El “Castillo Fuerte” de Lutero… ¿y tuyo? (I)

El “Castillo Fuerte” de Lutero… ¿y tuyo? (I)
Mayo 21, 2010 by Salvador Gómez Dickson
Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos

Lo relacionamos con las 95 tesis que en 1517 comenzaron una transformación de dimensiones históricas. Lo relacionamos con la traducción que permitió al pueblo alemán leer la Palabra de Dios en su propio idioma. Lo relacionamos con el monje agustino que enfrentó el poder del papado como ningún otro en Europa. Con lo que no se hace justicia es con el aporte que hizo Martín Lutero al pueblo de Dios con sus himnos. Su música se convirtió en una verdadera fuerza para la reforma. La letra de sus himnos le abrió las puertas a muchas de sus enseñanzas en los corazones de los hombres. Ya no era únicamente el coro; ahora toda la congregación, incluyendo a las mujeres, podía cantar a su Señor. Uno de sus opositores llegó a expresar que los himnos de Lutero mataron más almas que sus sermones.

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Abusos sexuales: el problema de modernización de la Iglesia Católica

Abusos sexuales: el problema de modernización de la Iglesia Católica

por Jonathan Valenzuela®
Vaticano | Abril 21, 2010


¿Cómo modernizar una institución milenaria sin trastocar la fe tradicional de los fieles católicos? Es la pregunta que debe hacerse dentro de los altos mandos de la Iglesia Católica, a raíz de los numerosos casos de abusos sexuales llevados a cabo por diferentes clérigos. Incluso acá en Chile, ya se ha confirmado 20 casos de este tipo de actos.

No es algo tan simple. La última gran reforma de la Iglesia Católica se llevó a cabo hace más de 400 años, cuando la crisis del catolicismo llevó a generar una división entre el catolicismo y el protestantismo, obra y gracia de Martín Lutero, entre otros. Además, se subdividió la Iglesia Católica, naciendo el anglicanismo, como una de las consecuencias de este cisma de la reforma. Y sin mencionar a la Iglesia Católica Ortodoxa, que empezó a tomar forma en esa época.

En dicha época, ya había tomado relevancia el tema del celibato sacerdotal. Los diferentes concilios ecuménicos que se habían llevado a cabo hasta antes de trataron con cada vez más relevancia el tema del celibato, por cuanto existía una discusión en torno a sí era válido o no. El Concilio de Letrán III, llevado a cabo en 1179, fue uno de los que se pronunció respecto del tema, prohibiendo a los clérigos a recibir mujeres en sus aposentos, o frecuentar monasterios de monjas.

De todos modos, fue el Concilio de Trento en el que se estableció el celibato obligatorio para los clérigos, y que fue la génesis de la contrarreforma católica, como respuesta a las 95 tesis de Lutero, piedra angular de la reforma protestante. Todo esto en un contexto en el que la Iglesia Católica llevaba más de un siglo cayendo en un descrédito peligroso.

Después de este concilio, dos más se llevaron a cabo hasta nuestros días. El primero, el Concilio Vaticano I, desarrollado en 1869, y el Concilio Vaticano II, entre 1959 y 1965. El Papa Pablo VI confirmó el celibato de forma obligatoria en 1967, frente a movimientos católicos de renovación durante este último concilio. Estamos hablando entonces, de más de casi 900 años de discusión respecto del tema del celibato, si es que no es más.

Volvamos al principio ¿Cómo modernizar la Iglesia Católica Apostólica Romana en este aspecto? Sobre todo si se ha pregonado la idea de que “una persona célibe puede dedicarse completamente a ser del agrado de Dios”, como dice Pablo en la biblia, y tomando en cuenta los ejemplos de personajes célibes y santos de esta religión, partiendo por el mismo Jesús.

Se ha establecido (o más bien, la Iglesia, como institución), ha establecido este dogma sobre sus clérigos y sobre los fieles en general. Un cambio en el mismo podría generar divisiones en la institución, como ocurrió hace 400 años. En ese tiempo, el humanismo estaba despertando. Hoy la post-modernidad representa una gran amenaza para la religión católica si es que quiere establecer algún cambio en ese contexto.

Pero más allá de eso, y retomando el cambio sistemático que supone esta modificación, el hecho de un clérigo con familia ya supone establecer un método de remuneraciones para el mismo, puesto que el dedicarse sólo a esta labor, no le genera el ingreso suficiente, hoy en día, como para mantener una familia. Esta problemática ya había hecho eco hace muchos siglos. Uno de los argumentos que defendía el celibato eran los problemas de propiedad que se generaban cuando los clérigos fallecían, y su descendencia reclamaba todos los bienes de éste, en los que se incluye la parroquia.

