Un comentario al libro “Roma Dulce Hogar” (de Scott y Kimberly Hahn)

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Porqué Somos Protestantes?-Sola Scriptura

Porqué Somos Protestantes?-Sola Scriptura
OCTUBRE 26, 2009

by Eduardo
Cuando escuchamos la palabra protestante siempre entendemos algo negativo. Es decir, es alguien que está protestando en contra de algo, sin embargo la palabra tiene un significado muy diferente. Este término es una palabra compuesta que se origina del latín pro testare, pro significando “por” y testare que quiere decir “testificar.” Y esta semana deseo, estando tan cerca la celebración de la Reforma, inciar un análisis de lo que fue logrado en la protesta.

Como protestantes debemos entender el término no como algo negativo, sino como algo positivo, implicando que estamos testificando a favor de la verdad. Y esto es lo que confirma la historia de la iglesia.

Durante la Edad Media la iglesia se había corrompido de tal manera, que la fe que había sido entregada por los apóstoles prácticamente era desconocida en el mundo. Se habían promulgado gran cantidad de edictos con el fin de engrandecer y enriquecer a los líderes eclesiásticos. Para poder afirmar estas cosas estos hombres habían evitado que el pueblo pudiera tener acceso a las Escrituras, habiendo mantenido la Biblia en latín. Así el pueblo común no podía objetar sus enseñanzas y podía ser fácilmente engañado.

Johann Tetzel

La fe que ahora compartimos se originó en un tiempo convulso, cuando un monje dominicano llamado Johann Tetzel, apareció en Alemania vendiendo indulgencias. En el año 1517 este monje andaba prometiendo la remisión de pecados a aquellos que escuchaban su mensaje y compraban estos certificados y además hasta prometía el perdón de pecados de aquellos que habían muerto y estaban, supuestamente, en el purgatorio.

Esta doctrina, por supuesto, había originado por la necesidad del papado de inventar alguna manera de enriquecerse. Es decir, si las personas estaban en un lugar intermedio, en donde eran purificados por los pecados que no habían sido remitidos en la tierra, podían engañar al pueblo para que por dinero ayudaran a que esta purificación fuera más rápida, y así estos muertos pudieran ir al cielo con mayor prontitud.

Cuando Tetzel llegó a Alemania la gente corría con su dinero para comprar estas indulgencias firmadas por el papa. El monje dominicano llegó hasta el punto de asegurar que con el simple depósito de sus monedas en la caja los pecados podían ser perdonados. Para hacer la venta más popular Teztel cantaba, “So bald der Pfenning im Kasten klingt, die Selle aus dem Fegfeuser springt.” (Tan pronto la moneda en la caja suena, el alma del purgatorio vuela).

La gente venía de todas partes de Alemania para que sus pecados fueran perdonados. Pronto las actividades de Tetzel llegaron al conocimiento del Dr. Martín Lutero quien era profesor de Teología de la Universidad de Wittemberg, quien recibió las noticias con mucha preocupación.

Lutero se enfureció y para salvar al pueblo de este perverso negocio redactó 95 tesis las cuales fue personalmente a clavar en las puertas del castillo de la ciudad. Estas tesis formaban un documento en contra de las indulgencias. Lutero ardientemente contendía que estos certificados no servían para remitir los pecados ni de ellos ni de los muertos, pero debido a que estos documentos papales venían en latín, el pueblo no podía comprender lo que verdaderamente decían y tenían que confiar en las palabras y promesas de Tetzel.

Lutero clavando sus tesis

Estas enseñanzas eran reforzadas por la enseñaza de la iglesia católico romana iniciada con el papa Sixto IV en 1460 acerca del Tesoro de los Méritos (Treasury of Merits), en donde se promulgaba la idea que la Iglesia era el custodio de los méritos de los santos quienes habían excedido en estos y por lo tanto la iglesia podía disponer de el sobrante de estos méritos y otorgárselos a otros hombres para que pudieran salir del purgatorio. Lo único que debían hacer las personas era ir al Tesoro de los Méritos y adquirir aquello que les hacía falta.

Lutero estaba tan enfurecido que retaba a los académicos a discutir y debatir sus 95 tesis para mostrar la mentira de las indulgencias. Aquellos que se unieron a la causa luterana fueron llamados protestantes. Fue entonces el 31 de octubre de 1517 cuando Lutero protestó contra los abusos de la iglesia católica. En la tesis número treinta y dos escribió,

“Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.”

