Galileo y la Ciencia Moderna

Galileo y la Ciencia Moderna
Publicado por Malena el 13 de Abril de 2010

El nombre de Galileo (1564-1642), matemático, físico y astrónomo nacido en Pisa, Italia, está necesariamente vinculado al comienzo de la ciencia moderna.

Este notable hombre de ciencia, estudió medicina pero se interesó particularmente por las matemáticas y la astronomía.

En Astronomía admitió en un principio el sistema de Tolomeo, pero muy pronto puso su atención en la hipótesis de Copérnico.

Galileo comenzó siendo un matemático, llegando a ocupar la cátedra de matemáticas de la Universidad de Pisa, distinguiéndose por sus estudios matemáticos de mecánica, según los principios de Arquímedes (-287-212).

Sin embargo, influenciado por los estudios que realizaban sus colegas científicos, cambió su perfil dedicándose a realizar un escrito filosófico sobre el movimiento.

Galileo buscaba una respuesta que explicara el movimiento de la caída de los cuerpos, el funcionamiento de máquinas simples como la balanza y las fuerzas que actúan en el plano inclinado.

Su reflexión se centraba en la revisión de la física aristotélica, marcando un nuevo estilo científico, la experimentación, que sería la base de una nueva teoría del movimiento.

A principios del siglo XVII se enteró que un holandés había ideado un instrumento que mediante la refracción de la luz era capaz de agrandar y achicar los objetos.

Construyó él mismo un telescopio de refracción y comenzó sus observaciones de los cuerpos celestes.

Este telescopio originó una revolución en la filosofía y en la astronomía, porque al observar los movimientos de los planetas y sus satélites pudo confirmar las afirmaciones de Copérnico (1473-1543) que modificaban para siempre la concepción del mundo que tenía la Iglesia.

Sin embargo no sería su telescopio como medio para explorar el universo lo que le daría fama sino sus observaciones astronómicas, llegando a ser reconocido hasta en China, pero ganándose al mismo tiempo la oposición de la Iglesia que veía derrumbarse su concepción geocéntrica del universo.

El telescopio de Galileo, instrumento de gran calidad, confirmó la realidad del sistema heliocéntrico, propuesto por Nicolás Copérnico, sesenta años antes.

De allí en adelante todos sus esfuerzos se centrarían en probar el sistema de Copérnico mediante una mecánica que explicara los fenómenos terrestres y celestes, síntesis que logró realizar Newton en sus “Principia”.

El protagonismo de Galileo, junto a la serie de otros descubrimientos que se produjeron en esa época, permitió ingresar a la ciencia a la Edad Moderna.

Es cierto que a Galileo le tocó vivir en un momento histórico de cambios que transformaron a la ciencia, ya que desde la edad media ingenieros científicos y artistas se dedicaron a construir grandes obras, como catedrales, barcos y acueductos, dando lugar a la mecánica clásica para dominar las complejidades de todo el arsenal de herramientas que resultaban indispensables para realizar todas esas obras.

Este filósofo se convierte en ingeniero científico, preocupado principalmente en los problemas técnicos y prácticos, pero sin abandonar su intenso trabajo en la elaboración de una nueva teoría del movimiento.

Sin duda, Galileo se dio cuenta de la trascendencia de su trabajo, de modo que fue dejando en segundo lugar sus otras actividades para dedicarse de lleno a ella.

Desde el punto de vista filosófico, sus descubrimientos le daban el derecho de hacer una nueva interpretación de la creación desde su perspectiva, apoyada por sus observaciones, y de escribir en lenguaje matemático al margen de la Biblia, refutando la concepción del mundo según la filosofía aristotélica adoptada por la Iglesia.

Galileo fue condenado por la Inquisición por desafiar la autoridad de la Iglesia, a permanecer prisionero en su casa. Esta circunstancia lo llevó a dedicar todo su tiempo a su teoría del movimiento.

Galileo proponía una nueva forma de conocimiento por medio de la experiencia, tenía un interés científico y no la intención de hacer interpretaciones teológicas.

Fuentes: Enciclopedia Salvat, Tomo VI, Ed.Salvat, Barcelona, 1978.
Revista Scientific American, Edición española, julio 2009

http://filosofia.laguia2000.com/ciencia-y-filosofia/galileo-y-la-ciencia-moderna

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Galileo acertó en que la Tierra gira en torno al Sol. ¿Intución o genialidad?

Galileo Galilei tenía razón: la Tierra se mueve alrededor del Sol, tal y como lo afirmó Nicolás Copernico en 1543. Pero Galileo si Galileo hubiera seguido con rigor los resultados de sus observaciones para llegar a una conclusión lógica, parece que debería haber respaldado otro sistema. La visión de Tycho de que la Tierra no se movía, y que todo lo demás giraba alrededor de ella y el Sol, fue desarrollada por el astrónomo danés Tycho Brahe en el siglo XVI.
Esta es la conclusión de que Cristóbal Graney, físico de Jefferson Community and Technical College en Louisville, Kentucky, llegó después de la lectura de los manuscritos de otro astrónomo que estaba en activo a finales del XVI y principios del siglo XVII, al mismo tiempo que Galileo.

En la imagen Simón Marius. Sus argumentos para afirmar que el Sol giraba en torno a la Tierra eran más consistentes que los de Galileo. Sin embargo Galileo tenía razón respaldando el modelo copernicano

Graney sugirió en 2008 que las observaciones de Galileo de las estrellas eran en realidad los patrones de difracción llamados discos de Airy. Estos patrones son círculos concéntricos, que surgen cuando la luz procedente de una fuente puntual, como una estrella, pasa a través de un agujero. La difracción no había sido descubierta en la época de Galileo, por lo que no tenía conocimiento del fenómeno y creía lo que sus ojos o su telescopio, le indicaban en las observaciones, de manera que utilizó sus ojos para estimar el tamaño y la distancia de las estrellas. El resultado fue sus estimaciones de las distancias a las estrellas eran demasiado cortas en un factor de miles.

