¿Acaso el impresionante diseño del universo sirve como evidencia de la existencia de Dios?

¿Acaso el impresionante diseño del universo sirve como evidencia de la existencia de Dios?

por Rab Nejemia Coopersmith
Imagínate caminando en el desierto y encontrarte dos piedras pequeñas, una próxima a la otra. Lo más probable es que no pensarías nada al respecto. Dos piedras puestas al azar una al lado de la otra no es gran cosa.
Continúas tu caminata en el desierto y te encuentras con tres filas de piedras puestas en forma de ladrillos. Lo más probable es que rápidamente sospecharías que alguien estuvo allí y arregló estas piedras de esa forma. No ocurrió por si solo.
Continúas caminando y te encuentras un reloj a la mitad del desierto. ¿Acaso pensarías que una tormenta de viento puso las piezas juntas y creó este reloj al azar?
Alguien hizo ese reloj. No ocurrió simplemente. El diseño implica que hay un diseñador.
¿Acaso el Universo Tuvo un Diseñador?
El diseño de este mundo es asombroso – infinitamente más complejo que una simple pared de ladrillo o un reloj. El Dr. Michael Denton, en su libro “Evolución: Una teoría en Crisis” describe la impresionante organización de las células nerviosas en el cerebro (Pág. 330-331).
Hay 10 mil millones de células nerviosas en el cerebro. Cada una de las 10 mil millones de células se divide en 10.000 y 100.000 fibras para contactar a otras células en el cerebro, creando aproximadamente 1.000 millones de millones de conexiones o 10 a la 15ava potencia.
Es difícil imaginar la multitud que 10 a la 15ava potencia representa. Toma la mitad de los Estados Unidos que son un millón seiscientos mil km. cuadrados e imagina que fuera llenado con 10.000 árboles por km. cuadrado. En cada uno de los 10.000 árboles que están en cada uno de los km. cuadrados hay 100.000 hojas. Esa es la cantidad de conexiones que están dentro de tu cerebro. Y no sólo están puestas al azar. Forman un increíble sistema de conexión que no tiene paralelo en el mundo industrial.
Imagínate caminando en el desierto. La respuesta natural, cuando percibimos el diseño de tanta complejidad, nos debe hacer concluir que debe haber un diseñador detrás de la creación de este mundo. Nada ocurrió simplemente.
Muestra de Escritura al Azar
Rabeinu Bajaie, en su mayor obra filosófica “Los Deberes del Corazón” (Siglo X) presenta este argumento de la siguiente manera.
Acaso no te das cuenta de que si tinta fuera desparramada accidentalmente en una hoja blanca de papel, sería imposible que resulte de ello una escritura adecuada, líneas legibles que sean escritas con una pluma. Imagínate a una persona trayendo una hoja de manuscrito que sólo podría haber sido escrita con una pluma. Ella dice que se cayó tinta en el papel y estos son los caracteres que accidentalmente se produjeron. Lo acusaríamos de falsedad, porque podríamos estar seguros de que este resultado no pudo haber sido logrado sin el objetivo de una persona inteligente.
Y si esto parece imposible en el caso de las letras cuya formación es convencional, ¿cómo podemos pensar que algo mucho más sutil en diseño y que manifiesta en su diseño una profundidad y una complejidad mucho más allá de nuestra comprensión pudo haber ocurrido sin el propósito, poder y sabiduría de un diseñador sabio y poderoso? (“Deberes del Corazón: Puerta de la Unidad, Cáp. 6).
Las dos objeciones más grandes ante este argumento son:
1. El argumento es demasiado simple. Hay una gran diferencia entre la conclusión de que alguien hizo formaciones de piedras en el desierto, y de que hay un Creador que creó el Universo.
2. ¿Y la evolución? ¡A lo largo de un gran período de tiempo todo pudo haber ocurrido como una ocurrencia al azar! Con millones de años para jugar, ¿acaso no es posible que un tipo de orden surja así por chance?
Contestemos estas dos objeciones.
Contestando el Primer Argumento

