Hay Mitos en la Biblia, Bultmann tenía razón…pero

Hay Mitos en la Biblia, Bultmann tenía razón…pero

Publicado por Marcelo Sánchez Ávila Noviembre 8, 2007

Rudolf Bultmann (1884-1976) fue un teólogo alemán, reconocido como uno de los mayores eruditos del Nuevo Testamento del Siglo XX. Él desarrolló su programa de desmitologización con el objetivo de facilitarle al hombre moderno un acceso a la revelación de Dios, acontecida en Cristo y proclamada en el Nuevo Testamento.

Él propuso que el Nuevo Testamento era nada más que la fe de los primeros cristianos y no la revelación de Dios aunque esta estaba contenida en partes de NT.

En este artículo el doctor Augustus Nicodemus argumenta en contra del liberalismo teológico y dice: “Equiparar las narrativas bíblicas a los mitos paganos es validar la mentira y la falsedad en nombre de Dios; es adoptar una mentalidad pagana y no cristiana”

Los liberales siempre tuvieron la razón. Hay muchos mitos en la Biblia. Los mitos eran abundantes en el mundo religioso del Antiguo Oriente alrededor de Israel, también en las religiones en la época de la Iglesia apostólica del primer siglo. Por consiguiente, los escritores bíblicos registraron varios de ellos en sus obras.

En el Antiguo Testamento encontramos varios de esos mitos. Está la creencia de los cananeos de que existían dioses llamados Astarot, Renfán, Dagón, Adramelec, Nibhaz, Asima, Nergal, Tartac, Milcom y Baal. Sobre este último, existe el mito de que podía responder con fuego al ser invocado por sus sacerdotes. Existe también un mito egipcio de que el Nilo, el sol y el propio Faraón eran divinos; el mito filisteo del rey-pez Dagón; y que el Dios de Israel necesitaba una ofrenda de tumores y ratones de oro para ser apaciguado. Para no hablar del mito cananeo de la Reina de los cielos, que exigía incienso y tortas de los adoradores (Jeremías 44.17-25).

Otro mito en la Biblia es que el sol, la luna y las estrellas era dioses, mito que siempre fue popular entre los judíos y radicalmente combatido por los profetas (2 reyes 23.5,11; Ezequiel 8.16). El mito pagano de monstruos y serpientes marinas es mencionado en Job, Salmos e Isaías, en contextos de lucha contra el Dios de Israel, en que ellos representan los poderes del mal, los pueblos enemigos de Israel (Job 26.10-13; Salmos 74.13-17; Isaías 27.1).

La lista es enorme. Hay muchos mitos esparcidos por los libros del Antiguo Testamento.

El libro de Job cita mitos de otros pueblos, como Rahab y Leviatán, pero no podemos imaginar que el autor, por esto, estuviera diciendo que los acepta como verdad. Los profetas, apóstoles y autores bíblicos se esforzaron por mostrar que los mitos eran conceptos humanos, falsos, y por llamar al pueblo de Dios a someterse a la revelación de Dios que se manifestó poderosa y sobrenaturalmente en la historia. Ellos siempre estuvieron empeñados en separar mitología de historia real, e invenciones humanas de la revelación de Dios. Elías desmitificó a Baal en lo alto del Carmelo. Moisés también desmitificó al Nilo, al sol y al propio Faraón, probando, con las plagas que cayeron, que la divinidad de ellos era sólo un mito. Y cuando él quemó el becerro de oro y lo redujo a cenizas, desmitificó la idea de que fue el bovino dorado quien sacó al pueblo de Israel de Egipto. El propio Dios se encargó de derrumbar el mito de Dagón, rei-pez de los filisteos, cuando su imagen cayó de bruces delante del Arca del Señor con la cabeza cortada (1 Samuel 5.2-7).

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo se refiere cuatro veces a los mythoi (griego). Los mitos son historias profanas inventadas por viejas (1 Timoteo 4.7), que promueven las controversias en vez de la edificación del pueblo de Dios en la fe (1 Timoteo 1.4). Entre los mismos judíos había muchas de esas fábulas, historias fantasiosas (Tito 1.14). Ya que las personas prefieren los mitos a la verdad (2 Timoteo 4.4), Timoteo y Tito, a quien Pablo escribió esos pasajes, deberían advertirlas, ellos mismos deberían abstenerse de dejarse envolver en esos mitos. La advertencia era necesaria, pues los cristianos de las iglesias bajo la responsabilidad de ellos venían de una cultura permeada por mitos.