Después de que Graney se dio cuenta de que los discos de Airy habían engañado a Galileo, se decidió buscar contemporáneos de Galileo, que pudieran haber visto cosas similares en sus instrumentos. “Tenía que haber alguien que tuviera un buen telescopio aparte de Galileo,” explica Graney.

Ese alguien era el astrónomo alemán Simon Marius, el más famoso por nombrar las lunas de Júpiter (Io, Europa, Ganimedes y Calisto) y que afirmaba haberlas detectado apenas unos días antes de Galileo.

Como Galileo, Marius confundió los discos de Airy con los discos reales de las estrellas, explica Graney en un artículo que será pronto publicado en la revista Física.

Considerando que Galileo se apegó a su visión del sistema de Copérnico, el análisis de los datos estelares de Marius le llevó a conclusiones muy diferentes, explica Graney, que realizó este descubrimiento despueés de leer una traducción al alemán del libro de Marius Mundus Iovialis (El Mundo Júpiter), publicado en 1614.

Esquema del sistema de Tycho Brahe la Tierra (E) aparece en el centro. Alrededor del Sol (S) giran los dos planetas interiores: Venus y Mercurio. Los demás planetas giran alrededor de la Tierra, así como las estrellas

Según Graney, Marius llegó a la conclusión de que sus observaciones mostraron que las estrellas estaban demasiado cerca de la Tierra para satisfacer la visión del mundo de Copérnico, que aseguraba que las estrellas se encontraban a una gran distancia de la Tierra, por lo que aparecerían como puntos estelares para cualquier observador. La visión copernicana fue compartida por otros: las estrellas se verían como puntos para cualquier observador, como si la lente del telescopio fuera oscurecida por humo, escribió el astrónomo neerlandés Christiaan Huygens en su libro Systema saturnium, publicado en 1659, 17 años después de la muerte de Galileo.

En cambio, Marius afirmó que la observación de las estrellas como discos confirmaba el sistema de Tycho, que ponía a la Tierra, inmóvil, en el centro del sistema con el Sol y la Luna orbitando en torno a ella. Los planetas Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, todos los conocidos entonces, se encuentraban más allá de estos planetas en una esfera fija.

“El razonamiento de Marius fue más riguroso que el de Galileo”, afirma Graney. “De hecho, los propios datos de Galileo, llevarían a la misma conclusión, si los hubiera seguido con rigor.” Entonces ¿por qué Galileo se adhirió al punto de vista de Copérnico?

“Galileo se comprometió firmemente con el copernicanismo. El que no optara por incluir argumentos en contra no es tan sorprendente, aunque según los estándares científicos modernos, probablemente debería haberlo hecho”, afirmó Rienk Vermij, un historiador de la ciencia de la Universidad de Oklahoma en Norman. Añadió Vermij que las distintas visiones del mundo fueron objeto de acalorados debates durante muchos años, y que este argumento sobre el tamaño y la distribución de las estrellas era sólo uno entre muchos. “Es evidente que este argumento no debía ser tan decisivo, no más que otros argumentos,” agrega Vermij.

Graney no puede decir por qué la visión de Galileo resultó ser la correcta, a pesar de las observaciones. “Galileo fue un hombre muy inteligente. Me pregunto si no había trabajado más de esto en su cabeza que nunca llegó a poner sobre papel”.

Pero en un mundo en el que, de acuerdo con Vermij, el sistema de Tycho era considerado como un serio rival del sistema de Copérnico, las conclusiones de Marius parecen razonables. “Hay que conceder el mérito a Simon Marius por analizar los datos hasta llegar a su conclusión lógica”, dice Graney.

Fuente original Scientific American
Publicado en Odisea cósmica

Galileo introduce una nueva era en las relaciones ciencia y religión

Galileo introduce una nueva era en las relaciones ciencia y religión

En 1610 publica un opúsculo revolucionario que derrumba la vieja cosmología

En 1609 Galileo da el primer asalto a la Física aristotélica que nadie ponía en duda desde hacía más de veinte siglos. Observa con su rudimentario telescopio (el “perspicillum”) las imperfecciones de la Luna, el Sol y los planetas. Galileo, no solamente estaba poniendo los cimientos de un nuevo método de investigación, la observación directa de los fenómenos, sino que se estaba estableciendo un nuevo paradigma. Un año más tarde, en 1610 (hace 400 años) Galileo observa que la luna no es una esfera perfecta: tiene cráteres y montañas que hacen sombra sobre la superficie. Observa las manchas solares, las cuatro lunas de Júpiter que dan vueltas alrededor del planeta. Para Galileo, el modelo geométrico de Copérnico “para salvar las apariencias” es, además, un modelo físico, real. La Tierra comenzaba a dejar de ser el centro del Universo. Galileo publica ese mismo año 1610 el Sidereus Nuncius. Pero necesitaba el reconocimiento y el apoyo del Colegio Romano de los jesuitas, la gran institución abierta en el campo de las ciencias. El Colegio Romano enseguida tuvo su propio catalejo y el jesuita Christophorus Clavius pudo observar por sí mismo las lunas de Júpiter. Escribió a Galileo y le felicitó. Galileo respondió en términos muy cordiales dándole las noticias de sus últimos descubrimientos sobre las lunas de Júpiter. Galileo cuenta cómo los jesuitas habían introducido las lunas de Júpiter en sus sermones. Se abría una nueva era en las relaciones de la ciencia y la religión. Por Leandro Sequeiros.

