La fe ¿con o contra la razón?

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La red cerebral de las creencias religiosas

La red cerebral de las creencias religiosas 

Marzo 16, 2009

ISABEL F. LANTIGUA- El Mundo Digital

Sin entrar en el debate sobre la existencia o no de Dios, lo que es indudable es que las religiones y la fe sí existen. Están presentes en todas las sociedades y culturas y son un rasgo único y exclusivo de los seres humanos. Investigadores de los Institutos Nacionales de Trastornos Neurológicos de EEUU han logrado ver, gracias a las técnicas de imagen cerebral, dónde se localizan estas creencias y cómo entran en funcionamiento.

“Nuestros pensamientos religiosos están mediados por unas regiones del cerebro que han evolucionado con el paso del tiempo y que sirven para otras funciones, entre ellas la de reconocer las intenciones de las personas. Además están relacionadas con las emociones y la memoria”, explica a elmundo.es Jordan Grafman, principal autor del estudio que se publica en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Science’. “Las creencias religiosas forman una pequeña parte de un proceso cognitivo mucho más amplio, del que no se pueden separar”, añade este especialista.
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Áreas del cerebro que están involucradas con la creencia en Dios. (Foto: NIH)

El equipo analizó tres componentes de estas creencias en 66 individuos: cómo percibían la implicación de Dios con el mundo, la emoción provocada por la fe y las propias experiencias religiosas. Mediante diversos test e imágenes de resonancia magnética, los autores midieron la función cerebral de los participantes ante afirmaciones del tipo ‘Dios guiará mis actos’, ‘Dios está siempre presente’ o ‘Nos castigará o recompensará al final de la vida’, entre otras. Así observaron que las áreas cerebrales que se activaban al escuchar cuestiones de religión se situaban en el lóbulo temporal – que desempeña un papel importante en el reconocimiento de las caras y en el lenguaje- y el lóbulo frontal -implicado en la memoria y el juicio-.

“De la misma manera en la que juzgamos a los demás y evaluamos sus acciones, evaluamos a Dios, pues las áreas cerebrales implicadas en ambos procesos son las mismas”, argumenta Grafman. No obstante, aunque estas sean las áreas implicadas, las regiones concretas que entran en funcionamiento difieren si el individuo ama a Dios o si, por el contrario, siente ira hacia él, al igual que ocurre con los sentimientos de simpatía o antipatía hacia cualquier otra persona.

Enseñanzas recibidas

Otro de los aspectos que comprobaron los autores del nuevo trabajo es que en la formación de estas creencias tienen mucho que ver las enseñanzas recibidas. Una de las fuentes necesarias para el conocimiento de las religiones es la doctrina, un conjunto de proposiciones que los creyentes aceptan como verdaderas a pesar de que no pueden verificarlo personalmente. La mayor parte de la doctrina religiosa tiene un componente linguístico abstracto que es culturalmente transmitido de generación a generación. Esto explica, según los investigadores, que exista un vínculo claro entre la religiosidad de un individuo y lo que le han enseñado sobre el tema previamente y, todo ello, controlado por el lóbulo temporal, responsable de las actividades discursivas y de memoria.

“Lo más destacable de nuestra investigación es que demuestra que la religiosidad se puede estudiar con las técnicas de neurociencia y compararse con los sistemas crebrales y neuronales que regulan otro tipo de creencias. Además, hemos visto que la fe y los pensamientos religiosos se adaptan a la evolución biológica de las funciones cognitivas”, declara a este periódico el especialista del Instituto de Trastornos Neurológicos de Bethesda (EEUU).

De teoría en teoría

Las bases biológicas de la religión han sido desde siempre objeto de un amplio debate en distintos campos, desde la antropología y la genética pasando por la cosmología. Las teorías psicológicas contemporáneas consideran que estas creencias son parte de un fenómeno cerebral complejo que emergió en la especie humana con el objetivo de ayudar a los individuos en sus relaciones sociales. Esto es lo que sostiene, por ejemplo, la extendida Teoría de la Mente.

En cuanto a las redes neuronales de la religiosidad, poco se sabía hasta ahora. Los primeros estudios al respecto se centraron en manifestaciones concretas de la fe relacionadas con ciertas patologías. Así, la hiperreligiosidad mostrada por algunos pacientes con epilepsia motivaron algunas hipótesis que relacionaban las creencias religiosas con las áreas cerebrales responsables de la enfermedad. Lo mismo ocurrió con otros trastornos. No obstante, ninguna de las teorías fue capaz de proponer una arquitectura psicológica y neuronal firme sobre las bases que subyacen a estas creencias.

“El objetivo de nuestro estudio era definir la estructura cerebral y el proceso cognitivo que está detrás de las creencias religiosas. Y con las técnicas de imagen hemos podido ver cuáles son estas regiones del cerebro concretas” afirma Jordan Grafman, que indica que “una vez identificadas estas regiones particulares tenemos una mayor capacidad para caracterizar los posibles cambios de comportamientos que puede experimentar una persona que se dañe dichas zonas”.

