¿PODRÍA SER MAHDI, EL DUODÉCIMO IMÁN, EL ANTICRISTO?

¿PODRÍA SER MAHDI, EL DUODÉCIMO IMÁN, EL ANTICRISTO?

¿Quién es el Imán Mahdi?

El Imam Mahdi: ¿Qué es un Imán?

¿Qué es un Imam? De acuerdo con las creencias islámicas, un Imam es un líder o gobernante ungido. Especialmente entre las creencias de los chiitas, cuando la palabra es escrita en mayúsculas, un Imam es considerado (aunque no es requisito), como un líder de oración o clérigo. Los sunitas creen que un Imam puede ser un profeta también. Los chiitas creen que no todos los profetas pueden ser Imam, pero que un Imam puede ser un profeta también. Se cree que un Imam es un ungido de Alá y es un ejemplo perfecto de dirigente de la humanidad en todo sentido. La interpretación de los chiitas es que sólo Alá puede ordenar un Imam y que ningún hombre tiene el poder de hacerlo. El doceavo Imam es llamado también el Imam Oculto y el Mahdi (el guiado).

El Iman Mahdi: ¿Quién es el Imam Mahdi?

Dentro de los chiitas, (los cuales predominan en Irán), se profetiza que vendrá un doceavo Imam el cual es el gran salvador espiritual. Este Imam es llamado Abu al-Qasim Mohamed, o también se le llama Mohamed al Mahdi. Se dice que nació del onceavo Imam, Hasan Al-Askari y de su esposa, la nieta de un emperador. Existen opiniones encontradas acerca de si ella se llamaba Fátima o Nargis Khatoon.

La mayoría de los relatos de la historia dicen que al Mahdi se ocultó de niño, cerca de los cinco años (alrededor del siglo XIII). Se dice que ha estado “ocultándose” en cuevas desde entonces, pero que regresará sobrenaturalmente justo antes del Día del Juicio. De acuerdo con el Hadith el protocolo para el Imam Oculto es:

Será un descendiente de Mohamed y el hijo de Fátima
Tendrá una frente ancha y nariz puntiaguda
Regresará justo antes del fin del mundo
Su aparición será precedida por un número de eventos proféticos durante tres años de horrendo caos mundial, tiranía y opresión
Escapará de Medina a la Meca, miles le jurarán lealtad
Gobernará sobre los árabes y el mundo por siete años
Erradicará toda tiranía y opresión trayendo armonía y paz total
Dirigirá una oración en la Meca durante la cual Jesús estará a su lado y se le unirá
Extraordinariamente, la teoría del Imam Mahdi juega un papel importante dentro de las actuales preocupaciones mundiales con Irán. El Presidente musulmán chiita de Irán, Ahmadinejad, está profundamente comprometido con el mesías islámico, al Mahdi. A través de los años ha habido muchos que han proclamado ser el Imam Oculto, pero Ahmadinejad cree que todavía está por venir. El afirma ser el que personalmente debe preparar al mundo para la venida del Mahdi. Para poder salvar al mundo, éste debe estar en un estado de caos y subyugación. Ahmadinejad afirma que él fue “encomendado por Alá a allanar el camino para la aparición gloriosa del Mahdi.” Esta encomienda apocalíptica incluye declaraciones espeluznantes.

El Imam Mahdi: ¿Porque es esto especialmente importante ahora?

Mientras que los cristianos esperan la segunda venida de Jesús, los judíos esperan el Mesías y los musulmanes esperan el doceavo Imam. Sin embargo, de los tres, el Mahdi designado por Alá es el único que demanda un camino violento para conquistar el mundo. El señor Ahmadinejad, y su gabinete, dicen que ellos han “firmado un contrato” con al-Mahdi en el cual se consagran a trabajar para él. ¿Qué envuelve este trabajo? A la luz de las preocupaciones sobre las capacidades nucleares de Irán, se informa que Mahmoud Ahmadinejad ha dicho que Israel debe ser borrado del mapa. En septiembre del 2005 habló ante las Naciones Unidas. Durante ese discurso, afirma haber estado en un aura de luz, y haber sentido un cambio en la atmósfera en el cual ninguno de los presentes podía parpadear. Se dice que el Primer Ministro de Irán también ha hablado en términos apocalípticos, y parece disfrutar el conflicto con el Oeste a quien llama el Gran Satanás. Todo esto ocurre mientras proclama que debe preparar al mundo para la venida del Mahdi por medio de un mundo totalmente bajo el control de los musulmanes. Él está trabajando duro para provocar los horrores alrededor del mundo que deben tener lugar para que su al-Mahdi traiga la paz.

