La reapertura de una sinagoga en Jerusalén anticipa la llegada del Mesías

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La reapertura de una sinagoga en Jerusalén anticipa la llegada del Mesías

Mientras los obreros dan los últimos retoques al imponente edificio, situado a unos trescientos metros del Muro de las Lamentaciones, el antiguo vaticinio sobre la llamada Hurva (“Ruina” en hebreo) recobra actualidad.
“Grandes rabinos dijeron que cuando esta sinagoga sea reconstruida comenzará el período del Tercer del Templo”, explica a Efe Nisim Arazi, director general de la Compañía para la Reconstrucción del Barrio Judío de la ciudad vieja.
Para el judaísmo, que vio la destrucción de sus dos anteriores centros de culto en el 586 AC y en el 70 DC, el Tercer Templo deberá ser construido por el Mesías que, a diferencia del cristianismo, aún no ha llegado.
La profecía fue enunciada por primera vez por el conocido como “Gaón (erudito) de Vilna”, un sabio judío del siglo XVIII que vivió en Lituania.
Alentando a sus seguidores a emigrar a la ciudad santa -donde hasta ese momento casi no había judíos askenazíes (centroeuropeos)-, profetizó que el período del Tercer Templo comenzaría después de la “tercera construcción” de la “Hurva”.
Esta predicción ha generado curiosidad ante la reapertura el próximo 15 de marzo de la sinagoga, levantada sobre el lugar donde hace ocho siglos rezó en Jerusalén el teólogo y pensador judío más importante de todos los tiempos, el cordobés Maimónides.
Construida en piedra blanca y con un cúpula semicircular, el emblemático edificio recobra los motivos neobizantinos de su arquitecto original, Asad Efendi, y los coloridos grabados que adornaban sus interiores.
La primera sinagoga en ese lugar fue levantada en 1700 por el primer grupo de askenazíes que emigró a Jerusalén desde la destrucción del Segundo Templo por los romanos.
“No era una simple sinagoga, era el primer edificio en 17 siglos especialmente construido en tierra santa como lugar de culto judío”, explica Arazi destacando la carga espiritual que ello arrastraba.
La prematura muerte del rabino que impulsó su construcción llevó a sus feligreses a endeudarse con la población árabe local, que en venganza por los impagos, la incendió en 1720 y expulsó a toda la comunidad de la ciudad.
Tuvo que pasar más de un siglo hasta que los judíos centroeuropeos obtuvieron un nuevo permiso de los sultanes otomanos para regresar, y tras pagar la cuantiosa deuda de sus ancestros.
En 1864 fue levantada la segunda sinagoga “Hurva”, en el mismo lugar de la primera pero de mucho más esplendor y, gracias a la profecía, se convirtió en el símbolo por excelencia del renacimiento espiritual y nacional judío.
“Hasta ese momento todas las sinagogas en la Tierra de Israel tenían que estar a ras del suelo o ser más bajas que las mezquitas, y la imponente Hurva, con sus 24 metros, fue la primera que conseguía romper esa regulación”, explica Gura Berger, portavoz de la compañía.
La sinagoga, centro de la vida judía a nivel mundial, atrajo a personajes tan famosos como Teodoro Herzl, el padre del sionismo, así como a los banqueros Rothschild.
Pero, según la profecía del Gaón de Vilna, también este centro de culto habría de ser destruido, tal y cómo ocurrió en 1948 durante la Primera Guerra Árabe Israelí.
Visible desde cualquier parte de la ciudad, y consciente del valor simbólico que tenía para los judíos, la Legión Jordana la bombardeó en su asalto a la ciudad vieja de Jerusalén.
“Hemos estudiado a fondo cómo era la original, y lo que se está construyendo es una réplica casi exacta en todos los aspectos, paredes, muebles, grabados y todo lo demás”, indica Berger.
Los investigadores han llegado a localizar incluso el “Parojet” (cortina) original que cubría el Arca Sagrada en la primera sinagoga, conocida como “Parojet Napoleón” porque fue confeccionada con la lujosa capa de un oficial francés que encontró refugio en casa de judíos durante la guerra contra Rusia.
Y es que las leyendas siempre han rodeado a una sinagoga que, pese a su poco favorecedor nombre de “Ruina”, ha sido el epicentro del judaísmo en los últimos dos siglos y portador del mensaje de la redención mesiánica.
Para realzarlo, la sinagoga será inaugurada el 1 del mes hebreo de Nisán, el día en que, según el libro del Éxodo, Moisés levantó la “Tienda de Reunión” que albergaba el Arca Sagrada y, en su interior, las Tablas de la Ley. EFE elb/aca/db-amg/ib

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El Mundo de Ellen G. White y el Fin del Mundo