Fe y razón

Fe y razón

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Me pregunto si no será temeridad el intento de abordar el tema en un artículo que forzosamente ha de ser más bien breve. Toda simplificación de los conceptos inevitablemente produce lagunas, incluso desfiguraciones. Pese a ello, algunas consideraciones elementales sobre ambos conceptos me parecen una necesidad. Sigue habiendo multitud de personas que se sienten turbadas ante la relación fe-razón. Ven esa relación como antagónico enfrentamiento, como una disyuntiva inevitable: «O la fe o la razón». La consecuencia es que una de las dos sucumbe ante la fuerza de la otra, con lo cual se produce un empobrecimiento, y quizá una turbación mayor. No se les ocurre a tales personas que la conjunción no necesariamente ha de ser disyuntiva. Puede ser copulativa, como en el título; no fe o razón, sino fe yrazón. No contraposición excluyente, sino complementariedad armonizadora.

La primera dificultad con que tropezamos es que los conceptos (razón y fe) son imprecisos y polivalentes. Ello nos obliga a concretar el significado de ambos y a observar sus efectos, especialmente en la experiencia religiosa.

La razón

La Real Academia de la Lengua define la razón como la «facultad de discurrir», y «discurrir» (en su 4ª acepción) como «reflexionar, pensar, hablar cerca de una cosa, aplicar la inteligencia». Puede concretarse más diciendo que es la capacidad del intelecto humano para desarrollar una actividad mental organizada mediante la asociación de ideas, la inducción y la deducción de inferencias. Es precisamente esta facultad lo que distingue al ser humano del resto de animales. En la perspectiva cristiana es vista la razón como uno de los dones más preciados otorgados al hombre por el Creador. No puede, pues, ser menospreciada, y menos aún anatematizada. Sin embargo, cuando es elevada a la categoría de árbitro incuestionable en el campo del pensamiento se cae en el racionalismo, doctrina según la cual el único órgano adecuado o completo de conocimiento es la razón. En la esfera del pensamiento sólo importa lo que puede ser demostrado, con lo que se descarta toda religión subjetiva.

En el curso de los últimos siglos el racionalismo ha ido evolucionando hacia formas que han trascendido el mundo de las ideas y de la lógica (empirismo, positivismo, existencialismo, cientificismo, etc.), pero subsiste el apego a lo demostrable. De ahí el arraigo del escepticismo, el agnosticismo o incluso el ateísmo en la sociedad de nuestros días. En el proceso se ha puesto de manifiesto que el racionalismo en cualquiera de sus formas yerra en su metodología cuando intenta aplicarlo al fenómeno religioso, pues los elementos esenciales de éste trascienden los límites de la razón. Ningún argumento racional puede probar la Trinidad de Dios, ni la encarnación de su Hijo eterno, ni el misterio de su muerte, ni lo cierto de la vida eterna. Pero de igual modo ningún silogismo puede probar lo contrario. Pretender que la razón tenga la última palabra en cuestiones que escapan a su dominio sería como querer sacar el agua de un estanque con una excavadora. Esta máquina es maravillosa para extraer tierra y rocas, pero no para sustituir a una bomba hidráulica. En la búsqueda de la verdad debe tenerse en cuenta que, según el tipo de verdad, debe escogerse el método para alcanzarla. No desvariaba Pascal cuando se refería a «razones que la razón no comprende».

Por otro lado, no se debe descartar la posibilidad de que, como señala la Biblia, la capacidad racional del hombre haya sufrido un serio deterioro a causa de la caída humana y el alejamiento de Dios. En palabras del apóstol Pablo, «(los hombres) se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido» (Ro. 1:21). Por lo general, el ateísmo o cualquier otra forma de rechazo de la fe cristiana no se debe tanto a razonamientos equilibrados como a modas de pensamiento o a motivos morales. La mayoría de personas no rechazan el Evangelio porque sea irrazonable, sino porque les disgustan las implicaciones de su mensaje. Aceptarlo pondría fin al «vive como quieras» que ha presidido su conducta.

Resumiendo lo concerniente a la razón: es una facultad preciosa que toda persona debe usar. No es sensato minusvalorarla alegando una superior espiritualidad. John Stott acuñó una frase luminosa: «Creer es también pensar». Pero, por otro lado, la razón, magnífica sierva, no puede convertirse en señora que domine absolutistamente todas las áreas del pensamiento. En el plano religioso no puede prescindir desdeñosamente de la fe, que también tiene mucho de razonable. Posiblemente sobre la razonabilidad de la fe cristiana escribiré en algún artículo próximo si Dios lo permite. Ahora me limitaré a completar el presente «tema» con el elemento que nos queda por considerar:

La fe

Se dice que nadie puede vivir sin fe de algún tipo. Cierto. Si subo a un avión para deplazarme a un determinado lugar es porque CREO que la perfección técnica del aparato y la pericia del piloto hacen que el vuelo, con muchas probabilidades, se realizará normalmente. Si estoy enfermo y me pongo en manos de un médico es porque CREO que sus conocimientos pueden contribuir a mi curación. Pero el verbo «creer» -al menos en el léxico cristiano- tiene un sentido más profundo. Es expresión no sólo de una creencia, sino de una experiencia religiosa. Es fe en Dios, en Cristo, en su Palabra. Determina mis ideas, pero también mis sentimientos, mis actitudes, mi comportamiento en una acción integradora de todos los elementos de mi personalidad.

