Confirmado: Ida no es antepasado de los humanos

Confirmado: Ida no es antepasado de los humanos
3 marzo 2010 — No, la princesa Aída no era descendiente de Ida. Todo el bombo propagandístico con el que el año pasado los medios de comunicación presentaron a Ida (Darwinius masillae) como una distante antepasada de Aída y de los seres humanos en general ha quedado desacreditado.

«Muchas líneas de evidencia indican que Darwinius no tiene nada que ver con la evolución humana», decía Chris Kirk (Universidad de Texas) en un artículo aparecido en Science Daily.

Los investigadores, en la publicación de su análisis en la revista Journal of Human Evolution, acusaron a la campaña de ignorar décadas de investigación y un inmenso cuerpo de literatura acerca de la evolución de los estrepsirrinos, un grupo de primates que incluye los lémures y los lorinos.

El descubridor de Ida afirmó que tenía unas características que sugerían una conexión con los haplorrinos: «Sin embargo, Kirk, Williams y sus colegas observan que se sabe que los hocicos cortos y las profundas mandíbulas han evolucionado en múltiples ocasiones entre los primates, incluso varias veces dentro del linaje lémur/lorino», decía el artículo.

«Razonan además que Darwinius carece de la mayoría de las características anatómicas que podrían demostrar una estrecha relación evolutiva con los haplorrinos vivientes (simios, monos, humanos y tarseros)».


Interpretación artística de los restos de Ida (Darwinius masillae). Dibujo por Bogdan Bocianowski

La campaña publicitaria acerca de Ida incluyó un libro, un documental de History Channel y una exhibición en el Museo Americano de Historia Natural. El alcalde Michael Bloomberg desveló el espécimen en una rueda de prensa en la ciudad de Nueva York.

El autor principal de este nuevo artículo observa: «El mero hecho de que se trate de un fósil nuevo y bien conservado no significa que tenga que revolucionar todas nuestras ideas».

Está muy bien cuando aparecen unos científicos para criticar las pretensiones desmesuradas de otros científicos, Pero, ¿sirve para mucho cuando todo lo que se hace es presentar una falsedad para desplazar otra? Es cierto que Ida no tiene nada que ver con la evolución humana, pero también es cierto que no tiene nada que ver con la macroevolución. Un mamífero bien diseñado vivió y se extinguió. Existieron algunas variaciones entre clases coetáneas de primates. Esto es todo lo que un empirista estricto podría decir acerca de los datos.

El lector habrá observado la manipulación que el nuevo equipo tuvo que hacer, apelando a la convergencia evolutiva. Dicen que «se sabe» que ciertos rasgos «han evolucionado en múltiples ocasiones entre los primates, incluso varias veces dentro del linaje lémur/lorino». ¿Se sabe? ¿Lo dirían bajo juramento de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? La verdad no conseguirá un libro en una editorial de best sellers, ni un documental en History Channel, pero tiene una gran ventaja sobre la alternativa: es verdad.

Fuente: Creation·Evolution Headlines – Ida Not a Human Ancestor 3/03/2010 Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris – http://www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – http://www.sedin.org

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El falso marketing del eslabón perdido

El falso marketing del eslabón perdido

Viernes 05 de Junio del 2009
Ciencia y Tecnología
Estados Unidos

NUEVA YORK, Estados Unidos (AFP / ACPress.net) No faltaron las grandes palabras. Lo habían denominado “La octava maravilla del mundo”, “La piedra Rosetta de la evolución de las especies”, “Revolucionará nuestra comprensión de la evolución humana”, “Darwin se habría emocionado de haber visto el fósil, porque expresa lo que el ser humano es y de dónde procede”, “Su impacto en el mundo de la paleontología será algo así como un asteroide caído en la Tierra”.

Frases como estas, acompañaron hace tres semanas la presentación en sociedad de un pequeño fósil de 47 millones de años de antigüedad al que se llegó a definir como el verdadero eslabón perdido de la evolución humana, el ancestro más primitivo de humanos y primates.

El protagonista, una especie de primate semejante a un lémur, aunque probablemente perteneciente al grupo extinto de los adapoides, parecía destinado a entrar directamente en los libros de historia. E Ida, como se bautizó al fósil, lo hacía con todos los honores amparada por una estrategia de marketing y publicidad más propia del lanzamiento de una estrella de rock que de la presentación de un descubrimiento científico: su publicación en la revista científica ‘PlosOne’ coincidió con la aparición de un documental en DVD presentado por el director Richard Attenborough, un libro y un sitio web en un acto multitudinario en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York apadrinado, por el ‘Canal de Historia’.