El Mundo de Ellen G. White y el Fin del Mundo

Jonathan Butler
Escribiendo para sus contemporáneos, entonces, en el tiempo presente, la profetisa dice: “En los movimientos ahora en progreso en los Estados Unidos para asegurar a las instituciones y a la iglesia el apoyo del Estado, los protestantes están siguiendo los pasos de los papistas. Están ya abriendo la puerta para que el papado reconquiste en la América Protestante la supremacía que perdió en el Viejo Mundo”.23 O, nuevamente, la Sra. White, escribió: “Desde mediados del siglo XIX, los estudiantes de las profecías en los Estados Unidos presentaron su testimonio al mundo. En los eventos que están teniendo lugar ahora se ve el rápido progreso en dirección del cumplimiento de la predicción”.24 Pero, hablando genéricamente, ella escribió que el “romanismo es ahora considerado por los protestantes con gran favor, más que en años anteriores”.25 Aquí el movimento anglocatólico de Oxford, que afirmaba el ritual dentro del anglicanismo, ofrece una ilustración. Ella continuó: “Por años, ha habido en las iglesias de confesión protestante un fuerte y creciente sentimiento en favor de una unión basada en puntos comunes de doctrina”. Entonces, declaró finalmente: “La América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y de eso resultará inevitablemente la aplicación de penas civiles a los disidentes”.26

No solamente los católicos y los protestantes se estaban fusionando a expensas de la minoría Adventista, sino que otra fuerza también surgía en el horizonte religioso – el espiritismo. Desde el período en que las hermanas Fox llegaron a Nueva York en 1850, el espiritismo desfrutó un éxito fenomenal en América. En 1870, había alcanzado su auge, y ciertamente podría haberse considerado como la tercera fuerza en la cristianidad. En muchos casos, los espiritistas afirman que son cristianos, como la Sra. White indicó en referencia a su “cristianismo nominal”. Pero la profetisa criticó el espiritismo por ser no protestante y no bíblico. Su uso de la creencia en la inmortalidad del alma contribuía a la conspiración escatológica final.

La supuesta conspiración de católicos, protestantes y espiritistas que Ellen White denunciaba a la vuelta del siglo XIX pronto se disipó. En 1895, el papa prohibió la participación de católicos americanos en congresos interconfesionales, y después de 1900, habló contra ese tipo de actividad llamándolo “modernismo”. Durante las décadas siguientes, el catolicismo se expresaría en términos de ortodoxia tradicional, y los tipos “americanistas” e interconfesionales se eximirían de las actividades que tanto habían alarmado a la Sra. White antes de 1895.28 El espiritismo, por su parte, experimentaba una decadencia anterior a los gestos interconfesionales católico-protestantes. A mediados de la década del 70, en el siglo pasado, los espiritistas habían fracasado claramente en su intento de obtener el respaldo de la comunidad científica, tan necesario a su tentativa de convertir a la religión en una ciencia empírica. Los clérigos liberales todavía apoyaban al espiritismo en la pasada década de 90. Los grupos espiritistas no redujeron necesariamente sus filas. La oposición eclesiástica al espiritismo continuó tomando eso en serio hasta el final del siglo. Pero R. Laurence Moore, el más reciente historiador del espiritismo, llegó a la conclusión de que la “‘filosofia espiritista’ dejó de ejercer influencia significativa sobre el pensamiento religioso americano a la vuelta de 1875′”.29 El ecumenismo del siglo XX ciertamente no incluyó al sucesor del espiritismo victoriano, la parapsicología. El fenómeno del ocultismo en nuestra era, que es un desvío del espiritismo o la parapsicología en su postura anticientífica, más bien que pseudocientífica, debe ser etiquetado como post-cristiano y, rara vez, como “cristianismo nominal”, si es que lo es en algún momento.

En la década de los 80 del siglo pasado, sin embargo, todavía era posible para Ellen White pronosticar que: “Cuando el protestantismo extienda la mano por encima del abismo para tomar la mano del poder romano, cuando éste extienda la mano por encima del abismo para tomar la mano del espiritismo, cuando bajo la influencia de esa triple unión, nuestro país repudie todo principio de la Constitución como un gobierno protestante y republicano, y prepare el terreno para la propagación de las falsedades y engaños papales, podremos entonces saber que ha llegado el momento para la maravillosa operación de Satanás, y que el fin está próximo”.30 Por cierto, este testimonio era verdad “presente” para cualquer Adventista en aquella década, pues el fin parecía muy cercano. Ciertamente, su escatología incluía los tiempos verbales futuro y presente, pero el futuro involucrado era el futuro inmediato. Sus predicciones parecían proyeciones en una pantalla que apenas ampliaban, dramatizaban, e intensificaban las escenas de su mundo contemporáneo. La propia Sra. White era una protestante americana. Su biografía sintetizaba la era protestante americana. Desde sus primeros tiempos como metodista en Nueva Inglaterra, invirtió sus considerables energías en las preocupaciones protestantes del milenarismo, el sabadismo, el anticatolicismo, el anti-esclavismo, la temperancia y la educación. Cuando ese mundo protestante comenzó a caer, ella testificó alarmada. Veía a la América victoriana protestante declinando en vista de los cambios religiosos, étnicos, sociales e intelectuales. Su escatología era la de su mundo.