Esencialmente la fe cristiana es conocimiento, asentimiento, confianza y entrega: conocimiento de la verdad revelada y transmitida por la Palabra escrita; adhesión mental a su contenido; confianza en que la Palabra de Dios es la verdad y, sobre todo, confianza en Dios mismo y en su fidelidad para cumplir sus promesas. La manifestación final de la fe es la entrega del creyente a Cristo, su Salvador y Señor, para servirle con gratitud. Todo ello no es resultado de razonamientos por parte del creyente. Proviene de la Palabra de Dios (Ro. 10:17) oída, creída y aceptada. En ese proceso la actuación del Espíritu Santo es decisiva. Sin embargo, esa acción no excluye la reflexión de la mente a medida que la Palabra la ilumina. De lo contrario sólo tendríamos la «fe del carbonero»; llegaríamos a creer sin saber concretamente qué ni por qué. No obstante, conviene estar prevenidos contra al peligro de caer en el dogmatismo. La fe debiera estar siempre abierta a una comprensión más amplia y profunda de la verdad.

¿Puede considerarse esta fe compatible con la razón? Indudablemente, siempre que se recuerde el carácter de la una y de la otra, así como las limitaciones de la última. La fe generada por la Palabra de Dios trasciende lo natural, lo visible y lo temporal para introducirnos en lo sobrenatural, lo invisible y lo eterno. Según la carta a los Hebreos, «la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (He. 11:1), y como ejemplo, la misma epístola menciona a Moisés, quien «por la fe se mantuvo firme como viendo al invisible» (He. 11:27). Pero dentro de este orden sobrenatural la fe no anula la razón; simplemente la supera; instruida por la Palabra, llega adonde la razón no puede llegar. Por tal motivo, la razón debe respetar el plus de conocimiento otorgado a la fe, del mismo modo que la fe ha de honrar a la razón y beneficiarse de los apoyos que en algunos momentos puede prestarle. La apologética cristiana, mayoritariamente, así lo ha entendido, como se ve en la historia de la Iglesia. Aunque autores como Tertuliano, preconizaron un divorcio total entre la fe y la filosofía, muchos otros han aplaudido la fides quaerens intellectum, la fe que busca entender, aun reconociendo que la fe es una fuente inestimable de conocimiento. Anselmo de Canterbury confesaba: Credo ut intelligam, creo para comprender. Y a esta máxima añadía: «Deseo, Señor, comprender tu verdad que mi corazón cree y ama. Porque no busco entender para poder creer, sin que creo para poder entender». Sin duda, se hacía eco de la fórmula de Agustín: Intellige ut credas, crede ut intelligas, entiende para creer y cree para entender.

Y si alguien persiste en un racionalismo excluyente, resistiéndose a creer lo que no ve o entiende, hará bien en reflexionar sobre las palabras de Jesús al incrédulo Tomás. «Porque me has visto, Tomás, has creído. Dichosos los que no han visto y, sin embargo, creen» (Jn. 20:29).

José M. Martínez

Credo quia absurdum

Credo quia absurdum

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Fe, decía el jesuita Anthony de Mello, es entrar a un restaurante de lujo sin un céntimo y encargar una docena de ostras con la esperanza de hallar una perla con la cual pagar la cuenta. Tertuliano definía la fe como un sentimiento que va más allá de la razón, un espacio donde se cree sin necesidad de entender. Una frase refrendaba su idea: Credo Quia Absurdum: creo porque es absurdo. 

La fe es la base de la existencia humana y también la base de la religión. Cuando el hombre no encuentra respuestas a sus incertidumbres surge la religión para absolver todas las interrogantes. Que esas respuestas se hallen en las antípodas de la razón importa poco, lo imperativo es encontrar un bálsamo para sus dudas. Aunque esa fe permitió al hombre trascender sus estrechos límites y relacionarse con lo divino, en no pocas ocasiones esa fe también lo llevó a adherirse a grupos que en lugar de enseñarle el camino al cielo, terminaron por depositarlo en el territorio del ridículo. 

Uno de esos grupos fueron los Venustiani. Su singular doctrina se basaba en la creencia de que Dios y Satán compartían la responsabilidad de la creación del hombre. Según ellos Dios nos había creado de la cintura para arriba y el diablo de la cintura para abajo, por lo tanto lo que ocurría del ombligo para el suelo era responsabilidad demoníaca.

Demás está decir que los Venustiani realizaban monumentales orgías que casi siempre terminaban en crímenes. Los Lothardi concebían un dogma de fe más particular aún. Afirmaban que los hombres estaban obligados a llevar una vida moral sólo mientras estuvieran al nivel del suelo pero a una profundidad de tres elles, (un elle equivale a siete décimos de yarda y una yarda 91 cm. aprox.) las normas morales perdían validez. Esta era la justificación para que los Lothardi celebraran imaginativas orgías sexuales. Una vez en la superficie estos fanáticos eran ciudadanos comunes y corrientes y en algunos casos hasta ilustres. Aunque estos grupos operaron en toda Europa, la zona oriental fue el terreno más fértil para su surgimiento.

Durante varios años operaron en Rusia los Chileniki. Su líder el campesino Taxas Maxim, afirmaba que Dios le había comunicado que el pecado era el primer paso en el camino hacia la salvación. “Más peco más cerca me encuentro del cielo” pudo haber sido el slogan de este original grupo que contó con miles de seguidores. Los Purificantes nacieron en Siberia y tuvieron influencias hasta Finlandia y el sur de Rusia. Consideraban que como el pecado había llegado al mundo a través de Eva, sus hijas eran el camino para obtener la salvación, en otras palabras: para lograr el cielo había que cometer todos los excesos posibles con las mujeres. Los Purificantes desarrollaron conductas masoquistas que casi siempre terminaban en muerte. Entre sus seguidores más entusiastas se encontraba Sacher Masoch. Los Adamitas también elaboraron una doctrina que mezclaba sexo y religión. El requisito básico para ingresar al grupo era asistir desnudo a escuchar misa.