Ida inauguraba también un nuevo género, el ‘Darwinius masillae’. Pero el glamour inicial del fósil y sus supuestas implicaciones se han desvanecido con la misma rapidez con la que aumenta el resquemor entre la comunidad científica. El hallazgo, alegan, es interesante, pero está muy alejado de las expectativas que se han ofrecido en la campaña de marketing y publicidad.


El Dr. Jorn Hurum presenta en conferencia de prensa en
la Universidad de Nueva York, al nuevo fósil llamado “Ida”.

Sin embargo, para Jorn Hurum, uno de los científicos que lideran el proyecto, valió la pena. “Cualquier banda de pop haría lo mismo”, dijo después. “Tenemos que comenzar a pensar de la misma forma en ciencia”.

INDIGNACIÓN ENTRE LOS CIENTÍFICOS

Poco después de darse a conocer todo lo que rodeaba a Ida, muchos expertos reaccionaban muy negativamente en diferentes comunidades científicas, consideraban que la presentación había sido una “farandulización”.

“El fósil no tiene ninguna implicación sobre el origen del hombre ni aporta nada nuevo, ni es ancestro de nada, ni va a cambiar absolutamente nada de lo que ya se sabe. No tiene ninguna relación con la línea humana”, advierte Salvador Moyá-Solá, director del Instituto Catalán de Paleontología y uno de los mayores expertos europeos en el tema, quien también precisa que existen fósiles de prosimios incluso más antiguos.

“La comunidad científica está molesta -añade- porque se ha intentado vender el producto de una manera muy ligera”. Se ha hecho “un uso indebido de la publicidad y el márketing para vender un producto que no responde a las expectativas que se han ofrecido, y eso hace mucho daño a los científicos, porque perdemos credibilidad. Imagínese ahora el caso que nos van a hacer cuando tengamos algo importante que anunciar”.


Fósil del primate “Ida”.
NO ES PARA TANTO

Situado en su justa medida, el hallazgo tiene un valor científico notable porque presenta a un fósil que se dice que tendría 47 millones de años en un estado de conservación excepcional, lo que ha permitido conocer detalles de su biología y su modo de vida.

Pero poco más, porque ni siquiera el equipo internacional de paleontólogos que publica el artículo en ‘PlosOne’ hace mención a que la criatura sea un ancestro directo de los humanos, lo que sí se hizo en la presentación posterior.

Henry Gree, uno de los editores de la revista científica ‘Science’, tampoco cree que el mundo se encuentre ante el eslabón perdido. “Es muy bueno tener un nuevo hallazgo y debe ser muy bien estudiado, pero probablemente no se encuentre al mismo nivel de importancia que otros recientes, como el hobbit o los dinosaurios con plumas”, explicó a la BBC.

José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca, señala que si el fósil fuese verdaderamente extraordinario lo más probable es que su estudio hubiese sido publicado en las revistas científicas de mayor impacto, como ‘Science’ o ‘Nature’.

http://ceirberea.blogdiario.com/i2009-06/

¿Era Ida el eslabón perdido?

¿Era Ida el eslabón perdido?
Redacción
BBC Mundo

El hallazgo de Ida fue uno de los descubrimientos más publicitados.

Fue el evento más promocionado del año en el mundo de la ciencia. Pero parece que el fósil Ida no era el “eslabón perdido”, tal como se aseguró en su momento, de acuerdo a un análisis de la revista Nature.

El fósil fue dado a conocer en mayo como el “eslabón perdido” entre los primates haplorrinos -monos, simios y humanos- y sus parientes más lejanos.

La investigación publicada en Nature es la primera realizada de forma independiente luego de las afirmaciones realizadas en un artículo científico y en un documental de televisión.

El doctor Erik Seiffert aseguró que Ida pertenecía a un grupo más estrechamente vinculado a los lémures que a los monos, simios o nosotros los humanos.

Por su parte, el equipo que realizó la investigación sobre Ida destacó que este nuevo estudio era el “comienzo de una discusión científica”.