Galileo Galilei visto por Justus Sustermans painted en 1636. Wikipedia.
En un documentado artículo del profesor Ignacio Núñez de Castro, “De la amistad y desencuentro de Galileo con los Jesuitas” (publicado en “Archivo Teológico Granadino”, Facultad de Teología de Granada, vol. 68, 2005, pp. 79-109) ha expuesto la síntesis de sus investigaciones sobre las volubles relaciones de Galileo Galilei (1564-1642) y los jesuitas de su tiempo.

Aunque cronológicamente el Colegio Romano no fue el primer Colegio fundado por Ignacio de Loyola de los 46 colegios que fundó en los últimos años de su vida. Le antecedieron los colegios de Padua, Bolonia, Mesina, Palermo y Tívoli en Italia, Valencia, Gandía, Valladolid, Alcalá, Barcelona, Salamanca y Burgos en España, Coimbra en Portugal, París en Francia, Lovaina en Bélgica y Colonia en Alemania. El Colegio Romano, fundado en 1551, fue el punto de referencia de la red de Colegios fundados por la Compañía de Jesús en la Europa del siglo XVI.

El Colegio Romano, como todos los que llevan la impronta de Ignacio fue concebido al “modus Parisiensis”, que Ignacio gustaba tanto de alabar. El método consistía en una buena fundamentación en las letras humanas, y Filosofía (Curso de Artes que incluía un amplio curriculum de Filosofía Natural, lo que hoy llamamos Ciencias) y cuando los escolares estén “bien fundados y deseosos de la teología, entonces podrán comenzar el curso de la misma”

Ignacio comprendió que un Colegio de excelentes y bien adiestrados profesores y donde se impartieran todas las disciplinas era necesario en la Roma renacentista, donde los jóvenes asistían a las escuelas de las barriadas donde enseñaban los maestri regionari stipendiati dal Senato que lucharon abiertamente contra la enseñanza de los jesuitas. En Febrero de 1551 se puso el cartel en una casa de modesta apariencia en el que estaba escrito Schola de Grammatica, d’Humanità e dottrina christiana, gratis.

Diez meses después, eran 250 los escolares. Gracias a la generosa subvención económica del Duque de Gandía se pudieron pagar alquileres y mantener a los escolares y maestros. En 1553 escribe Ignacio a Carlos, hijo del Duque de Gandía, San Francisco de Borja, y a Diego Hurtado de Mendoza diciéndoles que el número de Profesores ya asciende a sesenta y se han comenzado todas las facultades y ciencias superiores, “para lo cual hemos traído muchos y buenos maestros”. Es interesante observar que el comienzo del curso de 1553 la lección inaugural estuvo a cargo del español P. Benito Perera, con un discurso en loor de las ciencias, le acompañó el Doctor por París Martín de Olabe.

La Cátedra “de controversiis” regentada por Belarmino

En 1555 se instituyó la Cátedra “De controversias”, que fue regentada por el Dr. Roberto Belarmino, personaje central en el primer proceso de Galileo, como tendremos ocasión de ver. La cátedra De controversiis fue fundada para que los jóvenes adquirieran una buena formación científica y espiritual en los enfrentamientos con la reforma protestante.

El Papa Gregorio XIII le dio el nombre de “Colegio universal de todas las naciones”. En el año de 1556 se expidieron los primeros grados académicos y en el mismo año de 1556 se fundó la tipografía. A modo de curiosidad es interesante recordar que la primera tipografía con caracteres arábicos fue la del Colegio Romano y en 1557 se imprimieron libros en hebreo. En este ambiente florecieron las letras y las ciencias.

El “cursus philosophicus” disponía, por tradición, de enseñanzas de matemáticas particularmente prestigiosas y selectivas. Sin duda ninguna, la figura clave, y valga en este caso la aliteración, fue la del P. Christophorus Clavius, que regentó por 14 años la cátedra de matemáticas. Clavius había nacido en Alemania en 1537/1538 y educado en Bamberg; él se llamaba a sí mismo bambergensis. Sus tratados sobre Euclides (“Euclidis elementorun libri XV”) le valieron el sobrenombre de Euclides del siglo XVI.

A Clavius se debe la reforma del “Calendario gregoriano”, en su día criticada por Scaliger. El tiempo dio la razón a Clavius y todavía el calendario gregoriano está vigente entre nosotros. “La calidad de la enseñanza científica dada en el Colegio Romano no era, -dice Pietro Redondi, – una invención de la propaganda apologética. La enseñanza del P. Clavius había creado una tradición matemática importante”.

El Colegio Romano fue, sin duda, la primera comunidad científica internacional (dado el carácter de la orden). En los primeros años del siglo XVII había en Roma una generación de matemáticos jesuitas, que eran alumnos directos o indirectos del P. Clavius. Muchos de ellos marcharon a la misión de China, como el italiano P. Matteo Ricci.

En el Colegio Romano había sesiones públicas donde se discutían las tesis de los estudiantes de los últimos cursos.

Galileo en el Colegio Romano

Otras manifestaciones eran las conferencias públicas y los cursos sobre temas de actualidad que presentaban los profesores. En este ambiente no es de extrañar que Galileo, desde muy joven buscara la amistad de los jesuitas del Colegio Romano. Nos consta de su primer viaje a Roma en 1587, a la edad de 23 años, cuando aún no era famoso, pero con el ímpetu de buscar la excelencia. Allí visitó al P. Clavius de donde se derivó una gran amistad y veneración por parte de Galileo, no interrumpida hasta la muerte de Clavius en 1612.

