En algo conocerán que somos discípulos de Jesús

 

En algo conocerán que somos discípulos de Jesús

 

En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si tuviereis amor los unos con los otros
(Juan 13:35)

El discípulo -seguidor de Jesús- se caracterizaba, entre otras cosas, por estar con, en y por Jesús; así como por la obediencia y la comunión con el Maestro y la buena relación con el resto de los condiscípulos, aunque tuvieran diferencias en la forma de pensar o manifestaran dones distintos. Sólo uno discrepó con este perfil: Judas.

 
Así que resulta susceptible de análisis que el cristianismo protestante que hoy vivimos, en España al menos, se caracterice por una tendencia que se inclina más hacia el espíritu de Judas que hacia el de Cristo, que era quien guiaba a los discípulos y da razón de ser al cristiano. A saber, este espíritu del Iscariote se caracterizaba por convivir con los escogidos, compartir el pan y conocer la Verdad y la Palabra; pero fue llevado por la codicia -raíz de todos los males- que le hizo inclinarse a la idolatría, esto es almacenar tesoros materiales, robar a los pobres, especular con los ricos, aparentar ser discípulo y tener un perfecto plan imperfecto apto para la autodestrucción. 

Hoy ese espíritu sobrepasa con creces el porcentaje que Judas representaba entre la “manada pequeña” (Lucas 12: 32). Muchas son las personas e instituciones que practican el oficio de Judas; es más, pocas son las que tienen ya no comunión, sino relaciones, con otras. Excepto si responden al mismo criterio o están en la misma denominación.

En España el protestantismo siempre fue marginal, como ya exponen en un sinnúmero de publicaciones y artículos nuestros autores. Desde la instauración de la democracia hemos crecido considerablemente y en la misma proporción de ese crecimiento las diferencias, el ninguneo, las descalificaciones, las críticas, los juicios, (incluso desde los púlpitos), los debates vergonzosos en revistas creadas supuestamente para servir de edificación o los asuntos llevados a juzgados y a páginas de Internet.

Ya no sólo nos atacan desde posturas no protestantes, sino que entre nosotros mismos nos traicionamos, nos golpeamos, no tenemos ni practicamos la misericordia (aunque sí queremos “mostrarla” mediante solidaridades encubiertas a favor de la causa homosexual, en pro de diversas prácticas abortivas o enarbolamos temas de interés general que permiten acompañar al “progreso” en la misma línea de la sutil actuación política de turno que genera, a la postre, premios en forma de subvenciones o cotas y parcelas de poder humano). Empleamos eufemismos y delimitaciones lingüísticas para hacer una clara diferenciación con tal de que no nos metan a todos y a todas en “el mismo saco”.

El protestante quiere diferenciarse del evangélico y éste del pentecostal. Y viceversa. Como si no fuéramos todos descendientes y herederos de la misma Reforma o como si se tuviera más prestigio o credibilidad por acaparar una etiqueta designativa. Algunos se quieren tornar más reformados que los propios reformadores, mientras otros se unen a los poderes fácticos o a la clase dominante con tal de acceder a los tesoros, sea de los discípulos, de las iglesias, de las entidades o de las instituciones religiosas que nos representan a los que decimos que somos seguidores de Cristo.

Publicamos lo que sea y como sea, contrario a la Reforma inclusive, con tal de que aumenten nuestras arcas. Montamos nuestros mercadillos de marketing, aludiendo evangelización, para ganar prosélitos, proponemos actividades de formación o de enseñanza a precios de academias privadas, alardeamos de la cantidad de iglesias que abrimos y “miramos para otro lado” cuando el vecino o el hermano caído reclaman nuestra atención. Pretendemos hacer “obra social” para que vean que “somos buena gente” y originamos una beneficencia que lleva al parasitismo, porque queda bien que tengamos o hagamos obra social; cuando ésta es, o debe ser, algo más que repartir comida y ropa (y jamás a cambio de ocupar asientos vacíos). Hemos caído en la trampa al imitar las actitudes del Iscariote. No todos ni todas, no. Pero sí un número considerable.

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Alguien escribió, hace cuatro años, lo que pretendía ser un ensayo aunque está lejos de serlo, acaso sencillo artículo de opinión, intitulado “Las iglesias evangélicas y la España de hoy”. Lo que se dilucida después de una primera lectura es un claro guiño hacia la Iglesia católica y al ecumenismo a cualquier precio; el autor se torna portavoz de las iglesias evangélicas en los ámbitos social y espiritual y aboga al “ímpetu del Espíritu Santo”. Por contra, desestima a personas que trabajan para la extensión del Reino de Dios en España y arremete contra los gimnasios (a donde deberíamos ir muchos cristianos y muchas cristianas que estamos descuidando la salud física y la forma) y contra las civiles Organizaciones No Gubernamentales. Sin embargo, sostiene que “la Iglesia Evangélica en España pueda desplegar un testimonio mucho más enraizado en este país”.

Pero si no es con amor entre los discípulos, nada de nada. Si tengo todo (conocimiento, ciencia, estrategias, bienes, etc.), y no tengo amor, de nada me vale, deja constancia la primera carta a los corintios en su capítulo décimo tercero. Así que menos anhelos de alcanzar cotas de relevancia o poder en esta sociedad española y más coherente relación confraternal que refleje el cumplimiento de las Sagradas Escrituras en nuestras vidas diarias.

También hace mención de “las pequeñas iglesias evangélicas (…) que todavía se creían el bastión de una verdadera espiritualidad de seguimiento a Cristo”. Y, en este sentido, sí que pido un poco de respeto por nuestras pequeñas comunidades en las que estamos trabajando duro por ser un testimonio fiel de Cristo en los lugares más desfavorecidos; podríamos adentrarnos más en las iglesias grandes -con pequeña membresía- por si cabe la posibilidad de darles un uso más apropiado, para con ello alcanzar ese pretendido auge social que anhela nuestro autor.

Por otro lado, aconseja salir de “la tutela chantajista” de muchos dirigentes para “ejercer ministerios con las capacidades de persuasión y convencimiento antes que con la amenaza” (algo que es fácil de aconsejar y difícil de llevar a la práctica fuera de las páginas escritas). Con esto parece olvidar no sólo al Espíritu Santo mencionado, sino que denota con este posicionamiento lo que es persuadir: convencer razonando. Y si damos protagonismo excesivo a la razón olvidando que “el Evangelio es locura al que se pierde” (1 Corintios 1:18), volvemos al debate sempiterno.

EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS, NO PODER HUMANO.
Y para terminar con la mentada narración propone que los evangélicos nos “involucremos más activamente en el área de toma de decisiones y nos comprometamos más con los poderes públicos” (y, claro, cuando salgan a la luz tramas corruptas seamos todos afectados por el beneficio efímero de algunos y algunas). Describe a un importante organismo “canalizador de recursos y catalizador de estrategias” y lo compara con el Consejo Mundial de Iglesias -en el símil de un pretendido Concilio Español de Iglesias-. Aconseja “salvar algunos obstáculos importantes” como es “el secular anti-institucionalismo de las Iglesias Evangélicas Españolas”.

Gracias que Jesús no formó parte del Sanedrín, ni participó del institucionalismo sacerdotal (a pesar del majestuoso templo y de las sinagogas) y arremetió contra escribas y fariseos. Porque alguien tiene que denunciar la injusticia con el fin de que se extienda el Reino de Dios; aunque sea clavado en un madero por la propia institución gobernante con el asentimiento de los poderes fácticos, como cómplices en la sombra. Alguien debe advertir del “ímpetu del espíritu de Judas” y llamar la atención para que seamos prudentes y no caigamos más en los hábitos del Iscariote dentro del protestantismo español.

Si no es el amor el canalizador de los recursos y el catalizador de estrategias, el don que predomine entre los que nos llamamos cristianos y cristianas, de nada servirá lo que hagamos. Amemos a Dios y amemos al prójimo. Y dejemos que Dios haga su parte.

 

Frank Estévez es filólogo, profesor y pastor en Madrid

© F. Estévez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

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Los discípulos de Jesús XIII -Judas Iscariote

Los discípulos de Jesús XIII -Judas Iscariote

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

(En hebreo יהודה איש־קריות YəhûḏΚ-ṯ)

«Uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret, siguió a su maestro durante su predicación por Judea y Galilea (hoy conocida como Palestina) y, según los Evangelios, fue el apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían capturar a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como había anunciado el propio Jesús durante la Última Cena. (Mateo 26:14-75 y Lucas 22:20). El Evangelio de Juan expone un antecedente importante de la traición de Judas: la malversación de fondos. Judas era el tesorero y robaba el dinero destinado a los pobres (Juan 12:6). Según todos los evangelios canónicos, Judas guió a los guardias que arrestaron a Jesús hasta el lugar donde lo encontraron y según los sinópticos, les indicó quién era besándole (Marcos 14:43-46). Por su traición fue recompensado con treinta siclos de plata (Mateo 26:15), pero al poco tiempo se arrepintió de sus actos, intentó devolver las monedas a los sacerdotes que se las habían dado, y al no aceptarlas éstos, las arrojó en el templo. Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose (Mateo 27:5) de un árbol (abril de 29–33).» (1)

«Posiblemente Iscariote se deriva del hebreo, ish queriyot que significa varón de Queriot» (2)

Según explica el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, «Judas se distingue del otro discípulo del mismo nombre por la referencia a su origen, Queriot (Jos 15.25; Queriyyot JesroŒn, en BJ), ciudad situada 19 Km. al sur de Hebrón; era, pues, el único apóstol oriundo de Judea. Fue hijo de Simón Iscariote (Jn 6.71), y, al mencionarse en la lista oficial de los apóstoles (Mar 3.16–19//), siempre es el último, no sin algún calificativo como “el que entregó (a Jesús)”. Es de suponer que participara en la labor y misiones de los discípulos, ya que se dice que era “uno de los doce” (Mar 14.10–20; Jn 6.71; 12.4), y además el tesoro del grupo, quizás a causa de su capacidad administrativa (Jn 12.6).

El evangelista Juan revela que Jesús distinguía a Judas de los demás discípulos. Estos caían en muchas equivocaciones, pero nunca se cuestionó su amor; en cambio, con referencia a Judas, Jesús comenta:

“¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Jn 6.70s RVA 1960).

Para entender la acción de Judas en la víspera de la pasión (véase también «Sus móviles», a continuación) es necesario recordar que el sanedrín había determinado la muerte de Jesús, pero que, por temor de un alboroto de la multitud, buscaba la manera de prenderle secretamente (Mr 14.1s; Luc 22.2; Jn 12.10s, 17ss). La costumbre de Jesús de retirarse al monte de los Olivos proporcionó a Judas la oportunidad de hacer a los principales sacerdotes una oferta que estos no rechazarían (Mr 14.10s). En la escena de la unción de Jesús en Betania se revela el hecho de que Judas era ladrón y no podía comprender la devoción de María por Jesús (cf. Jn 12.1–8 con Mar 14.1–9).

Cada evangelista trata de manera diferente el tema del traidor que ensombrecía la cena, excepto Lucas que lo omite. El Señor predice tres veces el hecho en términos generales, pero la entrega del “pan mojado” que Jesús hace a Judas (señal de distinción especial, entendida solo por Juan y posiblemente Pedro), suele interpretarse como una última apelación a la conciencia del traidor (Mat 26.21–25; Mr 14.18–21; Jn 13.21–30). Cuando falla esto, Jesús aconseja rapidez en la ejecución del plan funesto (Jn 13.27). Con gran tropel de gente (cohorte romana, guardia del templo, alguaciles y miembros del sanedrín), Judas va al huerto de Getsemaní y besa a Jesús (Mr 14.43ss//; Jn 18.2–9). Entre los evangelistas, solo Mateo menciona el remordimiento y suicidio de Judas, pero Lucas intercala en el discurso de Pedro una referencia posterior a la tragedia (Hch 1.18s). Según Mateo, Judas devolvió arrepentido las treinta piezas de plata (cf. Zac 11.12) a los sacerdotes, pero estos se lavaron las manos del asunto, aunque determinaron emplear “el precio de sangre” en comprar el campo del alfarero para sepultar allí a los extranjeros. Judas salió y se ahorcó (Mr 27.3–10). La nota parentética de Hch 1.18s atribuye la compra del campo a Judas, y su nombre Acéldama (campo de sangre) al hecho de que Judas cayó allí y se reventó. Las dos explicaciones armonizan.

