Redención

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:28

Redención

Redención (gr. lutrosis, apolutrosis -forma intensificada del primero-)

En el año 1884 el Gobierno francés dio orden de que las imágenes de Cristo Crucificado fueran quitadas de las escuelas. Eran días de persecución religiosa. Un joven fanático e impío iba él mismo de escuela en escuela arrancando violentamente las imágenes, las tiraba al suelo con verdadera furia, y las pisoteaba. Allí quedaban rotas y aplastadas las figuras de nuestro Redentor.

Este joven tenía una madre piadosa y buena, que no cesaba de rezar por la conversión de su hijo.

Un día llegó el joven impío a una escuela, donde encontró un crucifijo empotrado en la pared. Como no podía arrancarlo, cogió un pesado tronco y con violentos golpes empezó a destruir la sagrada imagen. En esta labor estaba cuando, de repente, el joven sufrió un ataque de corazón, cayendo al suelo sin sentido. Lo cogieron y lo llevaron a su casa. El dolor de la pobre madre fue inmenso al ver el estado lamentable de su hijo. La gente murmuraba que había sido un castigo de Dios.

Llegó el médico y diagnosticó que recobraría el sentido, pero que un segundo ataque le quitaría la vida.

La madre, ante la gravedad de su hijo, pedía a Dios la salvación eterna de su alma. Y mandó llamar a un sacerdote.

El joven despertó del ataque. Al ver al sacerdote dijo que quería hablar con él y también con su madre. Se acercaron en silencio y el joven les dijo:

«Madre, dé gracias a Dios por su misericordia para conmigo».

Y les contó cómo estando furioso dando golpes al rostro del Señor, le pareció que la cara de Cristo se movía. Esto le encendió más en ira y siguió con más saña destrozando la imagen. De pronto, los ojos de Cristo le miraron con tal expresión de ternura y amor que el joven quedó perplejo, con el tronco levantado. Sintió una pena tan grande por lo que había hecho que, arrepentido de su bárbara impiedad, se le cayó el tronco de las manos. Dio un grito pidiendo perdón a Cristo, y en aquel instante fue cuando le sobrevino el ataque al corazón.

No había sido castigo de Dios. Habla sido misericordia de Dios. Suplicó al sacerdote que le perdonara sus pecados. El sacerdote, en nombre de Dios, le absolvió de todos ellos. El joven cerró los ojos y con la paz y la gracia en su alma quedó muerto.

Aunque no creo que ningún ser humano tenga la facultad de perdonas pecados salvo Cristo, creo que el ejemplo es interesante. Cristo es nuestro Redentor.

La Redención no es un concepto simple sino complejo, por lo tanto se explica mediante varios términos griegos, cuyos significados se complementan, para mostrarnos la dimensión redentora de la obra de la cruz hacia los pecadores.

Todos necesitan de la redención. Nuestra condición natural fue caracterizada por la culpa:

  • “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (Ro. 3:23)

La redención de Cristo nos ha librado de la culpa:

  • “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Hch. 13:39)

Los beneficios de la redención incluyen la vida eterna (Ap. 5:9-10), el perdón de los pecados (Ef. 1:7), la justificación (Ro. 5:17), libertad de la maldición de la ley (Gál. 3:13), adopción dentro de la familia de Dios (Gál. 4:5), liberación de la esclavitud del pecado (Tito 2:14; 1 Pe. 1:14-18), paz con Dios (Col. 1:18-20), y la morada permanente del Espíritu Santo (1 Cor. 6:19-20). Entonces, ser redimido es ser perdonado, santificado, justificado, bendecido, liberado, adoptado y reconciliado. (Ver también Sal. 130:7-8; Luc. 2:38; y Hch. 20:28).