Con la América victoriana protestante en proceso de desaparecer, la Sra. White preservó en la comunidad Adventista muchos aspectos de su mundo. A. C. Wallace definió un grupo milenarista como “un esfuerzo organizado y deliberado por parte de miembros de una sociedad para construir una cultura más satisfactoria”.31 Las creencias y actitudes Adventistas sobre la Segunda Venida, el sábado, la salud, la educación, la asistencia social, la iglesia y el estado, las relaciones laborales, y la vida en las ciudades muestran que el Adventismo es una subcultura victoriana protestante mantenida así mucho después de que la sociedad que la rodeaba había desaparecido. En el siglo XX, por lo tanto, los Adventistas del Séptimo Día forman una “minoría cognoscitiva” que se apega a una cosmovisión anterior en un mundo nuevo, más secular y pluralista.32 Nada tiene mayor peso para tal característica Adventista en esta nueva era que el continuo impacto de Ellen White sobre los Adventistas del Séptimo Día. De esa manera, si la América victoriana protestante terminó, los Adventistas continúan ilustrando la impresionante vitalidad y el significado humano del sábado. De una generación a otra, las profecías particulares pueden fallar o revelarse como condicionales, pero el apocalipticismo no es un error si continúa propiciando una cosmovisión para los que viven en la nueva generación. Lo que sugerimos aquí, a un nivel teórico, es lo que muchos evangelistas Adventistas ya practican al reescribir continuamente sus sermones sobre “los últimos días”.

Perder el sentido de inminencia de Ellen White es perder la esencia del mensaje Adventista. Se oye el argumento de que una América protestante ya no se mueve amenazadoramente sobre nosotros como en la década de 1880-1890, ni parecen amenazados los adventistas como una minoría religiosa de la manera en que sucedía hace un siglo, pero, concebiblemente, esto podría ocurrir en alguna ocasión en el futuro. Con esto en mente, me parece que se abandona el sine qua non del apocalipticismo – un sentido de ahora. Al insistir solamente sobre las “señales de los tiempos” de un Adventismo anterior, se puede realmente debilitar la creencia en el fin inminente en nuestra época (se piensa en aquellos Adventistas flojos que planean regresar a la iglesia cuando una ley dominical llegue a la sala de debates del Congreso). Si un mensaje con la intención de inspirar urgencia ahora realmente estimula el letargo, el ingrediente esencial del apocalipticismo se pierde de vista. La persecución contra los Adventistas en el Sur (el autor se refiere a un episodio aislado en el que los Adventistas fueron en esa época puestos en prisión en el estado de Tennessee por lo que se consideró irrespeto a una ley dominical local) debido a la cuestión dominical y a la ley del senador Blair en el Congreso en la década de 1880 debe continuar teniendo aplicación, pues dondequiera que la dignidad humana sea perjudicada, allí se viola el significado del día de reposo. Donquiera que la libertad religiosa sea negada, allí el sábado es eliminado de la existencia semanal del hombre. En este sentido, el destino espiritual de la humanidad permanece unido a la democracia. Pues, sin dignidad humana, sin libertad, en otras palabras, sin el sentido del sábado, el hombre afronta el más Orwelliano de los futuros.

Después de la entrevista de Solzhenistsyn por la BBC en marzo de 1976 sobre totalitarismo y un occidente debilitado y vulnerable, William F. Buckley Jr. hizo la pregunta de que “. . . si de hecho se proyectara la tecnología del totalitarismo según el mismo gráfico que se ha seguido durante el siglo pasado, ¿sería previsible que de la misma manera ocurriera un fenómeno como Solzhenitsyn entre 10 y 15 años a partir de ahora?” Malcolm Muggeridge no estuvo de acuerdo, y dijo que el hecho de existir ahora demuestra que “la tecnología nunca podrá dominar totalmente al hombre”. Y agregó: “Si usted cubre la tierra de concreto, habrá todavía una grieta en ese concreto, y de esa grieta algo brotará”. 35 A eso podría añadirse que el totalitarismo es el “concreto” contra el cual los apocalipticistas, desde el apóstol Juan hasta Ellen White, se han manifiestado. El “algo” que crece de esa grieta es el sentido del sábado.

El fin de la democracia en su más verdadero sentido es lo que preocupa – y llena de expectativas – a los adventistas. Ellen White interpretó los peligros que amenazaban a la democracia en términos anticatólicos. En el Tercer Mundo, los adventistas de América Latina leen ahora El Conflicto de los Siglos como si fuese el diario matinal (el artículo fue escrito cuando las dictaduras imperaban en el territorio latinoamericano, hecho ya superado pero que podría aplicarse tal vez parcialmente al África contemporánea). Las agitaciones culturales y los cambios en esas naciones en desarrollo, la presencia dominante de la Iglesia Católica, recuerda la experiencia americana del siglo XIX a la que Ellen White se dirigía. Sin embargo, los más feroces enemigos de la democracia son el totalitarismo de la derecha o de la izquierda política. ¡Cuán trágico es que los Adventistas del Séptimo Día en Alemania por la década de 1930 identificasen solamente al catolicismo con la bestia e ignorasen o apoyasen al nazismo!.36 La historia de la interpretación profética protestante ha cambiado de una estructura anticatólica a una anticomunista en el siglo XX, y con eso Hal Lindsay inspira a su audiencia contemporánea. En realidad, George MacCready Price, en su último libro, The Time of the End [El Tiempo del Fin], habla en ese sentido para una audiencia Adventista.37 De esa perspectiva, la bestia de la persecución puede no ser la América protestante [WASP], sino la Unión Soviética o el Mozambique marxista, o tal vez puede incluir a todos los tres.