Ahora, hay expertos que no relacionan el hecho del celibato con los abusos sexuales que tan en boga han tenido a la Iglesia Católica. En el libro “Pedofilia y Sacerdotes: anatomía de una crisis contemporánea”, escrito por el profesor de Historia y Estudios Religiosos, Philip Jenkins, éste señala que sólo un 0,2% de los sacerdotes católicos han sido abusadores sexuales de menores de edad. Una cifra que podría ser real, pero que no justifica el hecho de que se hace necesario discutir nuevamente el tema, sobre todo, considerando que estos casos no se han ido develando sólo ahora, sino que hay un historial casi milenario de este tipo de actos. Por lo menos, se ha puesto en la palestra una vez más.

http://revistalapagina.com/2010/04/21/abusos-sexuales-el-problema-de-modernizacion-de-la-iglesia-catolica/

Porqué Somos Protestantes?-Sola Scriptura

Porqué Somos Protestantes?-Sola Scriptura
OCTUBRE 26, 2009

by Eduardo
Cuando escuchamos la palabra protestante siempre entendemos algo negativo. Es decir, es alguien que está protestando en contra de algo, sin embargo la palabra tiene un significado muy diferente. Este término es una palabra compuesta que se origina del latín pro testare, pro significando “por” y testare que quiere decir “testificar.” Y esta semana deseo, estando tan cerca la celebración de la Reforma, inciar un análisis de lo que fue logrado en la protesta.

Como protestantes debemos entender el término no como algo negativo, sino como algo positivo, implicando que estamos testificando a favor de la verdad. Y esto es lo que confirma la historia de la iglesia.

Durante la Edad Media la iglesia se había corrompido de tal manera, que la fe que había sido entregada por los apóstoles prácticamente era desconocida en el mundo. Se habían promulgado gran cantidad de edictos con el fin de engrandecer y enriquecer a los líderes eclesiásticos. Para poder afirmar estas cosas estos hombres habían evitado que el pueblo pudiera tener acceso a las Escrituras, habiendo mantenido la Biblia en latín. Así el pueblo común no podía objetar sus enseñanzas y podía ser fácilmente engañado.

Johann Tetzel

La fe que ahora compartimos se originó en un tiempo convulso, cuando un monje dominicano llamado Johann Tetzel, apareció en Alemania vendiendo indulgencias. En el año 1517 este monje andaba prometiendo la remisión de pecados a aquellos que escuchaban su mensaje y compraban estos certificados y además hasta prometía el perdón de pecados de aquellos que habían muerto y estaban, supuestamente, en el purgatorio.

Esta doctrina, por supuesto, había originado por la necesidad del papado de inventar alguna manera de enriquecerse. Es decir, si las personas estaban en un lugar intermedio, en donde eran purificados por los pecados que no habían sido remitidos en la tierra, podían engañar al pueblo para que por dinero ayudaran a que esta purificación fuera más rápida, y así estos muertos pudieran ir al cielo con mayor prontitud.

Cuando Tetzel llegó a Alemania la gente corría con su dinero para comprar estas indulgencias firmadas por el papa. El monje dominicano llegó hasta el punto de asegurar que con el simple depósito de sus monedas en la caja los pecados podían ser perdonados. Para hacer la venta más popular Teztel cantaba, “So bald der Pfenning im Kasten klingt, die Selle aus dem Fegfeuser springt.” (Tan pronto la moneda en la caja suena, el alma del purgatorio vuela).

La gente venía de todas partes de Alemania para que sus pecados fueran perdonados. Pronto las actividades de Tetzel llegaron al conocimiento del Dr. Martín Lutero quien era profesor de Teología de la Universidad de Wittemberg, quien recibió las noticias con mucha preocupación.

Lutero se enfureció y para salvar al pueblo de este perverso negocio redactó 95 tesis las cuales fue personalmente a clavar en las puertas del castillo de la ciudad. Estas tesis formaban un documento en contra de las indulgencias. Lutero ardientemente contendía que estos certificados no servían para remitir los pecados ni de ellos ni de los muertos, pero debido a que estos documentos papales venían en latín, el pueblo no podía comprender lo que verdaderamente decían y tenían que confiar en las palabras y promesas de Tetzel.

Lutero clavando sus tesis

Estas enseñanzas eran reforzadas por la enseñaza de la iglesia católico romana iniciada con el papa Sixto IV en 1460 acerca del Tesoro de los Méritos (Treasury of Merits), en donde se promulgaba la idea que la Iglesia era el custodio de los méritos de los santos quienes habían excedido en estos y por lo tanto la iglesia podía disponer de el sobrante de estos méritos y otorgárselos a otros hombres para que pudieran salir del purgatorio. Lo único que debían hacer las personas era ir al Tesoro de los Méritos y adquirir aquello que les hacía falta.

Lutero estaba tan enfurecido que retaba a los académicos a discutir y debatir sus 95 tesis para mostrar la mentira de las indulgencias. Aquellos que se unieron a la causa luterana fueron llamados protestantes. Fue entonces el 31 de octubre de 1517 cuando Lutero protestó contra los abusos de la iglesia católica. En la tesis número treinta y dos escribió,

“Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.”

Lutero inició una ardua lucha para que la iglesia volviera a la fe verdadera, sin embargo en su lucha se dio cuenta que todas estas falsas enseñazas venían con el consentimiento del papa Leo X, así como del arzobispo de Mainz, Albrecht.

Lutero protestó contra la corrupción de los líderes de la iglesia así como contra las falsas enseñazas que estaban presentes en ella, pero además como protestante testificó a favor de la verdad de Jesucristo y la Biblia. Esto es lo que caracteriza a aquellos que profesamos estar en contra de la Iglesia Católico Romana.

Esta pequeña introducción nos servirá para entender lo que salió de la Reforma. Pero, qué fue formulado en la Reforma? Cuáles son las bases del protestantismo? En los próximos días estaremos viendo las 5 Solas de la Reforma, pero el día de hoy iniciaremos con la primera, Sola Scriptura.

