Matemáticas en la naturaleza

Se ha considerado a Galileo como el “Padre de la Física Moderna”. Él elaboró y probó toda una metodología nueva para esta ciencia, basada en el enunciado de principios generales, formulados matemáticamente, a partir de una rápida inducción, de los cuales deducía consecuencias que comprobaba experimentalmente. Esta combinación de método hipotético-deductivo y experiencia actuó como paradigma para quienes cultivaron esta ciencia después de él..

Fue uno de los artífices de la matematización de la Naturaleza:

“La Filosofía está escrita en ese gran libro del Universo, que está continuamente abierto ante nosotros para que lo observemos. Pero el libro no puede comprenderse sin que antes aprendamos el lenguaje y el alfabeto en que está compuesto. Está escrito en el lenguaje de las Matemáticas y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola de sus palabras. Sin ese lenguaje, navegamos en un oscuro laberinto”

Found Functions

La matemática está en todos lados y eso te lo puede decir perfectamente Maximillian Cohen pero para muchos verla es algo realmente complicado y, en ocasiones, imposible. Por eso Nikki Graziano, una estudiante de matemática y fotografía del Instituto de Tecnología de Rochester (parece que hay muchos talentos en este instituto ya que GeoHot también estudia en él), decidió ayudarnos a verla y para eso creó una serie llamada Found Functions. Los resultados son verdaderamente sorprendentes y preciosos.

La muchacha tomó algunas fotografías que le parecían interesantes y a partir de ellas creó variables que le permitieron, finalmente, encontrar las funciones para poder expresarlas en la captura.(Puedes ver la serie completa en Monkeyzen.)

Dios creo el universo y no la  casualidad.El lo planificó perfectamente.Debemos creerlo por fe,como nos enseña la Palabra de Dios.Aunque los científicos algún día nos  digan lo contrario.

fuente bibl:

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La Sincronicidad en la Naturaleza

La Sincronicidad en la Naturaleza
Publicado por Malena el 29 de Diciembre de 2009

Estamos tan acostumbrados a ver la perfección con que se manifiesta la naturaleza que hemos perdido nuestra capacidad de asombro.

Cuando percibimos cómo los pájaros vuelan en formaciones perfectas, cómo se turnan para ocupar los lugares que les exigen mayor esfuerzo y cómo cambian de dirección sincronizadamente, sin chocarse jamás unos con otros, es un espectáculo que inquieta nuestra mente y nos obliga a cuestionarnos sobre nosotros mismos.

Lo mismo ocurre con los cardúmenes de peces que forman verdaderos organismos vivientes al moverse al unísono en una danza ancestral.

¿Cómo hacen las aves y los peces para informarse mutuamente su intención de cambiar la dirección o para saber cuál de las aves es la indicada para ocupar el lugar dejado por otra?

Todavía los científicos no pueden contestar estas preguntas y aventuran hipótesis que no pueden ser confirmadas.

Las aves disponen de un mecanismo natural para no chocarse entre sí, mientras los seres humanos, supuestamente más inteligentes, no podemos evitar los accidentes de tránsito.

Deepak Chopra nos dice que la comunicación entre los animales proviene de una dimensión espiritual, una inteligencia no circunscripta con capacidad organizadora que reside en ese ámbito virtual.

Casi todo el mundo animal muestra alguna forma de comunicación fuera del espacio y del tiempo, dado lo inmediato de las respuestas.

Rupert Shaldrake dedicó gran parte de su vida en investigar minuciosamente la comunicación entre los perros y sus amos y la capacidad de estos animales de predecir su vuelta al hogar aún cuando lo hagan en horas inesperadas.

Shaldrake demostró que no se trata de ningún sentido físico sino de una capacidad no física que tienen los perros de percibir las intenciones de sus dueños, cuando piensan en volver a casa.

Según Chopra, esta es una comunicación que se produce en otra dimensión que no conocemos.

Los gemelos idénticos pueden experimentar lo que está pensando o sintiendo el otro y también las personas que tienen estrechos vínculos afectivos; como si ambos estuvieran sumergidos en una sustancia común capaz de transmitir información.

El cuerpo humano es un ejemplo de sincronicidad, porque cada parte se relaciona con la totalidad y el pensamiento y la intención pueden mover todo el cuerpo.

Ningún científico pudo aún descubrir de dónde provienen los pensamientos. La hipótesis de Chopra es que su origen es el campo virtual, o realidad no circunscripta.

La sincronicidad es perfecta en un cuerpo saludable; y cuando ésta se perturba, por ejemplo por el estrés, se pierde el equilibrio y se interrumpe la conexión con esa dimensión.

Las emociones también intervienen provocando rupturas entre la realidad material y el campo virtual, como la ira y la hostilidad que actúan como agentes desintegradores y como inhibidores del sistema inmunológico.

Estos sentimientos humanos también son percibidos por los animales y los llevan a actuar con agresividad.

El Universo mantiene un equilibrio que se manifiesta en forma de ritmos y toda la naturaleza actúa según el ciclo que corresponda como un solo organismo, inclusive nosotros, porque no somos ajenos a este proceso.

La inteligencia no circunscripta está dentro nuestro y también nos rodea, fuera del espacio y el tiempo.

Toda la realidad es una proyección, una apariencia de esa inteligencia, única, poderosa, eterna e infinita.

Fuente: “Sincro Destino”, Deepak Chopra, Edit. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., 2003.