A comienzos de 1588, Clavius prometió a Galileo enviarle un ejemplar de su nuevo libro acerca de la reforma del calendario, en cuanto se publicara”. Para ese tiempo es de suponer que Galileo daba por admitida la verdad del sistema geocéntrico, puesto que en la correspondencia de esa época entre Galileo y Clavius no hay nada que indique una discusión sobre el copernicanismo.

Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia
El asalto de Galileo a la Física aristotélica: el Sidereus Nuncius

En 1609 Galileo da el primer asalto a la Física aristotélica, paradigma establecido, y que nadie ponía en duda desde hacía más de veinte siglos. Observa con el “perspicillum” la Luna, el Sol y los planetas. En el año 1610 Galileo observa las cuatro lunas de Júpiter, había descubierto un universo dentro del universo establecido.

Galileo publica entonces un opúsculo, el Sidereus Nuncius (se podría traducir como “la Gaceta Sideral”). En este escrito, acompañado de dibujos de sus observaciones, muestra que la Luna no es una esfera lisa sino que las “manchas” obedecen a cordilleras, cráteres y sombras.

Por tanto, la luna no es perfecta y la tesis aristotélica de la perfección de la esfera supralunar queda descartada. Pero hay más: la observación de las manchas solares, y la sombra de las lunas de Júpiter sobre la superficie del planeta, muestra la imperfección y por ellos corruptibilidad de los cielos. Si eso es así, las leyes naturales que rigen el movimiento de los objetos en la Tierra son aplicables del mismo modo al resto del cielo. Por tanto, no existe una esfera sublunar (mundo de la corrupción) y unas esferas supralunares (el reino de la perfección, construidas de quintaesencia). El universo es todo material y corruptible.

Pero las escandalosas tesis del Sidereus Nuncius necesitaban el reconocimiento y el apoyo del Colegio Romano, máximo cenáculo de sabios. El Colegio Romano enseguida tuvo su propio catalejo y Clavius pudo observar por sí mismo las lunas de Júpiter. Escribió a Galileo y le felicitó. Galileo respondió en términos muy cordiales dándole las noticias de sus últimos descubrimientos sobre las lunas de Júpiter.

A comienzos del año 1611 Galileo decide marchar a Roma. Es el segundo viaje de Galileo a la Ciudad Eterna de 29 de Marzo a 4 de Julio. Pretendía el apoyo de los matemáticos del Colegio Romano y que la curia le fuera el primer valedor en su lucha contra los peripatéticos. El jueves 29 de Marzo encaminó sus pasos al Colegio Romano. El 1 de Abril Galileo escribe a su amigo Belisario Vinta:

“He tenido una larga discusión con el P. Clavius y con otros dos de los más inteligentes de la misma orden. Encontré a los alumnos de estos hombres ocupados en leer, no sin mucha risa, las últimas elucubraciones que el señor Francisco Sizzi ha escrito y publicado contra mí. (…) Los padres se convencieron finalmente que los planetas son realidades, han pasado las dos últimas semanas observándolos y sus observaciones aún perduran. Hemos comparado notas y hemos encontrado que nuestras experiencias concuerdan en todos los aspectos”.

Galileo es recibido por el Papa Paulo V

Galileo fue recibido con todos los honores por el Papa Paulo V. El mecenas Federico de Cesi, Duque de Acquasparta le agasajó. Era el Duque de Acquasparta el fundador de la Accademia Nazionale dei Lincei “La Academia de los Linces”, especie de cenáculo cultural del que Galileo fue el sexto socio de número, nombrado el 25 de Abril de 1611.

El Cardenal Farnesio, uno de los grandes protectores de la Compañía de Jesús le festejó también. En este ambiente cultural de la gran Roma de la Contrarreforma le faltaba a Galileo el reconocimiento definitivo del Colegio Romano.

El Acto académico de acogida no tardó en llegar hacia mediados de Mayo de 1611. Cardenales, príncipes, científicos, hombres de letras y profesores fueron invitados al Colegio Romano. La “laudatio” estuvo a cargo del flamenco P. Odo van Maelcote, conocido por Malcotius, (existía entonces la costumbre de latinizar los nombres germánicos). El título de la laudatio fue “Nuncius Sidereus Collegii Romani”. El P. Malcotius hizo un encendido y entusiasta elogio de los nuevos descubrimientos astronómicos. Al comienzo de su discurso Malcotius le llamó a Galileo: “inter astronomos nostri temporis et celeberrimos et foelicissimos merito numerandus”.

En el extenso y erudito estudio de Fantoli sobre Galileo, éste autor se pregunta cómo es que Galileo no hace mención en sus cartas del momento cumbre del Acto Académico del Colegio Romano. Fantoli se responde que es muy posible que Galileo esperara un entusiasmo aún mayor de los discípulos de Clavius y probablemente no le gustaran algunos matices del discurso de Malcotius. A pesar de ello, por la impresión de los contemporáneos y asistentes al Acto Académico y por sus testimonios podemos inferir la importancia del acto.

Entre los asistentes se encontraba un joven jesuita belga, el P. Gregorio de San Vicente, nombre célebre en la historia de las matemáticas por su estudio sobre las secciones cónicas.

Cincuenta años después en una carta al famoso Christian Huygen escribía Gregorio de San Vicente: “Tan pronto como llegó Galileo, nosotros (se refiere a los discípulos de Clavius) describimos y expusimos los nuevos fenómenos celestes, en presencia de toda la Universidad. Y probamos claramente que Venus se mueve alrededor del Sol, pero no sin el murmullo quejumbroso de los filósofos (non absque murmere Philosophorum)”.

Otro de los presentes comentó: Galileo con esta pública demostración se volverá a Florencia muy consolado y se puede decir coronado por el consentimiento universal de esta Universidad. En una carta del Cardenal del Monte leemos: “si estuviéramos todavía en tiempos de la antigua Roma se le había elegido una estatua en el capitolio como reconocimiento de sus méritos”.