Justificaban esta actitud aduciendo que la virtud era real cuando la tentación estaba cerca y podía superarse. Sin embargo el dogma era teórico pues sus misas terminaban en orgías descomunales. El universo de excesos tiene propuestas para todos los gustos, desde los Rusos Errantes, que aseguraban que el mundo estaba en manos del demonio por lo tanto no valía la pena evitar el pecado, hasta los Euquitas, que celebraban orgías y mataban y bebían la sangre de los niños engendrados, la oferta es bastante amplía. Pero quienes se encuentran en la cima del delirio son los Skopsi. Este grupo estaba liderado por Akulina Ivanovna quien se hacía llamar la ” madre de Dios ” y por Blochin llamado por sus seguidores “Cristo”. Este último era un vago que de joven se castró pensando que de esta manera escapaba a las tentaciones de la carne y se purificaba.

La doctrina de los Skopsi consistía precisamente en encontrar la salvación por medio de la castración. Como al comienzo no encontraban adeptos, no era raro verlos por las calles de Moscú en busca de parroquianos que purificar, léase castrar. Se estima que en su mejor año de cosecha llegaron a castrar 690 hombres. Los Skopsi nacieron en1772 y aunque incorporaron a su secta a varios castrados a los pocos años estuvieron a punto de desaparecer.

Lograron superar este difícil momento gracias a las reformas realizadas por Kondrati Selivanon, apodado “Cristo Pedro III” que permitió la adhesión virtual al grupo, es decir que las castraciones se podían realizar simbólicamente. Hace diez mil años el hombre de Neanderthal enterraba a sus muertos junto al fuego con la esperanza de que se calentaran y volvieran a la vida. Fue quizá en ese momento que comenzó a desarrollarse una cultura exclusiva para lo espiritual. Desde entonces, ya homo sapiens, no se ha detenido y aunque en ese trayecto la estupidez lo alejó muchas veces del cielo, parece no haber perdido la esperanza de comprobar su origen divino.

fuente:

http://bejaranocarlos.blogspot.com/2005/06/credo-quia-absurdum.html

Si la fe no se encarna en el amor todo se reduce al subjetivismo, advierte el Papa

Vaticano

Si la fe no se encarna en el amor todo se reduce al subjetivismo, advierte el Papa

.- El Papa Benedicto XVI aseguró que “las consecuencias de una fe que no se encarna en el amor son desastrosas, porque todo se reduce al arbitrio y al subjetivismo más nocivo para nosotros y para los hermanos”.

En la audiencia general de hoy, el Santo Padre continuó con la catequesis sobre San Pablo y habló sobre las consecuencias que brotan de ser justificados por la fe y por la acción del Espíritu en la vida cristiana.

Desde el Aula Pablo VI, el Papa afirmó que el Apóstol de las Gentes, en la Carta a los Gálatas, “acentúa claramente la gratuidad de la justificación, subrayando también la relación que existe entre la fe y las obras“.

El Pontífice explicó que “a menudo caemos en los mismos malentendidos que caracterizaron a la comunidad de Corinto: aquellos cristianos pensaban que habiendo sido justificados gratuitamente en Cristo por la fe, ‘todo fuese lícito para ellos’. Y pensaban y a menudo parece que lo piensan también los cristianos de hoy, que sea lícito crear divisiones en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, celebrar la Eucaristía sin preocuparnos de los hermanos más necesitados, aspirar a los carismas mejores sin darnos cuenta de que somos miembros unos de otros, etc. Las consecuencias de una fe que no se encarna en el amor son desastrosas, porque todo se reduce al arbitrio y al subjetivismo más nocivo para nosotros y para los hermanos”.

“Por el contrario -añadió-, debemos ser conscientes de que precisamente porque somos justificados en Cristo, ya no nos pertenecemos, sino que somos templos del Espíritu y estamos llamados por tanto a glorificar a Dios en nuestro cuerpo con toda nuestra existencia. Rebajaríamos el valor inestimable de la justificación si comprados a un caro precio por la sangre de Cristo, no lo glorificáramos con nuestro cuerpo”.

Benedicto XVI subrayó que el amor de Cristo “nos reclama, nos acoge, nos abraza, nos sostiene hasta atormentarnos, porque obliga a cada uno a no vivir para sí, encerrado en el propio egoísmo, sino para ‘aquel que ha muerto y resucitado por nosotros’. El amor de Cristo hace que seamos en El aquella nueva criatura que entra a formar parte de su Cuerpo místico que es la Iglesia”.

“Así pues, la centralidad de la justificación sin las obras, objeto primario de la predicación de Pablo, entra en contradicción con la fe operante en el amor; es más, exige que nuestra misma fe se exprese en una vida según el Espíritu”, indicó.