La psicología y trayectoria de Judas ofrecen uno de los misterios más profundos de la Biblia. No menos difícil de determinar el porqué de su elección como apóstol, los propósitos divinos y la intervención de Satanás, ya que no puede haber una solución simplista. He aquí algunas observaciones al respecto:

1. Es de suponer que Jesús atrajo a Judas y este le confesó con los demás como Mesías.
2. Parece difícil creer que se hubiera rendido personalmente al Señor, ya que Cristo lo llama (instrumento del) Diablo (Jn 6.70; cf. 17.12; véanse también Luc 22.3; Jn 13.2, 27; Hch 1.25).
3. La participación en el ministerio de los doce corresponde a un acto soberano de Dios (cf. el caso de Balaam). Judas es el apóstata que profesa la verdad que traiciona deliberadamente, y Jesús no lo ignora (Jn 6.64).

4. El idealismo mesiánico de Judas podía ser real, pero, al ver que el Maestro excitaba el antagonismo de los líderes de la nación, su mente sin regenerar no veía solución. Por fin Judas, satánicamente inspirado, codicia hasta el dinero.

5. Su “arrepentimiento” fue metaméleia, “cambio de parecer”, y no metánoia, “cambio de mente (o corazón)”, y el remordimiento le mostró que lo había perdido todo sin recompensa alguna. La elección de Judas como instrumento predeterminado en el plan divino (Hch 2.23) no le excusa de su delito, ya que, si se hubiera humillado ante Dios, se habría salvado y Dios habría utilizado otros medios.» (3)
Judas,era junto con Mateo el único apóstol instruido del grupo. El resto eran pescadores y campesinos

Bautismo:

No se conocen referencias del momento en que fue bautizado

Ministerio:

Era el tesorero del grupo, pero la Biblia nos dice que era ladrón.
«Es de suponer que participó de la labor y misiones de los discípulos, ya que se dice era “uno de los doce”, y además era el tesorero del grupo, quizás a causa de su capacidad administrativa. Juan lo denomina “ladrón”, en el sentido de que se apropiaba del dinero que se le confiaba. En la escena de unción de Jesús en Betania se revela el hecho de que Judas era ladrón y no podía comprender la devoción de María, la hermana de Lázaro, por Jesús.»(4)

Recepción del Espíritu Santo:

No participó de ningún acto de recepción del Espíritu Santo, ya que se suicidó antes de la resurrección de Jesús, y del evento de Pentecostés.

Por su testimonio, deducimos que nunca se convirtió verdaderamente.

La traición de Judas:

«Jesús profetiza la traición de su apóstol incluso antes de estar en Jerusalén. Después de la multiplicación de los panes enseña en la sinagoga de Cafarnaún. Sus palabras no son bien entendidas por sus discípulos que llegan a criticar las palabras del Señor. Juan nos cuenta (6, 64) que Jesús entre otras cosas dice: “Pero entre vosotros hay algunos que no creen” (Jesús ya sabía desde el principio quienes eran los que creían y quién lo iba a traicionar).Y durante la última cena dice: “Os aseguro que uno de vosotros me entregará” (Mateo 26, 21). De hecho, Juan nos cuenta que antes de anunciar la traición de Judas, Jesús dice: “Os lo digo ahora antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy el que soy”. Vemos pues que Jesús sabía de la traición de Judas y no solo la profetiza sino que lo hace para que cuando suceda sepamos que “yo soy el que soy”. Marcos (14, 10-11) nos cuenta como ocurrió esta traición: “Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los sumos sacerdotes para poner en sus manos a Jesús. Ellos, al oírlo, se alegraron mucho y prometieron darle dinero. Y él buscaba oportunidad de entregarlo”. Todos conocemos la actuación de Judas en el prendimiento de Jesús y su posterior arrepentimiento y suicidio.»(5)

«En un foro de yahoo a la pregunta si Judas Tadeo = Judas Iscariote, un comentarista responde acerca de Judas la siguiente información: Judas Iscariote, hijo de Simón y apóstol infame que traicionó a Jesús. La Biblia suministra poca información directa sobre su familia y sus antecedentes. Tanto él como su padre se llamaban Iscariote. (Luc 6:16; Jn. 6:71.) Por lo general se ha entendido que este término indicaba que eran de Queriyot-hezrón, un pueblo de Judea. De ser así, entonces Judas era el único de los doce apóstoles que procedía de Judea, ya que los demás eran galileos. La primera vez que se menciona a Judas en los relatos evangélicos es en la lista de los apóstoles, algún tiempo después de la Pascua de 31 d.C. y alrededor de un año y medio después que Jesús empezó su ministerio. (Mar 3:19; Luc 6:16.) Es lógico pensar que Judas había sido discípulo por cierto tiempo antes de que Jesús le hiciese apóstol. Aunque muchos escritores presentan una imagen totalmente negativa de Judas, es obvio que durante un tiempo fue un discípulo favorecido por Dios y por Jesús, como lo prueba su elección para apóstol. Además, se le confió el cuidado del dinero que tenían en común Jesús y los doce, lo que habla favorablemente de su confiabilidad en aquel tiempo y de sus aptitudes y cultura, pues aunque Mateo tenía experiencia en la administración de dinero y en matemáticas, no recayó en él esta responsabilidad. (Jn 12:6; Mat 10:3.) Sin embargo, Judas se corrompió por completo y sin remisión alguna. Esta debe ser la razón por la que se le coloca el último en la lista de los apóstoles, y se le llama Judas “que más tarde lo traicionó” o “que se volvió traidor”. (Mat 10:4; Luc 6:16.) »(6)

Intentos de reivindicación contemporánea de Judas, mediante obras literarias. (7)

En el siglo XX, algunos autores ensayaron, como ejercicio de ingenio o por convicción sincera, la posible reivindicación del personaje. Así, en el año 1944 Jorge Luis Borges publica el cuento Tres versiones de Judas, en el que presenta a un teólogo convencido de que Dios no encarnó en Cristo, sino en Judas. Posteriormente Juan Bosch, en su libro de 1955 Judas Iscariote el calumniado, revisa la tradición evangélica sobre el personaje, presentándolo como víctima de una interpretación errónea de los hechos.

En el año 2006, esta lectura positiva de Judas cobra nuevos bríos con la publicación en abril de la traducción del Evangelio de Judas, un texto gnóstico que data posiblemente del siglo II. Según este texto, el propio Jesucristo pidió a Judas que lo traicionara, a lo cual Judas cumplió la orden como supremo acto de obediencia. Para los gnósticos esto representaba un acto sagrado, pues ayudaba a liberar del cuerpo el Espíritu Santo de Jesucristo.

Representaciones de Judas en el cine (8)

Año

Película

Director

Actor

2004

La Pasión de Cristo

Mel Gibson

Luca Lionello

2004

Judas & Jesús

Charles Robert Carner

Jonathan Scarfe

1988

La última tentación de Cristo

Martin Scorsese

Harvey Keitel

1977

Jesús de Nazareth

Franco Zeffirelli

Ian McShane

1973

Jesucristo Superstar

Norman Jewison

Carl Anderson

1954

El beso de Judas

Rafael Gil

Rafael Rivelles

1927

Rey de reyes

Cecil B. DeMille

Joseph Schildkraut

“La Desesperación”, Capilla de la Arena.

Judas traiciona a Jesús con un beso,

Ya sólo el nombre de Judas suscita entre los cristianos una instintiva reacción de reprobación y de condena. El significado del apelativo «Iscariote» es controvertido: la explicación más utilizada dice que significa «hombre de Queriyyot», en referencia al pueblo de origen, situado en los alrededores de Hebrón, mencionado dos veces en la Sagrada Escritura (Cf. Jos.15:25; Am. 2:2). Otros lo interpretan como una variación del término «sicario», como si aludiera a un guerrillero armado de puñal, llamado en latín “sica”. Por último, algunos ven en el apodo la simple trascripción de una raíz hebreo-aramea que significa: “aquel que iba a entregarle”. Esta mención se encuentra dos veces en el cuarto Evangelio, es decir, después de una confesión de fe de Pedro (Cf. Jn. 6:71) y después durante la unción de Betania (Cf. Jn. 12:4). Otros pasajes muestran que la traición estaba en curso, diciendo: «aquel que le traicionaba», como sucede durante la Última Cena, después del anuncio de la traición (Cf. Mat. 26, 25) y después en el momento en que Jesús fue arrestado (Cf. Mat. 26:46,48; Jn. 18:2,5). Sin embargo, las listas de los doce recuerdan la traición como algo ya acontecido: “Judas Iscariote, el mismo que le entregó”, dice Mar. 3:19; Mat. 10:4 y Luc 6:16 utilizan fórmulas equivalentes. La traición, en cuanto tal, tuvo lugar en dos momentos: ante todo en su fase de proyecto, cuando Judas se pone de acuerdo con los enemigos de Jesús por treinta monedas de plata (Cf. Mat. 26:14-16), y después en su ejecución con el beso que le dio al Maestro en Getsemaní (Cf. Mat. 26:46-50). De todos modos, los evangelistas insisten en que le correspondía plenamente su condición de apóstol: es llamado repetidamente «uno de los doce» (Mat. 26:14.47; Mar. 14:10.20; Jn. 6:71) o “del número de los doce” (Luc. 22:3). Es más, en dos ocasiones, Jesús, dirigiéndose a los apóstoles y hablando precisamente de él, le indica como “uno de vosotros” (Mat. 26:21; Mar. 14:18; Jn. 6:70; 13, 21). Y Pedro dirá que Judas “era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio” (Hch. 1:17).

Se trata, por tanto, de una figura perteneciente al grupo de aquellos a los que Jesús había escogido como compañeros y colaboradores cercanos. Esto plantea dos preguntas a la hora de explicar lo acaecido. La primera consiste en preguntarnos cómo es posible que Jesús escogiera a este hombre y confiara en él. De hecho, si bien Judas es el ecónomo del grupo (Cf. Jn.12:6b; 13:29a), en realidad también se le llama “ladrón” (Jn.12:6a). El misterio de la elección es todavía más grande, pues Jesús pronuncia un juicio muy severo sobre él: «¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!» (Mat. 26:24). Este misterio es todavía más profundo si se piensa en su suerte eterna, sabiendo que Judas “fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: “Pequé entregando sangre inocente”” (Mat.27:3-4). Si bien él se alejó después para ahorcarse (Cf. Mat. 27:5), a nosotros no nos corresponde juzgar su gesto, poniéndonos en lugar de Dios, quien es infinitamente misericordioso y justo.

Una segunda pregunta afecta al motivo del comportamiento de Judas: ¿por qué traicionó a Jesús? La cuestión suscita varias hipótesis. Algunos recurren a la avidez por el dinero; otros ofrecen una explicación de carácter mesiánico: Judas habría quedado decepcionado al ver que Jesús no entraba en el programa de liberación político-militar de su propio país. En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: Juan dice expresamente que “el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle” (Jn. 13:2); del mismo modo, Lucas escribe: “Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los doce” (Luc. 22:3). De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, quien cedió miserablemente a una tentación del Maligno. En todo caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio. Jesús le trató como a un amigo (Cf. Mat. 26:50), pero en sus invitaciones a seguirle por el camino de las bienaventuranzas no forzaba su voluntad ni le impedía caer en las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana. De hecho, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de la vida que sólo sea individualista, autónoma, sino en ponerse siempre de parte de Jesús, asumiendo su punto de vista. Tenemos que tratar, día tras día, de estar en plena comunión con Él. Recordemos que incluso Pedro quería oponerse a Él y a lo que le esperaba en Jerusalén, pero recibió una fortísima reprensión:

“¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mar. 8:32-33)

La Tumba de Jesús vacía

Tras su caída, Pedro se arrepintió y encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y de este modo se convirtió en autodestrucción. Es para nosotros una invitación a recordar siempre lo que dice san Benito al final del capítulo V, fundamental, de su “Regla”: “no desesperar nunca de la misericordia de Dios”. En realidad, “Dios es mayor que nuestra conciencia”, como dice san Juan (I Jn.3:20). Recordemos dos cosas:

a.La primera: Jesús respeta nuestra libertad.
b. La segunda: Jesús espera que tengamos la disponibilidad para arrepentirnos y para convertirnos; es rico en misericordia y perdón.

De hecho, cuando pensamos en el papel negativo que desempeñó Judas, tenemos que enmarcarlo en la manera superior con que Dios dispuso de los acontecimientos. Su traición llevó a la muerte de Jesús, quien transformó este tremendo suplicio en un espacio de amor salvífico y en la entrega de sí mismo al Padre (Cf. Gál.2:20; Ef. 5:2-25). El verbo “traicionar” es la versión griega que significa “entregar”. A veces su sujeto es incluso el mismo Dios en persona: él mismo por amor “entregó” a Jesús por todos nosotros (Cf. Ro. 8:32). En su misterioso proyecto de salvación, Dios asume el gesto injustificable de Judas como motivo de entrega total del Hijo por la redención del mundo. Al concluir, queremos recordar también a quien, después de Pascua, fue elegido en lugar del traidor. En la Iglesia de Jerusalén se presentaron dos a la comunidad, y después sus hombres fueron echados a suerte:

“José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías” (Hch. 1:23).
Precisamente este último fue el escogido, y de este modo “fue agregado al número de los doce apóstoles” (Hch. 1:26).