Lutero inició una ardua lucha para que la iglesia volviera a la fe verdadera, sin embargo en su lucha se dio cuenta que todas estas falsas enseñazas venían con el consentimiento del papa Leo X, así como del arzobispo de Mainz, Albrecht.

Lutero protestó contra la corrupción de los líderes de la iglesia así como contra las falsas enseñazas que estaban presentes en ella, pero además como protestante testificó a favor de la verdad de Jesucristo y la Biblia. Esto es lo que caracteriza a aquellos que profesamos estar en contra de la Iglesia Católico Romana.

Esta pequeña introducción nos servirá para entender lo que salió de la Reforma. Pero, qué fue formulado en la Reforma? Cuáles son las bases del protestantismo? En los próximos días estaremos viendo las 5 Solas de la Reforma, pero el día de hoy iniciaremos con la primera, Sola Scriptura.

Sola Scriptura

El protestantismo afirmó la verdad acerca de la Palabra de Dios, es decir que es theopneustos, griego para “exhalada por Dios.” Los protestantes afirmamos que la Biblia es la Palabra que salió de la boca de Dios mismo, y por ello es lo único que puede equipar al creyente para toda buena obra (2 Timoteo 3: 16-17). Este concepto fue lo mismo que enseñó Jesucristo. En Mateo 5 el evangelista registra las siguientes palabras de nuestro Señor,

  • “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” Mateo 5: 18

Debido a que la Biblia es la Palabra de Dios, los protestantes negamos la autoridad de las tradiciones humanas. Porqué? Porque nuestra guía es la Biblia y en ella encontramos a Jesús confrontando a los fariseos por nulificar la Palabra de Dios con sus tradiciones (Mateo 15: 6). La condenación que hizo el Señor de los fariseos y escribas era que habían malinterpretado las Escrituras y enseñaban sus tradiciones como la misma autoridad. Además la Biblia dice de sí misma lo siguiente,

  • Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.”Salmo 119: 18
  • Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.”Salmo 138: 2
  • 7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. 8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. 9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. 10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 11 Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.”Salmo 19: 7-11

Lutero luchó contra las indulgencias precisamente porque no tenían ningún fundamento bíblico, sino que eran enseñanzas supersticiosas de hombres, con un fin malvado. El papa enfurecido exigió a Lutero ir a Roma para retractarse. Sin embargo debido a que su vida corría peligro, pues ya se había declarado a Lutero un hereje y a que fuera encarcelado si era atrapado, Federico el Sabio contendió para que el juicio fuera en Alemania.

Dieta de Worms

Fue en 1521 en la ciudad de Worms que se reunieron los líderes de la iglesia, así como príncipes alemanes y el Rey Carlos V, para que Lutero, un monje, se retractara de todo lo que había dicho. Johann von Eck le dio 24 horas a Lutero para que así hiciera, pero al día siguiente Lutero se paró frente a la Dieta y dio un discurso que cambió la historia de la iglesia para siempre. Este monje, sin ser rico, y sin poder se paró frente a estos líderes y exclamó,

“Debido a que su serena majestad y sus señores buscan una simple respuesta, la daré de esta manera: A menos que yo sea convencido por el testimonio de las Escrituras o por la clara razón (pues no confío sólo en el Papa ni en los concilios, debido a que es sabido que han errado y se han contradicho), estoy atado por las Escrituras que he citado, y mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. Yo no puedo y no retractaré nada, debido a que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.” Luther’s Works. Volumen 32.

Al terminar estas palabras probablemente Lutero estaba temblando pues sabía que había puesto su vida en peligro. Lutero conocía la historia de Jan Huss quien había sido quemado en la hoguera un siglo antes por intentar reformar la iglesia. Sin embargo el emperador le dio un salvoconducto para que Lutero regresara a su pueblo sin problemas.

Lo más importante y lo que cambió la historia fue el hecho de que Lutero se aferró a la doctrina de Sola Scriptura. Como este monje agustino, los protestantes estamos cautivos “a la Palabra de Dios.” La revolución que inició Lutero luego de estas palabras fue inmensa. Pronto la Biblia fue traducida al alemán y la gente se volvió a la Biblia para encontrar las verdades que habían estado escondidas por tanto tiempo.

