El Mundo de Ellen G. White y el Fin del Mundo

El Mundo de Ellen G. White y el Fin del Mundo

Jonathan Butler
Escribiendo para sus contemporáneos, entonces, en el tiempo presente, la profetisa dice: “En los movimientos ahora en progreso en los Estados Unidos para asegurar a las instituciones y a la iglesia el apoyo del Estado, los protestantes están siguiendo los pasos de los papistas. Están ya abriendo la puerta para que el papado reconquiste en la América Protestante la supremacía que perdió en el Viejo Mundo”.23 O, nuevamente, la Sra. White, escribió: “Desde mediados del siglo XIX, los estudiantes de las profecías en los Estados Unidos presentaron su testimonio al mundo. En los eventos que están teniendo lugar ahora se ve el rápido progreso en dirección del cumplimiento de la predicción”.24 Pero, hablando genéricamente, ella escribió que el “romanismo es ahora considerado por los protestantes con gran favor, más que en años anteriores”.25 Aquí el movimento anglocatólico de Oxford, que afirmaba el ritual dentro del anglicanismo, ofrece una ilustración. Ella continuó: “Por años, ha habido en las iglesias de confesión protestante un fuerte y creciente sentimiento en favor de una unión basada en puntos comunes de doctrina”. Entonces, declaró finalmente: “La América protestante habrá formado una imagen de la jerarquía romana, y de eso resultará inevitablemente la aplicación de penas civiles a los disidentes”.26

No solamente los católicos y los protestantes se estaban fusionando a expensas de la minoría Adventista, sino que otra fuerza también surgía en el horizonte religioso – el espiritismo. Desde el período en que las hermanas Fox llegaron a Nueva York en 1850, el espiritismo desfrutó un éxito fenomenal en América. En 1870, había alcanzado su auge, y ciertamente podría haberse considerado como la tercera fuerza en la cristianidad. En muchos casos, los espiritistas afirman que son cristianos, como la Sra. White indicó en referencia a su “cristianismo nominal”. Pero la profetisa criticó el espiritismo por ser no protestante y no bíblico. Su uso de la creencia en la inmortalidad del alma contribuía a la conspiración escatológica final.

La supuesta conspiración de católicos, protestantes y espiritistas que Ellen White denunciaba a la vuelta del siglo XIX pronto se disipó. En 1895, el papa prohibió la participación de católicos americanos en congresos interconfesionales, y después de 1900, habló contra ese tipo de actividad llamándolo “modernismo”. Durante las décadas siguientes, el catolicismo se expresaría en términos de ortodoxia tradicional, y los tipos “americanistas” e interconfesionales se eximirían de las actividades que tanto habían alarmado a la Sra. White antes de 1895.28 El espiritismo, por su parte, experimentaba una decadencia anterior a los gestos interconfesionales católico-protestantes. A mediados de la década del 70, en el siglo pasado, los espiritistas habían fracasado claramente en su intento de obtener el respaldo de la comunidad científica, tan necesario a su tentativa de convertir a la religión en una ciencia empírica. Los clérigos liberales todavía apoyaban al espiritismo en la pasada década de 90. Los grupos espiritistas no redujeron necesariamente sus filas. La oposición eclesiástica al espiritismo continuó tomando eso en serio hasta el final del siglo. Pero R. Laurence Moore, el más reciente historiador del espiritismo, llegó a la conclusión de que la “‘filosofia espiritista’ dejó de ejercer influencia significativa sobre el pensamiento religioso americano a la vuelta de 1875′”.29 El ecumenismo del siglo XX ciertamente no incluyó al sucesor del espiritismo victoriano, la parapsicología. El fenómeno del ocultismo en nuestra era, que es un desvío del espiritismo o la parapsicología en su postura anticientífica, más bien que pseudocientífica, debe ser etiquetado como post-cristiano y, rara vez, como “cristianismo nominal”, si es que lo es en algún momento.