Refiriéndose a la “contraposición sin fundamento entre la teología de San Pablo y la de Santiago”, el Papa afirmó que mientras el primero “está preocupado sobre todo por demostrar que la fe en Cristo es necesaria y suficiente, Santiago hace hincapié en las relaciones que se derivan entre la fe y las obras. Por tanto, sea para Pablo que para Santiago la fe que obra en el amor testimonia el don gratuito de la justificación en Cristo”.

Benedicto XVI concluyó destacando que “si la ética que San Pablo propone a los creyentes no decae en formas de moralismo y se demuestra actual para nosotros, es porque cada vez recomienza de la relación personal y comunitaria con Cristo, para realizarse en la vida según el Espíritu”.

“Esto es esencial: La ética cristiana no nace de un sistema de mandamientos; es consecuencia de nuestra amistad con Cristo. Esta amistad influye en la vida: si es verdadera se encarna y se realiza en el amor por el prójimo. Por eso, cualquier decaimiento ético no se limita a la esfera individual, sino que es al mismo tiempo desvalorización de la fe personal y comunitaria: deriva de esta e incide sobre ella de modo determinante”.

Apoyo a secuestrados

Al final de la audiencia, en sus saludos a los peregrinos de lengua española, el Santo Padre recordó “la marcha para pedir la libertad de los secuestrados, que tendrá lugar el próximo viernes en Colombia. Elevo a Dios una ferviente plegaria para que acabe ese flagelo y se logre pronto la concordia y la paz en esa amada Nación”.

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SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS

SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS

Impacto | miércoles, 30 de julio de 2008

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Hebreos 11:6 (Reina-Valera 1960)

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan

La Biblia de las Américas (© 1997 Lockman)
Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan.

La Nueva Biblia de los Hispanos (© 2005 Lockman)
Y sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que recompensa a los que Lo buscan.

Reina Valera (1909)
Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Sagradas Escrituras (1569)
Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Moderno Español
Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan.

Introducción:

La fe es parte de los proceso antropológicos que parten desde la religiosidad del hombre, recordemos que el ser humano tiene una dimensión religiosa que le permite cultivar su fe en algo o alguien”

Rumbo a la Tierra Prometida
El pueblo de Israel estaba en cautiverio en Egipto, pero Dios les lanzó el reto para conducirles a una “tierra que fluye leche y miel”.

Cuando ellos salieron, quisieron llegar enseguida a esa tierra prometida, sin ningún contratiempo en el camino. Pero Dios sabía que no estaban preparados para pelear contra los gigantes que poblaban esa tierra, ni tampoco la fe de ellos estaba edificada como para conquistar gentes y ciudades por medio de la fe. Ellos no habían visto los prodigios y maravillas de Dios. De modo que Dios optó por conducirlos cruzando el Mar Rojo, a través de desiertos inhóspitos donde no había agua ni alimentos, de manera que Él tuviera la oportunidad de mostrar al pueblo su amor, su poder, su cuidado para con ellos en todas las cosas, y así ellos le conocieran y vieran como su Dios resolvería para ellos los grandes y los pequeños problemas y dificultades de la travesía y de la vida.

Dios quería que ellos aprendieran a confiar y a depender enteramente de Él. Por eso, cuando tenían de frente el Mar Rojo, a sus lados inexpugnables montañas y detrás el ejército de Faraón que les perseguía, en respuesta al acto de fe de Moisés de herir las aguas, Dios mostró su amor y su poder y dividió el mar y el pueblo cruzó a salvo.

Por eso, no habiendo agua en el desierto y siempre en respuesta a actos de fe, Dios hacía que de la roca brotara agua. No habiendo alimento, Dios les mandaba cada mañana el maná del cielo. No habiendo carne, Dios les mandaba codornices. No habiendo sombra en el desierto, Dios les hacía sombra en el calor del día con la nube. No habiendo luz, Dios les alumbraba el camino en la noche con la columna de fuego. No habiendo ley en el desierto, Dios les dio Ley. No habiendo templo, Dios les proveyó de un tabernáculo desmontable. Dios quería que para cada necesidad, para cada dificultad, para cada emergencia, ellos ejercieran su fe en Él.

Pero de muchos de ellos, Dios no se agradó y los excluyó. Ellos no querían vivir dependiendo de Dios, no querían vivir por fe en las promesas de Dios, y puesto que “sin fe es imposible agradar a Dios”, cayeron postrados en el desierto.

Conclucion:

Y el Espíritu nos dice que estas cosas fueron escritas para nuestra advertencia, para que no caigamos en las mismas dudas, incredulidad y desobediencia.

Hoy día, cuando este moderno Egipto que es el mundo, hay tanta abundancia, tanto alimento, tanto dinero, tantos inventos, tanta ciencia, tanta organización, tanta comodidad, el principio divino que sigue agradando a Dios es: “La justicia (el poder) de Dios se descubre de fe en fe… y el justo vivirá por la fe”.

Hay los que piensan que vivir por fe es vivir en necesidad y en penurias. Depende en quién esté puesta la fe. Si la fe está puesta en hombres y en recursos humanos, éstos siempre fallan. Pero si su fe está puesta en la inmutable fidelidad de la Palabra de Dios y en los inagotables recursos de la gracia y el poder de Dios, usted vivirá una vida victoriosa, una vida de contentamiento tanto en la abundancia como en la escasez, porque sabe que todo lo puede en Cristo que le fortalece… que todo obra para el bien de los que son llamados conforme al propósito de Dios… que Dios suplirá todo lo que le falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús; porque sabe que no hay muro que se resista el impacto de la fe, no hay boca de león que se abra ante el testimonio de la fe, no hay amenaza que atemorice a la intrepidez de la fe, que no hay gloria mayor que la gloria de la fe.