No sabemos nada más de él, a excepción de que fue testigo de la vida pública de Jesús (Cf. Hch. 1:21-22), siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se le añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como compensando su traición.» (9)

En un portal de la fe católica llamado semanasantacriptana.com, en una nota que analiza la vida de Judas Iscariote, comenta que: «Hay multitud de versiones por las que Judas traicionó a su maestro. ¿Estaba Judas predestinado a traicionar a Jesús o fueron los acontecimientos los que llevaron a Judas a vender a su maestro?    -Fue un traidor desde el principio. Los celos y la envidia corroían su alma y robaba del dinero común que administraba de todos los apóstoles.  -Jesús, al principio, lo consideró potencialmente seguidor y discípulo. Ninguna otra presuposición haría justicia al carácter del Señor, y a sus repetidos llamamientos a Judas. Actuó por avaricia, treinta siclos de plata equivalían a 120 denarios, el precio de un esclavo. -Era un nacionalista exacerbado que pretendía una revuelta popular contra los romanos. Pensaba que Jesús en un momento dado lideraría al pueblo y usaría su poder divino para ello. Para entender la acción de Judas en la víspera de la pasión es necesario recordar que el sanedrín había determinado la muerte de Jesús, pero que, por temor de un alboroto de la multitud, buscaba la manera de prenderle secretamente. La costumbre de Jesús de retirarse al monte de los Olivos proporcionó a Judas la oportunidad de hacer a los principales sacerdotes una oferta que estos no rechazarían. Judas les dijo:

“¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”

Ellos le dieron 30 monedas de plata, lo que equivalía al precio de un esclavo o a unas cuatro veces el salario de un campesino. Ya en la última cena, Jesús señala a Judas como traidor diciéndole:

“Lo que vayas a hacer, hazlo pronto”.

Judas se va del lugar para encontrarse con los sacerdotes. En el huerto de Getsemaní Judas señala a su maestro mediante un beso, mientras Jesús le dice: -¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!-Judas al ver lo que ha hecho, se derrumba y vuelve desesperado al sanedrín para devolver las 30 monedas. Les dice que entregó sangre inocente pero ellos le ignoran. Les tira las monedas, y desesperado se va de allí. El único alivio ante lo que ha hecho es desaparecer…, y se suicida ahorcándose en una higuera.» (10)

El evangelio según Judas (11)

«Al parecer los escándalos teológicos están de moda. Ahora se trata de Judas Iscariote.  “National Geografic” se ha propuesto reivindicarlo, porque supone verosímil  la versión del Evangelio según Judas, que data 300 años D.C. La tesis es divulgar que Judas no traicionó a Jesús, sino que El Señor pidió ser traicionado, para que se cumplieran sus fines religiosos. Esta es una versión distinta a la de los Evangelios canónigos, pero adolece de parcialidad, omite que existen otras  versiones del evangelio  de Judas; sus pruebas son inconsistentes, porque, ni la antigüedad del documento, ni los misterios detectivescos sobre su origen, prueban que Judas sea su autor, ni demuestra que el texto no sea otra  falsificación.  Según el Evangelio de Marcos, existe una advertencia significativa de Jesús, sobre la traición
“¡Ay de aquel hombre por quien el hijo del hombre será entregado mejor le fuera a aquel hombre, no haber nacido!  (Mar. 14:21)”

Esta no parece la actitud de  quien pide ser traicionado. Es extraño que el reportaje la haya olvidado, para decir que Judas no era considerado traidor, antes del Evangelio de Juan. Lo cual indica parcialidad porque  el beso de Judas, que es la representación emocional de la traición aparece en Mar.14:43,52, Mat. 26:47-56, Luc.22:47-52

Lo que sí es cierto es que Juan, quien describe el carácter de Judas, dice que Judas Iscariote criticó la unción de María de Betania porque era ladrón y llevando él la bolsa hurtaba, de lo que en ella  echaban (Jn.12:2-8) Después Jesús es juzgado por el Sanedrín violando las propias leyes judías, condenado por Caifás y entregado a los romanos para ser crucificado. Judas se arrepiente y su actitud no es compatible con la de alguien que cumple una tarea sagrada a petición de la víctima. Judas cae bajo la maldición del Deuteronomio

“Maldito quien reciba dones para herir de muerte una vida
Los judíos, ante sus remilgos de conciencia, le dicen que ese es su problema. Judas devuelve las monedas que le pagaron y se ahorca. (Mat. 27:3-10). El reportaje se parcializa cuando omite que la crucifixión es el resultado de una cadena de hechos que se inicia con la delación de Judas. El reportaje de National Geografic no presenta el texto completo, lo que no permite hacer comparaciones, por otra parte  omite que existen dos versiones más de un Evangelio según Judas escrito por la secta de los cainitas, llamados así porque se dedicaron a exaltar a los personajes negativos de las escrituras, escribiendo evangelios apócrifos. También escribieron el Evangelio según Caín. (Emil G. Kraeling, Los Discípulos, Plaza Janes Barcelona 1968) ¿No será este el Evangelio de National Geografic? Los cainitas eran parte de una corriente gnóstica, que era la forma dominante del cristianismo en el alto Egipto. Paul Johnson en su libro Historia del Cristianismo consigna que eran una especie de parásitos espirituales que falsificaban documentos de otros grupos religiosos para promover su ideología.

Otra versión del Evangelio según Judas, proviene de  unos Papiros encontrados  en las ruinas de Herculano, de la cual existe una versión moderna escrita por Petrucelli Della Gattina, conocida como Las Memorias de Judas

Publicada en París en 1866.  En este texto Judas aduce que Jesús sospechaba que él iba a traicionarlo. Pero que esto no era así. Dice que fue al huerto de los Olivos para decirle a Jesús que un consejo popular judío deseaba salvarle, (Deseaban que liderase  una insurrección contra los romanos). En ese momento llegaron los romanos y según Judas, los seguidores de Jesús pusieron pies en polvorosa, menos él por supuesto. Judas para salvarlo se le acerca  y le dice al oído que negara ser quien era. Pero Jesús no acepta y es apresado.    Es por eso que Renán, el ateo, y  Strauus  en su Vida de Jesús, asumen como verdadera la versión de Judas y sostienen  que este hecho fue el que originó todos los absurdos de los evangelistas contra Judas; también ataca a San Juan  diciendo que entre ellos había una rivalidad.

Es conveniente decir que no solo el Evangelio de Juan, considera a Judas como traidor,  también  lo hace  el Evangelio de Nicodemo un supuesto testigo del juicio de Jesús. El copista data el texto para la misma época en que se cree que se escribió el Evangelio de Judas. También lo hace el Evangelio según San Pedro, que es más antiguo que  el Evangelio de Judas. Ambos tienen un sesgo contra los judíos. Por lo que decir que el texto es verdadero porque es antiguo, sin confirmar si es apócrifo o no, es una perogrullada, basura ideológica para ingenuos, propaganda anticatólica.

El  reportaje también omitió que la traición de Judas  cunde como el pánico en una conciencia  aterrada, porque cada uno de los apóstoles tuvo a su Judas, a excepción de Juan, el hijo de Zebedeo,  promotor de la imagen de Judas como traidor. Pedro tuvo a su “Judas” en Simón el Mago y en Albino Consejero de Agripa, debido a que Pedro convirtió al Cristianismo a una concubina llamada Jantipa; debido a esto fue crucificado. Tomás tuvo a su “Judas” en Carisio, quien pidió al rey que lo asesinara porque había convertido a su esposa Migdonia, y esta actuaba como una persona y no era una cosa. Lo atravesaron con cuatro lanzas; Santiago, el hijo de Zebedeo, encontró a su “Judas” en el sumo sacerdote Abiatar, quien por medio del soborno levantó un motín contra Santiago, por lo que Herodes Agripa lo decapitó. Matías,el apóstol que sustituyó a Judas Iscariote, tuvo a su “Judas” en el rey Bulfano, quien lo mandó a quemar  incitado por un soldado que tenía nombre de demonio, Asmodeo, a pesar de que Matías salvó a su esposa y a su hija;  Andrés encontró a su “Judas” en el Procónsul Agrates, quien estaba dispuesto a suicidarse si su esposa fallecía, pero Andrés logró  salvarla. En agradecimiento Agrates lo crucificó;Felipe encontró a su “Judas” en Nicanora, la esposa del Procónsul Romano, quien después de haberla curado de la vista, le produjo grandes dificultades con su esposo; quien lo mandó a colgar de un gancho cabeza abajo.

Bartolomé encontró a su “Judas” en Orgoi, una hermana del rey de Persia, primero fue desollado vivo y después crucificado.  El “Judas” de Mateo fue Hirtaco, quien le pidió que intercediera para que Ifigenia, la abadesa de un convento, abandonara sus votos y se casara con él. Mateo se negó e Hirtaco mandó a sus secuaces a que lo apuñalaran  frente al altar.  Santiago, hijo de Alfeo,  encontró a su “Judas” en  Ananías que reunió al Sanedrín y lo condenó a ser lapidado. A pesar de que Ananías fue destituido como sumo sacerdote por esto, sus seguidores ejecutaron la sentencia cuando Santiago se dirigía a la muchedumbre en las almenas del templo; Simón,  y Judas de Santiago, (Marcos: 6, 3)  tuvieron de “Judas” a los magos Zaroes y Arfaxat, a pesar de que ellos le salvaron la vida, los persiguieron por toda Persia hasta que lograron traicionarlos para que el pueblo les diera muerte por no adorar a dioses paganos.

El único que no tuvo a su “Judas” fue Juan, quien murió en la más extrema ancianidad y nos dio la versión de Judas como traidor.  Pienso  que el único argumento válido que posee  National Geografic es que su propaganda anticatólica  tiene  más de 20 millones de receptores y hacer llegar otra opinión con tanta difusión es improbable. Por lo demás, opino  que la batalla ideológica por reivindicar a Judas Iscariote, la gana San Juan, porque National Geografic tendrá  que ensillar un gallote»

Como nota de actualidad en nuestro país, cito una reflexión personal del Padre Christian Federico Von Wernich desde su Monasterio-Cárcel de Marcos Paz, del día martes 9 de Octubre del 2007. Este sacerdote católico acusado de colaborar con la junta militar represora, escribió el siguiente comentario acerca de Judas, relacionándolo con su proceso político judicial: «Recordemos que aquel “Judas se arrepintió y lleno de remordimiento, devolvió las 30 monedas de plata diciendo “He pecado entregando sangre inocente”. Ellos respondieron (los Sumos Sacerdotes y los Ancianos) “que nos importa, es asunto tuyo”. Entonces él (Judas) arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó” (Mat. 27:3-6). Así fue el fin de Judas Iscariote 2000 años atrás, triste fin de un traidor, pero con algo muy importante en su actitud: se arrepintió. Se arrepintió de su mentira que llevó a la condena a un inocente, pero a pesar de esa actitud su nombre Judas es sinónimo de traición, de mentira, de negociado humano, de muerte.»(12)

Un párrafo antes este sacerdote escribió en la misma nota que «así como todo comenzó con una traición y sabemos cómo terminó, también hoy día pasa. Frente a esa realidad, alma y fruto de una traición, Jesucristo nos advirtió que nosotros la sufriríamos y dijo:“gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (I Pe. 5:14 RVA 1960)

También “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” (Jn.15:20 RVA 1960)

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Más también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.” (I Pe. 3:13-17 RVA 1960)

Pasaron más de 2000 años de aquel Judas y ahora nuevos Judas se presentan cada día –con o sin 30 monedas de plata en sus manos- en los “Tribunales Populares” llamados “Tribunales” tratando de difamar y ensuciar a los que sirven al Señor desde el ministerio Sacerdotal con toda clase de mentiras. Aquel Judas fue un “instrumento” permitido por Dios, para llevar a término Su Plan en su Hijo Jesucristo Nuestro Señor. Los nuevos Judas, los que ahora nos han “vendido” también están siendo “instrumentos” permitidos por Dios para llevar a los “Tribunales” a sus elegidos y tratar de “probarlos” en la humildad, en la humillación, en el sufrimiento, en su santidad, en su fortaleza y en su consagración a Jesucristo, en su vida toda ya pública o privada. “Acusar y mentir”, ese es el lema de los Judas 2007.- De estos nuevos Judas podemos decir que “acá hay uno que está preñado de malicia, concibe maldad y da a luz la mentira” (Sal. 7:15) Pero el verdadero Tribunal, el de Dios, será el lugar donde la verdad saldrá a la luz y allí entonces se conocerá que “fuimos vendidos” y el valor de esa transacción, que ahora desconocemos desde lo material, pero si conocemos desde la impunidad de la mentira que a diario desparraman y que producen un gran dolor en Cristo que nos dijo que era “el Camino, la Verdad y la Vida”.» (13)

Lamentablemente, este sacerdote católico se equivoca cuando opina que Judas se arrepintió. Al menos, no fue el arrepentimiento para cambio de vida, del cual nos habla la Biblia (metanoea), solo fuertes remordimientos de conciencia, una gran amargura se agarro la ver que se había equivocado, que había entregado a un inocente. Pedro, si se arrepintió de verdad de haber negado a Jesús, y por eso el Señor luego lo restauró.

