Puerto Príncipe se entrega a la fe un mes después del Sísmo.

16:49 12/02/2010, admin,

¡Amén-Amén! Noticias – Haití se ha convertido en una gigantesca iglesia y una fiesta de recogimiento, cantos y oración al cumplirse un mes del terremoto que dejó la capital reducida a un montón de cascotes. El Estado ha decretado tres días de luto oficial y poca gente trabaja en esta jornada en Puerto Príncipe, una situación no excepcional cuando cerca de un 70% de la población se encuentra en paro.

Decenas de miles de personas se han reunido en distintos puntos de la capital en señal de duelo. Un duelo que los haitianos celebraron abriendo los brazos, cerrando los ojos, apuntando su rostro al sol y cantando durante horas hasta el llanto.

Católicos y protestantes llenan iglesias y campos religiosos improvisados en la calle para orar a sus más de 217.000 muertos. En muletas, en sillas de ruedas o cojeando decenas de mutilados se sumaron a la gran marea blanca que se concentró en la plaza en el ‘Camps de marts’ de Puerto Príncipe, epicentro de una celebración que durará tres días.

“Me siento bien, esta es la mejor ayuda que tengo” explica un joven con aspecto de ‘hip-hopero’ llegado desde un parque cercano en el que duerme. Su aspecto de pandillero violento nada tiene que ver con los ojos llorosos con los que habla después de escuchar ‘la palabra de Dios’ desde el improvisado púlpito.

En una de las calles de Siver La Plane una Congregación Protestante ha montado un escenario y una enorme carpa donde cientos de haitianos también mezclan cánticos y oraciones a Dios, que acompañan con bailes y palmas. Algunos visten sus mejores galas, pantalones y zapatos, y las mujeres lucen túnicas blancas y pañuelos del mismo color.

En el dialecto creole, el Pastor habla de que “Dios quiere Haití”, pero lo ha puesto a prueba “para demostrar su fe”. Muchas mujeres parecen sumidas en un trance. Con las palmas mirando al cielo, balancean la cabeza con los ojos cerrados en una especie de meditación. Continuarán así durante el día y la noche.

Desde el sismo, algunos seguidores del vudú se convirtieron al cristianismo, algunos atraídos por la ayuda que brindan las misiones evangélicas y otros por temor a Dios.

“El terremoto me asustó”, admitió Veronique Malot, una mujer de 24 años que dice haberse incorporado a una iglesia evangélica hace dos semanas cuando tuvo que alojarse en uno de los muchos campamentos improvisados.

“El vudú ha estado en mi familia, pero el gobierno no nos ayuda. Los únicos que nos ayudan son las iglesias cristianas”.

El vudú se desarrolló en el siglo XVII cuando los franceses trajeron a Haití esclavos del Africa occidental. Los esclavos obligados a practicar el catolicismo se mantuvieron leales a sus espíritus africanos en secreto, adoptando santos católicos para que coincidieran con los africanos, en lo que se conoce en religión como sincretismo. Hoy, muchos practican ambas religiones.

Desde el temblor, bautistas, evangelicos, protestantes y otros misioneros han llegado a Haití para alimentar a los desamparados, curar a los heridos y predicar el Evangelio en campamentos donde se apiña un millón de personas.

En muchos de los campamentos, camiones con altavoces difunden música con mensajes evangélicos mientras los misioneros hablan con las familias.

La Agencia para el Desarrollo Internacional, AID, de Estados Unidos, canaliza cientos de millones de dólares en ayuda al exterior cada año por medio de grupos religiosos, aunque no se conoce una cifra concreta de cuánta ayuda llega a Haití por medio de los grupos cristianos.

En camisa blanca y con un brazalete negro, el presidente de Haití, René Preval, durante otra ceremonia organizada en la Universidad de Notre Dame de la capital, pidió a los ciudadanos “limpiar sus rostros de lágrimas” para reconstruir el país, aunque tampoco él pudo reprimirlas durante el acto. “Haití no morirá, no debe morir”, dijo el mandatario, quien prometió a los ciudadanos seguir movilizando a la comunidad internacional en busca de ayudas para la reconstrucción.