Los ecos del Sidereus Nuncius

Por otra parte, es curioso observar cómo algunos de los biógrafos de Galileo no le dan la importancia que creemos que tuvo al Acto del Colegio Romano. Johanes Hemleben dice de pasada. “Los jesuitas celebraron una asamblea en su honor. Uno de los firmantes del dictamen, el jesuita Odo Malcotius se detuvo en alabanzas a Galileo, declarándolo “el más famoso y afortunado de los astrónomos contemporáneos”.

Asimismo, es curioso observar que Pietro Redondi en su estudio “Galileo herético” no haga alusión al P. Malcotius, a pesar de que conoce bien las controversias con los Padres Scheiner y Grassi.

Otro de los discípulos de Clavius que tuvo amistad con Galileo cuando ambos residían en Padua en 1595 fue el P. Giuseppe Biancani, quien contribuyó “a desvincular la cultura científica jesuita de la Física de Aristóteles, aunque condicionado por las posturas tradicionales y por la necesidad de atenerse a los puntos doctrinales mantenidos entonces por la Compañía de Jesús en general”. Biancani admiró la labor de Galileo, pero no estuvo de acuerdo con él en la disputa sobre en la primacía de las manchas solares, que después veremos. Aunque no entró en la polémica pública contra Galileo se enfrió su amistad.

Galileo y Roberto Belarmino

Además del P. Clavius, sin duda ninguna, el jesuita que más influyó en la vida de Galileo fue el anciano Cardenal Roberto Belarmino (1542-1621). ¿Quién fue este Cardenal, tratado por los historiadores desde santo a inquisidor? Belarmino era toscano, oriundo de Montepulciano, su madre era hermana del papa Marcelo II, en 1560 a los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús. Fue profesor en Lovaina y Roma. Hombre estudioso y religioso ejemplar. Desde sus años de profesor en Lovaina tenía una buena formación en matemáticas y física; había sido condiscípulo de Clavius en el Colegio Romano.

Durante la estancia de Galileo en Roma en la primavera de 1611 Belarmino consultó a Clavius y a los padres del Colegio Romano sobre los nuevos descubrimientos:

“Sé que vuestras reverencias han oído hablar de los descubrimientos que un eminente astrónomo ha hecho mediante un instrumento llamado “cannone” o catalejos. Yo mismo por medio del instrumento he visto muchas cosas maravillosas en la Luna y Venus, y estaría muy agradecido si me favorecen con sus honestas opiniones sobre los siguientes puntos:

1º. – Si Uds. confirman que hay multitud de estrella fijas invisibles al ojo desnudo y especialmente en la Vía Láctea y si las nebulosas deben ser consideradas como conjunto de estrellas muy pequeñas.

2º. – Si es verdad que Saturno no es una estrella sola, sino que son tres estrellas unidas conjuntamente.

3º. – Si es verdad que Venus cambia su aspecto aumentando y disminuyendo como la Luna.

4º. – Si verdaderamente la Luna tiene una superficie arrugada e irregular.

5º. – Si es verdad que cuatro estrellas móviles giran alrededor de Júpiter, cada una con movimiento diferente al de las otras, siendo todos los movimientos sumamente rápidos.

Estoy ansioso por tener alguna información definitiva sobre estos puntos, porque he oído opiniones conflictivas con respecto a ellos. Puesto que vuestras reverencias son peritos en matemáticas, serán fácilmente capaces de decirme si estos descubrimientos están bien fundados, o si ellos no son más que una ilusión. Si quieren pueden escribir su respuesta en esta misma hoja.

Hermano de vuestras reverencias en Cristo. (Roberto Cardenal Belarmino.)”

Los profesores del Colegio Romano se reunieron, y después de un detallado estudio respondieron a Belarmino una carta larga que en esencia resumimos:

1º. – Es cierto que existen estrellas en Cáncer y Pléiade. No es tan cierto que la Vía Láctea esté compuesta de estrellas pequeñas. No se puede, sin embargo, negar esta afirmación. Por lo que se ve en las nebulosas se puede conjeturar que son estrellas pequeñas.

2º. – Hemos observado que Saturno no es esférico, sino oval u oblongo. No hemos visto esas dos estrellas a cada lado del centro.

3º. – Son ciertas las fases de Venus.

4º. – Con respecto a la Luna, no se pueden negar las grandes irregularidades de su superficie. El P. Clavius piensa que la masa de la Luna no tiene una densidad uniforme.

5º. – En cuanto a las estrellas de Júpiter, estas se mueven con movimientos rápidos.

La carta la firman los padres del Colegio Romano Cristóbal Clavius, Cristóbal Grienberger, Odo Malcotius y Juan Pablo Lembo.

Consulta y respuesta evacuada muy pocos días antes del Acto Académico del Colegio Romano, al que nos hemos referido anteriormente. Esta respuesta nos indica que los profesores del Colegio conocían muy bien y por experiencia propia todos los descubrimientos de Galileo hasta la fecha, pero ya se deja entrever que el cambio del paradigma aristotélico, en cuanto a la materia celeste, era un punto mucho más conflictivo que las meras observaciones, para aquellos hombres cimentados en el aristotelismo.

Belarmino, que tenía una tradición familiar científica y astronómica, estaba convencido del sistema de Tolomeo, conocía muy bien el sistema de Tycho Brahe (1546-1601), y lo creía más de acuerdo con las verdades de la fe. Como la gran mayoría de los hombres de su tiempo el aristotelismo en Filosofía natural era el paradigma aceptado sin ningún tipo de contestación. Por lo que parece la respuesta de los padres del Colegio Romano dejó satisfecho a Belarmino.