Sola Scriptura

El protestantismo afirmó la verdad acerca de la Palabra de Dios, es decir que es theopneustos, griego para “exhalada por Dios.” Los protestantes afirmamos que la Biblia es la Palabra que salió de la boca de Dios mismo, y por ello es lo único que puede equipar al creyente para toda buena obra (2 Timoteo 3: 16-17). Este concepto fue lo mismo que enseñó Jesucristo. En Mateo 5 el evangelista registra las siguientes palabras de nuestro Señor,

  • “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” Mateo 5: 18

Debido a que la Biblia es la Palabra de Dios, los protestantes negamos la autoridad de las tradiciones humanas. Porqué? Porque nuestra guía es la Biblia y en ella encontramos a Jesús confrontando a los fariseos por nulificar la Palabra de Dios con sus tradiciones (Mateo 15: 6). La condenación que hizo el Señor de los fariseos y escribas era que habían malinterpretado las Escrituras y enseñaban sus tradiciones como la misma autoridad. Además la Biblia dice de sí misma lo siguiente,

  • Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.”Salmo 119: 18
  • Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.”Salmo 138: 2
  • 7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. 8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. 9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. 10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 11 Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.”Salmo 19: 7-11

Lutero luchó contra las indulgencias precisamente porque no tenían ningún fundamento bíblico, sino que eran enseñanzas supersticiosas de hombres, con un fin malvado. El papa enfurecido exigió a Lutero ir a Roma para retractarse. Sin embargo debido a que su vida corría peligro, pues ya se había declarado a Lutero un hereje y a que fuera encarcelado si era atrapado, Federico el Sabio contendió para que el juicio fuera en Alemania.

Dieta de Worms

Fue en 1521 en la ciudad de Worms que se reunieron los líderes de la iglesia, así como príncipes alemanes y el Rey Carlos V, para que Lutero, un monje, se retractara de todo lo que había dicho. Johann von Eck le dio 24 horas a Lutero para que así hiciera, pero al día siguiente Lutero se paró frente a la Dieta y dio un discurso que cambió la historia de la iglesia para siempre. Este monje, sin ser rico, y sin poder se paró frente a estos líderes y exclamó,

“Debido a que su serena majestad y sus señores buscan una simple respuesta, la daré de esta manera: A menos que yo sea convencido por el testimonio de las Escrituras o por la clara razón (pues no confío sólo en el Papa ni en los concilios, debido a que es sabido que han errado y se han contradicho), estoy atado por las Escrituras que he citado, y mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. Yo no puedo y no retractaré nada, debido a que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.” Luther’s Works. Volumen 32.

Al terminar estas palabras probablemente Lutero estaba temblando pues sabía que había puesto su vida en peligro. Lutero conocía la historia de Jan Huss quien había sido quemado en la hoguera un siglo antes por intentar reformar la iglesia. Sin embargo el emperador le dio un salvoconducto para que Lutero regresara a su pueblo sin problemas.

Lo más importante y lo que cambió la historia fue el hecho de que Lutero se aferró a la doctrina de Sola Scriptura. Como este monje agustino, los protestantes estamos cautivos “a la Palabra de Dios.” La revolución que inició Lutero luego de estas palabras fue inmensa. Pronto la Biblia fue traducida al alemán y la gente se volvió a la Biblia para encontrar las verdades que habían estado escondidas por tanto tiempo.

Hombres como Juan Calvino también se esforzaron por enseñar esta preciada doctrina, argumentando que la Biblia es la Palabra autoritaria e infalible de Dios para Su pueblo. La confesión Bautista de Londres de 1689 a la cual me adhiero dice,

“(1)Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla del conocimiento, fe y obediencia salvadoras.1 Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; (2) por lo que le agradó al Señor, en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia;3 y además para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, y tanto mas cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia.” CBL 1689

Hace más de 500 años Dios providencialmente causó una revolución a manos de un monje a quien le reveló la verdad. Con él, Dios continúo reuniendo a sus ovejas perdidas.

Aplicación para nuestros tiempos

La doctrina de Sola Scriptura defendida por Lutero y los reformadores durante el siglo XVI debe hacernos reflexionar. Primero, esta doctrina no surgió durante la Reforma, sino que es una verdad bíblica, creída por los apóstoles y los primeros cristianos. El pasaje más claro es 2 Timoteo 3: 16-17, en donde Pablo deja claro que las Escrituras, inclusive aquellas que así como él, los apóstoles estaban escribiendo en ese momento, eran la palabra que Dios había hablado. Por esta razón son la única regla de fé y práctica para los creyentes.

Por esa simple razón debemos rechazar cualquier doctrina de hombres, ya sea para dirigir el modo en que el creyente debe vivir su vida para Dios, así como para conocer la verdad de Dios mismo. Es por ello que el catolicismo romano debe ser rechazado y categorizado como una falsa religión. La Iglesia Católica Romana es una falsa iglesia por la simple razón que predica un falso evangelio. Porqué? Porque en lugar de someterse a la Biblia, la cual es la máxima autoridad para la Iglesia, se han sometido a la sabiduría de hombres a quienes la historia muestra como hombres que iban tras sus vientres.