Naturaleza dañina

Naturaleza dañina

Lectura en diagonal de una información. Titular: «las vacas contaminan más que los coches». El título de uno de los destacados: «flatulencias contaminantes». A leer. En resumen, leo que cada día somos más ricos y que, por tanto, comemos cada vez más carne, lo que supone más recursos para mantener a los animales, lo que supone un mayor impacto ambiental.

Núria Llavina Rubio

Bueno, por lo visto no se puede dejar nada de lado ni uno se puede dormir en los laureles. Los países que han firmado el protocolo de Kyoto se han centrado demasiado en el sector energético y se han olvidado del resto. Sí, se han olvidado de las ventosidades vacunas. El caso es que, al menos en España, la emisión de gases del efecto invernadero por el sector de la agricultura y la ganadería asciende ya al 11%. Quien iba a decir que la naturaleza podría resultar dañina a sí misma. Será que ahora la culpa la tienen las vacas.

Osvaldo Sala, biólogo asesor de ecología de las Naciones Unidas, presentó recientemente en Madrid un estudio sobre la pérdida de biodiversidad que sufrirá la Tierra durante el siglo XXI. En el informe destacó que el cambio en el uso del suelo es la amenaza más grave para la biodiversidad en la Tierra, lo que puede llegar a causar extinciones masivas de fauna y flora en los próximos cien años. Sala afirma, de hecho, que «un 25% de las especies de plantas del Mediterráneo se extinguirán en el año 2050». Y uno de los principales motivos de esta pérdida es la actividad ganadera.

«La producción intensiva de carne contamina aguas, genera residuos químicos, gases peligrosos procedentes del estiércol (óxido nitroso) y del sistema digestivo (metano), además de amoniaco que contribuye a la lluvia ácida», enumeró Sala, que aprovechó para exigir a los países industrializados formas de producción más sostenibles. Además, según la FAO, producir un kilo fresco de ternera no sólo requiere un consumo de agua quince veces superior al de los vegetales, sino que además contamina 12 kilos de dióxido de carbono, cifra equivalente a viajar en un coche durante 200 kilómetros. A todo esto cabe sumar otros impactos de la explotación ganadera: excrementos líquidos y sólidos, transporte para trasladar los animales o la acumulación de pesticidas y fertilizantes.

Flatulencias contaminantes

La propia naturaleza es emisora de metano. Las vacas lo producen cuando digieren sus alimentos, ya que no poseen oxígeno en sus estómagos a diferencia del ser humano. El gran problema llega con las bacterias, que transforman químicamente la materia (al igual que con el ser humano), pero produciendo metano. Y ojo, que no sólo son las vacas las principales emisoras de este gas; lo mismo les ocurre a las ovejas y a las termitas. Estas últimas liberan el gas cuando digieren la madera que comen. Y es a través de los excrementos, las ventosidades y los eructos que estos animales liberan el gas.

El caso es que se habla de gas metano (23 veces más peligroso que el CO2) como gas contaminante. Y lo curioso es que no es un compuesto malo en sí mismo, pero el hombre lo ha producido en tanta cantidad que empieza a serlo de verdad, al igual que pasa con el dióxido de carbono. O sea, que lo natural y lo que echaban las vacas al aire era lo adecuado, pero ahora parece que la emisión “artificial” de metano queda en un segundo plano (arrozales, vertederos de residuos, filtraciones de oleoductos de gas natural, pérdidas tanto en la producción como en el transporte de gas natural, prácticas que involucran la quema de biomasa, humedales o minas de carbón). No olvidemos, asimismo, que es el propio ser humano quien favorece las explotaciones intensivas de ganado y, por tanto, una mayor emisión de gas metano por parte del mismo. ¿O será que son las vacas quienes piden ser más comidas que antes?

Sociedad del bienestar

Fueron los neozelandeses quienes, por primera vez, encendieron las alarmas sobre el impacto ambiental que genera la ganadería. Las más de 50 millones de reses que habitan en el país generan el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero, cifra que no les permite cumplir los objetivos establecidos en Kyoto. En Nueva Zelanda (país con conciencia ecológica declarado libre de centrales nucleares y que prohíbe mover las conchas de sus playas), con 4 millones de personas, cada vaca emite 90 kilos de metano al año, lo que supone la misma polución que se genera al quemar 120 litros de gasolina.

El año 2003 el país neozelandés se puso las pilas y creó la denominada ‘Flatulence Tax’ para compensar las emisiones de metano. Ya es algo, aunque no entiendo cómo se puede crear un impuesto sin ofrecer alternativas y soluciones que puedan aplicar los ganaderos. Me da la sensación que se trata de no recortar los placeres que otorga un trozo de carne en esta sociedad del bienestar recortando el placer natural de una flatulencia vacuna. En fin, que se trata de potenciar aún más la emisión de metano artificial por encima de la natural. Además, ¿cómo concienciar a las vacas que la alimentación que llevan “no es la adecuada”? Y es que la paradoja del caso neozelandés es que la contaminación asociada al metano se ha relacionado con la alimentación más sana y tradicional que llevan a cabo las reses del país en comparación con el resto de Europa, donde predomina el pienso compuesto.

En medio del debate sobre la naturaleza dañina a sí misma, otros países siguen insistiendo en asegurar las reservas de combustible que quedan en la Tierra para asegurarse el poder energético tan anhelado en el futuro. Los rusos ya lo están haciendo, enclavando su bandera en el fondo del Ártico para adjudicarse la zona y explotarla cuando se necesiten encontrar nuevas reservas energéticas (allá se encuentran el 25% de las reservas que quedan por descubrir). Unos luchan por el poder de la energía cuando ésta se acabe. Por lo visto, las vacas tendrán que luchar para poder hacer la digestión como Dios manda.

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