El principio “un diseño implica que hay un diseñador” se aplica en toda circunstancia, ya sea un beduino amontonando rocas en el desierto o la infinita fuente de toda la existencia. Intelectualmente es el mismo proceso lógico. De hecho hay más lógica en pensar que el mundo tiene un diseñador porque el nivel de diseño es mucho mayor.
La simplicidad no es una falta inherente en este argumento. Probablemente la razón por la cual algunas personas tienen problemas con la aplicación de esta lógica es por las consecuencias que acompaña.
Ya que el beduino no pide nada moral de nosotros, no hay resistencia de llegar a la conclusión de que alguien realizó esa formación de rocas. Pero cuando la conclusión nos lleva hasta Dios, una disonancia cognitiva se presenta, creando una oposición instintiva a lo que uno percibe como amenazador.
Cuando la interferencia de la disonancia cognitiva se remueve, ¿cuál es el standard objetivo de diseño que necesitamos ver para concluir que algo fue creado? Lo que necesitamos es un experimento de control que pruebe el argumento del diseño en un caso que no tenga consecuencias amenazadoras. “La Prueba Evidente” un libro de Gershon Robinson y Mordejai Steinman, enseña una excelente presentación del argumento del diseño y describe un experimento de control que involucra millones de personas que sacaron como conclusión que existe la necesidad de un diseñador.
El laboratorio consistía de salas de cine en todo el mundo que proyectaban la película “2001: Odisea del Espacio”. En la película, científicos americanos viviendo en una colonia en la luna descubren en una excavación la primera evidencia que muestra que vida inteligente existe en otros planetas. ¿Qué es lo que encontraron? Un simple monolito – un pedazo de piedra, liso y rectangular. Los americanos guardaron este descubrimiento tan significativo en secreto, temiendo que se presente un shock cultural por las ramificaciones sociales que esto tendría sin la preparación necesaria.
Miles de críticos del cine y millones de espectadores aceptaron la premisa básica de la película de que criaturas inteligentes más allá del hombre debieron haber hecho este monolito liso y rectangular. No ocurrió simplemente. Libre de todo soborno intelectual y emocional en la comodidad de las obscuras salas de cine con popcorn en las manos, en forma unánime la gente aceptó que esa simple piedra lisa con ángulos era una prueba concluyente de la existencia de inteligencia.
Cuando la conclusión no apunta a Dios, todos se dan cuenta de que el objeto más simple puede servir como prueba de diseño, el punto en el cual uno concluye que un objeto no pudo haber sido creado por puro accidente. El universo, infinitamente más complejo que un monolito tuvo que haber sido creado.
¿Y la Evolución al Azar?
Dando suficientes intentos en un largo período de tiempo, ¿acaso no es posible que estructuras complejas surjan accidentalmente? Después de todo, con suficientes intentos, inclusive eventos improbables eventualmente se hacen posibles.
Robert Shapiro, profesor de química de la Universidad de Nueva York, usa la lotería nacional para ilustrar este punto. (“Orígenes”, Bantam, p.121). Las probabilidades de ganar la lotería son tal vez una en un millón. Ganar sería mucha suerte. Pero si compráramos un boleto de lotería diariamente por los próximos treinta mil años, ganar sería probable. (Aunque muy caro).
Pero ¿cuáles son las probabilidades de que la vida haya surgido por pura suerte? Tomemos dos ejemplos para tomar un poco de perspectiva sobre las probabilidades que involucra una evolución al azar.
El científico Stephen Hawking, escribe en su libro “Una pequeña Historia del Tiempo”:
Es un poco como el conocido grupo de monos escribiendo en máquinas de escribir – la mayoría de lo que van a escribir es basura, pero ocasionalmente por pura chance van a escribir una de las sonatas de Shakespeare. Similarmente en el caso del universo, ¿puede ser que estemos viviendo en una región lisa y uniforme sólo por chance?
¿Podrá ser?