Además, debemos rechazar toda aquella enseñanza que asegure que Dios continúa hablando hoy en día fuera de la Biblia. Y esto es muy común dentro del evangelicalismo, específicamente dentro del pentecostalismo y el movimiento carismático. Es común escuchar a hombres argumentar que Dios sigue dándole profecía a la Iglesia. Por ello hay tantos autodenominados profetas hoy en día. Pero si la Biblia es lo que Pablo dijo que era, entonces nada puede dirigir la vida del creyente fuera de la Biblia. Es más, si las palabras de Cristo dadas al apóstol Juan en el libro de Apocalipsis son ciertas, no hay más palabras que deban ser escritas o agregadas a la Biblia. Si realmente existiera la profecía en la actualidad, estas palabras deberían ser escritas y agregadas a la BIblia y entregadas a todos los creyentes a través de todo el mundo. De no ser así, la Iglesia se está perdiendo la verdad revelada por Dios. Pero, por supuesto, esto no es cierto.

Debido a que el don de profecía ya cesó, una vez que se terminaron de escribir los libros del Nuevo Testamento, ya no necesitamos de otra cosa que no sea la Biblia para conocer a Dios y Su voluntad. Es por ello que como protestantes debemos adherirnos firmemente a la doctrina de Sola Scriptura.

sujetosalaroca.org

Indulgencia

Indulgencia

Ejemplar de una “Carta de Indulgencias” del 19 de Diciembre de 1521

La Doctrina de las Indulgencias es un concepto de la Teología católica, estrechamente ligado a los conceptos de pecadopenitenciaremisión y de purgatorio. En su formulación actual consiste en la doctrina según la cual ciertas consecuencias del pecado (la pena temporal del mismo), pueden ser objeto de una remisión o “indulgencia” (del latín indulgentia: bondad, benevolencia, gracia, remisión, favor) concedida por determinados representantes de la Iglesia y bajo ciertas condiciones. Esta institución remonta al cristianismo antiguo y tanto su práctica como formulación han evolucionado en el curso del tiempo. La doctrina protestante no la acepta por considerar que carece de fundamento bíblico. Por tal razón, a partir de la reforma fue objeto de desarrollos sólo en el ámbito de la Iglesia Católica.

En la doctrina católica, la indulgencia, a diferencia de la penitencia o reconciliación, no perdona el pecado en sí mismo, sino que exime de las penas de carácter temporal que de otro modo los fieles deberían purgar, sea durante su vida terrenal, sea luego de la muerte en el purgatorio. La indulgencia no pertenece a la categoría de “sacramento“, como es el caso de la penitencia. Puede ser concedida por el Papa, los obispos y cardenales, a quienes, por ejemplo, recen determinada oración, visiten determinado santuario, utilicen ciertos objetos de culto, realicen ciertos peregrinajes, o cumplan con otros rituales.

Bien que tratándose de un concepto teológico relativamente secundario, las indulgencias jugaron en su momento un rol central en la historia del cristianismo. En efecto, en el siglo XVI, los abusos y el tráfico al que dieron lugar fueron el motivo principal que llevaron a Martín Lutero a enfrentarse con la Iglesia Católica constituyendo así el detonante de la reforma protestante.

El Código de Derecho Canónico define la indulgencia en los siguientes términos:

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos. (Código de Derecho Canónico de 1983, Libro I, Título IV, Capítulo IV, Canon 992)

Reseña Histórica

El cristianismo antiguo

Los primeros antecedentes de la práctica de indulgencias remontan al Siglo III. En el cristianismo antiguo, los pecados considerados graves tales como la apostasía eran castigados con la llamada “penitencia canónica”, pena esta de particular severidad.1 En los casos más graves, el pecador pasaba a formar parte del así llamado “ordo poenitentium” y estaba entre otras cosas obligado a vestirse sólo con pieles de cabra para ser objeto de oprobio y ridículo frente a la comunidad. Debía además portar el cilicio para auto-infligirse sufrimientos. Esta situación ultrajante que podía durar largos años no facilitaba ni la rehabilitación ni el reingreso a una vida normal.

Así, surgieron prácticas tendientes a reducir el rigor de dicha pena, sobre todo por cuanto se trataba en la mayoría de los casos de facilitar el reingreso en el seno de la comunidad a miembros que habían cometido apostasía en razón de persecuciones, los así llamados “lapsi” (los caídos, los que han tropezado). Así surgió la costumbre de visitar a confesores apresados que esperaban el martirio solicitándole que intercedan en su favor frente al obispo. Si el futuro mártir estaba de acuerdo, le otorgaba una carta denominada “libellum pacis“, para que en virtud del sacrificio que iba a tener lugar, el obispo redujese por razones piadosas la pena del requirente.2 En esta fase, la indulgencia no era dependiente de una acción o prestación que el pecador debía realizar, sino de una especie de compensación mística de los sufrimientos de uno contra la remisión de la pena por los pecados de otro.

La Edad Media

Recién en el Siglo VIII los obispos comenzaron a reducir la duración o la gravedad de las penas impuestas, siempre a personas determinadas, a cambio de la realización de acciones concretas, tales como la visita a un lugar santo o medidas autopunitivas como ayuno o dormir en lechos sembrados de ortigas.

En el Siglo XI aparecen por primera vez las indulgencias generales por la remisión de penas temporales otorgadas por el papa o los obispos para cualquier persona que realizase una obra meritoria, tales como la visita de un monasterio recientemente consagrado o dádivas a los pobres.