Hombres como Juan Calvino también se esforzaron por enseñar esta preciada doctrina, argumentando que la Biblia es la Palabra autoritaria e infalible de Dios para Su pueblo. La confesión Bautista de Londres de 1689 a la cual me adhiero dice,

“(1)Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla del conocimiento, fe y obediencia salvadoras.1 Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; (2) por lo que le agradó al Señor, en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia;3 y además para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, y tanto mas cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia.” CBL 1689

Hace más de 500 años Dios providencialmente causó una revolución a manos de un monje a quien le reveló la verdad. Con él, Dios continúo reuniendo a sus ovejas perdidas.

Aplicación para nuestros tiempos

La doctrina de Sola Scriptura defendida por Lutero y los reformadores durante el siglo XVI debe hacernos reflexionar. Primero, esta doctrina no surgió durante la Reforma, sino que es una verdad bíblica, creída por los apóstoles y los primeros cristianos. El pasaje más claro es 2 Timoteo 3: 16-17, en donde Pablo deja claro que las Escrituras, inclusive aquellas que así como él, los apóstoles estaban escribiendo en ese momento, eran la palabra que Dios había hablado. Por esta razón son la única regla de fé y práctica para los creyentes.

Por esa simple razón debemos rechazar cualquier doctrina de hombres, ya sea para dirigir el modo en que el creyente debe vivir su vida para Dios, así como para conocer la verdad de Dios mismo. Es por ello que el catolicismo romano debe ser rechazado y categorizado como una falsa religión. La Iglesia Católica Romana es una falsa iglesia por la simple razón que predica un falso evangelio. Porqué? Porque en lugar de someterse a la Biblia, la cual es la máxima autoridad para la Iglesia, se han sometido a la sabiduría de hombres a quienes la historia muestra como hombres que iban tras sus vientres.

Además, debemos rechazar toda aquella enseñanza que asegure que Dios continúa hablando hoy en día fuera de la Biblia. Y esto es muy común dentro del evangelicalismo, específicamente dentro del pentecostalismo y el movimiento carismático. Es común escuchar a hombres argumentar que Dios sigue dándole profecía a la Iglesia. Por ello hay tantos autodenominados profetas hoy en día. Pero si la Biblia es lo que Pablo dijo que era, entonces nada puede dirigir la vida del creyente fuera de la Biblia. Es más, si las palabras de Cristo dadas al apóstol Juan en el libro de Apocalipsis son ciertas, no hay más palabras que deban ser escritas o agregadas a la Biblia. Si realmente existiera la profecía en la actualidad, estas palabras deberían ser escritas y agregadas a la BIblia y entregadas a todos los creyentes a través de todo el mundo. De no ser así, la Iglesia se está perdiendo la verdad revelada por Dios. Pero, por supuesto, esto no es cierto.

Debido a que el don de profecía ya cesó, una vez que se terminaron de escribir los libros del Nuevo Testamento, ya no necesitamos de otra cosa que no sea la Biblia para conocer a Dios y Su voluntad. Es por ello que como protestantes debemos adherirnos firmemente a la doctrina de Sola Scriptura.

sujetosalaroca.org

Algo sobre el Papado

Algo sobre el Papado.

Primeramente tenemos que la palabra “Papa”, aparte de que no aparece en la Biblia, es incluso completamente antibíblica, ya que su empleo está terminantemente prohibido por el mismo Señor Jesús en el evangelio de Mateo 23:8, 9, donde el Señor, anticipando el surgimiento de jerarquías entre sus dicípulos, les previene diciendo: “Pero vosotros no queráis que os llame Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que esta en los cielos“.

El sentido de las palabras del Señor en el versículo 9, cuando dice “no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra”, se refiere obviamente a no llamarle a alguien “padre” en el sentido espiritual.

Pues el versículo 8 anterior se está refiriendo precisamente a la prevención de jerarquías de índole espiritual entre los cristianos.

La palabra latina Papa, que significa “Gran Padre”, tiene un trasfondo pagano religioso, como era de esperarse. En la Roma pagana de la antigüedad existían una gran variedad de cultos pertenecientes a diversos dioses, sin embargo, había un culto que destacaba en importancia con respecto a los demás, este era el de la diosa Cíbele, la “Madre de los dioses”. Su culto era antiquísimo, pues se le ha rastreado incluso hasta el período Neolítico (edad de piedra), con una civilización matriarcal asentada en la región de Catal Hüyük, cerca de la antigua ciudad de Iconio. Gíbele vino a Roma desde Frigia (Asia) y los romanos la llamaban Magna Mater, la Gran Madre.