Notas:

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Iscariote(2) http://piloobandocr.com/index2.php?id=verArticulo&art=868
(3) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.
(4) http://www.semanasantacriptana.com/jesus/personas/judasiscariote.htm

(5) http://www.lastresnegaciones.org/documentos/otras_profecias.pdf
(6) http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20071230131812AAzfplu
(7) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Iscariote
(8) Ibíd.
(9) http://www.zenit.org/article-21452?l=spanish
(10) http://www.semanasantacriptana.com/jesus/personas/judasiscariote.htm
(11) http://www.tragaluzpanama.com/02/literatura/ensayos_06.html
(12) http://radiocristiandad.wordpress.com/2007/10/10/carta-del-padre-christian-federico-von-wernich/
(13) Ibíd.

Los discípulos de Jesús X – El apóstol Felipe

Los discípulos de Jesús X – El apóstol Felipe

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

Introducción

«No debe ser confundido con el diácono de igual nombre, que aparece en los Hechos de los Apóstoles (Hch.6:5)- figura en quinto lugar en las listas de los Doce. El Evangelio señala expresamente que:

“era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro” (Jn. 1:44).

Esa circunstancia, sumada al hecho de que Andrés y él son los únicos apóstoles que tienen nombres griegos, y la intercesión conjunta de ambos por los griegos que querían ver a Jesús, hace suponer a algunos autores que Felipe y Andrés eran parientes o amigos.»(120)

“Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.” (Jn. 12: 21-22 RVA 1960)

«Su nombre significa “que ama a los caballos”»(121)

«De los griegos trae su origen este bello nombre. Filippo (Filíppos) es como antiguamente decían, y de ahí derivó Filipo, que es la forma más antigua de este nombre en nuestra lengua. Compuesto de jilov (fílos), que significa amante o amigo, y de ippov (híppos), que significa caballo, el nombre en su conjunto significa amante de los caballos, aficionado a ellos. Cuando empezó a aparecer este nombre, más bien como sobrenombre, hace casi tres milenios, el amor a los caballos era una gran cualidad y sigue siéndolo hoy. Ese nombre fue popular entre los griegos, pero hasta el siglo XII no llegó a ser usado en toda Europa. En España entró con Felipe el Hermoso, el esposo de Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos.”»(122)

San Felipe, escultura de la Archibasílica de San Juan de Letrán (Roma).

Llamado divino:

Juan relata el llamado a Felipe el día posterior del llamado de Pedro y de Andrés y cómo éste, a su vez, invita a Natanael a conocer a Jesús

“El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Jn 1:43-51 RVA 1960)

«Felipe también era seguidor de Juan el Bautista y estaba con él cuando lo señaló a Jesús como el Cordero de Dios. Fue el quinto apóstol y llamado por el mismo Jesús a que lo siguiera y luego de ese llamado, trajo consigo a su amigo Bartolomé (Natanael).»(123)

«Un siglo y medio más tarde, Clemente de Alejandría sostuvo que Felipe fue el joven que respondió al llamamiento del Señor, con estas palabras: “Permite que vaya, primero, a enterrar a mi padre”. A lo cual contestó Cristo: “Deja que los muertos entierren a los muertos; tu ven a predicar el reino de Dios” (Luc. 9:60). Es probable que Clemente de Alejandría no tuviese mas argumento que el hecho de que el Señor había dicho en ambos casos: “Sígueme”. De todas maneras, tanto en el Evangelio de San Lucas como en el de San Mateo, el incidente parece haber tenido lugar algún tiempo de que Cristo había empezado su vida pública, cuando ya los apóstoles estaban con él. Por otra parte, consta que San Felipe fue llamado antes de las bodas de Caná, a pesar de que, como lo dijo el mismo Cristo, su hora no había llegado aún, es decir, todavía no había empezado su vida pública. De la narración del evangelio se deduce que Felipe respondió sin vacilaciones al llamamiento del Señor. Aunque aún no conocía a fondo a Cristo, puesto que afirmaba que era “el hijo de José de Nazareth”, inmediatamente fue en busca de su amigo Natanael (casi seguramente el apóstol Bartolomé) y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quién escribieron Moisés, en el libro de la ley, y los profetas”. Esto prueba que Felipe estaba ya plenamente convencido de que Jesús era el Mesías. Sin embargo su celo no era indiscreto, ya que no trataba de imponer, por la fuerza su descubrimiento. Cuando Natanael le objetó: “Pero, puede salir algo bueno de Nazaret?, no puso el grito en el cielo, sino que invitó a su amigo a convencerse por sí mismo: “Ven a ver”. » (124)

Su ministerio:

Juan menciona la participación del apóstol en la multiplicación de los panes

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” (Jn. 6: 5-14)

Juan relata su intervención (“Muéstranos al Padre”) durante el discurso de la Última Cena

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.” (Jn. 14: 8)

Alberto Durero realizó esta cabeza de santo al mismo tiempo que la efigie de Santiago Apóstol. San Felipe aparece como una anciano de rostro poderoso, muy expresivo, pero con la mirada triste. El rostros está cruzado de profundas arrugas y la piel tiene el tono terroso del que ha pasado la vida trabajando al aire libre. Los rizados cabellos son de un gris metálico muy oscuro y duro, en perfecta armonía con el color del raído vestido del santo, que parece un hábito religioso. Arriba, rodeando la cabeza, aparece una inscripción admonitoria en latín, pidiendo a San Felipe que rece por nosotros, junto a la fecha y el monograma del artista.

Su Bautismo:

Felipe era seguidor de Juan el Bautista, seguramente fue bautizado por él.

Recepción del Espíritu Santo:

En un lugar donde ellos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23 )

En Pentecostés, ver Hechos Capitulo 2

Su prueba final: Su martirio:

«Luego de su mención junto a los demás apóstoles en la espera de Pentecostés, no vuelve a ser nombrado, y nada sabemos a ciencia cierta acerca de su vida. La tradición lo presenta como evangelizador de Frigia o Escitia, situando su tumba en Hierápolis. Una leyenda cuenta que los paganos querían obligarlo a hacer un sacrificio a una estatua de Marte, pero un dragón, colocado bajo el pedestal, mata con su aliento al sacerdote que ordena el sacrificio y a dos soldados. Felipe, apiadado de ellos, pone en fuga al dragón y resucita a los tres muertos. La tradición cuenta asimismo que murió crucificado tras haber sido lapidado. Se lo suele representar llevando una cruz en forma de “T”, instrumento con el que, según la leyenda, obró durante su vida muchos milagros. También se suele representar su crucifixión.» (125)

Martirio de San Felipe

«Según los relatos de los Evangelios podemos ver a Felipe como un hombre cándido, timorato pero de mente sensata. Al pertenecer al Colegio Apostólico (Hechos) va a predicar Hierápolis (hoy Turquía) que pertenecía antiguamente a Grecia y en la cual muere en edad avanzada. La tradición no se pone de acuerdo, se dice que tuvo dos hijas que llegaron vírgenes a la vejez y están enterradas junto a él según la carta de San Víctor en el año 189 dirigida a Polícrates de Éfeso. En los Hechos 21, 8-9 refiera a cuatro hijas “Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, estuvimos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban”. Aquí hay una de las confusiones, quizás este sea el Felipe Evangelista que se supone que muere en Cesarea y Felipe el Diácono el de Hierápolis, existiendo dos de ellos diferentes. En el libro apócrifo “Hechos de Felipe” refiere a que el apóstol murió en la región de Asia y sus restos enterrados en Hierápolis Según la tradición los restos fueron más tarde trasladados a Constantinopla y de allí a la iglesia de los Dodici Apostoli de Roma. Existiendo en la actualidad dos tumbas de un mismo apóstol o bien de dos “Felipes” diferentes.»(126)

«La tradición del Siglo II referente a él es insegura, tanto más cuanto que se registra una tradición similar respecto a Felipe el Diácono y Evangelista – un fenómeno que debe ser resultado de una confusión causada por la existencia de dos Felipes. En su carta a San Víctor, escrita hacia 189-98, el obispo Polícrates de Éfeso menciona entre las “grandes lumbreras”, a quienes el Señor buscará “el último día”, a “Felipe, uno de los Doce Apóstoles, que está enterrado en Hierópolis con sus dos hijas, que llegaron vírgenes a la vejez”, y una tercera hija, que “llevó una vida en el Espíritu Santo y descansa en Éfeso”. Por otro lado, según el Diálogo de Cayo, dirigido contra un montanista llamado Proclo, éste afirmó que “hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierópolis en Asia donde aún está situada su tumba y la de su padre”. Los Hechos de los Apóstoles (21, 8-9) en realidad mencionan cuatro profetisas, las hijas del diácono y “Evangelista” Felipe, como viviendo entonces en Cesarea con su padre, y Eusebio, que da los extractos arriba citados (Hist. Eccl., III, xxxii), refiere a éste último la afirmación de Proclo. La afirmación del obispo Polícrates tiene en sí misma más autoridad, pero es extraordinario que se mencione a tres hijas vírgenes del Apóstol Felipe (dos enterradas en Hierópolis), y que el diácono Felipe haya tenido también cuatro hijas, y que se diga que hayan sido enterradas en Hierópolis. Aquí también quizá debemos suponer que se haya producido una confusión entre los dos Felipes, aunque es difícil decidir cuál de los dos, el Apóstol o el diácono, fue enterrado en Hierópolis. Muchos historiadores modernos creen que fue el diácono; sin embargo, es posible que el Apóstol fuera enterrado allí y que el diácono también viviera y trabajara allí y fuera allí enterrado con tres de sus hijas y que estas fueran después erróneamente consideradas como hijas del Apóstol. Los apócrifos “Hechos de Felipe”, que son, sin embargo, puramente legendarios y un tejido de fábulas, también se refieren a la muerte de Felipe en Hierópolis. Los restos del Felipe que fue enterrado en Hierópolis fueron más tarde trasladados, (como los del Apóstol) a Constantinopla y de allí a la iglesia de los Dodici Apostoli de Roma. ».(127)

«Los narradores antiguos dicen que este Apóstol después de Pentecostés se fue a evangelizar a Bitinia, en el Asia Menor (cerca del Mar Negro). Papías, un autor del siglo II afirma que San Felipe logró el milagro de resucitar a un muerto. Y San Clemente de Alejandría dice que lo hicieron morir crucificado en una persecución contra los cristianos».(128)

«San Felipe se dedicó a predicar en las regiones de Frigia, actualmente Turquía, y Escitia, actualmente Moldavia, Ucrania, Hungría y el este de Rusia. Fue martirizado y muerto en Hierápolis. Su martirio consistió en ser crucificado y apedreado. Posteriormente sus reliquias se trasladan a Roma.» (129)

«Al igual que la mayoría de los apóstoles poco se conoce con certeza sobre su vida con posteridad a Pentecostés. Los testigos de la tradición lo confunden a veces con Felipe el Diácono. Según el testimonio de Eusebio en su Historia eclesiástica habría muerto en Hierápolis al norte de la actual Asia Menor, lo mismo que dos de sus hijas vírgenes. Papías, obispo de Hierápolis, las había conocido y escuchado de ellas el relato de la resurrección de un muerto. Según otra tradición de la que se hace eco el Breviario romano, había predicado el evangelio primero en la Escitia y en Lidia, antes de pasar a Frigia, donde todos los documentos colocan su martirio en Hierápolis bajo Domiciano crucificado cabeza abajo y rematado luego a pedradas. Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe.. Sus reliquias habrían sido trasladadas a Roma, donde se veneran junto a las de Santiago el Menor en la iglesia de los Doce Santos Apóstoles.» (130)

Este ícono que se encuentra sobre la puerta principal de la Iglesia Ortodoxa de San Felipe (Pennsylvania), muestra al apóstol abrazado por Jesús, representando así la protección del Señor sobre su apóstol y sobre la iglesia que lleva su nombre. “Ven y verás” es lo que dice San Felipe, a lo que Jesús responde: “Verás el cielo abrirse”.