En el Siglo XII, la práctica recibe una primera definición jurídica por medio de los decretos pontificales donde se establece una clara distinción entre la absolución (reservada a Dios) y la indulgencia, que permite la reconciliación con la Iglesia. La indulgencia se obtiene en contrapartida de un acto de piedad, como peregrinajes, oraciones o mortificaciones llevadas a cabo con fines de arrepentimiento. Se aplicaba sólo a las personas, que según la fórmula utilizada, eran “vere penitentibus et confessis“.

Paralelamente se desarrolló la doctrina de la “Comunidad de los santos” y del “Tesoro de méritos” en virtud de las cuales, todos los hombres están ligados entre sí de manera sobrenatural y tanto la santidad como los pecados de cualquiera de ellos tienen influencia, positiva y nefasta respectivamente, sobre toda la comunidad. De la expiación de los santos, surge así un tesoro de méritos, que aprovecha a todos y que puede ser administrado por la Iglesia bajo ciertas condiciones, por ejemplo como penitencia general.

Se reputa que la indulgencia toma su fundamento de la comunidad de los santos. En teoría, no existe ninguna necesidad de “proporcionalidad” entre la falta cometida y el acto de piedad. Pero en la práctica surgieron diferencias, sobre todo en razón de la influencia de antiguos sistemas, donde las penas por delitos eran fundamentalmente “tarifas” de reparaciones: cada falta tenía su precio. Las indulgencias fueron influenciadas por los “penitenciales”, manuales provenientes de Irlanda, que fijaban por cada tipo de falta una cantidad determinada de días de mortificación. De menor duración, la indulgencia tiende a partir de entonces a substituirse a la penitencia física, particularmente en el caso de personas agonizantes.

Ya en esa época existían costumbres objetables, principalmente la simonía: los fieles buscaban negociar con hombres de iglesia actos de caridad contra dinero contante y sonante. Los concilios de los siglos X y XI se esfuerzan en limitar el poder de apreciación de los clérigos fijando tarifas generales. Pero en contrapartida, a partir de ese momento, la Indulgencia se transformó en una arma de la política pontifical: la indulgencia plenaria apareció hacia la mitad del siglo XI, donde se utiliza para apoyar acciones y políticas reputadas convenientes, tales como la reconquista española.3

Durante la edad media, el “curso” de las indulgencias acusa una gran baja: se necesita cada vez menos esfuerzo para obtener indulgencias cada vez más significativas. Por ejemplo, se conceden indulgencias a cambio del respeto de tratados o de la palabra empeñada, lo que pese a la laudable finalidad, equivalía a recompensar la “ausencia de pecado”. También se negocian dispensas de ciertas obligaciones. De allí por ejemplo el origen de algunos apelativos populares como aquel de “Torre de manteca”, referido a la catedral de Nuestra Señora de la ciudad de Ruán: el sobrenombre se debe a la presunta venta de derogaciones concedidas para poder consumir carne durante la cuaresma, que habría servido para financiar su construcción.

Las sumas obtenidas en contrapartida de las indulgencias financian, en el mejor de los casos, la construcción de edificios religiosos, la realización de obras caritativas y las bellas artes, pero en el peor de los casos, alimentan el tren de vida de prelados indelicados.

La reforma

La prédica de indulgencias fue denunciada ya por John Wickliffe (1320-1384) y también por Jan Hus (1369-1415) que cuestionaron los abusos que su práctica originaba.

Pero recién en el primer cuarto del siglo XVI, tienen lugar los hechos de mayor significación histórica: el primero es la indulgencia acordada en 1506 para quienquiera ayudase a la construcción de la basílica de San Pedro y, por sobre todo, el verdadero detonante: el escándalo que surge en el Sacro Imperio Romano Germánico a raíz de la campaña organizada por Alberto de Brandeburgo (Arzobispo de Maguncia) y llevada a cabo por el predicador de indulgencias Johann Tetzel.

En razón de los mismos, Martín Lutero atacó el principio mismo de la práctica en “Las 95 tesis” de Wittenberg. Según Lutero, sólo Dios puede justificar a los pecadores. Combate tanto las indulgencias por las almas en el purgatorio (Tesis 8-29) al igual que aquellas en favor de los vivos (tesis 30-68). En el primer caso, los muertos, sostiene, estando muertos, no se encuentran más ligados por los decretos canónicos. Como resultado, es la idea misma del purgatorio que resulta cuestionada. Lutero acusa así a la Iglesia de instrumentalizar el miedo al infierno. En lo que respecta a los vivos, Lutero sostiene que el arrepentimiento basta para lograr la remisión de penas, sin necesidad de cartas de indulgencia. Por el contrario, sostiene, la práctica de las indulgencias desvía a los pecadores de su verdaderos deberes: caridad y penitencia.

Es esta la querella que está al origen del cisma catolicismo-protestantismo.

La Reacción a la Reforma

Indulgencia del siglo XVIII concedida por el papaClemente XIII

Luego de la Reforma Protestante, la Iglesia puso un freno a los abusos. León X recuerda, con motivo de la condenación de Martín Lutero, la distinción entre la remisión de la pena temporal y el perdón de los pecados propiamente dichos. En el Concilio de Trento por otra parte se puso fin a la venta de indulgencias.

La situación actual

Las indulgencias subsisten tanto en la doctrina católica como en la práctica. Totalmente desconectadas del contexto que las vio nacer, las mismas conservan ciertamente un interés teológico e histórico. Pero en el terreno temporal, su rol fuera del ámbito eclesiástico carece de la significación de otras épocas. La práctica de las indulgencias fue encuadrada por la Congregación de las Indulgencias creada por Clemente VIII (1592-1605) e integrada a la Curia Romana por Clemente IX en 1669. Sus competencias fueron transferidas en 1908 al Santo Oficio y en 1917 a la Penitenciaria apostólica. El Código de Derecho Canónico de 1983 las regula detalladamente en su Libro I, Capítulo IV, Título 4, cánones 992 al 997.