La Gran Madre , por otro lado, tenía también un consorte, cuyo nombre era…Papas, que en el griego significa Gran padre.

Este era el nombre antiguo en Asia del consorte de Cíbele, pero los romanos después lo nombraron Attis (The Oriental Religions in Román Paganism, Franz Cumont, 1911, p.48).

Aquí salta a la vista, no obstante, una conexión muy evidente que resulta necesario mencionar. Es decir, Gíbele era la “Gran Madre” de los antiguos romanos, así como hoy en día la Virgen María es la “Madre de todos” los católicos romanos. Y Papas, el consorte o amante de Gíbele, viene a ser ahora el Papa Romano. Porque ¿acaso no son los papas romanos los que promueven la idolatría de María? y, ¿acaso no son ellos también los que la han deificado a través de sus dogmas, como la Inmaculada Concepción y la Ascención de su cuerpo sin sufrir corrupción?.

Otro aspecto del origen y empleo pagano de la palabra Papa, lo encontramos incluso en México. Pues vemos que Fray Juan de Zumárraga -primer obispo y segundo inquisidor en México- mandó que nunca se pronunciase ni en latín ni en castellano la palabra “Papa”, sino más bien Pontifex o Pontífice. Esto porque los indios acostumbraban llamarle “Papas”a sus sacerdotes paganos, y se pretendía así evitar la confusión (Apolegética historia de las Indias, Fray Bartolomé de las Casas, cap. 138,p.366).

La aparición del primer Papa, por otro lado, no fue algo que sucedió de la noche a la mañana. Más bien implicó un proceso de varios siglos a través de los cuales se fueron dando una serie de circunstancias que propiciaron finalmente la aparición de esta figura tan nefasta.

Cuando los apóstoles estaban todavía sobre la tierra, ellos establecieron obispos en las iglesias locales que habían fundado. Y, el centro de la fe Cristiana, era obviamente la iglesia en Jerusalén. Sin embargo, el martirio de Santiago (62 d.C.), pilar de esa iglesia, y la destrucción total de Jerusalén por el emperador Tito (70 d.C.), abrieron el camino después para el desarrollo de la iglesia en Roma.

El hecho que la iglesia en Roma estuviese ubicada en la capital del imperio, le confirió inmensas ventajas con respecto a otras iglesias también importantes, como ciertamente lo eran Antioquía y Alejandría. Estas ventajas consistían, por ejemplo, en que la iglesia en Roma podía intervenir ante las autoridades imperiales en favor de las otras iglesias, o representándolas, por causa de tener contactos con el gobierno. También, por su posición estratégica, empezó a prosperar económicamente y adquirir prestigio eclesiástico. Como consecuencia, la posición del obispo de la iglesia en Roma se consolidó y éste empezó a asumir la autoridad que le confería el ser la cabeza de la iglesia Romana.

No obstante, todavía durante el reinado de Constantino (313-337), cuando el Cristianismo ya se había convertido en la religión oficial del imperio Romano, el obispo romano era todavía simplemente un obispo más entre los obispos de las demás iglesias. Pues Constantino, como ya vimos anteriormente, era Obispo de obispos, Pontifex Maximus, y Vicario de Cristo. No fue sino hasta después de la muerte del emperador Constantino (337 d.C.) cuando los obispos romanos -en forma tentativa- se atrevieron a empezar a reclamar una posición de prestigio, influencia, y autoridad para sí mismos. Y, las características doctrinas falsas respecto a la primacía del papado, empezaron también a ser sistemáticamente formuladas.

La evidencia histórica muestra que el incentivo básico que motivó al obispo de Roma -todavía no se llamaba Papa- el empezar a formular sus “derechos” y primacía sobre otras iglesias, fue el hecho que vio su posición amenazada por las ambiciones del obispo de la “nueva Roma”, es decir, Constantinopla.