«Sobre los últimos años de San Felipe falta información. Eusebio, historiador de la iglesia, cita a Polycrates – obispo de Éfeso a fines del siglo II – quien ubica al apóstol en Asia (en la actual Turquía) estableciendo que murió y fue enterrado en Hierápolis. Otras tradiciones señalan que murió mártir, siendo crucificado. Leyendas hagiográficas lo reportan evangelizando en puntos tan lejanos como el norte de Francia. Polycrates también señaló que Felipe era un hombre de familia, y que tenía 3 hijas, dos de ellas habrían sido enterradas en Hierápolis mientras que la tercera habría muerto en Éfeso.»(131)

«Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe..» (132)

Notas:

(120) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanFelipe?OpenDocument

(121 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

(122) http://www.elalmanaque.com/santoral/mayo/26-5-felipe.htm

(123) http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_el_Ap%C3%B3stol

(124) http://www.arecibo.inter.edu/biblioteca/Arecibo/sfelipe.htm

(125) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanFelipe?OpenDocument

(126) http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_el_Ap%C3%B3stol

(127) Ibíd.

(128) http://www.ewtn.com/spanish/saints/Felipe_Santiago_5_4.htm

(129) http://www.aciprensa.com/catequesis/apostoles/felipe.htm

(130) http://arecibo.50megs.com/sf.html

(131) http://psfa.bizland.com/id9.html

(132) http://juaank.tripod.com/id13.html

Los discípulos de Jesús VIII – Santiago el menor

Los discípulos de Jesús VIII – Santiago el menor

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

Introducción

El portal de la fe católica labibliaonline, nos comenta acerca de este apóstol: «Santiago, hijo de Alfeo” (Mar. 10, 3 y paralelos; Hch. 1, 13) aparece en noveno lugar en todas las listas de los Doce, es apodado “Santiago el Menor” (Mar. 15, 40) -probablemente porque era de baja estatura-, para distinguirlo del otro Santiago, el hijo de Zebedeo y hermano de Juan.”(76)

Continúa diciendo que «La tradición cristiana siempre lo ha identificado con el “hermano del Señor”» (77) pero se equivoca, ya que Santiago, hermano del Señor, se convirtió luego de la resurrección de Jesús”

“Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;” (1 Cor. 15:7 RVA 1960)

Luego sigue diciendo que «como era “hermano” del Señor, es decir, primo o pariente cercano, se lo representa con rasgos parecidos a los de Cristo (según algunos autores, se le parecía tanto que ese fue el motivo de que Judas tuviera que darle un beso al verdadero Jesús para que sus perseguidores atraparan a la persona correcta)» (78)

La iglesia católica niega que Santiago, hermano del Señor, ser realmente hijo de María. Esta actitud, es para mantener la perpetua virginidad de María.

«En 1854, se produjo la proclamación, por parte del Papa Pío IX del dogma de la Inmaculada Concepción: María fue liberada del pecado original en su propia concepción, de manera que vivió una vida completamente sin pecado, cuestión que tampoco es aceptada por los protestantes. Por tanto, la Iglesia Católica considera dogma de Fe que “la Santísima Virgen, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio concedido por Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original” Finalmente en 1950 se declaró el dogma de la Asunción de la Virgen: María no necesitó esperar la resurrección como los demás, sino que fue Ascendida al Cielo al finalizar sus días en la tierra, tomando una posición privilegiada en la que incluso le es posible interceder ante Dios. Las iglesias protestantes y sus derivadas también niegan esta proposición.»(79)

Surge esta concepción a partir del Concilio Constantinopolitano II (año 553). Y su origen va ligado al aprecio constante que había en ese tiempo a la vida monástica y al menosprecio del matrimonio.
Un falso ascetismo condujo a representar a José, en el arte y en la literatura como un anciano desposado con la joven María, y a ambos ligados por sendos votos de castidad perpetua.

«Los hermanos de Jesús no creían en él, dudaban de su Deidad, y aun podrían estar deseosos de que muriera, un día le dijeron:

’’ Sal de aquí, y vete a Judea para que también tus discípulos vean la obra que haces, porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él’’ Juan 7:3-5

Nótese la ironía e hipocresía de ellos, bien sabían que los judíos querían matarle, aun así trataron de convencerlo de subir a Jerusalén, esto estaba escrito el la profecía del Rey David cuando dijo

’’ Extraño para mis hermanos (el pueblo judío) y desconocido para los hijos de mi madre(los hijos de Maria)”

Jesús en su grande sabiduría sabía esto, Dios sabía todo esto y a través de David dejo este mensaje para el futuro, que se cumpliría en la familia en donde habría de nacer el Amado Maestro. Judíos, fariseos y escribas conocían muy bien su familia, el pueblo conocía de donde él era, estando el enseñando en su tierra se le acerco uno y le dijo

’’he aquí tu Madre y tus hermanos y te quieren hablar’’ Mateo 12:47; Marcos 3:22; Lucas 8:19-21

El no quiso hablar con ellos, él sabía que no era para pedir un deseo que lo buscaban sino para encarar y tratar de detener su ministerio porque no creían en él.

“Aconteció que cuando termino Jesús y venido a su tierra les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que maravillaban, y decían: ¿de donde tiene este esta sabiduría y estos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre Maria y sus hermanos Jacobo (Santiago), José; Simón y Judas? ¿No están sus hermanas con nosotros? ¿De donde pues, tiene este estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: no hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos. Mateo 13:54-58; Marcos 6:1-6; Lucas 4:16-30; Juan 4:44

Entonces Jesús si tuvo más hermanos, Maria si tuvo más hijos. » (80)

En un blog titulado “bloc de notas 2”, cuyo autor, Pedro Barahona, de creencias católicas, vemos un comentario acerca de este apóstol, y vemos que comete el mismo error al confundir a este apóstol con Santiago, hermano del Señor.

«Hijo de Alfeo, hermano del Señor, -pariente muy cercano, podría ser hijo de una de las Marías del Evangelio-.Sabemos muy poco de su vida, San Pablo le nombra en Jerusalén en dos ocasiones y algunos historiadores judíos le mencionan y hablan de su martirio y sepultura. Fue Obispo de Jerusalén. Las envidias de escribas y fariseos hicieron que fuera obligado a subir a una de las almenas del Templo desde donde le arrojaron muriendo luego lapidado. Fue figura importante en el primer concilio de Jerusalén, San Pablo le define como “Columna de la Iglesia” junto a San Pedro y San Juan. Es autor de la llamada Epístola de Santiago.»(81)

La enciclopedia Wikipedia dice que «era hijo de Cleofás (Alfeo), hermano de José, y de María, y hermano de Judas Tadeo » (Marcos 15:40).(82)

Esta misma enciclopedia dice que «algunas tradiciones le han identificado con el Santiago que Pablo de Tarso denomina en sus cartas “Santiago el hermano del Señor”, una de las tres columnas de la Iglesia y que presidía la comunidad cristiana de Jerusalén, siendo su primer obispo, a partir de la tradición transmitida por Eusebio de Cesarea que los identificaba. Sin embargo, los modernos exegetas tienden a distinguir ambas figuras. Sí que le consideran autor de la Epístola de Santiago»(83)

Yo no estoy de acuerdo con darle la paternidad de la Epístola de Santiago a este Jacobo, sino a Santiago, hermano del Señor.

Al respecto, podemos transcribir el comentario que hace el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia:

«Esta carta no recibió la aceptación de las iglesias sino hasta el siglo IV. La reserva se debía a la incertidumbre acerca de la identidad de su autor, que se describe (Stgo. 1.1) meramente como “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo”. Reconociendo que Jacobo, hijo de Zebedeo, murió prematuramente para ser autor de epístola alguna, la iglesia atribuyó la Epístola de Santiago a Jacobo de Jerusalén, el hermano del Señor. Aparentemente llevaba el título de Apóstol (Gál 1.19) y así se satisfizo el requisito de paternidad apostólica que era imprescindible para la aceptación de cualquier escrito en el Canon.» (84)

Pero no todos opinan igual respecto a esta epístola:

«Los escritores cristianos más antiguos presentan un laberinto de discrepancias, contradicciones y conclusiones personales acerca del autor de esta epístola. Sus errores se deben principalmente a una incorrecta identificación de Jacobo “de Alfeo” con Jacobo “de José”, y a la conclusión no probada de que el Jacobo de Gálatas 1:19 es el mismo de Gálatas 2: 9.

Este comentarista comenta de la opinión de la tradición:

a. Josefo: declara que la muerte de Jacobo, “el hermano de Jesús, que era llamado Cristo”, ocurrió después de la muerte de Festo y antes de la llegada de Albino, su sucesor (62 d. C.), y que Jacobo fue apedreado (Antigüedades xx. 9. 1). Tomada al pie de la letra, esta afirmación parece ser un registro fidedigno de la muerte de Jacobo “de José”,

Eusebio: aplica esto a Jacobo “el justo”, dirigente de la iglesia de Jerusalén (Historia eclesiástica ii. 23), y usa otra cita que no se halla en ningún otro texto conocido de Josefo. Además, Eusebio declara que los libros divinos muestran que Jacobo, que primero recibió de Cristo y de los apóstoles el episcopado de Jerusalén, era “un hermano de Cristo” (Id. vii. 19), y presenta a la Biblia como autoridad. Cita a Pablo como si identificara a Jacobo “el justo” con Jacobo “el hermano del Señor” (Id. ii. 1), con lo que hace decir otra vez a sus fuentes de información más de lo que dicen. Sin embargo, en otro lugar Eusebio se refiere a Jacobo como a uno de los supuestos hermanos del Salvador, y afirma que era uno de los setenta. Identifica a Jacobo como “hermano del Señor”, “hijo de José” y “el justo” (Ibíd.). Afirma que Jacobo fue martirizado inmediatamente antes de la caída de Jerusalén (70 d. C.), y dice que Simeón, hijo de Cleopas, y según algunos primo del Salvador, fue su sucesor en el “trono de la diócesis” de Jerusalén (Id. iii. 11). Así contradice la fecha que da Josefo para la muerte de Jacobo. Presenta otras referencias a Simeón como hijo de Cleopas y a Judas como hermano de Cristo según la carne (Id. iii. 19-20, 22, 32). Cita a Hegesipo en apoyo de sus conclusiones, de que Simeón era hijo de Cleopas, y que Cleopas era tío del Señor (Id. iii. 32). Otra vez cita a Hegesipo como que hubiera afirmado que Simeón era primo de Jacobo (Id. iv. 22). Cita el famoso relato de Hegesipo en cuanto a la vida y la muerte de Jacobo, aunque por el contexto fácilmente se ve que esa narración es mutilada y sumamente exagerada (Id. ii. 23).Eusebio cita a Clemente en apoyo de su teoría de que hubo dos hombres de nombre Jacobo: uno, “el justo”, muerto a golpes con un palo de batanero; el otro, decapitado (Id. ii. 1). Identifica al primero como hermano del Señor, aunque Clemente mismo no lo dice. En el mismo pasaje cita a Clemente como que hubiera dicho: “Después de la ascensión del Salvador… Pedro, Santiago [Jacobo de Zebedeo] y Juan no por ello disputaron entre sí acerca del primer grado de honor, sino que eligieron obispo de Jerusalén a Santiago [Jacobo], apellidado el justo”.En la obra apócrifa denominada Evangelio según los hebreos, se dice que Jacobo el justo había hecho un juramento de no comer pan desde el tiempo en que el Señor bebió de la copa hasta que lo viera resucitado de los muertos. Esto evidentemente lo coloca entre los doce en la última cena. Después se registra en esa obra la aparición de Jesús de la siguiente manera: Jesús “tomó pan, lo bendijo, lo partió, lo dio a Jacobo el justo, y le dijo: ‘Mi hermano, come tu pan, pues el Hijo del Hombre ha resucitado de los muertos”‘. El uso de las palabras “mi hermano” se interpreta que quiere decir que este Jacobo era el hermano del Señor. Es obvio que nada de este material extrabíblico puede ser de mucha ayuda para identificar al autor de esta epístola. El problema más serio que quizá está implicado en la identificación del autor de la epístola como el hermano del Señor, es el hecho de que el lenguaje y el estilo de la carta indican que su autor era un hombre de ciertos conocimientos en composición literaria griega. No sólo posee un rico vocabulario, sino que su estilo sigue a propósito la forma literaria griega conocida como “diatriba”: una plática popular de tono ético. Hasta donde se sepa del hermano del Señor, nada indica que tenía antecedentes para una obra tal, pues era el hijo de un carpintero galileo y, sin duda, completamente judío en su cultura. Sin embargo, no se puede llegar a una conclusión definida en este punto, pues los argumentos se basan más en lo que no se sabe que en lo que se sabe. En conclusión, se puede decir que aún no se ha definido la paternidad literaria de la Epístola de Santiago. El autor era probablemente uno de los tres principales personajes que llevan el nombre de Jacobo (Santiago) en el NT.”»(85)

