UN SALVADOR… CRISTO EL SEÑOR

UN SALVADOR… CRISTO EL SEÑOR

El mensaje del ángel a los pastores identifica al niño recién nacido como “un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Este capítulo es un breve estudio de estos tres títulos cristológicos.

Salvador

Salvador (griego soter} es uno de los más queridos de todos los títulos honoríficos otorgados al Señor Jesucristo. Sin embargo, es sorprendente que se use sólo unas quince veces en el Nuevo Testamento para referirse específicamente a Cristo.

Algunos gobernantes de las épocas preneotestamentaria y neo-testamentaria se arrogaron este título, u otros se lo atribuyeron. La idea a menudo era la de libertador. También se emplea al hablar de Dios en la Septuaginta. Por ejemplo, Isaías 43:3 dice: “Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador.” Por consiguiente, cuando se aplica a Jesús incluye la idea de su deidad. Con frecuencia se emplea junto con el título Señor (por ejemplo, 2 Pedro 1:11; 2:20; 3:2,18).

Es importante ver la conexión entre este título y el nombre Jesús. Jesús (griego lesous) se encuentra en la Septuaginta como traducción del nombre hebreo Josué, que está basado en el verboyasha’ “liberar”. El significado tipológico de Josué se encuentra en Hebreos, capítulos 3 y 4. Así como Josué guió al pueblo de Dios en la tierra prometida y a la victoria sobre sus enemigos, así el Josué del Nuevo Testamento — Jesús — libera al pueblo de Dios y lo guía en la vida victoriosa.

Eso recuerda la declaración del ángel a José: “Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Palabras cognadas con soler (tales como sotería, “salvación, liberación”; sozein, “salvar, liberar”) muestran que la liberación llevada a cabo por Cristo es comprehensiva. Efectivamente, Él nos libera del pecado, pero también libera de la enfermedad (Mateo 9:21-22; Marcos 6:56; Santiago 5:15) y de la muerte (Lucas 8:50). Además, nos liberará de nuestro cuerpo terrenal, transformándolo para que sea corno su glorioso cuerpo (Filipenses 3:20). Es, en verdad, el Salvador del mundo (Juan 4:42; 1 Juan 4:14), pero es de manera especial el Salvador de su cuerpo, la iglesia (Efesios 5:23).

Cristo

A continuación el ángel identifica al Salvador como “Cristo” (griego jrislos). La palabra es un adjetivo sustantivo que quiere decir “ungido”. Está basado en el verbo jríein (ungir) y es el equivalente griego del hebreo mashiaj (Mesías) que viene del verbo mashaj (ungir). Se ve claramente en Juan 1:41 la equivalencia de significado de estas palabras griega y hebrea.

Por consiguiente debemos ir al Antiguo Testamento para lograr comprender de manera adecuada este título cristológico. Un mashiaj era una persona a quien Dios asignó una tarea especial y que fue por lo tanto ungida con aceite. Se emplea el término corrientemente al hablar de un rey (1 Samuel 12:3, 5; 6:11; 2 Samuel 1:14), y en el Salmo 2:2 se usa para designar al Mesías venidero. Los sacerdotes (Aarón y otros) eran ungidos también (Éxodo 28:41; 29:7; 30:30; 40:13-15; Levítico 4:3; 21:10; Números 3:3). Además, hay una referencia a la unción de un profeta (1 Reyes 19:16).

El título Cristo, por lo tanto, se refiere específicamente a la obra de Jesús. Él también fue comisionado para una tarea especial. Pero su unción fue para un papel profetice, más bien que para un papel real o sacerdotal. La unción tuvo lugar en su bautismo cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él. Jesús afirmó ser el Mesías (o Cristo) cuando en los primeros días de su ministerio se aplicó a sí mismo Isaías 61:1-3: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas … Me ha enviado … a pregonar libertad…, a poner en libertad a los oprimidos …” (Lucas 4:18-19)

Pedro declaró: “Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret… éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). Este título, por lo tanto, pone énfasis en la relación muy estrecha entre Jesús y el Espíritu Santo. Aunque era completamente Dios (el título Señor), también era completamente hombre y por consiguiente dependiente del Espíritu.

 Un salvador . . . Cristo el Señor

Otros pasajes mesiánicos en Isaías también enfatizan esa relación entre el Mesías y el Espíritu Santo (11:1-4; 42:1-4).

Señor

Si la designación Cristo/Mesías señala la humanidad del Salva-ior, el título Señor señala su deidad. Esta designación (griego hunos) ;s uno de los títulos cristológicos que con más frecuencia ocurre. Pernos su suma importancia en la declaración de Pablo de que una condición indispensable para la salvación es la confesión de Jesús como Señor (Romanos 10:9).

¿Qué significaba para los escritores bíblicos el título Señor? Hay dos conceptos fundamentales. En primer lugar, señala su absoluta Deidad. Para entender esto debemos volver al Antiguo Testamento. La versión Reina-Valera del Antiguo Testamento contiene dos for¬mas de la palabra: “Señor” y “Jehová”. El primero es el equivalente del griego kurios y traduce el hebreo ‘adon o ‘adonai.

La forma “Jehová” es el nombre personal o de pacto de Dios, que también se puede traducir “Yahvéh”. Los judíos consideraban tan sagrado este nombre que evitaban pronunciarlo. Cuando lo encon¬traban en su lectura de las Escrituras, lo sustituían por ‘adonai.

Se refleja esta práctica en la Septuaginta, la traducción de las Escrituras hebreas al griego hecha por eruditos judíos de la época intertestamentaria. Cuando ocurría el nombre Yahvéh, lo traducían como kurios, al igual que ‘adon y ‘adonai. Esa traducción tuvo una influencia importante sobre la Iglesia primitiva, de manera que cuando el Nuevo Testamento aplica el título kurios a Jesús, lo identifica con Yahvéh del Antiguo Testamento y sugiere que Él también es Dios.

Pablo dice que después de la muerte de Jesús, Dios le dio “un nombre que es sobre todo nombre”; en versículos posteriores relaciona esto con el hecho de que Jesús es Señor (Filipenses 2:9-11).

En segundo lugar, la palabra kurios incluye las ideas de posesión, autoridad, superioridad y soberanía. Como los cristianos primitivos profesaban el señorío de Cristo, a veces encontraban oposición de las autoridades civiles ya que los emperadores romanos se consideraban soberanos universales y algunos llegaron a afirmar su propia divinidad. Pero para el cristiano sólo hay “un Señor” (Efesios 4:5). En el libro de Apocalipsis, que se escribió durante un tiempo de persecución imperial, se denomina a Jesús “Rey de reyes y Señor de señores” (19:16; también 17:14).

Fuente:

Antonio Di Palma, Tesoros Léxicos de la Palabra de Dios, p.15-17,ed. Vida