“LA DOCTRINA DE LA FE”

LA DOCTRINA DE LA FE

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UNA IMAGEN QUE HABLA SOLA (*)

La mejor definición de la fe la tenemos en Hebreos 11:1, 6…

1Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve…

6Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:1, 6).

 “La certeza de lo que se espera”

 “La convicción de lo que no se ve”

 “Sin fe es imposible agradar a Dios”

Si se quiere agradar a Dios, hay que creer (tener fe) que Él existe.

La fe no reclama obras para fortalecerla.

La fe, y nada más que la fe en la existencia de Dios abre las puertas a todas las promesas que el mismo Dios hace a todo aquel que cree.

La fe de la que hablamos tiene su fuerte en el objeto de la misma.

Uno puede tener fe en sus creencias.

Uno puede tener fe en su vida intachable, su moral, su vida de servicio en bien de los demás.

–– Uno puede tener fe en su religión, a tal punto de dar su vida por esa fe.

¿CUÁL ES EL OBJETO DE LA FE?

¿En qué o en quién cree usted?

 ¿Cree usted en su buena conducta?

 ¿Cree usted en su partido político?

 ¿Cree usted en su religión, su iglesia o su ministro religioso?

 ¿Cree usted en sus sentimientos y le parece que, como que no tiene dudas y se siente tranquilo, eso es señal de que su fe es auténtica?

 ¿Cree usted en su comodidad? Es decir… ¿se siente cómodo con la religión que practica y esa comodidad que siente, como que le garantiza que está todo bien con Dios, con Cristo, con la salvación eterna?

LA BIBLIA DICE QUE DEBEMOS TENER FE EN DIOS (Marcos 11:22)…

22Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios (Marcos 11:22).

1) Es necesario asegurarse uno que realmente su fe está puesta en Dios.

2) Es posible que la fe tenga que aumentar (Lucas 17:5, 6)…

5Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

6Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería (Lucas 17:5, 6).

Aumentar la fe no es la cuantía de la fe, sino seguir creyendo a través de toda la vida…

 Necesitamos fe para ser salvos,

 necesitamos fe para seguir siendo salvo.

 La necesitamos cuando hemos pecado…

 y la necesitamos cuando todo nos ha ido muy bien.

3) La fe de la cual hablamos, la fe salvadora, siempre esPRECEDIDA por el oír el Evangelio (Romanos 10:17)

17Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios(Romanos 10:17).

4) Una vez salvo por la fe el cristiano vive por fe, no por obras, razón por qué es imposible que pierda su salvación.

Quien cree que pierde la salvación se debe a que el objeto de su feNO es el Señor, el Salvador, sino su propia conducta. En otras palabras, el cristiano que puede “perder su salvación” está convencido de este engaño, porque hasta es honesto, al desconfiar de una salvación basada en sus propios méritos.

La salvación por la fe hace que el salvo siga siendo salvo por la fe. El salvo debe creer cada día que realmente es salvo (2 Corintios 1:24b)…

24…sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes (2 Corintios 1:24b).

7(porque por fe andamos, no por vista);

8pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor (2 Corintios 5:7, 8).

5) ¿Por qué debemos examinarnos si realmente estamos en la fe? (2 Corintios 13:5)…

5Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? (2 Corintios 13:5).

La idea aquí no es si realmente somos salvos, sino en qué o en quién seguimos creyendo. Todos los que invocan las obras para la salvación, recibieron por la fe a Cristo como Salvador, pero luego, al darse cuenta de sus falencias, comenzaron a dudar de su salvación y a tratar de volverse a salvar, pero esta vez por obras, porque a juicio de ellos LA FE LES FALLÓ.

¿Qué significa… “por vuestra poca fe”? (Mateo 17:20)…

20Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible (Mateo 17:20).

¿QUÉ Y CUÁNTO TIENE USTED POR LA FE?

Enumeremos algunas de las cosas que el pecador que recibe a Cristo tiene por la fe. La lista es larga, pero vale la pena revisarla:

Otra interrogante: ¿Soy lo que soy y tengo lo que tengo porque creo o es porque Él me lo promete?

Si Él no me prometiera, la salvación, si no me la ofreciera, ni me la tuviera disponible; ¿de todos modos yo sería salvo? NO. Yo no sabría qué creer, en quién creer, qué recibir, de quién recibir.

1. Por la fe yo tengo vida eterna porque Él me la da (Juan 10:28)…

28y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:28).

Es Él quien me dio vida eterna. La iniciativa fue suya, no mía. No es que yo la obtuve porque se la pedí, porque la iniciativa en lo que a mi salvación se refiere fue del Salvador, no del pecador. Y así es siempre.

“Y no perecerán jamás”…

De nuevo, esta seguridad se debe a Él, no a mí. Yo puedo decir, sentir o pensar que ya he perdido mi salvación, pero Él me dice… “no perderás tu salvación jamás…”

Tú puedes dudar de tu salvación, tú puedes temer perderla, algo o alguien puede susurrarte que ya la perdiste. Puedes leer algún libro con muchos textos de la Biblia que parecen apoyar la idea de… “hoy salvo y mañana no”.