La palabra redimir significa “comprar.” El término era usado específicamente con referencia a la compra de la libertad de un esclavo. La aplicación de este término a la muerte de Cristo en la cruz, significa exactamente eso. Si somos “redimidos,” entonces nuestra condición previa era la de esclavitud. Dios ha comprado nuestra libertad, y ya no estamos bajo la esclavitud del pecado o de la ley del Antiguo Testamento. Este uso metafórico de la redención es la enseñanza de Gál. 3:13; y 4:5.

La palabra rescate está relacionada con el concepto cristiano de la redención. Jesús pagó el precio de nuestra liberación del pecado (Ma. 20:28; 1 Tim. 2:6). Su muerte fue ofrecida a cambio de nuestra vida. De hecho, la Escritura dice claramente que la redención solo es posible “a través de Su sangre” (esto es, por Su muerte), Col. 1:14.

Se usa para designar las intervenciones salvíficas de Dios, que viene en ayuda y salvación de los individuos o del pueblo. La idea de la redención supone al hombre sujeto a la miseria y a la muerte.La redención es una acción liberadora y salvadora de Dios, quien se decide a realizar la redención movido por su misericordia, su justicia o su santidad.

1. El concepto de redención en el A.T.

  • El verbo “ga’al implica el rescate para devolver a su dueño objetos, cosas o personas (Ex. 6:6; Lv. 25:25; Rut 4:4,6; Sal. 72:14; 106:10; Is. 43:1).
  • De ese verbo deriva el sustantivo “go’el que se usa para designar al “pariente redentor”, quien, por tener proximidad de lazos familiares tenía los derechos para adquirir (p. ej. con Rut la moabita; Rut. 4).
  • La figura es que Cristo se hace “pariente cercano” de los pecadores, mediante su encarnación (He. 2:11-14).
  • Él es el Redentor perfecto, por cuanto puede cumplir las demandas establecidas para ello en la ley.

a.Ser pariente.

b.Ser capaz de pagar el precio (Hch. 20:8).

c. Estar libre de la situación de quien tenía que ser rescatado (He. 4:15;7:25; Jn. 8:46; 1 Pe. 2:22).

d. Estar en la disposición de hacerlo (He. 10:5-7).

  • El término “paraq”, que implica rescatar rompiendo las ataduras del esclavo (Sal. 136:24).
  • El sustantivo “ge’ullah” (procedente del verbo “ga’al”), tiene la idea de rescate o derecho al rescate (Lv. 24:24,26,29,31,48,51,52; Rut. 4:6,7; Jer. 32:7).
  • El término “ganah”, que equivale a redimir comprando algo por precio (Is. 11:11; Neh. 5:8).

2. El concepto de redención en el N.T.

El sentido general neotestamentario de la redención tiene que ver con la acción do liberar a aquellos que están en estado de esclavitud. Hay varios términos que comprenden la idea general de la redención:

a. agorazo

Tiene que ver con la acción de comprar (Mt. 13.44; 14.15; Lc. 14.18).

Específicamente, a comprar en el “agora” o mercado público -entre otras cosas, donde se vendían los esclavos-.

Aplicado a la salvación, es el acto por el cual Dios, mediante el precio de la obra de Cristo, compra para sí un pueblo antes esclavo, pagando el precio del rescate (1 Co. 6.19-20; 7.22,23; 2 Pe.2.1; Ap.5.9 “nos has adquirido”).

b. exagorazo

El énfasis de este término es en el precio pagado con vistas a la redención. Pero implica algo más que pagar el precio de compra; además, en forma intensificada, significa sacar al esclavo por el que se pagó el precio de rescate del lugar de esclavitud con vistas a otorgarle la libertad.

En relación con la salvación añade al anterior el concepto de libertad por Cristo (Gá. 3.13; 4.5; Ef. 5.16; Col.4.5).

c. lutroó

El significado del término es “desatar”.

Tiene que ver la liberación misma, el acto de poner en libertad

al esclavo, mediante el pago del rescate (1 Ti.2.6; Tit.2.14; 1 Pe. 1.18). El pago del rescate es la sangre de Cristo (Heb.9.12).

d. Apolutrosis ,

Expresa la idea de liberación.