El mismo Pablo se encontró varias veces con esos mitos. Una de ellas fue en Listra, cuando la multitud lo confundió, junto a Silas, con los dioses del Olimpo y querían hacerles sacrificio (Hechos 14.11). Otra vez fue en Éfeso, cuando tuvo que enfrentar el mito local de que una estatua de la diosa Diana había caído del cielo, de parte de Júpiter, el jefe de los dioses (Hechos 19.35). En todas esas ocasiones, Pablo procuró separar a las personas de los mitos y traerlas a la fe en la resurrección de Jesucristo. De acuerdo con Pablo, los mitos son creaciones humanas, oriundas de la negativa del hombre de aceptar la verdad de Dios. Al rechazar la revelación de Dios, los hombres inventaron dioses e historias de esos dioses para sí, lo que son las religiones paganas (Romanos 1.17-32).

Pedro también estaba perfectamente consciente de lo que era un mito. Cuando él escribe a sus lectores acerca de la transfiguración y de la resurrección de Jesucristo, hace la cuidadosa distinción entre esos hechos que él testificó personalmente de mithoi, “fábulas artificiosas” (2 Pedro 1.16). Él sabía que la historia de la resurrección podría ser confundida con un mito, algo inventado expertamente por los discípulos de Jesús. A lo que parece, Pablo y Pedro, juntamente con los profetas y autores del Antiguo Testamento, estaban perfectamente conscientes de la diferencia entre una historia real y otra inventada. Decir que los autores bíblicos crearan mitos significa decir que ellos sabían que estaban mintiendo y engañando al pueblo con historias expertamente inventados por ellos. Sus escritos muestran claramente que ellos estaban conscientes de la diferencia entre una historia inventada y hechos reales. A través de la Historia, los cristianos han considerado el mito como algo a ser reemplazado por la fe en la revelación bíblica, que registra los poderosos actos de Dios. Equiparar las narrativas bíblicas a los mitos paganos es validar la mentira y la falsedad en nombre de Dios. Es adoptar una mentalidad pagana y no cristiana.

Existe, naturalmente, una diferencia entre el mito neoliberal y los cuentos que aparecen en la Biblia. Hay varias historias en la Biblia, creadas por los autores bíblicos, que claramente nunca acontecieron. A pesar de eso, ellas nunca son presentadas como una historia real, como hechos reales sobre los cuales el pueblo de Dios debería poner su fe, sino como comparaciones intentando ilustrar determinados puntos de fe, o lenguaje figurado. Son las parábolas, los cuentos, como aquella historia del olivo hablante contada por Jotam (jueces 9.7). Existe también la poesía, cuando se dice que las estrellas cantan de júbilo, que Dios cabalga en querubines y viaja en las alas del viento. Los salmos contienen mucho de eso. Cuando los neoliberales dejan de reconocer la diferencia entre mitos y géneros literarios que usan licencia poética y lenguaje figurado, hacen una gran confusión.

Ya dije que la actitud de los profetas, apóstoles y autores bíblicos en relación al mito fue desmitificado. Yo se que decir eso es anacrónico, pues fue solamente en el siglo pasado que Rudolph Bultmann propuso su famoso programa de desmitificación de la Biblia. Él encontraba que había mitos en la Biblia u que era necesario separarlos de la verdad. Pero, antes de él, los mismos profetas, apóstoles y autores bíblicos ya habían manifestado esa preocupación. Es claro que ellos y Bultmann tenían conceptos diferentes. Mas se el fin del mito es una historia de carácter religioso que no tiene fundamento en la realidad y que se destina a transmitir una verdad religiosa, ellos no son, de forma alguna, una preocupación exclusiva de los teólogos modernos.

Vea, entonces, que el programa de desmitificación comenzó mucho antes de Bultmann. Comienza en la misma Biblia, que nos llama a separar la verdad del error.

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