El Problema del Dolor

El Problema del Dolor
1 JULIO 2010

por RC Sproul

El problema del mal ha sido definido como el talón de Aquiles de la fe cristiana. Por siglos la gente ha luchado con el dilema, ¿cómo un Dios bueno y amoroso podría permitir que el mal y el dolor sea tan frecuente en Su creación. Los problemas filosóficos han generado una abundancia de reflexión y debate, algunas de las cuales se ha reiterado en este tema, pero en última instancia, el problema es uno que se mueve rápidamente desde el nivel abstracto al ámbito de la experiencia humana. Lo filosófico choca en lo existencial.

Históricamente, el mal se ha definido en términos de privación (privatio) y negación (negatio), especialmente en las obras de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. El punto de estas definiciones es definir el mal en términos de una falta o negación de lo bueno. Se define el pecado, por ejemplo, como cualquier falta de conformidad con, o la transgresión de la ley de Dios. El pecado es característicamente definido en términos negativos.

Hablamos del pecado como desobediencia, ilegalidad, inmoralidad, comportamiento poco ético, y similares. Así que, por encima y más allá del problema del mal siempre está la medida del bien por el cual el mal está decidido a ser malo. En este sentido, el mal es parasitario. Depende de una infinidad fuera de sí mismo para su propia definición. Nada puede decirse que sea mal sin el estándar previo de lo bueno. Sin embargo, en tanto hablemos del mal como una privación o negación del bien, no podemos escapar del poder de su realidad.

En el tiempo de la Reforma, los reformadores magistrales abrazaron la definición del mal que heredaron de los padres de la iglesia anteriores en términos de privatio, de privación y negación. Lo modificaron con una palabra crítica. Privatio comenzó a ser descrito como privatio actuosa (una real, privación). El objetivo de esta distinción fue para llamar la atención sobre la realidad del mal. Si pensamos en el mal y el dolor simplemente en términos de negación y privación, e intentamos evitar la realidad de ella, fácilmente podemos caer en el error absurdo de considerar el mal una ilusión.

Cualquiera otra cosa que sea el mal, no es ilusoria. Experimentamos la angustia de su impacto, no sólo en un sentido individual, sino en un sentido cósmico. La creación entera gime, se nos dice en la Escritura, a la espera de la manifestación de los hijos de Dios. El juicio de Dios sobre la raza humana era un juicio que se extendió a todas las cosas sobre las que Adán y Eva tuvieron el dominio, incluyendo toda la tierra. La maldición se extiende mucho más allá de la casa de Adán hasta en cada grieta de la creación de Dios. La realidad de esta maldición pone una carga pesada y un manto incómodo a todo en la vida. De hecho, es un manto de dolor.

Hace muchos años tuve una amiga cristiana muy querida que estaba en el hospital pasando por una serie de rigurosos tratamientos de quimioterapia. La quimioterapia en ese momento provocó una violenta náusea en ella. Cuando hablé con ella acerca de su experiencia, le pregunté cómo su fe estaba de pie en medio de esta prueba. Ella contestó, “RC, es difícil ser cristiano con la cabeza en el inodoro.” Esta respuesta gráfica a mi pregunta causó una impresión duradera en mí. La fe es difícil cuando nuestros cuerpos físicos se retuercen de dolor. Y, sin embargo, es en este punto quizá más que cualquier otro en el que el cristiano huye a la Palabra de Dios para consuelo. Es por esta razón que la base para la fe cristiana es la afirmación de que Dios es soberano sobre el mal y sobre todo dolor. No sirve para cesar el problema del dolor al reino de Satanás. Satanás no puede hacer nada, excepto bajo la autoridad soberana de Dios. Él no puede lanzar un dardo de fuego único a nuestro camino sin la voluntad soberana de nuestro Padre celestial.