Biblicamente, se lo nombra 4 veces de manera específica:

a) veces en la lista de apóstoles:

1. “Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo”(Mat. 10:3 RVA 1960)

2. “Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista,” (Marcos 3:18 RVA 1960)

b)Una tercera lo nombra Lucas, junto a otros discípulos del Señor

“Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,” (Luc 6:15 RVA 1960)

c)La Cuarta, Lucas lo nombra en el Aposento Alto, esperando la venida del Espíritu Santo, en el libro de los Hechos:

“Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.” (Hch 1:13 RVA 1960)

El Nuevo Diccionario Bíblico de editorial Clie, escribe que: (86)

«No sabemos nada de él que sea absolutamente cierto; pero por lo general se admite que es el Jacobo mencionado en::»

“entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.” (Mat. 27:56 RVA 1960)

” También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé,” (Marcos 15:40 RVA 1960) Mateo 25:46

“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.” (Mar. 16:1 RVA 1960)

“Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.” (Luc. 24:10 RVA 1960)

«Su madre, llamada María, era una de las mujeres que acompañaban al Señor» (87)

“También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.” (Mar 15:40-41)

«Las mujeres estuvieron a su lado desde Galilea, donde inició su vida pública, ayudándole y ocupándose amorosamente de que nada le faltase y ya nunca lo abandonaron, ni en la cruz, ni cuando José de Arimatea, el hombre rico y de buena posición que creyó en Jesús, se encargó de su cadáver. Son una constante en su vida y en su muerte “María Magdalena y María la madre de José estuvieron mirando donde lo ponían” (Mar 15:47). Como esposas, como madres o hermanas, se preocuparon de saber en qué lugar reposarían sus restos, destinados, empero, a la gloriosa resurrección. Igualmente, el primer evangelista, en el momento que narra la muerte de Jesús, hace notar la numerosa presencia de las mujeres que fueron testigos del escándalo y la tristeza de la cruz, así como, antes y durante meses, lo habían sido de la predicación del Divino Maestro: “Había también allí, mirando desde lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo. Entre ellas estaba María Magdalena, María la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mat 27:55-56). Del mismo modo que San Mateo, y recoge San Lucas (23:49,55-56), afirma que algunas de estas mujeres se preocuparon de conocer el lugar donde dieron sepultura al crucificado, “Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro” (Mat 27:61).»(88)

«La elipsis de los pasajes de Luc. 6:16; Hch. 1:13 puede interpretarse de manera que el apóstol Judas, no el iscariote, sea el hermano de Jacobo. Por otra parte, es posible identificar a María, mujer de Cleofás (Jn. 19:25) como hermana de la madre del Señor. En tal caso, Jacobo, hijo de Alfeo, sería primo hermano de Jesús. Pero ello solo son conjeturas.» (89)

Bautismo:

No se conocen datos

La recepción del Espíritu Santo

En un lugar donde ellos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23 )

Participó con el resto de los discípulos en Pentecostés (Hechos Cáp. 2)

La prueba final

«Apenas se sabe nada de él, excepto que después de la muerte de Jesucristo fue visto en Jerusalén por san Pablo y que, según La guerra de los judíos, obra del historiador Flavio Josefo, sufrió martirio.»(91)

Los que lo confunden con Santiago, hermano del Señor, respecto a su muerte, citan a la tradición que se refiere a su muerte. «Cuando estaba predicando el Evangelio cerca del Templo de Jerusalén, es arrojado de allí (o desde el pináculo del Templo) por orden del sumo sacerdote. Santiago sobrevive, pero es lapidado y rematado por un batanero, que le aplasta el cráneo de un mazazo. Este episodio le vale su principal atributo, que es una maza de batanero.»(92)

La cuestión de los Jacobo

«1. Cuestión de los Santiagos. En el N. T. además de Santiago el Mayor (v.) hay otro Apóstol con el mismo nombre, Santiago el hijo de Alfeo (Mat 10,3; Mar. 3:18; Luc. 6:15; Hch. 1:13), identificado por algunos con el S. «hermano» del Señor (Mat. 13:55; Mar 6:3). Muy poco sabemos de su vida y actuación por la Sagrada Escritura; los datos obtenidos de otras fuentes suman una mezcla confusa, sumamente difícil de coordinar. San Pablo «lo vio» en Jerusalén (Gál 1:19) a su regreso de Arabia y años después al finalizar su tercer viaje (Hch. 21:18). Hegesipo (PG 20, 195-206) y F. Josefo (Ant. lud., XX, 9, 1,200; De Bello lud., 11, 20,20) facilitan datos y noticias acerca de su piedad, de la veneración que por él sentía el pueblo, de su martirio y sepultura.
Favorecido por el Señor con una aparición individual (1 Cor 15:7), el llamado Santiago el Menor por San Marcos (Mar 15:40) puede ser muy bien el hijo de una de las Marías (v.), fue hombre de intensa oración. Nombrado obispo de Jerusalén por los Apóstoles, desarrolló una celosa actividad sobre todo en la tarea de acercamiento entre judíos y cristianos. El prestigio, acrecentado con ocasión del Concilio de Jerusalén (v.), desató odios y envidias por parte de escribas y fariseos, quienes, instigados por el sumo sacerdote Anás II, lograron llevarle a una de las almenas del Templo, desde donde lo arrojaron, muriendo luego lapidado el a. 62.

2. Identificación del Apóstol con el «hermano» del Señor. Nada se puede decir de modo definitivo, ni hay argumento apodíctico alguno, ni la tradición es unánime, acerca de si S. el Menor, hijo de Alfeo, es el S. hermano del Señor («hermano» en el uso bíblico es sinónimo de pariente más o menos cercano).

Los que afirman la identificación se basan en:

a) “y no vi ningún otro Apóstol fuera de Santiago, hermano del Señor” (Gál 1,19).

b) Santiago aparece como figura muy importante en el Jerusalén (Hch. 15:13-22), hasta el punto de determinar una decisión del Colegio Apostólico y que San Pablo le llame “columna de la Iglesia” (Gál 2,9) junto a Pedro ‘y Juan, relevancia sólo explicable por su condición de Apóstol.

c) San Lucas, que acostumbra presentar a sus personajes, no hace así con el hermano del Señor (Hch. 12:17; 15:13) porque ya lo supone presentado como Apóstol en Hch. 1:13; además a partir de la muerte de Santiago el Mayor (v.), hijo de Zebedeo, habla ya de Santiago sin especificarle, señal de que sólo queda y hay uno (Hch.12:17; 15:13; 21:18).

d) Finalmente, ante la dificultad que surge al constatar “Santiago Apóstol, hijo de Alfeo” y “el hermano del Señor, hijo de Cleofás”, los partidarios de la identificación resuelven diciendo que se trata de dos formas, hebrea y griega, del mismo nombre (lo que es muy poco probable), o que Cleofás era sólo padrastro, o que es muy difícil la identificación de María de Cleofás con la María madre de Santiago el Menor

Compañero de San Mateo, San Lucas o San Juan Evangelista, este Santiago el Menor forma parte del Apostolado que elaboró El Greco posiblemente para el cardenal Sandoval y Rojas, guardado en la actualidad en la Catedral Primada de España. El apóstol aparece presenta un libro, viste túnica amarilla y manto azulado. Su mano derecha se dirige al libro, aunque el centro de atención vuelve a ser el rostro iluminado, de elegante belleza. Los pesados ropajes, con sus acentuados pliegues, impiden la contemplación de la anatomía de la figura, modelando a través de la luz y el color según los dictados de la Escuela veneciana que tanto admiró Doménikos.(90)

e) Por otro lado, la corriente de autores y exegetas que niegan la identificación, argumentan diciendo que:

1) El grupo de los hermanos de Jesús aparece formando como grupo distinto al de los apóstoles (Hch. 1:13-14; I Cor 9:5).

2) Los Evangelios narran la oposición e incredulidad de los «hermanos» del Señor, después de elegidos los apóstoles, que no podían permanecer en tal actitud (Luc. 7:3-5; Mar. 3:21-35).

3) Finalmente, Gál 1:19 no es prueba de identificación, pues la partícula griega el me tiene también sentido adversativo (pero) y no sólo de excepción (fuera de). Además el pronombre griego heteras (otro) puede incluso sugerir la idea de diferente o distinto de los apóstoles. Decir “y no vi a ningún otro Apóstol pero sí a Santiago, el hermano del Señor” no incluye identificación. » (93)

En el blog si-claro.com, en una nota titulada ¿Quién moriría por una mentira?, se explica como murieron los apóstoles:

«Ellos fueron torturados y flagelados y finalmente se enfrentaron a la muerte, la cual se les aplicó por medio de algunos de los métodos más crueles entonces conocidos:

  • Pedro crucificado.
  • Andrés crucificado.
  • Mateo a espada.
  • Juan murió de muerte natural.
  • Santiago hijo de Alfeo crucificado.
  • Felipe crucificado.
  • Tadeo asesinado por flechas enemigas.
  • Santiago, el hermano de Jesús, apedreado.
  • Tomás con una lanza.
  • Bartolomé crucificado.
  • Santiago (Jacobo) , hijo de Zebedeo, a filo de espada »(94)

Como podemos apreciar, este comentarista cita que Santiago hijo de Alfeo, murió crucificado, pero desconozco la fuente histórica de la información

En otro estudio acerca de los apóstoles se nos dice que: «Santiago, el menor o más joven, hijo de Alfeo, o Cleofás y María, vivió en Galilea. Fue el hermano del Apóstol Judas. De acuerdo a la tradición él escribió la Epístola de Santiago, predicó en Palestina y Egipto y fue crucificado en Egipto. Santiago fue uno de los discípulos menos conocido. Algunos estudiosos creen que fue el hermano de Mateo, el recaudador de impuestos. Santiago fue un hombre de carácter fuerte y un tipo de los más ardientes. La tradición nos cuenta que él también murió como un mártir y su cuerpo fue cortado en pedazos. La sierra se convirtió en su símbolo apostólico.»(95)

Respecto a los hermanos de Jesús hay comentaristas que creen en mi opinión incorrectamente, que eran hijos de otro matrimonio anterior de José:

«Parecería que los Evangelios sugieren que se trata de hijos de José tenidos en un matrimonio anterior. El que Jesús confiara a su madre al cuidado de Juan (Juan 19: 26-27) podría indicar que los hermanos (y las hermanas) de Jesús no eran hijos de María. Por su proceder para con Jesús y por la forma en que lo consideraban, parecería que eran mayores que él. Intentaron impedir su obra (Marcos 3: 21), le hablaron con palabras hirientes (Juan 7: 3-4) y en otras formas interfirieron su misión (cf. Marcos 3: 31), como sólo se habrían atrevido a hacerlo hermanos mayores. La tradición cristiana afirma que los hermanos eran hijos de José pero no de María. Aunque estos “hermanos” no siempre creyeron en Jesús (Juan 7: 3-5), al menos algunos más tarde lo aceptaron y se contaron entre sus seguidores (Hechos 1: 14) »(96)

En un foro donde se discutía el tema de los hermanos de Jesús alguien comento acerca de la discrepancia con los hermanos de Jesús, diciendo que la palabra hermano «proviene de la palabra del término adelphos, que es una palabra griega que se puede referir tanto a hermano carnal como adoptivo, como a primo, pariente y aun paisano. Esto tiene lógica, pues en la sociedad judía los hermanos menores no podían tratar con tamaña insolencia al mayor. Vemos a los “hermanos menores” de Jesús diciéndole que “se fuera de Judea”… cuando siendo judíos, no podían hablarle de ese modo a su hermano mayor. Todo eso hace pensar, por el contexto, que esos “adelphos” no son hermanos carnales sino primos, parientes, o paisanos. A esta opinión, alguien del foro le respondió: La cuestión de su parentesco con Cristo ha sido sumamente debatida, y se han presentado diversas teorías para afirmar que no eran más que sus primos:

(a) Habrían sido hijos de Alfeo (o Cleofás) y de María, hermana de la Virgen María. Pero el término “primos” nunca se emplea para ellos, a pesar de que el término “anepsios” es un término utilizado en tales casos en el N.T. (Col. 4:10; Marcos, primo de Bernabé).
Además, en Hch. 23:16 se usa la precisa expresión «hijo de la hermana», empleado del sobrino de Pablo; asimismo, se encuentra también el término «pariente» (o primo), que se halla once veces en el N.T. (Mar. 6:4; Luc. 1:36, 58; Jn. 18:26; Hch. 10:24; Ro. 9:3; 16:7, 11, 21).
Así, parece anómalo que los “hermanos del Señor” no hayan sido nunca llamados primos si en verdad lo eran. Por otra parte, Jacobo el hijo de Alfeo se hallaba entre los apóstoles (Mat. 10:3). ¿Cómo se podría decir, en este caso, que los «hermanos» de Jesús no creían en Él? (Jn 7:5).