Fuentes

Notas

  1. Ver (it) [1]
  2. Sobre esta cuestión puede consultarse, además de las fuentes citadas, el extenso artículo en inglés sobre los “Lapsi” en “New Advent”, Lapsi
  3. El papa Alejandro II transformó la reconquista española en guerra santa, concediendo indulgencia plenaria a los soldados que tomasen parte en la toma deBarbastro

Enlaces externos

Fuente: Indulgencia, Wikipedia

¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?

¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?

A partir del Concilio Vaticano II que fue promovido por el Papa Juan XXIII y concluido por el Papa Pablo VI, se ha desarrollado un movimiento religioso conocido con el nombre de Ecumenismo y que tiene como propósito principal el acercamiento entre los diversos grupos del cristianismo. El propósito final es que se llegue a un acercamiento de tal modo que se cumpla el deseo de Cristo en la oración sacerdotal que se encuentra registrado en Juan Cáp. 17 y “que todos seamos uno”. Creemos que es una aspiración legítima y moralmente correcta en el sentido de que haya comunión entre todos los que profesamos la fe en Cristo, pero dicha unión sólo es posible si llegamos a, como dice el apóstol Pablo en el libro de los Efesios, la unidad de la fe que es lo mismo decir, la unidad doctrinal.

En el mundo protestante ha habido personeros de indudable influencia que han hecho esfuerzos para que se logre dicha unión, pero la resistencia no se ha hecho esperar, resistencia surgida tanto del mundo protestante como del católico. Y en nuestra opinión, dicha resistencia tiene razón de ser por dos motivos principales: el primero es que las doctrinas católico romanas están basadas muchas de ellas no en las declaraciones del Texto Bíblico, sino en las enseñanzas de la Tradición que para el catolicismo romano tiene igual valor que las declaraciones de la Biblia, posición que el protestantismo conservador rechaza; el otro motivo de tremendo peso es que las declaraciones del catolicismo y que están expresadas en los documentos del Concilio de Trento como reacción a la Reforma que se inició en Alemania en 1517, todos los protestantes que nos oponemos a las enseñanzas católicas estamos bajo la maldición de los papas.

A continuación queremos presentar una breve reflexión sobre las declaraciones de un teólogo católico suizo que ha tenido mucha influencia en todos los círculos cristianos y que la revista holandesa “En La Calle Recta” No. 190 de Octubre del 2004 presenta en la pág. # 5.
Un Teólogo Romano-Católico Que En Muchos Puntos Dio La Razón A Lutero.

Se trata del teólogo suizo Hans Küng. Nació el 19 de marzo de 1928 en Sursee, Suiza, dentro de una familia católica. Estudió Teología en Roma y Paris.
Ya en 1969 fue nombrado profesor de Teología fundamental romano-católico en la Universidad de Tübingen Alemania. Tres años más tarde recibe allí la dirección del Instituto Romano Católico para el ecumenismo. Eran los días del concilio Vaticano II, al que fue llamado por el Papa Juan XXIII. El concilio durante los años 1962-1965 celebró cuatro sesiones.

Precisamente en 1960 escribió Küng su libro “Konzil und Wieder, Wiedervereinigung, Erneuerung als Ruf in die Einheit” (Concilio y Reconciliación, Renovación como llamada a la Unidad). En el concilio Küng estaba como perito. En el concilio Vaticano II, Küng ha tenido una gran influencia, y él ha pensado e incluso esperado que en la iglesia Romana-Católica se daría un cambio fundamental, un rumbo más bíblico.

Pero a pesar de todo: ¡Roma siempre sigue siendo Roma! El Papa Juan XXIII murió durante el Concilio, y sus sucesores es bien conocido que no deseaban ir tan lejos como él.

Las modificaciones que estaban en curso con Juan XXIII fueron frenadas sistemáticamente por la curia.

La infalibilidad del Papa, el estado del celibato obligatorio de los sacerdotes, el culto a María y a los otros santos aún siguen estando en vigor como un bien legítimo de la fe romano-católica. El actual Papa polaco incluso ha avivado el culto a María antes que desalentarlo.

En el concilio Küng eran considerado como un teólogo progresista, pero no radical. En sus libros notamos una cierta influencia de la teología protestante alemana, en especial de Karl Barth. Pero dentro de su iglesia se le consideraba muy radical “medio protestante”. En Roma se presentó una querella contra él. Pero se negó ir a Roma para responder. Eso le llevó a que el 18 de diciembre de 1979 se le retiró la autorización eclesiástica para enseñar teología. Desde su actitud ecuménica, Küng no estudió solamente las doctrinas de las iglesias protestantes, sino también la de las iglesias ortodoxas, e incluso prestó atención entre la relación del cristianismo y las otras religiones del mundo. En uno de sus libros habla de todos los grandes pensadores cristianos, como Orígenes, Tomás de Aquino y muchos otros. Y en esa lista está también Martín Lutero, luego según Küng más o menos como un “maestro de la iglesia”.