Meses atrás Ida fue presentada como “lo más cercano que tenemos a un ancestro directo” y la consigna de la campaña publicitaria en televisión decía “esto cambia todo”.

¿Cambia o no cambia?

Las conclusiones del equipo de Seiffert provienen de un análisis de otro fósil de los primates, que según los investigadores dicen que está estrechamente relacionado con Ida.

El animal -conocido como Afradapis longicristatus- vivió hace unos 37 millones de años en el norte de Egipto, durante la época del Eoceno.

La sugerencia de que Ida (estaba) específicamente relacionada con los primates superiores, es decir, los simios y humanos, era en realidad un punto de vista minoritario desde el principio. Así que fue una sorpresa para muchos de nosotros que estudiamops la paleontología de los primates
Dr. Erik Seiffert, Universidad Stony Brook de Nueva York
Ida, por su parte, vivió hace alrededor de 47 millones y su nombre científico es Darwinius masillae.

Para el doctor Seiffert y sus colegas, tanto Afradapis como Darwinius estaban en un grupo hermano de los llamados “primates superiores”, que incluye a los seres humanos.

Este extinto grupo hermano, aseguran, estaba más relacionado con los lémures.

”La sugerencia de que Ida (estaba) específicamente relacionada con los primates superiores, es decir, los simios y humanos, era en realidad un punto de vista minoritario desde el principio. Así que fue una sorpresa para muchos de nosotros que estudiamos la paleontología de los primates”, dijo Seiffert, de la Universidad Stony Brook de Nueva York, Estados Unidos.

“Ida, que es miembro de este género llamado Darwinius, está en un grupo fósil llamado adapiforme que se ha considerado tradicionalmente como más estrechamente relacionados con los lémures, que viven hoy en Madagascar, África y Asia”.

Seiffert explicó que su equipo ha analizado “un amplio conjunto de datos basado en las observaciones que hemos hecho en casi 120 primates con vida y extinguidos y lo que encontramos (es que) Darwinius y este nuevo género que hemos descrito no son parte de nuestros ancestros”.

“Este estudio eliminaría efectivamente a Ida de nuestros ancestros”, agregó.

La defensa

En tanto, doctor Jorn Hurum, del Museo de Historia Natural en Oslo, Noruega, uno de los autores de la investigación sobre Ida aseguró: “Es un estudio muy interesante, y, al final, esto es el comienzo de una discusión científica”.

Pero admitió, según informó Palab Ghosh, analista en temas científicos de la BBC, que en algunas de las piezas publicitarias realizadas con ocasión de la presentación del documental se exageraron los hallazgos científicos.

Hurum aseguró que lo que se dijo en su investigación fue que el grupo de Ida, en el que está incluido el nuevo espécimen descrito en Nature, “tiene varias características que se encuentran en los simios y monos”.

NOTAS RELACIONADAS

fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/10/091022_fosil_ida_jp.shtml

Otro eslabón

lunes, 01 de junio de 2009

Otro eslabón

José Ángel Fernández, España

Su nombre científico es Darwinius masillae, aunque sus amigos le llaman Ida (pronunciado ‘Aida’), y su descubrimiento, en los campos de Alemania, no ha estado libre de todo tipo de controversia. Vaya por delante que no se trata de ‘el eslabón perdido’, ya que dicha frase lleva al error de creer que aún estamos buscando un solo eslabón capaz de explicarlo todo. Eslabones, como hemos aprendido ya hace muchos años, hay muchos y este es uno más.

Ida fue desenterrada en 1983 por coleccionistas privados que posteriormente vendieron el fósil. Finalmente acabó en un museo. El fósil, que ha sido datado en unos 47 millones de años, ha estado bajo estudio secreto algunos años antes de salir a la luz pública; aparentemente los investigadores, entre los que figuran Jorn Hurum, Philip Gingerich y Brian Richmond, querían tener algunas conclusiones claras antes de que la prensa comenzara a decir todo tipo de cosas. Durante su estudio se pudo comprobar que este fósil es tan completo que permite reconstruir incluso parte de su dieta (¡a partir de alimentos detectados en su estómago!) y del pelaje que le rodea.