En conclusión, El Conflicto de los Siglos interpretó la historia como una batalla cósmica entre Dios y Satanás, el bien y el mal, que revelaría por fin las “Buenas Nuevas” sobre Dios. Ella estaba preocupada por la historia sólo en cuanto ella iluminaba el drama espiritual de la “meta-historia” (según Berdyaev). En todas las épocas de la historia, “el gran conflicto” tuvo lugar en su propia manera particular. De una era a la siguiente, hay continuidad en la lucha histórica o no hay semejanzas. En el tiempo de la Sra.White, la polarización entre el bien y el mal ocurrió con su propia singularidad, y la profetisa señaló con gran especificidad la naturaleza de la lucha. Lo que importa ahora es que el evangelio sea comunicado con un grado semejante de aplicabilidad a nuestro tiempo. Sólo si estos tiempos fueran abordados con el mensaje, Cristo propiciará una respuesta a nuestros problemas. El comunismo, las armas nucleares, el racionamiento de la energía o los desórdenes ecológicos pueden estar entre las “bestias” y “las señales” no anticipadas por la Sra. White y otros pioneros Adventistas. Un mensaje profético para los que están cerca del fin del mundo debe envolver solamente esto – el mundo y no simplemente los Estados Unidos y el Occidente. Y cuestiones como el ecumenismo, o la observancia del sábado, deben ser consideradas a la luz de esos tiempos post-protestantes y post-cristianos.

El título de nuestra discusión conduce a un doble sentido: Cuando la Sra. White proclamaba el fin del mundo, se refería al fin de su mundo. Una vez que Ellen White propició una perspectiva escatológica para su propio tiempo, en su espíritu, nos toca propiciar una para el nuestro.

http://groups.msn.com/JeJesusPrincipioyfindelasEscrituras/elenagdewhite.msnw?action=get_message&mview=0&ID_Message=423&LastModified=4675524535809390335

Gobierno mundial

Gobierno mundial

Posted: 09 Oct 2009 10:39 AM PDT

“Como la masa del pueblo es inconstante, apasionada e irreflexiva, y se halla además sujeta a deseos desenfrenados, es menester llenarla de temores para mantenerla en orden. Por eso los antiguos hicieron bien en inventar los dioses y la creencia en el castigo después de la muerte. Son más bien los modernos los que deben ser acusados de locura por su pretensión de extirpar tales creencias”.
La anterior cita no es de un ensayista actual empecinado en denunciar una de las claves de la conspiración mundialista. La escribió el historiador Polibio hace la friolera de veintitrés siglos. Pero su actualidad es acongojante. Tanto en lo que atañe a la condición de las masas como a la locura de los dirigentes “modernistas” que, una vez más, las dirigen hacia una sórdida esclavitud de hormigas al servicio de una reina, de un poder omnímodo, y destruyen en occidente los valores religiosos del cristianismo, también del orden natural, al tiempo que estimulan el fortalecimiento del revisionismo histórico islamista. Un proceso suicida al que se ha sumado nuestro Rodríguez con exasperada y alucinógena obediencia.

HACIA LA SOCIEDAD HORMIGUERO CON EL GOBIERNO MUNDIAL COMO REINA
LA historia enseña que subyacen comportamientos persistentes del hormiguero humano bajo el maquillaje de ideologías, costumbrismos y progresos tecnológicos. Y de ahí resultan dos fenómenos contradictorios e irreconciliables: cuando los pueblos se asientan sobre unos sólidos valores morales, fuerte conciencia de empresa en común y voluntad férrea de ganarse un mejor futuro, amén del personal, nada les arredra y conquistan para sí el protagonismo y la vanguardia de la Historia; pero les llega la decadencia y la dependencia cuando pierden el norte, se embrutecen y un procaz individualismo sustituye a la conciencia personalizada en el común de un destino histórico. Y puesto que esos principios movilizadores son inseparables de un entrañamiento religioso, quienes quieren destruir a los pueblos y someterlos a su dominio buscan con denuedo aniquilar en ellos la dimensión de su trascendencia. Al igual que el modernismo ateísta que denunciaba Polibio para su tiempo, el de ahora sigue parejos pasos, pues a eso se reduce el relativismo materialista que, amparado en la capacidad alucinadora de los modernos medios tecnológicos, persigue el iluminismo a través de los múltiples tentáculos del Nuevo Orden Mundial, uno de ellos el insidioso sincretismo del New Age.

Hay que distinguir, no obstante, entre cuerdos y locos en el ámbito modernista de la locura antirreligiosa que denunciaba Polibio. Afilada y satánica inteligencia poseen los integrantes del reducido círculo de poder que diseñan y aplican la estrategia para la consecución de un Gobierno Mundial. Y alocados y locos quienes, al frente de los pueblos o en su corte política e intelectual, contribuyen al desarrollo y éxito de esa estrategia.

Arquetipo de loco despendolado al servicio de la conspiración mundialista es nuestro Rodríguez Zapatero. Para comprenderlo y confirmarlo se hace necesario cotejar su ejecutoria descomponedora de España y de animalización de su sociedad con las líneas maestras de la estrategia iluminista que se consagró con la creación de la Orden el 1º de mayo de 1767, coincidente, y no por casualidad, con la celebración en esa noche, o de Walpurgis, de un antiguo ritual luciferino. Tampoco cabe atribuir a la casualidad que al fundador de la Orden de los Iluminatti, Adam Wessihaupt, le fuera encomendada tiempo antes por la casa de cambios de los Rotschild, en Francfurt, la recopilación y actualización, o “modernización”, de los textos talmúdicos.