Galileo y el problema de la flotación

Al año siguiente, 1612, Galileo escribe un tratado sobre la flotación de los cuerpos, “Discorso intorno alle cose che stanno in sull’acqua o che in quella si muovono”. Una vez más Galileo atacó a los peripatéticos, puesto que, según Aristóteles, la flotación se debía a la forma de los cuerpos.

Galileo en disputa con un profesor de la Universidad de Pisa defendía que era la densidad relativa con respecto al agua la que hacía a los cuerpos flotar. Es interesante observar, que en este momento los adversarios de Galileo llamados los “Colombi” de Loudovico delle Colombe, están ya agrupados, y como tales tomarán parte en las discusiones siguientes. Sin embargo la amistad con Belarmino no se había resquebrajado en lo más mínimo, permanecía inalterada, sincera, fundamentada en una mutua estima. Galileo le envió una copia del tratado sobre la flotación a Belarmino y éste le respondió en carta de 23 de Junio de 1612.

“He recibido su carta y el tratado que le adjunta sobre los cuerpos que se mueven o permanecen flotando cuando son colocados sobre el agua. Lo leeré con gusto; seguro que es un trabajo digno de tan eminente autor. Agradeciéndole su más cordial cortesía en enviármelo, quisiera asegurarle que el afecto que Vd. me ha mostrado es completamente recíproco por mi parte, y Vd. verá que esto es así, si alguna vez tengo la oportunidad de prestarle un servicio, con mis más amables respetos y una plegaria para que Dios quiera favorecerle, bendiciéndole siempre. Cardenal Belarmino”.

No sospechaba Belarmino que años antes de su muerte le prestaría un gran servicio a Galileo en el primer proceso de 1616.

Galileo, lugar de encuentro entre ciencia y religión

La figura de Galileo siempre será un lugar de encuentro, de diálogo, de reflexión y de aprendizaje de la historia, verdadera “magistra vitae”. Cuando los tumultos empezaron a ser amenazantes para Galileo, éste escribió un precioso ensayo en 1615, destinado a Cristina de Lorena, en el que defiende la compatibilidad entre los resultados de las ciencias y los datos de la Sagrada Escritura. “Las ciencias –escribe- nos dicen cómo es el cielo; la religión nos dice cómo se va al cielo”.

El Papa Juan Pablo II, en su Pontificado, ha mostrado su preocupación por las dificultades que a lo largo de la historia ha tenido el diálogo Ciencia-fe. Señalaba el Papa en su discurso en la Catedral de Colonia el día 15 de Noviembre de 1980 a San Alberto Magno, cuyo séptimo centenario de su muerte se conmemoraba, como ejemplo a seguir. “Muchos ven el núcleo de estas preguntas en la relación existente entre la Iglesia y la moderna ciencia de la naturaleza, sintiéndose todavía un tanto molestos por los conocidos conflictos que surgieron al inmiscuirse la autoridad eclesiástica en el proceso de los adelantos del saber científico”.

Sin duda ninguna, la condena de Galileo es el paradigma de todos estos conflictos y aunque no se nombre expresamente, estaba en la mente de Juan Pablo II, cuando dice: “La iglesia lo recuerda y lo lamenta. Hoy reconocemos el error y los defectos de aquel proceder”.

Leandro Sequeiros, Catedrático de Paleontología y miembro de la Cátedra CTR, Facultad de Teología, Granada.

Lunes 8 Febrero 2010

Leandro Sequeiros
tendencias21.net

Matemáticas en la naturaleza

Se ha considerado a Galileo como el “Padre de la Física Moderna”. Él elaboró y probó toda una metodología nueva para esta ciencia, basada en el enunciado de principios generales, formulados matemáticamente, a partir de una rápida inducción, de los cuales deducía consecuencias que comprobaba experimentalmente. Esta combinación de método hipotético-deductivo y experiencia actuó como paradigma para quienes cultivaron esta ciencia después de él..

Fue uno de los artífices de la matematización de la Naturaleza:

“La Filosofía está escrita en ese gran libro del Universo, que está continuamente abierto ante nosotros para que lo observemos. Pero el libro no puede comprenderse sin que antes aprendamos el lenguaje y el alfabeto en que está compuesto. Está escrito en el lenguaje de las Matemáticas y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola de sus palabras. Sin ese lenguaje, navegamos en un oscuro laberinto”

Found Functions

La matemática está en todos lados y eso te lo puede decir perfectamente Maximillian Cohen pero para muchos verla es algo realmente complicado y, en ocasiones, imposible. Por eso Nikki Graziano, una estudiante de matemática y fotografía del Instituto de Tecnología de Rochester (parece que hay muchos talentos en este instituto ya que GeoHot también estudia en él), decidió ayudarnos a verla y para eso creó una serie llamada Found Functions. Los resultados son verdaderamente sorprendentes y preciosos.

La muchacha tomó algunas fotografías que le parecían interesantes y a partir de ellas creó variables que le permitieron, finalmente, encontrar las funciones para poder expresarlas en la captura.(Puedes ver la serie completa en Monkeyzen.)

Dios creo el universo y no la  casualidad.El lo planificó perfectamente.Debemos creerlo por fe,como nos enseña la Palabra de Dios.Aunque los científicos algún día nos  digan lo contrario.

fuente bibl:

Benedicto XVI presenta una nueva relación fe-ciencia

Benedicto XVI presenta una nueva relación fe-ciencia
Da por superada la polémica sobre Galileo

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 30 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI propuso este viernes una nueva relación de colaboración entre fe y ciencia, en particular la astronomía, superando así la polémica que durante siglos ha provocado el caso de Galileo Galilei.