(b) Por otra parte, se ha lanzado la suposición de que estos “hermanos” procedieran de un matrimonio anterior de José con una cierta Escha o Salomé. La única razón de esta suposición es la aparente diferencia de edad entre José y María.

(c) Serían hijos de un matrimonio de levirato entre José y la viuda de su hermano Cleofás. Aquí, de nuevo, no tenemos nada más que una mera especulación sin fundamento. En realidad, todos estos esfuerzos para transformar o manipular los textos de las Escrituras provienen del deseo de demostrar el dogma de la virginidad perpetua de María. Por otra parte, hay numerosos y poderosos argumentos para demostrar que se trata realmente de hermanos de Jesús, hijos de María y de José. Cristo recibe el nombre de «hijo primogénito» de María (Luc 2:7). En la época en que Lucas escribía su Evangelio, el Señor era el primogénito, no el hijo único de María. El pasaje de Mat. 1:25 da a entender claramente que después del nacimiento de Jesús, María pasó a ser realmente la mujer de José (“Y no la conoció [José] a ella hasta que dio a luz al hijo de ella, el primogénito Mateo 1:25).

Los habitantes de Nazaret se sorprendían al ver tal diferencia entre «el hijo del carpintero» y sus hermanos y hermanas, precisamente porque eran miembros de la misma unidad familiar (Mat. 13:54-56). Cuando se habla de “los hermanos de Jesús”, se menciona constantemente a María con ellos (dándole el título de madre), sin dar jamás la mínima indicación de que no eran hijos de ella (Mat. 12:46; Mar. 3:31; Luc. 8:19; Jn. 2:12; Hch. 1:14).» (97)

«Todo el argumento descansa en un empleo inusitado del vocablo «hermano», cuando solía usarse otro término específico para «primo». En el fondo se percibe el afán de Jerónimo, campeón del celibato, por establecer la virginidad tanto de María como de José.»(98)

El origen de esta contienda:(99)

Estas son las tres posiciones del siglo IV:

«a. San Jerónimo, el traductor de la Vulgata del griego y del hebreo, participó en una controversia con Epifanio y Helvidiano sobre los hermanos de Jesús en el siglo IV d.C. Para 383 d.C. San Jerónimo propuso una nueva interpretación de los textos, pero no hay indicios de la existencia de esta interpretación antes de él. A pesar de su novedad, San Agustín, su contemporáneo, y más tarde Martín Lutero, el reformador alemán la aceptaron. Para San Jerónimo, los hermanos de Jesús eran primos (primos hermanos), y Santiago (Jacobo) fue identificado como el hijo de la hermana de María y de Alfeo que también se llamaba Cleofás. Argumenta San Jerónimo que Santiago era apóstol y hermano del Señor (Gál 1:19), y ya que había solamente doce apóstoles, hay que identificar a este Santiago como el hijo de Alfeo y como Santiago (Jacobo) el menor (Mar 15:40). Se trata de una sola persona. Según San Jerónimo se sabe que la madre de Jesús tenía una hermana que se llamaba María, porque es identificada en Juan 19:25 como “la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás,” una de las tres mujeres junto a la cruz de Jesús.

b. Epifanio y Helvidiano y sus partidarios proponían varios argumentos en contra de esta interpretación. Primero, insistían en que la palabra griega para hermanos (“adelphos”) se usaba para referirse a un hermano de sangre, a uno de la misma confraternidad de fe religiosa o hermandad y a una persona con cariño, pero nunca para primo. Pero los partidarios de San Jerónimo responden que la palabra griega en el Nuevo Testamento es una traducción de la palabra original en hebreo o arameo, la cual se usó para referirse a primos y a otros parientes en el Antiguo Testamento (véase Gén 14:14). Segundo, insistían ellos que había más que solamente doce apóstoles; otros eran Pablo (Ro 1:1), Bernabé (Hch 14:14) y Matías (Hch 1:26). Como consecuencia Santiago no era necesariamente uno de los Doce, y no es menester identificar a Santiago, el hijo de Alfeo, como la misma persona. Además, en Juan 19:25 Juan menciona cuatro — no tres — mujeres junto a la cruz, porque la hermana de María se llamaba Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo (Mat 27:56 con Mar 15:40). Hay que sumar a todo esto el hecho de que según Juan, antes de su crucifixión, ninguno de los hermanos creían en Jesús como el Mesías; así que ninguno era apóstol antes de la muerte de Jesús. También los dos protagonistas notaron que esta era una nueva interpretación de San Jerónimo, y para ellos esto debilitada el argumento, porque no podía basarse en ninguna tradición anterior.

La posición de Epifanio (370 d.C.) se apoyaba en una tradición muy antigua; los padres griegos Orígenes y Clemente de Alejandría la sostenían; para ellos los hermanos del Señor eran sus hermanastros. También el “Libro de Santiago” o el “Protoevangelium” que data desde c. 150 d.C. al apoyar esta posición, afirma que antes de casarse con la Virgen María a la edad de doce años, José tenía hijos en un matrimonio anterior. Así que los hermanos del Señor en realidad eran hermanastros o medios hermanos de Jesús, hijos de José en un matrimonio anterior.

Esta posición se apoya principalmente en evidencia bíblica indirecta. Se argumenta: si María hubiera tenido otros hijos además de Jesús, éste no la hubiera entregado a Juan para que la cuidara (Jn 19:26-27), sino a uno de ellos. Pero responden los adversarios, preguntando, ¿cómo podría Jesús haberla entregado a un incrédulo que ni siquiera se encontraba junto a la cruz en ese momento? Los hermanos ni siquiera apoyaban a María cuando más los necesitaba; tampoco comprendieron a Jesús. Epifanio continuaba con otro argumento: que los hermanos de Jesús lo trataba a él como un hermano menor — no mayor — porque cuestionaban su sanidad mental y querían llevarlo a la casa; así que le eran hostiles. Pero responden los adversarios, preguntando, ¿Es cierto, no, que en un caso cuando el buen nombre de la familia está a punto de perderse, aun un hijo puede llevar a un padre “borracho” a la casa? Continuaba Epifanio con evidencia adicional, insistiendo en que José tenía que estar más viejo que María, pues desapareció de la narración, probablemente debido a su muerte antes de Jesús comenzar su ministerio público. María fue sola a la boda de Caná y a veces se le llama a Jesús, el hijo de María, así implicando la muerte de José. Pero responden los adversarios de Epifanio, “Sí, es probable que José era mayor y que se murió mucho antes de María y del ministerio público de Jesús, pero ¿pruébame que por estar más viejo, tenía que tener hijos en un matrimonio anterior?

c. Helvidiano, el tercer adversario del siglo IV, defendía una tradición más antigua que la de San Jerónimo. Además, era un laico — no un sacerdote o monje como San Jerónimo y Epifanio. El insistía que los hermanos eran hijos de María y de José, hermanos de sangre de Jesús.
Para evidenciar esta posición, insistía él y sus partidarios que una lectura del Nuevo Testamento con una mente abierta y sin prejuicios y sin supuestos doctrinales preformados convencerían a uno de ella. Las narraciones del nacimiento de Jesús especialmente en Mateo y Lucas la apoyan. En Mateo 1:24-25 el verbo “conocer” se refiere a relaciones matrimoniales sexuales (véase Gén 4:1) y sugiere de que después del nacimiento de Jesús, José y María vivían en Nazaret como esposos ejemplares, pero típicos. Además, en Lucas 2:7 María, la fuente más probable de esta información de Lucas quien escribía en mejor griego que los otros tres evangelistas, menciona a Jesús como el “primogénito” (“primer hijo”); esta expresión sugiere que tuvo otros hijos después. Había una palabra en griego para único hijo engendrado (“unigénito”; véase Jn 3:16) que Lucas y María pudieran haber usado, pero a propósito no la usaron. Además, ¿por qué permanecía Jesús en la aldea de Nazaret como un carpintero hasta la edad de treinta cuando comenzó su ministerio público (Luc 3:23)? Definitivamente se debe a que era el hijo mayor que tenía la responsabilidad de sostener económicamente a la familia hasta que los hermanos menores pudieran sostenerse, ya que su padre había muerto. Además, ¿por qué querían insistir San Jerónimo y Epifanio en que María nunca tuvo relaciones sexuales con José, su legítimo esposo? Para Helvidiano la respuesta fue obvia. Ellos eran monjes y sacerdotes y como tal creían en la tradición de que el estado de celibato era más santo que el del matrimonio. Esa tradición, decía él, era contraria a la enseñanza bíblica hebrea del Antiguo Testamento donde el hecho de nunca casarse, o vivir como esposos y no dar a luz era una tragedia (véase, por ejemplo, los casos de la hija de Jefté, Ana, la madre de Samuel, y Elizabet y Zacharías). Al mismo tiempo esta interpretación ennoblece y glorifica la vida en familia, y santifica la maternidad con todas sus preocupaciones y luchas como algo más santo que una egoísta separación del mundo.»

«Las dificultades relacionadas con la diferenciación de su linaje o familia, o sea, la relación familiar posible de los apóstoles entre si, son tan grandes, que tenemos que renunciar a toda esperanza de llegar a alguna conclusión cierta.» (100)

Los detalles sobre la genealogía de los apóstoles y la ordenación varia de sus nombres en los evangelios, aunque siempre queda una cierta incertidumbre, permiten ver algunos puntos en estos relatos que están claros, respecto a lo referido al llamado al apostolado de algunos personajes bíblicos.

Notas:

(76) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SantiagoElMenor?OpenDocument

(77) Ibíd.

(78) Ibíd.

(79) http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_(madre_de_Jes%C3%BAs)

(80) http://es.shvoong.com/books/holy-scriptures/1727857-tuvo-cristo-hermanos-terrenales/

(81) http://blocdenotas2.blogspot.com/2007_08_01_archive.html

(82) http://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_el_Menor

(83) Ibíd.

(84) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(85) http://eltextobiblicont.blogspot.com/2007/05/3102-santiago-autor.html

(86) Nuevo Diccionario Bíblico ilustrado, Pág. 1067, edit. Clie, Vila – Escuain

(87) Ibíd.

(88) http://www.mariologia.org/reflexionesmarianas720.htm

(89) Nuevo Diccionario Bíblico ilustrado, Pág. 1067, op. cit.

(90) http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/6355.htm

(91) http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_961536649/Santiago_el_Menor.html

(92) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SantiagoElMenor?OpenDocument

(93) http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=11377&cat=religioncristiana

(94) http://si-claro.com/blog/?p=542

(95) http://www.misioncarismatica.es/estudios-doce_discipulos.html#9

(96) http://eltextobiblicont.blogspot.com/2007/05/3102-santiago-autor.html

(97) http://antesdelfin.com/foro/printthread.php?t=27361

(98) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(99) http://www.angelfire.com/bc2/sanadoctrina/SDHNOSJE.html

(100) La Vida y los Tiempos de Jesús el Mesías, Pág. 575, Libro I, edit. Clie, Alfred Edersheim

COMPARACIÓN DE SAN PABLO CON OTROS PERSONAJES BIBLICOS

COMPARACIÓN DE SAN PABLO CON OTROS PERSONAJES BIBLICOS

Juan Crisóstomo, en un libro titulado Elogio de san Pablo, dedica grandes alabanzas, todas ellas muy justificadas, a este glorioso apóstol. He aquí algo de que en esa obra dice: “No se equivocó en nada quien comparó el alma de san Pablo ameno prado de virtudes y con un espiritual Edén La mayor alabanza que a alguien podemos tributar es reconocer que no hay palabras adecuadas suficientes para ponderar las grandezas y virtudes de su alma

Abel fue elogiado porque ofreció a Dios sacrificios. Pues bien, si nos fijamos en las oblaciones ofrendadas al Señor por san Pablo, advertiremos que fueron tan superiores a las de Abel como superior es el cielo a la tierra. En efecto, san Pablo ofreció diariamente a Dios un doble sacrificio: el de su cuerpo y el de su corazón. No ofrendó ovejas, ni bueyes; se ofreció a sí mismo de la doble manera indicada, y, no contento con eso, hizo cuanto pudo para consagrar al Señor el mundo entero: el mar y la tierra; por eso, inquieto y como si volara, recorrió los pueblos de Grecia, los de los países bárbaros y todas las regiones alumbradas por la luz del Señor, y convirtió a los hombres en ángeles; más aún: Hizo verdaderos ángeles de verdaderos demonios, porque como demonios se comportaban antes de ser convertidos a la fe muchos de aquellos a quienes él iluminó y transformó con su predicación.¿Dónde hallar una hostia equiparable a la que san Pablo inmoló con la espada del divino Espíritu y ofreció en aquel altar colocado por encima del cielo? Si Abel fue víctima de los engaños de su hermano y murió golpeado por él, Pablo acabó su vida asesinado por aquellos a quienes quería librar de innumerables calamidades. San Pablo murió tantas veces como días vivió sobre la tierra.

