El Evangelismo y La Soberanía Divina parte 1

El Evangelismo y La Soberanía Divina parte 1
by Pedro Camino
El Evangelismo y La Soberanía Divina
El Médico Lucas: Hechos
Dos de los libros más evangelísticos de la Biblia son Hechos y Hebreos. Con este fin, el libro de Hechos registra el celo ganador de almas de los primeros discípulos por cumplir la Gran Comisión. Predicando de Cristo y de este crucificado de una manera atrevida, anunciaron al mundo que no hay salvación en ningún otro nombre (4:12). Llenaron a Jerusalén y las regiones circundantes de su testimonio de Cristo, hasta Roma, y echaron al mundo de cabeza con el evangelio. No menos orientado en alcance, el libro de Hebreos contiene algunas de las súplicas imaginables más fervientes del evangelio. Intercalado a través de Hebreos son cinco pasajes preventivos que proveen súplicas repetidas hacia los lectores no convertidos, instándoles a salvarse. No hay invitaciones del evangelio en cualquier parte de las Escrituras que puedan compararse con las súplicas apasionadas de estas advertencias en Hebreos.
Aún a pesar de este tenor ferviente evangelístico, estos dos libros están saturados a fondo de las doctrinas de la gracia. De principio a fin, el registro inspirado de la iglesia temprana da testimonio de la gracia soberana de Dios en la salvación. Hechos registra las conversiones de miles de pecadores perdidos, pero al mismo tiempo está profundamente arraigado en la tierra fértil de la soberanía divina. Las verdades gemelas de la responsabilidad del hombre en el evangelismo y la soberanía de Dios en la salvación no congenian; por el contrario, son perfectamente complementarias, las dos caras de la misma moneda. Al ser predicado el evangelio, Dios se complace en llevar a Sus elegidos a Sí Mismo. Estas mismas verdades compatibles – el evangelismo y la soberanía de Dios – pueden verse lúcidamente en el libro de Hebreos. En medio de sus 467 advertencias evangelísticas, esta epístola anónima contiene enseñanza teológicamente precisa sobre la gracia soberana de Dios.
En lugar de ser un impedimento para el evangelismo, las doctrinas de gracia son una motivación explosiva para ser testigos de Jesucristo. Correctamente entendidas, estas verdades bíblicasgarantizan el éxito del evangelismo. Dios tiene personas elegidas, seleccionadas antes de que el tiempo comenzase, a quienes El salvará. ¡Qué verdad tan liberadora! A la luz de esta certeza, todos los creyentes son invitados a participar con Dios en el trabajo más grande sobre la tierra, esa misión noble de esparcir el mensaje de salvación para reunir a los elegidos. El éxito de esta misión ha sido la esperanza confiada de la iglesia a través de los siglos. Y lo puede ser de nuevo en esta hora.
Al investigar ahora las doctrinas de la gracia en los libros de Hechos y Hebreos, debería notarse que las palabras de Pedro en Hechos fueron cubiertas en el Capítulo 11. Este capítulo enfocará primordialmente la atención sobre el comentario de Lucas y las palabras de otros en Hechos – ya sea las palabras dichas por Dios Mismo, Esteban o Pablo.
Lucas el Médico
“El Historiador de Citas Divinas”
Lucas, conocido cariñosamente como “el médico amado” (Col. 4:14), fue un amigo íntimo del apóstol Pablo. Él fue uno de los asistentes de Pablo en su segundo y los tercer viajes misioneros, y en su viaje hacia Roma. Esto el hecho es verificado por su uso de las palabras nosotros en el libro de los Hechos, señalando que Lucas, el autor, estaba presente con Pablo en estas ocasiones en particular (16:10–17; 20:5–21:18; 27:1 – 28:16). Lucas estaba también con Pablo durante el período de los dos años de su primer encarcelamiento romano (Col. 4:10–17; Filemón 23–24). Fue probablemente en esta ocasión en Roma que Lucas escribió Hechos, confirmando los hechos de la conversión de Pablo, tres viajes misioneros, el arresto, y el viaje hacia Roma. Se cree que siendo un líder espiritual excelente, Lucas se encargó de la obra de la iglesia en Filipos alrededor de seis años más durante su vida. Él escribió dos libros de la inspirada Escritura, el evangelio que lleva su nombre y el libro de los Hechos, que sirve para extender el relato de lo que Jesús comenzó a hacer durante Su ministerio terrenal.
El Libro de los Hechos:
“Dios: Edificador de Su Iglesia”
El libro de los Hechos es el registro inspirado del esparcimiento del cristianismo, a partir del nacimiento de la iglesia en el día de Pentecostés y concluyendo con la llegada de Pablo a Roma para ir a juicio y predicar el evangelio. Cubriendo un período de treinta años, Hechos registra el triunfo glorioso del cristianismo sobre la religión muerta del judaísmo y la fuerza imperial de Roma. Documenta que la soberanía de Dios y el poder del evangelio son mayores que la oposición del hombre. Aquí vemos a Jesús edificando Su iglesia, y llevándolo a cabo sobre las doctrinas de gracia. También vemos que la soberanía de Dios en la salvación fue un fuerte énfasis de la iglesia primitiva. En Hechos, Lucas demostró que la libre oferta de Cristo a todos no estánunca en confrontación con la doctrina de la elección soberana. Lo dos son mutuamente inclusivos, nunca exclusivos. Dios se agrada de salvar a Sus elegidos a través de la predicación de la Palabra.
Continuará…