En lo que Küng escribe sobre Lutero notamos una gran generosidad: incluso le llama “el Lutero católico”, esta es una definición totalmente distinta de la que encontramos en la bula del Papa León X. Esta bula que se Promulgó el 15 de junio de 1520 con el nombre de: Exsurge Domine (¡levántate Señor!) Aquí al gran reformador se le compara con un puerco montés que ha destrozado la viña del Señor (Salmo 80:13).

Pero Küng va bastante lejos en su positivo aprecio a Lutero. Señala que ya muchos antes, y en muchos había una añoranza de reforma en la iglesia tanto en su cabeza como en sus miembros: las circunstancias lo pedían, como el hecho de que hubiese hasta dos o tres papas que se excomulgaban mutuamente. El celibato obligatorio de los sacerdotes era algo muy difícil para muchos, la población por lo general, supersticiosa, la liturgia era muy superficial y la piedad popular tenía un carácter muy legalista. Por todo esto la cristiandad europea mucho antes de Lutero ya estaba en una profunda crisis.

Pero hasta el tiempo de Lutero los concilios reformistas de Constanza, Basel, Florencia fueron un fracaso. Como escribe es profesor Küng: sólo era necesario un genio religioso que pudiese reunir los deseos y personificarlos.

Lutero fue para eso la persona indicada. De él dice Küng: “Que él ha reunido y forjado las fuerzas positivas que entonces existían, y todos esos movimientos reformistas fracasados lo ha centrado en su genial personalidad de profundo creyente, y sus íntegros motivos expresados por medio de un lenguaje magistral. Sin Martín Lutero no habría Reforma en Alemania”. El punto de partida de Lutero para desear una reforma, eso indica, según Küng, no en primer lugar en su deseo de hacer desaparecer la situación eclesiástica, ni la vida de la iglesia y su organización. Pero ese punto de partida radicaba en su crisis vivencial profunda y muy personal vivida. Como monje Lutero, que se consideraba un pecador ante Dios, tuvo que hacerlo todo según las indicaciones y las directrices de la iglesia para tener la seguridad de su salvación personal. El había rezado con fervor las horas del coro, había tomado parte en la misa, ayunado, confesado, había realizado toda clase de duras y difíciles penitencias, pero esa profunda intranquilidad no desaparecía con todo eso. La pregunta de Lutero era: ¿cómo arreglar la situación de nuevo entre un vil pecador como yo y el Dios Santo? ¿Cuándo un pecador está justificado ante Dios y cómo conseguirlo?

La respuesta la ha encontrado Lutero en una liberadora experiencia de fe en la carta de Pablo a los Romanos: el hombre no se puede justificar ante Dios con toda su piedad, sino que es Dios mismo el que justifica al pecador sin merecerlo por Su pura gracia, como Dios misericordioso en y por Cristo.

Por esa nueva comprensión de la justificación y de la vivencia personal, Lutero también llega a otro punto de vista sobre la esencia de la iglesia. Eso implica una crítica radical a la iglesia de su tiempo. Con sus sacramentos, cargos eclesiásticos y tradiciones en la práctica y la doctrina se había apartado del Evangelio. Ese evangelio, en el que Lutero había redescubierto el poder de Dios en su propia vida de la fe. La iglesia en gran mayoría se había vuelto mundana y legalista.

Küng formula una penetrante pregunta: ¿No había roto totalmente Lutero con la tradición católica por su crítica radical? El hace un gran esfuerzo para demostrar que precisamente la manera de ver la fe; Lutero es por excelencia católico, luego en la línea de la buena fe de la una, santa universal o católica iglesia cristiana. Küng señala la continuidad histórica en el pesar y hablar de Lutero, y Para ello nombra tres cosas.

En primer lugar “los mejores elementos de la piedad católica” que Lutero mantuvo a lo largo de toda su crisis, como centro a Cristo crucificado, enseñado por su superior Johan von Staupitz.

En segundo lugar la mística medieval, en lo que eso tenía de bíblico, y ponía el acento en el trato personal del hombre pecador con su Dios, a parte de buscar escrupulosamente sin cesar el realizar “obras buenas” para por ello ser acepto a los ojos de Dios.

Una tercera cosa que para Lutero ha tenido un gran significado fue la teología de Agustín. Por algo era un monje agustino, y por eso un buen conocedor no solo del gran teólogo norteafricano sino también de su lucha personal y espiritual.

Quien lea algo de Agustín, preferentemente en latín, intuye directamente: esta es una piedad esencial y existencial, que es auténticamente cristiana, en la que se abre el Evangelio en toda su amplitud ante la mísera existencia de los pecadores.

Y como cuarto y último elemento de la vieja iglesia católica está la influencia de la teología medieval en el conflicto entre el pelagianismo de la tardía escuela franciscana de Occam por un lado, y la doctrina más bíblica de la gracia del gran dominico, Tomás de Aquino. Por su estudio y reflexión de esa lucha teológica nos encontramos con Lutero en la absoluta soberanía de Dios, de la interpretación de la gracia como don (regalo) y no como remuneración por las buenas obras realizadas, y el aceptar al pecador pura y solamente en virtud de los méritos de Cristo, un aceptar que no es por ningún mérito del hombre.

La clara conclusión de Hans Küng es que para los romanos católicos es totalmente imposible condenar a Lutero.

La tradición católica medieval, así escribe él, tiene muchas coincidencias con la gran “concentración” teológica de Lutero. Y la palabra “concentración” nos pone en la pista del punto en el que los caminos de la Reforma y Roma, también en sus mejores representantes, finalmente se separan.