Esta idea y meta, junto con un odio violento a los infieles, a América y a Israel, nos recuerdan profecías bíblicas del venidero anticristo y el juramento de fidelidad de millones a un mesías falso y engañador quien afirma traer paz. ¿Podrá este doceavo Imán Mahdi y su siervo Ahmadinejad encender la chispa de los últimos días para la venida del verdadero Salvador? 

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Tomado de Los Signos del Anticristo de Ricardo de la Cierva.

En estos últimos días, muchos me han preguntado si Barack Obama es el anticristo, ya que hace un tiempo atrás publiqué un artículo obtenido de una noticia cristiana, donde se decía que el era el anticristo, en una campaña de difamación política surgida como consecuencia de su lucha por la candidatura del partido demócrata para ser elegido presidente de los Estados Unidos.

Aquí reproduzco un interesante artículo al respecto:

«La existencia futura del Anticristo es, para los cristianos, un asunto de fe; en las cartas de San Juan, en las de San Pablo y en el Apocalipsis se anuncia la presencia y la venida del Anticristo, un ser diabólico, pero totalmente diferente de Satanás, un ser del que sabemos algunas cosas seguras, más de las que suelen creerse. Sabemos que -como nos revela la carta de San Juan- han existido varios anticristos; la serie empezó en el mismo tiempo de los Apóstoles y se cerrará con los Anticristos principales, las que denomina el Apocalipsis Bestia de la Tierra y Bestia del Mar, sin llamarles anticristos; pero toda la tradición cristiana les ha dado siempre ese nombre. Si por tanto hubo algunos anticristos al principio de la Era Cristiana y los dos principales aparecerán al fin de los tiempos, me parece no solamente lícito, sino obvio, deducir que la sucesión de anticristos ha sido prácticamente continua desde los Apóstoles hasta nosotros; y continuará «hasta el día final» como le llama el Concilio Vaticano II.

El nombre de Anticristo es terrorífico, pero el terror no debe clausurar la inteligencia. Anticristo significa etimológicamente dos cosas: primera, alguien que va contra Cristo; segunda, alguien que trata de suplantar a Cristo. Como ejemplo de alguien que va contra Cristo he citado a algunos heresiarcas encabezados por Arrio en los estertores de la Edad Antigua; porque el presbítero de Alejandría negaba el rasgo más esencial de Cristo, que es su persona divina. Uno de los anticristos en que aparece con mayor claridad su carácter de enemigo personal de Cristo es el filósofo Friedrich Nietzsche, uno de los que han configurado, por desgracia, la mentalidad de nuestro tiempo en cuanto a sus más oscuros rebordes anticristianos. He citado muchos más casos. El Anticristo final, la Bestia del Apocalipsis, será un anticristo de odio contra Cristo y también de sustitución; porque su objetivo máximo consistirá en suplantar a Cristo, en borrar la imagen de Cristo en el corazón y la mente de los hombres. Uno de sus predecesores en el intento de suplantación puede ser Maitreya, el anticristo de la secta New Age que se quiere llamar Cristo, en el sentido pleno de anticristo.

En figuras de la tradición intelectual católica, tan importantes y significativas como el gran jesuita Agustín Barruel, aparece la hipótesis (que él prueba en parte sustancial) de que la secuencia de los enemigos de Cristo y, por tanto de los anticristos, se ha desarrollado continuamente a lo largo de la Historia de la era cristiana. Precisamente este profundo historiador e intuitivo escritor, autor del libro más vendido entre los siglos XVIII y XIX, ha sido insultado hasta el intento de acabar con su doctrina y su memoria por quienes, curiosamente, se adscriben a los enemigos de Cristo; y considera a éstos a veces como personas individuales, a veces como agrupaciones o entidades colectivas. Por eso he incluido dentro de la serie de anticristos a la cadena gnóstica, detectada ya certeramente por Barruel, y dentro de ella a los cataros y a la Masonería, por motivos que he explicado detalladamente en el texto. En cuanto a los ilustrados de la Enciclopedia, desde su agresivo patrón Holbach a los grandes santones como Voltaire y Rousseau, es evidente que configuran un conjunto anticristiano y por tanto un anticristo colectivo. Más cerca de nosotros la figura de Carlos Marx es formal y expresamente anticristiana y su creación universal, el marxismo en sus diversas formas, ha merecido al Papa Juan Pablo II la consideración de pecado contra el Espíritu Santo y por tanto no puede eludir ante la Historia la calificación de anticristo colectivo.