Me llevaría muy lejos, y no es el momento de abordarlo, lo que esos nuevos protocolos iluministas esconden de maridaje ideológico entre fariseísmo y maniqueísmo como doctrinas, su práctica y su evolución histórica, ya presentes en aspectos sustanciales del calvinismo. Pero quede anotado que aunque el maniqueísmo fuera ajeno al mosaísmo, si bien algo de él succionara, coincide en aspectos nada desdeñables con la evolución del fariseísmo. Especialmente en lo que se refiere a una clase dominante, los elegidos que imponen su ley y se trascienden a sí mismos, y los iniciados, o sometidos, para quienes no existe otra opción que la obediencia, disfrazada de fraternidad; o de solidaridad en términos más tópicamente actuales. Y aunque parezca anecdótico, no considero ocioso recordar que para Mani, fundador del maniqueísmo, los elegidos eran los Hijos de la Luz frente al mundo de las Tinieblas y que a Jesucristo, cuya divinidad negaba, le llamaba el Hijo de la Viuda. Términos ambos que hizo suyos la masonería, amén de su agnosticismo en la francmasonería regular, traducido en radical ateismo anticristiano tras la escisión formal en el Gran Oriente. Y aún admitiendo que la Ocrana alteró algunos tramos de los Nuevos Protocolos de Weishaupt para la difusión de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, ha de admitirse que responde a lo antedicho su contenido, fundamento ideológico del iluminismo en sus dos ramas operativas, la liberal capitalista y el capitalismo de Estado marxista. No se me oculta que simplificaciones de ésta índole podrán parecer endebles para algunos. Pero establecer las conexiones con rigor documental reclamaría un profuso ensayo.

ESPAÑA ZAMBULLIDA EN LA MARCHA HACIA EL GOBIERNO MUNDIAL
EL proceso en marcha hacia el Gobierno Mundial, del que el Nuevo Orden Mundial constituye el soporte ideológico y operativo, se desarrolla a través de varías líneas maestras de actuación entre las que conviene destacar el control de la economía global, la liquidación de las naciones-Estado mediante su destrucción interna o su progresiva disolución en el seno de entidades supranacionales llamadas a federarse y unificarse en un triodo posterior, la destrucción moral de los pueblos para convertirlos en dóciles rebaños enfangados en el materialismo y la aniquilación del sentimiento religioso con especial énfasis la Iglesia católica. Y aunque unos y otros están estrechamente ligados como parte de una estrategia de dominio mundial, conviene prestar especial atención a estos dos últimos, sobre todo por lo que atañe a España.

Es frecuente que muchos en España, incluidos comentaristas con vitola conservadora, caigan en la trampa de considerar el proyecto de la Ley del Aborto (me niego a asumir el eufemismo edulcorante de interrupción del embarazo) y el equivalente de la venta libre del la píldora postcoital, básicamente abortiva, sean cortinas de humo del gobierno Rodríguez para desviar la atención de los gravísimos problemas a que nos enfrentamos, en primera línea la destrucción de España como Nación y el hundimiento económico, que, junto a otros mecanismos de degradación, como es el caso de la enseñanza, nos conducen al tercermundismo. Sería necio, además de suicida, admitir que se trata de un mero despelote “modernista” de Rodríguez y la variada fauna de descerebrados que le siguen en el juego, no sólo desde la autotitulada izquierda progresista.

EL ABORTO COMO BRUTAL INSTRUMENTO DEL IMPERIALISMO
MIGUEL ARGAYA ROCA pone al descubierto eL sórdido contenido de la planificación demográfica mundial promovida por los Estados Unidos de Norteamérica y de la que son instrumentos operativos el Fondo para la Población de las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial y las grandes fundaciones estadounidenses. Escribe Argaya (Aborto como método de explotación capitalista” en la revista Arbil: “El aborto, a nivel mundial, es, por encima de todo, un acto de imperialismo brutal a cuenta de los países ricos sobre los pobres”. Y lo explica con minuciosa aportación de datos estremecedores. Entre ellos, un documento secreto del Consejo Nacional de Seguridad (Documento 2000, de 10.12.1974, hecho público en 1990 por presión de historiadores) bajo la presidencia de Gerald Ford, la aplicación de cuyas directrices seguiría fielmente Clinton y también ha hecho suyas Obama.

Copio el Punto 19 del Documento 2000: “Los actuales factores de población en los países menos desarrollados suponen un riesgo político e incluso problemas de seguridad para los Estados Unidos”.

El Punto 30 enumeraba los países del tercer mundo de interés político y estratégico para los USA y subrayaba la necesidad de que “el Presidente y el Secretario de Estado deben tratar específicamente del control de la población mundial como asunto de la máxima importancia”.

Y tras de aconsejar en el Punto 33 que se evitara la sospecha de una acción deliberada de los países industrializados contra los subdesarrollado, el Punto 34 definía como esconder la naturaleza de sus objetivos: “Debemos poner el énfasis en el derecho de los individuos y las parejas a decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de los hijos, el derecho a recibir la información, educación y nuestro continuo interés en mejorar el bienestar de todo el mundo. Debemos utilizar la autoridad del Plan Mundial de Población de las Naciones Unidas”.