Se usa para demostrar la redención del creyente (1 Co. 1.30).

También para referirse a la liberación del pecador que recibe a Cristo como Salvador personal (Ro. 3.24; Ef. 1.7,14; Col. 1.14; He. 9.14).

e. Peripoiesis

Equivale a adquirir como posesión propia (Hch. 20.28; 1 Pe. 2.9).El creyente viene a ser, como resultado de la obra de redención, propiedad particular de Dios.

Las calles del cielo estarán llenas de ex-cautivos, quienes a través de ningún mérito propio, se encuentran perdonados y libres. Los esclavos del pecado son convertidos en santos. No sorprende que cantan un nuevo cántico-un cántico de alabanza al Redentor que fue inmolado (Ap. 5:9). Nosotros éramos esclavos del pecado, condenados a una separación eterna de Dios. Jesús pagó el precio para redimirnos, resultando en nuestra liberación de la esclavitud el pecado, y nuestro rescate de las consecuencias eternas de ese pecado.

Conclusión:

Por el primer pecado de Adán perdió éste para si y todos sus descendientes la amistad con Dios y se nos cerraron las puertas del Cielo. Eramos una familia desheredada, al igual que un padre de familia comete una falta gravísima y en castigo le despojan de todos sus bienes y lo mandan al destierro. Las consecuencias de ese pecado la sufren también sus hijos, que se ven privados de gozar de los bienes que poseía su padre. Lo mismo nos ocurrió con nuestros primeros padres. Es el misterio del pecado original. Pero Dios, que es infinitamente misericordioso, tuvo compasión del hombre caído. Y quiso que volviéramos a su amistad, a ser sus hijos y a que se abrieran las puertas del Cielo para gozar con El eternamente.

El hombre había ofendido a la Majestad Infinita de Dios, pero el hombre, finito, no podía reparar una ofensa inferida a un Dios Infinito. La gravedad del pecado era en cierto modo infinita. Un hombre, el más ignorante, destruye la más bella estatua, pero no puede repararla y hacerla de nuevo. Lo mismo ocurrió con el pecado del hombre. Sólo Jesucristo podía reparar a la Justicia Infinita de Dios con reparación de valor infinito digna de Dios.

  • «Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna.» (Jn. 3.)

Si un hombre comete un horrendo crimen y es condenado a muerte, ¿le perdonarán porque él pida perdón? ¡No! ¡Sólo cabe el perdón si lo pide una persona dignísima, de mucho prestigio ante el Jefe del Estado. Así pasó con el pecado de Adán y pasa con todos nuestros pecados; éramos polvo, nada, y Dios es Infinito. Pero la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo que era Dios, se hizo Hombre. Y Cristo, desde la Cruz, sufriendo dolores cruentísimos, pide al Padre eterno perdón y misericordia para todos los pecadores. Y en aquel instante de la Redención, Dios nos vuelve a hacer hijos suyos y las puertas del Cielo se abren para que entraran por ellas todos los hombres una vez arrepentidos de sus pecados.

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” — Mateo 20:28

Es imposible que nosotros sepamos cuán grandes fueron los dolores que el Salvador soportó; sin embargo, una mirada a ellos no dará una pequeñísima idea de la grandeza del precio que Él tuvo que pagar por nosotros. Oh, Jesús, ¿quién podrá describir Tu agonía?

“¡Que se reúnan en mí todos los manantiales,
Y habiten en mi cabeza y mis ojos; vengan, nubes y lluvia!
Mi dolor necesita de todos esos líquidos,
Que la naturaleza ha producido. Que cada vena
Absorba todo un río para alimentar mis ojos,
Mis ojos cansados de llanto; demasiado secos están
A menos que se liguen a nuevos conductos y suministros,
Que los humedezcan, y reflejen mi conciencia.”
(Spurgeon)

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