Creo que a lo largo del libro, en el que se tocan con la profundidad posible algunos problemas que hasta ahora prácticamente nadie se había atrevido a tratar, se insinúan con fuerza suficiente dos de ellos: la relación entre la Masonería y un sector de los judíos y la generalmente aceptada intangibilidad de la Masonería en los Estados Unidos. He utilizado el verbo insinuar porque es muy difícil profundizar más; los dos problemas parecen estar sometidos a una censura implacable que impide no ya un dictamen sobre ellos, sino incluso el intento de tratarlos. El ejemplo clásico es la Masonería específicamente judaica de los Hijos de la Alianza, el B’nai B’rith, que no puede ni consultarse en Internet, porque la Red de Redes descarta, casi con violencia, cualquier intento de conexión al asunto, que por lo demás me parece del máximo interés social e histórico. La cuestión es que cuando alguien trata de ocuparse seriamente de cualquier problema relacionado con la conexión entre judaísmo y Masonería, inmediatamente se echan sobre el imprudente voces airadas que decretan materia reservada a tal conspiración, y califican al tratamiento de «revisionista» cuando no lisa y llanamente de antisemita. Luego los poderosos órganos judíos e israelitas de defensa en los medios de comunicación ahogan el asunto con su proverbial eficacia.

No acepto por supuesto los métodos de la Inquisición si alguien se atreve a utilizarlos hoy en la Iglesia católica, pero tampoco acepto que Juan Calvino queme en la hoguera ginebrina al sabio español Miguel Servet, ni que Isabel de Inglaterra decapite o ahorque a los mártires católicos de Inglaterra (bajo acusaciones falsas de conspiración en muchas ocasiones), ni que otras respetables instituciones no cristianas adopten en nuestros días, perfeccionados, los métodos de la Inquisición. No digo ni por un momento que toda la Masonería dependa histórica y actualmente de las instituciones judías, pero me parece evidente que en diversos momentos de la Historia un sector masónico se ha visto influido por un sector judío y merece la pena, científicamente hablando, investigar la relación. Sobre ella hemos dicho algunas cosas en el curso del libro. Una de las más sorprendentes y esclarecedoras es la intervención de un padre del Vaticano II, tan prestigioso como el cardenal Ruffini, que favorecía la reconciliación de la Iglesia católica con los judíos, pero añadía, irónicamente, que dentro del nuevo clima de comprensión la Iglesia podría pedir a sus nuevos amigos que dejasen de apoyar las actividades masónicas como generalmente hacen, dada la hostilidad de la Masonería contra la Iglesia. Esta sugerencia motivó precisamente una de las intervenciones del obispo mexicano don Sergio Méndez Arceo a favor de la Masonería. Hemos visto en el capítulo correspondiente, dentro de la breve historia de la Masonería, cómo un eminente sacerdote y periodista español, monseñor Iribarren, se hacía eco, con bastante sorpresa y sin acabar de pronunciarse, de esta intervención de monseñor Ruffini. En esta línea seria conveniente investigar cómo se realizó verdaderamente la aproximación de la Iglesia católica a los judíos de hoy, al exonerarles de toda culpa de deicidio a precio de una importante modificación en la liturgia de la Semana Santa. Recientemente he visto que personas cualificadas están revisando este asunto, en dos libros publicados por una interesante editorial, Criterio, sobre los aspectos jurídicos e históricos del proceso de Jesús ante el Sanedrín dentro del relato evangélico de la Pasión. Hay que clarificar la actitud del cardenal jesuita Agustín Bea, uno de cuyos colaboradores más próximos, el jesuíta –luego expulsado- Malachi Martin acaba de fallecer cuando se escriben estas líneas en agosto de 1999. El padre Martin es una de las personas que conocían más secretos intocables de la Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XX. El primer libro de la editorial Criterio, que acabo de leer, se debe a dos judíos conversos, los hermanos Lémann, luego religiosos e historiadores notabilísimos sobre el pueblo de Israel. El título del libro es La Asamblea que condenó a Jesucristo y resulta escalofriante, pero irreprochable en su fundamento histórico. En fin, que en el curso de este libro hemos subrayado coincidencias englobadas bajo el epígrafe conjunción judeo-masónica que merecen una reposada investigación, sin espíritu revisionista ni mucho menos antisemita.