Los gobiernos norteamericanos han invertido desde entonces muchos millones de dólares a promover el aborto y otros instrumentos contra la natalidad en los países subdesarrollados que interesan a la estrategia de dominio del Nuevo Orden Mundial. Encauzaron su aplicación en gran parte a través de la International Planet Parenthood Federación (IPPF), multinacional del aborto, fundada en 1916 por Margaret Sanger. También los USA contribuyen con la aportación del 50% al Fondo para la Población de las Naciones Unidas. Hay que sumar, asimismo, las inversiones de diversas fundaciones, como la Ford y la Rockefeller, amén del Instituto Alan Guttmacher. Y sobre todo, del Banco Mundial. Una compleja y poderosa red antinatalista que Argaya califica con tino de “multinacional de la muerte”.

Los Estados Unidos, por el contrario, se esfuerzan por salvaguardar la demografía de su población blanca. Eluden poner énfasis en la propaganda anticonceptiva en ese segmento autóctono, al tiempo que para el mismo han promocionado medidas de diversa índole encaminada a estimular su cuota de alumbramientos por encima de los meros niveles de reposición. Criterio que están haciendo suyo otros gobiernos europeos de manera más o menos solapada, los cuales también dirigen el esfuerzo neomalthusiano hacia la población inmigrada.

Me he referido en más de una ocasión a un fenómeno histórico plenamente comprobado y que se ha registrado en todos los periodos de decadencia de los imperios, coincidente con su máximo periodo de opulencia: el descenso espontáneo de la natalidad y la importación de mano de obra barata, antaño esclavos, y ahora sujetos de explotación. De ahí que algunos gobiernos conscientes del problema se esfuercen por animar la procreación de su propia gente, al tiempo que estimular la anticoncepción entre los inmigrantes y en sus lugares de origen. Pero es inútil, salvo que una crisis económica profunda y prolongada o una guerra exterminadora drenen con rudeza las posibilidades de bienestar y exciten el instinto de conservación de la especie.

LA HUMANIDAD PODRÍA VIVIR CON EL CUÁDRUPLE DE LA POBLACIÓN ACTUAL
FRENTE a las amenazas neomalthusianas de la imposibilidad de mantener en la Tierra una población como la actual, que el Tercer Mundo incrementa, se alzan voces defensoras de lo contrario. Una política encaminada al desarrollo agrícola e industrial, acompañada de adecuadas estructuras educativas de los pueblos atrasados, podría producir alimentos y bienes para una población mundial que duplique e incluso cuadruplique la actual. El ejemplo puntero de Israel y muy positivas experiencias en otros países subdesarrollados demuestran la falacia de la irrecuperabilidad de tierras improductivas. Pero no interesa al mundialismo. Lo coarta mediante instrumentos muy variados, además del ya señalado, como la especulación a la baja de las materias primas que poseen muchos de esos países, el proteccionismo de los opulentos frente a las economías más débiles, incitación de guerras intestinas que asolan sus posibilidades de crecimiento, promoción de tiranías corrompidas que atesoran en su propio beneficio determinadas ayudas, como las del 0,7 o de condonaciones de deuda de determinados gobiernos “progresistas” a los ideológicamente afines que sólo a ellos afecta. Incluso las periódicas crisis económicas, acompañadas de duros ajustes monetarios, las sufren con muy superior daño los países atrasados cuya situación de debilidad dilata en el tiempo sus limitadas posibilidades de recuperación. Incrementar la deuda de los pueblos subdesarrollados mediante préstamos con tipos de interés variable sólo contribuye a multiplicary hacer casi insuperable su endeudamiento con las naciones ricas. Una espesa y opresiva tela de araña que permite a quienes las tejen, también China incorporada al sistema, mantener un férreo control sobre las fuentes de materias primas, la tecnología que permitiría avanzar al Tercer Mundo y los circuitos de comercialización.

El artículo de Argaya en la revista Arbil, reproducido por Altar Mayor (num. 130, septiembre-octubre de 2009) aporta multitud de datos sobre la estrategia y los mecanismos de la conspiración mundialista a que me he referido y cuya recogida pormenorizada excede con mucho de las posibilidades de esta crónica. Y de su propósito, no otro que poner de manifiesto la borreguil subordinación del gobierno Rodríguez a la estrategia de dominio del Nuevo Orden Mundial. Pero contra nuestro propio pueblo.

RODRÍGUEZ APLICA EN ESPAÑA LA ESTRATEGIA MUNDIALISTA PARA EL TERCER MUNDO
SOSTENÍA en una crónica anterior que el gobierno Rodríguez nos conduce por derecho hacia el tercermundismo. El desfondamiento de la enseñanza, el recorte de las inversiones en investigación tecnológica, el desplome económico, la regresión industrial, la depresión persistente del sector agropecuario, la ausencia de medidas para la recuperación de suelos erosionados, el aborto libre, la venta sin control médico de la llamada píldora del día después, los estímulos para el uso del condón, la animalización de la juventud mediante la Educación para la Ciudadanía, la voladura de la moral colectiva, la insidiosa persecución de la Iglesia Católica y tantas otras medidas de rompimiento, no son fruto de la improvisación y la mediocridad de los dirigentes socialistas, aunque no poco tengan de esto. No son otra cosa que la aplicación despelotada a España de la estrategia mundialista respecto del Tercer Mundo. Cada vez estamos más lejos de la Europa central camino de rehacerse de una crisis perfectamente planeada como otras anteriores y más cerca de los países subdesarrollados. Una empavorecedora realidad que las masas ignoran. Pero que también rehúsan admitir quienes deberían hacerlo dentro y fuera de los ámbitos políticos. Nos entretienen y confunden con retóricas cortinas de humo de lo inmediato, sin entrar a fondo en la verdadera naturaleza de los problemas. Colaboran, queriéndolo o sin querer, con quienes persiguen la desintegración de España en cualesquiera ámbitos. Acaso piensen que forman parte de los elegidos del maniquieísmo. Son prisioneros de la locura denunciada por Polibio hace más de dos mil años.