El gran número de dientes encontrados en su cabeza hace creer que el espécimen era una joven que aún no había desarrollado todos los dientes adultos (probablemente murió antes de alcanzar un año de edad). Sus uñas y sus dedos pulgares enfrentados a los otros cuatro dedos de la mano hacen creer que viajaba saltando de árbol en árbol. Otras características, como por ejemplo la forma de la cadera, han llevado a la conclusión de que Ida “parece un fósil muy temprano de mono que pertenece al grupo que nos incluye a nosotros”, en palabras de Brian Richmond. Lo que nadie puede negar, aunque sólo sea por su completitud, es que este fósil es uno de los más importantes que han surgido en los últimos años.

Bueno, cuando digo nadie, no meto en el grupo a los creacionistas, claro. Como bien es sabido ellos pueden negar cualquier cosa ya que sus estatutos de fe les obligan a rechazar a priori que cualquier descubrimiento científico pueda servir como evidencia a favor de la evolución.

Esto no me lo invento yo; cualquiera puede leerlo en la página de ‘Answers In Genesis’, dedicada a la defensa de la interpretación literal de la Biblia (en particular del libro del Génesis) en contra de todo avance científico que pueda ser considerado como una amenaza a dicha interpretación. En los estatutos de fe que encontramos en esa página podemos leer:

“Por definición, ninguna evidencia aparente, percibida o aclamada de ningún campo del conocimiento humano, incluida la historia y la cronología, puede ser válida si contradice el registro de las Escrituras. Es de primera importancia reconocer el hecho de que toda evidencia es siempre susceptible de ser interpretada por gente falible que no posee toda la información”.

Hay un elemento que encuentro tremendamente irónico en este estatuto de fe: según se nos dice ahí, parece que tenemos que ser capaces de reconocer la falibilidad del proceso interpretativo que realiza el ser humano cuando lo aplicamos a todas las evidencias de todos los campos del conocimiento humano, a excepción de las Escrituras. Solo ellas, por lo visto, no son interpretables ni susceptibles de la falibilidad humana (si Lutero levantara la cabeza). Y esto es aún más sorprendente si leemos algunos de los estatutos situados justo por encima de este que acabo de mostrar:

“Las Escrituras nos enseñan que el origen del ser humano y de toda la creación es reciente”.

“Los días en Génesis no corresponden con etapas geológicas, sino que son seis periodos consecutivos de 24 horas de duración”.

Imagino que, dado que las Escrituras no son interpretadas por seres humanos falibles, estos estatutos han sido revelados directamente por Dios a estas personas, sin ningún intermediario, sin ninguna posibilidad de error. Imagino también que el resto de los cristianos que no opinan como estas personas, tanto aquellos que interpretan algunos relatos del libro del Génesis como figurativos como aquellos otros que se inclinan a creer que la ciencia ha mostrado, en sus muchos campos, que el universo es mucho más antiguo que unos pocos miles de años, están en un tremendo error por haberse separado de la revelación divina. En fin…

Volviendo a Ida, puede que al final no sea oro todo lo que reluce, que al final no sea tan cercana a nosotros como algunos dicen. O quizá sí lo sea. Puede que algunas de las evidencias hayan sido mal interpretadas (después de todo es cierto que somos seres humanos falibles). O puede que no. Lo que está claro es que la única forma de resolver los dilemas con los que esta pequeña nos presenta no es por medio de proclamaciones estatutarias y dogmáticas que definen de entrada lo que podemos o no podemos creer o preguntar, sino que algunos cristianos hemos optado por la alternativa del estudio serio e informado, así como del uso de todas las herramientas de las disponemos hoy para profundizar en nuestro pasado.

Algunos cristianos creemos que las Escrituras no establecen límites de lo que podemos o no podemos preguntar, como si algunas preguntas estuvieran fuera de la voluntad divina. Durante siglos se ha intentado establecer esta política del silencio dentro de la Iglesia (con las terribles consecuencias que el silencio ha provocado y que hoy sufrimos).
Pero ese tiempo ya ha terminado. Algunos cristianos creemos que el silencio forzado nunca fue la política de Cristo. La política del silencio proviene del miedo, miedo al qué dirán, miedo a lo que podemos encontrar, miedo a la verdad que habita detrás de la cortina, miedo a que alguien tambalee nuestros pilares, miedo a que nuestra fe no sea tan fuerte como creíamos, miedo a la muerte, miedo a la vida… Y como todos sabemos, el amor echa fuera el temor.

Fuente: http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1716&Itemid=1