En la década de los 80 del siglo pasado, sin embargo, todavía era posible para Ellen White pronosticar que: “Cuando el protestantismo extienda la mano por encima del abismo para tomar la mano del poder romano, cuando éste extienda la mano por encima del abismo para tomar la mano del espiritismo, cuando bajo la influencia de esa triple unión, nuestro país repudie todo principio de la Constitución como un gobierno protestante y republicano, y prepare el terreno para la propagación de las falsedades y engaños papales, podremos entonces saber que ha llegado el momento para la maravillosa operación de Satanás, y que el fin está próximo”.30 Por cierto, este testimonio era verdad “presente” para cualquer Adventista en aquella década, pues el fin parecía muy cercano. Ciertamente, su escatología incluía los tiempos verbales futuro y presente, pero el futuro involucrado era el futuro inmediato. Sus predicciones parecían proyeciones en una pantalla que apenas ampliaban, dramatizaban, e intensificaban las escenas de su mundo contemporáneo. La propia Sra. White era una protestante americana. Su biografía sintetizaba la era protestante americana. Desde sus primeros tiempos como metodista en Nueva Inglaterra, invirtió sus considerables energías en las preocupaciones protestantes del milenarismo, el sabadismo, el anticatolicismo, el anti-esclavismo, la temperancia y la educación. Cuando ese mundo protestante comenzó a caer, ella testificó alarmada. Veía a la América victoriana protestante declinando en vista de los cambios religiosos, étnicos, sociales e intelectuales. Su escatología era la de su mundo.

Con la América victoriana protestante en proceso de desaparecer, la Sra. White preservó en la comunidad Adventista muchos aspectos de su mundo. A. C. Wallace definió un grupo milenarista como “un esfuerzo organizado y deliberado por parte de miembros de una sociedad para construir una cultura más satisfactoria”.31 Las creencias y actitudes Adventistas sobre la Segunda Venida, el sábado, la salud, la educación, la asistencia social, la iglesia y el estado, las relaciones laborales, y la vida en las ciudades muestran que el Adventismo es una subcultura victoriana protestante mantenida así mucho después de que la sociedad que la rodeaba había desaparecido. En el siglo XX, por lo tanto, los Adventistas del Séptimo Día forman una “minoría cognoscitiva” que se apega a una cosmovisión anterior en un mundo nuevo, más secular y pluralista.32 Nada tiene mayor peso para tal característica Adventista en esta nueva era que el continuo impacto de Ellen White sobre los Adventistas del Séptimo Día. De esa manera, si la América victoriana protestante terminó, los Adventistas continúan ilustrando la impresionante vitalidad y el significado humano del sábado. De una generación a otra, las profecías particulares pueden fallar o revelarse como condicionales, pero el apocalipticismo no es un error si continúa propiciando una cosmovisión para los que viven en la nueva generación. Lo que sugerimos aquí, a un nivel teórico, es lo que muchos evangelistas Adventistas ya practican al reescribir continuamente sus sermones sobre “los últimos días”.

Perder el sentido de inminencia de Ellen White es perder la esencia del mensaje Adventista. Se oye el argumento de que una América protestante ya no se mueve amenazadoramente sobre nosotros como en la década de 1880-1890, ni parecen amenazados los adventistas como una minoría religiosa de la manera en que sucedía hace un siglo, pero, concebiblemente, esto podría ocurrir en alguna ocasión en el futuro. Con esto en mente, me parece que se abandona el sine qua non del apocalipticismo – un sentido de ahora. Al insistir solamente sobre las “señales de los tiempos” de un Adventismo anterior, se puede realmente debilitar la creencia en el fin inminente en nuestra época (se piensa en aquellos Adventistas flojos que planean regresar a la iglesia cuando una ley dominical llegue a la sala de debates del Congreso). Si un mensaje con la intención de inspirar urgencia ahora realmente estimula el letargo, el ingrediente esencial del apocalipticismo se pierde de vista. La persecución contra los Adventistas en el Sur (el autor se refiere a un episodio aislado en el que los Adventistas fueron en esa época puestos en prisión en el estado de Tennessee por lo que se consideró irrespeto a una ley dominical local) debido a la cuestión dominical y a la ley del senador Blair en el Congreso en la década de 1880 debe continuar teniendo aplicación, pues dondequiera que la dignidad humana sea perjudicada, allí se viola el significado del día de reposo. Donquiera que la libertad religiosa sea negada, allí el sábado es eliminado de la existencia semanal del hombre. En este sentido, el destino espiritual de la humanidad permanece unido a la democracia. Pues, sin dignidad humana, sin libertad, en otras palabras, sin el sentido del sábado, el hombre afronta el más Orwelliano de los futuros.