Ismael Medina

radiocristiandad.wordpress.com

segunda venida IX-Cristianismo primitivo

segunda venida IX-Cristianismo primitivo

Los cristianos de la primera hora no fueron ni un grupo sectario, subversivo o ideologizado, ni un grupo espiritualista desenganchado de la realidad. En ellos el cristianismo se mostró inmediatamente por lo que era y es: una experiencia de vida, una precisa manera de ser y de actuar dentro de las circunstancias y los problemas de todos los hombres, una posibilidad de vivir las circunstancias y los problemas de todos los hombres de un modo distinto, específico, mas verdadero y más humano. Por tanto, una cultura.

Con esto se comprende también por qué llamaban tanto la atención de todo el mundo: de las clases más bajas como de las más altas, del esclavo como de su amo, de la persona débil como de quien tenía fuerte personalidad, de los que no podían estudiar como de los cultos, de los ancianos como de los jóvenes. Y, por supuesto, no podían no llamar la atención del poder, sobre todo cuando, por ejemplo, un alto funcionario, un senador, un oficial del ejército, o el propio emperador, se enteraba de que en su propia casa, en la-misma corte, uno de sus hijos o hijas, o los siervos, o la esposa, o un amigo, o un compañero en la lucha política y en el campo de batalla, se habían hecho cristianos.

Pero su vida, y la comunión que los caracterizaba, era una denuncia clara, contundente, de las injusticias y abusos del Estado y de la sociedad. Respetaban a todo el mundo, incluso a los ricos y poderosos, pero su estilo y su concepción de la vida, de los amigos, del prójimo, era otra cosa: “comparten la mesa, pero no el lecho”, leemos en la Carta a Diogneto. Y, si tienen familia, “no se deshacen de los hijos que conciben”.

La ley, en Roma, estaba clara: el “paterfamilias”, por ejemplo, tenía derecho de vida y de muerte no sólo sobre los esclavos, sino sobre la esposa y los hijos. En cualquier momento y por cualquier razón, podía incluso suprimirlos, sin que el Estado de ninguna manera interviniera. Entonces no se podía no ver la novedad radical del comportamiento cristiano: la persona, sea cual fuere su condición, hombre o mujer, niño o anciano, esclavo o libre, es un valor absoluto. Ninguna autoridad humana y ningún poder está por encima de ella, ni de ella puede disponer a su antojo.

Pero lo más importante a tener en cuenta en todo esto, lo más decisivo, sin lo cual no entenderíamos nada del cristianismo, es que no era ni pretendía ser “fruto o conquista del talento y especulación de hom bres estudiosos”, como subraya el anónimo cristiano en su carta al amigo pagano Diogneto; que no era, ni es, una “filosofía humana”.

Esa experiencia de vida nueva, cambiada, esa cultura, esa novedad radical, que sin embargo resultaba más verdadera y humana que cualquier otra, no era y no es algo inventado por gente superior, genial, presumida, en una palabra, obra de manos humanas: quienes la viven son absolutamente conscientes de que la han encontrado, la han recibido, viene “de lo alto”, esto es, de Jesús de Nazaret, Aquel que había afirmado y mostrado ser el Hijo de Dios hecho hombre y que, según su experiencia, sigue vivo y presente.

Pedro debe haber permanecido largos períodos en Roma durante más de veinte años. Pero, en el año 49, lo encontramos nuevamente en Palestina, presidiendo, junto con Juan y Santiago (el Menor), al primer Concilio de la Iglesia, el Concilio de Jerusalén.

Están presentes también, y son protagonistas, Bernabé y Pablo. El tema es definir de una vez el problema de los cristianos que vienen del paganismo. La decisión unánime es que no hay que imponerles la circuncisión, ya que para ser cristianos no son necesarias las obras de la ley mosaica, sino la fe en Jesucristo.

Después del Concilio, Pedro se queda un tiempo, visitando las comunidades locales, incluso la comunidad de Antioquía, donde sucede el famoso “incidente” del que habla san Pablo en la carta a los Calatas (2, 11-14). En esa oportunidad, acosado por cristianos judíos que en su corazón no habían aceptado la decisión del Concilio de Jerusalén, Pedro había dejando de frecuentar a los cristianos provenientes del paganismo, provocando la pronta reacción de Pablo.

Probablemente ese mismo año, o poco más tarde, Pedro regresa a Roma. Allí, de todos modos, lo encontramos en el 64, año en el que, abruptamente, se desata la increíble, tremenda persecución neroniana, que horrorizó a los mismos paganos. Los hechos son conocidos: Nerón, frente a un violento incendio que había arrasado con una parte muy grande de la ciudad (se murmuraba en el pueblo que era obra de Nerón), indica a los cristianos como responsables del incendio y los manda ejecutar en masa, haciéndolos crucificar y quemar sobre las mismas cruces. El macabro espectáculo de esas antorchas humanas ardiendo en la noche de Roma, donde encontraron indiscriminadamente el martirio hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, ha quedado indeleble y emblemático en la memoria histórica de la humanidad.