Küng ha querido decir con “concentración” que no niega que hay importantes elementos de verdad en el modo de ver las cosas Lutero, y por eso en toda la Reforma. Pero hay una “concentración”, como una selección de algunos puntos teológicos muy importantes, que en los días de Lutero eran importantísimos. Pero: la doctrina católica es mas amplia que lo que Lutero y sus seguidores enseñaron. Es la verdad pero no toda la verdad. En cierto sentido Küng encuentra las opiniones luteranas “una característica de su tiempo”.

Küng señala algunos puntos en los que Lutero tenía razón, es decir en su pensamiento sobre la justificación de un pecador ante Dios, sobre la gracia, y sobre la fe.

Las preguntas sobre la justificación no son según Küng en el aspecto de la teoría abstracta ningún elemento de separación. Pero terminamos con una confidencia final de Hans Küng: “Si, la actual mentalidad síquica pero no espiritual de la dictadura de Roma es de nuevo una afrenta a la reforma y a los buenos principios católicos (el Papa no esta por encima de la Escritura). Pero lo que Lutero quiso conseguir por el Evangelio, en Roma sigue teniendo poca comprensión”.

Fuente: ¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?

C. Vidal publica ‘Por qué soy cristiano’ y gana el Premio Finis Terre con ‘El caso Lutero’

C. Vidal publica ‘Por qué soy cristiano’ y gana el Premio Finis Terre con ‘El caso Lutero’

MADRID, 03/09/2008 ( eMision. / Daniel Pujol, ACPress.net)
El libro ´El caso Lutero´, del colaborador de Protestante Digital y director del programa La Linterna de la Cadena COPE, César Vidal, ha ganado el II Premio Finis Terrae, convocado por la Editorial Edaf en colaboración con ámbito Cultural de El Corte Inglés. Por otra parte, el historiador acaba de publicar otro libro, ‘Por qué soy cristiano’, de Planeta, que ya se encuentra en las librerías.

El escritor e historiador, César Vidal, ha ganado el II Premio Finis Terrae, convocado por la Editorial Edaf en colaboración con el ámbito Cultural de El Corte Inglés por los originales del libro ´El caso Lutero´.

Un premio dotado con 12.000 euros y la publicación del libro por la editorial que organizó el concurso. En éste podían participar escritores de cualquier nacionalidad que presentasen obras, originales e inéditas, escritas en castellano, que no hubieran sido publicadas ni divulgadas en cualquier otro medio.

El jurado estuvo presidido por el director de ámbito Cultural de El Corte Inglés, Ramón Pernas, la periodista y escritora Carmen Porter, el periodista y escritor Fernando Martínez Laínez, el historiador Nacho Ares y el editor del Grupo Edaf, Sebastián Vázquez. El jurado eligió por unanimidad la nueva obra de Vidal como ganadora de entre cinco candidatas.

‘EL CASO LUTERO’
Se trata de un ensayo histórico que cubre el período de finales de la Edad Media, con la cautividad babilónica de Avignón y la crisis espiritual de la iglesia hasta que la Reforma se convierte en un hecho irreversible. “Quise escribir este libro en primer lugar por el gran desconocimiento que hay en la sociedad española tanto de Lutero como de la Reforma protestante” –dice César Vidal.

“Muchos católicos de a pie tienen problemas para entender la Reforma porque utilizan las mismas palabras que usan los evangélicos pero con un contenido completamente distinto” –dice Vidal poniendo como ejemplo el sentido de términos como “iglesia”, “revelación”, etc. El libro pretende que conceptos de este tipo puedan entenderse mejor a la luz del proceso a Lutero y la exposición de las posturas que defendía.

‘POR QUÉ SOY CRISTIANO’
La segunda obra, en esta ocasión ya publicada y a la venta, es un testimonio personal y una defensa del cristianismo.

¿Por qué escribirla? En un momento en que el cristianismo, incluso en sus manifestaciones culturales, se ve sometido a un acoso injusto e inmerecido en los más diversos frentes, César Vidal ha decidido poner por escrito las razones que le llevan a ser cristiano.

El autor repasa la excepcionalidad de los Evangelios, la mesianidad de Jesús y el hecho de su resurrección, pero va mucho más allá. Analiza el cristianismo como sistema de pensamiento y descubre que es el único que da respuesta a las grandes preguntas que se plantea el hombre.

Este libro, según César Vidal, está pensado para ser accesible a todo el mundo, “para que la gente pueda entender que se puede ser cristiano y que eso no es un insulto a la inteligencia ni una muestra de estupidez”.

Vidal explica cuatro razones fundamentales por las que él es cristiano: 1. La veracidad de las Escrituras, la peculiaridad de los evangelios, la mesianidad de Jesús o la resurrección de Cristo; 2. “Porque la Biblia da respuesta a preguntas eternas. “Sólo el cristianismo nos da respuestas a las preguntas: ¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? Y ¿a dónde vamos?” –dice Vidal; 3. Porque el ser cristiano significa una nueva vida. “Después de la conversión hay una nueva vida”. 4. El cristianismo ha cambiado la historia universal.

MULTIMEDIA
Pueden escuchar aquí una entrevista de Daniel Pujol a César Vidal acerca de estos dos libros, en los que amplía y debate el contenido y circunstancias de los mismos.