Precisamente cuando estaba escribiendo esta conclusión del libro me he topado en una de mis habituales incursiones por Internet con un nuevo artículo sobre Masonería en Israel (WWW 2 sept. 1999), titulado «Jerusalén, cuna legendaria de la Francmasonería», en que se repasa cumplidamente por medios del Supremo Consejo del Rito Escocés del Estado de Israel (nombre del autor, Leo Zeldis) el conjunto de la relación judeomasónica en la Ciudad Santa. El autor recuerda la obsesiva presencia del Templo de Salomón (y del Segundo Templo) en los rituales de la Masonería y evoca la primera ceremonia de la Nueva Masonería de Israel en Tierra Santa, el 13 de mayo de 1868, en los subterráneos conocidos como Canteras del Rey Salomón. Las Grandes Logias de Estados Unidos, Francia y otros países como Italia mantienen comunicación fraterna con la Gran Logia de Israel. En mi libro La palabra perdida, que contiene los rituales masónicos de los cuatro primeros grados, seleccioné como portada un precioso mosaico comprado por mí durante un reciente viaje a Jerusalén con los principales emblemas masónicos enmarcando el nombre de la Ciudad Santa. Queda, por tanto, mucho que investigar en un campo que, por lo que se ve, interesa también a la Masonería israelí.

En el centro del segundo problema que hemos apuntado, pero que requiere mucha mayor investigación, figura la Masonería en Estados Unidos. Muchos católicos norteamericanos niegan toda truculencia y todo misterio en una obediencia masónica que se separó de la Gran Logia de Inglaterra con motivo de la Revolución Americana, cuyos prohombres como Washington y Franklin eran masones y no persiguieron a las Iglesias cristianas. Es verdad, pero el cardenal Ratzinger tiene toda la razón al señalar en su Instrucción de 1983 que todas las obediencias masónicas sin excepción alguna participan en los principios gnósticos, anticristianos y por tanto neopaganos que de ninguna manera son exclusivos de las Masonerías europeas. La editorial norteamericana Acacia Press está publicando ahora en Internet interesantísimos extractos sobre sus publicaciones acerca de la historia de la Masonería norteamericana, que en lo esencial es casi idéntica a la primordial Masonería inglesa de la que nació y comparte con ella y con las demás obediencias las notas de gnosticismo, neopaganismo y anticristianismo que hemos señalado en ellas (ver Internet Crooker.com, sept. 1999). La tesis de estas publicaciones es que la Francmasonería norteamericana es «una fundación cultural para el control represivo de la sociedad»; curiosamente, la misma descripción que los mejores especialistas actuales en la Inquisición reservan para la institución creada para la lucha contra los cataros y luego adaptada por la Iglesia para la represión contra herejes y relapsos en la España de los Reyes Católicos.

Para terminar estas breves conclusiones quisiera añadir un punto fundamental, que espero haber dejado establecido con la suficiente claridad en este libro. Hemos visto que hay dos Masonerías, la Masonería de las logias y los rituales y la Masonería, a la vez extensiva y profunda, que se despliega en instituciones de origen y base masónica, pero que no se presentan formalmente como masónicas; casos claros de la Sociedad Teosófica y la Internacional Socialista, tan identificada hoy en todo el mundo con el fundamental ideal masónico de la secularización absoluta. Esta segunda Masonería, menos aparente como tal, es la que hoy se alinea como un solo hombre en las instituciones tendentes a la gestación de un Gobierno Mundial, como el CFR americano, el Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral, en las que la presencia masónica (y a veces también judeomasónica) es patente para los que quieren ver detrás de los secretos y las apariencias investigaciones.» [1]

Fuente bibliográfica:

[1] http://conviccionradio.cl/es/Formacion/NeoMarxismo/Reflexiones-sobre-el-Anticristo.html