Según el Papa, la astronomía ha permitido y sigue permitiendo con sus descubrimientos comprender mejor el universo; por otra parte, la fe, permite también al científico descubrir las maravillas de la creación.

A esta conclusión llegó al recibir este viernes a un grupo de astrónomos de todo el mundo, que participan en un encuentro promovido por el Observatorio Astronómico Vaticano con motivo del Año Internacional de la Astronomía.

Este Año Internacional ha sido convocado por la UNESCO con motivo de la invención, hace cuatrocientos años, del telescopio de Galileo.

La reunión coincide con la inauguración de las nuevas instalaciones del Observatorio Vaticano, dirigido por el astrónomo y sacerdote jesuita argentino, José Gabriel Funes, en Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma.

“Como ustedes saben, la historia del Observatorio está vinculada de una forma muy real a la figura de Galileo, a las controversias que rodearon su investigación, y al intento de la Iglesia por lograr una comprensión correcta y fructífera de la relación entre ciencia y religión”, reconoció el Papa en su discurso pronunciado en inglés.

Por este motivo, aprovechó el encuentro para expresar su gratitud “no sólo por los cuidadosos estudios que han aclarado el contexto histórico preciso de la condena de Galileo, sino también por los esfuerzos de todos aquellos comprometidos con el diálogo permanente y la reflexión sobre la complementariedad de la fe y la razón, al servicio de la una comprensión integral del hombre y de su lugar en el universo”.

El caso de Galileo ha podido ser aclarado gracias a la comisión de estudio, que creó Juan Pablo II desde el 3 de julio de 1981 hasta el 31 de octubre de 1992, año del 350° aniversario de la muerte de Galileo.

El cardenal Paul Poupard, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Cultura, coordinó las investigaciones desde el principio hasta el final, descubriendo cómo hubo errores evidentes en el proceso, pero al mismo tiempo constató que se ha manipulado en muchos libros de historia para dar una imagen de la Iglesia como “enemiga de la ciencia”, según aclaró recientemente el mismo purpurado francés a ZENIT (Cf.“Galileo y el Vaticano: Un caso nunca archivado”).

Benedicto XVI constató ante los astrónomos que “la cosmología moderna nos ha demostrado que ni nosotros, ni la tierra que pisamos, es el centro de nuestro universo, compuesto por miles de millones de galaxias, cada una de ellas con miríadas de estrellas y planetas”.

“Sin embargo, al tratar de responder al reto de este año –el de levantar los ojos al cielo para redescubrir nuestro lugar en el universo– ¿cómo no podemos quedar atrapados en la maravilla expresada por el salmista hace tanto tiempo?”, cuando se preguntaba “Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?” (Salmo 8,4-5).

El pontífice confesó su esperanza en que “el asombro y exaltación que están destinados a ser los frutos de este Año Internacional de la Astronomía lleven más allá de la contemplación de las maravillas de la creación a la contemplación del Creador, y del amor, que es el motivo subyacente de la creación”.

Las celebraciones del Año Internacional de la Astronomía están teniendo lugar entre el 30 y el 31 de octubre. Las celebraciones incluyen una conferencia del profesor John Huchra del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica y presidente de la Sociedad Astronómica Estadounidense.

El programa incluye un una visita a la Torre de los Vientos, en el Vaticano, construida en 1582, uno de los primeros observatorios astronómicos de historia, realizado con motivo de la reforma del Calendario Gregoriano, en 1582.

Los astrónomos puede visitar también los Archivos Secretos Vaticanos, y la exposición “Astrum 2009”, en los Museos Vaticanos, que presenta 130 piezas históricas, incluidos manuscritos originales de Galileo.

zenit.org

El Vaticano hace autocrítica sobre el caso Galileo, 400 años después

El Vaticano hace autocrítica sobre el caso Galileo, 400 años después

galileo
Tumba del científico en Florencia. | REUTERS.

El Mundo Digital

El prefecto del Archivo Secreto Vaticano, el obispo Sergio Pagano, afirmó que la Iglesia corre el riesgo de comportarse en temas como el de las células madre, la genética y los descubrimientos científicos con “los mismos prejuicios” que tuvo hacia Galileo, y ha pedido “prudencia”.

“El caso Galileo enseña a la ciencia a no presumir de maestra ante la Iglesia en materia de fe y Sagrada Escritura y enseña a la Iglesia a acercarse a los problemas científicos, entre ellos los relacionados con las investigaciones sobre células madre y genética con mucha humildad y prudencia”, afirmó Pagano.

“Pienso en células madre, en eugenesia, en la investigación en estos campos. A veces tengo la impresión de que se les condena por los mismos prejuicios que usaban en los tiempos de la teoría copernicana”, afirmó. El prelado insistió en que el proceso a Galileo “nos debe enseñar a todos a no cometer los mismos errores”. Pagano recordó que el origen del juicio contra Galileo Galilei (Pisa 1564-Florencia 1647) está en los malentendidos.

Según el prelado, con su “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”. Galileo “parecía que quería enseñar a los teólogos a interpretar la Biblia y al Papa cómo tener que ser un Papa. Galileo no conocía a la Curia, igual que ahora los científicos modernos no la conocen. En Roma (el Vaticano) las cosas llevan su tiempo”, subrayó Pagano. El prefecto del Archivo Secreto Vaticano hizo estas manifestaciones durante la presentación en el Vaticano de la nueva edición del libro que recoge las Actas del proceso de Galileo, “Los Documentos vaticanos del juicio a Galileo Galilei 1611-1741″, del que es autor.