http://www.verdadypalabra.com/2010/09/el-evangelismo-y-la-soberania-divina.html

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¿Es injusta la doctrina de la elección?

¿Es injusta la doctrina de la elección?
Por John MacArthur
Adaptado al español por Henry Tolopilo.

A pesar de la claridad con la que la Escritura habla sobre este tema, muchos que profesan ser cristianos hoy luchan con la aceptación de la soberanía de Dios – especialmente cuando se trata de Su obra electora en la salvación. Sus protestas más comunes, por supuesto, son que la doctrina de la elección es injusta. Pero tal refutación viene de una idea humana de justicia, en vez del entendimiento objetivo y divino de la verdadera justicia. Para poder tratar apropiadamente este tema de la elección, debes dejar al lado toda consideración humana y enfocarte en la naturaleza de Dios y en Su estándar justo. En la justicia divina es donde debe empezar la discusión.

¿Qué es la justicia divina? Dicho simplemente, es un atributo esencial de Dios que Él infinitamente, perfectamente e independientemente hace exactamente lo que quiere hacer cuando y como lo quiere hacer. Porque Él es el estándar de la justicia  por definición, entonces todo lo que hace es inherentemente justo. Como William Perkins dijo, muchos años atrás, “No debemos pensar que Dios hace una cosa porque es buena y correcta, pero sino es que la cosa es buena y correcta porque Dios lo quiso y lo hizo así”.

Por tanto Dios define para nosotros lo que es la justicia, porque Él es por naturaleza justo, y lo que Él hace refleja esa naturaleza. Su propia voluntad y nada más está detrás de Su justicia. Esto significa que lo que Él quiere, es justo; y es justo, no por cualquier estándar externo de justicia, sino simplemente porque Él lo quiere así.

Porque la justicia de Dios es parte de Su carácter, no es sujeto a las conjeturas humanas de lo que la justicia debe ser. El Creador no le debe nada a la creación, ni lo que a Él le place dar por Su gracia. Dios no actúa por obligación ni compulsión, sino por Su propia prerrogativa independiente. Esto es lo que significa ser Dios. Y porque Él es Dios, Sus acciones libremente determinados son intrínsecamente correctos y perfectos.

El decir que la elección es injusta no es solamente incorrecto, pero también falla en reconocer la misma esencia de la verdadera justicia. Lo que es justo, y correcto, y recto es lo que Dios quiere que se haga. Entonces, si Dios quiere escoger a aquellos quienes Él quiere salvar, es inherentemente justo si Él lo quiere hacer así. No podemos imponer nuestras propias ideas de justicia hacia nuestro entendimiento de la obra de Dios. En vez de ello, debemos ir a las Escrituras para ver como Dios mismo, en Su perfecta justicia, decide actuar.

¿Qué nos enseña la Biblia sobre la elección?