Y francamente así sería si la salvación dependiera del pecador.

Ni nadie las arrebatará de mi mano… “y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:29)…

29Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre (Juan 10:29).

 ¿Puede Satanás arrebatarme de la Todopoderosa mano de Dios?

 ¿Puede algún pecado arrebatarme de la mano de mi Salvador?

 ¿Puedo yo perder mi salvación sin considerar mentiroso a Dios?

 ¿Puede el Salvador prometerme vida eterna a cambio de la fe depositada en Su sacrificio y luego rechazarme por no haber yo permanecido fiel?

¿Puede Él jugar con mi alma, mis sentimientos, mis debilidades, mis altibajos y mis dudas para dejar que estas cosas me arrebaten de Su mano?

De ser así: ¿Sería Él veraz y digno de mi confianza?

¿Qué, o quién determina mi salvación? ¿Su Palabra o mi conducta?

2. ¿Quién amó a quién primero? ¿Fue el pecador quien le amó a Él o fue Él quien amó primero al pecador? (1 Juan 4:19)…

19Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).

6Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

7No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;

8sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto (Deuteronomio 7:6-8).

3Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo:Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia (Jeremías 31:3).

8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efesios 2:4, 5).

1Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Juan 3:1).

La iniciativa de mi salvación no ha sido mía, sino de Dios. Fue Él quien me amó y por eso me salvó.

 Fue Él quien me amó y por eso yo soy salvo.

 Fue Él quien me amó y por eso yo jamás podré dejar de ser salvo.

 Fue Él quien me amó y por eso yo nunca dejaré de ser salvo (1 Juan 4:9-11)…

9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros (1 Juan 4:9-11).

UNA JOYA DESCUIDADA (Juan 15:9)…

9Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor (Juan 15:9).

Si comparamos estas palabras con Juan 3:16, entonces“permaneced en mi amor” significa NUNCA DUDAR DE SUSALVACIÓN, porque dudar de Su salvación segura y eterna es despreciar Su amor.

La fe del pecador y el amor del Salvador se encontraron y esto, no porque el pecador buscó al Salvador, sino porque el Salvador buscó al pecador.

UN BUEN EJEMPLO EN LA PARÁBOLA DE LA OVEJA PERDIDA(Mateo 18:11-14; Lucas 15:3-7)…

11Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

12¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

13Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños (Mateo 18:11-14).

3Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:

4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

5Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;

6y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

7Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento (Lucas 15:3-7).

Es fácil ver aquí quien buscó a quien…

Tampoco fue la oveja la que preparó el banquete, sino el Pastor, para celebrar el exitoso rescate de la pobre y descarriada oveja.

No todos darían la misma respuesta.

Unos dirán… bueno, hay que tener mucha fe, no poca, no algo… ambiguo, como quien en realidad no cree que algo sucederá…

Otros dirán que “mucha fe” significa estar uno seguro de que sucederá lo que uno pide y seguir insistiendo hasta conseguirlo.

Otros dirán que si uno echa mano de médicos y medicina, si se trata de alguna enfermedad, eso no es fe en que el Señor hará algo.

Pero, ¿cuál es la explicación correcta?

Creo que cuando pedimos algo, nunca debemos olvidar… “hágase tu voluntad”. Cuando esto hacemos, nuestra fe es verdadera, no poca, es la que el Señor espera de nosotros.

 Le estamos pidiendo algo que esté de acuerdo a Su voluntad…

 Le estamos pidiendo algo deseando que sea Él quien decida sobre el asunto…

 Le estamos pidiendo algo sabiendo que no tenemos la última palabra…

Por lo visto cuando los discípulos no pudieron socorrer a algún necesitado, se debía a que ellos no dependían totalmente de Él, estando Él lejos de ellos.

No “poca fe” sería que ellos confiaran que el cuadro que enfrentaban, Él lo conocía todo.

Nunca tendríamos lo de 1 Juan 5:14, 15, si cada vez que pedimos algo, lo recibimos exactamente lo que hemos pedido…

14Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.

15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Juan 5:14, 15).

Por la forma cómo hemos hecho nuestra petición (dejando que Su voluntad prevalezca) es que… “sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

¿CUÁNTO TENEMOS POR FE?

1. Por la fe sé que Dios es el Creador de todas las cosas…

2. Por la fe sé que Él controla todas las cosas hasta hoy…

3. Por la fe sé que nuestro Señor es el único Salvador…

4. Por la fe sé que la única manera para ser salvo es por la fe en Él…

5. Por la fe sé que mi salvación nunca corre peligro, porque Él me salvó y me mantiene salvo…

6. Por la fe sé que tengo vida eterna, no porque lo sienta o me sienta muy bien…

7. Por la fe sé que Dios inspiró a los santos hombres que Él escogió y ellos escribieron inspirados por el Espíritu Santo…

8. Por la fe sé que mi Señor es también mi único mediador y que no hay otro…

9. Por la fe sé que cuando tenga que morir, iré a Su presencia, acompañado de los ángeles que Él enviará para que me acompañen…

10. Por la fe sé que Él siempre escucha todas mis oraciones y que me las contesta, aunque no siempre cómo y cuándo yo quiero…

11. Por la fe sé que cuando yo por la fe recibí a Cristo como mi Salvador, esa mi relación con Él nunca cambiará…

12. Por la fe sé que Él hizo todo por mi salvación, y no me pide nada para seguir siendo salvo…

13. Por la fe sé que Él me contesta todas mis oraciones, no porque recuerde algunos casos extraordinarios. Lo sé porque Él me lo dice, y eso es fe…

Fe, no siempre es pedir algo y recibirlo exactamente según el pedido.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

14. Todos los casos de los grandes hombres de fe en Hebreos 11, son destacados porque ellos estaban SEGUROS de que Dios cumpliría Su promesa aun cuando todo parecía apuntar en lo contrario.

