

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