Leemos en la Escritura que Noé construyó un arca en la que se salvaron únicamente él y sus hijos. Para salvar al mundo de un diluvio mucho más horroroso, construyó san Pablo otro arca no con tablas de madera sino con la doctrina de sus cartas, y mediante este arca evitó que el mundo pereciera ahogado en otro género de oleaje. El arca construida por san Pablo ha navegado no por solo un mar concreto y determinado, como la de Noé, sino por todos los océanos del universo. Quienes se embarcaron en esta nave, calafateada no con betún, sino con la gracia del Espíritu Santo, abandonaron su antigua condición de seres casi más necios que los animales irracionales y se transformaron en imitadores de los ángeles. El pájaro que con naturaleza de cuervo entró en el arca de Noé, cuervo siguió siendo en ella y cuervo de ella salió; y el lobo, lobo, sin perder su condición de fiera; en cambio en el arca de san Pablo los gavilanes y milanos convirtiéronse en palomas, sustituyendo su anterior rapacidad por la mansedumbre de espíritu.

Abraham es universalmente admirado porque acatando la voluntad del Señor se desligó de sus parientes y emigró a otra tierra. Pero, ¿no fue acaso más meritorio lo que hizo san Pablo? Porque san Pablo, además de abandonar patria y parientes, vivió desprendido del mundo, del cielo, y hasta del cielo de los cielos. Este apóstol renunció a todo por seguir a Jesucristo y dedicarse exclusivamente a amarle y servirle como él mismo declaró a través de estas palabras:“Ni lo presente, ni lo futuro, ni cuanto hay en las alturas y en las profundidades, ni criatura alguna, ni nada ni nadie conseguirá jamás separarme del amor de Dios”.Verdad es que Abraham se puso en peligro de caer en manos de sus enemigos por librar de ellos al hijo de su hermano; pero Pablo corrió innumerables riesgos y mucho más graves por sacar al mundo entero de entre las garras del diablo; y para asegurar a los demás un alto grado de seguridad no vaciló en sacrificar infinidad de veces su propia vida. Cierto también que en una ocasión Abraham se mostró dispuesto a inmolar a su hijo; pero no es menos que Pablo se inmoló a sí mismo millares de veces.

Hay quienes ponderan la tolerancia de Isaac porque soportó que le aterraran los pozos poco antes abiertos por él; mas ¿no fue mayor la de Pablo? Pablo soportó, no sólo que llenaran de piedras el pozo de su propia vida, sino que procuró llevar al cielo a los mismos que le maltrataban; y cuanto más se empeñaban algunos en obstruir el manantial de su actividad apostólica, más impetuosamente y por más sitios brotaban las aguas y se extendían por la superficie como corrientes de ríos.

La Escritura habla con veneración de la longanimidad y paciencia de Jacob; pero ¿ha habido alma alguna cuya diamantina resistencia pueda compararse con la paciencia de que dio pruebas san Pablo? Si Jacob sirvió siete años a su tío por conseguir una esposa, Pablo sirvió toda su vida a Cristo, aguantando en tal servicio, además de los calores del día y los fríos de las noches, miles de penalidades, puesto que padeció en su carne unas veces las desgarraduras de las flagelaciones, otras los golpes de las pedradas, sin dejarse abatir por tantas pruebas; al contrario, aprovechándolas para rescatar las ovejas de las fauces del diablo.

Adornado, ciertamente, con la virtud de la pureza estuvo José; pero mucho me temo que yo haría el ridículo si tratara de ponderar aquí y ahora en este terreno a san Pablo, de quien sabemos que crucificó sus pasiones y se crucificó a sí mismo. Sobradamente nos consta que esta santo apóstol sentía por la belleza de los cuerpos humanos y por todas las cosas calificadas por la gente de hermosas y bonitas la misma indiferencia que nosotros sentimos hacia el humo y la ceniza. Respecto a todo esto se condujo con la misma impasibilidad que tendría un muerto colocado junto a otro muerto.

Pasmase el mundo ante el espectáculo de Job, y se pasma con razón, porque este hombre fue un atleta admirable. Mayor pasmo, empero, deben de producirnos los combates de san Pablo, que no duraron meramente unos meses, como los de este Patriarca, sino muchos años, y de todos ellos salió triunfante; y si no se vio en la precisión de tener que raer con un cascote de teja la podredumbre de sus carnes ulceradas, sí estuvo repetidas veces metido, como solemos decir, en boca del león, y fuéle menester pelear contra innumerables enemigos, y soportó sin quebranto de su ánimo lo que no hubieran soportado sin quebrarse las más duras rocas; tuvo que hacer frente, no ya por las incompresiones de cuatro amigos, como le ocurrió a Job, sino a las de sus mismos hermanos en la fe, que en ocasiones hubo que se sintió despreciado y maldecido por todos. Job, ciertamente, fue hospitalario y muy generoso con los pobres, proporcionando alimento a los hambrientos; pero aún más generoso fue san Pablo, de quien sabemos que socorría sin medida a las almas macilentas; y, si Job abría las puertas de su casa a cuantos a ella llegaban, Pablo tenía siempre abiertos de par en par los postigos de su corazón para acoger afablemente al mundo entero. Job, por otra parte, podía mostrarse liberal y dadivoso con los pobres por que era rico y poseía infinidad de vacas y ovejas; san Pablo, por el contrario, carecía de bienes materiales, hasta el extremo de no poseer absolutamente nada a excepción de su propio cuerpo; y, sin embargo, se ingeniaba para socorrer con largeza a los necesitados, como él mismo hizo constar cuando en cierta ocasión dijo:” Con estas manos he procurado atender a mi subsistencia y a la de los que andan cerca de mí”.También es verdad que los gusanos y las llagas pulurentas produjeron a Job espantosos dolores; pero pasemos revista a la serie de azotes, hambres, cadenas, peligros, situaciones difíciles en que Pablo se vio metido por favorecer a los suyos, a los extraños y al mundo entero; reparemos en las inquietudes y desasosiegos que le causaban las cristiandades, en el fuego que le devoraba cuando se enteraba de que alguien había sido encandalizado, y llegaremos a la conclusión de que tuvo que tener un alma más fuerte que las piedras más duras, más indomable que el hierro y más resistente que el diamante. Cuanto Job pudiera haber padecido en su cuerpo padeciólo Pablo en su espíritu. Las debilidades y caídas de los demás producíanle tal pena y tristeza tanta, que a menudo sus ojos se convertían en fuentes de lágrimas y hacíanle llorar amargamente de día y de noche. Los pecadores causábanle en su alma angustias y dolores más fuertes que los que siente una mujer en el trance de su parto; por eso decía él: “¡Hijitos míos! Sufro tanto por vosotros como si os estuviese pariendo”.

Moisés consistió en ser borrado de entre los vivientes por salvar la independencia de los judíos, y se ofreció a morir con ellos. Pero san Pablo le superó, puesto que se brindó a morir no precisamente con otros, sino en lugar de ellos, y llevó su caridad hasta el extremo de mostrarse dispuesto a renunciar a su eterna salvación si esta renuncia contribuía a que los demás salvaran sus almas. Moisés se enfrentó con el Faraón, y san Pablo luchó constantemente día tras día con el diablo. Moisés buscó el bien de los de su raza, y san Pablo batalló en favor del mundo eterno, no sólo soportando en esas lides fatigas y sudores corporales, sino vertiendo su sangre por esa causa.

Juan se alimento con saltamontes y miel silvestre, pero Pablo, que no vivió en la placidez del desierto como Juan, sino en medio de los torbellinos de la gente, entregado plenamente al ministerio de la predicación, redujo su alimentación a lo estrictamente necesario para poder subsistir, y utilizó como alimento cosas más viles que la miel silvestre y que los saltamontes. Si Juan dio pruebas de enteraza mostrándose irreducible en el asunto de Herodíades, san Pablo corrigió, no a uno ni a dos ni a tres, sino a numerosos tiranos no menos poderosos que Herodes y algunos mucho más crueles que él.

Si, finalmente comparamos a san Pablo con los ángeles, advertiremos que destacó magníficamente sobre ellos en el exquisito cuidado que puso en obedecer a Dios. Pasmado de admiración ante los espíritus angélicos, exclamaba el profeta David:” vosotros poderosos en virtud, ajustáis vuestra voluntad a la voluntad divina, ect.”El que semejantes criaturas y naturalezas angélicas sirvieron al Señor con la velocidad del viento y con la presteza con que el fuego produce su acción de quemar. Pues bien, esas mismas cualidades de prontitud y celeridad se dieron en san Pablo, quien con una llama, como una ráfaga de viento, recorrió toda la tierra y la purificó; esto es tanto más admirable cuanto que él no era un ser espiritual, como los ángeles, sino un hombre de carne y huesos; ni participaba como ellos de las prerrogativas de la vida gloriosa del cielo, sino que estaba sometido a las condiciones de la existencia temporal y terrena. Su naturaleza y su alma no fueron distintas de las nuestras, ni vivió en un mundo diferente, sino en esta misma tierra y en las mismas zonas que nosotros nos movemos, superó en grandeza de ánimo y en virtud a cuantos actualmente existimos, a los que antes de nosotros existieron, y a los que existirán en el futuro. Por eso, no sólo debemos admirar en él el hecho de que su entrega absoluta a Dios le permitiera soportar los sufrimientos que en el ejercicio de su misterio llovieron sobre él, y soportados como si no fuesen dolorosos, sino el que aceptara con alegría los padecimientos, y los asumiera como si se tratase de recompensas. Verdad es que también nosotros, si nos ofrecen un galardón, competimos con vistas a conseguirlo; pero él se supera cada día a sí mismo con total mansedumbre, venciendo sin necesidad de ese estímulo todos los enojosos obstáculos que hacían laboriosa su carrera; y cada mañana se levantaba con fuerzas nuevas y proseguía su marcha con renovado denuedo; y luchaba por sobreponerse a las dificultades que le salían al paso, y lograba dominarlas y, cuanto más peleaba, más notable y esclarecidas eran sus victorias.

Fuente:

http://html.rincondelvago.com/san-pablo-de-tarso.html

La confesión de Pedro en Mateo 16:13-20

La confesión de Pedro en Mateo 16:13-20

Autor: Paulo Arieu

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

La confesión de Pedro

La confesión de Pedro

«Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?  Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.  Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.» (Mateo 16:13-20 RVA 1960)

A Pedro el Señor le reveló que Jesús es el Cristo “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

La intención de Jesús en este pasaje no era establecer el papado, en absoluto, eso es un invento de los católicos romanos.

La confesión que hizo Pedro es la que el Señor espera de todo cristiano verdadero, se relaciona con Romanos 10:8-13

«Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» (Ro 10:8-13 RVA 1960)

En cuanto a “las llaves del reino”, Pedro tuvo un ministerio importante ya que él fue el escogido para abrir las puertas del reino de Dios a los judíos, con su predicación en el día de Pentecostés, y también abrió el reino de los cielos a los gentiles en la casa de Cornelio, Pedro quién predicó por primera vez en ambas ocasiones y luego el Señor llamó al apóstol Pablo a continuar con el ministerio a los gentiles y Pedro se dedicó a los hebreos.

Atar y desatar, siempre tiene que ver con una autoridad espiritual, para actuar en el mundo espiritual. Atar las fuerzas espirituales de maldad, por ejemplo.