PERO… ¿QUÉ ES FE? ¡QUÉ PREGUNTA…!

 Fe es “Dios lo dice y yo lo creo”…

 Fe es creer todo cuanto Dios nos dice en su Palabra, la Biblia…

 Fe es creer en Dios y creer a Dios…

 Fe es estar seguro de que Dios es Inmutable y que Él cumplirá todo cuanto promete.

La fe de la que hablamos no descansa sobre sí misma, sino en qué o en quién está depositada.

En el islam es común ver a hombres que se vuelan por los aires por la fe que tienen en lo que el fundador de su religión ofrece…

Che Guevara tenía mucha fe en la doctrina del comunismo y deseaba convertir a Bolivia en el paraíso de América, pero su fe lo defraudó y el pobre Che encontró la muerte en plena flor de la vida.

La fe depositada en las obras a nadie salva, no por falta de fe, sino por falso objeto de esa fe.

Usted puede tener fe en sí mismo. En realidad hoy se enseña mucho eso de tener fe uno en sí mismo… Esta es una fe pervertida, engañosa, falsa y tan inútil como quien la tiene…

Hay quienes tienen fe en su religión. Para ellos lo importante es ser sincero en lo que uno cree.

La tan renombrada “madre teresa” decía:

 Yo, dijo ella, le digo al budista que sea mejor budista…

 Digo al hindú, que sea mejor hindú…

 Al Católico, que sea el mejor católico…

 Al protestante, que sea mejor protestante…

Jesús estaba totalmente equivocado con lo de Juan 14:6, si es que doña “madre Teresa” tiene razón…

6Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6).

Hay un fenómeno que me parece mostrarnos que el arrebatamiento es verdaderamente cierto. Porque en el arrebatamiento desaparecerán todos los cristianos. ¿Acaso, si seguimos así, no desaparecerán incluso sin el arrebatamiento?

La diferencia es que el “arrebatamiento” que vemos ahora, es el que se menciona en la parábola del sembrador (Mateo 13:3, 4)…

3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.

4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron (Mateo 13:3, 4).

Satanás está arrebatando de los corazones de muchos cristianos la pureza de la fe, adelantándose al Señor para robarles lo que habrían merecido en términos de recompensa ante el Tribunal de Cristo.

Creo que muchos cristianos le dirán al Señor:

«Pero… Señor, yo he sido fiel a la sana doctrina hasta pocos años antes de que sucediera el arrebatamiento… No me niegues la recompensa que me tenías preparado, porque ahora me doy cuenta de mi falta, dejándole al enemigo el campo libre para que me arrebatara la semilla de la pureza del Evangelio y la sana doctrina.

Reconozco que busqué divertirme en lo que llamaban alabanzas,

 “Vida con Propósito”,

 “G-12”,

 “Nuevas revelaciones” y otras cosas parecidas…»

Con esto se cumplirá lo de 1 Juan 2:28…

28Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados (1 Juan 2:28).

Un médico le llamó aparte al pastor Peter Cartwright, después que este predicó un mensaje evangelístico, y le dijo… Pastor Cartwright noto que usted siempre habla acerca de que las personas deben “sentir que son salvas”. ¿No comprende usted que el sentimiento sólo es uno de los cinco sentidos? Dígame una cosa, pastor Cartwright, ¿puede usted someter su religión a la prueba de los otros cuatro sentidos? ¿Alguna vez ha visto usted la salvación?

– No – respondió Cartwright -, pero he visto las evidencias de la salvación.

– ¿Ha oído usted la salvación? – continuó el médico.

– No.

– ¿Alguna vez ha probado con el sentido del gusto la salvación?

– No.

– ¿Alguna vez ha olido usted la salvación?

– No.

– Entonces, llego a la conclusión, por propia admisión suya, de que usted sólo puede experimentar la salvación por uno de sus cinco sentidos. Por tanto, nuestra comunidad se sentiría mucho mejor si no tuviéramos predicadores como usted, que anden por ahí conmoviendo a las personas, y hablando acerca de “sentir la salvación”.

Pero Cartwright no era un tonto. Miró directamente al médico y le dijo:

– Doctor, usted ha sido médico durante muchos años en este pueblo, ¿no es verdad?

– Sí.

– Dígame, ¿Alguna vez ha visto un dolor? El médico se quedó asombrado, pero respondió.

– Bueno, no, pero he visto las evidencias del dolor.

– Entonces dígame, ¿alguna vez ha oído usted un dolor?

– No.

– ¿Alguna vez ha probado usted con el sentido del gusto un dolor?

– No.

– ¿Alguna vez ha olido un dolor?

– No.

– Bueno, llego a la conclusión de que ustedes los médicos son sólo un grupo de matasanos, que siempre hablan acerca del dolor.Nuestra comunidad estaría mucho mejor sin ustedes.

(*) Imagen vista en Lumbrera.wordpress.com

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