No hay porción de las Escrituras que más dramáticamente comunique este punto que todo el libro del Antiguo Testamento de Job. El libro de Job habla de un hombre que se lleva al límite absoluto de la resistencia con el problema del dolor. Dios permite que Job sea un blanco sin protección para la maldad de Satanás. Todo lo estimado a Job es despojado de él, incluyendo a su familia, sus bienes y su propia salud física. Sin embargo, al final del día, en medio de su miseria, mientras que su casa está encima de un estercolero, Job exclama: “El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR.” (1:21). Es fácil citar esta afirmación de Job en una manera simplista y petulante. Pero es necesario ir más allá de lo simplista y penetrar en el corazón de este hombre en medio de su miseria. Él no estaba poniendo en un acto espiritual, o tratando de sonar piadoso en medio de su dolor. Más bien, expuso un sorprendente nivel de confianza inquebrantable en su Creador. La máxima expresión de esa confianza se produjo en sus palabras: “Aunque El me mate, en El esperaré” (13:5). Job prefigura la vida cristiana, una vida que no se vive en la Quinta Avenida, el lugar de celebración del desfile de Pascua, sino en la Vía Dolorosa, el camino de los dolores que termina al pie de la cruz. La vida cristiana es una vida que abraza el sacramento del bautismo, lo que significa, entre otras cosas, que somos bautizados en la muerte, la humillación y las aflicciones de Jesucristo. Se nos advierte en la Escritura que, si no estamos dispuestos a aceptar esos males, entonces no vamos a participar en la exaltación de Jesús. La fe cristiana bautiza a una persona no sólo en el dolor, sino también en la resurrección de Cristo. Cualquiera que sea el dolor que experimentamos en este mundo puede ser agudo, pero siempre es temporal. En cada momento que experimentamos la angustia del sufrimiento, late en nuestros corazones la esperanza del cielo – que el mal y el dolor son temporales y están bajo el juicio de Dios, el mismo Dios que le dio una promesa a Su pueblo que habrá una momento en que el dolor no será más. El privatio y el negatio será vencido por la presencia de Cristo.

Traduccion: Armando Valdez

Tomado de aqui

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Cuando lo que Dios hace no tiene sentido – James Dobson

Porque Dios permite el sufrimiento

En relacion al tema de la catástrofe sísmica de Haiti, donde murieron mas de 100.000 personas (algunos medios dicen 200.000), muchos han debatido porque Dios permite el sufrimiento, y entonces Dios es malo acaso que manda estas tragedias?

Sería largo dar respuestas a todos estos interrogantes, que superan la capacidad y el conocimiento que uno tiene de la vida, dada la complejidad de la respuesta.
Por este motivo, aca subo algunos libros que pueden ser de bendicion al lector.

Lamentablemente, me sera imposible conformar todas las cosmovisiones que hay y todas las formas de entender el eterno problema de ¿Porque Dios permite el mal?
Pero al menos,con esta seleccion de libros, quizas ud, pueda tener una idea mas global de este complejo tema.
Espero les sea de bendicion la lectura y la puedan disfrutar.

Porque lo permite Dios..      , de Martyn Lloyd Jones

David Martyn Lloyd-Jones (diciembre 20, 1899-marzo 1, 1981) fue un ministro protestante galés y predicador que influyó en el ala reformada del movimiento evangélico británico en el siglo 20. Durante casi 30 años, fue el ministro de la Capilla de Westminster en Londres. Lloyd-Jones, se opone firmemente a la teología liberal que se había convertido en una parte de muchas denominaciones cristianas, considerándola como aberrante. No está de acuerdo con el enfoque amplio de la iglesia y alentó a los cristianos evangélicos (en particular, anglicanos) para salir de sus denominaciones actuales, al considerar que la comunión cristiana verdadera sólo es posible entre aquellos que comparten convicciones comunes acerca de la naturaleza de la fe.

Porque un Dios bueno …

Tambien recomiendo la lectura del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido“, del Dr. James Dobson, un reconocido sicologo y terapeuta norteamericano.

Un libro extraordinariamente practico para los que luchan con pruebas y quebrantos que no pueden comprender. Por que la enfermedad, el divorcio, el rechazo, la muerte, o la tristeza han de llegar a nuestra vida cuando estamos tratando de servir al Senor? Esto no parece justo! Este libro trata sin rodeos con la cuestion mas inquietante de la vida: el terrrible “Por que?” Con la capacidad extraida de su larga experiencia en sicologia cristiana y asesoramiento familiar, el doctor Dobson trae esperanza a aquellos que estan a punto de rendirse.

James Clayton “Jim” Dobson (n. 21 de abril de 1936 en Shreveport, Louisiana) es el presidente de la organización Focus on the Family, organización sin fines de lucro fundada por Dobson en 1977. Produce el programa diario de radio Focus on the Family (“Enfoque a la familia”), transmitido en más de una docena de idiomas, en más de 7.000 estaciones de radio a nivel mundial, con una audiencia de más de 220 millones de personas en 164 países.1 2 Focus on the Family es llevado a cabo por más de 60 estaciones de televisión estadounidense diariamente.1 En 1981 fundó Family Research Council.

Dobson es un cristiano evangélico con puntos de vista conservadores tanto en teología como en política. Recientemente fue nombrado el “Líder Evangélico Estadounidense Más Influyente” (The Most Influential Evangelical Leader in America) por la revista Christianity Today, y muchos lo ven como el sucesor de los líderes evangelicos Billy GrahamJerry FalwellPat Robertson.