Después de la entrevista de Solzhenistsyn por la BBC en marzo de 1976 sobre totalitarismo y un occidente debilitado y vulnerable, William F. Buckley Jr. hizo la pregunta de que “. . . si de hecho se proyectara la tecnología del totalitarismo según el mismo gráfico que se ha seguido durante el siglo pasado, ¿sería previsible que de la misma manera ocurriera un fenómeno como Solzhenitsyn entre 10 y 15 años a partir de ahora?” Malcolm Muggeridge no estuvo de acuerdo, y dijo que el hecho de existir ahora demuestra que “la tecnología nunca podrá dominar totalmente al hombre”. Y agregó: “Si usted cubre la tierra de concreto, habrá todavía una grieta en ese concreto, y de esa grieta algo brotará”. 35 A eso podría añadirse que el totalitarismo es el “concreto” contra el cual los apocalipticistas, desde el apóstol Juan hasta Ellen White, se han manifiestado. El “algo” que crece de esa grieta es el sentido del sábado.

El fin de la democracia en su más verdadero sentido es lo que preocupa – y llena de expectativas – a los adventistas. Ellen White interpretó los peligros que amenazaban a la democracia en términos anticatólicos. En el Tercer Mundo, los adventistas de América Latina leen ahora El Conflicto de los Siglos como si fuese el diario matinal (el artículo fue escrito cuando las dictaduras imperaban en el territorio latinoamericano, hecho ya superado pero que podría aplicarse tal vez parcialmente al África contemporánea). Las agitaciones culturales y los cambios en esas naciones en desarrollo, la presencia dominante de la Iglesia Católica, recuerda la experiencia americana del siglo XIX a la que Ellen White se dirigía. Sin embargo, los más feroces enemigos de la democracia son el totalitarismo de la derecha o de la izquierda política. ¡Cuán trágico es que los Adventistas del Séptimo Día en Alemania por la década de 1930 identificasen solamente al catolicismo con la bestia e ignorasen o apoyasen al nazismo!.36 La historia de la interpretación profética protestante ha cambiado de una estructura anticatólica a una anticomunista en el siglo XX, y con eso Hal Lindsay inspira a su audiencia contemporánea. En realidad, George MacCready Price, en su último libro, The Time of the End [El Tiempo del Fin], habla en ese sentido para una audiencia Adventista.37 De esa perspectiva, la bestia de la persecución puede no ser la América protestante [WASP], sino la Unión Soviética o el Mozambique marxista, o tal vez puede incluir a todos los tres.

En conclusión, El Conflicto de los Siglos interpretó la historia como una batalla cósmica entre Dios y Satanás, el bien y el mal, que revelaría por fin las “Buenas Nuevas” sobre Dios. Ella estaba preocupada por la historia sólo en cuanto ella iluminaba el drama espiritual de la “meta-historia” (según Berdyaev). En todas las épocas de la historia, “el gran conflicto” tuvo lugar en su propia manera particular. De una era a la siguiente, hay continuidad en la lucha histórica o no hay semejanzas. En el tiempo de la Sra.White, la polarización entre el bien y el mal ocurrió con su propia singularidad, y la profetisa señaló con gran especificidad la naturaleza de la lucha. Lo que importa ahora es que el evangelio sea comunicado con un grado semejante de aplicabilidad a nuestro tiempo. Sólo si estos tiempos fueran abordados con el mensaje, Cristo propiciará una respuesta a nuestros problemas. El comunismo, las armas nucleares, el racionamiento de la energía o los desórdenes ecológicos pueden estar entre las “bestias” y “las señales” no anticipadas por la Sra. White y otros pioneros Adventistas. Un mensaje profético para los que están cerca del fin del mundo debe envolver solamente esto – el mundo y no simplemente los Estados Unidos y el Occidente. Y cuestiones como el ecumenismo, o la observancia del sábado, deben ser consideradas a la luz de esos tiempos post-protestantes y post-cristianos.

El título de nuestra discusión conduce a un doble sentido: Cuando la Sra. White proclamaba el fin del mundo, se refería al fin de su mundo. Una vez que Ellen White propició una perspectiva escatológica para su propio tiempo, en su espíritu, nos toca propiciar una para el nuestro.

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