Las ambiciones del obispo de la “nueva Roma” salieron a la luz en el Concilio de Constantinopla (año 381), segundo concilio ecuménico, donde el entonces obispo de Roma, Dámaso I, no fue invitado. Allí se decretó que el obispo de Constantinopla debía tener el primer rango después del obispo de Roma, “porque Constantinopla es la nueva Roma”. El propósito era, sin duda, darle a Constantinopla una posición en el imperio del Este que estuviese por encima de Antioquía y Alejandría; y Roma, por supuesto, no sería afectada (The Chair of Peter; A History of the Papa cv; F. Gontard, 1965, p. 116). Dámaso reaccionó inmediatamente, y en el año 382 un sínodo romano declaró -con obvia referencia a la decisión del año previo- que la iglesia Romana debía su primacía no a los decretos de un sínodo, sino a los poderes comisionados a Pedro por Cristo. Roma era, según Dámaso, “la primera Sede (silla o trono) del apóstol Pedro (Ibid.)” Dámaso también añadió el término “apostólica” al nombre de la iglesia Romana; y, en su afán de reclamar suprema autoridad espiritual para sí mismo, fue el primero en apropiarse de las palabras dichas a Pedro por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (A Woman Rides the Beast, Dave Hunt, 1944, p.102).

Representaciones de Roma y Constantinopla, ciudades rivales una vez dividido el imperio Romano Esta afirmación de Dámaso, por cierto, no fue aprobada por dos supuestos grandes teólogos católicos contemporáneos de Dámaso: “San” Agustín y “San” Ambrosio. San Pedro, escribió Ambrosio, “tenía una primacía de confesión, no de oficio; una primacía de fe, no de rango “. Sin embargo, los sucesores de Dámaso en Roma se aferraron neciamente, y, por consecuencia, continuaron desarrollando las doctrinas que apoyaban la posición “especial” del obispo de Roma. Esto de tal manera que el sucesor inmediato de Dámaso, Siricio, fue el primero en llamarse “Papa”, como lo atestiguan los mismos historiadores católicos romanos en sus crónicas de los papas. Sin duda, la intervención de Dámaso en la historia del desarrollo del papado, jugó un papel muy importante.

Pero no solamente por lo expuesto anteriormente, sino también porque él fue el primer obispo romano en recibir el nombramiento de Pontifex Maximus, Sumo Sacerdote de los Misterios Paganos, veamos cómo sucedió: Resulta que en el año 382 el emperador Graciano ordenó que el Altar de Victoria -una diosa patraña del imperio- fuese destruido. Hasta ese entonces los senadores habían tomado el juramento de lealtad al imperio sobre ese altar. Y, antes de empezar sus sesiones, cada uno de ellos quemaba un grano de incienso sobre el altar. Cuando el Senado, que en su mayoría era pagano, fue informado del edicto imperial, mandaron una comitiva a Milán para que se entrevistara con Graciano. La comitiva llevaba consigo la túnica de Ponitfex Maximus, la cual intentaban presentar al emperador. Y el emperador, por su parte, debía recibir el título y la túnica, pues pensaban que el sentimiento amistoso así inducido haría que el emperador cambiase de opinión. Sin embargo, el emperador terminó rechazando la túnica y el título, afirmando que resultaba impropio para un emperador cristiano (Gontard, op.cit., p.120).

Cuando el emperador Graciano rechazó el título y rito de iniciación de Pontifex Maximus, que le correspondía a él por causa de ser el emperador romano en turno, el puesto obviamente quedó vacante y fue tomado entonces por el obispo romano Dámaso. Definitivamente alguien tenía que ocupar la vacante, pues los paganos en el imperio Romano todavía eran muchos en número, como lo atestigua el historiador Gibbon en su extensa obra Decline and Fall of the Román Empire (1781, vol. V, cap. 28, p.87): “La imagen y altar de Victoria fueron removidos de la casa del Senado, pero el emperador dejó las estatuas de los dioses que estaban expuestas a la vista del público; 424 templos todavía permanecían para satisfacer la devoción de la gente, y por todas partes en Roma la moral de los cristianos era ofendida por los olores de los sacrificios idolátricos”.