Estudios recientes revelan que en ese mismo año 64 d.C. -y no en el 67, como se creyó hasta ahora- Pedro también encontró el martirio.

Algunos se preguntan si Pedro y todas las víctimas de la locura de Nerón fueron “mártires” -es decir, muertos por la fe, por ser cristianos- o si no se trató, en realidad, de una simple, aunque trágica, casualidad. Lo que le importaba a Nerón-así razonan algunos historiadores- era atrapar a los primeros que se les cruzara por el camino para transformarlos en chivos expiatorios y aplacar la furia de la gente. De hecho, no hubo ningún proceso, ninguna incriminación de “superstitio illicita” y “maléfica” para el Estado, como sucederá, por ejemplo, en las futuras persecuciones de Decio, Valeriano y Diocleciano. Dicho en otros términos, todos habrían sido ejecutados no por cristianos sino por incendiarios. Nosotros mismos, dijimos que desde la crucifixión de Cristo hasta el año 62 jamás

Roma había considerado a los cristianos como políticamente peligrosos. Más bien, en distintas oportunidades, los había defendido contra los ataques de los judíos.

Sin embargo, es forzoso reconocer que en la Roma imperial, desde algún tiempo, y ya antes de la persecución, muchos habían empezado a percibir que el cristianismo, por su vida y por su cultura, constituía un peligro inmensamente más grave que cualquier atentado o acción subversiva.

Recordemos, en primer lugar, que Nerón -quien, durante los primeros años de su gobierno, había actuado sabiamente, siguiendo los consejos de hombres como el estoico Séneca- a partir del año 62 había cambiado radicalmente su política: no sólo había hecho asesinar a su madre Agripina, a su primera esposa Octavia y a su segunda esposa Popea, sino que había dado a toda su política un vuelco autoritario y absolutista, empezando, al mismo tiempo, a perseguir precisamente a estoicos y a cristianos. De los primeros pudo deshacerse rápidamente, empezando por su antiguo maestro Séneca, al que obligó a suicidarse. Con los cristianos, en cambio, se encontró con que el peligro no eran personas individuales, o posibles competidores a nivel político, sino todo un estilo de vida y toda una cultura de la que brotaba en forma directa un contundente “juicio moral” que se demostraba inmensamente más dañino que cualquier oposición o complot político.

Por otro lado, hacía tiempo ya que en la alta sociedad romana, como también en las clases más bajas -junto con el interés y la simpatía de algunos, hasta las conversiones más impensadas y clamorosas- se registraban rumores pesadísimos sobre los cristianos. Calumnias infamantes. El mismo Tácito, cuando relata lo del incendio de Roma, afirma que los cristianos, aunque no hubiesen tenido nada que ver con el incendio, eran seguidores de una “execrabilis superstitio” y que se caracterizaban por “odiar al género humano” (Annales, XV, 44, 5-6).

¿Qué habían hecho para merecer semejante acusación? El historiador romano no lo dice, amparándose en que eso era opinión general, y que la gente también los odiaba a ellos, porque los consideraba culpables de haber provocado la ira de los dioses y de ser responsables de las desgracias (flagitía) que aquéllos enviaban del cielo sobre Roma (Anna-les XV, 44, 4).

Recordemos al autor de la carta a Diogneto: “Los judíos los combaten como a gente extraña, los gentiles los persiguen y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su hostilidad”.

La venida de Cristo,esperanza cristiana.

La esperanza cristiana se centra en la venida de Cristo, que puede describirse como su “segunda” venida (He. 9.28). Por consiguiente, la expresión veterotestamentaria, “el *día de Jehová”, que en el Nuevo Testamento se usa para describir el acontecimiento relacionado con el cumplimiento final (1 Ts. 5.2; 2 Ts. 2.2; 2 P. 3.10; cf.cf. confer (lat.), compárese “el día de Dios”, 2 P. 3.12; “aquel gran día del Dios Todopoderoso”, Ap. 16.14), es característicamente “el día del Señor Jesús” (1 Co. 5.5; 2 Co. 1.14; cf.cf. confer (lat.), compárese 1 Co. 1.8; Fil. 1.6, 10; 2.16).

La venida de Cristo se conoce como su paruséa (“venida”), su apokalypsis (“revelación”) y su epifaneia (“aparición”). La palabra paruséa significa “presencia” o “llegada”, y se usaba en el griego helenístico para las visitas de dioses y gobernantes. La paruséa de Cristo será la venida personal del mismo Jesús de Nazaret que ascendió al cielo (Hch. 1.11); pero será un acontecimiento universalmente evidente (Mt. 24.27), una venida en poder y gloria (Mt. 24.30), para destruir al anticristo y la iniquidad (2 Ts. 2.8), para reunir a su pueblo, tanto los vivos como los muertos (Mt. 24.31; 1 Co. 15.23; 1 Ts. 4.14–17; 2 Ts. 2.1), y para juzgar al mundo (Mt. 25.31; Stg. 5.9).

Su venida será, también, un apokalypsis, un “quitar el velo”, una “revelación”, cuando el poder y la gloria que ahora le son propios en virtud de su exaltación y sesión celestial (Fil. 2.9; Ef. 1.20–23; He. 2.9) serán revelados ante todo el mundo. El reinado de Cristo como Señor, actualmente invisible al mundo, se hará visible en ese momento por su apokalypsis.