Por John MacArthur
Adaptado al español por Henry Tolopilo.
La elección es el acto donde Dios por el cual en la eternidad pasada El escogió aquellos que serían salvos. La elección es incondicional, porque no depende en cualquier cosa que este fuera de Dios, como obras buenas o fe prevista (Romanos 9:16). La Biblia enseña sobre esta doctrina repetidamente, y también exigida por nuestro conocimiento de Dios. Para empezar, veamos la evidencia Bíblica.
La Biblia dice que antes de la salvación, todas las personas están muertas en pecado—muertos espiritualmente (Efesios 2:1-3). En este estado de muerte, el pecador esta totalmente incapacitado para responder a cualquier estimulo espiritual y consecuentemente esta incapacitado para amar a Dios, obedecerlo, o agradarlo en cualquier manera. La Escritura dice que la mente de cada creyente “es enemiga de Dios porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo; y los que están en la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7-8 énfasis agregado). Esto describe un estado de desesperanza total: la muerte espiritual.
El efecto que tiene todo esto es que ningún pecador puede hacer la primera movida en el proceso de la salvación. Esto es lo que quiso decir Jesús en Juan 6:44, cuando dijo, “Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió.”
Esta es la razón que la Biblia también le pone énfasis repetidamente que la salvación es una obra totalmente de Dios. En Hechos 13:48 leemos, Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenado a vida eterna.”
Hechos 16 nos dice que Lidia fue salva cuando, “el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía.”
Romanos 8:29-30 dice, “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó.”
En Efesios 1:4-5, 11 leemos, según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad…también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad.”
Efesios 2:8 nos sugiere que hasta nuestra fe es un don de Dios.
En Segunda de Tesalonicenses 2:13, el apóstol Pablo les dice a sus lectores, “Dios nos ha escogido desde el principio para salvación.”
Segunda de Timoteo 1:9 nos informa que Dios “nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad.”
Ocasionalmente alguien hará la sugerencia que la elección de Dios esta basada en Su conocimiento previo de ciertos eventos. Este argumento esta diciendo que Dios simplemente mira hacia el futuro para ver quien irá a creer, y luego escoge al que El ve que lo va a escoger. Note que 1 Pedro 1:2 dice que los elegidos se escogen, “según el previo conocimiento de Idos Padre, “y Romanos 8:29 dice, “a los que de antemano conoció, también los predestinó.” Y si el divino conocimiento previo simplemente significa el conocimiento previo de Dios de lo que va a ocurrir por adelantado, entonces estos argumentos quizás aparezcan tener poquito peso tras de ellos.
Pero ese no es el significado Bíblico del “conocimiento previo.” Cuando la Biblia habla del conocimiento previo de Dios, se refiere a una relación de amor que Dios establece con una persona.  La palabra “conocer” en el Antiguo y el Nuevo Testamento, se refiere a mucho más que un conocimiento cognitivo de una persona. Pasajes como el de Oseas 13:4-5; Amos 3:2 (Versión Reina Valera); y Romanos 11:2 claramente indican esto. Por ejemplo, Primera de Pedro dice que Cristo “estaba preparado desde antes de la fundación del mundo.” ¡Seguramente esto significa más de que Dios el Padre miro hacia el futuro para ver a Cristo!  Significa que El tenía una relación de amor eterna con El. Lo mismo es cierto de los que han sido elegidos, de los quienes nos dicen que Dios “de antemano conoció” (Romanos 8:29). Eso quiere decir que El los conocía—los amo—antes de la fundación de mundo.
Si la elección de Dios es incondicional, ¿Esto hace a un lado la responsabilidad humana? Pablo pregunta y contesta esta misma pregunta en Romanos 9:19-20. Dice que la elección de Dios es un acto de misericordia. Si fuera nuestra decisión, hasta los que fueran los elegidos continuarían en su pecado y se perderían, porque fueron sacados de la misma bola de arcillan caída como el resto de la humanidad. Solo Dios es responsable por la salvación de ellos, pero esto no erradica la responsabilidad de aquellos que sigan en su pecado y se pierden—porque lo hacen por su propia voluntad, y no por obligación. Ellos son responsables por su pecado, no Dios.
La Biblia afirma la responsabilidad humana junto con la doctrina de Su divina soberanía. Además, La oferta de misericordia que encontramos en el evangelio es extendida a todos. Isaías 55:1 y Apocalipsis 22:17 les llaman a “todos que vengan” a ser salvos. Isaías 45:22 y Hechos 17:30 le ordenan a todo hombre que acuda a Dios, se arrepienta, y sea salvo. Primera de Timoteo 2:4 y Segunda de Pedro nos dicen que Dios no quiere que nadie perezca, sino que desea que todos sean salvos. Finalmente, el Señor Jesucristo dijo que, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera” (Juan 6:37).
En resumen, podemos decir que Dios ha tenido una relación de amor especial para con los elegidos desde la eternidad pasada, y basado en esa relación de amor los ha escogido para salvación. La pregunta más importante del por qué es que Dios escogió algunos para salvación y dejo a otros en su estado pecaminoso, es una que nosotros con nuestra sabiduría finita, no podemos contestar. Sabemos que los atributos de Dios siempre están en perfecta armonía con el uno al otro, para que la soberanía de Dios siempre opere en perfecta armonía con su bondad, amor, sabiduría, y justicia.
Para más información sobre este tema, escuche el mensaje por John MacArthur adaptado y predicado por Henry Tolopilo, titulado: La seguridad definitiva de nuestra salvación.