El obispo romano Dámaso, por otro lado, duró poco tiempo oficiando como Pontifex Maximus. Ya que el emperador Graciano rechazó el nombramiento en el año 382 y Dámaso murió en 384. Sin embargo, es necesario hacer notar que esta TRANSFERENCIA del oficio de Pontifex Maximus del emperador a un obispo romano, resultó ser otra estrategia genial de Satanás para completar lo que ya había iniciado con Constantino, veamos a continuación los resultados que obtuvo: Había conseguido que el obispo romano, en su afán de poder, consintiera en aceptar el puesto vacante de Pontifex Maximus, Sumo Sacerdote de los Misterios Paganos; oficio que, por causa de ir contra la moral cristiana, el mismo emperador había rechazado. De esta manera el obispo romano quedaba completamente bajo su control y poder, como todos los demás Pontífices anteriores habían estado. Una vez poseído por el diablo y saturado de energía satánica, el obispo romano celosamente se encargó de introducir el Paganismo dentro de la Iglesia. Los paganos, por otro lado, empezaron a ser aceptados en la Iglesia sin cambiar sus creencias y prácticas; y, ante sus ojos, ahora el obispo romano era el legítimo representante de su larga línea de Pontífices (The Two Babylons or the Papal Worship, Alexander Hislop, 1916, p.252).

Ahora bien, por lo que respecta al carácter moral de Dámaso, el testimonio histórico nos habla de un hombre sumamente corrupto. Pues habiendo sido inicialmente diácono, y para conseguir posteriormente el obispado de Roma, tuvo que disputárselo a otro diácono rival de nombre Ursino. Ambos, Dámaso y Ursino, habían conseguido cada uno por su parte obispos que los consagraran. Uno de estos obispos pertenecía a la ciudad de Tibur, y el otro pertenecía al puerto de Ostia. Dámaso, que era español, llegó a acumular bastante dinero, el cual obtenía hábilmente extrayéndolo de damas ricas. Con el dinero así obtenido, contrató una banda de empleados de circo, entre los que se encontraban luchadores, corredores de caballos, y otros hombres violentos con los que atacó a los seguidores de Ursino.

La batalla empezó en la calle, después los seguidores de Ursino se encerraron en la recién construida basílica de Santa María la Mayor, conocida como “Nuestra Señora de la Nieve”. La gente de Dámaso trepó al techo, hizo un agujero, y empezó a bombardear a los ocupantes con tejas y piedras. Otros, mientras tanto, estaban atacando la puerta principal. Cuando ésta cayó, se desarrolló una sangrienta lucha que se prolongó por tres días. Al final, 137 cadáveres fueron removidos, todos pertenecían a seguidores de Ursino (Vicars ofChrist: The Dark Side of the Papacy; Peter De Rosa, 1988, p.38).

Dámaso, una vez habiendo obtenido la victoria sobre su rival, fue confirmado como obispo de Roma en el año 366. Ursino, por su parte, no se había dado aún por vencido y consiguió que Dámaso, ya como obispo de Roma, compareciese ante la corte imperial. Se le acusaba de instigación al homicidio y de financiar y organizar una guerra civil entre los cristianos de Roma. Dámaso se las arregló para que los testigos de la parte contraria fuesen torturados, y, finalmente, fue absuelto. Ursino y sus seguidores terminaron después siendo desterrados a la Galia (Francia).

El hecho que Dámaso y Ursino se hubiesen peleado como perros por el “hueso” de obispo de Roma, era porque evidentemente representaba una posición sumamente lucrativa. Cuando en una ocasión un prefecto de Roma -el cual tenía muchos títulos paganos- fue confrontado por Dámaso para que se convirtiese, el hombre respondió: “Por supuesto, si me haces obispo de Roma” (Gontard, op. cit., p.l 13).

Un escritor de ese entonces, el historiador Amiano Marcelino, sugirió que definitivamente se llevaba a cabo una reñida competencia por esa posición tan lucrativa: “Porque una vez ganado el puesto, el individuo puede disfrutar en paz una buena fortuna asegurada por la generosidad de matronas; puede trasladarse en carruaje y vestirse con magníficas ropas; y dar banquetes cuyo lujo supera el de la mesa del emperador” (De Rosa, op. cit., p.39).

Se podría decir que a partir de Dámaso, los papas romanos empezaron a enriquecerse en gran manera y a poseer grandes extensiones de tierra. Esto aunado al hecho que al cambiar Constantino la capital del imperio al Este (Constantinopla), no quedó ningún emperador que gobernase en el Oeste, creándose así un gran vacío político, administrativo, y emocional. Vacío que el Papa estuvo más que dispuesto a llenar, convirtiéndose, gradualmente, en la potencia más grande de Italia y de Europa Occidental, y lo siguió siendo durante toda la Edad Media.