En respuesta a Hawking, el físico Dr. Gerald Schroeder, calculó las probabilidades de los monos escribiendo una sonata de Shakespeare en su libro “Génesis y el Big Bang”. Escogió una que empieza con “Te compararé con un día de verano”
Existen 488 letras en la sonata… La chance de escribir las 488 letras al azar y producir esta sonata es uno en 26 elevado a la 488ava potencia o uno en diez a la 690ava potencia. ¡El número 10 (690) es un 1 seguido de 690 ceros! La inmensa escala de este número está señalada cuando uno considera que desde el Big Bang, hace 15 mil millones de años, ha habido sólo 10 a la 18ava potencia número de segundos, que han sido contados.
Para escribir una sonata como la de Shakespeare al azar se necesitaría de todos los monos, más todos los demás animales en la tierra, escribiendo en todas las máquinas de escribir hechas de todo el hierro existente en la tierra sobre un período de tiempo que excede todo el tiempo desde el Big Bang, y todavía la probabilidad de la aparición de la sonata sería muy pequeña. A una chance al azar por segundo, con un simple enunciado de 16 letras, tomaría 2 cuatrillones (el universo solo ha existido por 15 mil millones de años) de años para acabar todas las posibles combinaciones.
Robert Shapiro cita el cálculo del ganador del Premio Nóbel Sir Fred Hoyle de las probabilidades de que una bacteria se genere espontáneamente (p. 127). Al principio Hoyle y su colega N.C Wickramasinghe apoyaron la generación espontánea, pero una vez que calcularon las probabilidades se retractaron de su posición.
Una bacteria típica, que es la más simple de las células, está hecha de 2.000 enzimas. Hoyle y Wickramasinghe tomaron la probabilidad de hacer una enzima al azar y multiplicaron ese número por sí mismo 2.000 veces para calcular las probabilidades de que una bacteria se haya realizado al azar.
Esas probabilidades son 1 en 10 a la 40.000ava potencia. Hoyle dijo que la probabilidad de que esto pase es comparable a la probabilidad de que un “tornado soplando en un basurero pueda formar un Boeing 747 de los materiales tirados allí”.
Estas son las probabilidades de una simple célula, que sin ella la evolución no podría ni siquiera empezar. Ni se diga las probabilidades de la formación de cosas más complicadas como un órgano o todas las enzimas del cuerpo humano.
Shapiro escribe:
La improbabilidad involucrada en generar inclusive una bacteria es tan grande que reduce todas las consideraciones de tiempo y espacio a la nada. Si es que esperaríamos, estaríamos esperando un milagro.
Por cualquier intento y propósito, un evento con la probabilidad de uno en 10 a la 40.000ava potencia es calificado en términos mundanos como algo imposible.
Algunas Cosas Son Imposibles
Imagínate que eres el juez en un caso de homicidio. Los exámenes de las balas coinciden perfectamente con la pistola encontrada en la posesión del acusado. Las probabilidades de encontrar otra pistola que haya disparado la bala que mató a la víctima son una en mil millones.
El acusado dice que es una casualidad que su pistola haya coincidido con los exámenes balísticos y que debe haber otra pistola que es la del verdadero asesino. “Después de todo”, dice, “es una posibilidad”.
Las huellas digitales del acusado son encontradas en todo el cuerpo de la víctima. Plantea que debe haber otra persona en el mundo que increíblemente tenga las mismas huellas digitales. Otra vez, es posible.
Hay también testimonios oculares que testifican haber visto un hombre disparando a la víctima que se parece mucho al acusado. El acusado declara que debe haber otra persona así en el mundo que se vea como él y que es el verdadero asesino. Después de todo, no es imposible.
Tú eres el juez, y debes tomar una decisión. ¿Qué decides?
En el mundo pragmático de la toma de decisiones, posibilidades de esta magnitud son llamadas imposibles. Uno debe evaluar la evidencia y llegar a la conclusión más razonable.
¿Acaso tiene el universo un Creador? Mira el diseño, mira las probabilidades y observa honestamente dentro de ti. ¿Dónde está la conclusión más racional?

http://www.aishlatino.com/e/f/48420037.html

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