Esta edición, que mejora la de 1984 escrita también por él, incluye 20 documentos nuevos sobre el juicio contra Galileo encontrados en los últimos años en los Archivos Vaticanos en los que aparecen identificados con nombre y apellidos las personas que se vieron implicadas y participaron en el proceso. Toda la documentación está basada en las actas originales del juicio y Pagano ha mantenido las mayúsculas y minúsculas de los textos, ya que, precisó, no es lo mismo cielo, tierra, sol y cosmos escritos de una manera u otra en este caso tan especial.

Rehabilitado por el Papa Juan Pablo II

Según el prelado, el “comportamiento” de los teólogos de la época “pudo haber sido más comprensivo y elástico” y Galileo también cometió algunos errores. “En una cultura dominada por la visión de Ptolomeo, la irrupción del sistema copernicano, que venía a contradecir sistemáticamente las Escrituras, entonces leídas sin interpretaciones, exigía de parte de Galileo un comportamiento menos apodíctico (irrefutable)”, afirmó el obispo en esa ocasión.

Galileo Galilei fue condenado por la Inquisición por haberse adherido a la teoría de Copérnico, que sostenía que era el Sol, y no la Tierra, el centro del Universo en contra de lo que se pensaba en su época. El juicio, desarrollado a partir de las denuncias del dominico Tommaso Caccini, en 1616, concluyó el 22 de junio de 1633, cuando fue obligado a abjurar de sus conocimientos.

El 31 de octubre de 1992, a los 350 años de su muerte, Juan Pablo II lo rehabilitó solemnemente y criticó los errores de los teólogos de la época que dieron pie a la condena, sin descalificar expresamente al tribunal que lo sentenció.

En un discurso de 13 páginas, leído en la Sala Regia del Palacio Apostólico, el Papa Wojtyla le calificó de “físico genial” y “creyente sincero”, “que se mostró más perspicaz en la interpretación de la Escritura que sus adversarios teólogos”.

Visto en oldearth.wordpress.com

Científicos, tras el ADN de Galileo

Científicos, tras el ADN de Galileo

14 Enero, 2009 – 20:50
FUENTE: EFE
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Un grupo de científicos pretende abrir la tumba del astrónomo italiano Galileo Galilei para extraer su ADN y saber hasta qué punto era ciego, en un intento de reproducir las sensaciones que tuvo al observar el universo con su telescopio hace ahora cuatro siglos.

Esta idea, que en un primer momento pudiera parecer un tanto desproporcionada, es defendida a capa y espada por los expertos del Observatorio de Arcetri y del Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia (centro de Italia), promotores de un proyecto que pretende averiguar qué vio entonces Galileo en el universo.

“Ésta es la parte más incierta, por el momento, de nuestro proyecto. Habría que abrir la tumba, tomar una parte del tejido que queda de Galileo y después pasar la información a un fisiólogo de los ojos para saber si es posible averiguar el tipo de problema que padecía”, explicó a Efe Francesco Palla, director del Observatorio de Arcetri.


Hay avances

El proyecto de estos científicos se enmarca dentro de las numerosas iniciativas previstas para el “Año Internacional de la Astronomía”, que se celebra coincidiendo con el cuarto centenario de la primera observación del astrónomo italiano (1564-1642) con un telescopio.

Entre esas iniciativas destaca también la exposición “Galileo. Imágenes del universo de la antigüedad del telescopio”, presentada hoy y que permanecerá abierta desde el próximo 13 de marzo hasta el 30 de agosto en Florencia, ciudad en la que el grupo liderado por Palla ya ha obtenido sus primeros resultados.

De hecho, los investigadores florentinos han conseguido recrear las condiciones de la lente de ese primer telescopio para saber con mayor exactitud qué universo fue el que vio Galileo, dada además una minusvalía visual con la que el científico llegó a la tumba, que está ahora en la Basílica de la Santa Croce de Florencia.

Habrá que llevar esos datos del ADN a su época y así “saber hasta qué punto la observación que él hizo estuvo afectada por problemas de visión. Esta parte (del proyecto) es algo más incierta porque requiere aprobaciones e informes que deben venir de los responsables de la Basílica de Santa Croce”, dice Palla.

El director del Observatorio de Arcetri reconoce que, por el momento, han recibido una respuesta negativa a la apertura de la tumba del científico, pero no cesa en su empeño de luchar por algo que cree crucial para el desarrollo de esta iniciativa.

“Hay una componente psicológica que es la de capturar las imágenes en las mismas condiciones objetivas de las observaciones de Galileo. Lógicamente el cielo que observamos hoy es distinto por la contaminación lumínica. Él las hizo con un cielo profundo y distinto al actual”, comenta Palla.

“A pesar de esto -añade-, podríamos entender cuáles eran las observaciones directas que Galileo hacía y cuáles eran sus interpretaciones. Esto es importante en el caso de Saturno, en el que él no distingue los anillos, sino que ve prolongaciones del planeta que interpreta como satélites”, como en el caso de Júpiter.

Palla y compañía ya han obtenido imágenes gracias a la recreación de la lente del telescopio de Galileo que se conserva en el Museo de Historia de la Ciencia de Florencia y esas imágenes han sido reproducidas en formato digital para ser publicadas posteriormente en Internet y que todo el mundo tenga acceso a ellas.

“Los objetos que se observan son exactamente los mismos descritos por Galileo en la obra ‘Sidereus Nuncius’ (1610). Tenemos las imágenes de la Luna, de Júpiter con sus hermanos, de Venus y de campos estelares como las Pléyades de Orión”, dice Palla.

Científicos de todos lugares se unirán al “Año Internacional de la Astronomía” declarado por Naciones Unidas en honor a la primera observación con telescopio de un científico que en su época fue muy controvertido.

Galileo fue condenado por el Tribunal de la Inquisición por haberse adherido a la teoría del científico Copérnico, que sostenía que era el Sol y no la Tierra el centro del Universo, en contra de lo que se pensaba en su época.

APR

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