Aproximadamente sesenta años después de Dámaso aparece el Papa León I (440-61), el cual ocupa un lugar importante en la historia de los papas, pues llevó teóricamente la doctrina de la primacía del papado lo más lejos posible. Este Papa consiguió que, por causa de sus servicios diplomáticos prestados al imperio, el emperador romano Valentiniano III confirmara finalmente la primacía del obispo de Roma sobre todas las demás Sedes. Una vez logrado esto, León entonces proclamó que la primacía de Roma -reconocida ahora políticamente- sería heredada por todos sus sucesores (Gontard, op. cit., pp. 137, 138). Además, fortaleció y exaltó su Sede en Roma refiriéndose a sí mismo como “Pedro en la silla de Pedro”; afirmó poseer plenitud de poder (plenitudo potestaíis); y se consideraba incluso el “gobernador del Universo”.

León también fue el primer Papa en adjudicarse, para su propia conveniencia, el texto bíblico de Mateo 16:19 donde el Señor le entrega a Pedro las llaves del reino de los cielos y el poder de atar y desatar. Tal autoridad, no obstante, no fue conferida solamente a Pedro, pues dos capítulos más adelante, en Mateo 18:18 el Señor da la misma autoridad a todo el grupo de discípulos. Y después, en los versículos siguientes 19 y 20 del mismo capítulo, vemos que se extiende este derecho a TODOS los creyentes.

Otra contribución principal de León a la teoría del papado, consistió en hacer una distinción entre persona y oficio. Es decir, él afirmaba que aunque un Papa fuese pecaminoso, esto no afectaba el carácter Petrino del papado. Una distinción leonina que resultó de gran ayuda después para los papas, pues así justificaron todo tipo de inmoralidad entre ellos. Durante el reinado de León también se vio, por primera vez, el nefasto primer ejemplo de interacción entre la Ley Canóniga y la ejecución de la Ley Civil. Pues a todas las ordenanzas del Papa se les dio fuerza legal, de tal manera que todo aquel que no se sometiera a la Iglesia, se convertía entonces en un hereje; y, por lo tanto, sujeto al edicto de las leyes de herejía del imperio (Ibid.).

La Iglesia Católico Romana, mas no apostólica, pues no desciende de los apóstoles sino de los emperadores romanos, formó su estructura en base al patrón organizativo del mismo imperio romano.

Después de la caída del imperio Romano del Oeste, en el año 476, los papas asumieron el papel de los emperadores y el “MATRIMONIO” de la Iglesia con el mundo se consumó. De ser perseguida, ahora la Iglesia se había convertido en el principal persecutor, y no sólo en asuntos religiosos, sino también en cualquier forma de libertad de conciencia.

Peter De Rosa, en su libro Vicars of Christ: The Dark Side of the Papacy (1980, p.34) describe esto elocuentemente: “El tiempo no está lejos cuando los sucesores de Pedro no serán los sirvientes sino los amos del mundo. Se vestirán de púrpura como Nerón y se llamarán a si mismos Pontifex Maximus. Se referirán al hombre pescador como ‘el primer Papa’, y apelarán no a la autoridad del amor, sino al poder investido en él (Pedro) para actuar como Nerón actuó. Desafiando a Jesús, los cristianos harán a otros lo que les han hecho a ellos, y peor aún harán.

La religión que se enorgullecía de haber triunfado sobre la persecución por medio del sufrimiento, se convertirá en la fe más perseguidora que el mundo ha visto. Perseguirán incluso a la raza de la cual Pedro y Jesús provinieron. Ordenarán en el nombre de Jesús que todos los que no estén de acuerdo con ellos sean torturados, y algunas veces crucificados sobre fuego. Harán una alianza entre el trono y el altar; e insistirán que el trono es el guardián del altar y garantizador de la fe. Su idea será que el trono (el Estado) imponga su religión en todos sus súbditos. Sin molestarles que Pedro mismo se opuso a tal alianza y que por causa de ello murió.

Tres siglos después que el apóstol murió en la Colina del Vaticano, la Iglesia, a pesar de la persecución, creció en fuerza hasta que vino el día en que fue tentada a echar su suerte con César”.

copiado de http://amen-amen.net/eninternet/?p=110